{"id":909,"date":"2006-11-16T16:10:43","date_gmt":"2006-11-16T16:10:43","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=909"},"modified":"2006-11-16T16:10:43","modified_gmt":"2006-11-16T16:10:43","slug":"los-calendarios-mesoamericanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=909","title":{"rendered":"Los calendarios mesoamericanos"},"content":{"rendered":"<p>LOS CALENDARIOS MESOAMERICANOS<br \/>\nFEDERICO GONZALEZ<br \/>\nEl tema de los calendarios mesoamericanos es uno de los m\u00e1s importantes dentro del campo de las culturas precolombinas. Traduce la manera de concebir el tiempo de los antiguos americanos, en relaci\u00f3n con el espacio, las deidades, el paso de los astros y estrellas, los estados de la materia, los colores y los dem\u00e1s s\u00edmbolos y elementos asociados que constituyen el universo ind\u00edgena y que conforman su cosmogon\u00eda. El tiempo es &#8220;medida&#8221; \u0096que siempre supone un espacio\u0096, m\u00f3dulo y proporci\u00f3n que vincula las distintas partes del cosmos y por eso un elemento de uni\u00f3n entre ellas, pero sobre todo es la ley, que al cumplirse indefectiblemente hace posible todo esto, en cuanto se advierte que su presencia \u0096manifestada por el movimiento\u0096 obedece a pautas y ritmos peri\u00f3dicos que ligan a los seres, los fen\u00f3menos y las cosas entre s\u00ed, estableciendo par\u00e1metros, analog\u00edas y prototipos que inmediatamente llevan a la idea de un mismo y \u00fanico modelo universal cuya manifestaci\u00f3n es la totalidad de lo posible y su expresi\u00f3n m\u00e1s evidente la vida universal y la naturaleza como s\u00edmbolo de \u00e9sta.1 Por lo que el tiempo siempre es actual; no es algo generado en los comienzos y que subsiste como un componente abstracto de la realidad psicof\u00edsica, sino que expresa esa misma realidad ahora pues \u00e9l es una de sus condiciones, es decir, un elemento siempre presente sin el que la vida no ser\u00eda posible. Su cualidad es entonces parte constitutiva del cosmos y su forma de manifestarse \u0096que puede ser medida cuantitativamente en el espacio\u0096 la manera en que \u00e9ste se expresa, y por lo tanto una clave para la comprensi\u00f3n de su esencia, un m\u00f3dulo v\u00e1lido para el conjunto de la creaci\u00f3n. En esta perspectiva han de cobrar particular importancia las revoluciones de los astros y las estrellas en el firmamento, que por estables con respecto a la rapidez del movimiento de la tierra han de servir como gu\u00edas y puntos de referencia para establecer las pautas generales del conjunto \u0096la armon\u00eda de lo que Pit\u00e1goras llamaba la &#8220;m\u00fasica de las esferas&#8221;\u0096, la que se logra por la interacci\u00f3n de todos los movimientos individuales, incluido el de la tierra y los hombres.2 \u00c9stos, en las culturas precolombinas seg\u00fan lo que llevamos dicho, no se vivieron a s\u00ed mismos como separados del cosmos pues la vida para las culturas tradicionales es una sola a pesar de sus m\u00faltiples manifestaciones de distinto orden. En ese fluir, en esa navegaci\u00f3n de la cual es protagonista el ser humano, los objetos cambian de forma y los fen\u00f3menos se suceden constantemente como lo hacen los estados de \u00e1nimo de los dioses, en particular los vinculados a los fen\u00f3menos atmosf\u00e9ricos y la tierra, los que son los m\u00e1s veloces y cambiantes con referencia a la casi impasibilidad de las deidades m\u00e1s altas, que mucho m\u00e1s lentas y antiguas surcan el cielo con majestuosa imponencia. Si todo esto se da en el tiempo y \u00e9ste constituye parte de la vida, asimismo se expresa en el hombre cuyo ser no es sin el tiempo. Es decir, que las pautas que establecen las estrellas y los astros en el firmamento son equivalentes a las de la tierra y los seres humanos, y los per\u00edodos y ciclos que los caracterizan no son de ninguna manera arbitrarios sino que corresponden a un plan universal que cada una de sus partes refleja a su manera, siendo el total el conjunto arquet\u00edpico, el modelo que se repite de modo invariable y que se expresa por &#8220;medidas&#8221;, m\u00f3dulos simb\u00f3licos y n\u00fameros que se interrelacionan indefinidamente entre s\u00ed, creando de continuo el asombroso universo. De este mundo de analog\u00edas que conforman el cosmos, el tiempo, la vida, tratan los calendarios mesoamericanos, ya sean los burilados en piedra o los pintados en c\u00f3dices, tanto los que se refieren a las grandes eras \u0096registradas tambi\u00e9n en el mito, el rito y el s\u00edmbolo\u0096 cuanto los calendarios lunares o solares, o el complej\u00edsimo tonal\u00e1matl, (o el tzolkin maya), verdadera s\u00edntesis de relaciones, expresi\u00f3n plena de la cosmovisi\u00f3n mesoamericana y de su conocimiento de las leyes universales.3<\/p>\n<p>El calendario &#8220;solar&#8221; y civil llamado xihuitl por los aztecas y haab por los mayas, consta de 18 meses de 20 d\u00edas, lo que da un total de 360 d\u00edas a los que agregaban peri\u00f3dicamente otros cinco, considerados nefastos y que en n\u00e1huatl llamaban nemontemi.4 Trescientos sesenta es el n\u00famero de la circunferencia y el ciclo (360 = 3 + 6 + 0 = 9) y vincula \u0096seg\u00fan lo que hemos visto de las cualidades num\u00e9ricas\u0096 al cielo con la tierra o al c\u00edrculo con el cuadrado (9 x 4 = 36) en un m\u00f3dulo de divisi\u00f3n cuaternaria que se caracteriza por el regreso a su punto inicial, en el que comienza el nuevo a\u00f1o.5 Ese ciclo es recorrido de acuerdo a la velocidad angular del astro, a saber: un d\u00eda por cada grado de arco de la circunferencia. Con \u00e9l se organizaba la vida civil y las fiestas religiosas. El c\u00f3mputo maya es a\u00fan m\u00e1s perfecto que el gregoriano, pues en este \u00faltimo el a\u00f1o dura 365,2425 d\u00edas, mientras que en el maya 365,242308, y en el a\u00f1o tr\u00f3pico dura promedio 365,242199 d\u00edas medios.6<\/p>\n<p>Los nombres de los veinte d\u00edas en el calendario azteca son los siguientes, y se identifica a cada uno de ellos con un s\u00edmbolo, signo o glifo7: <\/p>\n<p>1 \tcipactli<br \/>\n=<br \/>\n\tcocodrilo<br \/>\n2 \teh\u00e9catl<br \/>\n=<br \/>\n\tviento<br \/>\n3 \tcalli<br \/>\n=<br \/>\n\tcasa<br \/>\n4 \tcuetzpalin<br \/>\n=<br \/>\n\tlagartija<br \/>\n5 \tc\u00f3atl<br \/>\n=<br \/>\n\tserpiente<br \/>\n6 \tmiquiztli<br \/>\n=<br \/>\n\tmuerte<br \/>\n7 \tmazatl<br \/>\n=<br \/>\n\tvenado<br \/>\n8 \ttochtli<br \/>\n=<br \/>\n\tconejo<br \/>\n9 \tatl<br \/>\n=<br \/>\n\tagua<br \/>\n10 \titzcuintli<br \/>\n=<br \/>\n\tperro<br \/>\n11 \tozomatli<br \/>\n=<br \/>\n\tmono<br \/>\n12 \tmalinalli<br \/>\n=<br \/>\n\thierba<br \/>\n13 \tac\u00e1tl<br \/>\n=<br \/>\n\tca\u00f1a<br \/>\n14 \tocelotl<br \/>\n=<br \/>\n\tjaguar<br \/>\n15 \tquauhtli<br \/>\n=<br \/>\n\t\u00e1guila<br \/>\n16 \tcozcaquauhtli<br \/>\n=<br \/>\n\tzopilote<br \/>\n17 \tollin<br \/>\n=<br \/>\n\tmovimiento<br \/>\n18 \ttecpatl<br \/>\n=<br \/>\n\tpedernal<br \/>\n19 \tquiahuitl<br \/>\n=<br \/>\n\tlluvia<br \/>\n20 \tx\u00f3chitl<br \/>\n=<br \/>\n\tflor<\/p>\n<p>Estos 20 d\u00edas se dividen en cuatro grupos de 5 d\u00edas (asignados a 4 rumbos espaciales: sur, oriente, norte y poniente), que se alternan de modo retr\u00f3grado (de derecha a izquierda) comenzando invariablemente por 1 cipactli. <\/p>\n<p>Signos de los 20 d\u00edas<br \/>\nLos dieciocho meses se llaman: 1: Acahualco, 2: Tlacaxipehualiztli, 3: Tozoztontli, 4: Hueytozoztli,5: Toxcatl, 6: Etzacualiztli, 7: Tecuilhuitontli,8: Hueytecuilhuitontli, 9: Tlaxochimaco, 10: Xocohuetzi, 11: Ochpaniztli, 12: Teoteclo,13: Tepeilhuitl, 14: Quecholli, 15: Panquetzaliztli,16: Atemoztli, 17: Tititl, y 18: Itzcalli,aunque no hay certeza acerca de la traducci\u00f3n exacta de algunos de estos nombres. Para nuestros efectos hemos de tomar especialmente en cuenta los signos de los veinte d\u00edas, pues son id\u00e9nticos a los del tonal\u00e1matl, columna vertebral de las altas civilizaciones precolombinas, verdadero calendario adivinatorio \u0096en el sentido etimol\u00f3gico del t\u00e9rmino\u0096, no sin antes indicar que estos veinte d\u00edas en el calendario solar engranaban con los dieciocho meses de una manera rotatoria. Sin embargo, este calendario no es estrictamente solar en el sentido de que no sigue el movimiento aparente del sol, que va del norte al mediod\u00eda, sino que su transcurrir es retr\u00f3grado (inversamente a las manecillas del reloj) como ya lo hemos indicado. Eso hace que vaya del mediod\u00eda al amanecer, de \u00e9ste a la medianoche, y de ella al poniente, para retornar al sur (e igualmente en las estaciones del a\u00f1o solar: verano, primavera, invierno y oto\u00f1o), lo cual se encuentra invertido respecto a las modalidades aparentes del movimiento solar. Lo creemos referido a un m\u00f3dulo relacionado con las grandes eras puesto que la precesi\u00f3n equinoccial lleva tambi\u00e9n ese mismo movimiento retr\u00f3grado. Lo que hace a este calendario tambi\u00e9n simb\u00f3lico como el tonal\u00e1matl. Fundamentalmente es num\u00e9rico\u0096m\u00e1gico, por ello es que tiene una funci\u00f3n social y civil y marca las conmemoraciones religiosas y fiestas rituales.<\/p>\n<p>El Tonal\u00e1matl<br \/>\nDe otro lado, este tonal\u00e1matl lo llevaban ajustado con el ciclo de Venus y del Sol, como ya veremos. Y seguramente tambi\u00e9n con otros planetas y estrellas \u0096como es evidente con las Pl\u00e9yades, la Polar y la V\u00eda L\u00e1ctea, llamada serpiente de nubes o camino de Santiago\u0096, pero sobre todo estaba estrechamente relacionado con la precesi\u00f3n de los equinoccios, que es el tercer movimiento de la tierra (como se sabe el primero es el diario o de rotaci\u00f3n y el segundo el anual o de traslaci\u00f3n), como de bamboleo, o de trompo, movimiento retr\u00f3grado inverso a las revoluciones diarias de los planetas, que hace que los signos zodiacales aparezcan cada 2.160 a\u00f1os corridos treinta grados de arco y completen el ciclo en 25.920 a\u00f1os en forma total, ya que se divide el cielo entre doce signos zodiacales en nuestra astronom\u00eda actual, heredera de las concepciones de caldeos y persas.8 No cabe duda de que los mesoamericanos estaban familiarizados con este gran ciclo y no podr\u00edan haberlo dejado de observar y calcular de acuerdo al conocimiento que ten\u00edan de los otros cuerpos celestes y sus revoluciones. Por otra parte, todas las astronom\u00edas tradicionales lo han conocido y lo han considerado como uno de los ciclos m\u00e1ximos: el gran a\u00f1o de la tierra. Nosotros pensamos que es la clave \u00edntima del tonal\u00e1matl. Se lo ha calculado en 26.000 a\u00f1os, es decir, en n\u00fameros &#8220;redondos&#8221;, como lo han hecho otros pueblos que lo han tomado como base de sus especulaciones astron\u00f3micas. O dicho de otra manera: para comprender los ritmos y leyes c\u00f3smicas que estos n\u00fameros y este ciclo reflejan. Sin embargo, el &#8220;gran a\u00f1o&#8221; ha solido considerarse en la mitad de este ciclo, o sea: 13.000 a\u00f1os. Tal es el caso de persas y griegos. <\/p>\n<p>En el tonal\u00e1matl o calendario ritual se combinan los veinte signos o s\u00edmbolos de los d\u00edas con los primeros trece numerales. Estos signos de los d\u00edas comienzan por cipactli o cocodrilo (d\u00eda primero) y a cada uno de los d\u00edas subsiguientes corresponde uno de los signos en el orden apuntado hasta llegar a x\u00f3chitl o flor (d\u00eda vig\u00e9simo). Al d\u00eda siguiente (vig\u00e9simo primero) toca al signo cipactli encabezar nuevamente la lista, repiti\u00e9ndose el ciclo completo cada veinte d\u00edas de manera id\u00e9ntica y en forma indefinida.\u00a0 <\/p>\n<p>C\u00f3dice Borb\u00f3nico, p\u00e1g V<br \/>\nA su vez, al primer glifo o signo del d\u00eda corresponde el numeral uno y estos numerales se suceden acompa\u00f1ados de los signos de los d\u00edas correspondientes (uno cocodrilo, dos viento, tres casa, etc.) hasta el numeral trece. El d\u00eda catorce llevar\u00e1 el signo del d\u00eda d\u00e9cimo cuarto (ocelotl) pero se repetir\u00e1 otra vez el n\u00famero uno seguido del conjunto de los trece primeros numerales que son los que \u00fanicamente se consideran (uno ocelotl, dos cuautli, tres cozcacuautli, etc.), y as\u00ed los n\u00fameros retornar\u00e1n cada trece d\u00edas y los signos cada veinte, permitiendo esta combinaci\u00f3n de n\u00fameros y signos (por ser el trece un n\u00famero &#8220;primo&#8221;) que no se repita ning\u00fan n\u00famero con el mismo signo hasta que hayan transcurrido los 260 d\u00edas que constituyen su ciclo completo. El d\u00eda 261 llevar\u00e1 nuevamente el car\u00e1cter ce cipactli (uno cocodrilo), con lo que vuelve a comenzar la rueda del tonal\u00e1matl, repiti\u00e9ndose pues el mismo n\u00famero con el mismo signo cada 260 d\u00edas en forma tambi\u00e9n id\u00e9ntica e indefinida.9 Seg\u00fan Alfonso Caso, este tonal\u00e1matl se interrelaciona a su vez con el calendario de 365 d\u00edas y es precisamente esta combinaci\u00f3n num\u00e9rica la que determina la &#8220;atadura&#8221; o per\u00edodo de 52 a\u00f1os \u0096correspondiente tambi\u00e9n a la culminaci\u00f3n de las Pl\u00e9yades\u0096, al final de cada uno de los cuales se celebraba la fiesta del &#8220;fuego nuevo&#8221; o toxiuh molpilia. En este ciclo de 52 a\u00f1os, llamado xiuhmolpilli, transcurren 18.980 d\u00edas (365 x 52 = 18.980), n\u00famero que adem\u00e1s es el m\u00ednimo com\u00fan m\u00faltiplo de 365 y 260. Cada 52 a\u00f1os, por lo tanto, la rueda del calendario solar habr\u00e1 girado 52 veces, al mismo tiempo que la del tonal\u00e1matl habr\u00e1 dado 73 vueltas (18.980 = 73 x 260), encontr\u00e1ndose ambos calendarios al t\u00e9rmino de este lapso en el mismo punto, lo cual no ocurrir\u00e1 nuevamente sino hasta que hayan transcurrido los 18.980 d\u00edas del xiuhmolpilli, per\u00edodo que a su vez los antiguos mexicanos divid\u00edan en cuatro partes de 13 a\u00f1os cada una, llamada tlalpilli. Esta coincidencia adquiere todo su valor cuando se sabe, como se ha indicado, que conoc\u00edan la culminaci\u00f3n de las Pl\u00e9yades por el c\u00e9nit a medianoche, hecho que se produce cada 52 a\u00f1os. <\/p>\n<p>Adem\u00e1s, estas civilizaciones tomaban en consideraci\u00f3n para sus c\u00e1lculos los ciclos de la revoluci\u00f3n sin\u00f3dica o aparente de Venus, que es en n\u00fameros &#8220;redondos&#8221; de 584 d\u00edas. As\u00ed, observaron que cada 8 a\u00f1os solares (2.920 d\u00edas; 365 x 8 = 2.920) transcurr\u00edan cinco ciclos de Venus (584 x 5 = 2.920); y como 52 no es m\u00faltiplo entero de 8, pero s\u00ed lo es su doble (104), sucede que cada 104 a\u00f1os se cumple un ciclo mayor determinado por el hecho de que en el primer d\u00eda del mismo se encuentran los tres ciclos (tonal\u00e1matl, solar y venusino) en su punto de partida, circunstancia que no se vuelve a repetir hasta que transcurran nuevamente otros 104 a\u00f1os \u00f3 37.960 d\u00edas, ya que este n\u00famero (37.960) es el m\u00ednimo com\u00fan m\u00faltiplo de 260, 365 y 584. Esta doble &#8220;atadura de a\u00f1os&#8221;, o ciclo mayor, era considerada por ellos una unidad de tiempo fundamental llamada huehuetiliztli o una &#8220;vejez&#8221; en la que Venus cumple 65 revoluciones sin\u00f3dicas (37.960 = 584 x 65).10<\/p>\n<p>Por otra parte, y siguiendo con las &#8220;coincidencias&#8221; y las relaciones \u0096o puntos de coyuntura en lo espacio-temporal\u0096&#8221;m\u00e1gicas&#8221; entre las proporciones que los n\u00fameros expresan, podemos observar que 260 x 18 es igual a 360 x 13, lo cual vincula al tonal\u00e1matl con el per\u00edmetro de la circunferencia y su divisi\u00f3n en grados, ya que cada dieciocho11 per\u00edodos del tonal\u00e1matl corresponden a trece del xihuitl, sin agregar en este caso al calendario civil de 360 d\u00edas \u0096para facilitar ciertos c\u00e1lculos\u0096 los nemontemi, o sea, los cinco d\u00edas que le faltan para coincidir con el a\u00f1o solar, los que en n\u00fameros redondos en 13 a\u00f1os suman 65 d\u00edas; lo cual equivale a 260 d\u00edas \u0096tiempo de la duraci\u00f3n de un tonal\u00e1matl completo\u0096 en 52 a\u00f1os, lo que es igual a 130.000 d\u00edas \u0096\u00f3 500 tonal\u00e1matles completos\u0096 en 26.000 a\u00f1os, que es el per\u00edodo c\u00edclico m\u00e1ximo (el Gran A\u00f1o de la Tierra o dos grandes a\u00f1os de 13.000 a\u00f1os), el de la precesi\u00f3n equinoccial, recordando que en este mismo ciclo las Pl\u00e9yades han alcanzado tambi\u00e9n 500 veces su culminaci\u00f3n. Esto, sin computar los 13 d\u00edas bisiestos que corresponden a la correcci\u00f3n del a\u00f1o tr\u00f3pico en cada &#8220;atadura de a\u00f1os&#8221; y que en el per\u00edodo de la precesi\u00f3n equinoccial ascender\u00edan a 6.500 (= 13 x 500) d\u00edas.12 Pensamos que para ciertos c\u00e1lculos se utilizaba el c\u00f3mputo de bisiestos y para otros no. De otro lado parece haber diferencias entre aztecas y mayas al respecto \u0096pues hac\u00edan distintas correcciones\u0096 y tambi\u00e9n en lo que se refiere a los nemontemi y la forma de agregar y computar estos d\u00edas nefastos. <\/p>\n<p>Multiplicar por cinco es lo mismo que dividir por dos si no se toman en cuenta los ceros que se agregan o se quitan en estas operaciones y se considera que constituyen elementos secundarios con respecto al simbolismo num\u00e9rico central y a las propiedades de los n\u00fameros en juego. Esta particularidad de los n\u00fameros dos y cinco, antes se\u00f1alada, se puede observar, por ejemplo, en la relaci\u00f3n entre el ciclo de 52 a\u00f1os y su doble de 104 (una &#8220;vejez&#8221;) (52 x 5 = 260 ; 52 : 2 = 26 ; 104 x 5 = 520 ; 104 : 2 = 52) lo que hace que ambos puedan ser tomados como an\u00e1logos y equivalentes tal cual sucede en otros casos afines. Se\u00f1alaremos otro ejemplo de lo dicho, vinculado con los n\u00fameros trece y su doble veintis\u00e9is (13 x 5 = 65 ; 13 : 2 = 6.5 ; 26 x 5 = 130 ; 26 : 2 = 13). Esta menci\u00f3n adquiere particular importancia cuando ya sabemos que 26.000 a\u00f1os (de los que 13.000 son la mitad) es el per\u00edodo de la precesi\u00f3n equinoccial y que para la tradici\u00f3n hind\u00fa un manv\u00e1ntara dura 65.000 a\u00f1os.13 Casi no es necesario agregar que las tradiciones precolombinas trabajaban con n\u00fameros proporcionales -como se acaba de ver- donde el agregado de ceros en nada altera la ra\u00edz num\u00e9rica, clave de todos los c\u00f3mputos. <\/p>\n<p>Es evidente que el n\u00famero cinco es obviamente la base central en todos estos c\u00e1lculos que de \u00e9l se derivan y que es tambi\u00e9n el m\u00f3dulo que intervendr\u00e1 en la constituci\u00f3n del sistema vigesimal (y decimal) y en la cosmogon\u00eda precolombina. En ese sentido indicaremos que la estructura numeral del calendario adivinatorio, o sea, los diversos elementos que en distinto n\u00famero o proporci\u00f3n act\u00faan sobre \u00e9l, son los siguientes: en primer lugar, los signos de los veinte d\u00edas; en segundo t\u00e9rmino el n\u00famero que corresponde a cada uno de esos signos o d\u00edas, pues ya se ha dicho que al llegar a la trecena los n\u00fameros comienzan a contarse nuevamente desde la unidad, aunque los signos (o los d\u00edas) sean veinte; tercero: adem\u00e1s de la determinaci\u00f3n con que los caracteriza el n\u00famero cada uno de estos veinte signos de los d\u00edas posee un numen que lo rige, un due\u00f1o o se\u00f1or. Por otra parte entra a jugar el n\u00famero nueve, ya que existen nueve &#8220;compa\u00f1eros&#8221; de la noche (perfectamente identificados y pintados en los c\u00f3dices) que cortejan tambi\u00e9n a los signos \u0096como las deidades anteriormente nombradas\u0096 aunque retornan al primero cada ciclo de nueve d\u00edas. El tonal\u00e1matl se divide en cuatro grupos de cinco trecenas cada uno, lo que nos da un total de veinte trecenas. Cada una de estas trecenas se inicia con uno de los signos sucesivos y est\u00e1 presidida por la deidad que le corresponde. A esta divisi\u00f3n en trecenas corresponde tambi\u00e9n una orientaci\u00f3n seg\u00fan los cuatro rumbos del universo, o los cuadrantes del espacio, la que se aplica tambi\u00e9n a los veinte signos de los d\u00edas. Existen igualmente unas aves que acompa\u00f1an a los d\u00edas \u0096y a los se\u00f1ores o dioses\u0096 las que constituyen elementos seguramente tan significativos como misteriosos. Como se ver\u00e1, estos calendarios son el tipo de cosa cuya estructura es tan compleja en s\u00ed misma que es imposible de simplificar por la \u00edndole de las interrelaciones que promueve. La ciencia astron\u00f3mica es la de la &#8220;medida&#8221; de los astros \u0096que en la antig\u00fcedad constituy\u00f3 siempre una sola disciplina con la astrolog\u00eda\u0096 y por lo tanto se refiere a las leyes del cielo y sus correspondencias, que se expresan de un modo ilimitado, pero en una procesi\u00f3n u orden constante, dado que sobre estructuras modulares se articulan ritmos siempre cambiantes que se interrelacionan y coinciden entre s\u00ed conteni\u00e9ndose los unos en los otros. No pretendemos en este corto espacio tratar este tema exhaustivamente aunque fue nuestra intenci\u00f3n dar una muestra del esquema calend\u00e1rico estructurado de acuerdo a pautas num\u00e9ricas, correspondencias anal\u00f3gico\u0096simb\u00f3licas y conceptos astron\u00f3micos \u0096y astrol\u00f3gicos\u0096, los cuales se encuentran volcados en estas construcciones como expresi\u00f3n del pensamiento cosmog\u00f3nico y m\u00e1gico-te\u00fargico de los mesoamericanos. <\/p>\n<p>De todas maneras, deseamos insistir, para terminar, en que el juego rotatorio de los s\u00edmbolos\u0096glifos, n\u00fameros, colores, rumbos, etc. y de las deidades, configuran una situaci\u00f3n, un cuadro, una realidad \u00fanica que se da para cada d\u00eda, cada ser y cada evento espacio-temporal y que lo signa \u0096y condiciona\u0096 con su nahual espec\u00edfico que marca su destino y su identidad pues tanto personas como acontecimientos hist\u00f3ricos y aun personajes m\u00edticos llevan el nombre del d\u00eda, la posici\u00f3n calend\u00e1rica como sello determinante de su propio ser y marca del tipo de energ\u00edas que lo constituyen. Esta denominaci\u00f3n y las caracter\u00edsticas derivadas de la conjunci\u00f3n o interacci\u00f3n de estos ciclos astron\u00f3micos con otros ritmos espacio-temporales constantes y precisos, aunque movibles y alternos, configuran el sistema rotativo calend\u00e1rico mesoamericano, en donde los seres, las cosas y los fen\u00f3menos encuentran su identidad metaf\u00edsica en su perpetuo retorno c\u00edclico, lo que equivale decir que acceden a su Destino.14<\/p>\n<p>Ceremonia del Fuego Nuevo<br \/>\nC\u00f3dice Borb\u00f3nico, l\u00e1mina XXXIV<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1 \tEl movimiento no es sino la proyecci\u00f3n espacial del tiempo y por lo tanto una s\u00edntesis de ambos. El concepto y signo ollin n\u00e1huatl representa esta imagen. Este t\u00e9rmino equivale tambi\u00e9n a lo que para nuestra cultura podr\u00eda ser el &#8220;h\u00e1lito vital&#8221;.<br \/>\n2 \tAlgunos investigadores como E. P. Disseldorf, J. Carlos Villacorta, Ra\u00fal Noriega, etc. han sostenido que no s\u00f3lo los movimientos de Venus eran considerados por los astr\u00f3nomos precolombinos sino tambi\u00e9n los de Mercurio, Marte, J\u00fapiter y Saturno, lo cual es absolutamente l\u00f3gico inferir.<br \/>\n3 \tHay varios calendarios mesoamericanos de distintas regiones, aunque su estructura es casi id\u00e9ntica.<br \/>\n4 \tCada cuatro a\u00f1os agregaban un d\u00eda adicional correspondiente a nuestro bisiesto. Aqu\u00ed nos referiremos al calendario azteca tomado como ejemplo.<br \/>\n5 \tLos solsticios y los equinoccios son las estaciones m\u00e1s notorias del sol. La palabra solsticio, del lat\u00edn sol y status, significa &#8220;el sol se detiene&#8221; y efectivamente en esa fecha el sol parece estar como estacionario. Es interesante ponerla en vinculaci\u00f3n con los mitos precolombinos en los que el sol carece de movimiento aunque esta simb\u00f3lica no debe ser exclusivamente considerada a nivel literal. Este detenerse del sol es siempre el inicio de un ciclo o per\u00edodo que comienza a correr con su movimiento.<br \/>\n6 \tEsto se debe a que, aparte de los bisiestos, los mayas hac\u00edan una correcci\u00f3n en la que eliminaban un d\u00eda cada 130 a\u00f1os.<br \/>\n7 \tRepetimos: tomamos como ejemplo \u00fanicamente los nombres del calendario azteca. Sabido es que s\u00f3lo en el altiplano mexicano hab\u00eda varios calendarios \u0096levemente diferentes\u0096 correspondientes a los diversos pueblos que habitaban esos lugares, y a sus distintas lenguas. Lo mismo sucede con los mayas aunque la base es pr\u00e1cticamente la misma. Adem\u00e1s, los distintos tonal\u00e1matl de las diversas regiones son id\u00e9nticos estructuralmente aunque cambien algunos de los signos o ellos se encuentren ubicados en otra posici\u00f3n.<br \/>\n8 \tEn virtud de esta precesi\u00f3n de los equinoccios los puntos equinocciales y solsticiales y los signos zodiacales se desplazan sobre la ecl\u00edptica en el sentido retr\u00f3grado con una velocidad angular de 50 minutos por a\u00f1o.<br \/>\n9 \tEsta misma sucesi\u00f3n no s\u00f3lo se manifiesta en los d\u00edas sino en los a\u00f1os y, eventualmente, en ciclos mayores. Con respecto a la &#8220;ronda&#8221; de los a\u00f1os, podr\u00e1 observarse que el abrirse del ciclo s\u00f3lo se produce en cuatro signos que podr\u00edamos llamar fijos y que son: tochtli, conejo, acatl, ca\u00f1a, tecpatl, pedernal y calli, casa. Por otro lado, se\u00f1alaremos que los 260 d\u00edas del calendario ritual suelen ponerse en relaci\u00f3n con el ciclo de la gestaci\u00f3n humana.<br \/>\n10 \tTambi\u00e9n la multiplicaci\u00f3n de los 52 giros del xiuitl (a\u00f1o solar de 360 d\u00edas) por los 73 del tonalamatl (a\u00f1o ritual de 260 d\u00edas) en que ambos coinciden nos da (73&#215;52=3796) un n\u00famero proporcional a 37.960 del que acabamos de hablar.<br \/>\n11 \tN\u00famero circular (18 = 1 + 8 = 9) que corresponde tambi\u00e9n al n\u00famero de meses de su a\u00f1o solar de 360 d\u00edas y puede, asimismo, ser equiparado a la semicircunferencia de 180\u00b0. El n\u00famero nueve usado en cualquier combinatoria emparenta a los c\u00e1lculos con la circunferencia y el a\u00f1o solar.<br \/>\n12 \tComo se ve, estos &#8220;d\u00edas&#8221; y estos &#8220;a\u00f1os&#8221; no son lo que ordinariamente entendemos por tales sino que son &#8220;n\u00fameros&#8221; (&#8220;medidas&#8221;, &#8220;proporciones&#8221;, etc.) que se interrelacionan los unos con los otros conformando el Orden Universal y son ellos los que interesa destacar. Eso es lo que sucede con los n\u00fameros mencionados en la Leyenda de los Soles del C\u00f3dice Chimalpopoca, por ejemplo, los que no deben ser considerados en forma literal o cuantitativa.<br \/>\n13 \tLas &#8220;Grandes Eras&#8221; eran llamadas &#8220;soles&#8221; en Mesoam\u00e9rica. Por otra parte estos &#8220;soles&#8221;, que son cinco, dividen al ciclo de 65.000 a\u00f1os en per\u00edodos de 13.000, los que a su vez permitir\u00edan una subdivisi\u00f3n en cinco eras de 2.600 a\u00f1os. Se quiere aclarar que este ciclo temporal de 65.000 a\u00f1os cubre la dimensi\u00f3n de todo lo que el hombre es capaz de imaginar o suponer. Lo que sucede con esta &#8220;cifra&#8221; de tiempo es an\u00e1logo, en materia de dimensiones o m\u00f3dulos espaciales, con la distancia que nos separa del sol como l\u00edmite. M\u00e1s all\u00e1 del sol, o m\u00e1s all\u00e1 de 65.000 a\u00f1os, en t\u00e9rminos dimensionales, nada podr\u00e1 decir nada a la mente del hombre. La cronolog\u00eda del tiempo ha de fundirse necesariamente con el tiempo vivo, es decir, el tiempo m\u00edtico. Esto sin tener en cuenta la subdivisi\u00f3n en cinco eras de 13.000 a\u00f1os cada una, lo que de por s\u00ed conforma otras tantas barreras pr\u00e1cticamente infranqueables; por lo que parece m\u00e1s razonable atenerse a un ciclo b\u00e1sico de 2.600 a\u00f1os, cuyo nacimiento, para nuestra era o subciclo se produjo alrededor del siglo VI a. C.<br \/>\n14 \tFray Diego Valad\u00e9s public\u00f3 en lat\u00edn y en Italia en 1579 su Ret\u00f3rica Cristiana, libro teol\u00f3gico en donde se pone singularmente de relieve el &#8220;Arte de la Memoria&#8221; y la memoria artificial. Fueron varios los tratados que aparecieron en Europa en ese tiempo dedicados al tema. Lo que llama la atenci\u00f3n, aparte de que el autor era mestizo (padre conquistador espa\u00f1ol, madre india noble de Tlaxcala), es que este arte se us\u00f3 en el seno de la Orden Franciscana para la evangelizaci\u00f3n de los ind\u00edgenas. Sin embargo no s\u00f3lo esto es interesante sino tambi\u00e9n el descubrimiento, por el propio fraile, de que los calendarios ind\u00edgenas eran parte del arte de la memoria y la memoria artificial, que \u00e9l hab\u00eda estudiado con empe\u00f1o, (ya que su obra a este respecto es muy buena), en fuentes europeas. Ver Fray Diego Valad\u00e9s Ret\u00f3rica Cristiana F.C.E. M\u00e9xico 1989. El mismo sacerdote construy\u00f3 una especie de alfabeto de &#8220;palabras&#8221;, con im\u00e1genes ind\u00edgenas, sacadas de sus simb\u00f3licas. En todo caso no es esta la \u00fanica referencia a la famosa memoria ind\u00edgena; en muchos cronistas y estudiosos se la encuentra descripta, as\u00ed como se mencionan sus diversos sistemas de memoria, por ejemplo los quipus peruanos, para sacar el mejor ejemplo de entre ellos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS CALENDARIOS MESOAMERICANOS FEDERICO GONZALEZ El tema de los calendarios mesoamericanos es uno de los m\u00e1s importantes dentro del campo de las culturas precolombinas. 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