{"id":706,"date":"2006-03-22T06:46:57","date_gmt":"2006-03-22T06:46:57","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=706"},"modified":"2006-03-22T06:46:57","modified_gmt":"2006-03-22T06:46:57","slug":"la-leyenda-del-algarrobo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=706","title":{"rendered":"LA LEYENDA DEL ALGARROBO"},"content":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DEL ALGARROBO<\/p>\n<p>El algarrobo es un \u00e1rbol con fuerte presencia en Argentina. El ejemplar que aparece en la fotograf\u00eda de arriba posee m\u00e1s de cinco siglos y se encuentra en la localidad de Purmamarca, en la Quebrada de Humahuaca, en la provincia argentina de Jujuy. Bajo sus ramas, en el siglo XVl, el cacique Viltipoco y otros jefes se conjuraron para resistir al espa\u00f1ol, conformando un ej\u00e9rcito de 10000 guerreros. Una de las estrategias urdidas por el cacique fue simular una conversi\u00f3n al cristianismo para acercarse al enemigo y estudiarlo antes de atacar. Y fue tambi\u00e9n all\u00ed, bajo el \u00e1rbol, que Viltipoco fue sorprendido mientras dorm\u00eda, v\u00edctima de una traici\u00f3n. As\u00ed lo recuerda una placa al costado del tronco.<\/p>\n<p>Pero en el imaginario de las leyendas el algarrobo puede vincularse con la vida y la fertilidad m\u00e1s que con la guerra. Este es el caso de la leyenda del algarrobo nacida en el norte argentino que le presentamos ahora en Temakel.<\/p>\n<p>LA LEYENDA DEL ALGARROBO<br \/>\nEra en tiempos de los Incas.<br \/>\nLos quichuas adoraban con las principales honras a Viracocha, se\u00f1or supremo del reino. Tambi\u00e9n adoraban a Inti, a las estrellas, al trueno y a la tierra.<br \/>\nConoc\u00edan a esta \u00faltima con el nombre de Pachamama, que es como decir &#8220;Madre Tierra&#8221; y a ella acud\u00edan para pedir abundantes cosechas, la feliz realizaci\u00f3n de una empresa, caza numerosa, protecci\u00f3n para las enfermedades, para el granizo, para el viento helado, la niebla y para todo lo que pod\u00eda ser causa de desgracia o sinsabor.<br \/>\nLevantaban en su honor altares o monumentos a lo largo de los caminos.<br \/>\nLos llamaban apachetas y consist\u00edan en una cantidad de piedras amontonadas unas encima de las otras, formando un peque\u00f1o mont\u00edculo.<br \/>\nAll\u00ed se deten\u00eda el indio a orar, a encomendarse a la Pachamama, cuando pasaba por el camino al alejarse del lugar por tiempo indeterminado o simplemente cuando se dirig\u00eda al valle llevando sus animales a pastar.<br \/>\nPara ponerse bajo la protecci\u00f3n de la Pachamama, depositaba en la apacheta, coca, o cualquier alimento que tuviera en gran estima, seguro de conseguir el pedido hecho a la divinidad.<br \/>\nRespetuoso de la tradici\u00f3n y de las costumbres, el pueblo quichua jam\u00e1s hab\u00eda olvidado sus obligaciones hacia los dioses que reg\u00edan sus vidas.<br \/>\nPero lleg\u00f3 un tiempo de gran abundancia en que los campos sembrados de ma\u00edz eran vergeles maravillosos que daban copiosa cosecha, la tierra se prodigaba con exuberancia y la ociosidad fue apoder\u00e1ndose de ese pueblo laborioso que, olvidando sus obligaciones, abandon\u00f3 poco a poco el trabajo para dedicarse a la holganza, al vicio y a la org\u00eda.<br \/>\nSe desperdiciaba el alimento que tan poco costaba conseguir, y con las espigas de ma\u00edz, que las plantas entregaban sin tasa, fabricaban chicha con la que llenaban vasijas en cantidades nunca vistas.<br \/>\nFue una \u00e9poca sin precedentes.<br \/>\nEl vicio dominaba a hombres y mujeres. Ellos, en su inconsciencia, s\u00f3lo pensaban en entregarse a los placeres bebiendo de continuo y con exceso, comiendo en la misma forma y danzando durante todo el tiempo que no dedicaban al sue\u00f1o o al descanso.<br \/>\nLos dep\u00f3sitos repletos prove\u00edan del alimento necesario y nadie pens\u00f3 que esa fuente, que les proporcionaba granos y frutos en abundancia, se agotar\u00eda alguna vez.<br \/>\nEl desenfreno continuaba y nada hab\u00eda que llamara a ese pueblo a la reflexi\u00f3n y a la vida ordenada y normal.<br \/>\nLleg\u00f3 la \u00e9poca en que se hac\u00eda imprescindible sembrar si se pretend\u00eda cosechar, pero nadie pensaba en ello.<br \/>\nInti, entonces, al comprobar que el pueblo desagradecido olvidaba los favores brindados por la Pachamama, queriendo darles su merecido, resolvi\u00f3 castigarlos.<br \/>\nCon el calor de sus rayos, que envi\u00f3 a la tierra como dardos de fuego, sec\u00f3 los r\u00edos y lagunas, los lagos y vertientes y, como consecuencia, la tierra se endureci\u00f3, las plantas perdieron sus hojas verdes y sus flores, los tallos se doblaron y los troncos y las ramas de los \u00e1rboles, resecos y polvorientos, parec\u00edan brazos retorcidos y sin vida.<br \/>\nEn los g\u00e9neros a\u00fan quedaban alimentos, y en los c\u00e1ntaros, chicha. \u00bfQu\u00e9 importancia ten\u00eda, entonces, para esas gentes, que las plantas se secaran y que el r\u00edo hubiera dejado de correr, y seco y sin vida, mostrara las paredes pedregosas de su lecho?<br \/>\nMientras durara la chicha no podr\u00eda desaparecer la felicidad ni la alegr\u00eda.<br \/>\nPero un d\u00eda lleg\u00f3 en que, con asombro, comprobaron que los graneros no eran inagotables y que, para servirse de sus granos y de sus frutos, era necesario depositarlos primero. El alimento comenz\u00f3 a escasear, y con ello las penurias, la miseria y el hambre hicieron su aparici\u00f3n.<br \/>\nRecapacitaron entonces los quichuas, decidiendo volver a trabajar los campos y a sembrarlos.<br \/>\nPero el castigo de Inti no hab\u00eda terminado y la tierra, cada vez m\u00e1s reseca y dura, no se dejaba clavar los \u00fatiles con que pretend\u00edan labrarla, y as\u00ed era imposible poner la semilla. La desolaci\u00f3n y la miseria fueron soberanas de ese pueblo que, en un instante, olvid\u00f3 las leyes de sus dioses y sus obligaciones con la vida.<br \/>\nLos animales, flacos, sin fuerzas, mor\u00edan en cantidad y parec\u00eda mentira que esos campos, que al presente se asemejaban al m\u00e1s desolado de los p\u00e1ramos, hubieran podido ser, alguna vez, praderas alegres cubiertas de hierbas y de \u00e1rboles o de extensas plantaciones de ma\u00edz, en las que los frutos se ofrec\u00edan generosos.<br \/>\nLos ni\u00f1os, pobres v\u00edctimas inocentes de los pecados y de la disipaci\u00f3n de los mayores, d\u00e9biles, flacos, con los rostros macilentos, los ojos grandes y desorbitados, verdaderos exponentes de miseria y de dolor, s\u00f3lo abr\u00edan sus bocas resecas para pedir algo que comer. Los m\u00e1s d\u00e9biles mor\u00edan sin que nadie pudiera hacer algo por ellos.<br \/>\nEl sol ca\u00eda a plomo. De una de las casas de piedra que se hallaban en los alrededores de la poblaci\u00f3n, una mujer sali\u00f3, corriendo desesperada.<br \/>\nEra Urpila que, enloquecida porque sus hijos mor\u00edan de hambre y de sed , arrepentida de las faltas cometidas en los \u00faltimos tiempos, demostrando a todos su verg\u00fcenza, su pecado y su olvido de Inti y de la Pachamama, corr\u00eda a la primera apacheta del camino a pedir protecci\u00f3n a la Madre Tierra y a depositar su ofrenda de coca y de llicta, \u00faltimas porciones que hab\u00eda podido conseguir.<br \/>\nLleg\u00f3 a la apacheta y, casi sin fuerzas, comenz\u00f3 a implorar:<br \/>\nPachamama,<br \/>\nMadre Tierra,<br \/>\nKusiya&#8230; Kusiya&#8230;<br \/>\nLlor\u00f3 y se desesper\u00f3 ante el altar de la diosa, prometiendo enmienda y sacrificios.<br \/>\nExtenuada, sin fuerzas para continuar, se sent\u00f3 en el suelo, apoyando su cuerpo cansado en el tronco de un \u00e1rbol que crec\u00eda a pocos pasos y cuyas ramas secas parec\u00edan retorcerse en el espacio.<br \/>\nTan grande era su fatiga, tanta su debilidad, que, vencida, baj\u00f3 la cabeza y no tard\u00f3 en quedarse profundamente dormida.<br \/>\nTuvo sue\u00f1os felices. La Pachamama, valorando su arrepentimiento, llen\u00f3 su alma de visiones de esperanza y acerc\u00e1ndose a ella, con toda la grandeza que como diosa le concern\u00eda, le habl\u00f3 generosa:<br \/>\nNo te desesperes, mujer. El castigo ha dado sus frutos y el pueblo, arrepentido como t\u00fa misma de su ocio y desenfreno, retornar\u00e1 a su existencia anterior, que es la justa, la verdadera. La vida renacer\u00e1 sobre la tierra que volver\u00e1 a brindar sus frutos y su belleza.<br \/>\nCuando despiertes, y antes de irte, abre tus brazos y recibe las vainas que ha de regalarte este &#8220;Arbol&#8221;, desde hoy sabr\u00e1s. Que las coman tus hijos y los hijos de otras madres, que con ellas calmar\u00e1n su hambre y apagar\u00e1n su sed. Tu humildad y tu arrepentimiento han hecho posible este milagro que Inti realiza para ti.<br \/>\nCuando Urpila despert\u00f3, crey\u00f3 morir, tal era su decepci\u00f3n. El aspecto de la tierra en nada hab\u00eda variado y la visi\u00f3n hab\u00eda desaparecido.<br \/>\nSe convenci\u00f3 de que su sue\u00f1o hab\u00eda sido s\u00f3lo eso: un sue\u00f1o. Pero, recapacitando, volvieron a su mente las palabras de la Pachamama y record\u00f3 al &#8220;Arbol&#8221;.<br \/>\nLevant\u00f3 entonces sus ojos hacia las ramas que parec\u00edan secas, y tal como la diosa lo anunciara, las vainas doradas se ofrec\u00edan a su desesperaci\u00f3n como una esperanza de vida.<br \/>\nCambi\u00f3 en un instante su estado de \u00e1nimo d\u00e1ndole fuerzas extraordinarias. Se levant\u00f3 ansiosa y cort\u00f3&#8230; cort\u00f3 los frutos generosos hasta que entre sus brazos no cupieron m\u00e1s.<br \/>\nEntonces corri\u00f3 al pueblo, hizo conocer la nueva y todos se lanzaron a buscar las milagrosas vainas color casta\u00f1o, mientras ella repart\u00eda entre sus hijos el tesoro que encerraban sus brazos de madre y que le hab\u00eda concedido la Pachamama.<br \/>\nEl pueblo volvi\u00f3 a la vida y vener\u00f3 desde entonces al &#8220;Arbol Sagrado&#8221; que fue su salvaci\u00f3n y que ha partir de ese d\u00eda les brinda pan y bebida que ellos reciben como un don.<br \/>\nEse \u00e1rbol venerado es el algarrobo, que tiene la virtud, adem\u00e1s de las nombradas, de ser, en tiempos grandes sequ\u00edas, el \u00fanico alimento de los animales. (*)<br \/>\n(* ) Leyenda recopilada por Leonor Lorda Perell\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DEL ALGARROBO El algarrobo es un \u00e1rbol con fuerte presencia en Argentina. 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