{"id":76,"date":"2006-01-20T20:00:14","date_gmt":"2006-01-20T20:00:14","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=76"},"modified":"2006-01-20T20:00:14","modified_gmt":"2006-01-20T20:00:14","slug":"reflexiones-sobre-el-oro-de-los-alquimistas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=76","title":{"rendered":"Reflexiones sobre el oro  de los alquimistas"},"content":{"rendered":"<p>El oro que dormita en el barro es tan puro<\/p>\n<p>como el que brilla en el sol<br \/>\nEl oro de los alquimistas es un t\u00e9rmino equ\u00edvoco en sus escritos. Han hablado mucho de \u00e9l, pero de una manera oscura. El lector principiante est\u00e1 tentado de preguntarse si dicho oro es verdaderamente oro, si s\u00f3lo es un s\u00edmbolo. \u00bfEs la alquimia, como piensa la gente, una obra met\u00e1lica, o la ense\u00f1anza de un cierto yoga occidental, que hay que interpretar sutilmente?<\/p>\n<p>Los Fil\u00f3sofos dicen que todo aqu\u00ed abajo no es m\u00e1s que polvo y cenizas. Es el mundo de la generaci\u00f3n y de la corrupci\u00f3n. Entre todas las sustancias sublunares, s\u00f3lo este hermoso metal es inalterable. La hip\u00f3tesis de los alquimistas es, pues, la siguiente: Si el oro, sol terrestre, es indestructible, es porque posee en s\u00ed un principio f\u00edsico de inmortalidad. Si los hombres conociesen el poder y la medicina que contiene, abandonar\u00edan todas sus ocupaciones para emprender la b\u00fasqueda del secreto que el Soberano Creador ha depositado en las minas, con el fin de encontrar esta cura y regeneraci\u00f3n a la que aspira el g\u00e9nero humano.<\/p>\n<p>\u00a1Asombrosa hip\u00f3tesis de la alquimia! Pocos hombres parecen ser sensibles a ella, quiz\u00e1 por falta de imaginaci\u00f3n, pues las necesidades de la vida los acucian por todas partes. El estudio de la alquimia, poco costoso, exige, sin embargo, una gran independencia frente a esas necesidades; o una cierta aceptaci\u00f3n de la pobreza a la que nadie quiere por compa\u00f1era.<\/p>\n<p>El hombre no posee en s\u00ed mismo el principio de la medicina. Debe, pues, buscarlo en la naturaleza, extraerlo y tratarlo. Lo mismo ocurre con esta \u00abpanacea universal\u00bb, consistiendo la gran Obra en hacer de este oro el medicamento de los tres reinos; aplicado al cuerpo humano es el licor de inmortalidad o \u00abelixir de larga vida\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a1Quimeras!, dir\u00e1n algunos. \u00a1Si el elixir de larga vida existiera, lo sabr\u00edamos!<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00abNo conocemos a nadie que haya sido inmortal excepto en las leyendas\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00c9stos se definen a s\u00ed mismos, \u00abno habiendo conocido a nadie\u00bb.<\/p>\n<p>Un Fil\u00f3sofo como el Cosmopolita escribe, por ejemplo: \u00abEl oro de los sabios no es el oro vulgar, sino una cierta agua clara y pura sobre la cual es llevado el esp\u00edritu del Se\u00f1or, y es de ah\u00ed que toda fuerza de ser toma y recibe la vida\u00bb. Y todav\u00eda en el mismo tratado: \u00abEl oro y la plata de los Fil\u00f3sofos son la vida misma y no necesitan ser revivificados\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos multiplicar estas citas caracter\u00edsticas de en lenguaje en apariencia equ\u00edvoco y muy propicio para despistar al lector. Abordando este g\u00e9nero de escritos, se ver\u00e1 inclinado a buscar m\u00e1s sutilizas de las que la cosa requiere.<\/p>\n<p>La alquimia no es una receta. Es una escuela filos\u00f3fica que no admite m\u00e1s que la experiencia sensible como criterio verdadero. El alquimista quiere tocar para saber. Aunque esta experiencia sea de naturaleza secreta, no quita nada al car\u00e1cter \u00absensualista\u00bb de tal filosof\u00eda, la m\u00e1s antigua y materialista del mundo; la m\u00e1s antigua, en efecto, ya que siempre ha resultado imposible determinar sus or\u00edgenes hist\u00f3ricos; la m\u00e1s materialista, tambi\u00e9n, ya que no tiene otro fundamento que el testimonio de los sentidos. Es una ense\u00f1anza enigm\u00e1tica, sin duda, pero que jam\u00e1s ha variado en el transcurso de la historia. La unanimidad de todos los maestros nos parece ser la prueba de una experiencia com\u00fan.<\/p>\n<p>La originalidad de dicha filosof\u00eda, frente al sensualismo filos\u00f3fico de un Condillac, por ejemplo, es no referirse m\u00e1s que a un solo y \u00fanico objeto: \u00abNo hay m\u00e1s que una sola cosa -dice el Cosmopolita- mediante la cual se descubre la verdad de nuestro Arte, en la que \u00e9ste consiste enteramente y sin la que no podr\u00eda ser\u00bb. As\u00ed, en lugar de dispersarse en la multiplicidad de las observaciones sensibles, el alquimista encuentra todo su saber en la contemplaci\u00f3n de un solo objeto. Louis Cattiaux, por ejemplo, dir\u00e1 que esta filosof\u00eda acopla la unidad del saber con la unidad de la obra en la unidad del hombre. Es, finalmente, una filosof\u00eda del oro. A prop\u00f3sito del oro, no digas pues: \u00a1Es mi alma! Ser\u00eda errar lejos del magisterio en una falsa doctrina. Pues el oro es una trampa y la alquimia tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Paracelso, por su lado, escribi\u00f3 en su Cielo de los Fil\u00f3sofos:<\/p>\n<p>El oro es \tceleste \tdisuelto<br \/>\ntriple en \telemental \tfluido<br \/>\nsu esencia \tmet\u00e1lico \tcorporal<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Limojon de St. Didier se mostr\u00f3 m\u00e1s expl\u00edcito:<\/p>\n<p>\u00abSeg\u00fan los Fil\u00f3sofos, hay tres clases de oro: el primero es un oro astral cuyo centro se encuentra en el sol que, por sus rayos, lo comunica, al mismo tiempo que su luz, a todos los astros que le son inferiores. Es una sustancia \u00edgnea y una continua emanaci\u00f3n de corp\u00fasculos solares que, por el movimiento del sol y de los astros, que est\u00e1n en un perpetuo flujo y reflujo, llenan todo el Universo; todo est\u00e1 penetrado por \u00e9l en la extensi\u00f3n de los cielos, sobre la tierra y dentro de sus entra\u00f1as. Respiramos continuamente este oro astral y sus part\u00edculas solares penetran nuestros cuerpos que las exhalan sin cesar\u00bb.<\/p>\n<p>Vemos que el autor conoc\u00eda bien el famoso prana de los yoguis; pero estos \u00faltimos, \u00bfacaso lo han conocido corporificado?<\/p>\n<p>El segundo es un oro elemental, vale decir la m\u00e1s pura y fija porci\u00f3n de los elementos y de todas las sustancias que \u00e9stos componen, de modo que todos los seres sublunares de los tres reinos contienen en su centro un precioso grano de este oro elemental\u00bb.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed afirmada la unidad radical, no s\u00f3lo de los metales, sino tambi\u00e9n de todas las cosas. Si el grano fijo del oro que est\u00e1 en todos los seres fuera puesto de nuevo en estado de vegetar, la creaci\u00f3n entera volver\u00eda a encontrar la incorruptibilidad y la inmortalidad perdidas, dicen los alquimistas. Es por ello que dicho oro es el secreto de su F\u00edsica.<\/p>\n<p>\u00abEl tercero es el hermoso metal, su brillo y su perfecci\u00f3n inalterables hacen que todos los hombres lo valoren como el soberano remedio de todos los males y de todas las necesidades de la vida y como el \u00fanico fundamento para la independencia, la grandeza y el poder humanos; por esto, no es menos objeto de codicia por parte de los mayores pr\u00edncipes, que por parte de los pueblos de la tierra&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>Este oro met\u00e1lico al ser el m\u00e1s perfecto, ciertamente, de \u00e9l se trata en la filosof\u00eda qu\u00edmica.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Como cuando uno diga que los Fil\u00f3sofos poseen un oro vivo y que el oro vulgar est\u00e1 muerto, ser\u00e1 un ignorante quien se atreviera a mantener que existe en el mundo otro oro que el oro vulgar, el cual, aunque se le diga muerto, es, no obstante, la cosa m\u00e1s pura de toda la tierra y el efecto \u00faltimo de la naturaleza; y, por consiguiente, es la materia sobre la cual debemos empezar nuestra obra. Debemos entender esta diferencia antes o despu\u00e9s de la preparaci\u00f3n por la cual en lugar de ser sepultado en su sepulcro, es resucitado y puesto en camino de vegetaci\u00f3n&#8230;\u00bb<\/p>\n<p>El oro de nuestros Fil\u00f3sofos qu\u00edmicos es ciertamente el Vulgar, pero enmendado por la buena naturaleza.<\/p>\n<p>Hemos escrito precedentemente que en el oro hab\u00eda una trampa. Aqu\u00ed se muestra. En efecto, los metales filos\u00f3ficos son metales puros y no vulgares. Aqu\u00ed, el avaro no encontrar\u00e1 provecho. \u00bfQu\u00e9 ha podido saber de los metales puros y del oro de los Fil\u00f3sofos aquel que persigue las riquezas de este mundo? \u00a1La dulce y santa qu\u00edmica no desvela sus encantos ante los astutos!<\/p>\n<p>La avaricia fue quien hel\u00f3 aqu\u00ed abajo todas las riquezas del oro; el oro vulgar, es el oro de aquel Dite* situado por Dante en el fondo del infierno, y atrapado en un mar de hielo. No se nos ocurra, pues, emprender esta b\u00fasqueda qu\u00edmica sin estar, como Dante y Virgilio, animados por el deseo de volver al \u00abclaro mundo\u00bb. La concupiscencia y las riquezas de Dite significaron la p\u00e9rdida del oro vivo: y no es m\u00e1s que un cad\u00e1ver lo que buscan neciamente los avaros.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n, pues, en nuestros d\u00edas ha reconocido en Virgilio, al cantor del Arte qu\u00edmico? La Eneida es un canto sublime a la gloria de la Edad de Oro de Roma. En ello el poeta hizo alusi\u00f3n a ese cad\u00e1ver del oro con la historia del desdichado Polidoro, en el canto III de su poema.<\/p>\n<p>El rey Pr\u00edamo, presintiendo la pr\u00f3xima ruina de Troya, quiso poner a salvo a su joven hijo Polidoro, el bien nombrado. Le impuso una \u00abpesada carga de oro\u00bb y lo entreg\u00f3 al rey de Tracia pidi\u00e9ndole que lo \u00abalimentara\u00bb:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Hunc Polydorum auri quondam cum pondere magno<br \/>\n\u00a0 \u00a0 infelix Priamus furtim mandarat alendum<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Threicio regi&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 versos 49 a 51<\/p>\n<p>Pero cuando se enter\u00f3 de la ruina de Troya, este malvado rey hizo decapitar a Polidoro y se apoder\u00f3 de su oro \u00abpor violencia\u00bb.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Polydorum obtruncat et auro<br \/>\n\u00a0 \u00a0 vi potitur. Quid non mortulia pectora cogis<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Auri sacra fames?<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 versos 55 a 57<\/p>\n<p>\u00bfA qu\u00e9 extremos empuja el coraz\u00f3n de los mortales la maldita avidez del oro? Pero, precisamente, los Adeptos lo han previsto. Por ello han trenzado esta famosa corona de espinas alrededor de su secreto que cuece en la sal del Para\u00edso.<\/p>\n<p>Nos dice Virgilio que desde tal crimen, los \u00e1rboles que crec\u00edan sobre aquella tierra no ten\u00edan por savia m\u00e1s que una sangre negra y putrefacta. Cuando se les romp\u00eda una rama, esta sangre se derramaba sobre el suelo, mancill\u00e1ndolo con su podredumbre.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Nam quae prima solo ruptis radicibus arbos<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Vellitur, huic atro liguontur sanguine guttae<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Et terram tabo maculant&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 versos 27 a 29<\/p>\n<p>\u00ab&#8230;Lo que tomaste por \u00e1rboles no es sino hierro, huye de las tierras de este cruel, huye de la proximidad de los avaros\u00bb, gime desde el fondo de su tumba el alma de Polidoro&#8230; \u00abEstoy fijado aqu\u00ed, el hierro me ha recubierto con una cosecha de flechas, que han crecido en venablos agudos\u00bb. Vemos pues que el hierro es maldito para los alquimistas: es la \u00abhelada\u00bb de los metales. Observamos precisamente la oposici\u00f3n entre la Edad de Oro y la Edad de Hierro:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Heu fuge crudelis terras, fuge litus avarum<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Nam Polydorus ego. Hic confixum ferrea textil<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Telorum seges et iaculis increvis acutis<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 versos 44 a 46<\/p>\n<p>Habi\u00e9ndose, pues, enterado del crimen de que fue v\u00edctima Polidoro, Eneas y sus compa\u00f1eros decidieron de forma un\u00e1nime marchar de aquella tierra criminal donde la hospitalidad hab\u00eda sido profanada, y confiar sus velas al viento.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Omnibus idem scelerata excedere terra<br \/>\n\u00a0 \u00a0 Linqui pollutum histitium et dare classibus austros<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 versos 60 a 61<\/p>\n<p>Actuemos del mismo modo&#8230;, pero no antes de haber estado atentos al grito del alma del oro desde el fondo de su sepulcro: \u00abAy\u00fadame y yo te ayudar\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Pero, algunos dir\u00e1n, las palabras de estos Fil\u00f3sofos son oscuras, y su pr\u00e1ctica, indescifrable. Si el oro debe ser lavado y disuelto para liberar su virtud interna, y renacer vivo, \u00bfd\u00f3nde encontraremos el disolvente que es como su propia naturaleza y en la que se funde suavemente como el hielo en el agua, para, seguidamente, coagularse de nuevo en la pureza, en esta Piedra de los sabios de la que se oyen tantas maravillas?<\/p>\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntos qu\u00edmicos han muerto obrando en la b\u00fasqueda de esa \u00abprima materia\u00bb, que ha inspirado tantos libros!<\/p>\n<p>La respuesta es que dicha obra es inaccesible al hombre solo. Por eso el Oratorio es tan necesario como el Laboratorio. Si la alquimia es una filosof\u00eda materialista, dista mucho de ser atea. Que el disc\u00edpulo haga suya esta sentencia del Talmud: \u00abTodo hombre que tiene en \u00e9l el temor de los cielos oye las palabras de Elohim&#8230; y el mundo entero no ha sido creado m\u00e1s que para hacerle compa\u00f1\u00eda\u00bb. Esta sentencia, tambi\u00e9n, es un enigma.<\/p>\n<p>Todos estos misterios est\u00e1n en poder de Alt\u00edsimo. Otorga sus favores a quien quiere. La humildad de los sabios consiste en haber hablado dejando a ese Alt\u00edsimo Padre de las Luces el cuidado de dar la inteligencia. La alquimia no se ense\u00f1a, se comunica.<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Os juro por mi Dios -dice Pit\u00e1goras en la Turba- que por largo tiempo he investigado esos libros, a fin de llegar a esta ciencia, y he rogado a Dios que me ense\u00f1ara lo que era; y cuando Dios me hubo o\u00eddo, me mostr\u00f3 un agua n\u00edtida, conoc\u00ed que era como puro vinagre, y despu\u00e9s, cuanto m\u00e1s le\u00eda los libros, tanto m\u00e1s lo entend\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>1. Louis Cattiaux: El Mensaje Reencontrado, II-21&#8242;.<\/p>\n<p>2. Panacea. Del griego Pan: todo, y akeo: curar. Aquello que lo cura todo. En la mitolog\u00eda, Panakeia: \u00abLa socorredora de todos\u00bb, era hija de Asclepios, dios de la Medicina.<\/p>\n<p>3. Del \u00e1rabe \u00abIksir\u00bb, de una ra\u00edz \u00abKsr\u00bb que significa romper, quebrar, partir. Al iksir es el nombre \u00e1rabe de la Piedra Filosofal.<\/p>\n<p>4. Cosmopolita: Trait\u00e9 du sel, troisi\u00e8me des choses minerales de nouveau mis en lumi\u00e8re&#8230; Par\u00eds, Jean d&#8217;Houry, 1669. Sobre misterioso personaje que, a veces, se ha confundido con Sendivogius, ver Louis Figuier: La Alquimia y los Alquimistas&#8230; Par\u00eds, Hachette, 1865; Reedici\u00f3n, Deno\u00ebl, Par\u00eds, 1970.<\/p>\n<p>5. G\u00e9nesis, I, 2.<\/p>\n<p>6. El Mensaje Reencontrado, XXXVIII-69&#8242;.<\/p>\n<p>7. Paracelso: Le ciel des Philosophes, Canon 7, Ed. de Tournes, Ginebra, 1658.<\/p>\n<p>8. Limojon de St. Didier: Entretien d&#8217;Eudoxe et de Pyrophile, Par\u00eds, Jacques d&#8217;Houry, 1668.<\/p>\n<p>9. Nicolas Valois: Los cinco libros o la llave del secreto de los secretos. Libro II, Biblioteca Herm\u00e9tica, Ed. Retz, Par\u00eds, 1975, p. 192.<\/p>\n<p>*. Dante, Infierno VIII, 68. Dite, llamado Lucifer o Pent\u00f3n y tambi\u00e9n nombre de la ciudad infernal situada por Dante en medio de la laguna Estigia. (N. del T.)<\/p>\n<p>10. Dante, Infierno XXXIV, 27.<\/p>\n<p>11. Idem, 132.<\/p>\n<p>12. Como Judas el traidor que se manch\u00f3 de barro con los malditos treinta denarios. volver<\/p>\n<p>13. Virgilio, IV Buc\u00f3lica, versos 8 y 9.<\/p>\n<p>14. Talmud de Babilonia, Berakoht, 6, b.<\/p>\n<p>15. La Turba de los Fil\u00f3sofos. Hay varias versiones diferentes de la Turba de los Fil\u00f3sofos. El libro en lat\u00edn: Artis Auriferae quam Chemiam vocant (Basilea, 1593) contiene dos diferentes. Nuestra cita est\u00e1 extra\u00edda de un tercer tratado del mismo nombre, publicado en Par\u00eds por Jean d&#8217;Houry en 1622, en un precioso librillo titulado: Divers trait\u00e9s de la Philosophie Naturelle. El editor nos advierte que en esta versi\u00f3n era la que \u00abel conde de la Marche Tr\u00e9visane alaba y cita tan a menudo, llam\u00e1ndolo el C\u00f3digo de toda Verdad\u00bb. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El oro que dormita en el barro es tan puro como el que brilla en el sol El oro de los alquimistas es un t\u00e9rmino equ\u00edvoco en sus escritos. Han hablado mucho de \u00e9l, pero de una manera oscura. El lector principiante est\u00e1 tentado de preguntarse si dicho oro es verdaderamente oro, si s\u00f3lo es un s\u00edmbolo. \u00bfEs la alquimia,<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[129],"tags":[],"class_list":["post-76","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-alquimia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/76","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=76"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/76\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=76"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=76"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=76"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}