{"id":639,"date":"2006-03-20T17:55:51","date_gmt":"2006-03-20T17:55:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=639"},"modified":"2006-03-20T17:55:51","modified_gmt":"2006-03-20T17:55:51","slug":"-gregori-condori-mamani-(cuento-quechua)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=639","title":{"rendered":"Gregori Condori Mamani (cuento Quechua)"},"content":{"rendered":"<p>Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras de los indios de Am\u00e9rica; F.C.E., M\u00e9xico 1994 p\u00e1g.71<br \/>\nCoordinador: Federico Navarrete Linares.<br \/>\nAdaptaci\u00f3n: Federico Navarrete Linares.<br \/>\nIlustrador: Andr\u00e9s S\u00e1nchez de Tagle.<br \/>\n\u00c9sta es la historia de la vida de Gregorio, un indio quechua del Per\u00fa. En este primer volumen nos cuenta de su infancia.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Me llamo Gregorio Condori Mamani, soy runa, mi lengua es el quechua. Vengo de Acopia, un pueblo que est\u00e1 en la sierra, no muy lejos del Cusco.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Fui un ni\u00f1o hu\u00e9rfano. No s\u00e9 si mi madre me pari\u00f3 para un casado, para un soltero o para un viudo. No s\u00e9 qui\u00e9n es mi padre. Eso s\u00f3lo lo sabe ella, que ya muri\u00f3 y ahora es alma. Lo \u00fanico que s\u00e9 es que una vez mi t\u00edo Luis me dijo que mi madre me arroj\u00f3 a esta vida en el pueblo de Layo. \u00c9se es mi leg\u00edtimo pueblo porque ah\u00ed nac\u00ed, pero nunca lo he visitado.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Cuando era muy ni\u00f1o y no reventaba mi boca ni para decir mi nombre, mi madre me entreg\u00f3 a mi madrina para que me cuidara, porque ella no ten\u00eda hijos. Crec\u00ed con ella. Pero su esposo era muy taca\u00f1o y me pegaba por t odo, hasta por lo que com\u00eda, y a veces me hac\u00eda sangrar.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Era muy pobre y hu\u00e9rfano, y estaba en poder de mi madrina. Ella me cort\u00f3 los cabellos. Un d\u00eda, cuando ya era grandecito, me dijo:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -Ahora que ya tienes fuerzas y los huesos duros, tienes que ir a trabajar. Te har\u00e9, pues, tu fiambre para que vayas a buscar un trabajo, a ver si traes plata siquiera para la sal de la sopa lawa que comes. Ya no te puedo mantener porque ma&#038;n tilde;ana tendr\u00e1s mujer e hijos, y a lo mejor te toca una mujer que no te vaya a ayudar en nada, y entonces me puedes maldecir. Y yo no quiero que despu\u00e9s de mi muerte alguien me maldiga; porque me puedo volver un alma penante. As\u00ed, s er\u00e1 mejor que t\u00fa solo, desde ahora, aprendas a tejer tu vida para que ma\u00f1ana mantengas a tu familia.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 As\u00ed me habl\u00f3 mi madrina y le respond\u00ed:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -Bueno, mam\u00e1.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Entonces, desde ese d\u00eda, en mi coraz\u00f3n se prendi\u00f3, como alfiler, la idea de salir de la casa de mi madrina para ir a buscar trabajo. Poco despu\u00e9s lleg\u00f3 un arriero a mi pueblo. En muchos caballos y mulas tra\u00ed ;a sal y az\u00facar para cambiarlas por lana, chu\u00f1o y moraya. Me dijeron que ese arriero llevaba chiquitos al Cusco para que trabajaran de sirvientes en las casas de sus compadres. Lo busqu\u00e9\u00e9 para decirle que me llevara con \u00e9l. Cua tro d\u00edas m\u00e1s tarde salimos del pueblo.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Era tiempo de lluvias; la lluvia y la nevada ca\u00edan d\u00eda y noche, hasta que las lomas y las pampas quedaban blancas, todas cubiertas de nieve. Creo que partimos un d\u00eda martes, casi sin saber a d\u00f3nde \u00edbamos, porque n o se ve\u00eda el camino. Las mulas y los caballos andaban al tanteo, y ya por la tarde, cuando el Padre Sol estaba bien inclinado, sali\u00f3 un ratito; los cerros se pusieron blancos, reverberando de luz y empezaron a arder como espejos. M\u00e1s tarde nos detuvimos a dormir y cuando est\u00e1bamos bajando las cargas de la piara de mulas, empez\u00f3 una lluvia fuerte y los truenos ca\u00edan a nuestro lado, reventando como camaretazos muy fuertes. Todos nos asustamos. Las mulas y los cabal los, de puro susto quer\u00edan salir de su corral para escaparse y el arriero nos orden\u00f3 que los sujet\u00e1ramos. As\u00ed nos quedamos toda la noche, abrazados a los animales.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 En medio de esa lluvia, todo mojadito, mis ojos empezaron a dolerme, como si los hubiera tocado un fierro candente como el que se usa para marcar caballos. Creo que el Sol de la tarde me quem\u00f3 los ojos. Como nunca me hab\u00edan dolido con ese dolor que dan ganas de arranc\u00e1rselos, empec\u00e9 a gritar. En eso me dijo otro pe\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -No seas bruto, indio: b\u00e1jate el pantal\u00f3n, amontona harta nieve y si\u00e9ntate encima; ver\u00e1s que tu dolor va a pasar.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Hice lo que me dijo y baj\u00f3 un poco el dolor de mis ojos, pero al d\u00eda siguiente estaba enfermo y ten\u00eda las nalgas todas hinchadas. No pude seguir al arriero y sus hombres y me dejaron encargado en una estancia de ovejeros. Ah&#038;ia cute; me cur\u00f3 la se\u00f1ora de la casa.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Ojal\u00e1 a esta se\u00f1ora de buen coraz\u00f3n el Se\u00f1or la haya hecho sentar a su lado, porque ella es la que me salv\u00f3 cuando yo ya estaba caminando a la otra vida.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Seguro mi estrella era quedarme dando vueltas por la sierra, penando pueblo tras pueblo. Como no sab\u00eda el camino que hab\u00edan tomado los arrieros, cuando me cur\u00e9\u00e9 me qued\u00e9 con la familia de ovejeros.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Pero el due\u00f1o de la estancia ten\u00eda hartos chiquitos que eran unos diablos pendencieros y quer\u00edan pegarme a menudo. Yo no me dejaba. Ellos jode y jode, hasta que se me acababa la paciencia y les pegaba y los hac\u00eda chillar . Por eso varias veces me fuetearon.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Como en ese lugar hab\u00eda poca comida y me maltrataban, regres\u00e9\u00e9 a Acopia, a casa de mi madrina. Creo que a ella le dio gusto verme, pero su esposo segu\u00eda peg\u00e1ndome por todo. Por eso me volv\u00ed a ir poco despu\u00e9 s. Estoy seguro que mi madrina llorar\u00eda cuando se enter\u00f3 que me fui, porque no sabe nada de m\u00ed desde que sal\u00ed de Acopia. Seguro que llor\u00f3 siempre, seguro que siempre me busc\u00f3. &#8220;\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 ; mi pobre hijo?&#8221;, dir\u00eda. &#8220;\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 mi Gregorio? \u00bfD\u00f3nde se ha ido? \u00bfHabr\u00e1 subido al cielo? \u00bfSe lo llev\u00f3 el r\u00edo? \u00bfLo enterr\u00f3 el cerro?&#8221;<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Viaj\u00e9\u00e9 con un carnicero que dorm\u00eda afuera de los pueblos bajo un toldo que \u00e9l mismo llevaba. Yo lo ayudaba arreando sus ovejas y \u00e9l me daba de comer, pero una noche me abandon\u00f3 en plena pampa. Lo busqu\u00e9\u00e9 va rios d\u00edas hasta que una se\u00f1ora me recogi\u00f3 para que le cuidara sus ovejas. Despu\u00e9s me fui al pueblo de Sicuani con unos arrieros que pasaron por su casa. Ah\u00ed viv\u00ed con otro carnicero. Pero este carnicero tambi\u00e9n era diablo. Me pegaba mucho. Mi oreja ya no era oreja. Mi espalda ya no era espalda. Me pegaba demasiado. All\u00ed pastaba vacas. En lo que pastaba, como todo chico, me quedaba dormido. Otras veces se me hac\u00eda tarde. Por eso me pegaba, me colgaba con soga de un tirante y me daba or\u00edn fermentado con holl\u00edn. Yo ten\u00eda que tomar aquello por miedo a que me azotara en la espalda, hasta sangrar.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Por eso una noche me fui de Sicuani. Quer\u00eda ir a otro pueblo, pero no tom\u00e9 el camino porque ten\u00eda miedo de encontrarme al diablo. Estaba muy temeroso. Pero me encontr\u00e9 a un hombre y una mujer que pescaban en la noche. -\u00bfEres de esta vida o de la otra vida? -me dijo el hombre. -Soy de esta vida -contest\u00e9. -\u00bfEntonces, qui\u00e9n eres y a d\u00f3nde vas? -As\u00ed estoy caminando, nada m\u00e1s. No tengo padre. Ellos eran runas nom\u00e1s, como yo, y ten\u00edan buen coraz\u00f3n, porque me dijeron: -\u00bfQuisieras irte con nosotros? Me dieron su fiambre, sacado de su atadito. S\u00f3lo eso com\u00ed. Nos fuimos a la tierra de la mujer, al ayllu de Ariza. En ese pueblo todos eran buenos y de alma limpia. Este hombre, Gumercindo, me ten\u00eda muy estimado porque lo ayudaba a cultivar. Desde chiquito sab\u00eda arar con la yunta. Iba al aporque cargadito del yugo de la yunta y por eso me quer\u00edan m\u00e1s. Cuando ayudaba a los dem\u00e1s de chacra en chacra, los del ayllu no me daban chicha ni trago, porque todav\u00eda no sab\u00eda tomarla, pero comida me daban en abundancia. Por eso mi est\u00f3mago andaba bien, pero mi ropa estaba toda haraposa, porque no me vest\u00edan. Estuve en la casa de don Gumercindo m\u00e1s de un a\u00f1o. Pero cierto d\u00eda me pas\u00f3 mala suerte. Yo creo que la mala suerte est\u00e1 en m\u00ed, pegada como lunar negro. Esa vez vinimos a Sicuani con dos asnos cargados de harina de trigo para vender. Mientras trataba de montar un asno, el otro volte\u00f3 una esquina, y cuando fui tras \u00e9l, hab\u00eda desaparecido. Lo busqu\u00e9\u00e9 y lo busqu\u00e9\u00e9 hasta que se hizo de noche y un misti me dijo que seguramente lo hab\u00edan robado. Por esa raz\u00f3n decid\u00ed no volver m\u00e1s con Gumercindo y me fui con otro misti. Despu\u00e9s estuve con una se\u00f1ora. Iba de casa en casa sin poder quedarme en ninguna, por que siempre perd\u00eda los animales que cuidaba y siempre me corr\u00edan. Cuando iba a los cerros, tras las ovejas, armaba amistad con otros chicos ovejeros y jugaba con ellos mientras las ovejas com\u00edan. Hac\u00edamos bolas de trapo para patear, trompos de unos troncos de chachacomo. Si estaba solo me quedaba dormido. Hasta ahora no he perdido esta costumbre de dormir al instante, donde me siente. Bueno, en lo que pastaba a las ovejitas en los cerros, mientras jugaba o mientras dorm\u00eda, \u00e9\u00e9stas se da\u00f1aban porque com\u00edan papas o pasto verde, o el zorro se las com\u00eda.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 No s\u00e9 por qu\u00e9, pero as\u00ed ser\u00e1 mi suerte: he andado de casa en casa desde la vez que vi la luz del d\u00eda, haciendo renegar a nuestro Dios. \u00c9sa es la suerte de los que hemos sido arrojados a este mundo para sufrir. De esa manera los pobres curamos las heridas de Dios, que est\u00e1 lleno de llagas. Cuando sus heridas est\u00e9n totalmente curadas, el sufrimiento desaparecer\u00e1 de es te mundo. Esto nos dijo una vez en el cuartel un cabo, y nosotros le dijimos:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -\u00bft;C\u00f3mo?, \u00a1;cu\u00e1n grandes son esas heridas que no desaparecen con tanto sufrimiento! Ni que fuera mata caballo.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Ahora, cuando hago memoria, digo que hay m\u00e1s sufrimiento que antes. Esta vida ya no es para aguantar. En mi ignorancia digo, si las llagas de este Dios son causa para tanto sufrimiento, \u00bfpor qu\u00e9\u00e9 no se le busca y se le cura? As\u00ed le dije un d\u00eda a mi mujer, y ella me respondi\u00f3:<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 -Dicen que para eso, para curar a Dios, los extranjeros han ido en avi\u00f3n al monte de la Mama Killa.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Y esos d\u00edas todos en las calles hablaban de que los gringos hab\u00edan llegado a la Mama Killa despu\u00e9s de viajar una semana en avi\u00f3n. Pero yo creo que eso s\u00f3lo es habladur\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomado del libro Hijos de la Primavera: vida y palabras de los indios de Am\u00e9rica; F.C.E., M\u00e9xico 1994 p\u00e1g.71 Coordinador: Federico Navarrete Linares. Adaptaci\u00f3n: Federico Navarrete Linares. Ilustrador: Andr\u00e9s S\u00e1nchez de Tagle. \u00c9sta es la historia de la vida de Gregorio, un indio quechua del Per\u00fa. 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