{"id":759,"date":"2006-03-22T07:40:51","date_gmt":"2006-03-22T07:40:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=759"},"modified":"2006-03-22T07:40:51","modified_gmt":"2006-03-22T07:40:51","slug":"la-crisis-espiritual-del-hombre-moderno-por-seyyed-hossein-nasr-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=759","title":{"rendered":"la crisis espiritual del hombre moderno Por Seyyed Hossein Nasr"},"content":{"rendered":"<p> Cap\u00edtulo I<\/p>\n<p>El problema<\/p>\n<p>\u00daltimamente, se efectuaron numerosos estudios sobre la crisis que la ciencia moderna y sus aplicaciones producen, pero son pocos los que buscaron las profundas causas intelectuales e hist\u00f3ricas responsables de este estado de cosas. Cuando nos invitaron a pronunciar en esta Universidad una serie de conferencias sobre el significado de la guerra y la lucha por la preservaci\u00f3n de la dignidad humana bajo condiciones que amenazan la existencia humana misma, cre\u00edmos que ser\u00eda m\u00e1s apropiado que m\u00e1s bien nos ocup\u00e1ramos de los principios y causas que de las contingencias y efectos, uno de los cuales es el problema de la acci\u00f3n moral en el nivel social y humano, junto con la posible consecuencia b\u00e9lica que la tecnolog\u00eda y la ciencia modernas hicieron total. Por tanto, confiamos en exponer el problema que hoy result\u00f3 del encuentro del hombre y la naturaleza, en buscar luego las causas subyacentes que produjeron esta condici\u00f3n, y en citar los principios cuyo descuido agudiz\u00f3 tanto la crisis moderna.<\/p>\n<p>Hoy, casi todos los que residen en los centros urbanos del mundo occidental, sienten intuitivamente que en la vida les falta algo. Esto se debe directamente a que se cre\u00f3 un medio ambiente artificial del que, en la m\u00e1xima extensi\u00f3n posible, se excluy\u00f3 a la naturaleza. En tales circunstancias, hasta el hombre religioso perdi\u00f3 el significado espiritual de la naturaleza (1). El dominio de \u00e9sta se convirti\u00f3 en una &#8220;cosa&#8221; carente de significado, y al mismo tiempo el vac\u00edo creado por la desaparici\u00f3n de este aspecto vital de la existencia humana contin\u00faa viviendo dentro de las almas de los hombres y manifest\u00e1ndose de muchos modos, a veces violenta y desesperadamente.<br \/>\nAdem\u00e1s, est\u00e1 amenazado hasta este tipo de existencia secular y urbana, a trav\u00e9s del dominio mismo de la naturaleza que lo hizo posible, de modo que la crisis causada a trav\u00e9s del encuentro del hombre y la naturaleza y de la aplicaci\u00f3n de las ciencias modernas a la tecnolog\u00eda se convirti\u00f3 en un asunto de inter\u00e9s com\u00fan (2).<br \/>\nA pesar de todo el clamor oficial acerca del dominio siempre creciente sobre la naturaleza, y del denominado progreso que se supone que es su concomitante econ\u00f3mico, muchos advierten \u00edntimamente que los castillos que construyen est\u00e1n sobre arena y que hay un desequilibrio entre el hombre y la naturaleza, que amenaza la aparente victoria del hombre sobre \u00e9sta.<br \/>\nLos peligros que produce el dominio del hombre sobre la naturaleza se conocen demasiado bien como para que necesiten ser aclarados. La naturaleza perdi\u00f3 sacralidad para el hombre moderno, aunque este proceso s\u00f3lo fue llevado a su conclusi\u00f3n l\u00f3gica en el caso de una peque\u00f1a minor\u00eda (3). Adem\u00e1s, a la naturaleza se la lleg\u00f3 a considerar como algo que hay que usar y gozar al m\u00e1ximo posible. En vez de parecerse a una mujer casada de la que un hombre obtiene beneficio pero hacia la cual tambi\u00e9n es responsable, para el hombre moderno la naturaleza se volvi\u00f3 parecida a una prostituta, de la que hay que sacar beneficio sin sentido alguno de obligaci\u00f3n y responsabilidad hacia ella. La dificultad es que la condici\u00f3n de la naturaleza prostituida se est\u00e1 volviendo tal que hace imposible todo otro goce de ella. Y, de hecho, he ah\u00ed por qu\u00e9 muchos empezaron a preocuparse por su condici\u00f3n.<br \/>\nPrecisamente, es el &#8220;dominio de la naturaleza&#8221; el que caus\u00f3 el problema de superpoblaci\u00f3n, la falta de &#8220;espacio para respirar&#8221;, la coagulaci\u00f3n y la congesti\u00f3n de la vida de ciudad, el agotamiento de recursos naturales de toda \u00edndole, la destrucci\u00f3n de las bellezas naturales, la destrucci\u00f3n del medio ambiente vital por medio de las m\u00e1quinas y sus productos, el aumento anormal de enfermedades mentales, y mil y una dificultades m\u00e1s, algunas de las cuales parecen completamente insuperables (4). Y finalmente, el mismo &#8220;dominio de la naturaleza&#8221;, limitado a la naturaleza externa y unido al hecho de dar libertad completa a la naturaleza animal existente dentro del hombre, es lo que torn\u00f3 tan crucial el problema de la guerra, una guerra que parece inevitable, pero que debido a su naturaleza total y casi &#8220;c\u00f3smica&#8221;, producto de la tecnolog\u00eda moderna, debe ser evitada.<br \/>\nEl sentido de dominio sobre la naturaleza y un concepto materialista acerca de \u00e9sta por parte del hombre moderno se combinan, adem\u00e1s, con una lujuria y un sentido de codicia que plantean una exigencia cada vez mayor sobre el medio ambiente (5). Incitado por el elusivo sue\u00f1o del progreso econ\u00f3mico, considerado como un fin en s\u00ed mismo, se desarrolla un sentido del poder ilimitado del hombre y sus posibilidades, junto con la creencia, particularmente bien evolucionada en Am\u00e9rica, de posibilidades ilimitadas e ilimitables dentro de las cosas, como si el mundo de las formas no fuera finito y no estuviera limitado por los lindes mismos de esas formas (6).<br \/>\nEl hombre no s\u00f3lo quiere dominar a la naturaleza por motivos econ\u00f3micos sino tambi\u00e9n por una &#8220;m\u00edstica&#8221; que es un residuo directo de una relaci\u00f3n espiritual unitemporal respecto a la naturaleza. Los hombres no escalan m\u00e1s monta\u00f1as espirituales, o al menos lo hacen raras veces. No quieren conquistar todas las cimas de las monta\u00f1as (7). Desean despojar a la monta\u00f1a de toda su majestad venci\u00e9ndola, preferentemente siguiendo la l\u00ednea m\u00e1s dif\u00edcil de ascenso. Los hombres no disponen m\u00e1s de la experiencia de volar a los cielos, que en el cristianismo es simbolizada por la experiencia espiritual de la Divina Comedia, y en el islamismo por la ascensi\u00f3n nocturna (al-mi\u0092r\u00e2j) del Profeta Muhammad (la paz sea con \u00e9l); lo que queda es el impulso de volar al espacio y conquistar los cielos. Por todas partes existe el deseo de conquistar a la naturaleza, pero en ese proceso se destruye el valor del conquistador mismo, que es el hombre, y se amenaza su existencia misma.<br \/>\nEn vez de que el hombre decidiera el valor de la ciencia y la tecnolog\u00eda, estas creaciones del hombre se convirtieron en normas del m\u00e9rito y del valor del hombre (8). En la pr\u00e1ctica, la \u00fanica protesta que se oye es la de los conservacionistas y otros amantes de la naturaleza. Su voz, aunque de mucho valor, no se oye del todo porque sus argumentos se consideran a menudo m\u00e1s bien sentimentales que intelectuales. Te\u00f3logos y fil\u00f3sofos muy conocidos guardaron, en su mayor\u00eda, silencio o se sometieron para no ofender la tendencia cient\u00edfica que predominaba en su \u00e9poca. S\u00f3lo en raras ocasiones se elev\u00f3 alguna voz para demostrar que creer en el dominio de la naturaleza es, desde el punto de vista religioso, usurpar el papel del hombre como custodio y guardi\u00e1n de la naturaleza (9).<br \/>\nLas mismas ciencias de la naturaleza, que en un sentido son el fruto, y en otro la causa de la crisis actual del encuentro del hombre con la naturaleza, se secularizaron a trav\u00e9s de un proceso gradual que examinaremos luego. Y este conocimiento secular de la naturaleza, divorciado de la visi\u00f3n de Dios en la naturaleza, lleg\u00f3 a aceptarse como la \u00fanica forma leg\u00edtima de la ciencia (10). Adem\u00e1s, debido a la distancia que separa al cient\u00edfico del lego, se cre\u00f3 una distorsi\u00f3n y una discrepancia mayores entre las teor\u00edas cient\u00edficas y su divulgaci\u00f3n sobre las que demasiado a menudo se basan sus supuestas implicancias teol\u00f3gicas y filos\u00f3ficas (11).<br \/>\nPuede decirse que el problema concierne por completo tanto a las ciencias como a los medios con los que se las entiende, interpreta y aplica. Existen crisis tanto en los dominios de la comprensi\u00f3n como de la aplicaci\u00f3n. El poder de la raz\u00f3n dado al hombre, su ratio, que es como la proyecci\u00f3n o la prolongaci\u00f3n subjetiva del intelecto o del intellectus, divorciado de su principio, lleg\u00f3 a ser como un \u00e1cido que quema su trayecto a trav\u00e9s de la fibra del orden c\u00f3smico y amenaza destruirse en ese proceso. Hay un desequilibrio casi total entre el hombre moderno y la naturaleza, como lo atestiguan casi todas las expresiones de la civilizaci\u00f3n moderna que busca ofrecer un desaf\u00edo a la naturaleza m\u00e1s que cooperar con ella.<br \/>\nEs un hecho admitido por la mayor\u00eda que la armon\u00eda entre el hombre y la naturaleza ha sido destruida. Pero no todos se dan cuenta de que este desequilibrio se debe a la destrucci\u00f3n de la armon\u00eda entre el hombre y Dios (12). Abarca una relaci\u00f3n que concierne a todo el conocimiento. Y, de hecho, las mismas ciencias modernas son el fruto de un conjunto de factores que, lejos de limitarse al dominio de la naturaleza, conciernen a toda la herencia intelectual y religiosa del hombre occidental. Debido a esto, o a menudo como una reacci\u00f3n contra esto, nacieron las ciencias modernas. Es por esa raz\u00f3n que es necesario que empecemos nuestro an\u00e1lisis volvi\u00e9ndonos primero hacia las ciencias naturales y las opiniones que se sostienen con respecto a su significado filos\u00f3fico y teol\u00f3gico, y luego hacia las limitaciones inherentes a ellas que son responsables de la crisis que su aplicaci\u00f3n y la aceptaci\u00f3n de su visi\u00f3n del mundo, causaron en el hombre moderno.<br \/>\nJam\u00e1s deber\u00e1 olvidarse que para el hombre que no es moderno -ya sea antiguo o contempor\u00e1neo- la materia misma del Universo tiene un aspecto sagrado. El cosmos habla al hombre, y todos sus fen\u00f3menos contienen significado. Son s\u00edmbolos de un grado superior de realidad que el dominio c\u00f3smico vela y revela a la vez. La estructura misma del cosmos contiene un mensaje espiritual para el hombre y, en consecuencia, es una revelaci\u00f3n que proviene de la misma fuente que la religi\u00f3n misma (13). Ambas son las manifestaciones del Intelecto Universal, del Logos, y el cosmos mismo es parte integral de ese Universo total de significado en el que el hombre vive y muere (14).<br \/>\nA fin de que las modernas ciencias de la naturaleza nacieran, la sustancia del cosmos tuvo primero que vaciarse de su car\u00e1cter sagrado y volverse profana. La visi\u00f3n del mundo perteneciente a la ciencia moderna, especialmente como se propag\u00f3 a trav\u00e9s de su divulgaci\u00f3n, contribuy\u00f3 a esta secularizaci\u00f3n de la naturaleza y de las sustancias naturales. Los s\u00edmbolos de la naturaleza se convirtieron en hechos, en entidades en s\u00ed mismas que est\u00e1n totalmente divorciadas de los otros \u00f3rdenes de la realidad. As\u00ed, el cosmos, que hab\u00eda sido transparente, se volvi\u00f3 opaco y espiritualmente sin sentido -al menos para los que estaban inmersos en la visi\u00f3n cient\u00edfica de la naturaleza-, aunque los cient\u00edficos individualmente creyeran lo contrario. Las ciencias tradicionales como la alquimia, que puede compararse con la celebraci\u00f3n de una misa c\u00f3smica, se redujeron a una qu\u00edmica en la que las sustancias perdieron todo su car\u00e1cter sacramental. En ese proceso, las ciencias de la naturaleza perdieron su inteligibilidad simb\u00f3lica, un hecho que es casi directamente responsable de la crisis causada por la moderna visi\u00f3n cient\u00edfica del mundo y sus aplicaciones (15).<br \/>\nEl car\u00e1cter cuantitativo de la ciencia moderna debe se\u00f1alarse en particular porque existe como una tendencia general que busca como ideal reducir toda calidad a cantidad y todo lo que es esencial en el sentido metaf\u00edsico a lo material y sustancial (16). El asfixiante medio ambiente material creado por la industrializaci\u00f3n y la mecanizaci\u00f3n, al que lo sienten todos los que viven en los grandes centros urbanos de hoy, es una consecuencia de la naturaleza puramente material y cuantitativa de las ciencias cuyas aplicaciones hicieron posible la industrializaci\u00f3n. Adem\u00e1s, debido a la falta de una visi\u00f3n total del mundo de naturaleza metaf\u00edsica en la que pudieran integrarse las ciencias modernas, se olvida el aspecto simb\u00f3lico de n\u00famero y cantidad. Se hizo aparecer la teor\u00eda pitag\u00f3rica-plat\u00f3nica de los n\u00fameros, a semejanza de tantas otras ciencias tradicionales, como un cuento de comadres.<br \/>\nAdem\u00e1s, las ciencias cuantitativas de la naturaleza que son una ciencia posible y, en circunstancias apropiadas, leg\u00edtima, de hecho vienen a ser las \u00fanicas ciencias v\u00e1lidas y aceptables de la naturaleza. Todo otro conocimiento de los \u00f3rdenes natural y c\u00f3smico es despojado del status de ciencia y relegado al rango de sentimentalismo o superstici\u00f3n. Parece como si la ciencia moderna hubiera condicionado su aceptaci\u00f3n al rechazo del conocimiento acerca de la ra\u00edz de la existencia misma, aunque, nuevamente, muchos cient\u00edficos, como individuos, no compartan este criterio (17). El impacto total de la ciencia moderna sobre la mentalidad de los hombres ha sido para proveerles de un conocimiento de los accidentes de las cosas, siempre que renuncien a un conocimiento de la sustancia que subyace en todas ellas. Y esta limitaci\u00f3n es la que amenaza con las m\u00e1s horrendas circunstancias al hombre como ser integral (18).<br \/>\nLa perspectiva muy restrictiva que se asocia con la ciencia moderna hace que, en el sentido verdadero, sea imposible conocer la cosmolog\u00eda dentro del molde del moderno criterio cient\u00edfico mundial. La cosmolog\u00eda es una ciencia que se ocupa de todos los \u00f3rdenes de la realidad formal, de la cual el orden material es s\u00f3lo un aspecto. Es una ciencia sagrada que est\u00e1 obligada a conectarse con la revelaci\u00f3n y la doctrina metaf\u00edsica en cuyo vientre se vuelve significativa y eficaz. Hoy en d\u00eda no hay cosmolog\u00eda moderna, y usar ese vocablo es realmente usurpar un t\u00e9rmino cuyo significado original ha sido olvidado (19). Una cosmolog\u00eda que se base solamente en el nivel material y corp\u00f3reo de la existencia, por lejos que se extienda en las galaxias, y que adem\u00e1s se base en conjeturas individuales que cambien de un d\u00eda al otro, no es cosmolog\u00eda real. Es una visi\u00f3n generalizada de una f\u00edsica y una qu\u00edmica terrestres, y como lo se\u00f1alaran ciertos te\u00f3logos y fil\u00f3sofos cristianos, est\u00e1 realmente desprovista de todo significado teol\u00f3gico directo, a no ser por accidente (20). Adem\u00e1s, se basa en una f\u00edsica material que tiende a un an\u00e1lisis y una divisi\u00f3n cada vez m\u00e1s grandes de la materia con el ideal de llegar a la materia &#8220;\u00faltima&#8221; en la base del mundo, ideal que, sin embargo, jam\u00e1s podr\u00e1 alcanzarse debido a la ambig\u00fcedad e ininteligibilidad que yace dentro de la naturaleza de la materia y la frontera del caos que separa la materia formal de la &#8220;materia pura&#8221; a la que los fil\u00f3sofos medievales llamaban materia prima (21).<br \/>\nLa desaparici\u00f3n de una cosmolog\u00eda real en Occidente se debe, en general, al descuido de la metaf\u00edsica, y m\u00e1s particularmente a que no se logr\u00f3 recordar las jerarqu\u00edas del ser y del conocimiento. Los m\u00faltiples niveles de la realidad se reducen a un solo dominio psicof\u00edsico, como si de repente se quitara la tercera dimensi\u00f3n de nuestra visi\u00f3n de un paisaje. Como resultado, la cosmolog\u00eda no s\u00f3lo se redujo a las ciencias particulares de las sustancias materiales, sino que, en un sentido m\u00e1s general, predomin\u00f3 vastamente la tendencia de reducir lo superior a lo inferior, y a la inversa, de tratar de hacer que lo mayor nazca de lo menor. Con la destrucci\u00f3n de toda noci\u00f3n de jerarqu\u00eda en la realidad, desapareci\u00f3 la relaci\u00f3n entre los grados del conocimiento y la correspondencia entre varios niveles de realidad sobre los cuales se basaban las ciencias antiguas y medievales, haciendo que estas ciencias aparecieran como superstici\u00f3n (en el sentido etimol\u00f3gico de esta palabra) y como algo cuyo principio o base fue destruido u olvidado.<br \/>\nDe modo semejante, la metaf\u00edsica se redujo a filosof\u00eda racionalista, y esta filosof\u00eda se convirti\u00f3 gradualmente en subordinada de las ciencias naturales y matem\u00e1ticas, hasta que algunas escuelas modernas consideran que el \u00fanico papel de la filosof\u00eda es dilucidar los m\u00e9todos y aclarar las coherencias l\u00f3gicas de las ciencias. La funci\u00f3n cr\u00edtica independiente que la raz\u00f3n debe ejercer respecto a la ciencia, que es su propia creaci\u00f3n, desapareci\u00f3 de modo que este hijo de la mente humana se convirti\u00f3 en juez de los valores humanos y en criterio de la verdad. En este proceso de reducci\u00f3n en el que el papel independiente y cr\u00edtico de la filosof\u00eda se someti\u00f3 a los edictos de la ciencia moderna, se olvida a menudo que la revoluci\u00f3n cient\u00edfica del siglo XVII se basa en una posici\u00f3n filos\u00f3fica particular. No es la ciencia de la naturaleza sino una ciencia que formula ciertas suposiciones sobre la naturaleza de la realidad, el tiempo, el espacio, la materia, etc. (22). Pero una vez que se formularon estos supuestos y que naci\u00f3 una ciencia que se basaba en ellos, se los olvid\u00f3 c\u00f3modamente y los resultados de esta ciencia hicieron que fuera el factor determinante respecto a la naturaleza verdadera de la realidad (23). Por eso es necesario que volvamos, aunque sea brevemente, a la opini\u00f3n de modernos cient\u00edficos y fil\u00f3sofos de la ciencia sobre qu\u00e9 significa la ciencia moderna, especialmente la f\u00edsica, en la determinaci\u00f3n del sentido de la naturaleza total de las cosas. Nos guste o no, tales opiniones son precisamente las que determinan gran parte del concepto moderno de la naturaleza, aceptado por el p\u00fablico en general, y por ello son elementos importantes en el problema general del encuentro del hombre y la naturaleza.<br \/>\nSin entrar en pormenores sobre las diferentes escuelas de la filosof\u00eda de la ciencia -tarea para la que hay otros mucho mejor preparados que nosotros, y que de hecho fuera llevada a cabo con plenitud en varias obras recientes (24)- es necesario describir algunas tendencias que pertenecen m\u00e1s directamente al t\u00f3pico que discutimos. De \u00e9stas, tal vez la m\u00e1s influyente, ciertamente en los pa\u00edses de habla inglesa, ha sido el positivismo l\u00f3gico nacido del c\u00edrculo vien\u00e9s de R. Carnap, P. Frank, H. Reichenbach y otros (25). En procura de eliminar el \u00faltimo espectro de significado metaf\u00edsico de la ciencia moderna, los adherentes de esta escuela creen que a la ciencia no le corresponde descubrir la naturaleza de las cosas o alg\u00fan aspecto de lo real, sino establecer conexiones entre signos matem\u00e1ticos y f\u00edsicos (a los que ellos llaman s\u00edmbolos) que pueden elaborarse por medio de los sentidos externos y los instrumentos cient\u00edficos, concernientes a la experiencia que se nos presenta como el mundo externo.<br \/>\nAunque esta escuela fue instrumental al codificar y aclarar algunas definiciones y algunos procedimientos l\u00f3gicos de la ciencia moderna, en particular la f\u00edsica, tambi\u00e9n despoj\u00f3 a la ciencia del elemento m\u00e1s importante que le legara la Edad Media, a saber, la b\u00fasqueda de lo real. Opuestos a los astr\u00f3nomos y matem\u00e1ticos griegos, para quienes el papel de las ciencias matem\u00e1ticas era concebir modelos conceptuales que &#8220;evitaran los fen\u00f3menos&#8221;, los cient\u00edficos musulmanes, seguidos luego por los latinos, cre\u00edan que, hasta en el dominio de la matem\u00e1tica, la funci\u00f3n de la ciencia era descubrir un aspecto de lo real. Aplicaban el realismo de la biolog\u00eda y la f\u00edsica aristot\u00e9licas al dominio de la exact\u00edsima ciencia matem\u00e1tica de la \u00e9poca, a saber, la astronom\u00eda, y convert\u00edan el sistema epic\u00edclico ptolomeico de configuraciones matem\u00e1ticas en esferas cristalinas que formaban parte de la textura real del Universo.<br \/>\nEn una obra posterior de Ptolomeo, por supuesto, se hace alusi\u00f3n a la naturaleza cristalina de los cielos. Empero, fueron los matem\u00e1ticos musulmanes, seguidos por los cient\u00edficos latinos, los que universalizaron esta indicaci\u00f3n y la convirtieron en un principio de todas las ciencias para buscar el conocimiento del dominio de la realidad por el que se interesaban. Esta actitud era tan central que, a pesar de la rebeli\u00f3n de la ciencia del siglo XVII, especialmente contra el aristotelismo, la creencia de que la ciencia procura descubrir la naturaleza de la realidad f\u00edsica sobrevivi\u00f3 desde Galileo y Newton hasta los tiempos modernos. Tambi\u00e9n debe a\u00f1adirse que los positivistas, quienes afirman que est\u00e1n volviendo al punto de vista de los matem\u00e1ticos y astr\u00f3nomos griegos contra el realismo de los peripat\u00e9ticos, olvidan el hecho de que los matem\u00e1ticos griegos tambi\u00e9n estaban en busca de un conocimiento de lo real. Sin embargo, para ellos la realidad no estaba en los fen\u00f3menos sino en las relaciones matem\u00e1ticas que pose\u00edan un status ontol\u00f3gico gracias a la filosof\u00eda pitag\u00f3rica, que impregnaba su pensamiento.<br \/>\nLa interpretaci\u00f3n positivista de la ciencia es en realidad un fin para desontologizarla por completo -no mudando el status ontol\u00f3gico del dominio f\u00edsico al mundo pitag\u00f3rico-plat\u00f3nico de los arquetipos conectado con la matem\u00e1tica, sino negando plenamente su significado ontol\u00f3gico. Es con justicia que un cr\u00edtico de la escuela positivista, como J. Maritain, la acusa de confundir un an\u00e1lisis empiriol\u00f3gico de las cosas con su an\u00e1lisis ontol\u00f3gico, y a\u00f1ade que la f\u00edsica moderna &#8220;desontologiza las cosas&#8221; (26). De modo parecido, ciertos fil\u00f3sofos de la ciencia, entre quienes descuella E. Meyerson, insistieron en el aspecto ontol\u00f3gico que todas las ciencias deben poseer por fuerza (27).<br \/>\nMuy af\u00edn a la actitud positivista es la de los operacionalistas conectados principalmente con el nombre de P. Bridgman en el dominio de la f\u00edsica. Tomando como base un desd\u00e9n hacia una visi\u00f3n unificada del mundo y una metodolog\u00eda monol\u00edtica para la ciencia, ata todo el significado de la ciencia a las operaciones que puedan definir sus conceptos. La operaci\u00f3n misma, m\u00e1s que lo real, es la matriz \u00faltima del conocimiento cient\u00edfico. En la filosof\u00eda operacional hay un dejo del mundo pluralista de William James, a saber, un desd\u00e9n hacia un fondo filos\u00f3fico y metodol\u00f3gico total por parte de la ciencia, caracter\u00edstico de la mentalidad anglosajona en general, en comparaci\u00f3n con la del Continente. Esto hace acordar del famoso dicho: &#8220;la ciencia es lo que los cient\u00edficos hacen&#8221;. Hay diferentes dominios de la indagaci\u00f3n que carecen de una teor\u00eda unificada y universal (28); &#8220;un multiverso m\u00e1s bien que un Universo&#8221;, para citar la frase de R. Oppenheimer.<br \/>\nOtra escuela, que tambi\u00e9n tiene relaci\u00f3n con el punto de vista positivista en su negaci\u00f3n de una conexi\u00f3n entre los conceptos de la ciencia y lo real, a veces se llama no-realista l\u00f3gica. Entre sus miembros, los m\u00e1s destacados son H. Poincar\u00e9 y P. Duhem, ambos c\u00e9lebres matem\u00e1ticos y f\u00edsicos. Duhem es tambi\u00e9n eminente historiador de la ciencia (29), y tambi\u00e9n lo es en un sentido E. Maeh, f\u00edsico y fil\u00f3sofo e historiador de la ciencia. No es aqu\u00ed a prop\u00f3sito la cuesti\u00f3n de si otras formas de conocimiento pueden llegar al nivel de la realidad, pues los diferentes miembros de esta escuela han sostenido distintos criterios sobre la cuesti\u00f3n. La base en la que est\u00e1n de acuerdo es que los aspectos derivados de la intelecci\u00f3n, y que constituyen las leyes y el contenido indiscutible de la ciencia moderna, son aspectos no descubiertos de la realidad con un aspecto ontol\u00f3gico. M\u00e1s bien son irreductibles conceptos mentales y convenciones subjetivas de naturaleza ling\u00fc\u00edstica establecidos por los cient\u00edficos para que, a su vez, puedan establecer comunicaci\u00f3n rec\u00edproca. En consecuencia, la ciencia se concibe como un conocimiento de nociones subjetivas m\u00e1s bien que como existencia de una realidad objetiva (30).<\/p>\n<p>Hay otros, como E. Cassirer, a quien H. Morgenau sigue, que aceptan los conceptos irreductibles de la ciencia, y los emplean, pero s\u00f3lo como conceptos reguladores. Para ellos, estos conceptos se aceptan &#8220;como si&#8221; existieran, pero en realidad s\u00f3lo poseen un estado regulador (31). Este grupo, que se llam\u00f3 neokantiano, precisamente debido a que aceptaba el status als ob -status como si- de los conceptos (punto de vista que, despu\u00e9s de Kant, iba a ser sistematizado por Vaihinger), debe, por tanto, considerarse tambi\u00e9n como no-realista y contrario a conceder a la ciencia la facultad para entender la naturaleza de las cosas.<br \/>\nEst\u00e1, adem\u00e1s, el grupo de los realistas l\u00f3gicos opuestos a los dos anteriores para quienes los conceptos derivados a trav\u00e9s del intelecto tienen un status l\u00f3gicamente realista; se refieren a un objeto ontol\u00f3gico del conocimiento. Entre este grupo puede mencionarse a A. Gr\u00fcnebaum y F. S. C. Northrop, quienes subrayan la correspondencia entre los conceptos de la f\u00edsica matem\u00e1tica y lo real (32). Northrop procura especialmente demostrar que tanto el mundo newtoniano-kantiano de la f\u00edsica matem\u00e1tica como la visi\u00f3n cualitativa de la naturaleza que subrayara Goethe, a la que \u00e9l llama hist\u00f3rica natural, y cuyo conocimiento es inmediato y est\u00e9tico m\u00e1s bien que abstracto y matem\u00e1tico, son, en \u00faltima instancia, reales (33). El mundo es orden o cosmos m\u00e1s bien que caos, un mundo que est\u00e1 vivo como un organismo y que, al mismo tiempo, es gobernado por una ley (34). Pero una vez m\u00e1s se subraya en esta escuela que el conocimiento derivado de las ciencias es el camino que nos conduce hacia un conocimiento \u00faltimo de las cosas. No existe jerarqu\u00eda del conocimiento; s\u00f3lo hay un conocimiento del dominio corp\u00f3reo que determina al conocimiento como tal.<br \/>\nEntre los cient\u00edficos -particularmente los f\u00edsicos- muchos comprendieron que, limitada por relaciones cuantitativas, la ciencia jam\u00e1s podr\u00e1 obtener un conocimiento de la naturaleza \u00faltima y la ra\u00edz de las cosas, sino que est\u00e1 obligada a moverse siempre dentro del mundo cerrado y subjetivo de las &#8220;lecturas de datos&#8221; y los conceptos matem\u00e1ticos. Esta opini\u00f3n, popularizada en especial por A. Eddington (35) y, en otra vena, por J. Jeans, la usaron en gran medida los no-cient\u00edficos para demostrar las limitaciones de la ciencia o el car\u00e1cter &#8220;ideal&#8221; del mundo. Sin embargo, tampoco sirvi\u00f3 al prop\u00f3sito de definir el dominio del conocimiento cient\u00edfico dentro de una jerarqu\u00eda universal del conocimiento. No obstante, es ciertamente significativa la tesis de Eddington en el sentido de que la ciencia es selectiva debido a su m\u00e9todo y est\u00e1 ligada a un &#8220;conocimiento seleccionado subjetivamente&#8221;; empero, s\u00f3lo se ocupa de un aspecto de la realidad y no de la totalidad de \u00e9sta, en la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n entre ciencia, filosof\u00eda y religi\u00f3n. \u00c9ste es un punto de vista que tambi\u00e9n expusiera, aunque de modo muy distinto, A. N. Whitehead. Su m\u00e9todo filos\u00f3fico de la naturaleza procur\u00f3 tambi\u00e9n poner en evidencia la riqueza de una realidad de la que la ciencia s\u00f3lo se ocupa en parte (36).<br \/>\nOtros cient\u00edficos insistieron en que en vez de ser una metodol\u00f3gica b\u00fasqueda del conocimiento, la ciencia est\u00e1 tan inextricablemente atada a la pr\u00e1ctica y a la historia de la ciencia que sus premisas no pueden formularse independientemente (37). Es una actividad total, y no es atinado hablar de una filosof\u00eda y un m\u00e9todo claros y expl\u00edcitos de la ciencia. De modo parecido, algunos cient\u00edficos insisten en que la f\u00edsica y las otras ciencias no pueden comprobar ni refutar ninguna tesis filos\u00f3fica en particular, ya sea materialista o idealista, y que no deben buscarse implicancias filos\u00f3ficas de teor\u00edas y opiniones cient\u00edficas (38). Huelga decir que esta perspectiva no es aceptada totalmente, en especial por los divulgadores no-cient\u00edficos de la ciencia que a menudo ven implicancias m\u00e1s generales en las teor\u00edas cient\u00edficas que los mismos cient\u00edficos.<br \/>\nEn contraste con este grupo, hay ciertos cient\u00edficos que han visto las m\u00e1s profundas implicancias en las teor\u00edas de la ciencia moderna, ya sea la relatividad o la mec\u00e1nica cu\u00e1ntica, las teor\u00edas corpusculares de la luz o el principio de la indeterminaci\u00f3n (39). S\u00f3lo que, con demasiada frecuencia, el significado de un descubrimiento cient\u00edfico se eleva muy por encima de los confines del dominio de la f\u00edsica misma, como si fueran inexistentes las autoimpuestas restricciones de la ciencia moderna, que por su elecci\u00f3n se limita al aspecto cuantitativo de las cosas. Se hace que la teor\u00eda de la relatividad implique que no hay nada absoluto, como si toda la realidad fuera solamente movimiento f\u00edsico. Se hace que el principio de la indeterminaci\u00f3n signifique la libertad de la voluntad humana o la falta de un nexo de causalidad entre las cosas. La hip\u00f3tesis de la evoluci\u00f3n (que es una criatura de la filosof\u00eda del siglo XIX) se convierte en un dogma de la biolog\u00eda que se presenta al mundo como una verdad axiom\u00e1tica y, adem\u00e1s, una moda mental que ocupa todos los dominios de modo que no se estudia nada m\u00e1s en s\u00ed mismo sino s\u00f3lo su evoluci\u00f3n o su historia.<br \/>\nEn esta cuesti\u00f3n, los no-cient\u00edficos fueron mucho m\u00e1s all\u00e1, de hecho, que los mismos cient\u00edficos, especialmente en biolog\u00eda y en la cuesti\u00f3n de la evoluci\u00f3n. A veces, las pruebas m\u00e1s superficiales que se presentan en favor de una particular verdad religiosa o filos\u00f3fica lo son como si la \u00fanica prueba aceptable fueran teor\u00edas cient\u00edficas recientemente descubiertas. Cu\u00e1n a menudo se ha o\u00eddo en las aulas y desde los p\u00falpitos que la f\u00edsica, a trav\u00e9s del principio de la indeterminaci\u00f3n, &#8220;admite&#8221; que el hombre sea libre, como si lo menor pudiera determinar lo mayor, o como si la libertad humana pudiera ser determinada externamente por una ciencia que est\u00e1 contenida en la consciencia humana misma.<br \/>\nDebe a\u00f1adirse que muchos f\u00edsicos se interesan seriamente por problemas filos\u00f3ficos y religiosos, con frecuencia m\u00e1s que los que se ocupan de las ciencias sociales y psicol\u00f3gicas. Adem\u00e1s, algunos f\u00edsicos, al tratar de hallar soluciones a los dilemas que la f\u00edsica moderna les plantea, se volvieron hacia las doctrinas orientales -habitualmente, con inter\u00e9s genuino, pero raras veces con la actitud intelectual necesaria para captar su pleno sentido. Entre los que m\u00e1s seriamente se interesan por este campo se puede mencionar a R. Oppenheimer y E. Schr\u00f6dinger. Este \u00faltimo, que escribi\u00f3 mucho sobre la filosof\u00eda de la f\u00edsica moderna, en su particular inter\u00e9s por el problema de la multiplicidad de consciencias que comparten el mundo, se volvi\u00f3 hacia las doctrinas hind\u00faes en procura de una soluci\u00f3n. Para explicar esta multiplicidad, cree que debe ser cierto uno de dos milagros: o la existencia de un mundo externo real, o la admisi\u00f3n de que todas las cosas y todas las consciencias son aspectos de una sola realidad, el Uno (40). El mundo es maya que no me concierne, la consciencia que dice &#8220;yo&#8221;. Sobre este punto, la metaf\u00edsica oriental a\u00f1adir\u00eda que no es cuesti\u00f3n de escoger entre los dos milagros. Ambos son ciertos, pero cada uno en su propio nivel. El milagro de la existencia misma es el m\u00e1s grande de todos los milagros para quienes residen en el dominio de las cosas existentes, mientras que desde el punto de vista del Uno, del Absoluto, no hay &#8220;alteridad&#8221; o &#8220;separaci\u00f3n&#8221;. Todas las cosas son una, no material y sustancialmente, sino interior y esencialmente. Adem\u00e1s, es cuesti\u00f3n de comprender los niveles de realidad y la jerarqu\u00eda de los diferentes dominios del ser.<br \/>\nLos cient\u00edficos tampoco fueron totalmente negligentes respecto de los problemas teol\u00f3gicos y religiosos causados por la divulgaci\u00f3n de la opini\u00f3n cient\u00edfica y por un descuido de sus limitaciones inherentes. Unos pocos, como C. F. von Weiz\u00e4cker, hasta se interesan por el escepticismo causado por la ciencia moderna y trataron de ocuparse de modo significativo de los encuentros de la teolog\u00eda y la ciencia moderna (41). En este dominio, estos escritos son a veces m\u00e1s serios y pertinentes que algunas obras de te\u00f3logos profesionales. Este \u00faltimo grupo descuid\u00f3 singularmente la cuesti\u00f3n de la naturaleza, y cuando la consider\u00f3, fue conducido, a menudo, a problemas irrelevantes o secundarios. Adem\u00e1s, los autores religiosos exhibieron con frecuencia un sentido de inferioridad y de temor ante la ciencia moderna, que llev\u00f3 a una sumisi\u00f3n a\u00fan mayor y a una adopci\u00f3n de opiniones cient\u00edficas con el fin de aplacar al oponente (42). Sin embargo, unos pocos cient\u00edficos enfocaron el problema sin estas limitaciones, y en consecuencia pudieron efectuar comentarios pertinentes (43).<br \/>\nPara resumir el examen de la opini\u00f3n corriente sobre la filosof\u00eda de la ciencia, puede decirse que para la mayor\u00eda la filosof\u00eda, y de hecho el uso general de la inteligencia misma, se sometieron a la ciencia. En vez de seguir siendo juez y cr\u00edtico de los m\u00e9todos y descubrimientos cient\u00edficos, la filosof\u00eda se convirti\u00f3 en un reflejo de la ciencia. Existen, por supuesto, las escuelas filos\u00f3ficas continentales del existencialismo y la fenomenolog\u00eda, que, sin embargo, han tenido poco efecto sobre el movimiento cient\u00edfico (44). La interpretaci\u00f3n fenomenol\u00f3gica de la ciencia tuvo hasta ahora poca influencia. Esencialmente, el existencialismo cercena las relaciones del hombre con la naturaleza, y las cuestiones cient\u00edficas le interesan poco. En medio de esta escena, est\u00e1n los que procuran demostrar las limitaciones de la ciencia y otros que exploran con inter\u00e9s genuino los problemas del encuentro entre la ciencia, la filosof\u00eda y la religi\u00f3n. Pero a lo largo de todo esta compleja escena, el \u00fanico factor que est\u00e1 casi por doquier presente es la falta de un conocimiento metaf\u00edsico, de una scientia sacra que es la \u00fanica que podr\u00e1 determinar los grados de la realidad y de la ciencia. S\u00f3lo este conocimiento podr\u00e1 revelar el significado, simb\u00f3lico y espiritual, de las teor\u00edas cient\u00edficas y los descubrimientos cada vez m\u00e1s complejos que, en ausencia de este conocimiento, aparecen corno puros hechos opacos y aislados de las verdades de un orden superior (45).<br \/>\nEn la medida en que nos interesamos por el aspecto espiritual de la crisis del encuentro entre el hombre y la naturaleza, es tambi\u00e9n importante discutir brevemente las opiniones de los te\u00f3logos y pensadores cristianos sobre este t\u00f3pico, adem\u00e1s de las de los fil\u00f3sofos de la ciencia antes se\u00f1alados. Para empezar, debe decirse que entre los te\u00f3logos cristianos hubo un singular descuido en este dominio, particularmente entre los protestantes. La mayor\u00eda de las tendencias teol\u00f3gicas principales se ocup\u00f3 del hombre y la historia, y m\u00e1s bien se concentr\u00f3 sobre la cuesti\u00f3n de la redenci\u00f3n del hombre como un individuo aislado que sobre la redenci\u00f3n de todas las cosas. La teolog\u00eda de P. Tillich se concentra sobre el problema del inter\u00e9s \u00faltimo por el fundamento del ser que abarca lo sagrado y lo profano, y m\u00e1s bien se vuelve hacia el papel existencial del hombre en la historia y su posici\u00f3n como un ser aislado ante Dios que como una parte de la creaci\u00f3n y dentro del cosmos mismo considerado como una hierofan\u00eda. M\u00e1s apartados a\u00fan de esta cuesti\u00f3n est\u00e1n te\u00f3logos como K. Barth y E. Brunner, quienes extendieron un muro de hierro alrededor del mundo de la naturaleza (46). Creen que la naturaleza nada le puede ense\u00f1ar al hombre acerca de Dios y que, en consecuencia, no es de inter\u00e9s teol\u00f3gico ni espiritual (47). En cuanto a los desmitologizadores como R. Bultmann, m\u00e1s bien que penetrar en el significado interior del mito como s\u00edmbolo de una realidad trascendente que concierne a la relaci\u00f3n entre el hombre y Dios en la historia lo mismo que en el cosmos, ellos tambi\u00e9n descuidan el significado real de la naturaleza, y la reducen al estado de un antecedente artificial sin sentido para la vida del hombre moderno.<br \/>\nNo obstante, hay unos pocos que comprendieron la importancia de la naturaleza como fondo de la vida religiosa, y de una ciencia religiosa de la naturaleza como elemento necesario en la vida integral de un cristiano (48). Ellos entendieron la necesidad de creer que la creaci\u00f3n pone de manifiesto la marca del Creador a fin de poder tener una fe firme en la religi\u00f3n misma (49).<br \/>\nHa pasado el tiempo en que se cre\u00eda que la ciencia, en su siempre continua marcha hacia adelante, derriba los muros de la teolog\u00eda, cuyos principios inmutables, desde el punto de vista de un dinamismo sentimental, aparecen como dogma r\u00edgido y petrificado, al menos en muchos c\u00edrculos acad\u00e9micos principales (50). Hay cient\u00edficos que comprenden y respetan la importancia de la disciplina teol\u00f3gica, mientras ciertos te\u00f3logos cristianos aseveraron que el criterio cient\u00edfico moderno, debido a su ruptura con el cerrado concepto mecanicista de la f\u00edsica cl\u00e1sica, es m\u00e1s compatible con el punto de vista cristiano (51). Este argumento de hecho avanz\u00f3 en tantos sectores que la gente empez\u00f3 a olvidar que el criterio mundial secular de la ciencia moderna, una vez sacado de manos del cient\u00edfico profesional y presentado al p\u00fablico, pone un gran obst\u00e1culo ante la comprensi\u00f3n religiosa de las cosas.<br \/>\nAunque en un sentido la destrucci\u00f3n misma de un concepto monol\u00edtico y mecanicista del mundo dio cierto &#8220;espacio para respirar&#8221; a los otros criterios, la popularizaci\u00f3n de las teor\u00edas cient\u00edficas y de la tecnolog\u00eda priv\u00f3 hoy a los hombres a\u00fan m\u00e1s de un contacto directo con la naturaleza y de un concepto religioso del mundo. &#8220;Padre nuestro que est\u00e1s en los cielos&#8221; se vuelve incomprensible para una persona despojada de la autoridad patriarcal de padre por la sociedad industrializada y para quien el cielo perdi\u00f3 su significado religioso y ces\u00f3 de ser alg\u00fan &#8220;donde&#8221;, gracias a los vuelos de los astronautas. Es s\u00f3lo con respecto a la relaci\u00f3n te\u00f3rica entre ciencia y religi\u00f3n que se puede decir en un sentido que la opini\u00f3n cient\u00edfica moderna es menos incompatible con el cristianismo que las opiniones cient\u00edficas de los siglos XVIII y XIX.<br \/>\nSin olvidar el car\u00e1cter pasajero de las teor\u00edas cient\u00edficas, ciertos escritores cristianos previnieron contra la armon\u00eda complaciente y f\u00e1cil en demas\u00eda en la que se efect\u00faan comparaciones superficiales entre los dos dominios. Con demasiada frecuencia, los principios y dogmas de la religi\u00f3n, que son trascendentes e inmutables, se presentan como si estuvieran de conformidad con los \u00faltimos hallazgos de la ciencia, siguiendo nuevamente la famosa tendencia de reducir lo mayor a lo menor (52). Adem\u00e1s, para el tiempo en que este proceso de conformar la teolog\u00eda a las teor\u00edas cient\u00edficas corrientes se lleva a cabo y la religi\u00f3n se hace &#8220;razonable&#8221; apareciendo como &#8220;cient\u00edfica&#8221;, las teor\u00edas cient\u00edficas mismas pasaron de moda. En este dominio puede al menos decirse que entre un grupo peque\u00f1o pero significativo hay una reacci\u00f3n contra la actitud simplista prevaleciente en ciertos sectores del siglo XIX, aunque en el nivel masivo hay mucho m\u00e1s retraimiento de la religi\u00f3n ante lo que aparece como cient\u00edfico que en cualquier \u00e9poca anterior.<br \/>\nEmpero, otros escritores subrayaron la estrecha relaci\u00f3n entre el cristianismo y la ciencia se\u00f1alando que muchos supuestos fundamentales de la ciencia, como la creencia en el orden del mundo, la inteligibilidad del mundo natural y la confiabilidad de la raz\u00f3n humana dependen del criterio religioso, y m\u00e1s particularmente cristiano, de un mundo creado por Dios en el que encarn\u00f3 el Verbo (53). Algunos relacionaron el problema de la unidad y la multiplicidad de la naturaleza con la Trinidad del cristianismo (54), mientras otros insistieron en que, en un sentido positivo, s\u00f3lo el cristianismo hizo posible la ciencia (55). Pero en todos esos casos uno se extra\u00f1a de la validez total de esta aseveraci\u00f3n si se toma en consideraci\u00f3n la existencia de ciencias de la naturaleza en otras civilizaciones (particularmente, en el Islam). Estas ciencias insisten en la unidad m\u00e1s que en la trinidad. Adem\u00e1s, debemos considerar el estrago que la ciencia moderna y sus aplicaciones causaron dentro del mundo del cristianismo.<br \/>\nM\u00e1s espec\u00edficamente, d\u00edcese que la relaci\u00f3n entre sujeto y objeto como lo sostiene la ciencia moderna deriva de la relaci\u00f3n entre el esp\u00edritu y la carne en el cristianismo (56). El orden del Universo se identifica con la Mente Divina (57), y se dice que el cient\u00edfico est\u00e1 descubriendo, en sus b\u00fasquedas cient\u00edficas, la mente de Dios (58). Al m\u00e9todo cient\u00edfico se lo llam\u00f3 m\u00e9todo cristiano de descubrir la mente de Dios (59).<br \/>\nDe m\u00e1s inter\u00e9s central en nuestro problema es el intento de unos pocos te\u00f3logos, que se mueven contra la marea de las modernas tendencias generales de la teolog\u00eda, para traer a la vida una vez m\u00e1s el car\u00e1cter sacramental de toda la creaci\u00f3n y devolver a las cosas la naturaleza sagrada de la que las despojaran las recientes modalidades de pensamiento. Este grupo reafirm\u00f3 la importancia del mundo creado como un sacramento que revela una dimensi\u00f3n de la vida religiosa (60), y ya se\u00f1al\u00f3 la olvidada verdad de que, desde el punto de vista cristiano, la encarnaci\u00f3n implica la naturaleza sacramental de las cosas materiales, sin destruir de modo alguno el nexo causal entre las cosas (61). Se reafirm\u00f3 que la \u00fanica relaci\u00f3n entre lo espiritual y lo material que, en un sentido profundo, puede llamarse cristiana (62) es aquella en la que el aspecto externo y material de las cosas act\u00faa como un veh\u00edculo de la gracia interior y espiritual que mora en todas las cosas, en virtud de ser creadas por Dios (63). A fin de que Dios sea Creador y tambi\u00e9n eternamente \u00c9l Mismo, Su Creaci\u00f3n debe ser sacramental tanto para Sus criaturas como para \u00c9l Mismo (64).<br \/>\nEl aspecto revelado de todo el Universo fue sacado a luz en los escritos de este peque\u00f1o grupo de te\u00f3logos que consagraron alguna atenci\u00f3n a la cuesti\u00f3n de la relaci\u00f3n del hombre con la naturaleza. Si de alg\u00fan modo la creaci\u00f3n no se revelara, no habr\u00eda revelaci\u00f3n posible (65). De modo parecido, toda la creaci\u00f3n debe participar, de alg\u00fan modo, en el acto de la redenci\u00f3n como toda la creaci\u00f3n es afectada por la corrupci\u00f3n y el pecado del hombre, como lo afirmara san Pablo en la Ep\u00edstola a los Romanos (cap\u00edtulo VIII). La salvaci\u00f3n total del hombre es posible cuando se redimen no s\u00f3lo el hombre mismo sino todas las criaturas (66).<br \/>\nSin embargo, en raras ocasiones entendieron y aceptaron este punto de vista antes propuesto, que podr\u00eda tener el significado m\u00e1s profundo en la relaci\u00f3n del hombre moderno con la naturaleza. Hasta quienes m\u00e1s se consagraron a una teolog\u00eda sacramental fracasaron en su mayor\u00eda en aplicarla al mundo de la naturaleza. Como resultado, quienes a\u00fan sienten y entienden el significado de lo sagrado, al menos en los ritos religiosos, no logran extenderlo al reino de la naturaleza. El criterio sacramental o simb\u00f3lico de la naturaleza -si entendemos al s\u00edmbolo en su sentido verdadero- no fue propagado en general por las modernas escuelas de teolog\u00eda cristiana. De hecho, subsiste lo contrario. En la medida en que lo que prevalecientemente se subray\u00f3 fue la redenci\u00f3n del individuo y la desatenci\u00f3n de la &#8220;redenci\u00f3n de la creaci\u00f3n&#8221;, la mayor parte del pensamiento religioso moderno ayud\u00f3 a secularizar la naturaleza y retrocedi\u00f3 someti\u00e9ndose a los dictados de la ciencia en el dominio natural.<br \/>\nAl discutir las opiniones de autores cristianos sobre las ciencias de la naturaleza, no se puede dejar de mencionar a la escuela neotomista que puso en tela de juicio las pretensiones de totalidad y exclusividad de los m\u00e9todos cient\u00edficos y les aplic\u00f3 rigurosos m\u00e9todos l\u00f3gicos (67). El principal principio de la posici\u00f3n neotomista fue demostrar que la ciencia est\u00e1 limitada por sus m\u00e9todos y no pueden aplicarse a una soluci\u00f3n de problemas metaf\u00edsicos. No es permisible usar los mismos m\u00e9todos y proceder de la misma manera en los dominios de la ciencia y la metaf\u00edsica. Pues, para citar a santo Tom\u00e1s, &#8220;Es un pecado contra la inteligencia querer proceder de manera id\u00e9ntica en los dominios t\u00edpicamente diferentes -f\u00edsico, matem\u00e1tico y metaf\u00edsico- del conocimiento especulativo&#8221; (68).<br \/>\nEl conocimiento de todo el Universo no est\u00e1 dentro de la competencia de la ciencia (69) sino de la metaf\u00edsica. Adem\u00e1s, los principios de la metaf\u00edsica permanecen independientes de las ciencias y de ning\u00fan modo pueden ser refutados por ellas (70). Se debe comprender las diferentes formas de conocimiento y poner cada una dentro de sus propios l\u00edmites. De hecho, el resultado m\u00e1s importante del criterio neotomista no fue tanto proveer una nueva interpretaci\u00f3n espiritual de la naturaleza y devolverle su car\u00e1cter sagrado y simb\u00f3lico cuanto proveer a la ciencia una filosof\u00eda de la naturaleza y demostrar, a trav\u00e9s de argumentos filos\u00f3ficos, las limitaciones existentes dentro del enfoque cient\u00edfico. Fue salvaguardar la independencia de la teolog\u00eda y la metaf\u00edsica respecto de las ciencias experimentales (71). Sean cuales fueren sus defectos por ser demasiado racionalista y no lo suficientemente simb\u00f3lica y metaf\u00edsica en el verdadero sentido, esta escuela al menos afirm\u00f3 y asever\u00f3 una verdad simple que hoy en d\u00eda se olvida cada vez m\u00e1s, a saber, que la facultad cr\u00edtica de la inteligencia y de la raz\u00f3n no puede someterse a los hallazgos de una ciencia espiritual que la raz\u00f3n misma hizo posibles.<br \/>\nSi se echa una mirada sobre todo el campo de la relaci\u00f3n entre la ciencia, la filosof\u00eda y la teolog\u00eda, como lo hemos hecho de modo escaso y resumido, de inmediato se toma conocimiento de la falta de una base com\u00fan entre estos tres dominios. Se ha olvidado a la doctrina metaf\u00edsica, o a la gnosis que es la \u00fanica que puede ser el terreno donde se re\u00fanan ciencia y religi\u00f3n, y como resultado se desmoron\u00f3 la jerarqu\u00eda del conocimiento en una masa confusa en la que los segmentos no se unen m\u00e1s org\u00e1nicamente. Mientras la filosof\u00eda recapitul\u00f3 y se rindi\u00f3 a la ciencia o reaccion\u00f3 totalmente contra ella, la teolog\u00eda rehus\u00f3 considerar el dominio de la naturaleza y sus ciencias o, a su vez, adopt\u00f3 paso a paso los hallazgos y m\u00e9todos de las ciencias con el fin de crear una s\u00edntesis. Con frecuencia, esto fue tan superficial como pasajero. Adem\u00e1s, un equ\u00edvoco entre las ciencias modernas de la naturaleza y un conocimiento del orden natural que es de significado teol\u00f3gico y espiritual condujo a interminables controversias y errores (72).<br \/>\nPor esta mismo raz\u00f3n, y tambi\u00e9n a pesar de toda la actividad en las ciencias naturales, hoy no hay filosof\u00eda de la naturaleza. Mientras la ciencia medieval de la f\u00edsica, que era verdaderamente una filosof\u00eda natural, lleg\u00f3 a ser una ciencia entre otras ciencias naturales, nada ocup\u00f3 su lugar como el fundamento de todas las ciencias particulares de la naturaleza. Aunque la necesidad de una filosof\u00eda de la naturaleza la sienten hasta algunos f\u00edsicos (y muchos vuelven a la historia de la ciencia precisamente a fin de recibir inspiraci\u00f3n en procura de m\u00e9todos y filosof\u00edas que pudieran ser de ayuda en la ciencia moderna), a\u00fan no existe una filosof\u00eda generalmente aceptada de la naturaleza, a pesar de las filosof\u00edas que propusieran varios pensadores modernos como Whitehead y Maritain (73).<br \/>\nPuede decirse hasta con mayor pesar que tampoco hay teolog\u00eda de la naturaleza que pudiera proporcionar satisfactoriamente un puente espiritual entre el hombre y la naturaleza. Algunos comprendieron la necesidad de armonizar la teolog\u00eda cristiana y la filosof\u00eda natural para proveer una teolog\u00eda de la naturaleza (74), pero tal tarea no se cumpli\u00f3 y no podr\u00e1 cumplirse hasta que la teolog\u00eda se entienda a la luz intelectual de los primeros Padres de la Iglesia, los metaf\u00edsicos cristianos de la Edad Media, como Erigena y Eckhart, o en el sentido de la teosof\u00eda de Jacobo Boehme. Mientras por teolog\u00eda se entiende una defensa racional de los dogmas de la fe, no hay posibilidad de una teolog\u00eda real de la naturaleza, ni modo de penetrar en el significado interior de los fen\u00f3menos naturales y de hacerlos espiritualmente transparentes. S\u00f3lo el intelecto podr\u00e1 penetrar en lo interior; la raz\u00f3n s\u00f3lo podr\u00e1 explicar.<br \/>\nEsta falta de sentido de la transparencia de las cosas, de intimidad con la naturaleza como un cosmos que transmite al hombre un significado que le concierne, se debe por supuesto a la p\u00e9rdida del esp\u00edritu contemplativo y simbolista que ve m\u00e1s bien s\u00edmbolos que hechos. La cercana desaparici\u00f3n de la gnosis, como se la entiende en su verdadero sentido como conocimiento unitivo o iluminativo, y su reemplazo por misticismo sentimental y el descuido gradual de la teolog\u00eda apof\u00e1tica y metaf\u00edsica en favor de una teolog\u00eda racional, son todos efectos del mismo acontecimiento que tuvo lugar dentro de las almas de los hombres. En Occidente, la mayor\u00eda olvid\u00f3 la perspectiva simb\u00f3lica de las cosas, y s\u00f3lo sobrevive entre pueblos de regiones muy distantes (75), mientras la mayor\u00eda de los hombres modernos vive en un mundo desacralizado de fen\u00f3menos, cuyo \u00fanico significado es sus relaciones cuantitativas expresadas en f\u00f3rmulas matem\u00e1ticas que satisfacen a la mente cient\u00edfica, o su utilidad material para el hombre considerado como un animal de dos piernas, sin destino m\u00e1s all\u00e1 de su existencia terrena. Pero para el hombre como ser inmortal no tienen un mensaje directo. O m\u00e1s bien puede decirse que a\u00fan tienen el mensaje, pero no existe m\u00e1s la facultad apropiada para descifrarlo.<br \/>\nEn este movimiento de la mentalidad contemplativa a la apasionada, de la simbolista a la f\u00e1ctica, parece que hay una ca\u00edda en el sentido espiritual correspondiente a la ca\u00edda original del hombre. Del mismo modo que la ca\u00edda de Ad\u00e1n del Para\u00edso implica que la creaci\u00f3n, hasta entonces inocente y amistosa y tambi\u00e9n interior, de esa manera se volvi\u00f3 hostil y tambi\u00e9n exteriorizada, as\u00ed el cambio de actitud entre el hombre pre-moderno y el moderno respecto a la naturaleza implica otra etapa de esta alienaci\u00f3n. Se destruye la relaci\u00f3n yo-t\u00fa para ser yo-eso, y ninguna cantidad de uso peyorativo de t\u00e9rminos como &#8220;primitivo&#8221;, &#8220;animista&#8221; o &#8220;pante\u00edsta&#8221; podr\u00e1 hacer olvidar la p\u00e9rdida impl\u00edcita en este cambio de actitud. En esta nueva ca\u00edda, el hombre perdi\u00f3 un para\u00edso y en compensaci\u00f3n de \u00e9ste descubri\u00f3 una nueva tierra llena de riqueza aparente, pero ilusoria (76). Perdi\u00f3 el para\u00edso de un mundo simb\u00f3lico en cuanto a significado para descubrir una tierra de hechos que puede observar y manejar a su arbitrio. Pero en este nuevo papel de una &#8220;deidad sobre la tierra&#8221; que no refleja m\u00e1s su arquetipo trascendente, est\u00e1 en el atroz peligro de ser devorado por esta misma tierra sobre la que parece ejercer dominio completo, a menos que pueda recuperar una visi\u00f3n del para\u00edso que perdi\u00f3.<br \/>\nEntretanto, el concepto totalmente cuantitativo de la naturaleza que gracias a la tecnolog\u00eda empez\u00f3 a dominar toda la vida est\u00e1 dando muestras gradualmente de grietas en sus paredes. Algunos est\u00e1n contentos con este acontecimiento y creen que es la ocasi\u00f3n de reafirmar la perspectiva espiritual de las cosas. Pero, concretamente, con suma frecuencia las grietas se llenan con los m\u00e1s negativos &#8220;residuos ps\u00edquicos&#8221; y las pr\u00e1cticas de las &#8220;ciencias ocultas&#8221; que, una vez cercenadas de la gracia de una espiritualidad viva, se convierten en las m\u00e1s insidiosas influencias y son mucho m\u00e1s peligrosas que el materialismo (77). Son m\u00e1s bien el agua que disuelve que la tierra que solidifica. Empero, estas no son las &#8220;aguas de arriba&#8221; sino las &#8220;aguas de abajo&#8221;, para usar el muy significativo simbolismo b\u00edblico. Dista de ser accidental que en la mayor\u00eda de los c\u00edrculos pseudo-espiritualistas se d\u00e9 mucha importancia a la s\u00edntesis de ciencia y religi\u00f3n en un &#8220;nuevo orden espiritual&#8221; como si el hombre pudiera crear por s\u00ed mismo una escalera hacia el cielo, o, para hablar en t\u00e9rminos cristianos, como si el hombre pudiera unirse con la naturaleza de Cristo a menos que la naturaleza de Cristo se hubiera convertido en hombre.<br \/>\nLo que se necesita es llenar las grietas de la pared de la ciencia con la luz que proviene de arriba y no con la oscuridad de abajo. La ciencia deber\u00e1 integrarse en una metaf\u00edsica de lo alto para que sus hechos indiscutidos puedan tambi\u00e9n obtener significado espiritual (78). Y porque es imperativa, la necesidad de tal integraci\u00f3n se siente en muchos sectores (79) y muchas personas con un grado de perspicacia miran m\u00e1s all\u00e1 de las peligrosas s\u00edntesis psicof\u00edsicas de hoy, a las que habitualmente se a\u00f1ade una especie de &#8220;sabidur\u00eda&#8221; pseudo-oriental. Una s\u00edntesis real seguir\u00eda siendo fiel a los principios m\u00e1s hondos de la revelaci\u00f3n cristiana y a las exigencias m\u00e1s rigurosas de la inteligencia. Esta tarea s\u00f3lo se podr\u00e1 cumplir redescubriendo el significado espiritual de la naturaleza. Este descubrimiento depende de acordarse de los aspectos m\u00e1s intelectuales y metaf\u00edsicos de la tradici\u00f3n cristiana que se olvidaron hoy en tantos c\u00edrculos, junto con el conocimiento de las causas hist\u00f3ricas e intelectuales que causan el actual atolladero. Es por eso que primero deberemos ponernos a considerar ciertas fases de la historia de la ciencia y la filosof\u00eda de Occidente, en su relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n cristiana, antes de ponernos a discutir los principios metaf\u00edsicos y cosmol\u00f3gicos de esta tradici\u00f3n y de las tradiciones orientales que puedan actuar como ayudamemoria de quienes integran el panorama del mundo cristiano. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo I El problema \u00daltimamente, se efectuaron numerosos estudios sobre la crisis que la ciencia moderna y sus aplicaciones producen, pero son pocos los que buscaron las profundas causas intelectuales e hist\u00f3ricas responsables de este estado de cosas. 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