{"id":4043,"date":"2009-05-13T14:58:50","date_gmt":"2009-05-13T14:58:50","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=4043"},"modified":"2009-05-13T14:58:50","modified_gmt":"2009-05-13T14:58:50","slug":"viaje-de-mircea-eliade-por-el-mundo-maya-fragmento-de-diario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=4043","title":{"rendered":"Viaje de mircea eliade por el mundo maya, fragmento de diario"},"content":{"rendered":"<p>(M\u00e9rida, Uxmal, Chich\u00e9n Itz\u00e1, Isla Mujeres)<\/p>\n<p>Mircea Eliade ha indagado sobre el simbolismo religioso desde un espectro que abarca la casi totalidad de las expresiones religiosas humanas, desde los monumentos teol\u00f3gicos de la India v\u00e9dica y la Grecia cl\u00e1sica hasta las formas cham\u00e1nicas de los yakuts y kamtchadales. En la certeza de que ser humano es por excelencia un homo simbolicus. Eliade analiza, desde la perspectiva de la ciencia de las religiones, los infinitos meandros del s\u00edmbolo y sus significados. \u00bfQu\u00e9 revela, qu\u00e9 muestra el s\u00edmbolo como s\u00edmbolo religioso?<br \/>\nAnte todo, muestra que los s\u00edmbolos religiosos que se\u00f1alan la estructura de la vida revelan una existencia m\u00e1s profunda y misteriosa que la conocida a trav\u00e9s de la experiencia diaria. Muestran el lado milagroso e inexplicable de la vida y, al mismo tiempo, las dimensiones sacramentales de la existencia humana. \u0093Descifrada\u0094 a la luz de los s\u00edmbolos religiosos, la vida humana revela un lado oculto; proviene de \u0093otra parte\u0094, de lejos; es \u0093divina\u0094 en el sentido de ser obra de dioses, de seres sobrenaturales.<br \/>\nLa asombrosa capacidad de interpretaci\u00f3n de Eliade, su profunda erudici\u00f3n y vasta cultura, parecieran indicar tambi\u00e9n que existe una especie de instinto de hermeneuta en todos los grandes historiadores. Ese instinto lo lleva a concluir, a trav\u00e9s de indagaciones que son un monumento a la investigaci\u00f3n, en la fundamental multivalencia del simbolismo religioso; en su capacidad para expresar simult\u00e1neamente un n\u00famero de significados cuya relaci\u00f3n no es evidente en el plano de lo inmediato. Pero \u00e9l conduce su an\u00e1lisis \u0097su lectura del mundo \u0091trascendente\u0097 m\u00e1s all\u00e1, y llega a subrayar el valor existencial del simbolismo religioso, es decir, el hecho de que un s\u00edmbolo se\u00f1ala siempre una realidad o situaci\u00f3n en la que se encuentra comprometida la existencia humana.<br \/>\nMircea Eliade naci\u00f3 en 1907 en Bucarest y vivi\u00f3 en la India de 1928 a 1932. Prepar\u00f3 sus tesis de doctorado sobre el yoga y ense\u00f1\u00f3 filosof\u00eda en la Universidad de Bucarest. Conoce profundamente el s\u00e1nscrito, adem\u00e1s de griego, lat\u00edn, franc\u00e9s, alem\u00e1n, ingl\u00e9s, italiano, hebreo y persa. Agregado cultural en Londres, posteriormente en Lisboa, fue profesor de L&#8217;\u0092Ecole des Hautes Etudes y comenz\u00f3 a escribir directamente en franc\u00e9s. Ense\u00f1\u00f3 en la Sorbona y en diferentes universidades europeas y es profesor titular de la c\u00e1tedra de Historia de las religiones, fil\u00f3sofo, ensayista, catedr\u00e1tico, Eliade es tambi\u00e9n un gran novelista tanto en lengua rumana como francesa. Su obra narrativa, inscrita en el dominio de lo m\u00e1gico, participa de un elemento fant\u00e1stico. \u00c9sta fue de hecho la primera de sus pasiones y ciertamente no la \u00faltima, ya que en sus Diarios se encuentra un gran n\u00famero de anotaciones realizadas en diferentes tiempos sobre la labor literaria y sobre su deseo de ser, sobre todas las cosas, un hombre de letras. Sus temas relevantes en la ficci\u00f3n son, entre otros, la intemporalidad del alma y del cuerpo, la irrelevancia del espacio f\u00edsico, la sobrenaturaleza. Entre sus obras novel\u00edsticas se destacan La noche bengal\u00ed, El bosque prohibido, El secreto del doctor Honigberger, Medianoche en Serampor, Naitreyi. Pero ser\u00eda un error sostener que el novelista vive en conflicto con el sabio. No se debe pretender encontrar en sus novelas una ilustraci\u00f3n de sus teor\u00edas como fil\u00f3sofo o historiador. Los temas propios del pensador persisten en el novelista, pero no est\u00e1n presentes en su obra sino para nutrir su substancia \u00e9pica. Sus libros de investigaci\u00f3n m\u00e1s importantes son Yoga, inmortalidad y libertad, El mito del eterno retorno, Mito y realidad, Mitos, sue\u00f1os y misterios. Im\u00e1genes y s\u00edmbolos, La nostalgia de los or\u00edgenes, El chamanismo, De los primitivos al Zen, Tratado de historia de las religiones, que culminan en la monumental Historia de las creencias y las ideas religiosas en cuatro tomos, empezada en 1976.<br \/>\nEn 1965 Eliade vino por vez primera a M\u00e9xico a impartir un curso de hinduismo; el registro de esa estancia se public\u00f3 en la Revista de la Universidad de M\u00e9xico con el t\u00edtulo de Diario mexicano; las siguientes p\u00e1ginas describen el segundo viaje al pa\u00eds, hecho trece a\u00f1os despu\u00e9s con el exclusivo prop\u00f3sito de recorrer la zona maya.<\/p>\n<p>&#8211; DIARIO &#8211;<\/p>\n<p>16 de diciembre de 1978<\/p>\n<p>Desde hace algunos d\u00edas no hago otra cosa que leer pruebas de examen y escribir cartas. He escrito unas veinte y dictado otras tantas a Katherine Bell. Por otra parte, no hubiera podido hacer otra cosa, tanto pienso en mi pr\u00f3xima partida a Yucat\u00e1n y Guatemala en compa\u00f1\u00eda de Paul Ricoeur y su mujer. Como la partida est\u00e1 prevista para pasado ma\u00f1ana, no puedo emprender ning\u00fan trabajo serio, ya se trate de la revisi\u00f3n de la tercera parte de la Autobiograf\u00eda o de mi Diario, o incluso de mi novela Las diecinueve rosas.<br \/>\nEste mediod\u00eda, larga conversaci\u00f3n con J. P., que ha llegado de Montreal hace dos d\u00edas. Prepara una tesis sobre m\u00ed y ha le\u00eddo todo lo que ha podido encontrar, incluidas mis novelas cortas traducidas por Mary Stevenson y que a\u00fan no han sido publicadas. Sus preguntas son muy pertinentes, pero yo me pregunto si mis respuestas le ser\u00e1n de alguna utilidad. Por una parte, la \u0093inspiraci\u00f3n\u0094 me abandona cuando tengo la impresi\u00f3n de repetirme, sobre todo si estoy a solas con mi interlocutor. Ante toda una clase, la relaci\u00f3n se da de otra manera, pues yo no sabr\u00eda exigir de los alumnos que conozcan mis ideas sobre la materia de los cursos. Por otra lado, a medida que J. P. Me hablaba de aquello que le interesaba de manera particular (la semi\u00f3tica, el psicoan\u00e1lisis, etc\u00e9tera), me sent\u00eda cada vez menos ata\u00f1ido por nuestro di\u00e1logo. He perdido demasiado tiempo, cuando era joven, y aun mucho despu\u00e9s, en semejantes \u0093di\u00e1logos de sordos\u0094.<\/p>\n<p>M\u00e9rida (Yucat\u00e1n), 18 de diciembre<\/p>\n<p>Para estar seguros de no perder nuestro avi\u00f3n hacia Memphis, que deb\u00eda partir esta ma\u00f1ana a las siete cuarenta, hemos preferido pasar la noche en el Hotel Hilton, en el recinto mismo del aeropuerto. Mala sorpresa: una rec\u00e1mara con ba\u00f1o nos cuesta cuarenta d\u00f3lares, con el ruido sobre nosotros de todos los despegues y aterrizajes que se efect\u00faan durante la noche.<br \/>\nDesayuno en Memphis, donde esperamos durante una hora para hacer conexi\u00f3n con el vuelo a Nueva Orle\u00e1ns. Un tercer aparato nos deposita al fin en M\u00e9rida a las dos de la tarde. Desde el instante de descender del avi\u00f3n el calor nos sorprende como un fuetazo: m\u00e1s de 32\u00b0C, mientras que esta ma\u00f1ana en Chicago la temperatura se avecinaba a los 0\u00b0C. Nuestras rec\u00e1maras son discretas en el hotel Mar\u00eda del Carmen. Jard\u00edn tropical, con su piscina ritual rodeada de mesas redondas sobre las cuales multicolores parasoles arrojan un poco de sombra. En el vest\u00edbulo, un \u00e1rbol de Navidad con sus l\u00e1mparas el\u00e9ctricas, muy como en los Estados Unidos, y valijas por docenas: un grupo de turistas norteamericanos se prepara para salir.<br \/>\nHemos ido a pasear al centro de la ciudad. Magn\u00edfico jard\u00edn p\u00fablico, en la Plaza Mayor, donde se sit\u00faan la catedral y el palacio de gobierno. Bajo las arcadas de estilo hispano-morisco, las tiendas, los caf\u00e9s, los restaurantes, se estrechan entre s\u00ed. Paul Ricoeur, gu\u00eda en mano, nos da algunos datos elementales: M\u00e9rida, capital de Yucat\u00e1n, fue fundada en 1542 en el emplazamiento de Tiho, antigua metr\u00f3poli maya. Tiho fue destruida, pero los bloques de piedra, algunos de los cuales estaban adornados con finas esculturas mayas, fueron recuperados para edificar la catedral (siglo XVI, la Casa Montejo y otras mansiones aristocr\u00e1ticas espa\u00f1olas. El ej\u00e9rcito que tom\u00f3 posesi\u00f3n de Yucat\u00e1n estaba comandado por don Francisco de Montejo y Le\u00f3n. La Casa Montejo, nos dice Paul Ricoeur citando su gu\u00eda, es hoy la m\u00e1s antigua casa privada en toda Am\u00e9rica ocupada por los descendientes directos de quienes la construyeron.<br \/>\nRegresamos a nuestro hotel en una peque\u00f1a calesa tirada por un solo caballo y cenamos all\u00ed mismo. El restaurante, vetusto, melanc\u00f3lico, me hizo pensar en los descritos por Eca de Queiroz a fin de siglo. Pero \u00bfd\u00f3nde?, \u00bfen qu\u00e9 novela?<\/p>\n<p>Uxmal, 19 de diciembre<\/p>\n<p>Esperando conciliar el sue\u00f1o, le\u00ed buena parte de mi documentaci\u00f3n sobre las civilizaciones mesoamericanas.<\/p>\n<p>Hacia el mediod\u00eda, un coche de alquiler nos llev\u00f3 a Uxmal en menos de una hora. El chofer estaciona su auto a la sombra y nosotros nos dirigimos hacia las ruinas. El primer monumento que visitamos es la pir\u00e1mide llamada \u0093del Adivino\u0094, que fue restaurada bajo la direcci\u00f3n de C\u00e9sar S\u00e1enz. Se la llama tambi\u00e9n la Casa encantada. De hecho, estamos en presencia de un conjunto de cinco templos, edificados cada uno en \u00e9pocas diferentes. Trepamos penosamente los escalones de piedra y hacemos alto al cabo de una cincuentena para contemplar los edificios vecinos despu\u00e9s de haberlos se\u00f1alado en el plano. Algunos esperan a\u00fan ser explorados a fondo. De entre nosotros, s\u00f3lo Paul se impuso subir los escalones hasta el fin, con el objeto de asegurarse una vez m\u00e1s de que los v\u00e9rtigos y el mal de pecho, que le hicieron pasar diez d\u00edas el \u00faltimo mes en la cl\u00ednica de la Universidad, no eran de origen cardiaco.<br \/>\nVimos en seguida, justo al lado, el cuadril\u00e1tero de Las Monjas, donde deberemos asistir esta noche a un espect\u00e1culo de Luz y Sonido. Me contento con anotar al margen de la gu\u00eda \u0097pero sus m\u00e1rgenes son muy estrechos\u0097 algunas indicaciones que desarrollar\u00e9 m\u00e1s tarde, cuando tenga calma. Precisamos una media hora para trepar al Palacio del Gobernador; despu\u00e9s descendemos hasta la explanada del Juego de Pelota. Se trata de un rito que me apasiona desde hace mucho tiempo y que espero tratar con m\u00e1s detalle a lo largo del cap\u00edtulo de Historia III consagrado a las religiones mesoamericanas. La Casa de las Palomas merece tambi\u00e9n ser vista. Est\u00e1 en v\u00edas de desaparici\u00f3n. Aunque pasamos una buena media hora contempl\u00e1ndola, no logr\u00e9 descifrar el escenario.<br \/>\nEn el fondo, son las decoraciones en estuco de los muros exteriores las que hacen toda la belleza y el valor del sitio de Uxmal y le dan todo su sentido. No se puede sino quedar fascinado a la vista de ese bajorrelieve, por ejemplo, que ornamenta uno de los muros de la pir\u00e1mide del Adivino, y que representa una cabeza de hombre emergiendo del hocico de una serpiente emplumada de quetzal (seg\u00fan C\u00e9sar S\u00e1enz, la serpiente simboliza al sol). Y por doquier im\u00e1genes de reptiles de todas dimensiones. Habr\u00eda mucho qu\u00e9 decir sobre ese simbolismo obsesivo de la serpiente. El sentido cosmol\u00f3gico me parece evidente: la noche antes de la creaci\u00f3n, la fertilidad, el nacimiento y el renacer\u0085 Escribo estas l\u00edneas a toda prisa, en el patio del restaurante Villas Arqueol\u00f3gicas, junto a su piscina de muros amarillos. Los ni\u00f1os juegan bajo los parasoles, entre inmensos floreros. Esperamos la hora de la cena. Me siento desabrido, melanc\u00f3lico, tanto lamento que no nos podamos quedar aqu\u00ed dos o tres d\u00edas m\u00e1s. Cada quien podr\u00eda, as\u00ed, a su hora preferida, amanecer o crep\u00fasculo, volver a sus \u0093ruinas preferidas\u0094.<\/p>\n<p>Chich\u00e9n Itz\u00e1, 20 de diciembre<\/p>\n<p>Ayer por la noche, bajo los haces luminosos diversamente coloreados del espect\u00e1culo de Luz y Sonido, vi la trama iconogr\u00e1fica del Cuadr\u00e1ngulo de las Monjas. Por fortuna, el comentario que acompa\u00f1aba al espect\u00e1culo era claro y desprovisto de pretensi\u00f3n. Comprend\u00eda algunos aspectos del ritual en honor del dios Chaac, sobre un fondo de melod\u00edas extra\u00f1as y desconocidas, puntuadas de golpes de gong y aires de flauta. Despu\u00e9s del espect\u00e1culo, volvemos por el bosque a los poderosos senderos de la selva.<br \/>\nPartimos esta ma\u00f1ana con el mismo chofer que nos llev\u00f3 ayer a Uxmal. Atravesamos algunas localidades m\u00e1s o menos importantes. Algunas se amontonan sobre una plaza bien conservada, con \u00e1rboles centenarios frente a una iglesia. Otras congregan toda suerte de casitas, caba\u00f1as perdidas entre la vegetaci\u00f3n, las trepadoras y las buganbilias. Despu\u00e9s de tres horas de camino llegamos a Chich\u00e9n Itz\u00e1 y nos instalamos en el Hotel Mayaland, situado en medio de un jard\u00edn tropical. Paul consigue un bungalow al fondo del parque; dos rec\u00e1maras con terraza, a la sombra de grandes \u00e1rboles en flor. Ning\u00fan vecino inmediato \u0097el bungalow m\u00e1s pr\u00f3ximo est\u00e1 a unos veinte metros\u0097. De tiempo en tiempo los p\u00e1jaros dejan o\u00edr su grito met\u00e1lico. Ocultos entre las ramas, permanecen invisibles. Experimento una alegr\u00eda intensa al pasear a lo largo de senderos que serpentean entre la vegetaci\u00f3n y al intentar identificar las flores tropicales que brotan entre las piedras.<\/p>\n<p>Hacia el mediod\u00eda, primera visita a las ruinas. El conjunto comienza a unos cientos de metros del hotel, a ambos lados de la carretera. Progresamos con lentitud, pues la circulaci\u00f3n es densa. En las cercan\u00edas de la entrada, vendedores de souvenirs, de limonada y de coca-cola ofrecen sus mercanc\u00edas a los turistas de toda edad.<br \/>\nA trav\u00e9s de los libros yo me hab\u00eda hecho una idea de Chich\u00e9n Itz\u00e1, y adem\u00e1s me hab\u00eda procurado un \u00e1lbum con reproducciones. Pero s\u00f3lo un fot\u00f3grafo con genio podr\u00eda captar el secreto de los vestigios arqueol\u00f3gicos, sobre todo los de la Am\u00e9rica Central. Por ejemplo esta inmensa, extraordinaria pir\u00e1mide que domina el paisaje y se sit\u00faa en medio de un plano desnudo, con excepci\u00f3n de un solo \u00e1rbol justo al lado del monumento. La pir\u00e1mide consta de nueve plataformas superpuestas. Sobre cada una de las caras, mirando los cuatro puntos cardinales, una escalera de piedra de acceso a la cima donde se encuentra el santuario del dios Kukulk\u00e1n. Mientras escuchaba las explicaciones del gu\u00eda, ojeaba mi libro para asegurarme y tomaba notas en mi cuaderno. Me parece in\u00fatil retranscribirlas aqu\u00ed.<br \/>\nNo olvidar\u00e9 esa plataforma donde son conservados, como morrillos en un muro, los cr\u00e1neos de las v\u00edctimas ofrecidas en sacrificio; ni ese esqueleto con una serpiente alrededor de las piernas, ni esa gran \u00e1rea rectangular para celebrar el juego de pelota, de noventa metros de largo por treinta de ancho, rodeada de muros de doce metros de altura, sobre los cuales se instalaban los espectadores. Es la m\u00e1s grande \u00e1rea ceremonial de este tipo. Son numerosas: yo he visto la de Uxmal y, en 1969, las de Monte Alb\u00e1n y Xochicalco. Se han encontrado en muchos centros ceremoniales y figuran en diversos manuscritos que se han podido conservar. Es muy probable que la lucha entre los dos equipos que disputaban la partida simbolizara la confrontaci\u00f3n de fuerza antag\u00f3nicas, o dicho de otro modo, la dial\u00e9ctica creadora apta para asegurar la continuidad de la vida c\u00edclica. Pero habr\u00eda tanto qu\u00e9 decir \u0097el simbolismo de este juego me parece tan inexpresable\u0085<br \/>\nEs de se\u00f1alar tambi\u00e9n la ac\u00fastica excepcional: un simple murmullo en uno de los extremos del recinto se escucha a setenta metros\u0085<br \/>\nEl nombre dada a otra gran construcci\u00f3n testimonia la ingenuidad y el \u0093provincianismo\u0094 de sus descubridores. Cuando ellos se apercibieron de este caser\u00f3n de setenta metros por treinta y cinco de ancho, sus innumerables rec\u00e1maras, escaleras esculpidas y puertas decoradas de jerogl\u00edficos, los soldados de Francisco Montejo creyeron que se trataba de un monasterio de mujeres, y de all\u00ed el nombre de \u0093Las Monjas\u0094 que le dieron y que conserva.<br \/>\nRecorremos algunos cientos de metros entre los \u00e1rboles ralos para ir ver el peque\u00f1o lago de extra\u00f1a belleza que se extiende a unos veinte metros al pie de las rocas.<br \/>\nAl regresar atravesamos la carretera y penetramos en otra parte del sitio arqueol\u00f3gico. Antes de llegar a los primeros monumentos descubiertos, es preciso atravesar el bosque durante un gran tramo. Yo contin\u00fao tomando notas en mi cuaderno, pero tengo miedo de no poder releerme, tanto he abreviado las palabras escritas a l\u00e1piz.<br \/>\nDesde lo alto de la plataforma de uno de los templos, vemos nuestro hotel. Nos parece muy pr\u00f3ximo: pareciera estar a menos de un kil\u00f3metro, y decidimos regresar a trav\u00e9s de la selva. Esperamos encontrar un sendero que nos lleve a la carretera. Pero al cabo de media hora de camino nos damos cuenta de que nos extraviamos. Despu\u00e9s de reposar bajo un cedro gigante, desandamos el camino.<br \/>\nNo olvidar\u00e9 el fin de ese d\u00eda en el patio del hotel. El silencio del parque no es turbado sino por el murmullo de la fuente. Permanecemos largo tiempo conversando en la terraza de nuestro bungalow.<\/p>\n<p>Isla de las Mujeres, 20 de diciembre<\/p>\n<p>Tres horas de carretera. Pasamos Valladolid, primera capital de Yucat\u00e1n. Parque magnifico, y, naturalmente, una iglesia de un bell\u00edsimo estilo colonial.<br \/>\nLlegamos frente al oc\u00e9ano y a tiempo apenas para tomar el barco hacia esa famosa \u0093Isla de las mujeres\u0094. Al frente se perciben a\u00fan las palmeras de la orilla que acabamos de dejar. Ser\u00e1 preciso que me informe sobre esta isla para saber a qu\u00e9 debe su nombre. A nuestro descenso nos ofrecen diferentes paseos en canoa de motor, pero nuestro \u00fanico deseo es encontrar un lugar para desayunar. Se nos indica un peque\u00f1o restaurante cercano, que da sobre el puerto. Hacemos nuestra mejor comida desde que estamos en Yucat\u00e1n: las langostas son la especialidad de la isla. Rara vez hemos comido mejores y cuestan mucho menos que una comida mediocre en M\u00e9rida.<br \/>\nEnseguida, damos un paseo a pie por las calle vecinas al puerto. Muchos restaurantes pintorescos, infinidad de casas pintadas de colores claros, y por todas partes flores o \u00e1rboles en flor. Los \u0093artistas\u0094 abundan: talleres improvisados y tenduchos ofrecen multitud de cuadros. Aqu\u00ed, la luz me parece m\u00e1s bella que en el continente, sobre todo m\u00e1s dorada, como en una Provenza legendaria\u0085<br \/>\nPaseo en una lancha de motor equipada con cristal que permite ver el fondo del mar. Los peces que se ven son de todas clases y tama\u00f1os. Cuando se arrojan trozos de pan al mar. Se acercan en masa sobre el casco, los m\u00e1s grandes cazan a los m\u00e1s peque\u00f1os en un tropel irrefrenable.<br \/>\nVemos, bordeado la costa, villas de estilo colonial. La carretera fue h\u00e1bilmente trazada, entre la playa y la selva. Atravesamos enseguida una suerte de estrecho entre grandes rocas y el jard\u00edn de una suntuosa villa con playa privada y desembarcadero. Es para preguntarse qui\u00e9n podr\u00e1 vivir all\u00ed.<br \/>\nCon frecuencia, nuestro piloto para el motor de la embarcaci\u00f3n. Estamos sobre un banco de peces. Se presentan por miles, los unos contra los otros, y permanecen casi inm\u00f3viles. No comprendemos qu\u00e9 ha podido provocar tal aglomeraci\u00f3n de peces adultos, pero se nos dice que la pesca est\u00e1 prohibida por los alrededores. Una vez m\u00e1s llegamos justo a tiempo para tomar el barco. Est\u00e1 repleto y debemos hacer la traves\u00eda de pie. Numerosos grupos de sudamericanos j\u00f3venes, ruidosos, desbordantes de alegr\u00eda. Las palmeras de la orilla se ven desde lejos, ba\u00f1adas por la luz del atardecer.<br \/>\nRegresamos con delicia a nuestro hotel Mayaland. Por la noche releo mis notas y las transcribo. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(M\u00e9rida, Uxmal, Chich\u00e9n Itz\u00e1, Isla Mujeres) Mircea Eliade ha indagado sobre el simbolismo religioso desde un espectro que abarca la casi totalidad de las expresiones religiosas humanas, desde los monumentos teol\u00f3gicos de la India v\u00e9dica y la Grecia cl\u00e1sica hasta las formas cham\u00e1nicas de los yakuts y kamtchadales. En la certeza de que ser humano es por excelencia un homo<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[60],"tags":[],"class_list":["post-4043","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mircea-eliade"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4043","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4043"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4043\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4043"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4043"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4043"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}