Prometeo de Pie

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 01/09/2005 1:31

Prometeo de pie. Alternativas étnicas y éticas a la apropiación del conocimiento[1].

Oscar Calavia Sáez

Departamento de Antropologia UFSC Florianópolis SC Brasil
e-mail occs@terra.com.br

Resumen

Introducción

Sobre los saberes tradicionales.

El paradigma de la producción y el paradigma del don.

Dudas en el horizonte.

Ensayos de propiedad intelectual.

Conclusiones

Bibliografía

Resumen

El debate sobre los derechos asociados al conocimiento tradicional es largo, pero nunca ha dado suficiente atención a su principal premisa. Nuestro concepto de conocimiento tradicional no pasa de un negativo de nuestro propio modelo de saber: es tradicional, colectivo e integrado porque nuestra ciencia es innovadora, individualista y reduccionista. Una etnografía de los saberes tradicionales, de su elaboración y transmisión, pode cuestionar ese presupuesto, y mostrar las incipientes consecuencias que el propio debate, antes de la aplicación efectiva de leyes y políticas, provoca en los sistemas de conocimiento tradicional y, en términos generales, en la vida de los pueblos que los mantienen. El estudio de los saberes tradicionales nos muestra no tanto otro modo de conocer, como otra ética asociada al conocimiento, ligada no a la producción sino al intercambio, no a la propiedad sino a la comunicación. La reivindicación del saber tradicional debe asociarse a esa ética si no quiere convertirse en un argumento más para la privatización de la naturaleza y de la cultura.

Introducción

Al tratar de los derechos intelectuales de los pueblos indígenas – en particular, de los referidos a su conocimiento del medio ambiente, con sus potencialidades farmacológicas o agrícolas[2] – pasamos a todo momento de cuestiones meridianamente claras a dilemas irresolubles.

Así, no se discute que los pueblos indígenas detentan una tradición milenaria de conocimientos del medio natural en que habitan; que, en la medida en que ese conocimiento es susceptible de transformarse en mercancía valiosa, ellos deberían obtener compensaciones adecuadas; que ese saber tradicional está siendo repetidamente saqueado por científicos free-lancers o a sueldo de grandes compañías; que esos abusos deben ser cohibidos y que no hay mejor modo de hacerlo que definir instrumentos legales capaces de proteger el conocimiento indígena con patentes – o con cualquier otro tipo de registro más compatible con el carácter comunitario de ese saber.

En este punto acaba el consenso – entiéndase, el consenso entre los que comparten una preocupación ética con esa cuestión, infelizmente no tantos – y se despliegan las complicaciones.

El concepto de saber tradicional no se inserta fácilmente en la legislación sobre derechos intelectuales. Estos se aplican a invenciones – no a descubrimientos. Son derechos individuales, aunque puedan ser vendidos o delegados por su autor a otras personas físicas o jurídicas, y vienen acompañados por un límite temporal, definido en función de la fecha de registro, o de la vida de su autor. En general los conocimientos tradicionales se refieren a las propiedades de animales o plantas – elementos naturales, no creaciones humanas – y no tienen un titular individual. No está clara cuál sería la limitación temporal apropiada para saberes que corresponden a una comunidad (o sea, sin límites biográficos) y que ya se presentan como milenarios.

Los movimientos favorables al registro y reconocimiento de los saberes tradicionales apuestan por la ampliación de los criterios y conceptos de la legislación vigente. No parece demasiado difícil transformar un derecho individual en derecho comunitario, siguiendo el ejemplo de los derechos sobre territorios tradicionales. No es difícil diferenciar el uso de una planta de la planta en sí, reconociendo éste como una invención que pasa así a ser objeto de derecho. En cuanto a los plazos, las alternativas propuestas señalan la posibilidad de mantener registros de saberes sobre los cuales la comunidad tendría una custodia permanente, y que eventualmente daría lugar a negociaciones sobre patentes, estas sí de plazo limitado; cabría en este modelo alguna retroactividad para recursos ya abiertamente explotados, que significase algo así como una compensación por la transferencia de biodiversidad en dirección a la metrópolis.

Pero continuemos. Hasta aquí, la protección del conocimiento es un justo intento de corregir una disimetría histórica en la relación entre un patrimonio – el de la ciencia y la técnica del “norte” – que siempre se presentó armado de autoría, patentes y marcas de propiedad, y otro – el de la naturaleza y las culturas del “sur” – que siempre carecieron de tales garantías; puede ser una reivindicación conjunta del Tercer Mundo guardián de la biodiversidad. De la identidad de estos antagonistas obtienen tales propuestas su poder de convicción y su fuerza moral. Superar los obstáculos sugeridos o rendirse a ellos es una cuestión de voluntad política.

Pero el obstáculo más grave tiene que ver también con la identidad de los sujetos. Los saberes tradicionales han sido durante siglos objeto de difusión e intercambio, de modo que será más una excepción que una regla la existencia de una relación exclusiva entre un conocimiento y un pueblo. Los “pueblos indígenas” no forman un bloque unitario ni homogéneo. No disponemos de una persona jurídica que represente satisfactoriamente al conjunto de los pueblos indígenas. De hecho, las organizaciones del movimiento indígena tienden a reproducir en Brasil la fragmentación de las sociedades indígenas[3]. ¿Quién definiría la comunidad titular de un conocimiento compartido? Dada la obvia falta de datos a este respecto, el eventual registro de los conocimientos tradicionales compartidos se haría a favor de los grupos capaces de un mejor desempeño simbólico y político, una solución que desplazaría el agravio y abriría la posibilidad de interminables disputas entre grupos. Parece difícil resolver la cuestión a no ser que se recurra a algún tipo de mediador que administre un fondo común a las diversas etnias, y también que ese mediador no acabe siendo el propio estado nacional, al que comúnmente acusamos de oprimir minorías y representar intereses externos. Aún absolviéndolo de estas acusaciones, restaría resolver diferencias entre estados nacionales, probablemente muy comunes dada la concentración de pueblos indígenas en áreas de frontera.

Habrá quien considere estas dificultades como aporías de etnólogo más interesado en desenterrar problemas que en solucionar los que están a la vista – y que no intimidan a otros agentes del proceso. De hecho, poca novedad hay en lo dicho hasta aquí: la discusión ha proseguido sin responder a esas objeciones, muy obvias y muchas veces formuladas por los especialistas.
Sobre los saberes tradicionales.

Tal vez – ¿será un consuelo? – tanta complejidad no sea más que una ilusión creada por la falaz simplicidad de las premisas. Me estoy refiriendo al propio concepto de “conocimiento tradicional”, que más que de las descripciones de los etnógrafos depende de una proyección en negativo de nuestro propio modelo de saber: es tradicional, colectivo e integrado porque nuestra ciencia es innovadora, individualista y fragmentaria. Los activistas de los derechos intelectuales indígenas hacen un esfuerzo paradójico por acomodar en los moldes de la legalidad un fenómeno de cuyo propio molde sólo se tienen ideas muy vagas y probablemente inadecuadas.

El primer grupo de ideas que cabe discutir tiene que ver como el tenor epistemológico de esos saberes “tradicionales”, que es común imaginar como relativamente estables, y transmitidos de generación en generación desde una fecha considerablemente antigua. Sin que esa idea llegue a ser explicitada, parece que el saber indígena tendría una base empírica – cuando no fortuita – posibilitada por la convivencia secular con el medio natural[4]. Esa visión no es muy halagüeña para la creatividad del pensamiento indígena, pero parece aceptable porque, por contraste, realza un estereotipo políticamente útil – el de la vinculación del indígena a la naturaleza y al territorio. Pero los datos etnológicos y arqueológicos difícilmente la apoyan. Es poca la probabilidad de conocer por casualidad las virtudes de una planta, y debemos recordar que en muchos casos – pensemos en el curare o en la ayahuasca – encontramos procesos sofisticados de combinación y preparación de substancias, impensables sin una actividad consciente de escrutinio[5]. El “empirismo” indígena se desarrolla en el seno de algo que solo podemos llamar teoría y que sólo podemos llamar método: basta admitir que sistemas de pensamiento y acción tan ajenos a nuestro patrón epistemológico como las cosmologías y los “viajes” chamánicos son, sin embargo, capaces de llevar a conocimientos positivos[6]. Debemos comprender también que la gran difusión de estos saberes no resulta de una especie de crecimiento vegetativo, en que los desplazamientos de la población o las relaciones de alianza serían el único vehículo de transmisión, sino de una práctica consciente de intercambio, enseñanza más o menos formal y eventualmente algún tipo de espionaje profesional[7]. Los saberes indígenas están lejos de ser “locales” en un sentido restrictivo, y de ser “primitivos” en sentido estricto. Los artículos de Lévi-Strauss sobre el uso de plantas salvajes y de C. Sauer sobre el uso de plantas cultivadas (incluidos en Steward 1948 y republicados por Ribeiro 1986) muestran que fármacos y cultivares, lejos de confinarse en la autoctonía, se extiende por grandes áreas y cambian con alguna rapidez. Substancias como la datura o la savia de samaúma han dejado de ser usadas en función de modificaciones en la práctica chamánica ocurridas en décadas, y substituidas por una ayahuasca cada vez más ecuménica[8]. El saber indígena tiene su historia, y tiene su historia contemporánea. La ausencia de autor y fecha es menos intrínseca al saber tradicional de lo que parece.

Otra cuestión discutible es el carácter comunitário del saber indígena. Al igual que otras versiones del comunismo primitivo – el económico y el sexual, pero también esa especie de comunismo intelectual inyectado en las representaciones colectivas de la escuela durkheimiana – ese fenómeno resulta difícil de encontrar en campo. La distribución del conocimiento dentro de un grupo no suele ser homogénea. Criterios de edad y género pueden separar niveles (lo que parece obvio) y variedades (lo que no parece tan obvio) de conocimientos, aún dentro del campo de los conocimientos que podríamos llamar de dominio público[9].

Más allá, se extiende el territorio de los especialistas: yerberos, curadores, chamanes, etc. Es grande la diversidad de prácticas, modos de reclutamiento y de iniciación de tales especialistas, que van de una democrática apertura a una extrema restricción, de la transmisión dentro de las líneas de parentesco al pago del entrenamiento, pasando por situaciones en que un accidente biográfico – una enfermedad, un encuentro peligroso en la selva, un rayo – marcan el inicio efectivo del aprendizaje. Aún allí donde las fronteras entre el especialista y el no especialista son vagas, la distancia entre los que saben mucho y los que no saben casi nada es pronunciada, y se construye a duras penas: el saber “tradicional”, no menos que el saber de la ciencia occidental, requiere tiempo y una cierta exclusión de otras actividades. Lo que no debería ser una revelación, ya que no ocurre naturalmente, no se adquiere por algún tipo de ósmosis con el medio ambiente ni se lleva en la sangre ni – lo que viene a ser lo mismo – se adquiere por la convivencia cotidiana.

Por todo ello, el saber tradicional tampoco es una propiedad común. En cierto sentido las sociedades indígenas prestan más atención que la nuestra a la apropiación del conocimiento. Si en nuestro caso los derechos intelectuales se han transformado en una extensión del derecho de propiedad sobre las cosas, en esas sociedades indígenas en que la propiedad sobre las cosas tiene poco campo para aplicarse el derecho intelectual es la propiedad por excelencia, la única que marca una clara distinción entre los que tienen (saben) mucho y los que tienen (saben) poco. La diferencia de saber no es un resultado contingente, sino un motor esencial de la estructura de poder de sociedades que nos parecen igualitarias en buena medida porque sus desigualdades son más sutiles que las nuestras.

La elaboración y transmisión del saber indígena, que no es natural ni automática, tampoco es éticamente neutra. El saber indígena no siempre tiene ese carácter idílico de la medicina de las abuelas, cuyo prestigio reside en parte en la garantía de no hacer mal, incluso cuando no hacen bien. Muy por el contrario, su estudio nos acerca frecuentemente a los aspectos más conflictivos de la vida indígena. Las más altas expresiones del saber aparecen asociadas muchas veces a la actividad bélica, y la decadencia de los saberes antiguos, o la interrupción de su transmisión a las nuevas generaciones, se entiende a veces como una exigencia histórica. Es común oir de informantes Yaminawa que algún hechicero del pasado, capaz por ejemplo de matar a sus enemigos haciendo quemar un polvo tóxico en su fuego de cocina, dejó que sus conocimientos se perdiesen para que su pueblo no continuase matándose con ellos. Aquí, dígase de paso, la ciencia indígena demuestra una capacidad y una autonomía que difícilmente se encuentra en la nuestra.

Resumiendo los párrafos anteriores, es un error, no por común menos considerable, confundir el saber indígena con un saber folclórico, por definición subalterno y anónimo en relación a instituciones “eruditas” y autorales. El saber indígena, muy por el contrario, se desarrolla en sociedades en buena medida autónomas, con su propia erudición y con un importante papel político reservado a ésta.

No está de más advertir también que toda esta ciencia indígena se sitúa en un contexto cultural diferente, que incluye concepciones de cuerpo, enfermedad y cura diferentes de las de la biomedicina. Repitiendo un ejemplo muy usado en la popularización del debate, la busca de un hipotético fármaco indígena para el cáncer o el SIDA tropieza para empezar con la probable inexistencia de esas categorías de enfermedad en la concepción indígena. El investigador tendría que recurrir a categorías comunes a ambos sistemas médicos (para el caso Yaminawa, cosas como tumores, fiebres o manchas en la piel). Caso obtuviese resultados, aún faltaría establecer qué es lo que la medicina indígena considera eficiencia terapéutica – que no es necesariamente la que médicos y pacientes occidentales esperan de un fármaco. En su conjunto, para dar un ejemplo, la medicina Yaminawa podría definirse como una especie de “medicina heroica” bastante apartada del gusto del hombre blanco, e incluso del gusto medio de los Yaminawa actuales, seducidos por los “suaves” remedios de la farmacia industrial: consiste largamente en dietas rigurosas, prácticas de endurecimiento corporal, absorción de tóxicos y aplicación de substancias cáusticas. Aunque en su conjunto esa terapia pueda haber sido muy útil para los drásticos guerreros del pasado, parece claro que poco de ese acervo podría ser utilizado en el mercado externo sin una larga investigación que lo ubicase dentro de los criterios occidentales de enfermedad y cura. Muchas veces, el apoyo que el saber tradicional presta a la investigación farmacológica puede no pasar de una indicación inespecífica de la actividad de tal o cual vegetal. Ello no menoscaba el reconocimiento debido a la ciencia indígena, pero aconseja una mayor prudencia a la hora de evaluar su potencial económico, o la posibilidad de su explotación directa por parte de las comunidades[10].

Hay que decir, también que ese reconocimiento, para ser justo, no puede limitarse al acervo de conocimientos elaborado y transmitido. La investigación etnocientífica se beneficia también de un manejo del medio ambiente que ha preservado o concentrado la diversidad en lugar de anularla en pro de una explotación intensiva; los derechos intelectuales indígenas no pueden ser claramente separados de derechos más difusos en relación a la biodiversidad presente en sus territorios.[11]
El paradigma de la producción y el paradigma del don.

Resumiendo los párrafos anteriores, necesariamente superficiales, podríamos sugerir que el saber indígena es un saber socialmente diferenciado, que sostiene una estructura de legitimidad, autoridad y riqueza, que está sujeto a una innovación frecuente y a una cierta imposición de paradigmas a gran escala. Es también un saber del cual hay mucho que temer si escapa al control. Es verdad que esta descripción del saber indígena puede ser parcial y tendenciosa, y que no se parece en mucho a la que las organizaciones indígenas hacen cuando se manifiestan sobre el tema; pero también es verdad que el discurso sobre la ciencia occidental es muy diferente en una ceremonia de entrega del Nobel, en un manual escolar o en un texto de Bourdieu ou Latour sobre el campo científico o la vida de laboratorio. El capítulo anterior sirve para mostrar que hay otro lado de la moneda, y que considerando ambos lados el saber indígena no es un saber radicalmente diferente del nuestro, no es un saber otro, sino otro lado, habitualmente en la sombra, de nuestro propio saber.

Todo el debate se ha organizado sobre la idea de un saber sui generis, susceptible de ser protegido por un régimen sui generis, pero hay un cierto fraude en dar por sentada una diversidad de origen entre nuestra ciencia y la ciencia de ellos. Porque la verdadera alteridad de ese saber – y la que constituye el centro de este debate – no se encuentra en su estructura sino en lo que en sentido amplio podríamos llamar su ética; y no hay modo de delimitar una ética sui géneris para el caso.

Esquematizando, y dejando lugar para todas las mediaciones posibles, podemos pensar en dos modelos opuestos. Uno de ellos – vamos a llamarlo “primitivo” – se basa en el paradigma del don, y en última instancia, del intercambio. El conocimiento se obtiene siempre de alguien. Se transmite o cambia de manos. El trueque puede ser voluntario o forzoso, positivo o negativo, dádiva o robo. De hecho, el robo es la marca de los saberes realmente valiosos. Así, hay un mito muy extendido en la Alta Amazonia en que los héroes (antepasados de los actuales hombre y de los actuales animales) roban las plantas cultivadas de un personaje mezquino que las monopolizaba, y sacan también de la única hoguera – propiedad suya, también – la brasa necesaria para iniciar el fuego fundador de la cocina y de la agricultura de chacra. Muchos mitos del Brasil Central cuentan como el fuego de cocina es obtenido del jaguar; en muchos otros, los más diversos saberes se obtienen de los animales (y en general se retribuyen de modo muy ingrato)[12].

Ese paradigma del don, muy consciente de la dimensión relacional de todo saber, tiene su punto ciego: la producción. Se sabe muy poco de los procesos por los cuales los pueblos sin escritura efectúan sus investigaciones y elaboran sus conocimientos. Vimos que ello no se debe a una falta esencial de autoría o de historia, sino a un ocultamiento categórico. Un chamán innovador remitirá sus invenciones a un espíritu generoso o a un preceptor ancestral, porque es en la dignidad de la transmisión, y no en la originalidad del saber, donde reside su valor.

El segundo paradigma – llamémoslo “moderno” – es el de la producción. El saber es creado desde cero, o desde un punto cero definido ad hoc, por el trabajo individual de un científico, o por el trabajo de un equipo de científicos, o, en fin, por la voluntad de los inversores que financian el trabajo de ese equipo y compran sus carísimos instrumentos. Si no hubiese tal trabajo, no habría conocimiento. El punto ciego de esta concepción es, naturalmente, el don. La deuda con otros se esconde o se relativiza, en aras de una insaciable necesidad de puntos cero. La invención condena a la sombra toda la cadena anterior de informaciones: las recientes disputas sobre la autoría de los descubrimientos sobre el genoma humano son un buen ejemplo reciente, la invisibilidad de los “informantes” indígenas en la historia heroica del naturalismo europeo de los siglos XVI-XIX es un buen ejemplo antiguo.

Parece consensual que eso que estoy llamando “paradigma de la producción” es un modelo idiosincrático cuyas pretensiones de universalidad sólo se deben a la expansión burguesa del occidente. Él proclama que el origen de todo conocimiento es la creatividad individual, y su motor es el interés individual. Toda la legislación sobre derechos intelectuales tiene su justificación en el propósito de mantener viva esa actividad garantizando su recompensa. Y el genio creador del individuo, y su espíritu emprendedor encuentran su tótem ancestral en la figura de Prometeo: una resignificación irónica que pone el mito de cabeza abajo, ya que el Prometeo griego es un ladrón que, como sus alter-ego amazónicos, roba el fuego a una divinidad tacaña y lo difunde entre los humanos.

EL CAMINO DEL CHAMÁN

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 01/09/2005 1:26

EL CAMINO DEL CHAMÁN

Por: Gabriel Sanjurjo ( Químico e Investigador )

La palabra chamán nos hace pensar en un brujo de los antiguos pueblos primitivos, pero ¿existen aún hoy los chamanes?. Indudablemente la respuesta es afirmativa. Quizá mucha gente no lo sabe, pero todavía hoy sobreviven algunos de estos personajes. Un chamán es un ser humano que tiene el privilegio de modificar a voluntad su conciencia para proporcionar algún servicio a su tribu o comunidad, ya sea por medio de sanaciones o viendo el futuro de su pueblo. Imagínese poder curar a sus semejantes o adivinar el futuro, simplemente entrando en un estado alterado de conciencia pasajero. Sí, porque una vez logrado el objetivo, el chamán vuelve a ser una persona como las demás. Es su capacidad para entrar en ese estado alterado de conciencia lo que le diferencia de los demás. Los tambores son un instrumento muy común que permite alcanzar y mantener el estado alterado. Otro son los cantos o ícaros del chamán.

¿Cómo consigue entrar en ese estado? Hay muchas maneras de hacerlo, pero todas ellas siguen un patrón común. Una de las formas más habituales es la ingestión de sustancias mal llamadas alucinógenos. Mal llamadas, porque los alucinógenos nos transportan a un mundo de sueño, pero un mundo que nos creemos y actuamos en consecuencia. Una persona bajo los efectos de un alucinógeno puede ver un dragón, real para él, y para escapar del monstruo puede tirarse por la ventana. Ese es el peligro de los alucinógenos, que nos creemos lo que vemos. Por el contrario, las sustancias que emplean los chamanes habitualmente no son de este tipo. Es cierto que producen alucinaciones, pero son tales que no nos las creemos. Sabemos que estamos bajo los efectos de tal sustancias, y somos conscientes de que lo que vemos no puede hacernos daño. Tales sustancias se llaman enteógenos, palabra que significa “experiencia de Dios dentro de uno mismo”. Porque el efecto que producen es el de conectar con un ser divido, sentirse uno con el universo; en definitiva, sentir a Dios dentro de ti. Dentro de los enteógenos podemos destacar, por su importancia cultural en las actuales sociedades indígenas, el peyote, el San Pedro, el teonanácatl y la ayahuasca. Hay muchas más sustancias enteógenas, pero aquí vamos a describir brevemente éstas.

El peyote y el San Pedro son dos cactus, sí, como el que pueden tener en su casa. El peyote es un pequeño cactus redondo, sin espinas, que crece en el desierto del Potosí, en México. Su principio activo, es decir la sustancia propiamente enteógena, es la mescalina. Este cactus es empleado por los indios huicholes ena sus sesiones chamánicas. El San Pedro es otro cactus, pero éste mucho más grande que el peyote. Tiene espinas como cualquier cactus. Es típico de Perú. Existen muchas especies emparentadas con el San Pedro. El que se denomina propiamente San Pedro es la especie conocida como Trichocereus Pachanoi. Otra variedad importante es el Trichocereus Peruvianus, que parece tener más contenido en mescalina que el Pachanoi. Para más información puede consultar la fenomenal obra de Jonathan Ott Pharmacotheon.

El teonanácatl, que significa “carne de Dios”, es el nombre que le dan los indios Mazatecos a los hongos mágicos, hongos enteógenos cuyo principio activo es la psilocibina. Mis experiencias con esta sustancia me han convencido de que realmente son sagradas. Producen un estado de ensoñación consciente, el espacio pierde su significado habitual para convertirse en una danza mágica cerca-lejos, mientras que el tiempo se detiene en un instante infinito. El lado racional del ser humano deja paso a uno más emotivo e instintivo. Volvemos a la niñez. No en vano se habla de un proceso muerte-renacimiento, metafóricamente hablando. Es algo difícil de describir, si no imposible. Hay que experimentarlo.

Finalmente la ayahuasca, es en realidad una mezcla de dos plantas: una proporciona betacarbonilos, como la banisteriopsis caapi o la peganum harmala, que son IMAOS (inhibidoras de la monoaminooxidasa) y la otra proporciona triptaminas, como la Mimosa Hostilis o la Acacia Madeneii. Un ejemplo de triptamina bastante conocido es la DMT. Estas últimas, las triptaminas, son las sustancias enteógenas, pero necesitan de los betacarbonilos para desarrollar su función. La palabra Ayahuasca significa la liana de los muertos, porque es una enredadera o liana que se supone te lleva a donde están los muertos. Es común entre los chamanes del amazonas.

Todas estas sustancias, los enteógenos, son consideradas sagradas para los chamanes. Algunos consideran que sonAyahuasca verdaderos dioses. Hay razones para ello, como puede comprobar cualquiera que los haya probado. Los enteógenos no están exentos de peligros, pero el mayor de ellos no reside en su poder adictivo, más bien bajo cuando no escaso, sino en la posibilidad de desatar cuadros psicóticos en pacientes potenciales. No obstante, siguiendo unas normas básicas y lógicas de seguridad, es difícil que nos hagan daño. El peor daño que pueden hacernos es tener un mal viaje, es decir perder el control de lo que estamos experimentando y sentir pánico; de todas formas, este malestar suele desaparecer pronto. Si decidimos probar alguna de estas sustancias, es aconsejable hacerlo acompañados de algún amigo de confianza que nos ayude a pasar los peores momentos de la experiencia.

Algunos autores como Michael Harner, antropólogo americano especialista en chamanismo, consideran que puede alcanzarse el estado chamánico de conciencia sin el empleo de enteógenos, mediante unas técnicas corporales y de visualización. Personalmente no he experimentado tales técnicas, por lo que no puedo juzgar la veracidad de tales afirmaciones. Yo pienso que los enteógenos son fundamentales, por lo menos al comienzo del aprendizaje. Una vez alcanzado cierto conocimiento de estos estados de conciencia, quizás podamos prescindir del uso de enteógenos. Las drogas son un medio, no un fin en sí mismas. Terence McKenna tiene la teoría de que el desarrollo del ser humano a partir de los homínidos fue posible gracias al descubrimiento y posterior consumo de estas sustancias. Ellas serían las catalizadoras del desarrollo cognitivo y espiritual del ser humano.

En resumen, podemos decir que el chamanismo es un fenómeno que aún se da en la actualidad en diferentes regiones del mundo ( en especial en Centroamérica) y que constituye uno de las grandes misterios del mundo y del hombre. En la actualidad se están realizando grandes avances en el estudio de dicho fenómeno y estamos asistiendo a un redescubrimiento de este conocimiento milenario, que puede ayudarnos a encontrarnos a nosotros mismos o al menos enseñarnos a vivir en armonía con nuestro mundo.

Bibliografía:

* Chamanismo, el arte natural de curar. Jose María Poveda.
* La senda del Chamán. Michael Harner.
* Pharmacotheon. Drogas enteogénicas, sus fuentes naturales y su historia. Jonathan Ott.
* Al trasluz de la ayahuasca. Josep Maria Fericgla.
* La búsqueda de Perséfone. Los enteógenos y los orígenes de la religión. Robert G. Wasson.
* El hongo maravilloso: Teonanácatl. Robert G. Wasson.

Maestro curandero de la tradición amazónica peruana

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 01/09/2005 1:23

Maestro curandero de la tradición amazónica peruana
Don Alejandro Salas

El maestro Alejandro Salas Tuanama es un médico curandero de la tradición amazónica peruana. Nació hace 47 años dentro del grupo cultural Lamista ubicado en Tarapoto en la selva central del Perú. Su abuelo y su padre fueron curanderos y desde muy niño aprendió con ellos las primeras nociones de su arte y sus primeros conocimientos de las plantas.

En nuestro país las poblaciones nativas amazónicas, quechuas y aymaras domestican las plantas desde hace 6000 años. Durante este tiempo todas ellas han desarrollado una aguda observación del ambiente que las rodea, han experimentado sus usos rituales, medicinales y alimenticios y sobreviven hasta la fecha con este conocimiento. Esto les permite ser poseedoras y guardianas de una importante sabiduría vivencial en el uso de ellas.

La formación del maestro Alejandro en el arte de la curación se inicia en su casa con su abuelo y su padre. Sin embargo emprende su labor de médico curandero luego de una enfermedad grave por la que pasa de la que el mismo se tiene que curar. Inicia entonces su periodo de estudio intensivo de la medicina tradicional. En este periodo de aprendizaje dieta durante tres años en los que cada día toma plantas. Durante esta época los espíritus de las plantas conversan con el y le enseñan sus propiedades, los cantos y distintos métodos de curación. También recibe estas enseñanzas a través de sueños. Esta dieta incluye ingestión de plantas diariamente, ayuno de medio día y alimento sin sal, azúcar, no chancho ni bebidas alcohólicas ni contacto con pareja.

De las plantas amazónicas, Don Alejandro considera al Ayahuasca como la madre de todas. El considera al Ayahuasca como la madre de todas. El Ayahuasca es una liana que se desarrolla en forma natural en los bosque amazónicos y su preparación se realiza bajo la vigilancia de un maestro o maestra curandera, según ellos para otorgarle su fuerza para la curación. Una vez ingerida, según la dosificación del maestro, produce una expansión de nuestra conciencia interior que se manifiesta en una especie de mareación. En este estado el paciente no pierde nunca la conciencia y es guiado por el canto y las artes del maestro para producir la curación, así como las r espuestas a sus preguntas. El proceso de comunicación del paciente con el Ayahuasca varia con cada persona, en unos es inmediata y en otros tarda varias sesiones, esto no indica que no esté curándose progresivamente. Como paciente y testigo en numerosas tomas de Ayahuasca, he apreciado lo invalorable que es esta experiencia para la curación en un sentido que involucra no sólo el cuerpo sino la mente, las emociones y la reconexión con el espíritu.

Don Alejandro viene curando desde hace 30 años, en su ciudad natal y en Pucallpa su lugar de residencia actual. Cura distinto tipo de males físicos, ayuda en la solución de problemas emocionales, afectivos y preocupaciones diversas por las que atraviesan los distintos tipos de pacientes que se acercan a él.

Para curar el maestro ha desarrollado su propio método de curación. Examina al paciente concentrándose en su nombre, apellido y lugar de residencia. Con la información así obtenida da inicio a la cura con la toma de plantas, esto permite al curandero y paciente visionar con claridad la enfermedad o el problema por el que atraviesa así como el tipo de tratamiento o cura a implementar.

Un concepto esencial expresado por él para entender el estado de salud o enfermedad en el cuerpo de todo paciente es el del frío y el calor. El frío tiene que ver con la desarmonía, con el mal. El mal puede ser un mal físico, de carácter emocional o una construcción mental que se localiza en el cuerpo y que el maestro extrae de él. El calor tiene que ver con la salud, con una buena circulación de la sangre, con el restablecimiento de la energía potencial del ser humano, con la armonía corporal, emocional y mental.

Para el tratamiento del paciente y el restablecimiento de su salud el maestro usa distintas técnicas tales como:

1) Los masajes corporales: Estos buscan, mediante el toque del maestro, activar la energía del cuerpo produciendo el desbloqueo de las zonas donde esta obstruida; asimismo extraen el dolor superficial o profundo localizado en el cuerpo ya sea este de golpes físicos o de tensiones emocionales y nerviosas. El masaje también extrae el frío del cuerpo y restablece el calor. El masaje lo realiza usando preparados en base a aceites y plantas naturales.

2) Los baños y ligadas: Son baños calientes con distinta intensidad en la frotación del cuerpo preparados en base a plantas. En su elaboración usa pedazos de cortezas, raíces, hojas o flores, según sea el caso. Ellos brindan al paciente activación de la circulación de la sangre y extraen el dolor y el frío del cuerpo. Si el paciente no puede dormir bien, después de su aplicación restablece normalmente el sueño.

3) Toma de plantas: El maestro trata a sus pacientes principalmente con toma de Ayahuasca, para su preparación maestro hierve la planta por largas horas en las que el cuidado del maestro es esencial para la fuerza que después tiene el “vegetal” en la curación –como dice Don Alejandro- y luego la da a sus pacientes en sus sesiones curativas. En relación a los problemas físicos trata problemas bronquiales, del estómago, de los intestinos, de los riñones, del aparato reproductor, enfermedades a los huesos, reumatismo entre otras. Asimismo limpia el cuerpo de problemas que atañen a la relación de pareja, a dificultades, al stress. A tensiones por el trabajo, al estudio, etc. Del mismo modo elabora distintos tipos de preparados con una gran variedad de plantas de acuerdo a las enfermedades de los pacientes. Estos preparados los hace al agua o al alcohol. En el primer caso mediante el hervido de las plantas y en el segundo caso mediante la maceración de las plantas en bebidas alcohólicas que luego son tomadas por los pacientes durante periodos –determinados por el maestro- para completar la curación.

4) Uso de resinas: Aplica resinas extraídas de distintos tipos de árboles las mismas que son usadas como emplastos mediante una tela. Estos se adhieren al cuerpo con la fuerza de una ventosa y se quedan allí durante aproximadamente siete días después de los cuales se salen. Su función es extraer del cuerpo el mal, el dolor así como soldar los huesos.

5) Uso de perfumes: En base a los perfumes usados por los pacientes el maestro los prepara para que al ser aplicados aporten una fuerza especial propiciatoria que atrae la salud, el bienestar, la claridad mental, la buena suerte en las personas que se están curando.

Después del tratamiento cuya duración mínima es de un mes. Don Alejandro aplica al paciente una dieta por un mes más. La dieta incluye la toma de algunos preparados de plantas que le ayuden a terminar con éxito su curación. La dieta para los pacientes es en base a comida baja en azúcar, no ingestión de alimentos helados, no carne de chancho y no relación marital. En el caso de las mujeres no se hace curación durante la regla sino hasta que ella pasa.

Una planta esencial en el trabajo de Don Alejandro además del Ayahuasca, es el tabaco. El tabaco es la planta propiciatoria de la curación. Es la que produce el vínculo entre el maestro, el paciente y los espíritus de las plantas que intervienen en la curación. Sin el no sería posible la curación. Sirve en el decir de Don Alejandro “para ponerle fuerza al cuerpo del médico para curar como para acelerar la purga o extracción del mal del estómago del paciente”.

En la vida cotidiana el maestro tiene un sistema de vida disciplinado que va desde los alimentos que ingiere. Estos no deben cargar su estómago ni ser ingeridos en exceso para estar siempre listo para curar. Incluye también dietas en el bosque una vez al año mediante las que restablece las fuerzas para curar. Asimismo ejercicio físico diario preferiblemente cercano a un lugar natural que le permite activar el cuerpo y dejarlo listo para las sesiones de curación como para los desvelos nocturnos producto de “los sueños” en los que recibe de los espíritus de la naturaleza indicaciones para la cura.

La mesa de medicina:

Todo maestro curandero tiene un espacio ritual en donde se propicia la cura de todo paciente. Allí el médico se concentra solo en la sanación de sus pacientes.

En el caso de Don Alejandro esta mesa esta compuesta por: encantos, diversas variedades de pipas para fumar el tabaco, frascos con perfumes y otros con preparados de vegetales.

Los encantos son imágenes, piedras, pequeñas esculturas de metal –artes que todo curandero va reuniendo sea porque los encuentra o se los dan- y constituyen las artes de la curación. Estos encantos según dice el maestro funcionan como guardaespaldas en la mesa de curación y dan fuerza y valor al médico.

Icaros y oraciones:

El médico curandero usa para sus sesiones de sanación cantos o icaros y oraciones mediante las cuales cura los dolores, las enfermedades y da fuerza a los pacientes para su sanación.

Los cantos o icaros son enseñados al maestro por los espíritus de las plantas. Recibe de ellos cientos de cantos que usa para distintos tipos de curaciones, para limpiar la visión y para abrir la mente y el espíritu. Sin embargo el médico tiene su canto principal, el más fuerte, el más importante, con el que cura a sus pacientes.

En el Perú más del 50% de la población urbana y rural se cura con plantas y para ello recurre a distintas prácticas de medicina tradicional. Conocimientos del uso de las variadas familias de plantas como los del maestro Alejandro hacen posible la cura integral de numerosos pacientes.

Debemos agradecer a Don Alejandro y a todos los médicos indígenas que como el han conservado en la práctica los métodos y terapias, experimentados por miles de años por sus ancestros que nos hacen visionar la integración total que tienen con la naturaleza ya que ellos no se sienten separados de ella, sino que son uno con ella. Desde su punto de vista todo tiene espíritu. De allí que toda cura que propician es integral: del cuerpo, de la mente y la reconexión con el espíritu.

Lo sagrado y lo profano

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 01/09/2005 1:19

Lo Sagrado y lo Profano
Entrevista a Sacha Domenech

Psicólogo (Universidad del Salvador). Psicoterapeuta. Operador psicoterapéutico en tóxicodependencia y abandono (proyecto “Uomo”, Italia). Becario del Concitec (Trujillo, Perú) y de Ashoka (1977). Director del Centro Hospital de la Vida para pacientes HIV. Director de la comunidad terapéutica Ayllu Tinkuy (Comunidad Encuentro) dedicada a la rehabilitación y apoyo terapéutico de adictos, enfermos y portadores del Sida. Formado como chamán por indígenas en Perú. Actualmente continúa su formación con chamanes en la Amazonia peruana. En la Fundación Desde América dirige el Área de salud e integra como consultor el equipo de investigación sobre Etnomedicina

Básicamente, cuales son las plantas con las que trabajas?

Trabajo con tabaco, Ayahuasca y Uachuma, un derivado del San Pedro, también con plantas de dieta, que no son muy conocidas; shanango, chini shanango, shishito, también plantas purgativas para desintoxicación como ayahuarpanga, que es un nombre quechua que significa hoja de sangre, se extrae la savia que es de color rojo, se extrae un jugo de la hoja , una cucharadita y produce una purga muy fuerte a través de vómitos, hay que tomar mucho agua, doce litros aproximadamente con la ingesta.

En todo lo que es el campo de la etnomedicina en torno al chamanismo el concepto de purga es fundamental, todas las plantas, las plantas maestras, son de purga también, son básicamente purga y después plantas maestras, el concepto de purga, dieta, limpieza, es fundamental dentro del chamanismo

Podemos hacer una diferencia entre el uso sagrado y también profano con respecto a las plantas?

En mi trabajo personal trato de ajustarme a lo que he aprendido con los curanderos, con los indígenas, me ajusto a ese esquema, a ese encuadre porque creo que es de ahí desde donde se debe trabajar, y el tema de la purga es fundamental, la dieta es fundamental, porque antes de tomar plantas hay toda una purga, una dieta que se debe hacer, antes y después, y también el proceso de aislamiento que es un proceso en el que hay que estar aislados, a veces una semana, a veces diez días, a veces un mes, no ingiriendo ningún alimento que tenga ni azúcar ni sal, y poco alimento, casi en ayuno, y ahí es donde la mano del curandero va tomando las plantas, purgativas, y ese es el esquema tradicional por excelencia, de curación: concepto de dieta, de ayuno y de purga, después el proceso de aislamiento que a veces está en lo que es la dieta en sí, aislarse del mundo cotidiano, del mundo profano y meterse en lo que sería el mundo interno, en esto las plantas son catalizadoras que permiten hacerlo.

En esto también entra el tema de si las plantas son alucinógenas o no, yo no las veo como alucinógenas, para mi son plantas psicoactivas, para mi no son alucinógenas porque clínicamente la alucinación es percepción sin objeto. Son plantas visionarias, porque la visión es la percepción de la mitología de la planta, que la puede ver tanto un americano que vive en Wall Street como un indígena de la amazonia.

Esa coincidencia en la visión de la mitología de la planta tiene que ver con la genética de la planta?

Si, con la estructura energética y molecular de la planta, porque de alguna manera hay imágenes arquetípicas guardadas en las moléculas de esa planta, cada planta tiene su mitología, sus seres, sus deidades, sus animales, sus visiones, sus cantos, hay un canto para cada planta, son cantos curativos llamados icaros .

Lo que hace es estar en presencia de una energía, que se revela y es la energía de la planta, y que tiene una tradición mitológica de miles de años, y eso se revela a través del campo visionario, y este campo es aprendizaje también.

El aprendizaje viene a través de la visión, uno puede visionar cosas que tienen que ver con la vida pasada, presente o futura de uno. Por eso los botánicos cuando estudiaron la ayahuasca definieron una sustancia llamada telepatina, pero en si no es un problema de sustancia tampoco, porque cuando uno toma la infusión esta tomando cerca de trescientas sustancias, en una forma metabólica, en una forma propia de la infusión, es la energía y la preparación de la infusión: como se la prepara, como se hace el rito de la preparación, como se hace el rito de la ingesta de las plantas, quien es el que dirige las tomas, como se hace el trabajo, eso puede activar o desactivar la visión.

No es una cuestión de sustancia porque en una toma de veinte personas todos pueden tomar la misma poción la misma cantidad, la misma planta y sin embargo hay gente a la que le pasa algo, otra a la que le pasa mucho y otra a la que no le pasa nada, por ejemplo si a una persona le pasa algo que esta fuera del esquema de trabajo, a esa persona se la sopla con tabaco y se le va el efecto, entonces, que pasa ahí?, como es que un efecto químico se neutraliza con una soplada de tabaco, es una cuestión exactamente sutil, es que está trabajando el espíritu de la planta, y esta es la diferencia con lo profano.

Las corrientes experimentalistas, o new age que consumen o que se acercan a este tipo de medicina, desde un lugar experimentalista, no tienen en cuenta el espíritu de la planta, lo espiritual de la planta.

Estas plantas tienen un espíritu vivo que está trabajando en la curación desde hace miles de años, que propició la medicina a muchos pueblos durante mucho tiempo. Esto es lo que hace la diferencia entre lo sagrado y lo profano, tener en cuenta la acción del espíritu.

Entrevista: Hugo Basile

CONSIDERACIONES SOBRE NEOCHAMANISMO y CHAMANISMO HUICHOL

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 01/09/2005 1:08

CONSIDERACIONES SOBRE NEOCHAMANISMOY CHAMANISMO HUICHOL

por Eugenio Porras Carrillo
Etnólogo. Escuela Nacional de Antropología e Historia-Unidad Chihuaua
Centro INAH Nayarit

PRESENTACION

En este breve trabajo presento algunas reflexiones de carácter general en torno a un tema que, sobre todo a partir de la década de los 70, ha llamado la atención, cada vez más, a muchos antropólogos (y no antropólogos) hasta el punto de que casi es posible hablar de un área de especialización en esta disciplina. Me refiero al chamanismo, concepto no poco ambiguo que en la actualidad engloba a concepciones y prácticas muy diversas que, no obstante, giran principalmente alrededor de específicas relaciones de poder que algunos seres humanos mantienen, como intermediarios privilegiados, con el mundo natural, con la esfera de lo sobrenatural y con las muy diferentes sociedades y culturas a las que pertenecen. El aspecto cognitivo, desarrollado original y sintéticamente en Fericgla (1997, a) como parte de su posicionamiento teórico (Buxó, 1978), de estas interacciones particulares se presenta como fundamental, puesto que se supone que a través de ellas se adquiere y manifiesta un conocimiento de caracter integral y completo, al modo de “la verdad o verdades”, sobre el ser y el hacer de cada uno de los individuos, grupos o colectividades en las que el chamanismo está presente. Por otra parte, se coincide en remarcar que en cada caso, por muy variadas que sean las formas y técnicas, el acceso a ese tipo de conocimiento está limitado a ciertos miembros, aquellos que por decisión, innata o no, del destino o tras un arduo aprendizaje son capaces, de situarse en un estado psíquico o de conciencia distinto al que se considera “normal o habitual” en la correspondiente cultura. Es decir, al interior de cada uno de los imaginarios social e históricamente constituidos, la personalidad del chamán juega un papel clave.

Sin pretender abarcar exhaustivamente todos los ángulos de tan compleja temática ni mucho menos a todos los autores que de una u otra firma se han referido al chamanismo, me limito a presentar en forma más bien introductoria y divulgativa, como una forma de “pensamiento en voz alta”, algunas de las muchas aristas que me parecen tan dignas como necesarias de ser pulidas y recuperadas, o simplemente reflexionadas, desde la perspectiva antropológica, ante las posiciones y opiniones de otras disciplinas y movimientos, principalmente la psicoterapia y la “new age”. En una especie de primera parte me refiero a los componentes y estereotipos más frecuentes en la descripción del fenómeno chamánico, haciendo particular alusión a su relación con la medicina y desarrollando un poco más las características particulares que presenta en las sociedades urbanas y complejas actuales. En la segunda parte, a modo de comparación, sintetizo etnográficamente alguno de los elementos básicos que forman parte del sistema chamánico entre los Huicholes (pueblo indígena del occidente-noroeste de México) con el objeto de mostrar mínimamente las diferencias, similitudes y relaciones entre los dos contextos culturales.

PRIMERA LECTURA

El término “chamán” procede de la lengua tungus, nos llega a través del ruso y expresa originariamente un fenómeno siberiano y central-asiático con el que se designa al maestro del éxtasis (Eliade, 1982), estado anímico por excelencia de la experiencia religiosa en aquellas latitudes, aunque estudios más modernos sobre la misma área privilegian otras características (Hamayon, 1990)[ii]. Su empleo se ha extendido por todo el mundo para referirse a los personajes que en la cultura de muchos grupos étnicos desempeñan un papel semejante, con parecidas actuaciones, como mediadores entre el mundo natural y el sobrenatural, entre el mundo de los hombres y el de los dioses o espíritus a quienes, por lo general, toma como aliados, guías o ayudantes para llevar a cabo sus hazañas, principalmente religiosas y curativas.

Sólo hasta aquí llegan las generalizaciones comunes puesto que las formas que adopta cada caso en concreto ofrecen particularidades tan importantes que cuestionan el que se integren en un mismo concepto, sobre todo al tratar con términos tan difíciles de definir como “éxtasis”, “trance” o “posesión”. Así, Luc de Heusch (1973) distingue el chamanismo de la posesión como dos modos distintos de acercarse a lo sagrado. En el primero “el chamán conserva la integridad de su personalidad psíquica, cuyos poderes están decuplicados” (p. 257) y con los que mueve su alma a voluntad en busca de las que están perdidas o enfermas. La posesión sería entonces, como una especie de inversión, el descenso de divinidades o espíritus y su encarnación en alguien que pierde, ante eso, su voluntad. En ambos se puede o no presentar el fenómeno del éxtasis, de la crisis extática, que “no es jamás anárquica, está regulada como un papel teatral, se integra en un culto organizado que posee sus sacerdotes, su panteón, sus reglas estrictas” (p. 256). Pero para otros autores no hay tal separación y plantean que el viaje del chamán en busca del alma perdida o secuestrada requiere previamente de la posesión. Por otro lado, la noción de trance es presentada por Rouget (1980) como operativamente más adecuada que la de éxtasis[iii], aunque pensamos que ambos pueden estar presente en el chamanismo ya que en muchos casos incluye el ambiente ruidoso e hipnótico que suele acompañar al trance pero también el recuerdo de la memoria propia del éxtasis.

Por chamanismo se entiende entonces el conjunto de elementos, conceptuales y materiales, que pone en juego el chamán para conseguir sus propósitos, es decir, un sistema estructurado que comprende ciertas ideas, conocimientos, instrumentos y prácticas a las que se puede acceder por vías y mecanismos específicos. Los ejes de ese sistema o indicadores base son las categorías de saber/conocimiento y poder/acción, columnas, en definitiva, de todo discurso, pero que, en el caso del chamanismo se refieren a un conjunto de datos no accesibles ni demostrables por las lógicas racionales y a una serie de acciones poco normales que se suelen introducir en el ancho costal de “la magia”, “lo paranormal” o lo “psi”. La “eficacia simbólica” del chamanismo funciona, para Levi-Strauss (1977: 167), cuando “desgarrado entre estos dos sistemas de referencias, el del significante y el del significado, el hombre solicita del pensamiento mágico un nuevo sistema de referencia, en cuyo seno pueden integrarse datos hasta entonces contradictorios”. Para otros autores como Hoppal (1997: 73): “el chamanismo no es solamente una técnica arcaica de éxtasis, no sólo una fase evolutiva temprana de la religión y no sólo una manifestación psicomental, sino un complejo sistema religioso”.

La propia historia del estudio del chamanismo y el seguimiento de las aportaciones de los siempre más numerosos antropólogos, psicólogos y doctores dedicados a la construcción del “discurso chamánico”, nos muestran una forma peculiar de percibir la otredad, una labor especial y única que suele conducir a cambios, tanto de actitudes como de paradigmas cognoscitivos, en el observador y a modificaciones en su comprensión del poder. Fruto también de la reivindicación étnica y producto de experiencias muy particulares, el chamanismo se impone como la visión que de lo sagrado tiene alguien, el maestro, el don Juan (Castaneda, 1969)[iv], el informante, alguien que nos habla de una realidad distinta a la que normalmente pertenecemos o experimentamos. La relación con lo indígena, el trabajo de campo, se convierte entonces, más que nada, en un proceso de aprendizaje en donde el alumno es el etnólogo, éste un testigo y los conceptos, definiciones y explicaciones privilegiados proceden de las percepciones de los sujetos que se quiere conocer (Harris, 1979)[v] y no del sistema cultural al que pertenece el investigador. El papel del informante ocupa entonces una posición distinta al de simple transmisor o intermediario entre el antropólogo y el grupo que estudia para ocupar una relación más íntima y no exenta de conflictos que requiere, entre otras cosas, revisar las técnicas y concepciones metodológicas basadas excesiva o exclusivamente en la aprehensión de “la objetividad”. Por ejemplo, Sharon (1980) destaca la amistad y el aprendizaje como las relaciones fundamentales que le permitieron realizar su estudio sobre el curandero peruano Eduardo[vi].

Desde la perspectiva del saber, el chamanismo es un camino hacia el conocimiento de uno mismo o autoconocimiento (Castaneda, 1988)[vii], una senda iniciática que intenta despejar la tal vez primera gran pregunta trascendente propiamente humana: ¿quién soy?; y, seguramente la primera gran tentación: ¿quién puedo ser?. El chamán, para responder, mira a su alrededor y entona un canto, una llamada, una invocación que le va a permitir abrirse camino entre las páginas invisibles que guardan la historia de su grupo y los secretos de la naturaleza (visible e invisible) en el que vive. Desde la perspectiva del poder, el generalizado recurso a ciertas plantas, por ejemplo, y a otros utensilios son como instrumentos para el chamán, aliados o intermediarios que muestran y demuestran su fuerza al controlar e interpretar éste los efectos de aquéllas en su cuerpo.

De modo que el cuerpo se convierte para el chamanismo en el campo experimental privilegiado en que poner a prueba su cosmovisión, las utopías posibles. A diferencia del éxtasis místico[viii], el chamánico supera la contemplación y actúa provocando un efecto, la magia y el milagro, que inciden en toda una colectividad de manera activa. El cuerpo es, asimismo, una especie de laboratorio a través del cual se descubre una compleja red de reacciones bioquímicas explicándose a sí mismas (Shulgin, 1997; Rossi, 1997). La antropomorfización de esos intercambios bióticos contribuye seriamente a originar la serie de espíritus, dioses, símbolos, signos, etc. con que poblar y hablar de ese más allá al que el chamán accede.

Pero, primordialmente, el verdadero chamán, aquel que en un principio fue nombrado como tal, ha encontrado todo ese universo en la tradición del grupo con el que étnicamente se identifica y una de sus privilegiadas funciones es relacionarse con los demás como doctor, comunicarse como curandero, uno de los más importantes mecanismos por los que logra hacer palpable y exteriorizar su poder y su saber usando como eje el cuerpo: el propio, el del paciente y el social.

CHAMANISMO Y MEDICINA

En cuanto que un saber/poder sobre la enfermedad, el chamanismo se muestra como un conjunto coherente y avanzado de concepciones sobre el cuerpo humano y su funcionamiento que permiten la aplicación de medidas controladoras para mantenerlo en un determinado tipo de equilibrio cósmico, que incluye y trasciende la adaptación a lo social. Sería imposible en este reducido espacio dar cumplida cuenta de los múltiples detalles a dilucidar cuando consideramos al chamán como curandero, “medecine-man”, etcétera, por lo que aludiremos someramente a algunas cuestiones sobre las que es necesario trabajar.

Las comprobadas curaciones por personas que pueden ser llamadas chamanes y los movimientos espectaculares que a su alrededor algunas generaron y generan (Wasson, 1983; 1992)[ix], empiezan a interesar a doctores y terapeutas que no logran sanar a sus pacientes con el enfoque exclusivamente “científico” o biomédico. Como ejemplo, el conocimiento sobre el uso de “plantas de poder”, enteógenos o alucinógenos que los estudios sobre chamanismo arrojan, son una fuente aún insuficientemente explotada para explicar el fenómeno de la toxicomanía, la drogadicción, y el sentido de lo que se vive en esos estados de intoxicación, éxtasis, conciencia alterada, o como se le quiera llamar, cuya adecuada utilización podría ayudar a no pocas personas atrapadas o adictas a lo que muchos denominan “el mal del siglo”, especialmente peligroso para los jóvenes. Algunas experiencias psicoterapéuticas están empezando a surgir en forma grupal (como los “talleres sobre la experiencia de la muerte”, en los que han participado Fericgla y Jensen) y hay algún que otro centro, como Takiwasi en Perú, dedicado al trabajo integral de rehabilitación de toxicomános a base de plantas y con el asesoramiento de chamanes amazónicos. En el terreno farmacológico cabe destacar los trabajos exahustivos y químicamente rigurosos de Jonathan Ott (1997, 1996), pero no se cuenta aún con una adecuada sistematización de los resultados de estas innovadoras experiencias ni de un seguimiento eficaz que permita evaluar los alcances de las mismas.

Una parte del necesario diálogo entre medicina y chamanismo se ha iniciado a través de algunos interesantes proyectos como las denominadas “clínicas del dolor” (Lawlis, 1989). En ellas, situadas en el estado de Texas (Estados Unidos) se implementan técnicas extraídas de las experiencias y rituales que en otras partes practican los chamanes. El chamanismo se ha incorporado, de esa y otras formas, como un elemento unificador en el contexto de religiones, creencias, sectas y movimientos mesiánicos que crecen y se multiplican en este fin de milenio, sobre todo a la hora de tomar en cuenta los aspectos relacionados con los complejos procesos salud/enfermedad/atención. En cierto modo puede, entonces, considerarse como una especie de eslabón perdido hacia la fuente del primer rito, del origen del mito, en cuanto que es situado como antecesor de cualquier religión o sistema de creencias institucionalizado.

Por otra parte, médico y chamán establecen complejas relaciones. Pueden complementarse (como sucede en algunas comunidades de las “sociedades etnográficas”) pero siempre suelen trabajar con diferentes concepciones de la enfermedad, del mundo y de sus leyes. Podría decirse que uno es el portavoz de la ciencia médica y de su conciencia ética, mientras que el otro es el medium o intermediario entre un espíritu y su conciencia cósmica. ¿Puede un médico (o un antropólogo o cualquier persona) transformarse en chamán?. La posibilidad de acceder al conocimiento chamánico por parte de alguien que proceda de una cultura no chamánica plantea el problema mayor de las relaciones entre grupos humanos, de la validez o construcción de las fronteras culturales y simbólicas y los límites de lo que puede ser aprendido e incorporado de una a otra, una más de las cruciales cuestiones a resolver por una antropología del siglo XXI y sobre la que aún no se tiene convincentes respuestas…

ACTUALIDAD DEL CHAMANISMO: NEOCHAMANISMO

Al hacer hincapié casi exclusivamente en la figura personal del chamán y en su función curativa, el movimiento neochamánico plantea que al ser, en definitiva, el chamanismo un estado alterado de conciencia, un viaje a una realidad aparte, una forma de percepción extrasensorial, creado por la escenificación y el sonido de instrumentos como el tambor, es decir, cierto tipo de experiencia individual, ésta puede ser alcanzada a través de la reproducción y la recreación del ambiente e instrumentos que rodean al chamán. El extremo de esta discutible apropiación cultural y de esa especie de “esencialismo chamánico” lo encontramos en el curso de capacitación chamánica (elaborado, por cierto, por un antropólogo) denominado “Harner Method”, “sistema diseñado para permitirles a los sujetos emprender sus propios viajes chamánicos de adivinación a la realidad no cotidiana, donde obtienen personalmente sabiduría y orientación espiritual directa, en respuesta a las cuestiones más importantes de su vida” (Harner, 1989: 247) que utiliza la tecnología electrónica en sustitución de los instrumentos musicales en vivo porque “el sonido del tambor, escuchado por unos auriculares…tiene la ventaja adicional de no crear las molestias potenciales de los tambores en directo, en las estridentes condiciones urbanas” (op. cit.: 248) intentando con todo ello “poner en práctica la democracia espiritual implícita en el chamanismo” (op. cit.:250)[x].

Sin embargo, más allá de esta descontextualizada y radical aplicación del chamanismo, hay muchos aspectos, métodos e instrumentos del mismo que están siendo rescatados y refuncionalizados por los nuevos enfoques que se presentan al interior de la medicina, la psicología, la ecología y otras disciplinas. Aquí vuelve a aparecer el poco estudiado tema del antropólogo convertido en terapeuta-chamán, como son los casos de Joan Hallifax y sus métodos de curación caminando por la soledad del desierto en California o los trabajos de Holger Kalweit a partir de la aceptación del dolor y de la transformación del sufrimiento (Almendro, 1997). Todos ellos tratan de situarse en una perspectiva transpersonal y multidisciplinaria que justifica la apropiación de técnicas y remedios procedentes de cualquier tradición cultural a la que se pueda acceder, enriqueciendo con ello la interacción pero estableciendo a veces similitudes cuestionables al olvidarse de los contextos en los que cada concepción y cada práctica se inscribe.

En el campo de la medicina, por ejemplo, el cuestionamiento de la “teoría molecular del origen de las enfermedades” y el tratar de superar la dicotomía e independencia entre cuerpo/espíritu como reinos separados, originada desde el pensamiento cartesiano, que, por otro lado, sirvió para permitir la manipulación de los cuerpos al no poder el alma recibir ningún daño por ello (Dossey, 1986)[xi], conduce a la revalorización y utilización de las concepciones y prácticas que sobre salud y enfermedad poseen las sociedades no occidentales, a considerar la espiritualidad como parte fundamental en el proceso de curación, así como a una novedosa epistemología que subraya la importancia de que “el médico moderno, al igual que el chamán, pueda comenzar a explorar nuevamente su vida interior como parte de su formación, y con el mismo rigor con que aprende anatomía, fisiología y bioquímica” (Dossey, 1989: 141).

En el terreno de la psicología y psiquiatría, una larga experiencia de más de dos décadas en el estudio de estados alterados de conciencia inducidos por drogas como el LSD se recupera en la denominada terapia holotrópica u holonómica, técnica desarrolada en los últimos diez años, que llega a los mismos resultados prescindiendo de sustancias psicotrópicas y utilizando métodos como la respiración controlada, la música evocativa, el trabajo corporal, los dibujos de mandalas y otros enfoques procedentes del chamanismo y de tradiciones no occidentales. El objetivo perseguido en estas técnicas es el de “facilitar la autocuración del paciente, ayudándole a adquirir conciencia y a reintegrar los elementos fragmentados del complejo mente-cuerpo” (Groff, 1989: 223) a través de un viaje mental de muerte y renacimiento que tiene bastante semejanza con los procesos rituales e iniciáticos chamánicos.

Uno de los factores que han propiciado esta conjunción deriva de las experiencias psicodélicas de los años 60, en las que antropólogos y viajeros de todo tipo tomaron contacto con sociedades étnicas de tradición chamánica que emplean usualmente plantas con un alto contenido de alcaloides. Al respecto, en un pionero volumen que recoge experiencias de primera mano a cargo de científicos sociales con diversos grupos y sustancias, Harner (1976: 6) considera que “una de las razones más importantes por las que los antropólogos no dieron la debida importancia a las sustancias alucinógenas en el chamanismo y las experiencias religiosas, es porque muchos de ellos no habían tomado ninguno de los ingredientes indígenas de efectos psíquicos (aparte del peyote), no habían vivido las experiencias subjetivas que producen aquéllas y que tan definitivas son, tal vez paradójicamente, para la comprensión empírica del significado que tienen para los pueblos que estudiaban”. Estas plantas y mezclas, que otros autores prefieren denominar “enteogénos” (Fericgla, 1999)[xii], provocan variadas reacciones y efectos psicomentales, erróneamente agrupados bajo el término “alucinaciones”, que, debidamente codificadas e interpretadas, constituyen buena parte de los imaginarios y de las representaciones con las que el chamán expresa su cosmovisión y conecta con sus espíritus o animales auxiliares (como el caso del jaguar, presente en muchos grupos amazónicos, descrito por Reichel-Dolmatoff, (1978).

Este es seguramente el lado del neochamanismo que más se ha popularizado y que en mucho ha contribuido a crear una imagen desfigurada del chamán o curandero nativo al no tomar en cuenta que sus capacidades y sus funciones están prioritariamente inmersos en una compleja red de relaciones sociales entre los otros sujetos y elementos del grupo al que se adscribe. Algo parecido sucede con la noción de “estado alterado o modificado de conciencia” (o de embriaguez o borrachera divina de la que habla De Felice (1975) desde el que se supone que actúa el chamán, lo que, según nuestra experiencia etnográfica no es siempre así (Porras, 1997)[xiii]. Sin embargo, no faltan algunos estudios más serios y ambiciosos como el ya clásico de Furst (1980) o el experimental, multidisciplinario e innovador de Fericgla (1997) que incluye la aplicaciónn de electroencefalogramas a indígenas shuar para registrar los cambios que a ese nivel suceden bajo el efecto de la ayahuasca, Banisteriopsis Caapi, una de las plantas chamánicas más estudiadas por los antropólogos y también por doctores (Zuluaga, 1999, para el caso del alto Amazonas colombiano).

Uno de los principales factores que también ha contribuido en la aparición del “neochamanismo” ha sido la crisis en la que han entrado los modelos explicativos científicos dominantes, la insuficiencia de las explicaciones clásicas y la búsqueda y aportaciones de las nuevas concepciones que parten de los postulados de la física relativista y de la mecánica cuántica sistematizando en una visión integral los novedosos descubrimientos sobre la constitución, el funcionamiento y las relaciones entre espíritu, mente y materia, etcétera. Estas concepciones son muy semejantes a las que presentan los sistemas chamánicos y sus principales elementos pueden resumirse en los siguientes postulados:

1) Interconexión entre todos los niveles de realidad de modo que lo que le ocurra a un individuo afecta a los demás, desde el nivel físico al espiritual;

2) Lo percibido por los sentidos es una localización de pautas más amplias de energía;

3) Tanto lo que puede ser medido y comprobado como lo imperceptible son aspectos que influyen en la enfermedad;

4) La conciencia se encuentra en todas partes o “todo tiene vida”;

5) El universo es sagrado, tiene propósito y significado (Mehl, 1989: 180).

Otro de los aspectos constantes y sobresalientes abordados por los defensores del “neochamanismo” se refiere al crecimiento personal y las autotransformaciones que se derivan de la iniciación y la práctica chamánicas. En ese sentido, se pueden establecer correspondencias y similitudes entre los cambios experimentados por la práctica de disciplinas recomendadas por algunas religiones o sistemas de desarrollo personal, como son la oración, el ayuno, el ejercicio, el canto, la meditación, el silencio, la contemplación, etc. y las técnicas empleadas por los chamanes para la obtención y manifestación de sus poderes. Una de las propuestas interesantes se refiere a considerar las narraciones chamánicas, los cantos ceremoniales (muchos de ellos recibidos de los espíritus protectores o guías en los momentos de trance, denominados “ícaros” por varios de los grupos selváticos de Perú y Ecuador) o canciones como historias o relatos de poder (Castaneda, 1976) que pueden servir de guías para elaborar nuestras propias “construcciones verbales conscientes basadas en experiencias numinosas ajenas a la realidad consensual cotidiana, que orienten a los individuos y les ayuden a integrar los aspectos espirituales, míticos o arquetípicos de su experiencia interna y externa, de un modo único, significativo y gratificante” (Kremer, 1989: 262). El antiguo tema del poder de la palabra y su uso ritual se encuentra completamente vivo y actuando tanto en los mitos que conforman el chamanismo como en los del neochamanismo, haciendo palpable lo de que, en definitiva, “somos sílabas” (Calasso, 1999)[xiv].

Pensamos que lo riesgoso de un movimiento como el neochamánico se encuentra en la laxa utilización de un mismo término para referirse a fenómenos, circunstancias y enfoques muy diferentes entre sí que, en todo caso, tienen en común el ser exóticos o poco usuales para la cultura occidental dominante. Con ello se pierde significación a la vez que se desvirtúan y se descontextualizan el conjunto de prácticas y concepciones que, bajo el nombre de chamanismo, forman parte constitutiva y explicativa de muchas culturas étnicas distribuidas a lo largo del planeta, son exclusividad de tales grupos y fundamentan su identidad y su derecho a existir diferenciadamente. Posiblemente, lo positivo de ese neologismo sea la ya mencionada apertura del diálogo entre los aspectos más espirituales y profundos de las distintas culturas humanas y el reconocimiento de los valores y aportaciones de los grupos minoritarios comúnmente marginados y considerados inferiores, “pre-históricos”, “pre-lógicos”, “pre-científicos”, etcétera (Lévy-Bruhl, 1985)[xv]. En todo caso, esas inquietudes debieran de servir para avanzar en el conocimiento de las distintas etnias y potenciar un acercamiento a las mismas con nuevos y audaces enfoques, metodologías y actitudes de respeto y revalorización que permitan su reproducción y sobrevivencia.

ALGUNOS ELEMENTOS DEL CHAMANISMO HUICHOL[xvi].

En México, entre los aproximadamente 30 mil huicholes que habitan mayoritariamente en el estado de Nayarit (10,976, según el Censo General de Población del año 2000) y, en menor proporción, en los de Jalisco (16,932), Durango (1,435) y Zacatecas, encontramos operando con toda su intensidad y complejidad un sistema chamánico que contiene los rasgos más importantes y comunes a otros grupos en donde el chamanismo está presente. El hecho de que los huicholes se designen a sí mismos como “doctores”, según la interpretación que del término wixárika (con la que ellos se autonombran como grupo) hizo Lumholtz (1986:21)[xvii], indica la importancia que adquieren las cuestiones relacionadas con la religión, el ritual y la salud, si bien ésta no se refiere exclusivamente al cuerpo. El mara´akame, como se le llama al chamán huichol, no se dedica exclusivamente a curar a la gente sino que tiene otras funciones, en algunos casos más importantes, como la de ser guía espiritual del grupo, depositario de la memoria histórica y mítica, sacerdote o “funcionario” religioso y, en ocasiones, incluso llega a ocupar alguno de los cargos civiles tradicionales y actúa como autoridad representativa dentro del complejo sistema de cargos que organiza la vida sociocultural de las comunidades y poblaciones huicholas.

Ganar y perder poder

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 22/07/2005 11:41

Ganar… Perder… Poder…
Confusión…

Algunos hasta habrán confeccionado una tabla de ejercicios de
poder… “éste me dará +5 de poder, este otro +10 si consigo
encadenarlo al primero”… y su contrapartida “qué mierda! por hacer
esto otro acabo de perder todos los puntos”; como si de un concurso
se tratara…
no perdemos nada sólo la paciencia… las ganas de mirar…

Suponemos que ciertos actos nos harán ganar o perder algo… que en
el futuro conseguiremos no se qué cosa… como si pudiéramos ser
propietarios de la Luz, del Espíritu, de lo Sagrado…
lo único que podemos es conectar, sentir con los medios a nuestro
alcance… y después reconocer que seguimos siendo los mismos, que
lo único por hacer es volver a conectar, a sentir, …
de lo que se trata es de sentir al Espíritu… de buscar esos actos
que al ser llevados a cabo nos conectan con El… no ganamos o
perdemos (como si al ganar 50000 pts. nos dieran un bono de
descuento para captar al Espíritu)… simplemente conectamos o no

olvidémonos de que algún día seremos dueños de lo Otro y que después
de 50000 no-haceres lo que es, dejará de ser… lo único que estará
en nuestras manos será el abrir los ojos, prestar atención,…

la repetición errónea de algo será tan errónea al principio como al
final… lo único que habrá que hacer es remediar el error, el
enredo… no se crea la Luz… sólo la miramos…

Aqui o alli… usando estos vehículos o aquellos otros, que nos
señalan, nos ayudan a vislumbrar, consolidan el sentir… en un
instante vemos Luz y al instante siguiente no… no es problema de
la Luz… simplemente no miramos… se trata de mirar la Luz allí
donde esté… no verás en el futuro mejores cosas… solo verás
diferentes cosas…

Abramos los ojos… aunque al principio usemos gafas…
Veamos ésto y aquello… movámonos por el Mundo del Espíritu…
Descubramos el rostro que nos manifiesta… y olvidémonos de
acumular para que en un futuro lejano todo sea diferente…

Es lo mismo… pero no es lo mismo…
“El Largo recorrido de la Iluminación Instantánea”

Symbolos
Revista Symbolos

http://www.geocities.com/symbolos/

America Indigena (Simbolismo de la Tradición Precolombina)

http://www.geocities.com/Athens/Atrium/9449/index.htm#arts1

Un encuentro con el chamanismo incaico

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 25/08/2005 1:34


    Entrevista con el antropólogo chileno Peter Wild:
    Un encuentro con el chamanismo incaico

        Peter Wild es un joven antropólogo chileno que durante los años 2001–2002 realizó una investigación sobre el chamanismo incaico. Este estudio –que comenzó de manera académica– lo llevó a involucrarse en el intrincado mundo mágico de los antiguos Amautas, transformando sus visiones cotidianas y desarmando en forma paulatina su antiguo sistema de creencias. El encuentro de Wild con esta forma de conocimiento, es descrita por él en el libro “Sabiduría Chamánica del Sentimiento. El estar siendo-ocurriendo”, publicado por la Editorial Cuatro Vientos a finales de 2002. Se presenta a continuación el diálogo sostenido con Alejandro Abufom, aparecido en la Revista Uno Mismo Nº 158, Febrero 2003, y cedido para www.visionchamanica.com

El Chamán José Illescas

¿Cuáles fueron los objetivos iniciales de tu investigación sobre el chamanismo inca?

El objetivo de mi investigación estuvo orientado a descubrir, para poder describir, la visión de mundo de José Illescas, visto como depositario y especialista de una forma de conocimiento prehispánica correspondiente a la cultura Inca. De acuerdo a mis supuestos teóricos sólo me sería posible descubrir su concepción de mundo en la medida en que, a partir de su voluntad y la mía, pudiésemos construir un “mundo en común”.

    Si bien pertenecemos a “mundos” diferentes era posible establecer, a partir de  nuestra relación, canales de comunicación que me permitieran interpretar su concepción de realidad a partir de mis propios supuestos y representaciones. Mi intención estaba puesta en poder aproximarme a él a partir de sus propias interpretaciones y como miembro de un determinado contexto cultural.

    ¿De que manera lo realizaste? ¿Cuánto duró esta investigación?

    En una primera etapa, el trabajo con José lo realicé sobre la base de lo que en antropología se denomina “observación participante”. Esta técnica exige al investigador vivir una especie de esquizofrenia disciplinada ya que debes ser observador –en este caso de José– y participante a la vez de su propuesta, vale decir, exige mantener un criterio de “objetividad”.
    Sin embargo para José, que yo accediera a su visión de mundo sólo era posible en la medida en que fuese capaz de comprometer no sólo mi intelecto y mi buena disposición, sino que por sobre todo, mi propio cuerpo y mi tiempo. De lo contrario, mi posibilidad de comprender lo que yo llamaba su visión de mundo quedaba sólo en el nivel teórico, vale decir, en el mundo incierto de las ideas.
    La Realidad no es una abstracción –me dijo en una ocasión–: mientras tú estás pensando en ella, ella simplemente Está ahí, por lo que sólo podrás entrar en “mi mundo” en la medida que estés en él y eso se logra con el Sentimiento, no con el intelecto.
    El chamanismo se sustenta en su pragmatismo, ya que es la experiencia la que pone a prueba nuestras ideas y creencias. Así fue como poco a poco el supuesto observador neutral se fue fundiendo en lo observado para hacerse participación y auto-observación. Este proceso duró cerca de dos años.

    En tu libro hablas de las técnicas del arte del vuelo chamánico. ¿Cuáles son ellas?

    En lo que se refiere a las técnicas utilizadas en el aprendizaje, el trabajo se sustenta en los ejercicios de visualizaciones mentales con colores que José me fue entregando sobre la base de la Whipala, que corresponde al código ancestral de la cultura de Tiahuanaco, cultura madre del mundo Inca. Esto acompañado de constantes dietas, ayunos, frecuencias respiratorias, uso del tambor. En una etapa muy puntual y luego de un largo e intenso trabajo con la Whipala, utilicé la Datura stramonium solanácea que en las hojas y especialmente en las semillas contiene un alcaloide activo, la daturina.

    ¿Fue una experiencia solamente de “investigación antropológica”? Yo supongo que partió siendo eso y luego te involucraste de otra manera …

    Si bien se podría decir que ya había cumplido con mi propósito de aproximarme y conocer su particular forma de ver la realidad, existía en mí un sentimiento indescriptible que me decía que no tenía otra opción que la de continuar el proceso en el que me hallaba imbuido. No era por él, por el contrario, tenía completa claridad en el hecho de que para José no modificaba nada el que yo lo llamara o desapareciera de su vida.
    Sin embargo, por otra parte, existía también en mí el sentimiento de querer desaparecer, incluso me hallaba viendo la posibilidad de viajar al corto plazo fuera del país. Me aterrorizaba la idea de volver al ritmo de trabajo sostenido durante meses, que en la práctica me había transformado en un neófito dedicado al estudio y a la práctica de su propuesta. El trabajar junto a él me significaba estar sometido a un cambio constante en donde la claridad mental como llegaba se marchaba, dejándome envuelto en densos procesos emocionales que empapaban todas las dimensiones de mi vida.
    Visto con perspectiva, el trabajo realizado con José ha sido para mí una exigencia, en el sentido de no poder negar la necesidad interior existente en todo ser humano que grita por ser escuchada, por florecer.

    Los chamanes son llamados también “curanderos”, ¿era José Illescas un médico andino?

    Sí, pero a diferencia de como podemos entender el chamanismo en general, el Médico Andino no cura enfermedades, tan solo las interpreta actuando como un servidor de la Naturaleza, pues la Naturaleza es el gran y auténtico médico y el hombre por ser parte de la Naturaleza lleva a este médico dentro de su naturaleza humana.
    La respuesta que se plantea se funda en la concepción de que el ser humano es un elemento que forma parte de un Todo, y dentro de tal Todo, también es un elemento que forma parte de la Naturaleza. Sin excluir el contexto social, la identidad psíquica y todos los factores que se interrelacionan e interactúan con el ser humano, se propone que el ser enfermo “se reintegre” con su ser al Ser de la Naturaleza.
    La propuesta concibe al enfermo, a la enfermedad y a la medicina como una unidad donde cada factor se explica por los otros y por sí mismo. Se propone que sea el propio enfermo quien “se cure a sí mismo”, siguiendo un programa de retorno a la correspondencia biunívoca de su pequeño SER con el gran SER de la Naturaleza.
    El programa de recuperación concibe a las medicinas como los alimentos del enfermo, los cuales van depurando al organismo permitiendo transmutar el estado de enfermedad en estado de salud. En el desarrollo del programa se incluye el uso de las medicinas a intervalos como: infusiones, cocimientos, diluciones homeopáticas, el uso del agua, del aire y del oxígeno a través de una respiración que a su vez alimenta y depura. Todo el programa se orienta a crear “un nuevo ser”, un terreno biológico y fisiológico donde el agente patógeno no pueda vivir. No trata de eliminar directamente el virus y/o cualquier bacteria, sino de construir un “protoplasma sano” “destruyendo” un “protoplasma enfermo” donde si puede “nacer”, desarrollarse y reproducir el virus y/o cualquier bacteria.
    En este sentido se entiende, que cuando se refiere a la necesidad del uso disciplinado de algunas hierbas, no lo hace predicando las virtudes de panacea de éstas. Las hierbas en el programa vienen a ser sólo un factor, no lo son todo. El proceso de recuperación biológica que plantea es una concepción integral, teórica y práctica, donde cada elemento que la constituye es sólo un factor. El más importante factor es el enfermo y éste es y será el único sujeto protagónico. La propuesta ofrece un camino y andar en él, es duro, más tiene su compensación: La Salud.

    ¿Tu investigación pasó necesariamente por una “curación” individual?

    Así es. Cuando se inicia un trabajo sistemático consigo mismo es cuando realmente se ve la magnitud de la enfermedad; entrar en uno exige primero que nada mirarse tal cual uno es, sin justificaciones, sin acomodos, es en definitiva aceptarse. Este simple y a la vez difícil acto es el que va permitiendo la regeneración, la revitalización de nuestras energías. Este proceso es parte de la vida en sí, lo que nos indica que no acaba jamás, no se detiene, no tiene fin. En el momento en que crees que ya lo has logrado, es el instante en que te descuidas y pierdes el equilibrio que conocemos como salud.

    Tuviste contacto directo con un caudal de sabiduría ancestral, con toda una visión de mundo. ¿Cuáles son las características fundamentales de esta cosmovisión andina?

    La visión del mundo andino se sustenta en el Sentimiento de Estar, en una Realidad indivisible que no exige ni contiene en sí valor de verdad. Responde a las preguntas filosóficas: ¿de dónde venimos?, de ninguna parte porque siempre hemos estado aquí; ¿quiénes somos?, la Realidad misma expresada en su individualidad y ¿para dónde vamos?, hacia ninguna parte porque la Realidad fue, es y será.
    Los Amautas no concibieron la realidad por sentirse parte de ella sino que, por ser la Realidad misma, llegaron a “aprehender” que la realidad es Una e integral como Totalidad, donde todo está unido a todo, donde todo es inseparable, donde todo, absolutamente todo, se interpenetra, se intercepta, se recombina de un modo idéntico, equilibrado, complementario y consensual de manera subyacente y de fondo, pese a las diferencias de cada ser de la realidad, que en su individualidad es Todo, así como el Todo es Uno.
    Llegaron a tal “aprehensión” o saber por “vivencia” en su estar siendo-ocurriendo siempre de un hacer-sabiendo o viceversa “sintiéndose” la realidad misma. De esta manera por vivir en Unidad con la Naturaleza y el Cosmos se llegó a una expresión de lo Humano que logró en su finitud–infinitud, en su inmanencia–trascendencia vivir plenamente la existencia.
    El hombre se concebía y al mismo tiempo vivía en unidad con la naturaleza y el cosmos. Todo lo que existe se concebía y se respetaba como Es, unido al Todo existente. El ser humano no se sentía, no se pensaba, no se intuía, no se imaginaba, no se percibía, no se soñaba, no se sensoriaba fuera de la realidad sino que, por el contrario, se apreciaba parte de la Realidad misma. Ser humano y Realidad era una sola entidad, y en esta entidad el hombre percibía su identidad de estar incluido, de estar dentro de la Realidad misma. Todo está atado o vinculado a Todo. El hombre no se consideraba extraño o al margen de la Realidad misma. La Realidad era la “Pacha” y todo era Realidad, no había lugar a existencias no reales, ni a “concretidades” abstractas.
    Para el Sabio Andino, en el Cosmos o Pacha todo tiene su lugar: así era, así es y así será, no hay jerarquía en la Pacha, cada elemento existe por y para sí, por y para todo.
    El hombre originario de Abya–yala (América) no consideraba la existencia de seres superiores e inferiores; cualquier expresión era viva y no muerta. Cada elemento en su diferencia era semejante a otro; este otro, a su vez, en su semejanza era diferente. Cada elemento como concentralidad de Todo en su Uno se asemejaba en su concentralidad de Todo a Todo y se diferenciaba en el volumen, cantidad o “velocidad” de condensación vibracional del Todo en su individualidad.
    Por lo mismo, como todo era una realidad de semejantes-diferentes, por la semejanza ninguno de los seres de la Pacha podía presumir u optar por un hegemonismo de sí sobre los demás. El ser humano originario del mundo andino no llegó a considerarse antropocéntricamente como el factor principal de la Realidad, ni mucho menos se extrañó a la Realidad misma, sino que se consideró parte de una realidad viva en todas y cada una de sus dimensiones.
    Es importante que entiendas –me dijo José en una ocasión– que la “Realidad” no es algo que está fuera del ser humano. La “Realidad” llega a lo humano y a su vez el humano se da en la “Realidad”. Nada se encuentra fuera de la Realidad.
    La medida para el hombre del mundo andino siempre fue la Unidad.

    El método de aprendizaje fue experiencial, directo y de maestro a discípulo, ¿Cómo describirías este tipo de aprendizaje que tuviste?

    Si bien el trabajo lo realizas tu mismo, el “maestro” actúa como un representante vivo de la propuesta de aprendizaje. El sentirlo, el verlo actuar, da la fuerza necesaria para creer posible lo que dentro de los parámetros ordinarios es visto como una ilusión, así como a su vez, permite que la normalidad de nuestro “mundo real” se desvanezca como una simple ilusión.

    Pienso que ha llegado la hora de masificar estos conocimientos, si es que se puede, claro. ¿Es reproducible este método de aprendizaje a grupos más masivos?

    Claro que estos conocimientos se pueden entregar y de seguro harán sentido en algunos y en otros no. Sin embargo, no se puede dejar de observar que la realidad social demuestra que los sistemas de creencias organizados tienden a terminar como grupos de rebaños, en donde los miembros que los componen se someten a una autoridad sin nunca experienciar la propuesta, quedando presos del marco conceptual que la sustenta. Este es un riesgo inevitable desde el momento en que se masifica un cuerpo de conocimiento. Es más fácil que nos digan por donde ir que descubrir el camino.
    Estos conocimientos tienen sentido solo dentro de quien tiene como propósito terminar con la dicotomía para dar paso al sentimiento de Unidad.

    En tu libro hablas de la “autovalencia”, ¿puedes explicar este concepto?

    La Autovalencia es la capacidad de todo hombre de acceder a su potencialidad humana y ser un Individuo, no es un sistema de creencias al cual las personas puedan adherirse como si fuera una ideología. El propósito es que cada ser humano logre en sí mismo el equilibrio de la Unidad. Es un trabajo hacía adentro, con uno mismo en donde el método es sencillamente lo que su nombre indica y no un objetivo en sí mismo. El objetivo no es alcanzar la perfección, ya que, ella solo existe en nuestra mente al igual que la iluminación y todas aquellas idealizaciones que construimos a partir de las proyecciones que hacemos de nosotros mismos.
    En el camino que yo he iniciado, es el propio individuo el que define sus posibilidades a partir de su intención y su disposición. La metodología entrega una serie de técnicas que permiten al aspirante ir abriéndose paso en lo desconocido que habita en todo ser humano.
    El guía es uno mismo, los demás son personas que nos ayudan a recordar quienes somos. Si por un instante dejáramos de escondernos de nuestros miedos y angustias nos daríamos cuenta que sabemos perfectamente qué es lo que queremos y cómo lograrlo. La confusión solo existe en nuestra mente.

    Este chamán provenía de la tradición inca, de los antiguos amautas andinos, que trabajaban con el código descrito como Whipala, representación –¡sorprendente para mí!– de la realidad. ¿Puedes explicar en que consiste?
 
[  En Tiahuanaco, se encuentra en dos bajorrelieves grabados en piedra el código de K´anta-Tayita, del cual se desprende y desenvuelve la Whipala.

    Cada color de la Whipala tiene su propio significado y corresponde a diferentes niveles vibracionales. Los colores representan la realidad perceptible por el ser humano, vale decir, lo que conoce y lo que puede llegar a conocer. El negro representa la Totalidad, es decir, aquella dimensión desconocida e incognoscible desde la cual emerge la luz-color-vida. ]

    Representa a cualquier “ser” y/o a toda la Realidad, por lo que en el nivel del planeta representa a la Tierra, en el nivel de lo humano representa lo Humano, como específico, natural y cósmico, en el nivel planetario o cósmico representa el accionar del conjunto del Sistema Planetario Solar. Es decir, es una representación de la Pacha o Realidad en su conjunto y/o cualquiera de sus “elementos”, sin que éstos sean autónomos y diferentes en sí sino “parte” que se diluye y confunde en la realidad misma del Todo, de manera que el Todo es una Unidad y que cada “elemento” es a su vez un todo que concentra y desconcentra el Todo. Expresa la complementación y el equilibrio de los opuestos que constituyen la Unidad o Totalidad.

    Los colores corresponden a diferentes frecuencias vibracionales y representan la realidad perceptible por el ser humano, vale decir, lo que se conoce y lo que se puede llegar a conocer. El negro representa la Totalidad, es decir, aquella dimensión desconocida e incognoscible desde la cual emerge la luz-color-vida.

    ¿Esta cosmogonía de la tradición inca, se contrapone, supera o complementa nuestro paradigma racional/cartesiano/cristiano?

    Todo acto humano emerge de una intención. El conocer la naturaleza de lo que somos y de lo que nos rodea considera implícitamente un porqué. El paradigma cartesiano nos habla de un hombre que se siente fuera de la realidad. Fundamenta su identidad en la dicotomía de la separatividad, en el pensamiento y su linealidad lógica-causal. De esta manera categoriza, determina, manipula y controla la vida de las personas, se nutre del poder.
    La cosmogonía andina, se fundamenta en la Unidad de la existencia y su propósito es la armonía, la integridad, la libertad y el reconocimiento de la identidad cósmica del ser humano y de cualquier ser.

    ¿En lo más íntimo y en tu vida cotidiana, has podido integrar estas enseñanzas de José Illescas? Esto me parece fundamental, porque existe mucha literatura del tipo “Castaneda” que, en mi opinión, es imposible de llevar a la práctica para personas comunes y corrientes.

    En ningún momento de mi aprendizaje intenté ser lo que no soy, vale decir, nunca fue mi propósito ser chamán o el nombre que quieras ponerle. Todos los seres humanos somos comunes y corrientes y a la vez mágicos e infinitos, lo que indica que cualquier individuo que se proponga tomar las riendas de su vida puede tener la certeza de que la vida hará lo que hace falta para complementar su propósito. La metodología de la autovalencia es practicable por cualquier persona y se constata en la concordancia entre lo que se dice y se hace. Los grandes ideales de un hombre se constatan en las acciones simples de la vida diaria.

    Una frase repetida en tu relato es la “sabiduría del sentimiento”, ¿es esto una manera diferente de conocer y aprender?

    Partimos de la base que el ser humano es en su individualidad expresión de la Totalidad. Esto nos indica que en la medida en que nos abrimos paso dentro de nosotros mismos, nos aproximamos a nuestra dimensión cósmica.
    El conocer, entendido dentro del contexto de la cultura occidental, nos indica una epistemología sustentada en la dicotomía sujeto/objeto en donde el hombre se concibe a sí mismo como un receptor de información proveniente de lo externo. Efectivamente, cuando nos aproximamos a la realidad a partir del condicionamiento que damos a nuestros cinco sentidos, estamos siendo receptores de información fragmentada que necesariamente debe ser restringida; como su nombre lo indica, es un cono. Para el Amauta andino, el Sentimiento define la condición Ser, ya que, en el sentir se constata la existencia presente, que es la única que “tenemos” y en la cual confluye todo lo que hemos sido. Como sujeto puedo dudar de la concordancia de mis pensamientos con la realidad o dudar de determinada concepción de realidad pero no puedo dudar de lo que siento.
    Para decirlo de algún modo, cuando el Amauta en periodos de sequías hace llover, no lo logra porque converse con las nubes o porque se traslade a algún lugar lejano en busca de ellas; esto sería reproducir el paradigma occidental que nos dice que la realidad es algo que se encuentra allá afuera. Si lo logra es porque el sabio andino se sabe la nube, así como cualquier individualidad de la realidad, porque él se siente la nube, se siente el viento. Estamos hablando del sentimiento no del pensamiento. No es un creerse, es un saberse, no hay división, no hay tiempo.
    Te darás cuenta que para vivir esto como una realidad en sí mismo, se hace la exigencia de realizar un trabajo que en definitiva no es llegar a ser, por el contrario, es un dejar de ser todo aquello que uno cree que es, para de esta manera reencontrarse con lo que uno siempre ha sido, la Totalidad. El Inca significa “el que no Es”, pues el que se define excluye, separa. El que se dice evolucionado, iluminado, hermoso, inteligente está creando dicotomía, opuestos, polaridades cuando en “realidad” solo se accede a la Totalidad en la unidad. El objetivo aquí no es definir la Totalidad, el propósito es limpiarse, desapegarse amorosamente de todo aquello que sentimos tan propio y que en definitiva nos limita e impide la manifestación de lo desconocido.

    Este chamán trabajaba con estados alterados de conciencia, con plantas alucinógenas y todo eso?

    Para José la “ingesta” corresponde al consumo de plantas medicinales que pertenecen a las especies que contienen como principio activo, sustancias alucinógenas. Desde su perspectiva, el consumo de tales plantas alucinógenas por parte de personas no instruidas en el conocimiento del arte de la “ingesta” no tiene ninguna utilidad, más bien corresponde a lo que él define como una simple “volada”, en donde el sujeto asume una actitud pasiva desde la cual no puede actuar ni significar la experiencia.
    El hombre común cuando consume plantas no puede más que entregarse a sus vicios y no hace más que salir corriendo o tirarse al suelo entregándose al sueño y al cansancio. El hombre de sabiduría encara lo que se presenta y es dueño de los controles que lo conducen en su vuelo. Su actitud es templada y amable.
    La metodología de José se sustenta en la autoingesta, que corresponde a la capacidad del ser humano de alcanzar estados no ordinarios de conciencia sin la utilización de plantas medicinales, o mal llamadas alucinógenas, sino que a través de técnicas de respiración, visualizaciones mentales, dietas en la alimentación, sonidos de percusión y un conjunto de disposiciones que el sujeto debe adoptar en la forma de relacionarse con el mundo y la totalidad. El mundo, se refiere al espacio en el cual nos desenvolvemos como seres humanos que habitamos esta Tierra; en este contexto José plantea que el aspirante debe tomar conciencia de lo que respira, lo que toma, lo que come y en cómo se relaciona con los otros seres, ya sean humanos, animales o vegetales.
    La Totalidad se refiere a cómo se ubica el hombre con respecto a su dimensión natural y cósmica.

    Tu podrías decir que lograste una cierta libertad respecto de tu “paradigma de origen”? ¿Qué valor le asignas a este hecho?

    Efectivamente, y no porque sienta que haya llegado a algún lugar o porque haya alcanzado algún grado de esos que se suelen repartir. Sencillamente, vivo bajo la convicción de que no hay a donde ir; no existe mejor momento ni mejor lugar que en el que uno se encuentra y, es sencillamente la capacidad de leer ese instante lo que da la libertad de transformar la vida en un desafío constante de apertura e integración al contexto, cada vez más amplio, del cual uno es parte. Atisbar la propia muerte permite dimensionar la existencia y constatar que el ser humano se desenvuelve en múltiples modalidades de existencia en donde vida y muerte son dimensiones de un mismo hecho que es existir.
 
  El valor es asumir que la libertad se construye en lo cotidiano, en cómo y desde a dónde te relacionas con la vida en el día a día. 

Textos de Serge Kahili King

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 16/08/2005 4:35

Chamanismo moderno

Traducción: Eugenia Lerner

“Usted se ve más moderno de lo que pensé que sería,” dijo el visitante mientras nos sentábamos en mi confortable living, con vista al océano que rodea la isla de Kaua’i. Él dió un vistazo a mi televisor de pantalla grande, al videograbador, y a un cuadro en la pared de Roy Tabora, en el que hay una pintura del mar de Hawai en el que se refleja la luna. Claramente yo no encajaba en su modelo de lo que se supone debe parecer un chamán.

Su comentario fue el típico de muchos visitantes que tienen la expectativa -quizás incluso la esperanza- de verme vistiendo algún tipo de túnica o sarong y viviendo en primitiva simplicidad en una cueva o un bosque, alejado de las amenidades de la civilización. La idea general es que ese tipo de escena me haría de algún modo más auténtico. Hasta he considerado encontrar semejante lugar y hacerme confeccionar una falda y una capa de hojas de ti, y darles a todos mis visitantes un buen show, que encajaría cómodamente con sus preconceptos. El chamanismo, sin embargo, no se limita a un lugar en particular, a un estilo de vestimenta o al ambiente cultural. Es una manera de pensar y actuar que desafía las fronteras y limitaciones de todo tipo, y que sin embargo las usa cuando son convenientes para algún propósito.

En los antiguos y remotos días el chamán -que era un sanador de mente, cuerpo y circunstancias- vivía justo en medio de la villa o de la vida tribal. El o ella también podían ser sacerdotes/sacerdotisas o jefes/jefas si no había nadie más que pudiera cumplir esos roles, pero su rol principal siempre fue el de sanador. El chamán tomaba parte en el trabajo, el juego y las actividades culturales del pueblo y a menudo las usaba para propósitos curativos, especialmente las actividades culturales artísticas, canción, baile y ritual. En algunas culturas el chamán vestía ropajes distintivos y sólo participaba de ciertas actividades, mientras que en otras era imposible reconocerlo/a del resto, salvo que uno fuera familiar, amigo o conocido. Cuando se requerían los servicios del chamán siempre había una compensación apropiada en bienes o servicios de algún tipo, según la estructura económica local. Antiguamente en Hawai, por ejemplo, aquellos que hacían uso de las habilidades sanadoras del chamán podían darle frutas y verduras a cambio, ganado, herramientas, mantas y/o vestimenta. O bien podían ofrecerle sus servicios de pesca, agricultura, artesanía o limpieza durante un cierto período. El punto importante es que el chamán formaba parte de la comunidad y compartía su vida y esperanzas, sus sueños y proximidad. El aislamiento del chamán de la comunidad ocurrió sólo en tiempos de represión religiosa o política, e incluso entonces, hubo siempre conexión con algunos miembros de la comunidad.

Ahora el chamanismo está experimentando un resurgimiento de interés y libertad. Ahora el chamán está regresando a la comunidad adonde el/ella pertenecen de una manera viable, vital, visible. Hoy en día no es necesariamente más fácil, pero es sumamente importante que los nuevos chamanes, que están recordando y reviviendo las antiguas habilidades, formen parte totalmente de la sociedad actual, que lleguen a ser chamanes modernos en todo el sentido de la palabra.

Un chamán moderno (o chamán “urbano”, como yo suelo decir) usa el conocimiento antiguo en el contexto presente de nuestro ambiente social y cultural. Yo frecuentemente les digo a mis aprendices que cualquiera puede ser un chamán en los bosques (en donde no hay ninguna persona que se interponga en el camino); la tarea dura es ser un chamán en la ciudad. Y sin embargo el chamán pertenece allí donde las personas están. Eso no significa que el chamán moderno deba vivir en el centro de la ciudad o en un barrio atestado, o en un suburbio cuya población esté en rápido crecimiento, pero sí significa que él o ella se integren con y sean accesible a aquellos que son los que serán ayudados. La dura tarea de ser un chamán moderno se hace más dura por el hecho de que el chamanismo ha empezado a resurgir sólo recientemente, y no tiene una base fuerte de apoyo en la cultura de hoy. En ausencia de tal apoyo, los chamanes necesitan ayudarse unos a otros. El éxito de los chamanes modernos, dependerá entonces, de la adaptabilidad, integración, y cooperación.

El conocimiento del chamán tiene que ver con la conciencia de, y la habilidad para dirigir los poderes de la mente y las fuerzas de la naturaleza. Adaptar la sabiduría antigua a la sociedad moderna es un proceso bastante simple porque los seres humanos todavía tienen los mismos deseos de salud, prosperidad y felicidad, y las mismas emociones de amor, enojo y miedo. Y la Naturaleza todavía tiene los mismos elementos básicos de (para usar la versión Hawaiana) Fuego, Agua, Viento y Piedra. El trabajo de sanación del chamán todavía es, como siempre ha sido, el de cambiar las creencias y expectativas, para cambiar la experiencia. La sabiduría y su aplicación son las mismas, sólo el contexto es diferente. Un chamán antiguo en la profundidad del bosque de una isla volcánica, que usa sus manos para sanar una herida de jabalí salvaje y un chamán moderno en un alto edificio de departamentos, que usa sus manos para sanar una herida de un gato doméstico usan la misma sabiduría. Un chamán antiguo que desvía un flujo de lava para salvar un pueblo y un chamán moderno que calma el viento para impedir que un incendio de bosque queme un suburbio, usan la misma sabiduría. Las habilidades del chamán, telepatía, liberar energía, manifestar, cambiar de forma, bendecir, cambiar de creencias y viajar a la interioridad, no son afectadas por el tiempo. Todo lo que hay que hacer es adaptarlas a las circunstancias actuales.

La integración es más difícil en la sociedad de hoy debido a su variedad y complejidad. La mayoría de los chamanes antiguos sólo tenían que vérselas con uno o con unos pocos sistemas socio-culturales, y por consiguiente trabajaban con un número limitado de creencias. Hoy, sin embargo, como hay una mezcla tan vasta de sistemas radicalmente diferentes, sociales, culturales, religiosos y filosóficos, los chamanes modernos deben expandir constantemente sus conocimientos y mantener una conciencia excepcional respecto de las creencias que prevalecen en su comunidad y sus individuos, a través del desarrollo elevado de sus facultades intuitivas, como así también a través de estar muy atento a la información proporcionada por los medios de comunicación.

Más que nunca, los chamanes modernos necesitan de la cooperación para mantener y extender la sabiduría, para darse apoyo moral y práctico (aún los chamanes necesitan amigos y ayudadores), y para ampliar la aplicación del chamanismo a los problemas modernos. Mi solución ha sido formar Aloha Internacional, una red mundial de personas que estudian y practican la tradición chamánica Hawaiana, pero también es necesaria la cooperación entre los chamanes de diferentes tradiciones. En verdad es cooperación lo que se necesita, porque el chamanismo es verdaderamente una filosofía no-jerárquica, democrática. Se requiere de una tremenda cantidad de trabajo de sanación, tanto en nosotros mismos como en el mundo en general. Hagámoslo juntos en el espíritu del verdadero Aloha.

Tan solo una pequeña flor

Ukuli´i ka pua, onaona i ka mau´u

“Pequeña es la flor, sin embargo ella perfuma la hierba que la rodea”

La cita que antecede es un proverbio de la tradición Hawaiana, en inglés lo denominaríamos “Ripple efect”, efecto de onda y en francés sería “Tache d´huille” toque de aceite o gota de aceite. El concepto ha sido reconocido alrededor del mundo, pero de alguna manera el Hawaiano es más poético y tridimensional. Dice que cosas pequeñas pueden tener un gran efecto. Un equivalente es la teoría del caos. Tal como es usada por los meteorólogos, dice que una mariposa aleteando en Japón puede causar tornados en Texas.

Otro concepto de Hawai, la idea más poderosa en su tradición y una de las que ha extendido su influencia alrededor del mundo, encontrándose y fundiéndose con ideas similares en otras culturas, es la simple idea de lo que llamamos “el espíritu de Aloha “. Usualmente traducido como “amor”, incluye las ideas de amistad, aceptación, compasión, misericordia, gratitud, asistencia y cooperación. Así que decimos que una persona muestra “Aloha” cuando nos saluda afectuosamente, cuando nos sonríe, cuando nos ayuda si tenemos una necesidad, cuando se acuerda de agradecernos un favor, cuando actúa como un amigo, cuando perdona algún mal que le hemos hecho. Hay también un aspecto sexual en “Aloha”, pero siempre implica una sexualidad amorosa. La asociación entre las flores y el amor es más que una coincidencia, ya que las flores son en realidad los órganos sexuales de las plantas.

Es obvio que las ideas y acciones detrás de “Aloha” no son exclusivas de Hawai y ese es el punto. Las flores crecen en otros lugares, además de en las islas Hawaianas. Las flores de amor crecen silvestres y es maravilloso encontrarse con ellas por sorpresa. No obstante, ellas también pueden ser cultivadas y compartidas más generosamente. Así como cultivamos flores con la intención consciente de distribuirlas lo más ampliamente posible, así podemos cultivar la práctica del amor para distribuirlo más ampliamente.

Cada semana en Kawai realizamos sesiones de charla patrocinadas por Aloha Internacional donde discutimos la cultura, filosofía, y tradiciones de las islas. Antes de que el grupo fuera tan grande, yo solía comenzar cada sesión pidiendo a todos los presentes que compartieran su nombre, su lugar de origen y que contaran alguna cosa buena que les hubiera sucedido recientemente. A los que asistían por primera vez, frecuentemente les resultaba difícil pensar en algo bueno, porque nuestra sociedad sutilmente nos alienta, en cambio, a compartir aquellas cosas que están funcionando mal. Así que parte del propósito de esto era hacer que la gente pudiera pensar en términos más positivos para su propio beneficio. Pero el objetivo más importante era el efecto que esto tenía sobre todos los presentes. Era maravilloso y de alguna manera impactante observar cómo los rostros de todos se iluminaban cuando una persona comentaba un simple evento, tal como haber observado el arco iris o una ballena o su placer por haber hospedado a un amigo que venía del continente. Cuando se comparte un evento, cada persona lo reproduce en su propia mente y responde a él con su propio grado de buenos sentimientos. El arco iris de una persona de pronto se convierte en el arco iris experimentado por veinticinco o más personas. Un sólo acontecimiento, común y corriente, aumentaba el placer y la energía de todo el grupo. Al concluir esta forma de compartir las experiencias todos se sienten bien.

La idea detrás de la pequeña flor es que realmente no importa cuan pequeño seas, ya sea en número o tamaño. No importa cuánto sepas o cuántas habilidades tengas. No importa cuánta educación o cuántas credenciales tengas. Lo que realmente importa es cómo afectas el mundo a tu alrededor.

Eres como una pequeña flor y todo lo que haces afecta tu mundo. Cuando sonríes otros se sienten mejor, aún cuando no lo reconozcan o tú no te percates de ellos. No has sonreído alguna vez al ver a dos personas sonreírse mutuamente? .O reírte bajito junto con un niño que ríe? .Cuando ayudas a una persona, muchas otras se sienten mejor. Esas otras personas pueden haber sido las beneficiadas con la ayuda, pueden haber visto la ayuda o pueden haber escuchado acerca de ella o pueden haber respondido de manera positiva a los buenos sentimientos de aquellos que fueron ayudados. Cada vez que actúas con un propósito amoroso estás sembrando semillas para el crecimiento de otros, en formas que quizás nunca veas y entre aquellos que quizás nunca conozcas. Como el perfume de una pequeña flor, el efecto de tus acciones se expande mucho más allá del área de tu percepción inmediata.

En relación con los gobiernos, las grandes empresas y las organizaciones religiosas, una persona individual es como una pequeña flor. Sin embargo, los individuos que realizan pequeñas cosas en las que creen, pueden cambiar el comportamiento de multitudes.

El establecimiento oficial del día de la madre, ahora celebrado por millones de personas cada año, se logró gracias al esfuerzo persistente de una mujer que simplemente creía que las madres debían ser honradas. El movimiento por los derechos civiles comenzó con individuos comunes y corrientes que simplemente cambiaron su propio comportamiento porque creían que tenían derecho a ser tratados igualitariamente. El vasto movimiento ecologista, que ahora influencia las políticas de virtualmente la mayoría de los gobiernos en el mundo, comenzó con individuos que por propia cuenta comenzaron a mostrar más respeto por el medio ambiente.

George Washington Carver, un hombre negro que hablaba con las flores y les pedía que le revelaran sus secretos, fue un vehículo de la transformación de la economía del sur de los Estados Unidos. Unas pocas personas, a las que les encantaba entretenerse con la electrónica, revolucionaron con éxito la industria de la computación. Un hombre independiente, conocido como Ted Turner, revolucionó la industria televisiva.

Un gurú indio, Maharishi Mahesh Yogi, que sólo quería compartir una simple técnica de su tradición hindú, inició un movimiento mundial que trajo el beneficio de sus ideas a gobiernos, escuelas, empresas y aún hasta otras religiones. La madre Teresa que sólo quería ayudar a los moribundos también ha tenido una influencia mundial en la manera en que los moribundos son tratados hoy en día.

Podría nombrar a muchos otros individuos que hoy consideramos excepcionales, que han tenido una gran influencia en varios campos, pero el punto es que todos ellos comenzaron como una pequeña flor, sin mucha influencia en lo aparente. Sin embargo, todo lo que ellos dijeron, todo lo que hicieron y todo lo que pensaron fue sentido por otros y generó reacciones en otros.

“Todo lo que pensaron” es lo que dije recién. Es fácil reconocer la influencia de las palabras y las cosas que podemos ver. Es fácil también reconocer la influencia del carisma o las emociones sobre las personas que están cerca nuestro. Si tienes una base espiritual probablemente puedas reconocer la influencia de la plegaria también. En mi tradición Huna, no obstante, consideramos que cada pensamiento es una plegaria. En otras palabras, somos seres telepáticos, que constantemente estamos siendo telepáticos ya sea en modos activos o pasivos. Respondemos a los pensamientos de otros y ellos responden a los nuestros. Contrariamente a miedos que son populares, nadie puede controlar los pensamientos de otro. Pero, como el perfume de una pequeña flor, podemos influir. Si el perfume huele bien la respuesta será buena. Si el perfume huele mal la respuesta será mala. Nuestros pensamientos se verán reflejados, tal vez amplificados, en los acontecimientos del mundo que nos rodea.

Da casi un poco de miedo pensar que cada pensamiento que piensas está llegando al mundo y lo toca y modifica en el mismo grado. Y cuando digo “el mundo” no me refiero sólo a las personas en él, sino asimismo a las plantas, animales, y a los elementos y objetos también. Puede producir más miedo, cuando recuerdas todas las cosas mezquinas que has pensado, todos los pensamientos de enojo, de miedo, de venganza, de espanto que has tenido de tiempo en tiempo. Han estado teniendo un efecto en el mundo?, De acuerdo con mi tradición, sí. Quizás no han hecho más que empujar a una molécula o a un electrón o quizás han sumado su ímpetu a eventos en curso. Pero ciertamente tienen un efecto.

No obstante mi tradición también dice que la naturaleza del universo es amor. Y el amor es un impulso hacia el crecimiento, un deseo de incrementar la capacidad de tomar conciencia, las habilidades y la felicidad. Todo el universo y cada entidad individual dentro de él, se están moviendo hacia un amor más y más grande. Esto quiere decir que cualquier cosa contraria al amor tiene que ir en contra de este movimiento, como una roca rodando cuesta arriba. Bajo ciertas circunstancias naturales las rocas pueden moverse en contra de la gravedad, pero se requiere una tremenda cantidad de energía para hacer esto. Los seres humanos uniendo sus energías individuales y sus ideas han inventado máquinas para mover rocas y otros objetos contra la gravedad, en pequeñas cantidades y por distancias cortas, pero nuevamente la cantidad de energía y esfuerzo es considerable. De manera similar cualquier influencia contraria al amor requiere de una tremenda energía para tener algún efecto.

“Espera!”alguien podría decir. “Y qué pasa con todos los efectos malignos en el mundo? Qué acerca de las guerras, enfermedad, crueldad, contaminación y demás? Parece que estas cosas suceden con tanta facilidad.” Yo diría que la única razón por la que parece fácil que dichas cosas sucedan es porque ya existe una tremenda cantidad de energía moviéndose en esas direcciones. Esa energía proviene de todos los pensamientos de miedo y enojo pensados por toda clase de gente alrededor de todo el planeta. El amor y los efectos del amor continúan a pesar de ello, en una escala muchísimo mayor que cualquiera de desamor. De hecho, las cosas malas parecen tan terribles porque ocurren en un trasfondo de amor tan inmenso que apenas lo podemos reconocer. Pero individualmente cuando tienes pensamientos de enojo o de miedo te conectas con la energía existente de enojo y miedo y ésta amplifica los efectos de tus pensamientos al mismo tiempo que tu sumas tu pequeña parte a su existencia.

Antes de que te encojas y desmorones por la culpa, te ayudará saber que hay algo simple que puedes hacer al respecto. Porque el ímpetu del amor es tanto más grande que cualquier otra fuerza contraria, los pensamientos de amor te conectan con ese poder positivo, que también amplifica los efectos de tus pensamientos, mientras sumas tu parte a él. Además, tus pensamientos amorosos neutralizarán los efectos de pensamientos previos de miedo y enojo, de la misma manera que la fuerza de gravedad que empuja a una pared hacia abajo, neutraliza toda la energía que fue necesaria para levantarla. Por otro lado, los pensamientos de miedo y enojo no neutralizan los pensamientos de amor, tal como levantar una pared no neutraliza los efectos de la gravedad.

Hablemos de los pensamientos de amor. ¿Qué son exactamente?. Cualquier pensamiento que incentive un aumento de la percatación, de las habilidades o de la felicidad es un pensamiento amoroso. Una afirmación positiva puede ser llamada un pensamiento amoroso. Una plegaria a cualquier forma de Dios para tu propio bien o el de otra persona, es un pensamiento amoroso. Un pensamiento amoroso puede ser un cumplido mental hacia un amigo o un desconocido, apreciar la belleza de un amanecer o de una puesta de sol, la gratitud por un regalo o el perdón de un daño. El deseo de paz o la esperanza de un futuro mejor, o visualizaciones creativas para tener éxito y prosperidad pueden ser pensamientos amorosos. Todo pensamiento en la dirección de la bondad es un pensamiento de amor.

Lo que realmente necesitamos ahora son más pensamientos amorosos conscientes. Para volver a nuestra flor, mucha gente piensa que lo que ocurre es que las flores simplemente huelen bien. En realidad las flores emiten su perfume con el propósito específico de influenciar a los animales para que se acerquen y las ayuden a polinizarse entre sí. En retribución por este favor las flores proveen de néctar a modo de recompensa, el único propósito al que ese líquido sirve. Las flores no sólo emiten su perfume con un propósito, sino que también regulan el tiempo de sus emisiones para que coincida con las actividades naturales de los animales a los que desean influir. La próxima vez que te detengas a oler las flores, presta atención a la hora del día. Algunas flores dan la mayor parte de su perfume a la mañana, algunas a la tarde y otras a la noche. Si las hueles en otros horarios su perfume es débil o inexistente. Es como si las flores tuvieran mayor influencia cuando sus intenciones son más conscientes.

Metafóricamente, como si tu fueras una pequeña flor, lo que estoy sugiriendo es que tus pensamientos concientes e intencionados son más poderosos que los que simplemente pasan por ahí, por así decir. Más que eso, estoy sugiriendo que los pensamientos que piensas con una intención específica de influenciar, son aún más poderosos. Más allá de eso, tus pensamientos más poderosos son aquellos que buscan amplificar conscientemente cualquier inclinación hacia el bien que ya existe allí afuera.

Por ejemplo un pensamiento como este: “Que a esos codiciosos urbanizadores de Sud América se les impida seguir quemando la selva tropical”, es mucho menos efectivo que uno como este: “Que todos aquellos que quieren mantener y proteger la selva tropical tengan más valor, confianza y éxito.” En el primer caso, estas dirigiendo tu energía mental contra algo, mientras que en el segundo, la estás sumando a un curso en crecimiento. De la misma forma con respecto a tu salud personal, es más poderoso pensar: “Mi salud está mejorando” que, “me estoy liberando de mi enfermedad”. Porque la tendencia natural de tu cuerpo es hacia la salud y no apartarse de la enfermedad. Tu cuerpo no se deshace de la enfermedad. Cuando está lo suficientemente libre para hacerlo, absorbe, transforma o expulsa aquellas cosas que interfieren con la salud. Ese es un proceso bastante diferente.

Si una pequeña flor puede perfumar la hierba a su alrededor, entonces el perfume de millones de pequeñas flores puede ser transportado por el viento a los rincones más lejanos del mundo. Aquellos de nosotros que estamos orando, bendiciendo, pensando y actuando con el espíritu de amor en nuestras vidas cotidianas, ya estamos comenzando a tener una sutil pero creciente influencia en numerosos países, debido a la naturaleza misma de nuestro foco y porque somos una pequeña flor hecha de miles de pequeñas flores, todas emitiendo el mismo perfume, la esencia del poder del amor y del amor poderoso.

Sin casi recursos y pocos en número, estamos influenciando para el bien, a una gran cantidad de personas. Apenas hemos comenzado, pero hemos comenzado. El mundo está cambiando rápidamente a nuestro alrededor y está cambiando como resultado de fuerzas internas, no externas. Gente en rincones lejanos del mundo está inhalando la fragancia de nuestras pequeñas flores y haciendo cosas, pensadas antes como imposibles.

Cuando quiera que la violencia insensata, las epidemias, las tragedias y la contaminación en el mundo parezcan avasalladoras, abre tus ojos un poco más ampliamente y mira el bien creciente que muchas pequeñas flores están creando. Reflexiona por un momento sobre aquellos que están ayudando a los niños en otros países a vivir mejor y más saludablemente; aquellos que con ingenio están incrementando la habilidad de comunicación entre todas las personas; que están desarrollando más maneras de sanar el cuerpo y la mente; que están negociando la paz y el entendimiento entre enemigos; a los que no sólo están mirando hacia las empresas, los negocios y los gobiernos para que protejan el medio ambiente, sino que también están desarrollando nuevas maneras de cooperar con la Naturaleza, en lugar de explotarla. Brinda cierta apreciación, también, al tremendo incremento de comediantes que nos hacen reír y a la existencia misma de un canal de comedia en la televisión, al margen de lo imperfecto que su contenido pueda ser. Todo alrededor del mundo, en cada país, hay gente trabajando duro para mejorar las cosas. Y cada pensamiento positivo que podamos tener acerca de ellos, los ayuda.

Es bueno participar en grandes causas y llevar adelante grandes proyectos, pero esa no es la única manera de hacer las cosas. Practicar el espíritu de Aloha en tu vida diaria es otra forma válida. Una de las cosas más alentadoras y estimulantes que he visto recientemente es el incremento en el interés en un concepto radical, ejemplificado por la siguiente frase: “Practica actos de bondad al azar y de belleza sin sentido”. Estamos tan acostumbrados a pensar en términos de satisfacer necesidades que la idea de hacer cosas buenas en forma aleatoria, tan sólo por diversión, es realmente radical. Dejar monedas de más en los teléfonos públicos o en los expendedores de diarios, nos permite saltar de viejos patrones de pensamiento, incluir una nota de agradecimiento junto con la factura de la compañía de electricidad, darle un regalo a alguien que no lo espera, quitar la maleza o levantar la basura sin que nadie te lo haya pedido. Es divertido hacer estas cosas para extraños, pero es más osado hacerlo dentro de tu propia familia. Alguna gente que promueve estas cosas las está llamando “guerrillas espirituales” y resulta pegadizo. Pero yo pienso que no necesitamos la conexión con lo guerrero. Yo prefiero “duendecillos amistosos”.

Si deseas practicar más amor telepático, puedes practicar un ejercicio simple. Encuentra un lugar confortable al aire libre, o donde puedas mirar hacia afuera. Este es un ejercicio para hacer con los ojos abiertos y en contacto con el entorno, y realmente no tiene importancia si estás acostado, sentado, parado o caminando. Luego, imagina que eres una flor preparándote para emitir tu perfume. Elige tu flor preferida y/o tu aroma preferido. Si tienes el aroma verdadero a mano eso puede ayudar a tu imaginación. Toma un momento para decidir a quién o a qué quieres enviarle tu perfume y con qué propósito. Lo puedes enviar a un miembro de tu familia o a un amigo, a un grupo u organización que esté llevando adelante una tarea en la que crees o incluso a grupos de plantas o animales. La idea a sostener es que tu perfume les dará la fuerza o la energía para hacer algo beneficioso para ellos mismos, para otras personas o cuestiones. Finalmente emana tu perfume afuera hacia el aire e imagina que se dirige hacia donde tú deseas que vaya y que realiza lo que tú quieres que haga. Puedes finalizar afirmando, en tus propias palabras, que eso es ya un hecho.

Los antiguos Hawaianos a menudo usaban flores como símbolos poéticos de personas. Como dice otro proverbio Hawaiano:

Mohala i ka wai ka maka o ka pua

“Desplegados por el agua están los rostros de las flores”

El sentido es que las personas florecen cuando las condiciones son buenas. Cuantas más y más pequeñas flores se reúnen para esparcir su amorosa influencia, estaremos ayudando a crear esas condiciones.

CHAMANISMO ENTRE LOS INDIOS CHOCOES

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 29/07/2005 1:34

El jaybanismo es la forma de chamanismo practicada por los indios chocóes que habitan el Darién panameño y el Chocó colombiano. En el Istmo de Panamá habrá unos 3.000 indios chocóes de dos ramas lingüísticas diferentes, los emberá-bedeá y los nonamás. Ambos grupos aunque tienen características físicas y lingüísticas diferentes poseen rasgos culturales idénticos, uno de los cuales es la existencia de chamanes a los que llaman jaybanás o cantajays.
La enfermedad (pienbüá) es uno de los problemas diarios del indio chocó. Considera que hay dos tipos de enfermedades: unas naturales que pueden ser curadas con plantas, hierbas, baños o pociones y otras sobrenaturales, producto de hechizos, mal de ojo, intervenciones diabólicas o producidas por espíritus de difuntos que andan sueltos y quieren hacer daño. Para curar estas últimas hay que recurrir a medios extraordinarios. Muchos indios chocóes saben cómo usar ciertos remedios para curar pequeños problemas, sin necesidad de recurrir a otra persona de más categoría.
En ocasiones y en vista de su impotencia para curar o resolver la situación, consultará con algún indio, experto curandero que sepa cómo curar con raíces (kurá-baná). Si aún éste no resuelve el problema, será preciso recurrir al Jaybaná, que es el mago, el adivino, el médico, sacerdote, cantor de tradiciones y conocedor de rituales mágico-curativos. Posee el poder necesario para conjurar el poder maligno o Antumiá y dominarlo o consultarlo. Hoy, según me contaban muchos indios, el jaybaná no es lo que era antiguamente. Con la llegada de la civilización ha perdido muchos de sus antiguos poderes. No viven de su profesión sino que tienen que cultivar la tierra como los demás indios y vender sus productos para poder subvenir a sus necesidades y de su familia.
Todos los que he conocido han llegado a ser jaybanás por medio de vocación o herencia paterna. Ninguno ha sido por nacimiento como entre los indios cunas. Teodolindo Dohiramá, por ejemplo, uno de los más famosos chamanes chocóes del Darién, me contaba que él comenzó a estudiar su profesión cuando tenía 20 años de edad. Decidido a prepararse en el arte de curar marchó al Río Atrato, donde se puso en manos de un famoso maestro de nombre Miguel Gogoná, cuya especialidad era curar las enfermedades extrayendo por succión la causa del mal, a veces una espina, un coleóptero o una piedrecita. Cuando aprendió con él sus técnicas, fué a buscar otro jaybaná de nombre Merín, cuya especilidad era curar a picados de culebra. Este le enseñó a buscar y utilizar una hierba llamada neanabariya tamá bajadá, pequeño arbusto cuyas hojas machacaba en el momento de usarlo y aplicaba sobre la herida producida por la picadura de la culebra. A todos estos maestros tenía que pagarles durante su permanencia con ellos. Otro de sus maestros fué “Enrique” de Río Sambú quien le enseñó a curar muchas enfermedades naturales y a cantar como cantan los cantajáys.
El jaybaná no tiene sin embargo ninguna fuerza curativa si no lleva consigo sus bastones, fabricados por él mismo bajo la dirección de su maestro con madera de cocobolo o corazón de “bársamo” o níspero que ellos llaman en su lengua tummá o barra. Estas maderas son durísimas y la elaboración de uno de estos bastones puede llevar mucho tiempo por lo difícil y laboriosa que resulta. Pero una vez terminado es una verdadera obra de arte. El extremo inferior del bastón o contera se reviste con una lámina de plata batida en frío y el extremo superior o empuñadura (chiporó) está rematado por una talla antropomorfa representando generalmente un hombre vestido a la usanza de un caballero del siglo XIX, con sombrero de copa y levita, las manos cruzadas sobre el abdomen o extendidas a lo largo del cuerpo. Otros bastones representan con gran exactitud el cuerpo y la forma de una culebra. Los bastones son compañía inseparable del jaybaná mientras canta o celebra alguno de los ritos curativos ante un paciente. Mientras realiza éstos, toma de tiempo en tiempo chicha de maíz y jugo de caña sin fermentar al que llaman pemote.
Terminado el aprendizaje con varios maestros, el nuevo jaybaná está en disposición de comenzar su trabajo. Esto debe de juzgarlo su maestro. Si cree que ya está bien formado y preparado, se llevará a efecto una ceremonia muy complicada durante la cual quedará revestido del poder y la fuerza para curar. Antiguamente el jaybaná era el ser más temido de la tribu, porque se sabía que eran capaces de hacer mucho daño si se lo proponían. Hoy se les teme por inercia pero ya “no hacen daño” como me aseguran los propios chamanes chocóes. Viven aislados en un lugar apartado de la montaña, junto a alguno de los ríos y cuando los indios necesitan de sus remedios curativos, han de llevar el enfermo en una hamaca o en una canoa hasta su casa donde permanecerá varios días hasta conseguir la curación si ésta es posible.
La técnica utilizada generalmente por el jaybaná para curar puede variar pero la más corriente es la siguiente: El enfermo es llevado a su casa en la que coloca 8 o 16 mohó-uanga, o muñecos de madera tallada y figura antropomorfa atados con bejucos en los horcones que sostienen el techo de paja de la vivienda. La misión de estas tallas es capturar a los espíritus malignos para que la curación discurra sin tropiezos. Luego se coloca al paciente tendido sobre un petate o hamaca y a sus pies y a un lado se sitúa el chamán, sentado, llevando en su mano izquierda los bastones mágicos símbolo de su poder y en su mano derecha una gran hoja de palma de maquenque (parará) y así se dispone a comenzar su canto curativo. Se trata de ritmos extraños, bitonales, monótonos, como un rezo, lejano al principio, con altibajos agudos y graves y a veces como de falsete, sin letra, sólo la melodía. Al mismo tiempo agita la palma de maquenque como si estuviera abanicando, lo que produce un acompañamiento singular, ya que el roce de los fuelles que tiene esta hoja produce un sonido muy parecido al que produce la lluvia tropical al caer sobre los árboles o las techumbres de las casas, y a veces recuerda el galopar de un caballo.
De vez en cuando refresca su garganta que se seca con los altibajos del canto, con chicha, chucula o pemote. Canta infatigablemente hasta el amanecer, en cuyo momento parece vencerle el cansancio y se acuesta. Trata de acompañar y salmodiar al paciente durante las horas nocturnas que son las más peligrosas para su salud. Los familiares del enfermo pueden presenciar la escena y permanecer en la casa donde se realiza esta curación, pero según van entrando en el recinto deben lavar sus pies en una batea llena de agua con hierbas aromáticas.
Además de los cantos chamánicos, el jaybaná administra al paciente diversas pócimas según el caso y la enfermedad de que se trate, seleccionadas de su extensa farmacopea generalmente obtenida de los árboles de la selva. Algunas las tienen sembradas junto a la casa, en un huerto que todo jaybaná tiene lleno de plantas medicinales.
Una de las cualidades o poderes que tiene el jaybaná es la de ser capaz de convocar o invocar al Antumiá, el demonio que se encuentra en los ríos en forma de gran culebra mayor que una anaconda. Para esta ceremonia se debe preparar previamente por medio de ayuno, baños con substancias medicinales y aromáticas, frotaciones con resinas olorosas o sahumerios. El día más adecuado para realizar la invocación es el primer día de plenilunio durante las primeras horas de la noche hasta media noche. El jaybaná provisto de un mojó-uanga hecho de madera de balso, sus bastones mágicos y una buena provisión de chicha fermentada bien fuerte (chinango), una escopeta (usan las de calibre 22 y son muy buenos tiradores) y un cuerno de caza a manera de trompeta, se dirige a un claro de la selva y traza un círculo o cuadrado mágico dentro del cual se sitúa sentado. Esta línea defensiva no puede ser atravesada por el Antumiá. Entonces, hace unos disparos al aire y sopla con fuerza en su cuerno de caza (a veces un fututo o cambombia, concha de un enorme caracol marino que produce un sonido ronco y penetrante).
A la llamada del jaybaná, se presenta al poco rato el Antumiá, en persona, obediente, pero no a su gusto, sino a regañadientes, interrogando malhumorado la razón de la llamada. El jaybaná, seguro de sí mismo y de su poder, gracias a cierta infusión de mahué (una de las varias plantas alucinógenas que conocen muy bien, tales como el huanto, la borrachera, el yagé o alguna Datura) que mezcla con la chicha y que previamente ha ingerido para que le dé valor, en lugar de contestar inmediatamente, agita delante de sí el mohó-uanga de madera de balso con el que traza un semicírculo atrapando al Antumiá y obligándolo a sentarse ante él, sin penetrar el círculo mágico. Entonces ofrece su chicha fuerte al demonio con la cual le embriaga pronto. Este suelta la lengua, momento que es aprovechado para interrogar al representante del mal sobre el origen de la enfermedad que aqueja a su cliente o la causa que la determina. Aprovecha entonces para preguntar qué medicina es buena para curarla. El Antumiá responde en medio de su borrachera y el jaybaná satisfecho le ordena retirarse.
Puede apreciarse en esta escena tan frecuente en el proceso curativo, cómo se combina en el jaybanismo chocó, lo mágico, rodeado de un aparato teatral montado en el corazón de la selva, con lo natural y realmente terapéutico, lo físico y lo sobrenatural.
El indio chocóe en general es muy aficionado a revestirse de adornos de plata, hechos con monedas o plata nativa batida en frío. Así llevan pulseras de plata muy anchas, pectorales hechos de monedas de plata que les llegan hasta por debajo del ombligo, o diademas de monedas de plata que les cuelgan por la espalda y pendientes también fabricados de monedas de plata muy hábilmente. En cambio las mujeres no se ponen ninguno de estos adornos. Sucede al revés de los indios cunas entre los cuales son las mujeres las que van supercargadas a veces de adornos de oro (grandes pendientes como platos, grandes pectorales, collares de monedas, anillos de oro colgados del septum nasal) mientras que los varones jamás se ponen un adorno de oro y sólo alguno de plumas de guacamaya en ciertos rituales como los que celebra el kantule o cantor de la tribu.
La mujer del jaybaná representa un papel importante en la ceremonia curativa, aunque no tan figurativo como el del esposo. Ella será la que va preparando las chichas que debe beber su esposo o las que éste dipone que beba el enfermo, machaca las hierbas que le da su marido y que serán parte de la medicación y está atenta en todo momento a cuanto le diga el jaybaná.

Donde estan los chamanes siberianos.

De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original) Enviado: 29/07/2005 1:03

LAGO BAYKAL / BURYAT
Siberia

El “ozero Baykal” es el lugar más famoso de la inmensidad siberiana. Cantado por poetas, artistas y músicos es además, por su extraordinaria naturaleza, lugar de esencial importancia para la humanidad, pues contiene en su seno la quinta parte de la reserva mundial de agua dulce. Desafortunadamente, es también lugar de creciente inquietud, debido al brutal deterioro producido por la industria pesada de los últimos tiempos.

Los orígenes geológicos del lago se remontan a quinientos millones de años. Nacido de una intensa actividad sismico-volcánica, mantiene viva la conexión con el inquieto y desconocido interior de la Tierra. Rupturas en la corteza, generan manantiales de hirviente agua mineral. Ligeros movimientos y, a veces, violentos terremotos, modifican aún su contorno de rocas escarpadas, volcanes extinguidos y montañas cubiertas por la Taiga. Sobre la superficie de sus aguas, emergen veintisiete islas que son, casualmente, el número de las que integran el archipiélago de Cocos. Oljón, la mayor de ellas, es isla sagrada para el chamanismo siberiano y el budismo mahayana.

Su vegetación y fauna son de una riqueza sorprendente. Se han contabilizado más de mil especies exclusivas del lago. Esponjas y algas, moluscos, salmónidos y esturiones conviven con un extraño pez, el Comephorus baykalensis que, transparente y vivíparo, habita en las profundidades. Pero la más famosa de sus especies exclusivas, su más desarrollado predador, es la Foca baykalensis, única foca de agua dulce en el mundo, cuya azarosa llegada debió producirse en deshielos prehistóricos de los ríos del Norte.

La belleza del lago parece ser sublime y de difícil comparación. El rigor de las estaciones renueva por completo sus paisajes. Todo se acalla y duerme en el Invierno. Los vientos del Norte esculpen en el hielo profundas oquedades que las focas habitan. Pero con la estación templada, las aves vuelven, reverdece la vida y estallan los colores sobre los largos días del Verano.

Toda la costa Este del Baykal y gran parte de las restantes pertenecen a la República Autónoma de Buryat, cuya soberanía detenta Rusia desde 1689. Buryatia es una extensión de 350.000 kilómetros cuadrados formada por altiplanos, cadenas montañosas y valles cubiertos casi en su totalidad por la Taiga, el bosque más grande de la Tierra. Alerces siberianos, abetos y sotobosque de abedules cubren, con las aguas del lago, todo su territorio. Miles de aves habitan sus ramas, reinando el urogallo o el elegante cisne. El alce, la marta cibelina o el lince son ejemplos de las especies incontables que recorren su suelo. La escasa presencia de los hombres, por otro lado, permite que permanezca casi intacta la secular pureza de la Taiga.

La población de la República roza el millón de habitantes. Su mayoría se concentra en las zonas industriales o mineras. Ulan-Ude, capital de Buryatia, es nudo fundamental en la red ferroviaria del Transiberiano. Kiatja, ciudad fronteriza con Mongolia, ha sido en los últimos siglos punto básico de encuentro para las culturas y el comercio entre Oriente y Occidente.Los Buryatos, habitantes originarios de estos territorios, constituyen en la actualidad la tercera parte de la población total. Como los restantes pueblos mongoles, son bravos en el combate y amantes de la caza y los caballos. Sus costumbres feudales han sufrido inevitables cambios en el presente siglo. Pero la tradición sigue viva al abrigo de las grandes cordilleras como Barguzin Krebet, donde probablemente emergerá el Vértice Asiático de El Alma del Mundo.

La llegada de los Buriatos a Transbaykalia se produjo en el sigloXIII. Como los Turguses o los Yakuts, eran nómadas que procedían del los valles del río Amur, en China. Los antropólogos mantienen que los primeros colonizadores de América partieron también de aquellos valles. Desde Kamchatka y a través de las Aleutianas, se extendieron por toda América, generando tribus y culturas, hasta el límite más meridional del continente. No resulta, por tanto, disparatado pensar que el origen lejano de los Buriatos es el mismo que el de sus antípodas en la Tierra del Fuego, los Yamanas o Fueguinos.

La religión tradicional de los Buriatos es el chamanismo. Su integración con la Naturaleza y su animismo de corte panteísta, están magnificamente expresados en la inolvidable película “Dersu Usala”. En el XVII llegaron desde Rusia las primeras misiones ortodoxas y desde Mongolia, los primeros monjes budistas. Estos últimos, procedentes de la tradición tibetana, se acoplaron rapidamente e integraron a su doctrina gran parte del amplio panteón buriato. Los “ongones”, dueños de lugares mágicos en Transbaykalia, fueron asumidos por los lamas como protectores o “dokshits”.

En la danza ritual del Tsam, que alude a lo pasajero de las cosas, se traza siete círculos concéntricos que marcan el ámbito de los danzantes. Entre los personajes que protagonizan el ritual se encuentran los ongones buryatos Zhamsarán, patrono de la guerra y el Fuego, y Namsarai, patrono de las riquezas y el elemento Tierra. En el centro común a los siete círculos, sobre una mesita cubierta por un manto de seda, se deposita la ofrenda o Sor: Una pequeña Pirámide, cuya forma evoca al Fuego que todo lo consume y purifica en la Tierra.

1 38 39 40 41 42 60