{"id":4255,"date":"2009-04-13T18:26:38","date_gmt":"2009-04-13T18:26:38","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4255"},"modified":"2009-04-13T18:26:38","modified_gmt":"2009-04-13T18:26:38","slug":"garc\u00eda-m\u00e1rquez-un-se\u00f1or-muy-viejo-con-unas-alas-enormes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4255","title":{"rendered":"Garc\u00eda M\u00e1rquez  Un se\u00f1or muy viejo con unas alas enormes"},"content":{"rendered":"<p>Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/p>\n<p>Fragmento<\/p>\n<p>La noticia del \u00e1ngel cautivo se divulg\u00f3 con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas hab\u00eda en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. Elisenda, con el espinazo torcido de tanto barrer basura de feria, tuvo entonces la buena idea de tapiar el patio y cobrar cinco centavos por la entrada para ver al \u00e1ngel.<\/p>\n<p>Vinieron curiosos hasta de la Martinica. Vino una feria ambulante con un acr\u00f3bata volador, que pas\u00f3 zumbando varias veces por encima de la muchedumbre, pero nadie le hizo caso porque sus alas no eran de \u00e1ngel sino de murci\u00e9lago sideral. Vinieron en busca de salud los enfermos m\u00e1s desdichados del Caribe: una pobre mujer que desde ni\u00f1a estaba contando los latidos de su coraz\u00f3n y ya no le alcanzaban los n\u00fameros, un jamaicano que no pod\u00eda dormir porque lo atormentaba el ruido de las estrellas, un son\u00e1mbulo que se levantaba de noche a deshacer dormido las cosas que hab\u00eda hecho despierto, y muchos otros de menor gravedad. En medio de aquel desorden de naufragio que hac\u00eda temblar la tierra, Pelayo y Elisenda estaban felices de cansancio, porque en menos de una semana atiborraron de plata los dormitorios, y todav\u00eda la fila de peregrinos que esperaban su turno para entrar llegaba hasta el otro lado del horizonte.<\/p>\n<p>El \u00e1ngel era el \u00fanico que no participaba de su propio acontecimiento. El tiempo se le iba buscando acomodo en su nido prestado, aturdido por el calor de infierno de las l\u00e1mparas de aceite y las velas de sacrificio que le arrimaban a las alambradas. Al principio trataron de que comiera cristales de alcanfor, que, de acuerdo con la sabidur\u00eda de la vecina sabia, era el alimento espec\u00edfico de los \u00e1ngeles. Pero \u00e9l los despreciaba, como despreci\u00f3 sin probarlos los almuerzos papales que le llevaban los penitentes, y nunca se supo si fue por \u00e1ngel o por viejo que termin\u00f3 comiendo nada m\u00e1s que papillas de berenjena.<\/p>\n<p>Su \u00fanica virtud sobrenatural parec\u00eda ser la paciencia. Sobre todo en los primeros tiempos, cuando le picoteaban las gallinas en busca de los par\u00e1sitos estelares que proliferaban en sus alas, y los baldados le arrancaban plumas para tocarse con ellas sus defectos, y hasta los m\u00e1s piadosos le tiraban piedras tratando de que se levantara para verlo de cuerpo entero. La \u00fanica vez que consiguieron alterarlo fue cuando le abrasaron el costado con un hierro de marcar novillos, porque llevaba tantas horas de estar inm\u00f3vil que lo creyeron muerto. Despert\u00f3 sobresaltado, despotricando en lengua herm\u00e9tica y con los ojos en l\u00e1grimas, y dio un par de aletazos que provocaron un remolino de esti\u00e9rcol de gallinero y polvo lunar, y un ventarr\u00f3n de p\u00e1nico que no parec\u00eda de este mundo. Aunque muchos creyeron que su reacci\u00f3n no hab\u00eda sido de rabia sino de dolor, desde entonces se cuidaron de no molestarlo, porque la mayor\u00eda entendi\u00f3 que su pasividad no era la de un h\u00e9roe en uso de buen retiro sino la de un cataclismo en reposo.<\/p>\n<p>El padre Gonzaga se enfrent\u00f3 a la frivolidad de la muchedumbre con f\u00f3rmulas de inspiraci\u00f3n dom\u00e9stica, mientras le llegaba un juicio terminante sobre la naturaleza del cautivo. Pero el correo de Roma hab\u00eda perdido la noci\u00f3n de la urgencia. El tiempo se les iba en averiguar si el convicto ten\u00eda ombligo, si su dialecto ten\u00eda algo que ver con el arameo, si pod\u00eda caber muchas veces en la punta de un alfiler, o si no ser\u00eda simplemente un noruego con alas.<\/p>\n<p>Aquellas cartas de parsimonia habr\u00edan ido y venido hasta el fin de los siglos, si un acontecimiento providencial no hubiera puesto t\u00e9rmino a las tribulaciones del p\u00e1rroco. Sucedi\u00f3 que por esos d\u00edas, entre muchas otras atracciones de las ferias errantes del Caribe, llevaron al pueblo el espect\u00e1culo triste de la mujer que se hab\u00eda convertido en ara\u00f1a por desobedecer a sus padres. La entrada para verla no s\u00f3lo costaba menos que la entrada para ver al \u00e1ngel, sino que permit\u00edan hacerle toda clase de preguntas sobre su absurda condici\u00f3n, y examinarla al derecho y al rev\u00e9s, de modo que nadie pusiera en duda la verdad del horror. Era una tar\u00e1ntula espantosa del tama\u00f1o de un carnero y con la cabeza de una doncella triste. Pero lo m\u00e1s desgarrador no era su figura de disparate, sino la sincera aflicci\u00f3n con que contaba los pormenores de su desgracia: siendo casi una ni\u00f1a se hab\u00eda escapado de la casa de sus padres para ir a un baile, y cuando regresaba por el bosque despu\u00e9s de haber bailado toda la noche sin permiso, un trueno pavoroso abri\u00f3 el cielo en dos mitades, y por aquella grieta sali\u00f3 el rel\u00e1mpago de azufre que la convirti\u00f3 en ara\u00f1a. Su \u00fanico alimento eran las bolitas de carne molida que las almas caritativas quisieran echarle en la boca. Semejante espect\u00e1culo, cargado de tanta verdad humana y de tan temible escarmiento, ten\u00eda que derrotar sin propon\u00e9rselo al de un \u00e1ngel despectivo que apenas si se dignaba mirar a los mortales. Adem\u00e1s los escasos milagros que se le atribu\u00edan al \u00e1ngel revelaban un cierto desorden mental, como el del ciego que no recobr\u00f3 la visi\u00f3n pero le salieron tres dientes nuevos, y el del paral\u00edtico que no pudo andar pero estuvo a punto de ganarse la loter\u00eda, y el del leproso a quien le nacieron girasoles en las heridas. Aquellos milagros de consolaci\u00f3n que m\u00e1s bien parec\u00edan entretenimientos de burla, hab\u00edan quebrantado ya la reputaci\u00f3n del \u00e1ngel cuando la mujer convertida en ara\u00f1a termin\u00f3 de aniquilarla.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como el padre Gonzaga se cur\u00f3 para siempre del insomnio, y el patio de Pelayo volvi\u00f3 a quedar tan solitario como en los tiempos en que llovi\u00f3 tres d\u00edas y los cangrejos caminaban por los dormitorios.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Garc\u00eda M\u00e1rquez Fragmento La noticia del \u00e1ngel cautivo se divulg\u00f3 con tanta rapidez, que al cabo de pocas horas hab\u00eda en el patio un alboroto de mercado, y tuvieron que llevar la tropa con bayonetas para espantar el tumulto que ya estaba a punto de tumbar la casa. 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