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Crow

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DETECCIÓN DE LA PROPIA CAPACIDAD PARAPSICOLÓGICA
« on: Marzo 11, 2006, 01:09:51 pm »
DETECCIÓN DE LA PROPIA CAPACIDAD PARAPSICOLÓGICA

 

escribe Gustavo Fernández

 

            Es indiscutible que una de las principales motivaciones que llevan al público aficionado a estas disciplinas a consumir masivamente cuanta conferencia, curso o congreso se realice, o a devorar, con idéntico entusiasmo, libros, revistas y filmografía que sobre Parapsicología se perpetra por allí, es el secreto deseo de descubrirse uno mismo como detentador de supuestos poderes paranormales, algo así como el “sueño del pibe” esotéricamente hablando. E igualmente cierto es que son numerosos los conferencistas –por poner sólo un ejemplo– que alientan estas expectativas proponiendo convocatorias del tipo “¡Asómbrese!. ¡Usted puede vencer mentalmente a sus enemigos!” o “¡Maraville a sus amigos con el poder de su mente!”. Por supuesto, hay algo patético en la conducta de quienes responden a esos llamados: creer que sólo las revelaciones de un “poder” desconocido en ellos –o la compra de ese poder– puede hacerles remontar la corriente inexorable de las posibilidades perdidas que, como puertos dejados atrás por el rápido boyar de una canoa, la vida fue escamoteándoles. Preocupa pensar en esa necesidad de poder que tiene la gente, un algo que les permita sobresalir, ser distintos a los demás, que es como decir, por una especie de toque mágico, ser distintos de lo que hemos sido hasta ahora.

            Consideraciones de este tenor quizás sean motivo de otras líneas. Pero valga la referencia como introducción a una reflexión que busca cumplir el rol de cubrir la higiene mental de la población: a nadie se le entrega un “poder mental” que no nazca del esfuerzo y el entrenamiento cotidianos, y lo que muchas veces se vende (esa es la palabra adecuada) como tal, es apenas el despertar, brusco y alterado, motivado por el mismo supuesto instructor, de un monstruo dormido que debería seguir así: nuestro Inconsciente. Buscar sacar a la luz las capacidades extrasensoriales significa correr el riesgo de que otros parásitos mentales también se atropellen buscando la salida, con el consabido peligro para la estabilidad de nuestra consciencia. Esto se hace más entendible si ilustramos cuáles son las sectorizaciones psicológicas, entendiéndose que hablar de una división en sectores o estratos del aparato psíquico sólo tiene valor a efectos ejemplificadores: en realidad, la mente no se divide en capas sino que es un todo interactuante, holístico y homogéneo.

            Así, podemos distinguir un área Consciente, el aquí y ahora, el “yo soy” de la volición psíquica, la suma de instancias mentales bajo el control de nuestro ego voluntario. Por debajo (y este “debajo”, como dijera, sólo debe entenderse en sentido figurado) ya hallamos al Inconsciente, pero, entre ambos, podemos discernir un Preconsciente, una tenue zona fronteriza asiento de un sinnúmero de mecanismos subliminales; por el Preconsciente pasan las percepciones en esos momentos crepusculares entre el estado de vigilia y el sueño, al acostarnos o despertarnos, cuando aún no sabemos muy bien si estamos de “este” lado o de “aquel”, las alucinaciones hipnagógicas (al entrar en el sueño), y las alucinaciones hipnopómpicas (al salir de él). En el Preconsciente tiene asiento la percepción psicológica del “dejá vù”, que en francés significa “ya visto”, y hace referencia a esa sensación, relativamente común, que tenemos al ingresar a un lugar o vivir una determinada situación, de que ya hemos vivido eso antes; y se impone una pequeña digresión para aclarar este concepto, ya que algunos parapsicólogos hablan en estos casos de “premonición” (conocimiento clarividente de un futuro) o, insólitamente (para el caso de arribar por primera vez a un lugar que parece conocido) a “recuerdos de vidas pasadas”.

            En realidad el fenómeno de “dejá vù” es, estrictamente hablando, neurológico más que psicológico. Y recordemos que consiste, precisamente, en el repentino “darse cuenta” de que una determinada situación ya la habíamos atravesado: pero es el “darse cuenta ahora”, es decir, cuando la situación está siendo vivida. Para que podamos hablar de “premonición”, uno debería haber tenido la “visión” o sensación bastante antes de atravesarla en la realidad para que, al cotejarla, advirtiera su similitud.

            ¿Y qué es este “ya visto”, entonces?. Pues planteémoslo así.

            Cuando yo estoy, por ejemplo, observando una situación determinada, esa “información” (la percepción visual) ingresa por mis ojos y, a través de numerosas ramificaciones, los impulsos eléctricos resultantes llegan al córtex (la corteza cerebral) donde, activando determinadas áreas corticales, movilizan las funciones psíquicas asociadas que, de esta forma, estructuran la función mental de “toma de consciencia”: yo tomo consciencia de que estoy mirando una determinada situación. Esto es, lógicamente, en tiempo presente. ¿Pero qué ocurriría si, por una determinada disfunción neurológica –por ejemplo, deficiente conexión de los axones de un específico conjunto neuronal en un área localizada– esa “información”, al desplazarse por uno de los ramales, sufre un “retraso” en relación a la que corre por el otro?. Pues bien, cuando ese dato retrasado llega a la corteza cerebral, este órgano se dispone, en su conjunto, a efectuar la “toma de consciencia” de que habláramos. Pero al hacerlo, descubre que en otros sectores de sí mismo ya estaba el mismo dato (el que llegó, diríamos así, por el ramal “sano”), desde unos microsegundos antes (la diferencia de tiempo que puede insumir el “rodeo” efectuado por el dato que corría por el ramal “deficiente” en relación al “sano”). Entonces, al descubrir que en parte de sí mismo ya existía esa información con anterioridad, el cerebro no elabora una “toma de consciencia” en el tiempo presente, sino un recuerdo. Un recuerdo de apenas unas fracciones de segundo, pero recuerdo al fin.

            Por eso creemos darnos cuenta ahora de que parecíamos saberlo antes; a diferencia de la premonición, que desde antes venimos sabiendo con qué vamos a encontrarnos ahora.

            Además del “dejá vú”, en el Preconsciente se asientan los Mecanismos de Defensa del Yo; algo así como un filtro protector que impide que nuestra consciencia se vea invadida, saturada y dominada por aquello que anida en el inconsciente; la Racionalización, la Negación, la Introyección, la Sublimación, son algunos de esos mecanismos. Cuando éstos son excesivamente flexibles y tenues, es cuando el material inconsciente pugna por salir. Entre otras cosas, la Potencialidad Parapsicológica del individuo, que se manifiesta más plásticamente, verbigracia, en un campesino imbuido de mentalidad mágica que en un universitario cosmopolita, donde la racionalización (esas antiparras que la academización tiende a imponernos) rigidiza su Preconsciente impidiendo la fácil emanación de lo parapsicológico.

            Pero anteción, que esto no significa creer que es más conveniente carecer de esa formación intelectual: si los Mecanismos de Defensa del Yo son débiles, no sólo salen al exterior manifestaciones parapsicológicas; también lo harán traumas, complejos y todos los detritos mentales sabiamente dormidos en el Inconsciente, como una represa que al derrumbarse no sólo deja fluir el agua como una catarata sino también arrastra desechos, barro, cadáveres...

            Una excesiva fosilización de los Mecanismos de Defensa del Yo es inmovilizante, quietista, un corset puesto a nuestra evolución, es cierto. Pero igualmente es cierto que un inconsciente sin freno es un animal desbocado capaz de destruir todo a su paso. Como escribiera Confucio: “el estudiar sin pensar es vano, el pensar sin estudiar es peligroso”.

            Desde el punto de vista social, esto habla del creciente peligro que significa esa nueva conceptualización mágica que grupos crecientes de público comienzan a tener alrededor de disciplinas tales como la Parapsicología, el Ocultismo, etcétera, y que parecen despreciar la aproximación científica al tema, la crítica objetiva, la prolongada experimentación, sacrificando todo esto en aras de ciertos preconceptos (¿o deberíamos decir “prejuicios”?) que esa gente parece tener acerca de los mismos.

            Esto tiene que ver también con otro concepto fundamental; excepto en el caso donde el fenómeno extrasensorial es producto de un cuidadoso entrenamiento, el activar imprudentemente estos fenómenos, lejos de ser sinónimo de evolución espiritual, puede ser la antesala del caos psicológico. Al tirar del extremo de la madeja, todo el hilo se desenrolla: la represa se ha roto. Más aún, el propio desarrollo controlado de los fenómenos parapsicológicos puede ser inconveniente, ya que centra nuestra atención en el aspecto meramente circense de mover una caja de fósforos mentalmente o adivinar lo que le está pasando al vecino; puede distraer esa atención y nuestro tiempo del objetivo principal, trascendente: seguir adelante en el camino del Autoconocimiento y el crecimiento interior, valiéndonos de esos fenómenos, no como un fin en sí mismos, sino como herramientas en esa búsqueda permanente que es nuestra vida.

            Por eso los antiguos maestros orientales decían a sus discípulos: “Cuídense de los “siddhis (que es como ellos llaman a los fenómenos paranormales) pues “engancharnos” con ellos nos quita del objetivo de ser “yoguis” (es decir, “hombres justos”), conformándose con ser meros fakires. Y si bien las “hazañas” del fakir nos asombran (no cualquiera se pasa veinte años con los brazos en alto, o enterrado vivo una semana) hay en su exhibicionismo algo tristemente patético porque en definitiva, pregunto, ¿de qué sirve todo ello de cara al desarrollo espiritual?.

            Entonces concluímos que, pese a ser despreciado incluso didácticamente (¿cuántos de quiénes están leyendo esto recuerdan su aprendizaje del colegio sobre consciente e inconsciente pero recién ahora toman conocimiento de la existencia de un preconsciente?), la función profiláctica de ese estrato mental es altamente destacable.

            Y ahora debemos hablar del fenómeno Inconsciente haciendo dos salvedades previas: primero, que es incorrecto escribir (como hacen ciertos autores) “subconsciente” ya que, como dijéramos, en la mente todo es un todo interactuante; no hay nada dividido, estratificado, “arriba de” o “debajo de” (“sub”). Yo siempre digo que el empleo de ese término dice hasta dónde llegan realmente los conocimientos de Psicología de quien lo emplea.

            En segundo lugar, y siguiendo la escuela junguiana de pensamiento, debemos decir que, para complicar las cosas, no contamos con un solo Inconsciente, sino con dos:

 

a)     un Inconsciente Personal, que es la suma de vivencias, antecedentes culturales y emociones experimentadas desde el nacimiento, que modelan nuestra personalidad haciéndonos distintos unos de otros, precisamente porque todos provenimos de distintos entornos psicosociales y familiares, atravesando en nuestras vidas distintas experiencias. Pero así como todos tenemos elementos psicológicos que nos distinguen unos de otros, también todos compartimos un sinnúmero de elementos psicológicos comunes, los que integran un...

b)     Inconsciente Colectivo, formado por los elementos psicológicos comunes a todos los seres humanos en todas las épocas; algo así como una gigantesca memoria racial, una mente mundial repartida entre innúmeros cuerpos. Estos elementos psicológicos, que llamamos “arquetipos” son, a diferencia de los que integran el Inconsciente Personal, comunes a todos los seres humanos, y precisamente por ello integran el Inconsciente Colectivo.

 

      Ahora bien. Entre lo que llamamos el Inconsciente Personal y el Inconsciente Colectivo, hallamos la Potencialidad Parapsicológica del ser humano. Pertenece al Inconsciente Colectivo, ya que al ser innata en todos los seres humanos es, por ello, arquetípica. Pero también es función de las circunstancias vivenciales de cada sujeto siendo que sus problemáticas, sus angustias, sus deseos, la despiertan o la inhiben y es por ello parte también del Inconsciente Personal. Podríamos decir entonces que la Potencialidad Parapsicológica es al Inconsciente Colectivo respecto del Personal, como el Preconsciente es del Inconsciente Personal respecto del Consciente: un filtro que aísla nuestra actividad mental de la presión de tres millones de años de arrastre genético y que cuando detona es la exteriorización fenomenológica del pensamiento mágico que, como un monstruo aletargado, empuja desde las profundidades como el magma de un volcán que busca aliviar la presión.

      Esto significa que todos los llamados fenómenos parapsicológicos no son solamente aquellos que nos maravillan al expresarse en nuestra vida cotidiana sino que, emanando desde las fronteras del I.C., pueden materializarse en el I.P. aunque no tomemos consciencia de ello.

      Pongamos un ejemplo para que esto resulte comprensible. Tomemos el caso de los sueños parapsicológicos que no se limitan necesariamente a los “sueños premonitorios”, es decir, aquellos en los cuales soñamos eventos que después (horas, días, años) ocurren en la realidad. No. Llamamos también “sueños parapsicológicos” a ciertas ensoñaciones cuyo contenido emana del Inconsciente Colectivo (recordemos que las imágenes oníricas acontecen durante el dormir como función propia del Inconsciente Personal) y que si se plasman como tales es a expensas de la flexibilización de la Potencialidad Parapsicológica. Tal es el caso cuando un individuo sueña que se ve en una noche de luna llena bailando desnudo alrededor de un fuego, o devorando trozos de carne humana en el fondo de una caverna. Más allá de las forzadas interpretaciones freudianas de tales vivencias, podemos afirmar que es difícil que alguno de nuestros lectores haya presenciado una adoración pagana al fuego o participado de algún ritual antropofágico (o, al menos, eso esperamos). ¿Y de dónde proviene entonces tal información?. Pues de posibles recuerdos genéticos ancestrales, cuando remotísimos antepasados sí frecuentaban tales costumbres.

      Resumiendo, podríamos ilustrar las funciones psíquicas así (siempre recordando que tales divisiones son sólo a título ilustrativo):

 

                    Tres picos  Tres picos

 

      Cada pico es un ser humano distinto, cada uno, como un continente que pese al aparente aislamiento que el océano impone, descansan sobre un fundamento común.

      Todo este esquema se complementa e interactúa con otras tres instancias primarias: el Ello (la pulsión ancestral, los instintos e impulsos primitivos, animales, en el hombre); el Yo (el campo de la acción voluntaria) y el Superyo (las pautas referenciales morales, culturales, sociales y religiosas, que en situaciones extremas pueden actuar como mecanismos represores).

 
 
CLASIFICACIÓN DE LOS FENÓMENOS PARAPSICOLÓGICOS
 
Los fenómenos parapsicológicos pueden ser divididos en dos grandes grupos:
 
Subjetivos        y        Objetivos
           También llamados:
 
Psi Gamma          y        Psi Kappa
              Abreviados:
 
   PG              y        PK
            Que incluyen:
 
 
Clarividencia               Dermoóptica
 
Clariaudiencia              Telekinesis
 
Clariestesia                Psicokinesis
 
Postcognición               Hiloclastia
 
Precognición                Aporte
 
Telepatía                   Teleportación
 
Criptestesia                Levitación
 
Pantomnesia                 Ectoplasmia
 
Psicometría                 Termogénesis
 
Autognosis                  Ectocoloplasmía
 
Percep.Extrasens.Simple     Dermografía
 
Xenoglosia                  Raps
 
                            Poltergeist
 
                            Telergia
 
                            Psicofonías
 
                            Psicoimágenes
 
                            Escotofotografía
 
                            Psicografía
 

 

CLARIVIDENCIA. Conocimiento de hechos, circunstancias e informaciones en tiempo presente y sin que intervenga, directa o indirectamente, ninguna vía sensorial, con respuestas que se presentan como imágenes mentales.

CLARIAUDIENCIA. Percepción auditiva de sonidos o voces pronunciados con simultaneidad pero con la imposibilidad física de un conocimiento directo.

CLARIESTESIA. Sensaciones táctiles que se corresponden con contenidos de percepción extrasensorial (sensación de ser “tocado” por algo invisible).

POSTCOGNICIÓN (o Retrocognición): clarividencia efectuada sobre lo pasado.

PRECOGNICIÓN (o Premonición): clarividencia efectuada sobre lo futuro.

TELEPATÍA. Enlace psíquico con transferencia de información entre dos o más sujetos, recíproca.

CRIPTESTESIA. Percepción específica de elementos que se saben ocultos.

PANTOMNESIA. Recuerdo instantáneo y absoluto de todo lo aprehendido.

PSICOMETRÍA. Percepción de la información vinculada a un objeto, al contacto con éste (no confundir el mismo término empleado en Psicología, que define el uso de los “tests”).

PERCEPCIÓN EXTRASENSORIAL SIMPLE. Contacto psíquico de un individuo a otro, en un solo sentido. Suele ser confundido con la telepatía.

AUTOGNOSIS. Clarividencia interna. Autodiagnóstico.

PSICOFONÍA. Impresión telérgico-telepática sobre una cinta magnetofónica.

PSICOIMÁGENES. Idem, sobre video o película fotográfica.

DERMOÓPTICA. Lectura y visión con los dedos, los codos u otros puntos anatómicos.

TELEKINESIA. Movimiento de objetos inanimados con la mente.

PSICOKINESIS. Influjo de energía Psi sobre sistemas físicos en evolución (v.gr., gota de agua que cae, planta en crecimiento, arroje de dados, etc.)

RAPS. En Espiritismo, los “golpes” tras la aparición de un espíritu. En Parapsicología, se le denomina “torbismo” o “tiptología”.

TELERGIA. Acto de emisión de energía Psi.

ESCOTOFOTOGRAFÍA. Etimológicamente, “fotografía en la oscuridad”. Impresión telérgica en una película virgen, fotográfica o fílmica.

TELEPORTACIÓN. Traslado mediante energía psíquica de un cuerpo, de un punto a otro del espacio.

LEVITACIÓN. Autoelevación en el aire, en suspensión de la ley de gravedad.

DERMOGRAFÍA. Aparición sobre la piel de letras, figuras o signos. Fenómenos emparentados con la estimagtización.

PSICOGRAFÍA. Escritura “mediumnímica” inconsciente o semi-inconsciente. Fenómeno mecánico involuntario a través del cual el sujeto pone en evidencia manifestaciones telepáticas o clarividentes, postcognocitivas o precognocitivas.

TERMOGÉNESIS. Aumento de la temperatura, o descenso de la misma, en un sistema cerrado, por acción psíquica. Cuando se produce una combustión, se habla de “pirogénesis”.

XENOGLOSIA. También llamada “glosolalia”, es la capacidad inconsciente de hablar y entender idiomas que se desconocían.

ECTOPLASMIA. Sustancia exudada por algunos agentes a través de los orificios naturales del cuerpo, de una materia extremadamente sutil compuesta, hasta donde se sabe, de lípidos, tejido conectivo y células epiteliales.

ECTOCOLOPLASMIA. Cuando el ectoplasma adopta una forma definida y reconocible.

HILOCLASTIA. Rotura paranormal de objetos.

APORTE. Paso de un objeto sólido a través de otro por lo que suponemos es un fenómeno de “polarización molecular”. Describámoslo. Supongamos que tenemos dos mazos de cartas, con las mismas dispuestas en distintas direcciones. Tratemos de mezclar ambos mazos. Veremos que nos resulta imposible. Pero acomodemos las cartas, todos los bordes parejos entre sí y el trabajo resulta muy sencillo. Por analogía, diremos que la “polarización molecular” es cuando las moléculas de dos cuerpos se disponen en planos paralelos permitiendo la interpenetración de ambos.

 

            Para concretar la clasificación general de fenómenos observados, añadiremos que, sintetizando, Fenómenos Subjetivos son todos aquellos a los que no accedemos por comprobación directa sino únicamente circunstancial y estadísticamente, englobando los fenómenos de “mente-a-mente” y “mente-a-circunstancia”, en tanto Fenómenos Objetivos son todos aquellos en que la energía psíquica actúa sobre la materia y a los cuales sí accedemos por comprobación directa.

            Terminológicamente, reconocemos que todos los fenómenos se producen por intermedio de la ENPSI (acróstico de “energía psíquica”).

            Usamos el término “energía” por convencionalismo, ya que esta palabra debería aplicarse únicamente para energías físicas y la Enpsi no lo es. Veamos por qué.

            Una energía física, para ser tal, debe cumplir, entre otros requisitos, aquél que dice que su coeficiente debe ser inversamente proporcional al cuadrado de la distancia y el tiempo en que actúa.

            Tomemos un ejemplo: tengo un mechero encendido. Acerco mi mano al mismo. Siento un determinado calor. Ahora, voy alejando mi mano, y observo que cuanto más la alejo, menos calor siento. La energía (calórica, en este caso) es inversamente proporcional a la distancia.

            Supongamos ahora que caliento un cuchillo en el mechero. Apago éste, y observo que cuanto más tiempo pasa, menos calor irradia el cuchillo. La energía aquí es inversamente proporcional al tiempo.

            Con la Enpsi ello no ocurre; la telepatía nos demuestra que se manifiesta tanto a un metro como (tal el caso de la célebre experiencia de los astronautas del Apolo XIV) a cien mil kilómetros. Y la existencia de la postcognición y la premonición pone de manifiesto que el tiempo en nada influye..

 

 
INTRODUCCIÓN A LA INVESTIGACIÓN ESTADÍSTICA

            Como ya hemos visto, la investigación de los fenómenos paranormales ha reconocido dos categorías de identificación: los llamados fenómenos “subjetivos” y los “objetivos”.

            Estos últimos, que interactúan con la materia, son “mensurables”, es decir, estudiables en laboratorio. En cambio, a los primeros sólo podemos aproximarnos estadísticamente. En principio nos valemos para ello de las llamadas “cartas Zenner”, ideadas por el científico homónimo, colaborador de Joseph Rhine, padre de la parapsicología científica.

            Conforman un mazo de veinticinco cartas, repitiendo cinco símbolos (5 x 5 = 25): estrella, cuadrado, círculo, cruz y tres ondas. Se trata de “detectar” qué símbolo corresponde a cada carta sobre la que dirijimos nuestra atención para estudiar, a partir de allí, los fenómenos de clarividencia, telepatía, percepción extrasensorial simple, precognición y retrocognición.

            Dice el cálculo de probabilidades, que en veinticinco cartas sólo podríamos adivinar por azar cinco de ellas, esto es, el 20%. Más de esta cifra indica una tendencia a manifestar determinado fenómeno paranormal. Por debajo es simplemente azar o casualidad, a menos que el índice obtenido sea del 0%, vale decir, ningún acierto. En este caso, también existe un fenómeno paranormal de naturaleza inhibitoria, conocida como “Factor Psi Regresivo”.

            Las experiencias más comunes son:

 

DT o Down Through (“hacia abajo y a través”): Todo el mazo apilado, mencionando de corrido todas las cartas desde la superior hasta la última inferior, sin tocarlas.

BT o Broken Technique (“técnica quebrada”): A la inversa del DT, es decir, desde la de abajo hacia las de arriba.

 

Percepción simple: Las 25 cartas distribuídas boca abajo sobre la mesa y el sensitivo indicando una por una.

 

            Estas tres metodologías se emplean en trabajos investigativos sobre clarividencia, precognición y postcognición. Para telepatía, prescindimos de las cartas, visualizando mentalmente la simbología, indicando el momento de “emisión” y una vez que el “receptor” nos da el conforme, asentamos en planillas –ambos– los signos correspondientes elaborados o supuestos, a fin de mantener registro de los mismos a efectos del posterior análisis.

            También suele emplearse la técnica GESP (“General Extra Sensory Perception”, o Percepción Extrasensorial General”) que consiste en, tabique de por medio, que el agente-emisor vaya tomando una por una las cartas, observando y tratando de “transmitir” al percipiente-receptor quien las asienta en planilla. En este caso se habla de percepción extrasensorial “general”, porque no podemos saber si el conocimiento es por vía clarividente –directamente sobre la carta– o telepática –actuando en la esfera psíquica de quien las observa–.

            Una sola experiencia de 25 cartas se llama experiencia piloto. De ella no podemos concluir nada, sino simplemente inferir que el sujeto manifiesta tendencias hacia determinado fenómeno paranormal.

            De ello concluímos que debemos recurrir a otro sistema si buscamos expedirnos con seguridad respecto de la potencialidad parapsicológica de un individuo. Para ello, efectuamos un “testeo general” consistente en efectuar 25 veces seguidas la experiencia piloto de 25 cartas ( 25 x 25 = 625 pasos). El análisis de la información así obtenida de la misma nos da los porcentajes reales totales de la fenomenología. Sin embargo, debemos cumplir otro requisito si buscamos una conclusión ciento por ciento exacta. Debemos efectuar la gráfica de esta experiencia sobre un eje de ordenadas y uno de abcisas, indicando sobre el eje horizontal los 25 ensayos, y sobre la recta vertical los porcentuales de aciertos (de a 4) trabajando, obviamente, con distintas escalas de valores en numeración a adjudicar. Luego, señalamos con un punto la intersección del ensayo 1 con su correspondiente porcentaje de aciertos, luego la intersección del ensayo 2 con su porcentual, y así sucesivamente.

            Una vez concluido este paso, unimos todos los puntos con una curva; si existió fenómeno paranormal, debe aparecer una curva con altos valores al comienzo de la misma, descendiendo hasta casi desaparecer al promediar y tendiendo a elevar sus índices al final, sin alcanzar los valores iniciales. Esta es la llamada “curva U”. Y es lógico que este efecto se produzca, ya que la frescura y atención del sujeto son mayores al comienzo, alentado por la curiosidad, llegando al hastío si el experimento se prolonga demasiado y revitalizando en las postrimerías su interés, ante la pronta finalización de la rutina de trabajo.

            Una interesante variante que podemos agregar a la experimentación es la llamada “retroalimentación” del sujeto. Ello consiste en que luego de cada ciclo de 25 cartas (o luego de cada paso individual), le revelemos el resultado obtenido. De esta forma se observará una tendencia a incrementar los porcentajes, por lo que en ese caso resultará inútil buscar una “curva U” inexistente ya que la gráfica representará reiterados “picos” y “valles”, consecuencia del ascenso o descenso porcentual inmediato a la retroalimentación.

            Para la investigación de tres fenómenos específicos, a saber, clarividencia, premonición y retrocognición, el procedimiento es muy sencillo.

            Emplearemos a tal efecto, una sola planilla elaborada con información Zenner. Los aciertos adjudicables a fenómenos clarividentes (siempre y cuando, como se recordará, superen el 20%) serán aquellos en que paralelamente a la “señal” se encuentra el acierto o adivinación (líneas horizontales) ya que clarividencia es la percepción “en presente” de información oculta. En consecuencia, para detectar pre y postcogniciones deberemos controlar las correlaciones anteriores y posteriores (líneas inclinadas). Si el intento número 4 (por ejemplo) se corresponde con el número 3 y así sucesivamente, estaremos ante fenómenos de postcognición, pues el agente acertó la carta inmediatamente anterior (en pasado) al momento de concentrarse. Si al pensar, por ejemplo, en la carta 5 acertó la 6 (en futuro) estaremos ante una premonición.

 

Tabla

Tabla

 

Curva "U"