IDENTIFICACION DE UNA SECTA

IDENTIFICACION DE UNA SECTA

Con frecuencia se utiliza el término secta para calificar una gran variedad  de fenómenos religiosos. En algunos lugares se emplea el término incluso  para referirse a iglesias protestantes. ¿Cómo distinguir entonces una secta  de un movimiento religioso legítimo? Esta es la finalidad de un libro  recién publicado por Jean Vanier, «Nuovi movimenti. Sette cristiane o segnidello Spirito» (Italia, Piemme). Según el reportaje del periódico
«Avvenire» (8/6/99) el libro contiene diversos criterios para juzgar los movimientos religiosos. Vanier propone cinco elementos que pueden ayudar a identificar una secta.

  1.  Una secta está encerrada en sí misma y con frecuencia dominada por un gurú omnipotente, considerado como el único profeta y salvador. Sólo la secta posee la verdad y no se tolera ninguna otra forma de autoridad.  Además, se prohíbe el contacto con otras formas de pensar o actuar.

  2. La misma secta se presenta como salvadora del mundo o de los individuos,  con un mensaje del todo nuevo y único para todos. Este mensaje da un  sentido completo a la existencia de los miembros y una fuerte motivación para el proselitismo.
  3. Para los que se hacen parte de la secta la sociedad está dividida entre buenos y malos, salvados y condenados. Se eleven muros entre las dos categorías que hacen difícil el diálogo, y hay una separación radical de las familias, los viejos amigos y el resto de la sociedad.
  4. Los miembros de la secta están obligados a sacrificar su propia
      conciencia, su libertad y su propia capacidad de juzgar. Deben seguir las certezas absolutas y los objetivos del grupo. Además, la inteligencia de los miembros de la secta es manipulada, repiten los lemas y obedecen más
      que buscar la verdad

Vanier admite que algunas de estas características pueden estar presentes
en un movimiento cristiano, sobre todo en los movimientos que se encuentran en los primeros años de su existencia. Sin embargo, entre los movimientos cristianos y las sectas existen claras diferencias.

1. CLASIFICACION GENERAL DE LAS SECTAS

1. CLASIFICACION GENERAL DE LAS SECTAS

De los intentos de clasificación que hay en Internet dos son los que parecen más importantes:

  1. Según ACI Digital

Tantos y tan diversos son los Nuevos Movimientos Religiosos, en lo que se refiere a creencias y prácticas, que se hace forzosa una clasificación de los mismos, a fin de establecer una justa discriminación entre unos y otros. Muchas son las posibles clasificaciones de los NMR, y aquí surge un nuevo inconveniente, respecto a las tipologías o diversas formas de clasificación. algunas de ellas son:

    * Movimientos Destructivos y No Destructivos

Esta es una de las clasificaciones más populares que, propuesta por algunos estudiosos enrolados en los movimientos anticultos, prontamente fue tomada por el periodismo y de ahí, su pronta difusión.Esta clasificación sostiene que los No Destructivos serían aquellos grupos eminentemente religiosos, mientras que los Destructivos, aquellos que utilizan técnicas de manipulación psicológica y persuasión coercitiva.La dificultad que presenta esta tipología reside en que va a depender su utilidad en relación a desde qué perspectiva se haga el estudio. Es decir que si el abordaje se efectúa desde el plano físico, encontraríamos movimientos Destructivos y No Destructivos; si el abordaje se realizara desde lo teológico, podríamos decir que todo NMR implicaría cierto grado de destructividad, en cuanto que aleja de la Verdad.

    * Movimientos de Riesgo

Esta más que una clasificación, sería una subclasificación, también utilizada mayoritariamente por estudiosos anticultos. Suelen incluir a aquellos grupos que si bien momentáneamente no registran el carácter de Destructivos, por sus prácticas, creencias o características particulares del líder, pueden acabar como tal.La dificultad de la presente tipología obedece a que el parámetro de distinción no permite una justo discernimiento entre la gran diversidad de NMR existentes en la actualidad.

    * Movimientos de Permeabilización o Audiencia

Se clasificarían así diversos grupos que no llegarían a conformarse como un NMR pero que son asiduos a las lecturas, participación o prácticas que pueden estar relacionadas con temas utilizados por diversos NMR. A manera de ejemplo podemos mencionar a aquellos que consultan de tanto en tanto a personas dedicadas a las mancias; cursantes de prácticas orientales como el yoga y algunos tipos de artes marciales, abrevando en sus creencias religiosas; lectores de literatura sobre Ovnis, de dudosa seriedad, o libros dedicados al ocultismo, la magia, etc. De esta manera podrían ser considerados como grupos preparatorios que facilitan el posterior ingreso de su eventual audiencia a NMR, mayoritariamente de características sectarias.

    * Por Orígenes Religiosos o Geográficos

Otros clasifican a los movimientos por sus orígenes, logrando un cuadro de relativa sencillez al principio, ya que consignan los bloque de las religiones principales y, a partir de ellas, todas las derivaciones. Esto hace que a medida que se avance en la clasificación, el cuadro vaya complicándose irremediablemente, por las sucesivas subdivisiones de algunos movimientos. Otra dificultad aparece con el surgimiento cada vez más frecuente de movimientos sincretistas, los cuales toman para su conformación, elementos de los más diversos orígenes.Mayor es aún la complicación en aquellos que utilizan un criterio geográfico, ya que muchas y de las más variadas creencias surgen en un mismo lugar. Otra dificultad no menos importante consiste en que si bien ciertos movimientos pueden tener un origen primario en un continente, se desarrollan como movimientos estructurados en otro. Este sería el caso del grupo comúnmente denominado Hare Krishna, que si bien surge en la India, se consolida como movimiento en los Estados Unidos de Norteamérica.

    * Por Contenidos

Aquí la clasificación se efectúa en base a las creencias o aspecto doctrinal, y se encuentran dos modalidades. La primera de ellas utiliza un criterio cristológico. Es decir que dividen entre aquellos movimientos que son cristianos, de los que no lo son. La dificultad de la presente clasificación reside en que sólo es verdaderamente útil, para estudios de carácter teológico, no así psicológico, sociológico, jurídico, etc.

La segunda modalidad toma los contenidos doctrinales en sentido amplio, para poder discriminar grupos con similares orígenes, pero que luego han adquirido elementos que puede diferenciarlos claramente. Sólo a manera de ejemplo y para que se pueda entender más fácilmente el concepto, podemos mencionar a los Adventistas del Séptimo Día que, si bien es un movimiento cristiano, sus particulares prácticas y creencias lo distancian fuertemente del mismo, por lo que suele clasificárselo como un grupo cristiano no convencional.

Clasificación en base a Orígenes y Contenidos

A continuación propondremos una clasificación conjugando las dos últimas tipologías, de Orígenes y Contenidos, por considerarla la más amplia y la más pedagógica para apreciar la diversidad de movimientos existente, y se ejemplificará con tan sólo algunos de ellos.

  1. Movimientos de Origen y Contenidos Católicos

      Estos están conformados por grupos fundados por sacerdotes y, en algunos casos obispos, cismáticos, ilícitamente ordenados, disidentes, o autoproclamados. Suelen utilizar las vestimentas, símbolos y signos de la Iglesia Católica Apostólica Romana, causando una gran confusión en la feligresía que acude a ellos a sus templos y ceremonias, en muchos casos desconociendo sus verdaderos orígenes y su desvinculación con la Iglesia Católica Apostólica Romana.Entre otros, se puede mencionad dentro de esta categoría a la Iglesia Católica Liberal, la Iglesia Católica Mariavita, la Iglesia popularmente conocida como la del “Padre Pedro”, la Iglesia Católica Argentina, la Iglesia Agustiniana Disidente, y la Iglesia del Palmar de Troya o Palmariana, con su sede central en España y que inclusive cuenta con un Papa “Gregorio XVII”.
  2. Movimientos de Origen y Contenidos Cristianos

      Aquí se suelen mencionar a los evangélicos cristianos de tipo pentecostal, y evangélicos de tipo bautista, generalmente con un carácter fundamentalista. Algunos investigadores sostenemos que no todos los pentecostales, y menos aún los bautistas, pueden ser clasificados como sectas. Ello se debe fundamentalmente a que tanto unos como otros, se caracterizan por ser autónomos, autocéfalos. Es decir, cada templo es independiente uno del otro, no existiendo una estructura que los agrupe a todos a nivel jurídico, administrativo o doctrinal como en las religiones clásicas o tradicionales. En su lugar cuentan con una serie de federaciones, asociaciones, consejos, etc., que no los llega a aglutinar a todos.Por esta autonomía, es que se da tan frecuentemente entre los pentecostales, el fenómeno del autopastoreo. Muchas veces pareciera que tan sólo hace falta adherir a la fe trinitaria, conocer algunos capítulos de la Biblia de memoria, y haber pasado por una experiencia religiosa conmovedora y sensual, para autoproclamarse pastor y crear un nuevo movimiento, sin que nadie pueda impugnar su título de pastor.Lo antedicho trae aparejado como consecuencia, una gran diversidad de este tipo de movimientos. Y si bien es cierto que existen algunos grupos muy serios, que incluso participan activamente del diálogo ecuménico, lamentablemente son la minoría y en la actualidad un gran número de movimientos pentecostales en América Latina, revisten características sectarias.
  3. Movimientos Cristianos no Convencionales

      Son aquellos que si bien poseen el carácter de cristianos, incluyen tanto en sus prácticas como en sus creencias, elementos no convencionales para el cristianismo.Dentro de este apartado podemos mencionar, a manera de ejemplo, a los Adventistas del Séptimo Día, quienes hacen una adhesión férrea a normas, incluso alimenticias, del Antiguo Testamento; los Davidianos, una escisión de la anterior y que tomó estado público después de los sucesos de Monte Carmelo, en el estado de Tejas, EE.UU., en abril de 1993; y los Niños de Dios / La Familia, por la inclusión enfermiza de toda la temática sexual en el discurso religioso, hasta proponer la prostitución como la mejor forma pastoral para el logro de la conversión.
  4. Movimientos Paracristianos

      A esta categoría corresponden todos aquellos movimientos que si bien utilizan la figura de Cristo, no le asignan el rol o status de Hijo de Dios, Mesías o Redentor. Generalmente para lograr esta nueva concepción, estos grupos suelen utilizar además de la Biblia, otro texto habitualmente escrito por el fundador del grupo, y al cual se subordinan las Sagradas Escrituras para su interpretación. Entre otros, podemos mencionar a la “Asociación del Espíritu Santo para la Unificación del Cristianismo Mundial o Iglesia de la Unificación”, y que es popularmente conocida como Secta Moon. En el presente movimiento se sostiene que Cristo fracasó en su misión entre los hombres, al no ser reconocido por su propio pueblo judío, como el Mesías, por lo que Dios habría de enviar a un nuevo mesías para que concluyera la obra redentora de Cristo, y de esta manera es considerado el fundador y actual líder del grupo, el surcoreano Sun Myung Moon. También, dentro de esta categorización podemos mencionar a la “Iglesia de los Santos de los Últimos Días o Mormones”, a la cual ciertos investigadores califican como un movimiento politeísta; y los “Testigos de Jehová”, quienes además de negar la fe trinitaria, consideran que Jesucristo en realidad no es el Mesías, sino tan sólo el Arcángel Miguel trascorporalizado.
  5. Movimientos de Origen y Contenido Judío

      Es el caso de los Judíos Mesiánicos o Jami. En realidad este es un movimiento de origen indirectamente judío, ya que habría tenido sus orígenes en un judío que se convirtió al evangelismo y creado un movimiento que tiene como particularidad el desarrollar un proselitismo preferencial entre la comunidad judía. Para tales efectos distribuyen Nuevos Testamentos bilingües: hebreo / castellano, o yidish / castellano, con un apéndice donde se consignan las profecías cristológicas del Antiguo Testamento y como éstas se cumplieron en la persona de Jesús.
  6. Movimientos de Origen y Contenido Islámico

      Pese a que no existe un total acuerdo entre los investigadores, se suele mencionar aquí a la Fe Baha’i, la que propone la unión de todas las creencias en una especie de suprarreligión.
  7. Movimientos de Origen y Contenidos Orientales

      En las dos vertientes distintas: de origen budista y de origen hinduista. Estos movimientos son quizás los más popularmente conocidos y que han tenido su auge, sobre todo en las décadas de los ‘6O y los ‘7O. En los últimos años y en una vinculación más o menos visible con el movimiento sociocultural de la New Age o Nueva Era, han vuelto a registrar cierta actividad, aunque en una forma más sincrética.Aquí encontramos, entre otros, a la “Asociación Internacional para la Conciencia de Krishna o Hare Krishna”, la “Misión de la Luz Divina”, “Ananda Marga”, “Rajneesh”, “Sai Baba”, “Sahaja Yoga”, “Brhama Kumaris”, etc. Algunos con contenido sintoísta, como Sokka Gakkai, Seicho no Ie, Iglesia Mesiánica Mundial, Perfecta Libertad, Aum Shinri Kyo (Verdad Suprema), etc.
  8. Movimientos de Origen y Contenidos Satánicos

      Por las características propias de este tipo de movimientos, como ser pequeña cantidad de miembros, reuniones secretas en casas particulares o lugares deshabitados, evaluación medianamente escrupulosa para la captación e ingreso de nuevos miembros, etc., es muy difícil de determinar su ubicación en nuestro país. Por lo general se reconoce su existencia por los testimonios de ex adeptos, con las debidas reservas en la valoración de los mismos, o bien por marcas, signos u otros elementos que suelen dejar luego de una de sus reuniones o actividades sacrílegasEn el marco internacional, podemos mencionar entre otras a la Iglesia de Satán, Hermanas del Halo de Belcebú, y el Grupo Astaroth.Hasta aquí se mantiene, medianamente, un orden, pero con los movimientos de características sincretistas, es decir, aquellos que toman elementos de diversos orígenes y los aúnan todos, sin lograr una verdadera síntesis o fusión, comienzan las complicaciones, ya que la subclasificación puede variar de acuerdo al investigador que la realice.
  9. Movimientos de Origen y Contenidos Masónicos

      Entre ellos encontramos a las clásicas y diversas logias masónicas, como así también los Rosacruces, que constituye la rama más esotérica de la masonería.Algunos investigadores no consideran conveniente incluir a la masonería como un NMR, ya que sostienen que sus fines son tan sólo de orden político y económico. Sin embargo, para otros, los contenidos gnósticos y esotéricos de sus doctrinas, como así también los diversos rituales iniciáticos que practican, son elementos suficientes para así considerarla, no encontrando contradicción con los fines políticos y económicos, ya que en ello, no se diferenciarían de otros NMR con iguales intereses.
  10. Movimientos de Origen y Contenidos Gnósticos y Esotéricos

      Estos términos provienen de los vocablos griegos gnosis y esoterós que significan conocimiento y oculto, respectivamente. Entran dentro de esta categoría todos aquellos grupos que sostienen que existe un conocimiento oculto, al que se puede acceder a través de una iniciación ritual y, de esta manera, acceder a la salvación. Es decir que en ellos la salvación no es lograda por la fe, como lo sostienen las religiones clásicas o tradicionales, sino tan sólo por la aprehensión de un conocimiento reservado a unos pocos.Es de destacar también que, en general, todos los movimientos sincretistas suelen tener componentes de carácter gnóstico y esotérico.En esta categoría encontramos, entre otros, a grupos tales como el “Movimiento Gnóstico Cristiano”, la “Iglesia Gnóstica”, la “Hermandad Blanca Universal”, “Cuarto Camino” (o Fundación Nahual), la “Fundación Escuela de Yoga de Buenos Aires”, la “Sociedad Teosófica”, “Logosófica”, “Antroposófica”, “Caballeros Americanos del Fuego” (CAFH), etc.
  11. Movimientos de Origen y Contenidos Espiritistas

      Aquí encontramos especialmente dos líneas claramente definidas: la corriente inglesa y la corriente francesa o kardecista. La más difundida en nuestro país, como así también en el resto de América Latina, es esta última que sigue las enseñanzas de Alan Kardec y que se diferencia de la primera por sostener la tesis reencarnacionista. De las clásicas escuelas espiritistas, como la Escuela Científica Basilio, surgieron luego otros grupos autóctonos que incluyeron ciertas diferencias como la Madre María, Pancho Sierra, la Hermana Irma de Maresco, el Hermano Miguel, etc.
  12. Movimientos Ovni o Contactistas

      Este tipo de grupos pueden ser considerados como la tercera generación de los movimientos espiritistas, en razón de haber sido creados la mayoría de ellos por ex integrantes de los mismos.Pertenecen a esta categoría todas aquellas asociaciones, centros o institutos que dicen estudiar el fenómeno Ovni pero que, en realidad, proponen contactos con supuestos seres extraterrestres, de allí que también sean denominados cultos platillistas o contactistas.Algunos sostienen que estos movimientos no tienen una verdadera relación con lo religioso, sin embargo vemos que son medularmente religiosos, como lo prueban los nombres que algunos de ellos ostentan, como ser Asociación Adonai, Bienaventuranza Cósmica, o Misioneros del Cristo Cósmico. Asimismo juega, en la mayoría de ellos, un papel preponderante la figura de Cristo. Para algunos Cristo es un extraterrestre, para otros un terrícola en sintonía con los extraterrestres, y para otros Cristo es el Comandante en Jefe de la Confederación Intergaláctica, etc.Todos estos movimientos, junto con los que se verán más adelante como Pseudocientíficos, se enrolan dentro de la corriente sociocultural conocida como New Age o Nueva Era. En los últimos años se ha registrado un verdadero auge de este tipo de movimientos, surgiendo, además de los mencionados precedentemente, grupos como Alfa, la Fundación para el Encuentro Cósmico (FUPEC), la Hermandad Cósmica Hamir, la Fundación Instituto Cosmobiofísico de Investigaciones (FICI) y, aunque con elementos bastante disímiles a las anteriormente citadas, el Lineamiento Universal Superior (LUS), que dirige la brasileña Valentina de Andrade.
  13. Movimientos de Origen y Contenidos Afroamericanos

      Aquí podemos mencionar la Santería cubana o el Vudú haitiano, muy escasos por el momento en nuestro país, a diferencia de los afrobrasileños.
  14. Movimientos de Origen y Contenidos Afrobrasileño

      Si bien existen diversos cultos como Pajelança, Casa de Mina, Catimbó, Xangó, etc., en nuestro país son especialmente conocidos el Candomblé, la Quimbanda o Macumba, la Umbanda y el Batuque.Todos estos cultos, al igual que los mencionados en la categoría anterior, son fuertemente sincretistas, mezclando elementos de origen africano, de origen amerindio, de origen cristiano, y de origen espiritista, en el caso de la Umbanda. Asimismo estos movimientos se caracterizan por ser autónomos y autocéfalos, por lo que se pueden encontrar grandes variantes no sólo en lo cultual, sino también en lo doctrinal de un terreiro (lugar donde llevan a cabo sus ceremonias) a otro.En general sostienen que existe un ser supremo y, entre éste y los hombres, una serie de entidades que denominan orixás. Estos orixás son antiguas divinidades africanas o fuerzas de la naturaleza divinizadas como el trueno, las aguas, etc., siendo a su vez los orixás homologados a figuras de santos cristianos. De tal manera que Ogum, el orixá o dios de la guerra, lo igualan a San Jorge; Iemanjá, la orixá o diosa de las aguas, la igualan a Virgen bajo la advocación de Stella Maris; Xangó, el orixá o dios del rayo y el trueno, lo igualan a San Jerónimo; y Oxalá, el más importante de los orixás, lo igualan a Jesucristo.También sostienen que estos orixás incorporan o poseen a los feligreses en medio de la liturgia, siendo el pae o la mae (que dirigen el culto), los encargados de definir qué orixá incorporó a cada feligrés.
  15. Movimientos Pseudocientíficos

La mayoría de estos movimientos, enmarcados dentro de la corriente de la New Age o Nueva Era, utilizan las pantallas de asociaciones, fundaciones o institutos y, partiendo de algún elemento científico, generalmente pseudocientífico, estructuran alrededor toda una concepción religiosa. Dentro de esta categoría también encontramos los movimientos también conocidos como Psicoterapéuticos, de Rehabilitación Personal o del Desarrollo del Potencial Humano.Entre otros podemos mencionar la Iglesia de la Cienciología o Asociación Dianética / Narconón, Meditación Trascendental, los métodos de control mental, Insight, como así también muchos de los institutos de parapsicología supuestamente científica y que en realidad no son tales.Cabe destacar en lo que respecta a este último punto, frente a la confusión generalizada, que el parapsicólogo es el profesional que estudia los fenómenos paranormales como la telepatía, la clarividencia, la precognición, la telekinesis, etc., y de ninguna manera el que los practica. A los que poseen dichas fenomenologías se los suele denominar dotados o paragnostas. Lamentablemente los parapsicólogos que se promocionan en los clasificados de los periódicos, no serían más que brujos, con nombre científico.

  1. Según Catholic.net

    * Si intentar comprender toda la vastedad del fenómeno sectario es un trabajo arduo, cuanto más difícil es intentar elaborar una clasificación que permita sistematizar todo ese universo de grupos tan diferentes en estructura y organización. Por lo tanto, elaborar una clasificación adecuada de lo que en sentido amplio denominamos “sectas” tiene al menos dos dificultades: la primera de ellas es que todo intento de clasificación en este campo es un intento a posteriori de comprender una realidad que surge espontáneamente, sin reglas fijas, y que por lo tanto se resiste de por sí a ser encuadrada fácilmente en clasificación alguna.
    * La segunda, es que toda clasificación implica en sí misma una opción de interpretación del fenómeno que se intenta comprender; opción que no siempre tiene que ver necesariamente con las causas propias del fenómeno sino que muchas veces puede realizarse a partir de una opción de tipo ideológico o de otras estructuras ajenas al hecho mismo en consideración.
    * En nuestros días, una de las clasificaciones más en uso, sobre todo en los medios de comunicación, es la que divide los grupos a partir del empleo sistemático o no de las denominadas “técnicas de condicionamiento conductual” (generalmente mal llamadas “lavado de cerebro”). Siguiendo este esquema se suelen distinguir sectas “duras” y sectas “blandas”.

Sectas “Duras” O “Destructivas”

    * Se denomina así a aquellos grupos que acuden de modo sistemático y a todo nivel a técnicas de proselitismo agresivas, y que emplean metodologías de reprogramación o de condicionamiento conductual, como técnicas para la asimilación del individuo a la comunidad. En muchos casos estos grupos conforman comunidades muy cerradas o aisladas, sin gran contenido doctrinal pero con un marcado énfasis en la pertenencia al grupo y el cuidado de las conductas. Comúnmente constituyen pequeños núcleos de adherentes que difícilmente superan entre 500 y 1500 personas (a veces son comunidades de solo unas pocas decenas de miembros).
    * Son agrupaciones muy agresivas a nivel individual ya que las técnicas que emplean, al alterar los patrones de conducta del individuo pueden provocar serios trastornos a nivel psicológico, de difícil recuperación. Es por esto que, a criterio del periodista español Pepe Rodríguez, la catalogación de un grupo como secta destructiva depende de que durante el adoctrinamiento utilice técnicas neurofisiológicas que provoquen la despersonalización del individuo.
    * Así, Rodríguez señala diez puntos que, a su juicio, pueden utilizarse como indicadores de la peligrosidad de un grupo. Es importante tener en cuenta que a juicio de quienes sostienen la posibilidad de estos métodos estos puntos deben darse todos conjuntamente. Su conjunción sería la que crea las condiciones necesarias para que se de el proceso de “programación” de la personalidad. Cuando más intensamente se den, más destructiva será considerada la secta:

        1. Que el grupo esté cohesionado en torno a una doctrina socio-religiosa demagógica, y encabezado por un líder al que se le atribuye la divinidad o su elección por ella. También se suele atribuír a este líder la posesión de la verdad absoluta en cualquier ámbito de conocimiento.
        2. Que la estructura organizativa sea teocrática, vertical y totalitaria, dando a la palabra de los dirigentes un valor absoluto fundado exclusivamente en la fe y no en la razón. Los líderes llegan a intervenir hasta en los detalles más insignificantes de la vida del adepto (p.e. el modo en que deben higienizarse) y rechazan toda crítica.
        3. La exigencia de adhesión total al grupo, con la consiguiente ruptura con todos los vínculos afectivos anteriores al ingreso (padres, pareja, amigos, trabajo, etc.).
        4. La adopción de un modo de vida en comunidad o en total dependencia (afectiva, cognoscitiva, laboral y económica) del grupo.
        5. La supresión de la capacidad de auto-determinación del individuo y la invasión de su intimidad.
        6. El control de la información que llega a cada miembro del grupo, con la consiguiente posibilidad de manipularla.
        7. La implementación de técnicas neurofisiológicas o de manipulación psicológica escondidas bajo el rótulo de “meditación”, “técnicas de visualización”, “renacimiento espiritual” u otras semejantes, de modo tal que se tiende a anular la capacidad de discernimiento y el razonamiento crítico de los individuos.
        8. El rechazo total de la sociedad y sus instituciones. Su existencia y accionar sólo interesan en la medida en que pueden servir a los intereses del grupo.
        9. Que en los hechos, las actividades principales del grupo sean el proselitismo y la recaudación de fondos.
        10. La entrega (bajo coacción psicológica) del patrimonio personal de los nuevos adeptos, o de grandes sumas de dinero para poder asistir a cursos, encuentros, u otros eventos semejantes. Quienes trabajan fuera del grupo suelen tener la obligación de entregar su salario (o gran parte de él); los que trabajan en emprendimientos del grupo no reciben salario o lo devuelven al grupo.

    * Quienes sostienen este tipo de catalogaciones, suelen considerar como sectas agresivas a los Niños de Dios, la Secta Moon, y otros grupos semejantes. En general no tienen un impacto importante a nivel de estructuras sociales y culturales debido al número reducido de miembros, lo exótico de su doctrina, y el carácter cerrado de sus comunidades.

Sectas “Blandas”

    * Por contraposición, suelen denominarse “sectas blandas” aquellos grupos sectarios que no hacen uso de técnicas de captación “duras” (o sólo recurren a ellas parcialmente), y cuya doctrina no ofrece proposiciones exóticas. Generalmente se da esta denominación a grupos de origen cristiano, e incluso a los de culto de tipo africanista.
    * Esta clasificación suele ser muy empleada por quienes trabajan en el ámbito de las noticias y los medios de comunicación ya que alude de modo simple y rápido a la agresividad del grupo que es objeto de la investigación. Pero consideramos que se trata de una simplificación excesiva, difícilmente calibrable ya que no existe un límite claro y definido entre unos grupos y otros, y que puede llevar a errores de catalogación importantes.
    * Por otro lado tiende a crear la falsa sensación de que las “sectas blandas” no entrañan un riesgo para la sociedad y que por lo tanto debieran ser aceptadas en un contexto de libertad religiosa.

Teniendo en cuenta otros presupuestos, de interés ideológico los grupos pueden dividirse en atención a la doctrina religiosa de origen; así podemos distinguir entre grupos de origen cristiano, grupos paganos y grupos originados en las religiones orientales.

1. CARACTERISTICAS GENERALES DE LAS SECTAS

1. CARACTERISTICAS GENERALES DE LAS SECTAS

A) Según la Web Churchforum

Autonomía

La secta es así un refugio. Rechazan la sociedad, sus valores e instituciones. Todo es substituido por la propia comunidad. Aquí se conservan puros, perfectos, salvados.

Como vemos las sectas tratan de conseguir su autonomía, pero no respetan la del otro. En esto está presente la inestabilidad, la incertidumbre, la soledad. Ellos se creen poseedores absolutos de la verdad.

Salvacionismo

Solo los miembros de la secta son “elegidos”, aceptados por Dios. El adepto es la luz. Y como estamos en los últimos tiempos hay que prepararse para la salvación. Pero la interpretación de la salvación suele ser reducida por las revelaciones de los iniciadores de la comunidad.

Fraternidad y Culto Emocional

Se resaltan las vivencias personales y la experiencia religiosa, se trata de fomentar un clima de fraternidad entre los miembros. En el culto se favorece todo lo que llega al sentimiento como cantos apropiados y testimonios. Se crea una dependencia psicológica del líder y del grupo.

Militarismo Voluntario

Para ser miembro de una secta es preciso una adhesión voluntaria y libre a sus valores y normas. La secta exige ser miembro “vivo”, “militante”, y “activo”; está constituida por miembros voluntarios, aunque algunos después de ciertas etapas tienen exigencias de permanencia para    conservar sus “secretos”.

Ellos se consideran “santos”; los demás son mundanos, pecadores. Han de estar dispuestos al sacrificio y a seguir fuertes normas éticas.

Exclusivismo

Para ellos algunas veces la formación no es importante sino, el carisma, la vivencia, la entrega al ideal del grupo.

En ocasiones, el carácter exclusivista del medio en que vive el individuo hace que abandone el estudio, amigos, incluso familia, dedicando todo su tiempo a la secta. No quieren contaminarse con el mundo al que califican lugar de tinieblas.

Temor y Moralismo

A menudo sucede que los hombres actúan por temor más que por amor.

Y en las sectas está muy presente la amenaza de la condenación, de que el fin está próximo. Los métodos para inculcar temor aparecen con facilidad en los escritos y palabras de los fieles sectarios.

Autoritarismo y Obediencia

El grupo secta debe funcionar perfectamente. Para ello, nada mejor que una autoridad que mande con decisión. Esta viene del maestro que ha tenido una “experiencia” peculiar o “revelación”. Por lo mismo lo que viene del maestro o líder no se discute, sino que se acepta “obedeciendo ciegamente”. Así hay una entrega total a la secta y el cerrarse y protegerse dentro de ella. Como recompensa consoladora el grupo sectario le hace creer al fiel que él es de los “dignos” de pertenecer a la secta, es elegido, es salvado.

Perfeccionamiento Individualista

Más que ante las masas, las sectas se presentan ante el individuo prometiéndole la perfección. Ellos dicen ofrecerles una salvación inmediata y atrayente. Para ello rompen el contacto con el mundo, porque es perverso y está condenado.

Como el lujo, las riquezas y todo lo que proporciona placer es malo, hay que despreciarlo. Lo que importa es el futuro y una conducta incontaminada.

Acomodación Bíblica

Las sectas caen en una simplificación bíblica. Hay que reconocerle a muchas de ellas que le dan importancia a la Biblia, que orientan y motivan a leerla, que es algo familiar para todos sus fieles.

El problema es que la enfrentan con una postura de secta, que la adaptan a sus planes, que la utilizan como una estrategia para atacar y confundir a las personas débiles o sin formación. Sus libros preferidos son Daniel y el Apocalipsis. Caen en un reduccionismo y subjetivismo. Además muchas de ellas quitan, por no convenirles así, siete libros del Antiguo Testamento que son: Tobías, Judit, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, y Baruc.

Tarea Proselitista

Esta es la única actividad que tienen muchas sectas, hacia el mundo y la sociedad.

En la tarea proselitista usan la Biblia y publicaciones propias. Ejemplo de esto son los Mormones y Testigos de Jehová.

La Biblia es una buena táctica para despertar la atención y animar a unirse al grupo. La usan como medio. Dicen enseñar a leer y a entender la Biblia, aunque a veces la falsifican.

Usan técnicas estudiadas de comunicación en las visitas a las casas, en las plazas, estadios, radio, televisión.

Son especialistas en propaganda.

Tienen un estilo proselitista amable, receptivo alegre, son atentos con las necesidades, en los problemas y aparecen como serviciales y amistosos.

La idea más importante de la predicación es la conversión. Se pide un cambio de vida, la ruptura con el pasado marcado por el pecado, el mal, el vicio, el error.

Las Sectas No Son Cristianas

Muchas de las sectas se dicen cristianas sin embargo analizándolas concluimos que no lo son, ya que fallan en cuanto a uno, varios o todos los elementos de la fe básica cristiana.

En cuanto a Cristo existen sectas que defienden que Jesús es un maestro, un líder, un ser con poderes y conocimientos especiales.

También hay sectas que dicen que Cristo es inferior al Dios eterno de la Biblia, que no existió como Dios desde toda la eternidad. Los Testigos de Jehová afirman que fue la primera criatura de Jehová.

La Iglesia Establece el Nuevo Testamento.

Cuando Pablo escribió a Timoteo “desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es Cristo Jesús…”(2Tim. 3,15)

Él hablaba del A. T. porque en su tiempo todavía no se había escrito todo el Nuevo Testamento. Jesús no escribió ningún libro. Si hubiera querido que la fe viniera por la lectura, Él nos lo hubiera dicho.

Si poder leer hubiera sido el requisito para la salvación, habrían sido muchos perdidos en la historia de la cristiandad, porque el 80% o más de la gente no sabía leer.

Jesús no mandó a sus discípulos a escribir algo, sino que les mandó a predicar la Buena Nueva.

Sucede asimismo que las sectas que tienen en cuenta la Biblia la separan de la Iglesia y la tradición. Olvidan que la Iglesia y la Biblia son inseparables, ya que antes de escribirse el N.T., ya existía la Iglesia que creía en la Palabra de Dios y la vivía, no hay que olvidar que durante los 20 o 30 primeros años no se escribió nada. Por eso los católicos defendemos que la Biblia fue escrita “por la Iglesia y para la Iglesia” bajo la inspiración del Espíritu Santo. Antes de escribirse la Biblia se dio la tradición y después de escrita también tenemos la tradición eclesiástica para interpretar, clarificar, explicar y conservar la Biblia con la asistencia del E.S.

Ante esto, existen hoy autores católicos y protestantes que presentan la Biblia mediante diferentes tradiciones: evangélica, kerigmática o apostólica y eclesiástica o explicativa.
Existe mucha evidencia extra bíblica sobre la sucesión Apostólica. Los primeros miembros de la Iglesia, quiénes personalmente conocieron a los Apóstoles, (o sea los padres de la Iglesia) y fueron sus discípulos, enseñaron doctrinas definitivamente católicas.

El Espíritu Santo inspiró a Pablo y a los demás autores del N.T. a escribir para el bien de la Iglesia. Así empezó el proceso de la formación del canon. Pero no hay que olvidar que no hay ninguna prueba de que en el N.T. todo está detallado en cuando y como Jesucristo quiso estructurar su Iglesia.

Primero coleccionaron las cartas de San Pablo en diferentes ciudades. Algunas cartas se perdieron como la carta a Laodicea mencionada en Colosenses 4,16.

Marción, en el año 110 d.C. rechazó el A.T. y todo lo que era “judío” en los demás escritos cristianos. Luego un hombre llamado Tacio trató de unir los distintos evangelios para que fuera un solo libro, pero no fue una idea aceptada por muchos.

En Antioquía, en el año 200 d.C. se usaba el evangelio que se llamaba Evangelio de Pedro mientras en otras ciudades del Medio Oriente rechazaban la carta a los Hebreos. En este tiempo, había muchos escritos falsos.

Enemigos de la Iglesia trataron de sembrar confusión y promover herejías a través de los evangelios y epístolas falsas como por ej. el Evangelio de Tomás (promovido por los gnósticos), el Evangelio de María Magdalena, cartas de San Pablo no escritas verdaderamente por él.

La primera lista de libros compilados, el primer intento para decidir el canon, se llama la Lista Muratoriana que tenía los Cuatro Evangelios, Apocalipsis de Juan, pero omitía la Carta a los Hebreos y las Cartas de Pedro.

Durante los siguientes años, salieron otras listas diferentes, pero poco a poco, el E.S. guió a la Iglesia para discernir cuales libros debían ser aceptados.

En el Concilio Romano, bajo la autoridad del Papa Dámaso (366-389 d.C.) aparece la primera lista de la Iglesia Universal. (Católica).

En el Concilio de Laodicea (363 d.C.) y en el Concilio de Hipona (393 d.C.) y de Cártago (397) decidieron los 27 libros que ahora tenemos (en este concilio encontramos en Canon No. 36 la lista de los 46 libros A. T. de la Biblia Católica). Esto ocurrió tres siglos después del nacimiento de Jesús.

La Biblia protestante acepta solamente 39 libros del A.T.

Así se desarrolló la Biblia. No cayó del cielo, sino que Dios respetó el proceso humano con todas sus fallas. Al fin y al cabo, si Jesús, que es la Palabra perfecta de Dios, era humano ¿porque la otra palabra de Dios (la Biblia) no lo podía ser también?

Los que piensan que antes de Martín Lutero no existían traducciones de la Biblia están equivocados. Antes de que él tradujera la Biblia en alemán, la Iglesia tenía la Biblia en 26 diferentes lenguas europeas y en ruso.

En todo el proceso de canonizar la lista de libros de N. T. entendemos mejor que fue la Biblia la que salió de la Iglesia y no la Iglesia de la Biblia. Por eso, verdaderamente no hay separación entre Biblia y Tradición. La Biblia forma parte de la Tradición de la Iglesia Católica.

Los libros no aceptados por los protestantes son Tobías, Judit, I de Macabeos, II de Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y Baruc.

B) Según “Monografías”

    * Ser un grupo cohesionado por una doctrina demagógica y encabezado por un líder carismático que pretende ser la misma divinidad o un elegido por ella, o bien un poseedor de la “verdad absoluta”.
    * Los dirigentes exigen que sus órdenes sean ejecutadas sin la menor crítica.
    * Exigir una adhesión total al grupo y obligar (bajo presión psicológica) a romper con todos los lazos sociales anteriores a la entrada al culto: padres, pareja, amigos, trabajo, estudios, etc.
    * Vivir en comunidad cerrada o en total dependencia del grupo.
    * Suprimir las libertades individuales y el derecho a la intimidad.
    * Controlar la información que llega hasta sus adeptos, manipulándolas a su conveniencia.
    * Utilizar técnicas psicológicas que sirven para anular la voluntad y el razonamiento del adepto; causándole, en muchos casos, alteraciones psíquicas graves.
    * Propugnar un rechazo total de la sociedad y de sus instituciones. Fuera del grupo todos son enemigos.
    * Tener como actividad principal el proselitismo y la recaudación de dinero.
    * Obtener, bajo coacción psicológica, la entrega del patrimonio personal de los nuevos adeptos y de grandes sumas de dinero.

 

1. FINALIDAD DE LAS SECTAS

  1. FINALIDAD DE LAS SECTAS

    * La finalidad de las sectas depende mucho de su tipo de origen algunas tienen orígenes diferentes y se dividen las finalidades entre ellas ella la económica y la política.

Orígenes con finalidad política

          o También se escucha con cierta frecuencia, en lo que hace al origen de las sectas, aducirles una finalidad exclusivamente política o económica. Se oye hablar, por ejemplo, de sectas de la CIA o de una supuesta penetración imperialista yankee en América Latina, en lo que se refiere a la política; y de Bancos de Dios, Transnacionales de la Fe o Multinacionales Religiosas, en lo que se refiere a lo económico.
          o Frente a estos dos aspectos, es recomendable la prudencia, a fin de no caer en actitudes reduccionistas o simplistas, imposibles de sostener en un tema tan complejo como el presente.
          o En lo que respecta a la cuestión política, si bien existieron un Documento Rockefeller y documentos Santa Fe I y Santa Fe II, que hacen referencia al tema sectas e Iglesia Católica, para una apreciación objetiva no se puede dejar de tomar en cuenta dos aspectos importantes y que generalmente son descuidados.
          o El primero de ellos se refiere a la noción particular de que los Estados Unidos, de mayoría protestante, tiene sobre la Iglesia Católica. El protestantismo ve signado sus orígenes en las iglesias nacionales, con un importante aditamento político y sospecha, que el mismo podría estar en todas las creencias. Al respecto son proverbiales los escritos y manifestaciones del otrora arzobispo de Nueva York, Fulton J. Sheen, sobre el tema.
          o El segundo, y no menos importante que el anterior, se refiere a que dichos documentos no hablan de la Iglesia Católica en general, sino de ciertos sectores de la misma. Concretamente a los más radicalizados dentro de la “Teología de la Liberación”, y son precisamente estos sectores los que más han esgrimido el argumento de una “supuesta penetración imperialista en América Latina”. Su objetividad al respecto es discutible, en razón de que esta corriente se encuentra también, presa de una ideología.
          o Sobre lo mencionado precedentemente es de resaltar una curiosa paradoja. La misma consiste en que algunos de los otrora mayores ideólogos de la Teología de la Liberación, como por ejemplo el ex franciscano brasileño Leonardo Boff, han dejado el sacerdocio y el celibato, y se han insertado dentro de la New Age o Nueva Era, la mayor tendencia originaria de los Estados Unidos de Norteamérica.
          o De todas maneras, aunque no se puede reducir el fenómeno a una cuestión política, esto no quiere decir que dicho aspecto no exista, registrándose en no pocas oportunidades ciertas connivencias temporales, entre algunos movimientos y gobiernos, no sólo norteamericanos.
          o Orígenes con finalidad económica
          o Por su parte, en lo que hace a la cuestión económica, un elemento que a facilitado simplificar el tema, es la teología de la prosperidad o teología de la abundancia, a la que tantos televangelistas son afectos, predicando constantemente sobre el “progreso material”, amén del espiritual, que encontrarán todos aquellos que le “entreguen el corazón a Cristo”.
          o Al respecto es importante no dejar de tomar en cuenta que muchos de estos grupos traen de arrastre, elementos calvinistas, y entre ellos, el tema de la predestinación. Es decir, la creencia que desde el inicio mismo de nuestras vidas estaríamos predestinados a ser salvos o condenados.
          o Esta predestinación calvinista ha generado una especie de ecuación que podría enunciarse de la siguiente manera: “la buena relación con Dios, implica un triunfo en lo temporal y, más precisamente, el progreso material”. Esto que definíamos como teología de la prosperidad, podemos observarlo en el carácter de los testimonios que a diario los pentecostales expresan en plazas, esquinas, programas radiales y televisivos.
          o El éxito económico y la ostentación en algunos casos, de ciertos pastores, es utilizado muchas veces como un medio de proselitismo. A los ojos de estos, las Iglesias han errado el camino asociando espiritualidad y pobreza, ya que a los que tienen fe, Dios quiere regalarles riqueza, salud y éxito.
          o Es por ello que con palabras más, palabras menos, algunos de estos pastores nos dicen: “Vean que bien que estoy yo, es porque le entregué el corazón a Cristo. Entréguenselo ustedes también, y gozarán del mismo éxito”.
          o Ya incluso E. Durheim, fallecido después de la primer década del corriente siglo y que fue el primero en utilizar las estadísticas en sociología, efectuó interesantes trabajos respecto a las consecuencias sociales y económicas, que provocaron las raíces calvinistas en países de mayoría protestante.
          o Lamentablemente por las características del presente trabajo no podemos abocar a dichos puntos en profundidad, pero podemos decir que si bien existe el factor político y el factor económico, éstos no son ni los únicos ni los más importantes, sino que se interrelacionan con muchos otros.
          o Si tuviéramos que buscar algún objetivo último, habría que ver grupo por grupo. En términos generales, podríamos pensar en un ansia desmedida de poder. Ahora bien, el poder se efectiviza mucho más exitosamente por medio de contactos políticos y recursos económicos, pero éstos se encuentran subordinados a este delirio megalomaníaco. En su defecto no podrían entenderse casos como el de la secta “Templo del Pueblo”, liderada por Jim Jones, quien, pese a tener un gran poder político y económico, culminó con un suicidio colectivo en Guyana, en 1978.

Teoría del fracaso de Cristo

    * Este tipo de visiones remiten a que Cristo vino con una misión al mundo pero, al no ser reconocido como el Mesías por su propio pueblo judío y ser crucificado, fracasó. Entonces, el sujeto de esta nueva misión y mensaje, es el llamado a concluir la misión redentora de Cristo.
    * Tal argumento es el esgrimido por la Iglesia de la Unificación (Moon), que tomando un pasaje bíblico donde dice “un ángel surgirá de oriente”, sostienen que el fundador y actual líder del movimiento, Sun Myung Moon, es el último y verdadero Mesías que viene a cumplir la tarea de restauración no lograda por Jesucristo.
    * También, aunque con algunas variantes, este argumento es utilizado por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días o Mormones, quienes sostienen que al haber fracasado Cristo en Palestina, aparece en América y establece en una tribu, su verdadera iglesia.

Traición al mensaje original

    * Estas visiones se refieren a que tal o cual religión, traicionó el mensaje originalmente dado por Dios. El que ocupa el primer lugar en este tipo de acusaciones es la Iglesia Católica, siendo éste incluso el cargo que le hicieran en su momento Lutero y Calvino en ocasión del cisma de Occidente.
    * Posteriormente, los sucesores de Lutero y Calvino les hicieron el mismo cargo a ellos, y los sucesores a los sucesores, desmembrándose cada vez en más grupos. Quizá este sea el argumento más esgrimido a la hora de las separaciones.

Caducidad de las religiones clásicas o tradicionales

    * Las presentes visiones remiten a que todas las religiones clásicas o tradicionales han traicionado el mensaje original o han fenecido quedando tan solo algunos elementos aún válidos en ellas.
    * De esta manera el sujeto de esta nueva visión y mensaje es el llamado a rescatar los pocos elementos aún válidos de las distintas religiones y juntarlos todos, surgiendo así los movimientos sincretistas, es decir, aquellos que toman elementos de diversos orígenes y los amontonan, sin lograr una verdadera síntesis o fusión, sino tan solo mezclándolos.
    * Este tipo de argumento fue el utilizado por un movimiento originado en Argentina que empezó desarrollando actividades bajo la denominación “Iglesia Evangélica Cristiana Judía Ecuménica”, y también puede ser observado en la gran mayoría de los movimientos de carácter gnóstico, esotérico y ocultistas.

Ejemplos de algunas doctrinas

Mormones (Iglesia De Jesucristo De Los Santos Del Último Día)

    * La divergencia esencial entre la doctrina de los mormones y las creencias cristianas consiste, como queda dicho, en su politeísmo, en la concepción de Dios como evolución del hombre y en la creencia en la posibilidad de los hombres de llegar a ser dioses. Cristo habría venido a la Tierra para la salvación de los hombres, pero el futuro de éstos depende de las obras de cada uno. La salvación se produce mediante la fe y la obediencia a la iglesia. La vuelta de Cristo inauguraría la primera resurrección y el milenio de su reinado en la tierra, en el que emprendería la “labor del templo” y se realizaría el bautismo en nombre de los muertos; después se produciría una segunda resurrección.

    * En sus normas de conducta, los mormones practican cierto rigorismo (prohibición del alcohol, el tabaco, el té y el café) y una ética de trabajo y actividad mercantil, cívica y asistencial, pero al mismo tiempo alientan valores culturales como la educación, el deporte, el baile y otras diversiones. El culto se realiza en parte de modo público, pero también en forma secreta con rituales que Smith tomó de la masonería.

Doctrina. Cátaros

    * La preocupación originaria y fundamental es hallar una explicación convincente al problema del Mal. Para solucionarlo recurren al dualismo (v.). Hay dos principios: uno bueno (Dios) y otro malo (Satanás). Para los dualistas mitigados (búlgaros) Satanás es Hijo de Dios, mientras que para los radicales (dragovitas) es un dios independiente y todopoderoso. Aunque no queda suficientemente claro, parece que admitían una cierta divinidad del Hijo y del Espíritu Santo. Las doctrinas no son homogéneas en las diversas sectas y sufren evoluciones notables con el tiempo. Sin embargo, hay algunos puntos que, en líneas generales, se pueden considerar constantes: «el mundo procede del demonio; rechazo de los Sacramentos; condena del Matrimonio; negación de la resurrección de la carne; prohibición de comer carne, huevos y lacticinios; rechazo del juramento; prohibición a la autoridad temporal de castigar a los herejes; negación del purgatorio; imposibilidad de la salvación fuera de su iglesia» (P. Brezzi, o. c. en bibl., 1088). En el hombre se unen el bien y el mal (espíritu y materia); el alma es un ángel caído que va transmigrando de unas existencias en otras hasta que, iniciada en la secta, es redimida; el cuerpo es cárcel del alma y ésta debe liberarse por medio de una dura ascesis. Cristo no era Dios ni tampoco hombre: era un ángel adoptado por Dios que tomó un cuerpo aparente (v. DOCETISMO); su misión era enseñar la existencia de un principio espiritual bueno que habita en el cielo y dentro de cada uno; la muerte de cruz no tiene sentido. Rechazan el A. T. como obra de Satanás.

 

Sectas y lavado cerebral

Sectas y lavado cerebral

Siempre han existido grupos de toda índole -religiosos, politicos, seudo-deportivos, seudo-filosóficos, etc.- diferentes de los mayormente aceptados o reconocidos, o que se han separado o escindido de estos. Pueden tener todo tipo de doctrinas o prácticas que nos pueden parecer graciosas, antipáticas o raras, pero hay algunos grupos y organizaciones que son dañinos y destructivos para sus adeptos tanto psicológica como físicamente -a través de la explotación económica o sexual, o la inducción al vandalismo, robo, homicido y suicidio-. Crean en ellos una dependencia emocional y mental, los “robotizan”. Estas sectas catalogadas como “destructivas” o “psicoadictivas” pueden emplear viejas técnicas no sólo de captación y adoctrinamiento sino de “lavado cerebral” alejando a los nuevos adeptos -normalmente adolescentes y jóvenes aunque también adultos- de sus familias, estudios y/o trabajo. Es decir, su vida en general debe estar supeditada a la supuesta causa superior del grupo o a las enseñanzas y ejemplo del líder que se tienen como verdaderas o infalibles. Así lo opuesto a todo esto es lo falso y errado -o lo demoniaco si se quiere-.
Lo que más atenta contra nuestra libertad es lo que ataca nuestra propia capacidad de elegir haciéndonos creer que no está en nosotros, en nuestras capacidades positivas como el amor, el conocer y el razonar, la clave para hallar las soluciones de la vida sino en supuestas fuentes “superiores”, únicas proveedoras de la “verdad” y lo “bueno”. No hay mejor prevención que los padres inculquen tempranamente el pensamiento crítico y estimulen la comunicación y el apoyo en sus hijos, que les dediquen tiempo y cariño, para impedir luego que su formación sea tergiversada por quienes los quieren usar para sus intereses en este mundo y el “otro”. Pero las sectas aprovechan cualquier momento de debilidad y soledad o de búsqueda grupal -o de la “Verdad” o el “Amor”- y de identificación para atraer nuevos prosélitos, especialmente en la adolescencia y la juventud o en ciertos momentos de la adultez. Todo padre y madre de familia tiene derecho a inculcar a sus hijos sus propias creencias -religiosas o no-.
En una sociedad democrática se garantiza la libertad de creencias conviviendo así las diversas religiones -mayoritarias o no como las llamadas nuevas religiones o sectas-. Y un derecho humano fundamental es la libertad de creer en la religión que uno “escoja” por lo que al ser adultos el o la joven captados por la secta -positiva o destructiva- no están obligados a seguir el deseo de sus padres si estos son de otra opinión. Así se dificulta enfrentar la manipulación de la vida y la mente de quienes han aceptado “voluntariamente” las ideas y prácticas determinadas sin atentar contra la libertad individual (Francia ha dado ejemplo de que no es imposible: la tipificación del delito de “manipulación mental” para poner fuera de la ley y/o multar a las sectas destructivas. Aunque eso es difícil en muchos países donde miembros importantes de sectas “corporativas” llegan a infiltrarse en altas esferas económicas y políticas).

La religión: ¿Qué es?

La religión: ¿Qué es?

Al parecer, etimológicamente la palabra religión procede del latín religare (volver a atar, sujetar) y éste a su vez de ligare (atar). Y así se la define tradicionalmente como un conjunto de creencias (fe) y prácticas (culto) que reúne a los hombres en torno a lo divino, lo supremo, lo sobrenatural, lo trascendente, lo místico, o lo inefable -no necesariamente lo uno lleva a lo otro-, con lo digno de veneración y adoración. Mediante ritos, sacrificios y rezos los seres humanos buscan que la Divinidad -algo o alguien- escuche y atienda sus pedidos.
Toda religión, sea simple o compleja, vieja o nueva, nos proporciona una cosmovisión, una serie de ideas sobre lo divino, el mundo y el hombre y al intentar explicar el origen y funcionamiento de la naturaleza y lo que hay más allá de ella se vale de narraciones míticas y fantásticas las cuales, por supuesto, no tienen ninguna evidencia probatoria por lo que el creyente las tiene que aceptar muchas veces como reales por fe: pues ¿cómo probar que tal o cual divinidad dio origen al mundo? ¿Cómo demostrar que este o aquel personaje es un emisario divino? ¿Cómo probar un milagro o la intervención de la providencia en los asuntos de los hombres? ¿Cómo probar la existencia de ultratumba o la reencarnación?
La religión también da a la gente pautas o modos de sentir y vivir y de relacionarse con los demás (normas morales). En ese sentido indudablemente la religión es parte de la cultura social así como de la personalidad individual, puede llegar a ser lo más preciado e íntimo de uno al proporcionarle esperanza, guía moral, sentido y metas en la vida. Por otra parte, puede producir conformismo, pasividad dependencia, mero escapismo de la realidad e incluso ser un instrumento de dominio, división, persecución y explotación (al aliarse con el poder político y económico) o simplemente un conjunto de tradiciones y costumbres que se transmiten de generación en generación.En la manifestación de su fe el creyente hace uso de acciones y objetos de carácter mágico. Piénsese si no cuando pide algo por medio de rezos u oraciones: cree que hay alguna potestad invisible y consciente que lo escucha y lo puede ayudar o cuando toca determinado objeto representativo de su fe -crucifijo, rosario, ícono, reliquias, etc.- o hace determinado gesto o exclamación -se persigna o menciona a algún ser divino- pensando que así le irá mejor en la vida y alejará la muerte.
Pero ¿es sólo eso la religión o el fenómeno religioso? ¿No es acaso algo inherente al ser humano? La religión es tan socialmente humana como también lo es el pensamiento, el lenguaje y la cultura en general (Inclusive actualmente se investiga su base neurológica: región o “módulo de Dios” en el cerebro). De seguro coadyuvó a la supervivencia de nuestra especie al encontrarse con los inevitables y destructores fenómenos de la naturaleza consolando a los seres humanos con la idea de que con la muerte no acaba todo, alentado la cooperación entre ellos y logrando así cierta estabilidad social. Como cualquier otro fenómeno humano la religión puede ser estudiada por ramas específicas de la ciencia tales como la historia, la sociología y la psicología de la religión (en el campo de las humanidades, la filosofía de la religión también se ocupa de ella y no solamente la teología de las que hay tantas como religiones hay, y dentro del cristianismo mismo existen tendencias teológicas diversas como en la filosofía). A partir del análisis de esas ciencias podemos hacer una evaluación objetiva de las diversas manifestaciones de las creencias y vivencias religiosas así como del origen y evolución en los diversos grupos que profesan alguna fe.
Pero no pocas veces se le da a la religión un sentido más amplio y por ende hasta confuso y equívoco: acentuado sentimiento o pasión por algo, exacerbada convicción (por cualquier cosa) o incluso empatía social. Sin embargo son muchas las actividades a las que les podemos dar calor y vehemencia: un deporte, un pasatiempo, la política, el arte, el trabajo, los estudios, la moral, el dinero, el sexo, etc. por un lado, y hasta algún vicio, delito o maldad, por el otro. Y claro está, podemos hallar el sentido de la vida -y la muerte- en lo que hacemos y nos gusta, y en creencias arreligiosas o filosóficas que fundamenten racional, individual y socialmente nuestro accionar ético mientras dure nuestra existencia (que indudablemente terminará algún día).

La creencia en dios(es)

Desde un punto de vista racional, lógico o escéptico no hay seguridad ni prueba real u objetiva de que haya un dios (monoteísmo) o muchos dioses (politeísmo) poderosísimos y originadores de todo lo existente o que esto sea dios mismo (panteísmo).Pero, suponiendo que lo(s) haya, lógicamente no será(n) como los conocidos o pregonados hasta ahora, es decir, dioses muy humanos o súper-humanos. De hecho tampoco no tenemos ninguna prueba racional convincente de su existencia –a lo largo de la historia todas han sido refutadas–. Sin embargo, normal y comúnmente la gente -los fideístas– cree que lo(s) hay, no tanto por una convicción argumentativamente racional sino por una necesidad existencial aunada a la tradición imperante de la sociedad en la que se ha desarrollado.
A las personas les interesa que sus dificultades y problemas cotidianos como también los graves y extraordinarios –como el peligro de morir por alguna enfermedad seria– sean solucionados o que tengan buen término (a los padres que sus hijos sean buenos o que les vaya en la vida mejor que a ellos, a los hijos que sus padres les comprendan y les ayuden, a los trabajadores y empleados mantenerse en sus puestos de labor, al alumno aprender más y mejor o sacarse una nota aprobatoria, a la novia o novio que su pareja le ame o al menos que le sea fiel, a los militares que sus respectivos países ganen la guerra en caso de conflicto bélico, etc., etc.) Y muchas veces tales circunstancias pueden ser afrontadas de manera religiosa, es decir, invocando ayuda de lo Alto, rezando u orando a Dios, pidiéndole ayuda. Empero no todos solicitan socorro divino en las mismas circunstancias, crean en la divinidad (los creyentes poco religiosos y deístas que no aceptan la intervención de Dios en el mundo) o no (los agnósticos y ateos). Eso depende de su grado de autonomía, autoafirmación, autoconfianza y autosuficiencia. Imaginemos, por ejemplo, a un niño pedir a Dios que le ayude a aprobar un examen. De hecho habrán otros que no necesitarán hacer eso pues han estudiado lo suficiente. En cambio muchos adultos rogarán que la Divinidad les conceda el “milagro” de sanar un pariente o amigo –e incluso ellos mismos– enfermo de muerte o agonizando. Tanto en el caso del niño como en el del adulto se apelan a fuerzas trascendentes y divinas, no humanas ni naturales. Simplemente se reza o repite una serie de frases, se ora o habla a Dios (O a una pintura, escultura o icono religioso que lo represente o a seres cercanos a El –ángeles o santos–.
Pero también se puede pedir ayuda a la foto de un pariente -generalmente ya fallecido-, es el culto primitivo a los antepasados).
Algo muy parecido sucede con las personas que llevan una crucifijo o un rosario, una pata de conejo, una determinada piedra -como el cuarzo-, una pulsera metálica, cierto color de ropa -como la ropa interior amarrilla al recibir del año nuevo-, una sábila detrás de la puerta de la casa, o que hacen ciertos gestos, ademanes y acciones como persignarse al pasar por un templo o al retirarse de sus casas e ir al trabajo y viceversa, el cruzar los dedos índice y medio, el golpear madera, el no pasar debajo de las escaleras, el evitar a toda costa no romper espejos ni cruzarse con un gato negro, el dar alguna limosna, etc., etc. Todas ellas quieren que les vaya bien y evitar el mal con la ayuda de ciertos objetos, partes de animales y realizando ciertas acciones, creen que obtendrán algún poder o protección de naturaleza misteriosa.
El creyente religioso, sea o no católico, se puede ofender por las comparaciones. Podría decir: “¡Son símbolos sagrados de mi religión y no superstición!”. Pero no se han comprobado que existan las fuerzas que representan pero se supone que intervienen en una forma misteriosa en el mundo al ser llevados consigo como protección y ayuda, y así cumplen las mismas funciones que los objetos nominalmente catalogados como superstición. Entonces vemos que la religión en el sentido mencionado está muy íntimamente ligada a lo mágico en cuanto a que se apelan a fuerzas misteriosas solucionadoras de nuestros problemas humanos y terráqueos. Pero también la religión puede ser vista y sentida como un medio para trascender nuestra cotidiana existencia, esto es, como un camino para alcanzar paz de espíritu o mente, como una guía moral de conducta en la vida. Con esta función se está buscando el crecimiento espiritual o desarrollo moral humano. Esto es, el creyente se olvida paradójica y temporalmente que es un ser de carne y hueso con sus propios egoísmos, pasiones y deseos.

La Biblia: ¿Palabra de Dios o de hombres?

Toda religión se basa en mitos de determinada región o pueblo donde se originó, y por eso los llamados libros sagrados deben ser interpretados según el contexto histórico-cultural en el cual fueron elaborados. Así podremos entender porque la Biblia judía (la Tanach o el Antiguo Testamento) tiene sólo 39 libros, la católica 72 y la protestante 66. La ciencia no ha demostrado la veracidad de los relatos bíblicos que dicen que: el mundo se creó en 6 días; hubo un diluvio universal; el sol (o la tierra) se detuvo, etc. Al contrario, la historia de las religiones demuestra que diversos relatos bíblicos ya se encontraban en otras tradiciones: la creación del Génesis en el poema babilónico Enuma Elis, el diluvio de Noé en la epopeya mesopotámica de Gilgamés, algunos milagros de Jesús en el culto egipcio al dios Sobek (que caminaba sobre las aguas y convertía el agua en vino) o en el griego al dios Asclepio (que curaba enfermos y resucitaba muertos), etc.Así que mal haríamos en recurrir a un conjunto de libros producto de una cultura antigua pre científica para explicar el origen del mundo y la aparición de la vida y, peor, para resolver los problemas de la humanidad del siglo xxi.Para los creyentes, seres humanos necesitados de consuelo y esperanza, la Biblia es la palabra revelada y perfecta de Dios. Pero basta leer la Biblia para descubrir sus yerros contrarios a la verdad natural (Génesis 1: 12-16; Levítico 11: 6), cuán humano era el dios hebreo al mostrarlo antropomórfico (Gen. 3: 8; Gen. 18: 1-8; Éxodo 24: 9-11; Ex. 33: 11, 21-23); no todopoderoso (Jueces 1: 19), abusivo e injusto (Números 15: 32-36; Deuteronomio 25: 11; Deut. 21: 18-21; Deut. 22: 13-21; Deut. 22: 23-24, 28-29; Lev. 21: 9; Ex. 31: 14-17), obsceno (Malaquías 2: 3; Nahúm 3: 5-6; Jeremías 13: 25-26; Jer. 25: 27), vengativo (Nah. 1: 2, 6; Ezequiel 5: 7-13, 16-17), masacrador (Isaías 66: 23-24; 2 Reyes 19: 35-36) incluso de mujeres y niños (Oseas 13: 16; Is. 13: 9, 12-16; 49: 26; Is. 14: 20-21), homófobo (Lev. 20: 13), xenófobo (Esdras 9: 1-3, 10-12; 10: 1-3, 5), esclavista (Ex. 21: 2, 7-8; Ex. 21: 4-6; Num. 31: 7, 9-18, 25-36, 40-41), aceptador de sacrificios humanos (Jueces 11: 29-39) e intolerante religioso (Deut. 13: 6-11; Deut. 13: 12-17; Lev. 20: 27; Ex. 22: 18). El Jesús del Nuevo Testamento no se quedará atrás: fomentaba el odio familiar (Lucas 14: 26), era xenófobo (Mateo 15: 21-28), intolerante y amenazador (Mat. 23: 33; Mat. 25: 31-32, 41, 46; Marcos 9: 47-48; Juan 3: 16-18; Jn. 15: 6), así como contradictorio (Mat. 5: 16; 6: 1; Mat. 5: 22; 23: 17).

Los Papas del Vaticano II

Los Papas del Vaticano II

INDICE

I Algunos principios a recordar 4
II Los frutos más evidentes del Vaticano II 12
III Errores doctrinales del Vaticano II 20
IV Los papas del Vaticano II, ¿son verdaderamente papas? 35

APREMIANTE LLAMADA A LOS LECTORES 46

Desde la promulgación y la aplicación de los actos del concilio Vaticano II la doctrina del papa Pablo VI y de sus sucesores plantea un problema de conciencia a los católicos. En la Iglesia, un poco por todas partes, millares de fieles, centenares de sacerdotes, y tres obispos, los Excmos. Monseñores Kursch, Lefebvre y De Castro Mayer; han rechazado públicamente someterse a su autoridad especialmente en lo referente a los nuevos ritos.

Ante estos actos graves y públicos de rebelión que duran desde hace más de veinte años, las autoridades parecen haber capitulado. En lugar de promover un proceso en buena y debida forma para confundir a los rebeldes, reducirlos o expulsarlos, y sobre todo para que estalle a plena luz la perfecta ortodoxia de la enseñanza del Vaticano II puesta en duda por estas resistencias, los Pontífices postconciliares, bajo pretexto de longanimidad y misericordia, han adoptado la aptitud de un jefe que se negase a reconocer sus errores. «Dejémosles hacer», «No hablemos más de ello», «Ignorémoslos», o más bien la de un usurpador que sabe perfectamente que traducir en justicia a los que le resisten, sería proporcionarles la ocasión de demostrar la ilegitimidad de su poder. En el estado actual de cosas, no deja de tener interés interrogarnos sobre la ortodoxia de los papas conciliares.

El problema de la herejía eventual del papa reinante es incontestablemente el más grave que pueda plantearse a la conciencia católica. Pero la Iglesia, que es divina, posee necesariamente la solución para ello y una solución al alcance de todos los fieles; cualquiera que tenga la fe católica no puede ponerlo en duda.

Al escribir en primer lugar, para lectores que no son católicos, vamos a recordar ciertos principios que hay que tener presentes para seguir el razonamiento que pudiese establecer la herejía de estos papas.

I- ALGUNOS PRINCIPIOS A RECORDAR

La fe

Es una virtud teologal por la cual, advertidos por Dios y ayudados de su gracia, consideramos como verdadero y cierto todo lo que Él ha revelado. El fiel no se adhiere a los dogmas porque ve la verdad intrínseca de ellos, sino únicamente por el testimonio de Dios, que no puede ni engañarse ni engañarnos. «La fe, afirma el Apóstol, es (…) la prueba de las realidades que no se ven » (Heb. XI., 1).

Necesidad de la fe

Cuando, antes de su Ascensión, el Maestro dio a sus Apóstoles la consigna «de ir por el mundo entero a predicar el Evangelio a toda criatura», subrayó la necesidad absoluta de esta virtud: «El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado» (Mc. XVI, 15-16).

Este imperativo del Señor manifiesta que la fe teologal es la condición sin la cual no es posible salvarse. El Espíritu Santo lo ha confirmado en la epístola a los Hebreos: «Sin la fe, no es posible agradar a Dios» ( XI, 6).

El Concilio de Trento dice de esta virtud que es «el comienzo de la salvación del hombre, el fundamento y la raíz de toda justificación» (Denzinger, 801).

Objeto de la fe

¿Qué es lo que hay que creer? Todo lo que Nuestro Señor ha venido a revelar a los hombres de parte del Padre: «Enseñadles a guardar todo lo que os he mandado» (Mt. XXVIII, 20).

Garantía de la fe

Cualquiera que admita de un lado, la divinidad de Jesús y de otro, la absoluta necesidad para salvarse de creer todo lo que el Hijo de Dios ha venido a revelarnos, no puede dudar que Jesús, antes da dejar a los suyos, haya instituido un medio eficaz, capaz de garantizar a todos, hasta el fin de los tiempos, la integridad y la autenticidad de todo lo que El ha revelado. Este medio, es el magisterio vivo e infalible de la Iglesia, es decir, el Papa reinante y los obispos que están en comunión con él.

La infalibilidad de este magisterio viviente, compuesto de hombres falibles —«Omnis homo mendax, afirma el Espíritu Santo, todo hombre es mentiroso» (Salmá 115 II y Rom. III, 4)— Es un dogma de nuestra fe. El cristiano cree en él, es decir que lo tiene por verdadero y por cierto porque Dios lo ha revelado.

El cristiano recuerda también, que las obras de Dios son perfectas y que «Hace todo lo que quiere así en el cielo como en la tierra» (Salmo 134, 6); luego nunca está corto de medios para realizar sus planes. Así, Jesús ha revelado que para poseer en ellos la vida divina, a fin de resucitar en el último día para una resurrección de vida, sus discípulos deberían «comer su carne y beber su sangre». He aquí un medio que repugna a la razón natural, por lo menos tanto como la infalibilidad de un magisterio compuesto de hombres falibles: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?» se preguntan desconcertados sus oyentes. Reconozcamos cuán misterioso era este mandato para toda inteligencia aunque fuese sublime y, fuera de la fe, imposible de aceptar hasta para los corazones mejor dispuestos. La aquiescencia de los Apóstoles formulada por Pedro, no pudo ser dada sino porque éste se colocó en el acto y únicamente en el plano de la fe: «Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna. Pero nosotros, hemos creído y hemos conocido que Tú eres Cristo, el Hijo de Dios» (Jn VI, 52-69).

Su fe, lo sabemos, no fue defraudada. En la tarde del Jueves Santo comprendieron cómo podían verdaderamente comer la carne y beber la sangre de su Señor. Y desde entonces, incluso entre los que se dicen discípulos de Jesús, ¿quién admite su presencia real en el Sacramento de la Eucaristía? Los que creen verdaderamente, sinceramente, que es Cristo, el Hijo de Dios. Sólo estos no dudan de El cuando les dice: «Este es mi cuerpo, esto es mi sangre».

Sucede lo mismo con el carisma de la infalibilidad. ¿Cómo el Papa, que es un hombre pecador, falible, puede ser infalible en su función oficial de Papa? He aquí un aserto tan difícil de admitir, para todos los hombres en general y para los sociólogos en particular, como el que afirma que hay que comer la carne de Cristo y beber su sangre. Pero para los católicos, para los que creen que Jesús es verdaderamente Cristo, el Hijo de Dios, el que posee realmente las palabras de vida eterna, este carisma no admite ninguna duda, puesto que está garantizado por la Palabra todopoderosa que dijo a Simón Pedro: «He rogado por ti, a fin de que tu fe no desfallezca» (Lc. XXII, 32). La infalibilidad del Papa, que descansa sobre la única promesa de Dios-Hombre, sólo puede admitirse a la luz de la fe teologal.

Precisión sobre el objeto de la fe

Su objeto, lo hemos dicho, es todo lo que Cristo ha revelado y que su Iglesia infalible propone como divinamente revelado.

Pero conviene hacer una distinción.

Ciertas verdades han sido reveladas por Dios DIRECTAMENTE, por ejemplo la imposibilidad de error de la Sagrada Escritura, la doble naturaleza de Cristo —es verdaderamente Dios y verdaderamente Hombre—, la Asunción corporal de María, la infalibilidad del Papa en su magisterio ex cathedra.

Otras lo han sido sólo INDIRECTAMENTE, pero hay que creerlas porque su negación lleva consigo necesariamente la negación de un dogma de fe: «Elcana es el padre del profeta Samuel». Negar esta verdad, es negar indirectamente la imposibilidad de error de la Biblia, que afirma que Ana concibió a Samuel de Elcana (I Samuel, I, 19-20): «En Jesús hay dos inteligencias y dos voluntades». Negar esta verdad, es negar indirectamente el dogma que afirma que Jesús es hombre perfecto y Dios perfecto. «Pío XII ha sido verdaderamente Papa de la Iglesia católica.» Negarlo lleva consigo necesariamente la negación del dogma de la Asunción de la Virgen definido y proclamado por este Papa. «La publicación de un ordo missae para la Iglesia universal es un acto del magisterio infalible del Papa.» Negarlo es admitir, contra el dogma de la infalibilidad, que el Papa puede imponer errores a la Iglesia universal.

La herejía

Es el pecado del que niega con obstinación una verdad revelada. Propiamente hablando, la obstinación no constituye el pecado de herejía, sino que lo manifiesta y permite distinguir al herético, que niega voluntariamente una verdad de fe, del que está en el error de buena fe.

Puesto que hay dos clases de verdades reveladas, ¿qué pecado comete el que niega una verdad indirectamente revelada?

Si se da cuenta que su negación acarrea necesariamente la negación de un dogma, es culpable de un pecado de herejía. Si no, su negación de buena fe no es una herejía.

Cuando la negación de una verdad trae consigo indirectamente la negación de un dogma, no es raro sobre todo cuando los que la niegan son numerosos, que haya en la Iglesia un periodo de fluctuación durante el cual los espíritus están divididos, unos, afirmando y otros, negando que esta negación acarree necesariamente el rechazo de un dogma. En este caso es necesario que la Iglesia intervenga para zanjar la diferencia con su autoridad soberana. Así es como condenó, por ejemplo, a los monotelitas que, al negar la existencia de dos voluntades en Cristo, negaban indirectamente la doble naturaleza del Dios-Hombre.

Pero antes de la intervención del Magisterio, ¿se puede tachar de herejía a los que niegan una verdad indirectamente revelada? Escuchemos lo que de ello dice Cayetano: «Mientras no haya definición de la Iglesia, ¿cuándo diremos que es manifiesto que tal tesis acarree una consecuencia contraria a la fe? No basta con que muchos lo piensen entre los doctos, si hay otros que son de opinión contraria. En semejante caso se dispensará de herejía, e incluso de todo pecado, a los que tengan una falsa opinión, si en su categoría, según sus luces, estiman seguir el partido más razonable, guardando la reverencia debida a la Iglesia» (Summa Teológica, ed. de la Juventud. Q. 32, a.4 conclusión, nota 92).

Consecuencia del pecado de herejía

Todo pecado mortal hace perder el estado de gracia pero, incluso privado de la gracia divina, el pecador es siempre miembro de Cristo. Un miembro muerto en el cual la vida ya no circula, pero todavía unido al sarmiento. Pío XII lo ha recordado: «Los pecadores están en la Iglesia de la que siguen siendo miembros» Mystici Corporis.

No solamente los pecados de herejía y de cisma dan la muerte espiritual, sino que separan a los que los cometen del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia. El hereje ya no le pertenece, ya no es miembro suyo.

Separado de la Iglesia, el hereje, si está dentro de las órdenes sagradas (diácono, sacerdote, obispo), conserva los poderes inherentes al orden recibido, pero ya no tiene el derecho de ejercerlos. Sería un sacrilegio. Además, pierde toda jurisdicción. «Los Santos Padres enseñan unánimemente, no solamente que los herejes están fuera de la Iglesia; sino que también están privados ipso facto de toda jurisdicción y dignidad eclesiásticas. San Cipriano dice «Nosotros afirmamos plenamente que ningún hereje o cismático no tiene, ni poder, ni derecho» (Da Silveira, La messe de Paul VI Qu’en penser? p 262).

Si el herético es Papa, por el solo hecho de su pecado, pierde su cargo. «La razón, de ello es, dice San Roberto Belarmino, que no puede ser la cabeza de la Iglesia el que ya no es miembro de Ella» (Citado por Da Silveira, p. 261).

¿Se podría admitir la buena fe de un Papa que enseña oficialmente al error en materia doctrinal?

El Papa que ha caído en herejía como doctor privado (como doctor oficial está preservado de ello) podría manifestar su error doctrinal de dos maneras:

? como doctor privado, en este caso, como para todo fiel que se equivoque, no solamente se puede, sino que se debe suponer su buena fe, sobre todo si se enmienda desde que está advertido de su error, como lo hicieron Pedro (Gal. 2, 11) y Pascual II.

? en forma oficial. En este caso ni siquiera puede suponérsele buena fe. En efecto, es un dogma de nuestra fe que en el ejercicio de su cargo el Papa no puede enseñar el error. Luego si un Papa lo enseñase de forma oficial, por el hecho de hacerlo, manifestaría que habría perdido anteriormente el papado al caer en la herejía como doctor privado. Y es por lo que ha podido enseñar el error no ex cathedra, sino en la forma ex cathedra .

A la luz de la fe, no aceptar la consecuencia necesaria de esta constatación sería negar indirectamente el dogma de la infalibilidad, o lo que sería más grave todavía, acusar a Cristo de infidelidad. En efecto, el error ha sido enseñado a la Iglesia universal de forma oficial. Si se supone la buena fe del Papa, no se le podría tener por responsable. Como no hay jamás efecto sin causa, en esta hipótesis, el responsable de este error sería Cristo que habría faltado a su promesa de asistencia: «Simón, (…) he pedido para que tu fe no desfallezca y tú confirma a tus hermanos» (Luc. XXII, 32). ¿Por muy ligero que fuese un creyente se atrevería a sostener una hipótesis que lleva consigo tal consecuencia?

¿Existe una enseñanza oficial del Papa para la Iglesia universal que no esté revestida por el carisma de la infalibilidad?

No, no existe y no puede tenerlo, por la simple razón de que el Papa ha recibido su autoridad de Cristo sobre toda la Iglesia (Jn. XXI, 17) para confirmar la fe de sus hermanos» (Lc. XXII, 32) y para decir auténticamente a la Iglesia, con ellos, todo lo que el Maestro ha revelado (Mt XXVIII, 20) y que los fieles deben creer y practicar para salvarse (Mc XVI, 16). Esta enseñanza oficial, digámoslo otra vez con Pío XI, «el Pontífice Romano y los Obispos que están en comunión con El, la ejercen todos los días» Mortalium animos, y cada día Cristo los asiste Él mismo y por el Espíritu Santo (Mt. XXVIII, 20; Jn. XIV, 16-26). Si por un imposible la enseñanza oficial del Papa fuese errónea, «resultaría, como no teme decirlo claramente León XIII, que Dios mismo sería el autor del error de los hombres: «Señor, si estamos en el error, sois Vos mismo quien nos habéis engañado» Satis cognitum.

Una distinción tan esclarecedora como importante

Es la que conviene hacer entre los falsos y los malos pastores. El mal pastor escandaliza al rebaño por una conducta que desmiente su enseñanza. Pero, poseyendo la fe católica, sigue siendo pastor.

El falso pastor, es el que no es dueño del redil, aquél a quien no pertenece el rebaño, el que no tiene de pastor más que las apariencias.

Reglas de conducta

Tres textos de los santos Evangelios nos las proporcionan.

El primer texto lo leemos en San Mateo, capítulo VII, versículos 15 al 20.

Jesús sabía muy bien que surgiría una multitud de falsos profetas que perderían a muchas gentes. Para que sus discípulos pudiesen distinguir fácilmente los verdaderos de los falsos profetas, les dio un medio de discernimiento tan sencillo como absoluto «por sus frutos los conoceréis.»

El verdadero profeta, «sentado en la cátedra de Moisés», participa del poder profético de Cristo y habla en nombre de Dios. Su palabra, que es la de Cristo (Lc. X, 16), da normalmente frutos de santidad, pues «todo árbol bueno produce buenos frutos y no puede producirlos malos».

El falso profeta al contrario, no estando, o no estando ya «sentado en la cátedra de Moisés», no participa del poder profético del Maestro. Su palabra no es pues la de Jesús y no puede producir sus frutos. «¿Acaso se cogen uvas de los espinos o higos de las zarzas? Todo mal árbol produce malos frutos, no puede producirlos buenos». «Por sus frutos distinguiréis los falsos de los verdaderos profetas», los falsos de los verdaderos pastores.

El segundo texto lo leemos en el capítulo XXIII del mismo evangelio, versículos 1 al 3. Regula la conducta que los fieles deben tener con los malos pastores.

Aunque malos, continúan con su cargo y, por este hecho, siguen participando en los poderes de Cristo. Por ellos, Cristo continúa enseñando y mandando y Jesús ha sido terminante: hay que escucharles y obedecerles. «Están sentados en la cátedra de Moisés, escuchadles, pero no los imitéis, pues hablan pero no hacen lo que dicen.»

El tercer texto es de San Juan, capítulo X, versículos 1 al 5 y 10. Jesús indica a sus fieles el comportamiento que deben adoptar con toda naturalidad con los «extranjeros », los «falsos profetas», los que no son «de la misma familia de la fe». (Gal. VI, 10). El Maestro, que ha comparado a menudo su Iglesia a un rebaño , los invita a imitar a las ovejas que huyen de todo extranjero. ¿En qué reconocen que no es su Pastor? En la Voz. Mientras que la del pastor les es familiar y les da confianza, una voz desconocida los asusta. Instintivamente se apartan del extranjero y huyen.

Tal debe ser el comportamiento del rebaño del Señor. Es por la voz, es decir por la doctrina que oyen predicar, por la que los fieles de Cristo reconocen que un pastor no es del redil. Así como, confiados en la voz del verdadero pastor, le siguen normalmente, seguros de seguir a Jesús, de la misma forma, inquietos, turbados por la nueva doctrina del extranjero, le huyen instintivamente «pues no conocen la voz de los extraños».

La voz, repitámoslo, es la doctrina, es la enseñanza; él es nuevo y se revela como extraño. Sin saber explicarlo —Dios no se lo pide— los fieles se dan cuenta de que este supuesto pastor no participa del poder profético de Cristo, puesto que «su voz» turba su fe. Luego no está sentado en la cátedra de Moisés, «su cátedra es una cátedra de pestilencia» (Salmo I, 1). Como dice el Maestro, se ha infiltrado en el aprisco «para robar, degollar y destruir». He aquí por qué los fieles le huyen.

¿Por qué razón, a pesar de todas las apariencias contrarias, no está o ya no está sentado en la cátedra de Moisés? No están obligados a saberlo. Una sola cosa les importa y los tranquiliza: desde el momento que su fe perturbada es la que les impide escucharle, es que el pretendido pastor no está en la cátedra de Pedro que es una cátedra de verdad, no es pastor de la Iglesia; ni bueno, ni malo, es un extraño, no hay que escucharle, hay que huirle.

II- LOS FRUTOS DEL VATICANO II

Para juzgarlos no hay necesidad de ser especialista en algo. Ni siquiera es necesario poseer la fe católica. Basta con mirar lo que se hace y escuchar lo que se enseña en la Iglesia desde el acceso de Pablo VI al solio pontificio.

a – Aceleración de la descomposición del mundo moderno

Es el fenómeno más evidente engendrado por este concilio.

Sin duda alguna, en el momento en que Juan XXIII convocó el concilio, se anunciaba una crisis sin precedentes y, por más que digan los partidarios del Vaticano II que no debe ser considerado como responsable de la descomposición actual de la sociedad, esta excusa no puede ser aceptada. Es evidente que el mundo estaba profundamente minado, pero los defensores a toda costa del Vaticano II no dicen que siempre haya sido así; los concilios anteriores se han reunido siempre a causa de las crisis que sacudían a la Iglesia y amenazaban con llevarse todo, para tomar las medidas necesarias que pusiesen un término a esta situación. Y no solamente han reabsorbido siempre las crisis que habían motivado su convocatoria, sino aún más, han manifestado siempre la vitalidad sobrenatural incomparable de la Iglesia. Para no hablar más que del concilio de Trento o del primer concilio Vaticano, ¡Cuántas órdenes religiosas se han fundado! En las órdenes religiosas que ya existían, ¡Cuántas saludables reformas! ¡Cuántos frutos de santidad han madurado en los dos cleros, secular y regular, y hasta entre los laicos de todos los ambientes! Y por los frutos de santidad traídos por todos los concilios, el pueblo cristiano reconocía que estas importantes reuniones eclesiales se habían celebrado verdaderamente bajo la dirección del Espíritu Santo, Espíritu de Jesús, Espíritu de Santidad.

b – Autodestrucción de la Iglesia

En el curso de la audiencia del 15 de julio de 1970, Pablo VI podía declarar: «un segundo aspecto que hoy mantiene la atención de todos, es la situación presente de la Iglesia comparada con la de antes del concilio… En muchos aspectos, hasta ahora, el concilio no nos ha dado la tranquilidad deseada, más bien ha suscitado alteraciones y problemas.»

Esta declaración que fue hecha a poco menos de cinco años después del Vaticano II, por el testigo más autorizado de este concilio, era la confesión de un clamoroso fracaso.

Desde este discurso: «La situación de la Iglesia comparada con la de antes del concilio» ¿habría mejorado? Después de 22 años de aggiornamento, ¿ha dado por fin el Vaticano II a la Iglesia la tranquilidad deseada, o bien ha agravado las alteraciones y los problemas que ha suscitado? Interroguemos a otro testigo al que la nueva iglesia no puede recusar, al cardenal Joseph Ratzinger. En su Entretien sur la foi —Informe sobre la fe— (1985) confiaba a Vittorio Messori: «Los Papas y los Padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y, al contrario, se ha ido hacia una disensión que —repitiendo las palabras de Pablo VI— parece haber pasado de la autocrítica a la autodestrucción. Se esperaba un nuevo entusiasmo y con demasiada frecuencia se ha llegado, al contrario, al tedio y al desánimo. Se esperaba un salto hacia adelante y nos hemos encontrado al contrario, frente a un proceso evolutivo de decadencia, que se ha desarrollado en gran medida refiriéndose notoriamente a un pretendido «espíritu del Concilio» y que, de esta manera lo ha desacreditado cada vez más.»

Diez años antes, ya había dicho: «Hay que afirmar bien alto que una reforma real de la Iglesia presupone un abandono sin equivoco de las vías erróneas cuyas consecuencias catastróficas son en adelante incontestables.» (p.30)

Hablando de la crisis de los eclesiásticos, el cardenal declaraba: «bajo el choque del postconcilio, las grandes órdenes religiosas (es decir, precisamente las columnas tradicionales de la reforma siempre necesaria de la Iglesia) han vacilado, han sufrido grandes hemorragias, han visto reducirse las nuevas entradas a límites jamás alcanzados antes, y parecen todavía hoy, sacudidas por una crisis de identidad. (…) Frecuentemente son las órdenes tradicionalmente más «cultivadas», las mejor equipadas intelectualmente, las que han soportado la crisis más grave» (p. 61).

La importancia de las hemorragias subrayada por el cardenal había sido ya denunciada por la publicación de una estadística oficial aparecida en el número de abril-mayo de 1978 de la revista Missi. La habíamos citado en nuestra Conférence romaine —Conferencia romana— la reproducimos ahora, pues es especialmente reveladora de los desastrosos resultados del Vaticano II.

Los efectivos de 63 congregaciones de hombres, teniendo cada una más de 1000 miembros en 1962, habían sido contabilizados. Las cifras manifiestan una serie de hechos cuya absoluta convergencia es extraordinaria.

Sin ninguna excepción, las congregaciones censadas estaban en crecimiento hasta 1964. 1964 marca un alto en el avance y es el comienzo, para todas, de una caída espectacular de los efectivos.

De 1964 a 1967, los efectivos acusan una pérdida de:

2.463 miembros en los Benedictinos
3.276 “ Capuchinos
4.507 “ Salesianos
5.636 “ Franciscanos
6.497 “ Hermanos de las Escuelas Cristianas
7.930 “ Jesuitas

SOBRE EL ANTICRISTO

Josef Pieper

Capítulo III de “El fin del tiempo”, Barcelona, Herder, 1984. Cualquier lenguaje teológico es susceptible de una interpretación metafísica, puesto que, en tanto que símbolo, se inserta en un significado ontológico cuya raíz última, siguiendo la norma de la interpretación inversa de la analogía, puede ser descifrada si se disponen de las “herramientas” adecuadas, es decir, si se hace referencia a los principios. La figura del Anticristo presenta en nuestra época un especial interés, y pueden encontrarse en el siguiente texto de Pieper -profesor de antropología filosófica en la Universidad de Münster- ciertas relaciones de continuidad con algunas de las perspectivas propias del pensamiento tradicional o de la gnosis perenne. Por otra parte, las estimaciones políticas y filosóficas del autor respecto a la “morfología” del reinado del Anticristo pueden resultar tremendamente sugestivas.

“No cabe mencionar ningún lapso de tiempo, ni pequeño ni grande, tras el cual haya que esperar el fin del mundo”. Santo Tomás de Aquino, “Contra impugnantes Dei cultum et religionem”, 3, 2, 5; nº 531.

1. En la tradición del pensamiento occidental acerca de la historia el estado final intratemporal tiene sobre todo un nombre: reinado del Anticristo. Es necesario, por tanto, interpretar con la mayor precisión posible el sentido de tal expresión.

En principio el nombre de “Anticristo” tiene un cierto eco extraño para el oído moderno. Pero lo que tal nombre connota y señala de realidades intrahistóricas sí que le es perfectamente familiar y bien conocido al hombre contemporáneo. Aunque por ese “hombre contemporáneo” no se ha de entender ciertamente toda persona que vive hoy en cualquier parte del mundo, sino más bien quien con el sentido despierto y diríamos que desde dentro ha conocido y vivido las últimas cosas ocurridas en la historia humana (los regímenes totalitarios, la “guerra total”).

En la historia espiritual de la “edad moderna” ha sucedido con la representación del Anticristo lo mismo que con la representación de un estado final intrahistórico y catastrófico. Todo ello pasaba por ser simplemente “la más tenebrosa edad media”. Veinte años después de la Historia de la humanidad de Iselin, coetánea de la Crítica de la razón pura de Kant, publicó el suizo Corrodi una Historia crítica del quiliasmo (1781-1783), en cuyo prólogo se dice que “la historia de la exaltación es útil porque preserva de recaídas”, además de que proporciona “abundante material para la diversión”. Entre tanto esa falta de presentimiento reflexiva e ilustrada ha asumido más bien un carácter patético. Lo mismo puede decirse de la teología, incluso de la teología perfectamente eclesial y ortodoxa de aquella época, que suele poner todo el empeño en suscitar una actitud marcadamente ilustrada frente a las “antiguallas” de la concepción medieval del Anticristo, para lo cual se aducen argumentos muy “modernos”. Así, un historiador de la Iglesia tan importante con Döllinger alude a la “ampliación geográfica del horizonte” para explicar lo difícilmente imaginable que resulta una persecución de la Iglesia a escala mundial; para Döllinger es “algo casi inconcebible (…) un poder mundial que pudiera acabar al mismo tiempo con todas las Iglesias en todos los continentes y en las islas todas”. Entretanto, ese “algo inconcebible” se ha convertido en algo evidente a todas luces para el hombre contemporáneo. Difícilmente habrá ninguna otra cosa con perspectivas de funcionar tan bien como esa simultaneidad de acontecimientos, debida a la técnica, en todos los puntos del planeta, incluidas las “islas”. Sobre todo hoy ha desaparecido por completo la divertida superioridad que el siglo de la Ilustración adoptó frente a las representaciones medievales sobre la crueldad del régimen del Anticristo, que se rechazaban sin más como fantasías primitivas. Sin embargo, “después de Auschwitz”, por ejemplo, el hombre sólo puede comprobar con sentimiento que de manera extraña allí hay “algo cierto”, que, según la tradición medieval, el Anticristo lleva consigo un horno de destrucción, una representación que el reportero ilustrado encuentra tan primitiva como divertida.

2. ¿Qué es, pues, lo que en concreto afirma la representación del “reinado del Anticristo”? Se ha dicho que cuanto más afecta una cuestión filosófica a la historia, tanta mayor necesidad tiene el que pregunta de volver a la teología. Y también se puede decir otra cosa, y es que cuanta mayor relación tiene un concepto teológico con las últimas cosas, con la realización de sentido de la historia, con el fin, tanto más se pone con él en juego la teología toda. Lo cual, aplicado a nuestro tema, significa que una interpretación recta del concepto “reinado del Anticristo” supone que se entienden de una manera adecuada todos los conceptos básicos de la teología o, más bien, todas las realidades fundamentales de la historia de la salvación.

Supongamos, por ejemplo, el convencimiento de que hay poderes demoníacos en la historia. Eso no se puede entender en un sentido periodístico vago. “¿ Hay quien crea realmente que existen “asuntos caballares” pero que no existen caballos, o que existen cosas “demoníacas” pero no existen demonios?”. A esa pregunta de Sócrates se podría responder que sí, que realmente hay gentes que hablan de cosas y hombres demoníacos pero que jamás admitirían que existen demonios. La expresión “poderes demoníacos en la historia” afirma que hay demonios, seres espirituales puros, ángeles caídos, que intervienen en la historia humana. Y no es precisamente que se haya de concebir al Anticristo como un ser demoníaco puramente espiritual; no es eso. Sino que con ello ese fenómeno se puede entender como perfectamente posible; para poder decir lo que es realmente el Anticristo, hay antes que aceptar la existencia de “el maligno” como puro ser espiritual, y desde luego como un ser que tiene poder en la historia, más aún como “el príncipe de este mundo”, al que con una fórmula extrema se le llama también “el dios de este mundo” (2 Cor, 4, 4). (La interpretación teológica del depósito tradicional no nos proporciona aquí representaciones suficientemente elaboradas, y menos aún por cuanto respecta al dominio de la historia por parte del “príncipe de este mundo”, acerca de cuya designación Raïsa Maritain dice con razón que difícilmente puede tratarse de una simple “ironía divina el que Cristo no haya corregido en modo alguno al tentador, cuando le muestra los reinos de la tierra con su gloria y le dice: “Todo esto me ha sido entregado y yo lo doy a quien quiero” [Lc., 4, 6], como tampoco el que, según la carta de Judas [9], ni siquiera Miguel osase pronunciar un juicio condenatorio contra Satán”). Es necesario ante todo reflexionar sobre el concepto de “espíritu puro” con todas sus consecuencias posibles, por difícil que naturalmente siga siendo para nosotros el representárnoslo. De otro modo erraríamos la categoría y la superioridad ontológica, tanto por lo que se refiere a la inteligencia como a la energía de la voluntad, que hay que atribuir a esos poderes demoníacos de la historia, y a cuyo servicio hay que imaginar al Anticristo. No es que el “príncipe de este mundo” sea el señor de la historia; pero, según la fórmula de Theodor Haecker, “él acelera su marcha, y ése es el acontecer en parte manifiesto y en parte secreto de nuestros días como de los días todos del mundo entero”. ¡Incuestionablemente eso supone una agravación inaudita de toda la filosofía de la historia! Sin embargo, y habla una vez más Theodor Haecker, “el verdadero pensador e investigador a nada tiene tanto miedo como a dejar algo del ser; …la ruina de la filosofía europea de la historia… fue el haber perdido ese miedo saludable”.

Además, no se comprende nada de la representación tradicional del Anticristo, si al mismo tiempo no se piensa que existe una culpa, ocurrida al comienzo de los tiempos y que ha actuado en el tiempo histórico, que existe un pecado original y hereditario. Aunque, por una parte, aquí se trata de un misterio en sentido estricto, que nunca se podrá dilucidar o entender, por otra parte, sin tal supuesto la historia adquiere un carácter de absurdo. Pero en ningún caso se puede refrendar la representación tradicional del Anticristo sin ese supuesto, pues que el Anticristo se concibe como la manifestación de la radicalización extrema de la “discordia” que por el pecado original ha entrado en el mundo histórico.

Asimismo la concepción cristiana del “reinado del Anticristo” no se puede comprender, si al mismo tiempo no se reconoce que el pecado original ha sido superado por el Logos hecho hombre, que también y precisamente es el vencedor del Anticristo. No se entiende nada del Anticristo si, pese a todo su poder en la historia, no se le reconoce como a alguien que en el fondo ya está vencido.

Es necesario, además, tener una concepción adecuada de lo que es un “mártir” y de lo que en el fondo significa el testimonio de sangre. Cuando, por ejemplo, E.R. Curtius en un estudio sobre la Doctrina histórica de Toynbee habla de las Iglesias cristianas y plantea la pregunta de: “¿Están reservadas para un martyrium que pueda salvarnos de la tecnocracia?”, la primera parte de dicha pregunta responde por completo a la situación interna del estado final; mientras que la parte segunda de ese interrogante -si el martirio de la Iglesia puede salvarnos (realmente ¿ a quién?) de la tecnocracia- parece indicar en su forma de oración de relativo que los factores de la situación escatológica están vistos en principio de una manera falsa, hasta el punto de que tampoco la figura teológica del Anticristo, aun en el caso de que pareciera un pretexto, no se puede entender adecuadamente como una figura especial que esos factores introducen en el juego de fuerzas históricas.

3. Y una vez más nos preguntamos: ¿qué sentido tiene la representación del reinado del Anticristo como estado final intrahistórico?

Se dice ante todo, per negationem, que el verdadero tema de la historia universal no es simplemente, en fórmula de Goethe, la fe y la incredulidad y la lucha entre ambas, sino que de una manera mucho más concreta ese tema es la lucha en torno a Cristo. Si realmente la figura que domina el escenario de la historia al final del tiempo es el Anticristo, quiere decirse que el actor principal de la época última es inequívocamente un personaje referido a Cristo. Cabe suponer que tal afirmación sonará en los oídos del hombre contemporáneo (en el sentido antes explicado) con mucho mayor sentido y verosimilitud que en los oídos de un liberal “cristiano” del siglo XIX. Con ello se dice que la historia no se desarrolla en el terreno neutral de la “cultura”, de las “realidades culturales”; más bien podría “ser la “neutralidad” del liberalismo frente a Cristo un mero estadio de transición”. En el siglo XIX tal vez pudo parecer que el cristianismo se iba olvidando sin más poco a poco, que en el mundo iba a imponerse una cultura meramente profana, entendido el “profana” en el sentido de neutralidad, hablando del cristianismo ni de un modo positivo ni tampoco negativo. Quizás esa opinión pueda prevalecer todavía hoy, por cuanto que están en tela de juicio los campos de lo “cultural” no directamente “existenciales”, medios y no obligatorios (literatura, arte, circenses, economía). Mas tan pronto como esos campos de la categoría existencial se someten al ejercicio del poder político, de inmediato se habla de forma explícita y hasta casi exclusiva del cristianismo; y desde luego como de un poder de la résistance, del “sabotaje”. Dicho en lenguaje cristiano: se habla del cristianismo como de la ecclesia martyrum.

Así como el mártir, hablando en un sentido intrahistórico, es una figura de orden político, así también el Anticristo es una manifestación del campo político. No es algo parecido a un hereje, a un disidente, que sólo tenga importancia dentro de la historia de la Iglesia mientras que el resto del mundo no necesita tener noticias de él. La potentia saecularis, el poder mundano sería -según lo afirma Tomás de Aquino- el verdadero instrumento del Anticristo, que es por esencia alguien dotado de poder. Los tiranos y gobernantes violentos, que persiguen a la Iglesia serían -y continuamos citando al Aquinatense- los representantes (quasi figura) del Anticristo. A éste, pues, no se le concibe al margen del terreno histórico, sino que más bien es una figura eminentemente histórica, toda vez que la historia es primordialmente historia política. Con ello se dice simultáneamente otra cosa, a saber: que el fin no ocurrirá en el sentido de un caos, en el que una multitud de potencias históricas se enfrentan entre sí, llegando paso a paso por ese camino a una disolución general de los entramados y estructuras, produciendo al final una especie de descomposición. Sino que al final habrá una figura soberana dotada de un poder inaudito, y que bien mirado no establece un verdadero orden. Al final de la historia se impondrá un pseudo-orden sostenido por un abuso de poder. Que el nihilismo, al que caracteriza “la relación con el orden” a diferencia del anarquismo, “más difícil de descubrir porque se camufia mejor” -siendo ésta una observación aguda del analista Ernst júnger- tiene una referencia escatológica oculta. La designación de “pseudo-orden” es también atinente en el sentido de que tiene éxito el “engaño”, siendo desde luego un elemento de la profecía sobre el fin el que la “desolación del orden” del Anticristo se considere como un verdadero y auténtico orden. La concepción de un andamiaje social puramente organizativo, en el que “funciona sin estridencias” todo “lo técnico”, desde la producción de bienes hasta la higiene, y que en el fondo sigue siendo un entramado de desorden, es una idea que no está lejos de la experiencia contemporánea. Tal vez el pseudo-orden del reinado del Anticristo después de un tiempo de “desórdenes” en grado máximo, como los que según el sentir de Toynbee suelen proceder al establecimiento de un Estado universal, será saludado como una liberación (con lo que una vez más se confirmaría precisamente el carácter del Anticristo como un Pseudo-Cristo).

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