MONTSERRAT , LA MONTAÑA INDIA”

REPORTAJE
” MONTSERRAT , LA MONTAÑA INDIA”

(Àngels Gallardo, Barcelona)

Los 12 máximos representantes espirituales de las naciones indígenas
originarias de América celebraron la pasada madrugada en la montaña
de Montserrat la primera ceremonia ritual que mantienen fuera del
continente americano. Todo lo que gestualizaron, dijeron o cantaron
estos hombres-medicina u hombres-puente, que en su apelativo
jerárquico se denominan ANCIANOS, forma parte de un secreto que no
admitió preguntas.
Sus espíritus guía les transmitieron la visión de que tenían que
celebrar su encuentro anual del 2002 fuera de América, en una noche
que dura lo mismo que el día siguiente, la del equinoccio del 20 de
marzo, y en una montaña sagrada en la que existe una virgen negra. En
Montserrat. Más de 500 personas, llegadas de toda España, asistieron
al acto.
(Los ancianos) vienen de Alaska, Canadá, EEUU, México, Bolivia, Perú,
Ecuador, Brasil y Argentina, y constituyen la cabeza espiritual de
más de un centenar de naciones nativas de América, unos pueblos de
nombres sonoros que mantienen la cosmovisión milenaria de los
primeros habitantes de aquel continente. Están aquí, explicaron, para
promover una coalición mundial que frene la destrucción de la
naturaleza.
“Traemos la sabiduría ancestral de un pueblo milenario que ha sido
ignorado, pero no queremos lamentar la invasión que ocurrió en
nuestro país hace 509 años porque lamentando no vamos a ninguna
parte –afirmó Valentín Mejillones, anciano mayor de Bolivia, máximo
líder de las naciones originarias de América–. No somos una
organización política, somos guerreros espirituales que hablan un
idioma en el que no existe la palabra raza. Yo represento a la nación
aymara, y conmigo vienen quechuas, guarapos e indígenas de
Norteamérica hijos de una misma madre: la Tierra”.

A su lado, en efecto, se sentaron Cloud Eagle (Águila Nublada),
representante de los indios norteamericanos; Rufino Asqui, quechua de
Perú, y Mariano Pachaguaya, aymara boliviano, que, al igual que
Valentín Mejillones, vestían las túnicas y símbolos originarios de
sus naciones. El colectivo indígena, que ha sido invitado por el
departamento de Asuntos Religiosos de la Generalitat y la concejalía
de Derechos Civiles del Ayuntamiento de Barcelona, tiene previsto
realizar ceremonias rituales y conferencias en Manresa hasta el
próximo domingo.
Su misión, explicaron, está descrita en antiguas profecías. “El
tiempo de las advertencias, la resistencia pasiva y el conformismo ya
ha pasado –afirmó el anciano mayor–. Todos los pueblos del mundo
nos enfrentamos a un reto trascendental: la supervivencia. La
humanidad se encuentra en la encrucijada más importante de su
historia”.
En la tradición de los pueblos indígenas de América, la Tierra es el
elemento que provee la vida y está por encima de todos los seres
vivos, entre los que se incluyen los humanos, los peces, los
mamíferos, las plantas, las montañas y el agua. Todos están dotados
de un espíritu y su vida no tiene principio ni fin. “La vida siempre
ha existido y existirá –explicó Mejillones–. La muerte no existe.
Si el cuerpo descansa, el espíritu vive”.

Los ancianos originarios del continente americano están aquí,
añadieron, porque tienen la responsabilidad de ayudar a que la Tierra
sea respetada. “Es urgente ejercer esa responsabilidad, para que se
recuperen las leyes de la naturaleza”, insistió Mejillones.
Cloud Eagle aludió a la obligación de los indígenas de preservar la
Tierra para los niños. “Es importante que los gobiernos entiendan lo
que queremos decir –afirmó–. Si seguimos atacando al planeta, no
quedará nada para los niños”.

Una de sus misiones, añadió, es tomar contacto con los “guerreros de
colores” que viven aquí. “Son –dijo– como el arco iris, personas de
muchos colores y culturas que, unidas, forman el blanco. Si miras a
la humanidad desde el espacio, hay un solo color. Ésa es la imagen
que queremos transmitir”.

LOS RARAMURIS O TARAHUMARAS

LOS RARAMURIS O TARAHUMARAS

Según la leyenda de los antiguos pobladores de la sierra, el mundo fué
creado por Rayénari -dios sol- y Metzaka -diosa luna-. En su honor, hoy en
día bailan, sacrifican animales y beben tesgüino.
Ahí donde la Sierra Madre Occidental se torna más agreste y accidentada
viven los tarahumaras o tarahumares, que se llaman a sí mismo rarámuri.
Hace unos 300 años los tarahumaras se disgregaron de un grupo nómada que
viajaba por la costa oocidental de México rumbo al sur. Conforme el grupo
avanzaba, se iba dispersando. A los que llegaron al sur de la sierra se les
conoció como huicholes y coras, y los que se establecieron en Sonora y
Sinaloa formaron más tarde los grupos yaqui y mayo. Se cree que otro grupo
viajó río arriba, por profundas barrancas, atravesó la Sierra Madre
Occidental y habitó las planicies cercanas a la actual ciudad de Chihuahua.
Con la llegada de los españoles, los tarahumaras se refugieron en las
montañas y barrancas de la sierra. Se trata de un pueblo muy resistente a
las adversidades, que vive en pequeños núcleos.
La mayoría cultiva máiz y frijol, y cuenta con un poco de ganado. Debido a
lo precario de su economía algunos buscan trabajo en los aserraderos. La
vida de este grupo ha cambiado; el antiguo rarámuri tenía una dieta bien
balanceada, pues además de consumir los productos agrícolas de la región,
comía carne de animales silvestres que él mismo cazaba; en la actualidad han
incorporado a su alimentación productos industrializados, que la más de las
veces no son lo suficientemente nutriticvos. Actualmente los tarahumaras
constituyen el grupo indígena más numeroso del estado de Chihuahua.
Héroe de la sierra, con fuerza de hierro, voluntad indomable y la palabra de
poeta. Levantó a sus hermanos e incendió la sierra con su oratoria. Hizo
renacer el alma indígena en el coraje y orgullo de su casta. El alma fuerte
y misteriosa de los raramuri sigue viva después de siglos, como la voz del
guerrero poeta Teporaca, que aún resuena en las montañas.
En la Sierra Madre Occidental, han vivido por cientos de años los rarámuri
(“los de los pies ligeros”) o tarahumaras. Durante la Colonia los misioneros
jesuitas lograron llegar hasta lo alto de la sierra a enseñar a los indios
la religión y costumbres cristianas. Sin embargo, hoy en día los tarahumaras
viven y dominan esa sierra magnífica manteniendo una mezcla de creencias
entre su religión y la que antaño predicaron los msioneros. Los hombres son
esbeltos, con músculos fuertes, han sido reconocidos como los mejores
corredores de resistencia. Las mujeres son más bajitas, su faz es ovalada,
de ojos negros y oblicuos y nariz recta. Ambos tienen una negrísima
cabellera, lacia y pesada. El hombre lleva un taparrabo sujeto a la cintura
con un triángulo largo de tela hacia atrás, camisa suelta, huaraches y la
frente ceñida con una tira “kowera”.
Las mujeres usan falda ampona y blusa suelta, casi siempre cubren su cabeza
con una pañoleta, llevan una faja de lana tejida, “pukara”, alrededor de la
cintura. Su lengua es dulce y predominan los vocablos referentes a sus
costumbres y su entorno, con palabras corteses como “te saludo, como la
paloma gorjea, te deseo salud y felicidad con los tuyos”.
El clima les marca su lugar de habitación: durante primavera, verano y
principios de otoño, viven en los altos valles, sembrando y cosechando; al
llegar el frío invierno bajan la sierra hasta llegar a sus aldeas, a casitas
de madera o a sus amplias cuevas. Cada casa tiene su fogón y en las cazuelas
que fabrican cocinan los granos de maíz y frinol que cosecharon en la
temporada. Entre los tarahumaras todo pertenece a todos, no existe la
propiedad privada, así comparten techo y comida. Entre todos eligen un
gobernador -un hombre que destaca por sus servicios e inteligencia-, que a
su vez elige gobernadorcillos: sacerdotes, curanderos y sabios. Estos
recorren las aldeas que les corresponde cuidar predicando el orgullo de ser
rarámuri, las costumbres y moral que deben tener, fungen como jueces en
problemas y se encargan de los rezos. Para preparar su bebida ritual: “el
tesgüino”, usan ollas de barro donde se fermenta el maíz con que se elabora.
Para almacenar agua utilizan medias calabazas, y para efectuar sus largos
recorridos cargan pinole -polvo de maíz endulzado- en sus guajes. Fabrican
violines y grandes tambores para tocar en sus ceremonias. De sus tradiciones
culinarias todavía conservan un platillo que se prepara en distintos sitios
del estado: “chacales”, delicioso caldo preparado con máiz quebrado y
cocido.
Ritos Raramuris
Rayénari, tu eres el padre, te reverenciamos cuando apareces en el
horizonte, con todo tu poder, luz y calor, llenas de brillo el mundo. Ya se
ha ido a descansar, nuestra madre, la luma Metzaka. que es blanca y pura.
Por eso sacrificamos borregas blancas, gallos blancos y chivos blancos.
“Los tarahumaras le rinden culto a un principio trascendente de la
naturaleza, que es macho y hembra, y dicho principio lo llevan sobre sus
cabezas, en una cinta con dos puntas, eso indica que son una raza unida a
las fuerzas originales, macho y hembra, con las cuales trabajó la
naturaleza”. Así describió el fundamento religioso de los rarámuri Antonin
Artaud -gran poeta francés-, que vivió en 1936 una temporada en la sierra
tarahumara. El “yumari” es uno de los bailes más importantes para los
rarámuri, durante toda una noche se ayuda al Padre Sol y a la Madre Luna a
producir lluvia. En la danza se imitan los movimientos de los venados, que
fueron los que enseñaron a los hombres el yumari. Las mujeres forman un
círculo alrededor de una fogata, se hincan y pegan la frente al suelo y
cantan el coro “el yumari”. Al ritmo de los tambores bailan, dibujan con sus
pies al sol, la luna y las estrellas. Para todas sus ceremonias preparan
tesgüino, una bebida muy importante para ellos, hecha de maíz molido y
fermentado; durante las ceremonias lo beben en jícaras. Por eso son llamadas
por los “chabochis” -hombres blancos-, “tesgüinadas”.
El Peyote
El peyote, “jículi”, es para los tarahumaras un cacto protector, guardian
contra ciertas enfermedades y peligros. Además es motivo de una de las
fiestas mas importantes que se llevan a cabo en su honor por medio del baile
jículi. Para esta ceremonia preparan “tonari”, comida ritual que es un
cocido de res, papas y calabazas, sazonado con especies recolectadas en la
sierra. También se bebe tesgüino de hecho, antes de comer el peyote, éste
mismo se rocía con la bebida ceremonial. El baile se hace alrededor de una
fogata y una cruz, el sacerdote escoge dos mujeres que se encargan de moler
el peyote en un metate, el jugo -que es espeso y de color pardo- se vierte
en una jícara, y de ésta beben los participantes en el baile. La ceremonia
dura toda la noche, y en distintos intervalos, se bebe, se baila y se come.
Además del tonari, las mujeres han cocido gorditas, atole, tamales y
mazorcas cocidas, todo condimentado con especies y frutos silvestres. Al
salir el sol, almuerzan tranquilos para reponer fuerzas y luego regresan a
sus casas.
Semana Santa
Desde una semana antes del jueves santo, vuelcan toda su energía y trabajo
conjunto para la celebración, durante tres largo días, de la Semana Santa.
Los jóvenes regresan del bosque cercano con pequeños pinos con los que se
construiran arcos hasta de cuatro metros de alto, para colocarse frente y
alrededor de la iglesia. Estos arcos, coronados con grandes flores de yuca,
sirven durante el ritual de Semana Santa como estaciones, en donde un grupo
de hombres y mujeres -previamente designado- bailan y rezan. Estos arcos
también se instalan frente a la casa donde se prepara y se sirve el
tesgüino.
Durante tres días no dejan de sonar los tambores. Flautas y violines hacen
recordar música de antaño. Hay mucha actividad en el pueblo; los ancianos
van y vienen, mientras los niños juegan entre las mujeres que muelen el maíz
para el tesgüino. Justo antes del anochecer, uno de los chamanes entra al
atrio de la iglesia seguido por tres hombres que portan pequeñas vasijas
llenas de esta bebida. El chamán sostiene sobre su cabeza olotes ardiendo y
un cuchillo, los cuales utiliza para señalar, frente a la cruz de madera,
los cuatro puntos cardinales. Los tres hombres que lo acompañan rocían el
piso con el líquido de sus vasijas, el rito se repite tres veces.
El jueves santo, a media noche, la muchedumbre se dispersa, y cerca de la
una de la mañana sólo el misterioso sonido de los tambores se escucha en la
oscuridad.
La mañana del viernes santo, los soldados y fariseos, representados por dos
grupos de hombres pintados con cal y ocre, “los pintos” danzan durante
treinta y seis horas. Donde quiera que ellos realizan su representación, se
sirve tesgüino. Los danzantes llevan dos figuras de paja -una femenina y
otra masculina- representando a Judas. El viernes es el único día que
participan las mujeres en la procesión, cantando y echando incienso
alrededor de la iglesia.
Para entonces, el atrio se encuentra atestado de bailarines y músicos
tocando sus tambores, violines y flautas; los ancianos también están
presentes. Esa noche es cuando los tarahumaras realmente gozan de la fiesta:
beben, bailan, ríen y chismean; despúes más baile y saltos, acompañados
siempre del agudo sonido de los tambores. El sábado en la mañana los grupos
de soldados y fariseos danzan en los cerros. Al mediodía los grupos de
danzantes llevan a cabo su representación en el atrio del templo. Son los
“matachines” que se mueven rítmicamente al compás del violín y la guitarra.
En la tarde, el maestro de ceremonias destruye todos los arcos que están al
frente de la iglesia, mientras los artistas y espectadores se retiran
lentamente hacia el campo. Allí son quemados los Judas.
Olimpiadas en la Tarahumara
Se organiza entre varias aldeas una competencia deportiva. Los hombres hacen
carrera de bolas y las mujeres lanzamiento de aro. Los recorridos de la
carrera llegan a ser de hasta 200 km, y duran dos o más días. La noche
anterior cada grupo hace una ceremonia preparatoria, practican abstinencias
y se masajean los músculos con grasa de borrego. Un jugador de cada equipo
arranca pateando una bola hecha con madera de encino, y corre seguido de sus
partidarios, turnándose la pelota hasta llegar a la meta; la ruta se traza
de antemano por los vericuetos de las montañas. Las apuestas se hacen con
costales de maíz, ropas y animales de granja,. Los atletas son muy
reconocidos en las comunidades. Las mujeres empujan un aro de ramas tejidas
con un palo curvo, su trayecto es más corto que el de los hombres. También
hay dos bandos y apuestas. Al terminar las justas, hay banquete y
tesgüinada.

Entrevista: Espiritu Mapuche

Entrevista: Espiritu Mapuche
BENEDICTO MELIN, COFUNDADOR DEL PARLAMENTO MAPUCHE
“Ser organizados nos salvó del genocidio”
No cuento mis años: cuando muera volveré a la tierra Mapu a través de los árboles y los ríos y viviré mientras vivan. Ganamos la guerra a España. El Estado chileno quiso exterminarnos y nos tachó de vagos, maleantes y borrachos, pero nuestro modo de organizarnos y luchar nos hizo sobrevivir. Hoy somos ciudadanos de la nación mapuche
LLUÍS AMIGUET – 28/07/2004

-Ni un solo soldado español consiguió cruzar el río Biobío. Los mapuches los frenamos allí durante más de dos siglos.

–Ustedes no tenían armaduras ni pólvora ni caballos.

–No, pero estábamos organizados. Ser organizados nos salvó del genocidio.

–Recuerdo La Araucana: Caupolicán… ¡y después llegó el gran Lautaro!

–Tuvimos toquis, generales que agruparon a los más de dos millones de mapuches que ocupaban lo que hoy es el sur de Argentina y Chile, pero nuestra fuerza no estaba en el caudillaje. Si hubiera sido así, con matar al general, los españoles hubieran ganado.

–Es lo que solían hacer.

–Los españoles concebían el mundo desde Dios hacia abajo y sólo creían en estructuras verticales de poder. En cambio, para nosotros la energía estaba en todas partes. Cada mapuche era general y soldado. Las crónicas explican cómo los españoles arrasaban los poblados, mataban a los guerreros y daban suplicio a los toquis, y al día siguiente había otro general y otro ejército mapuche presentándoles batalla.

–Inaccesibles al desaliento.

–No éramos inmortales. Lo que sucede es que teníamos una estructura horizontal y reticular de la organización militar y los mandos eran rápidamente sustituidos por otros guerreros con inteligencia sistémica y comunitaria. Por eso pudimos resistir a un ejército como el español, tecnológicamente muy superior, armado con pólvora, armaduras y caballos, pero organizativamente muy arcaico.

–¿Y cómo acabó la guerra?

–Con un pacto. Los españoles reconocieron nuestra existencia como pueblo y nuestros derechos en 1652 en el tratado de Quillín: nos cedieron 10 millones de hectáreas.

–¿Y lo respetaron?

–Se lo hicimos respetar más o menos hasta las independencias argentina y chilena. El Estado criollo nos considera enemigos naturales que deben eliminarse físicamente. Inician una política genocida. El general argentino Roca asesina con engaños y trampas a las familias mapuches: cientos de miles de personas son masacradas mientras duermen en degollinas salvajes. Quienes no huyen, mueren.

–¿Y en Chile?

–Primero nos utilizan como carne de cañón para su guerra del Pacífico contra Bolivia y Perú: 800.000 soldados mapuches defienden las fronteras chilenas y las ganan. A su regreso, son desarmados y asesinados en masa por otro salvaje genocida, el coronel Saavedra. Muchos huyen del valle central a refugiarse a las cordilleras o al sur. Desde allí mantienen una continua guerrilla que se prolonga contra los colonos.

–Historia terrible.

–Morimos luchando. Todos los fuertes chilenos son atacados y arrasados por los mapuches al menos en alguna ocasión excepto el de Temuco. El gobierno racista envía un emisario a Europa en los años veinte a ofrecer nuestra tierra a colonos y llegan alemanes, italianos… Los alemanes traen perros adiestrados para sacar a los indios de las nuevas haciendas. El genocidio prosigue.

–Pero ustedes resisten.

–Aguantamos y luchamos contra los paramilitares y el ejército regular. Pero poco a poco también surge un mestizaje y algunos mapuches llegan a ocupar cargos en la administración y el Parlamento chilenos. La Iglesia actúa desde los años veinte como una organización paraguas de los mapuches. Sobre todo algunos curas vascos que entendieron lo que era ser un pueblo perseguido.

–¿No se cristianizan ustedes?

–Muchos sí. Nosotros no. Para nosotros el mar, la tierra, el río o los árboles y todo cuanto les rodea son las conexiones con la energía universal y las pasarelas por las que volveremos a la vida cuando muramos y pasemos por el más allá: si esas pasarelas se dañan, no podremos volver.

–La ecología es ya no sólo la supervivencia, sino también la eternidad del individuo.

–Por eso luchamos. En los años sesenta, el Chile de Allende nos abre una nueva vía de esperanza con la reforma agraria y convierte a muchos mapuches en parcelistas.

–Pinochet se encargará de retroceder.

–Salvajemente. Nos devuelve al gueto de lo indeseable junto al cliché del indio borracho, vago, polígamo, pendenciero que debe morir para que nazca el nuevo chileno. En fin, todas las dictaduras son la misma dictadura sangrante contra el género humano.

–¿Y después de Pinochet?

–Con la democracia, el presidente Alwyn firma el tratado de Nueva Imperial y abre otro camino, pero las oligarquías responden con un poderoso lobby que denigra nuestra imagen y reduce el censo de más de un millón de mapuches en 1992 a medio millón en el 2002. ¡Es un genocidio estadístico!

–El imperio contraataca.

–Con astucia. Logran que muchos mapuches se avergüencen de su condición de indígenas asociada a todas las lacras imaginables y la ocultan al censarse, porque es más respetable ser chileno sin más. ¡Es el momento de luchar y organizarse por el orgullo mapuche!

–Sólo las raíces permiten elevarse.

–Reunimos el Congreso Mapuche en octubre del año pasado y nos constituimos en pueblo soberano y renunciamos a la violencia.

–Una renuncia muy inteligente.

–Y apostamos por la prosperidad. Podemos crear negocios; tenemos la tierra y las estructuras comunitarias para crear y repartir riqueza. Cuando la consigamos, el Estado acabará por reconocernos plenamente. Y ahora viajamos por el mundo, como aquí a Barcelona, donde visitamos su Parlament.

Carta del Dr. Ryke Geerd Hamer al Sr. Jefe de los rabinos

Carta

Carta del Dr. Ryke Geerd Hamer al Sr. Jefe de los rabinos

22 de Junio de1986

Sr. Jefe de los rabinos
Dr. med. Menahem Mendel Schneerson
770 Eastern Parkway Brooklyn
New York 11213

Estimado Sr. Jefe de los rabinos,

Usted es la cabeza de todos los rabinos de este mundo, como me dijo el
rabino Denoun. Asimismo es también el jefe espiritual de todos los
masones que trabajan “para el Templo de Zion”. Usted es médico y
comprende bien el alemán. Por esto mi carta está dirigida a la persona
correcta.

En la misma medida en que me alegré cuando conocí que usted había
leído y evidentemente comprendido mi libro en alemán “Cáncer,
enfermedad del alma, cortocircuito en el cerebro, el ordenador del
organismo” y supe que usted dio la orden de emplear este nuevo
conocimiento con los pacientes judíos; En esa misma medida me
desilusioné al saber que usted aparentemente todavía no dio la orden a
sus logias de levantar el boicot en relación con la utilización de la
LEY DE HIERRO DEL CÁNCER en beneficio de los pacientes No-Judíos. Por
favor no me diga: “No fuimos nosotros” porque estoy bien informado de
todo.

Sus masones, con sus logias, mediante este boicot llevan cometiendo
desde hace cinco años el crimen más cruel de toda la historia de la
humanidad. Para cientos de millones de desgraciados seres humanos esto
significó una angustiosa muerte. Los masones e Israel, para cuyo
“Templo de Zion” estos trabajan, deben asumir su culpa colectiva y su
responsabilidad en el más horrible crimen de toda la historia de la
humanidad. Mi esposa es también una de las víctimas de este
boicot-terrorismo. Asimismo a mi familia y a mí han intentado
sistemáticamente aterrorizarnos desde hace años; de hecho yo he
sufrido cuatro intentos de asesinato.

Estimado señor superrabino, usted es el ser humano mejor informado de
todo el mundo, yo creo. Y sabe que todo esto es cierto. El Templo de
Zion, para el cual trabajan sus hermanos de logia, se ha convertido
desde hace cinco años en el Auschwitz de Israel. El propio Israel ha
creado esta situación. Las dimensiones de este crimen sobrepasan la
imaginación de cualquier cerebro humano, opino.

Aún cuando los hermanos de logia actúan según esta “doble moral” del
Talmud, nunca me hubiera podido imaginar que algunos seres humanos
fueran capaces de cometer un crimen de tales dimensiones.

Señor superrabino, sea lo que sea lo que usted quiera reconocer o no,
por estos hechos va a juzgarlo la historia. El crimen es cada día más
y más grande. Después de esta carta usted no va a poder seguir
ocultando los hechos pues no va a pasar inadvertida.

Yo pido para mis pacientes que por fin dé la orden a sus logias de
levantar sin condiciones el boicot contra el descubrimiento del
funcionamiento (de las causas) del cáncer. Todos los rabinos desde
Koblenz hasta New York van a cumplir sus órdenes, especialmente porque
usted como médico ha comprobado la exactitud de la LEY DE HIERRO DEL
CÁNCER.

Diariamente vienen rabinos y maestros de logia para negociar las
condiciones del levantamiento del boicot. Pero no pueden existir
condiciones cuando se ha torturado hasta la muerte a seres humanos.

Estimado señor superrabino, si el precio para que el sionismo siga
existiendo es continuar con el más horrible crimen de la historia de
la humanidad, entonces este es una vergüenza para todos los seres
humanos. Abandone su Talmud con esa doble moral.

Pido de rodillas para mis pacientes que están muriendo: ¡Tenga
compasión humana con la tortura de nuestros pacientes, tanto judíos
como no judíos! Sólo esa compasión puede atenuar este grandísimo crimen.

¡Por favor, dé inmediatamente la orden de levantar el boicot y permita
que los pacientes que están muriendo puedan ser salvados!

En la esperanza de que usted se haga consciente de su responsabilidad
y de todas las consecuencias y tome la decisión correcta, le saludo
atentamente.

Dr. med. Mag. theol. Ryke Geerd Hamer

El Camino Campestre según Heidegger

El Camino Campestre según Heidegger

Aunque prefiero “silvestre” pongamos una obrita de un aleman gurú del
hombre occidental para que se vea que en el fondo todos anhelamos lo
mismo.

EL CAMINO CAMPESTRE


Del portal del jardín se extiende hacia el Ehnried. Los añosos tilos
del jardín del castillo por encima del muro le ven alejarse, tanto en
Pascua, cuando relucen los brotes del sembrado y despiertan los
prados, cuanto en Navidad, mientras bajo la nevisca desaparece tras
del cerro más próximo. A la altura de la Cruz-cubierta gira hacia el
bosque. Al pasar por los lindes, saluda a un viejo roble cabe el cual
hay un banco de madera desbastada.

Encima del banco de vez en cuando se encontraba algún que otro escrito
de los grandes pensadores que una joven torpeza intentaba descifrar.
Cuando los enigmas se agolpaban y no se veía salida, ahí estaba
siempre el camino campestre. Silencioso dirige el paso por la senda
serpenteante a través del vasto y árido campo.

Una y otra vez el pensamiento retorna siempre a los mismos escritos, o
a veces a tentativas más propias, en el sendero que por entre los
cultivos traza el camino. Éste permanece tan próximo al andar del
pensador como del paso del campesino que de amanecida anda a la siega.

A menudo y con los años el roble del camino desvía los recuerdos hacia
los juegos infantiles y a las primeras decisiones. Cuando a veces un
roble, en la espesura del bosque, caía a hachazos, el padre,
enseguida, rastreaba el bosque y los claros soleados en busca del
trozo adecuado para su taller. Allí se entretenía pausadamente durante
los descansos de su servicio en la torre del reloj y en las campanas
que, una y otras, mantenían su propia relación con el tiempo y lo
temporal.

Con la corteza del roble, los muchachos construían sus barquichuelos
que, dotados de un banco de remeros y de un timón, flotaban en el
estanque de Metten o en la fuente de la escuela. Los viajes por el
mundo de aquellos juegos todavía alcanzaban sencillamente su destino y
siempre lograban regresar a la orilla. Lo ilusionante de estos viajes
permanecía oculto en el entonces apenas visible resplandor que
reposaba sobre todas las cosas. Ojo y mano maternas delimitaban su
reino. Como si su preocupación no contada protegiese a todas las
criaturas. Aquellos viajes de juego desconocían todavía los paseos que
dejan atrás toda orilla. Mientras tanto la resistencia y el olor de
madera de roble empezaron a hablar más claramente de la lentitud y de
la constancia con que el árbol crece. El propio roble decía que sólo
en un crecimiento tal se fundamenta cuanto perdura y da frutos; pues
crecer es abrirse al amplio cielo y al mismo tiempo enraizarse en la
oscuridad de la tierra; que todo cuanto es genuino sólo prospera si el
hombre es a la vez ambas cosas: dispuesto a la exigencias del cielo
altísimo y amparado en el seno de la tierra nutricia.

Todavía el roble sigue diciéndoselo al camino campestre que,
convencido de su senda, pasa a su lado. El camino congrega todo cuanto
a su alrededor existe y a quien por él transita le anuncia que aquello
es suyo. Los mismos campos y la ladera de los prados acompañan al
camino a cada estación del año con una proximidad siempre diferente.
Sea que, por encima del bosque, los Alpes se hundan en el atardecer,
sea que de buena mañana en el estío la alondra emprenda el vuelo, allí
donde el camino campestre supera la falda del cerro, sea que el viento
del este llega rugiendo desde las tierras donde se halla el pueblo
natal de la madre, sea que al anochecer un leñador arrastra su hatillo
de leña al hogar, sea que la segadora contorneándose regrese a casa
por el camino campestre, sea que los niños hagan ramos a la vera del
prado con las primeras flores de primavera, sea que la niebla avance
durante días por los campos, cubriéndoles con sus sombras y su
obscuridad, siempre y por todas partes envuelve al camino campestre el
aliento de lo mismo.

Lo sencillo encierra el enigma de cuanto permanece y es grande. Entra
de improviso en el hombre y precisa de una larga maduración. En lo
imperceptible de cuanto es siempre lo mismo se oculta su bendición. La
grandeza de todo cuanto ha crecido y habita los alrededores del
camino, dispensa mundo. Sólo en lo no-dicho de su lenguaje, tal cual
dice el maestro, de lecturas y de vida, Eckhart, es Dios
verdaderamente Dios.

Pero el aliento del camino campestre sólo habla en tanto que existan
hombres que, nacidos en su aire, puedan oírle. Se hallan vinculados a
su origen pero no siervos de sus asechanzas. El hombre inútilmente
planifica e intenta imponer un orden a la tierra, cuando no se somete
al aliento del camino campestre. Amenaza el peligro de que los hombres
de hogaño permanezcan sordos a su lenguaje. A sus oídos sólo alcanza
el ruido de las máquinas que ellos casi toman por la voz de Dios. Así
el hombre se confunde y pierde su camino. A los confusos, la sencillez
les parece monótona, y lo monótono les hastía. Los amargados
encuentran sólo lo indistinto. Lo sencillo se ha evadido. Su callada
fuerza se ha agotado.

Por cierto que disminuye el número de quienes reconocen lo sencillo
como un bien propio, consquistado. Pero en todas partes serán esos
pocos quienes permanecerán. Un día, gracias al poder tranquilo del
camino campestre, perdurarán más allá de las fuerzas titánicas de la
energía atómica que fue urdida por el cálculo humano y convertida en
yugo de su propio obrar.

El aliento del camino campestre despierta un sentido que ama lo libre
y que, en el lugar propicio, todavía logra salvar la aflicción hacia
una última serenidad. Se revela contra la simpleza del puro trabajar
que, ejercido por sí solo, fomenta únicamente lo vano.

En el aire del camino campestre, que muda según las estaciones, madura
la sabia serenidad con un mohín que parece melancólico a menudo. Ese
saber sereno es la “ironía compasiva” [ist das “Kuinzige”]. Quien no
la tiene no la obtiene. Quienes la tienen, del camino campestre la
obtuvieron. En su senda se encuentran la tempestad invernal y el día
de la siega, coinciden lo vivaz y lo excitante de la primavera con lo
reposado y adormecido del otoño, se hallan frente a frente el juego de
la juventud y la sabiduría de la vejez. Pero todo a una rebosa
serenidad, una serenidad cuyo eco lleva calladamente de aquí para allá
el camino campestre.

La sabia serenidad es un portal de lo eterno. Su puerta se abre sobre
los goznes antaño forjados por un hábil herrero con los interrogantes
de la presencia en el mundo.

Desde el Ehnried el camino regresa al portal del jardín del castillo.
Por sobre de la última colina con su angosta cima conduce, por una
quebrada, a la muralla de la ciudad. A la luz de las estrellas su
brillo es tenue. Tras del castillo se alza el campanario de la iglesia
de San Martín. Lentamente y como si dudasen, se pierden en la noche
las once campanadas. La vieja campana, en cuyas cuerdas más de un
muchacho se destrozó las manos, vibra bajo los martillazos de las
horas de las horas cuyo aspecto medio sombrío y medio grotesco nadie
olvida.

Con el último toque el silencio se hace más callado. Su poder llega
hasta aquellos que antes de tiempo fueron sacrificados por dos guerras
mundiales. Lo sencillo se ha vuelto todavía más sencillo. Lo que es
siempre lo mismo alejaa y libera. Ahora el aliento del camino
campestre es muy nítido. ¿Habla el alma? ¿Habla el mundo? ¿Habla Dios?

Todo habla de la renuncia en la identidad [in das Selbe]. La renuncia
no quita. La renuncia da. Da la inagotable fuerza de lo sencillo. El
aliento hace morar en un largo origen. “

cantar nahuatl

¿Acaso de verdad se vive en la tierra?
No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.
Aunque sea jade se quiebra,
aunque sea oro se rompe,
aunque sea plumaje de Quetzal se desgarra,
no para siempre en la tierra: sólo un poco aquí.
¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, Dador de la vida?
Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño.
Sólo es como un sueño…
Nadie habla aquí la verdad…
(cantares del mundo náhuatl)

chamanes

Chamanes

Probablemente es en el Centro y Norte de Asia donde el chamanismo
conserva sus aspectos más antiguos, considerando muchos autores que
pudo ser en estas regiones donde tuvo lugar el comienzo de ésta que
como hemos dicho Mircea Eliade consideraba la “técnica del éxtasis”.
El chamanismo en estas regiones desde tiempo inmemorial sabe utilizar
los poderes secretos que el hombre posee dentro de sí y de los que en
las sociedades modernas se ha perdido el conocimiento. Durante muchos
milenios en aquellas regiones se ha sabido desarrollar el psiquismo
hasta límites insospechados. En este universo que el hombre de
aquellas aisladas culturas se ha creado no puede encontrarse el menor
parecido con la lógica de nuestra cultura occidental. Es como si
hubiesen pasado “al otro lado del espejo” y encontrado allí una nueva
dimensión, un universo de recursos inmensos. Fúndase este chamanismo
norasiático en la seguridad de que existe un espacio sobrenatural al
que el chamán puede acceder por medio de sus técnicas entre las que
desempeña un papel principal la del éxtasis, el vuelo chamánico.

Cuando el chamán por cualquiera de los procedimientos a que haya
accedido a su profesión, termina su aprendizaje y es iniciado tras
duras pruebas, “realiza proezas ante las que la lógica se rebela”
como decía Mircea Eliade, tales como volar por los aires, salirse de
sí mismo, separar el alma del cuerpo, atravesar las llamas sin
quemarse, guiar a los muertos hasta las regiones subterráneas,
ponerse en contacto con las divinidades del mundo del más allá, guiar
a su pueblo y curar sus enfermedades del cuerpo y del alma. Sus
grandes colaboradores son los Espíritus a los que conoce por el
nombre de cada uno y sus mayores enemigos los abasy o demonios. Para
ponerse en relación con estos seres llega a ser un “maestro del
éxtasis”, del trance, unas veces de tipo cataléptico durante el que
queda tan rígido como un cadáver, otras de tipo dramático. Este
trance exige de él un enorme gasto psíquico, nervioso y físico, sin
embargo no muestra la menor fatiga una vez ha terminado.

El chamán en Asia además de curar las enfermedades, es requerido para
dirigir el ritual del nacimiento, del matrimonio y de la muerte,
momentos en los que su fuerza aleja a los malos espíritus. En la
enfermedad que es interpretada como el robo del alma por las
potencias del mal, su acción irá encaminada a recuperar ese alma y
devolverla a su propietario. Esto se realiza por medio de la
ceremonia organizada por el chamán y que recibe el nombre genérico en
muchas tribus de “kamlenie de curación”, palabra que procede el turco
siberiano kam, nombre que recibe el chamán en aquella cultura. Otra
de sus prerrogativas es la adivinación y la precognición, practica la
telepatía y múltiples ritos de caza y pesca para hacerlas propicias.

La palabra chamán ha sido muy estudiada especialmente buscando su
origen. Es indudable que es palabra de la lengua tungús, pero se ha
encontrado el término sánscrito çramana antiquísimo sacado de los
términos pali çramana que significa “monje mendicante”. También se ha
encontrado en la antigua lengua china una palabra sa-men que podría
también estar en la línea etimológica del término.

Entre los Buriatos, Mongoles y Kalmukos al chamán se le llama bö;
entre los Yakutos, ojun; entre los turco-tártaros kam y entre los
esquimales o innuit, se le llama angakok. También hay mujeres
chamanas a las que se llama odügan. Incluso las más viejas
tradiciones de aquellas etnias señalan que el primer chamán fué una
mujer que disponía de poderes maravillosos, y entre los Yakutos,
Ostiakos, Buriatos y Tunguses siempre han sido muy numerosas las
mujeres chamanes. Pero quizás con el tiempo ha disminuído su poder,
debido según refieren los hombres de estas tribus a que la mujer
tiene que dedicar mucho tiempo a la educación y cuidado de los hijos,
a que tienen épocas impuras cuando menstrúan, y que los embarazos les
impiden la práctica del chamanismo. Los autores que han estudiado
estas tribus siempre quedaron sorprendidos de que los vestidos
rituales de los chamanes fuesen femeninos. Esto se explica quizás por
el origen femenino del chamanismo. Entre estas tribus también por el
mismo motivo se ha dado gran relieve a los poderes chamánicos que
desarrollan los homosexuales. Entre los Tchouktches y los Tongas, hay
una clase especial de chamanes homosexuales que son muy apreciados
por sus poderes y que siempre van vestidos de mujer realizando además
tareas de mujeres. Los espíritus les proporcionan los ademanes
propios de las mujeres. Es probable que los anariaeos

de los que hablaba ya Herodoto, y que vivían en el Ponto Euxino
actuando en todo como homosexuales fuesen este tipo de chamanes.

Se llega a ser chamán entre los Lapones, Nenetz, Yakutos, Samoyedos,
Tchouktches, Koriakos, Buriatos, Tunguses, Ostiakos, Aleutas,
Esquimales, Orotches, Yogules, Yukaghires y otros grupos siberianos y
asiáticos del Norte, de diversas maneras.

Unas veces se presenta en un adolescente un instinto, un deseo
irresistible e inexplicable, una vocación espontánea de ser chamán.
Es la llamada de Dios, por regla general desde la infancia en la que
ya se distingue de los otros niños por su deseo de permanecer
aislado, por ser taciturno, encerrado en sí mismo, tiene visiones y
pesadillas, manifestaciones histéricas o epilépticas. Nadie se
inquieta en la casa al verlo así, ya que todos piensan que está
llamado por los Espíritus para ser chamán. Ha sido elegido. Los
espíritus se han apoderado de él. Le será inculcado el saber
necesario después que los Espíritus le torturen una y otra vez.
Tendrá que sufrir muerte y resurrección para llegar a formarse
totalmente. Quedará por horas y aún por días inconsciente, tendido en
un rincón de la yurta que es la vivienda habitual en estas latitudes.

Otra forma de acceder al chamanismo es la transmisión hereditaria.
Los hijos de un chamán ven desde su infancia a su padre actuar y
llegan a aficionarse, si no todos, alguno con más capacidades. La
disciplina y el estudio impuestos por su padre harán de él un buen
chamán.

Puede tratarse de una decisión personal, que es otra forma de
vocación quizás más tardía, adquiriendo por sus propios medios la
habilidad del chamán. Más tarde tendrá que demostrar ésta ante la
asamblea de la tribu, siendo aceptado solamente si pasa las pruebas
exigidas entre las que la más importante es el trance chamánico.

Todavía en algunos casos existe la forma de elección por la tribu o
el clan. Generalmente esto sucede cuando muere el chamán viejo sin
haber dejado a ningún otro formado por él. La elección recaerá sobre
el más preparado del grupo que deberá demostrar que puede ser chamán,
es decir realizar el trance extático.

En todos los casos, un chamán con gran experiencia ha de ser
el “maestro” bajo cuyas órdenes se pondrá el aspirante y del que
recibirá las enseñanzas que va a necesitar. El maestro le enseñará
las “recetas” de plantas u otros medios para curar, los cantos, los
rituales, el toque del tambor, y la técnica del éxtasis. Pero el acto
más importante es el trance durante el cual el maestro producirá la
muerte del discípulo, le extraerá las vísceras cambiándolas por
órganos nuevos, será cortado en fragmentos por los espíritus y luego
reconstruído y resucitado. Así se logra provocar una fuerte crisis
espiritual que modifica su personalidad totalmente.

Entre los Youraks-Samoyedos, el niño nace ya siendo chamán y esto se
aprecia por algún rasgo anómalo que presente al nacer como las
secundinas sobre la cabeza u otros signos. Cuando vaya creciendo, los
trastornos que presenta son considerados como parte del poder que
está desarrollando.

Entre los Tunguses de Manchuria el niño poseído por un espíritu que
le impulsa al chamanismo, huye a la montaña, donde permanece una
semana o más alimentándose de animales que come crudos o de hojas de
árboles. Al cabo de ese tiempo aparece en el poblado todo destrozado,
herida su piel por las ramas, sucio, los cabellos revueltos,
sangrando por las heridas que se ha autoinferido, los ojos perdidos
como si estuviera demente y sin hablar palabra. Su familia le cuida
con esmero porque saben que todo aquello es la posesión por los
Espíritus que le han elegido.

Entre los Tunguses, el alma de un chamán muerto se aparece al joven
candidato y le cuenta que ha sido elegido por los dioses para
sucederle. Puede que el demonio Karghi le visite también con la misma
noticia.

En algunas culturas como entre los Esquimales, la iniciación tiene
lugar en circunstancias muy extrañas. Rassmussen cuenta el caso de
una chamana que lo fué desde que estando un día fuera de su igloo,
vió venir una bola de fuego desde el cielo que se introdujo dentro de
su cuerpo iluminándola interiormente y dándole el don de la segunda
vista. Perdió el conocimiento, y al recobrarlo estaba dotada de todos
los poderes de un chamán. Su hijo también fué chamán después de haber
sido mordido por una morsa. Estas iniciaciones son excepcionales pero
a veces suceden. Ambos caían en trance durante el cual contaban cosas
que parecían imposibles a quienes les escuchaban. Otro esquimal
estuvo cinco días dentro del agua helada y salió vivo al cabo de ese
tiempo sin haberse mojado siquiera las ropas. Desde entonces fué un
chamán con plenos poderes.

Se ha pensado durante mucho tiempo que los chamanes sufrían en común
una forma de esquizofrenia propia del Artico y muchos investigadores
estaban convencidos de la existencia de graves trastornos nerviosos
entre los chamanes. No sólo en estas regiones sino en otras partes
del mundo como en el Sudán los epilépticos son los adivinos, entre
los Chinos y los Hindúes se elige para chamán a los sujetos más
débiles, de salud precaria y de equilibrio psíquico inestable. Pero
sin ir tan lejos, en el curso de unas investigaciones realizadas por
un grupo de mis alumnos de la Universidad, pudieron determinar que en
la provincia de Toledo un elevado porcentaje de curanderos eran
epilépticos que habían llegado a la práctica de curar por imposición
de manos y otras técnicas después de haber comenzado a sufrir sus
ataques. Todos afirmaron al ser interrogados que se sentían mucho
mejor de sus propios males cuando curaban a otros enfermos.

Durante la iniciación chamánica en el Norte de Asia, uno de los
momentos cruciales para el futuro chamán es cuando su espíritu tiene
que descender al Infierno. Las fuerzas allí desatadas, los Espíritus
con los que se encuentra, producen en él auténtico terror y no son
todos los que pueden resistir esta experiencia. Pero si lo soporta,
llega a intimar con aquellas fuerzas que acaban por serle familiares
y útiles en su trabajo futuro. Será así que a través de la enfermedad
nerviosa, sueños, éxtasis, y otros caminos más allá de lo natural,
recibirá los conocimientos que harán de él un experto y que le
proporcionarán los poderes extraordinarios que luego utilizará en las
diversas circunstancias de su vida.

Quizás después del trance iniciático aparecerán en su cuerpo una
serie de estigmas, tales como sangre o manchas rojizas en la piel,
que son expresión de su lucha en los infiernos donde adquiere el don
de la curación.

El maestro le enseña a tocar el tambor mágico, instrumento
inseparable del chamán siberiano. El sonido de este tambor atrae a
los espíritus que le rodean y le induce al trance.

Cuando uno observa una ceremonia chamánica en estas regiones, lo
primero que llama la atención es que, después de haber leído tantas
veces que el chamán es un “enfermo” o un “débil”, se lleva la
sorpresa de que el chamán no aparemnta serlo sino todo lo contrario,
incluso cuando es viejo puede pasarse horas enteras danzando,
cantando, sin mostrar el menor signos de fatiga a pesar de los trajes
que llevan llenos de objetos de metal que pesarán sus buenos 10 o 15
kilogramos. Demuestran una resistencia física y una vitalidad
increíbles.

Una práctica común entre ellos es la de pasar sobre carbones
ardientes o simplemente comerlos como si fuesen caramelos.

En la mayoría de las tribus, el chamán siberiano es el depositario de
las tradiciones de la tribu, aprendidas de viva voz de su o sus
maestros. Son poetas, cantores, músicos, adivinos, sacerdotes,
médicos, verdaderos psicólogos y muchas veces los jefes del grupo.
Como he podido apreciar entre los indios cuna y otras tribus, el
poder chamánico les ha llevado al poder político. Sin embargo, no
viven de su chamanismo, sino que como cualquier otra persona de su
tribu, trabajan el campo, hacen la recolección, cuidan del ganado y
tienen sus medios de subsistencia por medio del trabajo diario.

El chamán necesita sin embargo realizar actos chamánicos puros, ya
que de otra forma, la fuerza psíquica se almacena en su cuerpo y
puede llegar a destruirle. Tiene necesidad de liberar energía.

Conoce los secretos de la sugestión y de la hipnosis, como lo
demuestran el tipo de intervenciones que a veces realizan con un
cuchillo, abriendo el abdomen del paciente, metiendo su brazo en el
interior y extrayendo fuera los intestinos, buscando la parte dañada
y extrayéndola o cambiándola. Luego terminada la intervención sólo
queda su brazo manchado de sangre y la piel del enfermo sin ninguna
cicatriz como si no le hubiese abierto. Como se comprenderá
esta “intervención” es “sugerida” a los que presencian la escena y al
enfermo mismo que no siente la más leve molestia durante la misma.

Loa chamanes siberianos conocen el efecto alucinógeno de la Amanita
muscaria que crece abundante en los bosques de coníferas. Los
kamchadales elaboran un costosísimo licor hecho a base de amanitas
con las que se drogan cuando van a realizar alguna de las ceremonias
como la “kamlenie” de curación. La muscarina se elimina por la orina
sin destruirse después de haber producido su efecto. Esa orina puede
ser bebida por un discípulo que a su vez queda drogado. Durante la
ceremonia se suelen poner una máscara metálica o de madera sobre el
rostro o cerrar los ojos para concentrarse mejor. El vestido
chamánico está recubierto de campanitas, talismanes metálicos y otros
objetos que a veces pesan de 10 a 15 Kg

Las poblaciones siberianas creen en una deidad creadora única, Art-
Toïon-Aga (Padre o Jefe del Mundo) que reside en lo más profundo del
cielo, y que no suele intervenir en la vida de los hombres. Es un
Deus ociosus o Deus sedentis. Pero hay otras deidades o emisarios que
son servidores de ese Dios todopoderoso y que son quienes se ponen en
contacto con los chamanes. Hay otros grandes dioses en las capas del
mundo subterráneo dominadas por Oulou-Toïon, el temible dios negro
del Oeste, que no significa que haga daño a los hombres, por el
contrario fué quien les enseñó el uso del fuego y otras muchas cosas
útiles. Hay otro dios, Baï-Ulgan, que es un dios telúrico, que tiene
esposa e hijos y a quien se ofrecen sacrificios para que dé buenas
cosechas y proteja el ganado.

El chamán siberiano nunca abandona su tambor, elemento fundamental en
todas sus ceremonias, no sólo para llamar a los espíritus sino para
obtener energía vital o entrar en trance. Estos tambores son redondos
en el Norte, y de forma oval en el Sur de Siberia, hechos de piel de
reno o caballo, con el bastidor de madera o de junco trenzado. El
ritmo que determina el tambor al ser batido por el chamán, es
acompañado por las palmadas de los presentes. El chamán, inducido así
al trance comienza a danzar y a emitir sonidos de animales, gruñendo
como un oso, golpeando el suelo con el pie como un caballo, bramando
como un ciervo y ululando como un buho. Otras veces imitará a la
serpiente reptando por el suelo. Más tarde imitará a una paloma, a un
cuervo y otras aves para terminar aullando como un lobo. A cualquiera
que presencia esta escena le parece que quiere imitar los sonidos de
los animales, pero en realidad lo que hace es hablar su lengua, la
lengua de los animales y conversar con ellos, lo que le permite
conocer los secretos de la Naturaleza.

El chamán ostenta durante sus ceremonias unos bastones rematados por
una talla que entre los Buriatos es una cabeza de caballo y entre los
Tunguses una cabeza de reno. El bastón buriato se llama amilka (que
significa “dador de vida”). Estos bastones llevan colgando
campanillas y amuletos como el vestido chamánico. El vestido
chamánico con sus numerosos colgantes es una especie de microcosmos,
un universo emblemático.

Magia, chamanismo, técnicas del éxtasis, trances, vuelos y
penetraciones de un más allá, al otro lado del espejo, ceremonias
iniciáticas cargadas de misterio, rituales extraños, conservación de
la Historia más remota de estas tribus. Todo esto ha llegado hasta
nuestro tiempo de avances tecnológicos, todo esto se refugia en los
más apartados rincones del planeta y es a esos lugares a veces muy
poco accesibles, donde llega el antropólogo deseoso de conocer la
vida de estos hombres de la prehistoria, como si hiciese un viaje por
el túnel del tiempo a una dimensión diferente de la que vivimos.
Mucho se ha estudiado ya en el mundo entero, pero mucho es lo que aún
constituye un enigma en ese misterio de misterios que es el
chamanismo.

Teotihuacan: mitos contra una tienda

México D.F. Jueves 4 de noviembre de 2004

Octavio Rodríguez Araujo

Teotihuacan: mitos contra una tienda

Según mi diccionario, un mito es, entre otras acepciones, una idea que expresa los sentimientos de una colectividad y se convierte en estímulo de un movimiento. Me temo que lo que ocurre en Teotihuacan en relación con la tienda Wal-Mart es, en algunos sentidos, producto de varios mitos. Debo aclarar, para evitar interpretaciones equívocas, que no defiendo a Wal-Mart ni me interesa.

Un primer mito es, con todo respeto, Emma Ortega, “autodenominada guardiana de la zona” (La Jornada, 2/11/04). La señorita Ortega es fundadora del Frente Cívico en Defensa del Valle de Teotihua-can y desde hace alrededor de 45 años se cree predestinada para algo importante, quizá por haber nacido -dice- en un temazcal a 500 metros de la pirámide del Sol. Esta activista en contra de Wal-Mart (Bodega de Aurrerá) -construido en el polígono C de la zona arqueológica- es propietaria del restaurante de nombre Techinanco, a 15 metros del polígono A, es decir, mucho más cerca de las pirámides que la tienda en cuestión. Cuando fue interrogada sobre la contaminación visual de sus locales en la zona, contestó: “Si quieren ver nuestros negocios como contaminación, tal vez pueda ser así, pero el primero que empezó con los restaurantes y hoteles fue el INAH, entonces si ellos rompieron las leyes, el pueblo tiene derecho a hacer lo mismo” (Reforma, 31/10/04). Personalmente esta respuesta me parece cínica, algo así como “si el vecino tira basura en la calle, yo también”. Los intereses comerciales de la zona son, con excepciones, pequeños por cuanto a inversiones y ganancias, pero no por cuanto a número de negocios. Son más de 250 pequeños negocios en la zona arqueológica, entre tiendas de artesanías, souvenirs y restaurantes, además de los cientos de vendedores ambulantes que incluso están al pie de las pirámides. En los alrededores hay muchos negocios ya no tan pequeños. A cinco minutos están el hotel Club Med y el restaurante Pirámides Carlos’n Charlie’s, para no hablar del restaurante La Gruta, a tres minutos de la puerta 5, que junto con la 4 “decoran” con automóviles los flancos norte y sur de la pirámide del Sol, sin protesta alguna de los pobladores.

Dicho sea de paso, no debería haber razón alguna para oponerse a que en los alrededores del centro ceremonial haya viviendas, talleres y comercios, y menos si se localizan a más de un kilómetro y medio de las pirámides de la Luna y del Sol. Los había cuando la ciudad estaba en su apogeo. En esa ciudad, con decenas de miles de habitantes, había habitaciones, espacios de culto, talleres y comercio de todo tipo, sobre todo a un lado de La Ciudadela.

Vale decir que el polígono C es muy caprichoso. Al este se mete como una cuña entre el polígono A y el B, y al oeste es donde es más grande y más lejano de la zona arqueológica propiamente dicha. Y es aquí en donde está la Bodega de Aurrerá, rodeada del hotel Quinto Sol, una distribuidora de Ford, tres bancos, una tienda de pintura Comex, una Elektra y de muchos otros negocios. Hay, además, una autopista más cerca de La Ciudadela que de Wal-Mart.

Otro mito es el de las fuerzas cósmicas de Teotihuacan. Una cosa es reivindicar la herencia cultural y científica de nuestros pobladores originales antes de la ruptura impuesta por la conquista española y otra es idealizarla sin tomar en cuenta los significados políticos y sociales que suponían.

Nuestras pirámides en Mesoamérica tienen como base antigua el estudio de fenómenos naturales, tales como la relación entre la llamada trayectoria del sol con las lluvias y, por lo tanto, con la agricultura. Este es el caso de Teotihuacan, que no es único. La orientación de estas construcciones tiene que ver con los fenómenos que en su momento quisieron estudiarse. Vale recordar que la astronomía en Mesoamérica fue una ciencia de muchos siglos y que llegó a hallazgos notables para la época. Fue gracias a esta observación que se concluyó que el primer paso del sol por el cenit tenía que ver con las primeras lluvias, por lo cual los indios iniciaban la siembra en el ciclo de temporal. La economía, pues, tenía que ver con el conocimiento de los calendarios y de la astronomía, pero también con el dominio de unos sobre otros: el de los intérpretes de estos conocimientos sobre quienes no los tenían. Lo que se olvida con frecuencia es que en esos conocimientos no había nada de mágico como entonces y ahora se quiere hacer creer: eran observaciones hechas por varias generaciones de las elites y cálculos específicos con instrumentos de medición notables para la época. Lo mágico fue el uso de estos conocimientos y observaciones por los sacerdotes-gobernantes para dominar a los pueblos de su jurisdicción. Esos sacerdotes aparentaban actuar sobre la naturaleza, incluso determinarla, gracias al relativo conocimiento que tenían tanto de los ciclos naturales como de fenómenos recurrentes. Una vez más la religión usada como instrumento de dominio.

Un tercer mito, mucho más actual, es que los supermercados acaban con los pequeños comercios. En México existen supermercados antes de que fuéramos invadidos por las trasnacionales, es decir, desde los años 50. Y de entonces a la fecha el pequeño comercio sigue desarrollándose. La clientela de unos y otros es diferente, aunque los giros comerciales sean semejantes. Por añadidura, las artesanías, souvenirs y comida que venden los pequeños comercios de Teotihuacan no se venden en los negocios anteriormente mencionados.

Me da la impresión de que muchos de los que han protestado de buena fe no se han tomado la molestia de investigar sobre el tema, de ver mapas de la zona arqueológica y del municipio San Juan Teotihua-can, de ver fotografías aéreas y de conocer cómo en los últimos 20 años la población del municipio ha invadido más de mil hectáreas de las que tuvo antiguamente Teotihuacan.

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