Author Topic: EN TIERRAS GARÍFUNAS  (Read 1340 times)

ArjunaV

  • Newbie
  • *
  • Posts: 133
EN TIERRAS GARÍFUNAS
« on: Diciembre 09, 2008, 11:49:18 am »
De: Alias de MSNThe_dark_crow_v301  (Mensaje original)   Enviado: 16/09/2005 11:20
 

EN TIERRAS GARÍFUNAS

Por Sharon Van Bramer

Dangriga es la mayor ciudad del sur de Belice y base ideal para la exploración de esta parte del país. Se encuentra a 90 km de Belmopán, la capital, y a 170 km de Ciudad Belice. Cerca se hallan el Santuario de Vida Silvestre de la Cuenca de Cockscomb y el sitio arqueológico de Caracol; frente a la playa se sitúan los fabulosos cayos de South Water, Man-o-War y Tobacco. Dangriga está bien ubicada, pero lo que hace que valga la pena como destino por sí solo, a pesar de ser un modesto pueblo rural, son los garífuna.

    Éstos fundaron Dangriga hace casi dos siglos, pero con su población de 8 100 almas hoy es una de las mayores comunidades afrocaribeñas del mundo. Son una cultura híbrida, estrechamente ligada a la historia de la cuenca del Caribe y una de las razones de que Belice sea caribeño en vez de latinoamericano, salvo la geografía.

    Antes que Colón zarpara para lo que se llamó Nuevo Mundo, las islas de Sotavento estaban habitadas por indios caribes y arawak. Aquéllos acabaron por absorber a los arawak, pero no tardaron en enfrentarse a ingleses y franceses. Los ingleses lucharon contra los caribes entre 1625 y 1660, año en que se firmó un tratado que concedía la soberanía a los indios en las islas de Saint Vincent y Dominicana. Pero al cabo de ocho años, los europeos rompieron el tratado y colonizaron ambas islas.

    Era una época en la que la esclavitud constituía un gran negocio. Por esos rumbos abundaban los esclavistas y hacia 1635 dos barcos españoles se hundieron frente a la costa de Saint Vincent con decenas de nigerianos, algunos de los cuales lograron llegar vivos a la isla. Ambas razas, la india y la negra, se mezclaron y en 1773 la mayoría de los habitantes de Saint Vincent era una población llamada garífuna.

    Durante todo el siglo XVIII, la hostilidad entre blancos y negros fue creciendo hasta que en 1796 los garífunas lanzaron un ataque total y perdieron. Fueron capturados cinco mil y fue muerto el gran jefe caribeño Joseph Chatoyer. Los británicos deportaron unos dos mil garífunas a la isla de Roatán, parte del archipiélago hondureño de la Bahía. Muchos murieron en la travesía y el resto fue dejado con víveres para tres meses. No se quedaron allí: en grupos, intentaban llegar al continente, donde eran perseguidos por el gobierno colonial español. En 1832, uno de esos grupos, bajo el mando de Alejo Beni, se trasladó al norte, hacia lo que hoy es el distrito de Stann Creek, en Belice.

    Las únicas comunidades garífunas del mundo están circunscritas al litoral este de Nicaragua, Honduras, Guatemala y Belice. En cada uno de sus países de adopción forman una cultura aparte. En Belice viven al margen de la vida nacional y se sienten felices así.

    Los garífunas son celosos de sus raíces y su mentalidad es conservadora; se trata de gente campechana y sin complicaciones, con cierta vena espiritual y artística. La música y bailes son expresiones únicas de su concepto del mundo y de su talento para la percusión. Son también sobresalientes artistas naif y varios pintores de este estilo viven y trabajan en Dangriga.

    Los garífunas son una cultura matriarcal que se da el nombre de garinagu. La madre es el centro de la familia y ésta, a su vez, es la unidad básica de la sociedad. Las mujeres son las depositarias del antiguo saber de la cultura y el vehículo por cuyo intermedio los muertos se comunican con los vivos. Los garífunas creen que los muertos pueden actuar directamente en los vivos, y las mujeres periódicamente son "poseídas" por parientes difuntos deseosos de conversar (cosa que hacen en encuentros formalmente organizados, llamados dugus). Según sus creencias, las fuerzas del bien y el mal se pueden dirigir mediante sortilegios, otra manifestación de su origen oesteafricano.

    En Dangriga se habla un idioma propio de todos los garífunas, un patois o creol que conjuga las múltiples influencias culturales de su historia. El idioma raíz, caribeño-arawak, está salpicado de palabras del español, inglés y francés. Pero la mayoría de los garífunas son bilingües y, además de su idioma, hablan inglés o español; algunos incluso chapurrean dialectos mayas, como el kekchí o el miskito.

    En Dangriga la gente vive con sencillez, dedicada a la pesca y a la agricultura. De entre los garífunas ha salido un puñado de profesionales (maestros, enfermeras, burócratas), muchos de los cuales han emigrado a Estados Unidos, donde tener formación es redituable. Así pues, otra fuente de ingresos del país suele ser a menudo el dinero que estos emigrados envían a los familiares de Belice.

    La gastronomía se basa en el pescado, el pollo, la carne de puerco, el maíz y la yuca, pero además hacen maravillas con el coco. Son también buenos artesanos, y en Dangriga se realizan obras como las tradicionales muñecas, maracas, trabajos de palma y los tambores que, según sus fabricantes, duran cien años.

    La arquitectura no ha cambiado en siglos. Desde luego, hay algunas casas edificadas sólidamente con cemento, pero en la mayoría de los casos se trata de construcciones de planchas de madera levantadas sobre postes para salvarse de eventuales inundaciones y para que les llegue mejor la brisa.

    El poblado se distribuye a ambas orillas del río North Stann Creek, que los garífunas llaman Gumaragaru, nombre cuyo significado es "aquí el agua está a la mano"; de hecho, el agua potable de Dangriga está considerada como la mejor de Belice. Barcas de pesca recorren el río y las mujeres andan de aquí por allá por las polvorientas calles cargando todo tipo de cosas sobre la cabeza.

    Durante las fiestas, Dangriga adquiere otra vida. Navidad se vuelve un auténtico carnaval, aunque el más importante día del año es, con mucho, el 19 de noviembre. Los garífunas que viven en otras partes del mundo regresan a sus casas para celebrar el día que su gente llegó a Belice, en 1835, festejo en que se escenifica "El Desembarco".