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Crow

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Oracion cristiana
« on: Enero 17, 2006, 07:37:33 pm »
¿CÓMO ELEVARNOS A DIOS?

Es dirigirnos a Dios con fe y Amor. Es elevarnos a Dios, hacia Dios, y hasta Dios.

"Elevarnos" a Dios nos trae a la memoria la comparación del elevador; en cuestión de segundos, nos sube a decenas de metros. El avión se eleva y nos eleva en un par de minutos hasta 10,000 metros de altura. Obviamente sólo son comparaciones.

La oración nos eleva hasta Dios; pero, como Dios está en todas partes, no hace falta subir geográficamente ni siquiera, un milímetro. Se trata de una "levación mental"; espiritual, personal, no espacial.

Más que de elevarnos, deberíamos hablar de "conectarnos" con Dios, de sumergirnos en Dios, de dialogar con Dios. Reflejo de tal diálogo entre tí y Dios pueden ser tus palabras, tu canto, tus brazos en cruz, tus rodillas dobladas; pero si en tus profundidades espirituales no hablas con Dios, lo demás no sería oración, sería disco, cassette, ruido, teatro, “show”; pero no oración.

La oración por su forma, puede ser o solamente mental, o bien, mental-vocal; la palabra “vocal” no se refiere a boca; sino a voz. Si fuera tan solo vocal, no sería oración. Por su finalidad; la oración puede ser adoración y alabanza; o bien propiciación (es decir disculpa); o bien impetración (súplica y petición); o bien eucaristía (es decir: agradecimiento). Todos estos aspectos e incontables más los encontramos en los 150 salmos de la Biblia.

Es imposible limitar una oración a un solo aspecto; la oración auténtica, espontánea, viva, es forzosamente plurifacética. El amor profundo (incluso entre amigos, novios, esposos) admira, alaba, agradece, se disculpa, suplica, pide; y lo hace todo a la vez, sin el orden, sin las memorizaciones, sin los artificios, sin los cálculos, y los esquemas de las cosas muertas; sino con la espontaneidad de las cosas vivas.

Un ejemplo entre cientos, el salmo 51, explosión incontrolada de todos los sentimientos que embargan a David al sentirse pecador; (del original hebreo):

“¡Tenme piedad, oh Dios, por tantos favores que me has hecho! Por tanto que me quisiste borra mis pecados. Lávame y lávame de toda mi maldad, hasta dejarme limpio de mi culpa; porque mis crímenes yo los reconozco; ya que esta falta mía nunca me deja en paz. Sólo en presencia de Ti, “nada más en tu presencia” yo he pecado; esta torpeza la cometí “delante de tus ojos”; mucha razón tienes pues como me hablas; y eres muy justo al castigarme. ¡Pobre de mí!, con el instinto del pecado yo he nacido; sí, con el pecado me concibió mi madre; mas, como a Ti te gusta hallar en mi interior “fidelidad”, por esto haz que la conozca mediante tu sabiduría dentro de mí... Lávame hasta dejarme más blanco que la nieve; mándame a quién me diga una palabra de consuelo y de alegría; se sentiría otra vez dichosa esta mi humanidad que tienes “aplastada”... No me arrojes lejos de tu rostro... Haz que vuelva a mí ese mismo júbilo que tú le proporcionas a quienes salvas... Enseñaré a gente rebelde tus caminos... etc”


LA ORACIÓN EN LA BIBLIA

El verbo hebreo Hitpal-lel, y el verbo griego Proséfjeste significan las formas de orar; desear, atraer el favor de una persona, hablar, llamar, tocar una puerta, gritar, llorar, suplicar, gemir, alabar, bendecir, alegrarse, levantar las manos, agradecer, buscar a Dios, etc.

Cada uno de tantos significados representa un detalle, o un aspecto del sencillo y complejo acto que es orar. Condición básica para que Dios atienda al hombre: que el hombre atienda a Dios y cumpla sus mandamientos (Prov 1, 28; Jn 9, 31).

¿Qué es lo que nos impulsa a orar? La presencia de Dios; su presencia general en todo el universo; la presencia especial de Dios entre su pueblo y en el templo.

Pero Dios escucha también a todo ser humano porque hay un pacto, un trato especial entre Dios y todo ser humano; Dios desea y puede ayudar al hombre. Dios es bueno, fiel y poderoso.

Por ser Yahvé, Dios de existencia a todo ser que existe; lo controla y mueve, desde las galaxias hasta la última partícula subnuclear de cada átomo. Por tanto, nada le cuesta a Dios manejar las actividades y las energías de su universo de una manera o bien de otra, atendiendo los deseos de sus amigos; enfatizo la palabra “deseos”, que no deben ser “caprichos”; no podemos, ni debemos pedirle a Dios caprichosos milagros a cada momento.

Al dirigirme a Dios mediante la oración, sé que Dios es todopoderoso, es decir que dispone de un poder incalculable e irresistible (Mt 17,19; Mc 10, 27; Lc 1, 37; 18, 27; etc). Tan seguro estoy de que Dios puede atender mis peticiones que hasta le doy las gracias anticipadas (Sal 13, 6; Mt 21,22), siempre dejándole a Dios la última palabra. (Mt 6,10; Lc 22,41).


¿QUÉ ES LO QUE PUEDO PEDIRLE A DIOS?

En primer lugar su perdón (Sal 32; 51; 130); el rescate (redención) de mi propia situación psicológico-espiritual-moral insoportable e insoluble (textos anteriores); la comunicación-conexión con Dios (Ex 33, 18 s):una vida honrada (Sal 81, etc).

Todo Esto va mezclado en el Antiguo Testamento con valores principalmente terrestres y pasajeros, como son la salud, el bienestar social, económico, político, comercial, etc; en el Nuevo Testamento va repleto de valores celestiales, espirituales y eternos (Mt 6,9; 6,19, 6, 25-33; etc).

Lugar y tiempo de la oración. Lugar ideal para orar es el templo; por algo se le llama “la casa de la oración” (Is 56,7). Sin embargo, la oración no está ligada a ningún lugar, pues se escapa a la materia y al tiempo. Debido a la presencia inevitable y universalmente dinámica de Dios, dondequiera podemos hablarle.

Un sitio recomendado por Jesús es la propia casa de uno, en especial el tranquilo “cuarto superior”. El templo y la habitación superior no son recomendados por su topografía, sino por sus ventajas psicológicas. La habitación superior (una especie de oratorio), te aisla de la calle, del bullicio, de las distracciones; te permite enmarcar, enfocar tu vida en otros valores; poner en la periferia lo material, lo diario, los desperdicios, el egocentrismo, y poner en el centro de tu vida, lo superior, lo espiritual, lo eterno, Dios.

El templo te brinda, además la ventaja de elevarte a Dios junto con otros hermanos que, al igual que tú, buscan ver el invisible rostro del Padre que está en los cielos (Tob 8,11; Jdt 8,5; Dan 6,11)

Para el nuevo pueblo de Dios, los cristianos, la norma suprema de Jesús, con respecto al lugar donde debemos adorar a Dios, es adorarle en ese “lugar” fuera de todo lugar que se llama “espíritu y verdad”(Jn 4,24).

El templo verdadero es ya Cristo, eres tú en la medida en que estás injertado en Cristo; eres “fotografía” viviente-espiritual-personal de ese “Original”-Vida-Espíritu que es Dios (Mt 26,61).

En cuanto al tiempo, la costumbre judía de orar varias veces durante el día y durante la noche, a determinadas horas, pasó a los cristianos (Sal 4; 5; 117, 7 s; 118, 164, Jon 2,10; Hech 3,1 etc).

La postura más frecuente es la Proskýnesis o postración, la misma que todavía acostumbran los musulmanes. Otras posturas: doblar las rodillas (Sal 95,6) permanecer de pie (Sam 1,26), extender hacia el cielo los brazos con las manos abiertas (actitud del mendigo), como para recibir los beneficios de Dios (Sal 63,5; 88,10; 134,2; 143, 6 etc.)


LA ORACIÓN DE JESÚS

Jesús practica todas las formas de oración. El ora en todas partes, y en las más diversas circunstancias (Lc 10,21).

Se pasa noches enteras orando como que la oración es para Jesús más “descanso” que el descanso normal, una necesidad más imperiosa que el sueño (Lc 6,12; 5,16; Mc 1,35); El descansa más feliz entre los brazos de su Padre-Dios, que durmiendo entregado al sueño.

La oración suprema de Jesús la encontramos en los momentos de mayor tensión psicológica y espiritual: en Jn 17 (oración sacerdotal), en Lc 22,41 (Getsemaní), en Mt 27,46 y en Lc 23,46 (antes de expirar en la cruz).

A sus discípulos Jesús nos da un esquema de las cosas que El desea le pidamos al Padre (Mt 6,9-13).

Por lo que Jesús nos dice acerca de la oración, vislumbramos cómo es la oración del propio Jesús; confianza, sinceridad, espontaneidad, resignación, sin palabrerías, sin ostentación, (Mt 6,5-14; 7,7-11; Lc 18, 9-14; Mt 17,20; etc.).

La misma oración del Padrenuestro es un pálido reflejo de la oración trinitaria y eterna de Jesús, Hijo del Padre, no hecha de inciertos balbuceos humanos, sino de “Aguas Vivientes”, inagotablemente “brotantes” más allá y más arriba del tiempo y del espacio (Jn 4,14 s; 7,38 s; etc).

Pronto los apóstoles y los primeros cristianos consideraron a Jesús como mediador es sus peticiones al Padre (Hech 4,11 s; 5,31; 10,42 etc). Desde entonces vino la fórmula conclusiva que aún utilizamos en la liturgia: “Por Cristo nuestro Señor”, es decir: “por medio, por conducto, de Cristo”.

Al mismo tiempo Jesús fue identificado como uno de los personajes integrantes de la Trinidad, y , por lo mismo, destinatario de nuestras oraciones, en el mismo nivel del Padre (1Cor 16,22; 2Cor, 12,8; Ef 5,20; Hech 7, 59; Ap 1,6).


ASPECTOS MORALES DE LA ORACIÓN CRISTIANA

La oración o culto espiritual del Nuevo Testamento, es ante todo la vida misma de la Comunidad y de los individuos. Consecuencia: es ya imposible el formalismo, o el exteriorismo; la única oración posible para un cristiano es la oeación-vida.

Todo auténtico cristiano, por ser hijo de Dios y depositario del Espíritu Santo ; es de por sí una “oración”, un “gemido intraducible” del Espíritu Santo; todas las oraciones del cristiano pueden resumirse en una sola palabra: “Abba” (Padre).

La oración-vida del cristiano debe estar en sintonía con el Espíritu Santo y con el “nombre de Jesús”, o sea inspirada por el Espíritu Santo. El impulso a orar viene del Espíritu Santo. (Rom 8,26)

Si no fuera por el Espíritu Santo, estaríamos toda la vida pidiéndole a Dios, al igual que los niños, juguetes y naderías. ¿Qué debe un Cristiano pedirle a Dios? ¿Solamente las cosas del mundo futuro, o también las del mundo presente? Debe buscar y pedir lo del mundo futuro, pero arrancando de la historia y la geografía del mundo presente, utilizando y transformando al mundo en que Dios lo tiene colocado.

Moisés pretendía ver el “rostro de Dios” (es decir su ser único espiritual); pero Dios quiso que Moisés, estando en vida vislumbrara el rostro de Dios contemplando la “espalda de Dios” (es decir su actuación en el universo (Ex 33,18-23) ).

Con Mayor razón el cristiano no puede llegar a ver el rostro de Dios ignorando el universo que el Hijo de Dios hizo suyo al encarnarse.

La constante tentación del cristiano es “renunciar” al mundo para buscar al solo Dios sin el mundo. Acostumbramos buscar al mundo siguiendo un camino “horizontal”, buscar a Dios siguiendo un camino “vertical”. Esta comparación geométrica “dualiza” al cristianismo.

Quizás lo unifique la comparación, también geométrica pero más bíblica de la esfera (el universo) es tan transparente que desde cualquier punto del universo Dios es visible y alcanzable (Thelihard de Chardín).

En tal caso la oración se vuelve bidimensional; oración se vuelve bidimensional; oración y acción se armonizan; a Dios (el original) lo encontramos, le atendemos, y le hablamos en sus fotografías (seres humanos) que no rodean por todas partes. (Mt 25,31-46).


AFIRMACIONES

“La oración es comparable al radioteléfono, para orar no hacen falta alambres, ni aparatos, ni cabina, ni dinero; dondequiera puedo comunicarme de inmediato con Dios. Él está más cerca de mí que yo mismo” (Olgiati S XX).

La oración es buscar a Dios en profundidad. Dos estudiantes viajaban a la universidad de Salamanca. Se detuvieron cerca de una fuente para descansar y apagar su sed. Sobre una piedra estaba escrito: “Aquí está enterrada el alma de Pedro García”. Uno de los estudiantes soltó una carcajada: ¿Cómo es posible que un alma esté enterrada debajo de una piedra? Y siguió su camino. El otro removió la piedra, cavó la tierra, y encontró un enorme tesoro.

Tesoro incalculable es Dios (Mt 13,44); hay que buscarlo en profundidad, esto es oración.

En la plaza de Atenas un orador griego, antes de hablar pedía la nota conveniente a un artista cantor, para dirigirse a sus oyentes con una voz armoniosa y convincente.

Para todo cristiano el insuperable Artista es Dios, mediante la oración.

Miguel Montaigne cuenta que su padre, cuando el era pequeño, lo despertaba cada mañana con música de arpa, para que su alma se llenara de armonía y así transcurriera el día entero.

Algo semejante es la oración de la mañana. “Oración es elevar tu mente a Dios, es hablarle a Dios. Fíjate cómo debe estar tu mente, para lograr sumergir tu cambiante situación humana en la inmutable situación de Dios, para penetrar tú en el mismo Señor, y hablarle algún día sin necesitar ya en absoluto ni de medios ni de mediadores” (S. Nilo, s. V)