El chamanismo: Un sistema ancestral de ayuda

De los tres principales sistemas de sanación que se discuten en este libro, el chamanismo es el único que no se práctica como tal en Puerto Rico. Se incluye este sistema tradicional de ayuda debido a que es la práctica de sanación más antigua y posee elementos que se encuentran tanto en el espiritismo como en la santería.

El chamán ha sido definido como un prácticante que experimenta un estado de extásis con el objetivo de conectarse con una realidad transpersonal (Eliade, 1964). Tiene la capacidad de salir de su cuerpo y, en un estado de trance, viajar a otras dimensiones o mundos para comunicarse con otros seres espirituales (Walsh, 1990). El viaje chamánico tiene tres propósitos principales: 1) encontrar el poder o el alma perdida de una persona enferma; 2) orientar a las almas de los muertos y 3) aumentar el conocimiento de otros mundos y de los seres espirituales.

El término chamán se aplicó originalmente a sociedades de Siberia y Asia Central pero después fue extendido a sistemas alrededor del mundo. Ha sido aplicado indiscriminadamente para designar a practicantes conocidos en otras culturas como “brujos/as” , curanderos/as, magos/as, profetas, visionarios/as, entre otros. La palabra “chamán” es de origen manchú-tungu y llegó al vocabulario etnológico a través del ruso (Poveda, 1997).

Para Eliade, el chamán es diferente a otros practicantes debido a que éste se comunica con los espíritus sin convertirse en instrumento de los mismos. El chamán no es poseído por los espíritus sino que en un estado de trance viaja a otros mundos para lograr comunicarse y en todo momento mantiene un control relativo de la experiencia.

El chamanismo ha sido descrito como “la profesión mas antigua” de la humanidad debido a que existe evidencia arqueológica que sugiere que se ha estado utilizando hace más de 20,000 años (Achterberg, 1985). Los chamanes fueron, probablemente, los primeros sacerdotes, sanadores, cuenteros, filósofos y dramaturgos. El estudio del chamanismo nos permite desarrollar una perspectiva más amplia en relación a los sistemas tradicionales de ayuda. Como tradición de ayuda que ha logrado trascender el tiempo y el espacio, el chamanismo contiene principios de sanación similares al espiritismo y la santería. Sin embargo, a diferencia de el sanador espiritista y el santero, el chamán es un experto en las técnicas del extasis, es un viajero del tiempo y, mediante su imaginación, se transporta a una realidad no ordinaria. El chamán es además un intermediario entre su comunidad y los dioses. En ocasiones tiene que librar batallas de vida o muerte con seres transpersonales que atentan contra el bienestar del individuo y de la comunidad.

Es importante aclarar que el chamanismo no es un fenómeno homogéneo, y no se practica de forma similar através de todo el mundo. En por eso que el generalizar en relación a este sistema de ayuda no es adecuado ya que lo correcto sería hablar de una pluralidad de chamanismos (Atkinson, 1992). Sin embargo, como una manera de simplificar la discusión, presentaremos los elementos comunes que tienden a manifestarse en los diferentes tipos de chamanismos.

Visión de mundo
Para el chamán, el universo está dividido en tres mundos: el mundo subterráneo, el mundo intermedio y el mundo superior (Vitebsky, 1995). A estos tres mundos se les conoce en varias culturas como “el árbol del mundo”. En el mundo subterráneo se encuentran los animales de poder y los espíritus de los muertos. En este mundo (representado por las raíces del árbol) el chamán se enfrenta a todo lo que atenta en contra de la salud del individuo. También, en el mundo subterráneo se encuentran sus guías espirituales y las almas pérdidas de sus pacientes. El mundo superior (representado por las ramas del árbol) es aquel en donde habitan los maestros espirituales, los angeles, los dioses y los espíritus superiores. Los chamanes viajan al mundo superior para obtener conocimiento y sabiduría. El mundo intermedio (representado por el tronco del árbol) es aquel en el cual viven los seres humanos y constituye la realidad ordinaria. Los chamanes pueden viajar a este mundo para controlar el mal tiempo y conocer lo que esta pasando en otros sitios. Estos tres mundos están conectados através de un eje.

La visión de la realidad del chamán es una de carácter animista, en el sentido de que el mundo y la naturaleza se experimenta llena de vida, energía e inteligencia (Cowan, 1996). Es por eso que el chamán considera posible conversar con los animales y las plantas, hacerse invisible y volar por los aires. En ese sentido, la realidad ordinaria es solo una de múltiples realidades que se manifiestan en el universo.

Etiología
Para el chamán, una persona puede enfermarse debido a las siguientes causas: pérdida del alma , violación de un tabú, brujería, intrusión de un objeto y posesión espiritual . El chamán considera que el alma de una persona puede dejar su cuerpo y por diferentes razones no poder regresar al mismo. Una de las razones para que el alma no pueda regresar es que puede ser atrapada por brujos y espíritus. Lógicamente, el tratamiento consiste en encontrar el alma y regresarla al cuerpo de la persona. Para esto el chamán tiene que, en un estado de trance, salir de su cuerpo y buscar el alma de la persona en el mundo subterráneo, recuperarla y devolvérsela al individuo.

La segunda causa por la cual una persona puede enfermarse, violación de un tabú, se refiere a cuando una persona se comporta de forma indebida y transgrede las normas morales de la comunidad. Los tabúes pueden incluir alimentos que no se pueden comer y rituales que prescriben lo que se debe o no se debe hacer. La persona que ha violado algún tabú va a experimentar síntomas físicos y emocionales, y para ayudarla, el chamán estimula la confesión pública de parte del transgresor.

El tercer tipo de causa, brujería, se refiere a la idea de que una persona puede enfermarse debido a la intención malévola de otra persona, la cual es conocida por brujo. Usualmente, el chamán trata de contrarestar esta influencia devolviéndola al que la originó para que así el poder malévolo pueda ser destruido.
En el chamanismo también se cree que las enfermedades pueden ser causadas por objetos que entran al cuerpo de la persona y deben ser removidos para que recobre la salud. La intrusión puede ser desde una piedra hasta animales tales como arañas y lagartijos. El chamán tiende a remover las intrusiones chupando fuertemente con su boca en la parte del cuerpo en donde está localizada la misma.

Por último, una persona puede enfermarse debido a que su conducta está siendo controlada por los espíritus. Esta posesión lleva a la persona a comportarse anormalmente y a experimentar síntomas como mareos y ataques de coraje. El chamán puede tratar de llevar a cabo un exorcismo de las siguientes maneras (Rogers, 1982):

1. Puede conversar con el espíritu con el objetivo de persuadirlo para que no intervenga mas en la vida del individuo.
2. Puede enviar a su guía espiritual para que luche con el espíritu y éste decida abandonar el cuerpo de la persona.
3. Puede utilizar métodos que hagan que el cuerpo de la persona poseída no sea un lugar agradable para el espíritu. El chamán puede darle al paciente una poción con un sabor desagrable. También, el cuerpo del paciente puede ser cubierto con orina y excremento para obligar al espíritu a salir del cuerpo.
4. Puede utilizar amuletos u objetos que tengan el poder de repeler los espíritus causantes de enfermedad.

El chamán considera que la enfermedad puede ser transferida del paciente a objetos animados o inanimados, tales como animales, piedras y vegetales. El chamán puede también transferir la enfermedad del paciente a su cuerpo para después expulsarla del mismo en un lugar apartado.

Para el chamán, el propósito de la práctica de la sanación no es evitar la muerte ni el dolor sino ayudar al individuo a conectarse con su alma y encontrarle significado a la vida. Desde esta perspectiva , la enfermedad tiene su origen y significado en el mundo espiritual. Tener salud significa estar en armonía con las diferentes dimensiones de la vida (Meadows, 1991).

Proceso de convertirse en chamán
¿ Quién se convierte en chamán?

Usualmente los individuos se inician en el chamanismo de tres formas principales: auto-selección, transmisión hereditaria y la confrontación de una crisis que los lleva a considerar el rol de chamán . No importa cual sea el método de selección, el futuro chamán debe participar de un período de adiestramiento riguroso y pasar una serie de pruebas.

El chamán usualmente es una persona con unas características muy especiales dentro de una cultura. Por ejemplo, en algunas culturas el que una persona nazca con una deformidad física es signo de que puede ser chamán. En otras, si una persona logra sobrevivir a la descarga de un rayo tiene entonces potencial chamánico y en algunas comunidades ser mujer es un requisito para poder convertirse en chamán. Varias culturas entienden que para ser chamán hay primero que estar enfermo, física o emocionalmente, y pasar por el proceso de curarse de esa enfermedad.

Etapas en el proceso de convertirse en chamán

En la mayor parte de las culturas convertirse en chamán requiere un proceso que se caracteriza por períodos extensos de soledad y aislamiento. El futuro chamán tiene que enfrentarse a diferentes tipos de sacrificios, pruebas y aprendizaje. Grim (1983) ha identificado tres etapas principales: el llamado de los espíritus, la enfermedad o el abandono de las actividades sociales y el surgimiento del chamán.

Rituales para entrar al estado chamánico de conciencia

El chamán utiliza una gran variedad de rituales para alterar su conciencia y lograr un estado de trance (Achterberg, 1985). A continuación se describen algunos de ellos:
1. Condiciones de altas temperaturas: Los nativos americanos utilizan un ritual de sanación conocido como “sweat lodge”. Este ritual requiere un lugar cerrado en el cual se ponen piedras que han sido calentadas por horas. Las personas se sientan en el centro y experimentan el calor intenso generado por las rocas. Estas altas temperaturas producen cambios fisiológicos que alteran el ritmo cardiáco, producen náuseas y mareos.
2. Deprivación física y sensorial: Antes de realizar algún tipo de trabajo el chamán puede ayunar o dejar de dormir por varias noches. En algunas culturas el chamán se abstiene sexualmente por un tiempo determinado cuando va a relizar algún ritual importante. También, para facilitar la deprivación sensorial la mayor parte del trabajo chamánico se hace en la obscuridad o con los ojos cerrados.
3. Uso de plantas sagradas:

Las plantas que causan visiones y alucinaciones tienen un rol importante en el chamanismo que se practica en diferentes partes del mundo. El chamán las utiliza como una manera de facilitar el acceso al mundo espiritual através de la experiencia del trance. Sin embargo, es necesario aclarar que las plantas no son esenciales para el trabajo chámanico. Debido a que las drogas que producen estas plantas se utilizan con un propósito espiritual se consideran sagradas. Algunas de las plantas que se utilizan son peyote, ayahuasca, datura y el cactus de San Pedro.

4. Estímulos auditivos

El chamán utiliza el sonido del tambor , las maracas y otros instrumentos de percusión como una manera de alterar su consciencia y tener contacto con otras dimensiones. Jilek (1974) encontró que el sonido de tambor produce frecuencias caraterísticas de las ondas thetas, las cuales están asociadas con los estados de sueño, hipnosis y trance.

El chamán tiene “canciones de poder” que usa como una forma de ponerse en sintonía con el mundo espiritual y protegerse de malas influencias. Cada chamán tiene sus canciones de poder que recibe de sus guías espirituales. Usualmente, el chamán mientras canta, ejecuta una danza con el objetivo de facilitar el acceso al mundo espiritual.
Iniciación chamánica

La iniciación chamánica es un proceso complejo y doloroso en donde muchas veces la salud mental y física del individuo está en juego. Es un período en donde la persona interactúa con el mundo de los espíritus con el objetivo de aprender sobre la naturaleza de las enfermedades y las formas de curarlas. En algunas ocasiones la iniciación envuelve también retirarse a un lugar apartado y solitario en donde se tienen visiones producidas por alucinógenos. El futuro chamán experimenta visiones espirituales que le permiten transformar su personalidad y adquirir poderes que facilitarán su trabajo como sanador.

Una temática predominante en la iniciación chamánica es la muerte y el renacimiento. El chamán tiene visiones en donde percibe su cuerpo desmembrado o se percibe como un esqueleto. En estas visiones, el futuro chamán experimenta su muerte para luego resucitar como una persona transformada totalmente.

Otro tema común en la iniciación chamánica es el carácter sexual y erótico de la relación entre el chamán y su espíritu guía. Muchos chamanes se refieren a su espíritu de poder como su esposa/o espiritual y describen experiencias de tipo sexual con los mismos

Espíritus de poder y maestros

Para poder realizar cualquier tipo de tarea , el chamán debe pedir la ayuda de sus espíritus de poder que se encargaran de protegerlo y orientarlo (Brown, 1994). El chamán cuenta con una gran gama de entidades espirituales a su disposición: ancestros, plantas y animales de poder. Sin el espíritu guardian es imposible ser chamán debido a que este poder lo protege del mal que debe confrontar para ayudar a su paciente.

Salud mental del chamán
Se ha debatido en la literatura si el chamán tiene o no problemas de salud mental (Noll, 1983; Devereux, 1961; Dow, 1986). En el pasado, se consideraba que el chamán era un individuo que sufría de condiciones como histeria, epilepsia o psicosis. Sin embargo, hoy en día la mayor parte de los académicos están de acuerdo en lo siguiente: No podemos generalizar en relación a la salud mental de los chamanes ya que, a pesar de que algunos tienen problemas de desequilibrio mental, gran parte de ellos son individuos con una gran estabilidad emocional (Noll, 1983; Noel, 1997; Smith, 1997).

Se ha señalado que la iniciación chamánica es una manifestación de enfermedad mental pero que el chamán tiene la capacidad de trascender la misma y obtener un grado de integridad superior a las demás personas de la comunidad. En ese sentido se ha hablado del chamán como un sanador herido porque ha logrado curarse de una condición incapacitante y ese mismo proceso lo ha ayudado ha desarrollar la capacidad para ayudar a otros.

Nos parece que el problema radica en aplicar los conceptos occidentales sobre lo que es la realidad a las experiencias del chamán, una actitud que Harner ha llamado “cognicentrismo”. El hacer esto tendrá como resultado el evaluar las experiencias chamánicas como patológicas. Para entender el mundo del chamán, es necesario considerar el contexto en que se expresan estas experiencias y el signicado que tienen dentro de la cultura. Si hacemos esto entenderemos que usualmente el chamán es un individuo que ha logrado una integración psicológica que le permite ser guía y mentor de su comunidad. En muchos casos ha experimentado la enfermedad en carne propia lo cual le permite tener un entendimiento más profundo de lo que significa la misma.

Apropiación del chamanismo
Los estudios del chamanismo pueden dividirse en dos grandes períodos: 1) una primera etapa en donde se interpreta el chamanismo desde una perspectiva patológica y como una práctica basada en supersticiones; y 2) una segundo período en donde existe una tendencia a romantizar el chamanismo y a utilizarlo como modelo ideal para el desarrollo personal (Cowan, 1996; Meadows, 1991).

En el primer período los científicos sociales se interesaron en el chamanismo por ser una práctica cultural de pueblos “subdesarrollados” y por su carácter excéntrico. Esta actitud los llevó a considerar al chamán como un individuo anormal y con tendencias esquizoides. A finales de los 70’s surge un movimiento que considera que los estudios en torno al chamanismo estaban plagados de prejuicios y etnocentrismo. Esta reconsideración y revaloración del chamanismo ha tenido como consecuencia que se interesen por el mismo grupos de la nueva era, escuelas de psicología transpersonal, la psicología junguiana y movimientos ambientalistas (Noel, 1997; Sandner & Wong, 1997; Smith, 1997). Estos grupos han encontrado en el chamanismo una visión de mundo que se adapta muy bien a sus intereses y perspectivas filosóficas. Debido a esto, hoy encontramos en los Estados Unidos y otras partes del mundo centros de estudios chamánicos que tienen como objetivo enseñarle a las personas a utilizar las técnicas chamánicas para su desarrollo personal y resolución de problemas (Harner, 1990; Ingerman, 1991, 1993). Existen también enfoques terapéuticos basados en el chamanismo y modelos de servicios de salud mental que intentan integrar métodos chamánicos (Doore, 1988).

Esta apropiación del chamanismo por los occidentales ha sido criticada por varios investigadores (Noel, 1997; Atkinson, 1992). Se argumenta que el proceso de convertirse en chamán se da en un contexto cultural diferente al de la sociedad contemporánea. De acuerdo a esta lógica, enseñarle a un occidental a convertirse en chamán puede ser contraproducente e inapropiado. Además, se considera que se están utilizando y explotando estas técnicas chamánicas sin ningún tipo de conciencia sobre las consecuencias para el individuo y la sociedad.

Conclusión
Podemos resumir diciendo que el sistema del chamanismo tiene las siguientes características:
1. El chamán a través de un estado alterado de conciencia tiene la capacidad de comunicarse con un realidad alterna.
2. El chamán cultiva relaciones con animales de poder, espíritus guías y otros seres sobrenaturales.
3. El chamán utiliza técnicas de sanación tales como extracción de objetos, recuperación del alma y rituales de danza.
4. El chamán valora objetos y lugares especiales que facilitan su desarrollo como sanador.

Las similaridades entre el chamanismo y los dos sistemas de ayuda que hemos discutido (espiritismo y santería) son obvias. En en estos tres sistemas de ayuda el sanador trabaja bajo un estado alterno de conciencia (trance) que le permite comunicarse con otras realidades. El santero, el médium espiritista y el chamán utilizan la ayuda de seres transpersonales para lograr ayudar a sus clientes. Algunas técnicas que utiliza el chamán se parecen a las del santero y el médium espiritista. Por ejemplo, la extracción chamánica puede compararse con los despojos y el trabajo de causas. En el espiritismo y la santería se cree también que algunos objetos tienen poder (resguardos y amuletos) como en el chamanismo.

La principal diferencia entre el chamanismo y los sistemas folclóricos que se practican en Puerto Rico radica en que el chamán realiza un viaje para comunicarse con las otras realidades mientras que el santero y el médium espiritista no llevan a cabo este tipo de jornada. En el espiritismo y la santería los prácticantes son “poseídos” o montados por los seres espirituales.

El chamanismo contiene principios universales de sanación que van a manifestarse en otros sistemas de ayuda. En ese sentido este sistema tiene bases arquetipales que trascienden el tiempo y el espacio. El chamanismo seguirá vigente en el próximo milenio pues es un patrón de conducta enraízado en la psique de los seres humanos.

Jung y el espiritismo

Arquetipos, espíritus y complejos:
El espiritismo a la luz de la psicología junguiana

En la última década se ha renovado el interés en la psicología de Carl G. Jung. Sus teorías sobre la psicoterapia y el desarrollo de la personalidad han captado la atención de investigadores en diferentes campos (Coward, 1985; OdajnyK, 1976; Zavala, 1982). Sin embargo, un área en la cual no hay suficiente trabajo es en la aplicación de la psicología de Jung a los sistemas de ayuda no occidentales. Un ejemplo de este tipo de trabajo fue presentado por Sandner (1979), quien analizó los rituales de sanación de los Navaho utilizando el enfoque de Jung.

En este trabajo compararé la psicología analítica de Jung con el Espiritismo. La psicología jungiana y el espiritismo tienen varias similaridades en torno a la concepción de los procesos terapéuticos. Estas similaridades sugieren que los procesos de sanación tienen propiedades genéricas que se manifiestan en varios sistemas terapéuticos. Además, mediante el análisis del desarrollo de Jung como terapeuta, estableceré paralelos entre su desarrollo como terapista y el proceso de convertirse en sanador espiritista.

Comenzaré discutiendo el interés de Jung por el espiritualismo y como el mismo influye en el desarrollo de su sistema psicológico. Describiré sus creencias en los espíritus y la forma en que éstas dan forma a su trabajo como terapista. En la segunda parte del trabajo presentaré las similaridades y diferencias entre ambos sistemas tomando como base el proceso de ayuda.

Experiencias de Jung con los espíritus
Carl Jung es una de las figuras más destacadas en la historia de la psiquiatría y la psicología contemporánea. Su proceso de convertirse en terapista tiene similaridades con la forma en que un puertorriqueño desarrolla facultades para convertirse en sanador espiritista. Sus ansias de entender los procesos psíquicos y espirituales del ser humano lo llevaron a explorar dimensiones que generalmente no son estudiadas por la psicología tradicional.

Siendo un estudiante universitario, Jung se interesó profundamente por las obras de William Crookes, Emmanuel Swedenborg y otros pensadores espiritualistas. El discutía estas ideas con sus compañeros de clase, pero la mayoría de ellos reaccionaban defensivamente y no estaban abiertos a la posibilidad de los fenómenos espiritistas. En relación a esto Jung nos dice: “yo encuentro estas posibilidades extremadamente interesantes y atractivas. Ellas añaden otra dimensión a mi vida, el mundo adquiere profundidad y perspectiva” (1965, p. 99).

En 1897 Jung, mientras estudiaba en la Universidad de Basel, ofreció una conferencia sobre ocultismo y parapsicología. En esta presentación habló sobre la realidad de los espíritus y el espiritualismo, basándose en los fenómenos de telekinesis, los mensajes de personas muertas, clarividencia y sueños proféticos (Jung, 1983).

En 1898 Jung empezó a asistir a sesiones espiritistas todos los sábados por la noche junto a sus familiares. En estas sesiones conoció a una adolescente de quince años llamada Helene Preiswick, quien producía fenómenos espiritistas y sonambulísticos. De estas experiencias y observaciones surgió la disertación doctoral de Jung titulada Acerca de la psicología y patología de los llamados fenómenos ocultos. , la cual analiza sesiones en las cuales la joven Helene participó. Jung se interesó en explicar la naturaleza y dinámica de las entidades espirituales que se comunicaban a través de esta adolescente, concluyendo que estas “personalidades eran posiblemente representaciones de aspectos inconscientes que se han disociado de la personalidad consciente del sujeto”(1977, p. 80). Refiriéndose a estas investigaciones Jung declaró lo siguiente: “… esta fue la experiencia mayor… que hizo posible que lograra un punto de vista psicológico” (1977, p 80).

En 1919 Jung presentó una conferencia en una reunión de La Sociedad Británica para la Investigación Psíquica titulada La base psicológica de la creencia en los espíritus. Jung se limitó al aspecto psicológico del problema y evitó lidiar con la realidad objetiva de los espíritus. Definió los espíritus como “complejos autónomos inconscientes que aparecen como proyecciones porque no tienen asociación directa con el ego” (1977, p.116). Estos pueden ser tanto fantasías patológicas como algo nuevo y desconocido (1977, p. 116). Además, Jung relacionó el mundo espiritual con el inconsciente colectivo y a los espíritus con los arquetipos.

De acuerdo a Jung la posesión espiritual puede explicarse psicológicamente como la “invasión de un complejo del inconciente colectivo” (p. 119). Esta invasión puede ser peligrosa, produciendo síntomas como depresión, ansiedad y alucinaciones.

Jung añadió una nota al calce con el propósito de corregir y expandir la siguiente oración: “… no existe prueba de la existencia de los espíritus, y hasta tanto no tengamos esa prueba debo considerar este territorio como un apéndice de la psicología” (1977, p. 125). La nota al calce es la siguiente:
Después de haber recogido las experiencias psicológicas
de muchas personas y países por 50 años, no me siento tan seguro como me sentía en 1919, cuando escribí esta oración. Dudo que una orientación exclusivamente psicológica pueda hacerle justicia al fenómeno en cuestión (1977, p. 125).

A mi entender, Jung tenía bastante resistencia a tratar el tema de la existencia de los espíritus fuera de una conceptualización psicológica y mentalista. Por otro lado, quería mantener su reputación como científico y pensaba que el tratar este tema lo llevaría fuera del racionalismo y la ciencia de su época. Sabía que la orientación psicológica que ofreció en esta conferencia era incompleta y no le hacía justicia al tema de la existencia de los espíritus.

El concepto de “espíritus” no solo influye en el desarrollo de la teoría de Jung sino que se encuentra presente en muchas de sus experiencias personales. Los escritos de Jung nos ofrecen muy poca luz sobre su vida y experiencias personales con la excepción de su autobiografía, la que comenzó a escribir cuando tenía más de ochenta años y llamó Memorias, sueños, pensamientos. En el capítulo “Confrontación con el inconsciente”, Jung nos describe la crisis espiritual que experimentó entre los años 1912 y 1917. Este fue un período crucial en términos de su desarrollo personal y la estructura de su teoría debido a que decidió emprender el viaje hacia el inconsciente colectivo y explorar todas aquellas dimensiones ocultas de su personalidad.

Estos experimentos con el inconciente llevaron a Jung a conocer figuras psiquícas como Elijah, Salome, Philemon and Ka, considerándolas personificaciones de arquetipos del inconciente colectivo. Jung describe su relación con Philemón de la siguiente manera:
Philemon y otros seres de mis fantasías me ofrecieron el entendimiento de que existen cosas en la mente que yo no produzco, pero que se producen a sí mismas y tienen su propia vida. Philemon representó una fuerza distinta a mi. En mis fantasías tenía conversaciones con él y me dijo cosas de las cuales yo no estaba consciente. A veces él parecía bastante real, como si tuviera vida propia…. Yo caminaba con él y para mí era lo que los hindúes llaman un guru (1965, p.187).

De acuerdo a Jung, Philemon era la personificación de un arquetipo del inconsciente. Este se materializaba y tenía conversaciones con Jung, educando a Jung en materias que este desconocía. Es obvio que la relación que existía entre Jung y Philemon es similar a la que existe entre el sanador espiritista y su guía espiritual.

Para el mismo tiempo, Jung escuchó la voz de una mujer dentro de él (1965, p. 185) y estas experiencias con esta figura interna dieron origen al concepto del ánima. El le escribía cartas a su ánima tratando de distinguir entre él y la figura femenina.

Estas experiencias culminan en un trabajo que Jung llamó Los siete sermones a los muertos. ¿Qué llevó a Jung a escribir un trabajo dedicado a los muertos? En una ocasión Jung empezó a sentir y experimentar la presencia de “seres espirituales” en su casa. Un gran número de eventos extraños fueron presenciados por él y su familia. Las hijas de Jung veían figuras que caminaban por la casa. Jung describe esta situación de la siguiente manera:
Existía una atmósfera extrañamente cargada a mi alrededor y tenía la impresión de que el aire estaba lleno de entes fantasmagóricos. Entonces empezaron a rondar duendes por la casa: mi hija mayor veía por la noche una figura blanca atravesar la habitación. (1965, p. 189)

En un momento de desesperación y ansiedad, Jung le preguntó al grupo de “espíritus” cuales eran sus intenciones y ellos le contestaron: “Hemos regresado de Jerusalem donde no encontramos lo que buscamos”(1965, p. 190). Con esta oración es que Jung empieza a escribir Los siete sermones a los muertos con el objetivo de educar a estos espíritus y ayudarles a encontrar lo que buscaban. En el momento en que Jung empezó a escribir este mensaje los seres espirituales desaparecieron de su casa y la atmósfera volvió a tener la tranquilidad de siempre.

¿Quiénes eran estos espíritus para Jung? Para explicar estas experiencias Jung continúa relacionando el inconsciente con “la tierra de los muertos”. Para Jung las conversaciones con los muertos fueron muy importantes porque se convirtieron en “un preludio de lo que tenía que comunicarle al mundo sobre el inconsciente” (1965, p. 192).

Otra experiencia relacionada al mundo de los espíritus que Jung relata ocurrió cuando éste estaba pensando acerca de la súbita muerte de un amigo y de momento sintió su presencia en el cuarto. Jung le siguió en su imaginación y ambos llegaron a la casa del amigo. El espíritu de su amigo le mostró el segundo de cinco libros con carpeta roja que se encontraban en la segunda tablilla de un estante. La mañana siguiente Jung fue a visitar a la viuda de su amigo y le preguntó si podía buscar algo en la biblioteca de éste. Jung encontró los cinco libros de carpeta roja que el espíritu de su amigo le había mostrado el día anterior en su visión. El segundo libro de éstos se titulaba El legado de los muertos de Emile Zola.

Otra experiencia que Jung tuvo con el mundo espiritual ocurrió en 1963 cuando trataba de ayudar a un profesor que padecía de imsomnio crónico (McGuire & Hull, 1977). La intuición le decía que el paciente debía aprender a relajarse. Sin embargo, él no estaba seguro de como hacer eso. Luego Jung escuchó la voz de su madre muerta cantándole una canción de cuna a su hermana cuando ella era una niña. La misma trataba sobre una pequeña niña que se sentaba en un bote para cruzar el río Rino. Después de eso Jung cantó a su paciente una canción de cuna. El profesor se fue directo a la cama y durmió como un niño, sin nunca volver a tener problemas de insomnio.

Los espíritus como verdades psíquicas
Lo físico no es el único criterio de la verdad: hay también verdades psíquicas que no pueden ser explicadas ni probadas de una manera física (Jung, 1952, p. 553).

¿Qué son los espíritus para Jung? El estaba muy interesado en contestar esta pregunta, sin embargo no fue muy consistente en sus respuestas. Una de las razones para ésto es que algunas veces él respondía como el ser humano que reaccionaba con sus sentimientos y emociones, mientras en otras ocasiones respondía como el científico que no podía considerar la realidad de los espíritus. Jung necesitaba serle fiel a la ciencia. En mi opinión el desarrollo de los conceptos de arquetipos y del inconciente colectivo fueron, en alguna forma, un intento de explicar y entender sus experiencias con los “espíritus”.

En 1946 Jung le escribió una carta al Dr. Kunken, un psicoterapeuta alemán, en la cuál hizo una revelación que nos ayuda a entender su posición acerca de la realidad de los espíritus al final de su carrera:
Yo discutí acerca de la prueba de la identidad de los espíritus con un amigo de William James, el profesor Hyslop. El admitió que estos fenómenos metafísicos podrían ser mejor explicados por la hipótesis de los espíritus que por las cualidades y peculiaridades del inconsciente. En base a mi propia experiencia tengo que reconocer que él está en lo correcto. En cada caso individual debo por necesidad ser escéptico, pero tengo que admitir que la hipótesis de los espíritus ofrece mejores resultados que alguna otra (1973,
p.431).

En la misma carta Jung comentó acerca de un libro escrito por Stewart Edward White, The unobstructed universe. Este libro es una colección de mensajes que el autor recibió del espíritu de su esposa Betty a través de un médium. Luego de considerar la hipótesis de que Betty era el ánima del autor Jung concluyó lo siguiente:
Betty se comporta como una mujer real y no como un ánima. Esto parece indicar que Betty es ella misma en vez de un ánima. Es posible, que con la ayuda de tales criterios, podremos algún día tener éxito en establecer, al menos indirectamente, si es un asunto del ánima (el cual es un arquetipo que nunca falta en la psicología masculina) o es un espíritu. En relación a Betty estoy reacio a negar su realidad como espíritu; estoy inclinado a asumir que ella es más probablemente un espíritu que un arquetipo, aunque pudiera representar a ambos al mismo tiempo. Me parece que los espíritus tienden a mezclarse con los arquetipos. Los arquetipos pueden comportarse exactamente como los espíritus y comunicaciones como las de Betty pueden venir también de un arquetipo genuino (1972, p. 432).

El párrafo anterior tiene implicaciones profundas para la práctica del espiritismo y la psicología analítica. En el Jung considera la idea de que los espíritus no son sólo manifestaciones arquetipales, sino que son reales. Más aún, la aseveración de que los espíritus tienden a “mezclarse” con los arquetipos tiene implicaciones para ambos sistemas de curación. Si los espíritus, arquetipos y los espíritus-arquetipos (unión de espíritu con arquetipo) son reales, ¿cómo podemos diferenciar entre ellos? ¿Acaso los sanadores espirituales utilizan métodos que ayudan al cliente a integrar complejos? ¿Aparecen los complejos como espíritus en las sesiones espiritistas? ¿Aparecen los espíritus como complejos en la terapia jungiana?
¿Cómo interpretarían los sanadores espiritistas las experiencias de Jung con los espíritus? Probablemente dirían que Jung estaba desarrollando sus facultades como médium, haciendo contacto con el mundo espiritual. Philemon sería visto como el guía espiritual y recurso principal para desarrollar esas facultades. El ánima sería entendida como el espíritu que estaba enamorado de Jung en una vida anterior. Los siete sermones a los muertos sería interpretado como un ejemplo de escritura automática dictado por sus guías espirituales con el objetivo de educar a los espíritus ignorantes. Dejaron a Jung en paz cuando fueron encaminados de forma apropiada.

Etiología de las enfermedades
De acuerdo a la psicología analítica los complejos son personalidades parciales o fragmentadas, las cuales son autónomas del ego. Los complejos tienen intención y son capaces de alcanzar una meta. Contienen imágenes, sentimientos y cualidades. Jung se refería a los complejos como “pequeños demonios.” La influencia de los complejos es descrita por Jung de la siguiente forma:
El complejo tiene algún tipo de cuerpo, cierta cantidad de su propia fisiología. Puede causar malestares estomacales. Puede causar problemas respiratorios, afectar el corazón y se comporta como una personalidad parcial. En ocasiones cuando uno quiere decir o hacer algo y desafortunadamente el complejo interfiere; uno hace o dice algo diferente a lo que realmente quería hacer (1934, p.72).

El sanador espiritista utiliza un lenguaje similar para describir la influencia de los espíritus ignorantes. Los espíritus pueden enfermar a la persona afectando el estómago y la respiración. En algunas ocasiones los espíritus pueden ocasionar daños o enfermedades físicas en el cliente porque tienen el poder de controlar el comportamiento de las personas.

Jung señaló que existen dos tipos de complejos: complejos asociados con el inconciente personal (soul-complexes) y complejos asociados con el inconciente colectivo (spirit-complexes). Para Jung la neurosis era causada por un complejo del inconsciente personal que se disocia del ego y se reprime (1977, p. 118). Por otro lado, Jung interpretó la psicosis como causada por un complejo del inconciente colectivo que invade al ego y posee al individuo. Si el complejo “pudiese ser removido nuevamente del conciente, el paciente se sentiría relajado y más normal” (1977, p. 119). Como señaló Jung: “Todos sabemos ahora que la gente posee complejos. Lo que no sabemos muy bien, y que es más importante teóricamente, es que los complejos pueden poseernos a nosotros” (1934, p. 96).

Es muy importante aclarar que los complejos no necesariamente representan psicopatología, debido a que, de acuerdo a Jung, estos constituyen la estructura de la psiquis (Whitmont, 1969). Se convierten en patológicos cuando nos poseen y no estamos concientes de los mismos. En este sentido es necesario distinguir entre los complejos patológicos y los saludables (Jacobi, 1959).

Se puede concluir de este análisis que la psicosis es conceptualizada en la psicología analítica como posesión por complejos, mientras que las condiciones neuróticas son explicadas como desprendimientos de los complejos que deben estar asociados al ego (Sandner & Beebe, 1982). De manera similar a la concepción junguiana de las enfermedades mentales , el sanador espiritista cree que las enfermedades mentales pueden ser explicadas como posesiones de espíritus ignorantes o como pérdida de protección por los espíritus guías. Cuando una persona está bajo la influencia de los espíritus ignorantes puede sentir síntomas como depresión, ansiedad y estrés. También, los sanadores espiritistas creen que cuando una persona pierde contacto con su espíritu guía se encuentra abierta a influencias negativas.

Enseñando y aprendiendo
Aparentemente las almas de los muertos solamente conocen lo que sabían al momento de su muerte, y nada más. Es por eso que las mismas muestran interés en intervenir en la vida para poder obtener conocimiento de los hombres. Frecuentemente tengo el sentir de que están parados justo detrás de nosotros, esperando a escuchar la contestación que les vamos a dar… Aparentemente dependen de los vivos para recibir respuestas a sus preguntas….(1965, p. 308)

El espiritismo, al igual que la psicología analítica, sugiere que el proceso de ayuda envuelve un proceso dialéctico en donde se educan a seres transpersonales (arquetipos o espíritus) y también se aprende de los mismos. Para poder ser sanados debemos convertirnos en estudiantes y maestros de estos seres transpersonales. En el espiritismo la persona debe convertirse en maestro de los espíritus ignorantes pero también necesita ser educado por sus espíritus guías. Los sanadores espiritistas recalcan la importancia de educar a los espíritus ignorantes con el propósito de ayudarlos a reconocer que necesitan modificar su comportamiento y dejar de hacer daño a los individuos.

Similarmente, en la autobiografía de Jung, se recalca la importancia de educar a los “espíritus de los muertos” o las figuras del inconciente. Como señaló Jung:
Muy temprano aprendí que era necesario para mí el instruir las figuras del inconciente, o el otro grupo que usualmente no se distingue de ellos, “los espíritus de los muertos.” (1965, p. 306).

Más aún, Jung describió cómo educaba a los espíritus en algunos de sus sueños. Por ejemplo, en 1922 soñó sobre su padre muerto. Su padre le preguntó sobre psicología del matrimonio y aparentaba estar muy preocupado. Jung no podía entender el sueño hasta que su madre murió en 1923. Luego le pareció que su padre estaba preocupado por el cambio en su situación, debido a la muerte de su esposa, y quería consultarlo como psicólogo, “ya que su padre reanudaría esta relación nuevamente “(1965, p. 315).

Otro sueño de Jung que presenta su interés en educar a los espíritus fue sobre un grupo de espíritus distinguidos de los siglos anteriores que mantenían una discusión en Latín. Uno de los espíritus le preguntó a Jung algo que no pudo contestar, lo que resultó tan humillante que lo hizo despertar. Jung aceptó que este espíritu era un espíritu ancestral que quería saber algo que él no pudo decirle. El le había fallado al espíritu (Jung, 1965, p. 307).

Uno de los pacientes de Jung tuvo un sueño que representó una confirmación sobre las funciones importantes de educar a los espíritus. Dos meses antes de su muerte, ella soñó que había entrado al “mas allá” y se encontraba en un salón de clases, con varios amigos que estaban muertos sentados en las sillas del frente. Pero no había un maestro ni un conferenciante. De pronto se dió cuenta de que ella era la conferenciante y que se esperaba que diera un recuento de su vida, debido a que los espíritus estaban altamente interesados en las experiencias que traían consigo los recién llegados (1965, p. 305).

Ambos sistemas de curación utilizan como recursos arquetipos o espíritus que pueden convertirse en maestros para la persona. De la misma forma en que existen arquetipos y espíritus que deben ser educados, también hay arquetipos y espíritus que pueden convertirse en guías del individuo. En las curaciones espiritistas los clientes son motivados a conocer y hacer contacto con los guías espirituales. Jung ha descrito cuan significativo fue el tener contacto con Philemon, un arquetipo que representaba para él un tipo de “gurú.”

Métodos para educar
Educar las figuras del inconciente o a los espíritus y aprender de ellos envuelve en ambos sistemas el desarrollo de diálogos. Dentro de la perspectiva junguiana, Watkins (1990) ha escrito sobre la importancia de “diálogos imaginarios” entre el yo y “otras figuras imaginarias” (imaginal others). Watkins también ha recalcado la realidad de las figuras imaginarias en la vida del individuo y la importancia de “revitalizar” el ego para poder desarrollar la habilidad de permitir que otras voces hablen. Si consideramos que las otras voces imaginarias también pueden ser entendidas como espíritus, la idea de Watkins apoya la noción espiritista que es por medio del diálogo con los espíritus y el reconocimiento de su autonomía que ocurre la sanación.

Apoyando la importancia del acto de imaginar para el proceso de desarrollo, Hillman (1975) ha discutido la necesidad de la psique de “personificar”, refiriéndose a la actividad psicológica de convertir en personas psíquicas lo que experimentamos . Similarmente, Jung (1965) declaró que personificar es una de las técnicas terapéuticas más importantes de la psicología analítica:
Lo esencial es diferenciarse de esos contenidos inconcientes mediante la personificación de los mismos, y al mismo tiempo traerlos a una relación con lo conciente. Esa es la técnica para que se les elimine su poder. No es muy difícil personificarlos, ya que ellos siempre poseen cierto grado de autonomía … (1965, p. 187).

Si se sustituye la frase “contenidos inconcientes” por espíritus, los sanadores espiritistas estarían de acuerdo con esta aseveración. Una de las formas en que los espíritus pueden ser personificados es mediante la posesión de los médiums. Los espíritus pueden hablar y expresar sus deseos utilizando a el médium como instrumento. Luego de haber expresado sus deseos, los espíritus ignorantes comienzan a sentirse bien débiles. Señalan que el poder que tenían inicialmente para causar problemas ha desaparecido. Una de las razones para que esto ocurra es debido a las oraciones de los sanadores y otras personas. La personificación de los espíritus ignorantes es un método por el cual se elimina el poder negativo que hayan adquirido los mismos. Además, se ayuda al cliente a diferenciar entre sus propios sentimientos, comportamientos, actitudes y la influencia de los espíritus ignorantes sobre los mismos.

Hillman señala que la personificación protege a la psique de que sea dominada por un solo poder o fuerza; provee un instrumento terapéutico que facilita el que la persona admita que esas figuras le pertenecen y a la misma vez tienen su independencia; al personificarlas las figuras adquieren objetividad y se pueden diferenciar del inconciente y entre ellas mismas.

Una técnica utilizada en la psicología analítica para trabajar con los complejos a través de diálogos es lo que Jung llamó “imaginación activa.” Janet Dallet (1982) define la imaginación activa como un “diálogo con los dioses” (p. 175), incluyendo en el concepto de dioses a los que tradicionalmente se les conoce como “demonios” dentro de la religión. No le gusta utilizar el concepto de arquetipos porque cree que las personas tienden a relacionarse intelectualmente con ellos, sin ningún sentido de lo que significan como experiencia.

El primer paso en la imaginación activa es el dejar a un lado los pensamientos del ego de tal forma que el inconsciente tenga la oportunidad de emerger. Ciertos rituales, tales como el encender una vela, son muy importantes en permitir la manifestación del inconciente (Dallet, 1982). Es muy importante dar forma externa al contenido inconciente a medida que va surgiendo por medio de la poesía, los cuentos, diálogo directo, pintura en barro, escritura automática, música y otros.

Luego de haberle dado forma a las voces del inconciente, el ego confronta el contenido que surja. El ego hace preguntas y presenta sus dudas, emociones, juicios y entendimientos sobre las figuras del inconciente. En este paso es necesario tomar una actitud moral hacia lo que proviene del inconciente y entender el significado de ese contenido. El paso final es llegar a conclusiones y ponerlas a funcionar en la vida cotidiana, aceptando responsabilidad por uno mismo.

Dallet (1982) señaló que la práctica de la imaginación activa puede ser muy peligrosa. El peligro mayor es la posibilidad de sobrecargarse con los contenidos inconcientes. Otro peligro radica en el potencial de inflación que ocurre cuando el cliente es poseído por los complejos. También, existen los peligros de las fantasías que pueden ser realizadas de forma literal, cuando su significado es simbólico.

¿Por qué el cliente tiene que practicar la imaginación activa si resulta peligroso hacerlo? Dallet comentó acerca de este asunto:
La imaginación activa no crea contenidos peligrosos, pero el enfocarse en los mismos puede añadirles poderes. Los componentes existen en cualquier caso, y los mismos tienen efecto, independientemente de si son o no observados. A veces resulta más peligroso que permanezcan en el inconciente que conocerlos por medio de la imaginación activa (1982, p. 188).

Las sesiones espiritistas son un buen ejemplo del uso de imaginación activa en grupos debido a que la meta principal de la sesión espiritista es tener un diálogo con los espíritus. La primera fase de la sesión, llamada “preparación de atmósfera”, consiste de actividades como el encender una vela, limpieza del cuarto y asegurarse que cada médium tenga papel y lápiz (Delgado, 1983). Las oraciones ayudan al participante a concentrarse en los buenos espíritus. Esta fase inicial es similar al primer paso de la imaginación activa. Luego de las oraciones cada médium es poseído por un guía espiritual. En la próxima fase, algunos médiums son poseídos por espíritus ignorantes, mientras otros comienzan a tener visiones y revelaciones. Esta fase es análoga al paso de la imaginación activa en donde el material inconciente comienza a manifestarse. El mundo espiritual inspira a los médiums a escribir mensajes o a dibujar figuras. Estas actividades de escribir y dibujar son esenciales en el proceso de imaginación activa.

La fase de “trabajar la causa” consiste de la interpretación del problema y la elaboración del tratamiento. Delgado comenta acerca del elemento de interpretación:
La interpretación envuelve a un médium que es poseído con un espíritu que aflije a un cliente, y el cliente, junto con los médiums auxiliadores y otros miembros del grupo, preguntan al espíritu a través de este médium. Las preguntas pueden cubrir un intervalo amplio de tópicos, pero generalmente se enfocan en descubrir las razones por las cuales el espíritu le está causando problemas al cliente (1983, p. 20).

Cuando esto se explica en términos de la terapia jungiana, esta fase de las sesiones espiritistas envuelve la confrontación del ego con el material inconciente que ha surgido. Luego de esa confrontación, el sanador comienza a implementar el tratamiento para el cliente.
Terapia en Jung y en el espiritismo
Ellenberger (1972) comentó sobre el rol del analista junguiano en la terapia:

La tarea del terapeuta es tanto facilitar el que los arquetipos emerjan como prevenir la sobremanifestación de los mismos. Cada nuevo arquetipo debe ser interpretado y asimilado por la mente conciente (p. 718).

Similarmente, la tarea del sanador espiritista es facilitar la manifestación de los espíritus. Ellos se convierten en los instrumentos mediante los cuales los espíritus dialogan con sus clientes con el propósito de interpretar los problemas. Mientras el analista junguiano funciona como puente entre el cliente y el inconciente , el sanador espiritista es un intermediario entre el cliente y el mundo espiritual. Este proceso es descrito por Hillman de la siguiente manera:
Los sanadores no existen. Un analista aparenta ser un sanador debido a la visión distorcionada del enfermo, porque el enfermo no puede encontrar la fuente de sanación dentro de sí. No pueden escuchar voces ni entender el lenguaje de los poderes de sanación en el inconciente. Es por eso que el analista debe mediar entre ellos y los dioses–y tal vez entre los dioses mismos (Hillman, 1964, p. 124).

Ellenberger (1972) ha descrito tres etapas principales en la terapia de la psicología de Jung:

1. En la primera etapa el cliente trabaja con la sombra. El individuo debe conocer y asimilar la misma.
2. En la segunda etapa del proceso terapéutico los problemas del ánima y ánimus se manifiestan espontáneamente.
3. En la tercera etapa de la terapia aparece el arquetipo del hombre viejo y sabio.

Resulta muy interesante ver como estas etapas corresponden en cierta forma al proceso de sanación en el espiritismo. El tratamiento para la sombra tiene ciertas similitudes a la transformación de los espíritus ignorantes. Los espíritus ignorantes y la sombra poseen un “lado oscuro” y por esta razón necesitan ser aceptados y perdonados . De esta forma el cliente trascenderá sus influencias negativas.

¿Acaso los sanadores espiritistas trabajan con problemas del anima y el animus? Mi hipótesis es que trabajan con estos aspectos dentro de su tratamiento. El sanador espiritista explica muchos de los problemas espirituales como causados por un espíritu del sexo opuesto que alguna vez estuvo enamorado del cliente, tanto en una vida pasada como en el presente. Estos espíritus causan problemas a los clientes en el matrimonio o en el desarrollo de relaciones íntimas con individuos del sexo opuesto.

El arquetipo del hombre viejo y sabio corresponde en cierta forma a lo que los espiritistas llaman “guías espirituales” o “protecciones.” En el espiritismo es esencial el conocer y comunicarse con los guías espirituales. Estos son elementos muy importantes ya que protegen al cliente de la influencia de espíritus ignorantes y de condiciones negativas. Estos guías espirituales se manifiestan como figuras arquetipales, como por ejemplo un jefe indio, una mujer negra, un sacerdote, una monja, una santa como Santa Teresa de Jesús, entre otros.

Conclusión
Las semejanzas entre la psicología de Jung y el espiritismo son evidentes. En ambos sistemas de sanación se reconoce una dimensión transpersonal y sagrada como elemento integral del proceso de sanación. En el espiritismo la persona tiene que confrontar el mundo espiritual y en la psicología analítica la persona confronta el inconciente colectivo. Esta similaridad fue reconocida por Jung en su autobiografía cuando comparó el inconciente colectivo con la tierra de los muertos (Jung, 1965). Para Jung, el conocimiento de las figuras inconcientes facilitará el proceso de individuación, mientras que en el espiritismo es necesario conocer el mundo espiritual y establecer una relación con los espíritus.

En la psicología de Jung la sanación es un proceso de “exorcisar” ciertos tipos de complejos o integrar otros a la conciencia. Por otro lado, los sanadores espiritistas “exorcisan” espíritus ignorantes con el propósito de sanar un cliente o ayudarlo a identificar sus espíritus guías. En ambos sistemas la sanación representa un proceso en el que se establece un diálogo con una dimensión transpersonal (arquetipos o espíritus). Este diálogo es alcanzado en la psicología analítica por medio de la técnica de imaginación activa y en el espiritismo mediante la celebración de una sesión espiritista y el trabajo de causas.

La sanación en el espiritismo y en la psicología de Jung es un proceso donde se trasciende la perspectiva limitada del ego (“mundo material”) de manera que se haga contacto con una realidad más amplia (mundo espiritual o inconciente colectivo). Ambos sistemas enfatizan la necesidad de trabajar con recursos que van más allá del ego y la conexión con fuerzas que pertenecen a una realidad alterna y sagrada.

Chamanes y Chamanismo. (Distintas versiones de este texto)

por Joaquín Fernandez Cocco

El Chamanismo es un fenómeno complejo y poco conocido realmente. Presenta un conjunto articulado de modos de actuar cuya comprensión es inicialmente difícil. Su origen es detectable en los grupos humanos incluso antes de que se desarrollara la escritura y se habitase en ciudades.

Las prácticas chamánicas son más que una aportación prehistórica o preliteraria a la curación de las enfermedades. Proporcionan una visión del mundo que hoy podemos calificar de “no ordinaria”.
Desde una perspectiva filosófica, permite una mejor comprensión formal del llamado pensamiento analógico. Esta forma del pensar es tan nuclear al chamanismo como el pensamiento lógico lo es al mundo científico.

El ser humano puede, probablemente, entenderse a sí mismo desde una perspectiva más amplia al conocer sus primeras respuestas frente al dolor, la enfermedad y la muerte. Este conocimiento puede contribuir al bienestar y la salud, en la medida en que proporciona un mejor entendimiento práctico y natural de la conexión de la persona con la totalidad de sí mismo, incluyendo su entorno, su ecosistema de referencia. El chamán es un superviviente, ha pasado de una manera o de otra por el dolor, la enfermedad y la muerte.

Una de las cuestiones que hacen del fenómeno chamánico un hecho admirable es su presencia generalizada entre todos los grupos que formaron nuestros antepasados. Sus prácticas, aunque se desarrollen en el momento actual, funcionan con elementos, referencias básicas, símbolos arcaicos y emociones, ya presentes desde el origen de la humanidad. Al estudiar la distribución geográfica de las practicas chamanicas es de resaltar la presencia de actividades análogas en los cinco continentes.

El mapa del mundo en que opera o trabaja el Chamán puede ser entendido desde lo que psicológicamente se llaman “estados modificados de conciencia”. Tales estados, a los que se accede generalmente a través de un período de transición, a veces son identificados como trance o viaje. Evidentemente un estado modificado de conciencia es un período de transición entre dos estados habituales de conciencia. Pero además los estados modificados se desarrollan ordinariamente en tres períodos:

1) Transición al estado.
2) Estado modificado propiamente dicho.
3) Transición al estado habitual.

En ellos entran no solo el sanador sino también la persona atendida y frecuentemente los demás participantes. Para modificar el estado de conciencia existen muy diversas estrategias, la mayor parte de las cuales no incluyen la utilización de sustancias psicoactivas. A medida que se adquiere experiencia es más fácil realizar la entrada en ellos. Lo mismo que ocurre al practicar técnicas de relajación.

A lo largo de la propia jornada se producen cambios naturales en el estado de conciencia. Durante el período del sueño se dan modificaciones de distintas características en el nivel de conciencia y en los contenidos de la misma. Una de las hipótesis para explicarlos es que suponen la posibilidad de pasar desde la conciencia habitual a la del mundo de los sueños sin pasar por las fases relajantes del comienzo del dormir.

Origen de la palabra chamán
El término chamán tiene un halo de misterioso y puede evocar realidades diversas e incluso contradictorias. Ello no es extraño porque nos refiere a algo de origen ancestral y la propia creación de la cultura nos ha distanciado de sus métodos, muchas veces arcaicos y extremos.

La palabra usada internacionalmente “chamán” es de origen manchú-tungu y llegó al vocabulario etnológico a través del ruso. La palabra tungu original de saman (xaman) se deriva del verbo scha-, “saber”, por lo que chamán significa por tanto alguien que sabe, sabedor, que es un sabio. Algunas investigaciones etimológicas explican que la palabra proviene del sánscrito por mediación chino-budista al manchú-tungu. (En Pali es schamana, en sánscrito sramana es algo así como “monje budista, asceta”. El termino chino intermedio es scha-men). Los pueblos siberianos y de Asia Central tuvieron también denominaciones locales para el chamán. En el turco altaico era kam, en el yacuto ojon (y chamana se decía udujan), en los buriatos böo, en Asia Central bakshi, para los samoyedos tadibe, lapones moita, finlandeses tietöjö y húngaros táltos.

Ese conocimiento o sabiduría, en las lenguas Tungus, implica de una manera o de otra la maestría con los “espíritus”, que a voluntad puede introducir en sí mismo, usando ese poder en su propio interés, particularmente para ayudar a otros que sufren a causa de espíritus.

En relación con el mundo actual se considera lo chamánico como algo que pertenece a zonas geográficas y a grupos alejados, marginales o fronterizos. Como algo conceptualmente difuso.
Incluye en su actividad lo que seria propio de un psiquiatra o psicoterapeuta prehistórico. Especialmente si se considera que “la psicoterapia es un camino para la expansión de la conciencia. Es una actividad en el desarrollo de nuestra vida con la cual nos ayudamos a nosotros mismos y a los otros, para despertar del estupor de la inconsciencia y la ignorancia conociendo quien nosotros somos realmente”( Shainberg 1993)

Existen numerosas definiciones:

“Entre los siberianos y otros grupos de todo el mundo con creencias análogas, es la persona a quien se le atribuyen poderes para curar a los enfermos y comunicarse con el mundo del más allá” (The New Encyclopedia Británica; 1989)

“Curandero indígena que altera deliberadamente su conciencia a fin de obtener conocimiento y poder proveniente del mundo de los espíritus para ayudar y curar a los miembros de su tribu” (Krippner; 1988)

Entre los Ojibway en Canadá ” es la persona, hombre o mujer que experimenta, absorbe y comunica una especial forma de apoyo, de poder sanador” (Grim; 1983)

“El que conoce las técnicas arcaicas del éxtasis” (Eliade)

“Una persona a la que se le atribuyen poderes especiales para comunicarse con los espíritus e influir sobre ellos disociando su alma de su cuerpo. Los espíritus le ayudan a realizar sus tareas que incluyen descubrir la causa de las enfermedades, del hambre y de cualquier desgracia, y de prescribir una cura apropiada. Se les encuentra entre los siberianos y otros pueblos asiáticos; su actividad se desarrolla también entre otras muchas religiones y con otros nombres (The Cambridge Encyclopedia, 1990).

“Una persona dispuesta a confrontar los más grandes miedos y sombras de la vida física”. Y en función de los resultados: “Un curador que ha experimentado el mundo de las tinieblas y que ha confrontado sin miedo su propia sombra tanto como lo diabólico de los otros y que puede con éxito trabajar con las fuerzas de la oscuridad y de la luz” (Sams; 1990)

“Un guía, un sanador, una fuente de conexión social, un mantenedor de los mitos del grupo y de su concepción del mundo” (Walsh; 1990).

Sirve también para referirse a alguien que está “hiperactivo, excitado o en movimiento”, o que es “capaz de calentarse a sí mismo y practicar austeridades” (Walsh; 1990)

“Técnico arquetípico de lo sagrado. Su profesión se desarrolla en el espacio que une la imaginación mítica y la conciencia ordinaria” (Larsen).

“Persona de cualquier sexo que tiene un especial contacto con los espíritus (entendidos como fuerzas no fácilmente evidenciables) y capaz de usar su habilidad para actuar sobre aquellos que están afectados por esos mismos espíritus” (Harner).

“Gran mago y sacerdote de ciertos pueblos primitivos, en especial del Norte de Asia. Entre los más famosos se cuentan los chamanes de Siberia” (Diccionario de las C.O.); El Manual Moderno (1985).

Chamanismo: “El arte eterno de vivir en armonía con la creación” (Matthews en “The celtic shaman”. 1991).

Hay tres elementos clave para definir como chamanes a quienes:

Pueden voluntariamente entrar en estados alterados de conciencia.

En esos estados se experimentan a sí mismos “viajando”.

Y utilizan esos viajes como un método para adquirir conocimiento o poder y para ayudar a la gente de su comunidad”. (Walsh, 1990).

Para buscar grupos que actualmente presenten individuos que practican el chamanismo resulta preciso irse a los márgenes de lo que llamamos mundo civilizado. Por el hecho de encontrarse vinculado a grupos que muestran una estrecha relación con la naturaleza, hasta el punto en que cualquier amenaza sobre esta empobrece nuestra posible comprensión de sus manifestaciones concretas.

Las zonas del planeta por las que han pasado sucesivamente mayor número de civilizaciones y poseen una estructura social centralizada desde grandes núcleos urbanos son las que preservan en menor medida vestigios de actividades chamánicas. Estas, todavía pueden mantenerse entre los “inuit” (nombre que se dan a sí mismos los esquimales del extremo norte) o entre los “fueguinos” (primeros habitantes del extremo sur de América), entre los habitantes de las selvas africanas, asiáticas y americanas o lugares poco accesibles, como desiertos y montañas.

Las fronteras del chaman

por Joaquín Fernandez Cocco

¿En qué se distinguen los chamanes de otros “ayudadores” como sacerdotes, médicos, curanderos, magos, brujos y hechiceros?

La relación de ayuda es un fenómeno de gran interés, por cuanto revela características fundamentales de la visión del mundo tanto del que ayuda como del que es ayudado.

Así, según las características del que es ayudado, del que ayuda y del asunto a tratar (sea problema o enfermedad), se recalca, alzaprima o destaca una parte de ese “mapa del mundo”. El área de trabajo es definida por zonas donde parcialmente se superponen los respectivos “mapas”.

Es un hecho científicamente aceptado en psicoterapia que uno de los factores de buen pronóstico en cuanto al tratamiento lo constituye el hecho de que su mundo de referencia básico, sus valores sean compartidos. (En los tratamientos quirúrgicos no es tan relevante, sin embargo las posibilidades por parte de los pacientes para elegir el hospital de una intervención también responden a criterios que el enfermo o su familia consideren más propios o apropiados según los valores que atribuyan al cirujano y su entorno).

La relación de ayuda en cualquier modo que quiera ser entendida será más operativa en la medida en que las creencias, tanto en la teoría como en la practica, sean co-participadas.

A) Sacerdote y chamán
El chamán está presente en las sociedades preagrícolas de cazadores recolectores, su conocimiento se basa especialmente en su experiencia individual de primera mano. La tradición y el ritual tienen un peso más grande en el papel del sacerdote. Este desarrolla su actividad a partir de los grupos agrícolas de VIDA SEDENTARIA.

En la actividad chamánica, el estado modificado de conciencia es un medio imprescindible para el desarrollo de su actividad. El sacerdote no necesita modificar su estado de conciencia para actuar.

El sacerdote se encuentra enmarcado en grupos sociales más complejos. Forma parte de una estructura religiosa más jerarquizada, más centralizada. El entorno de las ciudades facilita y hace necesarias a causa de su crecimiento formas de comunicación más indirectas entre los ciudadanos. La distribución de la población y su organización se realiza según formas piramidales. Por el contrario, los grupos nómadas en cuyo seno florece el chamanismo son menos jerárquicos y las relaciones interpersonales son más directas, más “horizontales”. El contexto chamánico es menos autoritario en cuanto la conducta individual, a ese nivel hay menos regulaciones formales de la moral particular.

Sin que deban de asumirse de manera rígida, sino más bien como preferencias o características más habituales algunos criterios básicos pueden ser orientadores.

Chamán
Sacerdote

Tipo de vida
Nómada
Sedentario

Medio
Rural
Urbano

Antigüedad
Preagrícola
Agrícola

Antigüedad de la práctica
Miles de años
Cientos de años

Calendario
No importante
Importante

Ritual sujeto a calendario
Poco importante
Muy importante

Importancia del ritual
Poca
Mucha

Jerarquía social
Escasa
Relevante

Podemos considerar en cualquier manera, la existencia de figuras que desempeñan ambas funciones. Por ejemplo, el “marakame” (chamán huichol) es a la vez una cosa y otra, predominando la función chamánica o la sacerdotal según las circunstancias (Harner).

B) Chamán y medium
Ambos afirman tener relación, de alguna manera, con los “espíritus”. En ambos se produce un cambio en el estado de conciencia, una modificación que puede ser buscada por ambos voluntariamente. En el caso del chamán el control de la relación con los espíritus es, en general, más enérgico; mientras que el medium actúa de un modo menos combativo y adaptado a lo que va elaborando en esos momentos. El chamán puede discutir con los espíritus y aparenta tener más poder que el medium. Trata a los “espíritus” que encuentra como a iguales.

Para Krippner (1980), entre los curadores es posible establecer una tipología con cinco grupos diferenciados:

Chamanes

Espiritistas

Curadores esotéricos

Curadores religiosos o rituales

Curadores intuitivos

La actividad chamánica podría ser descrita parcialmente como una forma particular del mediumismo. Puede afirmarse también que el medium está presente en el mundo urbano y su trance es pasivo, mientras que el chamán usa la naturaleza, el mundo rural, como referencia y su trance o estado de conciencia chamánico es un fenómeno activo con mantenimiento generalmente del control.

Harner considera como esencial al chamanismo el estado de trance, que se describe como un “viaje” (estado de conciencia chamánico). Terminado el mismo, es capaz de recordarlo. El medium no recuerda necesariamente lo que hizo o pasó durante el trance. Según estos criterios, al estudiar la forma de trabajo de E. Cayce se mostraría no solo como un medium y sino también, en ocasiones, como un chamán.

En sus estados de trance se distinguió por la utilización de la técnica llamada “canalización”. Para que tenga lugar, se busca un estado de trance sin posesión. Cayce lo entendía como un poder, como una influencia que uno podía despertar en sí mismo. Insistió en lograr un trance sin posesión:

“No permitas que sea dirigido por una identidad que se proclama tu guía. ¿Por qué?, porque invocar al infinito es mucho más grande, mucho más satisfactorio, más válido para la experiencia del alma que ser dirigido o guiado por una entidad externa al yo, que -como el yo- pasa por un estado de transición o desarrollo” (Reed y Cayce, 1993).

El estado de trance sin posesión se practica por ejemplo, entre los Gnawas (Ver parte III). Se alcanza en movimiento por lo que se califica de trance cinético. El trance cinético es una técnica de raíces ancestrales, que influye sobre prácticamente todos los niveles de la persona, dotándola por su práctica de nuevas formas y perspectivas de autoexperiencia. Mediante la desinhibición es posible alcanzar estados de fusión con el entorno que se muestra como replica de nosotros mismos.

El estado de trance con posesión está presente en todas las culturas, tanto en África como en América, en Asia o Europa y Australia. Mientras se produce, la persona deja de ser propiamente ella misma. Queda alienada, convertida en alguien ajeno. En tales estados se da una disminución de la capacidad de autocontrol por parte del sujeto. Al mismo tiempo, está disminuida su capacidad de darse cuenta de lo externo. Como ejemplo, en los estados de trance del vudú caribeño (Ver parte III).

C) El curandero y el chamán
El curandero se presenta como persona capaz de tratar enfermedades que son particularmente temidas por la gente y para las cuales la medicina no posee todavía los métodos terapéuticos más eficientes (Enciclopedia Lusobrasileña de culturas, 1977).

La actividad del curandero puede ser muy variada e inusual. Su conexión con los clientes no es tan próxima como la que tiene habitualmente el chamán. Se dan más en el medio rural que en el urbano.
El chamán podría ser considerado como un tipo de curandero, pero todos los curanderos no serían chamanes.

D) El mago y el chamán
Producir el sentimiento de lo extra-ordinario, romper con rutinas de la vida, intervenir sobre el espacio y el tiempo son atribuciones que comparten.

El mundo de lo mágico ha sido en ocasiones caracterizado por una intensificación de la actividad o por conocimiento concreto obtenidos a través de medios extraordinarios. Puede ser clasificado como objetivo, cuando sus resultados finales pueden de alguna manera cuantificarse. Y subjetivos cuando los resultados son imaginarios o no contrastables (Ouspensky, 1944).

Para Nevill Drury, los chamanes son los curadores físicos y espirituales en las culturas aborígenes de todo el mundo. Los magos son su imagen en el espejo de las tradiciones culturales del mundo de hoy. Destaca los paralelos existentes entre el chamanismo y el ocultismo.

El mago que hoy conocemos a través de los medios de comunicación (TV, cine, circo, etc.) puede suscitar el mismo asombro que el chamán, y acaso pueda remontar hacia él sus orígenes. Sin embargo, carece de la proyección sanadora que es esencial al chamanismo.

El mistico y el chaman

por Joaquín Fernandez Cocco

Los místicos pueden ser vistos como un “grupo informal” pero determinado de psicólogos. Repetidamente experimentan sobre sí mismos y observan los cambios mentales resultantes. Utilizan el canto, la música, la meditación y otros sistemas para trasladarse a particulares regiones de su mente. Y, lo que es más notable, parece existir un mundo de referencia en el que los puntos comunes de estas tradiciones, superan con mucho a las diferencias. Estas, por otra parte, son más superficiales que profundas o fundamentales (Clark, 1983).

El chamanismo es entendido por muchos investigadores, especialmente por los antropólogos como un fenómeno arcaico mágico-religioso en el cual la figura central se caracteriza por ser maestra en el arte del éxtasis (Edwards, 1994).

El éxtasis es definido como un estado psicológico que se caracteriza por un sentimiento absorbente de admiración, de alegría de arrobamiento y a veces de enajenación. Desde una perspectiva teológica hace referencia a un estado de unión con Dios o lo divino por medio de la contemplación y el amor vivido íntimamente. Y exteriormente por la suspensión mayor o menor de la actividad sensorial en relación con el mundo externo.

Esta desconexión puede alcanzarse de distintas formas. Por ejemplo en la llamada meditación del néctar del budismo tibetano. Durante la misma el meditador traslada toda su atención a una parte muy concreta del organismo, la punta de la lengua. Según se va concentrando la atención en ella mas el practicante acaba sintiéndose inmerso en un profundo estado de dulzura. Intuitivamente a través de la propia practica experimentada los chamanes “bon” del Tíbet habían descubierto este método de focalizar la atención y modificar el nivel de conciencia. Hoy sabemos a partir de datos objetivos suministrados por el microscopio que precisamente en la parte anterior de este órgano se concentran las terminaciones sensoriales capaces de captar lo dulce mientras que las de lo salado, lo picante o lo amargo se distribuyen preferentemente por otras partes de la lengua.

La experiencia del éxtasis no implica ganancia o perdida de control. Otros estados descritos por los místicos como el conocimiento intuitivo si que implican incremento de control. Para Edwars (1994) el éxtasis se presenta a diversos niveles en la persona:

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Está fundamentado en una experiencia fisiológica, física.
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Es un estado emocional.
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Proporciona un tipo especial de percepción a veces descrita como intuitiva.
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Es un estado no ordinario de consciencia que da una especial dimensión a todo lo anterior.

El éxtasis puede ser clasificado según cuatro categorías no mutuamente excluyentes:

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Éxtasis místico y profético
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Éxtasis chamánico
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Éxtasis sexual
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Éxtasis producido por sustancias

El místico nos habla de la desbordante presencia actual de lo divino. Esta grandeza ha sido descrita de modo poético como en San Juan de la Cruz o en Ibn Arabi. Los místicos desde esas experiencias de inmersión en lo divino pueden a veces anticipar visionariamente experiencias que están por venir. La actividad profética expande esa presencia desde el futuro para que el presente sea modificado y la gente se prepare.

El éxtasis sexual forma parte de la respuesta orgásmica. Durante ella se produce un estado modificado de conciencia en unas ocasiones fugaz y en otras de duración difícil de estimar. El tantrismo practicado desde el marco del yoga o del budismo pretende ampliar la conciencia utilizando el alerta y la focalización que produce la actividad sexual por medio de técnicas especificas. Durante el orgasmo se induce transitoriamente, un período con las características de un estado modificado de conciencia, con cambios en la percepción corporal, en la estimación del tiempo, y en otras variables psicológicas.

El éxtasis por sustancias puede presentar diferencias según las características de las mismas. El marco cultural, expectativas y modo de consumo pueden condicionar profundamente la experiencia y lo que pueda aprenderse a través de ella.

Harner piensa que el término trance se utiliza preferentemente entre los médicos, mientras que el término éxtasis es más teológico y humanista, pero que ambos tienen el mismo significado. Los momentos de entrada y salida en los mismos tendrían las características de una crisis. En el lenguaje coloquial también se llega a identificar el hecho de estar pasando un trance con estar en crisis. En el contexto tradicional chino crisis significa “peligro y oportunidad”.

Los cambios profundos en la experiencia de la corporalidad se pueden presentar espontáneamente cuando se vive una situación próxima a la muerte. En ocasiones, es una vía utilizada por chamanes y magos deliberadamente. También pueden producirse a través de la música, la relajación, el uso de sustancias (por ejemplo ayahuasca, ciertos hongos, ver Ott, apartado 1.5.2.a) y otros muchos procedimientos. En la literatura internacional gran número de estos estados son descritos como OBEs (out of the body experiences = experiencias fuera del cuerpo, o “viajes”).( Ver Mapas de los Estados Modificados de Conciencia). Caracterizan al místico la intensificación de las emociones y el pensamiento global. Es más propio del chamán intensificar las acciones y utilizar el pensamiento concreto (Ouspensky).

La producción de una experiencia directa, transformativa y personal que se da en el misticismo, está presente también, según Walsh, en el chamanismo. Ambas experiencias pueden no ser bien transmitidas y, con el paso del tiempo, perder fuerza, convirtiéndose en rituales vacíos y rutinarios. En su mejor sentido, el ritual, como el arte, es la culminación activa de una transformación simbólica de la experiencia. Muchas técnicas de trance utilizan rituales a modo de “puertas” al comienzo y al final del trabajo. En este ámbito, los rituales pueden ir perdiendo presencia a medida que el sujeto aprende y se familiariza con los estados de trance.

Los rituales pueden servir para disminuir la angustia frente a lo desconocido o lo que desborda a un individuo. En el área cognitiva pueden incrementar la concentración de los participantes modificando la atención, en el área física facilitar la relajación y en el área emocional modular la ansiedad, el sentimiento de descontrol o la expresión de la rabia.

Desde el punto de vista clínico en las llamadas neurosis se afirma que la actividad obsesiva (pensamientos repetitivos) y compulsiva (acción que uno se ve impelido por sí mismo a hacer de forma reiterada) forman parte de mecanismos psicológicos que disminuyen la angustia y evitan la posibilidad de un trastorno más profundo. Los rituales vinculados al orden y la limpieza están especialmente presentes en las personas perfeccionistas son sistemas o mecanismos de defensa frente a la angustia. La no-realización de los mismos provoca malestar, mientras que su realización procura alivio.

El poder transformador de las crisis en general y de la muerte en particular es resaltado por místicos y chamanes.

Como se ve el chaman a si mismo

por Joaquín Fernandez Cocco

La reflexión sistemática del chamán sobre sí mismo es un fenómeno tardío en el desarrollo de este tipo de práctica.

La actividad que caracteriza al chamán surge en su origen de un impulso no necesariamente reflexivo a la ayuda. Junto a ello, una progresiva experiencia acumulada le dará un sentido de la sabiduría y de los propios papeles a desarrollar. La propia vida y sus dificultades contribuyen a que el chamán no se dé excesiva importancia absoluta, aunque pueda tenerla de un modo relativo. Carece de importancia porque su fuerza enfrentada a la naturaleza es relativa y él lo sabe. Al mismo tiempo es capaz de conocer cosas que otros ignoran y cuya aplicación en tiempo de crisis puede ser muy necesaria.

Si afirmamos que el tamaño de un hombre puede medirse por el tamaño de las cosas que le encolerizan, el chamán es un gran hombre porque es capaz de confrontar a los espíritus, a las fuerzas de la naturaleza. El conocimiento y la relación de ayuda le pueden permitir creerse un ser superior u orgulloso. Sin embargo, no darse importancia le permitirá actuar con más eficiencia e impecabilidad (Castañeda).

En este sentido puede entenderse la definición que de sí misma y de su trabajo hace una mujer desde el ámbito del neochamanismo:

“Yo no soy una sanadora. No sano a nadie. El concepto que tengo de mí misma es el de un peldaño en la senda del autodescubrimiento. Creo un espacio en donde las personas pueden aprender lo increíblemente maravillosas que son, enseñándoles a amarse a sí mismas”. (Hay; 1991).

Los encuentros con la adversidad propia y ajena son un estímulo y educan su sensibilidad. Para Amber Wolfe curar es “curar-se”. En este sentido, lo que podría ser la esencia del chamán, curar, es entendido como la capacidad de hacer o facilitar que los otros se curen. Se considera un “catalizador” (término utilizado en química para definir a la sustancia que facilita la producción de reacciones de transformación, y que sin su presencia serían más difíciles o lentas).

La confrontación con lo extremo y profundo, con la enfermedad, con el miedo y la muerte, con el tormento y el éxtasis son capaces de hacer del chamán un ser valiente y al mismo tiempo le ayudan a “perder la propia importancia” (Castañeda, 1977).

El narcisismo es un mal aliado de las personas de conocimiento. En la medida en que representa el no ser capaz de ver la realidad con los ojos y los sentimientos de los otros. El sentido del humor es a veces un buen termómetro para ver si la persona está más allá de sí misma. El libro de Alvaro Estrada “Vida de Maria Sabina, la sabia de los hongos” (Ediciones Siglo XXI, 1977) nos revela muy ilustrativamente esta forma de ser y vivir.

De hecho, el orgullo, el miedo, el poder y la muerte son enemigos naturales del chamán. Y a la vez son retos que ha de superar hasta su última danza con la muerte (Castañeda, 1977).

Este trabajo es el resultado de un largo viaje, un viaje en el sentido chamánico: porque su objetivo es servir de puente entre el mundo desconocido de los chamanes y el de la gente civilizada, entre los chamanes muertos hace tiempo y los activos aún en la actualidad; entre lo cerrado de los archivos y una lectura abierta; entre lo viejo, representado en imágenes históricas y lo nuevo; entre pasado y presente. Y pretende servir de puente también entre culturas muy alejadas entre sí.(Hoppal, 1994)

La medicina original

“Yo hago funcionar mi espíritu, el encanto de descubrir lo que yace bajo todas las cosas”.

Canto Chamánico

El origen de la medicina está unido al pensamiento mágico, no existe una separación de conceptos para la tradición indígena. Aún más, estamos hablando de una cultura animista, por lo tanto su enfoque medicinal se centrará no tanto en el cuerpo como en el alma.

El alma,la energía psíquica que para Aristoteles era la causa formal, final y eficiente del cuerpo, es el objeto central del conocimiento chamánico. La base de la curación estriba en unir el alma individual al Gran Misterio, al Espíritu.

Se trata de una visión energética, de recobrar, y conserva el “poder personal” (sentido íntimo y esencial del individuo). Para ello el microrganismo humano se vincula al Organismo Universal, recobra su “ritmo” mediante la unión al ritmo profundo y poderoso de la Tierra, frecuencia que precisamente es la del sueño profundo.

En el conocimiento chamánico los medios bioquímicos son considerados “ayudantes”. De sobras es conocido en esta tradición el uso de los principios activos de las plantas consideradas “medicinales”. Pero esta medicina no queda en una mera recuperación funcional del equilibrio bioquímico del cuerpo, sino que busca recuperar el equilibrio psicosomático. De ahí su énfasis en una medicina psíquica y vinculada no a un discurso lingüístico sino a la experiencia vital del encuentro entre el alma humana y el Espíritu de la Vida.

La escisión producida posteriormente por la civilización ha provocado que el conocimiento chamánico sea considerado ora como una religión propia de pueblos ignorantes o como una superstición mágica que carece de eficacia médica alguna.

Sin embargo la historia del hombre es larga, muy larga. Miles y miles de años ha persistido esta visión del hombre, remontándose a su propio origén el nacimiento de este conocimiento chamánico o mágico.

Es más, la axiomática de la medicina oriental y de la hipocrática parte del conocimiento chamánico. El hecho de la impotencia de la curación psíquica por la medicina actual sólo corrobora la dificultad de establecer un criterio ajeno a la propia realidad del asunto. No se puede curar algo que no se asume que existe (el alma no es criterio de estudio para la medicina por no existir como hecho objetivo), por lo que sólo es posible actuar sobre los efectos bioquímicos en el cerebro.

Por otra parte la curación religiosa parte de un principio moral, no cognitivo. Se asume que la enfermedad del alma es fruto de un “pecado” (transgresión al tabú), y que sólo la penitencia puede “limpiar” esa mancha . Esta concepción de la medicina del alma parte de la decadencia del chamanismo en algunas culturas que prefirieron construir una religión, sistema colectivo de adoctrinamiento, antes que permitir el conocimiento individual del Espíritu.

La vinculación del hombre con la Naturaleza, con la Gran Alma de la existencia que es la que permite la subsistencia de sus criaturas, es ahora un conocimiento perdido por parte de la civilización industrial que avanza inexorable sobre todo el planeta. No se trata simplemente de proteger las “plantas” por saberse con absoluta certeza que son la “farmacia” del planeta. Aún más importante es respetar y conservar el patrimonio que se nos lega por parte de culturas procedentes de miles y miles de años.

Existen dos modos de vivir: una vida enferma y otra sana. Para la Tradición existir “enfermo del alma” no es vivir, tan sólo sobrevivir. Esto es algo que la civilización no comprende, obsesionada por la existencia del logro material como meta humana y que tan sólo analiza como un “problema” más los transtornos psíquicos y ecológicos que produce.

El chamanismo es una vía de conocimiento íntimo y el medio de resolver los transtornos del alma. Es la fuente de la que surge la afirmación de que el hombre es “el animal que sabe”.

Estamos hablando en realidad de la esencia del drama humano: caminar en Espíritu o andar como un espectro.

MANERAS DE VIVIR

Chamanismo.-

Presente en todo el planeta desde la prehistoria. Es la religión más antigua, que da un sentido concreto a todo lo que ocurre, ya sea en la vigilia cotidiana o en sueños.

Usa el lenguaje analógico propio del arte y de los sueños, ese que está construido por medio de símbolos. Y los símbolos en su sentido, precisamente, más antiguo y profundo, es decir considerados como realidades energéticas mucho más allá de una representación o apariencia. Así por ejemplo el águila sería una manifestación del sol, por tanto el sol mismo. Y a su vez el sol sería una manifestación de la fuente de la vida y su movimiento. No existe, por tanto, en el chamanismo una idolatría sino un animismo simbólico. Todo está vivo y todo es una manifestación, directa o indirecta, del gran Espíritu (como lo llamarían los indios norteamericanos). Todo posee un espíritu, que es lo mismo que decir que todo está animado, incluso lo aparentemente inmóvil como las rocas o las montañas. Y con cada espíritu existe una manera de relacionarse y comunicarse para resolver los problemas de la realidad ordinaria.

Llanuras de color violeta visibles sólo con los ojos vendados, o bajo la máscara, su auténtico aspecto, cruzadas por los hilos luminosos que conforman la red del universo uniendo todo lo existente.

Su visión de la vida abarca la realidad cotidiana y la realidad no ordinaria y sus múltiples relaciones. Su efecto concreto principal sería la curación de males físicos o psíquicos por medio de la comunicación y el viaje con otras dimensiones no ordinarias, con los múltiples espíritus de los diferentes mundos.

Un chamán-chamana es un superviviente de una grave enfermedad, o experiencias extraordinarias que implican una muerte y una resurrección, cuyo efecto han sido una serie de dones y capacidades, que consisten fundamentalmente en la restauración de la salud global de una persona. Limpieza, purificación y restauración que mejora las relaciones entre el paciente consigo mismo y con su entorno, dando sentido a lo que ocurre y buscando y encontrando su significado.

Para ello entran en trance, es decir en realidades no ordinarias por medio de la música (fundamentalmente el ritmo de los tambores), el baile, la meditación, o las plantas sagradas. En el trance los chamanes se sienten salir de su propio cuerpo. Algunos bajo la forma de un animal. Y la transición de una realidad a otra es descrita bien como el pasaje a través de un agujero, de una grieta entre los mundos (como por ejemplo cuanta el Don Juan de Carlos Castaneda, llamando así a los momentos frontera del día: amanecer y atardecer), o de una abertura repentina en el horizonte.

El río de aguas negras y turbulentas marcando la frontera entre mundos. Almas perdidas en sus orillas. Espíritus aleteantes cerniéndose sobre la vida cotidiana para enmarcarla de un lado y fundirla por el otro. Sus susurros en las esquinas, sus vientos disfrazados de masas de aire. Ojos llameantes abriendo horizontes, oscilando en el baile que nace de dentro hacia el punto exterior correspondiente. Cabalgar espirales rutilantes de eterno movimiento, cruzando los niveles de la vida una y otra vez.

Su diferencia con sacerdotes, curanderos, etc. Sería que usa para viajar a otras dimensiones estados alterados de conciencia en los que puede entrar a voluntad. Una actitud activa al contrario de los médiums que serían pasivos y no pueden controlar sus trances a voluntad. Un chamán nunca es poseído por seres ajenos y a los espíritus de los diferentes mundos les trata de igual a igual. Además recuerdan perfectamente sus viajes y acciones en las realidades no ordinarias.

Capas como alas, bastones como caballos, tambores como el latido del corazón del universo marcando el ritmo de 4 a 7 ciclos por segundo, frecuencia del estado theta correspondiente al estado de trance. Chamanes sobrios, de nervios controlados y ojos taladrantes, de humildad sabia y justa sensatez ordinaria, de largos y amplios vuelos que surcan la realidad no ordinaria como flechas de templanza y exactitud. Collares de conchas y campanillas como la estela del susurro animal y la respiración de las montañas.

Los éxtasis místico y sexual (prácticas tántricas) serían variantes semejantes aunque no iguales con el trance chamánico.

La enfermedad, física o psíquica, sería un desequilibrio entre las realidades ordinarias y no ordinarias. Una mala relación con los espíritus del mundo y por tanto es en esa realidad no ordinaria donde hay que encontrar la raíz del mal y su solución. El problema empezaría en el plano espiritual y acabaría manifestándose en el plano físico.

Todo esto implica una fusión con la naturaleza y una gran importancia de los sueños y visiones, como manifestaciones del mundo espiritual plenas de sentido.

Los utensilios y ropa ceremoniales tienen también vida propia y nadie debe usarlos porque sería entrar, de alguna manera, en contacto con otras realidades y espíritus incontrolables para un profano. Aparte de maracas, silbatos o tambores, ropa y las frecuentes cintas o campanillas (auténticas “ramas” intermediarias entre mundos), suelen usar bien máscaras, o bien pinturas corporales. Todos ellos son auténticos vehículos para el viaje entre mundos.

Actualmente el chamanismo sigue vivo y en auge, pues existe un reverdecimiento de las prácticas ancestrales en numerosos pueblos y en occidente hay un interés cada vez mayor por esta visión del mundo y sus prácticas terapéuticas. [ Isabel Gómez]

BIBLIOGRAFÍA:

“El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis” de Mircea Eliade

“La senda del chamán” de M. Harner

“Chamanismo” de José Mª Poveda

Los gnawas: chamanismo islámico

Por Á. Lafuente Laarby

Uno de los grupos que practican trance sin posesión más inte­resantes de África del Norte son los gnawas. Pertenecen a una minoría étnica procedente de lo que antiguamente conformó el Gran Imperio del Oeste, que se extendía desde el océano Atlántico hasta el Mar Rojo, y que en la actualidad está dividido en naciones como Guinea, Senegal, Mali, Níger, Chad y Sudán.

En 1591 el sultán de Marrakech, Ahmed Al Mansour (de la dinastía de los saadianitas), invade y conquista Mali. Trae a Marruecos como esclavos unos guerreros sudaneses que han sido capturados en el campo de batalla.

Posteriormente, en un momento decisivo de la guerra, llevada a cabo para conseguir el control de la ciudad de Tombuctú (a orillas del río Ní­ger, en Mali), estos hombres, en un alarde de valor y sacrificio, socorrieron a las tropas de Al Mansour. El sultán, en agradecimiento, no sólo les devolvió la libertad, sino que pasaron a formar parte del ejército que un día los capturara. Se les concedió la manumisión y el privilegio de ser miembros de la guardia negra al servicio personal del sultán. La extraor­dinaria importancia de Al Mansour y sus gestas se extendió también por Europa. (El pico más alto de las montañas centrales de la Península Ibé­rica, en la sierra de Gredos, Ávila, lleva el nombre de Al Mansour, Al­manzor en dialecto romance castellano. Mayordomo de la princesa Subh de Córdoba, murió en el año 1002 después de atacar Barcelona y conquistar Santiago de Compostela donde destruyó y saqueó la catedral, res­petando sólo la tumba del santo.)

Los sucesores de Al Mansour, el sultán Mulay Ismail (de Meknes, 1672-1727) y Mulay Abdellah (de Essaouira, 1757-1790), continuaron manteniendo la guardia gnawa durante doscientos años.

Distribución geográfica

Integrados en la vida del reino de Marruecos, se encuentran también en otras ciudades del Magreb (noroeste de África). Así, en el área de Tú­nez viven pequeñas comunidades en la región de Djerba, en la que se les conoce por estambalis o sudanis. En Argelia están localizados en su ma­yoría en el norte, concretamente en Constan tina, y aún se les conoce como usfan (esclavos). También pueden encontrarse, aunque de manera muy diseminada y escasa, en Libia, donde están desapareciendo acaso por razones socioeconómicas e históricas que es difícil evaluar.

Es en Marruecos donde los gnawas se extienden a lo largo y ancho de la nación, configurando tres principales grupos distribuidos geográfica­mente de la manera siguiente:

– Los gnawas del norte, asentados en Tánger, Larache y Tetuán.

– Los gnawas del interior, en Meknes, Fez y Dar el Beiba (Casa­blanca).

– Los gnawas del sur, distribuidos entre las ciudades de Essaouira, Marrakech, Tamsloht y Tafilalet.

Actividades

Los gnawas, comenzaron a formar parte de las tarikas (cofradías) sufies desde el mismo instante en que abrazaron la religión musulmana, apor­tando su riquísimo y variado conocimiento esotérico basado en el trance cinético y otros estados modificados de consciencia, llamados tasawwuf en la terminología sufi.

Se pusieron bajo la advocación de un mismo santo, patrón general de la hermandad, el Vali sidi Bilal, un esclavo negro liberado por el mismí­simo Mahoma, al que Dios bendiga y le otorgue la paz, que luego lle­garía a ser el primer muezzin del islam.

Las zauias, lugares en que se reúnen, son un conjunto de construccio­nes amplias que conforman una mezcla de mezquita, escuela coránica y comunidad de trabajo. Allí se celebran sus ritos, se baila, se reza y se canta a la Divinidad. Estas tradiciones se han ido pasando de padres a hi­jos, generación tras generación, sin apenas cambios, de forma oral y constante a través de los siglos.

Como ocurre en las tarikas sufies cada grupo gnawa se reúne en torno a un maalen o «maestro», líder espiritual de la comunidad y responsable ante la misma de todos los ritos. Es también el encargado de enseñar y hacer respetar la tradición y de que ésta se mantenga en una pureza constante. Realiza funciones de maestro de música y entrena a los neófitos en las distintas formas de ejecución del variadísimo repertorio de la percu­sión gnawa. El guembri, las craqueb y los tambores, gangas y ferradis, son sus instrumentos principales, conservados en la más pura de las tra­diciones tal y como llegaron a Marruecos de la mano de los primeros gnawas.

Instrumentos gnawas

El guembri, dentro del conjunto de útiles musicales, es el más relevan­te ya que no es sólo el encargado de puntear el ritmo sino también de marcar el tiempo. Se fabrica con el tronco de un árbol de 55 cm de largo y 20 cm de ancho, cortado longitudinalmente y vaciado con sumo cuida­do para que no padezca ningún tipo de rotura o grieta. A esta caja de re­sonancia se le añade un mástil de caña grueso de unos 100 cm de longi­tud. La caja de madera se cubre con piel de camello curtida de manera especial para que su sonido sea lo más nítido posible. A este conjunto se le dota de tres cuerdas confeccionadas con tripa de cabra, cada una con una longitud de vibración distinta, lo que hace que esta especie de membráfono se convierta en un instrumento con la extensión musical de una octava. Su poder de vibración y alcance es extraordinario, nos mueve in­ternamente y nos inunda de paz y tranquilidad cuando lo oímos sin otro acompañamiento.

Antes de ejecutar alguna melodía, tradicionalmente hay que añadir en el extremo superior del mástil la sersera, una especie de sistro metálico que resuena al mismo tiempo que vibran las cuerdas del guembri; normalmente van adornados con bolsas de incienso, conchas marinas y abalorios de colores, lo que les dota de una baraka (cualidad muy especial) al vibrar.

Los tambores, tbola, son instrumentos confeccionados con maderas escogidas de granado y piel de cabra. Una vez construidos se les pasa mediante perforaciones en los bordes de los parches una cuerda de espar­to para poder afinarlos. Éste es el proceso más delicado de su construc­ción ya que las pieles han de estar muy bien curadas para que no se des­garren. La afinación se hace momentos antes de ser percusionados ya que las cuerdas para ponerlo s a punto permanecen flojas mientras los tambores están en reposo. El músico se cuelga el tambor en el lado iz­quierdo con una bandolera de cuero curtido, grueso, que va adornada de abalorios y monedas antiguas.

La percusión se ejecuta con dos baquetas diferentes. La sahala, curva­da y hecha de rama de higuera, se maneja con la mano derecha y con ella se golpea en el centro del parche. La tarrash es fina y alargada, se mane­ja con la mano izquierda y con ella se golpea el borde de la piel.

Según la tradición, los tambores se han de percusionar a pares y siempre hay uno grande (de unos 110 cm de alto) que se llama gonga, con el que se ejecuta el acompañamiento. El solo corre a cargo de un tambor más corto (de unos 55 cm de alto) que recibe el nombre de ferradi.

El ritmo profundo y trepidante de los tambores busca conmover inter­namente, movilizando al baile. Son instrumentos para poner a los dan­zantes en contacto con el ritmo universal y natural a través de un sonido penetrante y sutil. Los movimientos se van realizando de manera intui­tiva.

Las craqueb tienen el mismo fundamento que las castañuelas en la música flamenca. Sin embargo, en lugar de tener un solo elemento doble, son varios que resuenan a la vez. El término «cárcavo», según el Diccio­nario de la Real Academia Española, significa «en forma de cuenco».

En su origen, se construían con el tronco del corazón de las palmeras, pero debido a que esta madera debe conservarse y cuidarse se optó por hacerlas de metal. Consiste en ocho elementos convexos a modo de plati­llos de 10 o 12 cm de diámetro, unidos entre sí por una pieza estrecha y alargada de unos 10 cm de largo. Están agujereadas en su centro y en los bordes para poder unirse entre sí mediante tiras de cuero que se introdu­cen por los mencionados orificios y se cuelgan de los dedos de cada mano para percursionarlas y obtener el ritmo y el sonido adecuados.

Las craqueb se utilizan con el guembri haciendo el acompañamiento rítmicamente; pero nunca se utilizan de forma simultánea tambores, cra­queb y guembri.

Tambores y craqueb juntos pueden conseguir la inducción de estados alterados de consciencia de manera casi imperceptible. Se piensa que pueden poner al sujeto en contacto con emociones desagradables o que se viven como amenazadoras produciendo una liberación en forma de sonido y movimiento. Al tratarse de un estado de trance sin posesión, el sujeto puede tomar más consciencia del estado expansivo y de liberación que se va alcanzando.

La preparación de la ceremonia de la derdeba

La derdeba es una ceremonia de curación. También se la conoce como el Rito de los Siete Colores. En ella se combinan música, color, ritmo y oración, lo que convierte la fiesta en un acto excepcional lleno de armo­nía y fuerza, en el que se tiene la oportunidad de vibrar con los colores y la música, penetrando profundamente en la experiencia subjetiva del «ser». A la vez, evoca en muchos casos un mundo simbólico, lo que pue­de permitir estructurar la experiencia con nuevos significados.

Días después de haber participado activamente en la ceremonia de cu­ración, seguirán perdurando el recuerdo y las sensaciones vividas direc­tamente, de primera mano, como testigos directos de nuestra fuerza consciente.

La convocatoria de la lila o noche de derdeba viene precedida por una ceremonia de curación realizada en el hogar, la costa, los bosques, los ríos o lugares donde se hubieran realizado sacrificios de animales de for­ma habitual.

Cada uno de los rituales curativos que se practican es asociado con un color. Son entendidos como actos para aplacar a un espíritu bueno o per­verso, que puede afectar a la persona o al lugar donde habita. Estos espí­ritus, conocidos como jinin (jinum, en plural, o muluk), son considerados fuente de aflicción, desgracia, infertilidad o intolerancia.

Estos actos pueden ser entendidos como «exorcismo s», en la medida en que la enfermedad se considere originada por agentes externos que operan sobre el cuerpo o la mente de un individuo. La salud, como un estado que va más allá de la carencia de enfermedad, está vinculada a los santos del panteón gnawi.

Los colores rituales

De los siete colores ya mencionados, dos son femeninos: el amarillo y el rosa, que quedan bajo la invocación de la Lala Mira. Hay elementos femeninos muy importantes en la ceremonia de cura­ción, pero éstas siempre son dirigidas por los maalen, maestros varones. Las ceremonias previas a la noche de la convocación de la derdeba se realizan de la siguiente manera:

El color blanco está bajo la invocación de sidi Jilali, vinculado con aquellas personas que llevan una vida espiritual muy intensa, siendo puestas a prueba continuamente por los muluk que habitan el color blan­co. Estas personas rezan, dan limosnas, meditan, viven en silencio, con recogimiento, están en una continua actitud positiva, son muminin (cre­yentes sinceros). El rito es convocado por el maalen de la tarika elegido para hacer el trabajo, que se efectúa en el propio domicilio del convocante. Allí acuden los amigos íntimos y familiares para asistir a la cere­monia, todos vestidos con túnicas blancas. Se encienden velas blancas y se prepara un hornillo de barro para quemar incienso del mismo color (Jawi Biad). Un gallo de color blanco podrá ser sacrificado por el mkaden, el hombre encargado de efectuar el sacrificio y que junto con el maestro dará un sentido sagrado a la ceremonia.

Los participantes se sitúan en círculos portando las velas encendidas, en el centro están el maalen y el mkaden; el primero dice para comen­zar: «En el nombre de Alá, el misericordioso y clemente.» Al mismo tiempo, el mkaden sopla tres veces seguidas en la boca del gallo, dos para librarlos de los malos espíritus y una para pedirle permiso para el sacrificio al que va a ser sometido.

Los presentes comienzan a rezar pidiendo por la libertad del convocante de la ceremonia. Inmediatamente y una vez realizado el sacrificio, el que busca remedio pasará tres veces por encima del animal sacrificado para ver­se libre de toda opresión o enfermedad. Acto seguido, todos los presentes se abrazan o saludan y entregan al maalen las túnicas blancas para que las co­loque en la tbeka o fardo de túnicas de diferentes colores que ha ido acumu­lando en anteriores ceremonias. Serán utilizadas en la noche de la derdeba. El color blanco tiene un ritmo y una vibración característicos dados por el guembri.

El color azul marino está bajo la advocación de sidi Musa Al Bahri, o «el marino».

Este ritual lo convoca todo aquel que vive del mar y desea verse propi­ciado por buenas capturas o protegido de los temporales. También por los que viven en las zonas costeras o personas que se piensa que han sido poseídas por un espíritu maligno, que tienen miedo al mar o padecen de hidrofobia.

Como en el rito anterior, se convoca al maalen y al mkaden. Los parti­cipantes se dirigen de madrugada a una playa solitaria y el ritual comien­za en el mismo instante en que aparecen los primeros rayos de sol. Se utiliza incienso azul y un gallo azulado o con pintas o reflejos de ese tono. Las túnicas son del mismo color.

Se sigue la misma secuencia que en el rito anterior en cuanto al sacri­ficio, con la variante de que se ha de colocar el cuchillo con el que se practica el ritual bajo las alas del animal sacrificado, que es pasado por encima del cuerpo del convocante mientras se pide por su curación. Des­pués se deja al animal sobre la arena de la playa y se comienzan las ora­ciones. Una vez acabadas éstas, se le entregan al maalen las túnicas y los participaptes toman baños rituales en el mar. Cuando salen del agua, se quema el incienso haciendo una limpieza general de los presentes y to­dos se alejan del lugar, salvo el maalen que, una vez a solas, envuelve el gallo en un paño azul y lo arroja al mar. Luego, devuelve el cuchillo al mkaden, quien lo pondrá nuevamente en su funda. Este cuchillo sólo po­drá ser utilizado en los rituales que conlleven sacrificio. El maestro guarda las túnicas para unirlas a la tbeka.

A este color se le atribuyen ritmos y cualidades específicas. La persona que hace el ritual con el color azul prepara la noche de la derdeba una taza de barro de color azul con incienso, agua del mar y una caracola marina que, al ser considerada un elemento de protección, el convocante guardará en un lugar solitario de su propia casa una vez acabada la reunión.

El color rojo. Está bajo la invocación de sidi Bacha Hammu y Mua­lin Al Gurna, amos de los lugares de los sacrificios donde corre la san­gre.

Normalmente este trabajo lo convoca quien se asusta al ver sangre, sea humana o animal. Puede haber sufrido un accidente, haberla pisado (aun­que sea de manera fortuita), haberla visto correr en una reyerta o en al­gún acto violento. Este ritual es aconsejado a aquellos que realizan la asistencia a heridos o practican intervenciones quirúrgicas. También está indicado para los que se alimentan de carne cruda o no siguen las pres­cripciones relativas a su consumo.

El lugar preferido para el ritual es un matadero o algún otro lugar don­de se hayan hecho sacrificios de animales para consumo humano.

Se visten túnicas rojas y se lleva incienso y un gallo, también rojos. Si la persona que solicita el trabajo está muy afectada o muy enferma, po­dría necesitar el sacrificio de un animal más grande, como una cabra para una mujer o un cabrito para un hombre.

El día de la ceremonia, el o los convocantes acuden al lugar preesta­blecido en completo silencio, aprovechando las primeras horas de la ma­ñana, Se procura que no haya ningún ser ajeno a la misma. Una vez en el lugar, se procede como en los rituales anteriores. El mkaden coloca el cuchillo de sacrificio bajo las alas del gallo o entre las piernas de la ca­bra o cabrito para que los presentes pasen sobre ellos. En el caso de estos últimos se les despelleja, se quitan las tripas y se arrojan al lugar donde se ha derramado la sangre, junto con las patas y las cabezas. La carne se en­vuelve y se regala a los pobres como baraka. Una vez acabada la cere­monia se entregan las túnicas al maestro.

Durante la noche de la derdeba se cantarán y bailarán melodías de sidi Bacha Hammun para que haga posible la sanación total de las personas y las libere de toda influencia negativa originada por los jinin o malos espí­ritus. Esa noche se limpiarán las personas y el lugar donde se realice la derdeba con incienso rojo.

Aquellos que después de la derdeba desean rezar a sidi Hibrahin pere­grinan a las montañas más altas de Marruecos, donde piden al genio de las alturas que se manifieste en un pájaro de vivos colores verdes y les proteja y llene de prosperidad. Para esta peregrinación se lleva henna, una torta de pan y leche de vaca.

Una vez en el lugar elegido se traza un círculo en el suelo con la leche y la henna disueltas. Luego se coloca en el centro el pan con las velas verdes encendidas. Quienes hacen el trabajo llevan la cabeza cubierta con pañuelos o turbante s verdes, duermen en el lugar señalado y tienen muy en cuenta los sueños, buscando anticipar el futuro.

Una vez acabado el trabajo y de regreso a la ciudad, las túnicas se dan al maalen junto con un incienso especial traído de La Meca, llamado hod al kamar («palo de la luna»). Así finaliza la peregrinación del color verde.

El color verde. Bajo la advocación de Mulay Hibrahin, santo de Ma­rrakech. Es el santo al que se atribuye allanar los caminos, hacer la vida más fácil, propiciar la fertilidad. Se le pide fuerza y vigor para afrontar la vida con optimismo. Los que desean pedir estos dones convocan directa­mente a sus amigos y parientes a una noche de derdeba. Todos han de vestir alguna prenda verde y se verán afectados especialmente cuando el maalen les entregue durante el baile túnicas del mismo color.

El baile, dedicado a sidi Hibrahin, se hace con tortas de pan blanco que llevan en su centro dos velas verdes, símbolos de fuerza y fertilidad.

Durante una hora se baila con estos panes y las velas encendidas, rogan­do al santo Hibrahin que derrame sus dones sobre los presentes. Termi­nadas las danzas, se subastan los panes con las velas, En primer lugar pu­jan aquellos que han bailado por la ofrenda. En este acto se pueden alcanzar cifras exorbitantes, ya que poseer uno de estos panes o una de las velas supone un tiempo de prosperidad y suerte.

El trabajo del color azul celeste se hace en el monte, un día claro y despejado de primavera. Los convocantes deben mantener un estado muy especial de belleza y gracia, de alegría y de mucho amor, en contacto con el sentimiento y la fuerza que proviene del firmamento. El día señalado se visten con túnicas azules y portan velas del mismo color e incienso blanco para quemar en la ceremonia. La celebración es festiva, pretende expandir la bondad interior en un acto de hermandad con los seres que habitan cerca de nosotros. Se hacen comidas en el monte. Se pretende que el acto alcance a todos aquellos que padecen enfermedades y desgra­cias.

Este trabajo tiene una variante para los que se sienten perdidos y muy nerviosos, En tal caso, se sacrifica un gallo que tenga siete colores, se pasa sobre él y se realizan las limpiezas con incienso blanco. La sangre del sacrificio se recoge en una taza del mismo color; iluminándola con una vela el maestro podrá «leer» en los fluidos de la sangre y decidir el tipo de dolencia que padece el afectado. Puede prescribírsele la peregri­nación a sidi Hibrahin, donde llevará a cabo el ritual descrito anterior­mente para los verdes, De regreso a su hogar celebrará una derdeba, vis­tiendo una túnica multicolor y bailando en honor del santo que ha visitado. Al día siguiente se retirará a su casa, donde deberá permanecer tres días en silencio, rodeado de mucha calma y dando gracias a Dios por su sanación.

El trabajo del color marrón se hace para las personas que habitan en los bosques (llamadas hausien), y buscan el poder a través de los anima­les que viven en dichos espacios. Su animal preferido es la serpiente, de la que les interesa su fuerza y su astucia.

Para este trabajo hay que invitar a un guerrab o portador de agua; se ha de disponer de una sábana blanca de algodón o cualquier otra fibra natural y elegir un lugar alejado del paso o las miradas de cualquier per­sona ajena a la ceremonia. Una vez allí el maalen sacará incienso, lim­piará la tbeka y distribuirá túnicas de distintos colores entre los partici­pantes. Luego hará que los asistentes agarren las sábanas blancas por los bordes y que dos de ellos se introduzcan bajo la sábana y se tumben en el suelo, donde entregará a cada uno un huevo de color blanco. Una vez cumplidos estos requisitos comenzarán a bailar al ritmo de las craqueb imitando los movimientos serpenteantes de los reptiles de los que se pre­tende obtener fuerza y astucia, al tiempo que sorben la yema del huevo haciendo un pequeño orificio en la cáscara con los dientes, procurando en todo momento no romperla. Una vez hecho el trabajo, vuelven a su si­tio y otras dos personas ocupan su puesto bajo la sábana. Lo importante en esta ceremonia es imitar en todo momento el ritmo y la fuerza de la serpiente, cuyo poder se pretende.

Después del trabajo se llama al guerrab para que reparta agua entre los participantes y, acto seguido, se convoca al genio de los bosques, llamado Mamario, mientras el maalen reparte la baraka entre todos los presentes.

El santo del color negro es sidi Maimun. Este color representa el es­píritu de los bosques, enigmáticos, mágicos, muy poderosos al tiempo que numerosos. Los principales son mujeres: la primera Lalla Maimuna y la última Marhaban, «bienvenida».

Sidi Maimun es el santo procedente de Sudán protector de la gente de color y el malik, el señor de los negros gnawas.

Para hacer este trabajo hay que convocar una derdeba previamente, que puede realizarse o en una zauia o en el bosque; si es en la primera se preparan hornillos de barro con carbón vegetal encendido y si es en el bosque hay que preparar con antelación hogueras que rodeen el lugar de la ceremonia y construir en el centro una zanja de dos metros de ancho por tres de largo que se rellenará con ascuas encendidas.

Normalmente ese trabajo se hace a las personas que tienen miedo a la oscuridad, han recibido cualquier sobresalto o han sido amenazadas de muerte. El sacrificio es el de un cabrito negro o un gallo del mismo color y las túnicas han de ser de color negro. Si la noche de la derdeba se lleva a cabo al aire libre, se preparará el lecho de fuego para que en el momento adecuado los participantes pasen sobre las ascuas encendidas. Este espacio estará iluminado por las ho­gueras que rodearán el lugar dándole un aspecto lleno de magia y de fuerza.

Si es en un lugar cerrado se utilizarán hornillos encendidos con carbón vegetal, algunos de los cuales se volcarán en el suelo. Es imprescindible disponer de espacio suficiente para bailar encima de las ascuas. El resto de los hornillos servirán para iluminar la estancia.

A la hora del sacrificio, el maalen forma un círculo alrededor de las ascuas, toma a los animales y los pone en el suelo frente a él, haciendo que las personas que estén enfermas pasen tres veces sobre el gallo antes del sacrificio; una vez hecho esto, el mkaden realiza el sacrificio, reco­giendo parte de la sangre en una taza para, una vez acabada la ceremo­nia, «leer» el tipo de enfermedad que afecta a la persona que ha pasado sobre el gallo, al tiempo que limpia la estancia con incienso negro.

Finalizada esta parte del ritual, los presentes se sitúan en círculo y se retiran los sacrificios. El maestro toca una melodía con el guembri (lla­mando tres veces a los espíritus negros de la noche: «Marhaba, Marhaba, Marhaba —bienvenidos— a Maimun») para que los muluk abandonen la estancia llevándose consigo las enfermedades. Los músicos gnawas acompañan con su craqueb los ritmos del guembri mientras que las per­sonas participantes bailan y pasan descalzas sobre el lecho de ascuas, marcando con este gesto su fortaleza y decisión. De esta forma termina­rán al amanecer los ritos en honor de sidi Maimun.

Las túnicas negras son entregadas al maalen para que vayan a engrosar el resto de la tbeka.

El color de todos los colores

Una vez descritos los ritos anteriores, vamos a hablar de uno de los ac­tos gnawas más celosamente guardados y que rara vez ha llegado a ser visto por algún occidental. Me refiero al culto en honor de sidi Heddi Buhala, el patrón de los «locos», esos hombres que conciben el conoci­miento como un camino lleno de dificultades y renuncias, un camino que sólo aquellos que no están en su sano juicio pueden perseguir.

Los seguidores de sidi Heddi Buhala se distinguen por sus ropas mul­ticolores, llenas de parches, remiendos y roturas. Son considerados como santones por la mayoría de la población marroquí, seres solitarios que sólo de tarde en tarde se reúnen en unas de las zauias gnawis situadas en los lugares más alejados y aislados de la nación.

Para llevar a cabo sus ritos han de celebrar primero las fiestas en ho­nor de sidi Heddi Buhala. La convocatoria es secreta y se realiza enviando emisarios desde el lugar donde se ha de celebrar la ceremonia hacia todo el país, señalando a los convocados el día, hora, lugar de reunión y dis­tancia a cubrir (este proceso es muy largo, por eso entre el momento de la convocatoria y el de la reunión pueden pasar de seis meses a un año).

Cada peregrino asistente a la ceremonia partirá de su lugar de origen en solitario, vestido con sus túnicas rotas y llenas de remiendos, y portará consigo un tambor multicolor de pequeño tamaño que en la mayoría de los casos habrá pasado de generación en generación, y que se guarda y cuida con especial cuidado. Durante el camino marchan en silencio y so­ledad, viven de las limosnas que la caridad ajena les reporta y sólo ha­blan lo imprescindible para impartir la fatha (conocimiento).

Cuando llegan a su destino ocupan un lugar en la zauia. Se saludan con gestos, no hablan entre sí y hasta el día de la derdeba sólo rezan y meditan. El maestro convocante de la ceremonia les provee de la comida y demás necesidades básicas.

El día de la convocatoria comienza con un diker al aire libre; toda la co­munidad buhali se pone en círculo con sus tambores multicolores frente a ellos. Este acto puede durar varias horas y mientras se van recitando versícu­los del sagrado Corán. Paulatinamente van entrando en un estado modificado de consciencia de tipo místico. La comunicación con la divinidad es sentida por cada uno de los participantes. El tiempo transcurre de un modo diferente y el sentimiento se hace patente en cada gesto, palabra o movi­miento corporal. El ambiente propicio busca generar armonía y creatividad durante los siguientes diez días que dura toda la reunión buhali.

Una vez acabado el diker se sientan en el mismo lugar, sin romper el círculo. El maalen enciende una enorme narguila (pipa de agua árabe) cargada de saluban (un incienso especialmente preparado para la oca­sión). Encendida la mezcla, el maestro fuma suavemente y la pasa a la persona que tiene junto a él. Así va de mano en mano hasta completar el círculo.

Cuando la narguila llega de nuevo a manos del maestro comienza la gran derdeba. Los participantes hacen sonar sus tamborcillos multicolo­res con una fuerza tal que sus parches vibran de manera que a través de ellos se expande una energía sutil muy poderosa que va invadiendo el ánimo de todos los presentes haciendo que su cuerpo se transforme en energía pura; ya no hay cansancio, ni sueño, sólo el convencimiento que da el saberse «unido al orden universal» a través de la vibración que emi­ten los parches de sus tambores, que no dejan de sonar un solo instante durante los diez días que dura la ceremonia; cuando el que toca el tam­bor se retira para comer o dormir unas horas, lo sustituye otro inmediata­mente; se inhala rape y se fuma de la narguila, se reza y se canta día y noche sin dejar que los tambores callen (no hay craqueb ni guembri).

Al atardecer del décimo día y con un gesto solemne del maalen los tambores callan súbitamente, y se hace el silencio. Es como si todos los se­res que pueblan el universo se hubiesen puesto de acuerdo para callar, como si la nada del principio de los tiempos hiciese acto de presencia; el momento es de una belleza imposible de describir. No se sabe lo que es la profundidad penetrante del espíritu hasta que no se vive una ceremo­nia de este tipo.

Uno no está seguro de si el tiempo ha pasado o se ha quedado suspen­dido en el infinito y el ser humano ha encontrado el poder de la inmorta­lidad. Lo que sí puedo decir es que el corazón apenas late, su sonido se hace inaudible, la sangre se desliza con muchísima lentitud por las venas, cada músculo, cada cabello, cada miembro del cuerpo se hace silencio y así te vas observando como algo irreal, fantasmagórico; un halo de luz violeta lo inunda todo y en ese mismo momento se tiene constancia feha­ciente de que Dios existe y ha hecho acto de presencia entre los partici­pantes a la gran derdeba buhali.

Cuando las primeras sombras de la noche comienzan a devolver a la realidad a los gnawas «

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