{"id":722,"date":"2006-03-22T06:54:43","date_gmt":"2006-03-22T06:54:43","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=722"},"modified":"2020-08-18T17:13:22","modified_gmt":"2020-08-18T22:13:22","slug":"la-leyenda-del-jacaranda-722","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=722","title":{"rendered":"LA LEYENDA DEL JACARANDA"},"content":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DEL JACARANDA<\/p>\n<p>En la provincia argentina de Corrientes naci\u00f3 esta leyenda en torno al jacarand\u00e1, \u00e1rbol de bellas flores&#8230;<\/p>\n<p>Cuando los espa\u00f1oles comenzaron a poblar Corrientes, trayendo consigo a sus familias, vino a habitar este suelo un caballero que tra\u00eda consigo a su hija. Una bella jovencita de escasos diecis\u00e9is a\u00f1os, de tez blanca, ojos azul oscuro y negra cabellera. Se instalaron en una zona no muy retirada de la ciudad de las Siete Corrientes, en una reducci\u00f3n donde los jesuitas cumpl\u00edan su misi\u00f3n evangelizadora y civilizadora, ense\u00f1ando no s\u00f3lo el amor a Cristo sino tambi\u00e9n a cultivar la tierra a los guaran\u00edes.<br \/>\nEntre los j\u00f3venes de esa reducci\u00f3n se distingu\u00eda Mbaret\u00e9, un mocet\u00f3n<br \/>\nveintea\u00f1ero alto y fornido, que trabajaba la tierra con tes\u00f3n, como queriendo arrancar de sus entra\u00f1as toda su riqueza y sus secretos.<br \/>\nUna tarde en que Pilar -la joven espa\u00f1ola- sali\u00f3 a caminar en compa\u00f1\u00eda de una doncella que la serv\u00eda, vio a Mbaret\u00e9 y fue verlo y prendarse de su apostura. El indio tambi\u00e9n la observ\u00f3 con disimulo al principio, con desenfado despu\u00e9s, y admir\u00f3 su blanca piel, su negro cabello y el color de sus ojos.<br \/>\nEl encuentro fue fugaz. Tan s\u00f3lo intercambiaron una mirada. Pero Mbaret\u00e9 la sigui\u00f3 con la vista hasta que la joven desapareci\u00f3 entre unos arbustos. El indio busc\u00f3 la forma de que el jesuita le asignara tareas cerca de las casas y, en silencio, hurgaba por cuanta abertura hab\u00eda, para poder ubicar a la joven.<br \/>\nPilar, entre tanto, no pod\u00eda borrar de su retina la imagen del joven aborigen. No pod\u00eda olvidar lo hermoso que le pareci\u00f3 con su torso desnudo, cubierto de gotas de sudor que le parec\u00edan chispas del sol que se le pegaban al cuerpo, al estar realizando su rudo trabajo.<br \/>\nNo pas\u00f3 mucho tiempo y un d\u00eda Pilar y Mbaret\u00e9 se encontraron. Esta vez las miradas fueron largas y profundas. Tan profundas que -sin palabras- se adentraron en el esp\u00edritu de ambos, mutuamente.<br \/>\nMbaret\u00e9 pidi\u00f3 \u00e1l sacerdote que los instru\u00eda que le ense\u00f1ara el castellano. Y aprendi\u00f3 r\u00e1pido todas aquellas palabras que le sirvieran para expresarle a<br \/>\nPilar que la amaba desde el primer d\u00eda en que se conocieron. Y busc\u00f3 la forma de encontrarla a solas y poder hablarle. Y esa oportunidad la tuvo el d\u00eda en que hall\u00f3 a la joven rodeada de indiecitos a quienes les ense\u00f1aba el catecismo. El joven se acerc\u00f3 al grupo y sin musitar palabra permaneci\u00f3 observ\u00e1ndola hasta que los ni\u00f1os se fueron.<br \/>\nEntonces, Mbaret\u00e9 camin\u00f3 junto a ella y, ante su asombro, le habl\u00f3 en espa\u00f1ol -balbuceante, al principio- para confesarle su amor. Pilar se ruboriz\u00f3, se sinti\u00f3 confundida, quiso ocultar sus sentimientos, pero sus hermosos ojos azules y su c\u00e1lida sonrisa la traicionaron y el joven pudo comprobar que era correspondido.<br \/>\nLos encuentros se repitieron. Mbaret\u00e9 le propuso huir juntos, lejos, donde su padre no pudiera encontrarlos. Le habl\u00f3 de construir una choza, junto al r\u00edo, para ella y all\u00ed unir sus vidas. Pilar acept\u00f3 y, cuando la choza estuvo concluida, ampar\u00e1ndose en las sombras de una noche en que Yasy les brind\u00f3 su complicidad, escap\u00f3 con su amado.<br \/>\nA la ma\u00f1ana siguiente, el caballero espa\u00f1ol busc\u00f3 infructuosamente a su hija, hizo averiguaciones y alguien de la reducci\u00f3n le coment\u00f3 que la hab\u00edan visto frecuentemente en compa\u00f1\u00eda de Mbaret\u00e9 y que \u00e9ste tambi\u00e9n hab\u00eda<br \/>\ndesaparecido.<br \/>\nFurioso, el padre convenci\u00f3 a varios compa\u00f1eros para que lo ayudaran a<br \/>\nencontrar a la pareja y, fuertemente armados, comenzaron la b\u00fasqueda. Pasaron varios d\u00edas hasta que descubrieron la choza junto al r\u00edo. Sigilosamente, tomaron posiciones para observar a sus moradores. As\u00ed vieron llegar a Mbaret\u00e9 en su canoa, con el producto de su pesca, y vieron tambi\u00e9n salir a Pilar a recibirlo.<br \/>\nEl padre de la joven no resisti\u00f3 la visi\u00f3n de la tierna escena de los amantes abrazados y sali\u00f3 de su escondite gritando el nombre de su hija y apuntando con su arma al indio. La joven vio el fuego del odio en los ojos de su padre y comprendi\u00f3 lo que cruzaba por su mente. Trat\u00f3 de evitarlo; de explicarle su actitud, pero el espa\u00f1ol sigui\u00f3 avanzando con el dedo en el disparador. Pilar se interpuso entre los dos hombres en el preciso instante en que la carga fue lanzada y cay\u00f3 con el pecho te\u00f1ido de rojo, fulminada por su propio padre. Al ver esto, Mba-ret\u00e9 qued\u00f3 at\u00f3nito, tieso, sin atinar a defenderse. Fue entonces cuando otro disparo le dio en plena frente y el joven se desplom\u00f3 sobre el cuerpo de su amada.<br \/>\nEl padre, dolorido e indignado, no se acerc\u00f3 siquiera a los cuerpos yacentes e inst\u00f3 a sus compa\u00f1eros a volver a la reducci\u00f3n. Esa noche, la imagen de su hija no pudo apartarse de su mente, y con las primeras luces del alba, inici\u00f3 el camino hacia el lugar donde tan tristemente terminara ese amor tan grande que motiv\u00f3 que los j\u00f3venes se olvidaran de sus<br \/>\ndiferencias de raza.<br \/>\nCuando lleg\u00f3 a la choza, el espa\u00f1ol no hall\u00f3 restos de la tragedia y en el<br \/>\nlugar donde la tarde anterior yaciera la pareja -sin que existiera ning\u00fan<br \/>\nrastro de la sangre all\u00ed derramada- se ergu\u00eda un hermoso \u00e1rbol de tronco<br \/>\nfuerte, cubierto de flores azul oscuro que se mec\u00edan suavemente con la<br \/>\nbrisa.<br \/>\nEl hombre tard\u00f3 en comprender que Dios hab\u00eda sentido misericordia de los enamorados y hab\u00eda convertido a Mbaret\u00e9 en ese \u00e1rbol, y que los ojos de su hija lo miraban desde todas y cada una de las azules flores del jacarand\u00e1. (*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Cuentos y leyendas de la Argentina, Barcelona, Jos\u00e9 Ola\u00f1eta Editor, pp. 57-60.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DEL JACARANDA En la provincia argentina de Corrientes naci\u00f3 esta leyenda en torno al jacarand\u00e1, \u00e1rbol de bellas flores&#8230; Cuando los espa\u00f1oles comenzaron a poblar Corrientes, trayendo consigo a sus familias, vino a habitar este suelo un caballero que tra\u00eda consigo a su hija. 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