{"id":896,"date":"2006-11-16T15:48:32","date_gmt":"2006-11-16T15:48:32","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=896"},"modified":"2006-11-16T15:48:32","modified_gmt":"2006-11-16T15:48:32","slug":"el-trompo-de-don-tiburcio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=896","title":{"rendered":"El trompo de don tiburcio"},"content":{"rendered":"<p>El trompo de Don Tiburcio<\/p>\n<p>De ni\u00f1o yo tuve la buena ventura de ver nacer un trompo del coraz\u00f3n de un naranjo&#8230;<\/p>\n<p>itrompo1.jpg (5219 bytes)Sin que nadie lo supiera quien lo ordenaba, y sin que a nadie le importara mucho, en las calles de mi barrio, alrededor de la fuente de la plaza y bajo la mirada de bronce de sus angelitos culones, en el atrio de la catedral y en los recreos de la escuela, todos nosotros aparec\u00edamos un buen d\u00eda de Dios con los mismos juegos y juguetes. Este inconsciente y colectivo convenio se llamaba, entre nosotros, &#8220;tiempo de&#8230;&#8221; hab\u00eda tiempo de bolitas, tiempo de baleros, tiempo de runrunes, tiempo de billetes, tiempo de trompos&#8230; Algunos de estos &#8220;tiempos&#8221; &#8211;no muchos&#8211; estaban pre ordenados, ahora me doy cuenta, por la voluntad del viento (tiempo de barriletes) o los designios del verano, cuando los molles se cargaban de racimos verdes como loros y supl\u00edan los proyectiles para el tiempo de cerbatanas. Pero los otros tiempos aparec\u00edan por si solos y, si obedec\u00edan a un ciclo arcano o a la voluntad de los duendes, es un misterio que nunca he podido desentra\u00f1ar.<\/p>\n<p>wpeC.jpg (4857 Byte)Una vez, por ejemplo, una t\u00eda gorda y olorosa a jab\u00f3n &#8220;Palmolive&#8221; me trajo de uno de sus frecuentes viajes a Tartagal, una redecilla amarilla llena de bolitas multicolores y flamantes. Entusiasmado y optimista con mi regalo, yo trat\u00e9 de iniciar un &#8220;tiempo de bolitas&#8221; entre mis amigos y compa\u00f1eros de escuela. La cosa no func\u00f3, por supuesto; yo estaba &#8211;sin saberlo-tratando de romper una de las reglas inescrutables que reg\u00edan los tiempos y, estas reglas, ordenaban ceremonias y rituales pertinentes. En el tiempo de barriletes, por ejemplo, la b\u00fasqueda y erecci\u00f3n de las ca\u00f1as mas rectitas en el ca\u00f1averal de la banda del Guadalquivir, la elaboraci\u00f3n del engrudo (ni muy espeso, ni muy chirle), la compra de papel de &#8220;seda&#8221; en la librer\u00eda &#8220;Renacimiento&#8221; de don Cecilio Forti y del piol\u00edn en las tiendas de la recoaa, etc\u00e9tera, eran un \u00edntroito necesario Para la construcci\u00f3n y final elevaci\u00f3n del barrilete en las alas del viento tibio del oto\u00f1o.<\/p>\n<p>El tiempo de trompos exig\u00eda otras demandas y -sobre todo- la ineludible y habilidosa intervenci\u00f3n de don Tiburcio, tornero viejo y desdentado que ten\u00eda su taller en la remota calle Ancha, no muy lejos del camal municipal.<\/p>\n<p>itrompo3.jpg (4554 bytes)El altar torno de don Tiburcio, demandaba ofrenda y sacrificio. La ofrenda: un tronco de buena madera (palosanto, naranjo, nogal) sin nudos, no muy grueso y rectito. El sacrificio: impulsar, por medio de una manija gastada y pulida por el tiempo, una rueda grande que, conectada a otra chiquita por una polea quejumbrosa, hacia girar y cantar al torno a unos tres metros de distancia. El aparato era fabuloso; parec\u00eda una enorme ara\u00f1a de madera montada en una bicicleta decimon\u00f3nica: ruedas, poleas, rueditas, tientos, correas, pinzas, tenazas, ganchos, en fin&#8230;Pero don Tiburcio era un artesano magistral y un comerciante avezado. Los chicos que no quer\u00edamos o no pod\u00edamos comprar un trompo, le tra\u00edamos un tronco y, si la oferta pasaba el escrutinio y la bendici\u00f3n del maestro, vos te quedabas con un trompo y el con el resto de la madera que ocultaba en su coraz\u00f3n la promesa de dos o tres trompos m\u00e1s. Don Tiburcio los vend\u00eda literalmente calientes, reci\u00e9n nacidos del torno como el proverbial pan reci\u00e9n salido del horno. Y no era cosa de asumir que el negocio se iba a concertar y concretar en seguida, no: la calidad de la madera, la condici\u00f3n del tronco y la impredecible voluntad o el humor del maestro ten\u00edan mucho que ver con tu fortuna y con las posibilidades de participar en la creaci\u00f3n y disfrutar la posesi\u00f3n de un trompo de don Tiburcio. Una vez (no quiero dar detalles del c\u00f3mo, porque todav\u00eda me averg\u00fcenzo del crimen) me agenci\u00e9 un hermoso tronco de naranjo, suavito y sin nudos por ninguna parte y bueno pa&#8217; por lo menos tres trompos.<\/p>\n<p>No tom\u00f3 mucho tiempo pa&#8217; que don Tiburcio, con un cigarro anisao colgado de su boca desdentada, aprobara la ofrenda y, bajo la magia de sus manos y el sudor de mi frente, el olor del naranjo y su canci\u00f3n de madera herida se materializaron en un hermoso trompo. Ese tiempo de trompos fue para m\u00ed el mejor de todos, y creo que el mas corto, casi ef\u00edmero.<\/p>\n<p>Otra cosa impredecible de &#8220;los tiempos&#8221; era que desaparec\u00edan -como hab\u00edan llegado- s\u00fabitamente, sin perceptible s\u00edntoma, y te abandonaban sin previo aviso; como el amor de juventud, m\u00e1 o meno. Una noche, sin embargo, con amarga dulzura percib\u00ed que ese tiempo de trompos no iba a amanecer con el sol del d\u00eda siguiente. Se hab\u00eda acabado para siempre. Me di cuenta de ello, despu\u00e9s de acostarme y apagar la luz, cuando, iluminado por la luna chapaca, vi mi trompo reclinado en mi mesita de noche, c\u00f3nico y callado y con un calvito clavado en su centro como el coraz\u00f3n blanco de mi infancia.<\/p>\n<p>Chafallo<\/p>\n<p>Producci\u00f3n: Huascar Vega L.<br \/>\nCortes\u00eda de El Diario de La Paz, Bolivia<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El trompo de Don Tiburcio De ni\u00f1o yo tuve la buena ventura de ver nacer un trompo del coraz\u00f3n de un naranjo&#8230; itrompo1.jpg (5219 bytes)Sin que nadie lo supiera quien lo ordenaba, y sin que a nadie le importara mucho, en las calles de mi barrio, alrededor de la fuente de la plaza y bajo la mirada de bronce de<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[51],"tags":[],"class_list":["post-896","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-poemas-y-cuentos-indigenas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/896","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=896"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/896\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=896"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=896"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=896"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}