Author Topic: Oasis de vida  (Read 1671 times)

Lalluvia

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Oasis de vida
« on: Enero 01, 2009, 01:52:25 pm »
From: MINERO16  (Original Message) Sent: 05/02/2004 09:40
¿Qué es el mal? Ausencia de bien. La oscuridad es aquel lugar dentro y fuera de nosotros donde no hemos llevado nuestra luz, así se simple. Estamos aquí para dejar pasar la luz y una vez que ella es en nosotros, una vez que somos la luz, ofrendarnos para iluminar las tinieblas. Frecuentemente aún aquellos que han llegado a ser antorchas vivientes anhelan estar situados a la luz y al calor del sol. Cuando eso ocurre se lamentan en silencio de que la vida los coloque en un contexto oscuro, en ocasiones casi lo ven como signo de conflicto. Que lejos están, cuando así sienten, de la verdad ¿dónde si no serían de utilidad?

Citaré varios fragmentos de dos consultas con el Dr. Jorge Carvajal. A es una mujer de 40 años, inteligente, valiente y noble trabaja en una institución gubernamental como mando intermedio. B es un hombre de 35 años, su carácter íntegro, su equilibrio y su valentía destacan de forma clara. Ocupa un alto cargo en una multinacional, su jefe directo es el cargo más alto del país, un hombre con gran poder y un siniestro manejo de su fuerza que incluye acoso sexual, insultos a sus directivos en reuniones delante de los demás, intimidaciones constantes, espionaje y arbitrariedades graves. Ambos tienen excelentes relaciones familiares, matrimonios felices y buenos amigos, ambos consultan por las dificultades laborales.

“A: Vengo Jorge a que me ayudes a dar sentido a mi vida profesional, mi trabajo me gusta, soy buena en él, sin embargo las fricciones constantes en la Institución donde ejerzo hacen que haya perdido el sentido, las ganas, la voluntad de trabajar, voy por obligación, me siento triste.

JC: ¿Un árbol escoge el sitio donde va a nacer? No, una semilla no piensa que aquí no haya viento, que aquí no haya frío, simplemente germina a pesar de las condiciones. ¿Un hijo querría tener a los 2 años una madre mejor? Jamás, tiene la madre que tiene. Hay cosas que van más allá de nosotros, que parten de la vida, que forman nuestra matriz, son nuestro territorio y no nos queda más remedio que disfrutarlo, porque no podemos cambiar el Estado, ni las relaciones económicas internacionales, ni los políticos corruptos. Pero sí podemos florecer y si hay una flor que florece en el desierto hoy, llena de semillas su entorno y tal vez dentro de mil años el desierto sea un jardín.

A:¿Cómo?

JC: Floreciendo. La flor no se pretende flor, no se pregunta cómo florecer, da de lo que ella es. La flor de loto no pretende que no haya pantano para florecer, ella es loto gracias al pantano oscuro.

A: El ambiente es realmente hostil, hay mucho sufrimiento, a veces pienso ¿quién te crees tú que eres para cambiar nada?

JC: No puedes cambiar nada afuera, eso es cierto, las acciones más significativas son las más invisibles. La gente tiene sed de amor y puedes dar una sonrisa, allí donde no hay sino tensión. La gente tiene sed de paz y puedes dar no resistencia, allí donde todo el mundo compite, se hiere, pone zancadillas. Eso tiene un valor infinito. Son tantos los que se refrescan en medio de la sed del desierto si tu tienes la frescura de tu alma y de tu corazón en ese lugar.

A: Lo que me ha pasado últimamente, cuando he empezado a ser yo, he quitado las máscaras, he dejado de ser víctima, es que he sentido aún más fuertemente el rechazo. Todos lanzan dardos envenenados continuamente, los de arriba, los de abajo, los de alado.

JC: Claro, vas a sentir los dardos porque si la gente se mira en un espejo limpio y transparente van a rechazarte más. No creas que te rechazan a ti, rechazan la propia imagen que ellos logran reconocer a través de ti, eso es todo. ¿Cómo proceder? Mirándolos con compasión, vas a decirte: esto no se dirige hacia mí, yo no voy a ser víctima de otras víctimas. Están quebrando el espejo para no ver su propia imagen. Tu función es no resistir. Eso es lo espiritual, cuanto más espiritual seas, más grande es el reto que te pone la vida. Se consciente de que tu llegas a un oasis de paz en la noche por la armonía conquistada en el matrimonio, en la familia, pero la gente está en un desierto y por la noche llegan a un desierto peor. Vas a decir, “aunque esto sea un desierto, en mi corazón, en mi interior hay un oasis de amor y de paz para aquellos que lo necesiten”. Luego vas a pensar ¿qué es el trabajo?, es una oficina, es un contexto, es un centro administrativo, no “tu trabajo es el lugar donde proyectas tu corazón”. No vas a percibir el trabajo como algo exterior a ti, sino como algo que nace de ti. Es donde vas a dar lo mejor de ti. ¿Hasta cuándo? Hasta que la vida te lo permita, pero que no sea porque tú no soportes la presión, porque tú, la vida te ha dado la fortaleza y la condición ya no para ser una víctima que tiene que soportar, sino para ser un discípulo inteligente que puede enriquecer aquello que pasa a través de él, que devuelve a la vida enriquecido aquello que recibe.

La vida te concedió semillas de la más bella calidad, ahora simplemente abres un surco en la tierra para sembrarlas. No siembres como un científico que quiere conocer el resultado, renuncia totalmente a los resultados, a la recompensa. No esperes que por haberlo hecho bien la administración vaya a cambiar; eso no es posible, no va a cambiar, no te hagas la ilusión. Pero es posible que la semilla que has dejado en el corazón de aquellos a los que vas llegando, germine en unas generaciones, en un nuevo planeta. Te vas a decir esto: “no estoy sino en el lugar que me corresponde estar, hasta que aprenda la lección que ahí tengo que aprender y siembre lo que allí tengo que sembrar”. Hay una ley espiritual, en el mismo día en que tú hayas cumplido allí tu misión, en ese mismo día, en ese segundo la vida te va a abrir una compuerta mayor.

A: Tengo algún compañero con el que me llevo bien, él al verme me dice: “estás haciendo el tonto, no vayas a saludar, a preguntar, ¿no ves que en cuanto te giras se ríen de ti? Cuanto más te comportes así peor vas a estar”.

JC: Eso no es cierto desde el punto de vista del alma. Se ríe la máscara pero en el corazón lo agradece. El se ha puesto una coraza, vive en un bunker, no quiere dejarse tocar para no sufrir, pero se está asfixiado en su propio bunker porque no recibe su propia luz siquiera. Mira con compasión esto, con mucho respeto. ¿Quién es el que más nos necesita? Precisamente esa persona despótica, dura, que se ríe de ti. Si lo comprendieras en la dinámica del corazón sabrías que te está lanzando un SOS, que su máscara se ríe pero que su corazón llora y te llama y si tu sigues fiel a esto allí donde estés, entre los supervivientes extraordinarios que todavía aguantan, cumplirás tu parte”.

“B: He venido porque ya no le encuentro sentido a mi trabajo, siempre pude mantener el estress a raya, ahora me ha invadido, estoy irritable, incluso contesto mal. Yo no necesito de este cargo para ser feliz Jorge, y no veo el sentido de permanecer en él, mi vida era mucho mejor cuando era director local. Lo acepté porque era un desafío, imagino que también porque creí que podía ayudar a más gente al tener muchas oficinas bajo mi jurisdicción, me propuse hacer lo que hubiera querido que mi director de área hubiese hecho, filtrar las locuras que vienen de presidencia, lo he hecho durante dos años, pero no puedo más, siento que es como escribir rayas en el agua.

JC: No puedes más porque has perdido el sentido, el dolor no es soportable cuando no tiene sentido, sin embargo tu ubicación en esta multinacional está llena de sentido, estás justo donde debes estar. Esta es la máxima oportunidad, la vida te ha lanzado a una caverna oscura porque allí es más brillante la luz, ahí la luz se va a ver más fácilmente y ¿desde dónde? Desde tu silencio, tu humildad, tu tolerancia, tu disponibilidad. Aprende una cosa: la única manera de transformar algo es aceptarlo. Ese es tu punto de partida, acéptalo conmovido. Si tu ves a un enfermo con fiebre, con escalofríos, tu no lo rechazas, dices este está enfermo y buscas la manera de ayudarle, pues bien, tu jefe está enfermo, los altos directivos que estando en puestos como el tuyo, le obedecen ciegamente y por temor cometen arbitrariedades con sus subalternos propagando la injusticia están enfermos. Desde tu alma experimenta un sentimiento de compasión. La vida te no te puso allí por azar, la misma vida que te regaló un oasis de paz en el hogar, una esposa maravillosa y un hijo feliz, un oasis de paz en tu corazón, te pide que no pierdas de vista la plenitud de sentido que tiene poner una sucursal de ese oasis aquí. Uno no va a su trabajo, uno construye su trabajo. Mi trabajo es un lugar interior, es allí donde yo pongo el corazón. No son estas cuatro paredes, ni estas normas injustas y rígidas, ni estos oídos sordos.

Te vas a decir: “Voy camino del intelecto a la comprensión amorosa, llevo la luz de mi mente a mi corazón y la proyecto a mi trabajo”. Eso es lo que vas a hacer, porque si no te vas a quedar en la mente calculando cómo deberían ser las cosas. De tu intelecto pasar a tu corazón para que allí la luz adquiera el colorido del amor.

Hay un cuento de un hombre que vendía frutas en la plaza del mercado. Era un hombre muy feliz y disfrutaba viendo como podía conseguir frutas frescas y liberar a los campesinos que producían la cosecha y calmar la sed de los turistas que pasaban por la plaza. Un día vio que llegaba mucha gente y el vendía muchas más frutas, esta gente llegaba con muchas aspiraciones, se iban para la montaña y a los 2 o 3 meses bajaban todavía más felices; entonces le entró el gusanito de la duda y se empezó a demandar ¿esa gente para dónde va? Él nunca se había demandado para dónde va la gente, él simplemente había pensado “estoy haciendo lo que tengo que hacer, aquí estoy muy bien” pero ante la nueva duda indagó con uno de los peregrinos que era lo que en la montaña buscaban. “Allí hay un maestro de la sabiduría - le respondió el peregrino - y uno tiene que estar allí tres meses, prepararse, meditar y cuando está maduro uno se va para donde él, él te mira a los ojos y te dice que tienes que hacer en la vida, a qué viniste, qué es lo que tienes que aprender. Entonces este hombre empezó a dudar de si lo que estaba haciendo era lo correcto, después de 2 o 3 años de duda que le carcomía el corazón empezó a meditar, a ayunar y a prepararse y al fin lo abandonó todo, su familia, la venta de frutas y se fue a donde el maestro; el maestro lo recibió como si lo estuviera esperando, muerto de risa. ¿De qué te ríes maestro? “Yo sé que me vienes a preguntar”. Y él ya sabía la respuesta desde hacía mucho tiempo: “tu puesto es vender frutas en la plaza del mercado”.
Me gusta mucho el cuento porque con frecuencia nos preguntamos ¿dónde debemos estar? donde estamos. ¿Quiénes debemos ser? lo que somos, y si somos bien lo que somos y si estamos bien donde estamos la vida nos asciende, es decir, nos cambia de orbital. La vida te cambió de orbital hace dos años y estás en un punto de fricción mayor, estás donde debes estar. Una sola persona que llegue a ti y vea en ti capacidad, inteligencia, pero que vea transparencia, amor y honestidad, va a recibir un mensaje colosal: vale la pena vivir porque hay una persona justa en este mundo.

Mira toda la gente que depende de ti, veinte oficinas son veinte directores, veinte sub directores, varios empleados, cada uno con su mujer, sus hijos, piensa solamente en tu llegada a casa cada noche, en como abrazas a tu hijo y te estás enriqueciendo. ¿Te imaginas el valor de darle un poquito de tu amor, de tu cariño, un poquito de comprensión a alguien que no lo tiene ni en su familia, ni en su casa, ni en su empresa? Imaginas la diferencia que supone que cada padre que está bajo tu mando en la multinacional llegue a casa contento porque evitaste que le humillaran, o que le obligaran a regresar de sus vacaciones, o que tuviera que ir a la oficina el día de Navidad. Si una empresa es una fábrica para producir amargo y ácido y alguien les hace trampa y les pone un poquito de dulce, eso se les sale de su programa, esa es tu función y si lo rechazan es porque lo estás haciendo bien. Si no te lo hechas al hombro, si comprendes tu parte, si siembras en el corazón de uno una semilla de hermosura y ese la siembra en otro y en otro, de abajo para arriba la empresa se transforma. Los países y las grandes empresas no se transforman de arriba para abajo, de arriba para abajo está escrito que debe producir rigidez, amargo y ácido. Eso se cambia de abajo para arriba y se cambia desde el corazón de cada quien”.

Ser oasis de vida, vida generosamente ofrecida es nuestra única función. Eso celebramos en el ritual de la misa, ritual que a diario se oficia en el templo de las relaciones, cuando se bebe la sangre de Cristo. Su sangre derramada por nosotros es la luz que nos sustenta, la nuestra derramada por amor es vocación y deuda de honor. Deuda para con nosotros mismos, pues el ascenso permanente es sacrificio, sagrado oficio, irrevocable elección. El ascenso del verdadero discípulo del alma se reconoce en su silencio, “amaros los unos a los otros y el mundo sabrá que sois mis discípulos”, mandato de la suprema ley del amor, es la norma de vida que un día nos permitirá alcanzar para todos, la liberación. ids.