{"id":716,"date":"2006-03-22T06:50:47","date_gmt":"2006-03-22T06:50:47","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=716"},"modified":"2006-03-22T06:50:47","modified_gmt":"2006-03-22T06:50:47","slug":"la-leyenda-pampeana-de-la-piedra-de-tandil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=716","title":{"rendered":"LA LEYENDA PAMPEANA DE LA PIEDRA DE TANDIL"},"content":{"rendered":"<p>LA LEYENDA PAMPEANA DE LA PIEDRA DE TANDIL<\/p>\n<p>Este notable fen\u00f3meno de la naturaleza caus\u00f3 el asombro de cuantos le conocieron. La famosa piedra se encontraba sobre el lomo de una sierra del sistema del Tandil, en la provincia de Buenos Aires, Rep\u00fablica Argentina. Estaba situada en lo alto, al borde de un precipicio, unida a la roca por un punto de su base, sobre el cual se apoyaba inclinada hacia el vac\u00edo. Esta mole de granito ten\u00eda lo forma de una campana y media aproximadamente cinco metros de di\u00e1metro y cuatro de altura. Lo m\u00e1s notable de ella era que se balanceaba continuamente, oscilando a raz\u00f3n de sesenta veces por minuto. Ni los m\u00e1s violentos huracanes, ni los rayos ni nada pudo desprender la roca de su lugar, donde se manten\u00eda con incre\u00edble equilibrio, ante la admiraci\u00f3n de gran cantidad de personas que iban al lugar para verla. Un d\u00eda, el 29 de febrero de 1912, sin ninguna causa visible, en las \u00faltimas horas de una tarde muy serena, la piedra rod\u00f3 por la ladera sin que hasta la fecha haya podido explicarse la raz\u00f3n de la existencia ni los motivos de la ca\u00edda de esta verdadera maravilla natural.<\/p>\n<p>A los pocos d\u00edas de su ca\u00edda, se acerc\u00f3 a la misteriosa piedra el gran escritor argentino Ricardo Rojas. Producto de esta visita, es un magn\u00edfico texto olvidado llamado La piedra muerta.<\/p>\n<p>Y ahora acompa\u00f1emos el modo como la imaginaci\u00f3n nativa concibi\u00f3 el origen de la extra\u00f1a piedra&#8230;<\/p>\n<p>Era el principio de los tiempos. El Sol y la Luna eran marido y mujer: dos dioses gigantes, tan buenos y generosos como enormes eran. El Sol era el due\u00f1o de todo el calor y la fuerza del mundo; tanto era su poder que de s\u00f3lo extender los brazos la tierra se inundaba de luz y de sus dedos prodigiosos brotaba el calor a raudales. Era el due\u00f1o absoluto de la vida y de la muerte. Ella, la Luna, era blanca y hermosa. Due\u00f1a de la sabidur\u00eda y el silencio; de la paz y la dulzura. Ante su presencia todo se aquietaba. Andando por la tierra crearon la llanura: una inmensa extensi\u00f3n que cubrieron de pastos y de flores para hacerla m\u00e1s bella. Y la llanura era una lisa alfombra verde por donde los dioses paseaban con blandos pasos. Luego crearon las lagunas donde el Sol y la Luna se ba\u00f1aban despu\u00e9s de sus largos paseos.<\/p>\n<p>Pero los dioses se cansaron de estar solos: y poblaron de peces las aguas y de otros animales la tierra.\u00a1Qu\u00e9 felices se sent\u00edan de verlos saltar y correr por sus dominios! Satisfechos de su obra decidieron regresar al cielo. Entonces fue cuando pensaron que alguien deb\u00eda cuidar esos preciosos campos: y crearon a sus hijos, los hombres. Ahora ya pod\u00edan regresar. Muy tristes se pusieron los hombres cuando supieron que sus amados padres los dejar\u00edan. Entonces el Sol les dijo:<br \/>\n-Nada deb\u00e9is temer; \u00e9sta es vuestra tierra. Yo enviar\u00e9 mi luz hasta vosotros, todos los d\u00edas. Y tambi\u00e9n mi calor para que la vida no acabe.<\/p>\n<p>Y dijo la Luna:<br \/>\n-Nada deb\u00e9is temer; yo iluminar\u00e9 levemente las sombras de la noche y velar\u00e9 vuestro descanso.<\/p>\n<p>As\u00ed pas\u00f3 el tiempo. Los d\u00edas y las noches. Era el tiempo feliz. Los indios se sent\u00edan protegidos por sus dioses y les bastaba mirar al cielo para saber que ellos estaban siempre all\u00ed envi\u00e1ndoles sus maravillosos dones. Adoraban al Sol y la Luna y les ofrec\u00edan sus cantos y sus danzas.<\/p>\n<p>Un d\u00eda vieron que el Sol empezaba a palidecer, cada vez m\u00e1s y m\u00e1s y m\u00e1s&#8230; \u00bfqu\u00e9 pasaba?, \u00bfqu\u00e9 cosa tan extra\u00f1a hac\u00eda que su sonriente rostro dejara de re\u00edr? Algo terrible, pero que no pod\u00edan explicarse, estaba sucediendo. Pronto se dieron cuenta que un gigantesco puma alado acosaba por la inmensidad de los cielos al bondadoso Sol. Y el Dios se debat\u00eda entre los zarpazos del terrible animal que quer\u00eda destruirlo. Los indios no lo pensaron m\u00e1s y se prepararon para defenderlo. Los m\u00e1s valientes y h\u00e1biles guerreros se reunieron y empezaron a arrojar sus flechas al intruso que se atrev\u00eda a molestar al Sol. Una, dos, miles y miles de flechas fueron arrojadas, pero no lograban destruir al puma, que, por el contrario, cada vez se pon\u00eda m\u00e1s furioso. Por fin uno dio en el blanco y el animal cay\u00f3 atravesado por la flecha que entraba por el vientre y sal\u00eda por el lomo. S\u00ed, cay\u00f3, pero no muerto. Y all\u00ed estaba, extendido y rugiendo; estremeciendo la tierra con sus rugidos. Tan enorme era que nadie se atrev\u00eda a acercarse y lo miraban, asustados, desde lejos. En tanto el Sol se fue ocultando poco a poco; hab\u00eda recobrado su aspecto risue\u00f1o. Los indios le miraban complacidos y \u00e9l les acariciaba los rostros con la punta de sus tibios dedos. El cielo se ti\u00f1\u00f3 de rojo&#8230; se fue poniendo violeta.., violeta. &#8230; y poco a poco llegaron las sombras. Entonces sali\u00f3 la Luna. Vio al puma all\u00e1 abajo, tendido y rugiendo.Compadecida quiso acabar con su agon\u00eda. Y empez\u00f3 a arrojarle piedras para ultimarlo. Tantas y tan enormes que se fueron amontonando sobre el cuerpo hasta cubrirlo totalmente. Tantas y tan enormes que formaron sobre la llanura una sierra: la Sierra de Tandil. La \u00faltima piedra que arroj\u00f3 cay\u00f3 sobre la punta de la flecha que todav\u00eda asomaba y all\u00ed se qued\u00f3 clavada. All\u00ed qued\u00f3 enterrado, tambi\u00e9n, para siempre, el esp\u00edritu del mal, que seg\u00fan los indios no pod\u00eda salir. Pero cuando el Sol paseaba por los cielos, se estremec\u00eda de rabia siempre con el deseo de atacarlo otra vez. Y al moverse hac\u00eda oscilar la piedra suspendida en la punta de la sierra.(*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Leyendas argentinas, de Neli Garrido de Rodr\u00edguez, editorial Plus Ultra.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA LEYENDA PAMPEANA DE LA PIEDRA DE TANDIL Este notable fen\u00f3meno de la naturaleza caus\u00f3 el asombro de cuantos le conocieron. 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