Nosotros los purepechas, la danza de los viejitos

sé Luis Huerta

Nosotros los P’urhépecha somos adictos a las danzas; en la meseta y en la región lacustre, existe una gran riqueza en variedad y antigüedad, así como espectaculares, algunas y de un colorido sin igual; de entre todas las danzas sobre sale una, la más antigua, así como la mas reconocida, tanto local, como nacional e internacionalmente, pues esta danza que es la de los viejitos, le ha dado la vuelta al mundo, en todo el mundo es conocida y admirada así como apreciada.

    Antes de que el ser humano desarrollara un lenguaje, la danza fue una de las formas de comunicación e identificación, tanto para otros grupos o clanes, así como con los Dioses y los elementos de la naturaleza tangibles, pero temibles e inteligibles y danzando ciertos chamanes (brujos), entraban (y entran actualmente) en trance y en comunicación con fuerzas sobre naturales y lograban un objetivo, como sanar a un enfermo, conocer el pasado y el futuro, la danza era exclusividad de quien por naturaleza tenía ciertas dotes, que no tenían otros, pero dada su aceptación y espectacularidad, se fue haciendo popular como popular se hace hoy en día cualquier baile o ritmo.

    La original danza de los viejitos tiene su origen en tiempos inmemorables, en el Sur del Continente Americano, en la región de los andes desde donde se cree, emigraron los p’urhépecha, actualmente los Quechuas y los Aimaráes, danzan para lograr la lluvia y para lograr las cosechas, así como para sanar un enfermo, danzan cuatro chamanes.

    Cuatro son los componentes de la danza de los viejitos, pues cuatro son las estaciones del año, cuatro son los rumbos del Universo, Norte, Sur, Este y Oeste, cuatro son los lados de una casa, cuatro son las extremidades del ser humano y cuatro son los elementos que conforman el cosmos tierra, fuego, aire y agua y cuatro son los colores básicos, negro, rojo, amarillo y azul, que combinados uno con otro nos dan toda la gama de colores que existen, y cuatro son las estrellas de la constelación que guiaban a los marinos en la antigüedad y que, equivalen a los cuatro planetas conocidos como estrellas que se observaban a simple vista, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno (Tam – Hoscua)  y cuatro son los colores del maíz, rojo, azul, blanco y amarillo.

    La danza tiene un origen y sentido completamente ritual y religioso, pues se llevaba a cabo, cada cambio de estación, es decir cada solsticio y cada equinoccio y se ejecutaba en honor del dios viejo tata huriata y siempre eran cuatro los danzantes, originalmente uno de los danzantes era representado por una mascara de niño o joven, pues era la estación naciente, y las otras tres estaciones eran representadas con mascaras de viejos, que correspondían a las otras tres estaciones ya pasadas y si se fijan bien, cuando se ejecutan bien se enlazan los cuatro danzantes, el primero le pone mucha, pero mucha energía a su danza y en contraparte el último de la fila aparenta que ya no puede, que esta dando las últimas y ello corresponde a la estación entrante y a la saliente.

    Sólo los chamanes podían ejecutarla, normalmente eran ancianos, pues la sabiduría llega con la edad, y para derrochar tal energía… pues le entraban  a la coca masticada, en el Sur del Continente;

    En la altiplanicie mexicana, le entraban a los pachacuachari (hongos, alucinógenos colorados), con los cuales entraban en trance y podían danzar hasta cuatro horas y en ese trance podían vislumbrar lo bueno y lo malo que tenía la estación entrante, era una danza sagrada, como las de tantos otros pueblos, pero al llegar los gachupines a estas tierras michoacanas, implantaron a sangre y fuego su religión cristiana, la danza quedo proscrita y sólo se ejecutaba a escondidas de los religiosos y de los gobernantes.

    Sólo los guardianes de la cultura Purhépecha los petámutis (brujos chamanes) que conservaban la sabiduría de generación en generación y en los pueblos más apartados y de difícil acceso, pudieron conservar esta rica tradición y sabiduría, pues además, eran ellos los que sabían el secreto de curar con hierbas y raíces, las enfermedades de la gente más pobre y olvidada de nuestros pueblos.

    También se llevaba a cabo otra danza que era ejecutada, ya no por chamanes o cuetaperis, si no por gente común con un solo chaman que representaba a tata huriata (el sol) una maringuilla (hombre vestido de mujer) que representaba a nana Cuerari (la tierra) y ocho viejitos que representaban a los ocho planetas restantes del sistema solar mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, mas un elemento extra que representaba a un cometa, esta danza era ejecutada imitando los movimientos de estos astros en el universo, cuando se alineaban todos en línea recta, alineación que se da cada 5125 años de la cuenta larga, los ocho danzantes giraban bailando alrededor del sol y de la tierra y el noveno danzante bailaba girando en una vuelta elíptica alrededor de todos ellos, ampliando su área de baile, conforme los otros danzantes se movían y cuando el cometa pasaba  en frente de cada uno de ellos el indiciado incrementaba su ritmo como lumbre, pues eso es lo que hace un cometa cuando pasa cerca de los planetas, como este elemento gastaba mas energía que los otros y se cansaba mas, era reemplazado cada vez que fuera necesario, pues esta danza requiere de mucha energía y es muy cansada para los elementos que bailan y nunca para los que nos deleitamos viéndola; ¿Como la ven P’urhépecha? tenían razón o no los españoles para prohibir estas danzas, pues ellos en el viejo mundo apenas acababan de descubrir que la tierra y los planetas giraban alrededor del sol y nuestros ancestros sabían eso desde tiempos inmemorables.

    Así las cosas, llegó el tiempo que nuestros p’etámutis o chamanes, difícilmente podían encontrarse los cuatro para ejecutar la danza y para preservarla, enseñaron la danza a jóvenes que pudieran aguantar el ritmo y esfuerzo de la misma y aunque inicialmente sólo era acompañada con un teponaxtle (tambor), y una chirimia ( flauta de carrizo o barro ) al perder el sentido místico y ritual, se le fueron agregando músicos e instrumentos, así como danzantes.

      En la meseta y en los pueblos como Patamban, Charapan, Zacan, la danza era ejecutada sólo por purhépecha, con posibilidades económicas y que estuvieran allegados al consejo ciudadano de cada pueblo, que invariablemente estaban ligados al cura del pueblo, pues desde Cortes, hasta la reforma de 1860 y hasta la fecha, los curas tenían un gran peso en todos los pueblos de la meseta, donde la ignorancia y la baja, o nula preparación intelectual de sus gentes, era y es evidente.

      En Patamban, sucedió que en la época de la reforma, los mestizos se apoderaron de la danza y le implementaron unos atavíos distintos, tales como listones de seda china, camisas de la misma, mascaras con rasgos hispanos, y hasta de imágenes sacras, (católicas por supuesto), trajes de charro y camisas vaqueras, todo lo elegante y exótico, tenía cabida en este festejo, que fue ubicado en el calendario religioso en la época del carnaval, así duro todo el siglo pasado esta danza, que dejo de ser ritual y de trance, y se fue incrementando el número de participantes, así como una maringuilla (hombre disfrazado de mujer para bailar en pareja con cada uno de los participantes), y en ocasiones hasta dos maringuillas, las cuales llevan un paso y ritmo distinto del grupo de danzantes, pues ellas marcan un paso muy femenino y recatado.

      Aún así, con todas esas reformas, la danza seguía siendo elitista, pues el ajuar era caro, ya que los calzones de manta labrados, eran costosos, y las camisas de seda más y pagar al grupo musical que les tocaba los sones, era todavía mas caro, ya que se contrataban por lo menos tres días y a veces toda la semana, además de que, como eran unos viejitos muy elegantes, el ultimo día arreglaban la plaza con papel picado, la mandaban barrer, para que estuviera bien limpia y al atardecer del ultimo día, quemaban un torito de luces artificiales y regalaban a todos los niños y principalmente a sus novias, las arrobas (dulces, buñuelitos, panecillos en miniatura, pinole, charamusquitas, garapiñados, etc.), todo esto tenía un costo alto, por eso era elitista, pues sólo los mas riquillos del pueblo podían hacer estos gastos y por lo mismo, se fue incrementado más y más el número de participantes, pues mientras más elementos fueran, más barato les salía,  ya que para entonces se pagaba una música, ya fuera local o traída de Zirahuen, de Quinceo, Huancito o de donde fuera, no importaba el costo, pues es sabido que el p’urhépecha para lo que mas colabora es para las fiestas.

      Era tan prendida y tan bonita la fiesta, que se instituyó como tal, y como en Patamban siempre ha existido la división de barrios (desde Zetacu Tzetzangari), los de arriba y los de abajo, pues la fiesta como ya lo he dicho, era de los mestizos, es decir los de abajo, pues los de arriba, nada contentos hicieron también su organización para danzar y ellos empezaban, cuando terminaban los mestizos o sea los de abajo, y así, esta fiesta duraba dos semanas, de Jueves a Domingo la primera semana de Febrero y también la segunda.

        Pero no contaban con la astucia y desenfado de los auténticos P’urhépecha que vieron como los mestizos les arrebataron su danza y entonces a principio del siglo XX, en la revolución, idearon la forma de divertirse a como diera lugar, pues era su danza y su costumbre, divertirse en carnaval.

        Fue así como de repente y al no tener para comprarse un ajuar, se comenzaron a disfrazar con lo que tenían a la mano, una sabana vieja, un gabán, una  cobijita, o un sombrero todo desecho viejo y mugroso y hasta con sobras de pertrechos militares, y se autonombraron viejos cherekis y al no tener para pagar una música, bailaban unos metros distantes de los viejitos elegantes o elitistas, con las consabidas molestias de los que pagaban la música y estaban mejor organizados, y entonces los charros (danzantes recién incorporados a la danza de los viejos),  les echaban unas carreras fingidas a los viejos cherekis que estaban liderados, por un señor llamado Gregorio Contreras, que a la postre, se quedó con el apodo de chereki que quiere decir mugroso, mal vestido, guandajón, come cuando hay; estos cherequis bailaban de lo más feo, todos en bola, listos a correr, cuando venía el charro, o los charros de los otros viejos a correrlos, lejos de la música, su música.

        Así como lo cuento, se desarrollo esta fiesta, los primeros años de este siglo con una danza de los viejos, ya degenerada y corrupta en manos de los mestizos, pero tenía mucho auge, pues como siempre, la condición humana nos hace ver con buenos ojos, lo que viene de fuera y menospreciar lo nuestro, lo autentico nuestro.

          Finalmente los cherekis, también se organizaron y aunque con muchos trabajos, también contrataron su propia música con base en puras cooperachas y desde un tiempo atrás, juntaban dinero, pero ya no cambiaron ni mejoraron su vestimenta, mas bien cada día la desmejoraban y andaban lo más feo posible, pues era una burla a la danza de los viejos ricos o mestizos, pero entre otras cosas, les traía remembranzas de burla a los gachupines, al usar estos, mascaras con rasgos hispanos.

          Estos cherekis ya organizados, bailaban como todos, en las principales calles del pueblo y en la casa de los encabezados organizadores, y para completar el pago de la música, bailaban enfrente de las tiendas y de los comercios establecidos o ambulantes (el día de plaza), así como en las casas de los riquillos del pueblo y estos agradecidos, les daban unas monedas o un billete para completar el pago de la música; aún vive en Patamban, el señor Heliodoro Herrera ya con 102 años de edad, que fue de los encabezados y organizadores, él recuerda otros nombres que no quiero dejar de nombrar, aunque no son todos, Rudesindo llamado el chavacan, Damián Cristóbal, Benjamín González, Antonio Clemente, Francisco Jaracuaro y el ya mencionado Gregorio Contreras, que se quedo con el apodo de Cheré y su primer maringuilla llamado Pancho chino o Pancho Kuetz, estos viejos cherekis, también aceptaban niños y de esos niños, aún vive Reynaldo Sebastián, quien nos dijo que un tiempo decayó la danza, y ya no se vestían, pero hicieron un segundo esfuerzo, y la revivieron junto con Pascual Morales, Juan Medina, Agustín Mondragón llamado cutiloco y Antonio González Sánchez, este último con sus famosas botas de hule, que solo calzaba para bailar en dicha danza.

        Cuenta Reynaldo (Reino) que aún vive, que eran cinco los responsables, y cada uno de ellos, era responsable de un día, darles de comer a los músicos en su casa, y ahí mismo comenzaban a llegar los cherekis ya ajuarateados, y otros llegaban con su ajuar en el morral, y ahí se cambiaban, pues no querían que la gente supiera su real identidad, así de feo andaban.

          Cuando los cherekis usurpaban la música ajena, Gregorio Contreras (cheré), ideo un estratagema, dada la gran religiosidad de este pueblo, se hizo acompañar de un santito, del cual, él era el propietario llamado San Bruno, es un santito chiquito, le acomodó una mesa, lo vistió bonito con ropa nueva, manteles, flores y demás fantasía y así evitó que lo corretearan con todo y santito.

          El último día, el de las arrobas, los viejos bonitos entregaban sus arrobas ya mencionadas atrás y los cherekis también daban sus arrobas, pero estas contenían unas sorpresas muy desagradables, pues sus regalos eran tales como, caca de borrego bañada en piloncillo, simulando ponteduros, (dulce regional hecho de maíz tostado cubierto de piloncillo )ceniza en lugar de pinole, piñatas llenas de caparis (abejorros), avispas en lugar de dulces, y en lugar de torito con luces pirotécnicas, ellos incendiaban un castillo echo de tabardillo y zacate seco, con esto culminaba la fiesta y la danza, y hasta el próximo año.

            Actualmente esta fiesta, está a punto de desaparecer, sólo el esfuerzo y el entusiasmo de unos cuantos, hace que sobreviva, pues el pueblo, carece de orquesta propia, nuestro gran maestro, tata Daniel Plancarte, está muy enfermo y no tiene el animo de sostener una banda de músicos, banda que en otros tiempos, le dio a el y a Patamban gloria y reconocimiento en la Meseta, pero ocasionalmente se visten y danzan para algunos eventos especiales y sobre todo cuando alguien o alguna institución les paga para que lo hagan actualmente se puede contratarlos (a los cherekis) con el Señor Graciano González Morales (la maringuilla), o con Sabas Morales o con Samuel Cervantes, que son tres de los encabezados de la danza de los cherekis, también otro señor muy animoso es don Gudelio González y algunos de sus hijos principalmente Gerardo.

            Por fortuna otros pueblos de la sierra y de la región lacustre, conservan estas danzas y están mas apegados a las tradicionales y ancestrales, pueblos como Charapan san Felipe de los herreros, Zacan, Tingambato, Sevina y muchos otros, donde es posible ver y disfrutar este espectáculo sin par, la próxima vez que la vean fíjense bien en lo que ven.

            Un p’urhépecha pues.

derecho de los jovenes y niños inidigenas

Plan de acción
Para asegurar los derechos sagrados de nacimiento de los niños y la juventud indígena
Tlahtokan Aztlan, Encuentro Tradicional del Pueblos Indígenas

Adoptado unánimemente por Tlahtokan Aztlan, Encuentro Tradicional Indígena

Territorios de la Nación Tohono O’Odham (hoy conocido como Phoenix, Arizona, Estados Unidos de América), Marzo 7-9, 2003.

Respetuosamente presentado al Foro Permanente de Cuestiones Indígenas, Naciones Unidas Mayo 12-23, 2003.

Preámbulo:

Nosotros, los cien cincuenta y cinco líderes indígenas y representantes de comunidades indígenas de más de treinta y cinco naciones indígenas distintas sobre el continente norteamericano reunidos en discurso pacífico, enfocándose en los derechos y las preocupaciones de los Pueblos Indígenas, en particular los de los niños y juventud indígena y las relaciones aún no nacidas:

Subrayando que es una parte integral de los derechos de nacimiento de los niños y la juventud indígena poder vivir en un ambiente saludable y seguro; de ser salvaguardado de discriminación y intolerancia racial y en otras formas; de tener oportunidades igual a los de los niños y la juventud no- indígena; de mantener y disfrutar su propia identidad, lengua, cultura, valores, y espiritualidad indígena; de desarrollar su personalidad, talentos, y habilidades mentales y físicas hasta su mayor potencia; y para disfrutar el derecho a la educación consistente con todos estos elementos;

Honrando la sabiduría, experiencia e innovación de nuestros ancestros y sus instrucciones de que nosotros tenemos la responsabilidad de estimar y transmitir ésta herencia colectiva para las futuras generaciones para que puedan ellos realizar su potencia;

Recordando la Cumbre Mundial para los Niños, 1990, la Sesión Especial sobre Niños de la Asamblea General de la ONU, 2002; el trabajo del Seminario Experto sobre Niños Indígenas organizado por el Centro de Investigación Innocenti de la UNICEF, 5-7 de Marzo 2003 el Florencia, Italia; y el trabajo del Grupo Inter- Agencia de Apoyo para el Foro Permanente de la ONU, incluyendo el de la UNICEF hacia el reconocimiento y cumplimiento de los derechos de los niños y la juventud indígena;

Notando las contribuciones hechos por otras conferencias, talleres, y seminarios para el reconocimiento y protección de los derechos del niño incluyendo los de Niños Indígenas, especialmente los derechos colectivos de Niños Indígenas hacia sus tierras, territorios, y recursos;

Reconociendo la importancia de la Convención sobre los Derechos del Niño y la necesidad para su ratificación e implementación completa por los Estados;

Expresando preocupación profunda sobre el impacto negativo aumentando diariamente de los esfuerzos de globalización incluyendo libre comercio, industrias grandes extractivas como la minería, proyectos grandes de infraestructura como presas hidroeléctricas, deforestación desenfrenado y comercio ilegal de madera, turismo insostenible, militarización y otras fuerzas impactando los Pueblos Indígenas incluyendo los niños y la juventud indígena, sus tierras, territorios y recursos;

Reafirmando que los lugares de veneración son integrales para venerar, que lugares de ceremonia tradicional indígenas son Lugares Sagrados, y que muchos de nuestros lugares sagrados no son construidos por el hombre, sino es el trabajo del Creador;

Reafirmando aún mas que lugares sagrados son parte de la herencia cultural de los niños y la juventud indígena, y que la profanación y destrucción de nuestros lugares sagrados son actos de genocidio cultural;

Reconociendo la importancia de la protección de nuestras naciones, comunidades, y familias indígenas para la crianza y desarrollo de los niños y la juventud indígena;

Notando con preocupación grave la degradación continua del medio ambiente y la Madre Tierra, y expresando la necesidad de aumentar medidas para restaurar y proteger el medio ambiente y la Madre Tierra para la supervivencia y desarrollo de diversidad cultural y la biodiversidad;

Reafirmando la importancia de los propósitos y principios del Carta de la ONU e los instrumentos internacionales de derechos humanos existentes;

Reafirmando aún mas la importancia de los instrumentos internacionales de derechos humanos de pertenencia para los Pueblos Indígenas como la Convención sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional de Trabajo, 1989, la Convención sobre la Eliminación de Todas Formas de Discriminación Racial, y la Convención sobre Diversidad Biológica; y la necesidad para su ratificación y la implementación plena por los Estados;

Reconociendo el valor de la reciente Declaración Universal sobre Diversidad Cultural de la UNESCO;

Reconociendo aún mas la importancia del borrador de la Declaración sobre los Derechos de Los Pueblos Indígenas de la ONU, y la adaptación de su corriente texto seria un paso mayor hacia avanzando y protegiendo los derechos indígenas, incluyendo el derecho a la Libre Determinación;

Subrayando la importancia fundamental de la Libre Determinación como derecho humano y como prerrequisito para el disfruto de todos otros derechos y libertades;

Expresando preocupación profunda que la Década Internacional del Pueblo Indígena de la ONU (1995-2004) esta llegando a su cierre y que uno de sus objetivos mayores, la adaptación por parte de la Asamblea General de la ONU del borrador de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas no se ha logrado;

Notando que el Relator Especial de la ONU sobre la Situación de Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Indígenas esta invitado a poner atención especial a violaciones de derechos humanos y libertades fundamentales de los niños indígenas;

Dándole la bienvenida a las contribuciones hechas por conferencias mundiales recientes para la realización de las metas de la Década incluyendo la Cumbre del Milenio de la ONU, 2000, la Conferencia Mundial Contra el Racismo, 2001, y la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Social, 2002;

Expresando preocupación que el impacto de la discriminación en contra de los Pueblos Indígenas no se esta completamente considerando en las estrategias internacionales, incluyendo estrategias para la reducción de la pobreza, para logras metas fundamentales;

Dándole la bienvenida a la creación del Grupo de Apoyo Inter- Agencia de la ONU., el Fondo Voluntario y la Secretaría para el Foro Permanente de Cuestiones Indígenas;

Dándole la bienvenida a la segunda sesión del Foro Permanente, 12-23 de mayo 2003, y su tema “Niños y Juventud Indígena”.

Incitamos fuertemente el Foro Permanente de Cuestiones Indígenas:

1. Continuar avanzando su trabajo a favor de los niños y la juventud indígena.

2. Impulsar a los estados ratificar e implementar la Convención sobre los Derechos del Niño.

3. Impulsar a los estados ratificar y implementar la Convención sobre Pueblos Indígenas y Tribales, 1989 (No. 169) y otros instrumentos internacionales de derechos humanos de pertinencia a Pueblos Indígenas.

4. Recomendar que la ECOSOC solicite al Secretario- General de la ONU que invite a cuerpos pertinentes de la ONU incluyendo a la Asamblea-General de la ONU de tomar todos los pasos necesarios para adoptar el borrador de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU con completa y efectiva participación del los Pueblos Indígenas, antes del fin de la Década.

5. Comisionar un estudio comprensivo sobre el derecho indígena a la Libre Determinación, con vista para identificar métodos diversos en que su placer y ejercicio sea esencial para la salud y bienestar de los niños y jóvenes indígenas.

6. Recomendar que la ECOSOC solicite que el término “Pueblo” como usado en el borrador de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU sea usado en todos los documentos de la ONU perteneciendo a los Pueblos Indígenas sin discriminación, particularmente sin cualquier texto modificante con respeto al uso del término y sus implicaciones en relación a derechos bajo la ley internacional.

7. Continuar dirigiéndose hacia el impacto de conflictos armados sobre los Pueblos Indígenas, sus tierras, territorios y recursos, enfocándose en particular en las mujeres y los niños.

8. Recomendar que la ECOSOC solicite al Secretario- General de la ONU para llamar la convocación de una Cumbre Mundial de los Pueblos Indígenas dentro de los próximos dos años con fin de evaluar la Década y que la Cumbre sea guiada por el liderazgo del Foro Permanente.

9. Recomendar que la ECOSOC solicite a la Asamblea- General de la ONU para proclamar una segunda Década Internacional Mundial del Pueblo Indígena, 2005-2014, y que un objetivo mayor de la segunda Década sea la elaboración de una Convención sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas escrito por el Grupo de Trabajado sobre Poblaciones Indígenas.

10. Solicitar una extensión del plazo del Relator Especial de la ONU sobre la Situación de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales de los Pueblos Indígenas.

11. Recomendar que la ECOSOC promueve el apoyo para la continuación del Grupo de Trabajado Sobre Poblaciones Indígenas.

12. Llamar a Agencias de Desarrollo para incluir en sus estrategias de Desarrollo Orientadas en Metas Milenarias los derechos y preocupaciones de los Pueblos Indígenas, incluyendo el derecho a la participación completa y efectiva en el desarrollo y evaluación de estas estrategias mientras tomando en cuenta el principio del consentimiento libre, previo, e informado de los pueblos involucrados.

13. Recomendar que la ECOSOC solicite a la Asamblea General de la ONU para:

(a) llamar a los Estados que honren y ejecuten los tratados donde existan con Naciones Indígenas incluyendo esos tratados y otros arreglos con Pueblos Indígenas cuales naciones son disecadas por fronteras internacionales modernas; y

(b) establecer un grupo de trabajado para dirigirse a violaciones de tratados y efectos sobre Pueblos Indígenas, naciones, tierras, territorios y recursos.

14. Invitar a la Organización de Alimentos y Agricultura y de el Programa Medioambiental de la ONU, y otras agencias de la ONU pertinentes para avanzar el trabajo con respeto al derecho de Pueblos Indígenas hacia alimentos saludables y adecuados, seguridad de alimentos y soberanía alimentaría enfocándose particularmente en:

(a) esas áreas donde Pueblos Indígenas enfrentan muerte de hambre;

(b) esas áreas donde Pueblos Indígenas, especialmente mujeres, niños, y los ancianos están amenazados por la muerte de hambre y desnutrición;

(c) los efectos de biotecnología en la salud de comunidades indígenas, sistemas y recursos de alimentación incluyendo especias de plantas sagradas, espigas, semillas, animales, aves, y pescados;

(d) los factores principales debilitando sistemas agrícolas indígenas y actividades agro-relacionadas incluyendo intercambio tradicional por medio de trueque y rutas de comercio tradicionales – factores como:

– falta de acceso a tierra y recursos incluyendo agua saludable y adecuada

– la energía y cambio climático

– agro-industrias de escala grande y invasivas.

– contaminación y destruccion de la tierra, fuentes de agua y alimentos por pesticidas y substancias y químicos tóxicos

– proyectos de infraestructura de escala grande

– militarización

(e) medidas inmediatas para corregir la situación, con participación completa y efectiva de los Pueblos Indígenas, por medio de iniciativas que incluye el reconocimiento y protección de los derechos de Pueblos Indígenas a sus tierras, territorios y recursos, la restoración, refuerza y la protección de alimentos y sistemas agrícolas indígenas, su conocimiento tradicional, innovaciones y prácticas agrícolas, sus actividades agro-relacionadas, y sus rutas y costumbres de comercio;

15. Solicitar la Organización Mundial de Salud y otras agencias y cuerpos pertinentes de la ONU para avanzar el trabajo relacionado con la salud, incluyendo salud mental, de los Pueblos Indígenas dando atención especial a:

(a) mujeres, niños, y los ancianos

(b) la filosofía indígena hacia la salud incluyendo su conocimiento tradicional de salud, sus rituales y ceremonias;

(c) los efectos del HIV/SIDA en comunidades indígenas, y

(d) los efectos de turismo insostenible.

16. Llamar a agencias de desarrollo para incluir en sus estrategias datos desagregados sobre la situación de los Pueblos Indígenas, especialmente mujeres, niños y juventud en las áreas de salud, incluyendo salud mental, educación y otras áreas de desarrollo y que estos datos sean evaluados, en conjunto con los Pueblos Indígenas, en fin de

(a) determinar la extensión en que el Pueblo Indígena debería estar a salvaguardado de varios aspectos del desarrollo y

(b) para medir progreso hacia lograr las Metas del Desarrollo Milenaria.

17. Solicitar al UNESCO para organizar un taller en protegiendo los lugares sagrados y sitios ceremoniales de los Pueblos Indígenas con una vista para identificar mecanismos protectores y dirigiéndose a la restauración y la reparación.

18. Invitar a la Organización Mundial sobre Propiedad Intelectual con asistencia del FAO y UNEP para finalizar su trabajo con respeto a la protección de derechos de propiedad intelectual de ellos quien cargan conocimiento tradicional incluyendo los Pueblos Indígenas, y que el trabajo refleje la índole colectiva de la herencia cultural y intelectual de los Pueblos Indígenas incluyendo su derecho colectivo a esta herencia y para compartir en los beneficios resultando de el uso de esta herencia.

19. Animar al UNEP, FAO, y otras agencias y cuerpos pertinentes de la ONU como el Foro sobre Bosques de la ONU. (UNFF) para acelerar el trabajo de mantenimiento forestal sostenible, la conservación, restauración y el desarrollo, poniendo atención especial para

(a) participación completa y colectiva de los Pueblos Indígenas en esas iniciativas mientras tomando en cuenta sus valores culturales y espirituales de relación con la tierra, los bosques y el agua, conocimiento tradicional relacionado con bosques y leyes de costumbre;

(b) sus derechos colectivos a sus tierras, territorios, bosques y otros recursos;

(c) el impacto aumentado, a veces negativo, de pólizas sectoriales transversas como esas preocupadas por derechos relacionados con la tierra y agua, turismo, agricultura especialmente de aserrar y hacienda de escala grande, pólizas de comercio, y desarrollo de infraestructura en bosques y comunidades indígenas forestales;

(d) la participación completa y efectiva del Pueblo Indígena, especialmente mujeres, en iniciativas para la conservación y mantenimiento sostenible del agua, poniendo atención en particular a la relación espiritual y cultural de los Pueblos Indígenas con el agua como viviente y sagrada y que no debería ser mercancía o privatizada.

20. Solicitar a la Oficina del Alto Comisario de Derechos Humanos para convocar una conferencia con el fin de integrar plenamente los derechos de los Pueblos Indígenas dentro del sistema de la ONU y en los niveles regionales y nacionales.

21. Apoyar y recomendar fuertemente la participación completa y efectiva de los Pueblos Indígenas, por medio de sus representantes, en todas las iniciativas propuestas en este Plan de Acción.

Respetuosamente presentado por:

Tlahtokan Aztlan, Encuentro Tradicional del Pueblos Indígenas

Fondo Séptima Generación

American Indian Law Alliance

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carta de una mujer indigena

Carta de una mujer indígena

Fuente: Chelita – Sudamérica. Revista “Yo Indio”, Nº 4

Soy una mujer indígena, hija de la tierra y el sol,
pertenezco a una raza con una cultura milenaria que hoy conservo como
un tesoro…
Convivo con lo que me rodea, con la lluvia, el viento, la montaña, el cielo…
Soy feliz en estas soledades…
tengo tiempo para contar las estrellas,
tiempo para poner mis sueños al día,
para danzar con los pájaros sintiendo el aire fresco del amanecer
y hablar en silencio con los animales, con las plantas, con los espíritus…
Sé sembrar con la Luna los frutos del alimento,
teñir la lana para hacer el tejido,
hacer medicina como me enseñó mi abuela,
cantar al nuevo día.
Sé amasar sencillamente con fidelidad y con ternura…
Soy mujer indígena, mujer como la Madre tierra,
fértil, callada, protectora y fuerte.
Yo no sé de economía, ni de bancos, ni de política ni subvenciones.
Pero si sé cuando mi mundo está en peligro
y sé cuándo las cosas son buenas o no.
No entiendo de muchas cosas,
a la gente del gobierno que vienen con muchas promesas, palabras de aire cuando hay
elecciones y después nada,
a los que vienen a querer cambiar mi mundo, mis vestidos, mi espiritualidad…
los que roban, los que experimentan con mis hijos,
o les sacan sus órganos para los winkas ricos,
los que mienten, los que me sacan las tierras, los que me explotan,
los que intercambian mi arte y mis tejidos por comida o alcohol
y me pagan una miseria por el trabajo de meses
para venderlos en las ciudades lejanas de Europa,
no entiendo a los que se hacen mis amigos para sacarme conocimientos,
los que vienen con grandes máquinas para talar el bosque,
los que agujerean la tierra para sacarle su sangre,
los que esconden en la comunidad basura en bidones para contaminarnos,
los que nos ponen vacunas, los que experimentan con mi sangre,
los que tienen buena fe y creen que vienen a ayudarme a integrarme poniéndome cables de luz
y trayendo la “caja boba” para confundirme,
los que me ponen zapatos,
los que quieren cambiar mis costumbres ancestrales,
los que me miran como un bicho raro y me sacan fotos,
los que quieren que baile por dinero,
los que vienen con muchas palabras bonitas a hacer iglesias
en nuestros lugares sagrados,
los que intentan esclavizarme con dependencias ajenas a mi cultura,
los que entran armados en nuestras tierras para echarnos,
a los extranjeros que vienen de vacaciones de
guerrilla a enfrentarme con los militares y luego
se van protegidos a sus lejanas tierras…
a veces las cosas se ponen peor para nuestra gente, nos apresan, nos matan…
Tampoco entiendo a los que me desprecian,
los que me ignoran,
los que no les importo nada y me roban todo, hasta mi dignidad…
Soy mujer indígena y sé lo que quiero…
cambiar cosas, esas cosas
que duelen dentro y se van agrandando como la impotencia,
el desamparo, la destrucción, las palabras incumplidas, el desamor
y ese sentimiento de estar siendo violada constantemente.
Quiero gritar
¡Déjenme en paz!… Quiero seguir viviendo así
simplemente, con la tierra y mi gente, la que ríe, la que crea,
la que vibra la vida así como es, sin alterar las cosas,
la que comparte, la que acaricia,
la que no tiene prisa y ama sin esperar nada,
la que no se aburre…
Quiero que me respeten,
soy mujer de la tierra, fuerte como el árbol
que resiste al viento como el junco en la corriente,
firme como la montaña más alta, frágil como el colibrí y dulce
como los atardeceres.
Soy mujer indígena, hija de la tierra y el sol
y aunque no entienda muchas cosas,
se lo que quiero, tengo esperanza y sé que las cosas
van a cambiar.

Chiapas y sus mujeres indigenas

Márgara Millán

Chiapas y sus mujeres indígenas.
De su diversidad y resistencia*

Poco sabemos de las mujeres indígenas, de su manera de concebir el mundo y ubicarse dentro de él. De su palabra y su consciencia, sus deseos de transformación y de permanencia. Una de las virtudes del libro de la joven periodista catalana Guiomar Rovira es justamente permitirnos el acceso a las realidades diversas de las indígenas chiapanecas y hacerlo con un material tan vasto de información y experiencia que permite comprender la complejidad de sus procesos, sus distintas dimensiones contradictorias, los puntos de tensión donde gana la represión del estado, de la comunidad, de los varones o de las mismas mujeres por sobre el ímpetu de emancipación femenil, pero también, los puntos de fuga donde se acrecienta el poder de las mujeres.

Conjugando lo mejor de un estilo ligero de crónica con ciertas descripciones etnológicas y las reflexiones de la autora tomando distancia, este texto nos presenta el mosaico que es este estado del suroeste, mostrando una vez más los motivos por los cuáles podemos afirmar que Chiapas es hoy el corazón del mundo. Compartiendo su sorpresa, enojo o tristeza, Guiomar Rovira va descubriéndonos a las mujeres “reales”, las que habitan fuera de los discursos (políticos, antropológicos, incluso feministas). Las mujeres marcadas por sus diferencias (de etnia, de educación, de consciencia política, de vocación y preferencias) construyendo, sin embargo, puentes unitarios de género, de visión de mundo, de imaginario, de futuro.

El zapatismo del primero de enero de 1994: punta del iceberg

Al acercarnos a las mujeres indígenas en Chiapas, zapatistas o no, empieza a predominar la idea de que existe una historia que va a contrapelo, que se abre paso en los cambios cotidianos de la vida de todos los días, que no se constituye en grandes acontecimientos ni noticia de primera plana. La historia como viejo topo, roedor y constructor al mismo tiempo. Cuando el mundo conoce de la insurgencia zapatista y Marcos se vuelve famoso, es de ésta otra historia ya desbordada en fenómeno público, acontecimiento nacional y hasta internacional, de la que está conociendo. Se trata de una urdimbre silenciosa que por largo tiempo ha estado en movimiento. ¿Los implicados? Familias y comunidades enteras. Tanto las que se convierten en zapatistas como las que no lo hacen, guardan el secreto, es el secreto de su propia historia, aquella que decidieron tomar en sus manos, construir todos los días, destruir también todos los días, su propia historia. Para poder re-contarla de nuevo, como lo empiezan a hacer hoy las mujeres indígenas que nos hablan a través de Guiomar. Para que el iceberg se haya dejado ver, muchas cosas han tenido que pasar. El entorno de organización combativa del zapatismo, la historia de lucha civil y pacífica de los y las indígenas campesinos de Chiapas, es un primer nivel dentro de este relato. Las mujeres estaban ahí desde siempre, algunas ya organizadas en proyectos productivos, en cooperativas textiles, en la panadería, en una tienda de la comunidad; otras se enrolaban para ser promotoras de salud, o decir la palabra de dios. Esas mujeres fueron creando espacios. Las comunidades las impulsaban pero también las criticaban. No era claro. Está bien que la mujer participe, pero causa desconfianza que lo haga. De todas formas, algunas siguen participando.

De repente se expande la noticia. Hay un grupo armado. Un grupo que se prepara para cambiar las reglas del juego del cinismo y del abandono, de la prepotencia y la ilegalidad. Algunas mujeres se enteran, siempre porque algún familiar les dice, en muchos casos el padre. De repente, se empieza a construir una opción de vida para las jóvenes indígenas. Es una opción comunitaria, y sólo por eso, una opción personal. Es comunitaria porque las familias y las comunidades la avalan: está bien el zapatismo porque es luchar por que la comunidad exista en el futuro. Muchos testimonios afirman que las opciones para las niñas-adolescentes de 12 a 15 años en los empobrecidos parajes de los altos o de la selva es irse a trabajar a las ciudades cercanas, emplearse como trabajadoras domésticas. Trabajar de zapatista es trabajar por el futuro de toda la comunidad; los otros trabajos son soluciones inmediatas a una situación de precariedad, medio de subsistencia personal y algún apoyo para la familia. Ocurre un desplazamiento en el horizonte de las comunidades, que va de las estrategias de sobrevivencia inmediata a las estrategias para “crear futuro” para todos. Para algunas comunidades indígenas, el zapatismo, así como los trabajos colectivos y el vestido tradicional empezó a significar hacer comunidad , a formar parte de la reciprocidad. Fue asumido como tarea comunitaria, y las hijas e hijos se fueron yendo al ejército zapatista. El resto empezó a trabajar para ellos. Se inicia así el amplio tejido que hoy conocemos como zapatismo y que lejos de ser un proceso aislado de opción por la vía armada, sólo podemos comprender cabalmente si consideramos su carácter comunitario y familiar. 1983 es la fecha con que los insurgentes marcan el comienzo de sus trabajos. Ana María, Mayora Insurgente encargada de la toma de San Cristóbal, ha dicho que en aquél entonces sólo había como dos mujeres en el pequeño grupo de nueve o diez insurgentes. Hoy la tercera parte de la fuerza insurgente son mujeres. Muchas tienen altos cargos y están al mando de importantes destacamentos militares.

Pero el entorno combativo y de organización femenil en Chiapas ocurría no sólo por parte de las indígenas que se volvían insurgentes, y las indígenas que se organizaban en proyectos comunitarios, sino también en la sociedad civil y mestiza que se organizaba para apoyar a las mujeres indígenas y sobre todo, para ayudarlas a encontrar sus propias inquietudes y demandas. Las figuras y grupos no gubernamentales resaltados por Guiomar, como la abogada Martha Figueroa, la periodista Concepción Villafuerte, Yolanda, la asesora de la cooperativa J’pas Joloviletik, el Grupo de Mujeres de San Cristóbal, son muestra de ese entorno. Después del 1 de enero de 1994, muchas otras mujeres del país y fuera de él, se organizan de distintas maneras para apoyar al zapatismo y a las mujeres indígenas en particular. Conpaz, en San Cristóbal, coordina las acciones de organismos no gubernamentales por la paz. Se inicia otra tarea de capacitación urgente a la población, ahora en situación de guerra declarada: la de los derechos humanos. La sensibilidad de la autora es tan amplia como para mostrarnos también los desencuentros entre las mujeres mestizas y las/los indígenas. En ningún caso se idealiza el mundo indígena sino que se le expone con todas sus contradicciones. Ello no desvaloriza la lucha que hoy llevan adelante.

Las mujeres indígenas. Sus propias diversidades, sus formas de resistencia

Delinear las diferencias entre una mujer tojolabal, como la Comandanta Trini, con una indígena tzotzil, como Maruch, fotógrafa chamula o la Comandanta Ramona, y las mujeres tzeltales, como las de Prado Pacayal o la joven comandanta Leticia, para después ir también desestructurando estas identidas étnicas en las experiencias de cada cañada, de la fundación de los poblados en la selva y también en los poblados zapatistas, como Guadalupe Tepeyac, es uno de los mejores aciertos del libro Mujeres de Maíz. Es en este retrato de las diferencias y los contrastes donde la autora nos deja ver lo complicado del proceso de cambio de relaciones de género y de visión del mundo que, pese a todo, se ha desatado en esa región del país.

Sabemos de la explotación de las/los indígenas por el sistema capitalista, de su exterminio físico y cultural, de la prepotencia e ilegalidad que forman su contexto cotidiano, compartido en diferente grado por las mayorías del país. El aislamiento, la ineficacia de la educación y de las políticas sociales de desarrollo. También es conocido el hecho de que son las mujeres las más explotadas dentro de esta escala de miserias, depositarias de la explotación de clase, etnia y género. Las más desnutridas, las más monolingües, las más analfabetas, como resultado de varios poderes: el poder del capitalismo, del estado mexicano y de la estructura de género.

El poder del racismo de la sociedad mexicana que las ha fijado como buenas nanas y sirvientas, incapaces de elaboraciones teóricas y de pensamientos políticos, guardianas de la sabiduría indígena, esa que se parece mucho al pasado que, aunque rico y profundo, pertenece al museo.

El poder del capitalismo que todo lo avasalla, “libera” y homogeniza para venderse en el mercado, destruyendo toda lógica opuesta por “precapitalista”, por ejemplo aquella que dice “queremos seguir siendo indígenas pero dominar nuestros recursos”, para decir, “lo que quiero es mano de obra barata y sin ningún recurso”.

El poder del estado mexicano que no las toma en cuenta, ni en la representación ni en la legislación, un estado que está fincando cada vez más en el Ejército y su capacidad intimidatoria cuando no francamente represora, su principal “centro de servicio a la comunidad”.

Y también, el poder comunitario y sus leyes, las que les impide escoger marido y heredar la tierra, las deja en el hogar, sin opción de aprender otros conocimientos, con responsabilidades en el trabajo pero sin participación en las decisiones, estructura del poder machista que se afirma en algunos lugares más que en otros. Este poder no sólo radica en los varones, sino también en las mujeres en contra de otras mujeres, el poder de la presión social y comunitaria, donde la indígena que se vuelve promotora, o se organiza en cooperativa, es mal vista y mal hablada.

Todos estos poderes son confluyentes en su acción, estructuran no sólo la posición de las mujeres y de los hombres en las comunidades sino también su historia y sus expectativas de futuro. Lo interesante del libro de Guiomar es que muestra como, en una situación tan aparentemente omnipotente y monolítica, existen muchas mujeres y algunos hombres que resisten con niveles y prácticas muy diversas, trabajando, como el viejo topo, en contrasentido de la sujeción femenina.

Guiomar organiza un retrato con bajorrelieves, donde aparecen tanto las indígenas no zapatistas comprometidas en la organización productiva de sus cooperativas, como las mujeres zapatistas de las comunidades que integran las llamadas “bases de apoyo”, las hermanas, madres, tías, amigas o conocidas de alguna o algún insurgente que cumplen tareas de apoyo específicas, las jóvenes insurgentes que se han ido a las montañas y que por años no han regresado a su comunidad ni visto a sus familias, las mujeres con cargo, las capitanas y las mayoras que tienen mando y han realizado acciones militares, las comandantas, indígenas miembros del CCRI. El retrato de todas estas mujeres nos da cuenta de la multiplicidad de lugares y de tareas que conforman la beligerancia femenil. Se ha ido componiendo un amplio repertorio de mujeres con autoridad, moral, política, militar, donde unas figuras apoyan a otras y abren caminos nuevos para todas. Cuando las indígenas, en uno de los encuentros posteriores al alzamiento que se realizó en San Cristóbal, afirman: ¡Qué bueno que salió Ramona! Ella creo que nos quiere, por eso salió a caminar, ella como que nos está jalando. Nos muestra el camino de lo que podemos hacer. Ella es una persona grande, mayor (p. 199), está presente el impacto que causa el movimiento sobre sí mismo y que hace que más mujeres se decidan a participar y a hablar.

Esto es muy importante, porque contribuye a la restauración y creación de una genealogía del poder femenil. Figuras con autoridad, figuras ejemplares, que inspiran respeto y reconocimiento, y que empiezan a reproducirse hasta diseminar la idea-sensación de que a todas nos toca una parte de la lucha por la dignidad. Genealogía arrebatada a las mujeres y más aún a las indígenas. Las imágenes de mujeres sabias, depositarias de un poder (la ilol o curandera, la partera, las ancianas de las comunidades) se amplían con estas otras, la insurgenta, la comandanta, las que se organizan y participan en los talleres y las reuniones. Mujeres indígenas que aprenden dos y más lenguas, que hablan castellano, que hablan en público. El imaginario estalla. Y ahora ellas nos interpelan en nuestro sentido de mundo, en nuestra responsabilidad común, en nuestro ser mujeres y tener palabra.

La historia no va nunca en un sólo sentido y siempre es un campo de batalla

El último atributo que quisiera remarcar de Mujeres de Maíz, es la idea presente a lo largo de todo el texto, de que las mujeres indígenas hoy en Chiapas están en medio al tiempo que produciendo, son producto al tiempo que actoras, de un proceso contradictorio y complejo, en el que sin duda se han fortalecido pero que de ninguna manera es un proceso que tenga un solo sentido. A los “compañeros que ya entienden” hay que agregar a los muchos que todavía no lo hacen, o que aunque entiendan, les gana un momento de desconfianza, de celos, de maledicencia, para cometer actos brutales contra sus propias compañeras. A las mujeres indígenas, zapatistas y no, les toca aquí también un trabajo más: imponerse frente a los varones que no aceptan sus procesos emancipatorios. No es terreno ganado, es terreno en lucha incluso entre los zapatistas. La Ley Revolucionaria de las Mujeres no es el marco jurídico que representa una nueva realidad, sino un deseo de una socialidad otra, el deseo de la eliminación del maltrato hacia las mujeres y de su justo castigo por parte de las comunidades; el deseo del reconocimiento de las mujeres indígenas como sujetos de pleno derecho. Pero también, la ley que por momentos y en territorio “liberado” sí funciona para castigar a los padres y a los maridos que siguen actuando conforme a costumbres que las mujeres han decidido transformar y de esa manera ejercer una nueva legalidad.

Mujeres de Maíz destruye la idea de las indígenas como sólo víctimas: de la historia, de la explotación, de la guerra y de la política. Para develarnos otra parte de su historia y de sus vidas, la del acrecentamiento de sus potencias, su “empoderamiento” como lo definen algunas feministas, sobre todo, su potencia para reivindicarse como sujeto, y más específicamente, como una diversidad de sujetos, capaces de autorrepresentarse. Con esto quiero decir, sujetos femeninos diversos con historias concretas, que elaboran sus propios horizontes de transformación, hasta ahora irrepresentables por el discurso político y por el discurso feminista en tanto teorías generales y universales. Estas mujeres indígenas se afirman como sujetos plenos, con derechos políticos, económicos, sociales y de género frente al estado mexicano y su ley, pero frente a sus comunidades y su ley. Afirman su pertenencia a la vida comunitaria al tiempo que exigen una redefinición de ésta donde su voz sea tomada en cuenta. Son totalmente congruentes con el discurso zapatista, llevándolo en muchos casos más allá de sus propias posibilidades prácticas, porque el “parejo” referido a las mujeres altera y modifica a la familia y la comunidad en un “más”. La transformación del sujeto-mujer indígena es algo que ocurre obligadamente en referencia a su pertenencia comunitaria y no como una “realización personal”. En muchas ocasiones es la propia comunidad la que elige e impulsa a alguna de sus integrantes a asistir a las reuniones, a caminar los caminos, a salir. La comunidad, después de promover la transformación participativa de sus mujeres, tiene también que transformarse. A veces puede, a veces no. Pero algo cambia.

En Chiapas las mujeres enfrentan tanto la violencia ejercida por el estado como por el esposo, como bien afirma Hernández Castillo,1 y el zapatismo como movimiento indígena, con todo y su impulso igualitario y justiciero encuentra en la situación de la mujer un continuo desafío. Queda claro que lo que no demanden y defiendan ellas mismas quedará sin ser demandado ni defendido.

Zapatismo como utopía feminista

Durante trece meses existió un territorio en México autodenominado territorio zapatista. Algunos testimonios describen sus normas y maneras: a las jóvenes indígenas insurgentes se les veía mejor comidas, es decir, menos desnutridas que sus hermanas de las comunidades. Aunque llevaban uniforme y se cubrían el rostro, se les podía observar unos pasadores (los prensa-pelo) acomodando el peinado, la larga trenza brillosa, detenida por algo colorido y los aretes, accesorios de todos los días, al igual que el arma o la linterna, y por supuesto, el pasamontañas o el paliacate amarrado al rostro. Usaban anticonceptivos y condones, porque no querían embarazarse aunque sí gozar de su sexualidad, aún en guerra. Los matrimonios se anunciaban al mando, como un “pedir permiso” a una familia extensa. Si los interesados estaban de acuerdo, no había impedimento. Los divorcios se daban sin trámite, simplemente se separaban las parejas y se decía que ya no eran. Las tareas se repartían. Los hombres aprendieron a hacer todo lo que hacen las mujeres, y las mujeres hicieron lo que generalmente hacen los hombres. Dicen que a ellos les costó más trabajo, pero había voluntad y lo lograron. Cualquier cosa era pretexto para la fiesta, pero ni en la fiesta había bebida. Las mujeres estaban muy contentas por esa prohibición, los varones, no sabemos. Pero sí sabemos que las alzadas usaban toallas sanitarias y les parecía más cómodo que andar manchando la ropa.

Los cuerpos de esos hombres y mujeres fueron cambiando, sin tantos hijos, sin tanto trago, un poco de más comida y mucho ejercicio, sus figuras esbeltas se hicieron más fuertes. Resplandeció la belleza. Venían de esas comunidades donde permanecían sus padres y madres, pero también venían de otros lados más atrás y más delante. Sufrieron mutaciones irreversibles, transformaciones profundas, “revolución de las costumbres”, ampliación de los posibles. Y por momentos se vivió la energía lúdica de la naturaleza, tal vez por estar tan cerca de ella, una especie de armonía, que paradójicamente, hacía la paz dentro de la guerra. Burbuja expuesta al aire de los tiempos, estalló para quedar en la memoria como utopía.

Pero ahí están las palabras y los deseos. Las mujeres indígenas han hablado ya sobre sus propios cuerpos, han modificado la manera en que las entendíamos, y sobre todo, la manera en que se entienden a sí mismas. Para el futuro de todas ellas el deseo de la comandanta Susana2  es: “que estén libres, que lo piensen ellas, que sean libres, muy libres. Que puedan hacer lo que pidan, lo que quieran hacer. Que va a ir allá o que quiere estudiar algo y sí puede. Antes no se podía para nada, ni ir a la escuela ni nada. Yo hasta ahorita no sé leer ni escribir, porque mi papá no me dejaba ir a la escuela, pensaba que es malo, no le gustaba. Ya cambió mucho, ahorita ya toda mi familia, todas sus hijas van a la escuela, ya estudian, es muy diferente que antes (p.212).

Mujeres de Maíz es en sí mismo una artesanía que la autora ha hecho con detalle y paciencia, un tejido de hilos coloridos que se van entrecruzando hasta darnos un panorama mucho más real, por más cercano, de las mujeres indígenas chiapanecas.

Traslado de material de nasdat de msn a .com

Debido  al fallo  que estan presentando continuamente los foros de msn y que posiblemente en unos meses sean de costo trasladare todo el material  que tengo  en nasdat de msn aqui. Son cerca de unos 3 mil  mensajes asi  que espero  que si me voy de a 100 diarios pueda terminan en un mes.

=P

De chamanismo son solamente cerca de 1000 textos aproximadamente aunque unos 150  ya los pase para aca.

Se creo  el  foro de camino Rojo  en rojointenso ahi pasare informacino que solo puede darse a personas conocidas o  serias.

El chaman para las gestalt

El chamanismo es otro aspecto esencial de la espiritualidad gestáltica:

Más que a un maestro zen, Fritz se parecía al terapeuta transpersonal más temprano: el chamán, que también es el precedente del rol del terapeuta gestáltico: el rol de un guía experimentado, un conductor consciente. Lo que le hace particularmente chamanístico es su versatilidad, su movimiento orgánico entre los dominios sensorial, afectivo, cognitivo, interactivo e imaginativo (Naranjo, 1989, p. 203).

Mircea Eliade, reconocido estudioso del fenómeno chamánico ,define al chamán como el gran especialista del alma humana, el maestro del éxtasis en culturas donde la experiencia extática se considera la experiencia relígiosa por excelencia. Cada chamán utiliza un método de su exclusiva pertenencia, aunque todos hayan recibido una doble instrucción: de orden extático (sueños, trances, etc.) y de orden tradicional (técnicas, nombre y funciones de los espíritus, mitología del clan, lenguaje secreto…) que equivale a una iniciación. Si el chamán puede ser un guía es porque ha sufrido y atravesado su propia patología. Joseph Campell lo diferencia del sacerdote:

que es un miembro iniciado socialmente, instalado ceremonialmente, que ocupa un rango y actúa como usufructuario de un cargo que otros ostentaron antes que él, mientras que el chamán es alguien que, como consecuencia de una crisis psicológica personal, ha obtenido ciertos poderes propios. Los visitantes espirituales que se le presentaron en la visión nunca antes habían sido vistos por ningún otro, eran sus familiares personales y protectores.

Eliade insiste en este punto:

El chamán es un enfermo que se ha conseguido curar y que se ha curado a sí mismo. Su instrucción es demasiado complicada para ser accesible a un neurótico, no pueden ser considerados como simples enfermos porque su experiencia psicopática tiene un contenido teórico. Si se curan a sí mismos y saben curar a los demás es, entre otras cosas, porque conocen el mecanismo, o mejor dicho aún, la «teoría» de la enfermedad.

Fritz Perls era un chamán «en su confianza en la intuición, en su orientación científico- artística, en su combinación de fuerza y ordinariez, en su anticonvencionalismo y desafío a la tradición, su familiaridad con los cielos y los infiernos y, tal vez lo más importante, su mente dionisíaca y apreciación de la rendición» (Naranjo, 1989, p. 204). Mucho de esto está en la terapia gestalt donde se alienta el estilo propio del terapeuta, el uso de sí, su experiencia en atravesar la neurosis para poder acompañar a otros, su heterodoxia, etc. Pero el aspecto chamánico más reseñable de la espiritualidad gestáltica es su carácter no santurrón: Fritz decía de sí que era 50% hijo de Dios y 50% hijo de puta, lo cual escandalizaba a las personas de creencias religiosas rígidas y contribuyó a considerar a la gestalt «antiespiritual».

También su forma confrontativa de trabajar,

su insistencia en la frustración para desarticular las manipulaciones del paciente… contribuyó a dar una visión de la gestalt como una terapia dura, a veces cruel y afianzada en lo real, y permitió que algunos discípulos de Perls siguieran un modelo limitado y estrecho donde frustrar era más importante que la autorrealización… la separación entre Yo-Tú (recuérdese la oración gestáltica) se convirtió en una finalidad en lugar de ser un medio hacia el encuentro con otros seres humanos y con todas las manifestaciones de la vida y de la energía

Esencias y realidades

Atemporalidad

EL TODO Y LA NADA

Entre la esencia y las realidades ilusorias

Nunca hubo una “nada” en los confines del “Todo”. Ni confines. Nunca hubo un
“Dios” o “Energía” que “ocupara” un determinado “espacio”, más allá del
cual, un no-espacio fuera una “nada”. Es decir, lo que hubo siempre fue un
“Algo” no “situado” en un “espacio” con confines. Ese “Algo” no es el
opuesto de una “nada”: no tiene opuestos. El problema de las concepciones
filosóficas humanas ha sido tratar de dimensionar ese “Principio Creador”
desde una perspectiva dualista en la que “hubo un momento en que se puso a
crear”; “momento” que podría entenderse como “a partir de”, como si sólo
desde entonces el Principio Creador hubiera entrado en actividad luego de
una eternidad nula. Lo dualista está dado en estos razonamientos, en los
conceptos de “antes era quietud” – “después fue el movimiento”. El Principio
Creador es dimensionado a partir de la existencia de lo que conocemos como
Universo”, por el mero hecho de que es científicamente demostrable que el
Universo tuvo un principio que puede ser calculado en una determinada
cantidad de miles de millones de años terrestres. Por lo tanto, las
especulaciones teológicas plantean la noción de un Dios que entró en acción
a partir del momento en que el Universo pasó a existir. No hay un
planteamiento filosófico acerca de que durante toda la eternidad anterior al
Universo-Tiempo, ese Principio Creador tuviera una existencia y acción de
alguna forma que no tuviera nada que ver con tiempos, espacios y universos.
Se limita la búsqueda de la concepción de Dios a términos de “Creación”; es
decir, “Dios es Dios en tanto Creador”, y “Creador es Creador en tanto hay
materia-energía, tiempo-espacio”. La idea es que antes de la Creación, todo
era quietud… Como si ese Creador se hubiera pasado la eternidad
pre-universal dormido.

De la potencia al acto

Si nunca existió la Nada, porque siempre existió un “Algo”, pero hablamos de
un “Siempre” sin tiempo, esa eternidad pre-universal no debe ser entendida
en términos de tiempo. Eternidad no significa “mucho tiempo”, o “todo el
tiempo”, o “todos los tiempos de antes y después”; eternidad es no-tiempo. Y
no-tiempo no implica “quietud”, por oposición a que “tiempo” implique
“movimiento”. La perspectiva dualista de la visión humana pretende entender
la eternidad del no-tiempo, por oposición a la temporalidad. Entonces, “si
en el tiempo hay movimiento, en el no-tiempo, debe haber quietud”. Por lo
tanto, “el Creador estaba quieto antes de que existiera el tiempo”. Tenemos,
así, un Creador que nunca había hecho nada, hasta que hizo todo; un todo
que, por oposición a esa nada, concibe al espacio-tiempo como dimensión de
movimiento, en oposición a un no-espacio y no-tiempo como una no-dimensión;
una no-existencia; una nada. No es raro que, bajo esa visión, haya
científicos que especulen con que, de pronto, una partícula estática entró a
dinamizarse, y desde entonces, cuando estalló y comenzó el universo, es
cuando todo empezó a existir, incluso el tiempo. No le llaman “Dios” a esa
partícula o energía primordial, pero al final están de algún modo
divinizándola: le atribuyen la facultad de dar origen a todo lo que existe.

Ya sea una partícula o bien una energía gigantesca, el error de los
científicos y de los metafísicos consiste en pensar en términos de “muy
pequeño” y “muy grande”, respectivamente. Es decir, conceptos ligados a la
noción de “espacio”. Como el espacio tiene medida, el no-espacio suele ser
difícil de entender, ¿cómo imaginar lo que es el opuesto de lo que es grande
o pequeño, si no es ni grande ni pequeño; si no está “situado” de modo que
podamos medirlo?

Sin espacio, sin tiempo, sin antes, sin después; un Ser, una existencia, una
realidad que no tiene lógica, porque lo lógico hubiera sido el no-ser, la
nada. Es entendible que de haber existido una nada, nada existiría; lo que
cuesta entender es por qué existe todo, si de la nada no sale nada. Por lo
tanto es un todo que no “salió” ni de la nada ni de algo. No salió, no
comenzó; es. No creó “hacia afuera”; no hizo un espacio donde emanar energía
para que ese espacio “externo” existiera como universo. No creó “hacia
adentro”; es decir, un agujero dimensional donde volcar energía para crear
ese universo. No puede haber ni “adentro”, ni “afuera” en un Ser que no es
medible en términos de espacio. Por lo tanto, no estamos, como universo, en
“un lugar” fuera o dentro de ese Ser: no “estamos”: somos. La
temporalidad-espacialidad en la idea de “estar” es una sensación humana, de
mentes limitadas que no son manifestación, sino negación del ser. Por eso en
la sociedad materialista es más importante tener, estar y parecer, que ser.
Porque la sola conciencia del ser que somos, haría perder sentido a
posesiones, localizaciones y apariencias. La teología que pretende situar al
Ser fuera de nosotros, trascendente al universo, perdería todo sustento,
porque comprobaríamos la inmanencia divina en todas las cosas. Y esa
divinidad que está en todo lo que existe, es atemporal, no fue “creada”
porque “siempre” existió. No pudo haber un momento a partir del cual esa
esencia divina que somos empezó a “ser”, siempre fuimos.

Nosotros en la existencia

Pero “siempre” es otra palabra engañosa, porque es el opuesto de “nunca”: no
podría ser que nosotros “nunca” hubiéramos sido hasta que “fuimos”, porque
en tal caso el “nunca” debería haber comprendido al futuro también, pues no
puede haber un “nunca” que alguna vez termine, cuando lo que no era, empieza
a ser. Entonces, no podemos venir de un “nunca”; no podemos siquiera
“venir”: si encontrándonos en una dimensión temporal-espacial, procediéramos
de un Todo sin tiempo del cual nos separamos para estar aquí, no sería
cierto que éramos atemporales, porque lo atemporal no puede temporalizarse.
En otras palabras, nuestro ser, nuestro espíritu, sigue siendo atemporal; no
“vino” aquí desde donde “es”: nuestra mente no es otra cosa que una
proyección temporal en la cual nuestro espíritu no puede “estar”
circunscripto, limitado por variables de espacio-tiempo. Somos espíritus que
no estamos aquí, ni venimos de ninguna parte ni vamos a ninguna parte: sólo
movemos sondas materiales y mentales a través de campos dimensionales en
diversas escalas. No somos “nosotros” quienes nos movemos como sonsas, sino
nuestras mentes y cuerpos. La ilusión consiste en creer que somos esas
mentes y cuerpos, de la misma forma que con un casco y visor de realidad
virtual podemos creer que estamos donde nuestra tecnología cibernética lo
configure para que ilusoriamente nos creamos metidos en esa realidad
ficticia.

Realidades

Somos divinidades del no-tiempo; ésa es nuestra única realidad. Jugamos a la
realidad virtual donde perdemos el sentido de que no estamos aquí. De
pronto, algunos de nosotros despiertan algo de su conciencia bloqueada, y
donde hay una persona ven otra cosa; ven entidades del astral por todas
partes, se superponen dimensiones, y ya nada es lo que parece. Algunos se
dice que son esquizofrénicos, porque hablan con gente que “no existe”; pede
que ni siquiera estén viendo seres en el astral, y que sea tan sólo una
proyección mental, pero para el caso es lo mismo: las percepciones falsas de
esta realidad, o verdaderas de otra realidad, relativizan, en cualquier
caso, la absolutividad de que en estas dimensiones del tiempo-espacio haya
algo que “sea” objetivamente; hay cosas que unos las captan y otros no, o
que existen sólo en la mente de un único observador que cree verlas y en
realidad no están. O que en realidad sí están, pero sólo para un observador
entre cien que miran y no ven lo que también es realidad que para ellos no
existe. Lo cual es muy distinto de que no estén pudiendo ver lo que el
observador ve; no se trata de cien ciegos que no ven lo que hay, sino de
cien que no ven lo que efectivamente no existe, y que a su vez sí existe lo
que hay alguien que sí lo ve, porque es una realidad exclusiva suya, de la
cual nadie más puede participar. Una realidad que no está en el
tiempo-espacio colectivo, sino que es una proyección individual y subjetiva
del no-tiempo-no espacio del ser cuya sonda mental la observa.

Conocemos a alguien, hallamos un objeto que nadie vio donde pasaron cientos
de personas y lo levantamos. Y estamos muy seguros de que ese alguien y ese
objeto pueden ser vistos por cualquiera. O que mucho de lo que pensamos o
sabemos podremos decirlo a cualquiera y que cualquiera lo entienda. Y puede
suceder que nada de todo eso sea accesible a nadie más que nosotros. Que
para cualquier otra persona, nada de eso exista. Estamos muy convencidos de
la realidad de lo que experimentamos y conocemos. Pero puede que existan
ciertas realidades nuestras que no formen parte alguna de la realidad
colectiva. Si algunas de ellas fueran, por ejemplo, ideales de
transformación mundial, es posible que, llevadas a términos explicativos
para comunicarlas a los demás, sean consideradas por ellos como delrios de
un iluso que debería “bajar a la realidad”, poner “los pies sobre la
tierra”. Con el paso del tiempo, cuando comprobamos que esos ideales que
tuvimos no se cumplieron, creemos que efectivamente fuimos delirantes ilusos
fuera de la realidad. Pues sí, eso somos como esencias atemporales y
aespaciales: entes ajenos a esta realidad; no la dimensionamos
objetivamente, y por lo tanto la vemos como nos parece que es o que pueda
ser si la transformamos. Nadie verá las cosas como las vemos transformadas
en una realidad adonde la de aquí no regirá, y por lo tanto, las mentes
aferradas a la realidad de aquí se resistirán a tener una visión atemporal
en la que puedan, como nosotros, concebir que todo puede ser distinto de lo
que está siendo.

Un buen autor o promotor de propuestas de cambio social y planetario no será
alguien que maneje la atemporalidad, sino las secuencias temporales a las
que las mentes están ancladas. No se puede obtener adhesión y participación
de la gente con promesas de un paraíso en la Tierra que “ya existe” en la
atemporalidad, y que está situado en un futuro que es tan ilusorio como
nuestro presente. Porque el hambre que muchos tienen lo sienten demasiado
temporal y real para que en vez de hablarles del pan de hoy aquí, les hablen
del paraíso mundial de mañana en la atemporalidad que ya le está dando
existencia antes de ser en la materia.

Las urgencias de muchos no aceptan filosofías y metafísicas que no son su
realidad. Por lo tanto, un espíritu que esté logrando desbloquear la mente
física para que ésta sea capaz de crear realidades, no deberá pretender que
las conciencias de los demás cambien y, entonces sí, comprender que el mundo
puede cambiar. Los cambios deberán ser producidos yendo a contramarcha de
una sociedad que no creerá en los idealistas que los propongan. Porque serán
producidos no con palabras, sino con hechos, siendo que la gente debe creer
en los hechos y no en las palabras. Cuando muchos comprueben que la realidad
puede cambiar porque ya habrá hechos que así lo demuestren, entonces haber
carecido de las palabras en el momento de la difusión de los ideales no
habrá sido importante, porque de haber recibido esas palabras no las habrían
creído fundadas en algo posible.

Entre lo cósmico y lo onírico

Muchas cosas no tenemos por qué decirlas; no pertenecen a realidades
colectivas o masivas. Por ejemplo, si tenemos algo de conciencia de nuestra
atemporalidad y divinidad, decirles a los evangélicos pentecostales que
“todos somos dioses”, es hacer un mal uso de esa conciencia, porque para
ellos Dios está afuera y nos teledirige. Para ellos el Padre Universal es
Dios; ignoran que hay millones de Padres Universales en millones de
universos esféricos que existen paralelamente a éste, y ninguno de esos
Creadores Universales es Dios; todos proceden de un Gran Creador que, a su
vez, tampoco es Dios. Porque todos los Creadores y cadenas de niveles de
Creadores son apenas manifestaciones cósmicas en tiempos y espacios, de
“Eso” que no tuvo Alfa ni Omega, ni localización, ni duración, y a lo cual
se le ha dado en llamar “Dios” para confundir queriendo simplificar, porque
al final hasta Jehová y el hacedor de este mundo se han autodenominado
“Dios”, y de hecho lo eran, pero dentro de la pluralidad de una palabra que
no había sido concebida para designar al UNO o el TODO, sino al carnaval de
deidades que desfilaron sobre la Tierra a lo largo de la historia. Para no
confundir y no simplificar, mantengamos cierta dificultad de definición,
pese a la cual tratemos de entender que los Creadores o Padres Universales
son insignificantes ante la magnitud de ese TODO, ese UNO atemporal, sin
principio ni fin, del cual es difícil precisar si somos “parte” como
“dioses” omnipotentes, porque a algo que es “UNO” no se lo puede concebir
como hecho de partes. Partes que, como dijimos, no son “salidas” de ese Ser,
porque no estamos fuera de Él (ni “situados” dentro de Él en algún “lugar”).
Posiblemente ni siquiera “estemos” en este Universo esférico galáctico
expansivo, y apenas tengamos aquí proyecciones mentales de lo que realmente
somos, y sea todo esto apenas un escenario ilusorio de realidad virtual
donde creemos que nos estamos moviendo. Incluso, cuando dormimos, creemos
que nos movemos en otro de los niveles ilusorios de esta realidad, y estamos
muy convencidos de que los sueños son algo que existe y donde tenemos
experiencias. Algo donde tan real es la cosa, que los habitantes de esa
realidad tratan con nosotros como entidades totalmente ajenas a nosotros,
como si tuvieran existencia autónoma.

Cuando soñamos, los seres que existen en nuestros sueños tienen vida propia;
podrán ser cambiantes conforme a nuestras mentes que los van adaptando, pero
existen por sí mismos como creaciones nuestras que se tornan independientes.
Puede que dejen de existir cuando nos despertamos, que reaparezcan volviendo
a existir en otros sueños, o que nunca más sepamos de ellos. Pero
concentrémonos tan sólo en un sueño, y en un determinado ser que vemos en el
sueño. Ese ser no puede ser deshecho por nuestra mente, porque desde que
ella lo creó, le da existencia autónoma. Si despertamos, esa existencia se
desvanece, porque ese ser autónomo depende de que la realidad en la que ha
sido creado se mantenga. Pero como los sueños son realidades fragmentarias,
como capítulos unitarios de una serie televisiva donde el héroe siempre
somos nosotros y los demás actores varían, ellos sólo existen mientras los
soñemos. Sólo que en vez de que les demos papeles para que los interpreten,
esos actores hacen lo que quieren; incluso lo que nos pueda disgustar o
desfavorecer. Pueden incluso matarnos. Pero llegado a ese extremo, o bien
despertamos, con lo que comprobamos que no hemos muerto más que en esa
realidad, pero no en ésta, o bien seguimos vivos dentro de ese sueño; no
podemos morir, o bien “morimos” siguiendo vivos, aunque estemos decapitados.
Si alguien nos mata en el sueño es porque tiene autonomía para existir sin
necesidad de la mente que lo sueña (al menos en teoría, por más que en la
práctica, al despertar el que sueña, el personaje del sueño se desvanezca).

Esa realidad mental en la que viven entidades, es como la realidad en la que
nuestro Yo mental es virtual. Una realidad que existe en una dimensión donde
creemos que estamos, fuera de la cual no existe esto que creemos que somos,
sino que existimos como realmente somos. Vista desde esa realidad por
nuestro verdadero ser, esta dimensión virtual puede tener millones de años
luz de tamaño y millones de galaxias de contenido, pero no por eso deja de
ser una proyección ilusoria con respecto a la atemporalidad a la que
nuestras esencias pertenecen.

Pero he aquí que hablar de “virtual” o “ilusorio” no significa hablar de
“irrealidades”: son realidades también, tan reales como la atemporalidad del
Increado; tan reales como la virtualidad de los sueños en los que creemos
estar, así como creemos estar aquí durante la vigilia, y si según estemos
despiertos o dormidos, o bien desde aquí o bien desde el sueño, vemos como
real al estado actual y como ajeno a nuestra realidad de ese momento o bien
al sueño o a la vigilia, entonces ni una cosa ni la otra pueden ser del todo
reales; sólo son reales en la relatividad de las dimensiones de
tiempo-espacio. Y el mundo onírico no es inmaterial y atemporal; es una
dimensión más de lo espacial y temporal; es algo donde todavía nuestro Yo
tiene identidad artificial, personalidad acorde con el plano de realidad del
mundo físico, de la vida y la conciencia social. Es un mundo paralelo a este
mundo, que constituimos mentalmente como complementario de éste, pero que
sigue siendo abismalmente aislado de la atemporalidad donde somos lo que
somos y no lo que en esta vida parecemos o nos creemos.

Soñar o estar despiertos son dos niveles de realidad tan ajenos el uno como
el otro a la realidad en la que somos un Todo en el UNO, donde el otro y yo
somos lo mismo. Por eso cuando queremos trasladar aquí el concepto maya de
que “tú eres otro yo, yo soy otro tú”, no lo entendemos porque usamos la
mente física, el ego por el cual aquí nadie es otro yo; cada uno es cada
cual, distinto del otro, separado. Suena muy bonita la frase maya, pero no
es aplicable en los términos de nuestra personalidad. Suena muy bonito el
“te amo”, pero en realidad está queriendo decir “mi ego está a gusto con el
tuyo”. Perdidos en el espacio-tiempo, incapaces de amarnos permitiéndonos
ser, bloqueando nuestro ser nos relacionamos con egos que bloquean a su ser
y que sean reflejo de nuestros egos. ¿Qué somos realmente?, no nos importa;
como estamos, “está todo bien”: nosotros aquí, nuestro espíritu allá, el
Increado más allá… y eso es la vida. ¡Qué pobreza! La experiencia de la
vida en las galaxias bajó a un nivel de realidad que parece lamentable.

Dónde estamos

Sin embargo, ser ignorantes y haber sido capaces de amenazar la continuidad
de la vida en el planeta es algo que no podía haber sido evitable, desde que
la Totalidad comprende infinitas opciones de realidades, y ésta es una. Nos
preguntamos por qué justo a nosotros nos vino a tocar estar acá, entre
infinitas alternativas en las que podríamos haber sido y estado mejor (algo
así como “por qué a mí me tocó ser yo”). Algunos se preguntarán por qué
nacieron justo ahora, y no en siglo pasado o el que vendrá. Y quizá así haya
sido también y así será; quizá todos estamos aquí no por casualidad, sino
porque siempre estuvimos en todos los tiempos. ¿No estaremos también en
todas las realidades infinitas? ¿Nos tocó estar circunscriptos en esta
realidad de este universo, o desde la atemporalidad en la que nuestras
esencias existen, tenemos proyecciones como ésta en infinitas direcciones de
tiempos, espacios o de no-tiempos y no-espacios?

En fin; si es que no estamos aquí en realidad, sino que aquí apenas hay una
proyección nuestra a la que creemos que es nosotros, pero no por ser una
realidad virtual, deja de ser real, no porque esto no seamos nosotros, vamos
a dejar de vivir esta realidad. Tan pequeño es al final un universo, que,
después de todo, un átomo puede ser grandísimo; nuestras pequeñeces pueden,
entonces, ser tan inmensas que ponerse a escribir algo como esto o a
preparar un té, sentarse a mirar el paisaje o una dibujar, pueden ser
acciones grandiosas en vez de insignificancias.

El valor subjetivo de las cosas

Por lo tanto, vale lo mismo querer salvar al planeta que salvar a la gallina
del zorro que anda por ahí; vale lo mismo reforestar un bosque que plantar
un árbol en el jardín. Para el dueño del gallinero y el dueño del jardín, no
hay planeta ni hay bosque más importantes que la gallina o el arbolito. Y
ése es el mundo al cual nos estaremos dirigiendo los que queremos que la
humanidad cambie: un mundo donde predominan las personas que no ven más allá
de su entorno inmediato. Por lo tanto tenemos que pensar en términos de
entorno inmediato para hablarle a gente así: qué es lo que les estaremos
proponiendo para su vida cotidiana, y no para que ellos actúen localmente
pensando globalmente. Quizá les falte mucho para siquiera pensar localmente,
porque hasta pueden vivir tapados de basura sin que les moleste el mal olor.
Y olvidémonos de hablarles del ser y la nada, o del no-ser y del Todo, o de
todas estas cosas que compartimos entre nosotros los elitistas que podemos
por lo menos querer tratar de entenderlas, juntándonos entre nosotros al
margen de los ignorantes con los que perderíamos nuestro tiempo.

Entonces, de elitistas que somos, nos metemos tanto en nuestras convicciones
de realidades cuánticas, que nos alejamos del dueño del gallinero y del
jardín, y nos incapacitamos para descubrir y planificar de qué le vamos a
hablar a gente de ésa, conforme a lo que para ella tiene valor, y no
conforme a nuestros valores. Después nos preguntamos por qué no logramos
acelerar los cambios mundiales que preveíamos; por qué el calendario
gregoriano no se pudo cambiar por el de las Trece Lunas. Y nos damos cuenta
de que el elitismo en el que habíamos ingresado podía estar bien para una
realidad subjetiva, pero no para la realidad colectiva de la que nos
habíamos separado. De pronto las naves evacuadoras no vinieron con sus
comandantes a salvarnos, y seguíamos acá, en el mundo de los ignorantes e
incrédulos, porque nos creímos que si nos volvíamos distintos de ellos
íbamos a ser transportados a otra realidad. Queríamos irnos de ésta, en vez
de cambiarla. Entonces empezamos a entender que el Plan de Evacuación estaba
mal planteado, y que se trataba no ya de convertirse en los “elegidos” de
los extraterrestres para ir en las naves a otros mundos, sino en ser cada
uno elegido por sí mismo para seguir en este mundo, obrando cambios hacia
adentro y no pretendiendo que el mundo cambiara. Pero ahí fue cuando todo
volvió a fallar, al darnos cuenta de que las mantralizaciones y meditaciones
no nos hacían cambiar en nada; tan sólo nos pretendían hacernos sentir más
espirituales, pero volvíamos a nuestras relaciones con los demás y seguíamos
siendo los mismos intolerantes, egoístas y conflictuados.

En fin, todo el proceso de búsqueda interior terminó siendo de afirmación de
lo exterior, bajo apariencia espiritualoide. Habría sido más fácil no buscar
nada, no pretender espiritualización de nada, y ponerse a hacer cosas no
alejados de los ignorantes, sino entre ellos, es decir, sabiendo coexistir
con lo que para ellos tiene valor y que para nosotros no lo tiene, al menos
ahora si es que alguna vez sí lo tuvo a nuestro entender. Nos habíamos
alejado del fútbol porque “eso es cosa de ignorantes” (como nosotros cuando
éramos ignorantes que no habíamos accedido a la “iluminación”), y por lo
tanto no estábamos más allí para participar de la reunión de la Asociación
de Fútbol en la que directivos, árbitros, jugadores y aficionados buscaban
soluciones al problema de la violencia en el deporte. Como se supone que el
fútbol es cosa de ignorantes, entonces los iluminados que podrían resolver
los problemas allí, no están: en vez de quedarse a brindar servicio, se
fueron a meditar a la montaña.

Reflexiones en una fecha especial

Hoy, 25 de julio de 2003, es el día del no-tiempo del calendario maya de las
Trece Lunas. Realmente me había olvidado por completo de eso hasta hace un
rato, cuando ya llevaba como dos o tres horas escribiendo estas reflexiones.
Quizá mi forma de celebrarlo ha sido, inconscientemente, escribiendo esto y
no reuniéndome con los con gente espiritual a hacer rondas y participar en
ceremonias como en las que otras veces sí estuve para esta fecha. Quizá esto
de la atemporalidad del ser lo esté escribiendo en un día en el que no pocos
adherentes a la cuestión del calendario maya se estén preguntando todavía
qué es esto del día que no es del año que terminó ayer ni del que empieza
mañana; qué es esto del día del no-tiempo, si al final tan difícil es
siquiera entender lo que es el tiempo.

Si es que acaso he escrito esto porque haya recibido alguna influencia
cósmica o humana ligada a la fecha tan especial que mucha gente hoy celebra,
lo único que sé es que hoy, para mí, es un día como cualquier otro, pero que
si para muchos es motivo de festejo, que lo disfruten; algo de positivo le
estarán transmitiendo al mundo.

Comandante Clomro

Desde la nave mental Tiempo-Tierra 2003, y bla, bla, bla…

Visite sitio de la Organización de la Humanidad Unida
www.geocities.com/libertylove.geo/OHU.htm

Plantas shamanismo y estados de conciencia

Presentamos un fragmento de ‘El Arte de Ver’, artículo de Alexander Shulgin incluído en el libro ‘Plantas, Chamanismo y estados de Conciencia’. En esta exposición, el Dr. Shulgin presenta de un modo muy directo lo que para él son y pueden ser las sustancias enteógenas dentro de un uso ‘apropiado’.

[…]

Donde sea que me dirija a un público que no esté familiarizado con estos ámbitos de interés, me enfrento siempre a preguntas predecibles:

‘¿Qué hacen estas cosas?’

No es lo que HACEN. Es lo que PUEDEN hacer. Pueden mejorar la memoria. Pueden hacer más brillantes los colores. Pueden hacer que oigas con más agudeza. Y pueden hacer que experimentes una extraordinaria empatía, una forma de comunicación, con la naturaleza.

‘¿Cómo funcionan estas cosas?’

La verdad es que en realidad no lo sé. Es fácil hablar de receptores. Uno de los agentes psiquedélicos más potentes, el 2,5-dimetoxi-4iodoanfetamina [DOI], se ha utilizado como ayuda para definir las zonas del cerebro humano en las que se ha comprobado que se concentran las drogas psiquedélicas. El dominio del uso de técnicas de tomografía por emisión de positrones puede seguir las rutas tomadas por una droga psiquedélica adecuadamente etiquetada. Pero en el mejor de los casos estos instrumentos responden a la pregunta: ‘¿A dónde van estas cosas?’. Porque con respecto a la pregunta ‘¿Cómo funcionan estas cosas?’ no lo sé, y lo cierto es que tampoco nadie lo sabe.

‘¿Producen alucinaciones?’

En gran medida, no. Para mí, una alucinación es la yustaposición de una realidad personal sobre la realidad consensual normal, y la pérdida de consciencia que nos hace distinguir la diferencia. Sí, alguna de estas drogas pueden provocar este estado ilusorio, similar al sueño, pero la mayoría de ellas no.

‘Entonces, ¿qué es lo que HACEN realmente estas drogas?’

Paulatinamente estoy llegando a la conclusión de que la acción principal de cualquier droga psiquedélica es la de permitirnos ver dentro de nosotros mismos. En realidad no HACEN nada. Los psiquedélicos permiten que las cosas pasen. Te permiten comunicarte contigo mismo.

Sencillamente, es absurdo imaginar que las visiones del mundo interno, las intrincadas pautas, los viajes en el tiempo y el espacio, los recuerdos reales del nacimiento o anteriores, todo ello esté contenido en una planta. O que estén contenidos en una pequeña cantidad de droga.

Sólo hay un lugar en el que pueda existir toda esta magia. Dentro de ti. Dentro de tu alma. Dentro de tu psique. Las drogas psiquedélicas sencillamente te permiten expresarte.

Hace un par de años se me pidió que hablara a una pequeña familia de aplicados exploradores en Río. Me preguntaron cómo era posible que una droga como el MDMA, por ejemplo, pudiera contener este conocimiento, esta sabiduría. Intente explicarles que dicho conocimiento y dicha sabiduría estaban ya en ellos. Y que darle poder a un compuesto químico era eliminar sus propios poderes.

En una comida, aquí en San Luís de Potosí hace un par de días, se me consultó lo mismo. Se me preguntó qué pensaba sobre el modo en que la ayahuasca permitía ver con más hondura en el reino vegetal, haciendo que cada experiencia nos abriera más al conocimiento sobre otras plantas.

Di de nuevo la misma respuesta: No está en la ayahuasca. Está en ti.

La próxima vez que alguien te diga que tal droga hace esto o tal droga hace aquello, sugiérele que quizás tal droga o tal otra LE PERMITA hacer esto o aquello. Creo que dichas substancias en realidad nos permiten ver.

Eres quien emprende la búsqueda; eres la persona que puede ver. Eres la persona que finalmente define la realidad que constituye tu mundo.

Y cuando puedas lograr acceder a la parte de ti que puede ver las fuerzas, los impulsos que hay detrás de tus propios actos y emociones, serás capaz de dirigir el curso de tu vida con mayor claridad y consciencia.

Como decían los antiguos: la sabiduría es comprender a los demás, pero comprenderse a sí mismo es la iluminación.

[…]

Fragmento de ‘El Arte de Ver’, por Alexander Shulgin
charla introductoria al seminario realizado en San Luís de Potosí en 1992 recogida, junto con las principales conferencias pronunciadas, en el libro:
‘Plantas, Chamanismo y Estados de Conciencia’

Editado y prologado por Josep Maria Fericglá
Publicado por ‘Los Libros de la Liebre de Marzo’, Colección Cogniciones
Barcelona, 1994

leyendas de canarias

De: Atacuperche  (Mensaje original) Enviado: 20/01/2004 09:00 a.m.
Dicen que murio la raza, pero nunca fue raza muerta. Raza que murio en la historia pá vivir en la LEYENDA.

Tamaragüa (Buen dia)
Atacuperche

LAS PROFECIAS DE GUAÑAMEÑE

Bencomo, el más terrible de los menceyes, hizo matar a Guñameñe, el adivino, pero sus vaticinios no se acallaron , y el tiempo los vio cumplidos.
  Ya sus palabras habían sido pronunciadas cuando Guetón, el heredero del Mencey de Güimar, fue hecho prisionero por Bencomo.
Pretextando unos robos de ganado Bencomo invadió Guimar, haciendo prisionero a Gueton y también a Guañameñe. Llamó Bencomo a su presencia al adivino y le pregunto por el futuro; esto fue lo que le dijo:
“Llegarán aves blancas y grandes alas por el mar, extrañas huellas cubrirán las arenas de las playas y se cuajará la tierra suelta de los montes. Estará todo dispuesto entonces para que se escuche el cruel sonido de la batalla. Arduo y prolongado será el combate. A su término sólo un terrible despojo será la isla, amargo, como la derrota”.
Bencomo no aceptó aquella profecía que hablaba de derrota, por eso mandó a matar a Guañameñe, el adivino. Sin embargo, pronto llegarían a las costas de Añaza galeones de guerra, y la sangre comenzaría a correr.

Llahtakunah atipayninwanqa, tihsimuyuta kuyuchisunchismi

De: sietevientos (Mensaje original) Enviado: 23/12/2003 10:14 a.m.
Qhapaj Raymi o Navidad? ¿Inti Raymi o San Juan? Por la recuperación de nuestros valores de identidad, cultura y religiosidad

CANO – Toronto, Canada – (Posted on Dec-21-2003)

¿QHAPAJ RAYMI O NAVIDAD? ¿INTI RAYMI O SAN JUAN?
POR LA RECUPERACION DE NUESTROS VALORES DE IDENTIDAD, CULTURA Y RELIGIOSIDAD

Tras la violenta invasión europea a nuestro continente Abya-Yala se sucedieron una serie de cambios impuestos por la fuerza sobre nuestros pueblos tanto a nivel cultural, político, religioso, económico, militar, jurídico, etc. Estos cambios se dieron de diferentes maneras y procesos, desde las más sutiles hasta las más abruptas y turbulentas. Sin duda que una que una de ellas se dió en el plano religioso cuyos representantes mediante la Santa Inquisición justificaron sus crímenes de lesa religiosidad produciendo la colonización espiritual de nuestros antepasados.

La expansión de la religiosidad occidental tomó la forma de sectas a medida que los concflictos internos en la iglesia católica y el caos cristiano oficiales se iban agudizando irremediablemente. En este proceso es en el que se inscriben por ejemplo la suplantación descarada de nuestras festividades, rituales y ceremonias religiosas, con otros nombres relacionados con la religion dominante, con otros elementos ceremoniales, con otros conceptos y visiones del mundo, y tratando de adecuar y hacer coincidir de modo sutil las fechas más importantes de las festividades andinas en nombre de un supuesto sincretismo religioso.

Y de esta híbrida mezcla emergieron nuevos rituales, nueva simbología, nuevas creencias, etc. que a decir verdad no son mas que grotescas caricaturas de nuestras verdaderas tradiciones espirituales y religiosas, las mismas que en su mayoría son practicadas por la iglesia católica sobre la población criollo-mestiza principalmente en los centros urbano-citadinos en donde mas influencia tuvo la invasión.

Sin embargo de todo esto, conforme pasaba el tiempo y de acuerdo a la tradición y transmision oral andina, constatamos que en infinidad de nuestras comunidades originarias aun conservamos intacto la semilla pura de nuestra religiosidad, presta a echar nuevamente las raíces, a germinar y brotar como el maíz de la tierra. Esto en el propósito de mostrar lo que esencialmente representa para nuestro mundo andino el porqué de nuestra fe, de nuestra esperanza y de nuestro júbilo.

En nuestros sagrados Andes existen cuatro momentos importantes en el ciclo vital del maíz como referencia esencial, los que científicamente establecidos constituyen determinados puntos en el tiempo llamados equinoccios y solsticios, durante el lapso de un año, tiempo en el que nuestro planeta gira dando una vuelta entera alrededor del sol.

Entre estos solsticios se distinguen nuestras celebraciones del Inti Raymi y del Qhapaj Raymi, festividades que nuestros antepasados solían celebrar el 21 de Junio y el 21 de Diciembre de cada año, fechas en las cuales el sol alcanza su máxima distancia en su alejamiento del centro equinoccial de la tierra, llamado también el Inti-ñan o Inti-guatana, lo que significa la ceremonia de protección del Padre Sol, el Tata Inti, a fin de evitar que esta deidad suprema se aleje extremadamente de nuestro planeta y, contrariamente, permita la germinación y maduración de los frutos que nacen de nuestra Madre Tierra, la Pachamama, otra de nuestras divinidades supremas.

Nuestros sabios Amawtas y Achachilas de los Andes nos enseñaron a venerar la Madre Tierra, porque ella constituye fuente inagotable de vida, que nos provee de alimentos, nos provee de medios para protegernos de los desastres naturales, nos provee del placer de convivir con nuestros congéneres, con la madre naturaleza y con los otros seres vivientes que habitan nuestro planeta.

Conforme a la naturaleza de nuestra cosmovisión, el equinoccio de septiembre simboliza la época de la siembra, tiempo en el que la tierra muestra su máxima pureza y fertilidad, tiempo en el que ella se muestra desnuda, virgen, con su color y aroma inconfundible, lista para recibir la semilla. Es la festividad del Q’uya Raymi, dedicada al agradecimiento a la tierra y al mismo tiempo a la veneración de la feminidad (mujer), porque es ella quien entrega la vida al universo. Esta celebración ha sido superpuesta con la llamada fiesta de la Virgen María por parte de la invasion europea.

Con el transcurrir de los días, las semanas y los meses, la semilla sembrada es alimentada y protegida constantemente por su madre, la tierra, y en sus entrañas, esta semillita sufre una transformación grandiosa, el de la transición de la muerte a la vida, la semilla se transforma y pasa a ser una planta viva, es el momento en que celebramos el renacer de la muerte a la vida, hoy comunmente celebrado como el día de los difuntos.

Entonces ya cuando el tierra en su desplazamiento sitúa al sol en su extremo derecho, o geográficamente hablando hacia el polo sur, se produce un otro solsticio, el 21 de diciembre. Para este tiempo, la semilla ha brotado del vientre de su madre, ahora ya es una planta, pequeñita y llena de vida. Los ojos de nuestros abuelos y abuelas expresan nítidamente el júbilo que sienten por su hermosura, su bondad, su fortaleza.

A este momento y visión los sabios y Amawtas lo llamaron Inti Qhapaj Raymi, pues la influencia del sol, sumado a la de todo el cosmos renueva la vida a través de las semillas plantadas en el vientre virgen de la Tierra. Estas tiernas plantitas se comparan a la llegada del niño esperado, y que luego es arrullado en los brazos de sus padres. Como nuestros niños, juguetones, sonrientes y alegres, las pequeñas plantas llegan a poblar la Tierra y ellas darán fruto, seguridad y bienestar a la siguiente generación.

El ritual del Qhapaj Raymi o la gran fiesta de la nueva vida, ancestralmente se la celebraba con mayor majestuosidad que en los tiempos actuales. Pues como se trataba de una festividad dedicada a la continuación de la vida, estaba explícitamente dedicada a las nuevas generaciones, a los niños y jóvenes, que luego del gran ritual pasaban a formar parte viva, activa y sujetos de la sociedad en sí.

Cuenta la tradición oral, que los mayores engalanaban a las futuras generaciones con obsequios celebrando el ritual de la dotación simbólica a los recién nacidos, de prendas de vestir, los valores más preciados, los útiles y herramientas más esenciales para que ellos sean los continuadores de su compromiso natural adquirido en la vida y que los irían trasmitiendo de generación en generación. Este acto de ofrenda a los menores, se traducía en base al compromiso y la participación recíproca de todos los integrantes de la comunidad.

Tal era la magnificencia de nuestras fiestas, que los invasores venidos de occidente a través de la imposición de símbolos y creencias, tuvieron que buscar modos para reemplazarlas con algo que también tuviera gran peso y esplendor material y espiritual conforme a lo que acontecía en este tiempo. Y esta imposición fue suplantando nuestras festividades.

Por ejemplo la Fiesta del Inti Raymi que se celebra cada 21 de Junio fué maliciosamente yuxtapuesta por la fiesta católica llamada San Juan, una muestra clara de esta intención es que por ejemplo las tradicionales danzas y formas musicales que se bailaban en esa fiesta en la región de Imbabura, fueron denominados “San Juanitos”, a fin de demostrar que eran ritmos dedicados a la fiesta San Juan.

Igual hicieron con la fiesta del Qhapaj Raymi, que lo celebramos el 21 de Diciembre. Pretendieron convercernos de que esta celebración era la misma a la que ellos denominaban la fiesta de la Pascua de Navidad, dedicada al nacimiento del niño Jesus considerado por ellos redentor de la humanidad, y que se la debía efectuar los días 24 y 25 de Diciembre. Igualmente los cánticos y danzas tradicionales de la época llamadas Ch’untunkis fueron denominados Villancicos de Navidad.

Así, bajo el nombre de sincretismo religioso se pretende yuxtaponer valores religiosos traídos de occidente. En la actualidad estas festividades son difundidas profusamente desde El Vaticano, hecho que es muy bién recibido por el mundo capitalista para estimular el florecimiento de la sociedad de consumo.

Este gigantesco proceso de usurpación y suplantación de símbolos y rituales originarios ha ocasionado la pérdida de la identidad de grandes grupos de hermanos y hermanas durante estas más de 5 centurias. En este tiempo del Pachakuti, estamos retomando el camino de la recuperación, estamos re-emprendiendo la senda de la emanciapción espiritual, estamos pasando de la reflexión a la acción, a la defensa de nuestras vidas y la de todos los seres que habitan la tierra. Estamos emprendiendo el proceso de sanación del cosmos y la tierra.

Por: Ivan Ignacio

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