{"id":58,"date":"2006-01-20T19:17:39","date_gmt":"2006-01-20T19:17:39","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=58"},"modified":"2006-01-20T19:17:39","modified_gmt":"2006-01-20T19:17:39","slug":"estaciones-de-radio-indigena-58","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=58","title":{"rendered":"Estaciones de radio indigena-58"},"content":{"rendered":"<p>Es quiz\u00e1 en la simbolog\u00eda cristiana donde se recurre con mayor frecuencia a la figura del drag\u00f3n para expresar la noci\u00f3n del ego, su tremendo poder y la terrible amenaza que supone para la vida humana. Y esta interpretaci\u00f3n del drag\u00f3n como materializaci\u00f3n simb\u00f3lica del ego cobra un especial relieve en las formulaciones doctrinales de la m\u00edstica y el esoterismo cristianos, y sobre todo en los autores representativos de la llamada \u00abTeosof\u00eda cristiana\u00bb, que son los que dedican mayor atenci\u00f3n al an\u00e1lisis y explicaci\u00f3n de dicho simbolismo.<br \/>\n\u00a0  Aclaremos, para evitar de antemano cualquier malentendido, que por \u00abTeosof\u00eda cristiana\u00bb ha de entenderse -de acuerdo a su genuina significaci\u00f3n etimol\u00f3gica: \u00abSabidur\u00eda de Dios\u00bb; a la vez Sabidur\u00eda acerca de Dios y Sabidur\u00eda recibida de Dios- aquella corriente m\u00edstico-esot\u00e9rica; que se desarrolla dentro de la tradici\u00f3n cristiana, tanto en clima protestante como cat\u00f3lico, a partir del siglo XVl y que en modo alguno hay que confundir con el Teosofismo, aberraci\u00f3n espiritualista de los tiempos modernos que usurp\u00f3 el nombre de tan preclara rama tradicional de Occidente, al tiempo que desvirtuaba y adulteraba su doctrina.<br \/>\n\u00a0  Para Jakob Bohme, al que sin lugar dudas se puede considerar como el m\u00e1s preclaro representante de la Teosof\u00eda Cristiana y una de las m\u00e1ximas figuras del esoterismo occidental, el drag\u00f3n es el s\u00edmbolo de lo que \u00e9l llama Selbheit o Eigenheit, esto es, la egoidad, ipseidad o propia particularidad individual: &#8220;la falsa voluntad del yo particular&#8221;; &#8220;la propia voluntad&#8221; que se revela como una &#8220;potencia de la ira&#8221; y como &#8220;un fundamento de la mentira y la hostilidad&#8221;; &#8220;la voluntad falsa, figurada y desviada de la propia conveniencia&#8221;. <\/p>\n<p>\u00a0  Explicando el significado del drag\u00f3n de siete cabezas sobre el que cabalga la prostituta babil\u00f3nica, seg\u00fan el Apocalipsis, el fil\u00f3sofo teut\u00f3nico dir\u00e1 que dicho monstruo no representa sino &#8220;la voluntad propia y ad\u00e1nica&#8221; que se convierte en asesina y mata en el hombre la imanen divina. En una de sus t\u00edpicas im\u00e1genes simb\u00f3licas, con las que pretende describir la experiencia del renacimiento interior. Bohme afirma que el &#8220;nuevo Ad\u00e1n&#8221;, el &#8220;hijo de la Virgen&#8221;, que marcha como forastero y peregrino por este mundo, se ve acechado por el &#8220;viejo Ad\u00e1n&#8221;, el cual alza su cabeza como &#8220;un feroz y horrible drag\u00f3n que \u00fanicamente busca devorar&#8221;, arrojando por su boca agua y fuego para acabar con &#8220;la imagen de la Virgen&#8221;. La lucha con el drag\u00f3n -escribe en una de sus Ep\u00edstolas teos\u00f3ficas-, es la lucha que Cristo y el Amor divino libran en la naturaleza del hombre contra el amor propio, contra esa voluntad del ego o &#8220;propio yo&#8221; que, al distanciarse de la Voluntad de Dios y pretender erigirse en centro independiente, enciende la Ira o C\u00f3lera divina, cuya propiedad es el luego devorador, o, lo que es lo mismo, &#8220;la angustia, la discordia y el conflicto&#8221;. Fue la b\u00fasqueda de s\u00ed mismo, el endiosamiento de la egoidad, lo que ocasion\u00f3 la p\u00e9rdida del Para\u00edso. Por ello -advierte Bohme-, para que el Para\u00edso vuelva a verdear y a fructificar en nosotros, para que se abra de nuevo las puertas de la inmortalidad y del Cielo divino que est\u00e1n grabadas en el microcosmos, &#8220;hay que matar de antemano al drag\u00f3n&#8221;. <\/p>\n<p>\u00a0  William Law, siguiendo la senda trazada por el gran maestro teut\u00f3nico, proclama asimismo que el fiery dragon (&#8220;drag\u00f3n \u00edgneo&#8221;) y la devouring beast (&#8220;bestia devoradora&#8221;) descritos de forma tan sobrecogedora en el Apocalipsis no son otra cosa que el yo, the self, en el cual est\u00e1 la fuente misma del pecado y la ra\u00edz de todos los males que acosan a la vida humana. &#8220;El orgullo, la persecuci\u00f3n, la ira, el odio y la envidia son la esencia misma del drag\u00f3n de fuego&#8221;. Todo hombre que nace en el mundo -dice el m\u00edstico anglicano- &#8220;tiene dentro de s\u00ed todos los enemigos a los que ha de vencer&#8221;, pues en el propio ego est\u00e1 contenido &#8220;todo lo que el ser humano debe temer y odiar, resistir y evitar&#8221;. No hay otro drag\u00f3n ni otro peligro que nos pueda amenazar -sostiene Law- que el que portamos dentro de nosotros. Es tu propio drag\u00f3n, tu propia bestia o tu propio anticristo, &#8220;que vive en la sangre de tu propio coraz\u00f3n, el \u00fanico que puede da\u00f1arte&#8221;. El drag\u00f3n es, ni m\u00e1s ni menos, la &#8220;naturaleza humana ca\u00edda&#8221;, lo que es tanto como decir, &#8220;el propio inter\u00e9s y la auto-exaltaci\u00f3n&#8221;, &#8220;la codicia y sensualidad de cualquier clase&#8221;, la religi\u00f3n anti-divina que, gobernada por un \u00e1nimo mercantil y mundano, no va orientada m\u00e1s que a &#8220;gratificar el inter\u00e9s parcial de la carne y la sangre&#8221;. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Law, que recoge la doctrina bohmiana de la pugna entre la C\u00f3lera y el Amor divinos, vuelve a insistir en la verdad fundamental de que la vida eg\u00f3tica se encuentra\u00a0 del lado de la primera, por haber dado la espalda al segundo, al Amor que aplaca la C\u00f3lera. Sobre esta idea b\u00e1sica, elabora su doctrina de la naturaleza del ser humano, seg\u00fan la cual todo hombre porta en s\u00ed dos naturalezas hostiles y en continuo combate: por una parte, la naturaleza luminosa, unida al amor, la alegr\u00eda y la gloria, y, frente a ella, la naturaleza tenebrosa, que porta consigo la ira, el fuego, la oscuridad y el mal de la vida creatural separada de Dios. De un lado, la semilla o sed de la vida celestial y divina, &#8220;el de Dios dentro de ti&#8221;, el Cristo interior, el Cordero de Dios que es &#8220;un poder redentor&#8221;; de otro, &#8220;la bestia de los placeres carnales, la serpiente de la astucia y del enga\u00f1o, el drag\u00f3n de la ira ardiente&#8221;\u00a0 que rodea la semilla divina buscando asfixiarla, para evitar el nacimiento de Cristo del alma. He aqu\u00ed, concluye Law, el gran combate y la gran prueba de la vida humana, en la que se decide si la victoria va a conseguirla el drag\u00f3n \u00edgneo y airado o la Luz y el Amor de Dios; si en el interior del hombre nacer\u00e1 y\u00a0 se impondr\u00e1 &#8220;el reino del yo&#8221;, que es el reino del pecado, o &#8220;el Reino de Cristo&#8221;, que es el reino de la paz y del amor.\u00a0 \u00a0 \u00a0  Reflexiones similares encontrarnos en Gichtel, otro eminente representante de la Teosof\u00eda alemana, el cual define a la egoidad o &#8220;voluntad propia&#8221; como &#8220;un drag\u00f3n de enemistad que resiste a Dios en sus actos y su conducta toda&#8221;. El m\u00edstico alem\u00e1n, adoptando la terminolog\u00eda apocal\u00edptica, emplea las expresiones &#8220;drag\u00f3n rojo&#8221; y &#8220;drag\u00f3n de ego&#8221; para referirse al ego, al que considera responsable dc la ca\u00edda de los or\u00edgenes. En \u00e9l, dice, est\u00e1 el drag\u00f3n &#8220;contra el que debe luchar el hombre por la fuerza de Jes\u00fas&#8221;. Cuando la voluntad creatural se separa de la Voluntad divina, de su Luz y de su Amor que son el verdadero fundamento de toda vida creada, aqu\u00e9lla &#8220;se transforma en un drag\u00f3n col\u00e9rico, \u00edgneo y exaltado&#8221;; pues, al separarse del Amor, abre el propio ser a la C\u00f3lera. Por eso, tenemos que combatir hasta el derramamiento de nuestra sangre contra &#8220;el drag\u00f3n de la voluntad&#8221; que nos amenaza de muerte, y esforzarnos para dar muerte a la egoidad con la ayuda de Dios. Cuando la egoidad muere, afirma Gichtcl, &#8220;el drag\u00f3n de fuego pierde su reino y su trono&#8221;. Entonces irrumpen la alegr\u00eda y el contento en la vida del hombre porque ha sido derrotado un monstruo que ocultaba la Luz divina a uno mismo y a los dem\u00e1s. De nuevo queda expedito el camino que conduce al Para\u00edso y el vencedor en el combate santo podr\u00eda &#8220;despertar a la prometida&#8221;, la Sophia o Sabidur\u00eda divina de la que nos separ\u00f3 la prevaricaci\u00f3n egoc\u00e9ntrica. La Sophia celeste, termina diciendo Gichtel en un lenguaje que recuerda a los antiguos libros de caballer\u00eda, coronar\u00e1 con los laureles de la victoria a quienes lucharon valerosamente movidos por el Amor y pondr\u00e1 una guirnalda ang\u00e9lica &#8220;sobre la cabeza de todos sus fieles caballeros que vencieron en ellos al drag\u00f3n del ego\u00edsmo, la C\u00f3lera de Dios&#8221;.<\/p>\n<p>\u00a0  En la misma idea insiste Gottfried Arnold, otro de los grandes exponentes de la doctrina sofi\u00e1nica que tanto arraigo encontr\u00f3 en tierras teut\u00f3nicas. Para Arnold, &#8220;el gran drag\u00f3n&#8221;, ese drag\u00f3n que siente un odio furibundo contra la Sophia divina y que procura por todos los medios destruir la correspondencia y comunidad del alma con la Mensajera celestial, no es otro que &#8220;el hombre viejo&#8221;. Por eso, asevera el m\u00edstico protestante, para quienes deseen alcanzar la perfecci\u00f3n y restablecer la uni\u00f3n con la Sophia, es indispensable &#8220;la renuncia a s\u00ed mismos&#8221;&#8230; No es posible el reencuentro con la Amada divina sin haber vencido antes al drag\u00f3n que, desde dentro de nosotros mismos, se opone con todas sus fuerzas a tal encuentro.<\/p>\n<p> &#8230;A William Blake, el gran poeta y pintor visionario ingl\u00e9s, debemos una de las m\u00e1s sugestivas formulaciones de la imagen drac\u00f3nica dcl ego, que \u00e9l nos muestra envuelta en su compleja constelaci\u00f3n de s\u00edmbolos y alegor\u00edas, no siempre f\u00e1ciles de comprender o de interpretar. Para Blake, la egoidad o yoidad se identifica con Satan\u00e1s, que es una misma cosa con &#8220;el Espectro&#8221; del ser humano, con el Drag\u00f3n y &#8220;el Gusano de la tierra&#8221;. El autor de Cielo e Infierno se refiere con insistencia a lo que \u00e9l llama &#8220;la Gran Egoidad Sat\u00e1n&#8221;, que predica el materialismo y se autoproclama Dios exigiendo sumisi\u00f3n absoluta de todo y de todos, se\u00f1alando que su meta no es otra que &#8220;matar a la Humanidad divina&#8221;, asfixiar el germen sobrenatural y eterno latente en el ser humano. Le da tambi\u00e9n a veces el nombre de Caos (Chaos), t\u00e9rmino que aplica de manera especial a &#8220;la mente confusa del hombre sin visi\u00f3n&#8221;, es decir, privado de esa visi\u00f3n l\u00facida que dan la verdad y el amor. Por eso esa egoidad ca\u00f3tica, que es el ego\u00edsmo larvado e innato con que nacemos, no puede ser considerado en modo alguno como la esencia de la Humanidad, sino que m\u00e1s bien se opone a ella: al desarrollarse se convierte en &#8220;el Espectro&#8221;, que es el Sat\u00e1n de uno mismo, &#8220;el poder devorador&#8221;, &#8220;el p\u00f3lipo de la muerte&#8221;. Ese Earth-worm, drag\u00f3n o gusano de la tierra, que es el ego-sat\u00e1n crece hasta convertirse en una &#8220;serpiente marcada&#8221;, la cual va convirti\u00e9ndose en un venenoso drag\u00f3n alado.<\/p>\n<p>\u00a0  Junto a la serpiente y el gusano, el drag\u00f3n ocupa un puesto relevante en la iconograf\u00eda de William Blake, figurando con profusi\u00f3n en dibujos, acuarelas y grabados. Acaso la m\u00e1s representativa de sus imaginativas ilustraciones sobre el drag\u00f3n sea el grabado The Old Dragon (&#8220;El Viejo Drag\u00f3n&#8221;), en el que la bestia infernal aparece con forma humana, cual ogro o gigante con siete cabezas, varias de ellas femeninas, y con una larga y poderosa cola de saurio o reptil que llega hasta el cielo. En dicho grabado, por la fusi\u00f3n de lo humano y lo bestial, podemos ver una excelente plasmaci\u00f3n de la idea del ego-drag\u00f3n: en su mano derecha el gigante adragonado detenta un cetro, s\u00edmbolo de esa majestad suprema que el ego ileg\u00edtimamente se arroga, mientras que en la mano izquierda porta una espada, emblema de la violencia en que el ego basa su existencia. En el pensamiento y la obra de Blake, la egoidad se perfila por tanto como el drag\u00f3n que amenaza la existencia del hombre sobre la tierra.<br \/>\n\u00a0 &#8230;Podemos, pues, concluir que en le drag\u00f3n es el s\u00edmbolo del ego como potencia entenebrecedora, separadora y disociadora. En ese monstruo deforme se halla simbolizado Sat\u00e1n, el Inicuo, el maligno, el Separador, el enemigo de Dios, del hombre y del cosmos; el agente de la muerte, que se enfrenta a la vida. Es el s\u00edmbolo de la fuerza negativa, viciosa o pecaminosa que, actuando desde el interior mismo del alma, aleja al hombre de s\u00ed mismo y de su Ra\u00edz, de su Principio y Fin, entreg\u00e1ndole a las potencias del mal con toda su consecuencias desgarradoras. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 La misma fuerza antihumana y antidivina que, seg\u00fan la doctrina cristiana, ocasion\u00f3 la ca\u00edda de Ad\u00e1n, el primer hombre. Es interesante, a este respecto, constatar que, en algunas obras de arte medievales, el momento de la ca\u00edda del primer hombre, o sea, del &#8220;pecado original&#8221;, es representado reproduciendo, junto a la figura m\u00e1s usual de la serpiente tentadora, un peque\u00f1o drag\u00f3n que acecha a espaldas de Ad\u00e1n, como puede verse, por ejemplo, en los relieves rom\u00e1nicos de la Bemwardst\u00fcr o &#8220;Puerta de San Bernward&#8221;. en la catedral de Hildesheim. (*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Antonio Medrano, La lucha con el drag\u00f3n. La tiran\u00eda del ego y la gesta heroica interior, Madrid, Ediciones Yatay, 1999.<\/p>\n<p>Ilustraciones (de arriba hacia abajo): 1: Fuente de San Jorge y el drag\u00f3n en el Patio de los Naranjos de Palau de la Generalitat, en Barcelona. Foto de Jordi Bedmar para portada de La lucha contra el drag\u00f3n, obra de la que procede el texto de este item; 2: San Jorge matando al drag\u00f3n en versi\u00f3n de Alberto Durero; 3: Imagen de mujer y drag\u00f3n de William Blake. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es quiz\u00e1 en la simbolog\u00eda cristiana donde se recurre con mayor frecuencia a la figura del drag\u00f3n para expresar la noci\u00f3n del ego, su tremendo poder y la terrible amenaza que supone para la vida humana. 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