Émile Michel Cioran

Ensayista francés de origen rumano (Rasinari, 1911-París, 1995). Filósofo y moralista de origen rumano que escribió en lengua francesa, cuya obra nihilista e irónica es la de un pensador radicalmente pesimista, que ha desarrollado una profunda reflexión en torno de la absurdidad y del vacío del hombre. Tras cursar estudios de filosofía en Bucarest y escribir una tesis sobre el filósofo francés Henri Bergson (que le valió obtener en 1937 una beca del Instituto Francés), se trasladó a Francia. Tras elegir la condición de apátrida, residió en este país hasta su muerte.

Su libro Breviario de podredumbre (1949), primer texto escrito en francés como  desafío hacia una lengua de adopción, “en las antípodas de [su] naturaleza, de [su] profusión, de [su] yo verdadero”, es una manera de mantenerse prudentemente a distancia de su afectividad y de hacer frente a la propensión a la exageración que estigmatiza en todos los comportamientos humanos. Sus otros ensayos, Silogismos de la amargura (1952), La tentación de existir (1956), La caída en el tiempo (1965), Del inconveniente de haber nacido (1973), son otras tantas acusaciones virulentas y metódicas contra las ideologías, las religiones y las filosofías inventadas por el hombre para justificar su existencia y sus actos.

Convencido de la miseria fundamental de la criatura humana, de la burla de todas las cosas, ascético en extremo en su estilo y su pensamiento tanto como en su existencia, este gran admirador de los prosistas del siglo XVIII manejaba, al igual que ellos, el aforismo, el silogismo y la paradoja corrosiva. Su gusto por lo peor y su amargura apocalíptica le valieron ser presentado como un “esteta de la desesperación” o un “cortesano del vacío”, calificaciones que recibió con complacencia irónica, ya que él mismo se prestaba de buen grado a la  autocaricatura al describirse a sí mismo como un “sepulturero con un barniz de metafísica”, un “triste por decreto divino” o un “mortinato de clarividencia”.

Otras obras suyas son Ejercicios de admiración (1986) y El crepúsculo del pensamiento (1991). En El aciago demiurgo, define al mundo como creación no del “Dios Bueno”, sino de alguien inferior e identificado con el principio del Mal.

La cosmovisión de un esclarecido

Definir a Emile Cioran como a una persona que ha alcanzado la suficiente claridad de lo que sucede en la Tierra, no pretende situarlo en el plano de los “iluminados”, entendiendo por tales a esos sujetos que proyectan una cierta magia, una luz, una transmisión de “Fuerza Divina” bajo la que se supone que están inspirados. Un esclarecido no necesariamente es quien puede guiar a otros hacia la iluminación, en cuanto a establecer una conexión cósmica, espiritual con lo Superior.

Debería ser así, claro, pero sería demasiado pretensioso llegar a tanto en medio de una realidad tan dificultosa, que en ella la confusión prevalece por sobre todo. Una confusión en la cual todo parece estar claro, según lo que las creencias religiosas enseñan. Por eso, el sólo hecho de advertir que tal claridad es falsa, ya es mucho.

El sólo hecho de advertir que todo es engañoso, es demasiado. Aunque se ignore dónde está la verdad, el sólo hecho de identificar la mentira oculta detrás de los dogmas oficializados como verdades, es haber logrado esclarecimiento. No un esclarecimiento al punto tal de saber dónde está Dios o dónde está el camino a las estrellas. Pero sí el necesario esclarecimiento para no confundir con Dios a deidades inferiores, y no confundir el espinoso camino de la vida en un mundo fuera de orden, con la senda espiritual de elevación cósmica que rige en los mundos dentro del orden universal. Cioran ha logrado esa claridad.

Ha confiado más en su propia percepción de la realidad, que en la interpretación que de ella han hecho -o no han querido hacer- los que simplificaron todo el problema existencial con explicaciones dogmáticas, sustentadas en supuestas revelaciones divinas que se pierden en la noche de los tiempos. Cioran no ha creído en supuestas transmisiones hechas por deidades a  profetas, ni en la metafísica aristotélico-tomista que fabricó un Dios a imagen y semejanza del que le hacía falta a la sensación de desamparo divino que experimenta el humano. Prefirió aceptar la realidad tal como es, y reconocerse como habitante de un mundo demasiado lejano del alcance controlador de un Dios que represente al Bien; un mundo evidentemente en manos de alguien con propósitos hostiles a nuestra evolución como seres libres y plenos.

Su pensamiento parece situarnos al borde del abismo, en un callejón sin salida: nos muestra lo mal que están las cosas y por obra de qué fuerzas cósmicas, pero no ofrece ninguna escapatoria. No sugiere que la solución esté aquí o allá… No oficia de guía que conduzca a la luz. Se limita a reconocerse como incapaz de encontrar la verdad que en la Tierra parece ausente. Se circunscribe a mantener la guardia alta para no ser vulnerado por la mentira que impera en el mundo. Se queda en la oscuridad, sin buscar una salida, pero conciente de que la cosa es oscura, y no bajo la engañosa apariencia de claridad con que se la ha pintado.

Pesimista, nihilista según la visión de los que creen que hay motivos para ser optimistas (motivos que la realidad a diario se encarga de desacreditar), Cioran ha basado en el realismo, más allá de pesimismos y optimismos, su diagnóstico de la enfermedad que sufre el planeta. No ha dicho hacia dónde hay que ir, pero al menos ha mostrado claramente hacia dónde o por dónde es mejor no ir. Su propuesta no procura una solución global, no se pone en el papel de un salvador del mundo. Se limita a sugerir que cada uno se resista a toda esta trama; evadirse de todo esto, en autoprotección, en busca de sobrevivir a tanto engaño. Un inspirado en el pensamiento de Cioran podrá no saber a dónde va, pero sí de dónde consigue irse, de qué  logra liberarse, contra qué se rebela, y de qué realidad no está dispuesto a seguir formando parte.

Lo cual, en un mundo tan engañoso, es ya bastante.

El aciago demiurgo
Parte inicial

Con excepción de algunos casos aberrantes, el hombre no se inclina hacia el bien: ¿qué dios le impulsaría a ello? Debe vencerse, hacerse violencia, para poder ejecutar el menor acto no manchado de mal. Cada vez que lo logra, provoca y humilla a su creador. Y si le acaece el ser bueno no por esfuerzo o cálculo, sino por naturaleza, lo debe a una inadvertencia de lo alto: se sitúa fuera del orden universal, no está previsto en ningún plan divino. No hay modo de ver qué lugar ocupa entre los seres, ni siquiera si es uno de ellos. ¿Será acaso un fantasma?

El bien es lo que fue o será, pero lo que nunca es. Parásito del recuerdo o del presentimiento, periclitado o posible, no podría ser actual ni subsistir por sí mismo: en tanto que es, la conciencia le ignora y no lo capta más que cuando desaparece. Todo prueba su insustancialidad; es una gran fuerza irreal, es el principio que ha abortado desde un comienzo: desfallecimiento, quiebra inmemorial, cuyos efectos se acusan a medida que la historia transcurre. En los comienzos, en esa promiscuidad en que se opera el deslizamiento hacia la vida, algo innombrable debió pasar, que se prolonga en nuestros malestares, si no en nuestros razonamientos. Que la existencia haya sido viciada en su origen, ella y los elementos mismos, es algo que no se puede impedir uno suponer. Quien no haya sido llevado a afrontar esta hipótesis al menos una vez por día habrá vivido como un sonámbulo.

Es difícil, es imposible creer que el dios bueno, el “Padre”, se haya involucrado en el escándalo de la creación. Todo hace pensar que no ha tomado en ella parte alguna, que es obra de un dios sin escrúpulos, de un dios tarado. La bondad no crea: le falta imaginación; pero hay que tenerla para fabricar un mundo, por chapucero que sea. Es, en último extremo, de la mezcla de bondad y maldad de la que puede surgir un acto o una obra. O un universo. Partiendo del nuestro, es en cualquier caso mucho más fácil remontarse a un dios sospechoso que a un dios honorable.

El dios bueno, decididamente, no ha sido dotado para crear: lo posee todo, salvo la omnipotencia. Grande por sus deficiencias (anemia y bondad van parejas), es el prototipo de la ineficacia: no puede ayudar a nadie… No nos agarramos a él más que cuando nos despojamos de nuestra dimensión histórica; en cuanto nos reintegramos a ella, nos es extraño, nos es incomprensible: no tiene nada de lo que nos fascina, no tiene nada de monstruo. Y es entonces cuando nos volvemos hacia el creador, dios inferior y atareado, instigador de los acontecimientos. Para comprender cómo ha podido crear, hay que figurárselo presa del mal, que es innovación, y del bien, que es inercia. Esta lucha fue, sin duda, nefasta para el mal, pues debió sufrir la contaminación del bien: lo cual explica por qué la creación no puede ser enteramente mal.

Como el mal preside todo lo que es corruptible, que es tanto como decir todo lo que está vivo, es una tentativa ridícula intentar demostrar que encierra menos ser que el bien, o incluso que no contiene ninguno. Los que lo asimilan a la nada se imaginan salvar así al pobre dios bueno. No se le salva más que si se tiene el valor de separar su causa de la del demiurgo. Por haberse rehusado a ello, el cristianismo debía, durante toda su carrera, esforzarse en imponer la inevidencia de un creador misericordioso: empresa desesperada que ha agotado al cristianismo y comprometido al dios que quería preservar.

No podemos impedirnos pensar que la creación, que se ha quedado en estado de bosquejo, no podía ser acabada ni merecía serlo, y que es en su conjunto una falta, y la famosa fechoría, cometida por el hombre, aparece así como una versión menor de una fechoría mucho más grave. ¿De qué somos culpables, sino de haber seguido, más o menos servilmente, el ejemplo del creador? La fatalidad que fue suya, la reconocemos sin duda en nosotros: por algo hemos salido de las manos de un dios desdichado y malo, de un dios maldito.

Predestinados los unos a creer en un dios supremo, pero impotente; los otros en un demiurgo; los otros, finalmente, en el demonio, no elegimos nuestras veneraciones ni nuestras blasfemias.

El demonio es el representante, el delegado del demiurgo, cuyos asuntos administra aquí abajo. Pese al prestigio y al terror unidos a su nombre, no es más que un administrador, un ángel degradado a una tarea baja, a la historia.

Muy otro es el alcance del demiurgo: ¿cómo afrontaríamos nuestras pruebas si él estuviese ausente? Si estuviésemos a su altura o fuésemos sencillamente un poco dignos de ella, podríamos abstenernos de invocarle. Ante nuestras insuficiencias patentes, nos aferramos a él, incluso le imploramos que exista: si se revelase como una ficción, ¡cuál no sería nuestra desdicha o nuestra vergüenza! ¿Sobre qué otros descargarnos de nuestras lagunas, nuestras miserias, de nosotros mismos?

Erigido por decreto nuestro en autor de nuestras carencias, nos sirve de excusa para todo lo que no hemos podido ser. Cuando además le endosamos la responsabilidad de este universo fallido, saboreamos una cierta paz: no más incertidumbre sobre nuestros orígenes ni sobre nuestras perspectivas, sino la plena seguridad en lo insoluble, fuera de la pesadilla de la promesa. Su mérito es, en verdad, inapreciable: nos dispensa incluso de nuestros remordimientos, puesto que ha tomado sobre él hasta la iniciativa de nuestros fracasos.

Es más importante encontrar en la divinidad nuestros vicios que nuestras virtudes. Nos resignamos a nuestras cualidades, en tanto que nuestros defectos nos persiguen, nos trabajan. Poder proyectarlos en un dios susceptible de caer tan bajo como nosotros y que no esté confinado en la sosería de los atributos comúnmente admitidos, nos alivia y nos tranquiliza. El dios malo es el dios más útil que jamás hubo. Si no lo tuviésemos a mano, ¿a dónde se encaminaría nuestra bilis?

Toda forma de odio se dirige en última instancia contra él. Como todos creemos que nuestros méritos son desconocidos o pisoteados, ¿cómo admitir que una iniquidad tan general sea obra del hombre tan sólo? Debe remontarse más arriba y confundirse con algún tejemaneje antiguo, con el acto mismo de la creación. Sabemos, pues, con quién tenérnosla, a quién vilipendiar: nada nos halaga y nos sostiene tanto como poder situar la fuente de nuestra indignidad lo más lejos posible de nosotros.

En cuanto al dios propiamente dicho, bueno y débil, nos concertamos con él cada vez que no hay en nosotros ni rastro de ningún mundo, en esos momentos que le postulan, que, fijos en él de golpe, le suscitan, le crean, y durante los cuales remonta de nuestras profundidades para la mayor humillación de nuestros sarcasmos.

Dios es el luto de la ironía. Basta, empero, que ésta se refuerce, que se imponga de nuevo, para que nuestras relaciones con él se agrien y se interrumpan. Nos sentimos entonces hartos de interrogarnos a su respecto, queremos expulsarle de nuestras preocupaciones y de nuestros furores, incluso de nuestro desprecio. Tantos le han infligido golpes antes de nosotros, que nos parece ocioso venir ahora a encarnizarnos en un cadáver. Y, sin embargo, cuenta todavía para nosotros, aunque no sea más que por el pesar de no haberle abatido nosotros mismos.

Para evitar las dificultades propias del dualismo, se podría concebir un mismo dios cuya historia transcurriría en dos fases: en la primera, sabio, exangüe, replegado sobre sí mismo, sin ninguna veleidad de manifestarse: un dios dormido, extenuado por su eternidad; en la segunda, emprendedor, frenético, cometiendo error tras error, se entregaría a una actividad condenable en sumo grado. Esta hipótesis aparece a la reflexión como menos neta y menos ventajosa que la de los dos dioses rotundamente distintos. Pero si se encuentra que ni una ni otra dan cuenta de lo que vale este mundo, siempre se tendrá el recurso de pensar, con algunos gnósticos, que ha sido echado a suertes entre los ángeles.

(Es lamentable, es degradante asimilar la divinidad a una persona. Nunca será una idea ni un principio anónimo para quien haya practicado los Testamentos. Veinte siglos de altercados no se olvidan de un día para otro. Se inspire en Job o en San Pablo, nuestra vida religiosa es querella, desmesura, desabrimiento. Los ateos, que manejan tan gustosamente la invectiva, prueban a las claras que apuntan a alguien. Deberían estar menos orgullosos; su emancipación no es tan completa como suponen: se hacen de Dios exactamente la misma idea que los creyentes.)

El creador es el absoluto del hombre exterior; el hombre interior, en revancha, considera la creación como un detalle molesto, como un episodio inútil, entiéndase nefasto. Toda experiencia religiosa profunda comienza donde acaba el reino del demiurgo. No tiene nada que hacer con él, lo denuncia, es su negación. En tanto que él nos obsesiona, él y el mundo, no hay medio de escapar de uno y de otro, para, en un ímpetu de aniquilamiento, alcanzar lo no creado y disolvernos en ello.

A favor del éxtasis -cuyo objeto es un dios sin atributos, una esencia de dios- se eleva uno hacia una forma de apatía más pura que la del mismo dios supremo, y si uno se sumerge en lo divino, no por eso se deja de estar más allá de toda forma de divinidad. Ésa es la etapa final, el punto de llegada de la mística, mientras que el punto de partida era la ruptura con el demiurgo, el rehuse a confraternizar todavía con él y a aplaudir su obra. Nadie se arrodilla ante él; nadie le venera. Las únicas palabras que se le dirigen son súplicas invertidas; el único modo de comunicación entre una criatura y un creador igualmente caídos.

Al infligir al dios oficial las funciones de padre, de creador y de gerente, se le expuso a ataques de resultas de los cuales debía sucumbir. ¡Cuál no hubiera sido su longevidad si se hubiese escuchado a un Marción, que de todos los heresiárcas es el que se ha erguido con más vigor contra el escamoteo del mal y que ha contribuido en el mayor grado a la gloria del dios malo por el odio que le ha profesado! No hay ejemplo de otra religión que, en sus comienzos, haya desperdiciado tantas ocasiones.

Seríamos con toda seguridad muy diferentes si la era cristiana hubiera sido inaugurada por la execración del creador, pues el permiso de abrumarle no hubiese dejado de aliviar nuestra carga y de volver así menos opresores los dos últimos milenios. La Iglesia, al rehusar incriminarle y adoptar las doctrinas a las que no repugnaba hacerlo, iba a comprometerse en la astucia y la mentira. Por lo menos, tenemos el consuelo de constatar que lo más seductor que hay en su historia son sus enemigos íntimos, todos los que ella ha combatido y rechazado y quienes, para salvaguardar el honor de Dios, recusaron, a riesgo del martirio, su condición de creador.

Fanáticos de la nada divina, de esa ausencia en que se complace la bondad suprema, conocen la dicha de odiar a tal dios y de amar a tal otro sin restricción, sin reservas mentales. Arrastrados por su fe, hubieran sido incapaces de descubrir la pizca de birlibirloque que entra hasta en el tormento más sincero. La noción de pretexto no había nacido todavía, ni tampoco esa tentación, completamente moderna, de ocultar nuestras agonías tras alguna acrobacia teológica.

Una cierta ambigüedad existía empero en ellos: ¿qué eran esos gnósticos y esos maniqueos de toda laya sino perversos de la pureza, obsesos del horror? El mal les atraía, les llenaba casi: sin él, su existencia hubiera estado vacante. Le perseguían, no le dejaban ni un instante. Y si sostenían con tanta vehemencia que era increado, es porque deseaban en secreto que subsistiese por siempre jamás, para poder gozar y ejercer, durante toda la eternidad, de sus virtudes combativas.

Habiendo, por amor al Padre, reflexionado demasiado en el adversario, debían acabar por comprender mejor la condenación que la salvación. Tal es la razón por la que habían captado ten bien la esencia de este mundo. La Iglesia, tras haberles vomitado, ¿será acaso tan hábil como para apropiarse de sus tesis, y tan caritativa como para prestigiar al creador, para excomulgarle finalmente? No podrá renacer más que desterrando las herejías, más que anulando sus antiguos anatemas para pronunciar otros nuevos.

Tímido, desprovisto de dinamismo, el bien es incapaz de comunicarse; el mal, atareado muy por el contrario, quiere transmitirse y lo logra, puesto que posee el doble privilegio de ser fascinante y contagioso. De este modo, se ve más fácilmente extenderse y salir de sí a un dios malo que a uno bueno.

Esta incapacidad de permanecer en sí mismo, de la que el creador debía hacer una demostración tan irritante, la hemos heredado todos: engendrar es continuar de otra forma y a otra escala la empresa que lleva su nombre, es añadir algo a su “creación” por un deplorable remedo. Sin el impulso que él ha dado, el deseo de alargar la cadena de los seres no existiría, ni tampoco esa necesidad de suscribirse a los tejemanejes de la carne. Todo alumbramiento es sospechoso; los ángeles, felizmente, son incapaces de ello, pues la propagación de la vida está reservada a los caídos. La lepra es impaciente y ávida, gusta de expandirse.

Es importante desaconsejar la generación, pues el temor de ver a la humanidad extinguirse no tiene fundamento alguno: pase lo que pase, por todas partes habrá los suficientes necios que no pedirán más que perpetuarse y, si incluso ellos acabasen por zafarse, siempre se encontrará, para sacrificarse, alguna pareja espeluznante.

No es tanto el apetito de vivir lo que se trata de combatir, como el gusto por la “descendencia”. Los padres, los progenitores, son provocadores o locos. Que el último de los abortos tenga la facultad de dar la vida, de “echar al mundo”…, ¿existe algo más desmoralizador? ¿Cómo pensar sin espanto o repulsión en ese prodigio que hace del primer venido un medio-demiurgo? Lo que debería ser un don tan excepcional como el genio ha sido conferido indistintamente a todos: liberalidad de mala ley que descalifica para siempre a la naturaleza.

La exhortación criminal del Génesis: Creced y multiplicaos, no ha podido salir de la boca del dios bueno. Sed escasos, hubiese debido sugerir más bien, si hubiese tenido voz en el capítulo. Nunca tampoco hubiese podido añadir las palabras funestas: Y llenad la tierra. Se debería, antes de nada, borrarlas para lavar a la Biblia de la vergüenza de haberlas recogido.

La carne se extiende más y más como una gangrena por la superficie del globo. No sabe imponerse límites, continúa haciendo estragos pese a sus reveses, toma sus derrotas por conquistas, nunca ha aprendido nada. Pertenece ante todo al reino del creador y es sin duda en ella donde éste ha proyectado sus instintos malhechores.

Normalmente, debería aterrar menos a quienes la contemplan que a los mismos que la hacen durar y aseguran sus progresos. No es así, pues no saben de qué aberración son cómplices. Las mujeres encintas serán un día lapidadas, el instinto maternal proscrito, la esterilidad aclamada. Con razón en las sectas en que la fecundidad era mirada con recelo, entre los Bogomilos y los Cátaros, se condenaba el matrimonio, institución abominable que todas las sociedades protegen desde siempre, con gran desesperación de los que no ceden al vértigo común. Procrear es amar la plaga, es querer cultivarla y aumentarla. Tenían razón esos filósofos antiguos que asimilaban el fuego al principio del universo y del deseo. Pues el deseo arde, devora, aniquila: juntamente agente y destructor de los seres, es sombrío e infernal por esencia.

Este mundo no fue creado alegremente. Sin embargo, se procrea con placer. Sí, sin duda, pero el placer no es la alegría, sólo es su simulacro: su función consiste en dar el cambiazo, en hacernos olvidar que la creación lleva, hasta en su menor detalle, la marca de esa tristeza inicial de la que ha surgido. Necesariamente engañoso, es él también quien nos permite ejecutar cierto esfuerzo que en teoría reprobamos. Sin su concurso, la continencia, ganando terreno, seduciría incluso a las ratas. Pero es en la voluptuosidad cuando comprendemos hasta qué punto el placer es ilusorio. Por ella alcanza su cumbre, su máximo de intensidad, y es ahí, en el colmo de su éxito, cuando se abre súbitamente a su irrealidad, cuando se hunde en su propia nada. La voluptuosidad es el desastre del placer.

No se puede consentir que un dios, ni siquiera un hombre, proceda de una gimnástica coronada por un gruñido. Es extraño que, tras un período de tiempo tan largo, la “evolución” no haya logrado agenciarse otra fórmula. ¿Para qué iba a cansarse, por otro lado, cuando la ahora vigente funciona a pleno rendimiento y conviene a todo el mundo? Entendámonos: la vida misma no entra en disputa, es misteriosa y extenuante a placer; lo que no es el ejercicio en cuestión, de una inadmisible facilidad, vistas sus consecuencias. Cuando se sabe lo que el destino dispensa a cada cual, se queda uno pasmado ante la desproporción entre un momento de olvido y la suma prodigiosa de desgracias que resulta de ello. Cuanto más se vuelve sobre este tema, más se convence uno de que los únicos que han entendido algo son los que han optado por la orgía o la ascética, los libertinos o los castrados.

Como procrear supone un desvarío sin nombre, cierto es que si nos volviésemos sensatos, es decir, indiferentes a la suerte de la especie, sólo guardaríamos algunas muestras, como se conservan especímenes de animales en vías de desaparición. Cerremos el camino a la carne, intentemos paralizar su espantoso crecimiento. Asistimos a una verdadera epidemia de vida, a una proliferación de rostros. ¿Dónde y cómo seguir todavía frente a frente con Dios?

Nadie es sujeto continuamente de la obsesión del horror; sucede que nos apartamos de él, que casi le olvidamos, sobre todo cuando contemplamos algún paisaje del que nuestros semejantes están ausentes. En cuanto aparecen, se instala de nuevo en el espíritu. Si uno se inclinase a absolver al creador, a considerar este mundo como aceptable e incluso satisfactorio, aún habría que hacer reservas sobre el hombre, ese punto negro de la creación.

Nos es fácil figurarnos que el demiurgo, convencido de la insuficiencia o de la nocividad de su obra, quiera un día hacerla perecer e incluso se las arregle para desaparecer con ella. Pero también se puede concebir que desde un comienzo sólo se atarea en destruirse y que el devenir se reduce al proceso de esa lenta autodestrucción. Proceso despacioso o jadeante, en las dos eventualidades se trataría de una vuelta sobre sí mismo, de un examen de conciencia, cuyo desenlace sería el rechazo de la creación por su autor.

Lo que hay en nosotros de más anclado y de menos perceptible es el sentimiento de una quiebra esencial, secreto de todos, dioses incluidos. Y lo que es notable es que la mayoría está lejos de adivinar que experimenta ese sentimiento. Estamos por lo demás, merced a un favor especial de la naturaleza, destinados a no darnos cuenta de ello: la fuerza de un ser reside en su incapacidad de saber hasta qué punto está solo. Bendita ignorancia, gracias a la cual puede agitarse y actuar. ¿Qué tiene por fin la revelación de su secreto? Su impulso se rompe de inmediato, irremediablemente. Es lo que le ha sucedido al creador o lo que le sucederá, quizás.

Haber vivido siempre con la nostalgia de coincidir con algo, sin, a decir verdad, saber con qué… Es fácil pasar de la incredulidad a la creencia o inversamente. Pero ¿a qué convertirse y de qué abjurar, en medio de una lucidez crónica? Desprovista de sustancia, no ofrece ningún contenido del que se pueda renegar; está vacía y no se reniega del vacío: la lucidez es el equivalente negativo del éxtasis.

Quien no coincide con nada, tampoco coincidirá consigo mismo; de aquí provienen esas llamadas sin fe, esas convicciones vacilantes, esas fiebres privadas de fervor, ese desdoblamiento del que son víctimas nuestras ideas y hasta nuestros reflejos. El equívoco, que regula todas nuestras relaciones con este mundo y con el otro, lo guardamos en primera instancia para nosotros mismos; después lo hemos expandido a nuestro alrededor, a fin de que nadie escape, a fin de que ningún viviente sepa a qué atenerse. Ya no hay nada claro en ninguna parte: por nuestra culpa las mismas cosas se tambalean y se hunden en la perplejidad. Lo que nos haría falta es el don de imaginar la posibilidad de rezar, indispensable a cualquiera que aspira a su salvación. El infierno es la oración inconcebible.

La instauración de un equívoco universal es la proeza más calamitosa que hemos realizado y la que nos hace rivales del demiurgo.

No fuimos felices más que en las épocas en que, ávidos de ocultamiento, aceptábamos nuestra nada con entusiasmo. El sentimiento religioso no emana de la constatación, sino del deseo de nuestra insignificancia, de la necesidad de revolcarnos en ella. Esta necesidad, inherente a nuestra naturaleza, ¿cómo podrá satisfacerse ahora que ya no podemos vivir a remolque de los dioses? En otros tiempos eran ellos los que nos abandonaban; hoy somos nosotros los que los abandonamos. Hemos vivido a su lado demasiado tiempo como para que hallen gracia a nuestros ojos; siempre a nuestro alcance, les oíamos rebullir; nos acechaban, nos espiaban: no estábamos ya en nuestra casa… Ahora bien, como la experiencia nos lo enseña, no existe ser más odioso que el vecino.

El hecho de saberle tan próximo en el espacio nos impide respirar y hace igualmente impracticables nuestros días y nuestras noches. En vano, hora tras hora, meditamos su ruina: ahí está, atrozmente presente. Todos nuestros pensamientos nos invitan a suprimirle; cuando por fin nos decidimos, un sobresalto de cobardía nos encoge, justo antes del acto. De este modo somos asesinos en potencia de quienes viven en nuestros parajes; y por no poder serlo de hecho, nos recomemos y nos agriamos, indecisos y fracasados de la sangre.

Si, con los dioses, todo pareció más sencillo, es porque, siendo su indiscreción inmemorial, habría que acabar con ella, costase lo que costase: ¿acaso no eran demasiado molestos para que fuese posible guardarles aún miramientos? Así se explica que, al clamor general contra ellos, ninguno de nosotros podía dejar de mezclar su vocecita.

Cuando pensamos en esos compañeros o enemigos varias veces milenarios, en todos los patrones de las sectas, de las religiones y de las mitologías, el único del que nos repugna separarnos es de ese demiurgo, al que nos apegan los males mismos de los que nos importa que sea la causa. En él pensamos a propósito del menor acto de la vida y de la vida sin más. Cada vez que le consideramos, que escrutamos sus orígenes, nos maravilla y nos da miedo; es un milagro aterrador, que debe provenir de él, dios especial, completamente aparte.

De nada sirve sostener que no existe, cuando nuestros estupores cotidianos están ahí para exigir su realidad y proclamarla. ¿Se les opondrá que ha existido quizá, pero que ha muerto como los otros? No se dejarán desanimar, se atraerán en resucitarlo y durará tan largo tiempo como nuestro asombro y nuestro miedo, como esta curiosidad indignada ante todo lo que es, ante todo lo que vive. Dirán: “Triunfad sobre el miedo, para que sólo subsista vuestro asombro”. Pero para vencerle, para hacerle desaparecer, habría que atacarle en su principio y demoler sus fundamentos, volver a edificar ni más ni menos que el mundo en su totalidad, cambiar alegremente de demiurgo, entregarse, en suma, a otro creador.

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Frase final del libro

Estamos todos en el fondo de un infierno, cada instante del cual es un milagro.

Frases sueltas

La prueba de que este mundo no es un éxito, es que puede uno compararse sin incidencia con el que se supone que lo ha creado…

Mis dudas sobre la providencia no duran nunca mucho: ¿quién, fuera de ella, estaría dispuesto a asignarnos tan puntualmente nuestra infaltable ración de derrota cotidiana?

El rechazo del nacimiento, de nacer, no es otra cosa que la nostalgia de ese tiempo antes del tiempo.

Cuentos del bucle del tiempo

por David Icke
traducido parcialmente por Trunks

de ‘La Comunidad de Gente Despierta’

Versión original

del Sitio Web SinParadigmas

En esta novela investigativa David Icke expone su teoría sobre la identidad y actividades de los dueños de la Matrix. Rescatamos el tema de la vacuidad, que David identifica con la “Oneness” o la “Uno-mismo-dad”. Dentro de la Matrix nos creemos seres humanos individuales, olvidando que todo se conecta con todo. Cada uno de nosotros es un punto de percepción diferente de la Oneness, pero si nos dejamos llevar por la ilusión de la Matrix, podemos creer que somos seres separados. En cualquier caso, la percepción final depende de nuestro karma.

Podemos saber que formamos una unidad, pero si no lo sentimos así, significa simplemente que aún no estamos listos para salir de la Matrix. Otras personas (los bodhisattvas) comprenden esta verdad, pero en lugar de pasar el resto de su vida fuera de nuestro sistema espaciotemporal de aprendizaje (p. ej. meditando en una cueva), deciden volver a la Matrix para transformarla de un infierno a un cielo y/o para ayudar a los demás durante su proceso de despertar y desarrollo espiritual. Luego, la existencia del Espacio-Tiempo tiene aspectos positivos y negativos, dependiendo del nivel de comprensión personal de lo que está ocurriendo.

La gran mayoría de la gente cree que el mundo físico lo es todo y se aferran a éste, convirtiéndose así en esclavos de la Matrix. Los menos, ven al espacio-tiempo como aquello para lo cual fue originalmente concebido: como una simple escuelita o un sistema de aprendizaje basado en el libre albedrío (sin espacio y tiempo no puede existir lo que llamamos “libre albedrío”). David Icke escribe las siguientes líneas para las personas del primer grupo, para aquellos que tiene un gran apego por la Matrix…

La Comunidad de Gente Despierta

A medida que se incremente el nivel de conciencia de nuestro planeta, los trabajadores de la luz o aquellos que trabajan para incrementar el nivel de conciencia, serán capaces de sostener más y más refinadas vibraciones, de modo que podrán realizar una catálisis para incrementar esta energía.

Sin Tiempo y Sin Lugar

David explica cómo consiguió salir de la Matrix en enero de 2003. Esto ocurrió porque fue invitado a dar una conferencia en Manaos, al Norte de Brasil. Allí los participantes tuvieron la oportunidad de probar la Ayahuasca (o planta de la sabiduría), consiguiendo de este modo un estado alterado de conciencia (esto puede conseguirse sin consumir sustancias psicoactivas).

En tales circunstancias la Ayahuasca es legal, debido a que forma parte de las ceremonias religiosos de muchos brasileños…

Yo había llegado a los 50 años sin haber consumido ningún tipo de droga o poción que pudiera ser rotulada como “psicoactiva”; ni siquiera había consumido los honguitos mágicos. Pero sabía que no podría avanzar en mi entendimiento si no conseguía que mi conciencia corriera el velo (…) la Ayahuasca contiene muchas sustancias alucinógenas poderosas, incluyendo la dimetiltriptamina o DMT, un componente natural producido por el metabolismo de los mamíferos y plantas (…)

El “Uno”

De inmediato comprendí que estaba realizando esta experiencia para mí mismo (…) Las palabras salieron de mi boca, con una voz muy diferente de la de David Icke, mientras lenta y poderosamente se podía escuchar:

“Yo soy el Amor”.

A continuación escuché:

“Yo soy todo y todo está en mí, soy una infinita posibilidad” (…)

Las luces se apagaron [… y] le pregunté a Zoe si esto era normal. El respondió que era diferenta para cada persona (…) Comprendí que todo lo que existe es una infinita conciencia, la cual puede ser designada como “El Infinito”, la “Oneness” o el “Uno”.

En nuestra realidad ilusoria y manipulada, nos hemos separado del Uno (en nuestra imaginación, no de verdad) y por eso es que visualizamos todo en términos de división y polaridades en vez de captar que todo está conectado. Todo es la misma Infinita Oneness.

Este ilusorio sentido de desconexión es la prisión mental que yo llamo La Matrix.

El Bucle del Tiempo

Mi primera sesión con la ayahuasca me reveló que el mundo de los cinco sentidos que diariamente experimentamos es un “bucle temporal” que rota y rota repitiendo la misma secuencia de temas (no de detalles). Lo que nosotros llamamos el futuro se convierte en el pasado y rota y rota para repetir el presente (…) Esto es básicamente lo que ocurre en el Bucle del Tiempo: es la misma experiencia repitiéndose.

[Respecto del dibujo de la cubierta del libro…] el dibujo es sólo simbólico porque la Matrix es realmente un vórtice, como un remolino en un río, con el Bucle del Tiempo de nuestros cinco sentidos en la parte más densa de la espiral.

Piensa en la Matrix como un remolino y la Infinita Uno-mismo-dad como el río. Por lo tanto, la Matrix sigue siendo el río, la Infinita Oneness, pero como todos los remolinos, está funcionando con su propia agenda dentro de su pequeño mundito. Lo que ha ocurrido es que la Matrix ha olvidado que es el Infinito, es decir, el remolino ha olvidado que es el río. Los vórtices pueden permanecer estables si las circunstancias no cambian drásticamente.

Observa un remolino en un río y verás que mientras el flujo de agua mantenga su dirección y rapidez, el vórtice permanecerá estable indefinidamente. De la misma forma, la Matrix o el Bucle del Tiempo rota y rota describiendo una perpetua espiral que ha llegado a ser una prisión para las mentes atrapadas por las sensaciones e ilusiones.

Así mismo, las mentes atrapadas han olvidado que son la Infinita Oneness.

Conversaciones con el “Uno”

(…) El Bucle del Tiempo está contenido en una Matrix global que incluye niveles no físicos, los cuales han perdido el contacto con la Infinita Oneness.

Estas dimensiones no físicas de la Matrix están simbolizadas en la ilustración de la portada del libro por una red esférica que incluye en el Ecuador al Bucle del Tiempo. Los niveles no físicos son las dimensiones a las cuales la mayoría de las mentes humanas regresan después de haber estado en el reino de los cinco sentidos, en el momento de ocurrir lo que nosotros llamamos la “muerte”.

Estos son niveles liberados del cuerpo físico, pero aún están dentro de la Matrix. El sólo hecho de creer en el tiempo permite confirmar la ilusión de lo que nosotros llamamos “real”. El tiempo no existe, salvo en nuestras mentes. Lo que llamamos “tiempo” es la ilusión de pasar a través de algo.

¿Pero si en el fondo ya somos todo, cómo podemos pasar o viajar a través de nosotros mismos? ¿Cómo puede existir el “tiempo”? Si simbolizamos el cuerpo humano como el Infinito, ¿Como puede tu cuerpo viajar a través de tu cuerpo? ¿Cómo se puede viajar a través de uno mismo? Cuando todo es el Uno, no puede haber tiempo, porque todas las cosas están existiendo y expresándose en el infinito ahora.

La aparente secuencia de instantes siguiendo una secuencia es la ilusión del Bucle del Tiempo (ver inserto abajo).

http://es.geocities.com/fisicaultramoderna/RBach.htm

Agregado el 06 de sept de 2003

Para la Mecánica Clásica el Universo era una sucesión de fotos (eventos que ocurren en el espacio y que se suceden secuencialmente en el tiempo que fluye uniformemente hacia el futuro), pero a partir de Relatividad General hay que hablar de “Líneas de Mundo”.

En este caso, el tiempo está en igualdad de condiciones que el espacio. Luego, como el tiempo está incluido en el espacio, se concluye que no hay que hablar de fotos, sino de un rollo de película . Eso es lo que quiso decir la frase:

“Por lo tanto en este marco todo está estático, porque ahora el tiempo (X4) está incluido en el espacio y los eventos no se ven secuencialmente, sino como complejos dibujos totalmente terminados y formados por inmóviles hebras de energía…”

Al respecto, Richard Bach explicó este concepto Físico (con o sin querer) en el libro Ilusiones. Lo que allí dijo está totalmente de acuerdo con Relatividad General:

“(…) Todo lo que implica Espacio-Tiempo es puro cine y pura ilusión (…) pero durante un rato podemos aprender mucho y divertirnos mucho con nuestras ilusiones, ¿no es cierto? (…) Sacamos las entradas para estas películas y pagamos el precio cuando aceptamos creer en la realidad del Espacio-Tiempo. Ni el espacio ni el tiempo son verdaderos, pero quien no esté dispuesto a pagar ese precio no podrá aparecer ni en este planeta ni en ningún otro sistema Espacio-Temporal.
– ¿Pueden existir seres fuera de este marco Espacio-Temporal?
– ¿Pueden existir seres que nunca vayan al cine?
– Entiendo. ¿Aprenden por otras vías?
– Has dado en el clavo (…) El Espacio-Tiempo es una escuela bastante primitiva (…) ¿Qué es el proyector?
– La mente (…) No. La imaginación. Es nuestra imaginación, digas lo que digas.
– ¿Qué es la película?
– Lo ignoro
– ¿Podría ser lo que permitimos que entre en nuestra imaginación?
– Tal vez
– Puedes coger un carrete de película en tus manos y allí está todo concluido y completo: el comienzo, la mitad y el final están todos allí en el mismo segundo, en la misma millonésima de segundo. La película existe independiente del tiempo que registra, y si la conoces, generalmente sabes que es lo que va a suceder antes de entrar al cine: lucha y emociones, ganadores y perdedores, amor, catástrofes… sabes que lo encontrarás todo. Pero para que esto te capte y te arrastre, para disfrutarlo al máximo, debes introducirlo en un proyector y dejar que corra frente al objetivo minuto a minuto. Para experimentar cualquier ilusión necesitas del Espacio-Tiempo. De modo que pagas la entrada, te instalas en tu butaca, olvidas lo que sucede y la película empieza para ti…”

La voz me dijo que la mente subconsciente había llegado a ser prisionera del temor y esto había causado la desconexión del Amor Infinito, la única cosa que realmente es. Este proceso había alcanzado una escala tan grande que los niveles más bajos de la mente subconsciente habían llegado a desarrollar temor a lo desconocido, temor a aquello que está más allá de la conciencia desconectada. La conciencia había olvidado que ella es el Infinito Amor y que lo que está más allá de sus ilusorios límites también es el Infinito Amor.

Para impulsar el temor a lo desconocido, la mente subconsciente ha creado una proyección del pensamiento colectivo, una especie de película 3D, a la que yo llamo la Matrix (…) La Matrix es un sistema autocontenido que ha perdido contacto con el Infinito que existe más allá de su ilusoria realidad. De hecho, la Matrix también es el Infinito, pero lo ha olvidado.

La voz me dijo que la esencia de la Matrix es repetir el Bucle del Tiempo en la forma del mundo de los cinco sentidos.

Ahora voy a explicar la “central de energía” que alimenta al sistema. El Bucle nació para convertir en algo normal el temor a lo desconocido e inicialmente era mucho más placentero que en la actualidad. Cuando la gente comenzó a vivir en el temor, se sintieron confortables con lo familiar y predecible y este mismo proceso ha ocurrido a nivel colectivo subconsciente. Este fue el camino que permitió que la mente subconsciente tolerara la oscuridad, proporcionándose a sí misma seguridad en lo familiar.

¿Cuál es el mayor tipo de temor que experimenta la humanidad? El temor a lo desconocido.

La mente subconsciente creó un mundo de sueños que se convirtió en una pesadilla.

[…Siete meses más tarde leí un antiguo mito hindú que decía que] la conciencia humana había comenzado como una ondulación que decidió dejar el océano de la conciencia eterna, sin tiempo y sin espacio. Cuando asimiló el estado de desconexión, la conciencia humana olvidó que era parte de un océano infinito y se sintió aislada y separada (…)

La voz me dijo que este estado emocional había generado colectivamente la creación de la ilusión de la Matrix que los seres humanos toman por real.

La Matrix Frankenstein

Aquí es cuando la Matrix y su Bucle del Tiempo de los cinco sentidos se manifiestan como una proyección mental colectiva similar a la que ahora están identificando las más avanzadas expresiones de nuestra ciencia. Esta proyección puede sobrevivir mientras la mente subconsciente sostenga la realidad, del mismo modo como ocurre en el cine. Una vez que el proyector se apaga (cuando ocurre un cambio en la percepción) la película antigua desaparece y a continuación se crea una nueva película para reflejar el nuevo concepto de “realidad”.

(…) El pensamiento proyectado puede cobrar vida a partir de sí mismo cuando éste gana acceso a una fuente de energía independiente de aquello que está siendo proyectado. Según la voz, esta fuente de energía es el temor. La Matrix – la realidad proyectada a partir de la mente subconsciente – absorbe la energía mental que se crea a partir del temor que aparece en el Bucle del Tiempo de los cinco sentidos y así es como consigue cobrar vida propia y crear su propia agenda. Esa agenda fue generada para crear el máximo temor posible para poder potenciarse a sí misma. Por lo tanto, la Matrix se convirtió en un Frankenstein.

El campo de pensamiento proyectado consiguió accesar una fuente de energía que le permite ser su propio creador y proyector de su ilusoria realidad. Para entender esto, se me mostró la película “El Aprendiz de Brujo” de Disney. Allí se ve que el brujo ha creado una entidad para que haga todo el trabajo por él, pero esta entidad consiguió convertirse en el controlador del brujo.

Así mismo, la mente subconsciente creó la Matrix o el Bucle del Tiempo como un mundo predecible y familiar, pero ya no tiene el control de éste. La mente de los cinco sentidos, subconsciente y consciente, fueron sujetas a la manipulación de la ahora independiente entidad Matrix.

La voz me preguntó:

“¿La humanidad está siendo controlada por el engaño?”.

“No, la humanidad está siendo controlada por el auto-engaño”.

El subconsciente ha creado una prisión a partir de su estado desconectado de auto-engaño y ahora, junto con la mente consciente, están encerrados en una celda de su propia hechura, con la celda misma dictando la sucesión de eventos. La voz me dijo que la razón por la cual la proyección de la Matrix necesita de la energía del temor para potenciarse a sí misma es porque ella misma es temor, o mejor dicho, “temor libre consciente”. Este surgió originalmente como el temor de la mente subconsciente y, dado que es temor proyectado, resulta ser la única fuente de energía que la entidad Matrix puede accesar y absorber.

A medida que su manipulación genere mayor temor por intermedio de guerras, conflictos, estrés, culpabilidad y agresiones, mayor será su poder para incrementar el ciclo de producción del temor.

[O sea, los esclavos generan dos productos fundamentales: interés bancario y temor]

Programas Reptilianos

La voz me dijo que el manipulador final de la Matrix y del Bucle del Tiempo de los cinco sentidos, fue la misma Matrix y que su central de energía fue la consciencia atrapada en sus propios muros vibracionales. La Matrix fue una entidad libre consciente que nos manipula para asegurar su propia existencia mediante la generación de los eventos necesarios para producir el temor que la potencian.

Los humanos son baterías o estaciones de energía que proporcionan la potencia necesaria para sustentar su propia prisión. La voz me explicó que los “alienígenas” reptilianos existieron como pensamientos proyectados holográficos de la Matrix, del mismo modo como los agentes o “programas sintientes” se manifestaban en la película Matrix.

Ellos podían operar como proyecciones reptilianas u ocultarse detrás de una apariencia humana, así como en la película Matrix los programas sintientes podían adquirir distintas formas humanas. Por lo tanto, los reptilianos no son reales en términos de consciencia . Ellos son proyecciones, campos de pensamiento o software altamente sofisticado.

La existencia del fenómeno de pensamiento holográfico proyectado está siendo apoyado por investigaciones científicas y experimentos. Los hologramas (… son patrones 2D que parecen 3D cuando un láser los hace brillar…) así mismo, los pensamientos holográficos proyectados en la Matrix parecen objetos sólidos cuando ellos son observados por la mente humana dentro de la ilusoria realidad. En el siguiente capítulo lo explicaré con más detalle. Es muy simple.

En la segunda sesión de ayahuasca se me explicó que la realidad de los cinco sentidos es una ilusión holográfica que consigue manifestarse como algo “sólido” debido a que la mente humana los hace verse así. El mundo 3D, con sus edificios, mares y cuerpos humanos… ¡existe de ese modo porque nosotros lo interpretamos así!

En otras palabras, nuestro mundo 3D es sólo un conjunto de campos vibracionales y códigos.

En la película Matrix, se mostraba la “realidad” como una serie de números y códigos de color verde, mientras que los seres insertos en la Matrix conseguían percibir montañas, calles, autos, gente, etc. Es una buena analogía. Yo sé que la primera vez que esto se escucha suena fantástico, pero todo lo que estoy diciendo ha sido confirmado por investigación científica de punta.

La voz me explicó que cuando los reptilianos absorbieron el temor humano, ellos fueron absorbidos por la Matrix debido a que son proyecciones de la Matrix, aunque ellos no son conscientes de esto. En general, las “entidades demoníacas” y la jerarquía Illuminati no son conscientes de que su Amo es la misma Matrix. Es decir, los mismos manipuladores están siendo manipulados. Los programas sintientes reptilianos no tienen emociones humanas porque sólo son “programas sintientes” y no son conscientes en la forma como los humanos somos conscientes.

La voz me preguntó:

“Si tú programas un computador para asesinar niños, ¿por qué tu computador tendría que tener problemas emocionales con ello?”

Los computadores simplemente siguen su programación sin mezclarla con emociones, dado que no las tienen. Ellos se limitan a realizar aquello para lo cual fueron programados.

Lo mismo ocurre con los Illuminati y los reptilianos, dado que son software sofisticado y se asemejan a la gente digital que aparece en las películas junto con actores humanos. Parecen ser lo mismo, pero no lo son. Un computador sin emociones puede procesar la información de una forma más rápida y más eficiente que una mente humana en un estado desconectado, del mismo modo como lo hacían los programas sintientes de la película Matrix.

Pero esto puede continuar mientras la humanidad no recuerde quién es ni de donde viene (mientras permanezca desconectada de su verdadero e infinito ser). Los manipuladores holográficos proyectados tienen un potencial de inteligencia que no le llega a los talones al potencial de los seres humanos. El despertar se está acercando rápidamente. Esto es lo que le ocurrió simbólicamente a Neo cuando él despertó de la ilusión de vida y muerte y del mundo de sueños en el cual vivía.

Una vez que él consiguió despertar, los agentes – o programas sintientes – dejaron de parecerle poderosos y no tuvo dificultades en superarlos.

El Amor no abandona

La voz me dijo que la Matrix, y particularmente el Bucle del Tiempo de los cinco sentidos, había adquirido un estado vibracional denso que hizo que la conciencia prisionera en la ilusión pensara que el Uno Infinito estaba interviniendo en el “juego”.

El control de la Matrix está en un proceso de desmantelamiento que permitirá que la conciencia prisionera retorne a su hogar al reconectarse con el Infinito. En mi estado alterado de conciencia, pero despierto, escuché muchas veces la frase “El Amor no abandona”, independiente del tipo de Dios en el cual creas.

No existe el “Dios” de la definición humana. Lo que existe es el Infinito o la Uno-mismo-dad.

La voz dijo:

“Todo será reunido” y “Ninguna oveja será dejada sola en el campo”.

El Infinito es el balance de todas las cosas, mientras que la Matrix es un calculado desbalance artificial en el cual la Uno-mismo-dad ha sido dividida en polaridades [… que permiten que los Controladores la utilicen para alimentar el temor].

La voz me dijo que el proceso de remoción del control de la Matrix llevaba un gran trecho de avance. Diversas expresiones del Infinito habían entrado a la Matrix – especialmente en su nivel más denso o en el Bucle del Tiempo – para anclar la energía capaz de detener la vibración del temor. Algunas expresiones del Infinito han tomado forma humana y no son conscientes de su rol en el mundo físico. Esto ocurre porque ellos tienen que sufrir estados mentales y emocionales de servidumbre desconectada del Infinito para así conseguir los bajos niveles vibracionales de la Matrix.

Cuando ellos consigan estos bajos niveles, la Uno-mismo-dad podrá enviar su energía del balance a través de estas personas y así transformar las frecuencias que sustentan a la Matrix y al Bucle del Tiempo. Esto es representado en la cubierta del libro por el vacío en el Bucle del Tiempo.

Después de esta primera sesión de ayahuasca, recordé una sesión que había tenido con un psíquico en 1990:

“Percibo que tú puedes detectar las nuevas energías que rodean y que ingresan a nuestro planeta. Esta es la causa de tu avalancha de preguntas. Por eso estás re-evaluando tu vida, tus objetivos y lo que quieres hacer. Estas son cosas que te causan una gran agitación interior. Algunas de ellas te confunden, son muy estresantes y perturbadoras. Algunas personas asociadas con otras se han dado cuenta que no pueden seguir asociadas debido a que sus socios no están en sintonía vibracional con ellos. Esto está causando una gran perturbación…

A medida que se incremente el nivel de conciencia de nuestro planeta, los trabajadores de la luz o aquellos que trabajan para incrementar el nivel de conciencia, serán capaces de sostener más y más refinadas vibraciones, de modo que podrán realizar una catálisis para incrementar esta energía.”

Estas palabras corresponden a una versión simplificada de lo que yo aprendí durante las dos sesiones de ayahuasca. Valerie Hunt, profesora de kinesiología en la Universidad de California en Los Angeles, desarrolló una tecnología que permite medir el campo de energía humano y así demostrar que el estado mental afecta la frecuencia vibracional. Se puede ver que aquellas personas enfocadas en el mundo de los cinco sentidos tienen una frecuencia más baja comparada con aquellas personas que usan sus otros modos de percepción (las frecuencias más altas de su campo de energía).

Esto permite entender la frase:

“A medida que se incremente el nivel de conciencia de nuestro planeta, los trabajadores de la luz o aquellos que trabajan para incrementar el nivel de conciencia, serán capaces de sostener más y más refinadas vibraciones”.

O, de acuerdo con la voz, a medida que el Infinito se exprese más y más a través de manifestaciones encarnadas, más gente será capaz de sentirlo y a su vez serán transformados por su armonía y balance, lo que les permitirá entender y recordar quiénes son realmente. El velo de la ignorancia será apartado por los “ojos vibracionales” y conseguirán recordar que siempre han sido el Uno, o todo lo que existe. Esta es la transformación de las “Vibraciones de la Verdad” que yo aprendí en 1990, cuando mi mente fue remecida por primera vez.

A medida que he viajado por diversos países he podido constatar como continúa ocurriendo el proceso de transformación desde la ilusión de limitación desconectada a la reconexión con el infinito.

La voz enfatizó que este proceso no era una posibilidad entre muchas, sino que era el último intento desesperado y agónico de la Matrix por mantenernos en la esclavitud.

“¿Acaso crees que el Infinito va a ser detenido por George Bush?”, me preguntó la voz, riendo.

Esto no quiere decir que tenemos que sentarnos sin hacer nada y ver como ocurre el proceso de transformación a nuestro alrededor. Nosotros somos el Infinito, por lo que nosotros tenemos roles que jugar para transformar la realidad.

De los once niveles de la Matrix, el más importante para ser transformado es el nivel de los cinco sentidos del Bucle del Tiempo.

Este es el nivel más denso y actúa como ancla o como una luz que atrae a las polillas y que proporciona la mayor parte de la energía del temor que alimenta a la Matrix. Como se me explicó en 1990, la transformación requiere que el Uno Infinito ingrese en este nivel y libere su energía. Esto será así hasta que consigamos experimentar una realidad distinta de la que actualmente percibimos.

Las palabras sólo son necesarias para mantener a la mente ocupada mientras la infusión de energía realiza su trabajo. Se me mostró una imagen de mí mismo sentado en el escenario de un teatro. Yo no decía nada y la audiencia se miraba desconcertada.

La voz dijo riendo,

“Tú sólo hablas porque si no lo hicieras, la audiencia comenzaría a preguntarse ¿Cuándo va a comenzar? y permanecerían ignorantes del hecho de que realmente… ¡tú ya comenzaste!”.

Los verdaderos agentes transformadores son energías invisibles y no el lenguaje humano. Este último sólo se utiliza para mantener feliz a la mente de los cinco sentidos. Cada vez despierta más gente porque el cambio vibracional se acelera.

La voz me dijo que el actual esfuerzo por esclavizarnos dentro del estado mundial fascista del Nuevo Orden Mundial era un desesperado intento por mantener vivo el juego y bloquear el despertar espiritual, lo que se puede realizar mediante microchips diseñados para interferir y suprimir las vibraciones más elevadas. Los manipuladores no consiguen ver con lo que realmente están jugando. Ellos son ignorantes del sentido del juego en el que participan y donde sólo son peones.

La voz dijo:

“La transformación no es algo eventual, no es algo que pudiera o no ocurrir, o algo que deseamos que ocurra si las cosas siguen el curso de cierto plan. La transformación está ocurriendo aquí y ahora y la potencia y la rapidez del cambio llegarán a hacerse evidentes. Lo que ahora estás presenciado es el desesperado intento de la Matrix por detener lo inevitable. Punto. La transformación de esta prisión en un paraíso es un hecho. “

Recuerda quien eres

Esas palabras fueron campos de pensamiento que decodifiqué según mi propio idioma. Es decir, un italiano o un egipcio lo decodificarían en sus propios idiomas. La segunda noche tomé una mayor dosis de ayahuasca y a continuación sentí pavor y nauseas. Esta vez estaba en el grupo junto con los demás y le pedí a Zoe que me llevara a mi habitación para no causar molestias.

En mi habitación el malestar aumentó. Fui al balcón y observé los árboles recortados en la oscuridad. Le dije a mi cuerpo con náusea “Te amo” y la náusea y el pavor me abandonaron. Sí, ya sé que suena cursi, pero eso fue lo que ocurrió (… y regresé con los demás y escuché una voz) femenina que me habló con gran dignidad, firmeza y claridad.

La nueva voz me dijo:

“David, vamos a llevarte al lugar de donde provienes para que así puedas recordar quien eres.”

Fui llevado a un reino de gozo indescriptible. Allí no había ni tiempo ni espacio.

Allí todo era y yo no tenía cuerpo. Sólo tenía consciencia y yo era todo. Allí no había divisiones, polaridades, ni blanco ni negro, ni nuestro ni de ellos. Yo era infinito, pero también era completamente libre consciente, como un individuo con su particular punto de percepción en el todo. Esto es lo que cada uno de nosotros era y si cada uno de nosotros pudiera experimentar el gozo de la Uno-mismo-dad, el mundo de los cinco sentidos sería transformado instantáneamente. Allí la energía no es vibrante y se puede experimentar como quietud o como el paso de una onda en un océano moviéndose lentamente y en perfecta armonía.

La voz me dijo:

“Este es el Infinito, David; de aquí vienes y aquí regresarás”.

Las siguientes palabras se repitieron en mi mente:

“El Infinito Amor es la única verdad – Cualquier otra cosa es ilusión;
El Infinito Amor es la única verdad – Cualquier otra cosa es ilusión;
El Infinito Amor es la única verdad – Cualquier otra cosa es ilusión”

En ese momento traté de formular una pregunta:

“¿Realmente quieres decir que cualquier otra cosa es ilusión?”.

Pero la voz me interrumpió:

“El Infinito amor es la única verdad – Cualquier otra cosa es ilusión, sin peros, sin excepciones, punto”.

Normalmente la palabra “amor” se toma como un signo de debilidad, como cuando la gente dice “lo que necesitas no es amor, sino un buen coito”, pero déjame explicar qué quiere decir amor en el contexto del Infinito. El amor es el balance de todo.

Luego, lo que quiere decir el mantra es:

“La Infinita Uno-mismo-dad es la única verdad, cualquier otra cosa es ilusión”.

Por lo tanto, el Infinito Amor es también la Infinita Inteligencia, el Infinito Conocimiento y el Infinito Todo. La voz me explicó que la humanidad había sido manipulada para identificarse a sí misma con ilusorias “personalidades” y no con el Infinito. Esto había atrapado a la gente en la ilusión de un estado desconectado.

La voz se mantuvo “conversando” conmigo durante muchas horas en la noche y me preguntó:

“¿Por qué crees que a veces necesitas gritar? ¿Acaso sientes algún tipo de frustración o ira en este lugar?”. No es así, respondí. “¿En este lugar tienes alguna preocupación, temor o sensación de culpabilidad?”.

No. Aquí sólo hay armonía, paz, amor y gozo. La voz dijo:

“La frustración, la ira, el temor, la culpabilidad y el dolor son sólo ilusiones que experimenta la mente desconectada”; “Esas cosas no existen, salvo en tu imaginación”; “¿Crees que el Infinito que ahora estás experimentando necesita vomitar?”. No. “¿Crees que el Infinito se puede enfermar?”. No. “Obviamente no, porque esos estados son sólo ilusiones de la mente condicionada”.

Tiempo después comencé a sentir una leve náusea e inmediatamente la voz dijo:

“¿De dónde viene tu náusea? ¿Crees que el Infinito está sintiendo náusea ahora? Lo que pasa es que ahora estás identificándote con tu cuerpo. Esa identificación es una ilusión, David. Tu cuerpo es una ilusión al igual que la náusea que crees que está sintiendo tu cuerpo. Si tu cuerpo no existe, ¿Cómo pueden existir la náusea o el dolor? Esas cosas son ilusiones que sólo existen en las mentes de los esclavos de la Matrix”.

El Tiempo confunde

Así fue como la náusea me dejó y nunca más regresó (… la voz me explicó que) la ilusión del tiempo permitía mantener a la mente prisionera en un estado desconectado del Infinito. Mientras las personas relacionen el movimiento con el tiempo, ellos no podrán regresar al Uno Infinito, dado que para la Oneness el tiempo no es.

La entidad Matrix, o el temor libre consciente, necesita que creamos en la realidad del tiempo para así mantenernos prisioneros en un estado desconectado, donde no podemos recordamos quienes fuimos.

Se me explicó que el Bucle del Tiempo de los cinco sentidos utiliza un tiempo que fluye hacia adelante, pero los otros niveles no físicos de la Matrix, también tienen su propia versión del tiempo (… La) naturaleza vibracional de la Matrix es muy diferente del verdadero estado de no-tiempo, es decir, el tiempo manipulado es transversal en la Matrix (…) Las experiencias extracorpóreas hablan de una situación “sin tiempo” debido a que lo que realmente se percibe es una versión diferente del tiempo (diferente a nuestro Bucle del Tiempo…)

La granja humana

ADVERTENCIA

No sé si con este libro firmo mi sentencia de muerte. Espero que alguien me defienda. Pero si no fuese así, me iría con toda tranquilidad de este desventurado planeta dirigido por imbéciles y poblado en gran parte por tristes hormigas locas. Irme…, ¿a dónde? No lo sé. Eso sólo lo saben con certeza los fanáticos religiosos.

INTRODUCCIÓN

Este libro no es de ciencia ficción, y menos una novela basada en fantasmagorías imaginadas por el autor o en libros místicos. Éste es un libro en el que se narran hechos. Hechos inexplicables y hasta absurdos si se quiere pero hechos reales, investigados la mayor parte de ellos directamente por mí. Y en algún caso vividos y hasta padecidos por mí.

Los eternos dubitantes siguen diciendo que en el mundo paranormal «no hay hechos comprobados». Efectivamente, para el que tiene la mente cerrada nunca habrá casos ni pruebas suficientes.

Pero «la sarna no está en las sábanas». La sarna está en la cerrazón de mollera de algunos «intelectuales».

Los casos que en este libro presento son casos concretos y comprobados, y muchos de ellos son pruebas que podrían dar fe en un tribunal de justicia y que para mí han sido convincentes. Otros, en cambio, son sólo «evidencias circunstanciales» que nos ayudan a acercarnos a conclusiones ciertas.

¿Tiene algo que ver este libro con el fenómeno OVNI y con la ovnilogía?

Tiene que ver mucho y no tiene que ver nada. Tiene que ver mucho porque en él se hace referencia constante a estos misteriosos aparatos que surcan nuestros cielos y se habla de sus ocupantes; y en un aspecto se llega hasta el fondo del «fenómeno OVNI».

Y no tiene que ver nada porque la ovnilogía se empeña en seguir empantanada en un nivel primario, al dedicar sus esfuerzos a recopilar y hasta computabilizar estadísticas sobre las formas de los aparatos, frecuencia y lugar de los aterrizajes o tamaño de los ocupantes. Y en este libro no se le da importancia a eso porque ya hace tiempo que dejó de tenerla.

Lo que la tiene es investigar qué hacen esos tripulantes en nuestro mundo y qué han estado haciendo siempre desde hace miles de años. Pero no desde sus naves, sino mezclados con nosotros en nuestras calles, en el interior de nuestros hogares y sobre todo dentro de nuestras mentes.

Porque lo que la ovnilogía no acaba de comprender es que estos tripulantes hace muchos años que aprendieron a bajarse de sus aparatos y a andar entre nosotros haciendo cosas muy extrañas.

Presentar sus múltiples, disimuladas y variadísimas andanzas en nuestro mundo y, sobre todo, ver cuál debería ser nuestra reacción, es lo que pretendo en este libro. Entretanto los «ufólogos» (¿qué es eso?) seguirán coleccionando casos sin saber qué hacer con ellos y estarán cada día más confusos.

Por otra parte, este libro no es para las personas que creen que todo lo inventable ya está inventado ni para las que piensan que la ciencia es capaz de dar solución a todos los misterios del mundo, y que todo aquello a lo que ella no es capaz de encontrar una solución tiene que ser rechazado como absurdo o inexistente.

En este mundo en el que vivimos, prescindiendo de la vastedad del infinito Universo, hay una enorme cantidad de hechos que sobrepasan con mucho los límites de la ciencia y que no son susceptibles de ser explicados por ella porque simplemente rebasan la capacidad de comprensión de nuestros cerebros.

Además, todo el reino del espíritu —y el Cosmos, al decir de grandes astrónomos y filósofos, da la impresión de ser una gigantesca inteligencia y tiene más de mental o de espiritual que de físico— escapa por completo a los métodos y a los propósitos de nuestra ciencia.

Por lo tanto, entremos en la consideración de los extraños temas de este libro, tranquilos en cuanto a lo que los científicos puedan decir contra nosotros. Los científicos «primarios», si se dignan atender a lo que decimos, levantarán por un momento su cabeza de la rutinaria tarea con la que se ganan la vida y harán un gesto de desdén hacia nosotros, considerándonos como unos pobres chiflados perseguidores de quimeras o adoradores de mitos.

Y seguirán rutinaria y machaconamente repitiendo sus observaciones y experimentos, en sus laboratorios y clínicas, para profundizar un poco más en el conocimiento de la materia y también para llevarle el sustento a su familia. Dios los bendiga.

Son los obreros de la ciencia, gracias a los cuales mejoramos nuestros instrumentos y a veces nuestra salud. La Humanidad tiene que estarles agradecida por su pesada labor, que con frecuencia acaba embotando las mejores cualidades de su espíritu y de su inteligencia, al ceñirlos obligada y rutinariamente a una sola parcela del saber humano. Tenemos que ser comprensivos ante su incredulidad y ante su miopía.

Los otros científicos, los «graduados», que no son meros obreros de la ciencia, repetidores de experimentos o de recetas, sino que se remontan por encima de las fórmulas para filosofar sobre el porqué de la vida, y en vez de seguir planos o pautas que otros trazaron, diseñan nuevas vías para la mente, constituyéndose en arquitectos y estrategas de la Humanidad, ésos no nos criticarán. Sencillamente se limitarán a observar cuál es el fruto de nuestras investigaciones en los campos del misterio, sabiendo que la vida en sí es un gigantesco misterio.

¡Qué enorme gusto sentí el día que supe que el patriarca de los científicos «graduados» modernos, el gran Albert Einstein, tenía como libro de cabecera nada menos que La Doctrina Secreta, de la reina del esoterismo —tan denostada por la ciencia de a pie— Helena Petrovna Blavatski!

Y cómo se alegró mi espíritu cuando leí Los escritos místicos de los físicos más famosos del mundo (Heisenberg, Schródinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, Eddington) editado por Ken Wilber (Kairós, 1987)!

La tesis del libro que tienes en tus manos es de una gran audacia, pero está refrendada por miles de hechos que pasan inadvertidos al suceder mezclados con muchos otros de los que está entretejida nuestra vida diaria. Sin embargo, sucede a veces que a lo largo de la historia aparecen personajes increíbles o pasan cosas inexplicables, que curiosamente no nos hacen despertar del letargo en que las teorías sociales y los mitos religiosos tienen sumida a la Humanidad. Los historiadores, los sociólogos, los políticos y los grandes mitólogos modernos —los teólogos— los explican cada uno a su manera y conforme a sus conocimientos o a sus intereses. Y la Humanidad sigue ciega caminando por un camino sin salida que únicamente lleva a la autodestrucción.

La tesis de este libro es la misma que expuse en Defendámonos de los dioses. Pero aquí profundizo más en ella y aporto nuevas pruebas de que aquella manipulación que entonces describía sigue dándose en gran escala aunque disimulada y escondida tras mil velos.

La gran tesis de aquel libro sostiene que la Humanidad es una granja de los «dioses», entendiendo por «dioses» unos seres racionales, de ordinario invisibles, superiores al hombre en entendimiento, que en fin de cuentas son los auténticos dueños del mundo.

En el orden de las ideas trascendentes, los hombres creemos lo que ellos nos han hecho creer —y éste es el origen y la esencia de todas las religiones— y en cuanto a nuestros conocimientos de la Naturaleza, sabemos lo que ellos nos han dejado saber. Hasta hace apenas un siglo, los avances técnicos y científicos se debieron en gran parte a lo que estos seres les comunicaban a algunos de sus amigos «iluminados».

Lo mucho que las tribus primitivas —tan ignorantes en otras cosas— saben sobre los poderes curativos de las plantas, v lo mucho que los chinos saben, desde hace milenios, sobre las corrientes bioenergéticas que surcan el cuerpo humano, con sus correspondientes puntos de acupuntura, son sólo dos ejemplos de esta ciencia «revelada». Hay muchos otros casos de inventos y descubrimientos debidos a alguna «revelación privada».

En la actualidad, las cosas han cambiado radicalmente en este particular. La raza humana se ha liberado de muchos tabúes que los «dioses» le habían hecho creer —precisamente para que no avanzase— y desentraña por sí misma los secretos de la materia y de la Naturaleza.

Una circunstancia importante, que hay que tener en cuenta en esta tesis, es que estos misteriosos seres que nos dominan desde las sombras no son buenos ni malos de por sí: simplemente nos usan, al igual que nosotros usamos a los animales. A éstos, aunque los cacemos y aunque organicemos espectáculos con ellos, no los odiamos: simplemente los usamos para lo que nos conviene. Si ese uso conlleva un buen trato (animales domésticos, por ejemplo) los tratamos bien; pero si ese uso conlleva un mal trato (animales sacrificados para nuestro alimento) los matamos sin remordimiento alguno.

Lo mismo hacen con nosotros esos seres que dominan el mundo y la raza humana.

La gran deducción que de esto se puede sacar es que los hombres no somos los reyes del mundo, tal como habíamos creído, ni somos la más excelsa de las criaturas de Dios, ni estamos en vísperas de abrazarnos eternamente con Él si nuestras obras han sido buenas durante nuestra permanencia en este planeta.

Todas éstas son infantilidades con las que estos seres han nutrido nuestro ego para que siguiésemos ajenos a la gran realidad de que somos sus esclavos. Los verdaderos dueños del mundo son ellos y nosotros sólo hacemos lo que a ellos les conviene, para lo cual han inventado unas formidables estrategias que describo detalladamente en el libro al que hice referencia.

Y como no quiero repetir lo ya escrito, únicamente dejaré claro, por considerarlo de gran importancia para la recta concepción de esta nueva manera de entender el mundo, que no todos estos seres son iguales. La diversidad entre ellos es enorme y mucho mayor de la que se da entre los humanos. Si entre éstos nos encontramos con blancos y negros, altos y bajos, europeos y asiáticos, varones y hembras, etc, etc., entre los «dioses» las variedades son muchísimo mayores, ya que nuestras diferencias sólo atañen a cualidades externas y no esenciales —puesto que todos somos seres humanos pertenecientes a la misma especie—, mientras que las de ellos se extienden a la esencia misma de sus «personas».

Muchos de ellos son radicalmente diferentes entre sí y lo único que tienen en común es el ser inteligentes, aunque en esto mismo tenemos que decir que muchos aspectos de su inteligencia se escapan a nuestra comprensión.

Ciertas especies de «dioses» dan la impresión de ser benévolos para los humanos o por lo menos para algunos individuos, mientras que otros actúan de una manera muy negativa o, cuando menos, peligrosa e ilógica.

¿En qué nos basamos para decir esto?

En hechos. En miles de hechos que están ahí desde remotos tiempos, conocidos en todas las culturas, escritos en todas las literaturas y presentes en nuestros mismos días en las vidas de innumerables conciudadanos cuyos testimonios no podemos ignorar.

El que la ciencia oficial no tenga explicación para ellos o los poderes constituidos prefieran ignorarlos por razones políticas, no obsta para que los hechos sigan esperando y exigiendo una explicación racional, sea la que fuere y venga de donde viniere.

Esto es lo que intentamos hacer en este libro, sabiendo que nos exponemos al ludibrio de los que todo lo saben y de los que todo lo pueden. De nuevo, Dios los bendiga.

La vida es un sueño. Y ellos también sueñan con sus adelantos técnicos, con sus dogmas y con sus poderes políticos. Y como todo soñador, también tienen pesadillas con bombas de neutrinos, con guerras de las galaxias, con infiernos eternos, y con ríos y bosques envenenados por los residuos químicos de sus fábricas.

Nuestros esfuerzos por descifrar tantos misterios de la vida no son menos válidos que los suyos. Por lo tanto tenemos el mismo derecho que ellos a usar nuestra cabeza para descubrir el porqué de algo que por siglos lleva inquietando la mente de los hombres.

Seguramente que las autoridades religiosas se juntarán al coro de los que nos denigran. Pero no se puede tirar piedras al tejado ajeno cuando se tiene el propio de cristal. Los jerarcas cristianos tienen su credo lleno de ángeles y demonios, que en nada se distinguen de los «dioses» y de las entidades a que aquí nos referimos. La única diferencia es que sus ángeles y demonios ven limitadas sus actividades al tinglado dogmático del cristianismo, mientras que nuestros «dioses» actúan libremente en el planeta, con todos los seres humanos, sean o no cristianos.

No sólo eso, sino que el pretendido «Dios» del cristianismo, que manipulaba al pueblo hebreo desde una nube, es según nuestra tesis uno más de estos entes misteriosos que desde siempre han dominado a los humanos.

San Pablo llama repetidamente a estos seres, «los señores del mundo», y tenía muy mala idea de ellos. En su epístola a los efesios escribió el famoso pasaje tan confuso como esclarecedor:

«Nuestra lucha no es contra la carne ni contra la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del mal que están en las alturas»

(Ef. 6,12).

A estos mismos «Espíritus del mal que están en las alturas» es a los que nosotros nos referimos con el muy genérico nombre de «Ellos».

Al final del libro hago una recopilación de todas sus cualidades, que iremos viendo aflorar diseminadas en los casos que presento. De éstos, la mayor parte fueron investigados directamente por mí y han sido seleccionados entre una gran cantidad de hechos inexplicables, de los que más o menos de cerca me ha tocado ser testigo.

Alguno de ellos ha marcado mi vida de manera indeleble y en mi ser llevo las profundas cicatrices que me ha dejado el haberme visto envuelto en él. Y precisamente debido a esta manipulación de que estamos hablando, muy probablemente me iré a la tumba sin que pueda dar a conocer todos sus íntimos detalles.

He de advertirle al lector que en varios de los casos cambio la ubicación de los hechos y los nombres de los protagonistas por habérmelo así pedido ellos. En otros me he visto obligado a distorsionar algo el propio hecho para no traicionar la identidad de los individuos que, de narrar el hecho tal como sucedió exactamente, serían identificados fácilmente por sus parientes o vecinos.

Pero la esencia y la paranormalidad de los hechos y sobre todo su realidad, no sufren nada con estas pequeñas distorsiones.

LOS DUEÑOS VISIBLES DE ESTE MUNDO

Puesto que en todo este libro vamos a hablar de los dueños invisibles de este mundo, creo será oportuno hablar antes de sus dueños visibles, que en un aspecto no son más que marionetas de los invisibles.

Sería un infantil error creer que todo lo que pasa en nuestro mundo está dirigido desde el «más allá», por «divinas providencias» según cree el cristianismo o por algún tipo de espíritus entrometidos a los que por razones desconocidas les gusta entremezclarse con las vidas y las actividades de los humanos. El quehacer diario de los hombres y de las naciones lo forjan una serie de personajes de los que nos ocuparemos en este capítulo.

Esto no quiere decir que en determinadas ocasiones tal o cuál suceso, que aparentemente se debe a causas humanas perfectamente conocidas, no tenga otras completamente distintas de las aparentes. Pero, hablando en general, podemos decir que las cosas de cada día suceden por causas humanas, en las que el hombre actúa libremente pudiendo haber actuado de una manera completamente diferente.

Algo por el estilo se puede decir de la marcha de la historia. Sin embargo, en este particular ya no podemos ser tan tajantes, pues cuando los acontecimientos se magnifican o a medida que éstos son considerados durante un período mayor de tiempo, el hombre pierde dominio sobre ellos y la marcha de la historia se hace errática. El hombre parece tener dominio sobre un acontecimiento o varios concatenados; pero, a la larga, la marcha de la historia pareceobedecer a leyes que se escapan a su voluntad. Ésa es competencia de los dioses, que lejos de darle protagonismo al hombre lo convierten en animal de granja; o, mejor, en soldado de filas: le dan una espada o un fusil y lo ponen a matar por una causa sagrada a sus hermanos o a los animales o a todo lo que se ponga por delante. Esa ha sido la larga, estúpida y triste historia de la Humanidad.

Pero volvamos a los forjadores de la historia diaria; a los dueños visibles de este mundo; a los causantes de las infantilidades y los horrores que los periódicos del mundo entero recogen con prontitud y nos presentan con alborozo todas las mañanas en sus primeras planas.

Podríamos dividirlos en cuatro clases: políticos, militares, maníacos del dinero y fanáticos religiosos. Examinémoslos uno por uno.

Los políticos son unos maníacos del poder puro. No gustan de las armas ni de la violencia física, pero les gusta mandar. Les encanta ser vistos, ser tenidos en algo, ser consultados. Por eso se derriten de gusto ante las cámaras de televisión o ante un micrófono. Tienen por lo general personalidades psicopáticas; sienten que les falta algo dentro de sí y por eso quieren vivir en olor de multitudes. Temen y aman a los periodistas porque éstos tienen el poder de destruirlos o de convertirlos en ídolos de la sociedad. Y a su vez los periodistas —inclui-dos los directores de los diarios— tienen debilidad por los políticos, porque son como los bufones nacionales que les proporcionan gratis todos los días noticias frescas con las que llenar las páginas que serán devoradas con avidez por la masa de papanatas seguidores de partidos.

Algún día alguien tendrá que hacer un estudio psicoanalítico de la curiosa simbiosis periodismo-política y más concretamente periodista-político. Se aman y se odian; se necesitan y se detestan; se construyen y se destruyen mutuamente. Ahí están los recientes casos «gate»: los políticos engañando a los periodistas y éstos destruyendo a los políticos. Pero a la larga no pueden vivir los unos sin los otros. Son los amantes de Teruel.

Se ha dicho que el poder corrompe especialmente a los políticos. Pero esta corrupción no se refiere precisamente al mal uso

o a la apropiación de fondos ajenos, sino al cambio total de mentalidad y costumbres que en ellos se opera una vez instalados en los puestos en los que se hacen invulnerables.

Se corrompen porque dicen sí a cosas a las que antes habían dicho de entrada que no; se corrompen porque no cumplen lo que habían prometido y porque usan la demagogia igual que sus predecesores; y los más encumbrados se corrompen porque pierden por completo el contacto con el pueblo y ya no defienden tanto los intereses de éste cuanto los propios y los del partido, y su gran meta se convierte en mantenerse en el poder.

Por eso, viendo la frecuencia con que esta metamorfosis se da en los políticos una vez que cogen el mando, uno llega a pensar que no es que el poder los deforme, sino que ya llegan a él deformados.

Pero —buenos o malos— la verdad es que los políticos tienen un enorme poder para torcer o enderezar los rumbos de la sociedad y aun para hacer feliz o desgraciada la vida de los individuos.

En las alturas, el político profesional pierde la perspectiva de la sociedad y la ve de una manera completamente diferente. Le sucede lo que a los que van en avión: desde arriba ven las cosas de una manera distinta; en cierta manera mejor y en cierta manera peor. No reconocen los lugares que desde abajo conocen muy bien, porque desde arriba no se ven las fachadas de las casas; sólo se ven los tejados. Desde las alturas del poder no se ven las caras de la gente y sus necesidades diarias y concretas; se ven sólo los déficits de los presupuestos. No se ve al individuo; se ve la sociedad, la nación, el Estado. El hombre concreto se difumina, se pierde, y el político se olvida de él, flotando como está en nubes de coaliciones, alianzas, pactos y de luchas para mantenerse en el puesto.

Los políticos que llegan a las grandes alturas organizan con frecuencia viajes rituales de visitas mutuas, con gran pompa y acompañamiento, ofreciéndose ramos de flores, solemnes recepciones con pases de revista a filas de pobres esclavos en-fusilados, discursos en estrados alfombrados, y grandes banquetes. En esto nunca fallan. La parte más importante de estas visitas de Estado y las serísimas reuniones de trabajo de los grandes estadistas radica en un gran banquete en el que no se repara en gastos. Ya no se acuerdan de que los que pagan esos banquetes son sus convecinos; pero ellos hace tiempo que no tienen convecinos, porque se aislaron del pueblo común y viven en casas apartadas y muy bien custodiadas. Lo único que tienen es compañeros de partido o de candidatura electoral.

Ellos creen que quien paga esos banquetes es «Hacienda», que es sólo una palabra; y además ya han tenido la precaución de incluirlos en el «Presupuesto General del Estado» que son otras tres palabras impersonales.

Los políticos, desde las alturas del poder, se olvidan que lo que los hombres y mujeres de su nación y los del mundo entero quieren ante todo es paz, pero ellos gastan millonadas en comprar armas para tener tranquilos a los militares. No se acuerdan de que lo que los hombres y mujeres piden, después de la paz, es un puesto de trabajo y los políticos destinan miles de millones a obras suntuarias, a palacios de ópera —para que se deleiten unos pocos que no trabajan—, a conmemoraciones de descubrimientos, a préstamos a sus amigos políticos de otros países, mientras millones de hombres concretos, conciudadanos suyos en otro tiempo y para los que los aniversarios de descubrimientos y las óperas suenan a música celestial, siguen padeciendo su incultura, arrastrando su desesperanza por las calles de nuestras ciudades y mendigando mensualmente la limosna estatal. Pero la gente normal no quiere limosnas; quiere un puesto de trabajo para ganarse su pan.

Los políticos desde sus alturas megalomaníacas no caen en la cuenta de que es un tremendo error que en una familia se le compre un piano a uno de los hermanos cuando hay otro que no come lo suficiente. Hace años hice un terrible descubrimiento, una tarde gris, a la puerta de las Naciones Unidas en Nueva York, después de una gran recepción de gala: salían los embajadores de las diversas naciones, y cuanto más miserable era el país que representaban, más elegante era el «Cadillac» de su embajador.

Es cierto que los políticos no son los dueños totales de este mundo y tienen que compartir el poder con los otros miembros de la «fraternidad negra» —como dicen los esotéricos—, pero ¡cuánto mejor irían las cosas si llegados al poder no se deshumanizasen tanto!

Analicemos ahora a los militares, los segundos dueños visibles de este mundo.

Los militares son los sucesores de los hombres de las cavernas, pero uniformados. Al contrario que a los políticos, les encanta la violencia. Creen que todo se puede arreglar a golpes. Les fascinan las armas, su juguete favorito, y se pasan la vida pidiéndoles a los políticos que les den más. Y éstos dedican una enorme cantidad de dinero del pueblo a comprarles armas de las que lo mejor que se puede esperar es que no sirvan para nada, porque si sirven será para hacer la guerra o para matar al propio pueblo que las pagó. Los políticos se las dan a regañadientes, pero piensan que así estarán tranquilos en sus cuarteles, jugando con ellas, olvidados de alzamientos y rebeliones, y los dejarán a ellos jugar a sus escondites políticos.

En un principio, los militares profesionales aparecieron en las sociedades para defenderlas de sus enemigos externos. Pero como hoy ya casi no hay enemigos externos que amenacen con invadirnos, y como ellos siguen conservando el mismo instinto primario de violencia y pelea, vuelven sus energías hacia dentro y cada cierto tiempo caen en la tentación de apalear a sus conciudadanos. En vez de ser los defensores de la paz son una amenaza constante contra ella. En una democracia moderna la gente tiene más miedo a los militares de dentro que a los enemigos de fuera. Y en caso de que surgiese alguno, los militares llamarán a los universitarios, a los obreros y a los campesinos, les pondrán un fusil en las manos y los mandarán a pelear. Y seguirá siendo verdad la vieja copla:

La bala que a mí me hirió también rozó al capitán. A él lo hicieron comandante y a mí… para el hospital.

Los militares tienen de ordinario una visión simplista de la patria, de la moral y de la vida toda, y tienden a aplicar los estilos y el talante del cuartel a la vida familiar y social, sin caer en la cuenta de que el espíritu castrense tiene la imaginación castrada y anda a contrapelo de la fraternidad humana. El estilo castrense es sólo bueno para el cuartel, pero es funesto para la sociedad. Acaba con la creatividad y hasta con la cultura, y termina engordando sólo a unos cuantos vivales con galones o sin ellos.

Cuando los abusos y errores de los generales-ministros, el descontento ciudadano y las enormes deudas externas hacen tambalear el régimen castrense, los militares, patrióticamente, entregan el poder y se refugian en los cuarteles. Pero ni aun asídejan de amenazar con volver a coger el garrote. Ése ha sido el triste espectáculo de casi todas las naciones sudamericanas en los últimos cincuenta años.

El poder de los militares no es sutil como el de los políticos. El poder de los militares es fuerza bruta. Son las balas que perforan la blanda carne humana y son los cañones que destruyen hogares o las bombas que borran ciudades del mapa. Los políticos tratan de convencer, aunque lo traten mintiendo, pero los militares no. Los militares ordenan, porque ellos se sienten el orden y la ley, y el que no piense como ellos está equivocado, es comunista y por lo tanto hay que silenciarlo como sea.

Por eso, cuando ellos tienen el poder está prohibido pensar libremente. Se puede pensar, pero siempre dentro de los parámetros castrenses.

Con el dinero que los militares del mundo entero gastan cada año en comprar y mantener armamentos, y con el dinero que los Gobiernos de todo el mundo gastan en pagar a los militares (que lo mejor que pueden hacer es no hacer nada) se podría acabar con la pobreza que padecen tantos millones de personas en el mundo y se podría elevar enormemente el nivel de vida de los ciudadanos de todos los países. Pero en este particular la Humanidad no ha superado la época de las cavernas y tiene una mentalidad troglodítica en la que el garrote y la violencia son una necesidad y una manera habitual de convivencia.

Sobre este atribulado planeta pesan como una losa los grandes y pequeños «Pentágonos», dirigidos por auténticos maníacos de la violencia, que ya no sólo amenazan la paz de sus propios países, sino la del mundo entero con sus bombas de neutrinos y sus guerras de las galaxias. Su paranoia bélica ha llegado a tal punto que, alentada por la imbecilidad de los Reagans y de los Gorbachovs de turno, se ha atrevido a poner sobre las cabezas de todos los habitantes del planeta verdaderos monstruos apocalípticos, que vagan silenciosos por el espacio y que en cualquier momento pueden caer del cielo sembrando la muerte sobre millones de inocentes. La esquizofrenia de unos pocos dementes ha revivido el viejísimo mito del maná divino, convirtiéndolo en una lluvia infernal.

La enfermedad que padecen estos maníacos de la violencia es actualmente la principal amenaza de la Humanidad. Mientras existan individuos que creen que la mejor manera de arreglar las cosas es a golpes y matando, la Humanidad seguirá enferma de angustia.

Pasemos a otros «señores del mundo»: los maníacos del dinero. Son de dos clases: los legales y los ilegales.

Los ilegales tienen menos poder en cuanto a gobernar el mundo; más bien contribuyen de una manera indirecta a aumentar el caos reinante. Son los chulos de gran estilo que quieren vivir a costa de la sociedad y se organizan en mafias financieras y en grupos secretos que chantajean y estafan a la sociedad de mil maneras diferentes, con el solo fin de conseguir dinero y vivir bien. A veces lo hacen a lo grande y profesionalmente, y a veces por la libre y en pequeña escala.

Por culpa de unos y de otros vivimos entre rejas, la sociedad tiene que gastar millones en policías y guardias, se arruinan empresas y hay atracos en todas las esquinas de las grandes ciudades.

Si estos gángsters disfrazados de personas honorables llegan en alguna parte a conseguir el poder político —tal como ha sucedido en algún gran país latinoamericano—, entonces el asesinato, la extorsión, el peculado y toda suerte de crímenes se convierten en el pan nuestro de cada día, practicado por las dignísimas autoridades, y en todo el país comienza a sentirse una profunda angustia y un olor a podrido.

Pero de ordinario estos chulos de la sociedad no suelen ambicionar el poder político y en cuanto consiguen el dinero lo mandan a Suiza —el país-cloaca que vive de encubrir a todos los grandes ladrones del mundo— y se van a calentar sus barrigas al sol de Miami.

Algún día habrá que instituir la pena de muerte para es-tas sanguijuelas que viven voluntaria y conscientemente de exprimir la sangre a sus conciudadanos.

Pasemos a los maníacos del dinero legales, que en buena parte son tan perniciosos como los ilegales. Suelen estar parapetados en los grandes Bancos, grupos, trusts, holdings, financieras, etc., y desde sus lujosos despachos acristalados, en lo alto de los rascacielos, manejan con unos hilos sutilísimos pero muy eficaces el gran «guiñol» de la política nacional e internacional. Los políticos, muy serios, gesticularán, harán declaraciones o bailarán, según estos mefistófeles financieros les tiren de los hilos.

A veces, cuando quieren ayudar a uno de ellos porque lo ven más útil para sus intereses, lo empinan desde abajo con préstamos abundantes, para que sea más visto y tenga ocasión de gritar más y convencer a un mayor número de borregos electores. Y si no gana en las elecciones, los buenos y generosos banqueros son capaces de no cobrarle intereses por el préstamo. Porque los hombres de la Banca, a pesar de ]o mucho que los critican, también tienen su poquito de corazón.

La relación entre la política y la Banca es, a pesar de las apariencias, mucho mayor de lo que parece. Los políticos tratan de no hostigar demasiado a la Banca para que ésta pueda hacer sus negocitos con paz de espíritu (y en los lugares donde las cosas están más corruptas, para que ésta les devuelva en metálico sus «permisos» y su laissez faire). Y a su vez la Banca financia con intereses tolerables —los normales son intolerables— las campañas de los políticos, y sobre todo los acoge en su seno cuando un golpe infausto de la suerte los desbanca del poder y tienen que abandonar lo que irónicamente se llama el «servicio público». Los despachos de los grandes Bancos suelen ser el puerto seguro en el que finalmente han recalado muchas veces naves políticas rotas. Las buenas acciones de los políticos, el Señor las suele recompensar con buenas acciones bancarias.

Para los maníacos organizados del dinero lo más importante en el mundo es acrecentarlo. Que a causa de sus exigencias una nación vaya al caos o una empresa o individuo se arruinen, eso les tiene sin cuidado a los grandes mogoles de las finanzas. Lo único que cuenta para ellos son los dividendos y por eso están muy atentos a los buenos negocios. La docena de guerras que hay en la actualidad en este loco planeta son una auténtica mina de oro para los traficantes de armas, y la Banca, aconsejada por políticos y militares, financia a todos los bandos para que no se termine el negocio aunque la gente siga muriendo. Y si se terminase están dispuestos a prestarles dinero para que entierren decentemente y según los ritos sagrados a sus muertos.

Desgraciadamente para ellos, se les acabó el pingüe negocio de décadas pasadas, que consistía en prestar dinero en condiciones abusivas a naciones subdesarrolladas en las que gobernaban políticos rapaces. Los banqueros prestaban aun a sabiendas de que aquel dinero endeudaba aún más a la nación porque iba a parar a las cuentas privadas de los presidentes, ministros y generales ladrones que tanto han abundado en la historia reciente de los países en desarrollo. Los gobernantes patriotas y decentes que han heredado esas deudas de ignominia harán muy bien en no pagar un dinero que unos políticos ladrones le robaron a unos banqueros estafadores.

Los grandes Bancos se parecen a los buitres carroñeros: cuanto más carne podrida hay, más gordos están. Engordan a costa de las empresas «ejecutadas», de la esclavitud de los acreedores acogotados por sus intereses desmedidos y de no se sabe qué turbios manejos financieros que producen la inexplicable paradoja de que cuando la economía nacional está por los suelos las ganancias de los grandes Bancos están boyantes. Y ahí están los periódicos y las estadísticas para probarlo.

Los pequeños Bancos que se arruinaron fue porque se pasaron de listos y cayeron en las propias trampas que ellos les habían puesto a sus clientes.

Y por fin enjuiciemos al último miembro de la «fraternidad negra»: los fanáticos religiosos.

No hay en el mundo cosa que haya separado más a los humanos y que los haya hecho pelear y odiarse tanto como las religiones.

Aunque los líderes de las diversas religiones se jactan de que lo que todas ellas predican en el fondo es el amor y la justicia, y por lo tanto contribuyen a la unidad del género humano, los hechos a lo largo de los siglos nos dicen todo lo contrario: la historia está tejida de guerras ocasionadas pura y simplemente por la religión.

Además predican el amor y la justicia cada uno a su manera; los predican rodeados de una serie de circunstancias diferentes que impiden que ese amor y esa justicia se extiendan a todos los hombres.

Las religiones son creencias y ritos ideados por ciertos individuos que oyeron o creyeron que oían voces del más allá, que les dictaban lo que los hombres tenían que hacer para «salvarse». Todas las religiones sin excepción provienen de apariciones de entidades celestiales de las que alguien fue testigo. Es decir, las religiones no provienen del hombre, sino de fuera del hombre, de algo o de alguien que se la impuso al hombre haciéndole creer cosas y practicar ritos que en muchas ocasiones van contra un elemental sentido común.

Y el vidente-fundador, como un niño, creyó las tonterías que le dictaron y organizó toda su vida y la de sus seguidores en función de estos «mandamientos» venidos de un «más allá» nebuloso.

Las religiones juntan a grupos de hombres al hacerles creer las mismas cosas y al propio tiempo los separan de otros que creen en «dogmas» diferentes. Y como cada uno de los fieles de una religión cree poseer toda la verdad y ser el fiel seguidor de la voluntad de Dios, mira a los otros que no creen igual como a sospechosos y enemigos de Dios, v en otros tiempos se sentía con el derecho y la obligación de perseguirlos v hasta de matarlos. Porque Dios —el Dios que él tiene en su cabeza— es el dueño de toda vida. Las religiones engendran un «odio santo» al pecado y como consecuencia a los pecadores que lo cometen.

En tiempos pasados los reinos e imperios eran con frecuencia teocráticos; el rey era al mismo tiempo sacerdote o estaba investido de algún poder sagrado. Dios lo bendecía especialmente y él se sentía como su representante, lo cual lo facultaba para hacer lo que le diese la gana.

Hoy día, si bien esta situación sigue dándose en los países menos desarrollados, en Occidente ya pasó a la historia y los jefesreligiosos son una casta aparte de los líderes civiles. Éstos siguen todavía mostrando cierto respeto farisaico hacia los jerarcas religiosos, pero en el fondo lo único que les interesa es que no inciten a sus fieles contra las medidas de gobierno.

Los líderes religiosos de Occidente va no pretenden directamente «gobernar» a sus feligreses, pero dictándoles pautas para «vivir conforme a los mandamientos de Dios» les gobiernan las vidas de una manera más profunda de lo que lo hacen los gobernantes civiles. Éstos se quedan en lo externo de las costumbres, mientras que aquéllos van al fondo de las conciencias.

En los países subdesarrollados, la fuerza que tienen los líderes religiosos es enorme y funesta. Sin armas y sin dinero, basándose únicamente en amenazas y promesas referentes a la otra vida, tienen un poder total sobre las vidas de las pobres gentes. En gran parte el subdesarrollo de esos países y su falta de progreso se debe precisamente a los mandamientos de sus respectivas religiones que no les dejan usar su mente con libertad. Y en muchas ocasiones las religiones «predicadoras de la paz» son precisamente las causantes de que no la haya. El infierno que es en la actualidad el Oriente Medio es la mejor prueba de lo que estoy diciendo.

«Irán e Irak se destrozan mutuamente con una santa ferocidad inspirada por Alá, superando ya la espantosa cifra de medio millón de muertos. Irak por vengar viejas ofensas patrias de los iraníes y éstos por la extensión de una santa revolución islámica. Drusos y cristianos se matan animados por un heredado rencor religioso. Los palestinos se aniquilan entre sí por razones patrióticas entremezcladas con razones religiosas. Siria y Libia colaboran en la guerra santa contra el Gobierno cristiano del Líbano. Norteamericanos y franceses vuelan por los aires a impulsos de una dinamita empapada de odio racial y religioso. Y en la base de todo este caos, y como origen de él, el ciego fanatismo religioso de Israel que un buen día y contra todo derecho (inspirados por las palabras de Yahvé, ¡pronunciadas hace ya 4.000 años!) despojaron de su patria a los palestinos, convirtiéndolos en un pueblo errante y desesperado. De víctimas del salvajismo nazi, los israelíes se han convertido en los nazis del Oriente Medio.

»¿Por qué todo este horrendo infierno del Líbano? Por ideas “sagradas” fomentadas por líderes religiosos, y defendidas con furor por fanáticos descerebrados, que en vez de usar su cabeza se dejan llevar por sus sentimientos.» (Defendámonos de los dioses, cap. 9.)

Éstos son los «visibles señores del mundo».

Con tales señores ¿se puede extrañar alguien que la historia humana haya sido el conjunto de horrores que ha sido, y que en la actualidad, cuando ya nos consideramos poseedores de una tecnología avanzadísima, tengamos a medio mundo convertido en un volcán de guerras, con millones de personas pasando hambre, con docenas de especies de animales extinguiéndose cada año, con lagos, mares y ríos envenenados, y con la mayor parte de los bosques enfermos por la atmósfera contaminada?

El hombre verdaderamente racional y con sentimientos llora ante tal panorama. Pero «los visibles señores del mundo», tan tranquilos, siguen adelante con sus «guerras de las galaxias» o jugando a las «reuniones cumbre» sin que sean capaces de llegar a ningún acuerdo, inflando artificialmente los intereses y los precios del oro, y hasta emitiendo nuevas Encíclicas sobre dogmas olvidados, con las que intentan seguir teniendo atontadas las mentes de los fieles o alentando a los que detonan coches-bomba para defender la gloria de Alá.

¿Quién nos librará de semejantes señores? Y puesto que no han venido de fuera sino que son de nuestra propia carne y sangre, será lógico que nos preguntemos: ¿por qué, en cuanto el ser humano se encumbra, se vuelve un verdugo para sus hermanos y se deshumaniza tanto?

¿Por qué, aunque entre estos señores los haya rectos y con buena voluntad, las maquinarias rectoras del mundo, las reglas sociales por las que se gobierna el planeta, las grandes instituciones internacionales, los mayores centros del saber donde se trazan los nuevos rumbos de la Humanidad, se han hecho tan egoístas e inhumanos a pesar de sus pronunciamientos contrarios, y se han olvidado tanto de la paz, la justicia y el amor, que son los valores fundamentales a los que todo ser humano aspira?

Creo que la solución a tan importante pregunta —aunque la ciencia oficial no lo quiera admitir— está en lo que diremos en el resto de este libro. Está en los «señores invisibles» de los que los «visibles» no son más que meros servidores, que lo único que hacen es obedecer las órdenes que aquéllos les dictan, aunque lo hagan inconscientemente las más de las veces.

PRESENTACIÓN DE LOS CASOS

Unas breves palabras que sirvan de introducción a la serie de casos que a continuación le presentaremos al lector.

La mayor parte son producto de mis muchas andanzas e indagaciones por diversas naciones de América. Excepto el primero, que es un caso histórico, los demás son contemporáneos en los que yo he interrogado a los testigos y en ocasiones he acudido con ellos a los mismos lugares en donde habían sucedido los hechos, tratando siempre de llegar al fondo de la verdad.

La razón de exponerlos es para probar que en la actualidad siguen sucediendo las mismas cosas que siempre se nos han presentado como «leyendas» o habladurías folklóricas.

Los casos son muy variados como variada es la actuación de estas entidades en nuestro mundo. De ellos se puede decir lo que de todo el fenómeno: que son contradictorios entre sí; porque los hay explicables y con cierta lógica, y del todo inexplicables; los hay positivos y negativos, llegando algunos a ser hasta tiernos mientras que otros son horripilantes. Pero todos son reales y de ello doy fe.

Sin embargo los casos de ninguna manera son la esencia de este libro, tal como sucede con otros que tratan del fenómeno OVNI, en los que el autor se limita a presentar los hechos que conoce dejando al lector sin saber qué pensar ante tan dispares actuaciones.

Al igual que tampoco es el propósito principal de este libro el tratar de convencer al lector de que los casos son auténticos y de que los hechos no se deben a errores o falsas interpretaciones, o que «todo proviene de la mente» y que en definitiva el fenómeno es real. Es una lástima que todavía se siga perdiendo el tiempo en eso y buscando pruebas para convencer a los inconvencibles.

La esencia de este libro la constituyen las conclusiones a que el autor ha llegado después de analizar éstos y muchos otros hechos en los cuales no aparece el OVNI por ningún lado y sin embargo proceden de la misma gran causa de la que proceden los OVNIS, el fenómeno religioso y muchos otros hechos paranormales que se dan en este mundo.

Privar al fenómeno OVNI de su contenido psíquico, parafísico y hasta trascendente es no tener idea de lo que es el fenómeno. Lo mismo que creer que los milagros de todas las religiones son puramente «divinos» sin tener nada que ver con los fenómenos que estudia la parapsicología, es ser simplemente un pobre fanático; y negarse a admitir que en este mundo hay muchos hechos extraños que contradicen las teorías científicas más serias, es ser un miope cerebral aquejado de «ciencifitis».

Presentamos todo este mosaico de hechos extraños e inexplicables para que de una vez por todas se nos rompa nuestra dura cabeza de «racionalistas puros» contra ellos y nos convenzamos por fin de que los humanos no somos los señores del mundo y los reyes de la creación, y de que la Naturaleza y el cosmos son libros en los que tenemos todavía mucho que aprender.

Luciano Lancieri

Luciano Lancieri

Estudioso de temas cósmicos argentino (Rosario, 1978).

Para los interesados en conocer puntos de vista sobre el Libro de Urantia, este estudioso ofrece un enfoque que merece ser tenido en cuenta.

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Documento para todos los buscadores de la Verdad de éste, y otros mundos
Los orígenes del racismo
¿Los maestros cósmicos de Hitler?

Tengo apenas 23 años, y vaya uno a saber por qué, desde hace mucho tiempo me he interesado en conocer la verdadera Verdad, valga la redundancia, de nuestra creación; del origen del ser humano en este planeta. Todo lo que los Libros Sagrados nos cuentan no es más que un mero simbolismo confuso de lo que aconteció en los primeros tiempos del planeta. Como un cuentito que tiene que cerrar sí o sí. Seguramente, los que son muy creyentes, o están muy apegados a una religión X me van a odiar por esto, pero la enorme venda que les cubre los ojos desde cientos de años, no les permite, lamentablemente, ver lo usados, lo humillados, y lo bastardeados que hemos sido los habitantes de este y otros mundos de sufrimiento, por nuestros supuestos “dioses” de las distintas religiones.

Porque en estos mundos de dualidad, como todos sabemos, el lado de la balanza del sufrimiento y la injusticia se inclina mucho más que el de la felicidad y la justicia. Basta con saber que mucho más de la mitad población mundial viven en la extrema pobreza; muchos de los cuales habitan con carencias del vital elemento: el agua. No sólo no tienen un centavo para comer, sino que tampoco pueden tomar agua confiable. Muchos mueren a diario como consecuencia de esto. Mientras tanto, una porción ínfima de la Tierra concentra todas las riquezas del mundo. El resto, sólo sobrevive.

La balanza de la desinformación y el ocultamiento, pesan mucho más que la de la información y la Verdad (que es sinónimo de Luz). Libros y bibliotecas que contenían material “oculto” quemadas, y religiones –todas ellas- que lo único que han hecho fue dividir y enceguecer a la humanidad, hablan por sí solo de esto. Creo en Dios; en el único que existe; que es el Padre Universal, la Fuente Divina de Energía Eterna, pero no creo ni en las religiones impuestas por “falsos dioses” (impostores del Verdadero Dios), ni mucho menos en la Iglesia y los curas; hábiles negociantes casi todos ellos.

Pero el tema principal que quería tocar en esta Carta Abierta, es bastante doloroso para todos: Los orígenes del racismo.

Estoy leyendo el famoso “Libro de Urantia” –supuestamente, información recibida por medio de “seres de Luz”, o jerarquías “Divinas”-, y allí me encuentro con algo que me sorprendió muchísimo, teniendo en cuenta a las fuentes de donde provenía la información; supuestamente seres bondadosos, misericordiosos, y nada discriminadores.

Los capítulos 51 y 52 del libro de Urantia, son, según mi punto de vista, el claro exponente del origen del racismo en los mundos. Allí, aparece el principio básico de éste: se nos dice que existen “razas superiores” y “razas inferiores”, a las que hay que exterminar. Sí, sí, tal como uno lo lee. ¿Y esto fue dicho por “seres de luz?” Así es. Según se dice, este libro fue escrito por una persona a la cual –por medio de trance- se le habrían revelado cosas ocultas, o distorsionadas por la Humanidad, lo cual –es obvio decirlo- me parece bárbaro, pero en muchos aspectos nos enseña claramente quién es quién en este Universo.

Tal como afirmaban los nazis de la Alemania totalitaria, que se basaban en las supuestas Leyes de la Naturaleza para “eliminar a todo aquel ser humano inferior, que contamine a la pureza de la raza aria, y sea incapaz de vivir”, o el KK Klan, que se “cansó” de matar y torturar negros, el capítulo Nº 51 del Libro de Urantia, denominado “Los Adanes planetarios”, nos habla claramente de que el origen del racismo no es actual, sino que viene de tiempos inmemoriales:

“La raza dominante durante las primeras eras de los mundos habitados es la del hombre rojo, el que es ordinariamente el primero en alcanzar niveles humanos de desarrollo. Pero, mientras el hombre rojo es la raza de mayor rango de los planetas, los siguientes pueblos de color comienzan a hacer sus apariciones muy temprano en la era del surgimiento mortal.

Las primeras razas son de alguna manera superiores a las posteriores; el hombre rojo se coloca muy arriba de la raza índiga —negra—”.1

Clarito, ¿no?. Pero hay mucho más para este boletín:

“En aquellos mundos que tienen las seis razas evolucionarias, los pueblos superiores son la raza primera, la tercera y la quinta —la roja, la amarilla y la azul—. Las razas evolucionarias en consecuencia alternan en su capacidad para el crecimiento intelectual y el desarrollo espiritual, siendo la segunda, la cuarta y la sexta de alguna manera menos dotadas. Estas razas secundarias son las que faltan en ciertos mundos. Son las que han sido exterminadas en muchos otros. Es desafortunado que en Urantia hayáis perdido tan notablemente a vuestros superiores hombres azules, excepto en cuanto persisten en vuestra amalgamada «raza blanca». La pérdida de vuestros linajes naranja y verde no es asunto muy grave”. 2

Es increíble la frialdad con la que hablan estos seres, supuestamente tan evolucionados intelectual y espiritualmente. Hablan de razas superiores, mejor dotadas que otras, se nos dice que la raza negra está “muy por debajo de la roja”, y alegremente, se nos revela que las razas secundarias han sido “exterminadas en muchos mundos”. La frutilla del postre es el lamento por parte de estos “genios” cósmicos por la pérdida en la Tierra de nuestros “superiores seres azules”. Pero muchachos, ¡a no desesperarse!, todavía persisten en nuestra amalgamada raza blanca. ¡Ah, no nos preocupemos por la pérdida de nuestros linajes verdes y naranja!, total, “no es un asunto muy grave”, ¿no?. ¡Si son razas inferiores que no valen la pena!, ¿Verdad?

Evidentemente, quiero darle un toque irónico al tema, pero esto es grave; muy grave.

Pero hay más ejemplos terroríficos que hablan por sí solos, como la liviandad con que tocan el tema tan asqueroso como el de la esclavitud de las razas “inferiores”:

“Las razas más progresivas usualmente utilizan los humanos menos evolucionados como labriegos. Ésta es la razón del origen de la esclavitud en los planetas durante las primeras épocas. Los hombres rojos normalmente someten a los naranjas y los reducen a la condición de sirvientes, y a veces son exterminados. Los hombres amarillo y rojo frecuentemente fraternizan, pero no siempre. La raza amarilla normalmente esclaviza a la verde, mientras que el hombre azul (el blanco) somete al índigo (negro). Estas razas de hombres primitivos, al utilizar los servicios de sus congéneres inferiores en tareas compulsivas no piensan más en ellos que lo que harían los urantianos al comprar y vender caballos y ganado”.3

No creo que Hitler haya leído el Libro de Urantia para “inspirarse” en su maquiavélica obsesión de superioridad de la raza aria, o azul, por sobre las otras, a las que había que ir exterminando. Sí creo, aunque no estoy seguro de esto, que los jerarcas nazis habrían tenido contacto con alguna clase de seres extraterrestres que los habrían iniciado en el tema. No hay que olvidar que los nazis eran muy esotéricos, y creían mucho en lo sobrenatural. La cruz esvástica, es un símbolo muy antiguo de las razas extraterrestres de gigantes hiperbóreas que vivieron en el norte de Europa hace millones de años, y que según se dice, habrían engendrado a la raza aria.

Pero el racismo manifiesto de estos seres que la “juegan” de bondadosos y misericordiosos, se da en el próximo párrafo a exponer. Dan ganas de vomitar al leer la fría letra con que estos seres se expresan sobre algunos seres humanos, que, vale la pena recordarles, son personas:

“Estas seis razas evolucionarias están destinadas a ser mezcladas y exaltadas por la amalgama con la progenie de los edificadores adánicos. Pero antes de que se mezclen estos pueblos, los inferiores y los inservibles son mayormente eliminados. El Príncipe Planetario y el Hijo Material, con otras autoridades planetarias apropiadas deciden acerca de la aptitud física de las razas reproductoras. La dificultad de ejecutar un programa tan radical en Urantia consiste en la ausencia de jueces competentes para decidir sobre la aptitud o inaptitud biológica de los individuos de vuestras razas mundiales. A pesar de este obstáculo, parecería que vosotros debierais ser capaces de concordar en la desconfraternización biológica de vuestras cepas más marcadamente ineptas, defectuosas, degeneradas y antisociales”.4

¡Qué lástima!, ¿no? En la Tierra no tenemos jueces “brillantes” –como seguramente serían ellos- para decidir la aptitud o inaptitud biológica de las personas de nuestras razas.

Si mal no recuerdo, el puntapié inicial para el extermino judío en Europa fue la creencia en una Teoría de la Degeneración de la raza judía. Se decía que sus rituales sexuales y religiosos eran degenerados, y que por aquello, debían ser eliminados. Después se pasó al tema del dinero, al identificar al judío con el banquero, o el prestamista al que se le debía plata, y llevaba a los países europeos al caos. Por todo ello había que aniquilarlos para el supuesto “bien” de la Humanidad.

¡Ahora me explico la razón por la cual basuras tales como Hitler, el KK Klan, y tantos otros cultores del racismo han venido a este planeta! Su misión en el mundo no era otra que la de eliminar de la faz de la Tierra a los que según ellos, eran los enemigos de las leyes de la Naturaleza (que como ven, y aunque parezca mentira, existen y son enseñanzas de “seres cósmicos”); aquellas razas “ineptas, defectuosas, degeneradas y antisociales”. Su objetivo era el de conservar “pura y limpia a la sangre germánica”, y su vida en el planeta, estaba dada por la muerte del “otro”, del “inferior”, y cuanto más “inferiores yo mate, más pura y sana será la vida, y más yo como individuo sano podré proliferar”.5

“Uno de los grandes logros de la edad del príncipe es esta restricción de la multiplicación de los individuos mentalmente defectuosos y socialmente ineptos. Mucho antes de la época de la llegada de los segundos hijos, los Adanes, la mayoría de los mundos se dedican seriamente a la tarea de la purificación de la raza, cosa que los pueblos de Urantia aún no han emprendido seriamente.

Este problema del mejoramiento de la raza no es una empresa tan extensa si se lo ataca en esta edad inicial de la evolución humana.” 6

Pero me guardo para el final un párrafo que he extraído del capítulo 52 del Libro de Urantia donde estos seres la siguen con el “Manual Ilustrado de Racismo Práctico para mortales”. Presten atención a cómo se refieren a los discapacitados, y lo que según ellos, se debiera hacer con ellos:

“Un idiota no tiene mucha oportunidad de supervivencia en una organización social tribal primitiva y guerrera. Es el falso sentimiento de vuestras civilizaciones parcialmente perfeccionadas el que fomenta, protege y perpetúa los linajes completamente defectuosos de las razas humanas evolucionarias.

No es ternura ni altruismo prodigar compasión inútil a seres humanos degenerados, mortales anormales e inferiores insalvables. Existen aun en el más normal de los mundos evolucionarios suficientes diferencias entre los individuos y entre los numerosos grupos sociales como para proveer el ejercicio pleno de todos aquellos nobles rasgos de sentimiento altruista y ministerio mortal sin egoísmos, sin perpetuar a las cepas socialmente inadecuadas y moralmente degeneradas de la humanidad en evolución. Existe abundante oportunidad para el ejercicio de la tolerancia y la función del altruismo a favor de aquellos individuos desafortunados y necesitados que no han perdido irreparablemente su herencia moral ni destruido para siempre su derecho espiritual de nacimiento.” 7

¡Ja!, ¡Encima nos tratan a los humanos de falsos! No sé si estos seres de luz tienen cara, pero si la tienen, debería caérsele de vergüenza, al ver que un simple ser humano, finito y lleno de errores, les marque lo racistas y lo fríos que son. ¡Es alarmante que estemos en manos de semejantes descorazonados! ¡Misericordiosos LAS PELOTAS! ¡Cómo estos seres pueden hablar de ética, de filosofía, de moral, de razón! ¡Qué autoridad moral tienen para imponernos lo que está bien y lo que está mal! Son racistas, y eso a Dios no le gusta. ¡Pobre de nosotros con semejantes seres “superiores” que nos gobiernan!

Ahora, yo me pregunto: Si, como ellos dicen, existen razas y seres humanos inferiores, a los que habría que eliminar, ¿para qué fueron creados? Me gustaría que alguien conteste esta pregunta, la cual me parece central.

Estos seres nos hablan de su bien ganada paz interior, y de su gran espiritualidad… ¿De qué espiritualidad me hablan? ¿De la de matar al otro? Claro, si leyeran esto, dirían que se trata de un terrícola inferior, tonto, que sería incapaz de comprender las Leyes del Universo… Y yo, un humilde ser humano de este castigadísimo planeta les digo una cosa: a lo largo del tiempo, y desde nuestros orígenes, ya bastante nos han cagado muchos de los seres extraterrestres, ultraterrestres, y Altas Jerarquías Universales que nos visitaron, y que supuestamente respetaban las Leyes Universales. ¡Han aniquilado a galaxias enteras en nombre de las Leyes del Universo! Por eso nadie en el Cosmos, excepto el Padre Universal, puede hablar de ética, o de moral. Todos tenemos el “culo sucio”; algunos en mayor y otros en menor medida, pero todos lo tenemos.

Nos han destruido. Nos hundieron, y nos echan toda la culpa a nosotros de todos los males del planeta, cuando gran parte de culpa la tienen ellos, que no asumen los errores cometidos en el pasado, y que son muy difíciles de solucionar en el presente. Y encima, cada vez que queremos salir a flote, no se nos deja. Siempre pasa algo que nos vuelve a hundir. Es como una persona que esta en lo profundo de una fosa oscura, y de a poco, va subiendo, y subiendo, y cuando está por ver la luz, “alguien arriba” le pisa la cabeza y lo vuelve a hundir.

Para colmo, son tan cínicos que constantemente se nos amenaza con la aniquilación de la mayoría de la humanidad si no cambiamos. Creo que los que deberían cambiar su actitud también son ellos, y deberían resarcirnos con un poquito más de alegrías por todo el daño que nos han hecho en este mundo. Debemos ser fuertes, y soportar lo que decidan estos supuestos “seres iluminados” sobre nuestro futuro. Estamos en sus manos, y habrá que rezarle al verdadero Dios para que tenga un poco de piedad sobre nosotros.

Soy argentino, y en nuestro país, lamentablemente hay mucho racismo. A los negros, los exterminaron a todos mandándolos en las vanguardias en las guerras del pasado. No quedó ni uno sólo.

Todos sabemos lo que aconteció con los judíos en la Europa de los años 30 y 40’s. Murieron casi 6 millones de personas.
No voy a hacerme el “careta” de decir que nunca he discriminado a nadie, porque estaría mintiendo. Todo ser humano tiene algo de racista incorporado. ¿Quien no ha dicho en su vida: “¡Ese es un negro de mierda!”, o “un judío de mierda”, o “aquél es un puto de mierda”?. Basta ver los ejemplos de nuestros “maestros ciruelas” cósmicos para encontrar el porqué del racismo humano. Pero lo que jamás podré aceptar, es el racismo y el hecho de fomentar la muerte en seres supuestamente Divinos, súper evolucionados que están -en teoría- más cerca de Dios que los seres físicos del tiempo y el espacio, llenos de defectos.

No soy ni judío, ni soy negro, ni tengo parientes o amigos discapacitados. Simplemente soy un ser humano que valora a la vida, y la respeta. Y eso no es poca cosa. El hecho de que haya distintas razas en la Tierra, y seres con capacidades diferentes, no quita que de todas maneras sean iguales ante los ojos de Dios, y amados por igual por el Padre Universal, que no discrimina, sino AMA A TODAS SUS CRIATURAS DE LA MISMA FORMA. Otros supuestos seres de luz ¡tan bondadosos, misericordiosos, y evolucionados! parecen no entender esto. No respetan la vida de los que consideran “inferiores”. Demuestran así que su evolución es en muchos casos puro cuento. Y demuestran también, que Hitler tuvo antecesores cósmicos de millones de años atrás, que marcaron el camino de su horroroso plan.

Luciano Lancieri
29/12/01

1 Libro de Urantia, capítulo 51: Los Adanes planetarios.
2 ídem.
3 ídem.
4 ídem.
5 Michael Foucault: Genealogía del racismo.
6 Libro de Urantia, capítulo 52: Las épocas planetarias de los mortales.
7 ídem.

Franz Griese

Franz Griese

Teólogo de origen alemán (1889-?), que escribió “La desilusión de un sacerdote” (1933) y La Sinfonía del Universo (1954), que publicó en la Argentina; en el primero de los cuales negó la divinidad de Yahvé.

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Del libro La desilusión de un sacerdote

El Dios de los judíos tenía y tiene el nombre: Jahvé. Al observar lo que dice la Biblia en el Viejo Testamento de este Dios Jahvé, debemos francamente confesar, que es imposible reconocer en él el Ser Supremo. 

Nos limitamos a indicar sólo tres razones: 

Primera: la excesiva crueldad del Dios Jahvé. 

Segunda: la amistad íntima de Jahvé con personas de absoluta inmoralidad y cuyos instintos perversos son fomentados por él. 

Tercera: la exclusiva protección que Jahvé proporciona a su “pueblo escogido” Israel, exterminando él a los demás. 

Respecto del primer punto encontramos en la Sagrada Escritura del Viejo Testamento una serie de pruebas tales, que fácilmente se demuestra que Jahvé no es más que un ídolo nacional cualquiera. 

En efecto, la sola expulsión de Adán y Eva del Paraíso, condenándolos Jahvé a ellos y a toda su posteridad, o sea a toda la humanidad a sufrimientos, a enfermedades y la muerte, sólo por haber comido la pareja una manzana, es crueldad digna de un verdugo, pero no del Ser Supremo. (Gén, 3,1-24). 

Otra prueba de esta crueldad es el Diluvio, donde Jahvé “arrepintiéndose de haber hecho al hombre” (Gén. 6,6) ahogó a todos: hombres y mujeres, ancianos y niños, salvándose tan sólo la familia de Noé. Quien imagine un solo momento el cuadro terrible, provocado por este desastre, no podrá creer que el Ser Supremo haya causado deliberadamente semejante desgracia. 

Pero todavía se nota más esa crueldad de Jahvé, cuando leemos que él encarga a su pueblo de Israel exterminar a todos sus enemigos con sus familias. 

Así leemos en el libro Deuteronomio (7,16):

“Aniquilarás a todos los pueblos, que el Señor, tu Dios, te da en tu mano. No los perdonará tu ojo”.

Los judíos, al entrar en Palestina, cumplieron literalmente con este mandato de Jahvé, empezando con la ciudad de Jericó:

“Y ellos mataron toda la gente en la ciudad: hombres y mujeres, tiernos niños y ancianos”

(Josué 6,21).

Sólo perdonaron la vida a la ramera Rahab, en cuya casa sus espías habían vivido.  Hasta se encolerizó Jahvé si los judíos -más compasivos que su propio Dios- alguna vez perdonaron la vida a los vencidos. He aquí lo que leemos en el libro (Números 31,14): 

“Y Moisés enfureció contra los capitanes del ejército, contra los tribunos y centuriones, que volvieron de la guerra; díjoles: ¿por qué habéis dejado vivir a las mujeres?… Matad pues ahora todos los varones entre los niños y las mujeres que hayan conocido a hombres acostándose con ellos; pero todas las niñas, que no han conocido un hombre, dejadlas vivir para vosotros”.

Huelga comentario sobre la barbarie que en este párrafo se le atribuye al Ser Supremo. 

Observo expresamente, que no se trata de uno que otro caso aislado de crueldad, sino que, precisamente en la conquista de Canaan, hechos idénticos son tan frecuentes que solamente un individuo dotado de los más bajos instintos puede haber ordenado semejantes crímenes.

LA RUTA SAGRADA. JUAN G. ATIENZA

Si recapitulamos los primeros indicios de transformación que nos plantea el Camino, veremos que pueden resumirse en la siguiente estructura:
a) EL CAMINO CONSTITUYE UN ITINERARIO SAGRADO HACIA MITOS QUE NOS DAN CUENTA DE UN ARCAICO CENTRO DEL MUNDO, DONDE QUEDARON SUPUESTAMENTE IMPLANTADAS UNAS CLAVES FUNDAMENTALES DEL CONOCIMIENTO TRASCENDENTE.
b) EL CAMINO SE CONCIBIÓ COMO UNA VÍA DOLOROSA QUE SERVIRÍA EN PRIMERA INSTANCIA PARA REFORZAR LA VOLUNTAD DE SABER DEL PEREGRINO, PONIENDO A PRUEBA SU CAPACIDAD PARA SUPERAR LOS SUFRIMIENTOS Y PROPICIANDO SU VICTORIA SOBRE SUS PROPIOS CONDICIONAMIENTOS FÍSICOS, MENTALES Y ESPIRITUALES.
Paralelamente, el Camino se fue poblando de una serie indefinida de claves que surgían a modo de enigmas existenciales, como la Esfinge le surgió a Edipo, tensando constantemente el máximo de la capacidad de percepción del peregrino y preparándole para aquel encuentro que tendría lugar al final de la Ruta.
Los signos del Camino son consustanciales a la andadura del peregrino y surgen como estímulos dirigidos a las raíces mismas de su conciencia. Pero ni creo que se haya hecho nunca una aclaración sistemática de sus significados, ni pienso que sea conveniente hacerla, puesto que la misión primordial de los signos es la de llamar la atención de quienes se percaten de su presencia, y nunca la de aquellos que carezcan del propósito de encontrarlos. Se trata, pues, de una conmoción interior que ha de ser personal e intransferible, ya que el programa simbólico de la Ruta es fundamentalmente esotérico, de acción interior, de asunción singular de verdades universales, que son tales en tanto que quien las percibe se apropia de ellas. Esa asunción no tiene nada que ver con una curiosidad estética ante los monumentos del Camino, sino con la intención íntima de cada caminante, fuera el cantero que recorría la ruta en busca de enseñanzas que convirtieran su oficio en sagrado, fuera el alquimista que leía en portadas y capiteles como en los libros mudos los secretos de la transmutación de la materia, fuera el astrólogo que se pateaba el Camino de las Estrellas hasta su meta en la constelación del Can Mayor, en busca del maridaje del Sol con la Luna y la Tierra, fuera, en fin, el penitente que intuía que el perdón de sus pecados estaba en desterrar de su alma el demonio de la ignorancia.
Si creo, en cambio, que podríamos esbozar una clasificación primera en la que deberían apuntarse las distintas categorías de signos con los que el peregrino tendrá que tropezarse. Y, aunque no se trate de desvelarlos uno a uno ni de programarlos en la mente del buscador, si cabe que estas páginas puedan servir para reconocer el Camino -no conocerlo, que esa es cuestión harto banal y erudita- y para mostrarle al caminante los estantes en los que podrá indagar sus apetencias a la hora de integrarse en la última realidad de la Ruta. Sería, pues, como la labor callada de los antiguos sirvientes que, sin entrar en la intimidad del amo, ponían en los armarios y en los cajones los carteles que facilitaban la labor de encontrar las prendas que podían necesitarse en cada ocasión. Reconozco que esta clasificación que voy a proponer no es ni única ni completa. Es solamente la mía, y cualquiera puede complementarla, porque es susceptible de someterse a cambios y a apreciaciones personales, o a circunstancias que pueden ser alteradas por el tiempo.
SIGNOS DE MUERTE Y RESURRECCIÓN
Aparecen en los monumentos o en tramos contiguos del Camino, dando cuenta de unas circunstancias que propician el abandono de ciertos esquemas vitales y la asunción de otros que, al sustituir a los primeros, enriquecerán al espíritu. Suelen basarse en temas bíblicos y evangélicos, pero el mensaje inmediato se universaliza por la lectura de ciertas imágenes que se interponen entre los signos indicadores de vida y muerte. Todo el Camino resume este concepto capital, indicándole al peregrino que tendrá que morir (simbólicamente) para renacer victorioso a una nueva vida, la cual le permitirá percibir la realidad que antes le estaba vedada.
SIGNOS DE IDENTIFICACIÓN DE LOS OPUESTOS
Son los más abundantes, hasta el punto de constituir paradigmas estéticos concebidos en función de la simetría decorativa. Sin embargo, las apariciones circunstanciales de dióscuros tradicionales, como Cástor y Polux, Caín y Abel, Santiago y san Juan, Rómulo y Remo y tantos otros, son una clara llamada de atención sobre la profunda identidad de lo que sólo una percepción incorrecta del entorno hace que se nos aparezcan como contrarios o distintos.
SIGNOS DE SECRETOS ADVERTIDOS
Seres sin boca, dedos indicando silencio, rostros tapados, toponimias espinosas que llaman a la rosa, a la ortiga y a la corona de Cristo, son señales de enclaves que guardan un secreto que, de ser penetrado, debe guardarse celosamente. A menudo se trata de advertencias dirigidas a colectivos que basaban su actividad en el conocimiento esotérico: constructores, herreros, monjes de las órdenes militares. La llamada al secreto no es, sin embargo, señal de una asociación ocultista, sino advertencia de una enseñanza intransferible y estrictamente personal.
SIGNOS DE ESOTERISMO CRISTIANO
Ciertas deliberadas alteraciones cronológicas de determinados acontecimientos evangélicos en un programa claustral o en las figuras de un pórtico puede darnos una lectura distinta del mensaje. Por desgracia, restauraciones recientes trataron de ‘mejorar’ supuestos errores y destruyeron la segunda lectura de aquellos documentos, en los que no se trataba de informar, sino de comunicar. Entre los que subsisten, hay que hacer abstracción de la historia concreta que pretenden describir y buscar en sus estructuras y en los cambios resaltados la recuperación de una idea primigenia, desfigurada por la revelación ortodoxa. Eventualmente, las imágenes cristianas se combinan con otras paganas, dando testimonio de la raíz universal de un determinado mensaje.
SIGNOS DE RECONOCIMIENTO COMPAÑERIL
Se suelen designar como marcas de cantero y, por lo general, son interpretados erróneamente como testimonios de la labor diaria, aunque la naturaleza específica de muchas de estas señales y la dificultad misma del trabajo de grabarlas reafirman una intención que sólo los que la realizaban podían conocer en su integridad. Al abordar su estudio conviene tomar en cuenta su identificación iconológica, pero sobre todo la naturaleza específica del monumento en el que se grabaron y el lugar que el monumento ocupa dentro del contexto del Camino.
SIGNOS DE PRUEBAS A SUPERAR
Las pruebas iniciáticas forman parte de la integración de nuevos miembros al colectivo. Suponen, como la muerte, el abandono del estado vital anterior. Por eso las encontramos en el monasterio, en los gremios operativos y en las sociedades restringidas. Suelen reconocerse en secuencias iconológicas, descritas a menudo como martirios superados por el santo mártir de turno. Aluden muy frecuentemente a santos, ascetas, y patronos gremiales, eventualmente, la secuencia de las imágenes da cuenta cabal de los pasos requeridos para las particulares iniciaciones.
MAGNITUDES Y DISTANCIAS
Aquí interviene a menudo el esfuerzo del buscador, porque el mensaje se escamotea mediante elementos abstractos en los que interviene el número, la configuración geométrica y las operaciones matemáticas. También en estos casos, la intervención de los reconstructores actuales, al trasladar un monumento de su emplazamiento originario, puede hacer que desaparezca el mensaje tal como fue concebido cuando se construyó.
SEÑALES DE ALERTA
Son grupos de signos sin aparente importancia en si mismos, pero que han sido colocados de tal modo que, en su conjunto, advierten sobre la proximidad del espacio sagrado que, sin ellos, podría pasar inadvertido para muchos, aunque tampoco conviene que sea divulgado entre quienes no recorran lúcidamente la Ruta. A veces, estas marcas las dejan hoy mismo quienes se han planteado recuperar el sentido originario del Camino, y consisten en simples manchas de pintura que marcan una senda a seguir o el exacto lugar por donde conviene vadear el río, al margen del puente. Son signos que exigen constante atención del peregrino y revelan enclaves que, muy a menudo, no figuran en los itinerarios al uso o que exigen que se tome una determinada actitud en su presencia.
AVISOS DE RECUPERACIÓN DE SABERES
No es insólito detectar la presencia de señales que fueron objeto de anatema por parte de las autoridades ortodoxas. Sin embargo, al margen de que recordemos que indican saberes que fueron subrepticiamente estudiados, incluso en recintos monásticos, mientras eran condenados sus practicantes laicos, conviene no olvidar que conocimientos como la alquimia y el hermetismo, la profecía y la astrología, pueden enlazar con la conciencia puramente cristiana cuando se interpretan determinados mensajes según la semántica propia del esoterismo universal, es decir, cuando el mensaje se reconvierte sobre esquemas universales desde su actitud dogmática primigenia. Es entonces cuando el conocimiento esotérico adquiere todo su sentido, si se logra despojarlo de la anécdota complementaria y se potencia su sentido tradicional, basado en la enseñanza arcana.
(…)

El Camino nos plantea un HOLOGRAMA. O, si lo preferimos, no nos plantea una materia pedagógica, sino un método para asumir una manera humana y trascendente a la vez de abordar nuestra relación plena con el Universo, con la Historia, con el Tiempo y con todos nuestros semejantes.
… El Camino no deja indiferente a nadie que lo recorra, sea cual sea el fin que le guíe, las ideas que sustente o el método que utilice para seguirlo. Pero sí hay múltiples grados de impacto; y esos grados dependerán en gran medida de la disposición que adopte cada cual al dar el primer paso.
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Hablamos con Juan G. Atienza

Hablamos con Juan G. Atienza

Nacido en Valencia en 1930 y licenciado en Filología Románica. En 1977 decidió dedicarse de lleno a la investigación histórica y antropológica. Su carrera viene avalada por más de 50 libros. (Leyendas mágicas de España, Leyendas del camino de Santiago, La Ruta Sagrada, Los Santos paganos, El Legado Templario…) Juan G. Atienza es un antropólogo de lo oculto, un historiador de las voces del pueblo, un buscador de caminos, y a esta labor a dedicado más de 50 obras, con una acogida poco menos que sensata a su talento. J. G. Atienza es un hombre experto, culto, de senectud encendida, y ojos lacios y azules como de agua estancada. Atienza nos habla, con voz pausada, de su último y quizás, más comprometido libro: “El Milenio llega”, obra cumbre de este diseccionador de los monumentos caídos del milenio, que esperamos vea la luz en Marzo de este año.

J.G. Atienza, caminante apresurado de la ladera inclinada del Milenio, sintió un buen día la necesidad de pararse. Paró y recapacitó. La palabra crisis resonaba en su cabeza, y en seguida supo que obviarla no era la solución.
  “El Planeta y la Humanidad atraviesan una crisis existencial que apenas somos capaces de detectar más que en sus rasgos especialmente espectaculares y traumáticos. Nos fijamos sólo en sus manifestaciones inmediatas, en aquellas que impactan en el interés de los medios de comunicación, y pasamos por alto su repercusión callada en nuestra vida cotidiana, su función de zapa en los entresijos de una conciencia colectiva que pierde aceleradamente su capacidad de discernir entre el simulacro de progreso imparable que se nos ofrece, y la auténtica Evolución hacia la que tendríamos que tender los seres humanos si cumpliéramos con los dictados de nuestra propia naturaleza”.

El milenio ha quedado tendido en el camino como un tronco de árbol derribado y marchito. J. G. Atienza, se sienta sobre él y mira con los ojos muy abiertos al horizonte. Quizás no sea miedo, quizás tampoco intranquilidad, pero sabe que el 2000, por el bien de todos, no debe seguir la inercia de su pasado.
  “Yo no creo en el 2000 como una fecha emblemática que necesariamente tenga que significar un cambio, pero estamos en un punto de crisis tan hondo, que el 2000 puede ser un buen momento para iniciar el cambio. O, cuanto menos, para intentarlo”

Las soluciones no se compran con dinero, no están detrás de una vitrina, y ni mucho menos parecen inmediatas. El gran problema del hombre moderno, parece decir Atienza, es que le deslumbre su propia impaciencia.
  “Lo que provoca en muchos casos que no se actúe como se debería actuar ante esta situación, se debe a que la gente consciente se da cuenta de que si existe un remedio a esta crisis, no es un remedio de aquí a cinco años, sino un cambio que tendría frutos muy a largo plazo. Se necesita que desde el principio, los niños fueran educados y preparados para una vida solidaria. Y probablemente serían los hijos de esos niños los que pondrían las bases para un cambio fructífero. Por tanto, estaríamos hablando de más de 20 años de camino, y para un trayecto tan largo se necesita una responsabilización ética que no todos los adultos están dispuestos a asumir”

Estamos hablando, de un cambio silencioso, pero que necesariamente necesita ir más allá de la aportación individual, ¿no es cierto?
  “No, claro que no, la aportación individual sólo es el primer paso de una futura unión de personas convencidas, con un claro deseo de cambio, sin impaciencias, y partiendo de cero, siempre de cero . Esto es algo que yo trato de fomentar”.

De cero, de cero,.. duras palabras para el Hombre Moderno que va a ver nacer en el horizonte un nuevo milenio. ¿Qué es eso de partir de cero?
  “..Partir de cero significa renegar de todas las cosas de las que nos estamos guiando en la actualidad. La economía, la justicia, la salud, no funcionan tal como están planteadas. Y la única solución que atisbo es inculcar a la gente el sentido de la solidaridad, y es que la esencia del cambio no está en combatir, sino en buscar caminos aleatorios a través de uno mismo, y del prójimo”.

Juan G. Atienza parece mirarse con cierta tristeza las manos. El Hombre Moderno ha construido un sistema al que ahora sucumbe. Debemos reconocer que nos hemos equivocado.
  “Estamos todos demasiado pendientes de un sistema que ni siquiera está ya compuesto por personas, y que aunque fue creado por personas, ahora tiene vida propia. Podemos decir que, Las estructuras se han independizado de los hombres que las establecieron. El sistema, por tanto, está actuando con los primeros matices de lo humano, es una creación de las primeras etapas de la evolución humana. Ahora está ya obsoleto. No funciona. Se necesita un nuevo sistema para un nuevo hombre que reconoce que se ha equivocado. Estamos por tanto, ante unas estructuras que no tienen alma, y que han llegado a dominar al hombre. Si lo permitimos, no habrá solución. Yo mismo, no soy ajeno al sistema, pero conozco sus errores, y eso me hace estar absolutamente consciente de que no me estoy engañando a mí mismo. Con que la gente se de cuenta de que está en una postura errada, y que tiene posibilidad de salir de ella, aunque no salga, ya habrá dado un paso hacia delante”.

Según avanza el reloj imparable del milenio, las cadenas parecen apretar más y más fuerte las muñecas. El Hombre Moderno quiere, necesita sentirse libre.
  “El hombre libre es aquel que fuera capaz de prescindir del consumo, un hábito que nos conduce ineludiblemente hacia la desconfianza al prójimo, porque se convierte en un enemigo natural de nuestro propio progreso, entrando de lleno en el círculo vicioso de la competitividad. Este proceso desemboca en que uno termina trabajando para uno mismo, olvidando las necesidades ajenas. Por eso se muestra como necesario el comenzar por una educación global, lenta, y progresiva hasta conseguir una mayoría con iniciativa, que con su propio ejemplo pueda imponer una solución más humana a toda esta crisis”.

Las máquinas del hombre, hacen tanto ruido que ya casi no se escucha la voz de sus semejantes.
  “El hombre moderno, es un hombre que se ha quedado sin armas para crear una verdad propia. Sufrimos una falta de comunicación, y un exceso de información. Nos entregan las ideas que debemos asumir, sin permitirnos intervenir. Evitan el diálogo, creando así una verdad prefabricada, que se extiende lentamente, como un virus,… Se está perdiendo el placer de la conversación. Ya sólo nos queda la posibilidad de recibir información, y eso nos aleja de la verdad”

Pero,… donde hay espíritu hay esperanza, ¿verdad?
  ” La verdad es que queda poco tiempo, pero todavía creo en el espíritu del individuo, y sólo a través de él podremos recoger el hilo de nuestra propia esencia como seres humanos, o, mejor dicho, como personas en evolución”

El Hombre Moderno ha dicho algo que nadie ha escuchado. Porque hasta él mismo siente que esas palabras no son suyas.
  “Ahora las cosas ya no se ofrecen, porque ofrecer es algo cordial, ahora las cosas se nos ofertan, comprar, comprar, comprar. Y es que está habiendo una seria transformación del lenguaje. Los niños juegan sólo con 200 palabras. Aparte del cambio sutil que está sufriendo la significación de las palabras. Por ejemplo, parece ser que nos quieren hacer creer que vivimos en un mundo libre, donde la Libertad, en realidad, no existe, sino más bien, una libertad para, es decir, una libertad teledirigida. Por tanto, se promueve una manipulación que está implícita incluso en el propio mensaje. Si las palabras están ya viciadas, y no somos conscientes de ello, nuestras palabras nunca serán del todo propias…. La cantidad de veces que decimos lo que nunca hubiésemos querido decir, ¿verdad?”.

Las palabras de Atienza pueden parecer utópicas, pero…
  “… en realidad son utopías sólo desde el punto de vista lingüístico, porque no las puedo calificar con otra palabra, pero yo no quiero imaginarme un mundo, sino plantear los principios por los que ese mundo pueda llegar a ser posible”.

Sí, pero ¿dónde busco?, parece preguntar el Hombre Moderno.
  “Hay que partir de uno mismo. Buscarse en los demás, sin este paso previo, de nuevo estaríamos obrando con los demás como robots del sistema,… es necesaria la introspección, el buscar el camino de la evolución en uno mismo, para poder reconocer luego a simple vista, lo que hay de valioso en el prójimo. Sin duda es un proceso oscuro, doloroso, pero necesario”.

¿Y los maestros, dígame, dónde se encuentran?
  “Yo conozco mucha gente que es tremendamente válida, pero que es de la opinión de que antes de empezar cualquier camino, se hace imprescindible la figura de un maestro, de un guía que oriente tal o cual aprendizaje. Pero a mi entender, si como maestro entendemos aquel que nos enseña su propia teoría, me parece cuanto menos, un paso inútil. En realidad el problema es que el ser humano se siente necesitado de maestros, porque el estres de sus vidas no les deja tiempo, o les ha confundido sobre cuál es su verdadera evolución como ser humano, y les impide la única luz posible, que es internarse en sí mismo, y de obtener de dentro las bases y respuestas que cimentaron y han de cimentar su vida”

El próximo libro de J. G. Atienza, no es una profecía apocalíptica, ni una videncia mesiánica, sino que simplemente es un sentarse en los cascotes del viejo milenio, con los ojos perdidos en el horizonte, y pregonando, con los bolsillos llenos de razones, un empezar de cero. Un libro que cincela los perfiles de un nuevo hombre, de conciencia sosegada, que ha aprendido de sus errores, y que desea un borrón, o un enorme lavado de cara. Un buen libro, en definitiva, para los amantes del buen gusto, y cómo no, de la verdad sin tapujos.

© R.C.

Juan Garcia Atienza

Juan Garcia Atienza

Escritor español (Valencia, 1930-), licenciado en Filología Románica. En 1977 decidió dedicarse de lleno a la investigación histórica y antropológica. Antropólogo de lo oculto, historiador de las voces del pueblo, buscador de caminos, hombre experto, culto, de senectud encendida, y ojos lacios y azules como de agua estancada.

Autor de más de 50 libros, entre ellos:

Leyendas mágicas de España

Leyendas del camino de Santiago

La Ruta Sagrada

Los Santos paganos

El Legado Templario

La Gran Manipulación Cósmica

El Milenio llega

Para conocer sobre cómo el ser humano es usado y mentalmente influenciado por entidades del cosmos, el libro La Gran Manipulación Cósmica ofrece un tratamiento del tema muy destacado entre todo lo que al respecto ha sido publicado.

La Gran Manipulación Cósmica
10
De cómo el pez grande vino a comerse al pez chico

La escala dimensional de la evolución

Si intentásemos establecer la sucesión evolutiva de los seres del cosmos a niveles de conciencia dimensional -y tendré que pedir excusas por lo que me temo que pueda parecer una definición muy poco ortodoxa-, deberíamos partir de una conciencia- punto, que correspondería, en líneas generales, al que llamamos mundo mineral.

Una piedra o un grano de arena, un objeto natural o artificial inorgánico, está en un lugar preciso, ocupa un espacio limitado y no puede desarrollar la energía necesaria para su autodesplazamiento. Si es que existe en este ser objeto algún tipo de conciencia -y no hay nada que impida pensar que la posee- esa conciencia estará constreñida al punto exacto de su ubicación. Es, pues, una conciencia que podríamos llamar adimensional (aunque, de hecho, sabemos que ocupa un espacio que contiene las tres dimensiones, si bien no podrá tener conciencia de ello). 

El mundo vegetal crece y se desarrolla por sí mismo, nace y muere y crece, aunque tampoco tiene la capacidad de desplazarse. Su punto de referencia espacial está en su contacto con la tierra y, a partir de ella, su camino hacia arriba (tronco, ramas, hojas, flores) y hacia abajo (raíces). Su eventual conciencia sería la línea, es decir, la unidimensionalidad. 

Avancemos la sospecha que le asaltará a más de un lector: no hay, de hecho, un límite estricto que sirva de frontera definida a los seres de la naturaleza. Del mismo modo, no existiría un punto en el que se pudiera afirmar taxativamente que, antes de él, sólo hay conciencia adimensional y, al otro lado, otra unidimensional (y así sucesivamente). Tomo voluntariamente bloques enteros de conciencia y pienso que cada cual podrá representarse, por su cuenta, esas zonas de nadie en las que se produce el paso de un tipo de conciencia al siguiente.

Continuando, pues, con la escala iniciada, nos encontraremos ante los seres inferiores del reino animal, que tienen conciencia primaria de desplazamiento superficial, como podría tenerla un supuesto ser de dos dimensiones. Un gusano de seda tiene conciencia de la hoja de moral que devora y por la que se desplaza, pero ignora esencialmente los volúmenes. Sin embargo, ese mismo gusano, llegado al ápice de su evolución física, deja súbitamente de comer, se envuelve en la seda que él mismo segrega por centenares de metros, hasta formar un capullo, y muere materialmente, se pudre y se seca dentro de su caparazón para resucitar -pues se trata de una auténtica resurrección y hasta he sentido tentaciones de escribirla con letras mayúsculas- en una mariposa de vida precaria que, durante unas horas, es casi capaz de volar, de palpar los límites de una conciencia tridimensional. 

Si continuamos analizando la conducta de los animales superiores (incluyendo ya en ellos desde insectos y crustáceos capaces de saltar o de volar, hasta los simios antropoides), nos daremos cuenta de que, en ellos, como en la mariposa, hay ya una conciencia tridimensional que les permite captar instintivamente la altura, la profundidad o los contornos de su espacio vital, moverse entre ellos y mantenerlos como límite de captación. 

Por su parte, el ser humano, en tanto que grado evolutivo inmediato, se mueve, lo mismo que los animales superiores, en un espacio que sus sentidos -nuestros cinco sentidos más ese sexto sentido mental del que hablan los orientales- dictan como tridimensional y que, por lo tanto, limita su percepción inmediata. Sin embargo, un grado superior de conciencia -llamémoslo su condición de animal racional- le lleva a intuir, aunque sea de modo primario, la dimensión inmediata, de la que en cierto modo se siente -nos sentimos tú y yo, amigo racional- esclavo.

Se trata del concepto del tiempo, de la dimensionalidad temporal que domina el curso de nuestra existencia y marca la pauta, tengamos o no conciencia clara de ella, de eso que denominamos nuestra trascendencia. 

Tú mi da´ una cosa a mé, ío ti dó una cosa a té

Hace ya unos treinta años, cuando el movimiento llamado neorrealista convirtió a Italia en una potencia mundial en la industria cinematográfica, se realizó una película en color, Carrusel napolitano, tal vez la primera en aquel mundo latino de la segunda posguerra mundial, en la cual, en clave de espectáculo musical, surgían una vez más todas las lacras y los terribles avatares de un mundo que había aprendido algo -no mucho, por desgracia- de los centenares de millones de muertos que habían producido cuatro años de contienda. 

En aquella película había un número -repito que se trataba de un film musical- en el que todos los componentes jugaban al toma y daca casi cósmico que patentizaba la mutua dependencia de los seres humanos: “Tú me das una cosa a mí, yo te doy una cosa a ti”, decían, haciendo intercambio de las cosas más peregrinas que cabría imaginar en el mundo. 

Viene a cuento aquel recuerdo -que para muchos será ya prehistórico- con la interdependencia que podríamos establecer y que, de hecho, existe ya en todos los seres que pueblan el cosmos. Todo le sirve a alguien. Nada hay que, de uno u otro modo, no sea útil a otro, que lo habrá de tomar a cambio de algo que él, a su vez, puede proporcionar a un tercero. El mundo, en este sentido, es un constante intercambio de necesidades y de hartazgos entre los entes que lo pueblan. 

Los seres de conciencia unidimensional, el universo de los vegetales (dicho de modo amplio y necesariamente inexacto, sólo estructuralmente válido), se nutren del mundo adimensional de los minerales, extrayéndoles directamente las sustancias necesarias para cumplir su función vital. 

Los animales primarios, por su parte, extraen su alimento principal de las plantas, que previamente han tomado de la tierra las sustancias nutricias. A su vez, los animales más evolucionados, lo mismo que los seres humanos, se alimentan indistintamente de materias vegetales y de otros animales, en una especie de síntesis alimentaria y vital que se hace progresivamente complicada, en tanto que ha de nutrir órganos también progresivamente más evolucionados que hace que las funciones vitales exijan una mayor complejidad acorde con los estudios evolutivos de seres con necesidades de nutrición diversas, según los órganos que hayan de mantener.

El mundo exige ese escalonamiento, del mismo modo que lo exigen todos los seres que lo componen, de tal modo que aquello que toman de los estadios inferiores de la evolución supone síntesis cada vez más complejas y, a su vez, hacen entrega de elementos todavía más complicadamente sintetizados a los que forman parte del escalón evolutivo inmediato. Con escasas variantes, que creo que sólo servirían para confirmar los hechos, así se establece la armonía de la naturaleza. 

El hombre en tanto que ser que se alimenta

A medida que los seres de la naturaleza alcanzan grados superiores de conciencia, sus necesidades alimentarias se diversifican y, sobre todo, tienen que cubrir campos cada vez más amplios. Sí, por ejemplo, a una planta le basta con sintetizar alimentos que le proporciona la tierra y que toma del aire para crecer y echar hojas y ramas y frutos, a una oruga sedera le será necesario tomar de la hoja de la morera sustancias que no sólo le permitan alimentarse y crecer, sino también fabricar la seda que le dará la posibilidad de envolverse en el capullo del que habrá de salir la mariposa con toda su complejidad orgánica.

Un mamífero, por su parte, necesitará que los alimentos ingeridos le den robustez de músculos y una vitalidad sanguínea que le permita regar un cerebro relativamente desarrollado, más toda una serie de vísceras con funciones tremendamente complejas y diversificadas. 

El ser humano, por su parte, posee una capacidad de raciocinio supuestamente superior a la de cualquier animal. De hecho, el rasgo distintivo de la especie humana es precisamente la razón. Pues bien, esa capacidad debe también ser alimentada, porque todos sabemos que surgen cierto tipo de taras cerebrales que son ocasionadas por la carencia de sustancias concretas necesarias para esa particular y compleja función y para nada más.

Pensemos igualmente que, en el caso del ser humano -lo mismo que en el de muchos otros animales y hasta en el de las plantas- la alimentación no se lleva a cabo únicamente por la vía digestiva (directa, podríamos decir), sino por otros muchos caminos. Hay una alimentación producida por el sueño, por la respiración y hasta existen -aunque no siempre se practiquen- una alimentación emocional y una alimentación intelectual, cuya carencia puede también causar trastornos que afecten a la personalidad humana.

Y créase que no lo digo como metáfora, sino que esas necesidades existen realmente como tales, como energías vitales que deben cubrirse y fomentarse, precisamente porque el ser humano, aunque muy a menudo de modo inconsciente, es un sujeto tan inserto en su propia evolución como pueda serlo el gusano de seda, y no podemos pensar en modo alguno que se ha alcanzado un límite evolutivo más allá del cual no podremos pasar.

No sólo no es así, sino que esa evolución forma parte integrante de la naturaleza humana, del mismo modo -sólo que con mucha mayor complejidad- que forma parte de la naturaleza de los animales inferiores la utilización o absorción de determinados alimentos que les permitirán la conservación de la especie en su lucha continua por sobrevivir a la selección natural. En líneas generales, el ser que mejor y más razonablemente atienda a sus necesidades vitales y alimentarias será siempre el que tenga mayores probabilidades de supervivencia y, por tanto, de evolución selectiva. 

Vemos, pues, que cada especie -y el ser humano, en tanto que es especie, hace lo mismo- se alimenta de lo que le proporcionan las criaturas en su estadio evolutivo inferior, usa sus energías y su capacidad primaria de síntesis de los alimentos naturales que, en estado puro, serían ya imposibles de asimilar, y muestra su nivel evolutivo por el uso que hace de su preponderancia sobre esos otros seres.

Pero no deja de resultar curiosa esa dificultad progresiva en los procesos de asimilación; más que curiosa, significativa, puesto que se acentúa en razón directa con la complejidad orgánica de los seres a todos sus niveles y, naturalmente, al nivel mismo de su percepción o conciencia de la dimensionalidad, agudizada al máximo en el ser humano, que es el ser racional por excelencia. 

Cualidades y dimensiones

Partimos del hecho, universalmente admitido (a pesar de lo cual habría que someterlo a un análisis de certeza) de que el ser humano se distingue precisamente por su cualidad de ser racional. La razón y sus consecuencias es lo que distingue, pues, a la humanidad. Del mismo modo, cada estadio evolutivo de la naturaleza se distingue por una cualidad que, curiosamente, marcha paralela con el sentido de conciencia dimensional que antes especificábamos.

De modo que la conciencia adimensional se corresponde con la cualidad de la inercia, la unidimensional con el impulso, la bidimensional con el instinto y la tridimensional con la voluntad. El ser humano, a cuestas con su conciencia cuatridimensional -por más errada e inexacta que tenga la concepción temporal- es el de tentador de la razón.

En esquema, la pauta evolutiva sería así: 

Especie Conciencia dimensional Cualidad
Minerales 
Vegetales 
animales i. 
animales s. 
seres humanos 
… ? … adimensionalidad 
unidimensionalidad 
bidimensionalidad 
tridimensionalidad 
cuatridimensionalidad 
pentadimensionalidad  inercia 
impulso 
instinto 
voluntad 
razón 
… ? …

Partiendo, pues, del grado más evolucionado racionalmente conocido -el género humano, es decir, nosotros- cabe afirmar que cada grado sucesivo de evolución, cada especie, está en condiciones de dominar y de manipular a todas las que se encuentran en estadios inferiores. El vegetal domina al mineral (a la tierra) y se alimenta de él. Y así sucesivamente hasta el ser humano, que, provisto de su suprema arma mental (la razón en cuestión) domina, manipula, y se aprovecha a todos los niveles de los seres que evolutivamente le anteceden.

Este factor le confiere lógica (racional) conciencia de superioridad y le hace suponer, por medio de esa suprema arma que tiene consigo, que se encuentra en la cúspide del poder cósmico o, al menos, del poder planetario. 

Pensemos un poco, aunque sea, de momento, al menos, para sacar conclusiones aparentemente perogullescas. ¿Por qué cada especie es vencida y manipulada por las que poseen la conciencia dimensional un grado al menos superior? Creo que la respuesta es casi obvia: porque cada una de las cualidades inferiores ignora visceralmente a las que la siguen, aunque sepa que están ahí.

Y, en consecuencia, no puede sustraerse conscientemente a su lógica agresión. Hablando en términos dimensionales -que son precisamente los que nos van a servir para captar en lo sucesivo la manipulación de la que somos nosotros mismos objeto- hemos de admitir que cada conciencia dimensional carece de las condiciones necesarias para captar el ataque y el dominio que se ejerce sobre ella desde otro plano dimensional. 

Si imaginamos la conciencia del gusano (bidimensional) sólo capaz de entender a su manera la superficie sobre la que discurre su existencia, una agresión llegada desde arriba o desde abajo la encontrará inerme. Hagamos la prueba si queremos. Coloquemos a nuestra oruga sedera sobre su hoja de moral. Acerquémosle un palito desde el nivel de la superficie de la hoja; la oruga se moverá en dirección contraria.

Sin embargo, si ese acercamiento lo efectuamos desde arriba, la oruga será incapaz de captarla y podremos atravesarlo sin que el pobre bicho llegue a saber nunca desde dónde le ha llegado la agresión y sin haber podido hacer absolutamente nada para evitarla o para defenderse de ella. 

La razón, ¿punto final?

Hemos tomado tan a pecho nuestra supuesta cualidad de reyes del planeta que, echando mano de nuestra arma suprema -la consabida razón, esa Razón que hasta hicieron Diosa Suprema los sans-culottes de la Revolución Francesa-, y con la ayuda de todas las fuerzas de presión de que disponemos, nos hemos fabricado a nuestra imagen y semejanza toda una teoría del poder racional, de la que nos hemos constituido en cúspide, cima y corona.

Y hemos sido tan orgullosos y nos hemos sentido tan satisfechos con nuestras posibilidades que, más allá de esa cúspide sobre la que nos hemos izado, sólo admitimos -y eso no siempre- a un Supremo Hacedor sobre el que descargamos todo aquello que cae fuera de nuestro entendimiento. 

Claro que sucede también que, ocasionalmente -y por más creyentes que seamos o que nos hayan pretendido hacer a lo largo de nuestro ya prolongado proceso histórico-, surgen fenómenos que, aunque resultan incomprensibles para nosotros, resultaría también ridículo y bochornoso adjudicárselos a esa divinidad suprema que nos hemos fabricado a nuestra imagen y semejanza.

Y entonces nos encontramos, como dicen en los pueblos, con el culo al aire; totalmente desasistidos, incapaces de racionalizar los hechos que no tienen razón y sin la menor posibilidad de definirlos, es decir, de transformarlos o de dominarlos y hasta de defendernos de su agresión, cuando la hay. Por el contrario, son fenómenos que nos dominan a nosotros, que juegan a pídola con nuestra suprema razón y la enfangan y la inutilizan lo suficiente como para que empecemos a dudar de ella en tanto que cualidad suprema en la evolución natural de las especies.

La cosa viene a plantearse como un gran despropósito cósmico. ¿Creíamos que la razón, nuestra razón, lo podía absolutamente todo? ¡Pues toma irracionalidad a espuertas pudiendo con ella! ¿Nos imaginábamos la cúspide de una escala evolutiva sin más límite que nuestro Dios infantilmente infinito o nuestra no menos deificada razón?

¡Pues toma absurdos fenómenos que se ríen de nosotros y en nuestras propias barbas y nos dejan inermes frente a una realidad que, deliberadamente, por orgullo supremo, habíamos tratado de borrar! 

Objetos (y conceptos) no identificados

A lo largo de nuestra historia de seres racionales y pensantes, inventores de tecnología y presuntos soberanos del planeta, han estado surgiendo constantemente ante nuestras conciencias fenómenos que la razón ha sido incapaz de explicar, aunque, siguiendo un proceso lógico del pensamiento racional, ha tratado de encajar en determinadas coordenadas de nuestra mente cuadriculada.

La necesidad de dar un cauce a los fenómenos evidentemente irracionales es la que, al fin y al cabo, ha obligado al ser humano a inventarse a Dios, pero el orgullo de sentirse propietario exclusivo de todo un planeta es lo que, por su parte, le ha inducido a establecer escalas serias de comunicación o estadios conscientes de relación con Él.

El ser humano, con toda su aureola de racionalismo, se sentía en la misma cumbre que había fabricado y todo cuanto no entraba en los límites de su entorno racional se atribuía -o se sigue atribuyendo ocasionalmente- a la divinidad abstracta. Y esa atribución dejaba al hombre siempre como dueño y señor -o como inquilino privilegiado- de su propio entorno. Dios absorberá lo que quede del ser humano después de la muerte; Dios -y sólo Él- marcará los límites del comportamiento humano; Dios habrá sido el fabricante de la pirámide evolutiva de la que constituimos la cumbre y el que habrá colocado al hombre en su puesto inamovible. 

El cuanto a todos los fenómenos que escapan a la clasificación racional y que surgen en nuestro entorno, que están ahí mismo y que no pueden negarse, identificarse ni catalogarse (y ni siquiera adjudicarse a la divinidad, porque son demasiado cotidianos, demasiado “de andar por casa” para adjudicárselo directamente), hemos optado por varios caminos, que se han sucedido a lo largo de la historia, según haya dominado en nuestra civilización racional el sentimiento de dependencia divina o la razón científica a ultranza, con todos los estadios intermedios por los que hemos atravesado. 

La primera explicación, propia de estadios deístas o de épocas dominadas por la manipulación secundaria de los grupos de presión de origen o de extracción religiosa, viene a atribuir cualquier manifestación de fenómenos no identificados a emanaciones o a enviados del dios de turno: dioses menores, sefirots, santos o ángeles que proceden de la divinidad, que son “sus hijos” como nosotros somos “su obra”, o sus enviados, que vienen como portavoces de sus advertencias y que -lógicamente- se presentan de manera prodigiosa e intangible, como corresponde a su categoría de origen divino. 

A medida que la ciencia avanza en el discurrir de la historia, muchos fenómenos que anteriormente carecían de explicación racional ya la tienen. Consecuentemente, la cotización divina baja muchos enteros e incluso, en numerosas ocasiones, se ha de declarar en quiebra o, al menos, en suspensión de pagos. Una tormenta puede ser explicada y prevista, como puede explicarse -y dicen ya que preverse- un terremoto. Se sabe que una hierba (antes milagrosa) o un agua (antes sagrada) pueden curar determinados males.

Se sabe por qué se producen fenómenos antes divinizados. Como consecuencia, surge una segunda explicación a cuanto aún continúa sin ser explicado. O debemos esperar, pues ya llegará en su día el momento de esa explicación, en cuanto la ciencia lo descubra, o se trata de alucinaciones que no son más que producto de mentes temporalmente (o perennemente) afectadas por alguna conexión defectuosa en sus circuitos racionales. 

La tercera solución viene, en cierta manera, de la transferencia del concepto divinal al mundo de la ciencia racionalista. Conociendo -mal, por supuesto- los avances científicos y presuponiendo -todavía peor- las perspectivas que aguardan a la ciencia en el futuro más o menos próximo que se nos avecina, un sector cada vez más numeroso de la humanidad se ha planteado la evidente existencia de otras humanidades en otros sistemas planetarios del Universo, suposición evidentemente lógica, que a estas alturas no admite duda ni suspicacias y que incluso los remisos del deísmo religioso a ultranza aceptan sin posibilidad de contraponer una negativa racional.

A continuación, han adjudicado a tales humanidades un grado de avance tecnológico-científico ligeramente superior al nuestro (suponiendo siglos o milenios de desfase cultural y tratándose de sólo unos grados, a los que nosotros, sin duda, llegaremos -o llegarán nuestros científicos, o nuestras multinacionales manipuladoras- el día menos pensado) y nos las han traído a nuestro mundo, dispuestas en muchos casos (demasiados) a asumir el papel de unas divinidades abstractas y moribundas que ya no cotizan lo suficiente en la bolsa de la credibilidad o de la credulidad humana. 

Cada cosa en su sitio

Todo menos admitir -porque para eso somos nosotros, la Humanidad, la cúspide de la evolución natural, o al menos eso nos hemos creído- que hay o que puede haber entidades que viven una conciencia dimensional superior a la nuestra y que, sin que nosotros tengamos la menor posibilidad de detectarlas (a menos que ellas consientan o provoquen la detección) conviven en nuestro mundo y con nosotros lo mismo que nosotros convivimos con las ovejas, los cerdos, las vacas o las orugas sederas. Y, para más exactitud, haciendo con nosotros exactamente las mismas cosas que nosotros hacemos con los animales o con los vegetales de los que nos servimos y nos nutrimos. 

He dicho nutrimos y la palabra puede parecer incluso un poco o un mucho caníbal o vampírica. Y no es que yo vaya ahora a negar que lo sea y rasgarme la túnica para afirmar que dije digo donde digo Diego. Nada de eso. He hablado de nutrición y he querido expresar precisamente eso: nutrición, canibalismo, alimento, comida, subsistencia, vitaminas y proteínas e hidratos de carbono… o la materia o la energía que puede servir de sustitutivo o de complemento nutricio a las entidades que, sin saberlo nosotros racionalmente, están ahí y nos manipulan, porque ése es su derecho dimensional y natural: el de manipularnos, exactamente lo mismo que nosotros -¡los amos del mundo no lo olvidemos!- estamos o nos consideramos en el derecho de devorar y dirigir y manipular a los seres de conciencia dimensional inferior. 

Vamos a tratar de establecer un paralelismo hipotético a modo de ejemplo. Intentemos comprender realmente nuestra situación trasladando, lo mismo que hacíamos en la escuela, una determinada figura o una concreta función al plano inmediatamente inferior. Si logramos recordar cómo, en los problemas de geometría espacial, trasladábamos las figuras y los volúmenes a las hojas de papel -bidimensionales y planas-, podremos hacernos cargo y captar el problema que ahora se nos plantea.

En el fondo, casi me parece mentira la evidencia de que todo en este mundo de conciencias y de dimensiones sea tan terriblemente simple, tan visceralmente captable. Pero lo cierto es -y esto lo supieron ya hace muchos siglos los heterodoxos matemáticos seguidores del místico de los números, Pitágoras- que el universo no es más que numerología.

¡Y pobre del científico que no sea capaz de comprenderlo y que domina lo que, en realidad, le está dominando a él e indicándole, por cifras y por líneas y superficies e incógnitas y volúmenes e integrales, lo que es realmente el Universo! 

El juego de la razón produce monstruos

Nosotros somos, para el mundo de lo suprarracional, lo mismo que el mundo de los animales superiores para nosotros. Nosotros dominamos ese mundo con la razón, que supera al entendimiento de nuestras bestias, pero a nosotros se nos está dominando y se nos manipula mediante una supra-racionalidad -o irracionalidad, porque ese mundo no tiene nada de racional ni de razonable- que jamás podríamos ser capaces de comprender. 

Si algo distingue a cualquiera de los hechos o de los fenómenos que llamamos malditos o fortianos es precisamente el que, contra todo pensamiento racional, carecen de un porqué y, sobre todo, se encuentran absolutamente ajenos a nuestro fundamental concepto del dualismo, es decir, de la perspectiva racional por excelencia. 

La razón, que nos caracteriza como seres pensantes, nos hace ver el mundo como un constante enfrentamiento de opuestos. Nos es imposible emitir juicios de valor si carecemos de la medida que nos comparará un hecho y nos lo situará en esa tabla que tenemos establecida para todos los niveles vitales. Llamaremos mala a una cosa en tanto podemos compararla con la bondad de otra. Decimos de una cosa que es luminosa en tanto que nos la representamos como contraria a la oscuridad. Algo es amable por contraposición con lo que es odioso y algo es negro si no tiene nada de blanco o de color. Si vemos un lado del rostro de una persona no vemos el otro (salvo que seamos cubistas, pero ya volveremos sobe eso), y si decimos que algo está frío es porque sentimos su ausencia de calor. 

En cambio, nos encontramos esencialmente inquietos y sin posibilidad alguna de reaccionar cuando surge algo que nos resulta imposible de catalogar en las perspectivas del dualismo. Fijémonos en el fenómeno OVNI, que es la muestra más palpable e inmediata con la que se nos presenta, cada vez con más insistencia, el universo de lo irracional. Nadie de los que se ha ocupado del fenómeno, nadie de cuantos lo han vivido o lo han juzgado, han podido zafarse de una pregunta primaria que forma parte de nuestro mundo lógico y cuadriculado de la dualidad: ¿es el fenómeno OVNI bueno o malo para el ser humano?

Si leemos a los investigadores o preguntamos a los testigos, seguro que todos, de un modo o de otro, tienen formada su idea y la defienden a capa y espada. Pero sucede que esa idea nunca es única; que las opiniones se dividen en un cincuenta por ciento. La mitad responde: es bueno; y la otra mitad jura que es algo malo, perverso, negativo y peligroso para la humanidad. 

Los que afirman la bondad del fenómeno son quienes, de alguna manera, lo han deificado y le han transferido la fe religiosa perdida o apagada. Para ellos, el fenómeno OVNI es un sustituto de ese Dios que ha muerto a manos de la tecnología científica y, como tal, resume todo cuanto de bueno y deseable queda en las mentes respecto a ese concepto del Paraíso Perdido que fue el cielo, convertido por la astronomía en simple y puro cosmos. Los OVNIS y quienes parecen ir dentro de ellos son criaturas enviadas desde un mundo esencialmente mejor y han llegado hasta nosotros para redimirnos de nuestros pecados, de nuestra incredulidad, de nuestra ciencia equivocada y de los peligros que nosotros mismos estamos provocando. 

Los que se aferren a la maldad intrínseca del fenómeno, juzgan a través de animales extrañamente desangrados, de testimonios -ciertos- de mentes que se han dislocado definitivamente después de un contacto, de familias rotas tras una supuesta llamada extraterrestre.

Pero, fundamentalmente, suponen malo el fenómeno precisamente a causa de su impenetrabilidad, de su constante juego con los parámetros racionales, de su negativa a ser explicado, catalogado, analizado y, en consecuencia, vencido. 

Ni bueno ni malo, sino todo lo contrario

Fijémonos en un hecho que, a mi modo de ver, podría arrojar un poco de luz -aunque no fuera mucha- a la hora de enfrentarnos con la creencia de un encaje dualista de los hechos fortianos y, como resumen y ejemplo de todos ellos, del fenómeno OVNI en todas sus fases. ¿Nos hemos detenido alguna vez a pensar que nuestro concepto del bien y del mal, del amor y del odio, de lo izquierdoso y de lo derechista, está referido siempre a nosotros y jamás a la naturaleza y al resto de las especies que la componen?

Cuando damos muerte a una res para comerla, o cuando arrancamos una lechuga para hacernos con ella una ensalada, no nos planteamos en modo alguno si somos buenos o malos con el cordero o con la hortaliza, sino que esas cosas son buenas para nosotros. 

Siguiendo la misma vía de pensamiento, planteémonos el caso del rebaño de vacas o de cabras que cuidan nuestros pastores, tratando de llevarlo a los mejores pastos, haciendo que coman la mejor hierba y engorden. ¿Lo hacen acaso por altruismo? Si lo hiciera por eso el pastor -es decir, si confesase que su único afán era proporcionar felicidad a sus animales-, todos nosotros le tildaríamos de loco, de absurdo, de irracional, porque -diríamos- los seres inferiores a nosotros, en su totalidad, están ahí precisamente para servirnos o para que nosotros nos sirvamos de ellos.

Lo tonto e ilógico sería detenernos a pensar en si obra mal el leñador con el árbol que abate a golpe de hacha, o el fabricante de seda con las mariposas que no dejará nacer, o el pescador dominguero que vuelve de su jornada con media docena de truchas en la cesta.

Sólo pensamos en una eventual mala acción hacia los demás seres de la naturaleza cuando esa acción no reporta provecho alguno para quien la lleva a cabo. Sutil juicio de valor, porque estamos comprobando ya, día a día -y hoy ha llegado ya a constituir uno de los problemas fundamentales de nuestra supervivencia- que muchos de los actos que ha cometido y sigue cometiendo el ser humano en su supuesto beneficio y siguiendo sus necesidades inmediatas, están comprometiendo seriamente nuestro futuro y nuestra subsistencia. Pero no se trata de eso aquí y ahora, sino de que hemos conformado nuestra razón y nuestra moral (igualmente racional) a nuestro exclusivo beneficio. 

Vamos ahora de nuevo con el fenómeno irracional, con la presencia entre nosotros de lo esencialmente falto de lógica y carente de razón. Ese fenómeno OVNI, ¿es bueno o malo, al margen de lo que opinen los testigos y los investigadores, los contactados y los curiosos? 

Analicemos su comportamiento, al margen de juicios y al margen también de su radical inexplicabilidad. Ante todo, trasponiendo cuanto acabamos de apuntar respecto a nuestro propio concepto moral, tendríamos que prescindir de que se trate de un fenómeno bueno o malo para nosotros, del mismo modo que no nos planteamos si nosotros somos buenos o malos con respecto a las demás especies de la naturaleza.

En todo caso (pero me imagino que sería demasiado pedir) tendríamos que preguntarnos o tratar de saber, dentro de lo posible y prescindiendo del pensamiento racional demasiado consciente, si se trata de un fenómeno o de un conjunto de fenómenos que llega desde planos dimensionales distintos y si, desde ellos, actúa sobre nuestra especie y sobre todas las demás y nos las manipula en su propio provecho, en la única manipulación ante la cual el ser humano tendría que conformarse irremisiblemente a ser sujeto pasivo. 

La cosa que viene de ninguna parte

Vamos a recordar de nuevo lo que comentaba anteriormente respecto a nuestra acción sobre la conciencia presuntamente bidimensional de la oruga. Decía que, si nos aproximamos a ella desde su propio plano de conciencia -la superficie de la hoja sobre la que vive- advertirá la presencia de un elemento extraño y presuntamente agresor, mientras que si la aproximamos desde arriba, sólo nos advertirá cuando estemos en su propio plano dimensional.

Supongo, siguiendo con la misma experiencia, que si nos aproximamos a la oruga desde abajo y atravesamos la hoja sobre la que se encuentra, sólo captará nuestra presencia (o la presencia del objeto que hayamos empleado, rama, aguja o bisturí) cuando atravesemos ese plano ¡y el ningún otro instante distinto! E incluso entonces, sólo se dará cuenta de que allí hay algo e ignorará qué es y de dónde procede. Y, todavía más allá, ese agujero que eventualmente habremos perforado en su hoja no será tal agujero para la oruga, sino un espacio de nada, puesto que, presuntamente, carece de la capacidad de advertir los planos dimensionales, mientras que un agujero (para nosotros) supone que hay algo, al menos, debajo de él. 

Observemos ahora el otro paralelismo que vamos a intentar dilucidar. Un OVNI o una formación entera de OVNIs surge de nadie-sabe-dónde, incluso muchas veces -a los testigos me remito- de esa superficie del mar que ha hecho plantearse a tanta gente (incluso a gobiernos concretos, aunque nunca lo hayan hecho público oficialmente) que existen “bases submarinas” de esos presuntos ejércitos galáctico. Si recordamos el que fue en su día célebre caso del seminarista de Logroño, la entidad ufológica -o lo que fuera aquello- se presentó súbitamente en su cuarto, sin venir de parte alguna, y comenzó a manipular todos los aparatos -radio, tocadiscos y no recuerdo qué más, supongo que hasta el reloj- como siguiendo un juego del absurdo más sorprendente e inexplicable. 

El fenómeno, pues, exactamente lo mismo que los fantasmas de la tradición de la novela gótica inglesa o las almas del Purgatorio del mito de don Juan, se filtran a través de la solidez de los muros materiales y hasta parecen formarse en el cielo -podríamos decir, parecen materializarse a partir de la nada, del ningún-lugar- y, de la misma manera, se desintegran en la nada, después de haber realizado acciones que -confesión de sabios científicos que a veces parecen convertirse en locos alucinados- no podrían jamás haberse realizado técnicamente, científicamente.

O sea racional y lógicamente. O sea, también, que los OVNIs son capaces de romper todas las leyes establecidas a partir del comportamiento de los cuerpos físicos, de los cuerpos tridimensionales, que son los que estamos en disposición de apreciar, calibrar, juzgar, dominar y entender. 

El fenómeno OVNI ha de plantearse, pues, contra todos los intentos que se han hecho y que se sigan haciendo, como una manifestación radicalmente incomprensible e inaprehensible, al menos desde una perspectiva física, corporal. Ni siquiera se ha podido establecer si tales objetos están compuestos por algún tipo de materia.

Aparentan tenerla muchas veces, surgen a nuestra percepción como naves metálicas -o plásticas, vaya usted a saber-, brillantes, con luces muy determinadas, de colores, con unos movimientos precisos, aunque desafían las leyes físicas de la materia. Incluso han dejado y siguen dejando huellas en la tierra, precisas y concretas -huellas que, por otro lado, serían paralelas a las que nosotros dejaríamos sobre la hoja de la morera sobre la que discurre la vida de la oruga sedera, pero falta siempre la prueba de su materialidad concreta.

Y, al decir prueba, me estoy refiriendo al objeto concretísimo, al fragmento preciso, al pedazo o esquirla o resto material de cualquier tipo, a no ser las señales de combustión que surgen, tan a menudo y que sólo afectan a la materialidad del objeto -plantas o tierra- consumido, quemado y destrozado. 

No puedo evitar el recuerdo de algo que me decía una vez mi buen amigo Juanjo Benítez, investigador incansable y pateante empedernido del fenómeno, cuando un día me confesaba:

“Mi mayor ilusión sería lanzarle un cantazo a un OVNI y escuchar el ¡clong! de la piedra sobre su superficie metálica. No necesitaría más pruebas de su existencia”. 

Creer, no creo, pero haberlos, háyalos

Las palabras -no sé si las ha escrito alguna vez- de Juanjo Benítez son reveladoras de la radical inseguridad que provoca, en todos nosotros, la presencia sentida y nunca probada de los fenómenos supradimensionales. Porque va todo un mundo desde la seguridad que estos fenómenos “están ahí” a la prueba -imposible- de su presencia. 

En este sentido, sin embargo, yo me atrevería a sugerir una causa -tan irracional como el fenómeno mismo- que, en cierto modo, lo justifica, si no lo puede demostrar. Para mí, y en la mayoría de sus manifestaciones -y no sé si atreverme a decir que en todas sus manifestaciones-, el fenómeno es paralelo, al menos en síntesis o estructuralmente, a todos los demás fenómenos de tipo paranormal que se plantean en nuestro mundo de comprensiones parciales.

Por supuesto, la presencia de OVNIs es equivalente a la de las apariciones que analizábamos en páginas anteriores, con la diferencia de que, mientras éstas son asumidas por los grupos de presión religiosos que manipulan las creencias -y ese hecho de asumir el fenómeno puede tomarse (dualísticamente) en sentido positivo o negativo, según acepten o nieguen su eventual sacralidad-, el fenómeno OVNI está siendo acaparado por grupos de neocreyentes, que cifran su existencia en el hecho de aceptar la presencia de supuestos extraterrestres semidivinales -o totalmente divinizados- que llegan a la tierra con la misión específica de salvarnos de nosotros mismos y de nuestros evidentes y peligrosísimos errores, que pueden dar al traste con la ecología galáctica o con un equilibrio (supuestamente racional) establecido por las eventuales conciencias extraterrestres, mucho más avanzadas -tecnológicamente, claro- que nosotros. 

Lo más curioso de este enredo es cómo, en un mundo dominado por la tecnología, que cifra el progreso -confundiéndolo por desgracia con la evolución- en los logros mecánicos de las grandes compañías multinacionales, que son la pauta de nuestra medida presuntamente evolutiva, y en sus equipos de investigación (recordemos y tengamos en cuenta las esperanzas absurdas de la informática, puestas como meta de nuestros próximos años), la mente de muchísimos seres humanos se desvía peligrosamente, asociando la presencia y hasta los presuntos mensajes del mundo supradimensional a humanoides tecnólogos que vienen de otros planetas a contarnos (y, naturalmente, a convencernos) de una superioridad mental y científica que nosotros tendríamos la obligación de deificar e incluso de adorar y convertir prácticamente en rito religioso, en acto mágico, en materialísima manipulación salvífica proporcionada por quienes, supuestamente, llegan a este mundo para sacarnos de nuestros errores integrales y enseñarnos el camino de nuestra redención.

Un camino que, en esencia, no difiere un ápice de aquel otro que les trazara un día Yavé a los israelitas mosaicos, cuando les lanzó a tumba abierta por el desierto del Sinaí para sufrir todas las penalidades posibles que el hombre-piara-ganado puede resistir a mayor gloria de su presunto dueño y salvador. 

Pastores y ovejas

Por mi parte, estoy absolutamente convencido de que no es gratuito, ni mucho menos, el paralelismo, simbólico en el Evangelio, del pastor y de las ovejas, del mismo modo que no es casual ni arbitrario el que yo mismo, líneas más arriba, haya colocado a los pastores como ejemplo de nuestra condición de “ganado” apto para servir a las supuestas o sospechadas necesidades de determinadas entidades supradimensionales que nos utilizan de un modo que a nosotros nos ha de resultar, esencial y visceralmente, inaprensible, al menos mientras nos empeñemos en aferrarnos a nuestro racionalismo a ultranza y no seamos capaces, en tanto que especie, de reconocer nuestro puesto exacto en el orden establecido en el cosmos.

(Naturalmente, me estoy refiriendo estrictamente a un puesto que nosotros no hemos elegido, sino que, en cierto modo, nos ha sido asignado. Y del mismo modo que la cabra o la oveja no han elegido libremente su inserción en el contexto del rebaño, pero tienen que aceptarla, porque hay una entidad -el pastor- que las manipula irremisiblemente y al que tienen que obedecer, en persona o a través de sus ayudantes los perros, así nosotros hemos de asumir nuestro papel de ganado alimentario de conciencias situadas dimensionalmente por encima de nosotros). 

Atención, porque creo que es importante señalar que todas estas apreciaciones son meramente objetivas. Quiero decir que atañen a la humanidad como masa y sólo en tanto que tal humanidad no adquiera conciencia clara y definida de que existe efectivamente una auténtica -y no meramente supuesta- evolución, a la que cósmicamente tiene todo el derecho de acceder.

Pensemos que el ser humano, desde el hombre de Pekín o el australopiteco de hace dos o tres millones de años, ha pasado efectivamente del estadio evolutivo que hoy adjudicamos, con muy pocas variantes, a los animales superiores -con una conciencia dimensional caracterizada únicamente por el predominio de la voluntad- y que llegó a la conciencia racional definida como propia de la humanidad tras una síntesis de la evolución natural de la especie: de todas las especies. Hoy, ese mismo hombre se cree señor absoluto del planeta.

Pues bien, pensemos que esa evolución existe, que es un hecho y que tenemos derecho a ella, en tanto que seres naturales que formamos parte de un Universo en expansión (o sea, en evolución). Sólo fuerzas muy determinadas, que nosotros mismos podríamos alcanzar si no nos vence la manipulación cósmica, pueden oponerse a que esos estadios evolutivos sean una realidad alcanzable. 

¿Por qué? 

Por un motivo que podríamos comprender claramente si fuéramos capaces de transferir, una vez más, el problema planteado sobre la conciencia bidimensional. Pensemos en el pastor una vez más: ¿consentiría en que sus ovejas, sus cabras, sus vacas o sus cerdos comenzasen a expresar su deseo de libertad y de independencia, y se negasen a obedecer sus órdenes o las órdenes secundarias de los perros? ¿Comprendería acaso que esos seres tienen derecho (cósmico derecho, si queremos) a elegir el momento, la circunstancia y el lugar de su propia evolución hacia estados de conciencia superiores? 

Supongo yo que en todo el universo existe una ley de estabilización (digo si será dimensional), que induce a sus entidades a intentar en su momento la propia superación, pero sin consentir que las entidades inmediatamente inferiores tengan acceso al estadio que lógicamente, con su paso, quedaría vacío. Supongo también -y la experiencia humana viene a demostrarlo en cierto modo- que ese paso evolutivo no se produce de modo total, ni siquiera masivo. Y que es absolutamente necesario que una minoría abra lentamente el camino, antes de que, poco a poco, a lo largo posiblemente de unos cuantos miles de años, el resto de los componentes de la familia con conciencia dimensional común alcance el siguiente escalón evolutivo. 

¿Cómo se comporta la entidad llamada OVNI o, en general, el fenómeno paranormal en su más amplio sentido, con respecto a la posible evolución humana y a los intentos más o menos conscientes del hombre por alcanzarla? 

Conciencia evolutiva y avance cultural

Distingamos, ante todo, la evidente diferencia que existe entre el concepto que tenemos de avance cultural y el auténtico sentido de lo que llamamos evolución, y esto aunque ambos términos hayan sido demasiado a menudo confundidos y, consecuentemente, tergiversados. El avance cultural, en términos generales, es una radical y constante afirmación de las coordenadas científicas, por las que el ser humano se mueve en tanto que conciencia racional y razonante. La cultura es sólo afirmación teórica de un racionalismo que confirma al ente humano en sus esquemas lógicos y en la sublimación -nunca negativa- del mundo sensorial sobre el que se basan los parámetros de la conciencia racionalista. 

La evolución supone, de hecho, el salto del ser humano hacia estratos más reales del entendimiento integral; hacia la superación, en fin, de ese racionalismo que caracteriza al hombre como especie, para el que ni siguiera nos hemos preocupado de buscar un nombre apropiado, pero que supone la liberación de las percepciones sensoriales y la comprensión del universo a partir de otras fuentes superiores de conciencia. 

Quiero decir con estas distinciones que, en su raíz, nada tiene que ver (o, al menos, no tiene por qué tener la menor relación) la altura cultural con el grado de evolución real que pueda alcanzar un individuo o un grupo humano determinado. Un gran científico racionalista puede encontrarse en un estadio evolutivo infinitamente inferior, como ente consciente, al de un bonzo de un monasterio japonés o un anacoreta copto, que tal vez ni siquiera sepan escribir su propio nombre. Lo cual no impide que, en términos generales, una conciencia culturalmente desarrollada esté en mejores condiciones para emprender el camino hacia el siguiente peldaño evolutivo que un cerebro obtuso o insuficientemente preparado en las lides intelectuales. 

A partir de esta afirmación, en cualquier caso, tendremos que sacar la conclusión de que, no teniendo nada específico en común la vía evolutiva del ser humano con la altura cultural alcanzada a niveles personales, del grupo o área económica, social o étnica, esas áreas serán tratadas a distintos niveles de manipulación por las entidades que en esa manipulación dimensional adopta según los sujetos culturales sobre los que haya de actuar o los grupos sociológicos en los que tenga que influir. 

Estructura manipuladora del fenómeno de las apariciones

Las llamadas apariciones constituyen, seguramente, el nivel más inmediato de manipulación dimensional que se ejerce sobre el individuo humano a niveles culturales. Y no me refiero únicamente a las que, con plácemes o rechazos de los poderes religiosos establecidos, se manifiestan como contactos divinales de raíz cristiana o de cualquier otro credo, sino a aquellas otras que surgen como presencia de entidades supuestamente extraterrestres que vienen, lo mismo que las vírgenes y los arcángeles, como aparentes portadoras de mensajes de salvación. 

En todos los casos se da, por parte de los sujetos receptores, un grado precario de cultura. Suele tratarse de analfabetos, jóvenes pueblerinos de escuela primaria o parroquial -catecismo, palo y tentetieso- o seres con escaso grado de formación que, curiosamente, parecen adquirir un baño de cultura después del contacto. En todos estos seres se da igualmente una enorme dosis de credulidad, que se manifiesta inmediatamente, sin dudas y sin ningún tipo de planteamiento crítico.

La aparición es asumida en su aparente realidad desde el primer instante y sus mensajes son transmitidos en cuanto comienzan a revelarse. Las órdenes -porque siempre hay órdenes e incluso, en muchos casos, órdenes que no admiten réplica- se aceptan sin rechistar y sin poner en duda su autenticidad, y del mismo modo se reemiten a todos cuantos quieran oírlas, presuntamente el mundo entero, aunque su influencia sea generalmente restringida. 

Por parte de la entidad contactante, hay diversos niveles de acercamiento, que suelen darse de modo sucesivo y en un orden perfectamente establecido de antemano. Surge, en primer lugar, una presentación de credenciales: yo soy Tal. La tarjeta de identidad está avalada por el mismo modo de presentarse y por el grado de manipulación secundaria del receptor. Al creyente se presentará como celestial, al no creyente -racionalista ateo, a su modo- como entidad extraterrestre. Y hasta el disfraz irá acorde con el show representado. 

El segundo paso vendrá dado por una manifiesta preocupación ante el estado en que se encuentra el planeta. Y, en general, esa preocupación vendrá a responder a la preocupación presente en el inconsciente colectivo de los individuos. Ahí entra de lleno el mensaje antibolchevique de Fátima o la profunda preocupación por el avance del peligro nuclear en los extraterrestres. 

Tercer paso: la entidad viene a resolver este caos político, bélico, prebélico, o simplemente tecnológico, que puede terminar con la vida del hombre sobre la tierra (o con la fe ciega en los valores religiosos reconocidos, que viene a ser lo mismo: muerte del cuerpo, muerte del alma). Mas para que la misión obtenga resultados satisfactorios, los seres humanos tienen que colaborar intensamente.

¿Cómo? Volviendo a las costumbres buenas, a las creencias convenientes, a la oración positiva, al sacrificio redentor, rechazando de plano al mismo tiempo los malos sistemas políticos, las nefastas teorías racionalistas y los negativos pensamientos que apartan de las viejas y sanas creencias.

Es decir, que se trata de meter en los seres humanos la idea del moralismo dualista a todos los niveles, hacerles ver que existe algo muy malo que se contrapone a lo esencialmente bueno, que es lo que se debe mantener a toda costa. Hay que promover amor frente al odio, hay que aprender a distinguir (o hay que mantener, cueste lo que cueste) el valor de los contrarios; sostener, fomentar, conservar y defender unos principios esencialmente dualistas que son, no lo olvidemos, la base misma de la realidad sensorial propia del grado evolutivo que hemos recalcado al principio como propio e inherente a la conciencia tridimensional del ser humano. 

Sólo entonces se emprende el cuarto paso: llevar a la práctica la supuesta redención del género humano. Las órdenes son entonces tajantes. Hay que sufrir por los demás, hay que sacrificarse, hay que lanzar plegarias a coro (y mejor cuanto más numeroso y heterogéneo sea ese coro), hay que convertir el lugar preciso de la aparición en un auténtico ombligo del mundo, en el que se concentren al máximo las energías de toda una humanidad que clame al unísono por la salvación redentora (espiritual y física). Unos prodigios sabiamente dosificados y ciertos, como los que ya comentábamos, bastarán para mantener, durante el tiempo que haga falta, la concentración masiva de un conjunto humano que se dará cita allí del mismo modo -y no es metáfora gratuita- que las ovejas se concentran a su hora y bajo las órdenes del pastor, en el redil o en el aprisco. 

Hay, pues, en este asunto de las apariciones, una doble vertiente que no debemos pasar por alto. Por un lado, se condiciona a los fieles -y doy a la palabra su sentido más amplio- para el mantenimiento a ultranza de los principios del dualismo propios de la conciencia dimensional del género humano, es decir, para el mantenimiento a ultranza del status de dependencia frente a cualquier deseo o cualquier intención de evolución.

Por otro lado, se provoca una fortísima corriente de energía colectiva -enfermos, penitentes, disciplinantes y corifeos- en un centro presuntamente divinizado que parece apto, a juzgar por su secular implantación mágica, para canalizar esa energía hacia un destino que no podemos en modo alguno adivinar, pero que, sin duda alguna, resulta útil para alguien o para algo. 

Casos, modos y maneras del contacto personal

Hace unos años se dio en Gran Canaria un caso que no es seguramente único, pero que tuvo un resultado que resume, por su carácter violento, otros muchos que tienen consecuencias menos espectaculares. Fue la historia de dos muchachos de poco más de quince años que, desde tiempo atrás, aseguraban mantener contactos con entidades extraterrestres mentoras por medio de la ouijá. En el verano de 1979, los mensajes se hicieron progresivamente esperanzadores para ambos, porque anunciaban la inmediatez de un posible contacto personal con los presuntos maestros.

Un día, la ouijá concretó una cita en uno de los parajes más solitarios y desolados del noroeste de la isla. Allí acudieron los dos chicos en un día tórrido de agosto, recorrieron bajo el sol kilómetros de tierra calcinada sin que llegara a producirse el esperado contacto, hasta que uno de ellos, ya entrada la tarde, comenzó a sentir serios trastornos que, ya anochecido, le obligaron a pedir a su compañero que fuera a buscar ayuda, porque él no podía siquiera moverse.

El pueblo más cercano, San Nicolás, quedaba a unos quince kilómetros, lo cual supuso tres horas largas de camino hasta llegar a él. Ya de madrugada, el chico regresó con un médico y algunos vecinos donde se encontraba su compañero. No encontraron de él más que un montón de despojos carbonizados, que la guardia civil tuvo que recoger con palas, porque se deshacían al menor contacto. El forense dictaminó muerte por insolación aguda y el muchacho superviviente pasó, al poco tiempo, a un hospital psiquiátrico. 

He dado cuenta de un caso límite, en el que lo trágico sustituyó a toda una serie de características dramáticas que, rozando alternativamente lo mágico y lo -aparentemente- lógico, lo serio y el chiste, el sainete y el teatro del absurdo, conforman todo un mundo de contactos en el que se dan visitas a planetas desconocidos, aparición de cualidades paranormales, invitaciones a tortitas de maíz, curaciones inexplicables e ilógicas, redención de alcohólicos y de drogadictos, profecías que nunca o muy pocas veces se cumplen, nombramiento de representantes galácticos en la tierra (que se convierten automáticamente en mesías creadores de nuevas sectas), rupturas de vínculos familiares, coitos intergalácticos, traslaciones prodigiosas, actos de vampirismo con bestias y personas, suicidios rituales y un montón de variantes que harían la lista interminable e inútil para cuantos siguen, más o menos de cerca, el proceso o la investigación de estos fenómenos. 

¿Qué hay de común en todos estos contactos? Aparentemente, nada. En realidad, el absurdo esencial del hecho en sí mismo, la dependencia aparentemente voluntaria del contactado para el resto de sus días, como propagandista directo o indirecto de unas entidades que han surgido precisamente para que él las proclame y sirva de testigo de su existencia y de emisor de energías, que, como en las concentraciones masivas de fieles creyentes, pueden resultar útiles.

Porque, sea cual sea la variante del contacto, existe fundamentalmente una emisión de emociones por parte del contactado, aunque sean mínimas y, en muchos casos, inconscientes. Pero hay, sobre todo, una creación o un intento de creación de cierto ambiente general, que tiende a implantar en las conciencias que lo captan el convencimiento -o eventualmente la prueba- de que hay algo o alguien muy por encima de ellos, algo que deben tener en cuenta para siempre, como entidad superior que domina irremisiblemente al ser humano, física y psíquicamente, más allá de su voluntad.

Introduccion a sus teorias

David Icke (Leicester, Gran Bretaña, 1952) fue jugador de fútbol, comentarista deportivo en la BBC y portavoz del partido verde del Reino Unido. Un día descubrió que algo extraño pasaba a su alrededor, en 1990 tuvo una revelación que despertó su consciencia y le hizo abandonar su profesión. Desde entonces y hasta ahora dedica su vida a investigar cuanto de real tiene el mundo en que vivimos, quienes son los que crean esta realidad, como alteran nuestra percepción, y cuales son sus fines. A día de hoy ha escrito 17 libros, y ha publicado varios DVD con algunas de las conferencias que realiza por todo el mundo.

Entre sus teorías destaca la más controvertida, en la que afirma que los hombres y mujeres más poderosos del planeta son herederos de una hermandad babilónica, un linaje de seres reptilianos que desde la antigüedad mantienen a los humanos en un estado de esclavitud permanente. Estos seres formarían parte de ordenes secretas como los Illuminati, la Francmasoneria, Skull & Bones y otros think-tanks y grupos de poder que usarían como órganos de coordinación, y cuyo objetivo principal sería establecer un Nuevo Orden Mundial que facilitaría sus tareas de control. A lo largo de sus textos hila varias teorías, tocando todo tipo de temas, como la crisis económica, los atentados del 11S, la exopolítica y el fenómeno OVNI, las religiones, o los métodos de control físico y mental.

Se puede estar o no de acuerdo con sus teorías en función de la capacidad de decondicionamiento de cada uno, pero hay algo innegable, y es que tras leer o escuchar a David Icke, nadie queda indiferente y da cuanto menos para pensar durante un buen rato, algo que en la sociedad actual para algunos es muy peligroso.

Expone lo que la elite mas teme

David Icke es considerado por algunos como el “más controvertido conferencista del mundo”. Es un conferencista que “deja pensando después”, y es autor de muchos libros que verdaderamente parten la tierra acerca de “la verdad detrás de las sombras” que la película citada anteriormente menciona como La Matriz. Su incansable martilleo sobre la élite de controladores globales, exponiendo sus múltiples capas de ‘shenanigans’ en su estilo único, humorístico y articulado, tiene (uno puede imaginarse) muchos jefes políticos fuera de escena preguntándose: “¿Con que saldrá después?” 

Los lectores de Spectrum se darán cuenta de que tuve una entrevista en profundidad con David para nuestro número de agosto de 1999. Más tarde compartimos un racconto autobiográfico en vivo sobre la vida de David en el ejemplar de diciembre de 2000. Los nuevos lectores pueden desear revisar estas historias para tener una base, en tanto debemos avanzar aquí con material nuevo.

Muchos de ustedes están bien prevenidos acerca de la focalización inexorable de David Icke en la exposición de una amplia variedad de agendas políticas referidas al Nuevo Orden del Mundo, incluyendo su clara exposición sobre la táctica de verdades probadas de la élite, del tipo de “problema, reacción, solución”. Primero, crean el problema; luego, esperan una reacción que demande una solución; y por último, se acercan a ofrecer la solución (suya). Todo esta muy bien orquestado y ha sido durante mucho tiempo no sospechado por las masas. Pero las cosas están comenzando a cambiar.

Un ‘pequeño’ problema se está desarrollando. La sustancia en la base de la ‘pirámide de poder’ de la élite se está erosionando. Y aquellos POCOS controladores en la cima de la pirámide están encontrando, en forma creciente, que están parados sobre tierras cada vez más movedizas, mientras que la población del mundo comienza a despertar de estos manipuladores y de su agenda de control a largo plazo hacia la decepción.

El 1º de agosto de 2001, dirigí una entrevista de varias horas de duración, desde California, con David Icke, que estaba en Inglaterra. Cubrimos una cantidad de material nuevo, incluyendo su nuevo libro “Niños de la Matriz: Cómo una raza interdimensional ha controlado el mundo por miles de años y todavía lo hace”, que retoma el rompecabezas de la intriga justo donde lo dejó “El secreto más grande”.

David ha recortado un poco de su agitado viaje y de su agenda de conferencias para recargar sus baterías en casa, en Inglaterra. Su voz sonaba bien descansada y en óptimo estado, y tan graciosa y humorística como siempre. David ha sido durante mucho tiempo un amigo y apoyo de The SPECTRUM de varias formas entre bambalinas, lo que ha ayudado para nuestra supervivencia y visión. 

Vayamos ya a la charla. Después de algunas formas introductorias, me lancé a lo que es nuevo de David:

1ª Parte

Martin: Tengamos al sujeto en mano, que es “Niños de la Matriz”, tus actuales viajes, etc.. La última vez que hablamos de la publicación fue hace mucho. Acababas de hacer contacto con Credo Mutwa; acababas de filmar el video y salía tu libro “El Secreto más Grande”. Y hemos recorrido un largo camino desde entonces. Supongo que has dado la vuelta al mundo un par de veces.
Icke: Sí, y continúo viajando, pero he pasado mucho tiempo en Inglaterra también, porque necesitaba oler un poco las rosas. 
He tenido mi cabeza ocupada durante 10 u 11 años, viajando e investigando y escribiendo y todo eso. Llega un punto en el que necesitas un respirador. Tienes que parar y ver hasta dónde has llegado, y dónde estás, y adónde quieres ir y hacer cosas normales por un tiempo. Y eso es lo que estuve haciendo. He seguido trabajando y colocando material en la web durante muchos días. Pero estoy revisando más el material y pensando a dónde quiero llegar. Estoy casi terminando. Comienzo a viajar de nuevo en septiembre-octubre. Tengo un gran tour por Australia, y muchas ideas que estoy juntando para ver cómo comunicar más efectivamente este material, especialmente ahora, con el despertar de la globalización.

Lo que hemos estado conversando durante estos años, lo que la Izquierda en política, si quieres, ha estado descubriendo bastante ahora, en cierto nivel, eso es lo que la globalización, que ellos ven como 200 corporaciones controlando básicamente el sistema, y creando horrendas explotaciones de la gente del Tercer Mundo, han comenzado a darse cuenta de la correlación entre esta Agenda de Globalización, que se está desarrollando tan rápido, y su efecto en la gente del Tercer Mundo, y la gente en general.

La gente está por lejos más abierta ahora al tipo de cuestión que hemos estado discutiendo estos años. Lo que no han visto todavía es que el PRÓXIMO nivel, que es el más importante para atravesar, que es el de las 200 extrañas corporaciones, si vas lo suficientemente alto, son de hecho, UNA CORPORACIÓN. Y ésa es el área que estos manifestantes de la Globalización necesitan apreciar, que esta situación es una en la que estas corporaciones diferentes, y gobiernos, y bancos, y lo que sea, están actuando de un modo que los lleva a la MISMA dirección. 

Esto NO es una coincidencia. No es un grupo de gente desconectada que justo, por coincidencia, decidieron la misma acción. Ésta es una agenda coordinada que se está desarrollando delante de sus ojos. Pienso, también, que, por cierto, mucho material que he puesto en mi website recientemente, ha relatado cómo la violencia en los Sumarios de la Globalización, en Sumarios Globales, están actualmente orquestados, y dirigidos por LAS MISMAS AUTORIDADES que están condenando la violencia! Y hay un número creciente de ejemplos de esto. Por ejemplo, el modo en el que, recientemente, los periodistas, principalmente los periodistas estuvieron observando una marcha y encuentro antiglobalización en Barcelona (España).

Observaron mientras se sucedían los discursos, y la gente estaba allá, escuchando en forma perfectamente pacífica. Y fueron rodeados por policías con viejos cascos, con bastones y esas cosas, y de repente las líneas de la policía se abrieron, y un grupo de gente las atravesó, vestida de negro, con armas y cosas, palos y lo que sea. Las líneas de la policía se abrieron, esta gente las atravesó, llegó hasta la esquina de los protestantes pacíficos, y comenzaron a golpear los cascos, al punto que la policía usó esto para justificar la arremetida contra la multitud y les golpearon los cascos porque decían que la pelea había comenzado. 
Estos periodistas entonces vieron a la gente, que había aparecido de cualquier parte para comenzar esta violencia, retroceder hasta las líneas de la policía y entrar en los camiones de la policía! Esto es lo que está pasando. Y pienso que aquéllos en la Izquierda de la política, si quieres, han comenzado a entender ahora UN NIVEL, y es sólo un nivel de la Agenda Global.

Se han dado cuenta, por sus propias experiencias, que todo no es como ellos pensaban que era. Y, de hecho, hay fuerzas trabajando que están, de un modo frío, calculador, creando la situación de violencia en la cual los temas reales se están oscureciendo y todo el nivel de debate está enfocado en lo que se percibe como violentos anarquistas que sólo quieren caos. Y entonces esto es lo que esta pasando. 

Entonces tenemos la gran oportunidad ahora de agarrar este despertar de las consecuencias de la Globalización, e informar a la gente acerca del PRÓXIMO NIVEL, al que muchos de los manifestantes no han visto todavía, que es que no hemos estado observando estas series de organizaciones desconectadas y la gente actuando de la misma forma, por accidente. Están actualmente haciéndolo de una manera muy calculada, y hay una fuerza trabajando a través de todos ellos.

Martin: Hablando con Nick Begich hace unos meses, una gran parte de esa entrevista tenía que ver con lo llamado tecnologías de armas “no letales” y el despliegue de éstas en varias protestas por la Globalización, tales como la de Seattle hace varios años. Ahora están desarrollando tecnología del estilo de la que los Marines desarrollaron este año, que es un invento de microondas que dispersará las multitudes a través del calentamiento de la piel a 130°. Y también estamos viendo, en suma a este tipo de protesta y caos orquestados, en un sentido, estamos viendo el uso de nueva tecnología para prevenir la protesta legítima. En lugar de la protesta legítima estamos teniendo que cantidades para pagar a agitadores que crean una atmósfera donde el público casi pedirá más control de la situación, más tecnología, y es una serpiente mordiéndose la cola.
Icke: Es nuestro viejo amigo “problema, reacción, solución”. Es la forma más efectiva de manipulación de los medios masivos, y de manipulación de la conducta, y de manipulación de la reacción en la historia de la raza humana. Han anunciado hoy que actualmente en Gran Bretaña quieren introducir el uso de “armas paralizantes” para la policía británica, así podrán paralizar a la gente con las pistolas. Irónicamente, están en parte justificándolo por el hecho de que una cantidad de personas, recientemente, en Gran Bretaña, han sido muertas por la policía por estar armadas, cuando en realidad no estaban armadas, y por hacer cosas que ellos en realidad no estaban haciendo. Toda esta agenda de tecnología se esta moviendo. De nuevo, acaban de anunciar en Gran Bretaña que quieren formatear en microchip a toda la Armada Británica en los próximos años.

Lo que los investigadores han estado diciendo, y ha sido dejado de lado durante estos años, está ahora ante nuestras caras. Y ésta es una maravillosa ventana de oportunidades porque, como he escrito desde hace años en mis libros, cuando algo que permanece secreto y oculto está cerca de volverse una realidad física en la sociedad, por ejemplo, esta agenda del Nuevo Orden Mundial, hay una ventana de tiempo cuando rompe la superficie, donde la gente puede verla actualmente. Y ésta es la ventana del tiempo cuando la gente puede no solamente oír la denominada teoría, actualmente pueden ver la prueba de sus nuevos boletines cada día, desplegándose. Estamos masivamente dentro de ese período ahora, y tenemos dos o tres años cruciales para hacer una DIFERENCIA REAL aquí, mientras la gente se vuelve más y más abierta a que lo “aparentemente fantástico” se vuelva “patentemente obvio”.

Por ejemplo, escribí en “Y la Verdad te Dejará Libre” – la 4ª Edición fue escrita en 1994- vamos a tener una “Área Libre de Intercambio Comercial” para las Américas, que será trasladada y transformada, como en Europa, en la Unión Americana, que es la versión americana de la Unión Europea. Y por supuesto, hace unos meses, en Quebec, la Cumbre de las Américas, a la que asistió G. Bush, anunciaron que esta Área Libre de Intercambio para toda América iba a producirse. Y acaban de anunciar en África que el cuerpo coordinador entre los países africanos está cambiando su nombre por la Unión Africana.

Estamos moviéndonos muy rápido con esto ahora. Pienso que una de las razones por las que estos chicos están siendo tan inteligentes en mover la agenda tan rápido como sea posible, es que saben que el velo se está corriendo y esta ventana de oportunidad, cuando lo que está escondido se vuelve más y más obvio, es un tiempo muy, muy peligroso para ellos. No obstante, no pueden vetar por más tiempo lo que investigadores como yo y otros decimos, porque la prueba de esto está siendo anunciada en Parlamentos y en Cumbres alrededor del mundo.

Por lo que ésta es una oportunidad maravillosa, y tenemos que aprovecharla. Y es por eso que mi tiempo de oler mis rosas está llegando a su fin rápidamente. He tomado un respiro, y ahora voy a comenzar, nuevamente, porque son dos o tres años CRUCIALES. 

Martin: Estuve pensando en eso también. Muy seguido, aquí, pensamos acerca de “volver atrás” un poco para oler las rosas, y cuando pensamos “Bueno, estamos en un momento crítico”. No hay tiempo para hacer eso, a pesar de que nos encantaría hacerlo. Y siempre está el peligro de que, una vez que lo hagas, nunca vuelvas realmente a meterte en las cosas, o en el ruedo. Por lo que estoy contento de oír que ahora te estas aprestando a volver al movimiento y a meterte en él. 
Icke: Sí. Pienso también que parte de mí tomando un respiro estos últimos dos o tres meses, no ha sido realmente un respiro debido a que he estado trabajando en esto cada día, es sólo que el viajar no ha sido tan intenso para mí como en estos últimos 10 años.

Es también tiempo de ponderar acerca de como pueden usar su energía y su tiempo más efectivamente, porque si no los usan efectivamente, pueden correr detrás de un gato con su cola en llamas, y gastar toda esta energía y todo este tiempo, y que no sea tan efectivo como pueden ser.

Por eso personalmente voy a estar muy enfocado desde ahora en utilizar el tiempo más efectivamente, y usando la energía más efectivamente, para poder acumular más, mientras actualmente gasto menos. Pienso que es muy importante que lo hagamos. 

Martin: En este último tema de nuestro trabajo, hicimos una entrevista de seguimiento con Eric Phelps, que ha escrito un libro sobre el Vaticano llamado ASESINOS DEL VATICANO, y el control de los Jesuitas detrás de escena. Y, de hecho, sostiene que los Jesuitas controlan Inglaterra. Voy a leerte dos párrafos claves de su entrevista, y dime si tu investigación ha confirmado lo que él dice. Dice, citando el texto de julio de 2001 de THE SPECTRUM:

“Según la norma de Jorge y Victoria, ellos (los Jesuitas) controlaban completamente Inglaterra a través de Stonyhurst. Hoy controlan Inglaterra a través del Real Instituto de Asuntos Internacionales. Y el Cardenal, a través de quien controlan, es el Arzobispo de Westminster. Hoy tienen al Arzobispo de Westminster en Inglaterra, y tienen al Arzobispo de Nueva York en los EE.UU. Controlan Inglaterra a través de Stonyhurst. Controlan los EE.UU. a través de Georgetown y Fordham. Controlan Inglaterra a través del Real Instituto de Asuntos Internacionales. Controlan los EE.UU. a través del Consejo de Relaciones Exteriores”.

¿Piensas que esto es cierto?
Icke: los Jesuitas son una máscara sobre el rostro. Soy reacio a decir que no son nadie, porque los Illuminati -que es la palabra que uso o el término que uso, para la “red de trabajo”- opera a través de máscaras eternas, y los Jesuitas son con seguridad una de ellas, y una muy importante. Sabes, vas a encontrar gente clave que viene de investigaciones donde están los Jesuitas, o de universidades Jesuitas. Por lo que sí, son muy, muy importantes.

Pero yo no diría que los Jesuitas, como organización, controlan esto o aquello, o que los Francmasones controlan esto o aquello. Éstas son “máscaras sobre el rostro”, y la cara usará la máscara más apropiada, y la más efectiva, según las circunstancias. Es como una cantidad de gente que ahora ha descubierto el grupo
Bilderberg, hablar del grupo Bilderberg como de “una conspiración”, siendo “ESO”, cuando el grupo Bilderberg no es ni siquiera una de las máscaras más importantes de “ESO”. El grupo Bilderberg es meramente una operación lateral que coordina entre políticos y países, etc., aparentemente desconectados. Es un trato muy pequeño, comparado con los grupos secretos INTERNOS, en lo alto de la pirámide de control. Yo diría, seguro, que la operación de la Sociedad Secreta Jesuítica es por lejos más fundamental dentro de la red de trabajo que el grupo Bilderberg. Estos grupos Bilderberg: Consejo de Relaciones Exteriores, Real Instituto de Asuntos Internacionales, Comisión Trilateral, etc., son meramente organizaciones que llevan una política que está decididamente por debajo de ellos en la red. 

Yo diría que los Jesuitas son muy, muy importantes, no los Jesuitas, sino la organización Jesuítica a través de la cual operan. Pero no iría tan lejos como para decir que los Jesuitas controlan esto o aquello, o lo otro, porque, al final, los Jesuitas son sólo una espiga en una maquinaria mucho más grande.

Martin: Ésa es la verdadera cuestión a la que quiero llegar, y por eso es que quiero llevarte en esta dirección, porque estamos hablando acerca de que aquí, últimamente, los Jesuitas son también peones en la Agenda Global- y con tu investigación relacionada con los Reptiles, y la Agenda de los Reptiles, y la llamada “Fuerza Oscura”, si quieren un término, o la Agenda Demoníaca, están siendo manipulados detrás de la escena por fuerzas oscuras más altas, también. Ahora ¿qué ha mostrado tu investigación con atención en quién está tirando de estas cuerdas? ¿Son los Reptiles, o…?
Icke: Cualquiera que ha sido guiado, no por ideas preconcebidas o sistemas de creencias, sino por información que llega a su camino, sabe que mientras más adelante caminas en este sendero para develar esta historia, más grande se vuelve el sendero, más grande es el cuadro. He tratado de enfatizar esto a través de mis libros. Cuando escribí “Y la Verdad te Dejará Libre”, focalizaba en la manipulación económica y política, y en la Agenda, y el modo que trabaja hoy, y el modo ha sido bastante trabajado durante los últimos 200 años, y muchos nombres de gente involucrada. Pero ése era UN NIVEL de “ESO”. Y uno sigue caminando, y sigue caminando, y entonces encuentras otro nivel de “ESO”. Y otro nivel de “ESO” definitivamente involucra a las entidades Reptiles; pero entonces, sabes, no son “Los Reptiles”. No estoy hablando de otro “ESO”. Estoy hablando de otro NIVEL de “ESO”. 

Ves, la próxima pregunta es: ¿Quién controla a los Reptiles? Porque, al final, todo lo que se manifiesta como entidad es sólo conciencia, emanando de un tipo de forma física. Mientras más camino la jornada, más grande se aparece el cuadro, y entonces, dónde todo TERMINA, y LO QUE ESTA ÚLTIMAMENTE DETRÁS DE ESO, está masivamente abierto a preguntas. 

Lo que es claro para mí es que la fuerza real detrás de la manipulación de este mundo NO ES FÍSICA, no está en el nivel físico. A quienes llamamos los Iluminados no son “ESO”. Es un vehículo para “ESO”, sea lo que últimamente es. Sabes, este mundo tridimensional, como lo llamamos, está actualmente manipulado por fuerzas de otras dimensiones. 

Una de las cosas para enfatizar realmente es que actualmente no vivimos en un mundo. Vivimos en una escala de frecuencia. Así es. Vivimos en la escala de frecuencias -y es una muy pequeña- a que nuestros sentidos físicos pueden acceder.

Una de las cosas que mencioné en “Niños de la Matriz” es el trabajo de los físicos, incluyendo a una amiga mía, una física italiana, que menciona en su libro que, de la materia conocida, la masa que existe en el universo, los sentidos físicos de la entidad humana pueden sólo percibir un máximo del 10 por ciento.
Entonces, incluso según la ciencia convencional, el 90 por ciento de lo que existe en el universo físico, no podemos ver y percibir con nuestros sentidos físicos. Cuando miramos, ante todo, a la sorprendente diversidad genética de vida en la Tierra, dentro de menos de ese 10 por ciento, ¿qué demonios existe de diversidad en el 90 por ciento que no podemos percibir? 

Estamos viviendo en una banda de frecuencia muy angosta que nuestros sentidos físicos pueden percibir. Y las fuerzas, incluyendo, diría, al menos la mayoría de las fuerzas Reptoides que están manipulando esta escala de frecuencia, este planeta, este mundo, están operando actualmente fuera de esta escala de frecuencia.

En términos de Reptiles, justo en la esquina están los Reptiles que estoy identificando porque los Reptiles son sólo una forma genética. Habrá expresiones positivas de esto y expresiones negativas de esto, y algunas en el medio, como en cualquier forma genética; es sólo conciencia. Ellos operan, me parece, en la misma esquina de nuestros sentidos físicos, y nos manipulan. Y Credo Mutwa incluso confirma esto por su propia experiencia chamánica sobre los 70, cerca de 80 años en África, así como yo he venido en círculos al oeste.

El área clave en la cual me he interesado mucho en estos tiempos, en términos de su rol en la manipulación dimensional, es el modo en que parece que su obsesión con las líneas de la sangre, con la genética, tiene que ver con el hecho de que ciertas líneas de sangre genéticas son más compatibles vibracionalmente, con esta otra dimensión, que parece ser, en ese nivel –y enfatizo, en ESE nivel- una expresión reptoide. Y más aun, estas entidades Reptoides de otra dimensión pueden “poseer” estas líneas de sangre particulares más fácilmente debido a la simpatía vibracional, la compatibilidad vibracional, de lo que ellos pueden con muchas de las cadenas principales de cuerpos humanos.

Y entonces -y de nuevo, esto no es teoría- he hablado con mucha, mucha gente alrededor del mundo que tiene conocimiento interior sobre esto. Esta situación parece ser, en este mundo tridimensional, creas líneas de sangre -y fueron creadas hace mucho tiempo; pueden estar todavía siendo agregadas, bastante parecido- en términos de su ADN, vibracionalmente compatibles con tu energía, tu conciencia, tu nivel sobredimensional. Entonces ten por seguro que esas líneas de sangre terminan en posiciones de poder: como realeza, como presidentes, como primeros ministros, como banqueros líderes, como dueños de medios, etc., porque sabes que puedes poseer esas líneas de sangre particulares mas fácilmente que otras. Y entonces tienes el otro aspecto de esto, que es cuando ellos ponen esas líneas de sangre a través de rituales de la Sociedad Secreta, y los rituales satánicos, están creando un ambiente vibracional en que estas entidades de otra dimensión pueden poseer estas líneas de sangre particulares. 

Entonces, si tienes líneas de sangre determinadas, y tienes un determinado pasado y lo que sea, entonces serás “invitado” a la red de trabajo de la Sociedad Secreta. Serías invitado a participar de algunos de estos cultos y redes de trabajo satánicos porque ellos saben, entonces, una vez que estás dentro, que pueden poseer tu cuerpo y, básicamente, pasar por encima de tu proceso emocional y de pensamiento. Y entonces, cuando llegamos a las familias CLAVE que se han posicionado en el poder durante centurias, bajo diferentes nombres, de las así llamadas claves de líneas de sangre de los Illuminati -algunos dicen que son 13 en la cima- están ahora siendo literalmente reproducidas, y EN FORMA CONOCIDA, para volverse vehículos para estas entidades de otras dimensiones. Y cuando oímos términos antiguos, que todavía se usan, como “vender tu alma al diablo”, en términos simbólicos eso es lo que hacen exactamente. Hacen pactos en estos rituales satánicos permitiendo a estas entidades malévolas de otras dimensiones que posean su cuerpo.

Quiero decir, habla con cualquier satanista, y te dirán de esto. Donde quiera que vayas en el mundo es el mismo sistema. Permiten a sus cuerpos que sean poseídos, como devolución de poder material y riqueza y todo eso en este mundo, en el conocimiento de que el gobernador “real” es esa entidad que está poseyendo el cuerpo, no la persona que está siendo poseída. Y ellos, literalmente, se venden a sí mismos para darles sus cuerpos a estas entidades. Quiero decir, en verdad, el verdadero satanismo, como cualquiera te puede decir, el PODER del satanismo, y el nivel en el que estás en la jerarquía satánica, se refiere al poder de las así llamadas entidades demoníacas a las que has permitido que te posean y trabajen a través de ti. Y la elección sorprendente me parece después de 11 años de esta investigación, es que la gente que gobierna el mundo hoy –lo más alto del sistema bancario, los presidentes y primeros ministros y toda esa gente- no están sólo relacionados en rituales satánicos y esas cosas, están, literalmente, sus cuerpos están poseídos por estas entidades de otras dimensiones, malévolas, demoníacas. 

Es en ESE nivel de su ser de donde viene el control mental real. Y, de este modo, los tendrás tomando decisiones y haciendo cosas que tienen consecuencias horrendas, terroríficas para sus seguidores, hombres, mujeres y niños. Pero no tienen sentimientos, ni consecuencias emocionales para sí mismos de lo que hacen sufrir a otra gente. 

Al menos un gran, gran numero de estas entidades que poseen estas líneas de sangre particulares, y por ende controlan a la gente que parece ser humana y en posiciones de poder, parecen tomar la forma de Reptiles. Y entonces tienes a los antiguos y eternos contadores de gente siendo aparentemente seres humanos, transformados en forma Reptil, y luego comienzan de nuevo. De nuevo y de nuevo, estas experiencias de “cambio de forma” que la gente observa se dan en gente en posiciones significativas o de influencia y poder. Lo que parece suceder es: las líneas de sangre son creadas primero, por lo que hay una compatibilidad vibracional de ADN híbrido que permite a estos cuerpos particulares ser más fácilmente poseídos y controlados por estas entidades de otra dimensión. Y eso significa que si puedes manipular estas líneas de sangre particularmente poseídas y poseíbles hacia posiciones de poder, entonces lo que estás haciendo es poner a estas entidades de otras dimensiones en esas posiciones de poder.

Y esto es el por qué de estas líneas de sangre que, si vas hacia atrás lo suficiente, encontrarás cuentos sin fin en el mundo antiguo de las interprocreaciones entre “los dioses” y “la humanidad”, creando líneas de sangre híbridas, y las líneas de sangre híbridas fueron ubicadas en posiciones de control, poder real en el mundo antiguo -en Babilonia, en Sumeria, en Egipto, etc.-, y más adelante, si miras alrededor del planeta.

Y cuando sigues esas líneas de sangre hacia adelante desde el mundo antiguo, se convierten en la aristocracia de Europa, en las familias reales de Europa, quienes, si haces la genealogía, son los presidentes, y los primeros ministros, y los líderes económicos, y los banqueros, y los dueños de los medios del mundo moderno. Éste es el por qué están obsesionados con genética, y obsesionados con producir híbridos e intercambiarlos, y obsesionados con poseer una cierta combinación de ADN. Se debe a esta habilidad de poseer, y por ende de controlar, esta dimensión desde otra.

Martin: ¿Has encontrado en tu investigación, algún estado de conflicto formal entre estas entidades malévolas de otra dimensión, rivalizando por una posición entre ellas?
Icke: Éste es el más grande talón de Aquiles que tienen. No puedes encender y apagar un estado de malevolencia, y un estado de desear poder y control sobre los otros. Los Illuminati me fueron descritos brillantemente por un investigador, hace mucho, mucho tiempo como,

“una banda de ladrones de banco, en la cual todos están de acuerdo con el trabajo, pero pelean por como se distribuyen el botín”.

Martin: (risas) 
Icke: (risas) Una de las cosas, pienso, que ha confundido a muchos investigadores y los ha dejado fuera del camino, es que han visto ciertas sociedades secretas y ciertos grupos, como los Caballeros de San Juan de Jerusalén, que se convirtieron en los Caballeros de Malta, y los Caballeros Templarios, aparentemente en muchos momentos en conflicto entre ellos. Y, más aun, han percibido que éstos eran diferentes costados en conflicto entre ellos donde, de hecho, muchas, si no la mayoría de las guerras entre líneas de sangre reales y varios países, en el pasado, han sido guerras entre las mismas líneas de sangre por el derecho de estar en la cima de su polo grasiento. No ha habido guerras y conflictos entre sociedades secretas y familias reales que estaban en lados diferentes del conflicto para prolongar diferentes cosas.

Ha habido guerras y conflictos y roces entre las Sociedades Secretas y las familias reales que quieren ser la “punta” dentro de las líneas de sangre. Y pienso que esto ha confundido a muchos investigadores, y han visto esto como dos lados diferentes, más que diferentes máscaras del mismo lado tratando de ser la “punta” del tiempo. No hay ninguna contradicción entre gente como los Rockefeller y los Rothschild y otras familias diferentes y grupúsculos y sociedades secretas que son menos que niños de pecho, y buscando tener poder y mayor influencia que el otro, y el hecho de que, al final, representan UNA AGENDA.

Entonces, sí, absolutamente, hay muchas divisiones y “líneas falsas” dentro de los Illuminati y sus varias máscaras. Pero al final, cuando la fuerza te impulsa hacia arriba, todos tienen un interés masivo en no cargar demasiado el bote para que no se hunda.

Martin: ¿Te has encontrado con alguna información, recientemente, o en el pasado, acerca de lo que está sucediendo en la Antártica, y posiblemente relacionada con bases subterráneas con los Nazis, u otras entidades?
Icke: No, no recientemente, pero obviamente he llegado a estas historias en el pasado. Y mencione en “Niños de la Matriz” las historias que han circulado acerca de bases subterráneas en la Antártica, relacionadas con los Nazis, y también relacionadas con lo que parece ser una batalla de eones entre las Fuerzas Reptoides o este Grupo Reptoide (lo que sea), y los llamados rubios, ojos azules Nórdicos. Pienso que este conflicto en particular, y las distintas facciones de ambos lados que se han unido para su beneficio mutuo, y que interactúan para crear líneas de sangre híbridas entre ellos -entendiendo exactamente que ha pasado y esta pasando entre estas dos agrupaciones- nos llevara más cerca de entender qué ha estado pasando en el planeta estos últimos dos mil años.

Por eso es que tengo un ojo reptoide y un rubio ojos azules en la tapa de “Niños de la Matriz”, porque esta combinación genética tiene -y no lo entiendo del todo, o las implicaciones de esto, bajo ningún concepto-, pero es seguro una parte fundamental para comprender qué diablos está pasando, y ha pasado. Y menciono cosas en “Niños…”, historias que se refieren a ambos, los Nórdicos rubios de ojos azules y los Reptiles, estando relacionados con la Antártica en el antiguo pasado, porque la pregunta llega: ¿Qué ERA la Antártica antes de que llegara el hielo? Y estoy más y más convencido de que el hielo no ha estado en los alrededores como la gente piensa, en la forma en la que está hoy. Entonces, ¿qué era la Antártica antes? Pienso que es un lugar muy importante, muy relevante para focalizar.

Martin: Hablabas de Globalización, y recientemente estuve viendo en las noticias que Tony Blair y George Bush están muy juntos. ¿Qué está pasando con Tony Blair y George Bush?
Icke: Identifiqué a Tony Blair hace mucho como un títere de los Illuminati, que seria llevado hasta el lugar de Primer Ministro de Gran Bretaña, y una de sus tareas principales durante su gestión iba a ser llevar al Reino Unido al cambio con el Euro, la moneda corriente de la Unión Europea, y dejar la libra esterlina. Y nos estamos moviendo hacia allí, cada vez más rápido. 

Tony Blair es líder del partido laborista, que supuestamente representa los intereses de la gente pobre. Es para eso que fue fundado el Partido Laborista, al menos ésa es la historia oficial, de comienzos del siglo XX. Pero lo que Tony Blair es, es el Primer Ministro más derechista y el más inescrupuloso y el menos creíble y confiable -y eso es decir algo- ciertamente, en mi vida, desde que he seguido la política en Gran Bretaña.

Este hombre es un real títere conocido de los Illuminati, llevando a cabo su agenda. Es muy interesante, sólo mira alrededor en el entorno, y verás cómo este chico llegó al poder. Los periódicos claves de Gran Bretaña, los que tienen la mayor circulación, pertenecen a Ruppert Murdoch. Son el Sun, el Sunday, el News of the World, y el Times, que pertenecen a Ruppert Murdoch. Entonces lo que los periódicos de Ruppert Murdoch apoyan es muy importante e influyente, al menos en la opinión publica, en como votan en las elecciones generales. Ahora, desde que Murdock comenzó a ser dueño de periódicos en Gran Bretaña, siempre ha apoyado al Partido Conservador Estaba detrás de Margaret Thatcher, que fue traída al poder por los Illuminati, lo mismo que Reagan, al mismo tiempo, para traer las mismas políticas económicas horrendas, que fueron conocidas en EE.UU. como Reaganomics, y conocidas en Gran Bretaña como Thatcherism.

Eran la misma política económica, y ambos fueron traídos al poder al mismo tiempo porque ésa era la política que querían desarrollar en los 80. Y luego los periódicos de Murdock continuaron apoyando a la gente que siguió a Margaret Thatcher, Primeros Ministros, y líderes del Partido Conservativo. De repente, un chico llamado John Smith, que era entonces líder del Partido Laborista, murió aparentemente de un ataque al corazón. Antes de que su cuerpo se enfriara, había una absoluta embestida en los periódicos británicos, no sólo en los de Murdoch, diciendo que la única persona que podía dirigir el Partido Laborista era este joven, Tony Blair. Y de repente, Tony Blair estaba por todas partes. Esto creó un momento en el cual Tony Blair fue votado, abrumadoramente, para conducir el Partido Laborista por sus miembros debido a que pensaban que estaban dando en la tecla con esta idea:

“Blair es el hombre que nos puede dar vuelta y llevarnos al gobierno nuevamente”.

Desde el momento en que Blair se convirtió en líder, por primera vez en la historia de los diarios de Murdock en Gran Bretaña, cambió su apoyo del Partido Conservador a Tony Blair y el Partido Laborista. Y esto continúa desde entonces. Y entonces Tony Blair es un Primer Ministro TÍTERE de los Illuminati, y ÉL LO SABE!! Está definitivamente en un nivel en que lo sabe. Y cada DÍA ahora, cuando ves los boletines de noticias británicos o tomas un diario, ves la agenda de los Illuminati desplegada en este país, en términos de tecnología de Gran Hermano, legislación Gran Hermano tomándose libertades. Él (Tony Blair) es un auspiciante masivo de la Globalización, que por supuesto involucra sacar trabajos de países desarrollados de Occidente y parcelizarlos en países del Tercer Mundo, donde pagas a los trabajadores una ridiculez por producir tus bienes por casi nada, en horrorosas circunstancias.

Y entonces traes estos bienes a los países desarrollados y los vendes por una fortuna. Había un programa en la TV británica recientemente, que identificaba algunas estadísticas escalofriantes. Como, por ejemplo, que a Tiger Woods, el golfista norteamericano, se le paga más por año para promocionar productos Nike, que a casi toda la fuerza trabajadora de Indonesia para hacer esos productos Nike. Y por cada par de zapatillas que se venden a cien libras en Gran Bretaña, o a ciento cincuenta o ciento sesenta dólares en EE.UU., de las cien libras a las que son vendidas, el trabajador indonesio que las hizo recibe cuarenta centavos. Sabes, esta gente está ganando alrededor de 72 centavos por día, casi un dólar por día, lo que es nada en el nivel de vida, y está viviendo en absoluta pobreza y ciudades grotescas, aptas para contagiarse enfermedades. Y Tony Blair esta empujando y empujando esta agenda, y diciendo que es la única manera de traer prosperidad a los países pobres del Tercer Mundo.

Y él SABE que no lo es. Después tienes a George Bush, y a él lo trajeron de la misma manera, para ser Presidente de EE.UU. al mismo tiempo. Como Reagan y Thatcher fueron puestos simultáneamente para presentar un frente unido a la Política Unida, lo mismo pasó con Clinton y Blair, que estaban extremadamente cerca y nunca se contradijeron. Hay una razón muy simple para esto, y es debido a que AMBOS ESTÁN CONTROLADOS POR LA MISMA GENTE! Este eje Blair/Bush, normalmente, está impulsando mucho a esta agenda de los Illuminati, porque cuando Gran Bretaña dice “Sí” y “Vamos a hacer esto”, y EE.UU. dice lo mismo, entonces hay muy poco que la gente puede hacer para frenar que esta política de desarrollo a un nivel político. 

Martin: ¿Qué ves que esté sucediendo ahora con la Unión Europea? ¿Hay alguna plaza fuerte? ¿Hay gente diciendo que quieren permanecer independientes, y no ser parte de esta agenda de Globalización? ¿O está todo el mundo con una especie de pegatina juntos saltando en el tren del Mundo Único?
Icke: Lo que tienes en la Unión Europea es la situación clásica que ha alargado las edades. Y así es, la gran mayoría de gente en Europa NO quiere una moneda única; NO quiere ser dirigida, en términos de sus leyes y de lo que puede hacer o no, por burócratas, ni siquiera gente elegida, sino burócratas en Bruselas.

Peor la gente que termina en posiciones de poder gubernamental y poder burocrático en los diferentes países de Europa, apoyan el hacer las cosas que la gente no quiere que pasen. Entonces, sabes que la gente está en contra, abrumadoramente, y el Euro está siendo impuesto sobre ellos. Legislación burocrática, fuera de Bruselas, está siendo IMPUESTA SOBRE ELLOS!

Es la clásica estructura, debido a la manera en que los Illuminati tienen estructurada a la sociedad. Significa que no importa lo que la mayoría de la gente quiere en los dos tercios basales de la pirámide porque ellos no están tomando las decisiones que determinan qué va a pasar. Están teniendo sólo un voto cada cuatro o cinco años, para votar por una diferente máscara de la misma cara para ser gobierno durante los próximos cuatro o cinco años. Y una vez que estos gobiernos son elegidos -y, como puedes ver con Bush o Clinton, no importa de qué partido, porque siguen la misma agenda, de todos modos-, entonces la gente que ha sido “elegida” tiene el poder de decidir si ese país toma el Euro, si ese país se conduce por una legislación. Ahora, ¿cuánto más poder y soberanía nacional son derivados hacia los burócratas en Bruselas?

Tienes la clásica situación de pirámide en la cual los poquísimos de la cima, que tienen los gobiernos de los países de Europa, están impulsando esta agenda, mientras la amplia mayoría de gente está horrorizada por lo que esto significa para ellos.

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