Cuentos inconclusos (reseñas)

CUENTOS INCONCLUSOS: INTRODUCCIÓN

Los problemas con que se enfrenta quien tiene la responsabilidad de los escritos de un autor fallecido son difíciles de resolver. Puede que en esta situación, algunas personas decidan que no se publique ninguna clase de material, excepto la obra que esté virtualmente acabada a la muerte del autor. En el caso de los trabajos inéditos de J. R. R. Tolkien quizá ésta parezca a primera vista la medida más adecuada; puesto que él mismo, muy riguroso y exigente con su propia obra, ni siquiera hubiera soñado en permitir la publicación de estas narraciones -aun las más acabadas- sin que pasaran antes por un largo proceso de reelaboración.

Por otra parte, me parece que la naturaleza y el alcance de su capacidad inventiva ponen a sus historias, aun las abandonadas, en una posición peculiar. Que El Silmarillion no llegara a conocerse es para mí impensable, a pesar de su estado desordenado, y de las conocidas aunque irrealizadas intenciones de transformarlo que tenía mi padre; y en este caso, después de mucho vacilar, me atreví a presentar la obra no en la forma de un estudio histórico, un complejo de textos divergentes eslabonados por comentarios, sino como un cuerpo completo y coherente. Las narraciones comprendidas en este libro, en verdad, pisan un terreno del todo distinto: tomadas en conjunto, no constituyen un todo, y el libro no es nada más que una colección de escritos dispares en forma, intención, acabamiento, y fecha de composición (y también, en el tratamiento que les di), referidos a Númenor y la Tierra Media. Pero el argumento en defensa de su publicación no es por naturaleza distinto, aunque sí de menor fuerza, del que sostuve para justificar la publicación de El Silmarillion. Los que nunca hubieran renunciado voluntariamente a ciertas imágenes: Melkor con Ungoliant, cuando juntos contemplan desde la cima de Hyarmentir “los campos y pastos de Yavanna, oro bajo los altos trigales de los dioses”; las sombras que arroja el ejército de Fingolfin al salir por primera vez la luna en el Occidente; Beren, que atisba encarnado en un lobo bajo el trono de Morgoth; o la luz del Silmaril súbitamente revelada en la oscuridad del Bosque de Neldoreth, comprobarán, según creo, que las imperfecciones de forma de estos cuentos quedan con mucho compensadas por la voz de Gandalf (que se oye aquí por última vez) cuando se burla del altivo Saruman en la reunión del Concilio Blanco en el año 2851, o cuando cuenta en Minas Tirith, después de terminada la Guerra del Anillo, cómo llegó a enviar a los Enanos a la celebrada fiesta de Bolsón Cerrado; por la aparición de Ulmo, Señor de las Aguas, al levantarse del mar en Vinyamar; o por la de Mablung de Doriath, escondido “como un ratón de campo” bajo las ruinas del puente en Nargothrond; o por la muerte de Isildur cuando sale luchando del lodo del Anduin.

Muchas de las piezas que componen esta colección son desarrollos de temas contados más brevemente, o al menos mencionados, en otros sitios; y hay que decir sin más demora que muchos lectores de El Señor de los Anillos no encontrarán satisfactoria gran parte de este libro, pues considerarán que la estructura histórica de la Tierra Media es un medio y no un fin, el modo de la narración y no su objetivo, y tendrán escasos deseos de seguir más adelante la exploración por sí misma; no querrán conocer cómo se organizaron los jinetes de la Marca de Rohan, y de buen grado dejarían en paz a los Hombres Salvajes del Bosque de Drúadan. Mi padre, por cierto, no los consideraría equivocados. Dijo en una carta escrita en marzo de 1955, antes de la publicación del tercer volumen de El Señor de los Anillos:

¡Ojalá no hubiera prometido que seguirían unos apéndices! Pues creo que su aparición en forma truncada y comprimida no satisfará a nadie: por cierto, no a mí; es evidente por las cartas que recibo (en cantidad abrumadora) que tampoco satisfará a la gente que gusta de esas cosas -sorprendentemente abundante-; mientras que quienes disfrutan del libro como “historia heroica” solamente, y encuentran en las “perspectivas inexplicadas” parte del efecto literario, con razón no harán caso de los apéndices.

Ya no estoy tan seguro ahora de que la tendencia a tratar toda la obra como una especie de vasto juego sea en verdad acertada; por cierto no para mí, pues esas cosas me resultan fatalmente atractivas. Que tantos clamen por mera “información” o “conocimientos” es quizá un tributo al curioso efecto que tiene una historia fundada en una muy minuciosa elaboración de su geografía, su cronología y su lengua:

En una carta del año siguiente escribió:
… mientras que muchos como usted solicitan mapas, otros desean indicaciones geológicas más que la situación de los lugares; muchos quieren gramáticas, fonologías y especímenes élficos; algunas métricas y prosodias … Los músicos quieren melodías y notaciones musicales; los arqueólogos, cerámicas y metalurgia; los botánicos una más precisa descripción de los mallorn, elanor, niphredil, alfirin, mallos y symbelmynë; los historiadores desean más detalles acerca de la estructura social y política de Gondor; los curiosos quieren información sobre los Aurigas, los Harad, los orígenes de los Enanos, los Hombres Muertos, los Beórnidas y los dos magos desaparecidos (de los cinco mencionados).

Pero sea cual fuere el punto de vista que se adopte sobre esta cuestión, algunos, como yo encontrarán un mayor valor que la mera revelación de detalles curiosos en el hecho de saber que Vëantur el Númenóreano llevó su barca Entulessë, “El Regreso”, a los Puertos Grises ayudado por los vientos de la primavera del sexcentésimo año de la Segunda Edad; que la tumba de Elendil el de la Alta Talla fue erigida por Isildur su hijo en la cima de la colina del fanal de Halifirien; que el jinete Negro que vieron los hobbits en la neblinosa oscuridad de la ladera lejana de Los Gamos era Khamûl, el jefe de los Espectros de los Anillos de Dol Guldur, o aún que la infancia de Tarannon, décimo Rey de Gondor, que no tuvo hijos (hecho registrado en un apéndice de El Señor de los Anillos), tenía relación con los gatos, hasta ahora enteramente misteriosos, de la Reina Berúthiel.
La construcción del libro ha sido difícil, y el resultado obtenido, algo complejo. Las narraciones son todas “inconclusas”, pero en distintos grados, y en distintos sentidos de la palabra; por tanto, han exigido un tratamiento diferente; más adelante diré algo sobre cada una de ellas, y aquí sólo llamaré la atención sobre algunos rasgos generales.

El más importante es la cuestión de la “coherencia”: el mejor ejemplo es el texto titulado “La historia de Galadriel y Celeborn”. Se trata de un “Cuento inconcluso” en un sentido amplio: no una narración que se interrumpa bruscamente como “De Tuor y su llegada a Gondolin”, ni una serie de fragmentos como “Cirion y Eorl”, sino una hebra primaria de la historia de la Tierra Media que nunca fue definida con claridad, y que nunca tuvo forma escrita definitiva. La inclusión de las narraciones y esbozos de narraciones inéditas, por tanto, implica la aceptación de la historia no como realidad fija, con existencia independiente que el autor “comunica” (en el “papel” de traductor y redactor), sino como concepción imaginaria en desarrollo y que cambiaba en su mente. Desde el momento en que el autor dejó de publicar él mismo sus obras, después de someterlas a una minuciosa crítica y a un juicio comparativo, el más avanzado conocimiento de la Tierra Media que pueda encontrarse en sus escritos inéditos entra a menudo en conflicto con lo que ya “se sabe”; y los nuevos elementos incorporados al edificio existente contribuyen menos a la historia del mundo inventado que a la historia de su invención. En este libro he aceptado desde el principio que por fuerza ha de ser así; y salvo en relación con detalles menores, tales como cambios de nomenclatura (que hubieran creado una confusión desproporcionada, o la necesidad de una dilucidación desproporcionada) no he cambiado nada para que fuera coherente con la obra ya publicada, y en cambio he llamado la atención en todo momento sobre conflictos y variaciones. Por tanto, en esto, Cuentos inconclusos es esencialmente diferente de El Silmarillion, en el que un objetivo primordial, pero no exclusivo, era lograr cierta cohesión, tanto interna como externa; y, salvo en determinados pocos casos, he tratado en verdad la forma publicada de El Silmarillion como un punto de referencia fijo, al igual que los escritos que mi mismo padre publicó, sin tener en cuenta las innumerables decisiones “inautorizadas” que hube de adoptar entre las variantes y versiones rivales.

El contenido del libro es enteramente narrativo (o descriptivo): he excluido todos los escritos acerca de la Tierra Media o Aman de naturaleza primordialmente filosófica o especulativa, y, donde se abordan tales materias, no las he continuado. Di al texto una estructura sencilla, mediante una división en Partes, que corresponden a las primeras Tres Edades del Mundo; hubo inevitablemente algunas superposiciones, como en el caso de la leyenda de Amroth que figura en “La historia de Galadriel y Celeborn”.

La cuarta parte es un apéndice, y quizá exija cierta justificación en un libro llamado “Cuentos inconclusos”, pues los textos que contiene son ensayos de tipo general, discursivos, con muy pocos elementos narrativos o aun con ninguno. La sección de los Drúedain debió por cierto su inclusión original a la historia de “La piedra fiel”, de la que es parte; y esta sección me llevó a incorporar las referencias a los Istari y las Palantiri, pues éstas (especialmente las primeras) son asuntos por los que mucha gente manifestó curiosidad, y este libro pareció un lugar conveniente para exponer todo lo que queda por decir.

Puede que las notas resulten en algunas partes excesivamente densas, pero se ver que en los casos extremos (como en “El desastre de los Campos Gladios”) se deben menos al editor que al autor, que en sus obras tardías tendía a componer de este modo, llevando varios temas al mismo tiempo mediante notas entrelazadas. En todo momento he intentado poner en claro qué es lo que pertenece al editor y qué no. Y a causa de esta abundancia de material original, en las notas y los apéndices, me pareció mejor no restringir las referencias a las páginas del índice, sino cubrir con ellas el libro entero excepto la Introducción.

He supuesto en todo momento por parte del lector una familiaridad suficiente con la obra publicada de mi padre (más específicamente con El Señor de los Anillos), pues de lo contrario se habrían agrandado en exceso las aclaraciones adicionales, que para algunos ya serán más que suficientes. No obstante, he incluido cortas notas definitorias en casi todos los artículos más importantes del índice, con la esperanza de ahorrarle al lector la consulta constante de otros materiales. Si he dado alguna explicación inadecuada o he sido involuntariamente oscuro, la Complete Guide to Middle-earth (Guía completa de la Tierra Media) del señor Robert Foster constituye, como pude comprobarlo mediante una frecuente consulta, una admirable obra de referencia.

Sigue a continuación un conjunto de notas primordialmente bibliográficas sobre los diversos textos:

Cuentos Inconclusos: Primera parte De Tuor y su llegada a Gondolin

Mi padre dijo más de una vez que “La caída de Gondolin” era el primero, de los cuentos de la Primera Edad, que había compuesto, y no hay pruebas de que no sea así. En una carta de 1964 declaró que lo estuvo escribiendo “en mi cabeza” durante una licencia por enfermedad que le permitió dejar el ejército en 1917, y en otras oportunidades dio como fechas 1916 o 1916-7. En una carta que me dirigió en 1944 decía: “Empecé por primera vez a escribir [El Silmarillion] en barracas militares atestadas, llenas de un ruido de gramófonos”; y en verdad algunos versos en los que aparecen los Siete Nombres de Gondolin están garrapateados en el dorso de un pedazo de papel en que se enumera “la cadena de responsabilidades en un batallón”. El primer manuscrito existe todavía, y cubre dos pequeños cuadernos de ejercicios escolares; estaba escrito rápidamente con lápiz, y luego reescrito y anotado en parte con tinta. De este texto, mi madre, quiz en 1917, sacó una copia bastante limpia; pero ésta a su vez fue abundantemente corregida en una fecha que me es imposible determinar, pero que puede situarse en 1919-20, cuando mi padre estaba en Oxford, donde participaba en la composición del Diccionario, por entonces inconcluso. En la primavera de 1920, fue invitado a leer una disertación en el Club de Ensayos de su escuela (Exeter), y allí leyó “La caída de Gondolin”. Las notas de lo que intentaba decir a modo de introducción a su “ensayo” subsisten todavía. En éstas se disculpaba por no haber podido redactar un artículo crítico, y continuaba: “Por tanto, debo leer algo ya escrito y, movido por la desesperación, he recurrido a este cuento. Por supuesto, nunca había visto antes la luz … Desde hace algún tiempo un ciclo completo de acontecimientos desarrollados en una tierra feérica de mi propia fantasía viene gestándose (o más bien construyéndose) en mi mente. Algunos de los episodios han sido apuntados … Este cuento no es el mejor de ellos, pero es el único hasta ahora que ha sido revisado y todo eso; aunque la revisión no ha sido acabada, me atrevo a leerlo en voz alta”.

El cuento de Tuor y los Exiliados de Gondolin (como se titulaba “La caída de Gondolin” en los primeros manuscritos) permaneció inalterado durante muchos años, aunque mi padre, en algún momento, probablemente entre 1926 y 1930, escribió una breve versión resumida de la historia para incorporarla a El Silmarillion. (título que, entre paréntesis, apareció por primera vez en la carta enviada a The Observer del 20 de febrero de 1938); y esta versión se cambió luego de acuerdo con otras alteraciones introducidas en otras partes del libro. Mucho más tarde empezó a trabajar en un relato enteramente modificado, titulado “De Tuor y la caída de Gondolin”. Es muy probable que fuera escrito en 1951, cuando El Señor de los Anillos estaba terminado, pero la publicación era todavía dudosa. Con profundo cambio de estilo y atmósfera, aunque reteniendo gran parte de la historia escrita en su juventud, “De Tuor y la caída de Gondolin” habría contado con todo detalle la leyenda que constituye el breve capítulo 23 de El Silmarillion; pero desdichadamente no avanzó más allá de la llegada de Tuor y Voronwë al último portal y la visión de Gondolin en la lejanía, más allá de la llanura de Tumladen. No se sabe por qué abandonó esta narración.

Éste es el texto que se ofrece aquí. Para evitar confusiones lo he retitulado “De Tuor y su llegada a Gondolin”, pues nada dice de la caída de la ciudad. Como siempre ocurre con los escritos de mi padre, hay varias lecturas posibles y, en una breve parte (el pasaje en que Tuor y Voronwë se acercan al río Sirion y lo cruzan), varias versiones excluyentes; por tanto, fue necesario cierto trabajo menor de redacción.

Así, pues, es notable el hecho de que la única narración completa escrita nunca por mi padre acerca de la estadía de Tuor en Gondolin, su unión con Idril Celebrindal, el nacimiento de Eärendil, la traición de Maeglin, el saqueo de la ciudad y la huida de los fugitivos -historia que era un elemento fundamental en su concepción de la Primera Edad- fuera esta narración juvenil. No cabe duda, sin embargo, que la narración (realmente notable) no se presta a ser incluida en este libro. Está escrita en el estilo extremadamente arcaico que mi padre empleaba en ese tiempo, e inevitablemente incorpora concepciones incompatibles con el mundo de El Señor de los Anillos y la versión publicada de El Silmarillion. Pertenece a la fase más temprana de la mitología “El Libro de los Cuentos Perdidos”, una obra sustancial y de sumo interés para quienes se preocupen por los orígenes de la Tierra Media, pero que en todo caso requiere un largo y complejo trabajo preliminar.

La historia de los hijos de Húrin

El desarrollo de la leyenda de Túrin Turambar es en ciertos aspectos el más enmarañado complejo de elementos narrativos en la historia de la Primera Edad. Como el cuento de Tuor y la caída de Gondolin, retrocede a los comienzos de la Primera Edad, y sobrevive en una temprana narración en prosa (uno de los “Cuentos perdidos”) y en un largo poema inconcluso escrito en versos aliterados. Pero mientras la posterior “versión larga” de “Tuor” nunca progresó demasiado, mi padre dio a la “versión larga” de Túrin una mayor extensión, y la llevó casi a término. Tiene ésta por título “Narn i Hîn Húrin”; y es la narración que se ofrece en el presente libro.

Hay sin embargo grandes diferencias en el curso de la larga “Narn”, y la forma no es siempre definitiva. En la última parte (desde “La Vuelta de Túrin a Dor-lómin” hasta “La Muerte de Túrin”) sólo se ha introducido alguna alteración marginal; mientras que la primera (hasta el final de la estadía de Túrin en Doriath) exigió abundantes revisiones y eliminaciones, y en algunos lugares, un cierto trabajo de condensación, pues los textos originales eran fragmentarios y discontinuos. Pero la parte central de la narración (Túrin entre los proscritos, Mim el Enano Pequeño, la tierra de Dor-Cúarthol, la muerte de Beleg en manos de Túrin y la vida de Túrin en Nargothrond) planteó un problema de redacción mucho más difícil. La “Narn” se encuentra aquí en su estado menos acabado, y en ciertos pasajes es sólo un esbozo de posibles desarrollos. Mi padre estaba todavía elaborando esta parte cuando decidió abandonar el relato, y no escribiría la versión más breve para El Silmarillion hasta que la “Narn” estuvo más desarrollada. En la preparación del texto de El Silmarillion, tuve necesariamente que recurrir a este mismo material, cuyas variaciones e interrelaciones son de una complejidad extraordinaria.

Para la primera parte de esta sección central, hasta el comienzo de la estadía de Túrin en la morada de Mim en Amon Rûdh, he compuesto una narración, en la misma escala que otras partes de la “Narn”, a partir de los materiales existentes (con una laguna, véanse págs. 126 y 127 y nota 12); pero desde ese punto en adelante (véase página 137), hasta la llegada de Túrin a Ivrin después de la caída de Nargothrond, no me pareció conveniente intentar lo mismo. Las lagunas de la “Narn” son aquí extremadamente grandes, y sólo podían llenarse con el texto publicado de El Silmarillion; pero en un Apéndice (páginas 195 y siguientes), cité fragmentos aislados de esta parte de la proyectada ampliación.

En la tercera parte de la “Narn” (que empieza con La Vuelta de Túrin a Dor-lómin) una comparación con El Silmarillion descubre muchas estrechas correspondencias y aun idéntica redacción, mientras que en la primera parte hay dos extensos pasajes que he excluido del presente texto (véanse pág. 80 y nota 1, y pág. 90 y nota 2), pues son variantes muy parecidas de pasajes que aparecen en otro sitio, y se incluyen en la versión publicada de El Silmarillion. Esta sobreposición e interrelación entre una y otra obra puede explicarse de distintos modos, desde distintos puntos de vista. Mi padre se complacía en retomar un relato y contarlo en una escala diferente, pero algunos textos no exigían un tratamiento más extenso, pues eran partes de una versión más amplia, y no era necesario volver a escribirlos. Además, cuando todo era todavía fluido, y nada se sabía aún de la organización definitiva de las distintas narraciones, el mismo pasaje podía situarse experimentalmente en cualquiera de ellas. Pero en un diferente nivel puede haber otra explicación. Leyendas como la de Túrin Turambar habían tenido forma poética mucho tiempo atrás -en este caso, la “Narn i Hîn Húrin” del poeta Dírhavel- y las que después fueron historias condensadas de los Días Antiguos (como el El Silmarillion) preservaron intactas frases o aun pasajes enteros (especialmente en momentos de extrema retórica, como cuando Túrin le habla a su espada antes de morir).

Cuentos Inconclusos: Segunda Parte I Descripción de la Isla de Númenor

Aunque descriptivos más que narrativos, he incluido aquí algunos pasajes sobre Númenor, sobre todo en lo que concierne a la naturaleza física de la Isla, pues clarifica y naturalmente ilustra la historia de Aldarion y Erendis. Este texto existía sin duda en 1965, y fue probablemente escrito poco antes de esa fecha.

He rehecho el mapa a partir de un pequeño y rápido esbozo de mi padre, pues, según parece, es el único que él hizo de Númenor. Sólo los nombres y los accidentes presentes en el original se han incorporado en el nuevo mapa.

Además, el original muestra otro puerto en la Bahía de Andúnië, no muy lejos hacia el oeste de la misma Andúnië; el nombre no es fácil de leer, pero casi con toda certeza dice Almaida. No tengo conocimiento de que aparezca en otra parte.

II Aldarion y Erendis

Esta historia es la que se halla menos desarrollada de toda esta colección, y en algunos sitios ha exigido trabajos de redacción tan abundantes, que dudé de la conveniencia de incluirla. No obstante, su gran interés por ser la única historia (fuera de registros y anales) que sobrevivió de las largas edades de Númenor, antes del episodio de su caída (el Akallabêth) y como historia única por su contenido entre los escritos de mi padre, me persuadió de que no sería acertado omitirla en esta colección de Cuentos inconclusos.

Para apreciar la necesidad de tales trabajos de redacción, hay que explicar que mi padre recurría abundantemente en la composición de sus relatos a “esbozos de argumentos”, concediendo escrupulosa atención a la cronología, de modo que dichos esbozos tienen en parte apariencia de anales incluidos en una crónica. En el presente caso hay nada menos que cinco de estos esquemas, que varían constantemente en cuanto a su relativo desarrollo en diferentes momentos, y que con no poca frecuencia se contradicen en general y en los detalles. Pero estos esquemas tendían siempre a convertirse en pura narración, especialmente mediante la introducción de breves pasajes en discurso directo; y en el quinto y último de estos esquemas para la historia de Aldarion y Erendis, el elemento narrativo es tan pronunciado que el texto alcanza unas sesenta páginas manuscritas.

Este alejamiento del estilo analítico staccato en tiempo presente, que luego se transformaba en una escritura auténticamente narrativa, era sin embargo muy gradual a medida que la escritura del esbozo avanzaba; y en la primera parte de la historia he reescrito mucho en el intento de conseguir cierta homogeneidad estilística a lo largo de toda la narración. Esta reescritura es exclusivamente una cuestión de redacción y nunca altera significados ni introduce elementos inauténticos.

El último “esquema”, el texto que principalmente se ha seguido, se titulaba La Sombra de la Sombra: el Cuento de la Esposa del Marinero; y el Cuento de la Reina Pastora. El manuscrito acaba abruptamente, y no explica con seguridad por qué mi padre lo abandonó. Una copia dactilografiada de enero de 1965 se interrumpe en el mismo punto. Hay también dos páginas dactilografiadas que son quizá los materiales más tardíos del relato. Se trata evidentemente del principio de lo que iba a ser la versión definitiva de la historia, y se reproduce en las páginas 223-226 de esta obra (donde los esbozos del argumento se muestran menos explícitos). Se titulaba Indis i · Kiryamo “La Esposa del Marino”: un cuento de la antigua Númenórë en que se escuchan por primera vez rumores de la Sombra.

Al final de esta narración (pág. 263) he dado los escasos datos accesibles sobre el desarrollo posterior de esta historia

III La línea de Elros: Reyes de Númenor

Aunque es en su forma un mero registro dinástico, lo he incluido porque constituye un importante documento para la historia de la Segunda Edad, y porque gran parte de los materiales que conciernen a esa Edad aparecen de alguna manera en los textos y comentarios de este libro. Es un magnífico manuscrito, en el que las fechas de los Reyes y las Reinas de Númenor y de sus reinados han sido abundante y a veces oscuramente corregidos: he procurado dar la última redacción. El texto introduce varios acertijos cronológicos menores, pero también permite la clarificación de algunos errores aparentes en los Apéndices de El Señor de los Anillos.

El cuadro genealógico de las primeras generaciones de la Línea de Elros ha sido tomada de varios cuadros estrechamente relacionados, que cubren el período de la formulación de las leyes de sucesión en Númenor (págs. 266-267). Hay algunas variantes en nombres menores: así, Vardilmë aparece también como Vardilyë, y Yávien como Yávië. Creo que las formas que doy en el cuadro I son posteriores

IV La historia de Galadriel y Celeborn

Esta sección del libro difiere de las demás (salvo las de la Cuarta Parte) en que no hay un texto único, sino más bien un ensayo al que se incorporan algunas citas. La naturaleza del material obligó a este tratamiento; como el curso del ensayo lo pone en claro, una historia de Galadriel sólo puede ser la historia de las concepciones cambiantes de mi padre, y la naturaleza “inconclusa” del cuento no es en este caso sino la de un escrito particular. Me he limitado a la presentación de escritos inéditos sobre el tema, y me he abstenido de toda exposición acerca de las cuestiones más amplias implicadas en el desarrollo; pues ello habría obligado a reconsiderar toda la relación entre los Valar y los Elfos, después de la decisión inicial (descrita en El Silmarillion) de llamar a los Eldar a Valinor y otros numerosos asuntos, sobre los que mi padre escribió muchas cosas que no se incluyen en este libro.

La leyenda de Galadriel y Celeborn está tan entretejida con otras leyendas e historias -la de Lothlórien y los Elfos Silvanos, la de Amroth y Nimrodel, la de Celebrimbor y la creación de los Anillos del Poder, la de la guerra contra Sauron y la intervención númenóreana- que no puede tratarse aisladamente, de modo que esta sección del libro, junto con sus cinco apéndices, reúne virtualmente todo el material inédito de la historia de la Segunda Edad en la Tierra Media (y la exposición en ciertos pasajes se extiende inevitablemente hasta la Tercera). Se dice en el cómputo de los años que aparece en el Apéndice B de El Señor de los Anillos: “Éstos fueron los años oscuros para los Hombres de la Tierra Media, y los días de gloria de Númenor. Los registros de lo acaecido en la Tierra Media son escasos y breves, y su fecha es a menudo incierta”. Pero aun lo que sobrevivió de los “años oscuros” fue modificándose, a medida que se desarrollaban y cambiaban las concepciones de mi padre; y no he hecho esfuerzo alguno por evitar incoherencias; al contrario, las he señalado y he llamado la atención sobre ellas.

No es siempre necesario en verdad en el caso de las versiones tratar de establecer siempre cuál fue la original; y mi padre como “autor” o “inventor” no siempre se distingue, en este domino, del “cronista” de antiguas tradiciones, perpetuadas en distintas formas, en distintos pueblos, a lo largo de los años (cuando Frodo encontró a Galadriel en Lórien, habían transcurrido más de seis siglos desde que ella había ido hacia el este por sobre las Montañas Azules, abandonando las ruinas de Beleriand). “De esto se dicen dos cosas, aunque cuál sea la verdadera sólo lo saben los Sabios que ya han partido.”

Durante sus últimos años mi padre se ocupó a menudo de la etimología de los nombres de la Tierra Media. Estos ensayos, de carácter discursivo, incorporan no pocas leyendas e historias; pero como se subordinaban al propósito filológico fundamental, y se las mencionaba como de paso, fue necesario extractarlas. Ésa es la razón por la cual esta parte del libro está compuesta en gran medida por citas cortas, y el Apéndice incluye materiales de la misma especie.

TERCERA PARTE : I El desastre de los Campos Gladios

Ésta es una narración “tardía”, lo que sólo significa que en ausencia de indicios claros, pertenece al último período en que mi padre escribió sobre la Tierra Media, al igual que “Cirion y Eorl”, “Las Batallas de los Vados de Isen”, “los Drúedain” y los ensayos filológicos cuyos extractos forman “La historia de Galadriel y Celeborn”, y no al tiempo de la publicación de El Señor de los Anillos y los años que la siguieron. Hay dos versiones: una dactilografiada muy corregida de la totalidad (obviamente la primera etapa de la composición) y otra bien dactilografiada que incorpora numerosos cambios y se interrumpe en el punto en que Elendur insta a Isildur a huir. Aquí la mano correctora tuvo poco que hacer.

II Cirion y Eorl y la amistad de Gondor y Rohan

Considero que estos fragmentos pertenecen al mismo período que “El desastre de los Campos Gladios”, cuando mi padre estaba sumamente interesado en la historia temprana de Gondor y Rohan; estaban destinados sin duda a constituir una historia sustancial, que desarrollaría en detalle las crónicas sumarias que se ofrecen en el Apéndice A de El Señor de los Anillos. El material pertenece a una primera etapa de la composición, muy desordenada, plagada de variantes, interrumpida por anotaciones en parte ilegibles.

III La búsqueda de Erebor

En una carta escrita en 1964 mi padre decía:

Hay, por supuesto, muchos eslabones entre El hobbit y El Señor de los Anillos que no están bien puestos en claro. Fueron escritos o esbozados, pero eliminados luego para aligerar la carga del bote: tales como los viajes de exploración de Gandalf y sus relaciones con Aragorn y Gondor; todos los movimientos de Gollum hasta que se refugió en Moria, etcétera. Escribí en realidad una crónica cabal de lo que verdaderamente sucedió antes de la visita de Gandalf a Bilbo y la subsiguiente “Fiesta Inesperada” tal como el mismo Gandalf la vio. Hubiera tenido que aparecer durante una conversación retrospectiva mantenida en Minas Tirith; pero hubo que eliminarla, y sólo aparece en forma abreviada en el Apéndice A, aunque allí no se citan las dificultades que Gandalf tuvo con Thorin.

El relato de Gandalf es el que aparece en el volumen tercero de esta obra. La compleja situación textual se describe en el Apéndice, donde incorporo sustanciales extractos de una versión anterior.

IV La búsqueda del Anillo

Hay abundante material escrito en relación con los acontecimientos del año 3018 de la Tercera Edad, acontecimientos que se citan en otras partes, como el cómputo de los años y los informes de Gandalf y otros en el Concilio de Elrond; y estos escritos son sin duda los “esbozados” a que se refiere la carta. Les he dado el título de “La búsqueda del Anillo”. Los manuscritos mismos, en una grande aunque no excepcional confusión, son descritos en “La Tercera Edad”. Pero cabe mencionar aquí la cuestión de la fecha (pues creo que todos pertenecen al mismo período, incluyendo “Sobre Gandalf, Saruman y la Comarca”, presentados como la tercera parte de esta sección). Fueron escritos después de la publicación de El Señor de los Anillos, pues hay referencias a la paginación del texto impreso; pero difieren en la fecha que se da a ciertos acontecimientos en el cómputo de los años del Apéndice B. Es obvio que se escribieron después de la publicación del primer volumen, pero antes de la del tercero, que contenía los apéndices.

V La batalla de los Vados de Isen

Ésta, junto con la crónica de la organización militar de los Rohirrim y la historia de Isengard que se da en el apéndice del texto, corresponde al mismo grupo de escritos posteriores, estrictamente históricos. No presenta ningún problema de orden textual, y sólo está inconclusa en el sentido más directo del término

Cuarta Parte: I Los Drúedain

Hacia el final de su vida, mi padre reveló muchas más cosas acerca de los Hombres Salvajes del Bosque Drúadan y las estatuas de los Hombres Púkel en el camino al Sagrario. La narración que se ofrece aquí, en la que aparecen los Drúedain, que vivían en Beleriand durante la Primera Edad, y que contiene la historia de “La Piedra Fiel”, fue extraída de un largo ensayo discursivo e inconcluso que se refiere sobre todo a las interrelaciones de las lenguas de la Tierra Media. Como se verá, los Drúedain se remontarían a la historia de Edades más tempranas; pero no hay huella de esto en la versión publicada de El Silmarillion.

II Los Istari

Después de decidida la publicación de El Señor de los Anillos, se propuso que hubiera un índice al final del tercer volumen, y parece que mi padre empezó a trabajar en él en el verano de 1954, cuando los dos primeros volúmenes estaban en prensa. Escribió sobre el asunto en una carta de 1956: “Se había previsto un índice de nombres cuya interpretación etimológica proporcionaría un amplio vocabulario élfico … Trabajé en él durante meses e hice un índice de los dos primeros volúmenes [ésa fue la causa principal del retraso del volumen III] hasta que fue evidente que el tamaño y el costo serían ruinosos”.

Por tanto, no hubo índice para El Señor de los Anillos hasta la segunda edición de 1966, pero el borrador original de mi padre había sido preservado. De él extraje el plan para el índice de El Silmarillion, con traducción de los nombres y breves notas explicativas, y también, tanto en El Silmarillion como en el índice de este libro, ciertas traducciones, y la redacción de “definiciones”. De él proviene también el “ensayo sobre los Istari” con que se abre esta sección del libro: una nota que por su longitud escapa a las características del índice original, pero que no es ajena a la manera en que a menudo trabajaba mi padre.

Para otras citas en esta sección, he dado en el texto mismo las indicaciones de fecha disponibles

III Las Palantiri

Para la segunda edición de El Señor de los Anillos (1966) mi padre hizo correcciones sustanciales a un pasaje de Las Dos Torres (III, ii) que concierne a “El Palantir” y algunas otras en el mismo sentido en El Retorno del Rey, V, 7, “La Pira de Denethor”, aunque estas correcciones no se incorporaron al libro hasta la segunda impresión de la edición revisada (1967). Esta sección del presente libro se basa en los escritos sobre las palantiri asociados con esta revisión; no hice más que montarlos en un único texto.

Historia de la Tierra Media

Historia de la Tierra Media

El Libro de los Cuentos Perdidos (1 y 2)

   

Los dos volúmenes de que consta El Libro de los Cuentos Perdidos son los primeros de la serie de Historia de la Tierra Media, en los que Christopher Tolkien presenta una visión “longitudinal” de los textos sobre las leyendas de los Elfos que escribió su padre: comenzando por las primeras versiones escritas en la época de la I Guerra Mundial, hasta los últimos trabajos. Como es natural debido al estilo de J.R.R. Tolkien, que revisaba una y otra vez lo escrito hasta el infinito, a lo largo de los volúmenes de esta colección se repiten las mismas historias que finalmente se publicaron póstumamente en El Silmarillion, aunque en formas muy diferentes, más alejadas de esta última cuanto más se retrocede en el tiempo.

Por eso El Libro de los Cuentos Perdidos, la primera de las versiones, escritos a partir de 1916 inspirándose en poemas compuestos años atrás, es toda una curiosidad llena de encanto para aquél que conoce y ha disfrutado de las obras más conocidas de Tolkien. Las leyendas son más o menos las mismas que en El Silmarillion, pero por su gran distanciamiento resultan del todo novedosas, tanto en forma como en contenido. Para comenzar, cuando se escribieron estos cuentos aún faltaban muchos años para que Tolkien pensara en los hobbits, por lo que el autor imaginario de esta obra, al contrario que en El Señor de los Anillos, no tiene nada que ver con ellos; es en cambio Ottor Wáefre, un marinero danés supuesto padre de Hengest y Horsa (los fundadores de la Inglaterra anglosajona), amigo de los elfos, quienes lo llamaron Eriol y le contaron la historia de la Isla y sus mágicos habitantes. En estos dos libros se narran las experiencias de Eriol cuando llegó navegando a la Isla Solitaria y los cuentos que allí le relataron los elfos, desde el mito de La Música de los Ainur hasta la llegada de los Hombres en el primer volumen, y las grandes leyendas sobre la guerra contra Morgoth en el segundo.

El Libro de los Cuentos Perdidos es una lectura sorprendente para el lector de Tolkien acostumbrado a las obras “canónicas” sobre la Tierra Media. Al contrario que en ellas, están repletas de figuras feéricas que luego desaparecerían como hadas, duendes y silfos; Beren es un elfo, y en lugar de Sauron sale un gato malvado apellidado Miaugion; se nos muestra a unos Valar mucho más humanizados y vívidos, como los Ases escandinavos con quienes se les llega a comparar explícitamente; y sobre todo, tiene una gran vinculación directa con Inglaterra, siendo la Isla Solitaria la antecesora geográfica de ésta, y muchos lugares de la historia meras traslaciones de Warwick, Oxford y otros lugares queridos por Tolkien, que trataba así de cumplir su deseo original al componer estas leyendas: crear “una mitología para Inglaterra”. De hecho, la mitología élfica debía enlazarse al final de los cuentos con la tradición anglosajona, y no había lugar para la historia de Númenor. Pero hay otros motivos que hacen su lectura atractiva: a pesar de que algunos capítulos están poco o nada desarrollados, sobre todo el de la llegada de los Hombres, así como el del viaje de Earendel [sic] y los posteriores, otros tienen un nivel de detalle que jamás volvió a reproducirse en las versiones más tardías de las leyendas. Los ejemplos más notables son, sin duda, El Cuento del Sol y la Luna y La Caída de Gondolin.

El Cuento del Sol y la Luna (que se presenta en el primer volumen) es siete veces más extenso que su análogo en El Silmarillion (que ocupa sólo las cuatro primeras páginas del capítulo once), y es asombrosa la riqueza narrativa y poética de este cuento, cuando narra los numerosos intentos vanos y amargos de resucitar los Árboles, o cuando detalla los descomunales trabajos de los Valar para hacer los navíos del Fruto del Sol y la Flor de la Luna, de lo cual casi nada hay en la versión tristemente resumida que aparece en El Silmarillion.

El otro cuento destacable es La Caída de Gondolin, que aparece en el segundo volumen. Doblemente significativo por haber sido el primero que compuso Tolkien, durante su convalecencia en la I Guerra Mundial, la comparación de su longitud con la del capítulo de El Silmarillion es aún más escalofriante: la batalla en Gondolin, que en la obra póstuma se menciona fugazmente en una decena de líneas, se desarrolla con un detallismo brutal a lo largo de veinte páginas del libro. Es de hecho el texto más importante que existe para investigar los equipamientos y organizaciones bélicas de los elfos en la Primera Edad; y resulta lamentable que esta parte de la historia nunca se volviera a reescribir, más aún cuando sí existe -en los Cuentos Inconclusos- una reescritura de la primera parte, cuya magnitud hace pensar que de haberse continuado, a la luz de esta versión primitiva de lo que sigue, se podría haber obtenido una obra colosal, como pocas de fantasía épica se han escrito.

Las Baladas de Beleriand

Poco después de escribir los Cuentos Perdidos y durante los años veinte, Tolkien experimentó con una nueva forma de transmitir las historias de los Elfos y los Hombres en los Días Antiguos. A imitación de las tradiciones nórdicas y anglosajonas, puso en verso las leyendas más importantes de los Cuentos. Algunas como la Caída de Gondolin, la Balada de Earendel o el Juramento de Fëanor y el exilio de los Noldoli apenas pasaron del borrador; pero dos de ellas las desarrolló hasta alcanzar un exquisito nivel de detalle, que no se llegó a alcanzar en las versiones en prosa más tardías que se reprodujeron en El Silmarillion: éstas son La Balada de los Hijos de Húrin y La Balada de Leithian.

La Balada de los Hijos de Húrin es un poema aliterado (al estilo del famoso poema anglosajón Beowulf) complejo y evocador, en el que se cuenta la tragedia de Túrin hasta su estancia en Nargothrond, momento en el que se interrumpe. Complejo sobre todo por el estilo arcaizante, que incluso obligó a Christopher Tolkien a incluir en el libro -en la versión en inglés- un glosario de palabras arcaicas para que los lectores (aun los ingleses) pudieran entenderlo completamente. Evocador en parte por este estilo, y también porque además de la riqueza de la composición en verso, destaca la profusión en las descripciones y los diálogos, notablemente reducidos en la versión de El Silmarillion, que no se recuperaron hasta la Narn i Hîn Húrin (en los Cuentos Inconclusos), y en algunos casos ni siquiera en esa larga historia en prosa. Es digna de destacar sobre todo la parte en la que se cuenta con abrumadores detalles la aventura desdichada de Beleg en Taur-na-Fuin para liberar a Túrin de los orcos, y el posterior viaje de Túrin hasta Nargothrond con el terrible peso de la memoria de Beleg en su conciencia. Asimismo, en una versión más tardía del mismo poema se multiplican los detalles narrados sobre el comienzo de la historia, hasta la estancia de Túrin en Doriath, pero esta versión se interrumpe aun antes, durante la fiesta anterior a que Túrin se exiliara.

El caso de La Balada de Leithian es parecido, pero aún más destacable, pues si bien de la historia de Túrin hay en la Narn i Hîn Húrin una versión tardía y también muy extensa, la leyenda de Beren y Lúthien nunca se volvió a componer de forma tan detallada como en este poema, salvo en un intento de retomar esta versión en verso que no llegó a desarrollarse mucho más allá de la llegada de Beren a Doriath. Cuando al principio del capítulo De Beren y Lúthien en El Silmarillion se dice “aquí se cuenta la historia con menos palabras y sin canto”, bien se puede ver que Tolkien deseaba que esta historia fuese en realidad un poema, y en la tentativa mucho posterior (en 1955) de volver a componerlo que también se recoge en este libro, se adivina que este deseo fue firmemente sostenido durante muchos años, y posiblemente siempre fue así. Por lo tanto, este poema tiene el valor añadido de ser lo más cercano a la forma “verdadera” que debía haber tenido la historia de Beren y Lúthien. Lamentablemente, también es incompleta, pues no se desarrolla mucho más allá de la pérdida del silmaril en las fauces de Carcharoth, pero no por ello es menos cautivadora. Escrita en verso (rimado en inglés, del mismo estilo que el fragmento cantado por Aragorn en la Cima de los Vientos, que no trata de ser otra cosa que una pequeña parte de este poema completo) tiene una extraordinaria fuerza y hermosura tanto en la narración como en las descripciones. En muchas ocasiones no puede ser imitada por ninguna forma en prosa, tanto que en la versión de El Silmarillion se incluyeron algunos cortos pasajes de este mismo poema; y a lo largo de toda la balada es tanto lo que se cuenta y que no sale en ninguna otra versión de la historia, que saber que Tolkien no llegara hacer una versión completa y definitiva del poema provoca una enorme sensación de pérdida.

Además de estos poemas, Las Baladas de Beleriand también contiene un par de curiosidades: Una de ellas es una crítica a la Balada de Leithian, escrita por C.S. Lewis como si fuera el estudio realizado por unos filólogos ficticios sobre un antiguo poema de autor desconocido y transmitido a través de varias reconstrucciones, al estilo de los estudios que se hacían sobre los textos que investigaban los profesores de Oxford. La otra es un comentario de Christopher Tolkien en el que da detalles sobre los textos concretos que su padre envió a Allen&Unwin -y que fueron rechazados- cuando le pidieron más obras para publicar después de El Hobbit, algunos de los cuales están íntimamente relacionados con lo publicado en este libro.

La Formación de la Tierra Media

En 1926, mientras escribía Las Baladas de Beleriand, J.R.R. Tolkien comenzó lo que, después de muchos años y transformaciones, se convertiría en El Silmarillion. Hubiera sido difícil pensarlo a juzgar por este comienzo: tan sólo era un resumen de La Balada de los Hijos de Húrin, el poema que Tolkien había estado escribiendo y quería enseñar a Richard W. Reynolds; resumen que hizo para que su amigo entendiese el contexto, dado que Tolkien no había llegado a terminar el poema. Este resumen creció y se convirtió en un “esbozo de la mitología” que fue extendiéndose hasta relatar de forma esquemática todos los acontecimientos de los Días Antiguos; y a partir de este esbozo Tolkien recompuso las leyendas en nuevas e imaginativas formas.

El contexto imaginario de estas historias era el mismo que el del Libro de los Cuentos Perdidos, o más bien una reelaboración del mismo: el marinero inglés Ælfwine, que llegó a Tol Eressëa, fue instruido por el sabio elfo Pengoloð, de quien aprendió las historias de los Eldar y los Hombres y su lucha contra Morgoth. Con estas enseñanzas, Ælfwine compuso varios textos que son los que J.R.R. Tolkien escribió y Christopher Tolkien presenta (en sus primeras versiones) en este libro.

Uno de ellos era la crónica titulada “Historia de los Gnomos”, que en quenya y noldorin era Qenta Noldorinwa y Pennas-na-Ngoelaidh, respectivamente. Esta crónica relata, al modo de las sagas nórdicas, toda la historia del mundo desde el principio hasta la derrota de Morgoth, e incluso la Profecía de Mandos sobre el Fin del Mundo. El Qenta Noldorinwa (más tarde llamado Quenta Silmarillion, “Historia de los Silmarils”) fue reescrito y ampliado a lo largo de muchos años, pero se mantuvo su esquema inicial, e incluso gran parte del texto. Sin embargo, como se ve en otros volúmenes de Historia de la Tierra Media, lo que esta composición fue ganando en extensión a través de las revisiones, lo fue perdiendo en completitud, de modo que la única versión “completa”, que cuenta todas las historias hasta el final (aunque muy resumidas y con bastantes cosas que habrían de cambiar), es este primer y primitivo Qenta Noldorinwa.

Otros textos muy importantes incluidos en este libro, y que experimentaron las mismas fases de evolución que el Qenta Noldorinwa/Quenta Silmarillion, fueron los Anales de Beleriand y los Anales de Valinor. De hecho, parece que sendos anales eran textos compañeros del anteriormente comentado, escritos mas o menos simultáneamente, que lo complementaban con algunos datos nuevos y, sobre todo, con la inclusión de las fechas en que ocurrió cada cosa (antes de que salieran la luna y el sol en los Anales de Valinor, y los acontecimientos posteriores en los Anales de Beleriand).

Además, se incluye en este libro uno de los textos de Rúmil, que de entre los elfos era quien más conocía del Mundo y del saber de los Valar en general: éste es el Ambarkanta, la “Forma del Mundo”, que muestra en palabras y dibujos la geografía de la Tierra Media, Valinor y los Mares, tal como Tolkien lo concebía durante esta época del Qenta Noldorinwa y los Anales (finales de los años veinte y comienzos de los treinta). Este documento resulta especialmente valioso, por ser el que con más claridad muestra la cosmogonía del mundo subcreado por Tolkien, y el único con diversos mapas que completan las explicaciones. Casi todos estos mapas se refieren al mundo antes del cataclismo de Númenor, pero hay también uno que muestra cómo era después. Otro mapa más detallado de Beleriand tal como se concebía en esta época también se encuentra en este libro, reproducido a color en dos partes que decoran la primera y la última página del libro.

En conjunto, La Formación de la Tierra Media da una visión completa de cómo era la historia y el mundo de los elfos, en la época en que se comenzó a gestar la estructura del Quenta Silmarillion publicado por Christopher Tolkien en El Silmarillion. A pesar de que este libro repite buena parte del texto que se lee en El Silmarillion, resulta interesante por ser el único “Quenta Silmarillion” enteramente escrito por J.R.R. Tolkien, sin modificar, y completo (pues como se decía antes, las revisiones que J.R.R. Tolkien hizo posteriormente están inconclusas); pero también porque muestra el gran ingenio de Tolkien en las estrategias tan creativas, más sofisticadas que en El libro de los Cuentos Perdidos, que elaboró en torno al contexto imaginario de sus leyendas: un corpus de múltiples textos que cuentan las mismas historias en distintas formas, de distintas fuentes pero volcados por un mismo cronista. El remate a este ardid se muestra en este libro en la reconstrucción de fragmentos del Qenta Noldorinwa, los Anales de Valinor y los Anales de Beleriand en inglés antiguo, la lengua en que, se supone, Ælfwine los escribió originalmente.

El Camino Perdido

En los años treinta, mientras J.R.R. Tolkien escribía y revisaba las historias que se reproducen en La Formación de la Tierra Media, surgió un tema que desde entonces tendría una importancia capital en su legendario: la historia de Númenor y el cataclismo que cambió la forma del mundo. Esta historia nació como producto de un reto literario que se planteó con C.S. Lewis y dos obsesiones de Tolkien: la creación de lenguajes y un sueño recurrente en el que Tolkien veía a la Atlántida hundirse bajo una gran ola. Estas tres cosas cristalizaron en El Camino Perdido, una ficción con tintes autobiográficos que se incluye en este libro y le da título, en la que el protagonista retrocede en el tiempo hasta el pasado en que los hombres hablaban las lenguas por él inventadas y sucedía el hundimiento de Númenor o Atalantë.

Aunque originalmente escrita con otro propósito, la historia de El Camino Perdido fue “absorbida” por la mitología élfica hasta que la parte sobre el hundimiento de la Atlántida se convirtió en una obra aparte que resultaba ser una prolongación de las leyendas sobre los Elfos y los Silmarils: La Caída de Númenor, también incluida en este libro, y que no era sino una primera versión de lo que años más tarde sería la Akallabêth que se puede leer en El Silmarillion.

Pero las cavilaciones lingüísticas que se ven en El Camino Perdido también se siguieron desarrollando por su cuenta, hasta alcanzar dos obras independientes que también se incluyen en este libro: el Lhammas o “Historia de las Lenguas” (un ensayo sobre las múltiples lenguas inventadas por Tolkien y los vínculos entre ellas) y las Etimologías, un asombroso diccionario etimológico con cuatro mil palabras en distintos idiomas élficos, referencia obligada para todo aquél que quiera conocer la lingüística tolkieniana.

Además, en El Camino Perdido también se encuentran las revisiones hechas durante los años treinta de los textos más importantes que se dieron en La Formación de la Tierra Media: el Quenta Silmarillion, los Anales de Valinor y los Anales de Beleriand, así como otros textos contemporáneos que hablan también de estos asuntos: el arriba mencionado Lhammas y el Ainulindalë o “La Música de los Ainur”, la forma original del capítulo del mismo nombre con el que comienza El Silmarillion. Si a todo esto le sumamos una lista de genealogías, otra de nombres, y la reproducción del segundo y último mapa de Beleriand que dibujó Tolkien (en el que por cierto se basó su hijo para hacer el de El Silmarillion), todo lo cual está también en este libro, y por último consideramos también el Ambarkanta publicado en el volumen anterior, tenemos que, así como La Formación de la Tierra Media nos mostraba el Quenta Silmarillion tal como era en su primera forma, al añadirle el material de El Camino Perdido obtenemos la versión completa y genuina de El Silmarillion tal como era cuando Tolkien trató de publicarlo por primera vez en 1937, antes de que El Señor de los Anillos entrara en juego. (Ya con ese nombre: Silmarillion, o I·Eldanyáre -“La Historia de los Elfos”-, era el nombre con el que Tolkien titulaba el conjunto formado por estas obras escritas contadas por Pengoloð a Ælfwine.)

Pero El Camino Perdido es un libro destacable, no sólo por la gran cantidad de información que da o por mostrar esta visión más auténtica -si bien no definitiva- de El Silmarillion, sino también por sí mismo, pues en estos textos se desarrollan más que en ningún otro sitio las inquietudes más intensas de Tolkien, la filología en las dos distintas vertientes tolkienianas; sobre todo en el relato que da título al libro, donde las lenguas élficas y las leyendas de los elfos subcreadas por Tolkien se entrelazan con el anglosajón y las leyendas de los anglosajones como la del Rey Sheaf, en una misma trama narrativa.

La Caída de Númenor

Es sabido que El Señor de los Anillos fue siendo atraído, según se escribía, por la mitología antes creada por Tolkien (la cual ya estaba ampliamente desarrollada en 1937 -cuando comenzó a componer la historia de Frodo y el Anillo-, como se ve en El Silmarillion de El Camino Perdido). Pero también es cierto que dicha mitología se vio fuertemente afectada por la influencia de El Señor de los Anillos, ya mientras éste se estaba escribiendo. Uno de los primeros elementos en sufrir esta influencia fue la historia de Númenor, cuyo origen se cuenta en el volumen anterior de la colección, y cuya siguiente fase se refleja en los textos de éste. Esta reelaboración de la leyenda de Númenor se hizo alrededor de 1945, en plena composición de El Señor de los Anillos, y sigue los mismos pasos que el nacimiento de la misma, de modo que distintas partes de La Caída de Númenor se pueden comparar con las de El Camino Perdido.

El comienzo fue una nueva ficción titulada Los Papeles del Notion Club, que forma la primera parte de este libro. A pesar de las notables diferencias, la historia que aquí se cuenta es la misma que en El Camino Perdido, sólo que aplicada en un contexto mucho más sofisticado: en vez de narrarse en forma de relato, está escrita en un supuesto libro de actas del llamado “Notion Club”; pero los acontecimientos principales son parecidos en fondo -ya que no en la forma-, y tiene la misma carga autobiográfica (de hecho, el significado de “notion” en inglés es similar al de “inkling”, y los miembros del imaginario club recuerdan en carácter y a veces en nombre a los mismos Inklings).

Las diferencias fundamentales se encuentran en los otros textos que se desarrollaron a partir del impulso creativo de Los Papeles del Notion Club. Al igual que El Camino Perdido parece directamente relacionado con los textos lingüísticos publicados en libro homónimo, de Los Papeles del Notion Club nace directamente un nuevo estudio lingüístico, pero esta vez sobre una nueva lengua, bastante distinta de las élficas que Tolkien había desarrollado hasta entonces: se trata del adunaico, una lengua inventada para los númenóreanos, de la que Tolkien compuso una gramática que también se incluye en este libro. El adunaico resulta ser la única lengua de la que Tolkien redactó de forma tan clara y completa su gramática (también existe bastante material sobre el quenya, pero muy disperso y confuso), por lo que sólo por esta parte, este libro tiene un gran interés para los lingüistas.

Por otra parte, la escritura de Los Papeles del Notion Club también condujo a la revisión de La Caída de Númenor, el antecedente de la Akallabêth que en su momento había nacido del cuento de El Camino Perdido. Pero en esta revisión no sólo se observan una ampliación de la narrativa y ajustes de la trama, como en revisiones de escritos anteriores, sino también un fuerte compromiso por dotar a la historia de esa “consistencia interna de la realidad” que estaba siendo aplicada a El Señor de los Anillos en ese momento. Tanto era así que llegó a cuestionar algunos elementos fundamentales “poco consistentes” de la mitología de la que había nacido la historia, como la planitud del mundo antiguo; en una de las versiones aquí recogidas, titulada El Hundimiento de Anadûnê, se afirmaba de hecho que el mundo siempre había sido redondo y que las historias sobre el mundo plano eran tergiversaciones de la mitología de los hombres, influida por las mentiras de Sauron.

Con todo esto, La Caída de Númenor es posiblemente uno de los libros de lectura más amena de toda la serie de Historia de la Tierra Media. En parte por su menor longitud en comparación con los demás volúmenes (debida a que es sólo una de las dos partes en que se dividió el original en inglés, Sauron Defeated, para la edición en español de la obra). Pero sobre todo porque su mayor parte, Los Papeles del Notion Club, es una composición nueva y sorprendente, con muy pocas notas editoriales de Christopher Tolkien, y aunque está inconclusa, resulta muy emocionante y grata de leer. Por otra parte, aun el material repetido de El Silmarillion y otros volúmenes de esta serie resulta en parte novedoso a causa del giro tan brusco que se le da por influencia de El Señor de los Anillos; y para el lector aficionado a las lenguas y caligrafías es tremendamente atractiva la gramática del adunaico, así como algunos textos en inglés antiguo y escritos en tengwar, y notas sobre esta caligrafía que también se incluyen en el libro.

El Anillo de Morgoth: El Silmarillion posterior – 1

Del mismo modo que rehizo la leyenda de Númenor (cf. La Caída de Númenor), según Tolkien terminaba El Señor de los Anillos se volcó en la reescritura del Silmarillion que ya tenía compuesto en 1937 (cf. El Camino Perdido). Ante la perspectiva de que finalmente pudiera ser publicado, su objetivo era ajustar los acontecimientos narrados sobre los Días Antiguos a lo que había escrito en El Señor de los Anillos. En El Anillo de Morgoth y en el siguiente volumen La Guerra de las Joyas, Christopher Tolkien plasma esta nueva y última versión que su padre intentó hacer del Silmarillion, antes de que el desarrollo descontrolado del mismo desbordara la estructura de la antigua obra. Concretamente, en El Anillo de Morgoth se incluyen los textos que tratan desde el principio del mundo hasta el comienzo de la Primera Edad.

Primero se dan las dos nuevas versiones del Ainulindalë que Tolkien hizo a la luz del dilema sobre la “consistencia interna de la realidad”, planteado al escribir durante los años cuarenta El Hundimiento de Anadûnê (cf. La Caída de Númenor): si el mundo se redondeó a causa del cataclismo, o si como todo el mundo sabe, siempre fue redondo, y la luna y el sol existen también desde el principio. Seguidamente se plasman los Anales de Aman (reescritura a primeros de los años cincuenta de Los Anales de Valinor) y la nueva versión del Quenta Silmarillion que realizó en la misma época, hasta que llega a la Primera Edad. En estos textos se puede apreciar la fuerza del impulso narrativo que supuso El Señor de los Anillos, hasta el punto en que el extenso Silmarillion que había escrito en 1937 se queda en nada, comparado con la ampliación y transformación que estaba sufriendo. Los Anales de Aman no pueden considerarse ya una relación cronológica de acontecimientos, pues la narración bajo cada fecha crece hasta que estas secciones parecen capítulos y no anales. El Quenta Silmarillion, por su parte, crece a la par que los anales, y más aún en una segunda revisión realizada a finales de los cincuenta, donde las historias añadidas se convierten primero en nuevos capítulos, y luego casi en escritos independientes.

Estas nuevas historias tenían además una gran carga filosófica. En esta fase la duda sobre si el mundo podía haber sido plano estaba incluso en un segundo lugar, y motivado por el episodio del segundo matrimonio de Finwë, Tolkien reflexionó ampliamente sobre la vida, la muerte y el matrimonio de los elfos; y también sobre el mal, de su fuente en Melkor y de cómo éste lo extendió en todo el mundo, que era por lo tanto para Morgoth como el Anillo para Sauron. La última parte de este libro es, de hecho, una colección de pequeños ensayos, relacionados con el Silmarillion pero independientes de él, sobre estos y otros temas -como el origen de los orcos-, en los que Tolkien se volcó durante esta época. También se incluye una obra independiente de extensión considerable, la Athrabeth Finrod ah Andreth (“Debate de Finrod y Andreth”) de incalculable valor para el aficionado a los asuntos filosóficos, pues trata en forma de discusión entre el elfo y la mortal los temas más graves: de la naturaleza de los Hijos de Ilúvatar y del Mundo; de la mortalidad, del mal en Arda y de la unión entre elfos y hombres.

El Anillo de Morgoth es, pues, uno de los volúmenes más citados de la Historia de la Tierra Media. Aunque el principio del mismo repite mucho de otros textos (de hecho, los primeros capítulos de El Silmarillion están casi completamente construidos con parte de lo que se reproduce aquí), la segunda mitad contiene más carga filosófica que todos los publicados anteriormente, y resulta imprescindible la referencia a él para múltiples tipos de ensayos y reflexiones sobre el mundo de Tolkien.

La Guerra de las Joyas: EL Silmarillion posterior – 2

Este volumen es el compañero de El Anillo de Morgoth, como El Libro de los Cuentos Perdidos 2 lo es de El Libro de los Cuentos Perdidos 1. En él se presentan los textos escritos por J.R.R. Tolkien en aquella misma etapa, posterior a la finalización de El Señor de los Anillos, aunque aquí se centra en las historias que siguen a la salida de la Luna y el Sol y el comienzo de la Primera Edad.

Así pues, del mismo modo que en El Anillo de Morgoth aparecen los Anales de Aman y el Quenta Silmarillion hasta el capítulo sobre el Oscurecimiento de Valinor, en La Guerra de las Joyas nos encontramos con los Anales Grises y los demás capítulos del Quenta Silmarillion que llegaron a reescribirse. Los Anales Grises (llamados así porque relatan los hechos en los que participaron los Elfos Grises) son la evolución de los anteriores Anales de Beleriand, que como en el caso de los de Aman, se convierten en una narración casi tan extensa y detallada como el propio Silmarillion, y en algunos puntos más todavía. De hecho, casi todo el trabajo sobre las leyendas de la Primera Edad en estos años cincuenta se plasmó únicamente en los Anales Grises; y los capítulos correspondientes del Quenta Silmarillion apenas se cambiaron o corrigieron respecto a lo que ya había escrito en 1937, salvo en el que se narra el origen de los Enanos y las Tres Casas de los Edain en Beleriand. Con estos textos y los del libro anterior se obtiene una visión casi completa de en qué situación se encontraba el Silmarillion cuando Christopher Tolkien se vio ante el desafío de editarlo para su publicación, y se puede advertir la terrible dificultad de dicha tarea, cuyo elemento crítico es que ninguna de estas narraciones posteriores continúa después de la historia de Túrin Turambar.

Al igual que en El Anillo de Morgoth hay publicados algunos textos filosóficos que tienen su base en las historias del Silmarillion pero no pueden considerarse parte de él, en La Guerra de las Joyas se presentan narraciones nacidas de las mismas leyendas, pero que se salen completamente de su esquema y sus dimensiones. La más notable es Los vagabundeos de Húrin, que al principio era sólo una extensión de los Anales Grises, pero se convirtió en un relato inacabado de las dimensiones de la Narn i Chîn Húrin de los Cuentos Inconclusos. Le acompañan otros textos, como el de Ælfwine y Dírhaval, otro sobre Maeglin (el más tardío sobre la Primera Edad, escrito alrededor de 1971), el De los Ents y las Águilas y La Cuenta de los Años; pero Los vagabundeos de Húrin tienen un interés mucho mayor que todos los demás, sobre todo para el que desea conocer cosas nuevas sobre la Tierra Media, pues la mayor parte de esa larga y emocionante historia no había sido contada en ninguno de los libros anteriormente publicados. Es sin duda el texto más atractivo de este volumen, junto al asombroso ensayo que lo cierra, Los Quendi y los Eldar, un inaudito estudio sociolingüístico que tiene la finalidad de explicar los nombres utilizados por los elfos para referirse a ellos mismos y a otras criaturas, pero va mucho más allá: Los Quendi y los Eldar proporciona un conocimiento preciso de las relaciones sociales y culturales entre sus distintos clanes, y es con diferencia uno de los escritos más importantes, junto a las Etimologías (cf. El Camino Perdido), para comprender la naturaleza de las lenguas élficas.

Como ocurre con el volumen anterior, la primera parte de La Guerra de las Joyas, que analiza los Anales y el Quenta, resulta algo repetitiva con respecto a El Silmarillion y los libros precedentes de la colección, pero queda muy bien compensado por los nuevos textos que van después. Aquellos que tengan interés por leer de la pluma de Tolkien algo de su estilo narrativo más detallado, como lo es la historia inconclusa de Húrin, y sobre todo los estudiosos de su creación lingüística, agradecerán enormemente la presencia de este libro en su biblioteca.

Los pueblos de la Tierra Media

Una cosa que caracterizaba a Tolkien en su forma de componer el legendarium que lo ha hecho famoso, era su afición por desviarse de repente del curso principal de las historias que estaba escribiendo, y desarrollar extensas notas, a veces verdaderos ensayos, sobre pequeños detalles como la etimología de un nombre, los antepasados de un personaje o las costumbres y leyendas de un pueblo. De hecho esta peculiaridad de su proceso creativo (que ocurría con especial frecuencia desde que escribió El Señor de los Anillos) es lo que ha proporcionado a la Tierra Media un trasfondo tan inmenso y asombroso, por el que le alaban y admiran sus aficionados.

Después de describir el largo camino que recorrió el Silmarillion, desde los Cuentos Perdidos en 1916 hasta el Quenta Silmarillion “posterior” de 1958, Christopher Tolkien cierra la colección de Historia de la Tierra Media con este volumen, cuyos textos muestran cómo su padre enriqueció la historia, la lingüística y la personalidad de hobbits, enanos, elfos, humanos… de todos los pueblos de la Tierra Media, con esta particular y discursiva forma de escribir.

En la primera mitad de este último libro toma una tarea que había quedado pendiente después de publicar la Historia de El Señor de los Anillos: examinar los borradores de los Apéndices, que fueron componiéndose paralelamente a la narración principal, pero que por su naturaleza y por el tipo de información que proporcionan, pueden considerarse coherentes con el resto de textos ofrecidos en este volumen. También aprovecha para describir la historia de la Akallabêth, en cierto modo bastante relacionada con el desarrollo de la historia de los reinos de Arnor y Gondor, que se cuenta en los Apéndices.

La segunda mitad del libro, como viene acostumbrándonos Christopher Tolkien desde un par de volúmenes atrás, trata en cambio de textos hasta ahora inéditos y desconocidos, para el deleite del lector. En esta ocasión, muchos de ellos son ensayos de origen lingüístico de los años sesenta y setenta, como los que aparecen en los Cuentos Inconclusos (de hecho, gran parte de los textos de ese tipo en dicho libro son sólo extractos de lo que en Los Pueblos de la Tierra Media aparece en su versión casi completa); ensayos que Tolkien empezó a escribir para explicar peculiaridades lingüísticas, como la escritura de los enanos en el libro de Mazarbul, el uso de la “s” en quenya, los nombres de los descendientes de Finwë, el de Glorfindel o el de Elros… y que derivaron en nuevas y muy interesantes historias sobre los enanos, los hombres y los elfos, que van mucho más allá de la explicación lingüística.

También hay una breve sección en la que se reproducen las respuestas que Pengoloð, el sabio superviviente de Gondolin, daba al marinero inglés Ælfwine en Tol Eressëa, sobre el cambio de la lengua de los elfos y sobre el lembas. Y no menos curiosos, se dan también dos comienzos de cuentos que Tolkien no llegó a desarrollar más allá de su principio, ambientados en la Tierra Media, pero desde puntos de vista muy poco habituales: En La Nueva Sombra se iba a relatar el resurgimiento de un culto a la Oscuridad, cuando durante el reinado de Eldarion hijo de Aragorn, los hombres en Gondor comenzaron a “saciarse” de paz. El otro cuento, Tal-Elmar, cuenta a través de los ojos de un joven algo “peculiar” entre los Hombres Oscuros nativos de la Tierra Media, cómo éstos veían con terror la llegada de los Númenóreanos en la Segunda Edad.

En definitiva, puede decirse que Christopher Tolkien se ha despedido de sus lectores con todo un regalo. Quizá no se aprecie así la primera parte de este libro, que en sus más de trescientas páginas apenas aporta información nueva, salvo en detalles lingüísticos, genealógicos e históricos que en los Apéndices se publicaron bastante más reducidos; aunque resulta interesante (y también frustrante) ver cómo si la presión de los plazos editoriales hubiera sido menor, habríamos tenido unos Apéndices de El Señor de los Anillos bastante más jugosos. En cambio, las restantes partes del libro posiblemente serán de las más interesantes de los nueve volúmenes para aquéllos que quieren “saber más” sobre la Tierra Media, su historia y sus personajes, a quienes en su tiempo le fascinaron los Cuentos Inconclusos, y aún tengan sed de esos detalles que se insinúan en sus historias, pero “se cuentan en otro lugar”.

Diccionario Enciclopedico Tolkien

Diccionario Enciclopedico Tolkien

-A-

Adûnakor – Decimonoveno rey de Númenor.
Aegnor – Cuarto hijo de Finarfin.
Amandil – El último señor de Andúnië en Númenor.
Amlach – Sirvio a Maedhros.
Amras y Amrod – Hijos gemelos de Fëanor.
Amroth – Rey elfo de Lothlórien.
Anárion – Rey dúnadan de Gondor, padre de Elendil e Isildur.
Ancalagon – Dragón de Angband.El primero y mayor de los dragones alados.
Angrod – Tercer hijo de Finarfin .
Annael – Elfo gris de Mithrim.
Aragorn – Capitán dúnadan de arnor.Legítimo rey de arnor y gondor.
Aranwë – Elfo de Gondolin, padre de Voronwë
Arathorn – Padre de Aragorn.
Aredhel – Hermana de Turgon de Gondolin.
Ar-Pharazôn – Último rey de Númenor.
Arien – Guardian Maia del Sol.
Arwen – pricesa élfica de rivendel, hija de Elrond.
Azog – Rey orco de Moria.
Aulë – Vala, “El Herrero”
Azaghâl – Rey enano de Belegost .

-B-

Balin – Enano de Thorin y compañía.
Barahir – Padre de Beren.
Bardo el Arquero – Hombre del valle y matador de dragones.
Baya de Oro – La Hija del Río de Bosque Viejo.
Beleg – Llamado Cúthalion”Arcofirme”.
Bëor – “el viejo” , coductor de los primeros hombres.
Beorn – Cacique beórnida, hombre del norte.
Beren – Señor de los edain de Dorthonion, “El Manco”, Arranco uno de los Silmaris a Morgoth.
Bifur – Enano de Thorin y Compañia.
Bilbo Bolsón – Hobbit de la Comarca.Portador del Anillo.
Bór – Capitán de los Orientales.
Bofur – Enano de Thorin y Compañía.
Bolg – Rey orco de las Montañas Nubladas.
Bombur – Enano de Thorin y Compañía.
Boromir – Biznieto de Bëor, abuelo de Barahir.
Boromir – Señor dúnadan de Gondor, hijo primogénico de Denethor ii, Senescal de Gondor.
Brandir – “el Cojo”regidor del pueblo de Haleth.

-C-

Carcharoth – Lobo guadián de las puertas de Angband.
Caranthir – El cuarto hijo de Fëanor.
Celeborn – Rey elfo de Lothlórien, Esposo de Galadriel.
Celebrían – Pincesa éfica de Lothlórien.
Celegorm – Tercer hijo de Fëanor.
Celebrimbor – Señor elfo de Eregion, creador de los Anillos de Poder.
Cirdan – Señor elfo de los Puertos Grises.
Ciryon – Tercer hijo de Isildur.
Corteza – Ent del Bosque de Fangorn.
Crinblanca – Meara,caballo de Rohan.
Curufin – Quinto hijo de Fëanor.

-D-

Dáin I – Rey enano de las Montañas grises.
Dáin II – Rey enano de Erebor.
Denethor – Hijo de Lemwë, conductor de los elfos Nandorin.
Denethor I – Señor dúnadan d gondor.
Denethor II – ültimo Senecal de Gondor.
Dior – Rey elfo de Doriath.
Dori – Enano de Thorin y Compañia.
Draugluin – Licántropo de Tol-in-Gaurhoth.
Durin I – el primero y mas anciano de los Siete Padres de los enanos.
Durin II – Rey enano de Khazad-dûm.
Durin III – Rey enano de Khazad-dûm, famoso por su amistad con los herreros elfos.
Durin VI – Rey enano de Moria. Desperto al Balrog.
Durin VII – Rey enano del Ültimo Reino.
Dwalin – Enano de Thorin y compañía.

-E-

Eärendil – Portador del Silmaril, matador de Dragones, el marinero.
Eärnur – último rey de Gondor .
Eärwen – Hija de Olwë de Alqualondë.
Ecthelion – Señor elfo de Gondolin, mató a Gothmog.
Edrahil – Capitán de los elfos de Nargothrond.
Elendil – Rey dúnadan de Arnor y Gondor.
Elendur – hijo mayor de Isildur.
Elenwë – Esposa de Turgon.
Elladan y Elrohir – Principes elfos de Rivendel.
Elros – Primer Rey de los edain supervivientes de Númenor.
Elrond – Señor elfo de Rivendel.
Elwë – Rey elfo de los Teleri. Llamado posteriormente Thingol.
Elwing – Princesa élfica de Doriath.
Ella – Laraña – Araña de Cirith Ungol.
Emeldir – “Corazón Viril”, esposa de Barahir.
Éomer – Príncipe de Rohan.
Eönwë – Maia, Heraldo de Manwë.
Eöl – El elfo oscuro.
Eorl – Señor de los éothéod.Rey de Rohan.
Éowyn – sobrina del rey Théoden.
Estë – Vala, “la Curadora”.

-F-

Fangorn – Llamado Barbol, el mas viejo de los ents.
Faramir – Noble dúnadan de Gondor.
Fëanor – Príncipe elfo de Eldamar, creador de los Silmarils.
Felaróf – Meara, caballo de Rohan.
Fíli – Enano de thorin y compañía.
Finarfin – Gobernó en Tirion, como rey , a los Noldor de Eldamar.
Findulias – Princesa dúnadan de Dol-Amroth.
Fingolfin – Gran Rey Noldor de Beleriand, goberno en Hithlum.
Fingon – Gran Rey Noldor en Beleriand, gobernó en Dor-lómin.
Finrod – Señor Noldor de Beleriand, gobernó en Nargothrond, Conocido como Felagund”el señor de las cuevas”
Finwë – Primer gran rey Noldor en Eldamar.
Frodo Bolsón – Hobbit de la comarca y Portador del Anillo.
Fuinur – Famoso renegado Númenóreano.

-G-

Gandalf – Istar, mago de la tierra media, espíritu Maia de Lórien.
Galadriel – Reina élfica de Lothlórien.
Galdor – Hijo de Hador lórindol.LLamado el Alto.
Gelmir – Elfo de Nargothrond, hermano de Gwindor.
Gelmir – Elfo del pueblo de Angrod.
Ghân – buri – Ghân – Cacique wose de Druadan.
Gil-Galad – Rey elfo de Lindon, hijo de Fingon.
Gimli – Enano de Erebor.
Glaurung – Gran dragón de Angband, el primero de los uruloki.
Glóin – Enano de Thorin y Compañía.
Glorfindel – Señor elfo de Rivendel.
Glorfindel – Elfo de Gondolin.
Gollum – Antiguo hobbit, Portador del Anillo.
Gorbag – Uruk-Hai de Minas Morgul.
Gothmog – Balrog de Angband.Espiritu Maia de fuego en su origen.
Grishnákh – Orco de Mordor.
Gundor – Hijo menor de Hador Lórindol.
Gwaihir – El Señor de los Vientos, Águila de las Montañas Nubladas.
Gwindor – Elfo de Nargothrond, hermano de Gelmir.

-H-

Hador(Lórindol) – Padre de Galdor y padre de Hurin.
Haleth – Conductora de los Haladin
Halmir – Señor de los Haladin.
Hareth – Madre de Húrin y huor
Herumor – Renegado Númenóreano.
Helm Manomartillo – Hombre del norte , Rey de Rohan.
Huam – Perro de Oröme,regalado al principe Noldo Celegorm.
Huor – Hijo de Galdor de Dor-Lómin.
Húrin – Señor Edain de Dorthonion, padre de Turin.

-I-

Idril – “Celebrindal”, hija de Turgon.
Ilmarë – Docella Maia de Varda.
Imrahil – Príncipe dúnadan de Dol-Amroth.
Indis – Mujer elfo de los Vanyar.
Ingwë – Rey elfo de Eldamar, Gran Rey de los Vanyar, el primer lin¡aje. Irmo – el vala Lórien.
Isildur – Rey dúnadan de Gondor.

-K-

Khamûl – Nazgûl, Antiguo rey de los Orientales.
Kíli – Enano de Thorin y Compañía.
Khîm – Hijo de Mîm, enano mezquino.

-L-

Landroval – Águila de las Montañas Nubladas.
Lenwë – Conductor de los Teleri,padre de Denethor.
Legolas – Príncipe elfo del Reino del Bosque.
Lengua de Serpiente – Hombre de Rohan.
Lorgan – Capitán de los Orientales de Hithlum.
Lórien – Vala.Señor de los Sueños.
Luthien – Princesa élfica de Doriath.

-M-

Mablung – Elfo de Doriath, primer capitán de Thingol.
Maedhros – Hijo mayor de Fëanor, llamado el Alto
Maeglin – Hijo de Arendhel y Eöl.
Maglor – Segundo hijo de Fëanor, gran trovador.
Magor – Hijo de Malach Aradan.
Mahtan – Gran herrero de los Noldor.
Malach – Hijo de Marach.
Mandos – Vala, señor del destino, Amo de la casa de los muertos.
Manwë – Vala, rey de Arda.Señor del aire.
Marach – Conductor de los hombres.
Melian – Reina Maia de Doriath, casada con Thingol.
Melkor – Vala,Señor de las Tinieblas.Llamado tambien Morgoth, El Enemigo Oscuro. Meneldil – Hijo de Anárion.
Meriadoc Brandigamo – Hobbit de la comarca.
Miembros de Junco – Ent mujer, esposa de Bárbol.
Mîm – Enano Mezquino, rey de Amon Rûdh.
Míriel – Primera esposa de Finwë.
Míriel – Hija de tar-Palantir.
Morgoth – ver Melkor.
Morwen – Hija de Baragund.

-N-

Nahar – El gigantesco caballo blanco de Oromë.
Nerdanel – “la sabia” , esposa de Fëanor.
Nessa – Vala, llamada” la bailarina”.
Nienna – Vala, llamada “la plañidera”.
Nienor – Hermana de Túrin.
Nimloth – Mujer elfo de Doriath.
Nimrodel – Doncella élfica de Lothlórien.
Nori – Enano de Thorin y Compañía.

-O,P-

Óin – Enano de Thorin y Compañía.
Ohtar – escudero de Isildur.
Olwë – Rey elfo de Alqualondë.
Ori – Enano de Thorin y Compañía.
Orodreth – Segundo hijo de Finarfin.
Oromë – Vala, llamado “el cazador”.
Ossë – Espíritu Maia del mar, servidor de Ulmo.
Peregrin Tuk – Hobbit de la comarca.

-R-

Radagast – Istar, Mago de la Tierra Media.
Radbug – Orco de Cirith Ungol.
Ramaviva – Ent del Bosque de Fangorn.
Rían – Hija de Belegund, esposa de Huor.
Rey Brujo – Nazgûl, Señor de los Espectros del Anillo.
Roäc,el Cuervo – Señor de los cuervos de Erebor.
Rochallor – El caballo de Fingolfin.
Roheryn – Caballo de Aragorn .
Rúmil – Sabio Noldorin de Tirion.

-S-

Saeros – Elfo Nandorin, consejero de Thingol.
Salmar – Maia de Ulmo.
Samsagaz Gamyi – Hobbit de la Comarca, Portador del Anillo.
Saruman – Istar, Mago de Isengard. Curumu , espiritu Maia de Aüle.
Sauron – Maia, Señor de los Anillos, Espiritu Maia de Aüle atraido por Melkor.
Scatha – Dragón de las Montañas Grises.
Shagrat – Uruk-Hai de Cirith Ungol.
Silmarien – Hija de Tar-Elendil.
Smaug el Dorado – Dragón de Erebor.
Snaga – Orco de Cirith Ungol.
Sombragris – Meara, caballo de Rohan.

-T-

Tar – Ancalimon – Decimocuarto rey de Númenor.
Tar – Atanamir – Decimotercer rey de Númenor.
Tar – Calion – ver Ar – Pharazôn.
Tar – Elendil – Padre de Silmarien.
Tar – Palantir – Vigesimotercer rey de Númenor.
Telchar – El más renombrado entre los herreros de Nogrod.
Théoden – Rey de Rohan.
Thingol – Ver Elwë.
Thorin I -Rey enano de las montañas grises.
Thorin II – Rey enano en el exilio.
Thorin III – Rey enano de Erebor.
Thorondor – Águila de las Montañas Circundantes, Rey de las águilas en la 1ª edad del sol.
Thranduil – Elfo y Rey Sindarin de los Elfos de la Floresta del Bosque negro, padre de Legolas.
Thráin I – Rey enano de Erebor.
Thráin II – rey enano en el exilio.
Thuringwethil – Maia y vampiro al servicio de Melkor.
Tilion – Guardian Maia de la Luna.
Tom Bombadil – Maia, señor del Bosque Viejo.
Tulkas – Vala, llamado”el Luchador”.
Tuor – Edain de Dor-Lómin, padre de Eärendil.
Turgon – Rey elfo de Gondolin.
Túrin – Edain de Dor-Lómin, matador de dragones.

-U-

Uglúk – Uruk-hay de Isengard.
Uinen – Maia, espiritu del mar. e
Uldor – Llamado el maldecido,hijo de Ulfang el negro
Ulfang – capitán de los orientales.
Ulfast – Hijo de Ulfang el negro.
Ulmo – Vala, Señor del Oceáno.
Ulwarth – Hijo de Ulfang el Negro.
Ungoliath – Araña de Avathar,en origen un corrupto espírirtu maia.

-V;Z-

Varda – Vala, Reina de la Estrellas.
Vairë – Vala, “la Tejedora”.
Vána – vala, “la siempre joven”.
Voronwë – Elfo de Gondolin.
Yavanna – Vala, Reina de la Tierra.
Zarcillo – Ent del Bosque de Fangorn

HISTORIA Y EVOLUCION DE ARDA Y LA TIERRA MEDIA

La Creación de Arda

Según el «Ainulindalë», el primer libro de El Silmarillion, cuando no había más que oscuridad y un gran Vacío, existía un Ser omnisciente que vivía solo en la nada. Se llamaba Eru el Único o, como lo llamarían después los elfos, Ilúvatar. Éste era el Ser que para Tolkien sería el origen de toda creación. A lo largo del «Ainulindalë» Tolkien nos cuenta cómo los pensamientos elementales de Ilúvatar se convirtieron en una raza de dioses, llamados los Ainur (los «santos») y cómo mediante el poder de Su espíritu -la «Llama Imperecedera»- Ilúvatar otorgó a los Ainur la vida eterna. Para esta raza de dioses, Ilúvatar creó una morada en el Vacío, que recibió el nombre de Palacios Intemporales. Aquí, Ilúvatar enseñó a los Ainur a cantar, y éstos se convirtieron en un enorme coro celestial. De la música de estos espíritus divinos surgió una sagrada Visión que era un mundo esférico que giraba en el Vacío. Arda, el mundo de Tolkien, literalmente surgió del canto, y cada miembro de la hueste celestial tuvo una parte en su concepción, incluso el poderoso espíritu satánico llamado Melkor, quien cantaba sobre la lucha y la discordia. Sin embargo, la Música de los Ainur no había creado más que una Visión; hizo falta la palabra y la orden de Ilúvatar (y el poder de la Llama Imperecedera) para crear Eä, el Mundo que es. De esta forma se le dio a la Visión sustancia y realidad. Y a ese mundo descendieron aquellos de los Ainur que más habían tomado parte en su concepción y que deseaban participar aún más en su formación. Así relataba Tolkien la creación de su planeta, al que llamó Arda. Su concepción es a la vez extrañamente etérea y vastamente operística. Además, es una especie de doble creación, porque, cuando los Ainur llegaron a Arda, encontraron que ellos tenían que darle forma. La Música y la Visión no eran más que grandes temas generales y profecías de lo que había de venir. Darle forma y crear su historia resultaron tareas mucho más difíciles. Tolkien nos dice que la mayoría de los Ainur permanecieron con Ilúvatar en los Palacios Intemporales, pero no vuelve a referirse a ellos. Sus historias tratan solamente de aquellos que entraron en las Esferas del Mundo. Aquí, estos espíritus divinos y sin cuerpo adoptaron manifestaciones de índole más física. Se convirtieron en los elementos y poderes de la naturaleza, pero, al igual que los dioses nórdicos o griegos, poseían una forma física, una personalidad, un género y estaban emparentados los unos con los otros. Los Ainur que entraron en Arda se dividen en dos órdenes: los Valar y los Maiar; los dioses y semidioses. Los Valar eran quince: Manwë, Rey de los Vientos; Varda, Reina de las Estrellas; Ulmo, Señor del Océano; Nienna, la Plañidera; Aulë, el Herrero; Yavanna, Dadora de Frutos; Oromë, Señor de los Bosques; Vána, la Joven; Mandos, Guardián de los Muertos; Vairë, la Tejedora; Lórien, Señor de los Sueños; Estë, la Curadora; Tulkas, el Fuerte; Nessa, la Bailarina, y Melkor, a quien más tarde se daría el nombre de Morgoth, el Enemigo Oscuro. Los Maiar eran multitud, pero sólo unos cuantos de estos inmortales aparecen nombrados en las crónicas de Tolkien: Eönwë, Heraldo de Manwë; Ilmarë, Doncella de Varda; Ossë de las Olas; Uinen de los Mares Tranquilos; Melian, Reina de los sindar; Arien, Conductora del Sol; Tilion, Conductor de la Luna; Sauron, Señor de los Anillos; Gothmog, Señor de los balrogs; Thuringwethil, la Vampira; Ungoliant, la Araña; Draugluin, el Licántropo; Baya de Oro, la Hija del Río; Iarwain Ben-adar (Tom Bombadil), y los cinco magos: Olórin (Gandalf), Curunir (Saruman), Aiwendil (Radagast), Alatar y Pallando. Tan sólo después de la creación del mundo y de que los Ainur entraran en él comenzó la cuenta del tiempo en Arda. Dado que durante la mayor parte de la historia de Arda no hay sol ni luna para medir el paso del tiempo, Tolkien nos da la medida cronológica del año valariano y de las edades valarianas. Cada año valariano, nos cuenta Tolkien, equivale a diez años tal y como los conocemos nosotros. Y dado que cada edad valariana contiene cien años valarianos, equivale a mil años humanos. Aunque hay numerosos sistemas superpuestos y variaciones en acontecimientos y fechas en los distintos escritos de Tolkien, existe la suficiente coherencia para estimar con cierta precisión que el tiempo transcurrido desde la Creación de Arda hasta el final de la Tercera Edad del Sol (poco después de la Guerra del Anillo) fue de treinta y siete edades valarianas, o, para ser más exactos, de 37.063 años humanos. Dentro de este vasto esquema temporal, los poderes recién llegados pasaron las primeras edades valarianas dando forma a Arda. Sin embargo, así como hubo discordia en la Música de los Ainur, también, cuando comenzó la verdadera formación de Arda, una hueste de espíritus Maiar, guiados por el poderoso Vala satánico llamado Melkor, el Enemigo Oscuro, originaron un gran conflicto. Fue ésta la Primera Guerra que llevó a que la simetría natural y la armonía de Arda se trocaran en confusión. Aunque Melkor acabó siendo rechazado, las tierras y mares de Arda conservaron cicatrices y desgarros y la posibilidad de Arda como mundo ideal, tal y como la había mostrado la Visión, se perdió para siempre.

Edades de las Lámparas

Después de la era de la Creación y de la formación de Arda, el «Quenta Silmarillion» y las publicaciones posteriores de los apuntes y cronologías de Tolkien en «El Ambarkanta» y los «Anales de Valinor» nos hablan de una época idílica que recibió el nombre de Edades de las Lámparas, cuando, a pesar de la Injuria de Arda durante la Primera Guerra, los Valar llenaron el mundo de maravillas naturales de gran hermosura y armonía. Se llamó así a estas edades porque los Valar crearon dos colosales Lámparas mágicas para iluminar el mundo. Fue el Vala llamado Aulë el Herrero quien forjó estos recipientes dorados, mientras que la Reina de las Estrellas, Varda, y el Rey del Viento, Manwë, las llenaban y las hacían refulgir de luz. Se necesitaron los poderes combinados de los demás Valar para alzar cada Lámpara sobre enormes columnas, mucho más altas que cualquier montaña. Se colocó una Lámpara en el norte de la Tierra Media y se la llamó Illuin, que se alzaba en el centro de un mar interior llamado Helcar. La otra estaba en el sur, y se llamó Ormal, y se alzaba en el centro del mar interior llamado Ringil. Durante las Edades de las Lámparas se creó el primer reino de los Valar, en el Gran Lago de la isla de Almaren, en el centro exacto de Arda. Era una maravilla, lleno de hermosas mansiones y torres de los Valar y Maiar, y el mundo se llenó de alegría y de luz. Esta era idílica recibió también el nombre de «Primavera de Arda», porque Yavanna la Fructífera creó los grandes bosques y las vastas praderas, y muchos pacíficos y hermosos animales y criaturas del campo y el agua. Pero Almaren no fue el único reino que se creó en ese tiempo. Lejos, al norte, los espíritus malignos Maiar volvieron a reunirse y Melkor regresó a Arda. En secreto, mientras los Valar descansaban de sus tareas, Melkor alzó las enormes Montañas de Hierro, como un gigantesco muro que cruzaba las tierras septentrionales, y bajo ellas construyó una fortaleza del Mal, llamada Utumno. Desde aquel refugio comenzó a corromper las creaciones de los Valar y hubo venenos que se mezclaron con las aguas y los bosques. Las hermosas criaturas de Yavanna fueron deformadas y torturadas de forma que se volvieron monstruosas y sedientas de sangre. Por último, cuando creyó que ya era lo bastante fuerte, Melkor avanzó con su ejército maligno y declaró la guerra a los Valar. Cogiéndolos por sorpresa, derrumbó los pilares de las Grandes Lámparas de manera que las montañas quedaron hechas pedazos y las feroces llamas de las Lámparas se extendieron por todo el mundo. En el cataclismo quedó totalmente destruido el reino de Almaren. Con este terrible conflicto terminó la Primavera de Arda y el mundo quedó sumergido otra vez en la oscuridad, a excepción de la luz de los destructivos fuegos de la tierra, envuelto en el tumulto de los terremotos y el rugir de los mares. Hizo falta toda la fuerza de las huestes valarianas para sosegar estos poderosos cataclismos y evitar que el mundo entero quedara destruido. En lugar de luchar contra Melkor en medio de aquel tumulto, provocando aún mayor destrucción, los Valar abandonaron Almaren y la Tierra Media. Se retiraron a la parte más occidental, al gran continente de Aman que recibiría el nombre de Tierras Imperecederas. De esta forma las Edades de las Lámparas llegaron a su fin, mientras los Valar creaban un nuevo reino en el oeste y las devastadas regiones de la Tierra Media quedaban esclavas del poder maligno de Melkor

Edades de los Árboles
Tras la destrucción de las Grandes Lámparas y del primer reino de Almaren, los Valar se dirigieron al oeste, al continente de Aman, donde crearon un segundo reino que se llamó Valinor, que significa «Tierra de los Valar». Allí cada uno ocupó una parte de tierra y edificó mansiones y creó jardines, pero también construyeron Valimar, el «Hogar de los Valar», una ciudad amurallada con cúpulas y torres de oro y plata, llena con la música de muchas campanas. En una verde colina, junto a las doradas puertas occidentales de Valimar, los Valar plantaron dos enormes y mágicos árboles. Fueron los árboles más altos que jamás hayan existido y recibieron los nombres de Laurelin el Dorado y Telperion el Blanco. Estos Árboles de Valinor tenían casi las dimensiones de las colosales Lámparas de los Valar, y de ellos emanaba un brillante resplandor de luz plateada y dorada a la vez. El crecimiento y mengua de las flores de cada Árbol constituyeron una manera para medir los días, y la luz misma alimentaba a todos quienes vivían dentro de su resplandeciente presencia, llenándolos de bendiciones y sabiduría. Sabemos por los primeros apuntes y crónicas de Tolkien, en los «Anales de Valinor», que las Edades de los Árboles comenzaron mil años valarianos después de la Creación de Arda; es decir, en la décima edad valariana, o diez mil años humanos después de la Creación de Arda. También sabemos que las Edades de los Árboles comprenden casi veinte edades valarianas o, lo que es lo mismo, veinte mil años humanos. Existe, sin embargo, un factor complejo en la cronología de Tolkien para Arda, porque las Edades de los Árboles sólo atañen a las Tierras Imperecederas. Se nos cuenta que, al llegar a Aman, los Valar levantaron una gran muralla que tomó la forma de las montañas Pelóri, para impedir el paso a Morgoth y a todas sus criaturas.

Estas montañas, las más altas del mundo, protegieron en efecto a Valinor contra una invasión, pero también encerraron la Luz de los Árboles, por lo que el resto de Arda permaneció en la oscuridad. Por ello, durante las Edades de los Árboles nos encontramos con sistemas paralelos de tiempo. Así, mientras que las Tierras Imperecederas disfrutaban de la gloria de los Árboles, la Tierra Media atravesó dos épocas, cada una de las cuales duró diez mil años humanos: las Edades de la Oscuridad y las Edades de las Estrellas. En las Tierras Imperecederas, las Edades de los Árboles se dividieron en dos eras. Las diez primeras edades valarianas, o diez mil años humanos, de las Edades de los Árboles se conocieron como los Años de la Bendición de Valinor. Durante este período, los Valar y los Maiar prosperaron y sus grandes mansiones y moradas se hicieron aún más grandes y más hermosas. Manwë creó las águilas, Yavanna los ents y Aulë los enanos. Verdaderamente esos tiempos fueron benditos en Valinor, mientras que, al otro lado de las murallas de las montañas Pelóri, la Tierra Media soportaba el terror y la maldad del dominio de Melkor durante las Edades de la Oscuridad. Durante las diez edades valarianas siguientes, se nos revelan muchas más cosas sobre los acontecimientos en Valinor y en la Tierra Media. Esta segunda era de las Edades de los Árboles recibió el nombre de Mediodía de los Benditos, pero en la Tierra Media se la llamó Edades de las Estrellas. Fue entonces cuando Varda, la Reina de los Cielos, volvió a encender las estrellas sobre la Tierra Media y provocó el Despertar de los elfos. Después, cuando llegaron a las Tierras Imperecederas las nuevas del Despertar de los elfos y de que Melkor quería esclavizarlos, matarlos y corromperlos, los Valar celebraron un consejo de guerra. Fieros, como ángeles vengativos, los Valar y los Maiar regresaron a la Tierra Media y aplastaron a su paso a las legiones de Melkor. Esta lucha recibió el nombre de Guerra de los Poderes, y en ella hubo muchas batallas y duelos, en cuyo transcurso los Valar destruyeron completamente Utumno y sacaron al tirano Melkor de sus abismos. Después, Melkor fue llevado prisionero a Valinor y cargado de cadenas indestructibles. Este período recibió el nombre de Paz de Arda, y duró casi todo lo que quedaba de las Edades de los Árboles en Valinor y de las Edades de las Estrellas en la Tierra Media. Éstos fueron los mejores años para la raza élfica, porque, sin la ira maligna de Melkor, este pueblo elegido prosperó y aumentó más y más su poderío. Tras la Guerra de los Poderes, los Valar invitaron a los elfos a ir a vivir junto a ellos en la Tierra de la Luz. Esto provocó la migración masiva conocida como el Gran Viaje de los eldar, los elfos que respondieron a la invitación de los Valar. El Gran Viaje fue el tema de muchas canciones de los elfos, porque la travesía fue larga y azarosa, y los eldar se dividieron muchas veces en diversas razas y tribus. Los que llegaron a las Tierras Imperecederas y fueron bendecidos por la Luz de los Árboles pertenecían a tres pueblos: los vanyar, los noldor y los teleri. Para estos pueblos escogidos, los Valar acotaron una parte de las Tierras Imperecederas que se llamó Eldamar, «Hogar de los elfos», y su hermosura era algo digno de contemplarse. Sus torres y mansiones eran muchas, pero las mejores se encontraban en Tirion, la capital de los vanyar y los noldor, y en las ciudades teleri de Alqualondë, en la costa de Eldamar, y en Avallónë, en la isla de Tol Eressëa. Tras las Edades del Encadenamiento, Melkor fue llevado ante los Valar para ser juzgado. Parecía haber cambiado y dijo estar arrepentido, de manera que Manwë, el Señor de los Valar, ordenó que se le quitaran las cadenas. Pero los Valar fueron engañados. Melkor conspiraba en secreto su caída. Primero sembró la discordia entre los elfos y luego, aliado con la Gran Araña Ungoliant, declaró la guerra abierta. Se acercó a los Árboles de los Valar con Ungoliant y los atacó con una gran lanza, y la Araña chupó la vida y la Luz de los Árboles, de manera que éstos se agotaron y murieron. Todo Valinor quedó sumido en una horrible oscuridad con la No-Luz de Ungoliant y Melkor rió con maligna alegría porque por segunda vez había extinguido las grandes luces del mundo. No contento con esta gran maldad, Melkor se dirigió a la fortaleza élfica de Formenos, mató al Gran Rey de los noldor y robó las gemas mágicas conocidas como los Silmarils. Éstas eran las joyas más preciadas de todas las edades y tenían un carácter sagrado para sus creadores, los noldor, porque significaban su máximo logro en la creación de joyas élficas. Con el Oscurecimiento de Valinor, todavía cobraron más valor, porque aquellas tres gemas resplandecían y brillaban con la Luz viva de los Árboles de los Valar. Pero, por muy hermosos que fueran, los Silmarils parecían llevar consigo una terrible maldición, pues llevaban la destrucción y la desesperación a todos aquellos que los poseían. Cuando Melkor se apoderó de ellos y huyó a la Tierra Media, los noldor hicieron un juramento de sangre para vengarse y, bajo el liderazgo de Fëanor, creador de los Silmarils, fueron tras Melkor. Aquél fue el inicio de la Guerra de las Grandes Joyas, relatada en El Silmarillion, que duró toda la Primera Edad del Sol

Edades de la Oscuridad
Mientras que Valinor y las Tierras Imperecederas eran bañadas por la resplandeciente y brillante Luz de los Árboles, todas las regiones de la Tierra Media se veían sumergidas en la oscuridad. Aquéllas fueron las Edades de la Oscuridad en la Tierra Media, cuando Melkor excavó los infernales pozos de Utumno, en lo más profundo de las Montañas de Hierro.

Con maligno esplendor, dio forma a demoníacos palacios subterráneos con enormes salas abovedadas, túneles laberínticos e insondables mazmorras hechas de piedra negra, fuego y hielo. En aquel horrible lugar, reunió el Señor de la Oscuridad a todos los poderes malignos del mundo. Su número parecía infinito, y Melkor nunca se cansaba de crear nuevas y aún más terribles formas. Espíritus crueles, fantasmas, espectros y demonios acechaban en las estancias de Utumno. Todas las serpientes del mundo se criaron en los pozos de un reino tenebroso que era el hogar de licántropos y vampiros e innumerables monstruos que se alimentaban de sangre, e insectos que volaban o se arrastraban. Dentro de Utumno, todos obedecían a los demonios discípulos de Melkor, los terribles espíritus Maiar llamados los balrogs, con sus látigos flamígeros y sus negras mazas. El principal de ellos era el Gran Capitán de Utumno, Gothmog, el Balrog.

Pero Utumno no era el único dominio de Melkor. Al principio de las Edades de la Oscuridad, Melkor se alegró de su victoria sobre los Valar y de la destrucción de Almaren y las Grandes Lámparas de Luz. A partir de entonces, buscó sin descanso aumentar más y más su poder y en la parte más occidental de las Montañas de Hierro construyó un segundo dominio. Éste fue la gran fortaleza y armería llamada Angband, la «Prisión de Hierro». Entonces nombró Señor de Angband a su discípulo más poderoso, Sauron, el hechicero Maia. Con excepción de Manwë, Señor de los Vientos, cuya penetrante mirada vigilaba desde la sagrada montaña de Taniquetil, y las escasas visitas de Oromë el Jinete Salvaje, Yavanna, la Protectora de los Bosques y las Praderas, era la única Vala que visitaba la Tierra Media en aquellos días. Así pues, fue la Dadora de Frutos quien lanzó un sortilegio protector, el Sueño de Yavanna, sobre toda la flora y fauna que había creado para que pudieran sobrevivir a la oscuridad y a la maldad del gobierno de Melkor. Y éstas fueron las Edades de Gloria para Melkor, el satánico Señor de la Oscuridad. Al destruir las Lámparas de la Luz, Melkor se adueñó de todas las regiones oscurecidas y devastadas de la Tierra Media. Y sobre ellas ejerció su dominio durante diez mil años humanos.

El Anillo de Barahir

El Anillo de Barahir

Descripción:
Era un anillo de oro que representaba dos serpientes con ojos de esmeralda y una corona de flores doradas que era sostenida por una de ellas y la otra la comenzaba a devorar. Esta era la insignia de la Casa de Finarfin. Este anillo no tenía ningún poder, pero quien lo tuviera era respetado por los Elfos Noldor y más tarde por los Dúnedain.

Historia:
    Barahir recibió este anillo como sello de la promesa de amistad y ayuda a él y a su gente que le hizo el rey de Nargothrond, Finrod Felagund porque lo salvó de una hueste de orcos que lo tenían rodeado en el Paso del Sirion, durante la Batalla de la Llama Súbita.

    Barahir fue perseguido a muerte por Morgoth junto con todos sus compañeros, entre los que se encontraba su hijo Beren. Su escondite fue descubierto y todos fueron asesinados por una banda de orcos, exepto Beren, que los persiguió. El jefe de los orcos cortó la mano de Barahir en que llevaba el anillo, como prueba de que habían cumplido su misión, pero Beren lo alcanzó y le dió muerte, arrebatándole la mano cortada de su padre. Así recuperó el anillo.

    Beren guardó el anillo y después se lo heredó a su hijo Dior y Dior a su hija Elwing. De ella pasó a Elros, el primer rey de Númenor y lo guardaron los primeros cuatro reyes de la isla, hasta que Tar-Elendil (el cuarto rey) se lo dio a su hija mayor, Silmariën, que no heredó el trono. Silmariën se casó con Elatan del puerto de Andúnië. Su hijo fue Valandil, primer Señor de Andúnië y en adelante el anillo pasó a ser heredad de los Señores de Andúnië.

    Elendil, el último Señor de Andúnië,  lo salvó de la anegación de Númenor y lo llevó a la Tierra Media. Elrond Medioelfo lo guardó en Rivendel cuando se formó la Última Alianza de Elfos y Hombres e hicieron la guerra a Mordor. Después de que murieran Elendil y su heredero Isildur, Elrond Medioelfo dio el anillo al único hijo sobreviviente de Isildur, Valandil y en adelante lo guardaron los reyes del Reino Dúnedain del Norte.

    Arvedui, el último rey de Arnor, le dio el anillo en muestra de agradecimiento por su ayuda al jefe de los Lossoth, los hombres de nieve, antes de que zarpara en un barco de los Elfos hacia los Puertos Grises. Así se salvó el anillo, pues el barco naufragó y todos los que iban en él murieron. Arvedui llevaba consigo otros tesoros del Reino del Norte, de los más importantes fueron las Palantiri de Amon Sûl y Anúmminas, que se perdieron para siempre.

    El anillo fue recuperado por los Capitanes de lo los Dunedain, pero le fue entregado a Elrond en custodia. Elrond se lo regresó al trigésimonoveno Heredero de Isildur: Aragorn hijo de Arathorn, cuando cumplió veinte años de edad. Lo guardó durante gran parte de su vida, pero al jurarle amor a Arwen la hija de Elrond, se lo dio como sello de su promesa. No se dice nada más acerca de la suerte del anillo después de esto.

Narsil o Andúril

Narsil o Andúril

Significado de los Nombres:
nar “fuego”; sil “brillar con luz blanca o plateada”
Narsil “fuego brillante”.

andúnë “occidente, donde se pone el sol”; ril “brillo, luminosidad”
Andúril “brillo de occidente”, traducido en El Señor de los Anillos como “Llama del Oeste”.

Historia:
Espada forjada por el eneno Telchar de Nogrod durante la Primera Edad, llamada en un principio Narsil. Pasó a Númenor y sobrevivió al Hundimiento al ser llevada de nuevo a la Tierra Media por Elendil el Alto.

    Elendil usó esa espada durante toda la guerra de la Ultima Alianza de Elfos y Hombres contra Sauron y con ella misma abatió a Sauron, aunque él mismo y el rey Elfo Gil-Galad cayeran muertos también. La espada se quebró cerca de la empuñadura e Isildur -el hijo de Elendil- la tomó y con ella cortó el dedo de Sauron en que llevaba el Anillo Unico y se lo guardó. Sauron se desvaneció por muchos años gracias a esto.

    La espada fue lo único que se salvó cuando Isildur fue asaltado en los Campos Gladios (Gladden Fields) por una banda muy numerosa de Orcos. Narsil fue llevada por el escudero de Isildur, Ohtar a Valandil, el único hijo sobreviviente de Isildur y pasó a ser una herencia del reino de Arnor.

    Elrond Medioelfo predijo que la espada no sería forjada de nuevo hasta que el Anillo Único no apareciera de nuevo y Sauron despertara. Eso no sucedió hasta los tiempos de Aragorn, el heredero de Isildur. La espada fue forjada nuevamente en Rivendel y Aragorn le cambió el nombre, le puso Andúril. Con ella luchó durante toda la Guerra del Anillo.

Los Silmarils

Los Silmarils

Origen del nombre.
De Silma, nombre que le dio Fëanor a la substancia con que hizo las joyas y esta de sil “brillar con luz blanca o plateada”; y ril “brillo”.

Historia.
Los Silmarils son las tres joyas hechas por Fëanor antes de que Morgoth destruyera los Dos Arboles de Valinor. Tenían la apariencia de estar hechos de diamante, pero eran más resistentes todavía. En su interior estaba atrapada la luz mezclada de los Arboles Telperion y Laurelin. Resplandecían con luz propia si se encontraban en la obscuridad, pero si se los iluminaba, recibían la luz y la devolvían en matices maravillosos. Se dijo en Valinor que Fëanor tuvo la idea de hacerlos cuando comentaron que en las trenzas de Galadriel resplandecía la luz de los Arboles.

   

Varda consagró los Silmarils y así ningún mal podría tocarlos sin quemarse y Mandos predijo que en ellos estaba guardado el destino de Arda: la Tierra, el Cielo y el Mar.

    Al ser expulsado Fëanor de la Ciudad de los Elfos, se llevó los Silmarils a Formenos, su fortaleza del norte y ahí los guardó. De este lugar los robó Morgoth después de haber destruido los Arboles. Ungoliant estuvo a punto de devorarlos, pero los salvaron los sirvientes de Morgoth. Él los engarzó en su corona de hierro y los custodió celosamente en Angband.

    Fëanor y sus hijos juraron que recuperarían las joyas con un Juramento maldito, que los llevó a cometer muchos actos infames.

    Muchas guerras se libraron para recuperar los Silmarils, pero los Elfos no lograron nada hasta que Beren y Lúthien entraron solos en Angband, por encargo del Rey Thingol de Doriath y arrancaron una de las gemas de la corona de Morgoth. Al huir de Angband fueron acorralados por el lobo Carcharoth y el animal devoró el Silmaril junto con la mano de Beren que lo sostenía.

    Las entrañas del lobo se quemaron al contacto de la joya sagrada y desesperado huyó hacia el sur, causando grandes destrozos a su paso. Beren y Lúthien huyeron por los aires llevados por las Aguilas y así llegaron a Doriath, a dónde Carcharoth llegó después de un largo camino. Entonces se prepararon en Doriath para ir a cazar al lobo y el perro Huan de Valinor mató a Carcharoth y así recuperaron el Silmaril, que le fue dado al Rey Thingol.

    El Rey mandó a engarzar el Silmaril en el Nauglamír, el hermoso collar que habían hecho los Enanos tiempo atrás. Pero los Enanos sintieron deseos de poseer el Silmaril y mataron a Thingol e intentaron huir de Doriath con el collar, pero fueron perseguidos por los Elfos y solo dos de ellos escaparon con vida. Estos dos llegaron a Nogrod, su ciudad y grande fue la ira de los Enanos.

    De Nogrod salió un ejército que cruzó Beleriand y llegó a Doriath, pero esa tierra ya no estaba protegida por el poder de Melian, que había partido hacia Valinor. Nadie comandaba a los Elfos y por lo mismo no pudieron resistir el avance del ejército enano, que penetró en el palacio y saqueó el tesoro, llevandose el Silmaril.

    Beren les salió al encuentro y recuperó el collar con el Silmaril, que le llevó a Lúthien como consuelo. Se dice que Lúthien llevó el collar en el pecho mientras vivió y al morir se le envió a su hijo Dior, que había tomado la corona del reino de Doriath.

    Los hijos de Fëanor exigieron les fuera devuelta la joya, pero Dior se negó. Entonces los hijos de Fëanor atacaron Doriath y mataron a Dior y a muchos Elfos de de esa tierra, pero también murieron Celegorm, Caranthir y Curufin, y no pudieron recuperar el Silmaril, pues se lo llevó Elwing, la hija de Dior, hacia las Desembocaduras del Sirion.

    Maedhros se sintió culpable de sus malas acciones en Doriath, y dejó un tiempo a Elwing y el Silmaril en paz, pero no podía olvidar el juramento hecho y volvieron a exigir la gema sagrada.  Elwing y el pueblo de las Desembocaduras del Sirion se negaron nuevamente y más porque Eärendil, el esposo de Elwing se encontraba en alta mar.

    Los hijos de Fëanor se unieron de nuevo y atacaron al pueblo de Eärendil y Elwing y casi los aniquilaron, pero Maedhros y Maglor (pues solo ellos dos de los hijos de Fëanor sobrevivieron al asalto, Amrod y Amras murieron) no obtuvieron lo que buscaban, pues Elwing se arrojó al mar con el Silmaril.

    Ulmo, el Señor de las Aguas, sacó a Elwing del mar y la transformó en un ave, que voló al encuentro de Eärendil. Elwing le contó a su esposo lo sucedido y no encontrando esperanza alguna en la Tierra Media, descidieron navegar hacia las tierras de Aman, a pedir perdón y ayuda a los Valar.

    Eärendil se puso el collar en la frente y con la luz de la joya guió su barco hasta las costas de las Tierras Benditas. Ahí fueron perdonados y los Valar comenzaron a preparar el ejército que enviarían contra Morgoth.

    El barco de Eärendil fue elevado hasta los mares del cielo y le fue trazado un camino en ellos. Eärendil, con el Silmaril en la frente, fue visto desde la Tierra Media y se creyó que era un buen augurio y se lo llamó Gil-Estel, la Estrella de la Esperanza.

    Las huestes de los Valar llegaron a la Tierra Media comandadas por Eönwë, el heraldo de Manwë y atacaron a Morgoth, que al final fue vencido y los dos Silmarils restantes fueron arrancados de su corona de hierro.

    Maedhros y Maglor pidieron los Silmarils que habían sido recuperados, pero Eönwë les replicó que por su malas acciones ellos ya no tenían derecho de poseerlos, a menos que regresaran a Valinor, pidieran perdón a los Valar y los poderes les concedieran de nuevo la pertenencia de las joyas.

    Los hermanos no estuvieron dispuestos a hacer esto y entraron de noche al campamento de las huestes de Valinor y robaron los Silmarils. Eönwë no permitió que mataran a los hijos de Fëanor y pudieron huir con las gemas.

    Como solo quedaban dos Silmarils y dos de los que habían hecho en un principio el juramento maldito, decidieron que cada uno se quedaría con una de las joyas, pero era verdad lo que había dicho Eönwë: los Silmarils ya no les pertenecían, por toda la sangre inocente que manchaba sus manos, les quemaban las manos con gran dolor. Maedhros, desesperado, se tiró junto con la joya a una grieta abierta en la tierra, murió y quedó enterrado para siempre. Maglor tampoco soportó el dolor y arrojó el Silmaril a las aguas del mar y se perdió.

    Se dice que ya no podrán estar reunidos los tres Silmarils, a menos que se rompa la Tierra y el Mar y Arda sea rehecha. El único que todavía puede ser visto es el Silmaril que Eärendil porta en la frente, en el cielo y más brillante que nunca cuando está cerca del horizonte, poco antes de que el sol salga o cuando acaba de ponerse.

Las Palantír

Las Palantír

Eran piedras esféricas hechas de algún tipo de cristal de color obscuro. Tenían el poder de que, quién observara a través de ellas, podía ver cosas o sucesos acaecidos en lugares distantes o en el pasado. Si dos personas observaban en dos piedras distintas, podían transmitir su pensamiento, que era entendido como el habla en la mente del receptor, aunque no se pudieran emitir sonidos a través de ellas.

    Se dice que fueron hechas por Fëanor de los Noldor en Valinor, cuando todavía florecían los Arboles. Muchos años después fueron regaladas algunas de estas piedras a los hombres de Númenor. De estas piedras sólo sobrevivieron siete al Hundimiento de Númenor. Fueron llevadas por Elendil y su hijos Isildur y Anárion a la Tierra Media y fueron conservadas como tesoros a los que solo los reyes y gobernantes tenían acceso.

    Tres de las piedras fueron depositadas en Arnor, el Reino del Norte: una en Annúminas, la capital del reino, otra en Emyn Beraid, que siempre miraba hacia la Númenor sumergida y más allá, hasta las Tierras Benditas. La piedra principal del norte fue guardada en Amon Sûl, la Torre de la Cima de los Vientos y era con la que se comunicaban los reyes de Arnor con los de Gondor.

    Las otras cuatro fueron guardadas en Gondor, el Reino de Sur: una en la torre de Orthanc, otra en Minas Ithil, otra en Minas Anor y la mayor de todas las piedras traídas de Númenor, con la que podía comunicarse con todas las otras palantíri al mismo tiempo, fue puesta en Osgiliath.

    Las Palantíri se fueron perdiendo al pasar de los años. La primera en perderse fue la piedra de Osgilath, cuando fue incendiada esa ciudad por Castamir el Usurpador. La Palantír cayó al río Anduin y nunca fue recuperada.

    Las siguientes en perderse fueron las piedras de Anúminnas y Amon Sûl, que se hundieron junto con Arvedui, el último rey de Arnor, en el naufragio de su barco en la bahía de Forochel, muy al norte de la Tierra Media.

    En el año 2002 de la Tercera Edad es capturada Minas Ithil y su Palantír por los Nazgûl. En Minas Anor (llamada después Minas Tirith) al igual que en Orthanc, dejan de usar las piedras, hasta que Denethor en Minas Tirith y Saruman en Orthanc comienzan a usarlas poco antes de la Guerra del Anillo.

    La piedra de Minas Tirith queda inservible cuando Denethor se avienta con ella al fuego. Se pensó en Gondor que la piedra de Minas Ithil fue destruída en la caída de la Torre Obscura y la única que queda en función es la de Orthanc, que fue recuperada cuando Grima Wormtonge la arroja desde una ventana de la torre.

    La Palantír de Emyn Beraid tenía poca utilidad en la Tierra Media y se dice que cuando Elrond partió hacia las Tierras Benditas se la llevó con sigo.

Los Anillos del Poder

Los Anillos del Poder

Los anillos fueron forjados por Sauron el Maia, el más grande de los servidores de Morgoth, El Enemigo Oscuro. El plan de Sauron era subyugar la voluntad de los portadores de los anillos. Todos tenían en común otorgar la inmortalidad a quien lo llevara.

Los Tres Anillos de los Elfos

De los veinte anillos de poder, sólo los Tres Anillos élficos, forjados por Celebrimbor a solas, no han sido tocados por la maligna mano del Señor Oscuro. Como todos los artefactos verdaderos, el poder de los tres anillos es en función de quien lo lleva.

Nenya. Al igual que los otros dos Anillos élficos, Nenya es un poderoso objeto capaz de ser un arma terrible. Su propósito, sin embargo, no era ése. Los Anillos élficos se hicieron para ayudar a que su portador aprendiese, curase y entendiese, no sólo en provecho propio sino también para aquellos que le rodeaban. Tienen el poder de mantener a raya la Sombra y de hecho también pueden evitar los efectos de deterioro del paso del tiempo. Cada anillo es el centro de un refugio élfico en el que no se nota el paso de los días y el tiempo fluye de maneras extrañas. Ello es especialmente cierto en Lórien donde gobierna Galadriel.

Vilya. El más poderoso de los Tres Anillos Élficos de Poder, fue dado a Elrond por Gil-galad justo antes de su partida como co-general de la Última Alianza de Hombres y Elfos contra Sauron. Durante tanto tiempo como Sauron no poseyó el Único, los portadores de los Anillos Élficos estaban libres de utilizarlos completamente. Ciertamente parece que, a pesar de que la localización de Rivendell en un estrecho valle con una entrada oculta, es asombroso que el lugar permaneciera oculto durante tanto tiempo. Los sirvientes de Sauron exploraron el campo y fueron incapaces de penetrar el velo sobre Imladris. En vez de ello, Rivendell y Lórien retuvieron un especial estatus elusivo en la mente de Sauron. Seguramente él debe haber estado en conocimiento de ellos – y quizás incluso sospechaba que un Anillo Élfico estaba obrando, pero los Tres eran de tan poderosos que el Señor Oscuro fue incapaz de actuar sobre sus sospechas. Quizás más que los otros dos anillos, Vilya es de curación y fortalecimiento. Neya escudó una tierra del envejecimiento – casi invirtiéndolo; Narya encendía los corazones a la acción. Fue en Rivendell donde Vilya permitió que las decisiones fueran tomadas, y las acciones planeadas. En Apariencia Vilya es un anillo de oro puro con un gran zafiro azul claro engarzado.

Narya. Es de oro con un rubí engarzado. Primero Celebrimbor se lo dió a Gil-galad junto con Vilya, quién lo pasó a Círdan para custodiarlo y finalmente fue dado a Gandalf, el cual aunque no fuera un Elfo, era uno de los Istari, el guardían del Fuego Secreto, la última Llama de Luz.

Los Siete Anillos de los Enanos

Después de ser entregados a los reyes enanos, uno para cada una de las Siete Tribus o Casas de Enanos, y al ver que no les afectaba como Sauron pretendía (ganar la inmortalidad para poder controlarlos) los maldijo. Después de muchos años, y de batallas con grandes bestias (como son los Dragones de Fuego), uno por uno, los Enanos de las Siete Casas, una vez robados y destruidos, erraron de lugar en lugar. Finalmente los siete Anillos de Poder se perdieron de alguna forma: consumidos o tragados por Dragones de Fuego, otros simplemente desaparecieron, presumiblemente volvieron a Sauron. Probablemente, esto no se puede aplicar al caso del Anillo de Durin, aunque si que al final volvió a las manos de Sauron.

Los Nueve Anillos de los Hombres

Todos tienen más o menos los mismos poderes. Invisibles además para todos excepto para otros poseedores de anillos, fueron destruidos cuando lo hizo el Anillo Único, excepto el de el Rey Brujo que perdió sus poderes pero no fue destruido, cayó en los Campos del Pelennor en la misma batalla en que murió el Rey Brujo. Creándose así los espectros del anillo , los Nazgul los sirvientes mas poderosos y temidos de Sauron.

El Anillo Único

Como cualquier artefacto; sus dones primarios son determinados por la naturaleza y fuerza del poseedor; su práctica normal aumenta en extremo las capacidades de su uso corriente; confiere muchos otros poderes que no aparecen de inmediato, y que van ocurriendo gradualmente con la terrible maldición; el Anillo es más conocido por su mayor poder de mando y control. Está hecho con un banda de oro puro que no se desgasta ni se mella con el uso. Al calentarlo en fuego, una fina inscripción aparece durante un minuto y recorre tanto el interior como el exterior del anillo, en Tengwar, pero en lengua negra. Se puede leer:

“Ash nazg durbabatulûk, ash nazg gimbatul, Ash nazg thrakatulûk agh burzum ishi krimpatul”

“Un Anillo para gobernarlos a todos, Un Anillo para encontrarlos, Un Anillo para traerlos a todos y en la oscuridad encadenarlos”

El Anillo no puede ser destruido, excepto por los Fuegos en los que fue forjado, en el volcán del Monte del Destino; si es destruido todos los demás Anillos perderán su poder y Sauron y sus Nazgûl se convertirán para siempre en espectros impotentes.

PODERES: Como cualquier artefacto; sus dones primarios son determinados por la naturaleza y fuerza del poseedor; su práctica normal aumenta en extremo las capacidades de su uso corriente; Sam el mayor de todos los Jardines; Boromir el irresistible líder de los hombres; etc.; confiere muchos otros poderes que no aparecen de inmediato, y que van ocurriendo gradualmente con la terrible maldición; el Anillo es más conocido por su mayor poder de mando y control; también por los siguientes poderes menores que deben ser ejercitados: · Invisibilidad: no se rompe en el combate; porque el usuario entre profundamente en el mundo de los espectros; invisible a todos los ojos terrenales, pero brillantemente visible a los espectros, como los Nazgûl; da la habilidad de ver todas las cosas invisibles. · Aumento de los Sentidos; el olfato y el oído se vuelven extremadamente agudos, y la vista se extiende dentro del dominio visible (permite ver las formas de los Nazgûl, pero la visión de los objetos en el mundo material se empaña); el usuario puede ver poderes mágicos y fuerzas espirituales a grandes distancias. · Gradualmente disminuye los efectos del envejecimiento, incrementando la vida del poseedor indefinidamente y es transformado gradualmente en una criatura de la oscuridad (Gollum) y finalmente se convierte en un espectro, quedándose entre la vida y la no vida; este poder toma efecto por la simple posesión del Anillo; la rapidez del proceso de transformación es variable, dependiendo de la frecuencia con que ha sido usado el objeto, su propio carácter y su resistencia mágica innata; este poder, de cualquier modo, está también unido a la maldición; para depender de la frecuencia del uso y la resistencia mágica innata, el poseedor eventualmente se debilitará bajo el control del Señor Oscuro; la completa debilitación puede ser pospuesta durante siglos. · Permite al usuario controlar o resistir cualquier objeto hecho con la ayuda del anillo, como las trampas de Barad-dûr. · El Anillo no puede ser destruido, excepto por los Fuegos en los que fue forjado, en el volcán del Monte del Destino; si es destruido todos los demás Anillos perderán su poder y Sauron y sus Nazgûl se convertirán para siempre en espectros impotentes. Adicionalmente, los poderes siguientes están disponibles para alguien que tenga dominio sobre él. Estos poderes pueden sólo ser invocados en sus efectos completos por una fuerza entrenada ya sobre el control de dominar a otros: · Puede controlar todos los usuarios de los Grandes Anillos de Poder, como los Nazgûl (con la excepción de los élficos), sin importar el alcance u otras circunstancias; el Anillo puede esclavizar a los otros usuarios o revelar y retorcer todas las cosas hechas con el poder de los otros Anillos. · Puede lanzar sortilegios a 3 veces el alcance normal, o a cualquier blanco que el poseedor pueda ver, incluso mediante artefactos (Palantir). · Puede ejercer un impresionante poder de mando y control, especialmente sobre criaturas malignas que instintivamente temen al Anillo, incluso sin conocerlo.

Creacíon de los Anillos del Poder

Creacíon de los Anillos del Poder

Durante los años dorados de la Segunda Edad, prevaleció un equilibrio inestable; la paz reinaba.Entonces, Annatar, el desconcertante “Señor de los Dones”, apareció en Eregion. Annatar parecía bueno y sabio, y predicaba que, con su ayuda, los Noldor podrían construir una tierra tan bella como cualquiera en cualquier lugar.Sus palabras sedujeron a los elfos profundos, porque amaban su reino y la Tierra Media, pero anhelaban la belleza de las Tierras Imperecederas del Extremo Oeste.Annatar estaba versado en grandes conocimientos y dio asombrosos presentes a los herreros de Eregion. Las habilidades de los elfos profundos alcanzaron cotas inapreciables y su líder, Celebrimbor, creyó todas y cada una de las palabras del Señor de los Dones. Los seguidores de Galadriel y Celeborn abogaron por la moderación, pero no tranquilizaron los deseos de sus hermanos.La situación acabó en un cisma, y el pueblo de Galadriel decidió dejar Eregion y viajar hasta Lórinand (más tarde llamado Lórien), al este de las Montañas Nubladas. Galadriel solicitó pasar a salvo a través de Khazad-dûm, y a la Dama de la Luz se le permitió conducir a su gente a través de la carretera de los enanos.Mientras tanto los herreros de Celebrimbor continuaron trabajando atentamente junto a su nuevo maestro, y la prosperidad floreció en Eregion. Los disidentes se habían ido y todo iba bien, salvo por el hecho de que Annatar era realmente Sauron, el Señor Oscuro y sirviente más sublime del Mal que representaba Morgoth.Finalmente, Sauron persuadió a los noldor de Eregion para que creasen los Anillos del Poder, y los herreros trabajaron durante muchos años bajo su guía. Forjaron Nueve Anillos y luego Siete más. Diez años más tarde, Celebrimbor completó los Tres Anillos Élficos, realizados con sus propias manos, y que poseían un poder aún mayor.Los enanos observaron estos nuevos sucesos cuidadosamente y consideraron los temores de Galadriel. No flaqueaban nunca, les desagradaban y temían las cosas que no conocían y experimentaban escaso consuelo con la presencia de Annatar. El rey Durin III, preocupado por los poderosos anillos, mandó enviados a Celebrimbor. El señor de los elfos comprendió las necesidades de su vecino, y deseaba mantener la amistad con los enanos. Por eso, dio a Durin III el primero y más importante de los Siete Anillos.El regalo agradó a Sauron, porque el Oscuro planeaba controlar a todos aquellos que tuvieron los Anillos del Poder y, de esta forma, dominar a todos los Pueblos Libres de la Tierra Media.Durin III era el Rey de Khazad-dûm, el más poderoso de los enanos vivientes, y Sauron estaba sediento de la riqueza del reino del señor de los enanos.El Señor Oscuro se retiró a Mordor para completar la tarea de crear el mayor de los Anillos. Cerca de una década después de su regreso a la tierra negra, Sauron forjó en secreto el Anillo Único en los fuegos del Orodruin (el Monte del Destino). Era el Anillo Gobernante, nacido del mismo conocimiento que creó a los otros, y, con él, el Oscuro de convirtió en el Señor de los Anillos. Pero cuando se lo colocó en el dedo, Celebrimbor descubrió la situación del mundo y ordenó que los Tres Anillos fuera retirados de la circulación. Sauron se enfureció, pues sus instrumentos no podían mantener su dominio sobre aquellos que no los llevaran puestos, y exigió que se los entregaran; sin embargo, sus demandas cayeron en saco roto. Celebrimbor buscó a Galadriel en Lórien y le entregó a Nenya, uno de los Tres Anillos.Debido a la negativa de los Elfos, Sauron decidió destruir a sus enemigos usando abiertamente su devastador ejército. Pero tras su derrota a manos de la Alianza entre los elfos y los hombres de Númenor , Sauron se retiró para maquinar un nuevo plan. Durante el largo periodo de relativa tranquilidad que siguió, Sauron pensó en los Enanos y los Hombres del este como posibles aliados. Poseyendo los dieciséis Anillos de Poder restantes se los dio a los Reyes de los siete Linajes de Enanos y a nueve señores Humanos. Su plan para esclavizar a las dos razas funcionó solo en parte, pues los Enanos se mostraron más difíciles de controlar que las otras razas. Como creaciones de Aüle, los enanos reaccionaron de forma diferente a lo que esperaba el Señor Oscuro. Los siete Anillos incrementaron el ya considerable orgullo y codicia de los enanos; sin embargo, no lograron otorgar la inmoralidad a los Enanos, ni tampoco permitieron a Sauron controlar a los portadores de los anillos. Mientras los Señores Enanos usaban los Siete Anillos para encontrar más fuentes de riquezas, el Maligno tuvo que admitir su error y condenar su raza.Los Nueve Anillos funcionaron mejor, y alrededor del 2251 de la S.E. los nueve Espectros del Anillo ( los Nazgul) aparecieron por primera vez. Esclavizados por sus anillos y controlados por el Anillo Único, se mostraron como unos leales y poderosos servidores al Señor de Mordor. Tres de ellos eran Númenóreanos Negros, y los demás eran Reyes de otras regiones de Endor.

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