{"id":4105,"date":"2009-05-20T17:07:53","date_gmt":"2009-05-20T17:07:53","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4105"},"modified":"2009-05-20T17:07:53","modified_gmt":"2009-05-20T17:07:53","slug":"aproximaciones-al-tsolk'in-por-oscar-freire-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4105","title":{"rendered":"Aproximaciones al Tsolk&#8217;in Por Oscar Freire"},"content":{"rendered":"<p>Aproximaciones al Tsolk&#8217;in<br \/>\nPor Oscar Freire<br \/>\n&#8220;Todas las representaciones fundamentales del Tsolk&#8217;in no solamente<br \/>\nvelan y revelan la naturaleza y la causa de la manifestaci\u00f3n, sino que<br \/>\nejecutan, adem\u00e1s, el acto primordial del nombre ya que la manifestaci\u00f3n es producto de la Palabra Divina&#8221;<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>Es muy probable que el conjunto de las lenguas ind\u00edgenas de Am\u00e9rica se halle revestido de ese car\u00e1cter &#8220;sagrado&#8221; que har\u00eda a estas remontarse a una lengua primordial y hier\u00e1tica; de la cual tambi\u00e9n derivar\u00edan todas las formas de comunicaci\u00f3n tradicionales de nuestra humanidad. El contenido de estas se basar\u00eda en aquellos elementos constitutivos, rec\u00edprocos e indicativos de la esencia de las cosas y de sus correlativos numerales (evidentemente, que la noci\u00f3n de n\u00famero escapa aqu\u00ed a cualquier significaci\u00f3n matem\u00e1tica meramente cuantitativa). Esta cualidad de primordialidad las har\u00eda consubstanciales no solamente a la ra\u00edz misma de todos los m\u00e9todos similares que se corresponden con otras tradiciones, sino tambi\u00e9n a una concordancia universal donde se resumir\u00edan sint\u00e9tica y simb\u00f3licamente aquellos puntos de comparaci\u00f3n o equivalencias que de un modo u otro podr\u00edan considerarse. Pero, tambi\u00e9n debemos advertir que esto, evidentemente, ser\u00eda adem\u00e1s, un punto delicado y complejo de tratar ya que podr\u00eda prestarse a objetivos totalmente ilusorios, precisamente por motivo de las dificultades que entra\u00f1a el traspasamiento de aspectos especializados de una forma tradicional a otra. Ya que estas, se hallan adaptadas a distintas mentalidades \u00e9tnicas, adem\u00e1s de todo aquello que hay que tener en cuenta respecto de las determinaciones de \u00e9poca y de lugar. De tal modo que, si ya es dif\u00edcil, por ejemplo establecer las relaciones que distinguen a los distintos per\u00edodos de adaptaci\u00f3n inherentes a una misma tradici\u00f3n; se ha de comprender mucho mas a\u00fan, los peligros de sincretismo que entra\u00f1an las comparaciones literales entre diversas tradiciones. Teniendo en cuenta esto, solo nos limitaremos, eventualmente, a una correlaci\u00f3n por analog\u00eda en las distintas formas, en tanto en cuanto la evidencia sea incontestable por su procedencia cabal y por su \u00edndole universal.<\/p>\n<p>Un ejemplo de lo que decimos lo tenemos en el \u00e1rea denominada como &#8220;mesoam\u00e9rica&#8221; donde los especialistas distinguen tres per\u00edodos: el precl\u00e1sico, el cl\u00e1sico y el postcl\u00e1sico. Al margen de los inconvenientes creados en la relaci\u00f3n de estas designaciones para establecer per\u00edodos reales, es posible constatar las dificultades de asimilaci\u00f3n de su realidad tradicional en una forma mas o menos completa, lo cual debido a esas readaptaciones aludidas, se genera indudablemente, no pocas ilusiones. Seguramente por esto, entre otras cosas, resulta dif\u00edcil darse cuenta en que verdaderamente consiste la \u00edndole de la intelectualidad amerindia expresada por sus lenguas y en este caso tambi\u00e9n, por la aritmolog\u00eda o &#8220;ciencia de los n\u00fameros&#8221;, contenida, entre otras cosas, en un soporte calend\u00e1rico. Es muy probable que en las modificaciones ulteriores el n\u00facleo central de esta ense\u00f1anza se haya diluido e incomprendido paulatinamente hasta llegar, por un lado a las interpretaciones cientificistas de hoy en d\u00eda o por otro lado aquellas divagaciones neoespiritualistas de la moda.<\/p>\n<p>As\u00ed para comprender de modo eficiente lo que verdaderamente ha significado la realidad tradicional amerindia debemos constituirnos en interpretadores cabales de los rasgos primordiales de su simbolismo a\u00fan diseminado de modo evidente y con ciertas posibilidades de erigirse en eficaces datos tradicionales. A este respecto cabe recordar que en el mismo sentido de esos datos tradicionales podemos informarnos sobre la naturaleza de cada letra que es al mismo tiempo un n\u00famero y que primeramente simbolizan a las esencias del universo; al mismo tiempo que pueden aplicarse tanto cosmog\u00f3nicamente como al punto de vista de la teomaquia, y, tambi\u00e9n, sobre todas aquellas relaciones que corresponden a la naturaleza de las cosas de nuestro mundo. De este modo, podemos constatar como estos dos \u00faltimos aspectos eran comprendidos dentro de los antiguos sistemas de escritura pictogr\u00e1ficos, ideogr\u00e1ficos, fon\u00e9ticos y simb\u00f3licos, (citemos como un ejemplo aquel inscripto en las denominadas &#8220;estelas de los danzantes&#8221; de Monte Alb\u00e1n en Oaxaca) tambi\u00e9n de aquellos registros jerogl\u00edficos (por ejemplo el witz &#8220;glifo del cerro&#8221; de extraordinaria perdurabilidad y utilizado para marcar las localizaciones representativas del centro primordial. Tambi\u00e9n, por otro lado, el caso de la combinaci\u00f3n de glifos calendaricos con puntos y barras) y el caso tan popular, aunque no muy bien conocido, de los calendarios &#8220;mesoamericanos&#8221; propiamente dichos.<\/p>\n<p>Importancia del Tzolkin<\/p>\n<p>Dentro de estos \u00faltimos (en la &#8220;cuenta de los d\u00edas&#8221;), sobresale de las series tanto inscriptas como superpuestas, el que corresponde al orden ritual de 260 d\u00edas denominado como Tsolk&#8217;in (o Tzolkin) en lengua maya y equivalente al nahuatl tonalpohualli (referido a la combinaci\u00f3n de 13 unidades con 20 signos naturales de orden simb\u00f3lico) que se aplicaba en la temporada invernal dedicado a Tlaloc (dios de la lluvia) y como un contenido dentro de la cuenta solar de 360 d\u00edas para el per\u00edodo tanto general como estival y dedicado a Huitzillopochtli (correspondiente al per\u00edodo solar dividido en 18 veintenas a los que se le a\u00f1ad\u00edan otros 5 no contados, considerados como aciagos (xma-kaba-kin o nemontemi en nahuatl ) o de augurio adverso. Cabe tambi\u00e9n destacar, otro tipo de cuentas como el ciclo de Venus, el de la luna y otros como aquel denominado de &#8220;cuenta larga&#8221;, cuya extraordinaria precisi\u00f3n involucra a la intelectualidad indiana en un dominio cabal de la doctrina tradicional de los ciclos). El Tsolk&#8217;in primero de car\u00e1cter fijo o est\u00e1tico (aunque tambi\u00e9n con un aspecto din\u00e1mico) permit\u00eda establecer el control del tiempo &#8220;lit\u00fargico&#8221; donde se le otorgaban los nombres operativos (de acci\u00f3n simb\u00f3lica) a los d\u00edas y a los a\u00f1os, y, adem\u00e1s, marcar estrictamente las relaciones solares en cuanto al proceso circular de la duraci\u00f3n, el se\u00f1alamiento cardinal y la modificaci\u00f3n o ajuste en la progresi\u00f3n de las temporadas con la cualificaci\u00f3n del espacio. Los rituales relacionados con estas operaciones tradicionales nos convencen de la importancia del Tsolk&#8217;in; ya que dentro del per\u00edodo de 260 d\u00edas, siguen celebr\u00e1ndose a\u00fan hoy, en determinadas \u00e1reas mesoamericanas, aquel concerniente al waqibal, localizado generalmente en la cima de alg\u00fan &#8220;cerro sagrado&#8221;. Dicho lugar (&#8220;lugar del 6&#8221;) se identifica con el &#8220;coraz\u00f3n&#8221; (K&#8217;ux) o &#8220;centro del mundo&#8221;. Es el mixik&#8217; balamil (&#8220;ombligo del mundo&#8221;). Asimismo, centro del espacio, del tiempo y del Cielo. Es, a la vez, el Wakah-Chan (&#8220;Cielo elevado&#8221; o &#8220;Cielo del 6&#8221;) el &#8220;Gran Arbol del Centro&#8221;; el axis mundi, el &#8220;Hombre Universal&#8221; donde, seg\u00fan las doctrinas tradicionales, converge el equilibrio del Universo.<\/p>\n<p>Dentro de estos patrones tambi\u00e9n se inscrib\u00edan las diversas celebraciones, como por ejemplo, las agrarias (cultivo del ma\u00edz, doblado de espigas, quema arbolar, etc.; actividades estrictamente comprendidas dentro del orden ritual que se aplicaban bajo el r\u00e9gimen simb\u00f3lico del quincunce para el trazado y el &#8220;centramiento&#8221; de los campos), clim\u00e1ticas, bot\u00e1nicas o aquella que serv\u00eda para otorgar el nombre a los reci\u00e9n nacidos y evaluar e incidir, eventualmente, en los futuros sucesos que a estos conciernen. Los t\u00e9rminos nahuatl para designar estas funciones secundarias (pero conformativas desde el punto de referencia del Hombre Universal) de la doctrina tradicional de los nombres son in tonalli itlatalhtollo que tambi\u00e9n parece referirse al acervo que contiene las narraciones t\u00e9cnicas en torno a los destinos bajo la relaci\u00f3n del ton\u00e1lamatl (es decir, el calendario que anticipa y previene los acontecimientos y los sucesos) y los nahuallahtolli, cuyas aplicaciones de los nombres y de los n\u00fameros permite una acci\u00f3n no ordinaria o &#8220;m\u00e1gica&#8221; que modifica a los seres y a su acontecer. Debemos recordar que las lenguas modernas no cuentan con los elementos competentes para designar este tipo de operaciones que solo pueden referirse, dentro del antiguo simbolismo numero\/nominativo, a aquellas aptitudes que definen una serie anal\u00f3gica de relaciones fijas entre los distintos estados del Ser.<\/p>\n<p>La Rueda de los D\u00edas<\/p>\n<p>Cuando se trata de concepciones tradicionales cabe destacar que cada parte del conjunto de ellas posee un car\u00e1cter representativo y sint\u00e9tico del principio. Por lo cual su \u00edndole, trasciende las funciones de las diversas aplicaciones secundarias que en casos particulares se atribuyen y distribuyen en las cadenas, estados o jerarqu\u00edas del ser. De tal modo, que m\u00e1s all\u00e1 de las necesarias aplicaciones (similares a aquellas rituales, asc\u00e9ticas y econ\u00f3micas) vemos como el caso del Tzolk&#8217;\u00edn, llamado tambi\u00e9n la &#8220;rueda de los d\u00edas&#8221; posee un valor simb\u00f3lico de la mayor importancia. Precisamente, el s\u00edmbolo del d\u00eda entre los mesoamericanos, sol\u00eda representarse por una circunferencia con su centro, (esto tambi\u00e9n equivale y era tomado como el signo del a\u00f1o). En realidad dicho car\u00e1cter se aplicaba tanto al kin (unidad), al uinal (veintena) como al tun (dieciocho unidades o uinales que conformaban el ciclo completo de 360 d\u00edas dividido en dos series de 180). Esta &#8220;rueda de los d\u00edas&#8221;, en su desarrollo, puede tambi\u00e9n representarse geom\u00e9tricamente, como una circunferencia dividida por cuatro radios y formando dos di\u00e1metros ortogonales o cuatro cuartos que expresan la cruz inscripta en el plano de un c\u00edrculo (utilizada generalmente, entre otras aplicaciones, para representar, como hemos dicho, al ciclo anual donde se corresponden las temporadas con los puntos cardinales). Efectivamente, as\u00ed muestra de alg\u00fan modo, al principio universal (la unidad trascendental o el aspecto del unum que sobrepasa a todas sus derivaciones, pero que est\u00e1 simult\u00e1neamente en cada una de ellas) volvi\u00e9ndose multiplicidad y diversidad, (aunque en esencia no participe de las mismas).<\/p>\n<p>La Rueda del Tiempo<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de estas cuestiones relacionadas con el arte de los n\u00fameros y el simbolismo geom\u00e9trico, (ciencias incompatibles con las que se conocen hoy en d\u00eda con el mismo nombre) tengamos en cuenta que, en el aspecto de la &#8220;rueda del tiempo&#8221; este no es considerado de ning\u00fan modo como una duraci\u00f3n f\u00e1ctica que es medida por conveniencia de usos, tal como as\u00ed puede colegirse en aquellas exclusivas razones de cantidad que se aplican en todos los ordenes de la actualidad. En efecto, si tomamos como punto de consideraci\u00f3n el &#8220;factor tiempo&#8221; en la mentalidad tradicional india, hemos de notar, que este es entendido como una &#8220;sustancia&#8221; cualitativa generada por el cruce de dos estados de distinto nivel. Esto, otorgar\u00e1 a la vez, diversas interpretaciones v\u00e1lidas de acuerdo a los respectivos puntos de vista intelectuales en que pueda situarse el contemplador. Por lo general las tradiciones indianas con algunas diferencias de grado y mayores o menores matices, se\u00f1alizan el origen del tiempo dentro de una etapa precisa en la formaci\u00f3n del mundo que se corresponde con la separaci\u00f3n del cielo y de la tierra. Datos tradicionales de toda Am\u00e9rica, en particular en el sector central. nos refieren que el tiempo fluy\u00f3 de los cuatro postes c\u00f3smicos que serv\u00edan para contener la b\u00f3veda celeste situados en el espacio formado por dicha separaci\u00f3n. As\u00ed, el tiempo (utilizando la terminolog\u00eda nahuatl) es \u00fanicamente manifestado en el cuerpo de Tlalticpac (los cuatro sectores temporales de la &#8220;superficie de la tierra&#8221;) y producto de un v\u00ednculo transgresor entre los dioses de Chicnauhtopan (los nueve estados superiores del cielo (en ocasiones doce o trece) y mictlan (los nueve estados inferiores del inframundo).<\/p>\n<p>En este sentido, no queda lugar a dudas sobre la conformidad doctrinal indiana con las concepciones c\u00edclicas tradicionales sobre la marcha del tiempo, tanto en el orden c\u00f3smico como humano. En efecto, aqu\u00ed se hace notable la concordancia universal en cuanto a las cualidades que determinan las diversas etapas en la marcha c\u00edclica del tiempo, particularmente cuando estas tambi\u00e9n son simb\u00f3licamente representadas por los sucesivos niveles producidos en la procesi\u00f3n del sol respecto de los cuatro puntos cardinales y de su doble posici\u00f3n central y vertical; por lo cual, adem\u00e1s, se obtiene ese esquema de doble naturaleza geom\u00e9trica, tan caro al simbolismo tradicional, y que implica a un modelo de universo que es conc\u00e9ntrico tanto como cuadrangular. (Asimismo, tambi\u00e9n pueden mencionarse aquellas analog\u00edas f\u00e1ciles de constatar, respecto de las transformaciones del sol durante su curso, y que equivalen, entre otros, a los distintos atributos y ropajes de las personas divinas que se entrecruzan c\u00edclicamente para protagonizar una teomaquia o componer el teatro teog\u00f3nico). En cuanto a la doble posici\u00f3n central y vertical (el cenit y el nadir) prefiguran la noci\u00f3n, mas o menos extendida por todas partes, de los dos principios universales entre los cuales se desenvuelve toda manifestaci\u00f3n o ciclo completo de existencia. Del mismo modo, en los estudios sobre las pir\u00e1mides de Mesoam\u00e9rica existen suficientes indicios tradicionales que se referir\u00edan, entre distintos ordenes de cosas, a esta misma representaci\u00f3n expresada por medio de cierto esquema romboidal conformado por dos pir\u00e1mides invertidas y unidas por su base cuadrangular. Esto nos dar\u00eda referencias completas, en tanto que (de acuerdo a la terminolog\u00eda maya) tambi\u00e9n situar\u00eda al polo celeste o U Qux Cah (&#8220;Coraz\u00f3n del Cielo&#8221;), tanto como al &#8220;Centro del Mundo&#8221; (u &#8220;Ombligo del Mundo&#8221;), el mixik&#8217; balamil y al polo inframundano, el Xibalb\u00e1 o &#8220;Cielo Nocturno&#8221; concebidos como distintos s\u00edmbolos universales, pero que confluyen en el punto primordial como Unidad.<\/p>\n<p>Unidad y Forma<\/p>\n<p>La concepci\u00f3n tradicional de unidad es la constante en la mentalidad amerindia, ya que se halla implicada trascendentalmente con las ideas de n\u00famero y de ente. Las m\u00faltiples aplicaciones y la aparente diversidad que expresan tanto la cosmogon\u00eda, la astronom\u00eda, la din\u00e1mica divina y el complejo ritual, son aquellas formas siempre presentadas, desde el punto de vista del acto &#8220;formativo&#8221;, como en una continua tensi\u00f3n hacia dicha unidad. Todo ello se aclara bajo el referente de la mentalidad tradicional donde es inconcebible cualquier forma que no se halle relacionada a la unidad. As\u00ed vemos como las casas o paisajes sagrados, las mesas de culto o los dioses numerales que eran tomados como uno y m\u00faltiple a la vez se denominaban bajo la mentalidad indiana como la &#8220;Forma&#8221;. El t\u00e9rmino maya-mexica niyocoloc (La &#8220;Forma&#8221;) tiene equivalentes en casi todas las lenguas ind\u00edgenas (por ejemplo con la palabra nahuatl colotli (&#8220;modelo&#8221;) para designar la serie o conjunto de elementos rituales de veneraci\u00f3n, (sean, tal como hemos dicho, templos, lugares, altares, &#8220;\u00eddolos&#8221; o cuerpos celestes, etc.) La constituci\u00f3n del universo o la formaci\u00f3n del mundo solo son inteligibles en tanto la identificaci\u00f3n entre forma y unidad, ya que esta se re\u00fane en aquella, siendo la suprema unidad el principio de toda formaci\u00f3n. El dato tradicional esclarecedor que permite discernir y enlazar la aritmosof\u00eda de esta relaci\u00f3n, se halla sin dudas, en las evidentes analog\u00edas del concepto indiano sobre la ininteligibilidad del caos primigenio (antes de la formaci\u00f3n del universo, ya sea en su aspecto de &#8220;materia preexistente&#8221; o de ex nihil) con el G\u00e9nesis b\u00edblico y con las cosmogon\u00edas premodernas de los diversos pueblos de la humanidad.<\/p>\n<p>De esto, podemos deducir los tres aspectos fundamentales impl\u00edcitos en todo esquema universal de la manifestaci\u00f3n: En efecto, el punto o centro expresa aqu\u00ed la unidad metaf\u00edsica dividi\u00e9ndose a s\u00ed misma en multiplicidad sin ser, como hemos dicho, una serie de unos; y podr\u00edamos decir que tambi\u00e9n gener\u00e1ndose en diversidad sin ser esta distinta de ella. Por lo que se infiere entonces, que el c\u00edrculo en uno de sus sentidos mas elevados es la misma unidad, pero a\u00fan en aquellos aspectos no manifestados. Asimismo, tenemos adem\u00e1s al cuadrado que igualmente en un simbolismo superior expresa a la completud en su perfecta simetr\u00eda como principio de la existencia por lo que quedan expuestos dichos tres aspectos fundamentales en una sola esencia. Pero, deteng\u00e1monos un poco en aquella divisi\u00f3n de cuatro radios, vemos que la delimitaci\u00f3n determinada de esta circunferencia, y esta vez ya en el orden de existencia de nuestro mundo, se corresponde con la acci\u00f3n del principio sobre dicha manifestaci\u00f3n dando lugar a la serie cuaternaria fundamental que de uno u otro modo se aplica tanto al tiempo como al espacio (los momentos del d\u00eda, las estaciones del a\u00f1o, las Faces de la luna. Las cuatro orientaciones cardinales). Un ejemplo de ejecuci\u00f3n cabal, sobre la mencionada referencia geom\u00e9trica de este aspecto, sin dudas que se halla relacionado con aquel sentido particular de la &#8220;rueda de los d\u00edas&#8221; de gran importancia para el hombre tradicional mesoamericano, ya que su aplicaci\u00f3n reg\u00eda toda su vida; correspondiendo no solamente a la salvaguarda de la econom\u00eda y al equilibrio de la comunidad sino, adem\u00e1s, al sentido de la existencia en este mundo y a la garant\u00eda de fidelidad y de retorno a los or\u00edgenes. Al girar la &#8220;rueda de los d\u00edas&#8221; el indio sab\u00eda desplegar de la unidad un n\u00famero y el nombre de los d\u00edas, as\u00ed como tambi\u00e9n la posici\u00f3n y el nombre de los meses. Ello representaba una imagen exacta del cielo a la vez que reproduc\u00eda simb\u00f3licamente la constituci\u00f3n misma del universo. La imagen astron\u00f3mica consist\u00eda tambi\u00e9n en un cielo reflejando el cuaternario fundamental, cuando se formaba en ocasiones la gran cruz con el sol ubicado en la l\u00ednea del paralelo, es decir en el medio exacto de su l\u00ednea y la perpendicular, en lo mas elevado de la b\u00f3veda celeste. Se\u00f1alemos que el esquema extensivo del universo indiano se hallaba constituido por una disposici\u00f3n vertical de los tres mundos (cielo, tierra e inframundo) dispuestos sobre tres cuadril\u00e1teros superpuestos atravesados centralmente por el Wakah-Chan (llamado tambi\u00e9n Yaxche), el axis mundi; el \u00c1rbol del Mundo o la gran Ceiba que es al mismo tiempo la Cruz indiana y el Hombre Universal. Mencionemos tambi\u00e9n, como dato valioso, que la suma de los respectivos puntos cardinales de los tres cuadril\u00e1teros mas el eje del mundo nos da el n\u00famero sagrado y el m\u00e1s importante de todos: el trece, 13.<\/p>\n<p>Numero y medida<\/p>\n<p>Dentro de este orden de consideraciones numerico-geom\u00e9tricas podr\u00edamos subrayar, adem\u00e1s, que este primer aspecto extensivo con la adici\u00f3n de un eje central a la rueda con los cuatros radios sobre el plano de la circunferencia, (es decir, representada sobre el mismo plano como una rueda de seis radios donde vemos que se halla inscripta la cruz de tres dimensiones) en cierto sentido, expresa oposici\u00f3n geom\u00e9trica con el hexaedro y se\u00f1ala simb\u00f3licamente la simultaneidad del centro con el acabamiento perfecto de la manifestaci\u00f3n (esto concuerda exactamente, en la referencia simb\u00f3lica y numeral, con el proceso, en el acto de la Creaci\u00f3n, que se describe en el G\u00e9nesis b\u00edblico y que nos da el numero clave de siete, 7; que es tambi\u00e9n sagrado en Amerindia, ya que se corresponde por un lado con el Dios de los &#8220;Mantenimientos&#8221; (Dios Numeral 7) y por otro lado con la cuenta agraria septenal que junto con la trecenal conforman el contenido de la cuenta civil (solar de progresi\u00f3n vigesimal) o Bakt\u00fan de 400 a\u00f1os). Pero volvamos a la referencia hexagonal que nos ha de aportar otra relaci\u00f3n del numero 13, el n\u00famero sagrado por excelencia para la intelectualidad indiana en la median\u00eda de Am\u00e9rica. Notemos, que esta no es una cifra arbitraria, obtenida por una suerte de juego l\u00fadico, en funci\u00f3n de las conveniencias sistem\u00e1ticas. Tal y como se inclinan a creer no pocos de los investigadores del tema. Efectivamente, el hex\u00e1gono (recordemos la importancia de la ra\u00edz cuadrada de tres con relaci\u00f3n al hex\u00e1gono, que permite la simetr\u00eda en las medidas de la tierra y en los t\u00e9rminos de proporci\u00f3n temporales respecto del c\u00edrculo de 360\u00ba) se halla representado tridimensionalmente por tres s\u00f3lidos relacionados de los cuales el m\u00e1s importante es el cubocta\u00e9dro, cuya red at\u00f3mica muy a menudo, aporta entre otras cosas, las claves en cristalograf\u00eda y mineralog\u00eda, de donde se destacan la sal, el oro y la plata. Elementos, cuya inestimable importancia es bien conocida dentro del simbolismo tradicional (para comprender cabalmente lo que queremos se\u00f1alar es necesario recordar la equivalencia anal\u00f3gica exacta de estos elementos, entre otros, con el orden celeste tanto como terrestre). La serie de los n\u00fameros centrados del cubocta\u00e9dro equivalen espacialmente a los n\u00fameros del hex\u00e1gono cuya extensi\u00f3n isotr\u00f3pica de esferas se disponen en una serie de doce de ellas iguales y tangentes a la primera, es decir, en total trece, 13. Recordemos que la base de crecimiento de los n\u00fameros hexagonales en el plano requieren de un c\u00edrculo central rodeado de otros seis iguales, es decir de siete c\u00edrculos tangentes desde y donde se extienda la red hexagonal (la misma disposici\u00f3n nos recuerda la septuarqu\u00eda en la que se hallan ordenadas las organizaciones tribales conforme a las seis direcciones del espacio y, consecuentemente, a las clasificaciones tradicionales an\u00e1logas de todos los elementos del mundo. Como un ejemplo de estas \u00faltimas, que completa la menci\u00f3n anterior del Dios de los &#8220;Mantenimientos&#8221; o Chicomec\u00f3atl [Serpiente 7] representado por siete mazorcas de ma\u00edz incrustadas en el cuerpo de una serpiente &#8211; recordemos tambi\u00e9n &#8211; que es precisamente el s\u00edmbolo bajo cuya influencia es iniciado el Tsol&#8217;kin). Esto, a los efectos de contener a esa serie ensamblada de trece esferas tangentes e iguales y a los fines de que los centros coincidan con los v\u00e9rtices y con el mismo centro del cubocta\u00e9dro. Podemos inferir de ello, cierto patr\u00f3n de conocimiento que subyace en estas relaciones num\u00e9ricas y configuraciones geom\u00e9tricas perfectamente equivalentes y an\u00e1logas a las aplicaciones cosmol\u00f3gicas (como pueden ser, por ejemplo las 13 constelaciones de la ecliptica), ya que contienen los mismos efectos de angulaci\u00f3n, de entrelazamiento triangular (requisito fundamental en la formaci\u00f3n de los vol\u00famenes, de donde se extrae la importancia del cubo como s\u00edmbolo del mundo formal, perfecto y terminado) y de uni\u00f3n que caracterizan a los diversos ciclos de crecimiento y acabamiento. Evidentemente, no queda lugar a dudas sobre una real cualificaci\u00f3n intelectual, ya que implica todo ello, como hemos venido insistiendo, de un conocimiento profundo de la manifestaci\u00f3n por parte del hombre indiano.<\/p>\n<p>El Horizonte visible<\/p>\n<p>Cabe a\u00f1adir, con relaci\u00f3n a esto \u00faltimo, que el desconocimiento de los aspectos metaf\u00edsicos, simb\u00f3licos, arquitect\u00f3nicos, rituales y agrarios de lo que hemos dicho, conlleva, indudablemente, a una muestra cabal de ciertas incompatibilidades de comprensi\u00f3n de la realidad tradicional aborigen, en cuanto esta es observada desde puntos de vistas ajenos. La consecuencia m\u00e1s radical de ello consiste en la imposici\u00f3n de determinaciones mentales y psicol\u00f3gicas sobre un supuesto &#8220;primitivismo&#8221; en la visi\u00f3n del mundo por parte de aquella. Evidentemente, las incontestables y abrumadoras pruebas de la \u00edndole superior que caracteriza a la intelectualidad indiana refutan dicha calificaci\u00f3n. Por solo dar un ejemplo, se\u00f1alamos el caso de los c\u00f3mputos ind\u00edgenas, cuando son estos mismos, encarados por los postulados matem\u00e1ticos, geom\u00e9tricos y astron\u00f3micos &#8220;reales&#8221;de la actualidad cient\u00edfica moderna. Este tipo de incompatibilidades desencadena generalmente interpretaciones al margen de la concepci\u00f3n original. En el caso de orden astron\u00f3mico, que no es de los menores, vemos como la diferencia fundamental entre los criterios de la cultura occidental y los del acervo tradicional es que se refieren a cosas totalmente distintas, ya que la intelectualidad indiana basaba sus conocimientos en la observaci\u00f3n directa del teatro natural de las cosas y en el movimiento &#8220;aparente&#8221; de los planetas en el horizonte visible de los sentidos normales y naturales. Entre tantas confusiones dadas por este motivo podr\u00edamos traer a colaci\u00f3n la referencia (por ejemplo en el Tzolk&#8217;\u00edn) del punto saliente del sol que tradicionalmente es tomado en un sentido diverso al de la actualidad equinoccial, siendo sus reales referentes los puntos de latitud que no solo determinaba la proporci\u00f3n econ\u00f3mica, la medida y la cualificaci\u00f3n del espacio, sino tambi\u00e9n la se\u00f1alizaci\u00f3n esquem\u00e1tica en la arquitectura y el establecimiento del centro del mundo.<\/p>\n<p>Aspectos simb\u00f3licos<\/p>\n<p>Estamos convencidos que el Tsolk&#8217;in es mucho m\u00e1s que un soporte calendarico, para nosotros expresa un como equivalente simb\u00f3lico del universo, un compendium aritmos\u00f3fico y primordial cuya cualidad trasciende ciertas econom\u00edas particulares que se hacen necesarias en muchos de los s\u00edmbolos tradicionales. En este caso, es muy notable la perfecta aptitud a la concordancia inici\u00e1tica rigurosamente universal Notemos, en uno de sus aspectos, que en la misma circunferencia, como representaci\u00f3n geom\u00e9trica universal el centro de la circunferencia o el medio equidistante es el lugar donde convergen los opuestos y donde se resume, en cierta manera, el equilibrio a que llegan todos los elementos contrarios o de oposici\u00f3n. Esto mismo se halla se\u00f1alado en el Tzolk&#8217;\u00edn en aquello que concierne a los &#8220;pasos del sol&#8221; por la &#8220;median\u00eda del mundo&#8221;, es decir la latitud del lugar (cuando su ruta coincide con el paralelo) o su ubicaci\u00f3n &#8220;aparente&#8221; se halla en el zenit. Momento ritual donde se ejerce la &#8220;acci\u00f3n del s\u00edmbolo&#8221;, cuya influencia contempla, en una s\u00edntesis integradora, las determinaciones cualitativas del cielo y de la tierra. Es precisamente en el centro donde se neutralizan los extremos, aqu\u00ed representados por la doble temporada invernal y estival que prefiguran y simbolizan las dos orientaciones, impulsos o movimientos complementarios de ida y vuelta, es decir el centr\u00edfugo y el centr\u00edpeto (insistimos en que hay todo un simbolismo universal relacionado con esto: las mareas altas y bajas, el movimiento de s\u00edstole y de di\u00e1stole del coraz\u00f3n, la respiraci\u00f3n, etc.). Por otro lado es el punto de expansi\u00f3n y de contracci\u00f3n, adem\u00e1s de ser, en un sentido totalizador, el origen y, al mismo tiempo, el punto de partida y el de llegada<\/p>\n<p>De tal modo, por la signatura que le rodea, es probable que el car\u00e1cter simb\u00f3lico del Tzolk\u00edn integre, como hemos dicho, aspectos mucho m\u00e1s profundos de los que puedan inferirse. Su guarismo o graf\u00eda no solo nos revela su origen primordial como s\u00edmbolo universal extendido por todas las latitudes, sino que tambi\u00e9n expresa la misma doctrina de unidad celeste desplegada en todos los movimientos c\u00edclicos. As\u00ed, es muy probable que la proyecci\u00f3n e integraci\u00f3n de 260, sea dentro del simbolismo tradicional indiano, la clave sagrada, al mismo tiempo numeral y nominal que registre y conmemore, como ciclo entre los ciclos a la suprema unidad. Del mismo modo, no s\u00f3lo representar\u00eda, sino tambi\u00e9n registrar\u00eda el mismo inicio de la manifestaci\u00f3n, el instante de la primera pronunciaci\u00f3n de la Palabra Primordial, ya que los 13 n\u00fameros combinados con los 20 nombres de d\u00eda se erigen en una suerte de &#8220;pivote&#8221; o punto, en medio de c\u00edrculos mayores que se hallan incluidos en otros c\u00edrculos de duraciones.<\/p>\n<p>Este es el modo en que el Tsolk&#8217;in, entre otras cosas, supone una geometr\u00eda sagrada que refleja las figuras primordiales con las cuales se ha constituido al mismo universo. Por supuesto que esto tiene que ver con la fundaci\u00f3n misma de nuestro mundo y luego con todo aquello que lo sugiere; como es el caso particular de aquellos ejemplos arquet\u00edpicos en los que intervienen la geometr\u00eda plana, los cinco s\u00f3lidos regulares y la construcci\u00f3n de los poliedros, tan necesarios para toda cosmolog\u00eda tradicional. (Se sabe que la base de dicha cosmolog\u00eda tradicional se remite a las coordenadas esf\u00e9ricas, en realidad de origen primordial, es decir mucho mas all\u00e1 de las referencias dadas por Platon en el Timeo; y de donde se deduce el conocimiento &#8220;c\u00f3smico&#8221; impl\u00edcito en las relaciones tridimensionales que ten\u00edan no solo los antiguos egipcios y los indios prehisp\u00e1nicos con sus pir\u00e1mides, plataformas de piedra circulares y objetos de los mas variados, sino tambi\u00e9n se lo puede constatar en los prehist\u00f3ricos de las m\u00e1s diversas latitudes, tal como lo demuestran las compleja construcciones de los c\u00edrculos de piedra). Es probable que estas definiciones nos aproximen a cierto develamiento de las funciones fundamentales del Tsolk&#8217;in consistentes, entre varios \u00f3rdenes simult\u00e1neos, a un registro real y cuidadoso (ambivalente, por ejemplo, a la aplicaci\u00f3n simb\u00f3lica e inici\u00e1tica) de las posiciones del sol y del cortejo de estrellas, constelaciones y planetas. Por otro lado, es necesario tener muy en cuenta, adem\u00e1s de advertir, sobre la inagotable multiplicidad de sentidos de las voces tradicionales que traslapan unas en otras. Por ejemplo, en la descomposici\u00f3n de la voz maya Tsolk&#8217;in (las diversas lenguas mayas como el chort\u00ed, ixil, zapoteca o cakchiquel, tanto como la lengua nahuatl, a\u00fan con distintos matices, coinciden en el sentido esencial de este t\u00e9rmino como &#8220;contador del d\u00eda&#8221; &#8220;rueda&#8221; o &#8220;cuenta de los d\u00edas&#8221; designando e indicando tambi\u00e9n, en sus respectivas ra\u00edces, ya sea al poder, a la vida o al sol) que nos ocupa, vemos que la voz K&#8217;in puede referirse del mismo modo, en un primer grado, tanto al d\u00eda, al sol y al tiempo; como tambi\u00e9n para designar al Sacerdote y al Rey. Adem\u00e1s, es posible describir un conjunto de atributos an\u00e1logos de ordenes secundarios que pueden considerarse como terminos derivados y predicados correlativos. En la &#8220;ciencia tradicional de los n\u00fameros&#8221; el K&#8217;in representa tanto a la unidad como a la veintena y a sus m\u00faltiplos concebidos como d\u00edas, ciclos, a\u00f1os o soles. Cabe se\u00f1alar el hecho notable que en distintas sociedades mayas y mexicanas fuera utilizado una misma graf\u00eda (parecida a un cero para representar ya sea al d\u00eda, al a\u00f1o o al sol) tanto para el K&#8217;in como para el Tun Lo mismo para la voz Tsol, donde la mayor\u00eda de los sentidos coinciden en expresar orden, fila, hilera, serie sucesi\u00f3n, etc. Sin dejar de se\u00f1alar otras acepciones directas que nos aportan al mismo tiempo el sentido de &#8220;calabaza&#8221; o c\u00e1scara&#8221; por un lado, y, por el otro lado, la acci\u00f3n de &#8220;desollar&#8221; (como se hace, por ejemplo, con el &#8220;ollejo&#8221; o &#8220;cascara&#8221; de una fruta). Entre otras cosas, esto nos recuerda &#8211; por asociaci\u00f3n y homofon\u00eda- a Xipe-t\u00f3tex (&#8220;Nuestro Se\u00f1or Desollado&#8221;) que no hay que olvidar que es tambi\u00e9n el dios de la primavera, donde el ciclo renueva la piel muerta de la tierra para cambiarla por una nueva hacia otro &#8220;esplendor&#8221; de la verdura, lo cual va mucho mas all\u00e1 de la crueldad y del horror que se adjudica, por lo general, a los respectivos rituales sacrificiales conmemorados, en este caso, en la segunda veintena del a\u00f1o.nahuatl.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>De todos modos, aunque lo hemos adoptado, debemos reconocer que (si bien es apto, por su vigencia, para las aproximaciones indicativas que hemos dado) el t\u00e9rmino Tsolk&#8217;in (o Tzolkin) no expresa todo lo que desear\u00edamos de aquello que verdaderamente se trata, ya que esta denominaci\u00f3n registra una procedencia maya convenida mas o menos recientemente, confirmando en cierta medida lo que dec\u00edamos inicialmente. En cambio, las nomenclaturas de ciertas referencias cosmol\u00f3gicas, teog\u00f3nicas y rituales asociadas a su actual aplicaci\u00f3n en ciertos sectores de Am\u00e9rica central se revisten a\u00fan de evidente originalidad, por lo cual se supone que no deber\u00edan escapar a los conocedores del simbolismo tradicional. En especial se deber\u00eda prestar atenci\u00f3n a aquellas relacionadas con ciertos ritos subsistentes (nos referimos particularmente a los de \u00edndole mas elevada o de car\u00e1cter inici\u00e1tico que acompa\u00f1an connaturalmente, es decir, an\u00e1logos e inherentes al esquema universal de manifestaci\u00f3n) que reflejan al mismo tiempo el gesto primordial y un acto fundacional, a\u00fan en la reiteraci\u00f3n de las alternancias cuyas manifestaciones eran &#8211; y parecen serlo a\u00fan &#8211; estrictamente revisadas y a\u00fan modificadas, ya que cada d\u00eda, cada a\u00f1o y cada zona son siempre cambiantes. De tal modo, que por la ciencia tradicional correspondiente, el sacerdote indiano se hallaba no s\u00f3lo en posesi\u00f3n de una &#8220;m\u00e9trica&#8221; divina que regulaba el acto sagrado de &#8220;medir&#8221; el tiempo y el espacio, bas\u00e1ndose en la disposici\u00f3n y aplicaci\u00f3n de aquellas formas geom\u00e9tricas arquet\u00edpicas; si no tambi\u00e9n, en condiciones de ajustar el cambiante orden humano en aquellas orientaciones y ubicaciones parcelarias, templarias y rituales; a los efectos de corregir y volver a establecer el orden c\u00edclico en consonancia con el ritmo universal. As\u00ed, en dicha ciencia tradicional se resum\u00edan sint\u00e9ticamente los principios que permit\u00edan relacionar al teatro celeste con el fluir temporal y, al mismo tiempo, con el cuadro espacial y con el teatro de la naturaleza en nuestro mundo. Con relaci\u00f3n a todo ello, no hace falta esforzarse mucho en inferir las posibilidades de la intelectualidad indiana en aquel sentido de una posesi\u00f3n de &#8220;conocimientos completos&#8221;, que generalmente, caracterizan a toda sociedad tradicional. Es decir, estamos hablando de la disposici\u00f3n universal de los tres aspectos que se incluyen en todo saber universal: la ciencia superior y divina (que contempla los estadios no formales e informales superiores del ser), la ciencia media o el saber num\u00e9rico\/nominal (aritmolog\u00eda y ciencia de los nombres, utilizados tanto cosmog\u00f3nica, teog\u00f3nica como antropogen\u00e9ticamente.) Y la tercera como ciencia de la naturaleza (donde se incluyen entre otros, aquellos saberes tradicionales derivados, y que son relacionados simb\u00f3licamente, tanto con las ciencias agrarias, con la bot\u00e1nica, con la mineralog\u00eda y con la zoolog\u00eda).<\/p>\n<p>Indudablemente que los n\u00fameros, las graf\u00edas y los nombres indianos componen el car\u00e1cter de aquello que se define como lengua sagrada o &#8220;hier\u00e1tica&#8221; que es el reflejo de la lengua original, y que, seg\u00fan Ren\u00e9 Gu\u00e9non, tradicionalmente siempre se la relaciona con la constituci\u00f3n de un centro espiritual secundario, que dentro de los diversos per\u00edodos, expresan como una imagen del Centro supremo y primordial. Toda lengua sagrada contiene la energ\u00eda de los objetos de que se habla, siendo el soporte de las formas tradicionales correspondientes. As\u00ed, cada nomenclatura, sin importar el per\u00edodo determinado al que se refiera, ser\u00eda la sucesiva transferencia del nombre primordial. Evidentemente, que esto no s\u00f3lo descarta plenamente todas las especulaciones, efectuadas hasta hoy en d\u00eda, en torno al per\u00edodo y al lugar de &#8220;invenci\u00f3n&#8221; del Tsolk&#8217;in, nos trae tambi\u00e9n, aspectos insospechados que trascienden ampliamente las referencias cosmol\u00f3gicas\/agrarias resumidas en un mero &#8220;culto solar&#8221;. De tal modo, que todas las representaciones fundamentales del Tsolk&#8217;in &#8211; ya sea como rueda, orden, fila, hilera, etc. por un lado, o como rayo, luz, lluvia, d\u00eda, tiempo; sol, sacerdote o rey por el otro lado &#8211; no solamente velan y revelan la naturaleza y la causa de la manifestaci\u00f3n, sino que ejecutan, adem\u00e1s, el acto primordial del nombre (ya que la manifestaci\u00f3n es producto de la Palabra Divina) en concordancia con aquello que los griegos sintetizaron en el verbo kosmei (&#8220;establece un orden&#8221;) y que, por oposici\u00f3n, surge del abismo ininteligible donde reinaba una obscuridad sin l\u00edmites.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aproximaciones al Tsolk&#8217;in Por Oscar Freire &#8220;Todas las representaciones fundamentales del Tsolk&#8217;in no solamente velan y revelan la naturaleza y la causa de la manifestaci\u00f3n, sino que ejecutan, adem\u00e1s, el acto primordial del nombre ya que la manifestaci\u00f3n es producto de la Palabra Divina&#8221; Introducci\u00f3n Es muy probable que el conjunto de las lenguas ind\u00edgenas de Am\u00e9rica se halle revestido<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[102],"tags":[],"class_list":["post-4105","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cultura-y-tradiciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4105","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4105"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4105\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4105"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4105"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4105"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}