{"id":908,"date":"2006-11-16T16:00:04","date_gmt":"2006-11-16T16:00:04","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=908"},"modified":"2006-11-16T16:00:04","modified_gmt":"2006-11-16T16:00:04","slug":"los-simbolos-precolombinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=908","title":{"rendered":"Los simbolos precolombinos"},"content":{"rendered":"<p>LOS SIMBOLOS PRECOLOMBINOS<br \/>\nCosmogon\u00eda, Teogon\u00eda, Cultura<br \/>\nEl verdadero Padre \u00d1amandu, el Primero,<br \/>\nde una peque\u00f1a porci\u00f3n de su propia divinidad,<br \/>\nde la sabidur\u00eda contenida en su propia divinidad,<br \/>\ny en virtud de su sabidur\u00eda creadora<br \/>\nhizo que se engendrasen llamas y tenue neblina.<br \/>\nHabi\u00e9ndose erguido<br \/>\nde la sabidur\u00eda contenida en su propia divinidad,<br \/>\ny en virtud de su sabidur\u00eda creadora,<br \/>\nconcibi\u00f3 el origen del lenguaje humano.<br \/>\nDe la sabidur\u00eda contenida en su propia divinidad,<br \/>\ny en virtud de su sabidur\u00eda creadora<br \/>\ncre\u00f3 nuestro Padre el fundamento del lenguaje humano<br \/>\ne hizo que formara parte de su propia divinidad.<br \/>\nAntes de existir la tierra,<br \/>\nen medio de las tinieblas primigenias,<br \/>\nantes de tenerse conocimiento de las cosas,<br \/>\ncre\u00f3 aquello que ser\u00eda el fundamento del lenguaje humano<br \/>\ne hizo el verdadero Primer Padre \u00d1amandu<br \/>\nque formara parte de su propia divinidad.<br \/>\nHabiendo concebido el origen del futuro lenguaje humano,<br \/>\nde la sabidur\u00eda contenida en su propia divinidad,<br \/>\ny en virtud de su sabidur\u00eda creadora,<br \/>\nconcibi\u00f3 el fundamento del amor.<br \/>\nAntes de existir la tierra,<br \/>\nen medio de las tinieblas primigenias,<br \/>\nantes de tenerse conocimiento de las cosas,<br \/>\ny en virtud de su sabidur\u00eda creadora,<br \/>\nconcibi\u00f3 el origen del amor.<br \/>\nHabiendo creado el fundamento del lenguaje humano,<br \/>\nhabiendo creado una peque\u00f1a porci\u00f3n de amor,<br \/>\nde la sabidur\u00eda contenida en su propia divinidad,<br \/>\ny en virtud de su sabidur\u00eda creadora<br \/>\nel origen de un solo himno sagrado lo cre\u00f3 en su soledad<br \/>\nAntes de existir la tierra,<br \/>\nen medio de las tinieblas originarias,<br \/>\nantes de conocerse las cosas,<br \/>\ncre\u00f3 en su soledad el origen de un himno sagrado.<\/p>\n<p>La literatura de los guaran\u00edes.- Recopilado y traducido por el antrop\u00f3logo Le\u00f3n Cadogan. Joaqu\u00edn Mortiz, M\u00e9xico, 1965.<\/p>\n<p>PREFACIO<br \/>\nApenas comenz\u00f3 el autor a concebir la idea de un trabajo sobre la simb\u00f3lica precolombina advirti\u00f3 que su perspectiva no podr\u00eda ser comprendida sin antes exponer ciertas ideas (s\u00edmbolo, mito, rito, sociedad tradicional, etc.), es decir, el marco te\u00f3rico donde se inscribe su trabajo. En definitiva, que su libro iba a tratar tanto de lo precolombino, su cosmogon\u00eda y teogon\u00eda, como constituir una introducci\u00f3n a la Simb\u00f3lica. Una obra de este tipo ha de ser necesariamente sint\u00e9tica (casi un esquema de trabajo) y no se podr\u00e1 entonces considerar aqu\u00ed con la riqueza y amplitud que se merecen cada uno de los temas que se tocan, reserv\u00e1ndonos esta labor para nuevas oportunidades. Pensamos sin embargo que este trabajo brinda la posibilidad de comprender en esencia a las antiguas culturas americanas, -y a las &#8216;primitivas&#8217;, arcaicas y tradicionales en general- y ser un punto de nucleamiento de nuevas investigaciones y labores para los que se interesan en el s\u00edmbolo y las culturas precolombinas. Esto es as\u00ed para el autor, por qu\u00e9 no decirlo, puesto que el estudio de los s\u00edmbolos tradicionales americanos coadyuv\u00f3 en \u00e9l a su conocimiento de s\u00edmbolos universales y porque el conocimiento de estos universales le hizo comprender ciertas ideas acerca del pensamiento y la cosmogon\u00eda de los precolombinos. Este estudio est\u00e1 dirigido al lector no especializado -aunque tal vez pudieran sacar de \u00e9l alg\u00fan provecho los expertos- y como ya dijimos es tanto para el que desea interiorizarse en la V\u00eda Simb\u00f3lica y su funcionamiento como para el que posee afici\u00f3n e intriga por las culturas precolombinas o arcaicas.<br \/>\nQuiere dejarse aqu\u00ed sentado el profundo agradecimiento a los esforzados cronistas, comentaristas e investigadores de todos los tiempos, extranjeros y americanos, gracias a los cuales se ha podido escribir este libro -que pretende ser en su medida un homenaje al pensamiento ind\u00edgena- y cuya obra se cita en el texto y la bibliograf\u00eda.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo quiere indicarse que el autor cree en la capacidad actuante del s\u00edmbolo, en su virtud transformadora, a la par que sostiene que los s\u00edmbolos est\u00e1n hoy presentes, tan s\u00f3lo esperando ser vivificados.<\/p>\n<p>INDICE CASTELLANO Prefacio<br \/>\nCap\u00edtulo I * Introducci\u00f3n a la Simbolog\u00eda Precolombina<br \/>\nCap\u00edtulo II La Simbolog\u00eda Americana<br \/>\nCap\u00edtulo III Los S\u00edmbolos, los Mitos y los Ritos<br \/>\nCap\u00edtulo IV El Centro y el Eje<br \/>\nCap\u00edtulo V El Mundo Precolombino<br \/>\nCap\u00edtulo VI Algunos Errores Filos\u00f3ficos<br \/>\nCap\u00edtulo VII Ciertas Peculiaridades en la Visi\u00f3n del Mundo de una Sociedad Arcaica<br \/>\nCap\u00edtulo VIII La Iniciaci\u00f3n<br \/>\nCap\u00edtulo IX * El Redescubrimiento de Am\u00e9rica<br \/>\nCap\u00edtulo X Cosmogon\u00eda y Teogon\u00eda<br \/>\nCap\u00edtulo XI * El Cosmos y la Deidad<br \/>\nCap\u00edtulo XII La Dualidad: Energ\u00edas Ascendentes y Descendentes<br \/>\nCap\u00edtulo XIII Algunos S\u00edmbolos Fundamentales<br \/>\nCap\u00edtulo XIV * S\u00edmbolos Num\u00e9ricos y Geom\u00e9tricos<br \/>\nCap\u00edtulo XV El Simbolismo Constructivo<br \/>\nCap\u00edtulo XVI * Plantas y Animales Sagrados<br \/>\nCap\u00edtulo XVII Arte y Cosmogon\u00eda<br \/>\nCap\u00edtulo XVIII * Mitolog\u00eda y Popol Vuh<br \/>\nCap\u00edtulo XIX Algunos Temas Relacionados con los Calendarios<br \/>\nCap\u00edtulo XX * Los Calendarios Mesoamericanos<br \/>\nBIBLIOGRAFIA<\/p>\n<p>* En web &#8220;Am\u00e9rica Ind\u00edgena&#8221;<\/p>\n<p>Italiano: Intr. V VI<br \/>\nEnglish: Book<\/p>\n<p>CONTRAPORTADA<br \/>\nEl redescubrimiento de Am\u00e9rica a quinientos a\u00f1os del viaje de Almirante Col\u00f3n<br \/>\nUna obra sint\u00e9tica y fundamental que tanto habla de lo precolombino, su cosmogon\u00eda y teogon\u00eda, como constituye una introducci\u00f3n a la Simbolog\u00eda. Federico Gonz\u00e1lez nos brinda la posibilidad de comprender en esencia a las antiguas culturas americanas, as\u00ed como a las &#8220;primitivas&#8221;, arca\u00eccas y tradicionales en general. La sacralidad simb\u00f3lica de la naturaleza (piedras, \u00e1rboles, animales, astros), los mitos, la arquitectura del templo y la ciudad, los calendarios, la agricultura, el ma\u00edz (como en otros lugares el trigo), las artesan\u00edas, los juegos y el arte de la guerra, la m\u00fasica y los cantos, las pinturas, el tatuaje y las danzas, sacrific\u00ecos y festividades, conforman para el hombre tradicional -en particular aqu\u00ed el americano- su experiencia cotidiana de lo sagrado, su conocimiento de la cosmogon\u00eda que se le revela mediante los s\u00edmbolos, los mitos y los ritos, y a la cual \u00e9l conoce y recrea por su intermedio, por mucho que puedan sorprendernos las extraordinarias formas una cultura que, corno toda aquella que est\u00e1 viva, reconoce a la deidad -y a la vida- corno un perpetuo asombro. Pues es lo sagrado lo que conforma su propia expresi\u00f3n -la del mundo y la de nosotros mismos- y no al contrario, seg\u00fan la programaci\u00f3n que nos ha sido impuesta. <\/p>\n<p>INTRODUCCION A LA SIMBOLOGIA PRECOLOMBINA<br \/>\nFEDERICO GONZALEZ<br \/>\nLa sociedad a la que pertenecemos, es decir la contempor\u00e1nea, ha concebido la idea de que Dios -la unidad original- es un invento del hombre, aunque algunos de sus miembros piensan m\u00e1s bien que la deidad es un descubrimiento humano producido en cierta etapa de la historia. En ambos casos es el hombre el que crea a Dios en absoluta contradicci\u00f3n con lo aseverado un\u00e1nimente por todas las tradiciones y civilizaciones de que se tenga memoria, las cuales afirman y establecen la correcta relaci\u00f3n jer\u00e1rquica entre el creador y su criatura. Esta flagrante inversi\u00f3n nace l\u00f3gicamente del desconocimiento actual que poseemos acerca de lo sagrado, raz\u00f3n que nos obliga inconscientemente a &#8216;humanizar&#8217; el concepto de Dios, hacerlo antropomorfo -lo que equivale a reducir a la deidad a las categor\u00edas del pensamiento y la concepci\u00f3n humana- y minimizarlo a la escala del hombre de hoy d\u00eda y a la estrechez de su visi\u00f3n. El cual no encuentra nada mejor entonces que hacer morir a los dioses, no &#8216;creer&#8217; ya en ellos sino m\u00e1s bien en lo &#8216;humano&#8217; -lo cual \u00a1ay! es tomado como un progreso- como si fuera posible que las energ\u00edas c\u00f3smicas y arm\u00f3nicas cuyos principios expresan las deidades dejaran de ser, o existir, por el simple expediente de negarlas.<\/p>\n<p>Estamos acostumbrados a pensar acerca de los panteones griego, romano, egipcio, caldeo o maya -o aun en el de los jud\u00edos, cristianos, isl\u00e1micos, hindu\u00edstas y budistas-, como si sus dioses fuesen la propiedad privada de esos pueblos y religiones, y que adem\u00e1s esos dioses fueran enteramente diferentes entre s\u00ed con identidades perfectamente particularizadas en un sistema clasificatorio imaginario. La realidad de lo sagrado queda as\u00ed reducida a la capacidad &#8216;especulativa&#8217; del hombre -o a un membrete indicativo en un casillero- y no se observa sin embargo que esos mismos hombres reconocieron a la deidad a trav\u00e9s de los &#8216;n\u00fameros&#8217; o medidas arm\u00f3nicas como patrones o m\u00f3dulos de pensamiento universal y expresi\u00f3n de las ideas arquet\u00edpicas siempre presentes como partes constitutivas del cosmos, que los s\u00edmbolos representan y cuya energ\u00eda-fuerza no ha dejado ni dejar\u00e1 de manifestarse mientras existan el tiempo y el espacio. Lo mismo acontece con los astros y estrellas -en particular, el Sol, la Luna, Venus y las Pl\u00e9yades-, s\u00edmbolos de los dioses a determinado nivel, planetas y constelaciones que por cierto han sobrevivido a los caldeos, egipcios, griegos, romanos y mayas y que a\u00fan podemos observar a ojo descubierto en cualquier noche clara. Estos astros y estrellas significan las energ\u00edas c\u00f3smicas que son la expresi\u00f3n de los principios divinos y es imprescindible recordar que son los mismos astros y estrellas de hoy aqu\u00e9llos que contemplaron en la b\u00f3veda celeste antes del &#8216;descubrimiento&#8217; de Am\u00e9rica los pueblos precolombinos, los cuales los identificaron en su cosmogon\u00eda con determinadas ideas-fuerza, cuya manifestaci\u00f3n las estrellas expresan en la inmensidad del cielo, del cual dependen la tierra y el hombre. Somos otras las personas que habitamos bajo el firmamento en la tierra que labraron las antiguas civilizaciones americanas, pero los n\u00fameros y los astros -como encarnaciones de los principios eternos- siguen siendo los mismos y est\u00e1n tan vivos como las deidades, las cuales por otra parte se siguen expresando como fen\u00f3menos naturales y atmosf\u00e9ricos y energ\u00edas an\u00edmicas y espirituales siempre presentes en la creaci\u00f3n. Pues es sabido que los dioses no mueren y eso es precisamente lo que los ha hecho inmortales en todo tiempo y lugar. O mejor, lo son porque han muerto a la muerte y ya no pueden morir. El dios sacrificado resucita, se regenera, y transforma sus energ\u00edas cristaliz\u00e1ndolas en el cielo bajo la forma de un planeta, s\u00edmbolo del principio que ese dios testimonia de manera activa y manifestada. Los dioses, incluso, son anteriores a esta creaci\u00f3n y de hecho su sacrificio es lo que la produce &#8220;cuando a\u00fan era de noche&#8221;, como nos lo dice el mito teotihuacano.<br \/>\nLas cosmogon\u00edas precolombinas constituyen una modalidad de la Cosmogon\u00eda arquet\u00edpica -en la que el hombre est\u00e1 incluido- m\u00e1s all\u00e1 de cualquier especulaci\u00f3n personal y pese a las diferentes formas o modos en que ella se exprese de acuerdo a las caracter\u00edsticas de espacio, tiempo o manera, que a la vez velan y revelan su contenido protot\u00edpico, su esencia. Por eso es que esas cosmogon\u00edas tambi\u00e9n est\u00e1n vivas hoy d\u00eda, en sus s\u00edmbolos y mitos, que esperan ser vivificados por su conocimiento, por su invocaci\u00f3n, para que generen toda la magnitud de su energ\u00eda potencial. Los hombres antiguos han desaparecido pero no sus dioses eternos -Quetzalc\u00f3atl, Kukulk\u00e1n, Viraacocha-1 que a\u00fan conviven con nosotros y conforman gran parte de la historia de los pa\u00edses americanos y aunque no lo advirtamos, la nuestra misma. En verdad a\u00fan muchos millones de personas -en el norte, centro y sur de Am\u00e9rica- los invocan con los antiguos ritos tradicionales y tambi\u00e9n bajo distintas formas religiosas o te\u00f1idas de folklore. La deidad es igual para todos los pueblos que la conocen, as\u00ed la llamen de una u otra manera, o tome esta o aquella forma particular; esto es v\u00e1lido para todas las tradiciones vivas o muertas puesto que la deidad &#8220;en s\u00ed&#8221; es finalmente una sola aunque sus manifestaciones sean m\u00faltiples. Cuando los sabios nahuas, los tlamatinime fueron interrogados por los doce primeros religiosos cat\u00f3licos arribados a M\u00e9xico acerca de sus creencias y se enteraron por boca de sus inquisidores que sus dioses ya no exist\u00edan pidieron morir con ellos. Luego aceptaron hablar con calma:<\/p>\n<p>&#8220;Romperemos un poco, ahora un poquito abriremos el secreto, el arca del Se\u00f1or nuestro&#8221;. &#8220;Vosotros dijisteis que nosotros no conocemos al Se\u00f1or del cerca y del junto, a aqu\u00e9l de quien son los cielos y la tierra. Dijisteis que no eran verdaderos nuestros dioses. Nueva palabra es \u00e9sta, la que habl\u00e1is, por ella estamos perturbados, por ella estamos molestos. Porque nuestros progenitores, los que han sido, los que han vivido sobre la tierra, no sol\u00edan hablar as\u00ed&#8221;.<br \/>\nY a continuaci\u00f3n describen y enumeran en forma sencilla para ser entendidos una serie de im\u00e1genes de la divinidad, la tradici\u00f3n y el rito, que dicho sea de paso se corresponden con sus an\u00e1logas cristianas. Y luego, recapitulando:<br \/>\n&#8220;Nosotros sabemos a qui\u00e9n se debe la vida, a qui\u00e9n se debe el nacer, a qui\u00e9n se debe el ser engendrado, a qui\u00e9n se debe el crecer, c\u00f3mo hay que invocar, c\u00f3mo hay que rogar&#8221;.<br \/>\nComo se ver\u00e1 por sus propias palabras puede observarse en realidad que los tlamatinime no alcanzaban a comprender esa situaci\u00f3n que los exced\u00eda. \u00bfC\u00f3mo los hombres pod\u00edan suprimir por decreto a los dioses? y \u00bfc\u00f3mo lo \u00fanico efectivo, lo cierto, pod\u00eda ser aniquilado por las ilusiones y la sombra? Oig\u00e1moslos:<br \/>\n&#8220;Ciertamente no creemos a\u00fan, no lo tenemos por verdad, aun cuando os ofenda&#8221;.2<br \/>\nOfendidos o no, los conquistadores abolieron su imagen del mundo, del espacio y del tiempo, su concepci\u00f3n de la vida y del hombre, sus mitos y ritos, y destruyeron la casi totalidad de su cultura. Y como desgraciadamente estas culturas est\u00e1n aparentemente muertas debemos seguir un dif\u00edcil proceso de reconstrucci\u00f3n a trav\u00e9s de sus fragmentos, c\u00f3digos y monumentos parcialmente completos, las cr\u00f3nicas de los conquistadores y distintos testimonios, as\u00ed como por jirones a\u00fan vivos del folklore, la danza, el dise\u00f1o de los tejidos y cester\u00eda, sus monumentos, etc., para poder entenderlas. Pero tambi\u00e9n y sobre todo haremos hincapi\u00e9 en sus s\u00edmbolos &#8211; y mitos cosmog\u00f3nicos y teog\u00f3e;nicos claros y precisos que se corresponden con s\u00edmbolos y mitos de otros pueblos, incluidos sus modelos del universo y estructuras culturales -evidentes por ejemplo, en el s\u00edmbolo constructivo, de base geom\u00e9trica y numeral-, los que nos permiten por analog\u00eda aproximamos al conocimiento de las tradiciones americanas y tener una visi\u00f3n lo suficientemente neta de ellas, al menos como fundamento para intentar comprenderlas en su esencia sin que s\u00f3lo signifiquen tristes ruinas o antiguallas sin sentido o un pasado desconocido, hipot\u00e9tico y grandioso del cual todo se ignora. Por otra parte y como ya hemos dicho, a pesar del saqueo, la sistem\u00e1tica aniquilaci\u00f3n y el m\u00faltiple vejamen sufrido, las tradiciones precolombinas a\u00fan est\u00e1n vivas y vigentes, reveladas en sus s\u00edmbolos, en sus mitos y en su cosmogon\u00eda, en sus ideas arquet\u00edpicas, sus m\u00f3dulos arm\u00f3nicos y sus dioses que no esperan sino ser vivificados para que actualicen su potencia; es decir, ser aprehendidos, comprendidos con el coraz\u00f3n, para que act\u00faen en nosotros.<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1 De los que se dice han de volver.<br \/>\n2 El libro de los Coloquios de los Doce, cap\u00edtulo VII del texto n\u00e1huatl publicado por W. Lehmann. Traducci\u00f3n de Miguel Le\u00f3n Portilla. <\/p>\n<p>CAPITULO II LA SIMBOLOGIA AMERICANA<br \/>\nI<br \/>\nUno de los temas que m\u00e1s se destacan cuando nos enfrentamos con el estudio de las sociedades precolombinas es la coincidencia en casi todos los autores europeos de la conquista y aun de siglos posteriores en pensar que los americanos eran de origen jud\u00edo,1 ya hab\u00edan sido cristianizados, o de alg\u00fan modo confuso derivaban sus conocimientos y tradiciones del Viejo Mundo. Estas opiniones se basaban sin duda en la similitud de s\u00edmbolos, mitos y modos culturales, que aunque tomasen formas diferentes eran sin embargo an\u00e1logos a los suyos. Esto es se\u00f1alado por los franciscanos Fray Bemardino de Sahag\u00fan y Motolin\u00eda, por el dominico Diego Dur\u00e1n, por el jesuita Joseph de Acosta, as\u00ed corno por Mendieta, Las Casas, Torquemada, L\u00f3pez de G\u00f3mara, Ramos Gavil\u00e1n, Gregorio Garc\u00eda, Antonio de la Calancha, Poma de Ayala y la generalidad de los cronistas; asimismo entre los comentaristas posteriores como Veytia y Clavijero, etc., para no citar sino algunos, todos ellos hombres de la Iglesia o versados en asuntos religiosos, filos\u00f3ficos y teol\u00f3gicos.2 A decir verdad, tambi\u00e9n las coincidencias entre el cristianismo, sus s\u00edmbolos, mitos y ritos y la tradici\u00f3n precolombina son harto numerosas.3 Comenzando por sus teogon\u00edas, donde las ideas de un Ser Supremo, de un dios creador y una deidad civilizadora y salvadora configuran una g\u00e9nesis y un apocalipsis, una muerte y una resurrecci\u00f3n ligadas al sacrificio y la transformaci\u00f3n c\u00edclica y siguiendo por ciertos mitos como el de la virginidad de la madre de un dios h\u00e9roe y su nacimiento sin necesidad de padre, antinatura, que aparece repetidamente. El primer caso se observa en la civilizaci\u00f3n del valle central de M\u00e9xico entre los indios de Nicaragua y Costa Rica, los de Bogot\u00e1, los de Quito y otros grupos pertenecientes al Imperio Inca como los harochiri e incluso los guaranies de Paraguay y Brasil, siendo conocido por los zuni y otros ind\u00edgenas de los Estados Unidos y los patagones argentinos. El segundo es muy neto entre los nahuas y aztecas (los dioses Quetzalc\u00f3atl y Huitzilopochtli son hijos de v\u00edrgenes), y en los indios quich\u00e9 de Guatemala, Ixbalanch\u00e9 y Hunahp\u00fa, los h\u00e9roes por excelencia, son hijos de la doncella Ixcuiq. Asimismo los chibchas de Colombia reverenciaban a un hijo del sol que fue fecundado por intermedio de sus rayos en una virgen; y Viracocha, en el Per\u00fa, embaraza a una joven agraciada sin que \u00e9sta lo advierta.4 Esto sin mencionar algunos mitos como el del diluvio conocido en toda la Am\u00e9rica Precolombina y el de la existencia pret\u00e9rita de gigantes en lo cual coincid\u00edan con las tradiciones b\u00edblicas y greco-romanas. Pero lo que realmente sorprende a los conquistadores, o a los pocos que son capaces de ver, es nada menos que el s\u00edmbolo de la cruz por doquier, lo cual por consideraciones debidas a las circunstancias se debe ocultar o callar. En efecto, esta representaci\u00f3n se halla expl\u00edcita en su forma m\u00e1s sencilla o de maneras derivadas, sola u organizada en conjuntos, en la entera extensi\u00f3n del continente americano. Y es m\u00e1s, el s\u00edmbolo de que hablamos -que por cierto es pre-cristiano- constituye el esquema cosmol\u00f3gico de estas culturas, siempre presente en sus manifestaciones de cualquier tipo que \u00e9stas sean. Nos estamos refiriendo a los cuatro brazos o posibilidades de expansi\u00f3n horizontal en el plano y al centro como lugar de recepci\u00f3n y s\u00edntesis de la energ\u00eda vertical (alto-bajo), que de esta manera por medio de la cruz se irradia en la totalidad del espacio. Aunque tal vez lo que m\u00e1s llama la atenci\u00f3n de los frailes es la similitud de algunos rituales con los sacramentos que ellos administran. As\u00ed por ejemplo con respecto a la confesi\u00f3n practicada por los aztecas, mayas e incaicos, al matrimonio, al bautismo -del que el reticente Diego de Landa, obispo de Yucat\u00e1n, sin embargo afirma con orgullo:<\/p>\n<p>&#8220;No se halla el bautismo en ninguna parte de las indias sino en esta de Yucat\u00e1n (lo cual no era cierto) y aun con vocablo que quiere decir nacer de nuevo u otra vez&#8221;,<br \/>\ny a la comuni\u00f3n. En relaci\u00f3n con esta \u00faltima se\u00f1alaremos lo que nos dice Sahag\u00fan vinculado con la ceremonia que se efectuaba en honor a Huitzilopochtli en la que el pueblo comulgaba comiendo un trozo de la estatua del dios, que a esos efectos estaba confeccionada con una golosina que a\u00fan es popular en el M\u00e9xico contempor\u00e1neo a la que se llama alegr\u00eda.5 El verdadero tema al respecto lo constituye el hecho de que el sacrificio ritual de animales y su inmediata ingesti\u00f3n en ciertas fechas y lugares precolombinos -como por otra parte es verificable en la casi totalidad de las culturas, siendo hoy mismo comprobable en comunidades &#8216;primitivas&#8217;- conformaba un acto sagrado de importancia vital, tanto individual como colectiva. El sacramento cristiano de la eucarist\u00eda simboliza mediante el pan y el vino lo que otras tradiciones ejemplifican por sus correspondientes: la carne y sobre todo la sangre como forma de comuni\u00f3n con la deidad. Creemos que bajo una perspectiva an\u00e1loga podr\u00e1n tal vez entenderse los cruentos sacrificios humanos efectuados en honor y alimento del sol como generador y conservador de la vida.6 De todas maneras estas similitudes entre las civilizaciones del Nuevo y Viejo Mundo no tienen nada de casual ya que los s\u00edmbolos y los mitos fundamentales de todas las culturas son manifiesta y esencialmente los mismos ante nuestro ignorante asombro.7 Esta sorpresa no es tal en cuanto procedemos a verificar y comprobar este aserto y tambi\u00e9n en cuanto nos ponemos a pensar que lo que en verdad representan estos s\u00edmbolos y estos mitos -es decir las ideas universales que expresan- son las mismas en todas partes, derivadas de un Conocimiento y una Tradici\u00f3n com\u00fan, a la que podr\u00edamos llamar &#8216;no hist\u00f3rica&#8217;, o mejor, &#8216;metahist\u00f3rica&#8217;. Por ese motivo es que la Simbolog\u00eda utiliza la comparaci\u00f3n entre s\u00edmbolos de distintas civilizaciones como m\u00e9todo para iluminar los s\u00edmbolos particulares, sistema que utilizaremos asimismo en este texto en relaci\u00f3n con el conjunto de las culturas americanas -en la medida de nuestras posibilidades-, y el mosaico multifac\u00e9tico en que se expresa el pensamiento precolombino.<\/p>\n<p>No hay en la actualidad quien niegue seriamente el origen sagrado de toda civilizaci\u00f3n en cuanto \u00e9ste es m\u00edtico y metaf\u00edsico -seg\u00fan esas tradiciones lo proclaman-, del cual por otra parte se desprenden sus conocimientos, artes, ciencias e industrias, incluidos la fundaci\u00f3n de su ciudad -cuando son sedentarios- y el nombre o identidad de sus habitantes. En ese sentido estas manifestaciones parecer\u00edan responder un\u00e1nimemente a una idea arquet\u00edpica de la cual derivan los modelos culturales y las estructuras religiosas, econ\u00f3mico-sociales y pol\u00edticas, los comportamientos y los usos y costumbres. Es por eso y a pesar de las variadas formas en que esas culturas tradicionales se expresan que se puede encontrar entre ellas tan asombrosas analog\u00edas pues se refieren todas a lo mismo. Lo cual nos permite a nuestra vez efectuar relaciones y asimilaciones igualmente sorprendentes.<\/p>\n<p>Los historiadores de las religiones limitan y ubican en el espacio y en el tiempo a la cultura que estudian, aunque los mejores de ellos, encabezados por Mircea Eliade, llevan sus investigaciones a la estructura misma de lo religioso expresando su origen atemporal. La Simbolog\u00eda no toma en consideraci\u00f3n sino en forma secundaria las condiciones hist\u00f3ricas donde se produce el s\u00edmbolo, destacando por el contrario valores no hist\u00f3ricos, es decir esenciales y arquet\u00edpicos. Pero sobre todo lo que diferencia al simb\u00f3logo y al historiador de las religiones es la actitud con que enfrentan el conocimiento. Efectivamente, el simb\u00f3logo no s\u00f3lo toma a los s\u00edmbolos, mitos o ritos como objetos est\u00e1ticos -que tienen una historia- sino tambi\u00e9n como sujetos din\u00e1micos siempre presentes, que se est\u00e1n manifestando ahora. O sea, como capaces de cumplir una funci\u00f3n mediadora entre lo que expresan en el orden sensible y la energ\u00eda invisible -la idea- que los ha generado. En ese sentido no hay tampoco una historia de los s\u00edmbolos. No s\u00f3lo por reconocer \u00e9stos un origen atemporal, sino porque la mayor parte de ellos son comunes y aparecen en much\u00edsimas tradiciones separadas en el espacio y en el tiempo -como si ellos fueran consubstanciales con el hombre y la vida- y se dan a veces hasta de manera id\u00e9ntica en cuanto a sus significaciones m\u00e1s alejadas (en el tema de la &#8216;brujer\u00eda&#8217;, por ejemplo), asunto \u00e9ste que con un poco de paciencia y buena fe le es dado observar y comprender a cualquiera. Ello lleva a reconocer un origen com\u00fan, o aceptar la idea de una tradici\u00f3n hist\u00f3rica un\u00e1nime, lo que seguramente es v\u00e1lido si se consideran enormes ciclos que incluyen no s\u00f3lo decenas de culturas -la mayor parte ignoradas- sino tambi\u00e9n profundas alteraciones geogr\u00e1ficas en la tierra como cambios en la posici\u00f3n de los polos en correspondencia con fen\u00f3menos celestes, etc.8 Raz\u00f3n por la que el simb\u00f3logo prefiere tomar al s\u00edmbolo en s\u00ed -sin descuidar su contexto-, en cuanto \u00e9ste no es s\u00f3lo un objeto comparable a otro objeto, sino que adem\u00e1s es considerado como sujeto de una realidad siempre existente que lo ha plasmado, a la que expresa de manera directa. La idea que manifiesta y a la vez oculta el s\u00edmbolo es lo que a la Simbolog\u00eda le interesa. Por lo que el simb\u00f3logo aspira no s\u00f3lo a la comprensi\u00f3n hist\u00f3rica o meramente intelectual del s\u00edmbolo, sino a su conocimiento metaf\u00edsico, a su aprehensi\u00f3n supra-intelectual -obtenida mediante su concurso-, a la identificaci\u00f3n o encarnaci\u00f3n de lo que el s\u00edmbolo o mito manifiesta tal cual hac\u00edan los integrantes de los pueblos que los dise\u00f1aron con ese prop\u00f3sito. Los cuales los utilizan como soportes o veh\u00edculos cognoscitivos entre distintos planos de una realidad que ellos consideraban \u00fanica y sagrada, la que era testificada por esos s\u00edmbolos y mitos. Dicho en otras palabras: el simb\u00f3logo no se ocupa, salvo de manera secundaria, por los s\u00edmbolos considerados bajo una perspectiva hist\u00f3rica o simplemente &#8216;intelectual&#8217;, sino que tomando en cuenta la identidad de los s\u00edmbolos tradicionales aparecidos en distintos tiempos y lugares -material que ha obtenido de la Historia de las Religiones y de la Religi\u00f3n Comparada-, trata de comprender, vivenciar, o encarnar el concepto, o la idea, que ellos representan y de la cual son los emisarios.9 Esto es particularmente v\u00e1lido en el estudio y la meditaci\u00f3n sobre las manifestaciones humanas, es decir, culturales, en cuanto ellas constituyen un conjunto simb\u00f3lico donde la huella de una historia invisible y eterna -arquet\u00edpica-, se proyecta en las formas temporales de lo visible.<\/p>\n<p>II<br \/>\nYa indicamos en la nota inicial, haciendo una referencia personal, que no hemos transpuesto literalmente a la tradici\u00f3n precolombina lo que por nuestros estudios hemos aprendido de otras civilizaciones tradicionales, sino que por el contrario, empapados del mundo de los antiguos americanos, su atm\u00f3sfera, sus c\u00f3digos y formas, es que hemos llegado a comprender la identidad de los s\u00edmbolos, mitos y ritos de la Tradici\u00f3n Un\u00e1nime, as\u00ed \u00e9sta se halle viva o aparentemente muerta. Sin duda los esquemas de nuestro pensamiento, la forma de concebir y los modos de acercarnos al pasado precolombino son europeos como los de todos los investigadores que conocemos. Esto se debe a nuestra educaci\u00f3n, ya que las estructuras mentales de todos los occidentales actuales -y eso es lo que somos- son an\u00e1logas, comenzando por la determinaci\u00f3n que imponen la l\u00f3gica y los esquemas ling\u00fc\u00edsticos, como asimismo lo son nuestras pautas de aprendizaje y actuaci\u00f3n, aunque muchos de nosotros no lo advirtamos o pensemos en contrario. Por otra parte anotaremos que el haber nacido en determinado lugar del Nuevo Mundo, o el tener la misma sangre de los pueblos que crearon las civilizaciones precolombinas, o aun hablar su lengua actual, es s\u00f3lo una ventaja secundaria para comprender la cosmogon\u00eda ind\u00edgena original.10 Los griegos contempor\u00e1neos casi nada saben de su pasado m\u00edtico y de sus antiguas &#8216;creencias&#8217;, y a\u00fan en la \u00e9poca de Plat\u00f3n la mayor parte las ignoraba con generosidad. En otro caso, como pudiera ser el de una tradici\u00f3n viva, la hind\u00fa por ejemplo, tal vez suceda que a la fecha un extranjero no nacido en ella pueda comprenderla y vivirla mucho m\u00e1s profunda y verdaderamente -en lo que ella es en s\u00ed- que un simple devoto atenaceado por la superstici\u00f3n y la confusi\u00f3n de las im\u00e1genes, como en general sucede con la mayor\u00eda de los hind\u00faes actuales. Otra cosa es cuando los integrantes de una tradici\u00f3n conocen perfectamente y no s\u00f3lo de manera exterior o superficial el sentido de sus s\u00edmbolos, mitos y ritos -que siempre deben ser aprendidos- y sobre todo cuando se tiene bien patente lo que \u00e9stos son, es decir cuando se comprende su funci\u00f3n mediadora y trascendental encuadrada en el marco de una cosmogon\u00eda original, a la que describen, la cual al ser vivenciada produce un estado de conciencia al que se puede acceder merced a la iniciaci\u00f3n en el conocimiento que los propios s\u00edmbolos, mitos y ritos provocan. Con seguridad que quien haya experimentado estos conceptos y reconocido las formas en que ellos se manifiestan generando tal o cual cultura podr\u00e1 entonces entender la esencia de esa cultura, su raz\u00f3n de ser -incluso hist\u00f3rica-, su idea del espacio, del tiempo, del movimiento, del n\u00famero, la medida y el lenguaje, y por lo tanto de su pensamiento, del que derivan todas sus acciones o creaciones, las que se expresan a trav\u00e9s de manifestaciones simb\u00f3licas.<br \/>\nPara poder asimilar la realidad, para integrarse a ella, es menester previamente tener una descripci\u00f3n de la misma, cualquiera que \u00e9sta fuese.11 El hombre procede siempre as\u00ed aunque no lo sepa o lo niegue. Es tan v\u00e1lida una concepci\u00f3n del mundo donde la tierra es un plano y al mismo tiempo el centro del universo, como un sistema descriptivo tridimensional en donde la tierra es una esfera que gira alrededor del sol, su eje. Lo mismo vale -y \u00e9ste es un tema directamente vinculado con lo anterior- para la representaci\u00f3n gr\u00e1fica plana y su extraordinario poder de s\u00edntesis y sugesti\u00f3n en contraposici\u00f3n con los contrastes de luz-sombra y perspectiva que caracterizan al arte occidental de los \u00faltimos siglos, e igualmente para la geometr\u00eda llamada plana en comparaci\u00f3n con la espacial.<\/p>\n<p>Fuera de nuestro campo mental -y mientras \u00e9ste no sufra una apertura- es imposible comprender algo que nos es completamente ajeno. Esto sucedi\u00f3 con los europeos con respecto a los ind\u00edgenas en la \u00e9poca de la conquista y en la actualidad constituye a\u00fan el m\u00e1s importante escollo en nuestros esfuerzos por acercarnos a este riqu\u00edsimo y complejo acervo tradicional. Todo nos hace pensar que la generalidad de los religiosos, soldados y funcionarios que llegaron a Am\u00e9rica no conoc\u00edan la verdadera significaci\u00f3n, la \u00edntima realidad de sus propios s\u00edmbolos, sacramentos e instituciones, sino a lo sumo de una manera piadosa-moral (como buenos usos y costumbres) o legal\u00edstica, oficial y administrativa, de ning\u00fan modo metaf\u00edsica ni esot\u00e9rica, lo que indica con precisi\u00f3n que no los conoc\u00edan en su totalidad. Esto no nos debe extra\u00f1ar pues hasta hoy no ha variado el panorama involutivo de Occidente, lo que por otra parte se debe a razones c\u00edclicas. Se puede pensar que algo similar acontec\u00eda en el seno de las sociedades precolombinas a la llegada de los espa\u00f1oles, sobre todo con el grueso de la poblaci\u00f3n, incluidos la mayor parte de sus l\u00edderes y jefes, aunque cabr\u00eda hacer algunas distinciones entre las variadas culturas que conformaban el mapa de la Am\u00e9rica antigua. Sin embargo hay una diferencia: los sabios y altos sacerdotes ind\u00edgenas parecen conocer -a trav\u00e9s de distintos documentos se lo puede comprobar- o haber conocido hasta muy poco tiempo atr\u00e1s los secretos de la vida, la cosmogon\u00eda y la deidad, mientras los religiosos cristianos -salvo honrosas excepciones en cuanto a alguna ciencia humanista o &#8216;cl\u00e1sica&#8217;- s\u00f3lo aparentan ser, en el mejor de los casos, personas devotas o bien intencionadas, cuando no funcionarios de la corona, o esp\u00edas fan\u00e1ticos de la conversi\u00f3n masiva de infieles, pero nunca hombres de conocimiento en el verdadero sentido de esta palabra.12 La opini\u00f3n &#8216;oficial&#8217; de la Iglesia con respecto a las tradiciones precolombinas a\u00fan sigue siendo para muchos de sus prelados aqu\u00e9lla que las juzgaba como inspiradas en el demonio, y eran y siguen siendo para esos elementos el producto idol\u00e1trico de la m\u00e1s oscura ignorancia o de su c\u00e1ndida ingenuidad infantil. Este fanatismo cercano al desprecio absoluto por aquello que se desconoce -junto con todos los argumentos que apuntan y se\u00f1alan al ejercicio del poder- explica en parte el por qu\u00e9 de la extinci\u00f3n casi total de la sabidur\u00eda que cre\u00f3 no s\u00f3lo los grandes monumentos y obras de arte que hoy nos asombran, sino tambi\u00e9n y fundamentalmente su modelo cosmog\u00f3nico, sus calendarios astron\u00f3micos y rituales, las escrituras jerogl\u00edficas, simb\u00f3licas e ideogram\u00e1ticas; o sea, las estructuras de pensamiento que hicieron florecer la vida en el seno de esas culturas. La p\u00e9rdida resulta desoladora y esto se nota mucho m\u00e1s aun cuando se alcanza a comprender a trav\u00e9s de los fragmentos que han llegado hasta nosotros la magnitud y la calidad de estas civilizaciones tradicionales equiparables a las m\u00e1s sabias y refinadas del mundo entero pero con ciertas formas y originalidades tan sutiles y elaboradas en algunos casos, y tan sorprendentes en otros, que no se las puede hallar en ninguna otra parte. Quien se haya dejado fascinar por la atm\u00f3sfera y la belleza de las civilizaciones precolombinas podr\u00e1 comprender con claridad a qu\u00e9 nos estamos refiriendo. Daremos un sencillo ejemplo de originalidad apenas emulado por la mitolog\u00eda griega. Se trata en este caso de los mitos mayas de la creaci\u00f3n, los que se expresan de manera notoriamente humor\u00edstica,13 pero con una comicidad \u00e1spera y gruesa, cuando no grotesca y sangrienta. Pues toda gestaci\u00f3n -la del sol, la del hombre, la del ma\u00edz- parecer\u00eda ser el fruto del enga\u00f1o, la burla, la dificultad, la contradicci\u00f3n, el castigo o la venganza, expresados de una forma casi tan c\u00ednica y sard\u00f3nica como desenfadada que, por cruda, pudiera parecer chocante. El sacrificio y el crimen ritual y la constante contradicci\u00f3n de los opuestos se contraponen en una astuta danza de ritmos encontrados, descabellada y desopilante, en la que domina la presencia permanente de lo discontinuo, lo intempestivo y lo absurdo, de lo absolutamente parad\u00f3jico e irreal y donde el \u00fanico elemento constante es la transformaci\u00f3n de los seres y la mutaci\u00f3n de las formas que aparecen y desaparecen, mueren y nacen y participan de una misma sustancia universal. Esta descripci\u00f3n de los or\u00edgenes, (es decir la forma que toma para ellos cualquier concepci\u00f3n) tiene en su base algo absolutamente extraordinario, asombroso, desproporcionado, tal vez monstruoso y por cierto sagrado, que despierta -como reacci\u00f3n inmediata de atracci\u00f3n y rechazo- la hilaridad y provoca la carcajada como una manera de evocaci\u00f3n del hecho asombroso o divino, del tiempo atemporal, llamando as\u00ed al hado mediante la exaltaci\u00f3n, el regocijo desmesurado -capaz de producir un estado an\u00e1logo al del tiempo m\u00edtico-, las chanzas, fiestas y libaciones rituales.14 Tal vez sea necesario realizar un esfuerzo psicol\u00f3gico cada vez que nos encontremos con ejemplos como \u00e9ste en nuestra investigaci\u00f3n del mundo precolombino y en general en todos los estudios universales referidos a s\u00edmbolos, mitos y ritos, pues \u00e9stos, como manifestaci\u00f3n de lo sagrado son bien distintos de lo que el hombre ordinario pretende o imagina. Si no se efect\u00faa este trabajo y no somos capaces al menos de variar nuestra perspectiva, de cambiar el punto de vista respecto a la comprensi\u00f3n de estas expresiones, ellas nos parecer\u00e1n burda y simplona ignorancia llena de superstici\u00f3n de acuerdo a patrones y programaciones donde la deidad, lo sagrado, es vinculado estrechamente con la pompa, la solemnidad, lo &#8216;sublime&#8217;, las maneras exteriores y la higiene, cuando no con una pretendida austeridad ego\u00edsta y seca, no creativa, o una actividad devota y moralista.<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1 Llama la atenci\u00f3n la identidad entre el nombre hebreo Adam = rojo, y el color racial que se atribu\u00edan a s\u00ed mismos los habitantes de Am\u00e9rica, el que por otra parte es igual al otorgado a los habitantes de la Atl\u00e1ntida.<br \/>\n2 A\u00fan en el siglo XIX, el presb\u00edtero D. Juarros apoy\u00e1ndose en la autoridad de F. de Fuentes y Guzm\u00e1n, nos dice en su Compendio de la Historia del Reino de Guatemala: &#8220;los citados Toltecas eran de la casa de Israel, y que el gran profeta Mois\u00e9s los sac\u00f3 del cautiverio en que los tenia Fara\u00f3n&#8230;&#8221; Tratado IV, Cap\u00edtulo 1. Editorial Piedra Santa. Guatemala, 1981. Incluso los sabios ind\u00edgenas seguramente comprendiendo lo arquet\u00edpico y simb\u00f3lico que expresan las &#8216;genealog\u00edas&#8217; han llegado a decir: &#8220;Somos los nietos de los abuelos Abraham, Isaac y Jacob, que as\u00ed se llamaban. Somos adem\u00e1s los de Israel.&#8221; Historia de los Xpantzay de Tecpan (ver Recinos, su traductor, en Bibliograf\u00eda)<br \/>\n3 Cuando nos referimos a tradici\u00f3n precolombina estamos sin duda generalizando pues en verdad nos referimos a numerosas culturas m\u00e1s o menos independientes -como sus lenguas- distribuidas a lo largo y lo ancho de Am\u00e9rica, las que sin embargo guardan una evidente relaci\u00f3n entre s\u00ed, lo que nos permite tratarlas de manera conjunta. Volveremos m\u00e1s adelante sobre el tema.<br \/>\n4 Para los talarnancas de Costa Rica, Sib\u00fa, un ni\u00f1o-dios, nace de una mujer embarazada por el viento.<br \/>\n5 Tambi\u00e9n lo hac\u00edan en otras fiestas con las efigies de Tezcatlipoca (seg\u00fan Motolin\u00eda) y de otras deidades.<br \/>\n6 Son conocidos los sacrificios humanos en honor a Varuna en un pueblo de innegable religiosidad como es el hind\u00fa.<br \/>\n7 El Inca Garcilaso de la Vega nos advierte con respecto a las &#8216;historias&#8217; de sus antepasados: &#8220;El que las leyere podr\u00e1 cotejarlas a su gusto, que muchas hallar\u00e1 semejantes a las antiguas, as\u00ed de la Santa Escritura como de las profanas y f\u00e1bulas de gentilidad antigua&#8221;. (Comentarios Reales, Primera Parte, Cap\u00edtulo Quinto). Este comentario adquiere particular inter\u00e9s si se piensa que el cronista, mestizo, hijo de hidalgo espa\u00f1ol y princesa peruana conoci\u00f3 en su infancia y adolescencia el mundo ind\u00edgena de forma directa recibiendo una doble educaci\u00f3n y pasando luego a residir en Espa\u00f1a y otros lugares de Europa como &#8216;hombre culto&#8217; entre los de su tiempo.<br \/>\n8 El \u00faltimo de estos grandes cambios es para Plat\u00f3n la desaparici\u00f3n de la Atl\u00e1ntida, situada precisamente en el oc\u00e9ano que toma de ella su nombre -el cual separa al Viejo del Nuevo Mundo-, &#8220;m\u00e1s all\u00e1 de las columnas de H\u00e9rcules&#8221;, lo que parecer\u00eda ser un denominador com\u00fan a la mayor\u00eda de las tradiciones hist\u00f3ricas, aunque muy remoto en el tiempo. Hasta fines del siglo XIX y comienzos de \u00e9ste ha subsistido la teor\u00eda de un origen Atl\u00e1ntico para los indios americanos. (Ver Marcos E. Becerra, Por la Ruta de la Atl\u00e1ntida). En los siglos XVI y XVII esta tesis era com\u00fan seg\u00fan lo testifica la bibliograf\u00eda, (ver por ejemplo: Origen de los indios del Nuevo Mundo de Fray Diego Garc\u00eda, libro IV, cap\u00edtulo VI, Cr\u00f3nica de la Nueva Espa\u00f1a de Francisco Fern\u00e1ndez de Salazar, Libro I cap\u00edtulo 2, donde se cita tambi\u00e9n a Agust\u00edn de Z\u00e1rate y una obra suya sobre el descubrimiento y conquista del Per\u00fa, etc.), as\u00ed como la comparaci\u00f3n de los n\u00famenes, s\u00edmbolos y ritos precolombinos con las deidades y mitos greco-romanos y religiones abrah\u00e1micas. El Renacimiento e incluso el post-renacimiento estaban demasiado cerca a\u00fan de lo tradicional como para mofarse o tildar de fantas\u00edas a cosas que fueron aceptadas durante siglos por la gente m\u00e1s sabia y culta de la \u00e9poca como lo era la existencia de la Atl\u00e1ntida o la correspondencia y equivalencia entre diferentes dioses de diversos panteones y culturas. S\u00f3lo con el racionalismo, el evolucionismo, y finalmente el positivismo, estas ideas son tomadas como anticuadas y objeto de escarnio. Para que no haya confusi\u00f3n, desde ya, el autor declara que el punto de vista en que se ubica no es afectado de ninguna manera por estos tres &#8216;ismos&#8217; filos\u00f3ficos que desembocan el uno en el otro de modo natural e hist\u00f3rico, complement\u00e1ndose, y a los que considera los promotores de la vertiginosa ca\u00edda de la sociedad contempor\u00e1nea. El racionalismo establece una divisi\u00f3n tajante e ilusoria entre el cuerpo y el alma y a\u00edsla a la mente de su contexto. A partir de \u00e9l todo es dual: adentro y afuera. El evolucionismo es pura ciencia ficci\u00f3n. Las especies son fijas y la idea de progreso indefinido, un escapismo como cualquier otro. El positivismo hace cada vez m\u00e1s emp\u00edrico al m\u00e9todo de conocer y &#8216;materializa&#8217; y solidifica m\u00e1s que nunca las b\u00fasquedas del pensamiento, la ciencia y el arte.<br \/>\n9 Tal vez pudiera decirse -no sin pretensi\u00f3n- que el trabajo del simb\u00f3logo comienza cuando el del historiador de las religiones finaliza.<br \/>\n10 Una tradici\u00f3n -viva o muerta- no es patrimonio de un pa\u00eds o grupo. Como forma parte de la Tradici\u00f3n Primordial y Un\u00e1nime es patrimonio del hombre, de la humanidad. Y esto se encuentra dado por su propio car\u00e1cter, su universalidad conceptual.<br \/>\n11 Aun la sociedad contempor\u00e1nea en su involuci\u00f3n pretende ordenar una serie de acontecimientos emp\u00edricos con este fin aunque su enorme soberbia la ha llevado a construir una aut\u00e9ntica torre de Babel. Una c\u00e1rcel donde sus moradores est\u00e1n sujetos al terror y donde sistem\u00e1ticamente se los tortura.<br \/>\n12 Los americanos eran m\u00e1s &#8216;primitivos&#8217; como afortunadamente lo hab\u00edan sido los griegos \u00f3rficos con respecto a los &#8216;cl\u00e1sicos&#8217;. Los hispanos hab\u00edan perdido el nivel espiritual e intelectual acu\u00f1ado durante el reinado de Alfonso el Sabio, que hizo de Toledo la Jerusal\u00e9n de Occidente.<br \/>\n13 Tambi\u00e9n entre otras varias culturas norteamericanas, mesoamericanas y sudamericanas.<br \/>\n14 En la relaci\u00f3n que hace el licenciado G\u00f3mez Palacio sobre La Provincia de Guatemala, las costumbres de los indios y otras cosas notables puede leerse lo siguiente: &#8220;Si se emborrachaban y beb\u00edan con exceso estas gentes, no lo hac\u00edan tanto por vicio, cuando por que en esto cre\u00edan que hac\u00edan un gran servicio a Dios, y as\u00ed el principal que se emborrachaba m\u00e1s era el Rey y los Se\u00f1ores principales. Otros no se emborrachaban pero no era porque ellos fuesen de menos valer, sino porque ellos hab\u00edan de gobernar la tierra y Proveer en los negocios del Reino, mientras que el rey estaba ocupado en aquella Religi\u00f3n y se emborrachaba&#8221;.<\/p>\n<p>CAPITULO III LOS SIMBOLOS, LOS MITOS Y LOS RITOS<br \/>\nDebemos hacer algunas precisiones acerca de lo que el s\u00edmbolo es para la Simbolog\u00eda y por lo tanto lo que \u00e9sta estudia y expresa, como asimismo dar una idea de lo que es un conjunto de s\u00edmbolos en acci\u00f3n, es decir el mundo del s\u00edmbolo tal como es vivido por una sociedad tradicional o arcaica en la que tanto el s\u00edmbolo como el mito y sobre todo el rito -que abarca el total de las acciones cotidianas a\u00fan est\u00e1 vigente y es comprendido en su significaci\u00f3n esencial como vinculaci\u00f3n directa con lo sagrado y no como convenci\u00f3n, alegor\u00eda o met\u00e1fora, o sea como algo vago que est\u00e1 fuera del ser. Para las sociedades tradicionales y primitivas el s\u00edmbolo constituye -y toda expresi\u00f3n o manifestaci\u00f3n, ya sea macro o microc\u00f3smica, es simb\u00f3lica- una se\u00f1al real que se produce dentro de un conjunto de se\u00f1ales igualmente vivas que se entrelazan y relacionan entre s\u00ed a trav\u00e9s de la pluralidad de sus significados, conformando un lenguaje o c\u00f3digo cifrado propio y revelador con el que adem\u00e1s cohesionan a la comunidad en que se manifiestan.<br \/>\nEsto se debe a que tanto el s\u00edmbolo como el mito o el rito son el puente entre una realidad sensible, perceptible y cognoscible a simple vista y el misterio de su aut\u00e9ntica y oculta naturaleza que es su origen. Ya que ellos son una expresi\u00f3n que se revela al manifestarse, estableciendo de manera efectiva el v\u00ednculo entre lo conocido y lo desconocido, entre un plano de la realidad que se percibe ordinariamente y los principios invisibles que le han dado lugar, lo que por otra parte constituye su raz\u00f3n de ser como tales, la que ellos testimonian al transformarse en veh\u00edculos. Esto inmediatamente les otorga un car\u00e1cter sagrado -tabuado, si se quiere- en cuanto expresi\u00f3n directa de los principios, las fuerzas y las energ\u00edas originales, de las cuales ellos son los mensajeros.1<\/p>\n<p>Va de suyo que la idea que se tiene del s\u00edmbolo en la sociedad contempor\u00e1nea es muy otra y esto se debe a que ya no se le conoce, o sencillamente se lo utiliza como simple convenci\u00f3n y en algunos casos apenas si se le otorga un valor sustitutivo o como probable, sin\u00f3nimo de lo que tal vez pudiera llegar a ser, es decir, de algo aleg\u00f3rico e incompleto que necesitara de una traducci\u00f3n racional y de una interpretaci\u00f3n l\u00f3gica o anal\u00edtica para poder ser comprendido. Lo que equivale a decir que ya no es tomado inequ\u00edvocamente como emisario de una energ\u00eda-fuerza sino que es encarado como un objeto independiente de su medio que debe ser considerado emp\u00edricamente en el laboratorio de la mente, tal la extra\u00f1eza y la desconfianza que produce. Aunque es muy frecuente tambi\u00e9n -casi la norma- que ni siquiera se advierta a los s\u00edmbolos, o que simplemente se los pase por alto como si estos no existieran porque no los notamos o los consumimos, o no tuviesen ning\u00fan valor porque se los desconoce y se ignoran sus significados. Esto se debe a que una sociedad como la nuestra, orgullosamente desacralizada, que ha roto su conexi\u00f3n con los or\u00edgenes y la idea de un plano superior a la simple materia o a la comprobaci\u00f3n f\u00edsica-emp\u00edrica, no lo acepta -salvo a veces en sus aspectos psicol\u00f3gicos m\u00e1s elementales-, por lo que el s\u00edmbolo como mediador entre dos realidades -o planos de la realidad- carece de sentido en un esquema de este tipo, y su comprensi\u00f3n queda limitada a la versi\u00f3n que hace de \u00e9l una oscura se\u00f1al casi insignificante que no indica sino algo igualmente no-significativo o relativo. El mundo es entonces una masa gris que deviene, una multiplicaci\u00f3n horizontal de gestos indefinidos que se realizan en forma mec\u00e1nica, casi sin que lo queramos, y que nada dice a nadie en raz\u00f3n de la autocensura que trae aparejado el entrenamiento que la sociedad contempor\u00e1nea nos otorga. Puesto que utilizando estos modelos de pensamiento todo queda fuera de nosotros y nos es ajeno ya que la v\u00eda simb\u00f3lica de comunicaci\u00f3n se ha interrumpido y entonces los s\u00edmbolos, los mitos y los ritos se presentan como diferentes a nosotros mismos, en tanto que objetos est\u00e1ticos a los que atribuimos determinadas caracter\u00edsticas formales o exteriores, exclusivamente literales y cuantitativas, negando de este modo su potencia generadora, su identidad de sujetos din\u00e1micos -lo que es lo mismo que decir su raz\u00f3n de ser- por lo que l\u00f3gicamente nos parecen falsos e improbables, tan dispuestos al cambio como las insignias, o tan superados -seg\u00fan nuestra ignorancia supone como la observaci\u00f3n de los ciclos de la luna, el sol y las estrellas y todo aquello en que la antig\u00fcedad pon\u00eda empe\u00f1o, en las &#8216;edades oscuras&#8217; en las que a\u00fan no se hab\u00eda inventado el progreso.<\/p>\n<p>Algo se interpone actualmente entre nosotros y el s\u00edmbolo, como tambi\u00e9n entre nosotros y la realidad. El individualismo nos ha separado de nuestro contexto al punto de que constantemente hay un espacio entre lo que es y nosotros, entre el ser y la otridad. Este espacio nos garantiza a los modemos la idea de poseer una &#8216;personalidad&#8217; con la que nos identificamos, la que nos hace as\u00ed extranjeros a nosotros mismos y a nuestro contexto al obligarnos a aceptar esta forma de ver tan comprometida con el condicionamiento en que nacemos y vivimos y del que actuamos como c\u00f3mplices ya que nadie sino los damnificados somos los que mantenemos impuestos estos valores en el campo de nuestra conciencia. El resultado de esta separaci\u00f3n es la angustia y el deseo, la soledad y la desintegraci\u00f3n, puesto que la cohesi\u00f3n que garantizan los s\u00edmbolos, su funci\u00f3n mediadora, no es reconocida, ha sido olvidada, o peor a\u00fan, es tergiversada por nuestra comprensi\u00f3n actual que nos hace ver la realidad del mundo como exterior y hostil, tan extra\u00f1a como indiferente. Algo tan fr\u00edo, lejano y vac\u00edo de contenido como nosotros mismos, cuando en verdad se trata de un universo integrado perfectamente en la armon\u00eda de sus partes y correspondencias, que expresa una realidad no escindida ni fragmentaria, un organismo gigantesco que nos incluye en el torrente sangu\u00edneo de su vida c\u00f3smica, al que solemos contemplar como algo atroz o curioso sin relacionarlo inmediatamente con nuestro ser; en el mejor de los casos como algo simp\u00e1tico observado desde la vereda de enfrente.<\/p>\n<p>Para la Simb\u00f3lica, el s\u00edmbolo, el mito y el rito testimonian activamente a nivel sensible las energ\u00edas que los han conformado. Por ese motivo debe haber una correlatividad muy precisa entre el s\u00edmbolo, el mito y el rito y lo que \u00e9stos manifiestan, sin lo cual no expresar\u00edan nada. Esta correspondencia entre idea y forma (no en el sentido escol\u00e1stico sino actual de este \u00faltimo t\u00e9rmino), esencia y substancia, inmanifestaci\u00f3n y manifestaci\u00f3n, hacen del s\u00edmbolo la unidad precisa para religar dos naturalezas opuestas, que encuentran en el cuerpo simb\u00f3lico -en cuanto sujeto din\u00e1mico y objeto est\u00e1tico- su complementariedad. Por otro lado y como bien se dice: lo menor es s\u00edmbolo de lo mayor y no a la inversa.<\/p>\n<p>Y se hace esta aclaraci\u00f3n referida especialmente a la posibilidad de comprensi\u00f3n cabal del pensamiento de una sociedad tradicional -la precolombina- que reconoce al s\u00edmbolo como el lenguaje universal que ha sido capaz de fecundarla y darle vida. En este sentido los s\u00edmbolos han creado a las sociedades y no \u00e9stas a sus s\u00edmbolos -sin olvidar la interacci\u00f3n mutua-, pues ellos est\u00e1n entretejidos en la trama misma de la vida y el hombre.<\/p>\n<p>En cierto aspecto no hay nada fuera del s\u00edmbolo -como tampoco del cosmos- ya que \u00e9ste expresa la totalidad de lo posible en cuanto todas las cosas son significativas y ellas reflejan lo inmanifestado mediante lo manifestado. Por lo que a los s\u00edmbolos y a los mitos no es necesario inventarlos, ya est\u00e1n dados, son eternos y ellos se revelan al hombre, o mejor, en el hombre. El cual simboliza en s\u00ed al cosmos en peque\u00f1o sin pretender que el macrocosmos lo est\u00e9 simbolizando espec\u00edficamente a \u00e9l. Los h\u00e9roes civilizadores, reveladores y salvadores como Quetzalc\u00f3atl o Viracocha, no son seres humanos que como tales y gracias a sus m\u00e9ritos se hayan deificado o convertido en astros, sino que por el contrario, son dioses o estrellas que -como los hombres- han ca\u00eddo del firmamento y deben recorrer el inframundo y morir por el autosacrificio para renacer a su verdadera identidad y ocupar su aut\u00e9ntico lugar en el cielo que, adem\u00e1s, es su origen. Para las culturas precolombinas este rito universal es ejemplificado en la b\u00f3veda celeste por el Sol, la Luna y Venus en particular -y todos los planetas y estrellas en general- y por sus ciclos de aparici\u00f3n y desaparici\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n, de los que la tierra y el ser humano dependen, ya que han visto en ellos la manifestaci\u00f3n m\u00e1s alta de los modelos o arquetipos universales y eternos en los que fundamentaron su cosmogon\u00eda. Las leyes de la analog\u00eda y la correspondencia se basan en la interrelaci\u00f3n de un plano menor y conocido y otro mayor y desconocido. Lo conocido simboliza a lo desconocido y \u00e9ste jam\u00e1s puede ser un s\u00edmbolo de aqu\u00e9l.<\/p>\n<p>Una sociedad tradicional y\/o arcaica adopta el punto de vista de la unidad, lo hace suyo, puesto que de ella emanan todas las cosas: la vida, el sustento y la cultura, mientras que la sociedad moderna acepta el de la multiplicidad, el de la individualidad fragmentada y autosuficiente que progrede indefinidamente por el juego de su dial\u00e9ctica. El primer enfoque es sint\u00e9tico, el segundo anal\u00edtico. El tradicional tiende a la simultaneidad, a la visi\u00f3n conc\u00e9ntrica, el otro a la sucesi\u00f3n, a la inmensa minucia. La perspectiva moderna est\u00e1 construida con la l\u00f3gica del racionalismo; contrariamente la antig\u00fcedad ordenaba su visi\u00f3n del mundo por medio de la analog\u00eda y sus mecanismos de asociaci\u00f3n. La correspondencia entre los fen\u00f3menos, seres y cosas resulta entonces natural puesto que ellos simbolizan distintos aspectos de los principios universales que los han generado. Nada de casual hay en un mundo as\u00ed porque todo adquiere su sentido en el conjunto y el hombre acata una voluntad superior que anal\u00f3gicamente se le revela en el interior de su conciencia. Y es en virtud de esta complementariedad que todas las cosas, los fen\u00f3menos y los seres, se buscan y corresponden, se atraen y se rechazan, pero no se excluyen. Hacen la guerra o viven en paz, pero tienen un sentido arm\u00f3nico que imita el ritmo del aspir y el expir universales.<\/p>\n<p>Los parentescos entre las cosas resultan as\u00ed evidentes y ellas vibran a la misma frecuencia y han sido generadas por una matriz \u00fanica, y las formas, los colores y todas las cualidades o diferenciaciones posibles s\u00f3lo son modalidades de una misma onda sujeta a id\u00e9nticos principios, expresados en la totalidad del concierto c\u00f3smico. Lo similar atrae lo similar y se funde y se conjuga con \u00e9l. Y los opuestos no se eliminan porque hay un punto de equilibrio com\u00fan -que no es ni lo uno ni lo otro, ni esto ni aquello- en donde todas las cosas coinciden, aun para volver a oponerse y retornar a complementarse. Esto no quita la responsabilidad individual porque es en el interior del coraz\u00f3n del ser humano -como protagonista del drama c\u00f3smico- y no fuera, donde se produce e igualmente se comprende este hecho, y es por tanto en ese coraz\u00f3n donde se concilian las contradicciones. En cierto modo la vida entera depende de ese hombre que as\u00ed toma conciencia de su ser y de su verdadera responsabilidad como s\u00edmbolo intermediario entre la tierra y el cielo. Entonces y bajo esta luz las cosas de su entorno estar\u00e1n sacralizadas y \u00e9l mismo emular\u00e1 las cualidades de los dioses, encarnar\u00e1 los principios universales con los que sincroniza en simultaneidad.<\/p>\n<p>En una sociedad as\u00ed las cosas no suceden linealmente en forma prevista sino que todos los d\u00edas son el primero de la creaci\u00f3n y todo est\u00e1 tan vivo que puede suceder cualquier cosa en cualquier momento. El hombre no imagina ni proyecta lo que vendr\u00e1 sino que vivencia constantemente la eternidad del presente. Para el pensamiento precolombino el cosmos y la vida se est\u00e1n creando ahora mismo, no son un hecho hist\u00f3rico, y se participa activamente en esa generaci\u00f3n. Por cierto, la existencia vista de este modo es un riesgo y sin duda una aventura permanente y no es extra\u00f1o entonces que se conciba como un momento de paso y un lugar de transformaci\u00f3n, como un sue\u00f1o del que hay que despertar. El tiempo no ha sucedido antes ni suceder\u00e1 despu\u00e9s porque siempre est\u00e1 sucediendo, constantemente es presente, y abarca la totalidad del espacio, donde se expresa siempre como algo sobrenatural cargado de energ\u00edas constructivas y destructoras representadas por n\u00famenes y cifras sagradas seg\u00fan puede observarse en sus calendarios. El movimiento, que es una imagen de la inmovilidad, es la huella visible que \u00e9sta deja al manifestarse, gracias a la cual podemos acceder a la eternidad de su reposo. Y es mediante las analog\u00edas, que vinculan a los s\u00edmbolos, los mitos y los ritos con su origen increado, que el ser humano podr\u00e1 jugar su papel y cumplir su destino en relaci\u00f3n con las leyes y las estructuras del modelo cosmog\u00f3nico, de las que hablaremos seguidamente.<\/p>\n<p>NOTAS<br \/>\n1 En lo futuro, cuando nos refiramos al s\u00edmbolo, hemos de entender tambi\u00e9n mito y rito, pues desde nuestra perspectiva estos son id\u00e9nticos y cumplen exactamente la misma funci\u00f3n reveladora. El mito, que desde luego es simb\u00f3lico, manifiesta un hecho ejemplar, que por serlo, organiza la vida de los que creen y conf\u00edan en \u00e9l. Es m\u00e1s, \u00e9ste constituye su \u00edntegra creencia y por lo tanto instaura su confianza pues en cualquier sociedad tradicional es la manifestaci\u00f3n misma de la verdad al nivel humano. Los ritos son s\u00edmbolos en acci\u00f3n y expresan en forma directa las creencias y la cosmogon\u00eda que asimismo las historias m\u00edticas traducen. Estas tres manifestaciones complementarias revelan los secretos m\u00e1s profundos de la vida, el cosmos y el ser y conforman todas las im\u00e1genes posibles del hombre tradicional. Y por lo tanto su identidad.<\/p>\n<p>CAPITULO IV EL CENTRO Y EL EJE<br \/>\nTal vez en ninguna sociedad tradicional sea tan notoria la obsesi\u00f3n de simbolizar el eje y el centro como se puede observar en las antiguas culturas americanas. En todas sus manifestaciones estos s\u00edmbolos est\u00e1n presentes expresados en los cuatro rumbos del espacio y el tiempo y en el quinto punto equidistante y central en el que se conjugan, que marca el eje vertical, la direcci\u00f3n alto-bajo, cielo-tierra. Nos dice Alfonso Caso: 1<br \/>\n&#8220;Una de las ideas fundamentales de la religi\u00f3n azteca consiste en agrupar a todos los seres seg\u00fan los puntos cardinales y la direcci\u00f3n central, o de abajo arriba&#8221;.<br \/>\n&#8220;Los cuatro hijos de la pareja divina (que representa la direcci\u00f3n central, arriba y abajo, es decir, el cielo y la tierra) son los regentes de las cuatro direcciones o puntos cardinales&#8221;.<\/p>\n<p>&#8220;Esta idea fundamental de los cuatro puntos cardinales y de la regi\u00f3n central, se encuentra en todas las manifestaciones religiosas del pueblo azteca y es uno de los conceptos que sin duda este pueblo recibi\u00f3 de las viejas culturas de Mesoam\u00e9rica&#8221;.<\/p>\n<p>En el Popol Vuh puede leerse:<\/p>\n<p>&#8220;Grande era la descripci\u00f3n y el relato de c\u00f3mo se acab\u00f3 de formar todo el cielo y la tierra, as\u00ed como fue formado y repartido en cuatro partes, c\u00f3mo fue se\u00f1alado y el cielo fue medido y se trajo la cuerda de medir y fue extendida en el cielo y en la tierra, en los cuatro \u00e1ngulos, en los cuatro rincones&#8221;.<\/p>\n<p>Para los mayas el mundo era una superficie plana y cuadrada, un cocodrilo o iguana que flotaba en un lago, al igual que el Cipactli de los aztecas, el drag\u00f3n chino, o la tortuga m\u00edtica de los iroqu\u00edes norteamericanos y tambi\u00e9n de los hind\u00faes y muchos otros pueblos tradicionales. En el centro de la tierra, que era una isla, crec\u00eda un inmenso \u00e1rbol, una ceiba, como s\u00edmbolo axial y en cada una de las esquinas de este cuadro hab\u00eda asimismo un \u00e1rbol m\u00e1s peque\u00f1o en el que moraba un p\u00e1jaro. Fray Diego de Landa comenta:<\/p>\n<p>&#8220;Adoraban cuatro llamados Bacabs cada uno de ellos. Estos, dec\u00edan, eran cuatro hermanos a los cuales puso Dios cuando cre\u00f3 el mundo, a las cuatro partes de \u00e9l sustentando el cielo (para que) no se cayese&#8221;.2<\/p>\n<p>En el mito de la fundaci\u00f3n del imperio Inca, una pareja ancestral, Manco Capac y Mama Ocllo, despu\u00e9s de un intenso viaje, una peregrinaci\u00f3n auspiciada por el sol quien les hab\u00eda regalado un bast\u00f3n de oro -s\u00edmbolo del eje- consiguen hundirlo sin dificultad en un lugar m\u00e1gico y preciso en donde seg\u00fan el astro deb\u00edan detenerse pues ese ser\u00eda su centro, el sitio donde fundar y desarrollar su imperio. La se\u00f1al se hab\u00eda producido y ella mostraba la conjunci\u00f3n de cielo y tierra dada por la verticalidad del bast\u00f3n como factor masculino y la receptividad horizontal de la tierra como componente femenino. En aquel lugar m\u00edtico que seg\u00fan ciertas leyendas result\u00f3 ser el Cuzco se manifest\u00f3 pues la confluencia de dos energ\u00edas sin contradicci\u00f3n -como se hab\u00eda profetizado- produci\u00e9ndose la reconciliaci\u00f3n de opuestos que hizo posible la irrupci\u00f3n de la energ\u00eda celeste, divina, axial, en forma de efluvios que mediante la labor de este pueblo, heredero del sol, se podr\u00edan extender en las cuatro direcciones del espacio y en la totalidad del tiempo c\u00edclico, marcado este \u00faltimo tambi\u00e9n por el cuaternario de las estaciones en el a\u00f1o o el de las grandes eras del mundo -a las que asimismo se asociaba con los cuatro estados de la materia- o el de las horas del d\u00eda.3 En la fundaci\u00f3n de M\u00e9xico Tenochtitlan el simbolismo no es menos evidente. Nuevamente una isla -s\u00edmbolo como el del omphalos universalmente utilizado para marcar el centro- donde se encuentran una piedra y un nopal -que como la monta\u00f1a y el \u00e1rbol son expresiones del eje- y sobre ellos un \u00e1guila y una serpiente (o dos corrientes de energ\u00eda c\u00f3smica manifest\u00e1ndose por dos fuentes de agua, una de color rojo, otra azul, expresiones ambas de la dualidad y de la complementariedad de los contrarios) que son las se\u00f1ales que buscan durante a\u00f1os dirigidos por su deidad, Huitzilopochtli, imagen guerrera y solar. All\u00ed encuentran su centro, su ubicaci\u00f3n, y a partir de \u00e9l es que han de crear su naci\u00f3n, cumplir su destino como pueblo y como hombres, en la totalidad del espacio y el tiempo que desde ese momento se ordenan y sacralizan, es decir existen verdaderamente, pueden ser considerados como tales. Miguel L\u00e9on Portilla dice: 4<\/p>\n<p>&#8220;Huitzilopochtli para mostrar su complacencia, habl\u00f3 a sus sacerdotes. Les hizo saber c\u00f3mo su destino supon\u00eda que se extendieran por los cuatro cuadrantes del mundo, precisamente a partir del coraz\u00f3n de la futura ciudad, desde all\u00ed donde hab\u00edan levantado su templo, espacio sagrado por excelencia. Aunque en cierto modo toda Tenochtitlan nace y existe en espacio sagrado, ello es sobremanera en lo que toca al recinto del templo mayor&#8221;.<br \/>\n&#8220;El tiempo primigenio -ab origine, illo tempore- en que su nueva existencia transcurre, desde la manifestaci\u00f3n del dios portentoso se desenvolver\u00e1 en una secuencia que culminar\u00e1 en el espacio sagrado, en la regi\u00f3n de, los lagos&#8221;.<\/p>\n<p>Efectivamente esto es as\u00ed en perfecta correspondencia con toda civilizaci\u00f3n tradicional y fundaci\u00f3n de las ciudades en el tiempo y el espacio sacralizado, exclusi\u00f3n hecha de las modernas metr\u00f3polis y su pseudo-cultura.5 Por otra parte la imagen del coraz\u00f3n como centro -reflejo del eje- est\u00e1 presente en la mayor parte, si no en todas las tradiciones conocidas y esta simbolizaci\u00f3n del centro de la ciudad como posibilidad de irrigaci\u00f3n del organismo social, es decir, de la totalidad de ese ser, se transpone al individuo que conforma esa misma sociedad, al que se le otorga una nueva vida al iniciarse en una realidad distinta, en un tiempo y un espacio regenerados. Los indios de Estados Unidos tambi\u00e9n lo encaran de la misma manera:<\/p>\n<p>&#8220;Entre las tribus sioux la caba\u00f1a sagrada donde tienen lugar las iniciaciones representa el universo. Su techo simboliza la b\u00f3veda celeste, el suelo la tierra, las cuatro paredes, las cuatro direcciones del espacio c\u00f3smico, &#8230; La Construcci\u00f3n de la caba\u00f1a sagrada repite, pues, la cosmogon\u00eda&#8221;.<\/p>\n<p>Esta cita pertenece a Mircea Eliade, autor que se encarga tambi\u00e9n de aclaramos que:<\/p>\n<p>&#8220;la experiencia del espacio sagrado hace posible la &#8216;fundaci\u00f3n del mundo&#8217;&#8230; All\u00ed donde lo sagrado se manifiesta en el espacio, lo real se desvela, el mundo viene a la existencia. Pero la irrupci\u00f3n de lo sagrado no se limita a proyectar un punto fijo en medio de la fluidez amorfa del espacio profano, un &#8216;Centro&#8217; en el &#8216;Caos&#8217;; efect\u00faa tambi\u00e9n una ruptura de nivel, abre una comunicaci\u00f3n entre los niveles c\u00f3smicos (La Tierra y el Cielo) y hace posible el tr\u00e1nsito de orden ontol\u00f3gico, de un modo de ser a otro.&#8221;<br \/>\nTodo esto que efectivamente es as\u00ed nos sugiere una serie de asociaciones. En primer lugar se destaca la relaci\u00f3n eje, centro, coraz\u00f3n, templo, espacio sagrado, iniciaci\u00f3n, regeneraci\u00f3n del ser, nueva vida y realidad, etc. Esto frente al caos amorfo, indeterminaci\u00f3n, reiteraci\u00f3n y esclavitud c\u00edclica, vida falsa, mundo profano, etc. Tratemos de aclarar algunos t\u00e9rminos a la luz del conocimiento tradicional que es, precisamente, quien los emplea.<\/p>\n<p>Lo Sagrado y lo Profano<br \/>\nHemos visto que el eje vertical ubicado en el centro efect\u00faa como intermediario la relaci\u00f3n cielo-tierra, alto y bajo, y es simbolizado por el \u00e1rbol, la piedra (miniatura de la monta\u00f1a), el templo y espec\u00edficamente en Mesoam\u00e9rica por la pir\u00e1mide. Le cabe al hombre ser el m\u00e1s alto y completo exponente de la verticalidad pues es \u00e91 quien corona y acaba la creaci\u00f3n, ya que conjuga en s\u00ed las energ\u00edas de lo celeste y lo terrestre, y es a trav\u00e9s de su conducto que se recrea perennemente el cosmos. Ya hemos dicho que para las civilizaciones precolombinas el mundo era un plano de base cuadrangular rodeado por el mar que en la l\u00ednea del horizonte se fund\u00eda con la c\u00fapula celeste (&#8220;las aguas celestes de la mar divina&#8221;). Por debajo de esta tierra -en algunos casos sostenida por columnas, dioses o gigantes- se encuentra el inframundo, el pa\u00eds de los muertos. Como ya se ha destacado se patentiza en esta concepci\u00f3n que los americanos pensaban lo mismo que las tradiciones del Viejo Mundo y la Antig\u00fcedad. Incluso esta asunci\u00f3n de la tierra como una superficie plana es sustentada pr\u00e1cticamente en forma un\u00e1nime por los primeros padres del cristianismo: San Clemente de Alejandr\u00eda, San Basilio, San Juan Cris\u00f3stomo, San Ambrosio, Lactancio, etc., y es heredada tanto de la Tradici\u00f3n griega como de otras civilizaciones. En todo caso no es exclusiva, aunque si propia, es decir, aut\u00f3ctona. M\u00e1s bien parece ser que todas las versiones conocidas de estos s\u00edmbolos y mitos son adaptaciones de un mismo acontecimiento no hist\u00f3rico, entretejido en la trama del hombre. El n\u00famero cinco que est\u00e1 en la base de la cosmogon\u00eda precolombina -los cuatro puntos cardinales y el centro o quintaesencia- es por definici\u00f3n el n\u00famero del hombre, del microcosmos para la simb\u00f3lica occidental y tambi\u00e9n el lugar del emperador -como mediador, gobe<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LOS SIMBOLOS PRECOLOMBINOS Cosmogon\u00eda, Teogon\u00eda, Cultura El verdadero Padre \u00d1amandu, el Primero, de una peque\u00f1a porci\u00f3n de su propia divinidad, de la sabidur\u00eda contenida en su propia divinidad, y en virtud de su sabidur\u00eda creadora hizo que se engendrasen llamas y tenue neblina. 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