Author Topic: HACER PREGUNTAS: LA CLAVE PARA PROTEGERSE A UNO MISMO DE LAS SECTAS DESTRUCTIVAS  (Read 1650 times)

Crow

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HACER PREGUNTAS: LA CLAVE PARA PROTEGERSE A UNO MISMO DE LAS SECTAS DESTRUCTIVAS

    * Aprender a ser un consumidor exigente puede ayudarle a ahorrar tiempo, energías y dinero. En el caso de las sectas destructivas, ser un consumidor exigente puede ayudarle a salvar su mente. Si alguna vez es abordado por alguien que intenta sonsacarle información sobre usted mismo o le invita a participar en un programa,,usted puede formularle algunas preguntas muy concretas que le ayudarán a eludir a más del 90% de los reclutadores de las sectas. Estas preguntas serán más efectivas si las formula de forma muy directa pero amistosa, y exige respuestas muy concretas.
    * A pesar de que los más de los grupos utilizan el engaño, es importante tener presente que la mayor parte de los adeptos no se dan cuenta de que mienten en el proceso de reclutamiento. Por este motivo, al formular estas preguntas directas una tras otra, por lo general podrá descubrir si le están contando una historia falsa, o si el adepto no sabe que está mintiendo.
    * Dado que a los miembros les han entrenado para evitar los pensamientos negativos sobre el grupo, las respuestas serán con frecuencia poco concretas. Entre las tácticas más comunes de los reclutadores figuran el uso de generalidades indecisas, observaciones evasivas e intentos de cambiar de tema. Generalizaciones vagas como: «Tratarnos de ayudar a la gente a superar sus problemas», o «Esta noche ofrecemos una cena gratuita para discutir algunos de los problemas del mundo», o «Es sólo una reunión para estudiar juntos la Palabra de Dios» deben despertar sus sospechas. Los comentarios evasivos del tipo: «Comprendo que se muestre escéptico; yo también lo fui hasta que realmente conseguí la comprensión», o «¿Conque era esto lo que de verdad quería saber?», también deben ponerle sobre aviso.
    * Otra técnica habitual entre los reclutados es cambiar de tema. Cuando, por ejemplo, usted pregunta si el líder de la secta tiene o no antecedentes delictivos, le pueden soltar un larguisimo monólogo acerca de las persecuciones que han sufrido todos los grandes líderes religiosos del mundo. Pueden charlatanear acerca de que Sócrates fue acusado de molestar a los niños, de que a Jesús se le acusó de vinculación con las prostitutas, etc. No entre en el juego y no se deje llevar a un debate sobre Sócrates o Jesús; a usted lo que le interesa es una respuesta concreta sobre el líder del grupo. Si el reclutador no le contesta de forma clara, concisa y directa, puede estar seguro de que algo falta en su respuesta. Existe además una réplica que ningún reclutador es capaz de contradecir: puede usted dejar de escucharle y marcharse con toda tranquilidad.
    * Jamás debe facilitar su número de teléfono ni su dirección a alguien de quien sospecha que pertenece a una secta. En cambio, pídale usted a él su número de teléfono y dirección, e inicie usted el contacto si es que desea hacerlo. ¡Mantenga el control! No permita que le presionen para sonsacarle información personal; la gente que ha facilitado su dirección y número de teléfono ha sufrido en carne propia las increíbles molestias que esto puede ocasionar.
    * Sobre todo, no olvide que la gran ventaja que tiene sobre el reclutador es la posibilidad de formularle preguntas directas y profundas. Las preguntas a continuación han demostrado ser de las más efectivas:

 ¿Cuanto tiempo hace que usted (el reclutador) se dedica a esto? ¿Intenta reclutarme para alguna organización?

    * A mí me gusta saber de inmediato con quién trato. Una persona que no lleve más de un año en una secta destructiva es por lo general bastante inexperta. Es menos probable que mienta, y sus mentiras no resultan tan convincentes como las de un reclutador más experimentado. Si la persona en cuestión está comprometida desde hace muchos años, espero que dé respuestas concretas a todas mis preguntas, y si no es así le espetaré algo como:
    * «¡Vaya! ¡Es usted un adepto desde hace X años y no sabe la respuesta!».
    * Cuando se plantea el tema del reclutamiento, casi siempre la réplica del reclutador será: «No. Es sólo que usted me agrada y quisiera compartir esto con usted. Lo que decida hacer con la información es cosa suya». Maravilloso. No olvide la respuesta, porque si el grupo resulta ser una secta destructiva, llegará un momento en que le resultará obvio que quieren reclutarlo. En ese instante, puede recordar que el reclutador le mintió. Muéstrese lo bastante enfadado y márchese.

 ¿Puede usted decirme los nombres de todas las organizaciones que dependen de este grupo?

    * Lo que se pretende descubrir con esto es el nombre de los grupos que sirven de pantalla. Es bastante habitual que esta pregunta pille al reclutador con la guardia baja, y le pregunte a su vez qué pretende usted decir. Insista en saber si existen otros grupos u organizaciones que la secta utilice o haya utilizado antes como filiales. Si el reclutador contesta que no lo sabe, pídale que lo averigüe y que haga una lista por escrito. Usted le llamará al día siguiente para conocer los nombres.
    * Incluso aunque su interlocutor le diga que no existen otros nombres, en algún momento puede usted descubrir que miente. Es su oportunidad para montar en cólera, volverse agresivo y marcharse. Si nunca formula esta pregunta, entonces no podrá tener la seguridad de que le han mentido.

 ¿Quién es el líder supremo? ¿Cuáles son sus orígenes y calificaciones? ¿Tiene antecedentes delictivos por alguna causa?

    * Quizá consiga una respuesta concreta a estas preguntas. El reclutador tal vez le diga el nombre del líder supremo. Lo más probable es que no consiga nada en ambos casos. En ocasiones dan el nombre del sublíder en el país, la provincia o la ciudad, en un esfuerzo por encubrir la verdad. También es posible que él ignore los orígenes del líder y si tiene o no antecedentes delictivos, porque jamás se preocupó de averiguarlo. En tal caso usted puede preguntarle: «¿Cómo es que se ha comprometido con un grupo sin inquirir primero estas cosas?». No lo olvide: las sectas destructivas intentan primero atraer a la gente antes de revelar informaciones importantes. Un grupo legítimo siempre facilitará primero la información, y sólo pedirá la afiliación cuando la persona esté dispuesta.

 ¿Cuál es la creencia del grupo? ¿Creen que el fin justifica los medios? ¿Se permite el engaño en ciertos casos?

    * A la mayor parte de los reclutadores no les gusta dar en el acto explicaciones acerca de sus creencias. Están entrenados para despertar su curiosidad y llevarle a oír una conferencia, a ver un vídeo o a participar en un programa. Si lo consiguen, saben que dispondrán de una mejor oportunidad de influirle al tenerle en su propio ambiente.
    * Si el reclutador no está dispuesto a resumir en ese mismo instante los puntos clave de las creencias del grupo, puede estar seguro de que le oculta algo. Desde luego, él puede argumentar que tiene miedo de que usted haga una interpretación errónea basada en una breve descripción. De todos modos, insista. Cualquier grupo legítimo es capaz de resumir sus principales creencias. Pero éste no es el caso de las sectas destructivas. Si más tarde descubre que el resumen es una grosera distorsión plagada de inexactitudes, tiene todo el derecho a enfadarse e irse. Los miembros de la secta intentarán seguramente convencerle de que se han visto obligados a mentirle porque la prensa y la televisión le han lavado a usted el cerebro y le han predispuesto contra ellos, por lo que nunca les hubiera escuchado si le decían la verdad.
    * No pase por alto esta racionalización de que «el fin justifica los medios». Ninguna organización legítima necesita mentir para ayudar a la gente.

 ¿Qué se espera que hagan los miembros después de afiliarse? ¿Tengo que abandonar la universidad o el trabajo, donar mi dinero y propiedades, o apartarme de familiares y amigos que se opongan a mi adhesión?

    * Si la persona que le aborda es reclutador de una secta destructiva, le dirá que no tendrá que hacer prácticamente nada después de su ingreso. Sin embargo, esta pregunta consigue que la mayor parte de los adeptos se muestren muy incómodos y a la defensiva. Observe con atención las reacciones no verbales del reclutador mientras le plantea esta cuestión. Pregúntele qué hacía él antes de unirse al grupo y qué hace ahora.

 ¿Existen controversias acerca del grupo? Si la gente formula críticas, ¿cuáles son las principales objeciones?

    * Ésta es una pregunta definitiva, que sirve para determinar cuánto sabe la persona o cuánto está dispuesta a discutir. Si formula la pregunta con toda cortesía y acompañada de una sonrisa, se sorprenderá de las muchas veces que le contestarán: «Bueno, hay quien opina .que somos una secta y que a todos nos han lavado el cerebro. ¿No le parece ridículo? ¿Tengo yo pinta de que me hayan lavado el cerebro?». A este, último punto, suelo responder: «Vaya. ¿Y qué pinta tienen las personas a quienes les han lavado el cerebro?». Por lo general, compruebo que mi interlocutor se siente muy incómodo, y si continúo insistiendo busca una excusa para marcharse.

 ¿Cuál es su opinión sobre los ex miembros de su grupo? ¿Se ha sentado alguna vez a hablar con un ex miembro para averiguar por qué abandonó el grupo? Si no es así, ¿por qué no lo ha hecho? ¿Impone su grupo restricciones a la comunicación con antiguos miembros?

    * Esta serie de preguntas es una de las más reveladoras que se pueden formular a un adepto. Cualquier organización legítima jamás desaconsejará el contacto con antiguos seguidores. Del mismo modo, apoyará la decisión que tome el miembro, incluso si ésta no es de su agrado.
    * En cambio, las sectas destructivas no aceptan ninguna justificación para la marcha de un adepto, cualquiera que sea el motivo. Además, las sectas inculcan el miedo en sus afiliados, para asegurarse de que se mantienen apartados de quienes les critican y de los ex miembros. Pese a que algún reclutador experto, cuando usted insiste y quiere saber más detalles., pueda responder: «Claro, algunos de mis mejores amigos se han marchado», acabará por descubrir que le ha mentido. Cuando me dan una respuesta parecida, ya a mi vez les pregunto: «¿Cuáles son los motivos concretos que motivaron su marcha?», y «¿Le han dicho si son más felices ahora que antes de abandonar la secta?». Una vez más, el reclutador no sabrá qué responder.

 Dígame las tres cosas que menos le gustan del grupo y de su líder

    * Soy incapaz de recordar cuántas veces he visto a los reporteros y a los entrevistadores de televisión preguntar a los miembros de una secta si les han lavado o no el cerebro. El adepto, por lo general, sonríe y responde: «Desde luego que no. Es ridículo». Sin embargo, es absurdo esperar una respuesta objetiva de alguien que está bajo control mental. Una pregunta mucho más acertada es: «Dígame tres cosas que no le agraden del grupo o del líder». Si tiene la oportunidad de coger desprevenido al adepto y le formula esta pregunta, le sugiero que observe con cuidado la expresión de su cara. Se le dilatarán las pupilas de sus ojos, y por un momento se quedará atónito. Cuando por fin responda, probablemente dirá que no puede pensar en algo que no le guste. Los miembros de una secta, por lo general, dan esta respuesta con ligeras variantes, porque no están autorizados a formular críticas, y menos por televisión.
    * Si tiene ocasión de seguir preguntando, intente averiguar qué otra cosa le gustaría hacer en la vida aparte de pertenecer al grupo. La respuesta habitual es: «Nada».
    * La pregunta definitiva es si la persona ha tenido tiempo o no para hablar con antiguos adeptos y leer informaciones críticas a fin de efectuar su propia valoración. Un individuo sometido a control mental puede decir que sí. No obstante, muy a menudo he visto cómo sus familiares le llevaban la contraria, y en general el adepto no replica. Si lo hace, es que está en camino de abandonar el grupo.
    * Si usted ha formulado todas estas preguntas y está razonablemente convencido de que la persona con la que habla es sincera, y está interesado en saber más del grupo, le recomiendo que haga aún varias cosas. Puede plantear las mismas preguntas a otros miembros del grupo y ver si coinciden las respuestas. Si hay grandes diferencias, puede intentar enfrentarlos a este hecho y observar cómo reaccionan.
    * Antes de participar en cualquier programa, recuerde que aún puede efectuar más averiguaciones por su cuenta sobre el grupo. Póngase en contacto con alguna organización especializada en sectas para saber si ellos tienen mayor información. No le causará ningún daño ser prudente.
    * Si así no consigue más información sobre el grupo, y todavía está interesado, asista a una reunión con un amigo de confianza. De esta manera, tendrá a alguien con quien poder discutir todo lo que vea y oiga. Las sectas destructivas, por norma, intentarán siempre encontrar algún modo de separarle de su amigo. La regla es «divide y vencerás». Desde luego, todo parecerá muy espontáneo e inocente, pero el resultado es siempre el mismo. Por lo general, un adepto iniciará una conversación con su amigo mientras otro comienza a formularle preguntas a usted. Al principio estarán juntos, al cabo de unos minutos les separarán un par de metros, y si usted lo permite, al final de la velada estarán en esquinas opuestas de la habitación. Algunos grupos no son tan disimulados y piden a los participantes que se emparejen con personas a quienes no conocen. No permita que nadie les separe. Insista en permanecer junto a su amigo. Si le presionan, o si tiene que enfrentarse con los líderes del grupo, márchese.
    * Si se ve inmerso en una sesión de adoctrinamiento, póngase de pie y anuncie que no le agrada que le manipulen y controlen. Cuanto más alto hable, más rápido le expulsarán de la habitación. ¿Quién sabe? Tal vez otras personas aprovechen la oportunidad para marcharse con usted.
    * No permita que le venza la curiosidad. Demasiada gente ha sido reclutada por estas organizaciones porque se creían capaces de poder «controlar» cualquier situación. La curiosidad y el exceso del confianza significaron la caída de muchas personas. Ponerse uno mismo en una situación peligrosa no vale la pena.