{"id":736,"date":"2006-03-22T07:16:51","date_gmt":"2006-03-22T07:16:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=736"},"modified":"2006-03-22T07:16:51","modified_gmt":"2006-03-22T07:16:51","slug":"la-leyenda-navaja-de-ant\u00cdlope-intrepido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=736","title":{"rendered":"LA LEYENDA NAVAJA DE ANT\u00cdLOPE INTREPIDO"},"content":{"rendered":"<p>Los navajos habitan en Arizona y Nuevo M\u00e9xico. Sus mitos han motivado un vasto inter\u00e9s entre mit\u00f3logos como Joseph Campbell. Adem\u00e1s de sus tesoros m\u00edticos, son muy famosas sus pinturas de arena y polen, sus tapices y piezas de cer\u00e1mica. Abajo izquierda, imagen m\u00edtica navaja; abajo, un pol\u00edcromo tapiz navajo. Aqu\u00ed, presentamos una de sus m\u00e1s intensas leyendas.<\/p>\n<p>Algunas noches, los navajos se re\u00fanen en torno al fuego. Son noches para contar las propias experiencias, para festejar nacimientos, casamientos, \u00f3 cualquier otro hecho que merezca ser celebrado. Pero en esas noches, los miembros m\u00e1s ancianos aprovechan para relatar las historias de sus antepasados, historias que se encargan de memorizar los j\u00f3venes y que pasan de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. De este modo es como ha llegado hasta nuestros d\u00edas la historia que hoy os relato.<\/p>\n<p>Cuentan que hace mucho tiempo, tanto que se pierde en la noche de los tiempos la \u00e9poca en que ocurrieron los hecho que relatar\u00e9 a continuaci\u00f3n, un hombre viv\u00eda feliz. Se hab\u00eda casado hace muy poco tiempo, con lo que su matrimonio era reciente, pero a la vez muy pr\u00f3spero, y pronto conocer\u00eda la dicha de recibir el inmenso don de un hijo. La fama preced\u00eda al hombre del que trata la historia. Sus cualidades m\u00e1s destacadas eran la valent\u00eda y el honor. Por eso quiz\u00e1s el Consejo de Ancianos lo eligi\u00f3 a \u00e9l como jefe de la tribu, al joven &#8220;Ant\u00edlope Intr\u00e9pido&#8221;, pues es as\u00ed como se llamaba.<\/p>\n<p>Era un gran jefe. Gobernaba la tribu con justicia, y en sus \u00f3rdenes predominaba la ecuanimidad: no hab\u00eda ni elegidos que disfrutaran del m\u00e1ximo benepl\u00e1cito ni desgraciados que tuvieran que soportar la dura carga del trabajo m\u00e1s pesado: todos eran medidos con el mismo rasero. La felicidad, la paz y la armon\u00eda reinaban en la tribu.<\/p>\n<p>Cuentan que una ma\u00f1ana, la esposa de Ant\u00edlope no despert\u00f3 de su sue\u00f1o. En principio, parec\u00eda que s\u00f3lo estaba un poco cansada, por lo que el jefe no se alert\u00f3. La dej\u00f3 dormir un poco m\u00e1s. Algo m\u00e1s tarde, se acerc\u00f3 de nuevo a su lado, e intent\u00f3 despertarla. Sus intentos fueron bald\u00edos. Por mucho que lo intentaba, su mujer no despertaba.<\/p>\n<p>Alarmado, fue a buscar al cham\u00e1n de la tribu. \u00c9ste la estuvo observando y reconociendo durante alg\u00fan tiempo, y al final concluy\u00f3 que la esposa del jefe hab\u00eda tomado un tipo de planta venenosa muy extra\u00f1a, que la hab\u00eda hecho caer en un sue\u00f1o eterno. R\u00e1pidamente, Ant\u00edlope le pregunt\u00f3 por el remedio, por un ant\u00eddoto. A este respecto, el cham\u00e1n no conoc\u00eda ning\u00fan remedio. &#8220;Es una planta muy extra\u00f1a la que comi\u00f3 tu mujer&#8221;, dijo, &#8220;no tengo conocimiento de ning\u00fan remedio que la haga despertar de sus tinieblas&#8221;.<\/p>\n<p>El jefe de la tribu estaba desconsolado. No se pod\u00eda resignar a que su esposa siguiera dormida por el resto de sus d\u00edas. Ten\u00eda que hacer algo, pero no sab\u00eda qu\u00e9. Como \u00faltima soluci\u00f3n, se dirigi\u00f3 al m\u00e1s anciano de la tribu, que en principio, le segu\u00eda diciendo lo mismo que el cham\u00e1n. Pero Ant\u00edlope continuaba pregunt\u00e1ndole por otra v\u00eda de solucionar el problema. La respuesta segu\u00eda siendo la misma: no hay sanaci\u00f3n posible. Casi con l\u00e1grimas en los ojos, el jefe se dispon\u00eda a salir del tipi del anciano, cuando \u00e9ste dijo: &#8220;Sin embargo &#8230;&#8221;. R\u00e1pidamente, Ant\u00edlope se volvi\u00f3 y le pregunt\u00f3 a qu\u00e9 se refer\u00eda. El anciano sigui\u00f3 contando:<\/p>\n<p>-Hay una leyenda muy antigua que habla de un hechicero. Ese hechicero vive en una gruta muy escondida, cerca de un gran r\u00edo, y cuentan que cultiva una planta milagrosa, que es ant\u00eddoto para todos los venenos. Pero cuentan tambi\u00e9n que a\u00fan no le ha dado la planta a nadie, puesto que a su juicio, los pocos que consiguen llegar a su escondite no son merecedores de los inmensos poderes de su cultivo&#8221;.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n del jefe hab\u00eda cambiado, y sigui\u00f3 preguntando al anciano sobre aquel rec\u00f3ndito lugar. Y el anciano continu\u00f3:<\/p>\n<p>-No puedo darte m\u00e1s detalles sobre la situaci\u00f3n de la cueva porque nadie sabe con seguridad d\u00f3nde est\u00e1. S\u00f3lo te dir\u00e9 que se encuentra en los alrededores del gran r\u00edo que hay hacia donde se pone el sol. Pero ten mucho cuidado. El camino es mucho m\u00e1s peligroso de lo que pudieras imaginar.<\/p>\n<p>Pero Ant\u00edlope no pensaba ya nada m\u00e1s que en encontrar a ese hechicero y su maravillosa planta. Sali\u00f3 de la tienda del anciano y se dirigi\u00f3 directamente al Oeste, ni siquiera cogi\u00f3 nada para el viaje.<\/p>\n<p>Anduvo durante dos d\u00edas y dos noches. El cansancio era terrible en su cara, pero hab\u00eda algo en su interior que no pod\u00eda detener a sus pies, un pensamiento en su esposa. Por fin, al amanecer de la segunda noche, encontr\u00f3 el gran r\u00edo del que le hab\u00f3 el anciano. Quer\u00eda seguir, pero su cuerpo no pod\u00eda m\u00e1s. Se desplom\u00f3 en el suelo, y qued\u00f3 inconsciente unas horas. Cuando al fin despert\u00f3, apenas se pod\u00eda tener en pie. Ten\u00eda una peque\u00f1a brecha abierta en la frente, y no com\u00eda desde hac\u00eda dos d\u00edas. Casi sin ser consciente de lo que hac\u00eda, improvis\u00f3 una ca\u00f1a de pescar y pudo recoger algunos peces que le permitieron seguir con vida.<\/p>\n<p>Al terminar el almuerzo, sigui\u00f3 r\u00edo arriba buscando la cueva a la que se refer\u00eda el anciano. Cuando apenas llevaba unos kil\u00f3metros andados, apareci\u00f3 detr\u00e1s de \u00e9l un oso, que pretend\u00eda hacer del jefe su comida. Aunque el cansancio apenas le permiti\u00f3 gritar, Ant\u00edlope sab\u00eda que ten\u00eda que correr m\u00e1s r\u00e1pido que nunca. A pesar de que corr\u00eda tanto como pod\u00eda, el oso cada vez estaba m\u00e1s cerca de \u00e9l. Muy pronto, despu\u00e9s de un recodo del r\u00edo, vi\u00f3 su posible salvaci\u00f3n: una enorme ca\u00edda de agua que ven\u00eda a finalizar justo a sus pies. S\u00f3lo tendr\u00eda que escalar esa monta\u00f1a y el oso no podr\u00eda seguirle. Era lo \u00fanico que pod\u00eda salvarle, puesto que el oso estaba ya tan cerca que casi sent\u00eda su respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Cuando por fin alcanz\u00f3 la pared vertical de la cascada, trep\u00f3 2 \u00f3 3 metros, lo justo para poder escapar de las garras del temible oso. Pero ahora se le planteaba otro temible reto: \u00bfPodr\u00eda escalar esa pared? Era muy larga, y al ser vertical, a\u00fan hac\u00eda m\u00e1s dif\u00edcil la escalada. A\u00fan viendo lo que le esperaba, Ant\u00edlope no se desanim\u00f3. De este modo, comenz\u00f3 su escalada a la cima de la catarata.<\/p>\n<p>Casi a la vez, un \u00e1guila comenz\u00f3 a describir c\u00edrculos en su vuelo alrededor de la ca\u00edda de agua. Ant\u00edlope intu\u00eda que se iba a lanzar sobre \u00e9l, puesto que m\u00e1s que un hombre, ten\u00eda el aspecto de un cad\u00e1ver viviente. Pero ten\u00eda que urdir una treta, un plan para sobrevivir. Un poco m\u00e1s arriba vio un peque\u00f1o matorral que hab\u00eda crecido gracias al agua que salpicaba la catarata.<\/p>\n<p>Sigui\u00f3 escalando hacia el matorral. Mientras tanto, los c\u00edrculos del \u00e1guila eran ya una simple excusa, porque ten\u00eda la vista clavada en el jefe. De pronto, detuvo su vuelo y se lanz\u00f3 en picado hacia la posici\u00f3n en que se encontraba Ant\u00edlope. \u00c9ste ya estaba tocando el matorral, y con otro esfuerzo estuvo a su altura. El vuelo majestuoso y r\u00e1pido del \u00e1guila era un espect\u00e1culo grandioso, y se acercaba rauda al encuentro de Ant\u00edlope. \u00c9ste la esperaba preparado, con el matorral doblado hacia la derecha. Cuando el pico del \u00e1guila ya casi rozaba su brazo, solt\u00f3 el matorral, que impact\u00f3 fuertemente sobre la cabeza del \u00e1guila, y la empuj\u00f3 con fuerza hacia una roca, contra la que choc\u00f3, y que la hizo caer al suelo, sin conocimiento.<\/p>\n<p>Ant\u00edlope hab\u00eda solventado otro grave peligro. Sin duda hab\u00eda tenido suerte de encontrarse el matorral, pero tambi\u00e9n acert\u00f3 con la precisi\u00f3n de soltarlo justo en el momento en que se acercaba a \u00e9l el \u00e1guila. Sigui\u00f3 con la escalada, que se hac\u00eda ya muy pesada. Alguna vez cedi\u00f3 la roca que estaba bajo su pie, pero la seguridad con que sus manos estaban asidas a la pared le hicieron mantenerse en la roca y no caer al vac\u00edo.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de muchos esfuerzos, lleg\u00f3 al final de su escalada. Lo que vio all\u00ed era maravilloso: un vergel lleno de flores hermos\u00edsimas, \u00e1rboles y la entrada a una cueva cubierta por una cortina de agua. En otras circunstancias, Ant\u00edlope no hubiera reparado en que detr\u00e1s de esa fina capa de agua que ca\u00eda hubiera una cueva, pero de alg\u00fan modo, una voz le dec\u00eda en su interior: &#8220;Hay una cueva detr\u00e1s del agua&#8221;.<\/p>\n<p>Entr\u00f3 y encontr\u00f3 al hechicero al que se refer\u00eda el anciano en la tribu. Casi no sab\u00eda qu\u00e9 decir. Al final, pens\u00f3 en su esposa, dormida para siempre, y dijo: &#8220;Necesito la planta que cultivas&#8221;. El hechicero contest\u00f3:<\/p>\n<p>-Muchos han venido a buscarla, pero nadie la ha merecido a\u00fan. \u00bfPor qu\u00e9 crees que t\u00fa la vas a recibir?.<\/p>\n<p>Ant\u00edlope contest\u00f3:<\/p>\n<p>-No la quiero para m\u00ed, sino para mi esposa, que ha ca\u00eddo en la desgracia de un sue\u00f1o eterno del que s\u00f3lo puedo hacerla despertar con ayuda de tu planta&#8221;.<\/p>\n<p>El hechicero sigui\u00f3 hablando:<\/p>\n<p>-Nada tiene secretos para m\u00ed, ni el ayer, ni el ma\u00f1ana, &#8230; S\u00e9 todo lo que has sufrido en tu camino hacia m\u00ed, y s\u00e9 tambi\u00e9n que los dioses se pusieron de tu parte: te proporcionaron la rapidez del guepardo para huir del oso, que te persegu\u00eda; luego, te dieron la fuerza del propio oso para escalar la catarata; m\u00e1s tarde, te dotaron con la astucia del coyote para vencer al \u00e1guila; y al final, te concedieron la vista del \u00e1guila para llegar a mi cueva. Los dioses, sin duda, est\u00e1n contigo, pero \u00bfno crees que ser\u00eda mejor que te diera la planta a ti, que est\u00e1s casi muerto despu\u00e9s de tu dura odisea?.<\/p>\n<p>-No \u0096 dijo Ant\u00edlope \u0096 s\u00f3lo quiero que mi esposa se reponga de su terrible enfermedad. Ella necesita tu planta mucho m\u00e1s que yo.<\/p>\n<p>El hechicero continu\u00f3:<\/p>\n<p>-En ese caso, yo necesito algo a cambio de los milagrosos poderes de mi cultivo.<\/p>\n<p>Ant\u00edlope le contest\u00f3:<\/p>\n<p>-No he tra\u00eddo nada conmigo, pero si de verdad quieres algo que sea verdaderamente preciado por m\u00ed, qu\u00e9date con mi coraz\u00f3n, al que tanto admiran los dioses que me hicieron llegar aqu\u00ed, los mismos que mandaron enfermar a mi esposa. S\u00f3lo quiero que a ella le retorne la salud, aunque yo no pueda estar con ella en ese momento.<\/p>\n<p>Entonces, el hechicero le replic\u00f3:<\/p>\n<p>-Ant\u00edlope Intr\u00e9pido, jefe de tu tribu, hasta ahora, s\u00f3lo t\u00fa te has hecho merecedor de mis poderes. Posees un coraz\u00f3n puro y sincero. Te acompa\u00f1ar\u00e9 hasta tus tierras y curar\u00e9 a tu fiel esposa. Juntos vivir\u00e9is muchos nuevos amaneceres, juntos y junto a toda vuestra pr\u00f3spera descendencia.<\/p>\n<p>Cuentan que el hechicero condujo al jefe a su tribu por una senda secreta que s\u00f3lo \u00e9l conoc\u00eda, y que s\u00f3lo dando a oler la planta milagrosa a la mujer de Ant\u00edlope, \u00e9sta despert\u00f3 de su profundo sue\u00f1o, a la vez que el m\u00e1gico hechicero desaparec\u00eda por el horizonte. (*)<\/p>\n<p>(*) Versi\u00f3n de esta leyenda recogida de p\u00e1gina de Scauts de Extremadura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los navajos habitan en Arizona y Nuevo M\u00e9xico. Sus mitos han motivado un vasto inter\u00e9s entre mit\u00f3logos como Joseph Campbell. Adem\u00e1s de sus tesoros m\u00edticos, son muy famosas sus pinturas de arena y polen, sus tapices y piezas de cer\u00e1mica. Abajo izquierda, imagen m\u00edtica navaja; abajo, un pol\u00edcromo tapiz navajo. Aqu\u00ed, presentamos una de sus m\u00e1s intensas leyendas. 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