{"id":875,"date":"2006-11-16T15:22:49","date_gmt":"2006-11-16T15:22:49","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=875"},"modified":"2006-11-16T15:22:49","modified_gmt":"2006-11-16T15:22:49","slug":"chiapas-y-sus-mujeres-indigenas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=875","title":{"rendered":"Chiapas y sus mujeres indigenas"},"content":{"rendered":"<p>M\u00e1rgara Mill\u00e1n<\/p>\n<p>Chiapas y sus mujeres ind\u00edgenas.<br \/>\nDe su diversidad y resistencia*<\/p>\n<p>Poco sabemos de las mujeres ind\u00edgenas, de su manera de concebir el mundo y ubicarse dentro de \u00e9l. De su palabra y su consciencia, sus deseos de transformaci\u00f3n y de permanencia. Una de las virtudes del libro de la joven periodista catalana Guiomar Rovira es justamente permitirnos el acceso a las realidades diversas de las ind\u00edgenas chiapanecas y hacerlo con un material tan vasto de informaci\u00f3n y experiencia que permite comprender la complejidad de sus procesos, sus distintas dimensiones contradictorias, los puntos de tensi\u00f3n donde gana la represi\u00f3n del estado, de la comunidad, de los varones o de las mismas mujeres por sobre el \u00edmpetu de emancipaci\u00f3n femenil, pero tambi\u00e9n, los puntos de fuga donde se acrecienta el poder de las mujeres.<\/p>\n<p>Conjugando lo mejor de un estilo ligero de cr\u00f3nica con ciertas descripciones etnol\u00f3gicas y las reflexiones de la autora tomando distancia, este texto nos presenta el mosaico que es este estado del suroeste, mostrando una vez m\u00e1s los motivos por los cu\u00e1les podemos afirmar que Chiapas es hoy el coraz\u00f3n del mundo. Compartiendo su sorpresa, enojo o tristeza, Guiomar Rovira va descubri\u00e9ndonos a las mujeres &#8220;reales&#8221;, las que habitan fuera de los discursos (pol\u00edticos, antropol\u00f3gicos, incluso feministas). Las mujeres marcadas por sus diferencias (de etnia, de educaci\u00f3n, de consciencia pol\u00edtica, de vocaci\u00f3n y preferencias) construyendo, sin embargo, puentes unitarios de g\u00e9nero, de visi\u00f3n de mundo, de imaginario, de futuro.<\/p>\n<p>El zapatismo del primero de enero de 1994: punta del iceberg<\/p>\n<p>Al acercarnos a las mujeres ind\u00edgenas en Chiapas, zapatistas o no, empieza a predominar la idea de que existe una historia que va a contrapelo, que se abre paso en los cambios cotidianos de la vida de todos los d\u00edas, que no se constituye en grandes acontecimientos ni noticia de primera plana. La historia como viejo topo, roedor y constructor al mismo tiempo. Cuando el mundo conoce de la insurgencia zapatista y Marcos se vuelve famoso, es de \u00e9sta otra historia ya desbordada en fen\u00f3meno p\u00fablico, acontecimiento nacional y hasta internacional, de la que est\u00e1 conociendo. Se trata de una urdimbre silenciosa que por largo tiempo ha estado en movimiento. \u00bfLos implicados? Familias y comunidades enteras. Tanto las que se convierten en zapatistas como las que no lo hacen, guardan el secreto, es el secreto de su propia historia, aquella que decidieron tomar en sus manos, construir todos los d\u00edas, destruir tambi\u00e9n todos los d\u00edas, su propia historia. Para poder re-contarla de nuevo, como lo empiezan a hacer hoy las mujeres ind\u00edgenas que nos hablan a trav\u00e9s de Guiomar. Para que el iceberg se haya dejado ver, muchas cosas han tenido que pasar. El entorno de organizaci\u00f3n combativa del zapatismo, la historia de lucha civil y pac\u00edfica de los y las ind\u00edgenas campesinos de Chiapas, es un primer nivel dentro de este relato. Las mujeres estaban ah\u00ed desde siempre, algunas ya organizadas en proyectos productivos, en cooperativas textiles, en la panader\u00eda, en una tienda de la comunidad; otras se enrolaban para ser promotoras de salud, o decir la palabra de dios. Esas mujeres fueron creando espacios. Las comunidades las impulsaban pero tambi\u00e9n las criticaban. No era claro. Est\u00e1 bien que la mujer participe, pero causa desconfianza que lo haga. De todas formas, algunas siguen participando.<\/p>\n<p>De repente se expande la noticia. Hay un grupo armado. Un grupo que se prepara para cambiar las reglas del juego del cinismo y del abandono, de la prepotencia y la ilegalidad. Algunas mujeres se enteran, siempre porque alg\u00fan familiar les dice, en muchos casos el padre. De repente, se empieza a construir una opci\u00f3n de vida para las j\u00f3venes ind\u00edgenas. Es una opci\u00f3n comunitaria, y s\u00f3lo por eso, una opci\u00f3n personal. Es comunitaria porque las familias y las comunidades la avalan: est\u00e1 bien el zapatismo porque es luchar por que la comunidad exista en el futuro. Muchos testimonios afirman que las opciones para las ni\u00f1as-adolescentes de 12 a 15 a\u00f1os en los empobrecidos parajes de los altos o de la selva es irse a trabajar a las ciudades cercanas, emplearse como trabajadoras dom\u00e9sticas. Trabajar de zapatista es trabajar por el futuro de toda la comunidad; los otros trabajos son soluciones inmediatas a una situaci\u00f3n de precariedad, medio de subsistencia personal y alg\u00fan apoyo para la familia. Ocurre un desplazamiento en el horizonte de las comunidades, que va de las estrategias de sobrevivencia inmediata a las estrategias para &#8220;crear futuro&#8221; para todos. Para algunas comunidades ind\u00edgenas, el zapatismo, as\u00ed como los trabajos colectivos y el vestido tradicional empez\u00f3 a significar hacer comunidad , a formar parte de la reciprocidad. Fue asumido como tarea comunitaria, y las hijas e hijos se fueron yendo al ej\u00e9rcito zapatista. El resto empez\u00f3 a trabajar para ellos. Se inicia as\u00ed el amplio tejido que hoy conocemos como zapatismo y que lejos de ser un proceso aislado de opci\u00f3n por la v\u00eda armada, s\u00f3lo podemos comprender cabalmente si consideramos su car\u00e1cter comunitario y familiar. 1983 es la fecha con que los insurgentes marcan el comienzo de sus trabajos. Ana Mar\u00eda, Mayora Insurgente encargada de la toma de San Crist\u00f3bal, ha dicho que en aqu\u00e9l entonces s\u00f3lo hab\u00eda como dos mujeres en el peque\u00f1o grupo de nueve o diez insurgentes. Hoy la tercera parte de la fuerza insurgente son mujeres. Muchas tienen altos cargos y est\u00e1n al mando de importantes destacamentos militares.<\/p>\n<p>Pero el entorno combativo y de organizaci\u00f3n femenil en Chiapas ocurr\u00eda no s\u00f3lo por parte de las ind\u00edgenas que se volv\u00edan insurgentes, y las ind\u00edgenas que se organizaban en proyectos comunitarios, sino tambi\u00e9n en la sociedad civil y mestiza que se organizaba para apoyar a las mujeres ind\u00edgenas y sobre todo, para ayudarlas a encontrar sus propias inquietudes y demandas. Las figuras y grupos no gubernamentales resaltados por Guiomar, como la abogada Martha Figueroa, la periodista Concepci\u00f3n Villafuerte, Yolanda, la asesora de la cooperativa J&#8217;pas Joloviletik, el Grupo de Mujeres de San Crist\u00f3bal, son muestra de ese entorno. Despu\u00e9s del 1 de enero de 1994, muchas otras mujeres del pa\u00eds y fuera de \u00e9l, se organizan de distintas maneras para apoyar al zapatismo y a las mujeres ind\u00edgenas en particular. Conpaz, en San Crist\u00f3bal, coordina las acciones de organismos no gubernamentales por la paz. Se inicia otra tarea de capacitaci\u00f3n urgente a la poblaci\u00f3n, ahora en situaci\u00f3n de guerra declarada: la de los derechos humanos. La sensibilidad de la autora es tan amplia como para mostrarnos tambi\u00e9n los desencuentros entre las mujeres mestizas y las\/los ind\u00edgenas. En ning\u00fan caso se idealiza el mundo ind\u00edgena sino que se le expone con todas sus contradicciones. Ello no desvaloriza la lucha que hoy llevan adelante.<\/p>\n<p>Las mujeres ind\u00edgenas. Sus propias diversidades, sus formas de resistencia<\/p>\n<p>Delinear las diferencias entre una mujer tojolabal, como la Comandanta Trini, con una ind\u00edgena tzotzil, como Maruch, fot\u00f3grafa chamula o la Comandanta Ramona, y las mujeres tzeltales, como las de Prado Pacayal o la joven comandanta Leticia, para despu\u00e9s ir tambi\u00e9n desestructurando estas identidas \u00e9tnicas en las experiencias de cada ca\u00f1ada, de la fundaci\u00f3n de los poblados en la selva y tambi\u00e9n en los poblados zapatistas, como Guadalupe Tepeyac, es uno de los mejores aciertos del libro Mujeres de Ma\u00edz. Es en este retrato de las diferencias y los contrastes donde la autora nos deja ver lo complicado del proceso de cambio de relaciones de g\u00e9nero y de visi\u00f3n del mundo que, pese a todo, se ha desatado en esa regi\u00f3n del pa\u00eds.<\/p>\n<p>Sabemos de la explotaci\u00f3n de las\/los ind\u00edgenas por el sistema capitalista, de su exterminio f\u00edsico y cultural, de la prepotencia e ilegalidad que forman su contexto cotidiano, compartido en diferente grado por las mayor\u00edas del pa\u00eds. El aislamiento, la ineficacia de la educaci\u00f3n y de las pol\u00edticas sociales de desarrollo. Tambi\u00e9n es conocido el hecho de que son las mujeres las m\u00e1s explotadas dentro de esta escala de miserias, depositarias de la explotaci\u00f3n de clase, etnia y g\u00e9nero. Las m\u00e1s desnutridas, las m\u00e1s monoling\u00fces, las m\u00e1s analfabetas, como resultado de varios poderes: el poder del capitalismo, del estado mexicano y de la estructura de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>El poder del racismo de la sociedad mexicana que las ha fijado como buenas nanas y sirvientas, incapaces de elaboraciones te\u00f3ricas y de pensamientos pol\u00edticos, guardianas de la sabidur\u00eda ind\u00edgena, esa que se parece mucho al pasado que, aunque rico y profundo, pertenece al museo.<\/p>\n<p>El poder del capitalismo que todo lo avasalla, &#8220;libera&#8221; y homogeniza para venderse en el mercado, destruyendo toda l\u00f3gica opuesta por &#8220;precapitalista&#8221;, por ejemplo aquella que dice &#8220;queremos seguir siendo ind\u00edgenas pero dominar nuestros recursos&#8221;, para decir, &#8220;lo que quiero es mano de obra barata y sin ning\u00fan recurso&#8221;.<\/p>\n<p>El poder del estado mexicano que no las toma en cuenta, ni en la representaci\u00f3n ni en la legislaci\u00f3n, un estado que est\u00e1 fincando cada vez m\u00e1s en el Ej\u00e9rcito y su capacidad intimidatoria cuando no francamente represora, su principal &#8220;centro de servicio a la comunidad&#8221;.<\/p>\n<p>Y tambi\u00e9n, el poder comunitario y sus leyes, las que les impide escoger marido y heredar la tierra, las deja en el hogar, sin opci\u00f3n de aprender otros conocimientos, con responsabilidades en el trabajo pero sin participaci\u00f3n en las decisiones, estructura del poder machista que se afirma en algunos lugares m\u00e1s que en otros. Este poder no s\u00f3lo radica en los varones, sino tambi\u00e9n en las mujeres en contra de otras mujeres, el poder de la presi\u00f3n social y comunitaria, donde la ind\u00edgena que se vuelve promotora, o se organiza en cooperativa, es mal vista y mal hablada.<\/p>\n<p>Todos estos poderes son confluyentes en su acci\u00f3n, estructuran no s\u00f3lo la posici\u00f3n de las mujeres y de los hombres en las comunidades sino tambi\u00e9n su historia y sus expectativas de futuro. Lo interesante del libro de Guiomar es que muestra como, en una situaci\u00f3n tan aparentemente omnipotente y monol\u00edtica, existen muchas mujeres y algunos hombres que resisten con niveles y pr\u00e1cticas muy diversas, trabajando, como el viejo topo, en contrasentido de la sujeci\u00f3n femenina.<\/p>\n<p>Guiomar organiza un retrato con bajorrelieves, donde aparecen tanto las ind\u00edgenas no zapatistas comprometidas en la organizaci\u00f3n productiva de sus cooperativas, como las mujeres zapatistas de las comunidades que integran las llamadas &#8220;bases de apoyo&#8221;, las hermanas, madres, t\u00edas, amigas o conocidas de alguna o alg\u00fan insurgente que cumplen tareas de apoyo espec\u00edficas, las j\u00f3venes insurgentes que se han ido a las monta\u00f1as y que por a\u00f1os no han regresado a su comunidad ni visto a sus familias, las mujeres con cargo, las capitanas y las mayoras que tienen mando y han realizado acciones militares, las comandantas, ind\u00edgenas miembros del CCRI. El retrato de todas estas mujeres nos da cuenta de la multiplicidad de lugares y de tareas que conforman la beligerancia femenil. Se ha ido componiendo un amplio repertorio de mujeres con autoridad, moral, pol\u00edtica, militar, donde unas figuras apoyan a otras y abren caminos nuevos para todas. Cuando las ind\u00edgenas, en uno de los encuentros posteriores al alzamiento que se realiz\u00f3 en San Crist\u00f3bal, afirman: \u00a1Qu\u00e9 bueno que sali\u00f3 Ramona! Ella creo que nos quiere, por eso sali\u00f3 a caminar, ella como que nos est\u00e1 jalando. Nos muestra el camino de lo que podemos hacer. Ella es una persona grande, mayor (p. 199), est\u00e1 presente el impacto que causa el movimiento sobre s\u00ed mismo y que hace que m\u00e1s mujeres se decidan a participar y a hablar.<\/p>\n<p>Esto es muy importante, porque contribuye a la restauraci\u00f3n y creaci\u00f3n de una genealog\u00eda del poder femenil. Figuras con autoridad, figuras ejemplares, que inspiran respeto y reconocimiento, y que empiezan a reproducirse hasta diseminar la idea-sensaci\u00f3n de que a todas nos toca una parte de la lucha por la dignidad. Genealog\u00eda arrebatada a las mujeres y m\u00e1s a\u00fan a las ind\u00edgenas. Las im\u00e1genes de mujeres sabias, depositarias de un poder (la ilol o curandera, la partera, las ancianas de las comunidades) se ampl\u00edan con estas otras, la insurgenta, la comandanta, las que se organizan y participan en los talleres y las reuniones. Mujeres ind\u00edgenas que aprenden dos y m\u00e1s lenguas, que hablan castellano, que hablan en p\u00fablico. El imaginario estalla. Y ahora ellas nos interpelan en nuestro sentido de mundo, en nuestra responsabilidad com\u00fan, en nuestro ser mujeres y tener palabra.<\/p>\n<p>La historia no va nunca en un s\u00f3lo sentido y siempre es un campo de batalla<\/p>\n<p>El \u00faltimo atributo que quisiera remarcar de Mujeres de Ma\u00edz, es la idea presente a lo largo de todo el texto, de que las mujeres ind\u00edgenas hoy en Chiapas est\u00e1n en medio al tiempo que produciendo, son producto al tiempo que actoras, de un proceso contradictorio y complejo, en el que sin duda se han fortalecido pero que de ninguna manera es un proceso que tenga un solo sentido. A los &#8220;compa\u00f1eros que ya entienden&#8221; hay que agregar a los muchos que todav\u00eda no lo hacen, o que aunque entiendan, les gana un momento de desconfianza, de celos, de maledicencia, para cometer actos brutales contra sus propias compa\u00f1eras. A las mujeres ind\u00edgenas, zapatistas y no, les toca aqu\u00ed tambi\u00e9n un trabajo m\u00e1s: imponerse frente a los varones que no aceptan sus procesos emancipatorios. No es terreno ganado, es terreno en lucha incluso entre los zapatistas. La Ley Revolucionaria de las Mujeres no es el marco jur\u00eddico que representa una nueva realidad, sino un deseo de una socialidad otra, el deseo de la eliminaci\u00f3n del maltrato hacia las mujeres y de su justo castigo por parte de las comunidades; el deseo del reconocimiento de las mujeres ind\u00edgenas como sujetos de pleno derecho. Pero tambi\u00e9n, la ley que por momentos y en territorio &#8220;liberado&#8221; s\u00ed funciona para castigar a los padres y a los maridos que siguen actuando conforme a costumbres que las mujeres han decidido transformar y de esa manera ejercer una nueva legalidad.<\/p>\n<p>Mujeres de Ma\u00edz destruye la idea de las ind\u00edgenas como s\u00f3lo v\u00edctimas: de la historia, de la explotaci\u00f3n, de la guerra y de la pol\u00edtica. Para develarnos otra parte de su historia y de sus vidas, la del acrecentamiento de sus potencias, su &#8220;empoderamiento&#8221; como lo definen algunas feministas, sobre todo, su potencia para reivindicarse como sujeto, y m\u00e1s espec\u00edficamente, como una diversidad de sujetos, capaces de autorrepresentarse. Con esto quiero decir, sujetos femeninos diversos con historias concretas, que elaboran sus propios horizontes de transformaci\u00f3n, hasta ahora irrepresentables por el discurso pol\u00edtico y por el discurso feminista en tanto teor\u00edas generales y universales. Estas mujeres ind\u00edgenas se afirman como sujetos plenos, con derechos pol\u00edticos, econ\u00f3micos, sociales y de g\u00e9nero frente al estado mexicano y su ley, pero frente a sus comunidades y su ley. Afirman su pertenencia a la vida comunitaria al tiempo que exigen una redefinici\u00f3n de \u00e9sta donde su voz sea tomada en cuenta. Son totalmente congruentes con el discurso zapatista, llev\u00e1ndolo en muchos casos m\u00e1s all\u00e1 de sus propias posibilidades pr\u00e1cticas, porque el &#8220;parejo&#8221; referido a las mujeres altera y modifica a la familia y la comunidad en un &#8220;m\u00e1s&#8221;. La transformaci\u00f3n del sujeto-mujer ind\u00edgena es algo que ocurre obligadamente en referencia a su pertenencia comunitaria y no como una &#8220;realizaci\u00f3n personal&#8221;. En muchas ocasiones es la propia comunidad la que elige e impulsa a alguna de sus integrantes a asistir a las reuniones, a caminar los caminos, a salir. La comunidad, despu\u00e9s de promover la transformaci\u00f3n participativa de sus mujeres, tiene tambi\u00e9n que transformarse. A veces puede, a veces no. Pero algo cambia.<\/p>\n<p>En Chiapas las mujeres enfrentan tanto la violencia ejercida por el estado como por el esposo, como bien afirma Hern\u00e1ndez Castillo,1 y el zapatismo como movimiento ind\u00edgena, con todo y su impulso igualitario y justiciero encuentra en la situaci\u00f3n de la mujer un continuo desaf\u00edo. Queda claro que lo que no demanden y defiendan ellas mismas quedar\u00e1 sin ser demandado ni defendido.<\/p>\n<p>Zapatismo como utop\u00eda feminista<\/p>\n<p>Durante trece meses existi\u00f3 un territorio en M\u00e9xico autodenominado territorio zapatista. Algunos testimonios describen sus normas y maneras: a las j\u00f3venes ind\u00edgenas insurgentes se les ve\u00eda mejor comidas, es decir, menos desnutridas que sus hermanas de las comunidades. Aunque llevaban uniforme y se cubr\u00edan el rostro, se les pod\u00eda observar unos pasadores (los prensa-pelo) acomodando el peinado, la larga trenza brillosa, detenida por algo colorido y los aretes, accesorios de todos los d\u00edas, al igual que el arma o la linterna, y por supuesto, el pasamonta\u00f1as o el paliacate amarrado al rostro. Usaban anticonceptivos y condones, porque no quer\u00edan embarazarse aunque s\u00ed gozar de su sexualidad, a\u00fan en guerra. Los matrimonios se anunciaban al mando, como un &#8220;pedir permiso&#8221; a una familia extensa. Si los interesados estaban de acuerdo, no hab\u00eda impedimento. Los divorcios se daban sin tr\u00e1mite, simplemente se separaban las parejas y se dec\u00eda que ya no eran. Las tareas se repart\u00edan. Los hombres aprendieron a hacer todo lo que hacen las mujeres, y las mujeres hicieron lo que generalmente hacen los hombres. Dicen que a ellos les cost\u00f3 m\u00e1s trabajo, pero hab\u00eda voluntad y lo lograron. Cualquier cosa era pretexto para la fiesta, pero ni en la fiesta hab\u00eda bebida. Las mujeres estaban muy contentas por esa prohibici\u00f3n, los varones, no sabemos. Pero s\u00ed sabemos que las alzadas usaban toallas sanitarias y les parec\u00eda m\u00e1s c\u00f3modo que andar manchando la ropa.<\/p>\n<p>Los cuerpos de esos hombres y mujeres fueron cambiando, sin tantos hijos, sin tanto trago, un poco de m\u00e1s comida y mucho ejercicio, sus figuras esbeltas se hicieron m\u00e1s fuertes. Resplandeci\u00f3 la belleza. Ven\u00edan de esas comunidades donde permanec\u00edan sus padres y madres, pero tambi\u00e9n ven\u00edan de otros lados m\u00e1s atr\u00e1s y m\u00e1s delante. Sufrieron mutaciones irreversibles, transformaciones profundas, &#8220;revoluci\u00f3n de las costumbres&#8221;, ampliaci\u00f3n de los posibles. Y por momentos se vivi\u00f3 la energ\u00eda l\u00fadica de la naturaleza, tal vez por estar tan cerca de ella, una especie de armon\u00eda, que parad\u00f3jicamente, hac\u00eda la paz dentro de la guerra. Burbuja expuesta al aire de los tiempos, estall\u00f3 para quedar en la memoria como utop\u00eda.<\/p>\n<p>Pero ah\u00ed est\u00e1n las palabras y los deseos. Las mujeres ind\u00edgenas han hablado ya sobre sus propios cuerpos, han modificado la manera en que las entend\u00edamos, y sobre todo, la manera en que se entienden a s\u00ed mismas. Para el futuro de todas ellas el deseo de la comandanta Susana2\u00a0 es: &#8220;que est\u00e9n libres, que lo piensen ellas, que sean libres, muy libres. Que puedan hacer lo que pidan, lo que quieran hacer. Que va a ir all\u00e1 o que quiere estudiar algo y s\u00ed puede. Antes no se pod\u00eda para nada, ni ir a la escuela ni nada. Yo hasta ahorita no s\u00e9 leer ni escribir, porque mi pap\u00e1 no me dejaba ir a la escuela, pensaba que es malo, no le gustaba. Ya cambi\u00f3 mucho, ahorita ya toda mi familia, todas sus hijas van a la escuela, ya estudian, es muy diferente que antes (p.212).<\/p>\n<p>Mujeres de Ma\u00edz es en s\u00ed mismo una artesan\u00eda que la autora ha hecho con detalle y paciencia, un tejido de hilos coloridos que se van entrecruzando hasta darnos un panorama mucho m\u00e1s real, por m\u00e1s cercano, de las mujeres ind\u00edgenas chiapanecas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>M\u00e1rgara Mill\u00e1n Chiapas y sus mujeres ind\u00edgenas. De su diversidad y resistencia* Poco sabemos de las mujeres ind\u00edgenas, de su manera de concebir el mundo y ubicarse dentro de \u00e9l. De su palabra y su consciencia, sus deseos de transformaci\u00f3n y de permanencia. 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