Fragmentos entrevista del 97

¿En dónde estaríamos si todo se hubiera podido probar?

Entrevista a Carlos Castaneda por Kala Ruiz

“La Jornada” Enero de 1997

“El 26 de enero de 1997 ocurrió lo inesperado: Castaneda apareció ante miles de personas, reunidas en un seminario, para confirmar que el camino del guerrero existe, que es una experiencia posible y puede ser practicada por cualquier persona mediante la tensegridad, palabra que resume las enseñanzas de su maestro. Grande era la expectativa y, de pronto, un gran silencio. Ahí estaba el pintoresco personaje, el nagual brujo. Chaparrito y delgado, con ojos de águila, riendo festivo, jugando a inventar instantes, rompiendo la formalidad con inteligentes chistes.

–¿Cómo definiría a don Juan Matus, su maestro y amigo? –Era una chaman, aunque él me decía: no soy chaman, pendejo, soy un brujo… era re mal hablado. –¿Qué es la brujería? –Es el arte de interrumpir el flujo del sistema de interpretación… es otra manera de interpretar. En el México antiguo hubo un género entero que se dedicaba a engrandecer los límites de percepción. Pasan cosas increíbles para la mente normal. Eran seres rituales para poder esconder cosas de tremendo valor.

–¿Cómo se manifiesta esa brujería o magia? –Podemos percibir la energía como fluye, el poder ver la energía tan sólo un momento, da reintegración, se reagrupa algo inaudito, no tenemos práctica. Se reagrupa en otra percepción y estamos frente a otro universo. Hay brujos capaces de hacer cosas inaudibles. Pero estamos siempre con ideas que no nos han permitido desarrollar el potencial humano, como la ciencia. A mí me han dicho: “esto no es científico, Carlos, esto es pura superstición”–. ¿Pero dónde estaríamos si todo se hubiera podido probar? –¿Cuáles fueron los factores, en su infancia, que le llevaron a ser el personaje que hoy es?

–Cuando yo fui concebido no hubo excitación sexual, por eso salí estrafalario. Don Juan me decía: “Yo veo que tu mamá ni supo lo que le pasó; no sintió nada. A tu papá no le gustaba el acto sexual y te concibieron detrás de la puerta, por eso saliste chaparro y nervioso. Obsérvate: siempre estás como si te estuvieran correteando. Vas en busca por el mundo con esa ansiedad porque tu concepción fue civilizada; eso le pasa a casi todo el mundo. Es por eso que se te dificulta saltar al intento de los brujos. Si quieres estar a la par de la gente que fue concebida sabrosamente y son capaces de todo, de una tremenda energía que no se puede desperdiciar, disipar… va a estar difícil, porque eres el producto de una cogida aburrida. Vas a tener que hacer una tremenda labor para poner en su lugar todos los pedazos energéticos para poder saltar a las otras dimensiones.

–¿Por qué fueron tan pocos los alumnos de don Juan? –Don Juan no quería alumnos que estuvieran en candilejas porque se agotarían demasiado rápido.(…)

(continua)

–¿Somos herederos del conocimiento del antiguo México? –En verdad no, no nos interesa; tenemos otras prioridades. No, no es su México ni mío, pero sí podemos tener acceso a él. –¿Cuál es la barrera, qué es lo que nos detiene? –Muchas cosas. Pero somos los poseedores de un sistema extraordinario. ¿Pero que hacemos? Nos emborrachamos, nos metemos por el pico todo: comida, pastillas… ¿Eso es amor personal? Son los más egomaniáticos, están regidos por idealidades que no tienen sentido. ¿Cómo contribuimos al conocimiento, qué queremos de la vida? ¡Pucha, qué cosa bruta! Soy old age, decía

Sigue Carlos Castaneda contando, envuelto en su propio humo, sin cigarro. Mirando sin ser él, sabiendo que es otro. Nosotros. –¿Qué más desearía hacer en esta vida? –Yo tengo que encontrar todo lo que pueda mientras tenga esta conciencia. Don Juan decía: “Yo no estoy de acuerdo con los acuerdos en los que yo no participé. Por ejemplo: la vejez; yo no acepté ser viejo. Por eso estoy joven; es mi deber rehusarlo”. –¿Qué piensa del ego, del yo? –Don Juan decía que no hay que hacer alarde de la egomanía, del yo, yo, yo. No se puede estar en las candilejas todo el tiempo. El me decía que yo era un egomaniático: “entre más chaparro, más maniático”. Yo era para él el señor pesadilla. –Pero qué saca usted, don Juan, de su relación conmigo; él decía: “muchísimo, siempre que te veo me dan náuseas; me quiero vomitar; ¿y alguna vez lo has notado?, ¿lo ves?… me renuevas”. Le di años de felicidad, porque se moría de risa de mí.

El no dejaba pasar ni una sola oportunidad para enseñarme algo; además, siempre se veía tan joven y yo tan viejo, porque bien que le daba al vino y al cigarro, andaba medio mareadito para darme valor. Entonces don Juan me dijo: “Nos vamos a ir al monte por 10 días, ¿cuántos paquetes de cigarros necesitas?”. “Como 10”, contesté. “Muy bien”, dijo; “entonces empácalos muy bien con cinta adhesiva y compáctalos perfectamente para que los coyotes no los huelan”. De inmediato me puse a preparar el paquete dándole varias vueltas con la cinta adhesiva; hasta inventé un mecanismo donde dejé un agujero por donde cupiera mi mano, sacara una cajetilla, y al sacarla volviera a quedar el paquete otra vez sellado, ¡una maravilla de la inventiva! Nos fuimos al monte. Al segundo día por la mañana mi paquete de cigarros había desaparecido; sólo se veían las huellas de los coyotes y del paquete arrastrado. –¡Ah!, no te preocupes –dijo don Juan–; no creo que lo hayan arrastrado muy lejos. Vamos a buscar tu paquete de cigarros. “Durante ocho días anduvimos buscando el dichoso paquete de cigarrillos; loma arriba, loma abajo; cuesta arriba, cuesta abajo. Mi precaria condición física me estaba matando, ahí andaba yo con la lengua de fuera, hasta que me tiré al piso y le dije: “me rindo, ya no puedo más”. “¿Ya no quieres buscar tus cigarrillos?”, preguntó. “No” –contesté– lo que quiero es sobrevivir (con la garganta seca tosiendo la nicotina). “Muy bien”, dijo, “entonces aquí se acabó el viaje”. Abrió unos matorrales y ahí enfrente de mis narices apareció su casa. Esa era su manera de transmitir lo ininterpretativo. Ahí se me acabó el vicio del cigarro y el vino para siempre. El hacía esas cosas… como deshilacharme mis suéteres de Dinamarca y entregarme la bola de hilo. ¿Para qué?, para que interrumpiera mi sistema interpretativo, para dejarme en libertad, sin información y sintaxis. –¿Cómo es la vida de un brujo? –Si lo que haces no tiene influencia en tu vida, no sirve. Para un brujo es una aberración. No puedes ser erudito de 9:00 a 15:00 horas y ser un piojo en el resto del tiempo. Tienes que ser un guerrero impecable de tiempo completo. Después de saber lo que uno sabe, debes comportarte con impecabilidad. Don Juan decía que no se puede insistir en las cosas, salen de una manera natural, si insistes, ¡zas!, se acaba la magia.

–¿Qué piensa de esta ola de descontento hacia el new age (nueva era)? –De qué me preocupo, si a mi edad yo soy old age (vieja era). Brujería es ser viejo y joven; new age es estupidez. Yo no me puedo permitir lujos de egomanía. Don Juan me lo quitó. El me dijo: “Tu ego es como un clavo, te va a doler un poquito, pero te lo voy a quitar”. Y… ¡pum!, me lo sacó. Le dije: “gracias, me siento bien”. “No te preocupes… tienes 13 clavos”. A veces yo le decía: “Sáqueme otro clavo”, y él contestaba: “no, hoy no”.

¿Dejó la antropología por el camino del nagual? –Dejé la antropología y todo lo que incumbe al mundo cotidiano, pero me dio algo inaudito: la lucha, la batalla… el objetivo está en el horizonte, no aquí. Deja de ser hombre, macho latino, deja las riendas. Tu madre te hizo creer que eras extraordinario, porque eres hombre de chile. Te enseñaron que las mujeres son para tu uso, como decía Aristóteles: las mujeres son hombres lisiados. (…)

(continua)

–¿Cuál era el propósito de don Juan al transmitir sus conocimientos? –Don Juan no era un maestro ni un gurú; él quería perpetuar su linaje. Y cayó sobre mí esa tremenda responsabilidad. Pero yo no soy como él, no lo puedo perpetuar. Más bien estoy aquí para cerrar el círculo del linaje… pero con una gran elegancia exquisita. (…)

(continua)

En 1973, don Juan se transformó en luz, la serpiente emplumada. El y sus congéneres dieron una vuelta final. Llega un momento en que la tierra te dice: estás libre… ¡vete! ¡Una existencia tan enorme que esté consciente de un microbio como yo! (casi llorando) ¡Me descompone!.. como una madre amorosísima. –¿Cómo tratar a un egomaniático? –Don Juan decía: a la gente le puedes decir el peor de los insultos, pero si se lo dices en tono de adulación… quedan encantados. Para poder ser un guerrero, lo primero es desligarse del yo personal. Para qué andar con enojos; la batalla no está aquí, está en el horizonte.

–¿Se le puede robar a alguien su energía? –Nadie te roba energía, te la dispersan.

–¿En que partes del cuerpo se almacena la energía? –En la vesícula, vaso, páncreas, hígado y adrenales. El huevo luminoso que está alrededor de todo el cuerpo capta la energía y la encarga en estos órganos. Las mujeres tienen otro centro energético: el útero.

–¿Qué hay de la genética? –El comando genético ya no puede ser la reproducción; el comando genético ahora debe ser la evolución. El semen masculino está muy bajo; estamos a punto de extinguirnos y seguimos envueltos en imbecilidades.

–¿El diálogo interno es bueno o malo para un guerrero? –Siempre está a favor del yo. Hay que parar el diálogo a patadas, perder la importancia personal. ¿Cómo?, como puedas.

–¿Por qué es tan importante la secuencia de ejercicios de tensegridad que van a enseñar en este seminario? –Porque están diseñados especialmente para el valle de México.

Últimas noticias

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de Castaneda
Una crónica de Arturo Granda
Hoy en día el nombre de Carlos Castaneda no es popular. Sin embargo, en tiempos de hippies y psicodelia las librerías gringas vendían dieciséis mil ejemplares semanales de su primer libro: The Teachings of Don Juan: A Yaqui Way of Knowledge, traducido al español como Las enseñanzas de don Juan. Pocos saben que esas páginas fueron la tesis del doctorado en antropología de Carlos Castaneda en la Universidad de California. El libro resultó tan extraño y fascinante que Federico Fellini anunció sus intenciones de filmar una película con base en él pero tuvo que renunciar al proyecto después de recibir amenazas de muerte. Castaneda se había convertido en una celebridad; Estados Unidos se hallaba en conmoción por la guerra de Vietnam, y por todas partes se propagaba el credo de la rebelión pacifista. Leer a Castaneda era sumergirse en el mundo alucinado de los indios mexicanos, con quienes el autor aseguraba haber descubierto drogas expansoras de la conciencia como el peyote, los hongos y la datura. La revista Time ordenó una cacería mundial de don Juan Matus, el indio yaqui que según Castaneda lo había guiado en su aprendizaje de shamán, para confirmar si de verdad existía o era un invento del autor. Ante la fama inesperada, el antropólogo superstar decidió borrar su historia personal, declararse brasileño, chicano o gitano, cuando no la reencarnación de un faraón egipcio, y esconderse tras seudónimos como Salvador Castaneda, Isidoro Baltasar y Joe Córdova. Las sospechas colectivas no se hiceron esperar. ¿Quién era en verdad Carlos Castaneda? ¿Un guía espiritual? ¿Un fabulador afortunado? ¿Un farsante desenfrenado? El diccionario de personajes diría que Castaneda fue primero que todo César Arana, un peruano nacido el día de Navidad de 1925 en Cajamarca, estudiante de la Escuela de Bellas Artes de Lima, quien viajó a los Estados Unidos, cambió su nombre por el de Carlos Castaneda -así sin la “eñe”-, vendió ocho millones de copias de su primer libro y fue investido como el padre espiritual del New Age. Pero seguir las huellas de Arana es resbalar también dentro de una caja china de historias confusas. Arturo Granda, periodista peruano y cronista de la revista colega Etiqueta Negra, ha descubierto cartas y fotografías inéditas, y escrito un perfil menos brumoso de Castaneda a través de conversaciones con su familia y amigos. El gran shamán murió en 1998.
1. El timbre del portón lleva la inscripción “Familia Arana”. La casa queda en el distrito de Los Olivos, uno de los barrios populosos del cono norte de Lima. Mientras toco ansioso la puerta, recuerdo la voz amable de la mujer que días antes me atendió por teléfono. Cuando me confirmó que ella era Lucy Chávez Castañeda, supe que por fin mi búsqueda de meses había terminado. La vivienda es rosada y de dos pisos, y la familia Arana alquila unas tres piezas de ella. Lucy es una obstetra jubilada que vive de su pensión de cesantía y con la de su esposo, Carlos Arana, un joyero retirado. Al abrirse la puerta, la señora menuda que me recibe es aún más bondadosa de lo que fue por vía telefónica. Es una de esas señoras por las que uno quisiera ser adoptado como hijo y cuya bondad hace insospechable a la mujer firme que esconde. Me dice que nació en Cajamarca, y que creció como una hermana junto a quien después sería Carlos Castaneda, aunque en realidad es su prima. “Sus padres eran los míos”, me dice con su voz serena. Hojeando su álbum familiar, veo aparecer fotografías de Castaneda, es decir, de César Arana, mientras iba creciendo. En casa le decían “El Negro” por el color canela de su piel, una herencia de Susana, su madre. De su padre, un relojero, heredó su búsqueda del conocimiento. Hay en casi todos sus retratos una mirada severa, el escudo de un muchacho reservado y solitario, pero con ideas firmes a las que no iba a renunciar jamás. “Ahora que César ha muerto, me siento con la libertad de contar las cosas que nunca dije”, me dice Lucy, respondiendo a mi pregunta de por qué tantos años de silencio. “Creí que si contaba toda su historia él se iba a molestar conmigo”. Y durante décadas sólo admitió responder algunas preguntas a la prensa.
2. Un día de febrero de 1973, un corresponsal de la revista Time fue a buscar a Lucy con unas fotos, y le preguntó si podía reconocer en ellas a un hombre. En todas había la extraña paradoja de que éste se mostraba escondiéndose, como un niño juguetón que se oculta detrás de su mano izquierda o como un detective privado debajo de un sombrero panamá en una biblioteca. Lucy veía estas fotografías en su trabajo, la clínica Maison de Santé, hasta que una de ellas le congeló el aliento: debajo de un sombrero y detrás de un libro negro en horizontal, reconoció los ojos sonrientes de un hombre que parecía divertirse jugando a las escondidas. Era el inconfundible rostro de su hermano, a quien había visto por última vez veintidós años atrás, el día que partió a los Estados Unidos en un barco. El corresponsal de Time le dijo que ese hombre se hacía llamar Carlos Castaneda. No sabía que su hermano estuviera vivo ni que se hubiese cambiado de nombre, y menos imaginaba que fuera tan famoso. El reportero le informó que debía su fama a sus libros de antropología, y que Time lo había enviado a verificar si Castaneda era en realidad un tal César Arana, cuyo ingreso a los Estados Unidos había sido registrado en 1951. Lucy le contó al reportero que la muerte de la madre de Arana había precipitado su partida, y que cuando ella murió éste se encerró tres días en su cuarto sin probar alimentos. Lo que no le confió al reportero de Time es que César Arana no sólo no había ido al entierro ni se había vestido de luto, sino que al abandonar el encierro de tres días en su cuarto le dijo: “Ahora sí. No tengo más razones para quedarme”. Un mes después de la visita del reportero, Time titulaba en su portada: “Carlos Castaneda: Magic and Reality”. Su padre había muerto tres años antes, absolutamente convencido de que, si su hijo no le había vuelto a escribir una carta más, era porque debía estar muerto.
3. La estrategia de Castaneda era la desaparición. Por treinta años no concedió entrevistas a más de una docena de reporteros ni permitió que le tomasen fotografías, salvo las que Eddie Adams publicó en Time, aquella serie en la que escondía su rostro, y otras más caseras que Margaret Runyan publicara en un libro. “Sus amigos más cercanos no están seguros de quién es él”, había escrito ella, nada menos que su ex esposa. No era un truco publicitario. Era cierto. Solía telefonear a sus amistades a cualquier hora de la noche y colgarles si respondía un contestador automático. No les daba su dirección ni su número de teléfono, y su único rastro era un apartado postal en Los Ángeles, o el nombre de un contacto, a veces el de su agente literario. Sus editores en Simon & Shuster, Penguin Books y Gallimard coinciden en que Castaneda les decía que estaba en una ciudad cuando en realidad se hallaba en otra, que siempre decidía la hora y lugares inusitados para los tratos con ellos, que dejaba plantada a una persona si su aspecto no le era confiable, que podía tardar meses en responder los mensajes sin importar de qué país fueran, que era inhallable cada vez que publicaba un nuevo libro. En una de sus apariciones ante la prensa explicó que por algunos años no hubo modo de contactarlo debido a su dedicación a la jardinería en las montañas de Guatemala. Y acto seguido se fue.
Era tan desconocido en persona que había impostores que dictaban conferencias en su nombre. Una vez fue a una de ellas y al final de la misma se acercó para saludar al “doctor Castaneda”. Prefería aparecer de incógnito entre el público de las presentaciones de sus libros y cuando daba conferencias ensayaba voces en todos los tonos y casi nunca se dejaba grabar. Uno de sus traductores dijo que hablaba inglés como si fuera gringo, salpicado el idioma con palabras en portugués y que dominaba a su antojo el español, usando modismos de cualquier país latinoamericano que lo volvían de una nacionalidad inidentificable. Una vez declaró sobre la fama que entonces lo acosaba: “Esto es nada para Carlos Castaneda. La personalidad es una pretensión. ¿Fama? ¿Éxito? ¿A quién le importa esa mierda?”. A pesar de vivir en el lujoso barrio residencial de Westwood, cerca de los estudios Universal, no había nada más alejado de él que las cámaras. La única vez que apareció en un video fue hacia el final de su vida, cuando una pareja lo filmó desprevenido sacando los botes de la basura de su casa.
4. Los sueños de César Arana siempre viajaban por Norteamérica. “Nunca me explicó por qué -dice Lucy-. Sólo hablaba de su ilusión de estar allí”. Ella coincide en este misterio, igual que los compañeros de colegio de Arana con los que había conversado antes. Uno de ellos, Óscar Posadas, me comentó que siempre le pareció curiosa la obsesión de Arana por aprender la lengua inglesa. “Vamos a escuchar inglés”, le oía decir cada vez que le proponía ir al cine. El desaparecido teatro Ollanta, a media cuadra de la Plaza de Armas de Cajamarca, fue su primera academia del idioma. Aunque su padre recordaba que ya a los dos años de edad César Arana hablaba un idioma extraño, uno que, con tardanza, descubrieron que se trataba de una suerte de inglés.
5. El hombre se llamaba Simón Ríos, y su insistencia en tocar el timbre de una casa en el vecindario de Westwood, en Los Ángeles, sólo obtuvo respuestas sordas y algunos vecinos mirones. Se alejaba derrotado calle abajo, cuando vio aparecer a un tipo enfundado en frac, sombrero de copa y bastón batiente; pensó que era uno de esos que llevan anuncios publicitarios en la espalda. Una segunda mirada sembró su duda, antes de reconocer finalmente al antiguo compañero del colegio San Ramón de Cajamarca que andaba buscando. “Fashturo”, gritó el sobrenombre de su amigo entre conmovido y angustiado, por el temor a que éste desapareciera por la esquina. El tipo del frac se apresuró a atravesar la calle, haciendo gestos para apagar su efusividad: “Ssshh, cállate por favor, hermano, aquí soy una persona respetada. Para la gente del vecindario soy el doctor”. Simón Ríos había sorprendido a Carlos Castaneda en una de sus performances, aquellas que practicaba para desaparecer detrás de la máscara de sus personajes y borrar así su historia personal, atendiendo a las enseñanzas de don Juan.
6. A veces era Castaneda quien se acercaba a la gente que admiraba. Alejandro Jodorowsky, tarótologo y cineasta de culto, contó que una noche cenaba en un restaurante de la avenida Insurgentes en Ciudad de México, cuando desde su bistec sangrante vio acercarse a un hombre que creyó era un camarero. “Era bajo de estatura, fornido, con el pelo crespo, la nariz achatada y la piel levemente picada, un hombre de aspecto humilde, autóctono”, recuerda Jodorowsky en sus memorias. Le dijo que era Carlos Castaneda y que había visto varias veces su película El topo. Jodorowsky asegura que descartó que fuera un impostor por el tono reposado de su voz, su delicada pronunciación y, sobre todo, por la vibración luminosa de su intelecto. Tiempo después confirmaría, por unas fotos y dibujos, que el hombre que había departido con él esa noche había sido sin duda Castaneda. Cuando Mario Vargas Llosa fue profesor visitante en la Universidad de Berkeley, recibió a Castaneda, quien le dijo que había ido a pie desde San Francisco, a unos quinientos kilómetros, sólo para tener el placer de conocerlo.
7. Una tarde llegué al colegio San Ramón de Cajamarca a buscar en un estante los antiguos registros de notas. Un antiguo empleado del colegio con aliento a botella destapada me ayudó a hurgar entre los libros y me informó que los archivos de los alumnos habían sido incinerados. “Una performance más de Castaneda”, imaginé. César Arana figura hasta 1942 con notas regulares. Nada del otro mundo. Más que por sus calificaciones, destacaba por su velocidad de puntero derecho del equipo infantil de fútbol del colegio, adonde Lucy lo iba a ver todos los domingos con su padre. Una noche me dijo por teléfono que había encontrado un par de medallas que su hermano había ganado en competencias escolares de atletismo: una, en los cincuenta metros planos; la otra tenía grabada un atleta lanzando una jabalina. Cuando terminó tercero de secundaria Arana se desprendió de su uniforme escolar verde bronce y partió a Lima. Según parece, jamás volvió a Cajamarca.
8. Lucy volvió a encontrar a su hermano cuando la familia se vio obligada a mudarse a Lima debido al reumatismo cardiaco que había postrado a la madre de Arana. En Lima aquel adolescente tímido y formal se había vuelto un joven encantador, enamoradizo y conversador. Para entonces, César Arana había terminado sus estudios secundarios en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe, el más antiguo de Lima. Una tarde fui a buscar allí los rastros de su historia escolar. Las señoras que me atendieron no podían encontrar sus notas durante horas, y estuve a punto de pensar que era otra pista falsa. “Parece que se nos está escondiendo”, me dijo una de las empleadas administrativas, hasta que al final de la tarde lo halló en una esquina, debajo de una pila de registros que se habían salvado de una inundación.
Sus notas del último año de secundaria demuestran que el colegio era para él sólo un trámite obligatorio. Sobre doce materias cursadas no se había presentado a cuatro, y en las demás sus notas están debajo de un mediocre trece. En 1944 alguien que escribiría libros de dimensión poética y reflexiva obtuvo un once en filosofía. A los exámenes finales de religión e inglés nunca se presentó. Una historia parecida encontré cuando fui a buscar sus calificaciones a la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima: Arana reprobó el tercer año de dibujo y pintura, y se aplazó en el primer año de escultura. “Nunca lo vi haciendo una”, me contó una mañana nublada el artista Víctor Delfín, en su taller con vista al mar de Barranco.
9. Los amigos que lo vieron en sus últimos días en Lima no pudieron despedirse. Uno de esos días, Arana tocó la puerta de la casa de Jaime Ravines, su amigo de la infancia, con esa urgencia alegre de quien llega a avisar que se ha ganado la lotería. “Me he conseguido una gringa que quiere casarse conmigo y que solventará nuestros pasajes”, le dijo a su viejo compañero de carpeta en el colegio San Ramón. “Porque, eso sí, le he dicho que sin ti no voy”. Era la oportunidad tantas veces postergada de viajar a los Estados Unidos. Pero no contaba con que Ravines se excusaría porque su pareja estaba embarazada. “No puedo dejarla así”, le respondió, y no tuvo tiempo para más explicaciones. La puerta se cerró tras él y César Arana nunca más volvió a aparecer.
¿Existió esa gringa realmente? Cuando se lo conté a Lucy, se rió como si estuviera acostumbrada a coleccionar rumores acerca de su hermano. Me dijo que no sabía que alguna mujer tuviera que ver con su partida. Fue una tarde en que me di cuenta de que Lucy sabía perfectamente que su hermano era un fabulador, pero que nunca había podido preguntárselo. Sólo recuerda que el día que partió hacia los Estados Unidos llegó a casa apresurado, metió en un morral cuatro cosas y le prometió escribir. Se fue una mañana hacia San Francisco en un barco que zarpó desde El Callao, un carguero de la Corporación Peruana de Vapores desde el cual escribió su primera carta a la familia, dos días después, en su escala en Talara. Para Lucy sigue siendo un misterio de dónde había obtenido el dinero para viajar.
El día que conversé con Víctor Delfín creí haber hallado una primera respuesta. Me confió que un mes después de la partida de Arana, una compañera de Bellas Artes, Tita Ordóñez, lo buscaba muy preocupada. “¿Oye, lo has visto?”, le preguntó a Delfín. Ella le había entregado a Arana unas frazadas cusqueñas, un día en que éste le aseguró que tenía unos clientes interesados en ellas. La otra fuente para financiar su viaje fue trabajar en el barco. Después de conversar con Delfín pensé que sí había existido una mujer que involuntariamente ayudó a financiar la partida de quien luego sería el profeta Carlos Castaneda. Sólo que no era gringa. Era bien peruana.
10. La noche que visité a María Carhuapoma, ella recordó el día en que Gina Lu llegó a la casa del pasaje Sebastián Barranca, dos años después que Arana partiera. María era ahijada de su madre, vivió con la familia durante años y fue quien le abrió la puerta. Aquel día Gina Lu había ido a conocer al padre de Castaneda, a quien sorprendió diciéndole que era su nuera, que se habían casado por un poder enviado desde Estados Unidos por su hijo y que la niña en sus brazos se llamaba Rosario y era la hija de ambos. Le contó que se habían conocido cuando estudiaban en Bellas Artes y que él no le presentó a su familia porque la convenció de que eran gitanos.
Lucy me contó que entonces le envió a su hermano una carta preguntándole por la veracidad de la historia. Él le respondió: “Quiérela como una hermana. Esa china es del carajo”. Richard de Mille, un investigador que dedicó parte de su vida a dos libros que tratan de farsante a Castaneda, relató este episodio en su libro The Don Juan Papers, un trabajo meritorio pero a la vez poblado de suposiciones, datos inexactos y a veces tendenciosos que a la larga parecen haber favorecido el aura de misterio alrededor de Castaneda. A Gina Lu la llamó “Dolores” y a su hija Rosario, “Esperanza”. Dice que la hija de Castaneda creció en un convento, y que la madre había sido una víctima inocente de Arana. Usó más adelante unas declaraciones del escultor Víctor Delfín, quien había respondido en una entrevista que Arana era “un seductor de primera línea”, y si uno lee The Don Juan Papers siente como si estas declaraciones de Delfín le dieran la razón. ¿Sabía Arana cuando viajó a los Estados Unidos que iba a tener una hija de Gina Lu?
Los hechos parecen condenarlo. Un día le pregunté a Jaime Ravines si conocía esta historia. “No, pero César amaba a los niños y estoy seguro que, de haberlo sabido, no se habría ido nunca”. Quien siempre estuvo al tanto de ellas fue Lucy, que me contó que Rosario había crecido al lado de su madre y no en un convento; que ésta trabajaba en el diario La Prensa y hasta que vivió en Lima nunca volvió a casarse. A la boda que Lucy asistió una noche fue a la de Rosario Arana Lu, quien en 1975 se casó con un suizo. Fue cuando se enteró de que se iría a vivir a Europa con su madre. Una tarde en su casa, sentada en su sofá azul, Lucy me contó lo que había sucedido la última vez que vio a Rosario. Antes de partir de Lima ella le dijo, como uno de esos secretos dignos de su padre, que iba a buscarlo a los Estados Unidos. Le dijo también que iba a usar el apellido de su esposo Rolf Peter y que se iba a presentar ante Castaneda disfrazada de una periodista.
11. Una de las tardes en que fui a visitarla, Lucy salió de su dormitorio con una bolsa y extrajo frente a mí una veintena de cartas que esparció sobre el sofá azul de su sala. Eran las cartas inéditas que César Arana le había escrito a ella más las que halló un día en un baúl luego de la muerte de su padre. En The Don Juan Papers, De Mille asegura que Castaneda “raramente le escribió a su padre”, pero esa tarde Lucy me habló de la intensa correspondencia que ellos mantuvieron, de la que sólo conserva una mínima parte. Los sellos en los sobres llevaban direcciones de vecindarios de San Francisco y Los Ángeles. Vi que en los años cincuenta sus cartas llegaban fechadas y manuscritas sobre hojas de cuadernos escolares o papel cebolla, y que en la década siguiente venían escritas a máquina sobre hojas blancas y las únicas fechas son las de los matasellos del sobre. La caligrafía de Arana es corrida, sin enmiendas ni tachaduras. No le preocupan las tildes, que, al parecer, ha ido abandonando desde que está en la Universidad de California. Me di cuenta de que Lucy veía a través de las cartas a su hermano. Sus amables advertencias cuando me las prestó eran el temor de quien se desprende de los únicos recuerdos que le quedan. Las fechas de sus cartas son la cronología de cómo Arana va desapareciendo ante su familia, pero sobre todo la revelación de un Castaneda desconocido. El nostálgico hijo que promete volver un día a Cajamarca convirtió a su padre en el confidente de reflexiones sobre la humanidad, de alguien que va renunciando a hablar de sí mismo. Sus cartas llegaron durante diecisiete años al pasaje Sebastián Barranca 121 h, en el barrio La Victoria, hasta que un día simplemente no llegaron más. Lucy calcula que su hermano dejó de escribirle por la época en que apareció en California The Teachings of Don Juan.
12. Había visitado unas cinco veces la casa de la hermana de Castaneda y el trato entre nosotros se fue volviendo cada vez más familiar. Uno de esos días, al caer la tarde, empecé a revisar la correspondencia de César Arana frente a ella. Había una carta sin fecha que Lucy recordaba como una de las últimas que llegaron a Lima. Es una carta clave para dar por terminada la polémica sobre cuánta verdad y cuánta ficción hay en la obra de Castaneda. “¡Figúrate que he escrito una novela!”, le escribe Arana a su padre, anunciándole que la ha terminado, que le parece algo pesada y que por el trabajo que le ha costado no la tira por la ventana. “Esta novela es personalísima para mí. Un señor publicista la ha leído y quiere publicarla en septiembre u octubre”. Y añade: “Me estoy haciendo el que no tiene prisa, pero la idea sola de publicarla me pone los pelos de gusto. Pero he aprendido en estos largos años a nunca pensar en el futuro. Que publiquen la novela o no la publiquen ya no interesa. La emoción de escribirla, la emoción de que quieran publicarla, ya es para mí suficiente”. ¿Era esa “novela” Las enseñanzas de don Juan?
13. Hasta donde se sabe, Castaneda vivió la década de la psicodelia dedicado a investigar y escribir su tesis de doctorado para la Universidad de California. Lucy me aseguró que a pesar de la intimidad que los unía, Arana nunca le había contado a su padre ni a ella sobre don Juan Matus y menos sobre su iniciación en el shamanismo. ¿No es aquella carta la prueba de que el trabajo antropológico de Castaneda fue más ficción literaria? Sus detractores, en especial su perseguidor Richard de Mille, podrían leer esta historia, ver por fin en ella la prueba definitiva de sus teorías sobre la invención de don Juan y morir en paz. Pero ya su notable defensor Octavio Paz había sentenciado que, si ese libro era de ficción, el significado de la obra de Castaneda era el mismo: un documento etnográfico con indudable valor literario. “Sí, hay invención en su obra, pero también estoy seguro de que vivió la experiencia”, me dijo una mañana Víctor Delfín. Quienes hayan leído a Castaneda y experimentado con ayahuasca o peyote convendrán conmigo en que experiencias vívidas como las que él narra simplemente no pueden ser fabuladas.
14. Cuando American Express le ofreció un millón de dólares para que anunciara sus tarjetas de crédito durante quince segundos, Carlos Castaneda se negó. Fausto Rosales, un editor de Diana que tuvo la suerte de tratarlo en persona, insistió siempre en que el dinero era un asunto intrascendente para el escritor y que éste nunca pretendió vivir como un millonario. Al parecer, tenía una vida sana y dos coches, una pick up crema y un Ford pardo cuatro puertas. Se sabe que durante largo tiempo Castaneda practicó karate a diario y que siempre se ejercitaba para mantener esa condición atlética que había conseguido en su juventud. Quienes lo conocieron testifican que nunca alentó el uso de drogas, que no fumaba tabaco y que no solía beber alcohol ni refrescos embotellados. Su ex esposa, Margaret Runyan, recuerda que Castaneda era un buen cocinero y que se cortaba el cabello él mismo. Pero también mencionó que ella creía que don Juan Matus, el nombre del personaje de las obras del antropólogo, tendría su curioso origen en un vino portugués cuya marca era Mateus, que le gustaba a Castaneda, y que en una ocasión que lo bebían ella le oyó decir: “De aquí, del vino, provienen toda la magia y los conocimientos del universo”. Baudelaire hubiera estado de acuerdo.
15. Castaneda dijo que era desde brasileño, chicano y gitano hasta un sabio portugués, un príncipe persa, la reencarnación de un faraón egipcio. Dijo también tener diez años menos aprovechándose de su porte atlético y su aire juvenil, el mismo que hacía decir a sus vecinos de Westwood que si era sexagenario no se le notaba. César Arana pertenecía al linaje de fabuladores maravillosos. “Yo diría que inventaba la verdad”, dijo de él José Bracamonte, un artista gráfico que lo frecuentó en Bellas Artes y al que entrevistaron en Lima luego del famoso número de Time. “Recuerdo que hablaba. Más aún: monologaba. Su mitomanía era grandiosa, luminosa. Lo obsesionaba el juego, todos los juegos. Los inventaba sólo para poder seguir apostando”. Arana no era un mentiroso cualquiera sino más bien un arquitecto de las mentiras, con una inventiva que le permitía seducir a cualquier auditorio.
Delfín lo recuerda siempre en el primer patio de Bellas Artes, rodeado de estudiantes a los que mantenía secuestrados con historias. También como un improvisado vendedor de relojes que compraba en el mercado de La Parada y los vendía luego de un artístico trabajo de embellecimiento. Una semana después sus compañeros buscaban a Arana para reclamarle que sus relojes se habían detenido para siempre. “Éramos muchachos y lo hacía como un juego para conseguir dinero”, me dijo Delfín sonriendo. Bracamonte recordaba que Arana los había convencido a él y a su amigo Carlos Reluz de viajar al Brasil, con la idea de que allá había grandes cosas por hacer, y que Arana se comprometió a enviarles plata y darles alcance. Después de unos meses, se convencieron de que el dinero y el inspirador de esa aventura no llegarían jamás.
No me cabe duda de que la naturaleza fabuladora de Castaneda se originó cuando era niño y se llamaba César Arana. Su hermana me dijo que César pasaba días enteros devorando revistas de aventuras recluido en su dormitorio. “Nos contaba historias fabulosas cuando salía de su cuarto”, recuerda Lucy. Fue por ello que en su colegio de Cajamarca se ganó el apelativo de “Fashturo”. Era el sobrenombre de un borrachín del pueblo cuyo único parentesco con Arana era el de fabricante de mentiras.
16. Una noche, una amiga telefoneó a Lucy para darle la noticia de la muerte de Castaneda. “Aún tenía esperanzas de verlo”, me dice ella, con esa ilusión apagada, recordando esa noche en que lloró. En San Francisco, su hijo se había enterado por televisión de la noticia sobre su tío. Recién llegado a los Estados Unidos, estaba adaptándose a vivir allí, y esta noticia acabó con sus planes de conocer algún día al hermano de su madre, de quien Lucy le había hablado como si fuera una fábula. Debe haber recordado esas tardes de domingo, cuando su madre aparecía con las cartas de su tío en la sobremesa familiar. “Si es que nunca nos volvemos a ver, recuerda siempre que ustedes son el principio y el fin de todos mis pensamientos”, le había escrito Castaneda en una carta.
17. Su abogada anunció la muerte a la prensa dos meses después de acaecida. Su cuerpo no tuvo funeral ni rito público. Fue incinerado horas después de fallecido y sus cenizas esparcidas, según su voluntad, en algún lugar de un desierto de México. Había muerto de cáncer antes que se publicara una nueva edición de The Teachings of Don Juan como celebración del trigésimo aniversario de su publicación original. Al menos, ésta es la versión oficial.
Su testamento, que decidía el destino de varios millones de dólares por los derechos de sus libros, fue modificado tres días antes de su muerte. Excluía de él a su hijo adoptivo, Carl Jeremy, y a la madre, Margaret Runyan. Para ellos Castaneda se había convertido en un prisionero de sus acompañantes de culto, tres mujeres que habrían controlado sus últimos días. El certificado de defunción le atribuía un insospechado oficio: “Docente en el distrito escolar de Beverly Hills”. Parecía una broma. Cuando la prensa investigó este asunto, encontró que no aparecía en las listas de profesores de ese distrito. No dudo de que fue la última performance de Castaneda. m
1925. Carlos César Arana Castañeda nace el 25 de diciembre, en la ciudad de Cajamarca, en la sierra norte del Perú.
1942. Finaliza tercero de secundaria en el colegio San Ramón de Cajamarca, el último año que estudiaría en su ciudad natal.
1943. Se traslada a Lima a terminar su educación secundaria. Llega a la casa de su tío Francisco Arana, en el pasaje Villacampa, del tradicional distrito del Rímac. Cursa el cuarto año de secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.
1944. Arana termina su educación secundaria en el Colegio Nacional Nuestra Señora de Guadalupe.
1945. Su madre, Susana Castañeda, es tratada por reumatismo cardiaco. Le prohíben regresar a Cajamarca, pues temen por su vida.
1947. Ingresa a estudiar dibujo y pintura en la Escuela Nacional de Bellas Artes en la ciudad de Lima. Su familia se traslada en junio a Lima, donde llega a residir en el pasaje Sebastián Barranca, en el distrito de La Victoria.
1949. Finaliza sus estudios de escultura con un aplazado que subsanó en abril del siguiente año.
1950. Muere en diciembre Susana Castañeda, víctima de la enfermedad que la postró los últimos años de su vida.
1951. Conoce a Gina Lu Corzo, con quien tendría una hija, Rosario Arana Lu. El 10 de septiembre César Arana Castañeda aborda en el puerto de El Callao el barco que lo llevaría a San Francisco.
1960. Obtiene la ciudadanía estadounidense y adopta el nombre de Carlos Castaneda. Se casa con Margaret Runyan. El matrimonio dura unos meses.
1961. Viaja a la frontera con México, donde dice haber conocido a Juan Matus, el brujo que lo guiaría en el camino del “conocimiento”. Es el inicio de sus investigaciones para su doctorado en antropología.
1968. La Universidad de California, por recomendación unánime de un consejo de seis expertos, publica The Teachings of Don Juan, libro que lo volvería una celebridad y un clásico de la contracultura gringa.
1970. Muere César Arana Burungaray, padre de César Arana Castañeda, ignorando que su hijo había cambiado de nombre y el éxito que estaba alcanzando su obra. La editorial Simon & Shuster busca comprar los derechos para reimprimir la tesis de Castaneda, que se ha vuelto un best seller.
1973. El 5 de marzo la revista Time entrevista a Castaneda, le dedica su portada y el tema central de su edición.
1981. Su ex esposa Margaret Runyan publica el libro A Travel Magic.
1994. Castaneda presenta en México, durante una conferencia, a las tres mujeres acompañantes de su culto.
1998. El 27 de abril Carlos Castaneda deja de existir como había vivido, en el más misterioso silencio. Su muerte es atribuida a un cáncer de hígado. Tenía 72 años de edad, había publicado nueve libros y ganado más de sesenta millones de dólares con sus publicaciones.

Fragmentos

(Articulo publicado en la sección cultural del periódico el Universal de México de fecha 29 de enero de 1996).
Uno de los Reporteros le pregunto que opinaba sobre el movimiento insurgente indígena que había surgido en Chiapas. Sobre su Líder.
El Nagual contesto, ¡Pucha, hasta ahora me entero! No sé, no tengo idea. Estoy perdido.
Así respondió Carlos Castaneda a una de las muchas preguntas que le lanzo un grupo de reporteros durante la primera conferencia de prensa formal que concede el Autor del Celebre libro “Las enseñanzas de Don Juan”.
Siempre sonriente, Castaneda entro en el pequeño salón donde lo esperaban los periodistas y dijo: “¿Qué es lo que querían preguntarme? ¡Suéltenme a los lobos!
–¿De que brujos heredo su conocimiento Don Juan?
–De brujos de los tiempos antiguos de México, de unos siete mil años antes de Cristo. La brujería de Don Juan que es la que aprendí, proviene de las tradiciones nómadas, de tribus que no habían accedido al estado agrícola cuando crearon ese sistema que tiene el sello del hombre pasajero, por eso el brujo no ruega, porque no entiende el sentido de la plegaria. Lo que hace el brujo es una petición muy fuerte, pero con elegancia, sin gritos ni aspavientos.

–¿Cómo definiría un brujo, a un hombre de conocimiento?
–Para llegar a donde llega un brujo se necesita disciplina. El pago del brujo no esta en la meta sino en el camino.
–¿Qué piensa de un indígena huichol que esta preso en Michoacán por llevar peyote para una ceremonia? En México hay seis mil indígenas presos.
–Me preocupan intensamente, pero no más de lo que me preocupa cualquier persona. Hace mucho escribí un libro que no llego a publicarse, sobre un indio yaqui, se llama “La fama de Nacho Coronado”. Ese indio era un grandioso artista que hacia mascaras, pero estaba enfermo de tuberculosis. Él esperaba un préstamo del banco para comprar Vitaminol, porque decía que así iba a curarse. Lo cierto, lo dramático, es que no quería curarse.
Los indios preocupan porque sufren, pero toda la humanidad sufre también o ¿a poco ustedes están mejor que ellos?. La compasión social es una de las muchas mascaras de la egolatría de la humanidad, el interés de “conciencia” por las guerras, los pobres, son placebos del pensamiento. Es el gran chupón de la Humanidad, pero de ese chupón no sale leche, es un entretenimiento social.
–¿Dónde nació Usted?
–Soy de Sudamérica, mi pueblo se llama Yuqueri y esta en Brasil. Allí pusieron un manicomio, así que la gente dice “estas Yuqueri”.
–Según usted, todos los seres humanos estamos presos de la razón, de la mente, la cual no nos pertenece, sino que es una instalación foránea.
–Todos los seres humano están involucrados en un estado de ser que nos consume sin llevarnos a nada. Somos prisioneros de nuestros pensamientos, de ideas preconcebidas que nos son implantadas externamente. Vivimos pendientes de idealizaciones ajenas. La brujería es el arte de interrumpir el flujo del pensamiento, es un sistema ajeno al sistema racional de interpretación que nos permite conocer el mundo. La brujería busca interrumpir ese sistema de interpretación. En el momento en que se interrumpe el flujo de nuestro pensamiento, el mundo conocido se derrumba.
–¿Por qué se opone al movimiento new age?
–El new age es una idiotez, es egomania. He conocido a muchos gurus, un año entero a visitar gurus y nunca encontré nadie parecido a don Juan matus, todo era una pura farsa. Yo no leo horóscopos ni hago limpias, lo mío no es new age, es old age (risas). No, no tengo nada de particular, no toco el cello. La brujería es otra cosa, es ser viejo y ser joven. Yo no me puedo permitir los lujos de la egomania, no tengo ego, don Juan me lo saco como sacar un clavo.

En una platica con Hispanoparlantes en los ángeles.
Crónica :
Antes, durante y después del seminario me toco convivir con otros practicantes.
Había uno, que durante las platicas que sosteníamos en los intermedios, mostraba una gran curiosidad y preocupación por los aspectos sociales de nuestros respectivos países.
Yo trataba de llevar la platica hacia el tema que estabamos estudiando en ese momento, pero siempre ese amigo desviaba la conversación hacia las dictaduras, el socialismo, bueno, También las vacas locas de Inglaterra se metieron en nuestra conversación. Juntos asistimos a esa platica con el Nagual.
Cuando acepto preguntas, el amigo le pregunto;
Que piensa usted del comunismo?

El Nagual contesto: El Comunismo es una babosada.

Lo poco que conocí al nagual, me hizo percibir a una persona que no andaba con rodeos o vagas explicaciones, era directo.
Cuando vi salir a mi amigo de la reunión, percibí su rostro enrojecido, seguro no le había gustado la respuesta del nagual.
Sin embargo, el nagual tenia razón.
Las idealizaciones de cualquier tema incluyendo por supuesto el político, no son sino pretextos e invenciones intelectuales para explotar al hombre.

Parrafraseando a Erich Fromm : “no necesitamos malgastar demasiado tiempo argumentando contra las pretensiones Totalitarias. En primer lugar, carecen de sinceridad porque solamente encubren el EGOISMO EXTREMO de una “elite” que desea conquistar y retener el poder sobre la mayoria de la poblacion. Su ideologia de “desinteres” tiene por objeto engañar a los que estan sujetos al control de la “elite” y facilitar su explotacion y manejo.” obra, Etica Y Psicoanalisis.

De: Cenzontle_Mx Enviado: 31/07/2005 22:05
Me parece muy curioso eso que creo que muchos interesados hemos sospechado, sobre la antigüedad de los conocimientos prehispánicos. Últimamente se ha descubierto que el hombre del paleolítico no era tan tontito y que incluso manejaba ciclos astrológicos (lunaciones)… con otro poco de invstigaciones, facimlente podríamos llegar a que el conocimiento Egipcio en principio se basaba en conocimientos del hombre paleolítico, su mayor novedad, por decirlo así, era la de reunir todo el conocimiento posible en una misma ciudad.

Si tomamos en cuenta la enorme trascendencia que tuvieron esos conocimientos sobre las civilizaciones posteriores, podemos comenzar a definir cómo es que el conocimiento nómada del paleolítico en lugares distintos a México se fue entremezclando con la importancia de poseerlo, con el nacimiento del Estado.

En México éste fenómeno no llegó a ocurrir tan vorazmente, aunque para eso iba el imperio mexica (y todavía el Estado Mexicano como que kiere ir hacia allá). En lugar de eso se establecían muchos señoríos que no pretendían tanto exterminar a los demás señoríos, si acaso solo explotarlos. Entonces en México la creación del Estado no se apoyó en el conocimiento lunar del paleolítico que nos quedaba y por lo tanto ese conocimiento pudo subsistir ‘sin pretensiones militaristas’ como en la cultura egipcia o en la romana.

De: The_dark_crow_v301 Enviado: 01/08/2005 2:37
Una de las reglas es no hablar sobre  cosas prehispanicas. Aunque en este caso tiene relacion  con el texto que postee.
El asunto  es que historicamente si  habia imperios como  en el  caso  del azteca con pretensiones militaristas. Por eso cuando  los españoles ofrecieron derrumbar el imperio  a cambio  de ayuda todos los demas grupos aceptaron porque era insoportable aguantar  varias de las estupideces de ese imperio que culturalmente estaba en degradacion en ese momento. El  hecho de que tuviera cultura y arte no  significaba que eran  propios sino  que los habia absorbido de los grupos reprimidos bajo  ellos. Un caso por ejemplo los  sinpeces (creo que algo  asi  se llamaban) que terminaron siendo  absorbidos por los demas.
Castaneda refiere a que los antiguos cayeron  por sus  errores y que no hay  cometer sus errores. parcialmente es cierto, en el  sentido  que fueron esos  brujos antiguos los que hicieron mal  uso  de un poder. Pero  no  se puede generalizar. En la danza del sol  por ejemplo, los espiritus o  los ancestros son los guias. Y es gracias a ellos como  se corrigen los errores.
Sobre el pasado hay cosas que no  se deben de repetir. Y en lo que se es un  recorrido  por un  camino rojo como  me lo  describieron. pero  que no  es lo mismo  que el camino  rojo  como  lo describe Orozco o un  amigo  como  el nagual  zen (sorry pero  no pienso  decir su nombre en publico jejej)

De: Cenzontle_Mx Enviado: 01/08/2005 3:50
Ahhh, gracias Crow, por recordarme esa norma del grupo.

Es solo que me sorprendió en las afirmaciones de Castañeda sobre el origen del nagualismo, como cosecha del paleolítico. Creo que tienes razón que en México si hubo conocimiento militarista, pero también es cierto que la enorme cantidad de culturas que habían por aquí no permitieron que ninguna de ellas nos bautizara como lunáticos expansionistas… jeje hasta la fecha somos un pueblo pacífista con todas nuestras luchas interiores.

De: The_dark_crow_v301 Enviado: 01/08/2005 6:25
Para eso mejor usa Nasdat, un acuerdo que hubo era manejar cosas actuales o que estuvieran relacionadas propiamente a lo de castaneda y nagualismo, y en cierto modo es algo que esta desligado de la tradicion o de asuntos prehispanicos. Asimismo el nagualismo “prehispanico” se presta para la ficcion prehispanica.
En nasdat es asunto diferente porque el chamanismo de un modo u otro necesita de la tradicion pero tambien necesita ir mas alla de lo que se realizo en otras epocas.

De: ThunderReceptor Enviado: 01/08/2005 21:58

a) No parece el castaneda real..
b) Sueltenme a los lobos… Estaba bien informado de l oque podia pasar. =)


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Por la ley y para siempre
For the Rule and forever
 

De: The_dark_crow_v301 Enviado: 02/08/2005 0:36
Busque material aparte de los libros de castaneda. Casi el 90% de lo que hay restante son cosas de la segunda epoca y de poco mas o menos rescatable fue esos fragmentos. De plano omiti otras partes pues giraban en torno a chentegridad y manoseos magicos. (broma)
No mas me queda postear un par de cosas como libros pero mas com breviarios culturales propiamente.

Por cierto donde posteo lo de chamanismo siberiano????

De: ThunderReceptor Enviado: 03/08/2005 6:32

Te sugiero que lo mandes aqui y a ojos_abiertos. Si no te molesta, luego subo el material a chamanismo.net

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De: The_dark_crow_v301 Enviado: 03/08/2005 7:22
No problem.
Me estaba atorando estos dias el contestarle a los vitaminicos pero ya con el ultimo correo supongo que se van a dar tiros solos y voy a tener tiempo de terminar varias cosas.
Tambien creo que se va a extender lo de los temazcales con las preguntas de Alesthat
=?
Ni modo yo pregunte, jeje.

De: ThunderReceptor Enviado: 04/08/2005 5:11

Lo curioso son las reapariciones de los ultimos dias, no ? Sin comentarios…

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Por la ley y para siempre

Entrevista sobre chamanismo

Muy intensa y productiva resultó la visita de Josep María Fericgla –Txema– a Bogotá en agosto del 2003. En la semana que permaneció entre nosotros, el antropólogo catalán compareció en TV respondiendo una entrevista de la psicóloga Liliana Montaña, dictó una conferencia sobre “La utilización terapéutica de los Estados Modificados de Conciencia” en la Universidad Santo Tomás, realizó una edición más de su taller catártico “Integración Vivencial de la Propia Muerte”, respondió la presente entrevista para la revista Visión Chamánica, y aún tuvo tiempo para las visitas turísticas de rigor y para atender invitaciones de sus amigos en esta ciudad.

El evento central de su visita fue la realización, por segunda vez en Bogotá, de su taller catártico, al que acudieron 18 personas, con un promedio de edad de 39 años, entre las que predominaban profesionales de la psicología. El taller, que Fericgla realiza hace ya 7 años, tiene las características de los antiguos rituales iniciáticos, aunque en un marco actual, laico y sin exotismos, en el que se rebasan los objetivos puramente terapéuticos de la catarsis y en el que las personas pueden obtener la apertura de una dimensión de conocimiento personal profundo.

Dicho objetivo se obtiene a través de una técnica de respiraciones holorénicas –término acuñado por Fericgla–, así como de manipulaciones corporales sobre los participantes, que producen la descarga emocional catártica. Se llega a este momento culminante luego de un intenso trabajo de preparación física y de la creación de una atmósfera y de un estado de ánimo propicios para entrar en esta experiencia que puede ser muy reveladora para cada participante, y en las que juegan papel decisivo el liderazgo y carisma de Txema. Él insiste en que el mayor provecho que se puede obtener es el de reconocerse y aceptarse, sin fantasías ni muletas de ningún tipo, para de acuerdo con eso asumir la tarea permanente –para toda la vida– de autoconstruirse, de crecer y recrearse al ritmo cambiante de la vida, sin autocomplacencias ni autocompasiones.

La experiencia acumulada por Fericgla en este tipo de talleres , a los que denomina Experiencias Activadoras de Estructuras, es descrita y analizada en su más reciente libro Epopteya, avanzar sin olvidar, un texto útil no solo –aunque principalmente– para quienes han pasado por la experiencia del taller IVPM, sino para quienes trabajan este tipo de experiencias como recurso terapéutico. Tuvimos Epopteya, como llamaban en la Grecia antigua la visión trascendente y transformadora de sí mismo, de quienes accedían a los ritos mistéricos de los templos de Eleusis y de Delfos. Un nuevo grupo de epoptes –iniciados que han abierto la puerta de su crecimiento personal– colombianos transitan la senda de su autoconstrucción.

Conociendo a Fericgla por los resultados de sus investigaciones, por sus artículos y sus libros, –como que ha sido colaborador de las tres ediciones físicas de la Visión Chamánica–, así como por la organización de dos ediciones de su taller iniciático, desde hace tiempo teníamos la aspiración de entrevistarlo, para preguntarle sobre esos dos grandes componentes de su producción científica: la investigación del chamanismo y la práctica psicoterapéutica, y claro, la correlación entre estos dos temas. Hemos adicionado un par de preguntas sobre su apreciación de nuestro país: esta Colombia que ni sus propios hijos acabamos de comprender.

Ricardo Díaz: De acuerdo con tu trayectoria en investigación del chamanismo ¿Por qué puede ser importante hoy en día estudiar este fenómeno?

Josep Fericgla: Primero que todo, no hay un chamanismo sino chamanismos, y en un amplio plural. La idea de una forma única de chamanismo, con unos atributos propios del individuo chamán, fue una simplificación que elaboró Mircea Eliade. En su época, primera mitad del siglo XX, era tendencia de los grandes estudiosos, unificar los distintos fenómenos de cualquier ámbito de la realidad para poderlos estudiar y sacar leyes generales. Después se ha visto que la realidad es mucho más compleja que esto.

No hay un chamanismo sino multitud de chamanismos, y es tan diversa la forma que adquieren que podemos encontrar chamanes en todo el sur de la India, chamanes indígenas norteamericanos, o chamanes africanos expertos en trances de posesión. Probablemente ni entre ellos se reconocerían como formando parte de esta única categoría que los occidentales, etiquetamos de chamanismo.

De otra parte, hasta donde la antropología, la etnohistoria, la arqueología y la etnobotánica han puesto de relieve, probablemente los chamanismos fueron las formas más arcaicas que elaboró el ser humano para enfrentarse a los grandes interrogantes de nuestra propia existencia: de dónde venimos, hacia dónde vamos, el sentido del dolor, la muerte, la trascendencia, el origen del orden social. Todas esas cuestiones universales e inherentes a la existencia humana recibieron su primera respuesta de los chamanismos.

De ahí que en esta época nuestra, caracterizada por el derrumbe absoluto de la dimensión espiritual y existencial del ser humano occidental, que se dio a comienzos del siglo XX y que se disparó con la Primera Guerra Mundial, estamos buscando desesperadamente en todas las fuentes posibles –algunas tradicionales, otras novedosas– alguna pista que nos permita reencontrarnos con nuestra espiritualidad. Y no lo digo en un sentido eclesiástico, ni teísta. Espiritual en el sentido laico, de la dimensión trascendente del ser humano, en la dimensión de la alteridad –el anhelo de todo ser humano de poder salir de la propia cárcel de los sentidos, del cuerpo, incluso de la cronología propia de una vida humana–.

También en el momento actual los occidentales estamos muy necesitados de ideas para la unificación de los distintos conocimientos prácticos dentro de una cosmovisión, para que las tecnologías no tengan el fin en sí mismas sino encuadradas en su utilidad al ser humano.

De allí la importancia que tiene estudiar los chamanismos, lo mismo que investigar todos los movimientos místicos que han existido o las religiones mistéricas que todavía existen en India, en el próximo y lejano Oriente. De la misma forma que están resurgiendo los estudios sobre los chamanismos, están resurgiendo los estudios sobre tantrismo, sobre sufismo, sobre las distintas escuelas y tradiciones místicas que han existido a lo largo de la historia y que han dejado algún tipo de rastro. En mi opinión, ésta es la justificación de investigar actualmente los chamanismos.

RD:¿Es inevitable que quienes estudian el chamanismo terminen haciendo chamanismo? Por ejemplo, los casos de Michael Harner o de Castaneda –el más conocido–. ¿Sientes que se desarrolle una propensión a “ejercer” en las personas que lo estudian, que terminen haciendo chamanismo?

JF: Obviamente no es inevitable que alguien que ejerza como investigador científico del ámbito del chamanismo acabe practicando algún tipo de neochamanismo, o de pseudochamanismo o de chamanismo alternativo, no se bien como llamarlo. Por supuesto que las personas que se orientan a ésta investigación es porque tienen alguna predisposición individual hacia esto: hacia la espiritualidad, hacia la investigación de los límites cognitivos, existenciales y culturales del ser humano.

Hay muchos más investigadores que centran su labor científica en el ámbito del chamanismo además de Michael Harner o Castaneda. Incluso Harner es un antropólogo bastante desprestigiado como científico, y no porque se haya dedicado a crear su escuela de neochamanismo, que desde mi punto de vista es algo banal, sino por sus defectuosos estudios de antropología, desde el punto de vista del rigor metodológico. El libro que lo hizo más famoso, El pueblo de las cascadas sagradas, un estudio sobre el pueblo shuar –justamente un grupo étnico sobre el que estoy investigando hace una década–, es una descripción bastante superficial, incluso con datos etnográficos cuestionables.

Respecto a Castaneda no hace falta ni comentarlo. Ya se sabe que es ‘mentira’ prácticamente todo lo que cuenta. A Castaneda siempre lo he considerado un gran literato, muy sugerente, y esto tiene un gran valor. Una obra que sea sugerente puede aportar tanto a la humanidad como un gran ensayo científico. Don Quijote de la Mancha es una novela, pero habla con una sutilidad del espíritu humano que ya la quisieran muchos libros de sicología contemporánea. Castaneda es algo así para mí. Incluso, la parte más densa o sugerente de sus presuntas entrevistas o correrías con el indio don Juan, ha sido inspirada, en mi entender, en obras sufis y en las obras del Cuarto Camino, de Gurdjieff y sus seguidores. Uno estudia el sufismo y la obra de Gurdjieff y luego lee a Castaneda y se da cuenta de que es un abaratamiento, un cambio de escenografía o de bambalinas de la acción, pero que el tipo de consejos profundos, de observaciones sobre el espíritu humano son casi los mismos. No soy especialista en Castaneda pero, para mi, son novelas muy sugerentes, con algunas afirmaciones sobre aspectos espirituales, sicológicos y existenciales del ser humano muy válidas, y de ahí el éxito que ha tenido con casi cuatro décadas de best seller. En este sentido, si hubiese sido una obra rigurosamente científica, ni de lejos hubiera tenido el éxito popular que ha tenido porque las obras científicas, así sean de temas amenos como pueden ser temas sicológicos o antropológicos, generalmente están muy lejos de la comprensión de la masa promedio de lectores. Se usa una terminología específica, los argumentos tanto en defensa como en contra de cualquier hipótesis tienen que ser desgranados meticulosamente, etcétera y ese tipo de literatura casi siempre es buscada sólo por especialistas en estos temas.
Hay muchos mas investigadores de chamanismo, por ejemplo Hultkrantz, Míhaly Hoppal, Piers Vitebsky, grandes investigadores contemporáneos del tema que, hasta donde yo se, ninguno de ellos actúa como neochamán. Otra cuestión, como antes he comentado, es que haya una predisposición personal para estudiar estos temas. Es más que razonable que alguien que tenga una expectativa individual, de desarrollo espiritual o psicológico, aproveche cosas que está investigando también objetivamente, cual sería mi caso por ejemplo. Pero no hay que mezclar las cosas.

RD: Como has mencionado, el derrumbe de la espiritualidad en Occidente ha abierto espacio a todo tipo de búsquedas. Hay auge en la investigación y en las búsquedas Al lado de los resultados de estudios rigurosos se presentan también reciclamientos de tendencias chamánicas que devienen neochamanismos. ¿Cómo se ve desde la academia en Europa todo este auge de investigación y reciclamiento del fenómeno chamánico?

JF: Lo más ortodoxo de la academia científica en Europa no está nada interesada en temas de chamanismo. Incluso hay profesores universitarios que niegan en sus clases la existencia del chamanismo y la actividad del chamán. Lo sitúan como un juego simbólico que ocurría en sociedades primitivas, como espacio para pactar roles sociales de distintos actores de éstas comunidades chamánicas, no como un fenómeno con un contenido intrínseco.
Esta postura que niega la existencia del chamanismo argumenta su diversa e inasible manifestación, y no hay que despreciar tales argumentos. Afirman que, por un lado, son brujos que hablan de espíritus malignos, por otro pueden ser especialistas en estados modificados de conciencia, por otro lado son curanderos que saben mucho de plantas medicinales, por otro son meros charlatanes que pretenden tener visiones oraculares sobre el futuro de la comunidad. No hay que despreciar estas posturas que afirman que no existe el fenómeno chamánico como tal, aunque, en mi opinión, están completamente equivocados. ¿Cómo que no existe? hay que demostrar que existe para poder rebatir su actitud.

Pero también están investigadores notables como Piers Vitebsky, por ejemplo, uno de los grandes investigadores contemporáneos sobre el chamanismo, quien es profesor en una universidad inglesa y ha estado años investigando chamanismo hindú y siberiano. Para él es un fenómeno con un contenido propio en el que se puede distinguir una psicología, un lenguaje, unas relaciones sociales, unos mecanismos de transmisión del conocimiento chamánico y todo lo demás. Esos elementos ponen de relieve que es un ámbito propio del ser humano, y que merece una investigación específica por parte de especialistas.

Respecto de la investigación están los dos extremos, aunque predomina un cierto desprecio y una actitud de ignorar a estos neochamanismos difundidos sobre todo en Norte y Sudamérica. Todo esto se ve desde Europa como una moda de individuos con problemas personales, que andan buscando como refrendar su falta de límites existenciales: límites personales, emocionales, sicológicos, sociales, que con esta moda del chamanismo han encontrado un filón que les mal justifique su consumo de sustancias psicoactivas y pensar de forma ‘débil’, con pensamiento blando, para mantener supersticiones personales sobre formas mágicas de curación.
Pienso que, aunque no del todo, en parte esto es verdad. Este ámbito que se ha puesto de moda parece que justifica contradicciones y formas de pensar y de actuar que serían propias de individuos poco responsables, poco maduros, con mucha fantasía en su concepto de la realidad. Pienso, por ejemplo, en los seminarios de Michael Harner, algo vago y completamente lleno de fantasía, que exige una gran predisposición y blandura de pensamiento en los individuos que asisten, quienes creen que tocando el tambor un ratito entran en estados trascendentes del alma, y que son capaces de visualizar animales o energías de animales que llevan dentro suyo. Entre esto y poner un cirio a la Virgen del Carmen, esperando que así el hijo encuentre trabajo no hay diferencia o la hay solo de forma.

Y ese tipo de neochamanismos hacen un mal favor a la investigación dura, a la investigación científica porque implica, por lo menos en Europa, que cuando se habla de una investigación sobre algún tema que incluya la palabra chamanismo o derivados, automáticamente se apartan las subvenciones para investigarlo, porque se consideran temas de moda poco rigurosos desde el punto de vista de objeto de estudio científico.

Es más, en EE UU ya hace dos décadas que existe un gran negocio que es el turismo chamánico, el turismo enteogénico. Hay agencias de viajes que organizan tours pagando una buena cantidad de dólares, por dos o tres semanas en la selva amazónica, con pretendidos chamanes que son en su mayoría meros charlatanes que han visto el buen negocio del turismo, y han aprendido cómo tienen que vestirse y qué rol adoptar para sacar los dólares a estos ingenuos norteamericanos que pretenden encontrar sentido a su vida llegando a la selva amazónica, tomando un par de veces yagé y escuchando los consejos de algún pobre fantasioso o algún buen negociante indígena que ha entendido el juego para sacarles dólares. Por supuesto que para un científico todo esto es supremamente dudoso.

También ahora en Europa comienza a extenderse éste fenómeno chamánico. Cada vez hay más agencias que ofrecen viajes turísticos a tomar yagé u otros enteógenos, a hacerse curas con chamanes latinoamericanos. Es interesante observar como estas modas siguen las demás corrientes de moda que hay en el mundo porque, en Europa, geográficamente están mucho más cerca los curanderos africanos que los chamanes americanos. A sólo mil kilómetros de Madrid se pueden encontrar curanderos árabes, de Marruecos, Argelia o Túnez, y si vas un poco más abajo pues está Mauritania, y un poquito más abajo está Senegal o Kenia, cunas de curanderos especialistas en posesión, los famosos brujos yoruba. Pero como África no está de moda a nadie se le ocurre ofrecer viajes de turismo chamánico para ir a África. En cambio Latinoamérica sí está de moda, por lo que los viajes de aventura chamánica se venden para ir a la Amazonía. Con lo cual, mal favor están haciendo estas modas. Bueno, tal vez sí hagan el favor a personas que espiritual o existencialmente están perdidas, pues tienen una posibilidad de encontrar individuos como ellos para compartir un tipo de intereses personales.

RD: Distinguiendo el chamanismo sobreviviente de la charlatanería turística, creo que sí hay una medicina tradicional indígena, chamanes indígenas auténticos, que incluso ahora han sido vistos de una manera nueva por la OMS, que impulsa su reconocimiento e iniciativas de complementación con la medicina occidental. Aquí en Colombia, por ejemplo, en los rituales con yagé de los chamanes indígenas participan muchos colonos blancos y mestizos, o sea, para ellos también es una alternativa de medicina ante la baja cobertura de la medicina occidental.

JF: Lo cual no significa que siempre sea eficaz desde el punto de vista médico. Hay tantos enfermos dentro de la selva como fuera de ella. Los chamanismos actúan básicamente a través del contexto, no a través del texto individual –digamos del contenido de su trastorno, del carácter que sea. Para un chamán da igual lo que el individuo le explique sobre una llaga en una pierna, o que pierda el sentido y se desmaye. Para el chamán, sea un místico tibetano o un curandero indio, un tántrico o un lama budista experto en curaciones, la causa primera del trastorno está en la relación del individuo con su contexto. O sea, el individuo ha roto algún tabú o ha irrespetado alguna norma divina y su acción la dirigen siempre a que el individuo repare sus faltas con la divinidad, o que repare los tabúes que ha roto, y muy pocas veces contemplan al individuo como tal, en el sentido que lo hacemos nosotros los occidentales.

Partiendo de esto, que es como una premisa básica de casi todos los chamanismos, lo que se infiere es que alguien que no participe en éste contexto cultural, mal puede ser curado por el chamán. También se sabe que la propia fe, o la creencia del individuo en un tratamiento que está recibiendo, es buena parte del efecto curativo A partir de estudios clínicos sobre el efecto placebo, se sabe cada vez más que la expectativa de curación del paciente representa la mitad o más del éxito terapéutico. Hace poco revisé un trabajo de la Universidad de Harvard sobre el peso de la expectativa en el resultado de unos medicamentos para regular la hipertensión en ancianos. Se observó que tanto se curaban los que tomaban el medicamento como los que tomaban el placebo, con uno o dos puntos de diferencia. Y el medicamento se expende en el mercado. No es que sea una estafa, sino que una expectativa subjetiva positiva es altamente saludable, algo que se sabe de siempre. Es lo que Levy Strauss denominó ‘la eficacia de lo simbólico’. Si una persona va a un chamán o un curandero creyendo que éste hombre es quien le va a curar, hay mucho a favor para que el curandero cure al paciente, haga lo que haga. Pero si el individuo no está socializado en éste contexto simbóli-co y cultural, seriamente hablando, poco le va a afectar. Por ejemplo, entre los shuar ecuatorianos, si uno no está socializado en su cultura de poco le va a servir lo que diga el chamán, por que hablan en su clave cultural, en su idioma, usando sus metáforas y sus símbolos, que entre ellos todos entienden.
Muchos chamanes tienen un entrenamiento intuitivo especial, pueden incluso percibir lo que pasa en una persona que no sea tan sólo de su contexto cultural. Pero esto está un poco más allá de lo que es el núcleo de los chamanismos como forma de sanación. Otro tema es el consumo de yagé. En sí mismo no es terapéutico aunque está muy cerca. En cambio es altamente curativo dentro de un mínimo contexto adecuado.

RD: ¿Tu crees que de algún modo puede ser posible una relación entre médicos formados en la ciencia occidental, y estos médicos indígenas tradicionales, en pro de una especie de complementación de medicinas?

JF: Sí, en poblaciones indígenas por supuesto. Entre los shuar, por ejemplo, hay una discriminación clarísima, incluso se discrimina entre las enfermedades que los shuar llaman ‘de Dios’, son las enfermedades que han traído los blancos, y sus propias enfermedades tradicionales. Cuando un shuar se siente enfermo, en cualquier sentido que podamos entender que es distinto de nuestro sentido de la enfermedad, va a lo que tienen más cerca: al brujo, al chamán o al médico alópata occidental. Y los médicos que tratan a los indígenas, por lo menos en esta zona fronteriza del Ecuador, se lo dicen: ‘No, esta es una enfermedad vuestra, ve tu al chamán de tu comunidad a que te cure’. Y lo mismo hacen los chamanes, cuando se dan cuenta que son enfermedades que ellos no van a poder tratar: ‘A no, esto que te lo trate un médico de los blancos, que es una enfermedad de Dios’. Los misioneros se encargaron de que las enfermedades epidemiológicas transmitidas por los blancos a los indígenas las entendieran como enfermedades que les había mandado Dios. La manipulación del dolor y la enfermedad es algo muy significativo en el proceso de evangelización.

Entonces no hay contradicción, las enfermedades de carácter mas psicosomático, de carácter más existencial las curan los chamanes. Las enfermedades de carácter vírico o bacteriológico las curan los médicos occidentales. Para esas poblaciones sería fantástica la complementación de los dos sistemas médicos. Las propias poblaciones de las que estamos hablando están a caballo entre dos culturas, los indígenas de vez en cuando miran televisión, montan en carro, necesitan de dinero para poderse mover cuando salen de sus comunidades selváticas. Es razonable que necesiten de los dos sistemas para mantener este complicado equilibrio que llamamos salud.

RD: Esta es una pregunta muy desde mi óptica personal, y desde el trabajo que yo hago y de la manera como lo hago: ¿Tu crees que es posible resignificar la terminología sobre el chamanismo y sobre las prácticas chamánicas, para impulsar movimientos culturales alternativos actuales inspirados en los chamanismos históricos que no sean neochamanismos comerciales?

JF: Los occidentales hemos hinchado con nuestras fantasías la imagen de los chamanes. Si no hubiera habido todo un movimiento ecologista mundial previo no habría interés en los chamanes, ya que ellos fueron reconocidos como figuras ecologistas, que mantienen el equilibrio en la comunidad.

Para mí, lo más importante de los chamanismos es el dominio de diversos estados modificados de consciencia, estados que los occidentales debemos recuperar con suma urgencia porque dan profundidad a la existencia humana. A través de ello, el individuo puede encontrar su lugar en este mundo y ocuparlo. Pero hemos de recuperarlos a nuestra manera, como mecanismo de ampliación de la consciencia, por ejemplo, con estos talleres catárticos en los que usamos la respiración holorénica o de otra manera. En la resignificación que tu apuntas del chamanismo, me parece importante que se centre en el contexto y no en el texto de las enfermedades, en el tipo de relaciones que ha tenido el individuo con su familia y sus congéneres, con la naturaleza o con los espíritus que habitan la naturaleza de acuerdo con su cosmovisión.

En Occidente hemos sufrido un proceso creciente de especialización en todos los campos, necesitamos como el aire que respiramos algún aporte a nuestra cosmovisión que nos permita de nuevo situarnos en un contexto amplio para recrear nuestra identidad, no a partir de mis valores y elementos individuales, porque esto tiene poco sentido, sino para unirlas en un contexto humano con una ecología natural, aunque sea una ecología urbana.

Esta idea de que todo está interrelacionado en la naturaleza es propia de los chamanismos. Que una enfermedad o un trastorno, sea climático o sea somático, tiene que ver con toda esta red que enlaza cualquier elemento del cosmos, es algo que debemos recuperar. La ciencia lo está recuperando. De hecho la teoría general de sistemas, que ahora es uno de los marcos teóricos que más se están utilizando en el ámbito de la ciencia, es una vanguardia de pensamiento que pone de relieve que todo está interrelacionado, no se puede pensar un fenómeno aislado del contexto que lo genera y lo sostiene.

Hace falta que esa idea vaya derivando desde el pensamiento científico de vanguardia a niveles más populares del pensamiento. Eso es algo que, como tu dices, podemos resignificar del chamanismo si lo entendemos como una red interconectada de dinámicas, de procesos y de factores que afectan cualquier individuo que acuse un trastorno. También la psicología va siendo cada vez más sistémica y ya se reconoce que el enfermo con un trastorno mental sólo es la punta del iceberg de toda una red anómala que es su propia familia y talvez su propia comunidad. Esto si es algo que podemos aprender del chamanismo.

RD: Algo más sobre esa inspiración en el chamanismo ¿Qué hechos o qué objetos de estudio específico justifican en este momento hablar de etnopsicología? ¿Cuál es el grupo de hechos, de fenómenos que permiten verificar un objeto de estudio específico, al que le aplicamos la palabra etnopsicología?

JF: Hay varios factores que fundamentan la existencia de una etnopsicología. El primero de ellos es el proceso de mundialización que se está dando. Uno encuentra en las ciudades europeas individuos de todos los rincones del mundo, herederos de tradiciones culturales distintas, con cosmovisiones distintas, con ideas diversas de lo que es la salud, la psique, la enfermedad.
En segundo lugar, porque las psicologías actualmente han llegado a sus límites. Desde Freud que fue el padre fundador de la moderna psicología, hasta las tendencias más recientes, casi siempre entienden al individuo como tal, dejando completamente de lado la dimensión cultural del ser humano, pero es una dimensión fundamental. No existe ni puede existir un ser humano puro, que no se haya socializado en una cultura u otra. De ahí que toda la psicología experimental de los años setenta que se dedicó al estudio de la inteligencia como tal o de las emociones como tales fracasó, porque no se manifiestan estas capacidades sino dentro de un proceso cultural. No se puede calcular por igual la inteligencia de un navajo en Norteamérica, de un bereber marroquí o la de un catalán europeo porque provienen de distintos los marcos culturales que dan inteligencias distintas y sus formas de aplicación, que es como se puede observar la inteligencia.

No hace demasiado, en varios estudios sobre porqué unos psicoterapeutas son más eficaces que otros, utilizando las mismas técnicas disciplinarias, se llegó a la conclusión de que es casi indiferente que el psicoterapeuta sea gestáltico, psicoanalítico, sistémico o conductista. Lo que realmente hace que un psicoterapeuta sea más eficaz que otro es la empatía que se genera entre él y el paciente, con lo cual la técnica usada es secundaria.

A partir de estas observaciones y a partir del acceso que tenemos ya a mucha literatura especializada sobre pueblos no occidentales, está mas que justificado el intento de hacer una etnopsicología, que es el intento de estudiar la realidad psíquica del ser humano en relación a la forma cultural en que se ha desarrollado, y cómo esto condiciona que se produzcan determinados trastornos y no otros.

Yo diría que la etnopsicología permite elevar el punto de vista más allá de lo que es el individuo como tal, considerando cómo la cultura construye al individuo, cómo lo condiciona, pero sin obviar al individuo. Talvez permita recuperar recursos terapéuticos de otras sociedades e incorporarlos al avance de las técnicas terapéuticas de la psicología occidental contemporánea…. y viceversa.

RD: ¿Se puede considerar que tu trabajo psicoterapéutico y tus propuestas de talleres son en cierta forma derivados o inspirados de tus conocimientos e investigación del chamanismo?

JF: Si, pero no solo han salido de este ámbito. Mi trabajo con el inconsciente está bastante inspiración en ideas chamánicas diversas después de la traducción cultural correspondiente. También surge de mis investigaciones sobre la necesidad que tenemos en Occidente de construir nuevos rituales iniciáticos, que permitan al individuo ubicarse en el mundo desde su propio desarrollo humano. Asimismo me apoyo en aportaciones de la psicología contemporánea de corte junguiano y de aportaciones de la musicoterapia. Yo mismo he hecho aportaciones a la musicoterapia.

Pero vuelvo a lo mismo: no se puede hablar del chamanismo, hay chamanismos. Entre los pueblos indígenas que habitaron la costa de Alaska, en lo que hoy es Canadá, los chamanes para nada buscaban estados modificados de conciencia ni sustancias psicoactivas. Para ellos el elemento evocador principal era el silencio. Los chamanes marchaban días enteros por los bosques, haciendo ayunos, en busca de inspiración en el silencio y rechazaban cualquier tendencia o técnica que indicara el uso de sustancias psicoactivas. Cosa contraria con el chamanismo amazónico, donde los chamanes son expertísimos en el uso de esas sustancias.

Por eso, hablar de incorporaciones del chamanismo es siempre relativo aunque real. Mi deuda con ellos es obvia y nunca la escondo. Me gusta respetar a mis padres intelectuales. En mis talleres, por ejemplo, no hay nada de silencio, con lo cual, si se compara con esta tradición chamánica canadiense, pues nada que ver, pero si lo comparamos con los chamanismos griegos arcaicos pues sí tiene que ver, porque allí se desarrollaron una serie de técnicas para lograr la catarsis de las que yo he adaptado algunos elementos.

RD: Dijiste en el taller que acaba de pasar que nadie cambia, que sólo hay que aceptarse ¿esto no significa ya un cambio, el aceptarse?

JF: ¡Claro! Es un cambio pero en un sentido muy distinto del que buscan la mayor parte de psicólogos, psicoterapeutas, gurús, maestros espirituales y personas insatisfechas con su propia vida. La mayoría de ellos buscan cambiar. Cuando uno quiere cambiar algo de sí mismo ya está negando justo esa parte que quiere cambiar, o la está menospreciando. Por tanto, ya hay una imposibilidad de trasformación porque uno está negando aquello que le molesta en su vida, y entonces casi siempre lo relega a esa parte que Jung llamaba ‘la sombra’, a esta parte del inconsciente donde cada uno va almacenando aquello que no quiere o no puede aceptar en sí mismo.

Casi todos los hombres anhelan ser distintos de su papá, y todas las mujeres distintas de su mamá, provocando una guerra generacional que parece ser universal en el ser humano. Y todos queremos ser distintos, pero sabemos que los hombres llevamos a nuestro padre dentro de nosotros, y las mujeres su mamá. Lo del cambio es una fantasía. En realidad nunca se cambia ni hay nada a cambiar: un niño de siete, ocho años y aun antes ya lleva una estructura de la personalidad.

Preludio a don Juan: Los Primeros años de Castaneda

Preludio a don Juan: Los Primeros años de Castaneda
por Corey Donovan
traducción por Luis Mateos

Castaneda con “la primera estudiante de don Juan”, Joanie Barker, en una boda en 1962 (haga click en la imagen para verla en tamaño real)

Diciembre 25, 1925- Nace Castaneda en Cajamarca, Perú; Hijo de César Aranha Burungaray, relojero y joyero, y Susana Castañeda Novoa.

Mediados de 1940 – Castaneda asiste a la Escuela Pública 91 y a la Secundaria San Ramón por tres años en Cajamarca, pero no se gradúa. (de Mille, The Don Juan Papers: Further Castaneda Controversies, 1990 ed., p. 362.)

1948 – La familia Aranha se muda a Lima, Perú. Castaneda se gradúa del Colegio Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe en Lima, y después se incorpora a Bellas Artes, la escuela nacional de arte en Perú (de Mille p. 362) [José Bracamonte, amigo y compañero de Castaneda en la escuela de arte, recuerda a su amigo Castaneda como “vivaz, imaginativo, gracioso -un gran mentiroso y un amigo real.” (Revista Time Marzo 5, 1973 Artículo de portada, p.44.)]

1949 – La familia Aranha vive en un departamento del tercer piso en el Distrito El Porvenir, a las afueras de Lima. (de Mille, p. 362.)

1950 – Muere Susana Castaneda de Aranha. Castaneda se ruhusa a asistir al funeral, se encierra en su cuarto por tres días sin comer, y al salir anuncia su retiro de la casa. (de Mille, p. 362.)

1950 – Castaneda renta un departamento con dos de sus compañeros estudiantes de arte. Otro de sus compañeros, Victor Delfín, describiría más tarde a Castaneda al periodista César Levasno de la siguiente manera: “Es el tipo más fabuloso para mentir. Un sujeto muy capaz, agradable y sumamente misterioso. Un seductor de primera línea. Recuerdo que las muchachas solían pasar la mañana esperándolo en las Bellas Artes. ” (de Mille, pp. 362-364.) Su amigo Bracamonte lo describe como “siempre pensando historias irreales -de cosas tremendas y hermosas…Siempre hablando acerca de Cajamarca, sin embargo nunca menciona a sus padres.” (Id. P. 364.)

1951 – Castaneda conoce a Dolores, una joven de origen chino-peruano. Le propone matrimonio y queda embarazada. Ella le cuenta de su embarazo un mes antes que él deje el país. El continúa correspondiéndole cartas hasta 1955 (de Mille, p. 383.)

Septiembre 10, 1951 – Castaneda se embarca desde Callao, Perú, abordo del S.S. Yavari, una pequeña embarcación que lleva a otros 16 ciudadanos peruanos con rumbo a San Francisco (manifiesto del S.S. Yavari, fechado 23 de septiembre de 1951). [Castaneda no avisa a su familia que se va, aunque más tarde le escribe a su prima Lucía, describiendo una carrera militar imaginaria que sugiere heridas físicas o mentales. También le escribiría un par de cartas a su padre, incluyendo una en la que dice, “Me voy en una jornada muy larga. No les sorprenda si no saben más de mí.” (de Mille p. 364-5.)]

Marzo 1952 – Castaneda conoce a Iván Culver, un artista comercial de Riviera, California, con quien quizá tuvo alguna relación laboral. (de acuerdo con archivos de migración)

1952-1955 – Castaneda vive en el sur de California, sin trabajo fijo, mejorando su inglés y tratando de ahorrar lo suficiente para asistir a la Universidad. (Margaret Runyan Castaneda, A Magical Journey with Carlos Castaneda, Millenia Press 1996, p. 42-3.)

Verano de 1955 – Castaneda se inscribe en la Universidad de la Comunidad de Los Angeles (Vermont, al sur de Hollywood Blvd.) como Carlos Castaneda. (En sus dos primeros años ahí, estudia periodismo, ciencias, literatura, y dos cursos en escritura creativa con Vernon King) (A Magical Journey p. 36; y Revista Time, Artículo de la portada, Marzo 5, 1973 )

Diciembre 1955 – Lydette Maduro, amiga costarricense de Castaneda, lo lleva al departamento de Margaret Runyan, la que se medirá dos vestidos que la madre de Lydette ha confeccionado para ella. Margaret y Castaneda se encuentran nuevamente un par de días después cuando Margaret acude a Maduro a recoger las prendas, ya terminadas, y lleva un libro para Castaneda, por si se encontrase ahí. (A Magical Journey pp. 32-3.)

1956 – Castaneda vive en un departamento ligeramente amueblado en la calle Madison en Hollywood.

Junio 2, 1956 – Castaneda llama a Margaret Runyan por primera vez, para ver si puede visitarla para mostrarle algunas de sus pinturas. (A Magical Journey p. 35; Runyan, “Mi Esposo Carlos Castaneda,” revista Fate, Febrero, 1975: Historias Verdaderas de lo Extraño y Desconocido)

Otoño 1956 – Castaneda y Margaret Runyan se compaginan muy bien; algunas noches en el departamento de Castaneda, otras en el que ella comparte con su tía (A Magical Journey p. 56.) Castaneda se encuentra inventando su nueva “historia personal”, diciéndole a Margaret que nació en Italia, la navidad de 1931, hijo de una muchacha de 16 años que terminaba su educación en Suiza y de un profesor que se encontraba en un viaje “alrededor del mundo” cuando la conoció. También dijo que la hermana de su madre visitó Italia tan pronto él había nacido, para llevárselo a vivir a la finca de la familia cerca de Sao Paulo, Brazil, donde supuestamente asisitió a varias escuelas hasta que creció lo suficiente para asistir a la Escuela de Artes en Italia. También mencionó haber entrado a Estados Unidos por Nueva York, así como haber cursado en la Escuela de Artes de Montreal y de Nueva York. (A Magical Journey pp. 40-1.) También asegura haber servido a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en España, donde dijo haber viajado con una banda de gitanos, casándose con una de sus muchachas. (Artículo de Runyan en Fate.)

Principios de 1957 – Castaneda inventa una nueva novia, “Sue Childress”, con el fin de provocar celos a Margaret. (A Magical Journey pp. 46-7.)

Marzo 1957 – Margaret llama a la única Sue Childress listada en el directorio telefónico, quien no conoce a ningún Castaneda; sin embargo se vuelve la mejor amiga de Margaret (A Magical Journey p. 47.) [Ambas escriben más tarde pequeños artículos sobre Castaneda para la edición de Febrero de 1975 de la revista Fate: Historias Verdaderas de lo Extraño y Desconocido.]

Abril 26, 1957 – Carlos Aranha Castaneda aplica para la Petición de Naturalización No. 199531 con la Corte de Distrito de los Estados Unidos. Su domicilio en ese entonces es 1128 N. New Hampshire, Apt. 4, LA; su ocupación es artista comercial; indica su lugar y fecha de nacimiento en Cajamarca, Perú el 25/12/1925; describe su fisonomía, de ojos cafés, cabello negro, 5’5″ (1.65 m), 140 libras (70 kg.), ciudadano de Perú, soltero. Declara que entró con el nombre de Carlos César Salvador Aranha Castaneda. Su registro de residencia es el 8 108 676. Los testigos para esta solicitud son Antonio Fuentes, artista, con domicilio en la Avenida Hoover Norte número 131, quien declara conocer a Castaneda desde marzo de 1955; e Iván Culver, artista comercial, con domicilio en la calle Haney número 9528, de Riviera, California, quien declara conocer a Castaneda desde marzo de 1952. La solicitud es concedida 121 de junio de 1957.

1957 – Castaneda avala un préstamo de la Unión de Crédito para Empleados para Margaret Runyan como “Carlos C. Aranha.” (A Magical Journey p. 15.)

Otoño 1957 – Castaneda escribe un ensayo acerca de Aldous Huxley, para su segundo año en la clase de Inglés en LACC, interesándose en temas ocultos después de leer Las puertas de la Percepción, escrita por Huxley, quien narra sus investigaciones en el uso de la mescalina. (A Magical Journey pp. 51-54.)

1958 – Castaneda trabaja en la Compañía de Juguetes Mattel localizada en la avenida Rosecrans y Hawthorne. (A Magical Journey p.69.) Castaneda se muda a una casa de huéspedes en la Avenida Adams. Es aquí donde comienza a escribir poesía y breves historias, con uno de sus poemas ganador del primer premio en un concurso convocado por el periódico escolar. El y Margaret asisten frecuentemente al cine. (A Magical Journey p. 71.)

Diciembre 1958 – Castaneda renta una pequeña casa en la Avenida Cherokee en Hollywood. El hace tarjetas de Navidad que representan al Padre Tiempo y un reloj de arena. (A Magical Journey p. 71.)

Principios de 1959 – Castaneda ocupa un cuarto en el segundo piso de los departamentos Marietta en la Calle Vermont, enfrente del campus de LACC. (A Magical Journey p. 72.)

Junio 19, 1959 – Castaneda se gradúa en LACC, obteniendo el título de Asociado en Artes en Psicología. (Ver foto de graduación.)

Septiembre 1959 – Castaneda se inscribe a la UCLA por vez primera (con créditos transferidos de la LACC). También trabaja en una planta procesadora de seda.

Acción de Gracias 1959 – Castaneda cocina para un pequeño grupo de amigos, que incluye a Allen Morrison, estudiante de LACC (el mejor amigo de Castaneda en ese entonces) y a Byron Deore. Aparentemente una discusión acerca de religiones incita a Margaret a sugerir lo siguiente: “…Si viniese a ti y te dijese que he encontrado la manera perfecta de vivir y te indicase exactamente como hacerlo, te sería sumamente difícil de aceptar. Pero si te dijese que tengo un maestro misterioso quien me ha revelado grandes misterios, entonces sería más interesante…y más fácil de aceptar.” (A Magical Journey pp. 58-59.)

Invierno 1959 – Castaneda consigue un trabajo como auditor nocturno en Haggerty, una tienda femenina en el boulevard Wilshire. (A Magical Journey pp. 73-74.)

Diciembre 1959 – Castaneda y Margaret leen El Hongo Sagrado. (según un artículo de Margaret en la revista Fate)

Enero 27, 1960 – Carlos Aranha Castaneda se casa con Margaret Evelyn Runyan en Tlaquiltenango, México. (Según Margaret, este precipitado matrimonio surge de los celos de Castaneda porque ella frecuenta a un hombre de negocios del Medio Oriente, quien dice a Castaneda que se casará con ella tan pronto resuelva su divorcio. Castaneda responde: ‘Será sobre mi cadáver. ¡Nadie la desposará si no soy yo!.” Después de una breve charla, el mismo día, Margaret y él abordan el Volkswagen negro de Carlos con rumbo a Tijuana.” (A Magical Journey pp. 80-81.) [Sin embargo, deben haber viajado mucho más allá de Tijuana, ya que Tlaquiltenango, la Ciudad que lista el certificado de matrimonio, está en el estado de Morelos, al sur de la Ciudad de México.]

Finales de Enero, 1960 – Castaneda toma una clase en los “Métodos de la Arquelogía de Campo”, impartida por el Profesor McCusick y Clement Meighan. [Gloria Garvin Sun, quien más tarde trabajaría como asistente editorial de Meighan, describe esta clase como una clase de chamanismo, y a Meighan como a un Chamán]. Margaret Runyan cuenta que Meighan ha prometido una “A” en su ensayo, a aquellos que hubiesen entrevistado a un Indio Real para el proyecto. (A Magical Journey p. 82.)

Verano de 1960 – Mary Joan Barker (“Joanie”), quien Castaneda más tarde describiría en las Sesiones Dominicales como “la primera aprendiz de don Juan” se relaciona con Castaneda. [Douglass Price-Williams, un profesor de la UCLA y amigo de Castaneda (y por algún tiempo en los principios de 1970, el consejero en las disertaciones de Florinda) recuerda que Joanie fue contratada como empleada de la biblioteca en el verano de 1960. Douglass cree que se conocieron en Julio o Agosto de 1960 (aproximadamente el tiempo en que Castaneda se separó de Margaret Runyan) Joanie no tardaría en referirse a Castaneda como su novio, y más tarde como su “prometido.”]

Se presume que en el principio de la relación, Joanie llevó a Castaneda a visitar la Reservación India de Morongo, cerca de su casa en Banning, California. Margaret menciona que durante este tiempo, “Carlos empezó a ausentarse por horas, y luego por días… En un principio pensé que había encontrado a otra mujer, cosa que él negó. Carlos dijo que hacía viajes al desierto para estudiar el uso de plantas medicinales por los Indios.” (A Magical Journey p. 81.) También Margaret menciona que, para el ensayo de Meighan, Castaneda “trabajó con un Cahuilla en una reservación cerca de Palm Springs, y luego viajó por el Río Colorado, donde trabajó con algunos Indios…Finalmente encontró a un hombre que le proporcionó mucha información acerca del toloache (Datura inoxia) misma que Carlos utilizó para un ensayo antes de graduarse…”

Meighan recuerda, en referencia a este ensayo de 1960: “Su informante sabía mucho de la datura, una droga usada por algunos grupos de California en sus ceremonias de iniciación, sin embargo yo y casi todos los demás antropólogos pensamos que ésta habría pasado de moda hacía 40 o 50 años. Esto quiere decir que Carlos encontró a un informante que aún tenía conocimientos y práctica en el uso de esta droga.” El ensayo contiene referencias acerca de las cuatro cabezas de la planta, sus diferentes usos, el significado de las raíces, el proceso de cocción y el ritual de preparación, información que Castaneda supuestamente obtiene de don Juan, en sus visitas entre el 23 de agosto y el 10 de septiembre de 1961, como se describe en Las Enseñanzas de don Juan. Al mismo tiempo, Meighan recomienda el ensayo (sólo uno de tres que incluían un informante Indio, presentados en la concurrida clase) y sugiere que ha contribuido en gran manera a la literatura académica. (A Magical Journey pp. 83-85 and 91.)

Julio 1960 – Castaneda se muda del apartamento que comparte con Margaret, llevando consigo su máquina de escribir, sus libros y sus materiales para esculpir de regreso a los Departamentos Marietta en la Avenida Madison. (A Magical Journey p. 93.)

Verano 1960 – Castaneda supuestamente conoce a don Juan en la estación de Greyhound de Nogales, Arizona (véase Las Enseñanzas de don Juan, Una Realidad Aparte y El Lado Activo del Infinito)

Septiembre 1960 – Castaneda y Margaret Runyan se separan [de acuerdo a una queja presentada por Margaret en su petición de divorcio de West Virginia.] (Sin embargo se seguirán frecuentando hasta que Margaret deja Los Angeles en 1966.)

Otoño 1960 – W.L. Davies introduce a Castaneda y Margaret a Adrián Gerritsen en una reunión. Poco tiempo después, Castaneda pide a Gerritsen que conciba un hijo para él. Gerritsen responde que “tendría que ser un acuerdo con Margaret.” Más tarde, los tres (Castaneda, Margaret y Gerritsen) se reúnen en el Restaurant Estrella de la India cerca de Vermont en Hollywood. Gerritsen accede al acuerdo. El y Margaret subsecuentemente “si tuvieron una aventura, la cual produjo los resultados deseados por Carlos”. Según Gerritsen “Carlos estaba contento y me lo hizo saber.”[Carta de Adrián Gerritsen a Margaret en Noviembre de 1998, anexada como prueba en el alegato del testamento de Castaneda iniciado por C.J. Castaneda][Este hecho contradice lo antes manifestado por Margaret, en su libro A Magical Journey, donde relata: “Al conocer a un apuesto rubio, hombre de negocios, llamado Adrián Gerritsen, presioné a Carlos con el divorcio. El se negó. Sin embargo, durante las semanas siguientes a nuestra separación yo seguí insistiendo, pero finalmente, despues de una árdua lucha, conseguí que Carlos aceptara.” (A Magical Journey p. 93 ). En su libro, Margaret relata que Castaneda la lleva a México para apresurar el divorcio. Sin embargo, años más tarde, Castaneda revelará que el divorcio fue una farsa “para apaciguarme mientras hacía su trabajo de campo.”(A Magical Journey p. 94.) Margaret se molesta sobremanera al enterarse qu aún está casada con Castaneda, ” y toma casi un año de visitas de Carlos a mi nuevo departamento en Doheny Drive, antes de sentirme diferente al respecto.” (idem p.95) Castaneda se apega grandemente a C.J. e insiste a Margaret que firme los documentos con el Departamento de Salud Pública, asegurando que Castaneda sea el Padre Legal, por lo que se elabora un nuevo certificado de nacimiento.]

Junio 1961 – Castaneda supuestamente comienza su “aprendizaje” con don Juan. El 23 de Junio de 1961, Castaneda pide a don Juan que “me enseñe acerca del peyote.” El 25 de Junio de 1961, don Juan encarga a Castaneda que encuentre un “lugar de poder” en el piso de su porché. (de Las Enseñanzas de don Juan)

Agosto 5-7, 1961 – Castaneda supuestamente participa en un mitote de peyote. (de Las Enseñanzas de don Juan.)

Agosto 12, 1961 – A las 10:33 A.M, nace Carlton Jeremy Castaneda en el Presbyterian Olmstead Memorial Hospital de Hollywood, en la Avenida Vermont 1322, hijo de Margaret Evelyn Runyan, de 39 años, con domicilio en 153 So. Doheny Dr., Los Angeles y de Carlos Aranha Castaneda, de 35 años, nacido en Perú, estudiante (Certificado del Estado #61-232000).

Agosto 17-23, 1961 – Castaneda sostiene encuentros adicionales con don Juan, quien lo empieza a instruir en el uso de la datura [un tema del que Castaneda ha escrito un ensayo aproximadamente un año antes](de Las Enseñanzas de don Juan.)

Junio ¿?, 1962 – Castaneda asiste a una boda con Mary Joan Barker (vease foto arriba).

Septiembre 7, 1962 – Castaneda recibe un Título en Antropología de la UCLA.

Septiembre 1962 – Castaneda se inscribe para un doctorado en la UCLA. 

¿Se puede reclamar propiedad intelectual sobre una Tradición?

¿Se puede reclamar propiedad intelectual sobre una Tradición?
por Víctor Sánchez
Revista Magical Blend # 49, de Enero de 1996.

He estado leyendo acerca de las controversias que se relacionan con Carlos Castaneda en Magical Blend, dado que vivo en México este ha sido mi primer contacto con su revista desde que leí estas controversias, me ha parecido muy extraño ver el nombre del gran escritor New Age Carlos Castaneda y sus asociados defendiendo “su” conocimiento (¿o deberia decir, el conocimiento de Don Juan?) de otras personas. ¿Donde quedo el guerrero inaccesible, sin importancia personal del que hemos leído en los libros de Castaneda? Lo que fue más sorprendente para mí fue encontrar mi nombre envuelto en una de las controversias de Castaneda!. Estoy empezando a sentirme perseguido y pienso que es el momento de responder.

En mi conferencia de los Angeles del 28 de Agosto de 1995, los abogados de Castaneda presionaron a la organización Learning Annex a presentar una carta aclaratoria firmada por Carlos Castaneda para todos aquellos que asistieran a mi conferencia. En esa carta, Castaneda ayuda a clarificar un punto que para mi es muy significativo e importante, algo que yo quiero que la gente sepa respecto a mi trabajo. El asegura en su carta que yo no soy su discípulo y que el no patrocina o apoya mi trabajo. Correcto!. Yo he hecho mi trabajo por mi mismo. Esa es la parte buena, y yo debo agradecer a Castaneda por usar su tiempo para escribir cartas que corroboran lo que yo enfatizo normalmente en mis conferencias, talleres y libros.

La parte negativa de la historia es que he encontrado comentarios falsos sobre mi trabajo supuestamente elaborados por las Chacmools, en Internet. Ellos dicen que yo me he estado presentando como discípulo de Carlos Castaneda y que aseguro haber trabajado bajo su dirección por varios años. Esto no es verdad. Cualquiera que lea mis libros puede ver claramente que yo aseguro que mi trabajo ha sido siempre independiente. Yo no necesito un maestro, tengo mi propia conexión con el Espíritu. Mi relación con la Toltequidad ha sido a través de mi experiencia, viviendo entre los indígenas Toltecas supervivientes. Mi libro “Toltecas del Nuevo Milenio” (publicado por Bear and Company en EEUU y por Editorial Lectorum en México), no es un viaje imaginario, sino un simple recuento de hechos concretos. Los Toltecas supervivientes son gente real, viviendo su tradición en este mismo momento. Afortunadamente ellos están todavía en este mundo, así que su existencia puede ser probada.

Mi libro “Las Enseñanzas de Don Carlos, Aplicaciones Practicas de la Obra de Carlos Castaneda” no pretende presentar las creencias o puntos de vista de Carlos Castaneda, sino los míos. Yo no soy un seguidor de persona alguna, mi propósito y mi destino es seguir al Espíritu.

“Las Enseñanzas de Don Carlos”, es simplemente el testimonio de mi experiencia aplicando principios y propuestas seleccionadas de la obra de Castaneda. Yo escogí solo aquellas propuestas que he encontrado útiles en mi mismo, para mejorar mi vida de todos los días. He escogido para mi trabajo y desarrollo de técnicas, solo aquellas que no llevan a la gente a quedar perdida en fantasías o estados psicóticos. No escribí mi libro para complacer a Carlos Castaneda, sino que está dirigido a los lectores que estaban interesados en sus libros, pero que no sabían como usar las técnicas de las que él hablaba en la vida de todos los días. Y mi libro es útil. Al menos eso es lo que dicen mis lectores de muchos países en el mundo una y otra vez en sus cartas.

Así que pienso que Carlos Castaneda y Toltec Artists no tienen que preocuparse sobre mí. Yo no presento mi trabajo como dirigido por Castaneda. Presento mi trabajo como algo completamente independiente. Esto es congruente con una de mis principales propuestas de trabajo: No necesitamos maestros o guías, cultos o nuevos gurús con la finalidad de encontrar nuestro propio camino de regreso al Espíritu. Nosotros podemos y debemos buscar la libertad, el conocimiento y el Espíritu por nosotros mismos. Para mí, ese es el trabajo real.

Finalmente, quiero declarar que yo estaré siempre agradecido al Sr. Castaneda, porque varios de sus libros han sido muy útiles y de gran inspiración para mucha gente, incluyéndome a mí.

Víctor Sánchez, México.

¡Sigan luchando!
por Víctor Sánchez

México D.F. el 8 de Julio de 1995.
Estimado Editor del Boletín Nagualist:

Yo soy el autor del libro “Las Enseñanzas de Don Carlos”, , Aplicaciones Prácticas de la Obra de Carlos Castaneda. He encontrado comentarios sobre mí en su Boletín, sus comentarios me parecen honestos, aunque no muy bien informados. Si el tema es interesante para usted o sus lectores, puedo darles alguna información sobre mi trabajo:

No acostumbro presentarme a mí mismo como Nagual. Yo trabajo con grupos interesados en Desarrollo Humano y Espiritual. Mis principales fuentes de aprendizaje son mis experiencias entre los indígenas de México que se llaman a sí mismos Wirrarica; ellos son descendientes vivientes de los antiguos Toltecas, preservando en este mismo momento su tradición espiritual (lo cual significa un cuerpo de prácticas y no un cuerpo de creencias). Ellos son gente real, tal como puedo probarlo con fotografías, video, escritos, y muchos testigos ( ver “Toltecas del Nuevo Milenio” )

He vivido 15 años de experiencia usando y desarrollando las técnicas mencionadas en los libros de Castaneda, especialmente aquellas que dan mejores resultados en la vida de todos los días. Mi esfuerzo ha sido presentar formas eficientes para usar los libros de Castaneda en la vida cotidiana sin quedarse perdido en fantasías o en estados psicóticos. Esto ha sido muy útil para mí y para mucha otra gente, con la que yo he trabajado.

Usualmente yo no escribo o hablo sobre lo que pienso, sino que lo hago sobre aquello que he hecho y hago. Esta es la razón por la cual no he incluido en mi libro todos los temas de los que Castaneda habla en los suyos, sino solo aquellos que yo he probado por mí mismo.

Castaneda me fue presentado por el mismo en la casa de un viejo amigo de el (Carlos Ortiz). Fue un encuentro con diez o doce personas, quizá 10 años atrás. Yo acostumbraba asistir a las presentaciones públicas de Carlos Castaneda en la ciudad de México cuando aquellas presentaciones no eran masivas. Yo solo recibí de Castaneda sugerencias verbales para mi trabajo, como mucha otra gente. Nunca he trabajado bajo su dirección y nunca he tratado de hacerlo, porque nunca he estado buscando un maestro, antes de conocer a Castaneda yo tenía ya mi propia conexión con los indígenas toltecas supervivientes, y mi propia conexión con el Espíritu.

Para poder aplicar de un modo equilibrado las propuestas que leí en los libros de Castaneda, utilicé las claves que aprendí entre los indígenas con los cuales me he relacionado, y también utilice una práctica real y continua durante quince años de las técnicas que desarrollé a partir de esas lecturas de las cuales he estado hablando y escribiendo en mis libros y seminarios.

Mi libro es un testimonio de mi experiencia personal y de grupo y de mucha gente que ha compartido, vivido y aprovechado esta experiencia.

Obviamente, yo no pretendo haber alcanzado la “mejor interpretación” de los libros de Castanda pero, lo que si puedo asegurar es que mi propia manera de aplicar las propuestas de Castanada, aporta y ayuda al crecimiento personal y a recuperar recursos sorprendentes escondidos en “el otro yo” de cada uno de nosotros. Cualquiera puede probarlo por sí mismo utilizando las técnicas de mi libro o asistiendo a alguno de mis talleres.

De cualquier manera, estos comentarios no son la razón principal para escribirle. La razón principal de mi carta es expresar mi opinión respecto a la utilidad de continuar publicando el Boletín Nagualist. Yo pienso que hay muchos resultados distintos en la gente que ha practicado con los libros de Castaneda. Buenos resultados y malos resultados. Conocer lo que otra gente con intereses similares esta haciendo es muy bueno, especialmente cuando estamos hablando de lo que hicimos, no solo de lo que pensamos. Maneras apropiadas de utilizar las técnicas pueden ser útiles para otras personas. Para mi la buena manera de utilizar las técnicas puede ser verificada por los resultados que se producen en nuestra vida cotidiana y no por el hecho de que Carlos Castaneda las aprueba o no, especialmente cuando casi nadie sabe lo que en verdad esta buscando Carlos Castaneda. Dado que los libros de Castaneda son materia pública no debe haber razones para dudar en trabajar, hablar o escribir sobre ellos.

Nagualist parece ser el raro tipo de esfuerzo donde la intención altruista es obvia, además para el tipo de gente que acostumbra leer esta lectura, Nagualist es una importante oportunidad para saber que ello no están solos y algunas veces para conocer que ellos no están locos por no conformarse con solo comprar libros, hablar sobre ellos o tomar un seminario de fin de semana. Ellos quieren vivir el conocimiento y encontrar su propia conexión con el Espíritu. Mucha gente ha estado trabajando muy fuerte, piensen en ellos también y no solo en la opinión de Toltec Artist.

¡Sigan luchando!.

Víctor Sánchez.

P.D. Pueden publicar esta carta si lo desean.

Un prologo

Prólogo a la edición de
Las enseñanzas de don Carlos
del Grupo Editorial Norma

Con motivo de esta edición de Las enseñanzas de don Carlos, creo conveniente agregar algunas Iíneas a manera de prólogo, pues han pasado algunos años y muchos acontecimientos desde su primera edición en 1992.

A partir de su aparición pública, el libro se abrió camino por si solo, Ilegando a publicarse en poco tiempo en los idiomas más variados. Su rápida difusión y la forma en que cambió mi vida, Ilevándome a presentar mis talleres en muchos países de Europa, en Norteamérica y Sudamérica, me permitió darme cuenta de que había mucha gente en el mundo que compartía mi curiosidad respecto a las posibles formas de aplicación práctica de lo que leíamos en los libros de Carlos Castaneda.

Como es bien conocido, el interés del público de todo el mundo en la obra de Castaneda se ha mantenido durante casi treinta años. Sus primeros libros se han consolidado históricamente como clásicos modernos de la literatura sobre conocimiento indígena y búsqueda espiritual.

Con posterioridad a la época en que escribí Las enseñanzas de don Carlos, se puede observar en los siguientes libros de Castaneda un giro considerable con respecto a sus primeras obras. En mi opinión, el contenido es cada vez menos “indígena” – si se me permite la expresión -, los conceptos e historias se vuelven más abstractos y por ello menos aplicables en la experiencia cotidiana. Asimismo, y de modo inesperado en la tercera etapa de su vida, Castaneda vuelve a sorprendemos con la creación de talleres multitudinarios en muchos países, a través de empresas de proyección internacional.

Observando el creciente interés en el tema y también la suspicacia que semejante giro ha provocado, releo nuevamente mi libro, Las enseñanzas de don Carlos, y me gusta todavía más su propuesta original de enseñarse uno mismo a través de la práctica concreta y emprender uno mismo el camino del espíritu. Sin maestro y sin pedir permiso.

Este libro es un testimonio personal sobre la manera en que Ilevé a la práctica muchas de las ideas de Castaneda, evitando el fanatismo, el culto a la personalidad, la fantasía psicodélica o la devoción a los castillos de palabras.

No tuve, ni aun en los primeros años de investigación, práctica y desarrollo de las técnicas cuyo testimonio es el corpus del presente libro, la intención de emular a un maestro o de seguirle los pasos como discípulo distante.

Tuve, sí, una enorme curiosidad respecto a lo que semejante obra podría aportarme como fuente de inspiración para continuar con la exploración de mi propio camino, cuyo sino había sido marcado desde antes por el encuentro con grupos indígenas de México, a quienes Ilamo “Los Toltecas Supervivientes”.

La obra de Castaneda y las formas de aplicación práctica que desarrollé inspirado en ella, no me Ilevaron a conocer mejor a Castaneda o al mundo de los brujos. Me Ilevaron a algo mucho más valioso y sustancial: a conocerme a mí mismo. Creo que de alguna manera ese es el desafío para cada uno.

Hoy en día en que la búsqueda incesante de lo espiritual – que no es otra cosa que la búsqueda incesante de nuestro propio rostro desconocido – trata de abrirse paso en medio del mercantilismo y la industria de lo espiritual, estamos Ilamados a volver la vista a lo que desde siempre ha sido el punto de partida y Ilegada de toda búsqueda: nosotros mismos.

La época de los gurus y los maestros carismáticos está Ilegando a su fin, este es el tiempo de la gente. Es el tiempo en que personas como usted y yo nos encontramos frente a la responsabilidad de darnos cuenta de que es tiempo de dejar de ser seguidores, discípulos anhelantes de la luz del maestro, para convertimos en creadores de nuestra propia aventura por la vida, en mujeres y hombres que no entregamos a otros la responsabilidad de abrimos paso o guiamos en esta experiencia insólita e irrepetible que es estar vivos.

Es tiempo de rendimos a las evidencias y descubrir que el camino al espíritu es un camino de retomo, que no puede tener lugar en otro espacio que no sea el de nuestra propia vida y nuestro propio mundo.

Solamente hay que atreverse.

Es en este contexto y en este tiempo que una obra como Las enseñanzas de don Carlos cobra especial actualidad, y que su invitación a actuar por uno mismo, libre y responsablemente, es particularmente propicia.

Por ello lo invito, lector, a que utilice este libro de ejercicios prácticos como una caja de herramientas. Pruebe y conozca cada una de ellas. Aplique su propio criterio su gusto personal, y seleccione las que más aporten a su propio camino para Ilegar a ser usted mismo. Con esa intención lo escribí, y si por lo menos una de las muchas técnicas del libro le abren un poco la puerta hacia el otro lado de usted mismo, el esfuerzo habrá valido la pena.

VICTOR SANCHEZ

Entrevista

Hacía varios meses que le había escrito cuando Carlos Castaneda llamó por teléfono. Eso fue a mediados de julio. Su llamada me tomó totalmente por sorpresa. Castaneda habló largamente, y sin que yo se lo pidiera se ofreció a darme información. Castaneda tenía interés en encontrarse y hablar conmigo. Procuró hacerme comprender que la tarea que estaba realizando era de gran importancia. “No soy ni un gurú ni un charlatán”, -insistió haciendo referencia a algunos críticos y periodistas. Castaneda es un investigador serio que tenía interés en hablar acerca de los trabajos que está realizando en México y sobre su labor epistemológica. Según él, el hombre europeo no concibe que haya otro que piense ni que haya otra descripción de la realidad que la suya.
Estando ya en Los Angeles, CC llamó por teléfono. No encontrándome, dejó su mensaje y las indicaciones acerca de la hora y el lugar del encuentro: “Salga de la Freeway en tal calle y doble a la derecha en tal otra. Pase, luego, cuatro luces. Allí, a la izquierda está la Iglesia de la Inmaculada pero a Ud. eso no le importe y doble a la derecha. Ahí, encontrará Ud. el campus de UCLA. Entre al parking lot. Como es domingo no va a haber nadie. y Ud. podrá entrar sin problemas. Generalmente hay poca gente durante los fines de semana. Entonces, a las 4 de la tarde; junto a la garita”. Castaneda esperaba que llegásemos en un Volkswagen marrón.
Esa noche y la mañana siguiente trabajé febrilmente en mis notas. Había dormido poco pero no estaba cansada. A eso de la una de la tarde, mis amigos y yo salimos rumbo al campus de UCLA. Teníamos algo más de dos horas de viaje. Siguiendo las indicaciones de Castaneda, llegamos sin dificultad a la garita de la entrada del parking lot de UCLA.(Universidad de California en Los Angeles). Faltaban aún unos 15 minutos para las 4 de la tarde. Estacionamos en un lugar más o menos sombrío. A las cuatro en punto, levanté la vista y los vi venir hacia el auto: mi amiga junto a un señor moreno y algo más bajo que ella. Castaneda vestía “jeans” azules y remera de cuello abierto (sin bolsillos) color crema pálido. Bajé del auto y me apresuré a encontrarlos. Después de los saludos y fórmulas de cortesía convencionales, le pregunté si me permitiría usar un grabador. En el auto teníamos uno para el caso de que él lo permitiera. “No, es mejor que no”, contestó con un gesto de hombros. Nos encaminamos, de cualquier manera, al auto a buscar las notas, cuadernos y libros. Cargados de libros y papeles; nos dejamos guiar por Castaneda. El conocía bien el camino. “Por ahí-decía señalando con la mano- hay unos bancos lindísimos”. Desde el principio Castaneda fijó el tono de la conversación y los temas que habríamos de tratar. La misma se llevó a cabo en español, lengua que maneja con fluidez y gran sentido del humor. Castaneda es un maestro en el arte de la conversación. Hablamos por espacio de siete horas. El tiempo pasó sin que su entusiasmo ni nuestra atención decayeran. Toda esa tarde Castaneda procuró mantener la conversación en un nivel que no fuera intelectual. Aunque sin duda ha leído mucho y conoce las distintas corrientes de pensamiento, en ningún momento estableció comparaciones con otras tradiciones del pasado o del presente.
La “enseñanza tolteca” nos la transmitió por medio de imágenes materiales que, precisamente por eso; impiden que se las interprete especulativamente. De este modo Castaneda no solamente fue obediente a sus maestros sino totalmente fiel al camino que ha elegido, no quiso contaminar su enseñanza con nada ajeno a ella.
A poco de encontrarnos quiso saber las razones de nuestro interés en conocerlo. El ya sabía de mi posible reseña y del proyectado libro de entrevistas. Más allá de todo profesionalismo insistimos en la importancia de sus libros, que tanto habían influido en nosotros y en muchos más. Teníamos un profundo interés por conocer la fuente de esa enseñanza.
Entretanto, habíamos llegado a los bancos, y a la sombra de los árboles nos sentamos. “Don Juan a mí me lo dio todo -comenzó diciendo-. Cuando lo encontré no tenía otro interés, que la antropología, pero a partir de ese encuentro cambié. ¡Y esto que me ha pasado a mí no lo cambiaría por nada!” Don Juan estaba presente allí con nosotros. Cada vez que Castaneda lo mencionaba o lo recordaba percibíamos su emoción. De don Juan nos dijo que era una totalidad de exquisita intensidad capaz de darse todo en cada ahora. “Darse todo en cada momento es su principio, su regla”, dijo. El que don Juan sea así no puede ser explicado y es rara vez comprendido, “simplemente es”. En el segundo anillo de poder Castaneda recuerda una característica especial de don Juan y de don Genaro, de la cual todos los demás carecen. Allí escribe: “Ninguno de nosotros está dispuesto a prestarle al otro una atención indivisa, de la manera que don Juan y don Genaro lo hacían”.Estas palabras apuntan a ese ser todo en cada instante, a esa presencia que es don Juan. En muchas oportunidades Castaneda se ha de referir a eso de tener “un gesto”, a ese acto totalmente gratuito y libre del ser. El segundo anillo de poder me había dejado llena de preguntas. El libro me interesó mucho, sobre todo después de su segunda lectura, pero había escuchado comentarios desfavorables. Yo misma tenía ciertas dudas. Le dije que creía que Viaje a Ixtlán era el que más me había gustado sin que supiera bien por qué. Castaneda me escuchaba y contestó mis palabras con un gesto que parecía decir: Y yo, ¿qué tengo que ver con el gusto de todos ellos? Yo seguí hablando, buscando razones y explicaciones. “Tal vez esa preferencia se deba a que en Viaje a Ixtlán se percibe mucho amor”, dije. Castaneda puso cara fea. La palabra amor no le gustó. Es posible que el término tenga para él connotaciones de “amor romántico”, “sentimentalismo” o “debilidad”. Tratando de explicarme, insistí en que la última escena de Viaje a Ixtlán está preñada de intensidad. Ahí Castaneda asintió. Sí, con esto último estaría de acuerdo. “Intensidad, sí -dijo- , ésa es la palabra”. Insistiendo en el mismo libro, le manifesté que algunas escenas me habían resultado definitivamente “grotescas”. No les encontraba justificación. Castaneda estuvo de acuerdo conmigo. “Sí, el comportamiento de esas mujeres es monstruoso y grotesco pero esa visión me era necesaria para poder entrar en acción”, dijo. Castaneda necesitaba ese “shock”.
“Sin adversario no somos nada-continuó. El ser adversario es propio de la `forma’ humana. La vida es guerra, es lucha. La paz es una anomalía”: Refiriéndose al pacifismo lo calificó de “monstruosidad” porque, según él, los hombres “somos seres de logros y de luchas”. Sin poder contenerme le dije que no podía aceptar que calificara el pacifismo de monstruosidad. “¿Y Ghandi ¿Cómo ve Ud. a Ghandi, por ejemplo?” “¿Ghandi?-me respondió Ghandi no es un pacifista. Ghandi es uno de los más tremendos luchadores que han existido: ¡Y qué luchador!” Comprendí entonces que Castaneda da valores muy especiales a las palabras. El “pacifismo” al cual él había hecho referencia no podía sino ser el pacifismo del débil, el de quien no tiene agallas suficientes como para ser y hacer otra cosa, el de quien nada hace porque no tiene objetivos ni energía en la vida; en una palabra, ese pacifismo refleja toda un actitud autocomplaciente y hedonista. Con un amplio gesto que quería incluir a toda una sociedad ya sin valores, voluntad y energía, replicó: “Todos drogados… Sí, ¡hedonistas!” Castaneda no aclaró estos conceptos, ni nosotros se lo pedimos. Yo tenía entendido que parte de la ascesis del guerrero era liberarse de la “forma” humana pero los inusitados comentarios de Castaneda me habían llenado de confusión.
Poco a poco, sin embargo, me fui dando cuenta de que eso de ser “seres de logros y de luchas” es un primer nivel de la relación. Esa es la materia prima de donde se parte. Don Juan, en los libros, se refiere siempre al buen “tonal” da una persona. Ahí comienza el aprendizaje y se pasa a otro nivel. “No se puede pasar al otro lado sin perder la `forma’ humana” -dijo Castaneda. Insistiendo sobre otros aspectos de su libro que no me habían quedado claros, le pregunté acerca de los “huecos” que le quedan a las personas por el simple hecho de haberse reproducido. “Sí -dijo Castaneda-. Hay diferencias entre las personas que han tenido hijos y las que no. Para pasar de puntillas frente al águila hay que estar entero. Una persona con huecos no pasa”. La metáfora del “águila” nos la explicaría más adelante. Por el momento pasó casi inadvertida ya que el foco de nuestra atención estaba en otro tema. “¿Cómo explica Ud. la actitud de doña Soledad con Pablito así como la de la Gorda con sus hijas?”, -quise saber con insistencia. Eso de quitarles a los hijos ese “filo” que al nacer ellos nos toman era, en gran medida, algo inconcebible para mí. Castaneda convino en que aún no tiene bien sistematizado todo eso. Insistió, sin embargo, en las diferencias que, existen entre las personas que se han reproducido y las que no. “Don Genaro es ¡loquito!, ¡loquito! Don Juan, en cambio, es un loco serio. Don Juan va despacio pero llega lejos. Al final, los dos llegan… “Yo, como Don Juan-continuo- tengo huecos; es decir, tengo que seguir su camino. Los Genaros, en cambio, tienen otro modelo. “Los Genaros, por ejemplo, tienen un `filo’ especial que nosotros no tenemos. Son más nerviosos y de marcha rápida… Son muy livianos; nada los detiene. “Los que como la Gorda y yo hemos tenido hijos, tenemos otras características que compensan esa pérdida. Se es más reposado y, aunque el camino sea largo y arduo, también se llega. En general, los que han tenido hijos saben cómo cuidar a otros. No significa que las personas sin hijos no sepan hacerlo, pero es distinto…
“En general uno no sabe lo que hace; se es inconsciente de las acciones y después se paga. ¡Yo no supe lo que hacía! exclamó refiriéndose, sin duda, a su propia vida personal. “AI nacer, a mi padre y a mi madre les quité todo -dijo. ¡Quedaron todos magullados! A ellos les tuve que devolver ese `filo’ que les había quitado. Ahora tengo que recuperar el ‘filo’ que yo perdí.” Pareciera que esto de los “huecos” que hay que cerrar, tiene que ver con los atavismos biológicos. Quisimos saber si el tener “huecos” es algo irreparable. “No-nos respondió-. Uno se puede curar. Nada es irrevocable en la vida. Siempre es posible devolver lo que no nos pertenece y recuperar lo que es de uno”. Esta idea de la recuperación es coherente con todo un “camino de aprendizaje”; camino en el cual no basta conocer o practicar una o más técnicas sino que requiere la transformación individual y profunda del ser. Se trataría de todo un sistema coherente de vida con objetivos concretos y precisos. En Argentina sus dos primeros libros habían sido prohibidos. Parece que la razón que se dio fue el asunto de las drogas. Castaneda no lo sabía. “¿Por qué?-nos preguntó para concluir sin esperar nuestra respuesta-. Me imagino que es obra de la Madre Iglesia”.
Al principio de nuestra conversación, Castaneda mencionó algo acerca de la “enseñanza tolteca”. También en The Second Ring of Power se insiste en “los toltecas” y en “ser un tolteca”. “¿Qué significa ser un tolteca?” -le preguntamos. Según Castaneda, la palabra “tolteca” constituye una unidad de significación muy amplia. Se dice de alguien que es un tolteca de la misma manera que se puede decir que es un demócrata o un filósofo. Tal como él la usa, esta palabra nada tiene que ver con su significado antropológico.”Tolteca es el que sabe los misterios del acecho y del sueño”. Todos ellos son toltecas. Se trata de un pequeño grupo que ha sabido mantener viva una tradición de más de 3.000 años antes de J.C. Como yo estaba trabajando en el pensamiento místico y tenía particular interés en establecer la fuente y el lugar de origen de las distintas tradiciones, insistí: “¿Cree Ud. entonces que la tradición tolteca ofrece una enseñanza que sería propia de América?” La “nación tolteca” mantiene viva una tradición que es, sin duda, propia de América. Castaneda adujo que es posible que los pueblos de América hubieran traído algo de Asia al cruzar el estrecho de Bering, pero que hace tantos miles de años de todo eso que por el momento no hay más que teorías. En Relatos de Poder, don Juan le habla a Castaneda de “los brujos”, de “esos hombres de conocimiento” que la conquista y colonización del hombre blanco no pudieron destruir porque ni supieron de su existencia ni notaron todo lo incomprensible de su mundo.
“¿Quiénes forman la nación tolteca? ¿Trabajan juntos? ¿Dónde lo hacen? -preguntamos.
Castaneda contestó todos nuestros interrogantes. El está ahora a cargo de un grupo de jóvenes que vive en la zona de Chiapas, al sur de México. Todos se trasladaron a esa zona debido a que la señora que ahora les enseña estaba radicada allí.
Entonces… ¿Ud. volvió? -me sentí impelida a preguntarle al recordar la última conversación entre Castaneda y las hermanitas al final de The Second Ring of Power.
“¿Volvió Ud. pronto, tal como la Gorda se lo pedía?” “No, no volví pronto pero volví”, -me contestó riendo. “Volví para llevar a cabo una tarea a la cual no puedo renunciar”.
El grupo consta de unos 14 miembros. Si bien el núcleo básico es de 8 ó 9 personas, todos son indispensables en la tarea que se realiza. Si cada uno es suficientemente impecable, se puede ayudar a un mayor número de seres.
“Ocho es un número mágico”, -dijo en algún momento. También insistió en que el tolteca no se salva solo sino que se va con el núcleo básico. Los otros quedan y son indispensables para continuar y mantener viva la tradición. No es necesario que el grupo sea grande, pero cada uno de los que está envuelto en la tarea es definitivamente necesario para el todo.
Nos habló después de los miembros del grupo que conocíamos por sus libros. Nos dijo que don Juan era indio Yaqui, del estado de Sonora. Pablito, en cambio, era indio mixteco, y Néstor era mazateco (de Mazatlán, en la provincia de Sinaloa). Benigno era Zotsil (Sotzil). Recalcó varias veces que Josefina no era india sino que era mexicana y que uno de sus abuelos era de origen francés. La Gorda, como Néstor y don Genaro, era mazateca. “Cuando la conocí, la Gorda era una mujer inmensa, pesada y toda golpeada por la vida, -dijo-. Ninguno de los que la conoció puede hoy imaginar que la de ahora es la misma de antes”.
Aprovechando una pausa suya le preguntamos si la tarea que ellos están realizando es accesible a todos los hombres o si se trata de algo para unos pocos.

Como nuestras preguntas apuntaban a descubrir la relevancia de la enseñanza tolteca y el valor de la experiencia del grupo para el resto de la humanidad, Castaneda nos explicó que cada uno de los miembros del grupo tiene tareas específicas que cumplir, sea en la zona de Yucatán, en otras áreas de México o en otros lugares.
“Cumpliendo tareas, uno descubre una gran cantidad de cosas que son directamente aplicables a las situaciones concretas de la vida diaria. Haciendo tareas se aprende mucho.
“Los Genaros, por ejemplo, tienen una banda de música con la que recorren todos los lugares de la frontera. Se imaginarán Uds. que ellos ven y están en contacto con mucha gente. Siempre se tiene posibilidades de transmitir el conocimiento. Siempre se ayuda. Se ayuda con una palabra, con una pequeña insinuación… Cada uno, cumpliendo fielmente su tarea, lo hace. Todos los seres pueden aprender. Todos tienen la posibilidad de vivir como guerreros.
“Cualquier persona puede emprender la tarea del guerrero. El único requisito es querer hacerlo con un deseo inconmovible; es decir, se ha de ser inconmovible en el deseo de ser libre. El camino no es fácil. Constantemente buscamos excusas y tratamos de escapar. Es posible que la mente lo logre, pero el cuerpo lo siente todo… El cuerpo aprende rápida y fácilmente.
“El tolteca no puede gastar energía en tonterías, -continuó. Yo era una de esas personas que no pueden estar sin amigos… ¡Ni al cine podía ir solo!”. Don Juan en un determinado momento le dijo que debía abandonar todo y, particularmente, separarse de todos aquellos amigos con los cuales no tenía nada en común. Por largo tiempo resistió la idea hasta que por último lo fue envolviendo.
“Cierta vez, volviendo a Los Angeles, bajé del auto una cuadra antes de Ilegar a casa y llamé por teléfono. Por supuesto que ese día, como todos, mi casa estaba llena de gente. Me atendió uno de mis amigos a quien le pedí que preparara una valija con algunas cosas y que me la trajera adonde me encontraba. También le dije que el resto de las cosas -libros, discos, etc: podían repartírselas entre ellos. Claro es que mis amigos no me creyeron y tomaron todas las cosas como en préstamo” -aclaró Castaneda.
Este acto de deshacerse de la biblioteca y los discos es como cortar con todo el pasado, con todo un mundo de ideas y emociones.
Hablamos entonces del amor, “del tan mentado amor”. Nos contó varias anécdotas de su abuelo italiano, “siempre tan enamoradizo”, y de su padre “tan bohemio él”. “¡Oh! ¡L’amore! ¡L’amore!”, -repitió varias veces. Todos sus comentarios tendían a destruir las ideas que comúnmente se tienen acerca del amor.
“A mí me costó mucho aprender, -siguió. Yo era también muy enamoradizo… A don Juan le costó trabajo hacerme entender que debía cortar con ciertas relaciones. El modo como finalmente corté con ella fue el siguiente. La invité a cenar y nos encontramos en un restaurante. Durante la cena pasó lo que siempre pasaba. Hubo una gran pelea y ella me gritó e insultó. Por último le pregunté si tenía dinero. Me respondió que sí. Aproveché para decirle que debía ir hasta el auto a buscar mi billetera o algo así. Me levanté y no volví más. Antes de dejarla quise estar seguro de que tenía suficiente dinero como para tomar un taxi y volver a casa. Desde ese entonces no la he vuelto a ver”.
“No me van a creer Uds., pero los toltecas son muy ascéticos” -insistió.
Para Castaneda, vivimos en una sociedad muy “lujuriosa”.
Castaneda nos había dicho antes que cuando una persona se reproduce pierde un “filo” especial. Parece que ese “filo” es una fuerza que los hijos toman de los padres por el mero hecho de nacer. Este “hueco” que a la persona le queda es el que hay que llenar o recuperar. Hay que recuperar la fuerza que se ha perdido. Nos dio también a entender que la relación sexual prolongada de una pareja termina por desgastarlos.
Castaneda nos venía describiendo un grupo cuyas exigencias, para el común de las personas, eran extremas. Estábamos muy interesados en saber adónde conducía todo ese esfuerzo. “¿Cuál es el objetivo único del `tolteca’?” Queríamos saber el sentido de todo eso que Castaneda nos venía diciendo. “¿Cuál es el objetivo que Ud. persigue?”-insistimos llevando la pregunta a un nivel personal.
“El objetivo es salirse del mundo vivo; salirse con todo lo que uno es pero con nada más que con lo que uno es. La cuestión es no llevarse nada ni dejar nada. Don Juan se salió enterito -¡vivito! del mundo. Don Juan no muere porque los toltecas no mueren”
Según Castaneda, la idea de que somos libres es una ilusión y un absurdo. Se esforzó por hacernos comprender que el sentido común nos engaña porque la percepción ordinaria sólo nos dice una parte de la verdad.
“La percepción ordinaria no nos dice toda la verdad. Debe haber algo más que el mero paso por la tierra, que eso de sólo comer y reproducirnos, -dijo con vehemencia.
El sentido común sería ese acuerdo al que hemos llegado tras un largo proceso educativo que nos impone la percepción ordinaria como la única verdad. “Precisamente, el arte del brujo -dijo- consiste en llevar al aprendiz a descubrir y a destruir ese prejuicio perceptivo”.
Según Castaneda, Edmundo Husserl es el primero en Occidente que concibe la posibilidad de “suspender el juicio”. El método fenomenológico no niega sino que simplemente “pone entre paréntesis” aquellos elementos que sustentan nuestra percepción ordinaria.
Castaneda considera que la fenomenología le ofrece el marco teórico-metodológico más útil para comprender la enseñanza de don Juan. Para la fenomenología el acto del conocimiento depende de la intención y no de la percepción. La regla más importante del método fenomenológico es eso de “hacia las cosas mismas”.
“La tarea que don Juan realizó conmigo -insistió- fue la de romper poco a poco los prejuicios perceptivos hasta llegar a la ruptura total”. La fenomenología “suspende” el juicio y se limita a la “descripción” de los puros actos intencionales. “Así, por ejemplo, el objeto `casa’ yo lo construyo. El referente fenomenológico es mínimo. La transforma al referente en algo concreto y singular”.
La fenomenología, sin embargo, tiene para Castaneda un simple valor metodológico. Husserl no trascendió nunca el nivel teórico y, en consecuencia, no tocó al ser humano en su vida de todos los días.
Para Castaneda, el hombre occidental -el hombre europeo- a lo más que ha llegado es al hombre político. Este hombre político sería el epítome de nuestra civilización. “Don Juan, -dijo- con su enseñanza, está abriendo la puerta para otro hombre mucho más interesante: un hombre que vive ya en un mundo o universo mágico”.
El hombre político es el hombre de dominio cuyo poder controla tanto la realidad concreta del mundo como los seres que la habitan.
El mundo de don Juan, en cambio, es un mundo mágico poblado de entidades y de fuerzas.
“Lo admirable de don Juan -dijo Castaneda- es que aunque en el mundo de todos los días él parece estar loco (¡loquito! ¡loquito!), nadie es capaz de percibirlo. Al mundo, don Juan le ofrece una fachada que es necesariamente temporal… una hora, un mes, sesenta años. ¡Nadie lo podría agarrar descuidado! En este mundo don Juan es impecable porque él siempre supo que lo de aquí es sólo un momentito y que lo que viene después… Bueno… ¡Una belleza! don Juan y don Genaro amaban intensamente la belleza”.
La percepción y concepción que don Juan tiene de la realidad y el tiempo son indudablemente muy distintas a la cotidianeidad don Juan es siempre impecable, esto no ,impide que sepa que “de este lado” todo es definitivamente pasajero.
Castaneda continuó describiendo un universo polarizado hacia dos extremos: el lado derecho y el lado izquierdo. El lado derecho correspondería al tonal y el lado izquierdo al nagual.
En Relatos de Poder don Juan le explica largamente a Castaneda acerca de esas dos mitades de la “burbuja de la percepción”. Le dice que la tarea del maestro consiste en limpiar prolijamente una parte de la “burbuja”, para luego reordenar “todo lo que hay” en el otro lado. “El maestro se ocupa de esto martillándoselo al aprendiz sin piedad hasta que toda su visión del mundo queda en una mitad de la burbuja. La otra mitad, la que ha quedado limpia, puede entonces ser reclamada por algo que los brujos llaman voluntad “.
Explicar todo esto es muy difícil porque a este nivel las palabras son totalmente inadecuadas. Precisamente, la parte izquierda del universo “implica la ausencia de palabras”, y sin palabras no podemos pensar. Allí sólo caben las acciones. “En ese otro mundo -dijo Castaneda- el cuerpo actúa. El cuerpo, para entender, no necesita palabras”.
En el universo mágico-por así llamarlo- de don Juan, existen ciertas entidades que llaman “aliados” o “sombras fugaces”. Estas, se pueden captar un sinnúmero de veces. Para este tipo de captaciones se ha buscado una gran cantidad de explicaciones pero, según Castaneda, no hay duda de que estos fenómenos dependen principalmente de la anatomía humana. Lo importante es llegar a comprender que hay toda una gama de explicaciones que pueden dar cuenta de estas “sombras fugaces”.
Le pregunté, entonces, acerca de ese conocer con el cuerpo del que habla en sus libros. “¿Es que para Ud. el cuerpo entero es un órgano del conocer?” -inquirí.
“¡Claro! El cuerpo conoce” -me respondió. A modo de ejemplo, Castaneda nos habló de las muchas posibilidades de esa parte de la pierna que va de la rodilla al tobillo, donde se asentaría un centro de la memoria. Pareciera que se puede aprender a usar el cuerpo para captar esas “sombras fugaces”. “La enseñanza de don Juan va transformando el cuerpo en un electronic scanner” -dijo, buscando la palabra adecuada en español al comparar el cuerpo a un telescopio electrónico a distintos niveles. El cuerpo tendría la posibilidad de percibir la realidad que a su vez, revelaría configuraciones de la materia también distintas. Era evidente que para Castaneda el cuerpo tenía posibilidades de movimiento y percepción a las que la mayoría de nosotros no estamos acostumbrados. Levantándose y señalando el pie y el tobillo, nos habló de las posibilidades de esa parte del cuerpo y de lo poco que conocemos de todo esto. “En la tradición tolteca -afirmo- se entrena al aprendiz en el desarrollo de estas posibilidades. A este nivel comienza don Juan a construir”.
Meditando sobre estas palabras de Castaneda, pensé en el paralelismo con la Yoga Tántrica y los distintos centros o “chakras” que el oficiante va despertando mediante ciertas prácticas rituales. En el libro El círculo hermético de Miguel Serrano se lee que los “chakras” son “centros de conciencia”. En el mismo libro, Carl Jung le refiere a Serrano una conversación que tuvo con un cacique de los indios Pueblo llamado Ochwián Biano o Lago de la Montaña. “Me explicaba su impresión de los blancos, siempre tan agitados, siempre buscando algo, aspirando a algo… Según Ochwián Biano, los blancos estaban locos, pues afirmaban pensar con la cabeza, y sólo los locos lo hacen así. Esta afirmación del jefe indio me produjo gran sorpresa y le pregunté que con qué pensaba él. Me respondió que con el corazón”.
El camino del conocimiento del guerrero es largo, y requiere total dedicación. Todos ellos tienen un objetivo concreto y un incentivo muy puro.
“¿Cuál es el objetivo?” -insistimos. Parece que el objetivo consiste en pasar conscientemente al otro lado por el costado izquierdo del universo. “Hay que tratar de aproximarse lo más posible al águila y procurar escapársele sin que ella nos devore. “El objetivo -dijo- es salirse `de puntillas’ por el lado izquierdo del águila. “No sé si Uds. saben-continuó buscando el modo de aclararnos la imagen- que hay una entidad que los toltecas llaman el águila. El visionario la ve como una inmensa negrura que se extiende al infinito; es una inmensa negrura que un relámpago cruza. Por eso es que la llaman el águila: tiene alas y lomo negros, y su pecho es luminoso.
“El ojo de esa entidad no es un ojo humano. El águila no tiene piedad. Todo lo que es vivo está representado en el águila. Esa entidad encierra toda la belleza que el hombre es capaz de crear así como también toda la bestialidad que no es el ser humano propiamente dicho. Lo que es propiamente humano en el águila es inmensamente pequeño en comparación a todo el resto. El águila es demasiada masa, bulto, negrura..: frente a lo poquito que es lo propio del ser humano.
“El águila atrae a toda fuerza viva que está pronta a desaparecer porque se alimenta de esa energía. El águila es como un imán inmenso que va recogiendo todos esos haces de luz que son la energía vital de lo que está muriendo”.
Mientras Castaneda nos decía todo esto, sus manos y dedos como martillos imitaban la cabeza de un águila picoteando el espacio con insaciable apetito.
“Yo sólo les digo lo que don Juan y los otros dicen. ¡Son todos unos brujos y brujas! exclamó-. Todos ellos están envueltos en una metáfora que es incomprensible para mí”:
“¿Cuál es el dueño del hombre? ¿Qué es lo que nos reclama? -se preguntó. Nosotros escuchábamos atentamente y lo dejábamos hablar porque él había entrado en un terreno en el cual ya no cabían las preguntas.
“El dueño de nosotros no puede ser un hombre” -dijo. Parece que los toltecas llaman “dueño” al “molde del hombre”. Todas las cosas -plantas, animales y seres humanos- tienen un “molde”. El “molde del hombre” es el mismo para todos los seres humanos. Mi molde y el suyo-continuó explicando- es el mismo, pero en cada uno se manifiesta y actúa en forma distinta según sea el desenvolvimiento de la persona”.
A partir de las palabras de Castaneda, interpretamos que el “molde humano” es lo que nos reúne, lo que unifica la fuerza de la vida. La “forma humana”, en cambio, sería aquello que impide que veamos el molde. Parece que mientras no se pierda la “forma humana” sólo somos capaces de ver los reflejos de esa forma en todo lo que percibimos. A esa “forma humana” no la vemos pero la sentimos en nuestro cuerpo. Esa “forma” es la que nos hace ser lo que somos y nos impide cambiar.
En The Second Ring of Power la Gorda lo instruye a Castaneda acerca del “molde humano” y la “forma humana”. En ese libro, el “molde” se describe como una entidad luminosa y Castaneda recuerda que don Juan, lo describió como “la fuente y el origen del hombre “. La Gorda, pensando en don Juan recuerda que éste le dijo que “si llegamos a tener suficiente poder personal podremos vislumbrar el molde aunque no seamos brujos; y que cuando esto ocurra diremos que hemos visto a Dios. Me dijo que si lo llamamos Dios, sería acertado porque el molde es Dios”.
“Videntes-continuó Castaneda- son aquellos seres capaces de ver al ser humano como un huevo luminoso. Dentro de esa esfera de luz está la vela encendida. Si el vidente ve que la vela está chiquitita, por más fuerte que la persona parezca, significa que ya está terminada”.
Castaneda nos había dicho antes que los toltecas nunca mueren porque ser tolteca implica haber perdido la forma humana. Sólo en ese momento lo comprendimos: si el tolteca ha perdido la forma humana, no hay nada que el águila pueda devorar. No nos quedaba duda tampoco de que los conceptos “dueño” del hombre y “molde” del hombre, así como la imagen del águila se referían a una misma entidad o estaban íntimamente relacionados.
Varias horas más tarde, sentados ante unas hamburguesas, en una cafetería del boulevard Westwood y otra calle cuyo nombre no recuerdo, Castaneda nos refirió su experiencia al perder la “forma humana”. Según dijo, su experiencia no fue tan fuerte como la de la Gorda, quien tuvo síntomas similares a los de un ataque cardíaco. “En mi caso, -dijo Castaneda- se produjo un simple fenómeno de hiperventilación. En ese preciso momento sentí una gran presión: una corriente de energía entró por la cabeza, atravesó el pecho y el estómago y siguió por las piernas hasta desaparecer por el pie izquierdo. Eso fue todo.
“Para asegurarme -continuo- fui al médico, pero no me encontró nada. Solamente me sugirió que respirara en una bolsa de papel para disminuir la cantidad de oxígeno y contrarrestar el fenómeno de hiperventilación”. “Pero a esta recapitulación -agregó Castaneda cambiando de tono y postura- hay que ponerle `salsa’. La característica de don Juan y sus `compinches’ es que son livianos. Don Juan me curó a mí de ser pesado. El no es solemne, nada ceremonioso.” Dentro de la seriedad de la tarea que todos ellos realizan hay siempre cabida para el humor.
Quedamos en silencio un rato; finalmente lo rompí para preguntarle acerca de doña soledad. Le dije que ella me había impresionado como una figura grotesca; como una bruja, verdaderamente.
“Doña Soledad es india -me contestó. La historia de su transformación es algo increíble. Puso tal voluntad en su transformación que al final lo logró. En este esfuerzo desarrolló su voluntad a tal extremo que como consecuencia desarrolló también demasiado orgullo personal. Precisamente por esto es que no creo que ella pueda pasar de puntillas por el costado izquierdo del águila. De cualquier modo, ¡es fantástico lo que fue capaz de hacer consigo misma! No sé si Uds. recuerdan quién era ella..: Ella era la `Manuelita’, la `mamacita’ de Pablito. Siempre lavando, planchando y fregando…; ofreciendo `comidita’ a unos y otros.”
Al referirnos esto, Castaneda imitaba en gestos y movimientos a una viejecita muy pobrecita. “Hay que verla ahora -siguió-. Doña Soledad es una mujer fuerte y joven. ¡Ahora hay que temerle!
“La `recapitulación’ le llevó a doña Soledad siete años de su vida. Se metió en un hueco y de allí no salió. Se quedó ahí metida hasta que terminó con todo. En siete años no hizo más que eso. Aunque no pueda pasar junto al águila -dijo Castaneda Ileno de admiración-, nunca más volverá a ser la pobrecita de antes.”
Tras una pausa, Castaneda nos recordó que don Juan y don Genaro ya no estaban con ellos.
“Ahora ya todo es distinto” -expresó Castaneda nostálgico.
Don Juan y don Genaro no están. La señora Tolteca está con nosotros. Ella nos pide tareas. La Gorda y yo hacemos la tarea juntos. También los otros tienen tareas que cumplir; tareas distintas, en lugares también distintos.
“Según don Juan, las mujeres tienen más talento que los hombres. Las mujeres son más susceptibles. En la vida, además, ellas se gastan menos y se cansan menos que los hombres.

Castaneda desaparece

Castaneda desaparece

Editado en catalán en: “Revista d’Etnologia de Catalunya” -núm. 15, noviembre de 1999, págs. 120-127-por el Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya, Barcelona

Es difícil escribir algo nuevo sobre el universal Carlos César Castaneda Arana, sin que resulte una simple invención, una interpretación personal del articulista o sin que sea una crítica o una mitificación, de las que oscurecen cualquier realidad. Vamos a tratar, pues, de realizar un pequeño recorrido por su biografía reciente hasta donde los hechos verificados lo permitan. A partir de ahí, cada cual haga sus libres interpretaciones de lo que se le presente. Algunos de los datos que siguen han sido tomados de las investigaciones que Edith Stanley, Patrick Kerkstra y Scott Glover, investigadores del periódico norteamericano Los Angeles Times, han realizado sobre la reciente muerte de Castaneda.

Su vida

El universal autor conocido bajo el nombre de Carlos Castaneda, autodenomindo brujo seguidor de las tradiciones chamánicas de los indios yaqui, norteamericanos, murió el 27 de abril de 1999 en Westwood, EE.UU., según comunicó su abogada Deborah Drooz, la cual se presenta como amiga del escritor y ejecutora de su testamento.
A pesar de la espesa neblina y misterio -voluntariamente esparcidos- que envuelven la vida de Carlos Castaneda, se sabe que emigró a los EE.UU. en el año 1951, y se dice que había nacido el día de Navidad del año 1925 en Sao Paulo (Brasil) o en Cajamarca (Perú), dependiendo de los relatos autobiográfícos que se quieran creer. Es muy probable que se tratara del hijo de alguna familia sudamericana que emigró a los EE.UU. a estudiar. En este sentido algunas voces, a mi juicio bastante autorizadas, afirman que su núcleo familiar tenía origen catalán y que su apellido real era Castañeda, apelativo bastante difundido en algunas comarcas catalanas que viene a significar “bosque de castaños”, pero que al emigrar de Sudamérica a los EE.UU., y ante la ausencia del sonido y la grafía “ñ” en inglés, perdió su Castañeda familiar en favor de su nuevo Castaneda.
Por su parte, nuestro autor era un mentiroso y un tramposo sin límites y nunca arrepentido de ello, de ahí que la comunidad científica jamás le haya prestado una seria atención, a pesar de que en muchos momentos afirmó y reiteró que lo que relataba era cierto y que no había fantasía en ello. No obstante, y a pesar de que se diera crédito a sus narraciones, lo cierto es que los detalles de su biografía -tan rebuscados por investigadores detractores como por mitómanos seguidores- son una suma de puras hipótesis oscurecidas con toda meticulosidad. Nada está claro, empezando por la fecha de su fecha de nacimiento o por el lugar donde aconteció. Incluso hay serias dudas sobre la veracidad oficial de su nombre. Uno podría pensar que se trata justamente de la estrategia del brujo, que tantas veces él mismo había repetido en sus libros, para escapar al enquilosamiento de un pasado que va formando una costra encima de uno y cada vez le impide más vivir como un guerrero. También se podría pensar que una persona como Castaneda se muestra elusivo ante la prensa y ayuda a forjar su propio mito haciendo desaparecer sus huellas del pasado hasta en los más mínimos detalles, pero que en algún nivel de su intimidad aparece un Carlos desenmascarado, pero resulta que no, que incluso alguien tan próximo a nuestro autor como el psicólogo Richard Yensen me comentó, cuando estuvimos juntos hace unas semanas, que Castaneda era un mentiroso permanente, que uno nunca podía fiarse de lo que decía. “Gran parte de la mística castanediana se basa en el hecho de que, ni tan sólo sus más íntimos amigos están seguros de quien es”, escribió su ex-esposa Margaret Runyan Castaneda, en un memorial que se publicó en el año 1997 a pesar de que el propio Castaneda trató de impedir que se editara. Así pues, nadie puede esperar que la academia de científicos, preocupados por la verdad objetiva, mostrara la menor disposición a creer o a verificar algo salido de la pluma de un supremo mentiroso de los únicos aspectos comprobables de su propia vida.
Con independencia de quien fuera ese hombre, de su nombre de pila y lugar y fecha de nacimiento, lo cierto es que nuestro autor consiguió galvanizar y catalizar la atención mundial hace unos treinta años. Ya es ampliamente sabido que como trabajo final para obtener el título de doctor en antropología en la Universidad de Los Ángeles, Castaneda hizo lo que tantos estudiantes de antropología al acabar la carrera: escogió un tema, un lugar y una etnia sobre la que realizar la investigación necesaria para la Academia, pero lo que salió fue el rememorado viaje al desierto de Arizona, en México. Su intención inicial -si hemos de creernos su relato- se centraba en buscar y estudiar los efectos de determinadas plantas medicinales de uso tradicional entre los pueblos que habitan este árido y ancho rincón de mundo. Pero el destino nunca perdona: se paró en una ciudad fronteriza con el desierto de Arizona y allí, en la misma parada de autobuses de la compañía Greyhound, la más popular de los EE.UU., comenzó el cambio que le llevaría a transformarse como persona, a él y a una buena parte de la juventud occidental. Una vez situado y sin saber lo que le deparaban los hados, en esta terminal de autobuses se encontró con un anciano indio de la etnia yaqui, supuestamente llamado Juan Matus, Don Juan, que decía provenir de Sonora, México. Si hemos de seguir creyendo la historia narrada por Castaneda, este anciano resultó ser un chamán que consumía plantas enteógenas, y las que usó para iniciar a su alumno y adentrarlo en un mundo oculto que sobrevivía desde hacía más de 2 000 años.
Bajo la dura, firme y sabia tutela del entrañable Don Juan, que duró a lo largo de bastantes años, nuestro autor experimentó los efectos del peyote, de diversas semillas enteógenas y de hongos probablemente psilocíbicos, conociendo vivencias y momentos de éxtasis supremo pero también de dolorosos y oscuros infiernos de pánico. Todo ello en un intento por conocer y vivir lo que denominó estados no ordinarios de realidad. Vagando por el desierto junto a su guía y maestro psicológico y etnobotánico (justo en las catalogaciones botánicas, lo único que se puede observar desde fuera, es donde Castaneda falla más), el antropólogo declaró haber visto insectos gigantescos, haber aprendido a volar con su nuevo pico, haberse transformado en cuervo y que finalmente, había triunfado en el propósito de alcanzar un nivel superior y más refinado de consciencia, en ser un hombre de conocimiento como lo era Don Juan.
Su tesis, publicada el año 1968 por la Universidad de California, se convirtió pronto en un éxito literario internacional. En ella tocaba la fibra adecuada y en el momento justo de la cresta de la ola de la joven cultura norteamericana de los años 1960, consumidora de substancias psicodélicas y románticamente enamorada de sus puros y sabios indígenas. El estilo de la obra inicial de Castaneda, estilo que ya nunca dejaría, era una curiosa y sugerente mezcla de alegorías universales, antropología, parapsicología, alquimia y filosofía budista, y -probablemente- una buena dosis de ficción. En mi opinión también hay una buena dosis de las enseñanzas que a principios de siglo difundiera G. Gurdjieff y su propio discípulo aventajado Ouspenski. Así fue como su primer libro, Las enseñanzas de Don Juan. Una vía yaki hacia el conocimiento, convirtió al anciano personaje de Don Juan en un nombre más que reverenciado entre los jóvenes y a Castaneda en un auténtico símbolo cultural.
En uno de los pocos artículos escritos sobre él y en el que Castaneda cooperó, publicado por la revista Time en 1973, se decía que: “para las decenas de miles de lectores (de Castaneda), jóvenes y ancianos, el primer encuentro de Castaneda con Juan Matus (…) es un hecho literario mejor conocido que el encuentro entre Dante y Beatriz a las orillas del Arno”… Efectivamente, así es. Después de tal impresionante debut literario, nuestro autor continuó produciendo éxitos de ventas tales como Una realidad aparte, Viaje a Itxlan y Relatos de poder. A raíz de ello, y dado el carácter entre pueril e impetuoso que caracteriza a nuestros vecinos del otro lado del Atlántico, una multitud jóvenes y de no tan jóvenes se precipitó hacia México esperando convertirse en nuevos alumnos echados a los sabios pies de Don Juan, los periodistas se pusieron a investigar la vida de este brujo y de su ya afamado discípulo… pero el anciano indio yaki no aparecía por ningún lado -al revés de lo que había sucedido con la chamana María Sabina.. Ello dio origen a especulaciones sobre la realidad de lo narrado en los libros de Castaneda, no faltando quien lo acusara de ser el autor de un ingenioso y bien elaborado camelo que no respondía a la realidad étnica y tradicional que se anunciaba. La crítica escéptica tuvo un buen representante en Joyce Carol Oates, reputado autor, quien dio la vuelta a los argumentos de veracidad, preguntándose en 1972 “¿Hay alguna posibilidad de que estos libros no sean de ficción? Todo el mundo los acepta como estudios antropológicos pero a mi me parecen unas remarcables obras artísticas, al estilo de Hesse cuando escribía sobre la iniciación del joven en otro tipo de realidad. Están bellamente construidos, el diálogo es impecable, el personaje de Don Juan es inolvidable y todo disfruta de un gran ritmo novelístico”. No puede ser realidad. Por su parte, el prestigioso antropólogo C. Geertz, dijo también que: “por ahora sus libros carecen de presencia alguna en el campo de la antropología”, en el sentido de que, a pesar de la gran popularidad obtenida, ningún profesor universitario y serio de antropología recomendaría esos textos a sus estudiantes. No obstante, ni la tendencia de Castaneda por mentir ni la más que cuestionable existencia real de Don Juan han hecho disminuir en ningún momento el entusiasmo de sus admiradores. En este sentido, Joshua Gilder, redactor de la Saturday Review, afirmó que no es necesario creer y tener fe para sentirse arrastrado por la narrativa de Castaneda, se trata de la reelaboración de mitos universales: obran un efecto extraño y maravilloso que está más allá del reino de las creencias. Es algo que solo un genio puede producir.
A pesar de tanta crítica -o justo debido a ella- en los últimos días de su vida, Castaneda insistió firmemente en que los hechos por él narrados en sus libros no tan solo eran reales sino que estaban meticulosamente documentados. También lo repitió ante las 400 personas que asistieron a un seminario impartido por él mismo en Anaheim, en el año 1995: ahí afirmó y reiteró que él no había inventado nada, que no estaba loco.
A mi juicio, y después de los años que he dedicado a la investigación de los enteógenos, a sus efectos y a la importancia que tienen en toda cultura humana, creo no equivocarme al afirmar que en estos campos del quehacer humano es muy, muy arriesgado decir que algo es real o que no lo es. Los efectos que producen las substancias psicoactivas tienen muchos matices de gris. En este sentido, hace años tuve la sensación -y con el tiempo se ha ido afirmando en mi interior- , de que la gran trampa de Castaneda, su gran mentira, no es lo que narra sino cómo lo relata: cuando se autoexperimenta con plantas enteógenas, uno ve mundos no ordinarios, pero también es cierto que no conozco a nadie en su sano juicio que afirme que tales mundos están realmente fuera del propio sujeto. Son mundos interiores a pesar de que, muy a menudo, tengan algún tipo de reverberación o empatía con el entorno. Es así como, para referirse a estas dimensiones de nuestro universo psíquico, es necesario e imprescindible usar metáforas lingüísticas. No en vano todas, absolutamente todas, las religiones anuncian sus verdades y descubrimientos en forma metafórica: el Tao de los budistas es innominable, lo mismo que el Uno de los cristianos, y para referirse a estas existencias trascendentes no queda más remedio que usar imágenes metafóricas. Creo que Castaneda hacía trampa cuando ponía las metáforas en boca del inefable Don Juan pero no anunciaba que la forma de explicar sus experiencias era también una metáfora. A menudo, en mis experiencias con ayahuasca, san pedro u otros enteógenos uso esas mismas formas expresivas (he volado por…, he visto…, he sentido la inmensidad…, he muerto…, mi cuerpo se transforma…) y si no anunciara que se trata del efecto de un enteógenos sobre mi propia mente, es probable que unos me tomaran por un demente y otros por un profeta, como a Castaneda.

Su muerte

A pesar de todo lo anterior, nuestro autor merece que se le aplique con todos los honores la máxima castellana de genio y figura… ya que su misteriosa vida de brujo se refleja también en su muerte.
La causa declarada de su silenciosa y anónima muerte fue un cáncer de hígado. Como mínimo externamente, murió en consecuencia a su vida de las últimas décadas y al contenido de sus enseñanzas: apartado del mundanal ruido, sin publicidad ni cámaras, en el más escrupuloso, libre y perfecto anonimato. De él no se tienen fotografías de menos de cuarenta años de antigüedad ni grabaciones de ningún tipo, ya que cuidaba muy mucho de que, en sus escasísimas apariciones en público, nadie registrara su voz ni fotografiara su imagen: de aquí la sorprendente foto que apareció en los periódicos de finales de junio para anunciar su muerte, retrato tomado el año 1951 en el que se ve un hombre de cara redonda, peinado de postguerra y todo ello de una calidad técnica ínfima. Un brujo, afirmaba Castaneda, nunca mira su pasado y estos sistemas para congelar la imagen de una persona frenan la evolución interior del guerrero.
Tampoco -según parece- se realizó funeral alguno. Su cuerpo fue incinerado en los EE.UU. y luego se esparcieron sus cenizas en México, de acuerdo a lo que figura en los registros de la morgue de la ciudad norteamericana de Culver. No obstante, tampoco estos datos tienen nada de fiable ya que ni tan solo su certificado oficial de defunción está libre de ambigüedades y falta de información. En él, y según el periódico Los Angeles Times, se dice que su ocupación laboral era la de profesor en la escuela del distrito de Berverly Hills (Beverly Hills School District), pero ninguna escuela de este distrito tiene registrado ni archivo alguno de que Castaneda enseñara ahí. También se ha dicho que nuestro autor carecía de familia, pero en el certificado de defunción aparece el nombre de una sobrina, Talia Bey, que resulta que es la presidente de la compañía Cleargreen Inc., la empresa que organizaba los seminarios de Castaneda sobre “tensegridad”, una moderna y algo deshilachada versión de las supuestas prácticas chamánicas para obtener energía, de las que una parte proviene claramente del yoga, otra de las artes marciales y aun otra parte de ejercicios ergonómicos. A pesar de ello, no ha sido posible localizar a T. Bey para que añadiera más información sobre el tema.
En este mismo sentido, es sorprendente que en el documento oficial de defunción, según Los Angeles Times, Castaneda aparece consignado como Nev. Married, “Nunca estuvo Casado” cuando, en cambio, se sabe de su matrimonio con Margaret Runyan Castaneda, procedente de Charleston (W.Va.), que duró entre los años 1960 y 1973, y del que nació un hijo no reconocido por Castaneda, ni bajo juramento ante un tribunal. Este supuesto hijo tiene ahora 36 años y vive en Atlanta. No para de reclamar ser el descendiente del afamado autor y para ello afirma tener un certificado de nacimiento en que el figura Carlos Castaneda como padre. No obstante, nada de ello está realmente aclarado a pesar de las investigaciones realizadas por E. Stanley, P. Kerkstra y S. Glover. La nube se cierra a su alrededor.
Cuando, hace unas semanas se pidió información sobre la muerte de Castaneda a su presunta ex esposa, M. Runyan de 76 años, ésta respondió que nadie le había informado, que no sabía nada, pero que él ya estaba preocupado por su muerte desde años atrás, afirmaba que iba a ser la mejor experiencia de su vida. En 1995, mientras impartía el seminario en Anaheim, nuestro autor declaró en público que: “…todos nos estamos enfrentando al infinito, tanto si nos gusta como si no ¿Por qué no lo hacemos mientras estamos débiles, cuando estamos con la salud quebrada o cuando estamos moribundos? ¿Por qué no cuando nos sentimos fuertes? ¿Por qué no ahora mismo?” En cambio, contrastando con estas explícitas declaraciones de hace tres años está su postura de cuando lo entrevistaron para la revista Time en el año 1973; entonces se mostró mucho más sucinto al tratar el tema del final de la vida desviando la atención del periodista hacia un graffiti que había en un muro de Los Angeles en el que se decía: “La muerte es el subidón más fuerte de todos. Por eso nos lo reservan para el final”.
Nuestro ínclito autor ha dejado un testamento que debe ser leído y validado a lo largo del mes de julio en Los Ángeles, y un dudoso certificado de defunción: perfecto final para una vida impecablemente brumosa. Las pocas personas que podrían salir legalmente beneficiadas de sus abundantes y jugosos derechos de autor fueron avisadas de la muerte de Castaneda por su abogada Deborah Drooze, pero nadie lo dijo a la prensa ni a ningún otro medio de comunicación hasta el día 18 de junio (había muerto el 27 de abril). Por su parte, la médico que atendió Castaneda en sus últimos respiros, Angelica Dueñas, no se sabe que haya hablado absolutamente con nadie en referencia a este tan secreto paciente. Incluso aquellas personas que, según parece, tenían a nuestro autor como a uno de sus buenos amigos no supieron nada acerca de su óbito y, cuando más tarde les fue comunicado tampoco gastaron ni un instante para dar a conocer la muerte de su amigo a nadie. Este fue su tributo a Castaneda y a su menosprecio por la publicidad, respetándolo y prescindiendo de la dimensión de realidad en pueda hallarse el autor.
Michael Korda, autor y editor que publicó algún libro de Castaneda en la editorial Simon&Schuster declaró que él mismo había adoptado como práctica habitual en su vida no discutir nunca ni con nadie relacionado con la industria de los medios de comunicación sobre Castaneda, y menos aun sobre su defunción. Tampoco Tracy Kramer, agente literaria de Castaneda en Los Angeles, ha devuelto ni una sola de las llamadas recibidas que preguntaban o comentaban algo sobre el mismo tema. En lugar de ello, se ha limitado a citar los mismos textos de Castaneda: “de acuerdo a la tradición de los chamanes de su linaje, Carlos Castaneda dejó este mundo en plena consciencia”.
Como muy corto resumen de su vida pues, sólo me atrevo a añadir que Castaneda fue el autor de diez libros traducidos a diecisiete idiomas, libros que han causado un auténtica revolución en el pensamiento occidental de la segunda mitad del siglo XX. Algún observador norteamericano ha afirmado que fue el primer y principal ideólogo de la denominada Nueva Era, pero en mi opinión, quien ha leído con atención sus libros probablemente aceptará que en ellos hay la posibilidad de embuste, de fantasías trenzadas extraordinariamente bien y otras virtudes y cualidades, o bien lo contrario, pero -por lo menos desde la vieja y ya curtida Europa- se hace difícil ver en el brioso y masculino Castaneda un abanderado de la algo fofa Nueva bobEra. No creo que él lo aceptara.
En todo caso, el tema no está en si es cierto o no, en un sentido físico, el contenido de sus relatos, sino en lo tremendamente sugerente de sus libros, en lo que obran sobre los lectores y en el espacio mítico que ocupan en la realidad actual ¿Alguien se preguntaría si existió un Edipo de carne y hueso para corroborar la veracidad del mito o metáfora usado para explicar nuestras dependencias psicológicas maternas? ¿Verdad que no…?

Josep Mª Fericgla
Dr. en Antropología

La realidad de los indígenas es más honda y adversa de lo que se cree: Ivan Alec

La realidad de los indígenas es más honda y adversa de lo que se cree: Ivan Alechine

Solecito Editado por Aldus, el libro será presentado este jueves en la Casa de Francia Solecito El artista anuncia nuevo poemario con la inclusión de tres grabados de su padre, Pierre Alechinsky

MERRY MAC MASTERS
Foto

Ivan Alechine durante la entrevista con La Jornada, a la derecha: A la orilla de Wilikuta, una de las imágenes captadas por el escritor FOTOS Guillermo Sologuren e Ivan Alechine

El poeta y fotógrafo Ivan Alechine (Bélgica, 1952) llegó a México por primera vez a principios de los años 80 motivado por sus lazos familiares con el pintor Alberto Gironella y por la curiosidad de conocer lo planteado en los libros del antropólogo Carlos Castaneda.

Antecedido por personajes como Antonin Artaud y Benjamín Peret, Alechine buscaba algo diferente con ”el peyote y las cosas de magia”.

Al trasladarse a la sierra huichola, sin embargo, encontró una realidad muy diferente a la de sus lecturas.

Inclusive, en la primera novela de Alechine, Poca luz (2001), ahora publicada en español por Editorial Aldus, se manifiestan las enseñanzas de Castaneda, el llamado gurú de la generación hippie.

El volumen, cuyo título en francés Les voleurs de pauvres (Los ladrones de los pobres) nunca gustó a su autor -después supo que Poca luz es el nombre del ciego de la película Los olvidados, de Luis Buñuel-, será presentado por Humberto Fernández, Jorge Zerecero y el propio Alechine mañana a las 20 horas en la Casa de Francia (Havre 15, Zona Rosa). Habrá otra presentación el 20 de mayo en el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO).

Castaneda, ”escritor de ficción”

Al entrevistado le costó ”unos años” entender que Castaneda es un ”escritor de ficción”. En eso le ayudó la actriz Ofelia Medina, a quien conoció recién llegado a México, donde regresó en varias ocasiones. En 1990, explica, Medina ”me convenció que hay mucho que hacer con los indígenas, que no tiene nada que ver con estas ficciones de tipo Hollywood, sino con vacunas, ayuda en la protección de su territorio, y que hay una lucha muy intensa del mundo moderno en contra de ellos”.

Para Alechine, el de Carlos Castaneda es un camino falso que tomaron muchos de su generación en los años 70: ”Nos equivocamos mucho con esos libros, porque la realidad no es de cosas de poder como se dice y de cambiar de personalidad, de ser un lobo a veces, estas cosas de magia, tipo Hollywood.

”No, la realidad de los indígenas es que la cerveza sí entra con los camiones, las presas inundan sus tierras, que todavía no es permitido hablar en huichol o zapoteco o mixteco o mixe en la radio mexicana, que no hay servicio social para ellos, que las carreteras nada más ayudan a podrir su situación, más bien ellos bajan a las ciudades para encontrar trabajos feos, por ejemplo, en los campos de tabaco, donde muchos huicholes se mueren en la costa nayarita.”

En palabras de Claude Levi-Strauss, Poca luz se trata de ”una novela etnográfica donde la literatura permite acceder a lo real verdadero y a su más profunda comprensión”. También pretende mostrar que uno, aunque se equivoque, siempre puede cambiar. En cada capítulo el narrador de nombre Imán aprende algo más, a la manera de ”un Charlie Chaplin, medio tonto, pero cuyo no conocimiento le ayuda para progresar”.

Alechine es de la idea de que los poetas y los escritores no tienen por qué quedarse en su torre de marfil y llorar cómo va mal el país. Después de sus primeros viajes a México, al regresar a París el poeta se iba a las redacciones de los periódicos con sus escritos sobre lo visto aquí. Como no le hacían caso, de nuevo en México, en 1992, decidió tomar fotografías.

Inclusive trabajó tres años con la revista México desconocido. Estuvo varios meses en los Chimalapas para tomar fotos de la selva, del saqueo de la madera que, por tanto, mata las raíces no nada más de los árboles, sino de una ”fuente de información independiente”. También estuvo en la sierra mazateca.

En noviembre, Ivan Alechine retomará la poesía, pues publicará el poemario Tapis et caries que, por primera ocasión, incluirá tres grabados de su padre, Pierre Alechinsky.

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