{"id":4268,"date":"2009-04-14T20:38:50","date_gmt":"2009-04-14T20:38:50","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4268"},"modified":"2009-04-14T20:38:50","modified_gmt":"2009-04-14T20:38:50","slug":"la-inundacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4268","title":{"rendered":"la inundacion"},"content":{"rendered":"<p>Marzo 30, 2007<br \/>\nFragmentos<\/p>\n<p>Hac\u00eda una semana que estaban all\u00ed, refugiados de la inundaci\u00f3n, que hab\u00eda cubierto casi completamente el pueblo. El agua formaba una inmensa laguna y no se ve\u00edan p\u00e1jaros, ni siquiera cerca de la iglesia. Tras una sequ\u00eda de tres meses, que oblig\u00f3 a llevar los ganados muy lejos, desbord\u00f3 el r\u00edo Largo como desde cincuenta a\u00f1os no se ten\u00eda noticia. A los tres d\u00edas de lluvia diluviana sali\u00f3 del cauce y se volc\u00f3 en la hondonada, donde alz\u00e1base la poblaci\u00f3n. A la distancia se ve\u00edan los techos y los molinos, las copas de los \u00e1rboles y maderas y enseres boyantes.<\/p>\n<p>Los vecinos huyeron despavoridos, a pie, transportando en carros y jardineras lo que pudieron cargar en el apuro. No menos de sesenta veh\u00edculos cargados de v\u00edveres, ropas y vituallas de toda clase. De muchos s\u00f3lo quedaban las ruedas y los herrajes, porque les arrancaron la madera para hacer fuego. Los caballos pastaban sueltos, sin que se apartaran mucho de los carros, debajo de los cuales los perros se guarec\u00edan en lo m\u00e1s recio de los chaparrones.<\/p>\n<p>Al ir llegando a la iglesia la caravana, el padre Demetrio qued\u00f3 aturdido. En vano intent\u00f3 oponerse a que tuvieran asilo en ella los fugitivos. Al principio rogaron con humildad, y al fin exigieron. Bajo la llovizna que ca\u00eda lenta, insistentemente, hombres y mujeres comenzaron a rugir con igual fiereza. El padre Demetrio, anciano de setenta a\u00f1os, y el sacrist\u00e1n, don Pedro, m\u00e1s viejo todav\u00eda decidieron abrir de par en par las puertas. Tuvo la impresi\u00f3n el anciano sacerdote de una profanaci\u00f3n en masa y como si la turba pasara con los botines cubiertos de barro sobre su cuerpo y sobre los santos objetos del culto. El alud penetr\u00f3 y fue ocupando los espacios libres, seg\u00fan la importancia que cada cual se atribu\u00eda. Las familias principales se instalaron en la sacrist\u00eda, junto al altar mayor o en el coro; las m\u00e1s humildes en las naves laterales. <\/p>\n<p>Separados o contiguos, los vecinos de General Est\u00e9vez conservaban inc\u00f3lumes sus viejos enconos, rivalidades y desprecios. Por lo cual encontr\u00e1banse en situaciones muy embarazosas cuando, por motivos apremiantes, hab\u00edan de dirigirse la palabra aqu\u00e9llos que durante a\u00f1os se negaron el saludo. El agua invadi\u00f3 las casas por igual, y el mismo instinto de conservaci\u00f3n los reuni\u00f3 sin reconciliarlos. Otros, en cambio, reanudaron el trato, especialmente las mujeres. Y como los d\u00edas y las noches eran interminables, hasta trabaron una segunda amistad.<\/p>\n<p>La iglesia hab\u00eda sido construida sobre una colina, a tres kil\u00f3metros de General Est\u00e9vez, yendo hacia Felipe Arana, que distaba cinco leguas, m\u00e1s o menos. Don Juli\u00e1n Fern\u00e1ndez dej\u00f3 un legado de toda su fortuna, al morir octogenario, para que se elevara all\u00ed mismo ese templo, que costaba dos millones de pesos, y para cuyo sostenimiento destin\u00f3 los r\u00e9ditos de un mill\u00f3n, depositados en t\u00edtulos. All\u00ed, all\u00ed mismo, recibi\u00f3 \u00e9l, volviendo de un viaje, una prueba inequ\u00edvoca de la protecci\u00f3n de su santo patrono. Al desbocarse los caballos de la volanta y destrozarla y matarse ellos, qued\u00f3 ileso. Nadie se explicaba el hecho sino como un milagro, y \u00e9l, poco a poco, fue aderez\u00e1ndolo, sin propon\u00e9rselo, con presagios y ulteriores sue\u00f1os que le confirmaron que era as\u00ed.<\/p>\n<p>Para edificar la iglesia, empezada cinco a\u00f1os antes, hubo de llevarse todo desde Buenos Aires: materiales y operarios. El env\u00edo de gente y de cosas ocup\u00f3 casi totalmente las l\u00edneas f\u00e9rreas en todo ese lapso, y a\u00fan segu\u00edan llegando vagones y vagones con materiales. Ingenieros, arquitectos, artistas y artesanos viv\u00edan consagrados a la obra con una especie de obcecada devoci\u00f3n. Hab\u00eda alba\u00f1iles de toda especialidad, carpinteros, cerrajeros, pintores, mosaiquistas, un mundo de personas constantemente en movimiento, como hormigas. Al comienzo se pens\u00f3 que jam\u00e1s se acabar\u00eda todo lo que se proyectaba hacer; ahora estaba hecho y en tres a\u00f1os m\u00e1s esplender\u00eda como una joya en la soledad del campo.<\/p>\n<p>Aquella invasi\u00f3n de seres que parec\u00edan haber perdido el pudor y la raz\u00f3n, fue contemplada por el sacerdote como castigo del cielo y resultado natural de los pecados de incontinencia que todo el mundo sab\u00eda muy bien que cometi\u00f3 el testador. El primer d\u00eda el padre Demetrio cay\u00f3 en un estado de agobio y permaneci\u00f3 en su habitaci\u00f3n, rezando de rodillas. Cuando don Pedro le ofreci\u00f3 el almuerzo, no contest\u00f3. Prorrumpi\u00f3 en insultos y en mutiladas frases en lat\u00edn, que tanto pod\u00edan ser fragmentos de oraciones como de invectivas dignas de los profetas. Don Pedro no atinaba a explicarse ese estado de abatimiento, acostumbrado a verlo m\u00e1s bien jovial y agradecido del Se\u00f1or hasta por los sucesos m\u00e1s insignificantes. Le conoc\u00eda desde much\u00edsimos a\u00f1os, veinte al menos; desde cuando peregrinaba de un pueblo a otro con su bolsa de linyera. Un buen d\u00eda se avino a la paz y al sosiego eclesi\u00e1sticos, sin so\u00f1ar que de la humilde capilla ir\u00edan a residir en una iglesia que todos admiraban con estupor. El padre Demetrio lo acogi\u00f3 de buen grado, aunque con los a\u00f1os comenz\u00f3 a tomarle aprensi\u00f3n por considerar excesivo su fervor en algunos d\u00edas y ven\u00edrsele a la memoria aquella antigua vida de andariego solitario, nunca explicada. <\/p>\n<p>Pero ap\u00f3stoles y santos hubo que hicieron lo mismo, y de ah\u00ed que el padre Demetrio nunca se decidiese a despedirlo, ni siquiera en aquellos otros d\u00edas en que era indudable que los diablos les desbarataban el humor. Se toleraban con indulgencia, convencidos de que se pod\u00eda convivir sin afectos de ninguna especie. Nadie simpatizaba con ellos, y menos con el padre Demetrio, por su car\u00e1cter irritable y hura\u00f1o. La consecuencia era que muy pocos hombres concurr\u00edan a la iglesia, excepto en los funerales y ceremonias de pompa, y que las mujeres consideraban el deber de o\u00edr misa el domingo como uno de los ineludibles menesteres dom\u00e9sticos.<\/p>\n<p>Ahora la desgracia los hab\u00eda obligado a pedir que se los albergara all\u00ed, qui\u00e9n sabe por cu\u00e1nto tiempo, y a permanecer reunidos, como en una casa com\u00fan, amigos o enemigos.<\/p>\n<p>&#8211;<\/p>\n<p>&#8230; Los h\u00fangaros, Mar\u00eda y Bronislao, estaban despiertos, con la nena entre ellos. Se les hab\u00eda muerto mientras alborotaban el cura, el idiota y todos los dem\u00e1s. Todav\u00eda la madre, de vez en cuando, vert\u00eda en la boca de la criatura una cucharadita de t\u00e9 muy dulce. Los padres no hablaban y se hab\u00edan unido, con la hija en medio, ocult\u00e1ndola. La madre la envolvi\u00f3 en una frazada, y as\u00ed estuvieron toda la noche sin decirse una palabra. Hab\u00eda una agitaci\u00f3n muy grande, aunque silenciosa. Mujeres y hombres iban de un lugar a otro con inquietud.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente dos criaturas hab\u00edan fallecido. Tambi\u00e9n ese d\u00eda tuvieron que sepultar, algo m\u00e1s lejos de los ni\u00f1os, al m\u00e9dico. Lo encontraron detr\u00e1s del altar mayor tendido y con el bistur\u00ed entre los dedos, como si sostuviera un cigarrillo ensangrentado. A todos se los sepult\u00f3 cerca de la iglesia, donde los perros hab\u00edan escarbado y enterrado comidas. A un metro de profundidad, la tierra estaba casi seca. Los sepultaron sin ata\u00fad; a los ni\u00f1os amortajados con sus ropitas, las mismas que usaron.<\/p>\n<p>El padre Demetrio subi\u00f3 al p\u00falpito. Todos esperaban mortificados un largo serm\u00f3n de reproche o de consuelo.<\/p>\n<p>-Hijos m\u00edos: Dios nos prueba hasta el fin.<\/p>\n<p>Fue lo \u00fanico que dijo, y se tap\u00f3 la cara con las manos. Sollozaba. \u00c1ngel lo mir\u00f3 desde el rinc\u00f3n de los andamios, con su mirada fija y blanda. Quiso hablar, pero s\u00f3lo pudo balbucir palabras incoherentes, acaso injuriosas. La anciana repet\u00eda mec\u00e1nicamente: Si tiene que hablar, hablar\u00e1.<\/p>\n<p>Mas el idiota s\u00f3lo atinaba a mover la mand\u00edbula inferior, como si estuviera bajo el influjo hipn\u00f3tico de la figura del padre Demetrio, que permanec\u00eda a\u00fan en el p\u00falpito cubri\u00e9ndose el rostro. Despu\u00e9s, el sacerdote se dispuso a descender, indeciso. La gente hablaba en voz baja; palabras y sollozos se ahogaban con pa\u00f1uelos y manos. Los perros husmeaban constantemente, yendo y viniendo veloces. El padre Demetrio rog\u00f3 con voz d\u00e9bil, mientras bajaba por la escalera del p\u00falpito.<\/p>\n<p>-Hijos m\u00edos: es preciso sacar del templo a los perros. Esto es un castigo de Dios por la nueva profanaci\u00f3n de su casa.<\/p>\n<p>Todos se miraron con estupor. Afuera estaban reci\u00e9n cubiertas, las tumbas de los ni\u00f1os sepultados horas antes. Un escalofr\u00edo recorri\u00f3 el cuerpo de las mujeres. Los muchachos en particular trataron de asir sus perros, o los que ten\u00edan m\u00e1s cerca, para que no los sacaran. En el mismo sitio, los h\u00fangaros continuaban en igual actitud, sentados y sin hablarse. Contestaban lac\u00f3nicamente a quienes se les acercaban, y nadie advirti\u00f3 que la madre no ten\u00eda en sus brazos a la hijita.<\/p>\n<p>El d\u00eda fue desliz\u00e1ndose lento, como luz que se extinguiera con infinita languidez. A la entrada de la noche, se oy\u00f3 a la abuela del idiota:<\/p>\n<p>-Quiere profetizar, quiere profetizar!<\/p>\n<p>\u00c1ngel ech\u00f3 a andar decidido, atrayendo por la mano a la abuela. No quer\u00eda dejarlos avanzar hasta la escalera del p\u00falpito.<\/p>\n<p>-La maldici\u00f3n de Jehov\u00e1 sobre los pecadores -dec\u00eda el muchacho y su labio imberbe dejaba caer esas palabras como una baba amarga. Pero al llegar ante el altar mayor, vio al sacerdote que se levantaba de orar y qued\u00f3 como petrificado.<\/p>\n<p>-Hablar\u00e1, hablar\u00e1! -exclamaba la anciana, que ahora tiraba de la mano del nieto, r\u00edgido y at\u00f3nito.<\/p>\n<p>Los perros continuaban su incesante b\u00fasqueda, familiarizados ya con el templo, las escaleras, la sacrist\u00eda y las habitaciones interiores.<\/p>\n<p>Esa noche tambi\u00e9n pas\u00f3.<\/p>\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, antes de amanecer, estaban fuera del templo muchos hombres, mirando en direcci\u00f3n a Felipe Arana y a Jag\u00fcel Viejo, por si ve\u00edan llegar alg\u00fan socorro. Sab\u00edan perfectamente bien que no era posible hacer ese camino sino a caballo. Pero don Aniceto podr\u00eda traer ya las inyecciones y los medicamentos, siempre que los hubiera all\u00e1. No se percib\u00eda en el cielo sobre las lagunas, cada vez mayores, sino algunas gaviotas y p\u00e1jaros aislados, a lo lejos, cerca de los \u00e1rboles cubiertos por el agua. Las gaviotas volaban alto sobre la iglesia, de horizonte a horizonte.<\/p>\n<p>Los h\u00fangaros, sentados todav\u00eda, ten\u00edan a su alrededor no menos de cincuenta perros. Sin moverse ni hablar, con los pies desnudos trataban de ahuyentarlos. Apenas se mov\u00edan, los perros se retiraban para aproxim\u00e1rseles de nuevo, callados, estirando la cabeza hacia ellos. Entre marido y mujer estaba el envoltorio, enorme ahora, formado con todas las cobijas que ten\u00edan. Las usaron para cubrir el cuerpecito de la hija, porque no quer\u00edan dejarla sepultar como a las otras criaturas.<\/p>\n<p>Ezequiel Mart\u00ednez Estrada <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Marzo 30, 2007 Fragmentos Hac\u00eda una semana que estaban all\u00ed, refugiados de la inundaci\u00f3n, que hab\u00eda cubierto casi completamente el pueblo. El agua formaba una inmensa laguna y no se ve\u00edan p\u00e1jaros, ni siquiera cerca de la iglesia. 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