{"id":709,"date":"2006-03-22T06:48:01","date_gmt":"2006-03-22T06:48:01","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=709"},"modified":"2006-03-22T06:48:01","modified_gmt":"2006-03-22T06:48:01","slug":"-la-leyenda-de-la-piedra-el-centinela-en-tandil-argentina.","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=709","title":{"rendered":"LA LEYENDA DE LA PIEDRA EL CENTINELA, EN TANDIL, ARGENTINA."},"content":{"rendered":"<p> LA LEYENDA DE LA PIEDRA EL CENTINELA, EN TANDIL, ARGENTINA.<\/p>\n<p>Una piedra. Piedra que es en realidad un indio que espera en lo alto de una colina el regreso de la mujer amada. Este es el centro de la leyenda argentina que ahora le presentamos. Legendaria historia fundida con la dureza de la roca que nos hace recordar otra piedra y su respectiva leyenda, la piedra de Tandil, tambi\u00e9n ofrecida aqu\u00ed, en Temakel.<\/p>\n<p>Eran los primeros tiempos del Fuerte Independencia, que hab\u00eda incrustada su avanzada civilizadora entre los ricos valles y serran\u00edas de la hoy floreciente TANDIL. Algunos soldados que se aventuraban, en vespertinas cacer\u00edas hacia los inexplorados rincones de las serran\u00edas, hab\u00edan tra\u00eddo la noticia o la leyenda de una extra\u00f1a jovencita, de piel blanca, de hermoso porte. Que como una gacela sorprendida, desaparec\u00eda con habilidad en cuanto se apercib\u00eda de ser observada, siendo in\u00fatil despu\u00e9s cuanto se hiciera para volver a encontrarla. AMAIKE era una extra\u00f1a flor de la regi\u00f3n. Su madre, india, hab\u00eda muerto cuando ella era muy ni\u00f1a. Viv\u00eda junto al cari\u00f1o de su padre, un hombre ciertamente curioso en su aspecto y que, por otra parte, denunciaba su ascendencia extranjera, y puede ello admitirse, que era hijo de la cautiva de un gran Cacique. AMAIKE hab\u00eda heredado la fortaleza de la raza aborigen y una belleza asi\u00e1tica que contrastaba con la rusticidad de las hijas del lugar. Su vida natural, en constante ejercicio y a plena luz y sol, hab\u00eda dado a su cuerpo de moza una esbeltez y flexibilidad que unidas al tinte claro de su piel y a la extra\u00f1a belleza de su rostro y de sus ojos, la hab\u00edan convertido en una especie de diosa del paraje.<\/p>\n<p>Los abor\u00edgenes respetaban a AMAIKE como cosa sagrada.<\/p>\n<p>Los sencillos pero valientes pobladores de los valles y del llano, crueles con sus declarados enemigos, pero en el fondo blandos y susceptibles a la superstici\u00f3n, encontraban algo de divino en aquella criatura un tanto misteriosa, de belleza no com\u00fan, cuya mirada serena, pero profunda, los hac\u00eda mantener distancia, en respetuosa contemplaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Al principio la miraba como a una diosa, encandilado y cauto, a la distancia. M\u00e1s adelante, saltaba a su encuentro en cuanto la divisaba, ganando a poco, con su destreza y su arrogancia, la confianza de AMAIKE hasta inspirarle el mismo sano y dulce amor que por ella hab\u00eda nacido. \u00c9l, vigilante, todas las tardes se situaba en su natural mirador de la colina, como un centinela y paciente esperaba las cada vez m\u00e1s frecuentes salidas de la hermosa muchacha. El amor los iba atando firmemente y en sus lazos, ambos j\u00f3venes se entregaban con la ilusi\u00f3n de sus vidas en flor.<\/p>\n<p>En una oportunidad, dos soldados que hicieron una entusiasta descripci\u00f3n de la muchacha mientras beb\u00edan en el bodeg\u00f3n del naciente pueblo de Tandil, juraron traer prisionera a la &#8220;endiablada&#8221; y blanca indiecita, a fin de justificar su narraci\u00f3n. Alguna base ten\u00edan para arriesgar ese juramento. Unos de los soldados hab\u00eda sospechado del peri\u00f3dico encuentro de la jovencita serrana con el indio valiente que desde una colina lejana permanec\u00eda firme y desafiante. As\u00ed es que a fuerza de vigilar, apostados en los senderos, lograron sorprender a la escurridiza muchacha. Esta, que nunca hab\u00eda sabido de violencias, luch\u00f3 desesperadamente y se defendi\u00f3 con coraje y decisi\u00f3n para no perder la libertad que la alejaba de sus prados y de su amor&#8230; Pero nada pudo hacer&#8230; Ya en plena noche, los tenaces soldados regresaban complacidos, y al franquear la entrada del fuerte, vi\u00f3se con ellos a la m\u00e1s hermosa de las prisioneras.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, con las primeras luces de la madrugada, se tuvo la certeza de que AMAIKE hab\u00eda sido hecha prisionera por el hombre blanco. Entre los indios, su recuerdo no tard\u00f3 en apagarse y su existencia fue atribuida \u00fanicamente a la leyenda. Pero, en lo alto de la colina, por los d\u00edas y los d\u00edas, el atl\u00e9tico indio que aguardaba sigui\u00f3 firme en su mirador, con la esperanza ya vana, de volverla a ver. Quienes visitan el lugar, creen adivinar a trav\u00e9s de los contornos de la erguida piedra, la figura imperturbable de quien espera todav\u00eda fiel a su amor, a la que nunca m\u00e1s volver\u00e1. (*)<\/p>\n<p>(*) Aqu\u00ed presentamos una versi\u00f3n modificada de la leyenda ofrecida en la p\u00e1gina web de la ciudad de Tandil.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DE LA PIEDRA EL CENTINELA, EN TANDIL, ARGENTINA. Una piedra. Piedra que es en realidad un indio que espera en lo alto de una colina el regreso de la mujer amada. Este es el centro de la leyenda argentina que ahora le presentamos. 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