{"id":705,"date":"2006-03-22T06:46:42","date_gmt":"2006-03-22T06:46:42","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=705"},"modified":"2006-03-22T06:46:42","modified_gmt":"2006-03-22T06:46:42","slug":"la-leyenda-del-yaguarete","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=705","title":{"rendered":"LA LEYENDA DEL YAGUARETE"},"content":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DEL YAGUARETE<\/p>\n<p>En la imaginacion infantil de los indios, el tigre, con su ferocidad, su cautela, sus ataques imprevistos y los estragos que su hambre causa, debi\u00f3 producir fen\u00f3nemos curiosos de pensamiento.<\/p>\n<p>El terror que infunde este terrible carnicero y las m\u00faltiples formas en que se presentan sus fechor\u00edas, siempre bajo variadas sorpresas, la mayor parte de las veces con seguro \u00e9xito de victimas mas o menos indefensas, como consecuencia l\u00f3gica el suponerle condiciones intelectualidad superior entre los dem\u00e1s animales.<\/p>\n<p>Y como sus actos de tigre son muy semejantes a los indios ejecutan en sus lides sangrientas, ya de caza o de guerra, nada m\u00e1s natural que lo comparadsen, d\u00e1ndole por esta raz\u00f3n un origen humano en sus mitos y leyendas.<\/p>\n<p>Los antiguos peruanos, al decir de Z\u00e1rate (Agust\u00edn de Z\u00e1rate, Historia del descubrimiento y conquista del Per\u00fa, libro I, cap\u00edtulo X), cre\u00edan que Pachacama Pachacamac), cuando apareci\u00f3 por el lado del mediod\u00eda, transform\u00f3 los habitantes de que estaba poblada la tierra creados anteriormente por Con, en p\u00e1jaros, monos, patos, osos, leones, loros y diversas clases de p\u00e1jaros que hoy viven all\u00ed, con el objeto seguramente de dar lugar a nuevos habitantes que esta deidad cre\u00f3 seguramente por su voluntad.<\/p>\n<p>Aunque este autor no lo diga, es de suponer que tambi\u00e9n los hubiera transformado en tigres, desde el momento en que cita a los dos felinos: el gato y el le\u00f3n, y adem\u00e1s otro animal carn\u00edvoro como lo es el oso.<\/p>\n<p>Si tomamos a Garcilaso (Historia de los Incas del Per\u00fa), encontraremos, en cambio, muchos indios que se cre\u00edan, a su vez, descendientes de los tigres y otros amimales, etc\u00e9tera, como puede verse en el siguiente p\u00e1rrafo que se halla en su libro I, cap\u00edtulo VIII:<\/p>\n<p>&#8220;Y ciertamente, no hay indio que no se jacte con tan poco honor, que no se diga ser descendiente de la primera cosa que se le ocurra en su fantas\u00eda, como ser, por ejemplo: de una fuente, de un r\u00edo, de un lago, de la mar, de los animales m\u00e1s feroces, como son los leones y los tigres, etc\u00e9tera&#8221;.<\/p>\n<p>En esta creencia, como puede verse f\u00e1cilmente, se da a dichos animales, como a los dem\u00e1s, un rol de procreadores, que supone la idea de la leyenda citada por Z\u00e1rate.<br \/>\nEs f\u00e1cil que, o Garcilaso, en su fanatismo cristiano oyera mal, o que, con los a\u00f1os y las nuevas doctrinas, esta leyenda hubiera comenzado a evolucionar o a dispersarse contusamente en los que la refirieron, como sucede muy frecuentemente en muchas otras.<\/p>\n<p>De cualquier modo, aqu\u00ed tambi\u00e9n tenemos la metamorfosis del tigre en hombre, f\u00e1cilmente reducible a la Z\u00e1rate, m\u00e1s vieja: del hombre en tigre.<\/p>\n<p>En los valles calchaqu\u00edes de la provincia de Catamarca y aun de Salta, los tigres infunden un terror supersticioso, no tanto por su ferocidad sino porque existe la creencia de que los uturuncos, como all\u00ed se los llama, son personas transtormadas en estos carniceros, y como prueba de ello citar\u00e9 los siguientes p\u00e1rrafos del distinguido americanista Samuel A. Lafone Quevedo, maestro en estas materias (&#8220;Londres y Catamarca&#8221;, cartas a la Naci\u00f3n 1883-84-85, pp. 255 y 256, Imprenta y Librer\u00eda de Mayo), al hablar de la fiesta del Chiqui: &#8220;Aqu\u00ed me permito sugerir una raz\u00f3n porque el sur\u00ed (avestruz) no contribuyese con su cabeza al sacrificio del Chiqui. Aquellos indios cre\u00edan que ten\u00edan la facultad de tomar la forma de animales; ser\u00eda por eso que respetaban al avestruz, sur\u00ed o xur\u00ed, recelosos de que alguno de su gente pudiese hallarse a la saz\u00f3n revestido del ave aquella.<\/p>\n<p>&#8220;Hasta el d\u00eda de hoy el pueblo bajo de todos aquellos lugares cree que muchos de los tigres (urturuncos) son hombres transformados y para ellos el que los caza tiene algo de non sancto; cuando la fiera llega a marcar como dicen, a su cazador, parece que causa cierto placer a los que oyen o comentan el lance&#8221;.<\/p>\n<p>Como puede verse, aqu\u00ed h\u00e1blase tambi\u00e9n de la metamorfosis del hombre en tigre, bien terminantemente explicada. Si abandonados la regi\u00f3n occidental quichua-calchaqu\u00ed y nos dirigimos hacia la oriental, guaran\u00ed, veremos con sorpresa campear las mismas creencias con respecto a estas curiosas metamorfosis que se producen en la superstici\u00f3n y en la leyenda de id\u00e9ntico modo.<\/p>\n<p>Los caingu\u00e1 del Alto Paran\u00e1, cuando ven alg\u00fan tigre cerca de una tumba, creen que no es m\u00e1s que el alma del muerto que se ha reecarnado en dicho animal, y no faltan viejas que con sus gritos y exorcismos tratan de alejarlos.<\/p>\n<p>Los guayan\u00e1s de Villa Azara creen tambi\u00e9n en la metamorfosis en vida de algunas personas, y m\u00e1s de una vez han cre\u00eddo, al encontrarse con uno de esos felinos, que no era otro que mi buen amigo don Pedro de Anzoategui, antiguo vecino de all\u00ed a quien respetaban mucho y por el cual tienen un cierto terror supersticioso hasta el punto de llamarlo Tata Auj\u00e1, es decir: &#8220;el que come fuego&#8221;.<\/p>\n<p>Si a esto pudiera ohservarse que no es un dato rigurosamente etnol\u00f3gico, puesto que quiz\u00e1s hubieran mediado circunstancias especiales ajenas a sus creencias, como ser sugestiones, etc\u00e9tera, no hay que olvidar que los guayan\u00e1s o guaran\u00edes y que la herencia de sus supersticiones no ha hecho otra cosa que revivir en este caso, como se ver\u00e1, por lo que sc refiere de las mismas m\u00e1s adelante.<br \/>\nEn la provincia dc Entre R\u00edos, habitada antiguamente por la naci\u00f3n minuana, que creo haya sido guaran\u00ed, se conserva tambi\u00e9n una leyenda que se pudo recoger sobre la reencarnaci\u00f3n del alma de un hombre en tigre negro.<\/p>\n<p>Naturalmentc, con el transcurso del tiempo esta leyenda se ha modificado mucho, pero en el fondo de ella, se ve que es del m\u00e1s puro origen indio.<br \/>\n&#8220;Cuentan los viejos que sobre la costa del r\u00edo Gualcguay viv\u00eda un hombre muy bueno.<br \/>\n&#8220;Cierta noche fue avanzado por una partida de malhechores que sin piedad lo asesinaron para robarle.<br \/>\n&#8220;Poco tiempo despu\u00e9s, entre los pajonales del r\u00edo, un enorme tigre negro sali\u00f3 al encuentro de uno de los malhechores que iba acompa\u00f1ado de otros vecinos, y dirigi\u00e9ndose a \u00e9l lo mat\u00f3 de un zarpazo, sin herir a los otros.<\/p>\n<p>&#8220;Este tigre negro, con el tiempo, concluy\u00f3 por matar a todos los asesinos del finado, entresac\u00e1ndolos siempre de entre muchas otras personas, sin equivocarse, lo que dio lugar a que se creyera que el tigre negro no era sino la primera victima que as\u00ed se transform\u00f3 para vengarse de ellos.<\/p>\n<p>Pero, la leyenda m\u00e1s curiosa es la del Yaguaret\u00e9-ab\u00e1, exactamente igual a la de los hechiceros uturuncos, citada por el se\u00f1or Lafone Quevedo.<br \/>\nEn Misiones, Corrientes y Paraguay es f\u00e1cil o\u00edr hablar de los Yaguaret\u00e9s-ab\u00e1s, los que creen sean indios viejos, bautizados, que de noche se vuelven tigres a fin de comerse a los compa\u00f1eros con quienes viven o cualesquiera otras personas.<\/p>\n<p>La infiltraci\u00f3n cristiana dentro de esta leyenda se nota no s\u00f3lo en lo de bautizado sino tambi\u00e9n en el procedimiento que emplean para operar la metamorfosis.<br \/>\nPara esto, el indio que tan malas intenciones tiene se separa de los dem\u00e1s, y entre la oscuridad de la noche y al abrigo de alg\u00fan matorral, se empieza a revolcar de izquierda a derecha, rezando al mismo tiempo un credo al rev\u00e9s, mientras cambia de aspecto poco a poco.<br \/>\nPara retornar a su forma primitiva hace la misma operacion en sentido contrario.<br \/>\nEl Yaguarct\u00e9-ab\u00e1 tiene el aspecto de un tigre, con la cola corta, casi rab\u00f3n, y como signo distintivo presenta la frente desprovista de pelos.<br \/>\nSu resistencia a la vida es muy grande y la lucha con \u00e9l es peligrosa. Entre los innumerables cuentos que he o\u00eddo, referire el siguiente:<\/p>\n<p>En una picada, ccrca del pueblo Yuti (Rep\u00fablica del Paraguay), hace muchos a\u00f1os exist\u00eda un feroz Yaguarete-ab\u00e1 que hab\u00eda causado innumerables v\u00edctimas.<br \/>\nNo falt\u00f3 un joven valeroso que resolvi\u00f3 concluir con \u00e9l, y despu\u00e9s de haber hecho sus promesas y cumplido con ciertos deberes religiosos, se arm\u00f3 de coraje y sali\u00f3 en su busca.<\/p>\n<p>Algo tarde sc encontr\u00f3 con el terrible animal a quien atropell\u00f3 de improviso hundi\u00e9ndole una cuchillada.<br \/>\nEl Yaguaret\u00e9-ab\u00e1 dispar\u00f3 velozmente, sigui\u00e9ndole nuestro caballero matador de monstruos, por el rastro de la sangre, basta dar con \u00e9l en la entrada de una gruta llena de calaveras y huesos humanos ro\u00eddos.<br \/>\nAll\u00ed se renov\u00f3 la lucha y, pu\u00f1alada tras pu\u00f1alada, se debat\u00edan de un modo encarnizado, sin llevar ventaja. Ya le hab\u00eda dado catorce, por cuyas anchas heridas manaba abundante sangre, cuando se acord\u00f3 de que s\u00f3lo degoll\u00e1ndolo podr\u00eda acabar con \u00e9l.<br \/>\nCon bastante tral ijo consiguio separarle la cabeza del cuerpo, de conformidad con el consejo que le hab\u00edan dado, y s\u00f3lo entonces pudo saborear su triunfo definitivo.<\/p>\n<p>Estas dos leyendas: la de los hechiccros uturuncos de Catamarca y la del Yaguaret\u00e9-ab\u00e1 del Paraguav, tan iguales y a tanta distancia una de la otra y cre\u00eddas por gentes de tan diverso origen, hacen una vez m\u00e1s creer, y con raz\u00f3n, en la existencia de invasiones prehist\u00f3ricas seguramente hacia el oeste, por el pueblo guaran\u00ed, que por lo dem\u00e1s casi est\u00e1 probado fue el introductor del sistema de enterrar en urnas funerarias en esa parte de la Rep\u00fablica, como tambi\u00e9n se ve en lo que dice Montesinos, que hordas guaran\u00edticas (mejor dicho brasileras) invadieron la regi\u00f3n Per\u00fa-Andina.<\/p>\n<p>Revisando la obra de Wiener, mucho m\u00e1s me han llamado la atenci\u00f3n los tres c\u00e1ntaros representando cabezas humanas con aspecto feroz y lo m\u00e1s curioso es que todas poseen caninos de tigre bien pronunciados; adem\u00e1s, las figuras en la pan inferior del adorno colocado sobre las orejas muestra unas cabezas apenas bosquejadas, pero con boca triangular, que les da semejanza a la de los tigres. Estos accesorios felinos en la figura humana, no habr\u00edan tenido algo que hacer con la idea de los hechiceros uturuncos?<\/p>\n<p>Esto no tendr\u00eda nada de extra\u00f1o si se tiene en cuenta que el culto del tigre en las provincias peruanas no escaseaba, seg\u00fan los dat que trae Garcilaso en la obra citada, y que son:<\/p>\n<p>&#8220;El culto del tigre se hallaba en auge en la regi\u00f3n de la provincia de Mauta y Puerto Viejo; en este \u00faltimo punto no s\u00f3lo adoraban a estos animales sino que no dejaban de prosternarse de rodillas cuando se encontraban con ellos y se dejaban matar miserablemente porque los cre\u00edan dioses&#8221; ( libro I, cap\u00edtulo IX).<\/p>\n<p>Los feroces, b\u00e1rbaros y guerreros habitantes del Churcup\u00ed (libro IX, cap\u00edtulo VIII) y entre los anti (libro IV, cap\u00edtulo XVII) tambi\u00e9n lo adoraban.<\/p>\n<p>En la isla de Puna (libro IX, cap\u00edtulo IV), en Tumpiz o Tumbez (libro IX, cap\u00edtulo II) y en la provincia de Karanque (libro VIII, cap\u00edtulo VII), y en la \u00e9poca de los conquistadores del inca Huayna Capac, les hac\u00edan sacrificios humanos.<\/p>\n<p>En el valle de Calchaqu\u00ed no es extra\u00f1o que en una \u00e9poca del culto del tigre ocupara un lugar importante en su religi\u00f3n y para afirmar esto no solo me atengo a las leyendas que aun hoy subsisten sino tambi\u00e9n a la cantidad de objetos de alfarer\u00eda representado a este animal, que se exhumaron en estos valles.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en el hecho de que en una de las grutas pintadas el grupo de Carahuasi bailamos muchas figuras representando tigres.<\/p>\n<p>Estas representaciones de tigres en las piedras, grutas y objetos de alfarer\u00eda no es dif\u00edcil que sean una prueba de ese culto.<\/p>\n<p>La metempsicosis del alma del hombre al tigre, y viceversa, es com\u00fan entre las diversas tribus americanas.<\/p>\n<p>El se\u00f1or Julio Kosbowski, &#8220;Algunos datos sobre los indios boror\u00f3s&#8221; (Revista del Museo de La Plata, tomo VI, pp. 375 y siguientes) del Alto Paraguay, trae los siguientes datos sobre las supersticiones en estos indios que se refieren al tigre:<\/p>\n<p>Seg\u00fan \u00e9l los boror\u00f3s tienen una danza especial que llanan del tigre.<\/p>\n<p>Uno de ellos, adornada la cabeza con plumas de guacamayo coloradas, cubierta la cara con una m\u00e1scara hecha con las hojas tiernas del cogollo de la palmera, que la oculta completamente, y tambien el cuerpo y los miembros con dichas franjas de manera que no se vea lo que cracteriza al cuerpo humano, con collares de dientes de tigre en el pecho y con cascabeles en los pies, de ciervos y pecar\u00eds, y llevando sobre las espaldas un cuero de tigre abierto como una plancha, con el pelo afuera y su interior pintado con algunas figuras geom\u00e9tricas, representa el alma del tigre furioso, muerto por el mismo que se le hab\u00eda metido adentro y cuya presencia se manifiesta por saltos y movimientos furiosos en el cuerpo del hombre, los que procura conjurar otro boror\u00f3, el m\u00e9dico de la aldea, secundado por algunos ancianos.<br \/>\nLa danza consiste en que hombres y mujeres se pongan en hilera detr\u00e1s del indio, saltando con las manos levantadas y los brazos abiertos y llevados a la altura del hombro, las piernas algo encorvadas, saltando siempre de un lado al otro con el cuerpo tambi\u00e9n encorvado al son del canto en voz baja del m\u00e9dico, con acompa\u00f1amiento de calabazas o porongos de baile.<br \/>\nEstos mismos indios, cuando se preparan para la caza, empiezan por observar ciertas ceremonias que consisten principalmente en no dormir con sus mujeres cuatro d\u00edas antes de salir a la caza del felino. En este intervalo comienzan por pintarse la cara con uruc\u00fa y preparan sus flechas al calor del fuego para endurecer las fibras de la tacuara.<br \/>\nEn ninguna circunstancia les es permitido a las mujeres tocar las puntas de las flechas, pues el indio cree que con su contacto pierden su fuerza de penetraci\u00f3n y que les traer\u00eda desgracias.<br \/>\nCuando vuelven de la caza con un jaguar, tiene lugar esa noche el baile del tigre, que se diferencia del ya desripto en que las mujeres lamentan y lloran con gran excitaci\u00f3n para conjurar y reconciliar el alma del tigre; de otro modo no lo apaciguar\u00edan, lo que causar\u00eda la muerte del cazador.<\/p>\n<p>El jaguar est\u00e1 representado en el baile por el mismo indio que le ha dado muerte, haciendo el papel del tigre furioso y reclamando venganza.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, el medico y otros viejos boror\u00f3s tratan de conjurar el alma del animal con cantos mon\u00f3tonos, que producen una sensaci\u00f3n penosa al que los escucha; al mismo tiempo que bailan formando medio c\u00edrculo frente al cazador, llevando en sus manos porongos de baile que hacen sonar al terminar cada per\u00edodo.<\/p>\n<p>Con peque\u00f1os descansos contin\u00faan el baile durante largas horas hasta que quedan rendidos, terminado lo creen ya reconciliada el alma y quedan tranquilos respecto del porvenir.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s curioso es que estas mismas costumbres son propias de los guaran\u00edes del tiempo de la conquista espa\u00f1ola, como me parece haberlas hallado en los siguientes datos:<\/p>\n<p>El padre Guevara, en la primera parte del libro I, al hablar de las supersticiones de los guaran\u00edes dice que sus hechiceros se preciaban de ser visionarios diciendo que hab\u00edan visto al demonio en traje de negrillo y con apariencia y figura de tigre o le\u00f3n, y adelantaban que \u00e9l les comunicaba arcanos ya ominosos y terribles, ya pr\u00f3speros y felices.<\/p>\n<p>M\u00e1s tarde describe las ceremonias de estos hechiceros con estas palabras:<br \/>\n&#8220;Estos hechiceros tienen por lo com\u00fan dos o tres familiares complices de sus iniquidades, terceros de sus artificios y diestros de las voces y bramidos de los animales. Ligados con el sacramento del sigilo, no descubren la verdad, so pena de privaci\u00f3n de oficio y de malograr el estipendio y gajes de la mesa capitular. Cuando llega el caso en que el hechicero ha de consultar al diablo, como ellos dicen, sus familiares, que hacen el oficio de sacristanes y sacerdotes, se ocultan en alg\u00fan monte, en cuya ceja se percibe alguna chozuela, que hace las veces de tr\u00edpode, y el oficio de locutorio.<br \/>\n&#8220;Para el d\u00eda prevenido se junta el pueblo pero no se le permite acercarse para que no descubra el enga\u00f1o y quede conformado en su vano error y ciega presunci\u00f3n.<br \/>\n&#8220;El hechicero, bien bebido, y alegre con los esp\u00edritus ardientes de la chicha, saltando y brincando junto a la chozuela, invoca al diablo para que venga a visitar al pueblo y revelarle los arcanos futuros. Cuando todos est\u00e1n en espectaci\u00f3n aguardando la venida del demonio, resuenan por el monte los sacristanes y sacerdotes disfrazados con pieles, simulando los bramidos del tigre y voces de los animales. En este traje que el pueblo no discierne, por estar algo retirado, entran en la chozuela, y aqu\u00ed del diablo y sus sacristanes.<\/p>\n<p>&#8220;\u00c9stos, en grandes confusi\u00f3n y vocer\u00edo infernal, imitando siempre las expresiones de animales, empiezan a erutar profes\u00edas y sacar vaticinios sobre el asunto que desean los circunstantes.<br \/>\n&#8220;De la boca de ellos pasa a la del hechicero, y \u00e9ste con grandes gestos, arqueando las cejas con espantosos visajes, propala al pueblo los pron\u00f3sticos y vaticinios. El pueblo vulgar, incapaz de reflexi\u00f3n ni examen, arrebatado de ciega persuasi\u00f3n, los admite como or\u00e1culos del diablo, quedando en error casi invencible, de que el diablo es quien habla al hechicero y que \u00e9ste es fiel relator de sus predicaciones.<\/p>\n<p>&#8220;Este es el origen admitido entre los indios, y abrazados entre los escritores, de las operaciones diab\u00f3licas y de los fingidos hechiceros. Este es el fundamento de aquel terror p\u00e1nico que tienen los indios al acercarse a la chozuela y tr\u00edpode, recelando insultos feroces y despiadadas acometidas del tigre, cuyos bramidos imitan los sacristanes, sus familiares, para persuadir al vulgo que es el demonio transfigurado en infernal bestia el que les habla&#8221;.<br \/>\n\u00bfNo habr\u00e1 descripto en esto el buen padre Guevara alguna ceremonia parecida al baile del tigre de los bor\u00f3es, que hemos tornado del trabajo de Koswlosky y que en su celo cristiano la haya interpretado seg\u00fan su modo de ver?<\/p>\n<p>De cualquier modo, con esta descripci\u00f3n de Guevara tenemos tambi\u00e9n la creencia de la metamorfosis o de una forma de metempsicosis del tigre al hombre, f\u00e1cilmente tambi\u00e9n reducible a la del hombre al tigre.<br \/>\nSi deseamos saber a qu\u00e9 \u00e9poca correspondi\u00f3 esta leyenda entre los calchaqu\u00edes, tenemos forzosamente que referirnos a muy remotos tiempos y es posible que haya sido introducida en estas regiones por hordas guaran\u00edticas, como las que menciona Montesinos, las cuales seguramente tra\u00edan sus hechiceros, como los citados por el padre Guevara y Koswlosky, que con sus ceremonias inculcaron en la mente de ese pueblo la idea de los humanos uturuncos. Tanto m\u00e1s, en la regi\u00f3n central y norte de la Rep\u00fablica, existe otra leyenda que llena satisfactoriamente la laguna que hasta ahora se habr\u00e1 notado en la regi\u00f3n quichua-calchaqu\u00ed y guaran\u00ed.<br \/>\nEsta leyenda es un verdadero trait d\u0092union entre ambas, pues conserva, como intermediario, algunos datos de inapreciable valor.<br \/>\nMe refiero a la leyenda del tigre capiango, que me hab\u00eda sido referida por el distinguido poeta argentino Leopoldo Lugones, y que es com\u00fan en el norte de C\u00f3rdoba, en Tucum\u00e1n y Santiago del Estero.<br \/>\nRefiere la tradici\u00f3n qu dos hermanos viv\u00edan en el bosque, en un ranchito, ocup\u00e1ndose de las faenas propias del mismo. Por aquella \u00e9poca apareci\u00f3 en las inmediaciones un tigre cebado en carne humana, que hac\u00eda muchas v\u00edctimas, al cual no pod\u00eda rnatarse pues, cuando se le disparaban tiros, erizaba los pelos y balas resbalaban sobre ellos.<br \/>\nUno de los hermanos observ\u00f3 con sorpresa que las apariciones del felino coincid\u00edan exactamente con las desapariciones del otro hermano y, naturalmente, esto lo puso en cuidado, resolviendo observarlo con sigilo.<\/p>\n<p>En una de las salidas, \u00e9ste lo sigui\u00f3 y pudo ver que, llegando su hermano a cierta parte del monte, descolgaba de un \u00e1rbol un gran bulto que conten\u00eda un frasco de sal y un cuero de tigre que extend\u00eda en el suelo.<\/p>\n<p>Luego, tomando tres ranos del frasco los com\u00eda y en seguida, revolc\u00e1ndose sobre la piel, se transformaba en terrible fiera.<br \/>\nTemiendo lo desconociese, se retir\u00f3; pero, al siguiente d\u00eda, se fue al monte y tomando el bulto, con el trasco y la piel, los ech\u00f3 al fuego para que su hermano no pudiese continuar en sus felinas andadas.<\/p>\n<p>Vuelto a la casa encontr\u00f3 a su hermano muy enfermo, casi agonizando, quej\u00e1ndosele de su acci\u00f3n y dici\u00e9ndole que a causa de ella se mor\u00eda, pero que si quer\u00eda salvarlo a\u00fan, le trajese del monte un pedacito del cuero del tigre, pues ese ser\u00eda su \u00fanico remedio.<\/p>\n<p>Al o\u00edr esto, el hermano compadecido volvi\u00f3 al monte y, recogiendo el fragmento pedido, torn\u00f3 presuroso a su casa, pero en cuanto se la entreg\u00f3, el enfermo, ech\u00e1ndose sobre la espalda el resto del cuero, se transform\u00f3 repentinamente otra vez en tigre y, dando un salto prodigioso, se perdi\u00f3 en el bosque hasta ahora.<\/p>\n<p>La funci\u00f3n que en esa metamorfosis desempe\u00f1a la piel de tigre es tan importante que nos hace ver con claridad el origen puramente guaran\u00ed de la leyenda, y si no t\u00f3mese el origen natural de los datos aqu\u00ed recopilados y veremos que los sacerdotes guaran\u00edes al ejercer sus pr\u00e1cticas con pieles de tigres sobre sus espaldas han ido dejando, al pasar por las regiones invadidas por las hordas a que han pertenecido, un recuerdo cada vez m\u00e1s confuso de ellas, pero que impresionando vivamente la imaginaci\u00f3n popular de las tribus subyugadas, adquirieron una forma de creencia real en la metamorfosis posible del hombre al tigre, cuando en su origen no se trata m\u00e1s quc de simples ceremonias de car\u00e1cter fetichista.<br \/>\n\u00c9ste, como otros datos, nos prueban una vez m\u00e1s la invasi\u00f3n guaran\u00ed en la regi\u00f3n quichua-calchaqu\u00ed.<br \/>\nTerminado este trabajo, se me ocurre una sospecha: la voz quechua yaguar-sangre, \u00bfno tendr\u00e1 algo que ver con el guaran\u00ed yagu\u00e1 tigre, que se ha transformado en castellano en jaguar?<br \/>\nA prop\u00f3sito de esto no est\u00e1 de m\u00e1s transcribir lo que dice el se\u00f1or Vicente F. L\u00f3pez en sus Razas arianas del Per\u00fa (p\u00e1g. 404, ap\u00e9ndice II) al hablar del Inca XCVI de la cronolog\u00eda Montesinos:<br \/>\nXCVI- Inca Yaguar Huakkak. Se ha traducido este nombre como llor\u00f3n de sangre o llora sangre; pero significa tambi\u00e9n tigre llor\u00f3n o el llor\u00f3n sanguinario. Para explicar la primera etimolog\u00eda se ha dicho que ten\u00eda una enfermedad a los ojos.<\/p>\n<p>&#8220;Esta ser\u00eda una explicaci\u00f3n como cualquier otra, pero tiene la apariencia de haber sido hecha premeditadamente. Tenemos que observar que, en general, las razas felinas de Am\u00e9rica y sobre todo los jaguares, cuando se ven arrinconados o acosados, dejan escapar de sus ojos un l\u00edquido parecido a l\u00e1grimas: de aqu\u00ed la creencia popular de que lloran hipocres\u00eda, buscando conmover al cazador, excitando una compasi\u00f3n que jam\u00e1s sienten hacia sus v\u00edctimas. De esto viene que llaman tigres llorones (yahuar huakkak) a los grandes hip\u00f3critas que enga\u00f1an para matar.<\/p>\n<p>&#8220;La historia de la captura de Pyrhu\u00e1 que lleva este nombre, los llantos que derram\u00f3 hasta su liberaci\u00f3n y la venganza que ejerci\u00f3 con sus enemigos, me deciden a presentar esta conjetura: huakkani no significa s\u00f3lo llorar, sino llorar sangre&#8221; (*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Juan B. Ambrosetti. &#8220;La leyenda del Yaguart\u00e9-Aba&#8221;, en Supersticiones y leyendas, Buenos Aires, Emece, pp.68-81.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA LEYENDA DEL YAGUARETE En la imaginacion infantil de los indios, el tigre, con su ferocidad, su cautela, sus ataques imprevistos y los estragos que su hambre causa, debi\u00f3 producir fen\u00f3nemos curiosos de pensamiento. 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