{"id":4272,"date":"2009-04-14T20:42:53","date_gmt":"2009-04-14T20:42:53","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4272"},"modified":"2009-04-14T20:42:53","modified_gmt":"2009-04-14T20:42:53","slug":"para-acabar-con-la-cr\u00edtica-freudiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4272","title":{"rendered":"Para acabar con la cr\u00edtica freudiana"},"content":{"rendered":"<p>Para acabar con la cr\u00edtica freudiana<br \/>\nLas listas de Metterling<br \/>\nPor fin, Venal &#038; Sons acaba de publicar el primer volumen tan largamente esperado de las listas de ropa de Metterling (Las listas completas de ropa de Hans Metterling, vol. I: 437 p\u00e1gs., con una introducci\u00f3n de XXXII p\u00e1gs.; \u00edndice; $ 18,75), con un comentario erudito del conocido estudioso de Metterling, Gunther Eisenbud. La decisi\u00f3n de publicar esta obra por separado, antes de que se termine la inmensa oeuvre en cuatro vol\u00famenes, es satisfactoria e inteligente ya que este libro contumaz y espumeante dejar\u00e1 de inmediato sin efecto los desagradables rumores seg\u00fan los cuales Venal &#038; Sons, despu\u00e9s de haber cosechado sustanciosas ganancias con las novelas, obras de teatro, cuadernos de anotaciones, diarios y cartas de Metterling, s\u00f3lo procuraba seguir embolsando copiosos beneficios con el mismo material. \u00a1Cu\u00e1n errados han estado los propagadores de esos rumores! Por cierto, la mism\u00edsima primera lista de ropa de Metterling<br \/>\nLISTA N\u00ba 1<br \/>\n6 pares de calzoncillos<br \/>\n4 camisetas<br \/>\n6 pares de calcetines azules<br \/>\n4 camisas azules<br \/>\n2 camisas blancas<br \/>\n6 pa\u00f1uelos<br \/>\nSin almid\u00f3n<br \/>\nes la perfecta y casi sublime introducci\u00f3n a este genio problem\u00e1tico, conocido por sus contempor\u00e1neos como el \u00abRaro de Praga\u00bb. Esta primera lista fue garrapateada mientras Metterling escrib\u00eda Confesiones de un queso monstruoso, obra de sorprendente importancia filos\u00f3fica en la que prob\u00f3 no s\u00f3lo que Kant estaba equivocado acerca del universo, sino que tampoco hab\u00eda cobrado nunca un cheque. La repugnancia que sent\u00eda Metterling por el almid\u00f3n es t\u00edpica de la \u00e9poca, y cuando este paquete de ropa le fue devuelto demasiado r\u00edgido, Metterling se puso de mal humor y sufri\u00f3 un ataque de depresi\u00f3n. Su ama de llaves, Frau Weiser, comunic\u00f3 a unos amigos que \u00abhace d\u00edas que Herr Metterling est\u00e1 encerrado en su habitaci\u00f3n llorando porque le han almidonado los calzoncillos\u00bb. Breuer se\u00f1al\u00f3 ya en varias ocasiones la relaci\u00f3n entre los calzoncillos almidonados y la sensaci\u00f3n permanente que ten\u00eda Metterling de que hablaban de \u00e9l hombres con carrillos (Metterling: Psicosis paranoica-depresiva y las primas listas, Zeiss Press). Este tema de la incapacidad para seguir instrucciones aparece en la \u00fanica obra teatral de Metterling, Asma, cuando Needleman lleva por equivocaci\u00f3n al Valhalla la pelota de tenis maldita. El evidente enigma de la segunda lista<br \/>\nLISTA N\u00ba 2<br \/>\n7 pares de calzoncillos<br \/>\n5 camisetas<br \/>\n7 pares de calcetines negros<br \/>\n6 camisas azules<br \/>\n6 pa\u00f1uelos<br \/>\nSin almid\u00f3n<br \/>\nradica en los siete pares de calcetines negros, pues hace ya mucho tiempo que es vox populi que Metterling era sumamente proclive al azul. Sin duda, durante a\u00f1os, la mera menci\u00f3n de cualquier otro color le pon\u00eda hecho una furia y en cierta ocasi\u00f3n dio un empuj\u00f3n a Rilke y le hizo caer sobre un mont\u00f3n de miel porque el poeta dijo que prefer\u00eda las mujeres de ojos casta\u00f1os. Seg\u00fan Anna Freud (\u00abLos calcetines de Metterling como expresi\u00f3n de la madre f\u00e1lica\u00bb, Journal of Psychoanalysis, nov. 1935), este cambio s\u00fabito a ropajes m\u00e1s sombr\u00edos est\u00e1 relacionado con la infelicidad que le produjo el \u00abIncidente de Bayreuth\u00bb. All\u00ed fue donde, durante el primer acto de Trist\u00e1n, no pudo contener un estornudo e hizo volar el peluqu\u00edn de uno de los m\u00e1s ricos patrocinadores del teatro. El p\u00fablico se convulsion\u00f3, pero Wagner sali\u00f3 en su defensa con el ahora ya cl\u00e1sico comentario: \u00abTodo el mundo estornuda\u00bb. Para colmo, Cosima Wagner estall\u00f3 en sollozos y acus\u00f3 a Metterling de sabotear la obra de su marido.<br \/>\nYa nadie duda de que Metterling se sent\u00eda atra\u00eddo por Cosima Wagner; sabemos que una vez la cogi\u00f3 de la mano en Leipzig y cuatro a\u00f1os m\u00e1s tarde, una vez m\u00e1s, en el valle del Rhur. En Danzig, se refiri\u00f3 tangencialmente a la tibia de Cosima durante el transcurso de una tormenta y ella decidi\u00f3 que era mejor no volver a verlo nunca m\u00e1s. De regreso a su casa en estado de agotamiento, Metterling escribi\u00f3 Pensamiento de un pollo y dedic\u00f3 el manuscrito original a los Wagner. Cuando \u00e9stos lo utilizaron para calzar la mesa de la cocina, que ten\u00eda una pata m\u00e1s corta, Metterling se enfad\u00f3 y se cambi\u00f3 a calcetines oscuros. Su ama de llaves le rog\u00f3 que conservara su azul tan amado o que, por lo menos, hiciera un intento con el marr\u00f3n, pero Metterling la maldijo exclamando: \u00ab\u00a1Perra, \u00bfy por qu\u00e9 no escoceses, eh?!\u00bb.<br \/>\nEn la tercera lista<br \/>\nLISTA N\u00ba 3<br \/>\n6 pa\u00f1uelos<br \/>\n5 camisetas<br \/>\n8 pares de calcetines<br \/>\n3 s\u00e1banas<br \/>\n2 fundas de almohada<br \/>\nse menciona por primera vez la ropa de cama: Metterling sent\u00eda pasi\u00f3n por la ropa de cama, en especial por las fundas que \u00e9l y su hermana, cuando eran ni\u00f1os, se pon\u00edan sobre la cabeza cuando jugaban a los fantasmas, hasta que un d\u00eda \u00e9l se cay\u00f3 de bruces en una cantera de piedra. A Metterling le gustaba dormir con ropa de cama limpia y lo mismo le sucede a sus personajes de ficci\u00f3n. Horst Wasserman, el herrero impotente de Filete de arenque, comete un asesinato por un cambio de s\u00e1banas, y Jenny, en El dedo del pastor, est\u00e1 dispuesta a acostarse con Klinesman (a quien odia por haber frotado a su madre con mantequilla) \u00absi esto significa dormir entre s\u00e1banas suaves\u00bb. Es una tragedia el que la lavander\u00eda jam\u00e1s dejara la ropa de cama a satisfacci\u00f3n de Metterling, pero afirmar, como lo ha hecho Pflatz, que su consternaci\u00f3n al respecto no le permiti\u00f3 terminar Adonde vas, cretino, es absurdo. Metterling se permit\u00eda el lujo de enviar a lavar sus s\u00e1banas, pero no sent\u00eda dependencia por eso.<br \/>\nLo que impidi\u00f3 a Metterling terminar el libro de poemas tanto tiempo proyectado, fue un romance abortado que figura en la \u00abFamosa Cuarta Lista\u00bb:<br \/>\nLISTA N\u00ba 4<br \/>\n7 pares de calzoncillos<br \/>\n6 pa\u00f1uelos<br \/>\n6 camisetas<br \/>\n7 pares de calcetines negros<br \/>\nSin almid\u00f3n<br \/>\nServicio especial en veinticuatro horas<br \/>\nEn 1884, Metterling conoci\u00f3 a Lou Andreas-Salom\u00e9 y de pronto nos enteramos de que a partir de entonces exigi\u00f3 que se le lavara la ropa todos los d\u00edas. En realidad, los present\u00f3 Nietzsche quien dijo a Lou que Metterling pod\u00eda ser un genio o un idiota y que intentara averiguarlo. En aquellos tiempos, el servicio especial en veinticuatro horas se estaba volviendo bastante popular en el Continente, sobre todo entre los intelectuales, y la innovaci\u00f3n fue bien recibida por Metterling. Al menos era r\u00e1pido, y Metterling adoraba la rapidez. Siempre se presentaba a las citas temprano \u0097a veces varios d\u00edas antes y entonces ten\u00edan que acomodarlo en el cuarto de hu\u00e9spedes. A Lou tambi\u00e9n le encantaba el env\u00edo diario de ropa limpia de la lavander\u00eda. Se pon\u00eda tan contenta como una ni\u00f1a; a menudo llevaba a pasear a Metterling por el bosque y all\u00ed abr\u00eda el \u00faltimo env\u00edo del escritor. A ella le encantaban sus camisetas y sus pa\u00f1uelos, pero m\u00e1s que nada adoraba sus calzoncillos. Escribi\u00f3 a Nietzsche que los calzoncillos de Metterling eran lo m\u00e1s sublime que hab\u00eda encontrado en su vida, incluyendo As\u00ed habl\u00f3 Zaratustra. Nietzsche se port\u00f3 como un caballero al respecto, pero siempre sinti\u00f3 celos de los calzoncillos de Metterling y le cont\u00f3 a sus \u00edntimos que le parec\u00edan \u00abhegelianos en extremo\u00bb. Lou Salom\u00e9 y Metterling se separaron despu\u00e9s del Gran Desastre de la Melaza de 1886 y, si bien Metterling perdon\u00f3 a Lou, \u00e9sta siempre dijo de \u00e9l que \u00absu mente ten\u00eda sombras de frenop\u00e1tico\u00bb.<br \/>\nLa quinta lista<br \/>\nLISTA N\u00b0 5<br \/>\n6 camisetas<br \/>\n6 calzoncillos<br \/>\n6 pa\u00f1uelos<br \/>\nconfundi\u00f3 siempre a los estudiosos, principalmente por la total ausencia de calcetines. (Por cierto, Thomas Mann, a\u00f1os m\u00e1s tarde, se interes\u00f3 tanto por el problema que escribi\u00f3 toda una obra de teatro sobre el tema: Las calcetas de Mois\u00e9s que, en un descuido, se le cay\u00f3 en un alba\u00f1al.) \u00bfPor qu\u00e9 este gigante de la literatura sac\u00f3 s\u00fabitamente los calcetines de su lista semanal? No fue, como afirman algunos estudiosos, una se\u00f1al de su creciente locura, aun cuando Metterling por aquel entonces hab\u00eda adoptado ciertas extra\u00f1as caracter\u00edsticas en su conducta. Por ejemplo, cre\u00eda que lo segu\u00edan o que \u00e9l segu\u00eda a otra persona. Cont\u00f3 a unos amigos \u00edntimos algo acerca de una conspiraci\u00f3n gubernamental para robarle el ment\u00f3n; y, en cierta ocasi\u00f3n, durante unas vacaciones en Jena, no pudo decir otra cosa que la palabra \u00abberenjena\u00bb durante cuatro d\u00edas seguidos. Sin embargo, estos ataques fueron temporales y no explican la desaparici\u00f3n de los calcetines. Tampoco lo hace su emulaci\u00f3n de Kafka quien, durante un breve per\u00edodo de su vida, dej\u00f3 de llevar calcetines debido a un sentimiento de culpa. Pero Eisenbud nos asegura que Metterling sigui\u00f3 llevando calcetines. \u00a1Simplemente dej\u00f3 de enviarlos a la tintorer\u00eda! \u00bfY por qu\u00e9? Porque en esa \u00e9poca de su vida, consigui\u00f3 una nueva ama de llaves, Frau Milner, quien consinti\u00f3 en lavarle los calcetines a mano (gesto que emocion\u00f3 tanto a Metterling que leg\u00f3 a esa mujer toda su fortuna, que consist\u00eda en un sombrero negro y un poco de tabaco). Asimismo, ella aparece en el personaje Hilda en su alegor\u00eda c\u00f3mica, El icor de Mam\u00e1 Brandt.<br \/>\nEs obvio que la personalidad de Metterling empez\u00f3 a fragmentarse en 1894, seg\u00fan podemos deducir en parte de la sexta lista:<br \/>\nLISTA N\u00ba 6<br \/>\n25 pa\u00f1uelos<br \/>\n1 camiseta<br \/>\n5 calzoncillos<br \/>\n1 calcet\u00edn.<br \/>\nYa no resulta sorprendente que, en aquel per\u00edodo, iniciara un an\u00e1lisis con Freud. Lo hab\u00eda conocido a\u00f1os antes en Viena cuando los dos acudieron a la representaci\u00f3n de Edipo, ocasi\u00f3n en la que Freud tuvo que ser sacado del teatro presa de un ataque de sudor fr\u00edo. Las sesiones fueron tormentosas y, si damos cr\u00e9dito a las anotaciones de Freud, el comportamiento de Metterling fue hostil. En cierto momento, amenaz\u00f3 con almidonar la barba de Freud y con frecuencia dec\u00eda que \u00e9ste le recordaba a su tintorero. Poco a poco, las extra\u00f1as relaciones de Metterling con su padre salieron a la palestra. (Los estudiantes de nuestro autor ya se han familiarizado con el padre de Metterling, un peque\u00f1o funcionario que a menudo ridiculizaba a Metterling compar\u00e1ndole con una salchicha.) Freud escribe acerca de un sue\u00f1o clave que le describi\u00f3 Metterling:<br \/>\nEstoy en una cena con unos amigos cuando de pronto entra un hombre con un bol de sopa en una trailla. Acusa a mi ropa interior de traici\u00f3n y, cuando una dama me defiende, a \u00e9sta se le cae la cabeza. Lo encuentro divertido en el sue\u00f1o y me r\u00edo. Pronto todo el mundo se r\u00ede salvo mi tintorero, que parece serio y se queda sentado poni\u00e9ndose gachas en los o\u00eddos. Entra mi padre, recoge la frente de la dama y sale corriendo con ella. Corre hasta la plaza p\u00fablica gritando: \u00ab\u00a1Al fin! \u00a1Al fin! \u00a1Una frente propia! Ahora no tendr\u00e9 que depender de ese idiota de mi hijo\u00bb. Esto me deprime en el sue\u00f1o y siento la urgente necesidad de besar la ropa del burgomaestre. En este momento, el paciente se pone a llorar y se olvida del resto del sue\u00f1o.<br \/>\nCon los conocimientos adquiridos gracias a este sue\u00f1o, Freud pudo ayudar a Metterling, y los dos se hicieron bastante amigos por fuera del psicoan\u00e1lisis, aunque Freud jam\u00e1s permiti\u00f3 que Metterling se pusiera a sus espaldas.<br \/>\nEn el volumen II, se anuncia que Eisenbud se har\u00e1 cargo de las Listas 7-25 que incluyen los a\u00f1os de la \u00abtintorer\u00eda particular\u00bb de Metterling y el pat\u00e9tico malentendido con los chinos de la esquina.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para acabar con la cr\u00edtica freudiana Las listas de Metterling Por fin, Venal &#038; Sons acaba de publicar el primer volumen tan largamente esperado de las listas de ropa de Metterling (Las listas completas de ropa de Hans Metterling, vol. 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