LA ARCAICA SONORIDAD DEL DIDJERIDOO

                                                                           

                         

   

    El didjeridoo es un tubo de madera ahuecado de 2,5 metros. Su sonido es vísceral, su vibración puede expandirse con una baja frecuencia capaz de generar un fuerte efecto sobre nuestro sistema nervioso. El didjeridoo es quizá el instrumento musical más antiguo de la humanidad. Es originario de Australia. Su origen late entre los cristales de la mitología aborigen australiana. Aun hoy el mágico instrumento anima ceremonias sagradas de seres que danzan entre arcaicos ritmos y sobre las rojizas manos del desierto australiano. En este momento de Temakel, a través de las agudas corrientes sonoras del didjeridoo, nos remontaremos a sus principales mitos que explican su origen y hacia el posible simbolismo que aún pulsa dentro de su madera resonante. Y, desde ya, alentamos la escucha de esta sonoridad ancestral; para ello, abajo recomendamos algunas obras de David Hudson, uno de los principales difusores del sonido poderoso del didjeridoo.

     

      Para los pueblos aborígenes australianos, en el comienzo fue lo sagrado. En el comienzo fue el Tiempo de los Sueños, la época Tjukurpa. En aquel entonces, sobre la tierra sólo existía una vida inmóvil, una sustancia embrionaria enorme, translúcida, compuesta por una amalgama de seres irrealizados, pertenecientes a una especie animal o vegetal. Y entonces, “aquel que salió de la nada y existe por sí mismo”, el llamado Ser Supremo, esculpió en la masa informe un cuerpo, brazos, manos, piernas y una cabeza. Creó los seres capaces de sostenerse en pié.

     Durante el Tjukurpa todo fue creado:  montañas, valles, llanuras, corriente de agua. Nada existía antes de Tjukurpa. Y durante el Tiempo del Sueño, seres ancestrales en forma de humanos, animales y plantas viajaron a lo largo y ancho de la tierra y consumaron hechos esenciales de creación y destrucción. Los viajes de aquellos seres son recordados y celebrados aún. La memoria de aquellos periplos sagrados hoy perdura en la forma de accidentes geográficos como la montaña sagrada de Uluru.

    Y en aquella era del Tiempo de los sueños el Ser Supremo, la Gran Energía Sagrada,  difundió su esencia, su poder, en cada uno de los seres humanos, en cada uno de los animales, de las plantas y los minerales, en las estrellas y en el aire y en el agua. Luego, los Grandes Antepasados, criaturas gigantescas, terminaron por crear el mundo tal y como es ahora. Generaron vínculos entre los diferentes pueblos. Así, de norte a sur, de este a oeste, los parentescos creados tejieron una gigantesca telaraña cuyos hilos nos guían y protegen desde entonces.

     Luego, antes de desaparecer, antes de que concluyera el Tiempo de los Sueños, cuando nacieron los hombres en su forma actual, les dijeron: “Este es vuestro país. Lo hemos creado para vosotros. Aquí viviréis y lo conservaréis tal como os lo entregamos. No lo dejaréis nunca, pues sois sus Guardianes. Sois los Guardianes de nuestra Creación.”

   Y luego del Tiempo del Sueño, nació el didjeridoo.

    El didjeridoo fue creado durante un latido imprecisable del pasado. Dos jóvenes adolescentes fueron raptadas por un gigante que deseaba convertirlas en sus esposas. Después de mucho tiempo, las muchachas pudieron escapar y regresaron a su tribu. El gigante estaba hambriento cuando descubrió lo que había ocurrido. Fue entonces a reclamar lo que consideraba su propiedad. Mientras tanto, las jóvenes de mayor edad de la tribu, hicieron una trampa para apresar al gigante. Cavaron un enorme pozo a lo largo del sendero que conducía a su hogar. El gigante, en su hambrienta prisa, cayó dentro del hoyo e inmediatamente fue ultimado por las lanzas de los cazadores que, cerca, permanecían escondidos. Antes de su muerte, el ser ciclópeo se enrolló en su pene. Parecía un puerco espín cuando comenzó a golpear su falo y a emitir un sorprende y zumbante sonido. Los cazadores de la tribu intentaron imitar este sonido. Sólo lo lograron cuando hallaron un largo palo hueco cuyo centro había sido comido por termitas.  Y al soplar un extremo del largo palo hueco descubrieron que podían emitir un sonido muy aproximado al que antes generaban el gigante atrapado. Entonces, nació el primer didjeridoo.

    Pero quizá una de las historias más difundidas acerca del origen del ancestral instrumento australiano sea aquella que asegura que, una vez, tres hombres acamparon durante una noche fría en el desierto. Uno de los viajeros le pidió a otro que colocara un leño en el fuego; éste dio unas vueltas alrededor y halló un palo, ahuecado en su interior. Al regresar descubrió que el madero se hallaba abarrotado de termitas en toda su extensión. El hombre no quería entonces arrojar la rama a la fogata porque entonces mataría a todas las termitas. Pero sus amigos le exigieron que entregara a las llamas el palo porque hacía mucho frío y era necesario generar calor. Así removió todas las termitas, las depositó en una de sus manos y las alojó luego dentro del leño. Después alzó la rama sobre sus labios y sopló fuertemente. Y las termitas que flotaban en el aire se convirtieron en las estrellas. Y el primer didjeridoo fue creado.

     El didjeridoo también se asocia con la mítica la Serpiente del Arco Iris, acaso la divinidad más antigua del planeta. El sagrado reptil de los siete colores jugó una parte importante en la creación deslizándose sobre la tierra, haciendo ríos y delineando los rasgos más distintivos del paisaje. En las ceremonias de los Gjun GGuwan el didjeriddo con su particular medida, unos 2,5 metros y medio, y representa a Yurlunggur, la Serpiente de Arco Iris.

    Otra historia ligada al didjeriddo y su creación dice que, en el comienzo, el Gran Espíritu Balame creó al hombre y la mujer, sobre quienes recayó la responsabilidad de crear a los pájaros y los animales terrestres. Creación que consumaron mediante el canto y el sonido mientras tocaban el didjeridoo.

  Esteban Ierardo

EL SONIDO MÍSTICO DEL MANTRA

EL SONIDO MÍSTICO DEL MANTRA

                                                                              Por Mircea Eliade

    Mircea Eliade es uno de los máximos historiadores de las religiones. Una de sus obras más trascendentes es El yoga. Inmortalidad y libertad; allí Mircea Eliade recorre los poderes de los sonidos místicos, que en la Antigua India o el Tibet se asocian con el término mantra. Aquí, en este nuevo momento de Temakel,  presentamos un fragmento de esa obra que nos estimulará a meditar en la naturaleza del sonido mántrico y su vínculo con la intuición de lo sagrado. 

EL SONIDO MÍSTICO DEL MANTRA

                                                                              Por Mircea Eliade

    El valor de los “sonidos místicos” se conocía desde los tiempos védicos. Desde el Yajurveda, OM, el mantra por excelencia, goza de un prestigio universal: se le ha identificado con brahman, con el veda, con todos los grandes dioses; Patañjalu consideraba que expresaba a Isvara. Y es inútil recordar las especulaciones sobre Vak (la palabra), sobre el valor creador de las formas rituales. Apuntemos solamente que en los Brahmana se encuentran ya algunos mantras tántricos. Pero es sobre todo el tantrismo, tanto budista como sivaista, el que elevó los mantras y los  dharani a la dignidad de un vehículo de salvación (mantrayana).

  Es importante distinguir varios aspectos de esta moda universal de la formula sagrada, moda que culminó por una parte, en las más altas  especulaciones sobre los “sonidos místicos” y, por otra parte, al molino de plegarias lamaístas. Ante todo debe considerarse el inevitable “éxito popular” de dicho método, la aparente facilidad de obtener la salvación o al, menos, de lograr merito, repitiendo mantra y dharani. No insistiremos en este fenómeno de vulgarización y degradación de una técnica espiritual; es bien conocido en la historia de las religiones y, en todo caso, no es un “éxito popular” el que puede brindarnos el secreto del mantrayana. El valor practico y la importancia filosófica de los mantra obedecen a dos tipos de hechos: en primer lugar, la función yóguica de los fenómenos, utilizados como “soportes” para la concentración; y, en seguida, la aportación tántrica: la elaboración de un sistema gnóstico y de una liturgia interiorizada al revalorizar las tradiciones arcaicas sobre “el sonido místico”.

  La dharani, literalmente, “la que sostiene o encierra”, servía ya en los tiempos védicos como soporte y defensa para la concentración (dhatrana); de ahí los otros nombres que recibe: kavaca y taksa, “protección”, “coraza”. Par los profanos, las dharani son talismanes: protegen contra los demonios, las enfermedades y los maleficios. En cambio para los ascetas, los yoguines, los contemplativos, las dharani se vuelven instrumentos de concentración, sea que acuerden al ritmo del pranayama, o sea que las repita mentalmente durante las fases de la respiración. A veces se adivina el sentido de alguna palabras mutiladas (amale, vimale, home, vame kale,eytc.) que expresan los conceptos de pureza, nieve, etc,  que sugiere el acto de desgarrar, de tallar, etc) pero en la mayoría de las casos se trata de fonemas extraños e ininteligibles: hrim, hram, hrum, phat, etc. Como es probable que las dharani se hayan utilizado durante meditaciones regidas por el pranayama, la invención fonética, forzosamente limitada a cierto número de sílabas, se compensaba con la profunda resonancia interior de esos  “sonidos místicos”. Sin importar cuál sea el origen histórico de las dharani, estas tenían ciertamente el valor de un lenguaje secreto, iniciatico. En efecto, esos sonidos solo revelaban su mensaje durante la meditación. Para el profano, las dharani permanecían inútiles: su “sentido” no pertenecía al lenguaje racional, aquel que sirve a la comunicación de las seculares. Una dharani, un mantra solo revelaban  su significación si se pronunciaban de acuerdo con las reglas y se asimilaban, es decir, se descubrían, “despertaban”. Este proceso se entenderá mejor cuando abordemos la metafísica que subyace al mantrayana.

  Los fonemas descubiertos durante la meditación expresa quizá estados de conciencia de estructura “cósmica”, difíciles de formular por medio de una terminología profana. En la época védica se conocía ya experiencias de este tipo, aunque los escasos documentos que nos las hayan transmitido se contentaban más bien con alusiones, en forma de imágenes y símbolos sobre todo. Nos encontramos ante una técnica espiritual netamente arcaica: ciertos “éxtasis cósmicos” de los chamanes se expresan mediante invenciones fonéticas ininteligibles que culminan a veces en la creación de un “lenguaje secreto”. Se trata, pues, de experiencias solidarias en cierto modo del descubrimiento del lenguaje y que, con ese regreso extático a una situación primordial, provocan el estallido de la conciencia diurna. Todo el esfuerzo del yoguin tántrico se emplea para “despertar” esa conciencia primordial y redescubrir la plenitud que precedió al lenguaje y la conciencia del tiempo. La tendencia hacia “un redescubrimiento del lenguaje” para revalorizar íntegramente la experiencia profana, se traduce en el tantrismo sobre todo por la utilización de los “léxicos secretos”.

  Las dharani, como los mantras, se aprenden  “de boca del maestro” (guruvaktratah); no se trata, pues, de fonemas pertenecientes al lenguaje profano o que puedan aprenderse de los libros: uno debe “recibirlos”. Pero una vez recibidos de la boca del maestro, los mantra tienen poderes ilimitados. Un texto tántrico de primer orden, como es el Saghanamala no vacila en afirmar: “¿Hay algo que no pueda realizarse con los mantra si se los aplica conforme a las reglas?”. Se puede incluso adquirir la condición de Buda. El mantra lokanatha, por ejemplo, puede absolver los mas grandes pecados y el mantra ekajata es tan poderoso que, en el momento mismo en que se pronuncia, el iniciado está a salvo de cualquier peligro y alcanza la santidad de Buda. Todos los siddhi sin excepción-desde el éxito en el amor hasta la realización de la salvación -se obtienen con esas fórmulas místicas. Aun la ciencia suprema puede obtenerse directamente, sin estudios, mediante la pronunciación adecuada de ciertos mantras. Sin embargo, la técnica no es fácil: la pronunciación está precedida por una purificación del pensamiento; el practicante debe concentrarse en cada una de las letras que componen el mantra, evitar la fatiga, etc.

  La eficiencia ilimitada de los mantras se debe al hecho de que son (o al menos pueden convertirse, mediante una recitación correcta) los “objetos” que representan. Cada dios, por ejemplo, y cada grado de santidad poseen un bijamantra, un “sonido-místico”, que su “semilla”, su “soporte”, es decir, su ser mismo. Al repetir, conforme a las reglas, ese bija-mantra el practicante se apropia de su esencia ontológica, se asimila de manera concreta e inmediata al dios, el estado de santidad, etc. Sucede incluso que una metafísica completa se concentre en un mantra. …Podía dominarse toda la metafísica prajnaparamita murmurando la sílaba pram.

  Empero, no se trata de un “resumen”  de la prajnaparamita, sino de la asimilación directa y global de la “Verdad del Vacío Universal” (sunyata) bajo la forma de una “Diosa”. Porque el Cosmos entero, con todos sus dioses, sus planes y sus modos de ser, se manifiesta en cierto número de mantra; el Universo es sonoro, de la misma forma en que es cromático, formal, sustancial, etc. Un mantra es un “símbolo” en el sentido arcaico del término: es al mismo tiempo la “realidad” simbolizada y el “signo” que simboliza. Existe una “correspondencia” oculta entre, por una parte, las letras y las sílabas  “místicas” (las matrka, “las madres”, y los bija, las semillas”) y los órganos sutiles del cuerpo humano, y por otra parte entre estos órganos y las fuerzas divinas latentes o manifiestas en el Cosmos. Al trabajar sobre un “símbolo” se “despiertan” todas las fuerzas que le corresponden a todos los niveles del ser, entre el mantrayana y la iconografía, por ejemplo, hay una perfecta correspondencia; porque a cada plano y a cada grado de santidad corresponden una imagen, un color y una letras especiales. Al meditar en el color o el sonido “místico” que lo representa, se penetra en cierta modalidad del ser, uno absorbe o se incorpora un estado yóguico, un dios, etc. Los “soportes” son homologables; se puede partir de cualquier soporte, empleando cualquier “vehículo (imágenes, mantrayana,etc.) para asimilarse la modalidad ontológica o la manifestación divina que se desea adquirir. Entre sus planos múltiples hay continuidad, pero una continuidad mística, es decir, que solo puede realizarse en algunos “centros”.  El Cosmos, tal como se revela en la concepción tántrica, es una vasto tejido de las fuerzas mágicas y las mismas fuerzas pueden despertarse u organizarse en el cuerpo humano mediante las técnicas de la fisiología mísitca.

  Cuando Vasubandhu decía, en su tratado Bodhisattvabhumi que el verdadero sentido de los mantras reside en su falta de significación y que, al meditar en esas no-significación, se llega a comprender la irrealidad ontológica del Universo, traducía en función de su propia filosofía una experiencia cuyo valor profundo se le escapaba o le interesaba mucho. Porque, si bien es cierto que la repetición de los mantra anulaba la “realidad” del mundo profano, no es más que un primer paso del espíritu, indispensable para desembocar en una realidad más profunda. Toda repetición indefinida conduce a la destrucción del lenguaje; en algunas tradiciones místicas, esa destrucción parece ser las condición para las experiencias posteriores. (*)

(*) Fuente: Mircea Eliade, El yoga. Inmortalidad y libertad, México, Fondo de Cultura económica, pp.160-163.

UN HECHICERO DE LOS SONIDOS

 

 

Entrevista a Hermeto Pascoal (*)

Por Diego Oscar Ramos

Hermeto Pascoal, el feérico hechicero de los sonidos

 

  Nadie puede ser llamado músico con tanta justicia como el brasileño Hermeto Pascoal. Admirado tanto por músicos de la talla de Astor Piazzolla o Miles Davis, al “albino loco” no le basta con su capacidad de tocar con excelencia los instrumentos más variados, él puede hacer música con cualquier elemento. No sólo convirtió en instrumentos a pavas, frascos o tubos, incluso ha incluido en sus discos – con asombrosa musicalidad – sonidos de cerdos o papagayos, de una variada fauna con la que asegura poder comunicarse. Su música abarca estilos como la bossa, el forró nordestino, el free jazz, el baión, la música clásica y hasta el tango, pero hay en esa amplitud un trasfondo extramusical: en su exploración de nuevos sonidos se esconde la búsqueda de la unidad elemental.
“Yo logré que mi música sea universal, porque abarca todas las corrientes, todos los estilos. Un día todas las religiones se van a juntar y vamos a ver que hay un solo dios que nos rige, va a ser en un futuro lejano, pero la música ya está haciendo que eso suceda, por el placer que genera”, afirma seguro Hermeto Pascoal, que no deja de repetir que “todo es música”, como ya decía  John Cage, uno de los primeros músicos occidentales que percibió la importancia de los sonidos más allá de la estructura que los contiene.
Hermeto está todo el tiempo atento a los sonidos que lo rodean: “la música está en todos los contextos, yo me inspiro más, un ochenta por ciento en lo cotidiano, en las otras cosas más que en la música en sí, ya que está dentro de mí, no me puedo preocupar por ella, porque es parte de mi alma, entonces yo nací con la música, no tengo que saber, sólo la siento”.
La sabe sentir en un relato de fútbol que armoniza, en silbatos infantiles con los que interpreta a Paganini en su último show porteño o en la misma voz de su entrevistador, todos pueden ser músicos para el brasilero si saben escuchar. “Pero hay un prejuicio muy grande, como si las personas para serlo tuvieran que tocar un instrumento, ¿qué es eso?”, se pregunta molesto, firme en su combate contra la idea del artista como alguien diferente de los demás: “En Brasil intentaron hacer eso conmigo, trataron de elitizar mi trabajo y jamás lo consiguieron”, responde enérgico.
El hechicero de los sonidos parece lograr con cada nuevo elemento sonoro que incorpora, otro trazo en el mapa de la unidad.

(*)  El encuentro con Hermeto Pascoal fue en 1998, también para La Contumancia, aunque fuese publicado parcialmente en la revista Uno Mismo. Hablar y ser abrazado por Hermeto fue una experiencia cercana al hechizo, uno podría estar horas junto a él, sólo sintiendo en el cuerpo la belleza musical de su presencia y de su hablar enérgico y movedizo, saltando entre ideas, recuerdos y esas imágenes que transmite de todo lo que ve, constantemente, bien más allá de lo que miran sus ojos pequeños y limitados.

  Diego Oscar Ramos, nuevo y entusiasta colaborador de Temakel, comparte  con nosotros también una muy valiosa entrevista con el músico argentino Pedro Aznar y al grupo teatral de El Periférico de Objetos.

UN HECHICERO DE LOS SONIDOS

Entrevista a Hermeto Pascoal (*)

– ¿Qué sentido le da a descubrir otros sonidos?

– Para mí es como respirar siempre aire nuevo, el sonido es como el aire o como el agua, que

siempre están renovándose.

Hermeto deja de hablar, se acerca un vaso con agua y construye con sus gárgaras una extensa

melodía, como lo hace en sus conciertos, cuando en sus típicos pasos de comedia quiere

convencer que el líquido es para refrescar su garganta.

– El vaso es un instrumento nuevo, bien barato, es algo informal y bonito, en los conciertos lo

estoy usando y todos quedan locos.

– El público se sorprende porque no espera escuchar música de un elemento así. Lo que hace es

trabajar sobre lo imprevisible, un valor no muy frecuentado en la música popular.

– Nadie lo espera.

Y ahí está la importancia, a mí me gusta sorprender y eso es lo que la música tiene que tener

siempre, la sorpresa. Cuando respirás no premeditás la cantidad de aire que vas a tomar, la

adrenalina del cuerpo siempre está variando, la música es también así, por eso es maravillosa.

Su pensamiento llega hasta los indígenas del Amazonas y se pregunta por qué no hicieron nunca

música con agua: “Ellos vivieron dentro del agua, comieron sus peces, pero nunca tocaron con ella

y Hermeto Pascoal lo hace, pero claro, no necesitaban hacerlo porque ya lo hacían: cuando uno

nada ya hace sonido y todo eso es música”.

Peste de música ruin

Aunque es uno de los músicos brasileros más respetados, el reconocimiento no se refleja en la

difusión de su música: “Toco muy poco en Brasil, en la mayoría de los lugares no tengo

oportunidad, los teatros, todo está tomado por las músicas ruines que le dan dinero inmediato a las

grabadoras”. “Toda esta época – juzga – es muy mala para la cultura, hay muchos grandes

músicos y compositores, pero abunda la música descartable, pasajera como la lluvia de

verano”.”Así como en el Brasil hay una ley que sólo permite la propaganda de cigarrillos en

televisión después de la medianoche, la música mala debería ser tocada después de esa hora”, dice

con un descontento que le sugiere su idea más radical: “Si existe el crimen en la Tierra para el

cuerpo, ¿por qué no existe para el alma?, creo que tiene que haber un castigo para la música mala”.

Aunque nadie que lo conozca llegaría a esa conclusión, le gusta aclarar que su crítica a la

indiferencia de las discográficas multinacionales hacia su trabajo no se basa en un problema de

dinero: “Gano el suficiente como para sobrevivir, para comprar mis instrumentos, sé que si quisiera

hacerme rico con la música lo haría en un mes, pero la música se volvería pobre y no quiero eso,

quiero hacerme cada vez más rico espiritualmente, con música buena y creatividad”.

Los viajes astrales de Hermeto

– Mucha gente te llama brujo, hechicero.

– Eso fue por una periodista, Ana María Baiana, que me llamó el brujo de los sonidos, entonces

cuando lo ví por primera vez en el diario me asusté, porque cuando era chico decían que había un

brujo que se llevaba las niños y les pegaba. Cuando hablé con ella me dijo: “Vos sos brujo, tenés

magia con tu música”. Yo quedé con miedo de que el público no lo entendiera, porque eso no pasa

por el entendimiento, es para sentir, finalmente todo el mundo gustó de esa creatividad de la

periodista.

– Los shamanes viajan a otros niveles de realidad y vuelven con información para su gente, muchas

veces en música ¿Dónde viaja Hermeto?

– A veces estoy estudiando un instrumento y siento que estoy tocando con músicos que ya conocí

en la Tierra, siento la presencia de músicos que volvieron, porque nadie se va, siempre se vuelve.

Pero siento más la presencia de personas vivas que no conozco y cuando las veo personalmente

me acuerdo de ellas, pero no suelo decírselo porque va a enloquecer, no va a creer en eso.

Hermeto en primera persona

Música uniendo más que las religiones

Soy de Lagoa da Canoa, una ciudad pequeña de Arapiraca, en el estado de Alagoa, en el nordeste

brasilero, donde viví hasta los 14 años de edad. Allá mi cabeza estaba muy en contacto con sus

animales, con el agua, los árboles, la tierra, el campo, mi formación se dio allá, después conocí un

mundo todo. Hoy llamo a mi música universal, porque abarca todas las corrientes musicales, todos

los estilos. Y así como un día en un futuro muy lejano todas las religiones se van a juntar y vamos

a ver que hay un sólo Dios que nos rige, la música está haciendo que eso suceda ahora y hasta más

rápido, la unión por la música a través del placer que genera.

Todo es música

Todo el mundo es músico, pero se creó un preconcepto muy grande, por el que las personas para

ser músicos tienen que tocar un instrumento ¿Qué es eso? Para mí todo es música, todo el mundo

es todo, todo es todo el mundo y todo es sonido para mí. Yo fotografío todo para la música, me

inspiro un 80 % en lo cotidiano, en las otras cosas, porque la música ya está dentro de mí, no me

puedo preocupar porque ya es parte de mi alma. Para mí descubrir nuevos sonidos es respirar

siempre aire nuevo, comparo mucho al sonido con el aire, con el agua, que pasan renovándose

siempre. Cuando respiramos no premeditamos la cantidad de aire que tomamos y la música es así

también, y es maravillosa por eso.

La música está en todos los contextos, todo es música. No podemos separar nada, sólo podemos

separar las cosas ruines, las cosas buenas tienen que estar juntas, y lo que existe hoy en día en el

mundo son las separaciones de más. Eso no quiere decir que las cosas sean iguales, cada uno

presenta cosas diferentes para poder unirlas y juntarlas.

Comunicación extrasensorial

Yo viajo con la música, a veces estoy estudiando un instrumento y siento que estoy tocando con

músicos que ya conocí en la tierra, que volvieron, porque nadie se va, pero siento más la presencia

de personas que viven. Cuando las conozco personalmente me acuerdo de esas ellas, no suelo

decírselo porque van a enloquecer, no van a creer en eso, pero es muy fácil explicarlo: nadie

controla los pensamientos, uno no los para, no se pueden parar. Uno va dejando pasar las cosas y

cuando llega una buena la procuramos pasar al pensamiento paralelo, que es como funciona la

computadora. Tenemos varias en nuestra mente, si todo el mundo supiese usar la mente como yo

sé no precisaría de la computadora.

La otra visión

Yo con mis ojos no llego muy bien, pero tengo otra visión, que es la del sentir. Cuando estoy

tocando en el escenario llego al público, no por mis ojos, esta visión es pequeña, yo consigo ver

con otra visión, con mi pensamiento, consigo ver a todo el mundo mucho más. Veo el cuerpo

como una casquinha, una cosa finita, pero con el aura muy grande, veo otras fisonomías, que

cambian en cada persona, todos somos muy ricos, porque si no fuésemos así el cuerpo no

aguantaría el peso de la energía del alma, por eso tiene que saber cambiar, hay cosas que cambian

muy rápido en el cuerpo que nadie ve, los ectoplasmas por ejemplo, como hojas de papel salen del

cuerpo, la fotografía está inspirada en eso, cada imagen nuestra no dura ni segundos. Y yo siento

todas estas cosas mientras toco.

Comunicarse con los animales

Hace muchos años hice un trabajo muy lindo, maravilloso, con un periodista argentino que vivía en

Alemania, fue una especie de desafío para la televisión alemana, que se grabó en el zoológico de

San Pablo. Este periodista me dijo: “Dicen que usted se comunica con los animales, que conversa

con ellos”. Yo le dije: “Converso y toco con todos ellos, incluso con los que todavía no conocí”.

Sé como tocar para los animales, porque cada región del instrumento, cada escala se conecta con

la vibración energética del animal, a través de mi energía, claro, tiene que haber una energía mutua.

Los animales son tan sensibles como nosotros, quien habla de ellos peyorativamente es más animal

que los propios animales.

El primer encuentro que tuve fue con un avestruz, grande, enorme. Cuando la vi llegó el médico del

zoo diciendo “esa avestruz no se levanta más, ella ya está muy viejita”. Ahí le hablé: “ella no precisa

levantarse, se va a levantar si quiere, pero necesita escuchar música, nunca escuchó en su vida

alguien tocando para ella”. Ahí empecé a tocar flauta traversa para ella, que estaba lejos, en el

fondo de la jaula. La miraba, hacía una nota y la miraba nuevamente para ver su reacción. Di la

primera nota, la segunda, la tercera, nada, la cuarta, la quinta, la sexta. Fui buscando y ella levantó

un poco la cabeza, ahí era hora de tocar en la región en la que ella sintió alguna cosa. Ahí hable

para el médico: “Tal vez hasta se levante”, y él dijo: “No se va a levantar, no puede”. Comencé a

tocar y levantó primero las piernas y después se levantó totalmente mientras yo repetía aquel tema

para ella. Salió de allá, el médico estaba totalmente emocionado, ella vino y me acariciaba la cabeza

con su maravillosa sensibilidad, el médico me quería empujar y salí tocando con ella que me

seguía, hasta que ya no pudo por el límite de la cerca, pero hubiera podido llevarla donde quisiese

a través de la música.

Eso fue el comienzo. Después fui a tocar con los periquitos, comencé a tocar para ellos y ellos

vinieron todos casi encima de mí. El mismo sistema que use con el avestruz lo usé con los patos,

sentir su reacción, comencé a tocar y no precisé hacer un tema, sólo sonidos con el flautín pícolo,

bien finitos, ellos vinieron e hicieron un círculo, una media luna, dejaron a los chicos que les tiraban

comida y vinieron como si yo estuviera en un escenario. Toqué el tiempo que quise, después paré

la intensidad y como si me dijeran “Chau Hermeto” se fueron dispersando y volvieron a comer con

los chicos. Fue una tarde, un día inolvidable para mí. Yo quería tocar con un león y no me

dejaron, tenían miedo, pero creo que el día que me escuche un león va a llorar.

LA REPETICIÓN SUFÍ DEL SONIDO DIVINO

LA REPETICIÓN SUFÍ DEL SONIDO DIVINO 

   

    El sufismo es el ala mística del islam. Como toda mística, su propósito esencial es la fusión del místico con la divinidad venerada e invocada. Una forma privilegiada de invocación de lo divino para los sufíes es la repetición de la oración «No hay más dios que Dios” un cierto número de veces diarias: 5.000 o 10.000, incluso más, pues el muríd, el adepto sufí, cree que “su corazón, como las demás partes de su cuerpo, está sometida a la herrumbre de los átomos. Cuando la lengua pronuncia esta fórmula de negación-afirmación, el corazón se purifica de la herrumbre y alcanza el estado de vigilancia y, más allá, el de la contemplación de Dios”. En este momento de Temakel, sobre  Músicas de Viaje Sonoros y el poder del sonido, le presentamos un comentario sobre la técnica mística del dikr, la repetición de la invocación divina, antes mencionada. Un nuevo ejemplo de las potencias del sonido, de su capacidad para acercar al humano hacia la sutil médula del ser y lo trascendente. 

E.I

Introducción al sufismo, El Tasawwuf y la espiritualidad islámica.

Por Christian Bonaud

  . ..Todo el camino es dikr. La realización no consiste, en efecto, en producir o en efectuar algo que no hubiese existido antes: la realización es, muy al contrario, adquirir conciencia de lo que siempre ha existido y que nunca ha dejado de existir a pesar de la ilusión y el olvido. La realización no es otra cosa que una anámnesis, un volver a recordar aquello de lo que éramos conscientes a raíz del pacto primordial, un retorno a nuestro origen espiritual primero. A partir de ahí, todo lo que favorece o suscita este volver a recordar es igualmente dikr: la lectura o la recitación del Corán, con mayor razón si es meditada, es dikr por excelencia, puesto que es verdaderamente comunión con el Verbo divino revelado; la meditación de la doctrina que emana de ello y de las enseñanzas de los maestros espirituales es dikr, igual que la meditación sobre la muerte o sobre los demás signos-símbolos de Dios; la búsqueda de la propia realidad íntima es también dikr, pues, según un hadiit: «Quien se conoce a sí mismo conoce a su Señor…».

      Sin embargo, una práctica propia de los sufíes se designa más específicamente con ese nombre de dikr. Conforme a la exhortación coránica: “¡Acordaos de Mí, Yo me acordaré de vosotros!» (cor. 2:152),
todos los musulmanes tienen la costumbre de citar frecuentemente la sahada o fórmulas de glorificación y de alabanzas, o también de recitar letanias (awrad) llenando así su vida de un recuerdo de Dios constante. mente renovado. El sufí, por su parte, quiere alcanzar un dikr permanente y va, pues, a esforzarse en practicar una constante mención de un nombre divino -las más de las veces Alá- o de la sahada.

    Esta mención, este dikr y propio del sufí, se hace ante todo con la lengua, pero esto no es sino una etapa, pues el dikr debe llegar a impregnar el ser hasta el punto de que el corazón pueda mantenerlo sin cesar, cualquiera que sea la actividad practicada e incluso durante el sueño.

  Una técnica del dikr
  Para alcanzar el estadio de la muraqaba, el muríd debe pronunciar con la lengua la fórmula de negación-afirmación: «No hay más dios que Dios, cierto número de veces diarias: 5.000 o 10.000, incluso más, pues su corazón como las demás partes de su cuerpo, está sometida a la herrumbre de los átomos. Cuando la lengua pronuncia esta fórmula de negación-afirmación, el corazón se purifica de la herrumbre y alcanza el estado de vigilancia y, más allá, el de la contemplación de Dios. Al pronunciar la fórmula de negación-afirmación, el muríd debe dirigir sus pensamientos hacia  la noble sentencia siguiente: «Oh Dios, tú eres el objeto de mis aspiraciones y tu satisfacción es lo que yo deseo», porque estas palabras refuerzan la significación de la fórmula negativa-afirmativa y conceden al corazón del que realiza el dikr el misterio de la unicidad de Dios, hasta el punto de que en su mirada desaparece la existencia del mundo y no subsiste más que la existencia de Dios Unico.

    Durante el dikr, el muríd debe conservar en su corazón la comprensión exacta de la significación de la fórmula negativa-afirmativa, pues si el corazón está enteramente lleno de ella, podrían penetrar en él pensamientos exteriores, y entonces el corazón no alcanzaría el fin del dikr, a saber, su comunión con  el objeto del dikr. La protección del contra todo pensamiento exterior, aunque fuese durante una hora, es una gran acción para los adeptos de la tariqa. Durante el dikr, la retención de la respiración debe preservar la presencia de Dios en el corazón del adepto. Algunos piensan que el muríd debe mantener la presencia en su corazón en todo tiempo, pero esto corresponde al estadio de la  muraqaba.

  El murid debe detenerse de vez en cuando e intentar conocer qué momento ha pasado en presencia y qué otro en el olvido. Cuando el olvido llega, debe apartarlo diciendo: ” Perdóname, oh Dios”, y debe volver sus pensamientos hacia Dios y concentrarse en El. La vida de un hombre que no observa sus obligaciones en lo referente al dikr de Dios y el cumplimiento de las plegarias resulta insignificante y se hunde en los pecados y el olvido. El conocimiento de los momentos del tiempo y su preservación de todo lo contrario a Dios y la constancia en el cumplimiento de las plegarias, están entre las más altas cualidades de un murid.

    Durante el dikr el murid debe retener su aliento y pronuncia la fórmula negativa-afirmativa un número impar de veces: tres, cinco, siete, etc., hasta veintiuna, durante cada respiración. Cuando el rnuríd alcance el estadio en que pueda pronunciar un número impar dado de la fórmula en un solo  aliento, debe considerar el resultado. Si obtiene algún resultado, tanto mejor, pero si no obtiene resultado alguno, entonces es a causa de algunas faltas a las reglas. El murid debe volver a empezar, esforzándose por observar rigurosamente todas las reglas escritas.

      Del mismo modo, el que penetra en este camino debe observar su corazón durante el dikr a fin de protegerlo del olvido y de los pensamientos exteriores, pues mientras que subsiste en él un pensamiento exterior, el corazón no puede presentarse ante el objeto del recuerdo (Dios), incluso aunque se acuerde de Dios durante toda la vida. Mientras que si el murid vigila su corazón y lo dirige enteramente hacia el Único, entonces se realiza en él el aniquilamiento de sí mismo en Dios; alcanza entonces el estadio en el que no siente ni su propia existencia ni la existencia de cualquier otro salvo del Creador, y cuando haya alcanzado este estadio, entonces todo se habrá cumplido. (*)

(*) Fuente: Christian Bonaud, Introducción al sufismo, El Tasawwuf y la espiritualidad islámica, Barcelona, Paidos, pp.48-52.

EL SONIDO PRIMORDIAL

 

Conferencia de Luis Alberto Spinetta

Presentación por Diego Ramos

Luis Alberto Spinetta en foto de Eduardo Martí, fotógrafo histórico y amigo personal del músico y de gran parte del rock argentino. Es de 1990 y apareció en el afiche de los recitales de Ciudad Universitaria de la Ciudad de Buenos Aires en agosto de 1990, donde se grabó el disco en vivo “Exactas”.

  “La verdadera maravilla sonora está en la vida antes que en cualquier música organizada y compuesta por el hombre”; así podría condensarse el mensaje esencial de la Clínica de Poesía Musical que diera un artista argentino que desde siempre le brindara a la música su propia naturaleza generosa en exploración sensible y con una actitud de constante sorpresa ante la poética vastedad del mundo.

  En el invierno de 1990, Luis Alberto Spinetta aprovechó un ciclo de clínicas musicales dictados por músicos de la cultura rock argentina, no para hablar de su trayectoria o contar detalles de sus grabaciones que pudieran servirle a un auditorio en su mayoría músicos, sino para exponer una temática poco habitual en estos encuentros: partir del instante donde el hombre ancestral tuvo su primer contacto con la materia sonora, donde la sorpresa frente a la magia de la naturaleza fue el primer paso para la creación musical. Basada fundamentalmente en los conceptos que el músico norteamericano John Cage, gran explorador sonoro, escribió en Para los pájaros, la presentación de Spinetta – que tituló a su último disco Para los árboles – supo estimular una escucha renovada y atenta de toda la música, que nunca deje de lado esa sorpresa primigenia frente al poder de los sonidos.

Diego Ramos

Aclaración:  La versión de la conferencia de Spinetta que presentamos aquí en Temakel no es completa sino una síntesis de los principales contenidos a través de la sucesión de sus conceptos claves. 

EL SONIDO PRIMORDIAL

Conferencia de Luis Alberto Spinetta

El principio

Vamos a empezar por situarnos en un punto anterior a la música organizada tal cual la conocemos. Todos los días escuchamos el sonido de la naturaleza, que nos habla en un idioma que no podemos organizar. Esa materia que estuvo en el universo antes de la aparición del hombre (el ruido de los vientos al deslizarse por una hondonada, al pasar por una caverna, el bramido de las hojas en los bosques, el arrullo del agua en una vertiente) provocó en el hombre las sensaciones sonoras y obviamente el sentido de misterio tuvo importancia porque el misterio fue haber sido provocado por algo que alteraba el silencio. Si nos situamos en una habitación silenciosa y empezamos a escuchar el silencio vamos a observar que nuestro propio cuerpo emite sonidos, el corazón emite pulsos, esta noción de los propios sonidos y del propio impulso de estos pulsos luego se fue transformando en música, este mundo consta de muchísimos sonidos, el sonido del sistema circulatorio, del sistema nervioso, que emiten zumbidos desde adentro del cuerpo que nosotros percibimos, nuestros huesos emiten sonidos, los hacemos hasta castañeteando los dientes.

¿Cómo llegó el hombre a considerar la materia sonora como un elemento organizable? Escuchando la naturaleza. La naturaleza le proveyó de sonoridades que fueron descubiertas a través de un misterio, el hecho de que ese silencio en que habitaba el hombre fuera interrumpido por el gemido de algún animal o una fuerte tormenta que impulso a las ramas de los árboles al tocarse entre sí. Desde el momento en que el hombre descubrió la materia sonora como algo propio de sí, de la naturaleza, hasta que organizó los sonidos y creó los instrumentos pasaron miles y miles de años. Este sentido es fundamental para entender hacia donde quiero llegas con esta clínica, a evaluar el componente íntimo de la materia sonora, más allá de cómo lo hayamos organizado en esta cultura occidental y que teclas o cuerdas pulsemos. Nos va a dar una visión altamente espiritual de algo que está permanentemente en juego, el sonido porque sí, no organizado, algo a lo que no le prestamos una atención musical.

Muchos de nosotros en verano seguro escuchamos a las chicharras que se ponen en sincronismo y todas se ponen a tirar su nota y todas forman un acorde bastante cacofónico, a esa maravilla perceptiva no la tenemos en cuenta con la importancia que debería tener, porque nos hemos acostumbrado a los sonidos musicales organizados por los músicos y la historia de la música. Esto no tiene que ver con la música que hago pero si tiene que ver con la predisposición espiritual a la música, sin tener en cuenta esa noción en la que participamos de la naturaleza descubriendo misteriosamente el sonido que irrumpe desde algún lado y sin tener en cuenta esa sensibilidad que se produce en nosotros sería muy difícil que luego pudiéramos disfrutar de una música organizada. Por eso el primer punto es lo anterior a todo, lo anterior a la propia designación humana de los sonidos y a la ejecución de esos sonidos por parte del hombre.

El tiempo

El segundo objeto fundamental de este encuentro del hombre con la materia sonora está dado por el tiempo. Si nosotros tuviéramos una existencia infinita o bien si nuestra vida durara un segundo no escucharíamos más que los ruidos de nuestra vida o bien escucharíamos la eternidad del sonido. Por ser discontinuos estamos constantemente provocando sonidos y escuchándolos, combinamos como si fuéramos un propio juego de la naturaleza. Si la vida durara un instante el sonido duraría un instante. El tiempo que es aquello en lo que la vida transcurre permitiéndonos la audición. El tiempo es un componente básico para la materia sonora, desde el momento en que esas moléculas son desplazadas en nuestros tímpanos significa que está transcurriendo el tiempo.

El oído

La otra cosa fundamental es el oído, la existencia de los sonidos no garantiza que los escuchemos. Solamente lo garantiza nuestro sistema auditivo. No podemos decir que cuando hay un relámpago hay un tipo con un enorme tambor en el cielo. Lo escuchamos como sonido porque es impulso molecular del bajón o la subida de presión provoca el estampido de un trueno, esa combinación de aire desplazado en funcionalidad íntima y estrecha relación con nuestro sistema auditivo hace que oigamos el trueno. Sin el tiempo no podríamos descifrar el sonido que transcurre, sin el oído ese trueno tampoco nos sería posible, los truenos seguirían sonando para todos los oídos menos para los que no escucharan, es como si pudiéramos ver a través de los oídos el sistema sonoro. Sin un sistema auditivo mínimo sería imposible, más allá de que las vibraciones puedan ser transmitidas a través de nuestro cuerpo.

El silencio

El otro punto fundamental es el silencio. Si tomamos en cuenta la noción de que el silencio interrumpe el sonido vamos mal, lo mismo que si pensamos que el sonido interrumpe el silencio. Ambas coordenadas universales, silencio y sonido, se dan en un fluir en el que filosóficamente no podemos hablar de principio o de fin, no podemos saber si el sonido no ocupo el lugar del silencio, pero sabemos que en primer lugar el silencio no es tan carente de sonoridad como la música lo escribe o transcribe. En la estética sobre la que hemos evolucionado y la que está en nuestros corazones no podemos decir que el sonido sea la interrupción del silencio, porque las notas duraría eternamente y no habría el misterio de lo que va a aparecer. Ese misterio de algo que irrumpe es de una importancia tremenda. Sin esa actividad diría que de cuna que tiene el sonido sobre el que vamos a hacer las notas no existiría la posibilidad de tener un eje para poderlas escuchar, sonido y silencio se entrelazan en un funcionar perfecto.

El instante

John Cage, este músico americano que aún vive, es bastante particular, es un gran músico que estudia con un gran maestro Arnold Schoenberg, un inventor de nuevas teorías. De alguna manera termina componiendo música concreta, es uno de los primeros en usar grabadores de fondo mientras ejecuta partituras, a él se le ocurre la idea de preparar pianos, algunos con arena y otros con nieve que se va derritiendo mientras cambia su sonoridad, pobre piano! Cage habla de la utilidad del sonido, casi a la manera de un economista, es el producto lo que queda, cuando nosotros descubrimos una conchilla de mar al borde de una orilla y luego encontramos otra más y las golpeamos estamos obteniendo el 100 por ciento de la utilidad musical, porque no fueron previstos como instrumentos, porque suenan aleatoriamente sin que hayamos preparado una técnica para desarrollar su ejecución, es el momento virgen donde la materia sonora se desprende de instrumentos no pensados como instrumentos.

Cage le da mucha importancia a nuestra vida en relación al sonido, lo único más imprescindible para él y para mí mismo, es cuando nosotros nos predisponemos al misterio del sonido. Cuando alcanzamos a percibir la profundidad de un mínimo sonido, de cualquier elemento que hagamos sonar, está siendo incorporado como instrumento sin que hayamos desarrollado ninguna técnica para tocarlo. No significa que vamos a reemplazar las guitarras con lápices o canillas que goteen, significa que la importancia más grande está dada por la vida que está presente en el misterio de la ejecución del sonido. Si nos privamos de ese momento, que se puede trasladar a la guitarra o al instrumento que uno elija, estamos perdiendo la noción fundamental de la música, esa trasgresión del sonido sin que lo hayamos evaluado por anticipado, es una provocación decidida a crear la materia sonora. El rasgo principal de este enfoque es advertir que a cada paso la vida está plagada de sonido, nuestro propio cuerpo está plagado de sonido. El respeto casi religioso que hay para con el sonido nos predispone espiritualmente para la creación de música. Si no tuviéramos en cuenta esto no tendríamos inspiración o seríamos tipos que podemos aprender la partitura más complicada pero no sentir una sola de las notas que tocamos en ella.

Le preguntan (a Cage) si tiene que llegar un momento en que nadie pueda enseñarle nada a nadie, una vez agotadas las bibliotecas, se terminan los sonidos. “Creo que deja de producirse información, si me encuentro en un bosque donde no hay ningún abeto mi información difiere de la que tendría en un bosque de abetos. Todo depende de las circunstancias y las intenciones. La atención debe actuar sin ataduras, en todas partes pueden encontrarse informaciones y uno puede estar en presencia de informaciones sin recibirlas”. Y el periodista le pregunta: ¿Debemos entonces abrirnos a todas las informaciones que no recibimos? Sucede un poco lo mismo que con el ruido y los sonidos musicales, cuando más se descubre que los ruidos del mundo exterior son musicales más música es”.

El movimiento

Le hacen críticas constantemente y contesta así:

– Su critica se basa en que a su juicio mi trabajo carece de necesidad.

Porque aparentemente los trabajos de Cage no responden a una necesidad estética sobre todo para quienes no están acostumbrados a este tipo de música.

– La primer parte de mi obra según él era interesante, pero desde que mi música no intenta ir a ningún sitio ya no presenta interés y se pregunta por qué sigo escribiendo.

– Acepta usted esa objeción, le preguntan.

– Mi intención fue precisamente que mi música dejara de ir a alguna parte, he procurado dejar que los sonidos vayan a donde van y dejarlos ser lo que son, eso me condujo a una continuidad pero de tal carácter que no procura alcanzar un clímax, una continuidad de inmovilidad aparente, como la del mar cuando deja de crecer y aún no empezó a bajar.

– Usted partió de estructuras rítmicas que tenían por condición organizar temporalmente su música, pero para que esa dimensión temporal pueda sentirse o incluso para que haya tiempo en general ¿no es preciso dirigirse hacia algún sitio?

– Claro

– Si usted reestructuró el tiempo en su música es porque de alguna manera usted no tiene una finalidad con esta estructuración.

– De ningún modo, uno puede llegar hasta donde está, contesta.

– ¿Permanecer inmóvil?

– Sí, muy fácilmente.

– ¿Podría usted explicar esta tesis sobre el tiempo, cómo puede concordar en lo que usted hace con la idea del devenir.

Y el contesta:

– Un monje zen salía de su casa con uno de sus discípulos y vio volar una bandada de gansos salvajes. Qué es eso, preguntó el monje. El discípulo contestó: eran gansos salvajes. El maestro torció salvajemente la nariz del discípulo y le dijo: te imaginás que han pasado pero siempre estuvieron aquí. Entonces el discípulo tuvo la iluminación.

Es decir, no comprendemos la importancia y la vividez que han tenido todas aquellas partículas sonoras que sin importancia hemos dejado deslizar por nuestros oídos y solamente le damos importancia al principio y al fin de nuestras canciones, como si eso fuese verdaderamente el elemento musical, cuando en realidad empezó mucho antes de que pudiésemos tocar un do en una guitarra.

Los pájaros

Les recomiendo que lean este libro de Cage (Para los pájaros). Antes de haberlo leído no me hubiera imaginado cosas de una importancia terrible, porque muchos de nosotros somos músicos que no sabemos qué tocar. Pareciera que hay una crisis espiritual, no sabemos en dónde va a estar el misterio de lo que vamos a tocar y ese misterio está todo el tiempo a nuestro alcance, aun no tocando, sino percibiendo la materia sonora, aquello que deduce una presencia misteriosa en cualquiera de las cosas que contactamos en la vida, los cuerpos juntándose ya hacen ruido. Es una posibilidad infinita de recreación de la inspiración. Cage quería tener un sampler, pero la técnica aún no estaba, usaba grabadores, grababa una chapa que caía, usaba partituras transparentes para que vos supieras qué es lo que estaba abajo. El tipo se rompió para lograr entreabrir esa puerta para que veamos por ahí, no para copiar la música que él hacía, que yo no la soporto (risas). Entendámonos, yo ya dije que esto es teórico, que no tiene nada que ver con la música que yo toco y que me gusta escuchar, pero sí tiene que ver con el enfoque espiritual, es importante predisponerse a escuchar la naturaleza, después si a alguno se le ocurre decir algo con notas lo dirá.

La ley

El desarrollo histórico. Sabemos que de la percusión de los huesos se habrá pasado a crear algún utensilio que significara un instrumento musical. El hombre se organiza en torno a esos utensilios para ejecutarlos de alguna manera como para obtener el mismo misterio de descubrir las sonoridades. Así de a poco se llega a la escritura musical, a responder a toda una organización que en Occidente su estética nos compele a ceñirnos a una serie de leyes de armonía, de ritmo, de tiempo, de pulsación. Esas leyes que hoy imperan en toda la música no se inventaron ayer, hubo momentos en donde se contaba solamente con una serie de sonoridades de las que no se podía pasar, acá es donde tienen importancia la cultura, la ley, la sociedad, la religión. Basado en ideas religiosas aquel que no tocara un sonido que no estuviera dentro del paquete de sonoridades consabidas podía ser acusado de hereje o ganarse el apodo de ser una especie de pactador con el diablo. En el desarrollo histórico no había todas las notas que usamos ahora, aunque aún estamos constipados con estas leyes que no nos permiten todos los sonidos que hay sino solamente aquellos que combinan bien. Pero la organización occidental del sonido es una arbitrariedad fenomenal, lo que más nos gusta, basada en años de hinchar para que nadie toque más que lo que correspondía.

Voy a pasar un fragmento de música del siglo X, casi llegando, año 900, es una música francesa, Secuestro para navidad cuando lo escuchemos veremos que mucha música techno se parece a esto, por lo aburrido. A mitad de camino de lo que es hoy la música encontramos una música organizada, con otra notación, la misma necesidad de enmisteriarse y misteriar con ese esquema de sonidos, pero limitada a una cantidad de notas donde ni por casualidad dejaban entrever los semitonos. (Se escucha un fragmento de un coro gregoriano) Bueno, es música gregoriana, vieron que hay saltos profundos, no hay semitonos, no hay armonía, es una línea melódica, no se puede decir que no sea musical porque no nos daríamos cuenta todo lo que transcurrió hasta llegar a esto. A mi no me gusta musicalmente, no le recomendaría a nadie que se compre el disco, pero es una prueba de la evolución musical. Del hombre que golpeaba huesos a estos hombres que cantaban una letra y afinaban notas consecuentemente y probablemente tuvieran una partitura vemos como se va gestando ese lenguaje inmenso que hoy es la música que conocemos y cómo de alguna manera a través de los poderes religiosos, de la ley, se limitaba en su momento para que ofrecieran solamente las características impuestas por una sociedad, por un modelo de vida, por una especie de rigor religioso que no permitía usar otras notas.

En este desarrollo histórico, con el advenimiento de los aparatos de la ley que redistribuyen la energía de los hombres para ponerla a disposición de un comportamiento, también la influencia de esta ley es ejercida a través de todos los medios para la cultura musical, prohibiendo algunos ya por anticipado establecidos y no permitiendo surgir otros acontecimientos de tipo musical. Imagínense las ideas de Cage en este punto, en el mundo del siglo X. Tenemos que admitir que como occidentales hemos hecho un cerco invisible en torno a la música, constituido por la música que suena bien y la que sabemos que va a sonar bien. Yo creo en eso que dijo George Harrison: lo importante es que es una canción del norte, no importa si suena desafinada. Pero sí importa porque para mi música y para la que escucho voy a querer que suene bien y para eso voy a recurrir a todas las leyes, sin dejar de lado casi ninguna, pero es evidente que Occidente fue creando para los músicos un sistema carcelario de la materia sonora, los sonidos están encarcelados en ese pentagrama y pueden obedecer solamente a ciertas y determinadas leyes, que si se rompen la música suena desagradable y todo el mundo dice fuera de aquí. Estamos todos pendientes de esas leyes musicales, son las que nos proveen del gusto musical, pero en su seno no sean más que leyes que constipan a la materia sonora. Si no tocás como corresponde no puede ser, si metes una alteración que esta fuera de la clave suena mal, pero eso un producto de la cultura. Quiero que tengamos la noción profunda de que la organización de la música de Occidente tiene la imagen de un presidio.

El misterio

Lo fundamental en ese acontecimiento primigenio, en lo que quiere provocar Cage o en el canto Gregoriano, es esa sensación de misterio que rodea a las notas, a la materia sonora que circula por nosotros. La historia no puede cambiar el hecho de que el hombre se enfrenta al sonido en una relación misteriosa, eso es lo que es importante en todas las épocas. Por eso el ejemplo del canto gregoriano, nadie puede decirles que estaban equivocados porque no hay una moral de la música, yo quiero que tengamos la referencia de algunas cosas que nos van a servir para crear música. En esta evolución todo lo que se ha enriquecido también se ha perimido a través de esa evolución, todos los sonidos que no entran en esa escala musical no los consideramos y si algún instrumento los ejecuta pensamos que está fallado y que tenemos que arreglarlo. Pero eso no quiere decir que esos sonidos no formen parte de la música.

La exactitud

Vamos a pasar a otro plano: la estética occidental. Nos hemos constituido en maquinas exactas para la música, no sólo por las leyes de armonía sino porque hemos privilegiado a la dominante y a la tónica, hemos privilegiado las notas pedales, es una mecánica. En el occidente la esta relación de privilegio se ha autocompensado a sí misma provocando tanto la música de Cage, que quizás es discordante con todo esto, como las partituras más emocionantes que nos hacen llorar de felicidad y que yo siento personalmente más cerca de disfrutar la música por ese lado que por el hacer ruido, sin dejar de tener en cuenta estos factores, saber que existen y son parte de la música. En Occidente los cuartos de tono no entran, los glisandos son todos medidos y provocados, al corazón que marca los pulsos, que es rengo porque no tiene la duración toda igual los pulsos igual.

El hombre invento el metrónomo y en el basó toda su conciencia métrica del tiempo, lo cual nos hace ser protagonistas del tiempo de cuarzo, somos los protagonistas de una época donde el tempo impenetrable es total. Se supone que esas leyes nos constiparon a hacer metrónomos perfectos que persiga el tempo de una manera monstruosa, incluso hay tecnología de cristal de cuarzo que nos permite tener un metrónomo en una caja de ritmos que obliga a los músicos a tocar en un tiempo que pasa solamente ahí, estamos en un periodo de oro del tiempo, todos estamos afectados por lo mismo, la distancia entre un pulso y el otro tiene que ser exacta. Me aventuro a decir que no va a pasar demasiado tiempo para que empecemos a usar todo lo contrario. Con el advenimiento de la primera tecnología, siglo XVIII y XIX, así como evoluciona la cárcel para que un solo hombre vea a todos los presos inventan un aparato que es una pirámide con un péndulo y en las partituras ya tenés anotada la velocidad en que debe ser ejecutada la partitura. Con la era tecnificada si comprás un sequencer y atrasa lo devolvés inmediatamente. Estamos pendientes de un tiempo no humano, que el hombre ha creado para satisfacer una necesidad rigurosa, que el tiempo dure igual en cada momento, pero cuando el árbol sonaba no había nadie que le dijera que atrasaba o adelantaba. Hemos creado artilugios para expresar algo, nos ha condicionado al uso irrestricto del metrónomo, es una de las cosas llamativas de occidente como perseguimos el tempo musical.

Me da la sensación de que en Oriente no es lo mismo, por ahí cuentan por compases de una manera irregular, los compases son fragmentos diferentes que se componen por líneas melódicas, mientras nosotros tenemos un cabezón que nos marca desde el inicio. Creo que debe haber cosas estrictas en la música oriental que no conozco, pero si tuviéramos que categorizarlas por rasgos fundamentales en nosotros sería la afinación temperada y el pulso estricto. En la música hindú está el glisando, la nota arrastrada, el cuarto de tono y una rítmica muy irregular, como contrapartida a lo nuestro.

Voy a poner un ejemplo de música sin tiempo, de una obra de Stockhausen, contemporáneo de Cage. (Pone un fragmento de una obra hecha de yuxtaposición aleatoria de sonidos electrónicos y voces líricas) Quise poner un ejemplo de una obra parecida a la de Cage, a mí no me gusta, pero fue una música hecha fundamentalmente para quebrar una norma, hay que reconocer que el movimiento aleatorio que provoca se parece en parte a la naturaleza, donde ningún sonido coincide con el otro. Hay mucha música hecha en esta tónica. Esto está hecho con tramos grabados, sin sampler.

La evolución histórica que se da en Occidente con la música no puede negar que lo fundamental va a estar entre el hombre y la música en un aspecto íntimo, en aquellos factores que hacen que la música pueda imprimir en el alma un impulso de encuentro único, una sorpresa infinita. Quiero que escuchen un pasaje de Beethoven para que veamos como uno de los músicos cumbres se manejaba con los sentimientos, de alguna manera, el pivote de todas estas experiencias. Vemos como en un pasaje triste, además con la ayuda del metrónomo, se las ingenia para imprimirnos un sentimiento inconmensurable, un sentido de profundidad de encuentro y de hallazgo. (Pone un Fragmento de la Tercera Sinfonía “La Heroica”) Tiene una profunda tristeza, es una marcha fúnebre, heroica por la guerra. Occidente, con todos sus defectos, nos ha dado algo de un vigor y una profundidad tremenda, que prácticamente contradicen nociones de lo primigenio, se instalan como descubrimientos en el alma, como si por primera vez ejecutáramos un instrumento o lo escucháramos. Quiero que lo escuchen sin pensar en que es una música para pompas fúnebres sino como el alma humano encuentra de nuevo la vida, de tonos menores se pasa a una sensación indescriptible de armonía con la naturaleza y hasta de resurrección. Traje este pasaje porque es un ejemplo de que a través de la noción de lo primitivo que podemos apreciar en un partitura musical con todos sus atributos, como lo que conmueve es un pasaje donde habla íntimamente con el alma de la música, nos reúne en una frase musical que no dura mas de cinco compases, pero que tiene el máximo vigor y tiene la poesía de su lado, está todo ahí. Escribió una cosa que pertenece a Occidente que libera esa energía para que otros copiemos y hagamos de eso otra melodía. Lo fundamental es prestar atención a la magia de ese pasaje, ese espíritu de fuerza incontenible que refleja el instinto de la naturaleza a través de la música.

Voy a poner otro ejemplo de Gustav Mahler, ya superada la época de Beethoven, empiezan a ingresar otros sonidos en la armonía, disonancias, la orquestación se moderniza y surgen otros talentos, lo importante es que esto está marcado por el contraste, así como Beethoven venia de un momento cargado de tristeza y de golpe se eleva por sobre la partitura y dice: “yo soy feliz, tengo algo que todavía me hace vivir feliz, creo en esta música”. Y hubo otros que creyeron y tocando con una caracola o una orquesta sinfónica el sentido único es esa vibración que no se puede expresar en palabras. (Pone un fragmento de la Primera Sinfonía de Mahler). Esto que para mí es conmovedor denota el extravío que tiene la mente de Mahler, en toda su obra se nota que así como él dispone de todas las herramientas para la gran música, cuenta con el factor del extravío, de esa especie de ebriedad que acude en sus obras a la partitura, los momentos de calma son sobrellevados por una especie de falta de conciencia que lo lleva a cambiar la clave, a invertir los acordes, a destrozar un poco la armonía, a alterar los tempos, a efectuar altibajos de sonoridades.

Este factor de sorpresa, típico de este siglo, habla nuevamente del origen de la música. Uno no puede ignorar el sentimiento mágico que se le puede infundir a la música. Mahler es uno de los ejemplos mas claros de un músico que contando con todas las herramientas a su favor disponía en un momento, como la naturaleza, de algo imprevisible, algo que rompiera su esquema y brindara otra sensación como de despertar en otro lugar. Esto lo logra con una maestría impresionante, en todas sus obras se ve como pasa de una cosa de tipo vienés, algo tranquilo basado en la música de su época y su patria y de golpe parecía que tenía una especie de cortocircuito, rompe con todo y aparecen esas armonías que por otro lado le valieron criticas en su época. El hábito de escuchar con una atención superior a la que le dedicamos todos los días así hay que escuchar todo el tiempo la música, tratando de descubrir algo que no habíamos descubierto hasta que nos topamos con ese misterio y la cuestión es que sepamos transmitir ese hálito, sea con una Overheim o una Fain.

El caos

Otro ejemplo es la construcción apocalíptica, típica de este siglo, los grandes compositores, muy románticos todos ellos y enraizados en esas cuestiones de nociones de aritmética musical se lanzan a descubrir nuevos esquemas. Igor Stravinski, maestro de maestros, renovador de la sinfonía, rompe con la estructura de su tiempo y es uno de los más renombrados y de los más lindos de escuchar. En la domesticación de todos esos rudimentos para poder escribir para una orquesta, un tipo como Stravinski se pone a fabricar la naturaleza con la orquesta, consigue hacer que la orquesta mediante infinitas simplificaciones de compases y tratando de que cada cuerpo ejecute partituras muy diferentes entre sí todas unidas por un irrefutable tempo consigue desarmar el sentido orquestal y constituir la pintura de un bosque, o de un lugar, con toda la parafernalia de conocimientos matemáticos para la música la imaginación se pone a jugar con todo eso para recrearnos la desorganización de un bosque y lo pinta de una manera tremenda. (Pone un fragmento de La consagración de la primavera).

El infinito

Hay una cosa que va uniendo todo, la inspiración y la sorpresa. No es acaso ese descubrimiento inicial lo que en cada paso de la música llevó al hombre a encontrarse con las grandes partituras. Ese componente anímico subjetivo, eso que la música está tratando de expresar, sin que sea una foto de lo que se expresa, porque se trata de hombres, de sentimientos, de naturaleza. ¿Cómo llegamos a la organización actual de la música, cómo llegamos a que nos importe a los rockeros el tempo? Eso es por el trabajo de miles de músicos que han estado antes que nosotros.

Tanto los Beatles, como Stockhausen, como John Cage, como Beethoven, como los gregorianos, como Mahler en sus devaneos o como el tipo que golpeaba, todos buscaron la interpenetración del hombre y la naturaleza, constituyendo desde ese momento una sola cosa, que no tiene texto ni hay palabras para expresarlo, que es lo trascendente de la materia sonora, de los sonidos que escuchamos, que podemos reconvertir en nosotros mismos y podemos escribir partituras para cientos de instrumentos simultáneamente. Pero va prevalecer ese misterio, esa vuelta al ruido infinito, el poder decir que todos estos grandes autores, dotados de mucha o poca técnica y herramientas, todos los que realmente nos están enseñando algo, todos han pronunciado el ruido infinito, aquello que hace que el hombre vibre por encima de la música, aquello que estaba antes y que va a estar antes y después de todas las nociones de música. No se olviden del concepto de una naturaleza que vive sonando y en la que vivimos sonando con ella. (*)

    (*) Fuente:  Conferencia dictada por Luis Alberto Spinetta en el invierno de 1990 en una Clínica de Poesía Musical realizada en la Ciudad de Buenos Aires. La versión de la conferencia que presentamos aquí no es completa sino una síntesis de los principales contenidos a través de la sucesión de sus conceptos claves. 

Ashoka contra la intolerancia religiosa,

(edicto rupestre XII)
MIRCEA ELIADE
Historia de las creencias y las ideas religiosas, IV, pág.581
Cristiandad, Madrid 1980 Ashoka (c.a. 274-232) fue un rey filósofo que tras una guerra se arrepintió de la violencia desatada y se dedicó a la educación moral propia y de su pueblo, publicando sus “edictos rupestres” por todas las fronteras. Su doctrina es el Dharma o sentido de piedad y rectitud de vida.

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El rey Priyadarshi honra por igual a todos los hombres de todas las religiones, miembros de órdenes religiosas y laicos, con dones y muestras varias de estima. Pero no estima tanto los dones o los honores como el crecimiento en las cualidades esenciales a la religión en los hombres de todas las creencias.
Este crecimiento puede adoptar muchas formas, pero su raíz consiste en evitar que la forma de expresarse venga a ensalzar la propia creencia y a desacreditar indebidamente la creencia de otros o, cuando la ocasión es adecuada, inmoderadamente.

Las creencias de los demás merecen siempre ser respetadas por un motivo o por otro. Al rendirles honor, se exalta la propia creencia y se rinde al mismo tiempo un servicio a la creencia de los demás. Actuando de otro modo, se hace injuria a la propia creencia y se causa menoscabo a la de los demás. Porque si un hombre ensalza su propia creencia y desacredita las demás por devoción a la suya y porque quiere glorificarla, causa serio daño a su propia creencia.

En consecuencia, sólo la concordia es recomendable, pues mediante la concordia pueden los hombre aprender y respetar la concepción del Dharma aceptada por los demás.

El rey Priyadarshi quiere que los hombres de todas las creencias conozcan las doctrinas de los demás y adquieran así doctrinas coherentes. Los que están apegados a sus propias creencias han de saber que el rey Pridayarshi no valora tanto los dones o los honores como el crecimiento de las cualidades esenciales a la religión de los hombres en todas las creencias.

El objeto de estas medidas es la promoción de la creencia particular de cada hombre y la glorificación del Dharma.

Observaciones a la “Rama dorada” de Frazer

LUDWIG WITTEGENSTEIN,

tecnos, Madrid 1992 
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Creo que el empeño en una explicación está descaminado, dado que lo que sólo se ha de hacer es conjuntar correctamente lo que uno sabe y no añadir nada más… [p. 52]
Aquí sólo se puede describir y decir: ” así es la vida humana”. [p. 53]

Un símbolo religioso no se basa en creencia alguna, Y sólo donde hay una creencia hay error. [p. 54]

… Y es que ningún fenómeno es en sí especialmente misterioso, pero cualquiera puede llegar a serlo para nosotros, y lo característico del espíritu auroral del hombre es que un fenómeno sea significativo. casi de podría decir que el hombre es un animal ceremonial. Esto es, en parte, falso, en parte sinsentido, pero también hay algo de verdad en ello. [p. 62]

Lo característico, por el contrario, de las acciones rituales no es, en modo alguno, una opinión, una creencia que podría ser verdadera o falsa aunque también un pensamiento – una creencia – puede ser también ritual, puede pertenecer al rito. [p. 63]

Lo que más me sorprende, aparte de la semejanza, es la diferencia entre todos estos ritos. Es una diversidad de rostros, con rasgos comunes, la que emerge constantemente por un lado y por otro. A uno le entran deseos de trazar líneas que pongan en contacto las partes que son comunes. Pero entonces quedaría fuera de la vista una parte, aquella precisamente que une esa imagen con nuestros sentimientos y pensamientos. Esta parte es la que da a la investigación su profundidad. [p. 78]

…Entonces la profundidad o reside en el pensamiento acerca de un origen tal, o la profundidad es ella misma hipotética, con lo que sólo se puede decir “Si las cosas han  sido así, entonces se trataba de una historia siniestra, profunda”. Quiero decir, lo siniestro, lo profundo, no consiste en que la historia de la costumbre se desarrolle de esta o esa manera, puesto que tal vez no se desarrolle de esa forma; tampoco en que se desarrollara con tal o cual probabilidad, sino en lo que me da pie para aceptarla. ¿De dónde, pues, proviene lo profundo y siniestro de los sacrificios humanos? ¿Es acaso sólo el sufrimiento de la víctima lo que nos impresiona? Sin embargo, enfermedades de todo tipo con los mismos sufrimientos no provocan esa impresión. No, lo profundo y siniestro no se comprende por sí mismo si solamente conocemos la historia de los comportamientos externos, sino que somos nosotros los que proyectamos desde una experiencia que está en nuestro interior. [p. 83]

Todas estas costumbres distintas muestran que de lo se trata aquí no es de la derivación de una respecto de otra, sino de un espíritu común. Uno podría inventar (forjar imaginativamente) todas estas ceremonias y el espíritu desde el cual se inventa sería el espíritu que les es común. [p. 88]

Hojas de hierba

WALT WHITMAN
Hojas de hierba
edicomunicación, Barcelona 1988, 104-105 
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48

Dije que el alma no es más que el cuerpo,
Y dije que el cuerpo no es más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más que uno mismo,
Quien camina una milla sin amor, se dirige a su propio funeral
      envuelto en su propia mortaja;
Y yo y tú, sin tener un centavo, podemos comprar lo más precioso
      de la tierra,
Y la mirada de unos ojos o una arveja en su vaina confunden
      la sabiduría de todos los tiempos,
Y no ha y oficio ni profesión en los cuales el joven que los sigue no
      pueda ser un héroe,
Y no hay cosa tan frágil que no sea el eje de las ruedas del universo,
Y digo a cualquier hombre o mujer: Que tu alma esté serena
      y en paz ante millones de universos.

Y digo a la Humanidad: no hagas preguntas sobre Dios,
Porque yo que pregunto tantas cosas, no hago preguntas sobre
      Dios,
(No hay palabras capaces de expresar mi seguridad ante Dios
      y la muerte)

Escucho y veo a Dios en cada cosa, pero no lo comprendo en lo
      más mínimo,
Ni comprendo cómo pueda exisitir algo más prodigioso
      que yo mismo.

¿Por qué desearía yo ver a Dios mejor que en este día?
Algo veo de Dios en cada hora de las veinticuatro y en cada uno
      de sus minutos,
En el rostro de los hombres y de las mujeres veo a Dios,
      y en mi propio rostro en el espejo;
Encuentro cartas de Dios tiradas por la calle y su firma
      en cada una,
Y las dejo donde están porque sé que dondequiera que vaya
      Otras llegarán puntualmente.

Teoria de la religion

GEORGES BATAILLE,
Teoría de la religión
taurus, Madrid 1981, 111-112 
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La posición que resultaría de la conciencia clara y que excluiría, si no la forma extática de la religión, sí por lo menos su forma mística, difiere profundamente de las tentativas de fusión que preocupan a los espíritus empeñados en remediar la debilidad de las posiciones religiosas dadas en el mundo presente.
Los que se asustan en el mundo religioso de la discordancia de los sentimientos, que buscan la unión de las diferentes disciplinas, y quieren resultamente negar lo que opone el prelado romano al sanyasin, o el pastor kikergaardiano al sufí, acaban de emascular – de una y otra parte – lo que ya procede de un orden íntimo con el de las cosas. El espíritu más alejado de la virilidad necesaria para unir la violencia y la conciencia es el de la “síntesis”. El empeño de hacer la suma de lo que han revelado las posibilidades religiosas separadas y de hacer del contenido  que les es común el principio de una vida humana elevada a la universalidad, parece inatacable a despecho de sus resultados insípidos, pero a quien la vida humana le es una experiencia que debe ser llevada lo más lejos posible, la suma universal es necesariamente la de la sensibilidad religiosa en el tiempo. La síntesis es lo que más netamente revela la necesidad de unir decididamente este mundo a lo que la sensiblidad religiosa es en su suma universal en el tiempo. Esta clara revelación de una decadencia de todo el mundo religioso vivo (acusada en esas formas sintéticas que abandonan la estrechez de una tradición) no estaba dada en la medida en que las manifestaciones arcaicas del sentimiento religioso nos aparecían, independientemente de su significación, como jeroglíficos de los que sólo hubiera sido posible un desciframiento formal; pero si esta significación está dada, si, en particular, la conducta del sacrifcio, la menos clara, pero la más divina y la más común, deja de estarnos cerrada, la totalidad de la experiencia humana se nos entrega. Y si nos elevamos personalmente a los más altos grados de la conciencia clara, ya no está en nosostros la cosa avasallada, sino el soberano cuya presencia en el mundo, de los pies a la cabeza, de la animalidad a la ciencia y del útil arcaico al sinsentido de la poesía, es la de la universal humanidad. Soberanía designa el movimiento de violencia libre e interiormente desgarradora que anima la totalidad, se resuleve en lágrimas, en éxtasis y en estallidos de risa y revela lo imposible en el éxtasis, la risa o las lágrimas . pero lo imposible así revelado no es ya una posición deslizante, es la soberana conciencia de sí que, precisamente, ya no se aparta de sí.

Citas-3873

Por suerte, mi esposa es rumana y desempeña el papel, si se quiere, de la patria porque entre nosotros hablamos en rumano. Así pues, la patria para mí es la lengua que hablo con ella y con mis amigos, pero ante todo con ella; la lengua en la que sueño y en la que escribo mi Diario.

(La prueba del laberinto)

*

Permítame confesarle, con toda sinceridad, el motivo principal por el que no puedo aceptar la invitación: el silencio sistemático al que está sometida mi obra literaria, histórica y filosófica en Rumania. He publicado más de cincuenta libros, traducidos a catorce idiomas, entre ellos el polaco, el serbocroata y el húngaro. Sólo en ediciones de bolsillo se han imprimido 1.500.000 ejemplares. La mayoría de estos libros son inaccesibles en Rumania. Además han aparecido tres monografías y más de veinte tesis doctorales acerca de los diversos aspectos de mi obra y otros cinco libros aparecerán este año en los EE. UU., Francia, Holanda e Italia. Respecto a los estudios y artículos que me han dedicado, hace mucho que ya no llevo la cuenta; los recopila un diligente bibliógrafo americano.

En Rumania, por el contrario, mis escritos nuevos y antiguos se desconocen. Una vez cada dos o tres años aparece algún breve artículo, por regla general, en revistas de provincias. Sé que este silencio sistemático no se debe a la falta de interés de los críticos por mis libros. Hasta mí han llegado muchos estudios críticos firmados por autores de renombre que no han podido ver la luz de la imprenta.

Habría mucho más que decir, pero me detengo aquí…

(Carta al embajador rumano en los EE. UU., 28-4-77)

*

Todo lugar de nacimiento constituye una geografia sacra. Para quienes lo abandonaron, la ciudad de la infancia y la adolescencia se convierte siempre en una ciudad mítica. Para mí, Bucarest es el centro de una mitología inagotable. A través de esa mitología he llegado a conocer su auténtica historia y, quizá, la mía propia.

(La prueba del laberinto)

*

        En estos últimos veinte años se me han roto muchas veces las gafas de lejos pero nunca las de leer. Los cristales estaban un tanto gastados, ahumados en el borde, pero no me decidía a cambiarlas. Y ahora, de pronto, comprendo el porqué. Estas gafas son el último objeto que tengo todavía de mi país. Ya no me queda nada más, ni siquiera un «recuerdo», ni una fotografía de mi familia ni mía. Por supuesto que tengo algunos libros de mi biblioteca de Bucarest y casi todos los libros que publiqué allí, pero no los tengo a mi lado, no puedo llevarlos conmigo.

Eliade y Maitreyi en Chicago, 1973.

(Diario, 28-10-59)

*

Me atrevo a contradecirle hablándole de tantos grandes poetas de nuestros países del Este, como Eminescu, Blaga, Petofi, etc., condenados al anonimato o, en el mejor de los casos, a ser un simple nombre en el Larousse solamente por haber escrito en lenguas provincianas, sin circulación. Y él, que tiene la suerte de poder expresarse en una lengua universal como es el francés, le vuelve la espalda y escribe en occitano… Le recuerdo a Bernard Shaw, a Yeats, a Joyce. ¿Habrían llegado a ser escritores de renombre universal si hubiesen escrito en irlandés?

(Diario, 10-8-50)

*

Cuando hace cinco años comencé a escribir La noche de San Juan, no sabía casi nada salvo el final. Sabía que, a los doce años, Stefan volvería a encontrar a Ileana, en otro bosque y que reconocería el coche que (según creía él) había desaparecido o que tenía que desaparecer en el bosque de Baneasa, la noche de San Juan de 1936. Los doce años constituían, en mi mente, un ciclo perfecto, cerrado, homologable a los ciclos cósmicos (el Gran  Año, etc.) El encuentro de 1948 habría de redimir todas las pruebas y sufrimientos de ambos. Hasta el último momento, incluso después de haber empezado a escribir el capítulo final y cuando me acercaba al encuentro del bosque de Royaumont, creí que ese encuentro significaría, para uno y otro, el principio de una «vida nueva» (renovatio). Había homologado «la búsqueda» de Stefan con una búsqueda iniciática. El encuentro de Ileana equivalía al cumplimiento de la iniciación (afrontar victoriosamente todas las «pruebas y experiencias» iniciáticas). Pues bien, hoy he comprendido que se trata de otra cosa. Stefan estaba obsesionado por «el coche que tenía que desaparecer a media noche», el coche con el cual «tenía que haber ido Ileana» en 1936 a Baneasa. Más que el incomprensible amor por Ileana (incomprensible porque él seguía estando enamorado de Ioana), lo extraño del enuentro de Baneasa es la obsesión por el coche. Pero todo se explica si el coche de Ileana (coche real en Royaumont, 12 años más tarde) es la cuna de la muerte de ambos. Ileana, según creo yo ahora, no lo ama. «La búsqueda» (The Quest) de Stefan era, por tanto, la búsqueda de la Muerte. Ileana se muestra lo que era desde el principio: un ángel de la Muerte (solo que, al principio, sin el coche real, su auténtico destino no podía ser perceptible). Los coches tienen una función arquetípica en la novela y el lector perspicaz observará en seguida que siempre que aparece la imagen de un coche, hay «una ruptura de nivel» y los destinos se deciden o se vuelven perceptibles. El simbolismo de la muerte se me impone al escribir el último capítulo. Todavía no sé si morirán los dos en un accidente, esa noche, aunque ese final es el único plausible. ?tefan «ha resuelto todos los misterios» (la señora Zissu, Partenie, etc.); en el plano anecdótico, esa «comprensión» corresponde a la «última comprensión» del sabio, que siempre es su losa sepulcral (en cierto sentido, la vida ya no tiene sorpresas para él; es un «muerto en vida»). La existencia histórica de Stefan dejaría de tener sentido sin Ileana, una vez que ha logrado encontrarla. Pero si cree que Ileana ya no lo quiere, no le queda ya  nada que hacer aquí, en el mundo.

Pero puede ser que, en el último momento, se me imponga otra solución, ni yo mismo sé cuál. Porque el simbolismo de la Muerte lo permite todo: extinción o regeneración, un verdadero incipit vita nova. Ya veré.

(Diario, 26-6-54)

*

La legión ha destruido a toda la generación y ha llevado al fracaso a todos los que tuvieron contacto con ella, siquiera fuera esporádicamente.

(Diario, 18-9-45)

*

            Los comunistas que incendian iglesias son unos bárbaros, lo mismo que los fascistas que persiguen a los judíos. Miren a la derecha: en Alemania hombres decapitados, en Italia pensadores acosados, sacerdotes cristianos torturados; en Alemania judíos expulsados.

Miren a la izquierda: en Rusia los sacerdotes cristianos son llevados ante el pelotón de ejecución, la libertad de expresión penada con la muerte; en París los comunistas lo arrasan todo.

(14-2-34, Credinta)

*

-Si esperamos a liberarnos por la muerte, no habremos ganado nada. El problema es liberarnos del vientre de la ballena en vida en el Tiempo, en la Historia…

          -¿Pero por qué hablas del vientre de la ballena? -le preguntó Ileana volviendo a la realidad.

          Stefan se levantó de la silla y se echó a reír; su risa era tranquila e infantil.

          -Es una imagen que utilizo a veces, cuando me enfrasco en los problemas de la economía política. Entonces tengo la impresión de encontrarme en el estómago de un gigantesco cetáceo que cubriera toda la superficie de la tierra. Desde el vientre de la ballena, asisto a la ingestión de los materiales alimenticios, a su digestión y a su evacuación, incluso transformados en productos de uso secundario… Y, perdido en el vientre de la ballena, le rezo a Dios para que mantenga vivo, intacto, para no ser digerido por los problemas de la economía política hasta el momento en que escape y vuelva a ver la luz del día, afuera…

          -Si dices que tu ballena cubre toda la tierra, ¿cómo puedes tener esperanzas de escapar vivo de su vientre? -se detuvo un instante, bajó los ojos y añadió rápidamente-: Por la muerte, sí, lo entiendo… Por la muerte puede que nos liberemos…

          Stefan se paró delante de ella y se quedó mirándola.

          -Precisamente eso era lo que te preguntaba hace un momento, si de verdad crees que sólo mediante la muerte podemos liberarnos del Tiempo y de la Historia. De ser así, la existencia humana perdería su sentido. En ese caso, nos encontraríamos aquí en la vida, en la historia, por error. Si sólo la muerte nos permite salir del Tiempo y de la Historia, la realidad es que no salimos a ninguna parte. Lo único que hacemos es volver a la nada…

(La noche de San Juan)

*

    En realidad, la tragedia de mi vida puede reducirse a la siguiente fórmula: soy un pagano, un perfecto pagano clásico que intenta cristianizarse. Para mí, los ritmos cósmicos, los símbolos, los signos, la magia y el erotismo existen más y de forma más inmediata que el problema de la redención. Pero he dedicado lo mejor de mí a este problema sin poder dar un solo paso adelante.

(5 de septiembre de 1942)

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Mi religiosidad: Muy raras veces siento necesidad de la presencia de Dios. No rezo ni tampoco sé rezar. Cuando entro en una iglesia hago esfuerzos por rezar. Pero no sé si lo consigo. Pero con frecuencia tengo crisis religiosas: el deseo de aislamiento, de contemplación lejos del mundo. Desesperación. El deseo (y esperanza) de ascetismo. Lo permanente es la pasión por las formas objetivas y eternas de la religión, por el símbolo, el rito y el mito.

(26 de septiembre de 1942)

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Soy rumano. Eso es algo de lo que ahora no puedo abjurar. Y según yo veo las cosas, «los tiempos espléndidos» de Churchill, si se cumplen según los deseos de su corazón, implican la destrucción de la nación y del estado rumanos. Si yo fuese portugués, sueco o brasileño, tal vez esos acontecimientos me pareciesen insignificantes ante la grandiosidad del mundo que se organizaría tras la victoria anglobolchevique. (Aunque yo creo que un mundo tal no puede ser grandioso, desde ningún punto de vista). Agonizo solo de pensar que Churchill pudiese tener razón. Y es que, en lo que a mí respecta, no podría aceptar la historia sin la Rumania que he conocido yo. Se me quedaría abierta la vía del misticismo, de la retirada del mundo, de la anarquía y del distanciamiento total de él. Jamás ha sido más violenta la lucha en mi espíritu y en mi carne entre la desesperanza y la esperanza como ahora. Por eso, mi labor creadora está paralizada. Todo acto de creación está suspendido ante el curso de las operaciones en el frente ruso.

(25 de diciembre de 1942)

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          De España me gusta todo, incluso el olor a aceite quemado.

(Diario portugués, nov. 1942)

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…Me atrevo a contradecirle hablándole de tantos grandes poetas de nuestros países del Este, como Eminescu, Blaga, Petöfi, etc., condenados al anonimato o, en el mejor de los casos, a ser un simple nombre en el Larousse solo por haber escrito en lenguas provincianas, sin circulación. Y él, que tiene la suerte de poder expresarse en una lengua universal como es el francés, le vuelve la espalda y escribe en occitano… Le recuerdo a Bernard Shaw, a Yeats, a Joyce. ¿Habrían llegado a ser escritores de renombre universal si hubiesen escrito en irlandés?

(Diario, 7-8-50)

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¿Cómo habría transcurrido mi vida sin la experiencia de la India en los albores de mi juventud? Y la seguridad que guardo desde entonces de que, pase lo que pase, siempre habrá una gruta en el Himalaya esperándome…

(Diario, 18-11-48) 

*

CARTA A GERSHOM SCHOLEM

(Traducción del francés por Teresa Sánchez)

París, 3 de julio de 1972

Mihail Sebastian

                                            Querido colega:

                Lamento comprobar que la estima y la amistad que usted me ha demostrado le provocan hoy sinsabores, y quisiera, ante todo, expresarle mi pesar. La lectura de los fragmentos del Diario de Mihail Sebastian me ha apenado profundamente, ya que Sebastian era uno de mis mejores amigos, y la “frialdad” que dominó los últimos años de nuestra amistad fue consecuencia de un penoso malentendido. Y yo soy en parte responsable de él. Por eso la trágica muerte de Sebastian, en la primavera de 1945, constituyó para mí un choque casi traumático, ya que la última posibilidad de esclarecer la desavenencia había desaparecido. Estoy demasiado fatigado (usted sabe que he tenido una crisis de pericarditis) para contarle con detalle las circunstancias que progresivamente minaron nuestra amistad, amistad de la que se encontrarán ecos en el Diario íntegro de Sebastian, al igual que en el mío, cuando sea publicado. Voy a señalar brevemente los elementos esenciales.

 

 

    1)  De entrada, hay que rectificar ciertos hechos erróneos. En el artículo que usted me ha transmitido, se dice (p. 25, col. 2) que fui nombrado, bajo el régimen legionario, agregado cultural en Lisboa y transferido a Madrid en la primavera de 1941. En realidad, en abril de 1940 fui nombrado agregado cultural en Londres, por uno de los últimos gobiernos del rey Carlos, enemigo de la Guardia de Hierro, y después trasladado a Lisboa en febrero de 1941 por el gobierno del general Antonescu, que había liquidado a los legionarios. Permanecí en Portugal hasta septiembre de 1945, fecha en la cual me instalé en París. No he tenido jamás ningún cargo oficial en Madrid, donde, en febrero de 1941, el agregado de prensa era el poeta Aron Cotrus y el consejero cultural, el profesor Al. Busuioceanu.

2)    Durante mi estancia en Inglaterra y Portugal (por tanto, entre 1940 y 1945) no publiqué ningún artículo en la prensa rumana.

3)    Entre 1942 y 1944, se editaron en Bucarest un volumen de ensayos (Insula lui Euthanasius), dos monografías de historia de las religiones y de tradiciones populares (Mitul Reintegrarii: Comentarii la Legenda Mesterului Manole) y un libro sobre Salazar. Publiqué igualmente, en Lisboa, un pequeño trabajo sobre la historia de los rumanos (Os Romenos, latinos do Oriente). Este último, al igual que el libro sobre Salazar, tenía como objetivo el acercamiento de los dos países latinos más alejados entre sí, Rumania y Portugal. Esto formaba parte de la política “pan-latina” de aquellos años. No la juzgo. Pertenece a la historia, y será juzgada por los historiadores.

4)    No recuerdo haber escrito una sola página de doctrina o propaganda legionaria. Pero Sebastian cita (p. 24, col. I) algunas líneas de un texto aparecido en el diario de la Guardia de Hierro, Buna Vestire (14 de diciembre de 1937) y titulado: “Por qué creo en la victoria del movimiento legionario”. No he colaborado jamás en dicho periódico. Sin embargo, ese texto existe, puesto que Sebastian lo cita. Probablemente, sería la respuesta oral a una encuesta, respuesta “editada” por el redactor. Me es imposible precisar más. Pero, en esa época, yo colaboraba en varios semanarios importantes donde habría podido exponer a gusto tales ideas. ¿Por qué no lo hice?

5)    Con todo, desde hace tiempo, se viene dando crédito a la leyenda de que yo era uno de los “doctrinarios” de la Guardia de Hierro. Si esta historia no fuera tan penosa, habría podido recalcar la extravagancia de mi caso: ¡el único “doctrinario” del que no se conoce ningún libro, ningún folleto, ningún artículo ni ningún discurso relacionados con el partido político del que se le considera ideólogo! Algunos hechos han contribuido a construir esta leyenda: a) entre los amigos comunes que teníamos Sebastian y yo, había algunos que eran legionarios; b) el diario Cuvântul, del que Sebastian fue redactor hasta su prohibición por el rey Carlos en 1934, se había convertido en un órgano prolegionario, y tras su reaparición en septiembre de 1941, incluso se le consideraba el boletín de la Guardia de Hierro. Durante esta época, yo me encontraba en Londres, y no remití  ningún artículo; c) Finalmente, y sobre todo, Sebastian y yo eramos discípulos y admiradores fieles del profesor Nae Ionescu, director de Cuvântul. Necesitaría páginas y páginas para presentarle la compleja figura de ese filósofo apasionado por los problemas religiosos, pero también por los problemas políticos, y que fue sucesivamente el más eficaz “sostén” de Iuliu Maniu y de su partido nacional-campesino, a continuación amigo y consejero íntimo del rey Carlos, y al fin temible crítico suyo, lo que le aproximó a Alemania y a la Guardia de Hierro. Nae Ionescu era adorado y vilipendiado con igual fervor, e incluso hoy, 32 años después de su muerte, su nombre provoca siempre una tempestad de odio o exaltación. Como yo y como muchos otros amigos y discípulos, Sebastian no se alejó de N. I. cuando se convirtió en el ideólogo de la Guardia de Hierro. Esta fidelidad le causó muchos disgustos, sobre todo después de haber publicado su novela, Depuis deux mille ans… con un prefacio de N. I. En este largo prefacio se vio una justificación del antisemitismo, y Sebastian fue violentamente atacado por la prensa de centro y de izquierda, hasta el punto que debió escribir, para defenderse, un pequeño libro titulado Comment je suis devenu hooligan. Yo fui uno los escasos escritores que, en dos largos artículos publicados en la revista Vremea, no solamente tomaron la defensa de Sebastian, sino que criticaron ese prefacio, demostrando que los argumentos de N. I. no podían justificarse teológicamente, como él pensaba. Por mi parte, fui atacado salvajemente por la prensa de derecha. En la emocionante dedicatoria que Sebastian escribió en mi ejemplar de Comment je suis devenu hooligan, me llamaba su “único punto de apoyo durante la tempestad”. Cuando el Diario de Sebastian sea publicado de manera íntegra, se encontrará probablemente una página fechada el 15 de mayo del 1940 que nos describe, a ambos, llorando, a la cabecera de un N. I. que acababa de morir.

6)    Me he detenido en las relaciones entre Sebastian y N. I. para explicar mi fidelidad hacia nuestro profesor. Siendo asistente suyo en la Universidad, su colaborador en el diario Cuvântul y el “editor” de uno de sus volúmenes de ensayos (Roza Vânturilor) me convertí de alguna manera en su “doble”; por tanto, para algunos, igualmente en doctrinario de la Guardia de Hierro. Por otra parte, numerosos amigos comunes eran legionarios o “simpatizantes”. Y cuando el gobierno de Armand Calinescu desencadenó la ofensiva contra la Guardia de Hierro, fui enviado yo también a un campo de concentración, con Nae Ionescu y algunos cientos de intelectuales y activistas. Hubo una serie de procesos y los inculpados fueron condenados a entre 5 y 10 años de prisión; algún tiempo después, la mayoría de ellos fueron fusilados. Imagino que se examinaría así mismo mi “dossier” y que no se encontraría nada, puesto que no me implicaron en ningún proceso, y, tres meses más tarde, fui puesto en libertad -el único, por otra parte, que obtuvo ese “privilegio”.

No obstante, como era de prever, esas desventuras no han logrado aclarar mi posición frente a cierta parte de la opinión pública. El malentendido -“doctrinario de la Guardia de Hierro”- se prolongaba. El hecho de que en abril de 1940, fuera enviado como agregado cultural a Londres, que desde febrero de 1941 me encontrara en Lisboa o que no hubiera publicado ningún artículo en la prensa rumana durante el periodo más dramático (1940-1945) -todo eso no contaba.

7)    Es cierto que entre los años 1938 y 1940, varias veces constatamos, Sebastian y yo, cuánto diferían nuestras orientaciones políticas, porque yo era de “derechas”, yo me situaba en la tradición “nacionalista” de Eminescu, Maiorescu o Iorga. Sin embargo, nuestra amistad continuó. Sólo ahora, leyendo los fragmentos de su Diario, me doy cuenta de cuánto sufría él tras ciertas discusiones. Es cierto también, que, durante algunos días pasados en Bucarest, en agosto de 1942, no hice nada por verle -pero por otras razones que las invocadas en la página, 26, col. 2., es decir, que “siendo diplomático, yo conocía la suerte que se preparaba para los judíos”. Jamás hubiera intentado responder a este insulto si no fuera porque usted, querido colega, lo ha leído. El hecho es que había regresado a Bucarest a continuación de una larga entrevista con Salazar sobre la cual no puedo aún dar detalles – pero que se leerá en mi Diario. Había pedido una audiencia al jefe del Partido Nacional Campesino, Iuliu Maniu (entonces en la oposición), pero, yendo hacia su casa, percibí que era seguido por un agente de la policía secreta, y tuve que dar varios rodeos; por lo que llegué con retraso y, habiéndose marchado Maniu, no pude hablar más que con su secretario particular. Durante los pocos días pasados en Bucarest estuve continuamente vigilado, y esa es la razón por la que no busqué ni a Sebastian ni a Rosetti, ni a otros amigos y colegas, pues tenía miedo de comprometerlos. (La policía secreta, informada por la SS, sabía que los “prolegómenos” para un armisticio habían tenido lugar, o se estaban preparando en Lisboa, Estocolmo y Ankara.)

8)    No me perdonaré jamás mi exagerada prudencia, dictada por el temor a la todopoderosa policía secreta. Era la última vez que podía conversar con amigos, casi todos muertos después: la última vez en que habría podido hablar con Sebastian, y explicarle mi “posición”. Pero esperaba que, una vez terminada la guerra, reanudaríamos nuestras relaciones. Desgraciadamente un absurdo accidente puso fin a su vida, en la primavera de 1945, la víspera de su partida a París, adonde acababa de ser nombrado consejero cultural y en el momento en que yo mismo me preparaba para acudir allí. Desde su muerte, no he cesado de sentirme culpable a causa de mi torpeza, trágicamente agrandada por la desgracia.     

Al optar por el exilio, sabía que los malentendidos creados por mi fidelidad hacia Nae Ionescu serían interpretados con malevolencia. Tanto más cuanto que yo colaboraba en numerosas publicaciones de la emigración rumana -aunque nunca en las de los legionarios (Tara si exilul, Stindardul, etc.) donde, además, he sido siempre atacado e insultado. La mayoría de los artículos publicados desde 1947 en la prensa del exilio se refiere a problemas culturales e insisten en la necesidad de la libertad de la cultura. Los escasos textos “políticos” expresan mis convicciones y esperanzas actuales, en primer lugar la necesidad de una federación de estados de Europa Oriental.

Querido colega, ignoro si he conseguido despejar sus dudas pero espero, al menos, que comprenda ahora el origen de los numerosos malentendidos que me han hecho sufrir. Sé también que la verdad completa no será  conocida sino después de la publicación íntegra de mi Diario y de mi autobiografía, es decir, después de mi muerte. Esta certeza me ayuda a vivir en paz y con serenidad los últimos años de vida que me han sido concedidos. No me hago ninguna ilusión respecto a mi obra de sabio y de escritor. Pero no dudo que los libros y artículos publicados antes y después de 1940 expresan el pensamiento y experiencias de un hombre que se parece más al que usted cree conocer que al presentado en el texto que me ha transmitido.

      Con mis sentimientos más sinceros.

            Mircea Eliade.

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