Author Topic: El sabbath de las mujeres  (Read 1756 times)

ArjunaV

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El sabbath de las mujeres
« on: Diciembre 17, 2008, 01:32:32 pm »
De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original)   Enviado: 02/12/2005 15:08

EL SABBATH DE LAS MUJERES:
RECLAMANDO EL PODER DE LA MENSTRUACION

por Lara Owen, M.P.W.

Parte de este material está incluido en el libro de Lara Owen 'Her Blood Is
Gold: Celebrating the Power of Menstruation' (SU SANGRE ES ORO: CELEBRANDO
EL PODER DE LA MENSTRUACION), Harper San Francisco, 1993.

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Solía pensar que mis períodos eran una molestia, una sucia intrusión que
incrementaba la lavandería y causaba un montón de síntomas desagradables
incluyendo cansancio y dolor debilitante. La menstruación interfería con mi
vida sexual, mis actividades atléticas y mi nivel de energía. Causaba
cambios erráticos de temperamento, irritabilidad y un mal humor destructivo
e imparable. Además costaba dinero - en toallas y tampones para absorber la
sangre, en ropas arruinadas, en tiempo perdido en el trabajo. Era un
saboteador ruin y solapado que siempre llegaba en el momento más inoportuno.

A pesar de este prédica de aflicción, no estaba totalmente en su contra.
Cuando mi período llegaba, había siempre una parte de mí que se sentía
complacida. Significaba que estaba saludable y fértil y que todo estaba
funcionando apropiadamente. Sangrar me producía cierto orgullo que sentí
intensamente durante mi primer período, pero ante la ausencia de cualquier
aprobación externa, aquel sentimiento placentero desapareció gradualmente.

Una amiga judía me contó que cuando tuvo su primer período su madre la
abofeteó. Con asombro ella reclamó: "¿Por qué hiciste eso?" Su madre
respondió: "No lo sé, mi madre hizo lo mismo, es la tradición." Recibir una
bofetada cuando una se vuelve mujer <ése es un punto interesante acerca de
cómo es vista la naturaleza femenina. Tal vez se trate de un intento por
eliminar el sentimiento de orgullo que llega con la primera sangre.

Algo más acabó por quitarme el sentimiento de orgullo y creo que fue la
ausencia de ceremonia. Sentía internamente que algo verdaderamente asombroso
y mágico estaba ocurriendo, y sin embargo todos a mi alrededor lo trataban
como algo trivial. Tenía una sensación de logro, con tintes de excitación,
curiosidad y pena. También recuerdo una vaga conciencia de un futuro vasto y
desconocido. Intuitivamente sabía que era un acontecimiento muy importante
en mi vida <y no obstante nadie dijo nada al respecto, excepto para darme
algunas toallas sanitarias. Creo que mi madre se sintió complacida <después
de todo, significaba que estaba sana y creciendo normalmente< pero yo
necesitaba más que eso. Necesitaba una ceremonia, una fiesta, algún gozoso
reconocimiento público de este gran evento en mi desarrollo. Pero nada
sucedió. Conforme pasaban los meses sentía cada vez más la vergüenza y cada
vez menos la excitación y el orgullo que habían brillado momentáneamente con
la primera sangre.

En casa, mis períodos eran algo que debía mantenerse oculto de mi padre y
mis hermanos. Si tenía que mencionarlo, hablaba en voz baja y
preferiblemente con mi madre a solas. Poco después de iniciados mis
períodos, durante un viaje familiar, tuve que pedirle a mi padre que
detuviera el auto pues necesitaba ir a la farmacia. Por supuesto que quiso
saber qué necesitaba comprar. Recuerdo un sentimiento horrible cuando le
dije que necesitaba comprar toallas sanitarias. Era una peculiar mezcla de
vergüenza, orgullo y pena absoluta. Él se portó muy bien al respecto, según
recuerdo, y nunca dijo nada que me hiciese sentir avergonzada. Pero de
alguna manera esa vergüenza siempre estaba en el fondo de mis pensamientos,
y afectó toda mi relación con el mundo externo.

En la escuela, la menstruación era algo que no debía ser mencionado sino en
clase de biología. Toda la información que recibí acerca de la menstruación
era puramente física. Había período porque no había embarazo, y el flujo
menstrual era simplemente el revestimiento descartado que el útero producía
para un posible feto. Mis amigas y yo lo discutíamos y, en ausencia de mayor
información, decidimos que el cuerpo femenino estaba pobremente evolucionado
<toda esa sangre y ese escándalo por años y años, cuando sólo necesitabas
tenerlo una o dos veces para tener niños.

La imagen que la sociedad me dio a través de la publicidad era confusa. Los
anuncios de tampones mostraban ágiles chicas en bikinis corriendo
alegremente hacia el mar y muchachas en ajustados jeans blancos saltando a
caballo. Esto no correspondía para nada con mi experiencia de letargos y
cólicos, y sabía que ninguna mujer en su sano juicio confiaría tanto en un
tampón como para salir a pasear en pantalones blancos. ¡Bah! Seguramente
fueron hombres quienes escribieron esos anuncios.

Aún así yo sentía que debía ser como las muchachas de los anuncios de Tampax
y que algo malo había en la manera en que mi cuerpo y mente se comportaban
<que una muchacha normal no debería sentir diferencia alguna durante su
período, y que no había nada que a ella le gustara más que subirse a un
caballo y galopar hacia alguna aventura mientras ese bonito tampón le
permitía olvidar que estaba menstruando. La vergonzosa realidad era que yo
ni siquiera podía introducirme un tampón. No solamente no encajaba en el
estereotipo, sino que además estaba mal armada. Me sentí decididamente
inadecuada hasta que finalmente lo logré. Entonces comenzó el proceso de
imaginarme que yo no estaba menstruando en absoluto.

Consideraba a mis períodos como una inconveniencia y eso era todo. Si eran
dolorosos, tomaba un calmante - se llamaba "Feminax" y contenía una poderosa
mezcla de ingredientes diseñados para acabar con cada uno de los síntomas de
la menstruación, incluso cafeína para menguar la depresión y el letargo. En
época de exámenes escolares, conseguía medicamentos para retrasar mi período
hasta días más convenientes, cuando el furor de las hormonas pudiera asaltar
el lado izquierdo de mi cerebro sin afectar mi futuro académico. Nunca me
mencionaron nada acerca de las ventajas de experimentar un estado de
conciencia diferente una vez al mes, porque nadie sabía nada.

A los 18 años comencé a tomar la píldora y al principio me complació que mis
períodos se aligeraran y se volvieran tan predecibles. Me tomó varios años
darme cuenta realmente de que la razón para la ligereza de mis períodos era
que se trataba de períodos falsos. Noté que me volvía cada vez más sensible
y enojada durante mis supuestas menstruaciones, así que decidí suspender la
píldora. Después de un par de meses me sentí "yo misma" otra vez y me di
cuenta de que, a pesar de lo conveniente que resultaba la píldora, en
realidad me había sentido traicionada con esos períodos ligeros. Ahí fue
cuando comencé a darme cuenta de que menstruar era una parte importante de
mi vida, un ritmo del cual dependía para mi salud psíquica y física, y que
ignoré o suprimí bajo mi propio riesgo.

En otras culturas, en vez de ser ignorada, la menstruación ha sido
considerada (y en algunos casos aún lo es) como un tiempo especial y sagrado
para las mujeres. La abundancia de símbolos relativos a la mujer encontrados
en excavaciones en lugares antiguos de Europa y el Cercano Oriente sugiere
de manera enfática que dichas culturas eran matrifocales y reverenciaban a
la Diosa y a los procesos del cuerpo femenino. Las prácticas rituales
estaban ligadas al sangrado mensual de las mujeres y la sangre menstrual era
altamente valorada como poseedora de poderes mágicos. La palabra ritual
viene de "rtu", que significa menstruo en sánscrito. En la época anterior al
sacrificio de seres vivos, la sangre menstrual se ofrecía en ceremonias. La
sangre menstrual era sagrada para los Celtas, los antiguos Egipcios, los
Maorí, los primeros Taoístas, los Tantristas y los Gnósticos.

Los Nativos Americanos comprendían muy bien los diferentes sentimientos que
las mujeres experimentan cuando menstrúan y para ellos estos sentimientos
formaban parte de algo muy importante en los ciclos del cuerpo femenino. Las
mujeres se retiraban a un recinto especial a pasar su sangrado. Se le
consideraba ser el tiempo en que una mujer se encontraban en el nivel más
alto de su poder espiritual, durante lo cual la actividad más apropiada era
descansar y acumular sabiduría.

La tribu Yurok del norte de California poseía una cultura espiritual muy
desarrollada basada en el ritmo del ciclo menstrual para las prácticas
rituales no sólo de las mujeres sino también de los hombres. Las mujeres
acostumbraban retirarse "en masa" durante la luna nueva por un período de
diez días. Durante ese tiempo los hombres se concentraban en el "desarrollo
interno", en ceremonias y meditación. Mientras los adultos estaban ocupados
acumulando poder espiritual, los niños eran cuidados por los ancianos de la
tribu. Todo el trabajo que los adultos tenían que hacer se concentraba en
los otros días del mes.

Cuando los hombres blancos entraron en escena, "el mundo se paró de cabeza".
Las actitudes hacia la menstruación cambiaron y las muchachas fueron
adoctrinadas por sacerdotes en vez de las ancianas de la tribu. En vez de
enseñárseles que una vez al mes sus cuerpos se volvían sacros, se les enseñó
que se volvían inmundos. En vez de retirarse a un recinto a meditar, orar y
celebrar, se les enseñó que estaban enfermas.

En 1986 conocí a un maestro de las tradiciones Nativo Americanas. Me enseñó
que una mujer menstruando tiene el potencial de ser más poderosa física y
espiritualmente que cualquier hombre o mujer en cualquier otro momento.
Aquello volteó de cabeza mis condicionadas representaciones de la realidad.
Yo siempre había experimentado mi menstruación como un período de debilidad
y dificultad. ¿De qué podría estar hablando aquel hombre?

Me indicó que cavara un hoyo en la tierra y que le hablara al hoyo de mis
pensamientos negativos sobre la femineidad y el sangrado. Dijo que la tierra
transformaría la energía negativa que yo sostenía alrededor de mi naturaleza
femenina. Me sentí bastante tonta, pero de todos modos lo hice y me
sorprendió descubrir cuántos malos sentimientos acerca del ser mujer
acechaban dentro de mi mente feminista altamente educada. Este ejercicio fue
doloroso pero muy eficaz.

Comencé a ver mi sangre con reverencia más que con miedo, disgusto o
indiferencia. Para ese entonces ya no usaba tampones, así que comencé a
mirar mi sangre apropiadamente cada mes, en lugar de verla en un
desagradable tampón. Vi que era clara y roja, y algunas veces más oscura y
con coágulos. Si en verdad liberaba mi visión, entonces podía ver que estaba
llena de vida, llena de magia, llena de potencial. Comencé a sentir gozo al
pensar en mi sangre, en ser mujer, al pensar que después de todo había algo
extraordinariamente mágico y misterioso en habitar un cuerpo femenino. El
resentimiento que había sentido durante mi adolescencia por haber nacido
mujer y la convicción de que los muchachos eran mejores, palidecieron y
fueron reemplazados por una creciente sensación de maravilla frente a las
complejidades, posibilidades y profundidades ofrecidas por el ciclo mensual.

Comencé a tomarme tiempo para descansar, meditar y simplemente estar conmigo
durante los días de mi período. Me di cuenta de que entonces era
particularmente capaz de reflexionar, y que dichas reflexiones eran de una
naturaleza sin tiempo. Sentí que me estaba conectando con alguna antigua y
vasta fuente de sabiduría femenina, simplemente con sentarme quieta y
escuchar mientras sangraba. Tomarme ese tiempo durante mis menstruaciones
creó una relación muy diferente con mi cuerpo. Mi salud mejoró y poco a poco
los cólicos que había sufrido durante la mayor parte de mi vida se
mitigaron, y mi período se volvi&o un tiempo de placer más que de dolor.

Estaba comenzando a quererme a mí misma verdaderamente. Por supuesto que uno
no puede obligarse a hacer esto, del mismo modo que uno no "hace" que otra
persona lo quiera a uno. Comenzó a suceder de manera muy gradual, y mucha
gente que se atravesó en mi vida me ayudó a ver con más claridad. Pero lo
importante al principio fue el conocimiento de que la menstruación es una
fuente de poder. Esta invaluable pieza de información, junto con el fuerte
instinto que tenía acerca del poder del útero, transformaron mi profunda y
en su mayor parte inconciente falta de autorespeto.

Pensar en la menstruación como una fuente de poder para las mujeres iba
completamente en contra de mi condicionamiento, y sin embargo sabía en mi
corazón que era verdad. Me di cuenta de que había muchísima energía en la
dicotomía entre lo que nos enseña nuestra cultura y mi reacción instintiva
de "¡Claro que sí!" a esta sabiduría ancestral. Cuando se localizan los
puntos donde la cultura se separa de una verdad natural, se habrá encontrado
una llave, un pasaje hacia las enfermedades de dicha cultura. Comencé a
entender que la hendidura entre la sabiduría y el poder de la menstruación
que yo estaba percibiendo y las actitudes de la sociedad moderna con
respecto al útero, se situaba en el corazón de la subyugación y la negación
de la realidad y la experiencia femeninas.

Para muchas mujeres, la raíz de su infelicidad yace en la dolorosa relación
con los procesos de ser mujer. Las mujeres son entrenadas para esconder a
cualquier costo el hecho de que menstrúan. Las manchas de sangre en la ropa
constituyen una horrible vergüenza. Nadie dice nunca: "No quiero ir a
trabajar o a la fiesta porque estoy menstruando", a menos de que se sienta
enferma por ello y en ese caso por lo general dirá que tiene dolor de cabeza
o un problema digestivo.

Cuando el útero y la menstruación son vistos únicamente como una incómoda
necesidad biológica, la autoestima de las mujeres es correspondientemente
baja. Nosotros somos nuestros cuerpos, y no podemos realmente amarnos en lo
profundo de nuestros corazones si no amamos nuestros cuerpos sinceramente. Y
no amas tu cuerpo si te sorprendes diciendo "¡Oh, no! ¡Me bajó la regla!"

En el siglo XIX, la menstruación era vista por los médicos como un signo más
de la inferioridad y debilidad de las mujeres. Sin embargo, por lo general
hay al menos un chispazo de verdad en cualquier ideología, y los médicos de
la era Victoriana no estaban completamente equivocados cuando señalaban la
importancia de la menstruación con respecto a la salud general de las
mujeres, de la relación entre útero y psique, o de la cordura de descansar
durante los períodos. Hemos tendido a rechazar todo esto porque nos recuerda
el tiempo en que las vidas de las mujeres estaban más controladas por los
hombres, y porque revive los viejos argumentos que mantuvieron a las mujeres
atadas a la casa y sin ingerencia en el mundo exterior. También hemos
rechazado con bastante razón la idea de que los procesos naturales de ser
mujer constituyen una enfermedad. Pero decir que algo no es una enfermedad e
ignorarlo por completo no necesariamente son la misma cosa. Al ignorar la
menstruación como reacción a las ideas de la era Victoriana, quizás hemos
perdido contacto con un persistente hilo de conciencia de su valor en la
vida de las mujeres.

Los cambios que han tenido lugar en la vida de las mujeres durante los
últimos treinta años podrían parecer una revolución, pero en muchos casos
han sido más bien una asimilación. Las mujeres que buscan poder en un mundo
masculino han tenido la tendencia de hacerlo convirtiéndose en
pseudo-hombres. Y quizás inadvertidamente el feminismo ha desempeñado un
papel en la supresión de la menstruación. Uno de los miedos más grandes que
he encontrado en mujeres exitosas y ambiciosas cuando hablo de las ideas
antiguas del poder de la menstruación, es que esto afecte de algún modo su
mito de ser "tan buenas como los hombres y a veces mejores". Muchas mujeres
no quieren profundizar en el tema de la menstruación, asustadas de lo que
pudieran descubrir. Les parece mejor suprimir sus sentimientos con
tranquilizantes, rociarse con desodorantes vaginales para disfrazar el olor
de la sangre, anestesiar su dolor con químicos, y absorber su sangre con
tampones de modo que no tengan que verla. Es más fácil ser una mujer exitosa
en un mundo de hombres si apenas reconoces que menstrúas.

La tecnología de la supresión <tampones, desodorantes vaginales, calmantes
sofisticados y drogas antidepresivas< ha actuado junto con el mito de la
supermujer para crear una actitud cultural predominante de que una mujer
menstruando no es diferente de la que no menstrúa. El problema con todo esto
es que simplemente no es verdad. Cualquier mujer remotamente en contacto con
su cuerpo sabe que cuando está menstruando, y por lo general días antes, se
siente distinta. Y éste es un hecho de la naturaleza que no puede ser
negado.

Uno de los aspectos de la menstruación que ahora amo y aprecio es la
predecible imposibilidad de predecirla. Una nunca sabe cuándo vendrá
exactamente y algunas veces te toma completamente por sorpresa. Y no sólo no
toma en cuenta los horarios sino que además es un lío. Tratamos tanto de
ordenar y hacer sanitaria la vida moderna que corremos el riesgo de que no
quede vida en nosotros. Las menstruaciones nos salvan de ese destino <son un
aspecto salvaje y primitivo, crudo e instintivo, sangriento y eterno de lo
femenino< y ninguna cantidad de "civilización" cambiará eso. Mi período es
un acontecimiento mensual en mi vida que tengo en común con todas las
mujeres que han vivido. Las mujeres que vivían en cuevas hace 20,000 años,
las sacerdotisas en las pirámides del antiguo Egipto, las videntes de los
templos de Sumeria: todas ellas sangraban con la Luna. La primera mujer que
produjo el fuego pudo haber estado menstruando en esa ocasión. Eso es algo
en qué pensar. Si la menstruación es un tiempo altamente creativo para las
mujeres en el aspecto psíquico y espiritual, quién sabe cuántos regalos
habrá recibido la humanidad de las mujeres durante sus períodos.

El valor que asignamos a la menstruación tiene correlación directa con el
valor que nos asignamos como mujeres. Y esto afecta a los hombres también.
Pensamos que los sexos están separados, y de algún modo así es. Pero por
otro lado todos somos parte de la misma gran sopa humana, y el modo en que
las mujeres se ven a sí mismas y son vistas afecta también a los hombres.
Tal pareciera en la superficie que los hombres han tenido la ventaja durante
los pasados varios miles de años, pero eso es verdad sólo desde cierta
perspectiva. Tanto hombres como mujeres han sacado provecho y han sufrido
por los desequilibrios de la sociedad patriarcal. También los hombres han
sido separados de sus cuerpos y de sus sentimientos, y del placer y curación
que son posibles cuando se dan relaciones basadas en la cooperación más que
en la jerarquía y la dominación.

Imagina un mundo en el que hombres y mujeres trabajen juntos para
desarrollar el sentido de paz interna que se produce al sentarse quieto un
par de días al mes; un mundo en el que los hombres apoyen a las mujeres para
que pasen algunos días en calma y silencio; un mundo en el que la sangre
menstrual sea otra vez un fluido mágico con el poder de nutrir la vida
nueva; un mundo en el que la menstruación sea entendida como el Sabbath de
las mujeres <un espacio natural dentro de un ciclo lunar para el retiro, la
introversión y el trabajo interno; un mundo del cual las mujeres emerjan
como la misma luna nueva, renovadas y mudadas de la vieja piel.

Hace algunos años tuve la oportunidad de pasar largas temporadas sola en un
lugar hermosos en las Sierras a orillas del Lago Tahoe, un lugar vasto y
azul sagrado para los Indios. Comencé a retirarme por completo cuando tenía
mi período, quedándome quiera y sola, sentada en la tierra bajo el sol, con
lagartijas y grajos azules como compañía, con el viento y la luna y el sol,
las ondas y los colores de la superficie del lago guiándome y
entreteniéndome. Viajaba dentro de mi psique y me encontraba repentinamente
llorando por algo olvidado hace mucho, algún suceso de mi niñez o
adolescencia. Mi período se volvió un tiempo en el que era particularmente
capaz de abrirme al material psicológico y a soltar emociones. Noté que
después de los primeros días de sangrado me quedaba muy quieta y callada
durante aproximadamente un día, y aparentemente no sucedía nada - un espacio
vacío después del llanto y los recuerdos. Luego, conforme mi período
terminaba, había varias horas de claridad en las que era particularmente
creativa y abierta a información acerca del futuro <por lo general del mes
siguiente, pero a veces más adelante aún.

Este patrón continúa, aunque usualmente es menos intenso hoy en día. Gran
parte de los embrollos psicológicos que guardaba profundamente han sido
soltados <probablemente tanto como mi psique quiere hacerse cargo en esta
etapa de mi vida. Ahora me siento más actualizada conmigo misma, así que hay
menos cosas que soltar, por lo general son simplemente cosas a las que me he
aferrado durante el último mes. Todavía lucho con el tiempo vacío y a menudo
comienzo a hacer cosas, imaginando que no está sucediendo nada internamente,
sintiendo que sería mejor regresar a mis actividades en el mundo externo.
Con frecuencia esto tiene repercusiones y encuentro que logro muy poco y
gasto mucha energía. Es difícil sentarse quieta cuando no surge nada en qué
trabajar, me es difícil honrar ese vacío aunque sé que precede a la
creatividad, la inspiración y la percepción interna. Todo es parte del
proceso, pero se trata de una parte sin dramatismo y aún tengo la tendencia
de tratarlo sin miramientos.

No suelo practicar la meditación todos los días. Prefiero ajustar mi tiempo
de contemplación a mis propios impulsos. Cuando tengo mi período, a menudo
entro en un espacio callado, solitario y meditativo durante tres o cuatro
días, y luego mucho menos frecuentemente el resto del mes. Siento esto como
un ritmo muy natural para mí, y es por eso que considero el tiempo de
sangrado como el Sabbath de las mujeres.

SANGRAR EN LA TIERRA

Tradicionalmente, las mujeres Nativo Americanas acudían al recinto de la
luna mientras menstruaban y sangraban sobre musgo, sentadas en la tierra.
Consideran que la relación entre las mujeres y la tierra es de suma
importancia, y dicha relación es nutrida mediante sangrar en la tierra.
Cuando las mujeres hacen esto tienen una conexión celular directa con la
tierra, lo cual las ayuda a centrarse y a "hacer tierra".

La primera vez que escuché la idea de sangrar en la tierra de una amiga mía,
pensé que sonaba un poco tonto, un poco pretencioso. Pero comencé a hacerlo
tentativamente, y empecé a sentir un vestigio de conexión con algo muy
antiguo. Uno de los problemas que tuve fue averiguar cómo hacerlo. Las
mujeres nativo Americanas solían sentarse sobre musgo en la casa de la luna.
¿Dónde se suponía que debía sentarme a sangrar? Aún si encontraba un buen
pedazo de tierra donde sentarme, no quería quedarme ahí todo el tiempo.
Entonces comencé a usar almohadillas de tela para absorber mi sangre, las
que remojaba en agua antes de lavarlas. Me di cuenta de que podía verter el
agua de remojo en la tierra, así que eso es lo que hago ahora. El agua es de
un hermoso color rojo, y la vierto en la tierra alrededor de las plantas.
Este acto me llena con un sentimiento de conexión, de propiedad, de estar en
paz con algo que a menudo es hecho a un lado en la vida moderna. Actos
simples de valor, sabiduría simple.

Es como cortar leña, arrullar a un bebé, hornear pan o beber de un riachuelo
silvestre. Es uno de esos actos de ser un ser humano que está fuera del
tiempo, que tiene un valor eterno, parte de estos continuos giros de vida y
muerte. Las células que mueren en mi cuerpo y que son transportadas en la
sangre menstrual, son alimento para la tierra. Lo que muere da a luz. Lo que

muere alimenta a quienes viven y habrán de vivir.

Si ignoro mi sangre me distancio de este conocimiento. Temo a mi sangre y me
desagrada <pues si desconozco que también es alimento, que también es un
regalo que yo porto, entonces la veo como mera pérdida. Un desperdicio de
sangre, un desperdicio de tiempo, un bebé que no fue concebido. Ya sea que
desee un embarazo o no, mi sangre es siempre un regalo. Y es un regalo en el
sentido literal, así como un regalo psíquico para mí misma. Es un regalo de
mi cuerpo a la tierra: la madre que me ha alimentado y nutrido cada día de
mi vida.

©  Lara Owen

Bibliografía:

"Daughters of Copper Woman", Anne Cameron, Press Gang 1981
"Blood Magic", Buckley & Gottlieb eds., University of California 1988
"The Once & Future Goddess", Elinor Gadon, Harper & Row 1989
"The Woman's Encyclopedia of Myths & Secrets", Barbara Walker, Harper & Row,
1983

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COMENTARIOS SOBRE EL ARTÍCULO
"EL SABBATH DE LAS MUJERES" DE LARA OWEN

El punto de vista de un hombre.
Craig Chalquist
Traducción de Cheryl Harleston

Siendo un hombre que ha intentado aprender tanto del pensamiento feminista
como de la sabiduría personal de amigas feministas, a menudo me he sentido
disuadido por los innumerables clichés. Los opresores chauvinistas. Las
jerarquías de poder. El psique masculino guerrero. La era dorada pre-moderna
de sacerdotisas y diosas. El hombre que " sólo quiere una cosa". El marido
que "ayuda" en la casa, que mantiene el control de la cuenta de cheques, que
quiere a su mujer fuera de la escuela y dedicada sólo al hogar. En pocas
palabras, el que no es hombre sino un niño que finge ser hombre <y sobre
cuya cabeza vacía las mujeres enojadas han amontonado la suma de toda la
rabia, traición y desilusión reprimidas, sentidas por todas las de su género
desde los tiempos de Eva.

El hecho que la gran mayoría de los hombres que veo en terapia de grupos de
hombres y de parejas en efecto SON tales niños y por lo tanto blancos
legítimos de tal rabia, no altera la verdadera naturaleza atrás de inculpar
a otro ser humano por la propia pérdida de poder y sensación de obstrucción:
el quejarse. Demasiada literatura feminista reciente <o la que pretende
serlo< resuena con tales plañidos, la perpetua lamentación de la víctima
crónica, y ya estoy harto de oírla.

De ahí la importancia de los escritos que ennoblecen a la mujer en lugar de
degradarla y convertirla en mártir impotente en un mundo dominado por los
hombres. El don del punto de vista de Lara Owen es que embellece y simboliza
precisamente el ciclo femenino que más comúnmente es visto por los hombres
inmaduros y las mujeres influenciadas por ellos como un horror demasiado
aterrador para ser siquiera discutido: la menstruación.

En muchas culturas y épocas, el psique primario respondía a la sangre como
una maravillosa metáfora de potencia, vitalidad, fuerza vital, élan vital,
gracia líquida, fuego fluyente, espíritu fluido. Los rituales de sangre
permitían una comunión tangible con las fuerzas más profundas de la vida,
una incorporación personal o tribal del alimento espiritual. Pero cuando
nosotros los occidentales separamos el psique-espíritu del cuerpo, una
tendencia que ya era evidente en el tiempo de Platón y que fue ampliada por
el famoso pensamiento patriarcal, empeoró por las formas autoritarias del
Cristianismo y fue confirmada por Descartes, Hobbes y el resultante
materialismo científico, para el cual nada era real si no podía ser medido,
y perdimos nuestra capacidad del tipo de reverencia del cuerpo que nos
"aterriza" y que está ligada con la capacidad de pensar por medio de la
intuición y el mito.

Lara Owen contribuye a la creciente tendencia de hoy en día a volver a hacer
tierra y a los mitos, transformando un proceso corporal considerado tabú en
una realidad rítmica potencialmente autoafirmante. El sangrado es despojado
de las connotaciones desagradables <muchas de las cuales se derivan de una
combinación de los remanentes de las actitudes en contra de las mujeres, el
odio pascaliano hacia el cuerpo y determinadas asociaciones de la sangre
como algo que debe ser derramado< y es ritualizado y espiritualizado. Es una
manera de reconectarse con la tierra y pasar tiempo con uno mismo. También
le recuerda a uno, a un nivel tan profundo que es celular, del propio y
permanente formar parte de la eterna comunidad de las mujeres Sy de la
participación en el arquetipo de la Mujer como Ser, el centro generativo
transpersonal de la relación psíquica-somática conocida actualmente como la
identidad personal auténtica.

En esta comunión, quizás un antiguo paralelismo femenino con "Bebedla toda,
pues ésta es mi sangre", los hombres <cuya admiración hacia los poderes
místicos de la femineidad y la maternidad se convierte con tanta facilidad
en una compensación temerosa y exagerada a través de contra-creaciones como
la mano de obra, las armas y la jerarquía< podrían aprender a mantenerse
cerca como compañeros respetuosos y sensibles. Pero el misterio interior del
ciclo sagrado del nacimiento y la sangre pertenece únicamente a cada una de
las mujeres.

© 1997 por Craig Chalquist 

ArjunaV

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Re: El sabbath de las mujeres
« Reply #1 on: Diciembre 17, 2008, 01:33:11 pm »
De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301   Enviado: 26/08/2006 8:21

Si no mal recuerdo entre todavia los lakotas y varias mujeres de algunas tribus cuando mestruan si bien se apartan momentaneamente del grupo y no pueden participar en las ceremonias en cambio devuelven la sangre a la tierra.

Entre los mazahuas y algunos grupos tradicionales la mujer tiene un lugar especial en las ceremonias, no aparte sino como el aspecto complementario del hombre y representante de la fuerza creadora. Y uno de los problemas basicos de la cultura occidental es que trata de poner a los hombres y mujeres en competencia y como iguales.
Cuando no es asi.
Son distintos y complementarios.
Ni uno mas ni uno menos pero no estan en el mismo lugar.

Castaneda suele mencionar que el universo es femenino y que el hombre solo es un pequeño complemento de ello para mantener el ciclo de la vida, en otros lugares la mujer cobro vital inportancia por el ciclo de fertilidad y su representacion de la tierra, y bviamente la Luna. Y en el caso del nagualismo que se ha llegado a practicar en Qro. ha sido posiblemente una fuerza bastante predominante en donde la mujer es algo asi como el "barco" o la fuerza y el hombre solo se encarga de dirigir la fuerza que ella porta. Largo tema para hablar.

Regresando a los grupos tradicionales algunos no tienen tanto problema con la mestruacion pues lo que como parte de un ciclo natural y como algo aceptable, en cambio la mujer occidental cree por la educacion que se le ha dado que la sexualidad y por ende lo que conlleva es algo para ocultarse y no sentirse orgullosa.