{"id":4054,"date":"2009-05-13T15:18:38","date_gmt":"2009-05-13T15:18:38","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4054"},"modified":"2009-05-13T15:18:38","modified_gmt":"2009-05-13T15:18:38","slug":"la-muerte-de-los-dioses-*","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4054","title":{"rendered":"La muerte de los dioses *"},"content":{"rendered":"<p>La muerte de los dioses *<br \/>\nPor Nathan Wachtel<\/p>\n<p>Hay presagios pavorosos, y las profec\u00edas anuncian el fin de los tiempos. Surgen luego monstruos de cuatro patas, cabalgados por seres blancos de apariencia humana. Es la guerra, la violencia y la muerte&#8230; Tales son los temas que evocan los documentos del siglo xvi. Los indios parecen conmocionados por una especie de estupor, como si no consiguieran comprender el acontecimiento, como si \u00e9ste hiciera saltar en pedazos su universo mental.<\/p>\n<p>Se impone un primer enfoque de simple descripci\u00f3n; el m\u00e9todo Puede parecer aproximativo, literario de alguna manera; pero esa descripci\u00f3n previa resulta de todo punto obligada en la medida en que permite captar al nivel de lo v\u00edvido los acontecimientos que constituyen el punto de partida de nuestro estudio. Ha de ser a la vez una toma de contacto y un esfuerzo de descentramiento. No se trata de convertirnos en indios, con arreglo a una dudosa efusi\u00f3n sentimental, sino, simplemente, de escucharlos. Es decir, de hacer que los textos hablen, de prestar o\u00eddo, con atenci\u00f3n, respeto y humildad, a estas voces tan extra\u00f1as para nosotros: las de los testigos ind\u00edgenas de la Conquista.<\/p>\n<p>El descubrimiento del mundo antiguo<\/p>\n<p>Los indios descubrieron Europa en la persona de algunos centenares de soldados espa\u00f1oles que los vencieron. Se enfrentaban dos civilizaciones que hasta entonces se ignoraban por completo. Resulta sorprendente que para los indios el \u00abencuentro\u00bb se haya en una atm\u00f3sfera de prodigio y de magia. Es posible que los presagios hayan sido inventados despu\u00e9s, pero, cuando menos, testimonio del esfuerzo de los vencidos por interpretar el acontecimiento.<\/p>\n<p>1. Prodigios y profec\u00edas<\/p>\n<p>Es en M\u00e9xico donde son m\u00e1s numerosos los prodigios que anuncian la llegada de los europeos. Seg\u00fan los documentos ind\u00edgenas, Moctezama parec\u00eda particularmente sensible a los fen\u00f3menos de brujer\u00eda y adivinaci\u00f3n. Poco antes de la Conquista, los brujos de Texcoco anunciaron que M\u00e9xico ser\u00eda pronto sometido por extranjeros. La predicci\u00f3n provoc\u00f3 una controversia entre Moctezuma y Nezahualpill\u00ed, el rey de Texcoco; este \u00faltimo, seguro de sus adivinos, desafi\u00f3 al rey de M\u00e9xico al juego ritual de la pelota y apost\u00f3 su reino contra tres pavos. Moctezuma gan\u00f3 las dos primeras partidas, pero perdi\u00f3 cada una de las tres siguientes.<\/p>\n<p>A lo largo de los diez a\u00f1os que precedieron la llegada de los espa\u00f1oles, se enumeran ocho prodigios funestos. Durante un a\u00f1o entero, cada noche fue cubierta por una columna de fuego que aparec\u00eda por el oriente y semejaba elevarse desde la tierra hasta el cielo. \u00abPues cuando se mostraba hab\u00eda alboroto general; se daban palmadas en los labios las gentes; hab\u00eda un gran azoro; hac\u00edan interminables comentarlos\u00bb . El templo de Huitzilopochtli se incendi\u00f3 de modo misterioso, sin causa aparente, y ardi\u00f3 \u00abpor su espont\u00e1nea acci\u00f3n\u00bb. Despu\u00e9s vino la destrucci\u00f3n del templo de mientras ca\u00eda una ligera llovizna, le alcanz\u00f3 un rayo sin rel\u00e1mpago ni trueno. Aparecieron cometas en pleno d\u00eda, que atravesaban el cielo de Occidente a Oriente. Una tempestad agit\u00f3 las aguas del lago de M\u00e9xico, destruyendo la mitad de las casas de la ciudad. Luego se oy\u00f3 una voz de mujer que gritaba en la noche: \u00ab\u00a1Hijitos m\u00edos, pues ya tenemos que irnos lejos!\u00bb; o tambi\u00e9n: \u00abDel todo nos vamos ya a perder\u00bb. Nacieron monstruos, \u00abcuerpos, con dos cabezas procedentes de un solo cuerpo, los cuales eran llevados al palacio de la sala negra del gran Motecuhzorna, en donde, llegando a ella, desaparec\u00edan\u00bb. Pero el prodigio m\u00e1s pavoroso fue, sin duda, ese extra\u00f1o p\u00e1jaro color de ceniza semejante a una grulla, que fue capturado sobre el lago de M\u00e9xico: \u00abHab\u00eda uno como espejo en la mollera del p\u00e1jaro&#8230; All\u00ed se ve\u00eda el cielo: las estrellas, el Mastelejo. Y Motecuhzorna lo tuvo a muy mal presagio cuando vio las estrellas y el Mastelejo. Pero cuando vio por segunda vez la mollera del p\u00e1jaro, nuevamente vio all\u00e1, en lontananza; como si algunas personas vinieran de prisa; bien estiradas, dando empellones. Se hac\u00edan la guerra unos a otros, y los tra\u00edan a cuestas unos como venados. Al momento llam\u00f3 a sus magos, a sus sabios. Les dijo: \u0097\u00bfNo sab\u00e9is: qu\u00e9 es lo que he visto? \u00a1Unas como personas que est\u00e1n en pie y agit\u00e1ndose&#8230; Pero ellos, queriendo dar la respuesta, se pusieron a ver: desapareci\u00f3 (todo); nada vieron\u00bb.<\/p>\n<p>Si intentamos una clasificaci\u00f3n de estos presagios diversos, constataremos que asocian los cuatro elementos del universo: el fuego, el agua, la tierra y el aire; todo sucede como si el mundo entero tomase parte en la inminencia de una cat\u00e1strofe inaudita. Pero los adivinos no logran definir la amenaza que pesa sobre M\u00e9xico, de manera que en la ciudad cunde una atm\u00f3sfera de duda y angustia. Y no menos que los prodigios aterroriza a Moctezuma la impotencia de los brujos.<\/p>\n<p>Entre los mayas, el anuncio de la Conquista reviste la forma m\u00e1s expl\u00edcita de la profec\u00eda. El sentimiento de angustia cede aqu\u00ed su lugar a una especie de fatalismo apocal\u00edptico, ligado a la conciencia del curso inexorable del tiempo. En efecto, la representaci\u00f3n c\u00edclica del calendario maya funda la profec\u00eda del Chilam Balam, que predice una verdadera \u00abrevoluci\u00f3n\u00bb al final del Katun trece Abau, un trastorno total del mundo y, espec\u00edficamente, el advenimiento de una nueva religi\u00f3n:<\/p>\n<p>En el Ahau trece, al final del katun, ser\u00e1 maltratado el Itza y rodar\u00e1 por tierra Tancah, oh padre.<\/p>\n<p>Como signo del \u00fanico dios de arriba, llegar\u00e1 el \u00e1rbol sagrado, manifest\u00e1ndose a todos para que el mundo sea iluminado, oh padre.<\/p>\n<p>&#8230;Cuando agiten su se\u00f1al, desde lo alto, cuando la levanten con el \u00e1rbol de la vida, todo cambiar\u00e1 de un golpe. Y el sucesor del primer \u00e1rbol de la tierra aparecer\u00e1 y para todos ser\u00e1 manifiesto el cambio.<\/p>\n<p>Ciertamente, la profec\u00eda del Chilam Balam parece redactada despu\u00e9s del acontecimiento. Pero este augurio retrospectivo da testimonio de la necesidad de arraigar en el pasado un hecho demasiado extraordinario para llevar en s\u00ed mismo su propia significaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En el Imperio inca, la llegada de los espa\u00f1oles fue precedida a la vez por prodigios (que eran preponderantes en M\u00e9xico) y por profec\u00edas (como entre los mayas).<\/p>\n<p>Los prodigios peruanos recuerdan en cierta medida a los del ejemplo azteca; all\u00ed se asocian tambi\u00e9n los cuatro elementos: tierra, fuego, agua y aire. Los \u00faltimos a\u00f1os de Huayna Capac, el onceavo Inca, se vieron trastornados por una serie de temblores de tierra. Los terremotos son frecuentes en Per\u00fa; pero el inca Garcilaso de la Vega precisa que las sacudidas fueron excepcionalmente violentas. En la costa fueron acompa\u00f1ados por marejadas de extraordinaria amplitud. Un rayo cay\u00f3 sobre el palacio del Inca. Se vieron en el aire cometas de aspecto pavoroso. Otro presagio hace referencia a un p\u00e1jaro: cierto d\u00eda, cuando se celebraba la fiesta del Sol, un c\u00f3ndor (mensajero del sol) fue perseguido por halcones y cay\u00f3 en medio de la gran plaza de Cuzco; recogieron al p\u00e1jaro y se dieron cuenta de que estaba enfermo, recubierto de una especie de sarna; se le prodigaron cuidados, pero muri\u00f3. Y hubo un espect\u00e1culo a\u00fan m\u00e1s siniestro; en una noche muy clara, la luna apareci\u00f3 rodeada por un triple halo, el primero color de sangre, el segundo de un negro verdoso y el tercero semejante al humo. Un adivino interpret\u00f3 el presagio: la sangre anunciaba que una guerra cruel desgarrar\u00eda a los descendientes de Huayna Capac; el negro significaba la ruina de la religi\u00f3n y del Imperio inca, y todo, finalmente, como lo anunciaba el \u00faltimo halo, se desvanecer\u00eda en humo.<\/p>\n<p>Fue entonces cuando advirtieron al emperador que acababan de desembarcar en la costa seres de aspecto extra\u00f1o. Esta noticia, en medio de los prodigios que se multiplicaban, record\u00f3 a Huayna Capac la profec\u00eda de su ancestro Viracocha, el octavo Inca. Este hab\u00eda predicho que, en e1 reinado del doceavo Inca, hombres desconocidos se apoderar\u00edan del Imperio y lo destruir\u00edan. En honor del dios Viracocha, creador y civilizador de la humanidad, cuyo nombre llevaba, el octavo Inca hab\u00eda construido un templo laber\u00edntico, compuesto de doce corredores; sobre el altar central erigi\u00f3 una estatua conforme a la imagen del sue\u00f1o que le hab\u00eda inspirado el dios: representaba, seg\u00fan la tradici\u00f3n conservada por Garcilaso, un hombre de alta estatura, barbudo, vestido con una larga t\u00fanica y teniendo sujeto por una cadena a un animal fabuloso con garras de le\u00f3n. Huayna Capac era el onceavo Inca; la profec\u00eda de su ancestro se realizar\u00eda, por tanto, bajo el reinado de su sucesor. Y Garcilaso cuenta tambi\u00e9n que Huayna Capac, antes de morir, recomend\u00f3 a sus s\u00fabditos que se sometieran a los reci\u00e9n venidos. Pero \u00bfpor qu\u00e9 se llam\u00f3 a \u00e9stos \u00abViracochas\u00bb? Aqu\u00ed aparece el tema del retorno de los dioses.<\/p>\n<p>2. \u00bfDioses u hombres?<\/p>\n<p>Toda Am\u00e9rica conoce el mito del dios civilizador que, despu\u00e9s de reinar ben\u00e9ficamente, desapareci\u00f3 de modo misterioso prometiendo a los hombres su retorno. Es el caso de Quetzalcoatl en M\u00e9xico, que parti\u00f3 en direcci\u00f3n a Oriente, y de Viracocha, en el Per\u00fa, que desapareci\u00f3 andando sobre las aguas del mar occidental. Quetzalcoatl deb\u00eda volver en un a\u00f1o ce?acatl, mientras que el Imperio inca deb\u00eda tener su fin bajo el emperador n\u00famero doce. Pero en M\u00e9xico los espa\u00f1oles ven\u00edan del Este, y 1519 correspond\u00eda exactamente a un a\u00f1o ce?acatl; en el Per\u00fa, ven\u00edan del Oeste, y el reino de Atahualpa (o el de Huascar) correspond\u00eda al del doceavo Inca. En consecuencia, el estupor de los indios revisti\u00f3 una forma particular: percibieron los acontecimientos a trav\u00e9s de la \u00f3ptica del mito y concibieron la aparici\u00f3n de los espa\u00f1oles como un retorno de los dioses. Conviene hacer notar tambi\u00e9n que esta interpretaci\u00f3n no fue general. Y, por lo dem\u00e1s, la ilusi\u00f3n no dur\u00f3 mucho tiempo. Precisemos, por tanto, los matices que distinguen las reacciones de los aztecas, los mayas y los incas por cuanto respecta a la identificaci\u00f3n de los espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>Mientras en M\u00e9xico los adivinos resultaban incapaces de interpretar los presagios y, en consecuencia, eran mandados matar por Moctezuma, un indio de la costa oriental lleg\u00f3 y dijo:<\/p>\n<p>Llegu\u00e9 a las orillas de la mar grande, y vide andar en medio de la mar una sierra o cerro grande, que andaba de una parte a otra y no llega a las orillas, y esto jam\u00e1s lo hemos visto.<\/p>\n<p>Moctezuma mand\u00f3 encarcelar al mensajero y encarg\u00f3 a sus servidores qu\u00e9 verificaran la noticia. A su retorno, le indicaron que la torre que flotaba sobre el mar llevaba seres desconocidos, de piel blanca y larga barba. Entonces Moctezuma decidi\u00f3 enviarles embajadores cargados de regalos divinos: los aderezos de Quetzalcoatl.<\/p>\n<p>Los informantes de Sahag\u00fan describen la escena asombrosa en el curso de la cual los embajadores de Moctezuma revistieron a Cort\u00e9s con los adornos del dios: m\u00e1scara incrustrada de turquesas, collar adornado por un disco de oro, espejo dorsal, brazaletes de jade, cascabeles de oro, escudo con bandas de n\u00e1car y oro, rodeado de plumas de quetzal, y sandalias de obsidiana. La conducta de Cort\u00e9s, en respuesta a estos obsequios, aterroriz\u00f3 a los indios: orden\u00f3 que los atasen e hizo disparar el ca\u00f1\u00f3n.<\/p>\n<p>Y en este momento los enviados perdieron el juicio, quedaron desmayados. Cayeron, se doblaron cada uno por su lado: ya no estuvieron en s\u00ed.<\/p>\n<p>Los espa\u00f1oles les reconfortaron entonces, les ofrecieron vino y alimento.<\/p>\n<p>Mientras tanto, Moctezuma esperaba con angustia: \u00abY si alguna cosa hac\u00eda, la ten\u00eda como cosa vana. Casi cada momento suspiraba. Estaba desmoralizado, se ten\u00eda como un abatido\u00bb. Cuando los embajadores volvieron, se neg\u00f3 a recibirlos antes de que se hubieran purificado, porque: \u00ab\u00a1Bien con los dioses conversaron!\u00bb. Se sacrificaron dos prisioneros, y los emisarios fueron rociados con su sangre. S\u00f3lo entonces Moctezuma se atrevi\u00f3 a escuchar su relato:<\/p>\n<p>Por todas partes vienen envueltos sus cuerpos, solamente aparecen sus caras. Son blancas, como si fueran de cal. Tienen el cabello amarillo, aunque algunos lo tienen negro. Larga su barba es, tambi\u00e9n amarilla; el bigote tambi\u00e9n tienen amarillo&#8230;<\/p>\n<p>Los soportan en sus lomos sus \u00abvenados\u00bb. Tan altos est\u00e1n como los techos&#8230;<\/p>\n<p>Pues sus perros son enormes, de orejas ondulantes y aplastadas, de grandes lenguas colgantes; tienen ojos que derraman fuego, est\u00e1n echando chispas: sus ojos son amarillos, de color intensamente amarillo.<\/p>\n<p>&#8230; Y cuando cae el tiro, una como bola de piedra sale de sus entra\u00f1as: va lloviendo fuego, va destilando chispas, y el humo que de \u00e9l sale, es muy pestilente, huele a lodo podrido, penetra hasta el cerebro causando molestia.<\/p>\n<p>Pues si va a dar contra un cerro, como que lo hiende, lo resquebraja, y si da contra un \u00e1rbol, lo destroza hecho astillas, como si fuera algo admirable, cual si alguien le hubiera soplado desde el interior.<\/p>\n<p>&#8230; Cuando hubo o\u00eddo todo esto Moctezuma se llen\u00f3 de grande temor y como que se le amorteci\u00f3 el coraz\u00f3n, se le encogi\u00f3 el coraz\u00f3n, se le abati\u00f3 con la angustia.<\/p>\n<p>Para inspirar benevolencia a los dioses, Moctezuma les hizo enviar otro tipo de vituallas: frutos, tortillas, huevos y aves. \u00bfQuiz\u00e1 querr\u00edan tambi\u00e9n alimentarse con sangre? Se sacr\u00edficaron dos prisioneros, salpic\u00e1ndose con su sangre las ofrendas. Pero, cosa extra\u00f1a, los seres blancos y barbudos rechazaron con disgusto el alimento. La actitud de Moctezuma hada los dioses era, sin embargo, ambivalente, porque al mismo tiempo env\u00eda contra ellos a sus brujos. \u00bfQuiz\u00e1 \u00e9stos, gracias a su magia, lograr\u00edan hacerles desandar el camino? Sus esfuerzos fueron vanos; los brujos se reunieron con Moctezuma y le dieron cuenta de su fracaso: \u00ab\u00a1No somos sus contendientes iguales; somos como unas nadas!\u00bb. Y Moctezuma sinti\u00f3 miedo ante la extraordinaria potencia de los seres barbudos, pens\u00f3 en huir, en<br \/>\n\u00ab &#8230;escabullir(se) a los dioses\u00bb, en refugiarse en el fondo de alguna gruta. Fracasa tambi\u00e9n una \u00faltima tentativa de los hechiceros; encuentran en su camino a Tezcatlipoca bajo la forma de un borracho que repetidamente ejecuta prodigios y predice la ruina de M\u00e9xico. \u00abMotecuhzoma, no hizo m\u00e1s que abatir la frente, qued\u00f3 con la cabeza inclinada. Ya no habl\u00f3 palabra. Dej\u00f3 de hablar solamente. Largo tiempo as\u00ed estuvo cabizbajo. Todo lo que dijo y todo con lo que respondi\u00f3 fue esto: \u0097\u00bfQu\u00e9 remedio, mis fuertes? \u00a1Pues con esto ya fuimos aqu\u00ed!&#8230;&#8221;\u00bb&#8217;. Angustia colectiva: \u00abY todo el mundo estaba muy temeroso. Hab\u00eda gran espanto y hab\u00eda terror. Se discut\u00edan las cosas y se hablaba de lo sucedido. Hay juntas, hay discusiones, se forman corrillos, hay llanto, se llora por los otros. Van con la cabeza ca\u00edda, andan cabizbajos\u00bb.<\/p>\n<p>Y, sin embargo, parece subsistir una duda, porque cuando Moctezuma re\u00fane a sus consejeros para consultarles acerca de la conducta a seguir, \u00e9stos expresan opiniones divergentes. Cacama, sobrino de Moctezuma, recomienda acoger a los desconocidos con honores; pero Cuitlahuacatz\u00edn, su hermano, expresa escepticismo y pone en guardia a los mexicanos: \u00abPlega a nuestros dioses que no, met\u00e1is en vuestra casa a quien os eche de ella y os quite el reino, y quiz\u00e1 cuando lo quer\u00e1is remediar no sea tiempo\u00bb. Estas opiniones contradictorias reflejan las reacciones opuestas que suscitan los espa\u00f1oles en las diversas ciudades que atraviesan. As\u00ed, los totonacas de Centroala y los tlaxcaltecas deciden aliarse a los blancos. \u00abMucho los honraron, les proporcionaron todo lo que les era menester, con ellos estuvieron en uni\u00f3n y luego les dieron sus hijas\u00bb, mientras que los habitantes de Cholula los consideraron como b\u00e1rbaros.<\/p>\n<p>En Texcoco, Ixtlilxochitl se convirti\u00f3 r\u00e1pidamente al cristianismo, pero su madre, Yacotzin, le dirige violentos reproches: \u00abLe respondi\u00f3 que deb\u00eda haber perdido el juicio, pues tan presto se hab\u00eda dejado vencer de unos pocos b\u00e1rbaros como eran los cristianos\u00bb<\/p>\n<p>En cuanto a Moctezurna, a pesar de las dudas de algunos de sus consejeros, se decidi\u00f3 a recibir a los blancos como si fuesen dioses. Se dirige a su encuentro y les ofrece, en un signo de bienvenida, collares de flores y de oro. Luego pronuncia ante Cort\u00e9s el extraordinario discurso cuyo recuerdo conservar; los informantes de Sahag\u00fan:<\/p>\n<p>Se\u00f1or&#8230; Has arribado a tu ciudad: M\u00e9xico. Aqu\u00ed has venido a sentarte en tu solio, en tu trono&#8230;<\/p>\n<p>No, no es que yo sue\u00f1o, no me levanto del sue\u00f1o adormilado: no lo veo en sue\u00f1os, no estoy so\u00f1ando&#8230;<\/p>\n<p>\u00a1Es que ya te he visto, es que ya he puesto mis ojos en tu rostro! &#8230;<\/p>\n<p>Como que esto era lo que nos hab\u00edan dejado dicho los reyes, los que rigieron, los que gobernaron tu ciudad:<\/p>\n<p>Que habr\u00edas d\u00e9 instalarte en tu asiento, en tu sitial, que habr\u00eda de venir ac\u00e1&#8230;<\/p>\n<p>Pues ahora se ha realizado: ya t\u00fa llegaste, con gran fatiga, con af\u00e1n viniste.<\/p>\n<p>Llega a la tierra: ven y descansa; toma posesi\u00f3n de tus casas reales; da refrigerio a tu cuerpo.<\/p>\n<p>\u00a1Llegad a vuestra tierra, se\u00f1ores nuestros!.<\/p>\n<p>\u00a1Extra\u00f1a conducta la de los dioses! Cuando los indios les ofrecen oro, manifiestan una alegr\u00eda desenfrenada: \u00abComo si fueran monos, levantaban el oro, como que se sentaban en adem\u00e1n de gusto, como se les renovaba y se les iluminaba el coraz\u00f3n\u00bb. Saquean el tesoro de Moctezuma, separan el oro de las joyas y de los escudos para fundirlo y repart\u00edrselo en lingotes. M\u00e1s tarde, durante la fiesta de Toaxcatl, sobreviene la masacre del templo. Entonces se produce en el esp\u00edritu de los indios un cambio brutal; se rebelan, insultan y matan a Moctezuma, y ponen cerco a los espa\u00f1oles, por entonces llamados popolocas, es decir, b\u00e1rbaros.<\/p>\n<p>Se trata ahora de una guerra entre los ind\u00edgenas y depredadores muy humanos. Los episodios se suceden: la Noche Triste, la partida de los espa\u00f1oles, la epidemia de la viruela, el retorno de los espa\u00f1oles y el cerco de M\u00e9xico. Los indios saben modificar su t\u00e1ctica en funci\u00f3n del armamento europeo: \u00abPero los mexicanos, cuando vieron, cuando se dieron cuenta de que los tiros de ca\u00f1\u00f3n iban derechos, ya no caminaban, en l\u00ednea recta, sino que iban de un rumbo a otro, haciendo zigzag; se hac\u00edan a un lado y a otro. hu\u00edan del frente. Y cuando ve\u00edan que iba a dispararse un ca\u00f1\u00f3n, se echaban por tierra, se tend\u00edan, se apretaban a la tierra\u00bb. Pero poco a poco los espa\u00f1oles cobran ventaja. Los ind\u00edgenas sacrifican a sus prisioneros y dejan expuestas al sol las cabezas de los blancos y las cabezas de los caballos. Pero es en vano. Intentan entonces un \u00faltimo expediente para salvar a la ciudad: Cuauhtemoc hace que su capit\u00e1n, Otoclitzin, se vista con el traje ritual que le convierte en \u00abtecolote de Quetzal, y le entrega la jabalina m\u00e1gica del dios tribal Huitzilopoclidi; si esta jabalina mata a alg\u00fan enemigo, ser\u00e1 la victoria\u00bb. Pero el plan fracasa nuevamente. Un \u00faltimo presagio anuncia la ca\u00edda inminente de la ciudad: una noche surgi\u00f3 una bola de fuego: \u00abSe dej\u00f3 ver, apareci\u00f3 cual si viniera del cielo. Era como un remolino; se mov\u00eda haciendo giros, andaba haciendo espirales. iba como echando chispas, cual si restallaran brasas\u00bb. Finalmente, Cuauhtemoc decide someterse a los espa\u00f1oles; pero entonces, por una segunda inversi\u00f3n, en el momento en que aparecen como vencedores son calificados nuevamente como \u00abdioses\u00bb: \u00ab\u00a1Ya va el pr\u00edncipe m\u00e1s joven, Cuauhtemoc; ya va a entregarse a los espa\u00f1oles! \u00a1Ya va a entregarse a los &#8220;dioses&#8221;! \u00bb.<\/p>\n<p>En los territorios mayas, la cualidad divina de los espa\u00f1oles parece menos admitida. Por ser m\u00e1s exactos, hay un contraste muy dato que contrapone en este punto a los quich\u00e9s y cakchiqueles de las altas tierras de Guatemala, por una parte, y los mayas propiamente dichos del Yucat\u00e1n, por otra. Los primeros consideraron a los reci\u00e9n venidos como dioses; los segundos, por el contrario, designaron a los espa\u00f1oles con el t\u00e9rmino m\u00e1s banal de dzules, \u00abextranjeros\u00bb; y como \u00e9stos, a diferencia de los mayas, com\u00edan anonas, se les design\u00f3 m\u00e1s prosaicamente todav\u00eda como \u00abcomedores de anonas\u00bb. \u00bfC\u00f3mo explicar este contraste entre los indios de Guatemala y los del Yucat\u00e1n?<\/p>\n<p>El simple desarrollo de los acontecimientos da cuenta, en buena medida, de tales diferencias. En efecto, la conquista de Guatemala, realizada por Alvarado en 1524?1525, sigui\u00f3 de cerca a la ca\u00edda de M\u00e9xico y fue muy r\u00e1pida. Es posible que ante la brutalidad del acontecimiento, los quich\u00e9s y los cakchiqueles hayan ca\u00eddo en el mismo estupor que los aztecas. En cambio, la conquista del Yucat\u00e1n fue m\u00e1s tard\u00eda y m\u00e1s lenta; emprendida por Montejo en 1527, s\u00f3lo se consum\u00f3, y penosamente, en 1541. Por otra parte, los mayas del Yucat\u00e1n hab\u00edan tenido ya ocasi\u00f3n de encontrar a hombres blancos varias veces. Desde 1511, con ocasi\u00f3n del naufragio de Valdivia, algunos espa\u00f1oles hab\u00edan ido a parar a la costa; fue entonces cuando los indios recogieron a Gonzalo de Guerrero y jer\u00f3nimo de Aguilar 1&#8242;. Despu\u00e9s, la expedici\u00f3n de C\u00f3rdoba en 1517, la de Grijalva en 1518 y la escala de Cort\u00e9s en 1519 fueron otros contactos que, sin implicar consecuencias militares inmediatas, permitieron a los indios del Yucat\u00e1n acostumbrarse a la rareza de los espa\u00f1oles; tanto, que en los documentos mayas relativos a la Conquista se borra el car\u00e1cter divino de los espa\u00f1oles.<\/p>\n<p>El Per\u00fa estaba desgarrado por la guerra civil; los dos hijos de Huayna Capac, el bastardo Atahualpa y el heredero leg\u00edtimo, Huascar, se disputaban el Imperio. En 1533, Atahualpa acababa de capturar a Huascar, pero ej\u00e9rcitos \u00ableg\u00edtimos\u00bb resist\u00edan todav\u00eda en la regi\u00f3n de Cuzco. Es entonces cuando llegan los espa\u00f1oles, y todo sucede como si la reacci\u00f3n de los indios respecto de ellos se hallase determinada por su adhesi\u00f3n a una u otra de las facciones en lucha.<\/p>\n<p>En efecto, los primeros actos de Pizarro parecen favorecer a los partidarios de Huascar. Estos \u00faltimos ven en \u00e9l a un salvador providencial, y el hermano de Huascar, Manco, se apresura a aliarse con los espa\u00f1oles. Los Viracochas, hijos del dios civilizador, han surgido de repente para castigar a Atahualpa y restablecer el orden leg\u00edtimo. Los cronistas de la tradici\u00f3n cuzquena, principal mente Titu Cusi, describen aquellos rasgos extra\u00f1os que se\u00f1alan a los espa\u00f1oles como entes divinos a los ojos de los ind\u00edgenas: la barba, rubia o casta\u00f1a; las prendas, que cubren todo el cuerpo; los grandes animales que cabalgan, cuyos pies son de plata; el lenguaje m\u00e1gico que les permite comunicarse entre s\u00ed por medio de peque\u00f1os trozos de telas blancas; el dominio del rayo:<\/p>\n<p>Dec\u00edan que hab\u00edan visto llegar a su tierra ciertas personas muy differentes de nuestro h\u00e1bito y traje, que pare\u00e7\u00edan viracochas, ques el nombre con el qual nosotros nombramos antiguamente al Criador de todas las cosas&#8230; y nombraron desta manera a aquellas personas que hab\u00edan visto, lo uno porque diferenciaban mucho nuestro traje y semblante, y lo otro porque ve\u00edan que andaban en unas animal\u00edas muy grandes, las quales ten\u00edan los pies de plata: y esto dec\u00edan por el rrelumbrar de las herraduras. Y tambi\u00e9n los llamaban ans\u00ed, porque les hab\u00edan visto hablar a solas en unos pa\u00f1os blancos como una persona hablaba con otra, y \u00e9sto por el lleer en libros y cartas; y aun les llamaban Viracochas por la exclen\u00e7ia y pares\u00e7er de sus personas y mucha differen\u00e7ia entre unos y otros, porque unos eran de barbas negras y otros bermejas, \u00e9 porque les ve\u00edan comer en plata; y tambi\u00e9n porque ten\u00edan Yllapas, nombre que nosotros tenemos para los truenos, y esto dej\u00edan por los arcabu\u00e7es, porque pensaban que eran truenos del cielo&#8230;<\/p>\n<p>Pero los espa\u00f1oles, con su codicia y su brutalidad, disiparon pronto la ilusi\u00f3n. Titu Cusi describe el encarcelamiento de su padre, Manco, y el brusco cambio que se produjo entonces en su esp\u00edritu (comparable al de los mexicanos despu\u00e9s de la masacre del templo); si los blancos se comportan con tanta crueldad, es que no son Viracochas, sino, al contrario, hijos del \u00abdiablo\u00bb:<\/p>\n<p>&#8230;pensando que era gente grata e enviada de aqu\u00e9l que ellos de\u00e7\u00edan que era el Tecsi Viracochan \u0097que quiere decir Dios\u0097 y pare\u00e7eme que me ha salido al rrev\u00e9s de lo que yo pensava, porque sabed, hermanos, que \u00e9stos, segund me han dado las muestras despu\u00e9s que entraron en mi tierra no son hijos del Viracocha sino del demonio&#8230;<\/p>\n<p>En cuanto a Atahualpa, a diferencia de Manco, nada permite afirmar que haya considerado a los espa\u00f1oles como dioses. Se ha planteado la duda acerca de por qu\u00e9 permiti\u00f3 a Pizarro penetrar en las monta\u00f1as hasta Cajamarca. Pero tengamos en cuenta que no hab\u00eda consolidado a\u00fan su poder sobre el conjunto del pa\u00eds, y que la eventualidad de un ataque de los partidarios de Huascar limitaba sus posibilidades de movimiento. Por otra parte, la expedici\u00f3n espa\u00f1ola, proveniente de la costa, no parec\u00eda poner en peligro el Imperio. Las sociedades costeras del Per\u00fa, aisladas por el desierto marino, siempre hab\u00edan sufrido la dominaci\u00f3n de las sociedades monta\u00f1esas que controlaban la fuente de los r\u00edos; Afahualpa no pod\u00eda imaginar que los espa\u00f1oles pudiesen recibir socorro del mar ni que otro mundo \u0097Europa\u0097 se manifestase a trav\u00e9s de ellos. En la sociedad inca, la potencia depend\u00eda del n\u00famero de hombres, y la peque\u00f1a tropa de Pizarro parec\u00eda una fuerza despreciable desde este punto de vista. Por lo dem\u00e1s, corr\u00eda el rumor en el campamento de Atahualpa de que los fusiles espa\u00f1oles s\u00f3lo disparaban dos veces y que los caballos perd\u00edan toda eficacia durante la noche. Tal es el motivo de que Atahualpa tendiese a Pizarro la trampa de Cajamarca; despu\u00e9s de convenir una entrevista a mediod\u00eda s\u00f3lo lleg\u00f3 al comienzo de la noche; pero la trampa, se volvi\u00f3 contra \u00e9l.<\/p>\n<p>En t\u00e9rminos generales, la conducta de Atahualpa parece \u00abracional\u00bb, teniendo en cuenta una l\u00f3gica evidentemente distinta de la nuestra, Cuando se encontr\u00f3 con Pizarro, no manifest\u00f3 humildad alguna, al rev\u00e9s que Moctezuma ante Cort\u00e9s. Al exhortarle Valverde para que se convirtiera al cristianismo, present\u00e1ndole la Bibl\u00eda, Atahualpa respondi\u00f3 altivamente que el \u00fanico dios a adorar era el Sol; luego oje\u00f3 el libro e intent\u00f3 escuchar lo que dec\u00eda; pero, como no oy\u00f3 nada, lo lanz\u00f3 col\u00e9ricamente al suelo. Ning\u00fan signo de sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo interpretar las reacciones diversas de los aztecas, de los mayas y de los incas con ocasi\u00f3n de la llegada de los hombres blancos? Conviene plantear correctamente el problema. En efecto, estamos dominados muchas veces por nuestras categor\u00edas mentales y nos sorprende que los indios hayan tomado por dioses a los espa\u00f1oles, deteni\u00e9ndose nuestro pensamiento sobre el aspecto pintoresco de la cosa y no sin alguna condescendencia. Pero no hay aqu\u00ed pintoresquismo alguno. Por el contrario, nos hallamos en presencia de un fen\u00f3meno muy general, descrito a menudo por los viajeros y los etn\u00f3grafos, no solamente en Am\u00e9rica, sino tambi\u00e9n en \u00c1frica y en Ocean\u00eda; se trata del terror de los \u00abind\u00edgenas\u00bb ante la aparici\u00f3n de estos seres absolutamente desconocidos, los blancos. No se trata de que una \u00abmentalidad primitiva\u00bb se oponga, en t\u00e9rminos de un pensamiento irracional o dominado enteramente por la afectividad, a la racionalidad occidental. Toda sociedad implica una cierta visi\u00f3n del mundo, una estructura mental regida por una l\u00f3gica particular. Los acontecimientos de la historia, al igual que los fen\u00f3menos de la naturaleza, se ubican en el orden explicativo de los mitos y cosmogon\u00edas correspondientes a cada cultura. Todo aquello que represente una excepci\u00f3n a este orden racional (animales cuya conducta parezca extra\u00f1a, acontecimientos inhabituales, etc.) significa la irrupci\u00f3n de fuerzas sobrenaturales o. divinas en el mundo profano. En esa medida, la racionalidad cotidiana resulta destruida y nace la angustia por el contacto con lo desconocido.<\/p>\n<p>Ahora bien, la intrusi\u00f3n de los europeos en una sociedad que ha vivido aislada durante siglos constituye un acontecimiento que rompe el curso normal de las cosas. No nos asombremos, por tanto, de que Moctezuma haya visto en la llegada de Cort\u00e9s el retorno de Quetzalcoatl; muy al contrario, se trata de un esfuerzo de racionalizaci\u00f3n; Moctezuma emplea el instrumental mental de su sociedad, \u00fanico del que dispone, para comprender el acontecimiento; recurre a los mitos tradicionales para integrar en su concepci\u00f3n del mundo hechos para \u00e9l inauditos. Este tipo de racionalizaci\u00f3n fue tambi\u00e9n el utilizado por los indios de Guatemala o por los partidarios de Huascar. Mientras que Atahualpa, los mayas de Yucat\u00e1n o los indios de Cholula reaccionaron de modo diferente. Pero \u00bfpor qu\u00e9?<\/p>\n<p>No todos los indios consideraron a los espa\u00f1oles como dioses; pero todos se plantearon la cuesti\u00f3n de si eran divinos o humanos. En las diferentes sociedades consideradas, lo general es la irrupci\u00f3n brusca de algo desconocido. Todos los documentos aztecas, mayas e incas describen el aspecto extra\u00f1o (barba, cabellos) y la potencia (escritura, rayo) de los espa\u00f1oles. La visi\u00f3n del mundo de los indios implicaba en todo caso la posibilidad de que los blancos fuesen dioses, y esa posibilidad llevaba consigo en cualquier caso duda &#8216; y angustia. Pero la respuesta a la cuesti\u00f3n \u00ab\u00bfdioses u hombres?\u00bb pod\u00eda ser positiva y negativa, y vari\u00f3 de acuerdo con las circunstancias particulares de la historia local.<\/p>\n<p>Un notable episodio confirma la interpretaci\u00f3n precedente. Mientras se acercaban a Cuzco, los soldados de Pizarro capturaron a unos mensajeros indios. Enviados por Callcuchima, general de Atahualpa, a Quizquiz, otro de sus generales, los mensajeros llevan una importante noticia relativa a la naturaleza de los invasores:<\/p>\n<p>\u00ab&#8230; Les oy\u00f3 desir como ChaUcuchima los suia embiado auissando al quizquiz como (los espa\u00f1oles) eran mortales\u00bb.<\/p>\n<p>3. Las causas de la derrota<\/p>\n<p>Nuestro punto de vista es aqu\u00ed el de la reacci\u00f3n psicol\u00f3gica de s vencidos, y no entraremos por ello en el detalle de la historia militar de la Conquista. Sin embargo, se plantea el problema de las causas de la derrota de los indios: \u00bfc\u00f3mo es posible que imperios tan poderosos como el de los aztecas o el de los incas hayan sido destruidos tan r\u00e1pidamente por algunos centenares de espa\u00f1oles?<\/p>\n<p>Pensamos en primer lugar en una causa de orden t\u00e9cnico: la superioridad del armamento europeo. Se trata de una civilizaci\u00f3n del metal contra una civilizaci\u00f3n de la piedra: espadas de acero contra lanzas guarnecidas de obsidiana, armaduras met\u00e1licas contra t\u00fanicas forradas de algod\u00f3n, arcabuces y ca\u00f1ones contra arcos y flechas, caballos contra soldados de a pie. Con todo, este factor t\u00e9cnico parece tener una importancia limitada: las armas de fuego de las cuales dispon\u00edan los espa\u00f1oles durante la Conquista eran muy poco numerosas y de tiro muy lento. Tuvieron, ante todo, un efecto psicol\u00f3gico, provocando (como los caballos) el p\u00e1nico entre los indios. Cuando menos al comienzo, mientras los espa\u00f1oles gozaban todav\u00eda del beneficio de la sorpresa; pero la sorpresa se disip\u00f3 r\u00e1pidamente, y sabemos que los indios supieron adaptar sus m\u00e9todos de combate en funci\u00f3n del armamento europeo.<\/p>\n<p>Mucho m\u00e1s eficaces fueron las enfermedades que diezmaron a los indios a partir de su primer contacto con los blancos. Las terribles epidemias de viruela en M\u00e9xico, antes del sitio de la ciudad por Cort\u00e9s, debilitaron la resistencia de los aztecas. En Per\u00fa parece haberse declarado una epidemia a finales del reinado de Huayna Capac, antes incluso de que Pizarro emprendiese su tercera expedici\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s dif\u00edcil resulta calcular el alcance de las causas psicol\u00f3gicas y religiosas. Hemos visto que la divinidad de los espa\u00f1oles (al menos mientras fue admitida) desapareci\u00f3 tambi\u00e9n muy deprisa. Debe tomarse tambi\u00e9n en consideraci\u00f3n la tan particular idea de la guerra entre los indios, que reviste un aspecto esencialmente ritual; en el combate, la meta no es eliminar al adversario, sino hacerle prisionero para sacrificarlo luego a los dioses. La victoria se les escapaba muchas veces a los mexicanos porque trataban de capturar a los espa\u00f1oles, en vez de matarlos. Desde esta perspectiva, los m\u00e9todos de combate de los blancos constitu\u00edan un esc\u00e1ndalo incomprensible. Por otra parte, la guerra sol\u00eda finalizar para los indios con un tratado que conced\u00eda a los vencidos el derecho de conservar sus costumbres a cambio de un tributo. No pod\u00edan, evidentemente, imaginar que los cristianos se propusieran destruir su religi\u00f3n y sus leyes. En este sentido, su visi\u00f3n del mundo contribuy\u00f3 a su derrota. Tengamos en cuenta, sin embargo, que la guerra \u0097fuesen cuales fuesen sus aspectos rituales\u0097 no dejaba de tener por consecuencia entre los indios la dominaci\u00f3n pol\u00edtica; fue la guerra lo que permiti\u00f3 la constituci\u00f3n de los poderosos imperios de los incas y de los aztecas.<\/p>\n<p>De manera que la victoria espa\u00f1ola se debe sobre todo a las divisiones pol\u00edticas que debilitaban a tales imperios. En efecto, son los propios indios quienes suministran a Cort\u00e9s y a Pizarro la masa de sus ej\u00e9rcitos de conquista, que llegan a ser tan numerosos como los ej\u00e9rcitos propiamente ind\u00edgenas a quienes combaten. En M\u00e9xico, los totonacas, recientemente sometidos, se rebelaron contra Moctezuma y se aliaron a los espa\u00f1oles, que encontraron despu\u00e9s un apoyo decisivo en los tlaxcaltecas. En Per\u00fa, Pizarro obtuvo ayuda de la fracci\u00f3n leg\u00edtima en su lucha contra los generales de Atahualpa, y se aprovech\u00f3 tambi\u00e9n de la colaboraci\u00f3n de tribus que, como las de los ca\u00f1ar\u00eds y los huancas, se opon\u00edan a la dominaci\u00f3n inca.<\/p>\n<p>Es cierto que los factores religiosos y pol\u00edticos se mezclan estrechamente. Recordemos que la alianza de la fracci\u00f3n de Huascar con los espa\u00f1oles se confunde con la identificaci\u00f3n de \u00e9stos como Viracochas, mientras que los indios mexicanos opuestos a ello se limitan a considerarlos b\u00e1rbaros invasores. Podemos, as\u00ed, decir que la opci\u00f3n pol\u00edtica reviste una forma religiosa, o, a la inversa, que el factor religioso adquiere forma a trav\u00e9s de la coyuntura pol\u00edtica. De hecho, las sociedades ind\u00edgenas de Am\u00e9rica, en el momento de llegar los espa\u00f1oles, poseen una estructura donde la dimensi\u00f3n religiosa atraviesa todos los niveles: la vida econ\u00f3mica, la organizaci\u00f3n social y las luchas pol\u00edticas.<\/p>\n<p>* Los vencidos: los indios del Per\u00fa frente a la conquista espa\u00f1ola,<br \/>\nAlianza editorial pp. 37-54. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La muerte de los dioses * Por Nathan Wachtel Hay presagios pavorosos, y las profec\u00edas anuncian el fin de los tiempos. Surgen luego monstruos de cuatro patas, cabalgados por seres blancos de apariencia humana. Es la guerra, la violencia y la muerte&#8230; Tales son los temas que evocan los documentos del siglo xvi. 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