{"id":4251,"date":"2009-04-13T18:18:51","date_gmt":"2009-04-13T18:18:51","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4251"},"modified":"2009-04-13T18:18:51","modified_gmt":"2009-04-13T18:18:51","slug":"el-don-de-la-ebriedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4251","title":{"rendered":"El don de la ebriedad"},"content":{"rendered":"<p> Es p\u00fablico y notorio que a ninguno de nuestros contempor\u00e1neos se le ocurrir\u00eda entender la alteraci\u00f3n de la conciencia como algo m\u00e1s que un divertimento para el consumo. A lo sumo algunos intelectuales un poco locos y ya en los m\u00e1rgenes de lo socialmente correcto se han ocupado de este tema. Pienso en Nietzsche, un Benjamin, un J\u00fcnger, un Huxley, un Evola&#8230;<\/p>\n<p>Lo cierto es que el signo de los tiempos nos muestra la ebriedad con resonancias degradadas y degradantes. Capas enteras de la poblaci\u00f3n se encuentran enganchados a ansiol\u00edticos o antidepresivos. Otras sustancias, peor tratadas por el poder farmacr\u00e1tico, son entregadas al mercado negro e introducidas en la espiral de la marginalidad a mayor gloria del capital financiero. Tanto en un caso c\u00f3mo otro se persigue lo mismo. Alterar la conciencia para horas as\u00ed escapar por unas pocas horas a las miserias de una rutina ps\u00edquica en exceso interferida por las codificantes y masificadoras sociedades modernas. Por lo que se refiere a las propias sustancias, en su inconsciencia, se ven arrojadas a una u otra categor\u00eda de manera bastante arbitraria.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, la pauta de consumo que determina la legalidad o ilegalidad de la sustancia construye la relaci\u00f3n con la misma y, por tanto, la peligrosidad de la droga, y es que las sustancias no son tan inconscientes como parece. El resultado es un consolidado escenario donde las divergencias acerca de los psicoactivos y su prohibici\u00f3n no son m\u00e1s que parte de\u00a1 decorado. No me cabe duda alguna de que nuestro cruzado-palad\u00edn Gonzalo Robles y Lou Reed cantando a la hero\u00edna son dos caras de la misma moneda, marionetas del mismo escenario, muy necesitadas la una de la otra. Solo un irracional consumo compulsivo, socialmente problem\u00e1tico, legitima una pol\u00edtica de prohibici\u00f3n tan irracional como la que hoy se practica. S\u00f3lo la prohibici\u00f3n construye ese delirio de consumo donde cualquier efecto, sin distingo alguno, es siempre el deseado.<\/p>\n<p>Vista as\u00ed, la relaci\u00f3n de nuestros contempor\u00e1neos con la ebriedad, es de las m\u00e1s desoladoras de toda la historia. No es de extra\u00f1ar, ya que los inmensos y tit\u00e1nicos despliegues de poder de nuestro tiempo exigen un hombre peque\u00f1o fr\u00e1gil y moldeable, como engranaje de la inmensa maquinaria de la que todos formamos parte. Existe mucha propaganda contraria a la ebriedad, y una gran incriminaci\u00f3n p\u00fablica de los embriagantes, pero la realidad es que nunca se hab\u00eda dado en toda la historia un consumo tan extendido y masivo de alteradores de la conciencia. La hipocres\u00eda y la idiocia son extremas, la ignorancia acerca de la ebriedad tambi\u00e9n. Antes ya apunt\u00e9 el enganche masivo y creciente a ansiol\u00edticos y antidepresivos. Por otro lado el pararritual pseudorrebelde que constituye la ingesta compulsiva de sustancias, sin discriminaci\u00f3n ni arte alguno, y la reducci\u00f3n de la ebriedad a un objeto de consumo m\u00e1s, s\u00f3lo deja el saldo de que con la ebriedad no se puede jugar. Esta siempre pasa su factura. Sus viejas cuentas pueden llegar lejos y hondo.<\/p>\n<p>ORIGEN Y CATARSIS<\/p>\n<p>Toda alteraci\u00f3n de la conciencia implica un verse de otra manera, un emerger de nuestros d\u00e9ficits, apegos y dependencias. Toda ebriedad puede ser fuente de la mayor de las delicias, pero al tiempo puede ser no m\u00e1s que puro escapismo y asidero, exclusiva huida hacia adelante. Son muchas las culturas que han elaborado complejos saberes y desarrollado detalladas t\u00e9cnicas acerca de la ebriedad. Todas ellas eran conscientes de aquello que la ebriedad conjuraba, espacios donde uno no puede sino perderse, como quien se pierde en el mar y lo infinito, para constatar la propia mortalidad y limitud&#8230; o, acaso, la propia destrucci\u00f3n. Asuntos estos muy delicados por apuntar a esos puentes que, rebasando la propia individualidad, devenida puro artificio, indican lo sagrado y eterno, es decir, aquello que no es mortal ni perecedero. Dicha ebriedad tradicionalmente encontraba diferentes catalizadores, el uso de sustancias u otras t\u00e9cnicas de \u00e9xtasis como la repetici\u00f3n de mantras, los ritmos de respiraci\u00f3n, la danza o la m\u00fasica. Todos estos procedimientos ten\u00edan como objetivo la ruptura de la rutina ps\u00edquica y sus resortes sempiternos. Las culturas no modernas conoc\u00edan bien la inmensa fuente de sabidur\u00eda, poder y placer que esta salida consciente de uno mismo depara. De hecho, la etimolog\u00eda de \u00e9xtasis alude a la salida o viaje fuera de uno mismo. Estos vi\u00e1ticos constitu\u00edan experiencias donde el propio distanciamiento con nuestros h\u00e1bitos ps\u00edquicos corrientes otorgaba llaves y revelaba como constructo lo que era tal, limpiando as\u00ed el ojo de nuestra consciencia que dejaba atr\u00e1s los lastres que arrastra nuestra particular representaci6n del mundo. Elevar el tono general de nuestra experiencia de la vida y sanear nuestra propia naturaleza, limpi\u00e1ndola de polvo y paja, eran la recompensa al que transgred\u00eda los miedos de la propia muerte y limitud. A este respecto es curioso c\u00f3mo las tradiciones cham\u00e1nicas, la alquimia y la medicina tradicional otorgan una signicaci6n sanadora a la ebriedad. Vistas as\u00ed las cosas, la ebriedad para los pueblos antiguos era un aut\u00e9ntico don, una de las bellas artes, que dir\u00eda Antonio Escohotado, a cultivar no como objeto de consumo sino como aut\u00e9ntico vi\u00e1tico para la alquimia y el conocimiento de uno mismo. La catarsis del esp\u00edritu era la recompensa, catarsis que resultaba de la aceptaci\u00f3n del limite mortal que el hombre representa, del car\u00e1cter evanescente de su individualidad m\u00e1s inmediata. Catarsis que encontraba su comienzo en la foto fija que de uno mismo ofrec\u00eda la ebriedad, para desde ah\u00ed amparar la intensificaci\u00f3n de la propia naturaleza y la orientaci\u00f3n de la misma de acuerdo a su arquetipo, naturaleza y eternidad. Todo esto ten\u00eda sus peligros, ya que ese vi\u00e1tico necesariamente abisma, a aquel que lo emprende, al socav\u00f3n de sus propias contradicciones y miedos. Al desvelamiento de los condicionamientos inconscientes de la conducta. Socav\u00f3n que como constructo encuentra su aparente consistencia en la inconsistencia de nuestra propia individualidad, juego de hechicer\u00eda negra, en palabras de Carlos Castaneda, por el cual nosotros mismos generamos el mundo que nos determina y maneja.<\/p>\n<p>Algunos de los autores aludidos en el art\u00edculo<\/p>\n<p>Antonio Escohotado<\/p>\n<p>Aldous Huxley<\/p>\n<p>Ernst J\u00fcnger<\/p>\n<p>EBRIEDAD Y DESTRUCCI\u00d3N<\/p>\n<p>Toda ebriedad destruye. A\u00fan en el mejor sentido. Si no, que se lo digan a quien se adentra en sus laberintos sin tomar las necesarias precauciones ni realizar abluci\u00f3n alguna. Un yonqui, un alcoh\u00f3lico, alguien atrapado por el barroquismo de su propio subconsciente en un trance visionario&#8230; Toda destrucci\u00f3n de lo que siempre fue ef\u00edmero, construido y falso, puede ser el comienzo de un descubrir lo que siempre estuvo debajo de tanta paja y hojarasca ps\u00edquica. Nuestra cultura es completamente ignorante por lo que a la ebriedad se refiere. Por ello se generan esas dependencias y estragos que no hacen sino manifestar desajustes de la propia conciencia moderna. Si algo no permite nuestro precario modo de vida es la relativizaci\u00f3n del mismo, proclamar su car\u00e1cter fugaz o incluso falaz, destapar que no somos lo que creemos ser, revelar que el flujo de nuestras aspiraciones, pensamientos, sugestiones, deseos y fobias no son m\u00e1s que h\u00e1bitos sociales y constructos educacionales. De esas cosas, hoy en d\u00eda, nadie quiere saber, y es eso precisamente lo que hace imposible el desarrollo de una cultura refinada acerca de la ebriedad.<\/p>\n<p>Quisiera ilustrar esta apretada exposici\u00f3n con una cita de Martin Heidegger que muestra a la perfecci\u00f3n la desafiante cifra de ese don que en la ebriedad reside: &#8220;La \u00e9poca sigue indigente no solamente porque Dios haya muerto, sino porque los mortales apenas conocen lo que tienen de mortal&#8221;. Siempre Heidegger, tan griego. Nuestros padres los griegos, maestros de la Tragedia, sab\u00edan que \u00e9sta siempre brinda una ocasi\u00f3n para la elevaci\u00f3n. Arist\u00f3teles de manera muy expl\u00edcita habla de esa catarsis de los sentimientos que procura la hermene\u00fatica de lo tr\u00e1gico. Por todo ello, como dice Antonio Escohotado, &#8220;La ebriedad siempre ser\u00e1 gratitud&#8221;.<\/p>\n<p>SOBRE LO L\u00daDICO<\/p>\n<p>La ebriedad integra, quiz\u00e1 como ning\u00fan otro escenario, momentos y usos estrictamente l\u00fadicos. Desde luego, no deja de ser una luminosa directriz para el viaje. Es muy evidente que delicias de la misma son el placer, f\u00edsico, est\u00e9tico o mental, y las sinton\u00edas personales que enmarca. No habiendo nada m\u00e1s sagrado que la alegr\u00eda y la plenitud deL esp\u00edritu, lo l\u00fadico se inserta como el necesario complemento de la catarsis que la ebriedad supone. Toda limpieza del propio dial lo primero que produce es una suerte de reconciliaci\u00f3n con la vida y por ello la celebraci\u00f3n de la misma. La ebriedad, limpia de polvo y paja, es acaso la fiesta y celebraci\u00f3n por excelencia donde la propia libertad se goza y se agasaja. La ebriedad, en la alegr\u00eda que \u00e9sta muestra, no entiende de nada que la ignore, ni de apropiamientos ps\u00edquicos de la misma, ni de pesanteces que interfieran su devenir inocente. Es sin por qu\u00e9, como la rosa del poema de Sileslus. La entrega sincera a la misma abre escenarios donde la comunicaci\u00f3n humana encuentra sinton\u00edas, siempre m\u00e1s all\u00e1 de uno mismo. Son hermosos los momentos para la ebriedad en buena compa\u00f1\u00eda, tiempo para la confianza, el festejo y la broma, donde la existencia y los seres que la pertenecen parecieran elevarse, quedando rotos los limes de la propia individualidad. Muy ajenas son a todo esto esas borracheras donde el genio de la sustancia ofrece al que no es capaz de dar la talla un habitar la ebriedad encerrado en s\u00ed mismo, cosificando la realidad, para convertirla, toda ella, en una innoble construcci\u00f3n, paranoica y proyectiva. Ese es el castigo de los dioses a los que no son capaces de compartir la alegr\u00eda, de recibir lo l\u00fadico, de contemplar el juego de la inocencia. Larga vida a Dionisos, el ni\u00f1o que juega y se mira en el espejo, Dios de la ebriedad.<\/p>\n<p>BIBILIOGRAFIA<\/p>\n<p>EL DIONISIO MODERNO Y LA FARMACIA UTOPICA; Enrique Oca\u00f1a<br \/>\nHASCHISCH; Walter Benjamin<br \/>\nLAS PUERTAS DE LA PERCEPCI\u00d3N &#038; CIELO E INFIERNO; Aldous Huxley<br \/>\nMUNDO INTERIOR, MUNDO EXTERIOR; Albert Hofmann<br \/>\nLAS PLANTAS DE LOS DIOSES; Albert Hofmann, Richard Evans Schultes<br \/>\nLSD; Albert Hofmann<br \/>\nCAMINO A ELEUSIS; Albert Hofmann, Gordon Wasson<br \/>\nHISTORIA GENERAL DE LAS DROGAS. Antonio Escohotado<br \/>\nALUCINOGENOS Y CULTURA; Peter T. Furst<br \/>\nENSE\u00d1ANZAS DE DON JUAN; Carlos Castaneda<br \/>\nVISITA A GODENHOLM; Ernst J\u00fcnger<br \/>\nACERCAMIENTOS; Ernst J\u00fcnger<br \/>\nNACIMIENTO DE LA TRAGEDIA; Fiedrich Nietzsche<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es p\u00fablico y notorio que a ninguno de nuestros contempor\u00e1neos se le ocurrir\u00eda entender la alteraci\u00f3n de la conciencia como algo m\u00e1s que un divertimento para el consumo. A lo sumo algunos intelectuales un poco locos y ya en los m\u00e1rgenes de lo socialmente correcto se han ocupado de este tema. 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