{"id":3998,"date":"2009-05-06T20:41:20","date_gmt":"2009-05-06T20:41:20","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3998"},"modified":"2009-05-06T20:41:20","modified_gmt":"2009-05-06T20:41:20","slug":"adonay","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3998","title":{"rendered":"Adonay"},"content":{"rendered":"<p>Dr. JORGE ADOUM<br \/>\n(MAGO JEFA)<br \/>\nADONAY<br \/>\nNOVELA INICIATICA DEL COLEGIO DE LOS MAGOS<br \/>\nNOVENA EDICION<br \/>\nEDITORIAL KIER,S,A. Av. SANTA FE 1260 1059 BUENOS Al RES<\/p>\n<p>NOTA PRELIMINAR<br \/>\n Ediciones en espa\u00f1ol:<br \/>\n1\u00b0 edici\u00f3n \u0097 Dr. Jorge Adoum<br \/>\n2\u00b0 edici\u00f3n \u0097 Dr. Jorge Adoum \u0097 Buenos Aires, 1949<br \/>\nEdiciones argentinas en espa\u00f1ol Editorial KIER S.A., Buenos Aires:<br \/>\na\u00f1os:\t1972 \u00971977 \u0097 1979 \u00971984<br \/>\n1988 \u00971991 \u0096 1993<br \/>\nDise\u00f1o de tapa:<br \/>\nGraciela Gotdsmidt<br \/>\nLIBRO DE EDICION ARGENTINA ISBN: 950\u009717\u00970003\u00978<br \/>\nQueda hecho el dep\u00f3sito que marca la ley 11.723<br \/>\n\u00a9 1993 by Editorial KIER S.A., Buenos Aires<br \/>\nImpreso en la Argentina Printed in Argentina<\/p>\n<p>NOTA PRELIMINAR<\/p>\n<p>M\u00e1s de veinte a\u00f1os han transcurrido desde la primera edici\u00f3n de esta particular\u00edsima creaci\u00f3n del doctor Jorge E. Adoum. Y a pesar de ese lapso puede afirmarse, con absoluta certeza, que su valor fundamental no ha disminuido y que las situaciones planteadas a lo largo de la trama mantienen una actualidad plenamente vidente.<br \/>\nLa raz\u00f3n de la positiva trascendencia del trabajo del doctor Adoum radica, en sustancia, en que al escribir estas p\u00e1ginas no concentr\u00f3 toda su garra en la construcci\u00f3n de escenas hipot\u00e9ticas. Su intenci\u00f3n fue esbozar un enorme friso de la humanidad con su variada gama de dolor y dicha, placidez y guerra, enfrentamiento y concordia, salacidad y pureza.<br \/>\nCon esos elementos imprescriptibles en la raza humana traz\u00f3 los rasgos cabales de \u00e9sta, su novela inici\u00e1tica del Colegio de los Magos.<br \/>\nEn el orden puramente literario muchas han sido las variantes producidas. Sin embargo, m\u00e1s all\u00e1 de la forma superficial, ADONAY sigue siendo una novela del presente, sincera, objetiva, vitalizada por la espiritualidad de un autor que vivi\u00f3 sus convicciones y convirti\u00f3 a la fe en una gimnasia diaria de experiencia consciente. El doctor Adoum estamp\u00f3 as\u00ed su r\u00fabrica de elevaci\u00f3n y edificaci\u00f3n sublimes&#8230;<br \/>\nY es, precisamente, por esa limpidez de miras y sinceridad altamente moralizante, que la Editorial KIER se complace en reeditar el trabajo de un hombre que supo rendir su testimonio con calidad y virtud indiscutidas.<br \/>\nLOS EDITORES<\/p>\n<p>PARTE PRIMERA<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo I<br \/>\nLIBANO<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 es el L\u00edbano?<br \/>\nSeguramente, querido lector, me contestar\u00e1s que es un pa\u00eds monta\u00f1oso del Asia Menor, famoso por sus cedros y limitado al Oeste por el Mediterr\u00e1neo, al Sur por Palestina, al Este por Siria y al Norte por el territorio de los Alauitas. Se extiende sobre una superficie de 10.860 kil\u00f3metros cuadrados, que la ocupan 1.000.000 de habitantes. Capital, Beirut.<br \/>\nPero, al magn\u00edfico y eterno L\u00edbano no se lo define con un criterio geogr\u00e1fico. No son suficientes datos, sobre la situaci\u00f3n y el terreno, para decir lo que es el punto m\u00e1s hermoso del mundo y el m\u00e1s elogiado por la Sagrada Escritura.<br \/>\nEl L\u00edbano, no desapareci\u00f3, como creen algunos, con los profetas David y Salom\u00f3n. No, el L\u00edbano no es s\u00f3lo el nombre de una monta\u00f1a o de un pa\u00eds. Es una palabra po\u00e9tica que encierra un inc\u00f3gnito murmullo entre sus letras. L\u00edbano es un sentimiento en el alma, un deseo en el coraz\u00f3n y un pensamiento en la mente. Su cielo l\u00edmpido y el juguetear de sus aguas cristalinas son una alusi\u00f3n a la eternidad y una materializaci\u00f3n del amor, la belleza y la inspiraci\u00f3n. Sus cumbres ancianas y canosas inspiran un sentimiento de respeto. La verdura de sus campi\u00f1as \u0097como la figura de un ni\u00f1o\u0097 produce placer y alegr\u00eda. El cedro \u0097emblema de lo eterno\u0097 es una decoraci\u00f3n, un adorno colocado por la mano de los siglos en el pecho del L\u00edbano. Llora el invierno y sus l\u00e1grimas son trocadas en perfumadas perlas con que se atav\u00edan los campos del L\u00edbano.<br \/>\nLa primavera, &#8220;aquel Dios invisible&#8221; \u0097como la visualiz\u00f3 el maravilloso \u00e1rabe Gibran Kalil Gibran\u0097 recorre el mundo con la velocidad de un viajero, y al llegar a L\u00edbano se detiene para descansar y conversar con sus semejantes, los dioses que revolotean por aquel cielo. Se olvida de su viaje y permanece all\u00ed casi hasta el fin del verano. Pero cuando le acaricia el h\u00famedo viento del oto\u00f1o, despierta del suave letargo que le brind\u00f3 el L\u00edbano y vuelve a reanudar su interrumpido viaje y se aleja,, mirando hacia atr\u00e1s de vez en cuando.<br \/>\nEl verano del L\u00edbano sacia los cuerpos hambrientos con sus frutos \u0097\u00fanicos rezagos de la tierra prometida\u0097 y el oto\u00f1o embriaga a las almas sedientas con el vino del amor.<br \/>\nEn sus noches, las brisas resucitan los cantares de Salom\u00f3n y el arrullo de la c\u00edtara de David al o\u00eddo de los enamorados y poetas. Porque el L\u00edbano es la patria del amor y la poes\u00eda.<br \/>\nSonr\u00ede el d\u00eda y se disipa del coraz\u00f3n toda amargura y hace de la vida una alegr\u00eda eterna, como nos alegra la sonrisa de la mujer amada. L\u00edbano y la mar son dos enamorados que juegan con sus caricias eternamente. Ella empuja desde el horizonte las olas para mezclar la plata de su espuma con el oro de las arenas de \u00e9l, para unir la masa platinada de sus rizos con el cabello \u00e1ureo de su enamorado como si se unieran en un beso. Ella, en el flujo, le abraza, y en el reflujo \u0097dolorosa ausencia de quienes se aman\u0097, le estrecha los pies como \u00faltima caricia y como final protesta a la derrota.<br \/>\nL\u00edbano es la inspiraci\u00f3n de los poetas, de los m\u00fasicos y de los pintores. L\u00edbano es el Para\u00edso Perdido del mundo.<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo II<br \/>\nCOSTUMBRES LIBANESAS<\/p>\n<p>En este cap\u00edtulo, no censuro ni apruebo. Es el lector el que despu\u00e9s de leer este relato \u0097escrito como por un imparcial historiador\u0097, est\u00e1 llamado a censurar o aprobar.<br \/>\nNo importa lo que se diga de m\u00ed, porque al escribir esta obra no he abrigado ning\u00fan anhelo de gloria literaria. Lo he hecho para saciar el deseo de relatar una historia de la que he sido testigo.<br \/>\nAs\u00ed, pues, este cap\u00edtulo es un segundo pr\u00f3logo. Es la antesala de los hechos que vendr\u00e1n despu\u00e9s.<br \/>\nLa vida de los libaneses es una copia de la de los patriarcas que desfilan por la Biblia.<br \/>\nLa palabra del padre es una ley y se respeta la voluntad del primog\u00e9nito.<br \/>\nCon el anuncio del nacimiento de un var\u00f3n, llega al hombre de L\u00edbano la alegr\u00eda. Pero, al contrario, la tristeza se refleja en el rostro de todos los familiares con el nacimiento de una mujer. Tal vez es un resabio, una herencia grabada en lo profundo de su psicolog\u00eda y legada de los \u00e1rabes antiguos que enterraban a sus hijas vivas, apenas sus ojos se abr\u00edan a la luz de la existencia, para evitar que la familia y la tribu se mancharan con su deshonra. Pero, aunque anhelan que el ser que se forma en el seno de la mujer sea var\u00f3n, saben amarlo si es una mujer, tambi\u00e9n como herencia o recuerdo de la milenaria costumbre de amar a la mujer.<br \/>\nEl liban\u00e9s es inteligente y perspicaz. Su lengua est\u00e1 dotada de gran facilidad para aprender otros idiomas, en poco tiempo.<br \/>\nAma a la mujer. La quiere no como a un ser d\u00e9bil sino como a un igual. Ambos ejecutan los mismos trabajos. Y ambos son generosos. Exceptuando las ciudades mar\u00edtimas \u0097las que conocen m\u00e1s viajeros y extra\u00f1os\u0097 en L\u00edbano no existen hoteles. Cada casa es un hogar para quien no lo tiene. Y este sentimiento de ayuda encierra el de privaci\u00f3n: la madre y los hijos se abstienen de cualquier costoso manjar para ofrec\u00e9rselo a sus hu\u00e9spedes, que pueden vivir al amparo de la hospitalidad por varios d\u00edas, sin pensar en el ma\u00f1ana.<br \/>\nEn el L\u00edbano no existe la mendicidad. Han desaparecido de su escenario los actores de la miseria. Los mendigos no pueden ser vistos en las calles del pa\u00eds. Y ante la vista de los libaneses han desaparecido los rostros hambrientos y los harapos deshechos. Ni angustia de hambre, ni quejido de fr\u00edo turban la felicidad del pa\u00eds. Y si viene un mendigo de fuera, un hombre de otras regiones que vive de la caridad, es bien recibido como cualquier persona libanesa.<br \/>\nPreguntaron a Restom Baja, ex mutsarrif del L\u00edbano: &#8220;\u00bfQu\u00e9 tal es el L\u00edbano?&#8221; Y \u00e9l respondi\u00f3: &#8220;Si se extinguiera en el L\u00edbano el clero y las cabras ser\u00eda un para\u00edso&#8221;.<br \/>\nPorque a pesar de que el liban\u00e9s adora su independencia, se ve all\u00ed tambi\u00e9n la eterna esclavitud de los hombres: el pobre es esclavo del rico; el poderoso est\u00e1 sujeto al gobernante y el gobernante es esclavo del sacerdote, que se dice el servidor de Dios en la tierra. \u00a1Que tedio debe sentir Dios con tales servidores y esclavos!<br \/>\nEl liban\u00e9s ordena o prohibe el matrimonio de sus hijos. El padre elige la que ser\u00e1 esposa del hijo y la hija se casa con el elegido de la familia. No obstante los casos de matrimonio, bastante numerosos, en los que la felicidad no fue la compa\u00f1era, es raro el marido que traiciona a la esposa, y m\u00e1s rara a\u00fan es la infidelidad de la mujer. Si \u00e9sta ha perdido su honor, los castigos que caen sobre ella pueden tomar proporciones gigantescas, pudiendo culminar con la muerte. Porque si al habitante de L\u00edbano se le abofetea u ofende, puede olvidar la ofensa y perdonar la bofetada. Pero si se trata de su nombre y su honor, ni el mismo rey puede escapar a su venganza. Su religi\u00f3n es la vendetta. Pero si llega a perdonar, ninguna ofensa queda archivada en su memoria.<br \/>\nEs el liban\u00e9s muy imitador y se amolda f\u00e1cilmente a las caracter\u00edsticas del m\u00e1s fuerte. Cada uno se cree capaz de todo, aunque en realidad no sea capaz de nada. Es por esta pretensi\u00f3n, por este sentimiento de su valer, que nunca esta de acuerdo con su compa\u00f1ero. Siempre est\u00e1n en pugna sus ideales y caracteres, por lo que dijo un escritor: &#8220;Los libaneses convinieron en discrepar&#8221;.<br \/>\nTodo liban\u00e9s tiene algo de poeta. Quiz\u00e1 la poes\u00eda del panorama o la de su g\u00e9nero de vida se ha proyectado hacia lo interno del esp\u00edritu&#8230; El doctor Filip Hatti, dec\u00eda: &#8220;Ante la cascada del Ni\u00e1gara, el hombre del L\u00edbano piensa c\u00f3mo atacar a la cascada con sus versos, mientras que el americano piensa c\u00f3mo explotarla&#8221;.<br \/>\nY a estas caracter\u00edsticas de los habitantes de esa tierra, se amoldan o est\u00e1n amoldados los sirios en general.<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo III<br \/>\nCOSAS DE TODOS LOS DIAS<\/p>\n<p>Los hijos de la ciudad, de la metr\u00f3poli populosa, se han olvidado de aquella vida hermosa y sencilla del alejado pueblo. Ignoran la vida de aquellos centros diminutos, florecientes con las galas de la primavera, cargada en el verano, en el oto\u00f1o brindando la policrom\u00eda y el alboroto de las cosechas, y reposada en la calma nost\u00e1lgica y nevada del invierno. No saben nada de la vida de los pueblos, vida en que la madre Naturaleza se presenta m\u00e1s peque\u00f1a, como se presenta en el infante la misma vida del adulto.<br \/>\nEl hombre de la ciudad es m\u00e1s rico que el del pueblo. Pero \u00e9ste es m\u00e1s digno que aqu\u00e9l. El primero es esclavo de la ambici\u00f3n y el segundo es hijo del desinter\u00e9s. Aqu\u00e9l vive la vida mezclada con el temor y el tedio, y \u00e9ste la bebe limpia y pura, con tranquilidad y alegr\u00eda. Es quiz\u00e1 porque a los pueblos no se ha arrastrado la oruga del capitalismo maquinista, ni han llegado hacia ellos los agitadores pol\u00edticos.<br \/>\nLleg\u00f3 la calma de la noche.<br \/>\nSe apagaron los candiles de las casas de N&#8230;, un pueblo liban\u00e9s de doscientos habitantes. Se engalan\u00f3 el firmamento con el cortejo de la luna, reina de la noche, que dej\u00f3 caer su manto argentado sobre los olivos y moreras. Y mir\u00f3 orgullosa a las nevadas monta\u00f1as y los dem\u00e1s pueblos vecinos, que recostaban su cabeza en el seno de otras colinas m\u00e1s lejanas.<br \/>\nEra una noche de la primavera del a\u00f1o 1918. En aquella hora llena de calma hechicera, un individuo apareci\u00f3 junto al tronco de un olivo. Y luego comenz\u00f3 a andar sigilosamente como si su presencia debiera ser ignorada. Como el ladr\u00f3n o el asesino que ocultos en la sombra, se arrastran para consumar su delito.<br \/>\nSu rostro era una sombra completa. El ala de su sombrero lo hac\u00eda invisible.<br \/>\nSemej\u00e1ndose a un reptil se escurr\u00eda entre los \u00e1rboles. Y poco a poco, quedamente, fue acerc\u00e1ndose a una casita, arroj\u00f3 de su mano algo que, al dar contra el suelo, hiri\u00f3 d\u00e9bilmente el supremo silencio de la noche.<br \/>\nAnte la se\u00f1al convenida \u0097\u00a1ah, la eterna y rom\u00e1ntica se\u00f1al, lenguaje de los amantes que no pueden conocer los profanos!\u0097 abri\u00f3se una ventana de la mansi\u00f3n, y entre sus hojas dej\u00f3 ver la cabeza de un ser humano, que apenas se divisaba por la ausencia de la luz. Como un murmullo, m\u00e1s suave a\u00fan, como el quejido de la brisa nocturna ante el obst\u00e1culo de la enramada, se oy\u00f3 una palabra.<br \/>\n\u0097\u00a1Querido!<br \/>\nEra una mujer. Su voz apagada se perd\u00eda en la inmensidad del silencio y de la noche.<br \/>\n\u0097\u00a1Amada!<br \/>\nY el feliz amante que le esperaba, se arroj\u00f3 a ella con la locura propia del coraz\u00f3n enamorado, y las sombras envolvieron a dos seres que mutuamente se encarcelaban en sus brazos, uniendo sus pechos palpitantes de emoci\u00f3n y amor.<br \/>\n\u00a1Querido! \u00a1Amada!<br \/>\n\u00bfQui\u00e9n ha podido comprender el misterio que estas voces encierran?<br \/>\nNi la sapiencia salom\u00f3nica vertida en los Cantares pudo explicar el significado de estas palabras.<br \/>\nQuerido y querida son dos personas sublimes que engendran una tercera m\u00e1s sublime a\u00fan: el amor.<br \/>\n\u00bfPero, qu\u00e9 es el amor? \u00bfQui\u00e9n puede comprenderlo?<br \/>\nConocemos del amor, como de la corriente el\u00e9ctrica, sus efectos pero no su esencia. El amor cambia el sue\u00f1o de la juventud en un perpetuo despertar. Pero es un despertar m\u00e1s agradable que la ilusi\u00f3n lejana y ut\u00f3pica de los sue\u00f1os. El amor desata la lengua, abre los p\u00e1rpados y rasga la garganta. Es la luz que brota de nuestra alma para alumbrar mil mundos et\u00e9reos e inmateriales. Es un h\u00e1lito que se agita en el esp\u00edritu, como la idea majestuosa en la mente del poeta y la armon\u00eda de la m\u00fasica en los labios del artista.<br \/>\nAmor es cielo de libertad a donde no llegan las mentiras convencionales de las leyes de la humanidad. Porque el amor es la sola ley.<br \/>\nEl amor juega con el coraz\u00f3n de los hombres a su capricho: lo contrae reduci\u00e9ndolo a la nada o lo dilata, elev\u00e1ndolo a lo infinito.<br \/>\nDe las manos de Dios se desprendi\u00f3 la primera materia, la masa \u00edgnea. De esta masa form\u00f3 la tierra, la que engendr\u00f3 la vida. Y de esta vida naci\u00f3 un hombre al que Dios dijo: &#8220;\u00a1\u00c1mame!&#8221;; y se detuvo en su creaci\u00f3n.<br \/>\nY Dios se ocult\u00f3 entonces en la inmensidad del caos.<br \/>\nLos amantes se abrazaron callados. Porque el amor habla en silencio con el idioma del beso. \u00bfQu\u00e9 idioma hay en el mundo m\u00e1s vasto, m\u00e1s elocuente y m\u00e1s sublime que el del beso&#8230;? Los hombres ignoran el significado de este lenguaje, lo afean y lo prostituyen, como afea y prostituye la belleza de la m\u00fasica un profano.<br \/>\nBesa el sol a su hija, la tierra, y con su \u00f3sculo la vivifica. El beso de la madre es la ternura. El del hijo, gratitud. El de los esposos cari\u00f1o.<br \/>\nPero \u00e9sta no es la verdadera esencia del beso. En su simbolismo m\u00e1ximo, en su elevaci\u00f3n suprema, se lo encuentra s\u00f3lo en los labios de los amantes. Entonces es algo que se escapa, rebelde a las palabras. Y el beso puro, quintaesenciado, es aqu\u00e9l que no se puede definir. Es aquel cuya esencia es ignota, es incognoscible.<br \/>\n\u0097\u00bfQu\u00e9 ha sucedido hoy, querida? \u0097pregunt\u00f3 el joven a su enamorada.<br \/>\n\u0097Oh, nada amor m\u00edo. S\u00f3lo que mi padre sigue con su testarudez.<br \/>\nEl suspir\u00f3 profundamente y dijo:<br \/>\n\u0097Mi padre amenaz\u00f3 con echarme de la casa si volv\u00eda a o\u00edr hablar de lo que \u00e9l llama &#8220;nuestra aventura&#8221;.<br \/>\nY se hizo el silencio.<br \/>\nHabl\u00f3 despu\u00e9s el joven, levantando su mirada nost\u00e1lgica a la grandiosidad del firmamento:<br \/>\n\u0097\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfHasta cu\u00e1ndo? \u00bfNuestro amor nos hace el blanco de todas las burlas y conduce todos nuestros honestos deseos a la reputaci\u00f3n de una bajeza&#8230;? Dios m\u00edo, el coraz\u00f3n humano es la puerta de entrada al para\u00edso de la vida. \u00bfPor qu\u00e9 no creaste la igualdad entre estos corazones&#8230;? La eternidad es m\u00e1s digna del encuentro de los amantes, que este miserable mundo&#8230; Ven, muerte, amiga de los amantes&#8230;<br \/>\nElla puso cari\u00f1osa mordaza con su mano, en los labios del joven.<br \/>\n \u0097\u00a1Calla, hombre de poca fe! \u0097le reproch\u00f3\u0097. \u00bfIgnoras que el que anhela la muerte para encontrar descanso en ella, no logra descansar despu\u00e9s de muerto&#8230;? \u00a1Sublime valor el tuyo! \u00a1Se deshace con la primera tempestad y no es capaz de levantarse. La tela que tejen las ara\u00f1as es m\u00e1s resistente que tu \u00e1nimo&#8230;! Olvidemos la muerte y ocup\u00e9monos de los sucesos de la vida&#8230; \u00bfDime, has ido al sacerdote?<br \/>\n\u0097S\u00ed \u0097contest\u00f3 \u00e9l, con voz saturada de blasfemia.<br \/>\n\u0097\u00bfY qu\u00e9 te dijo?<br \/>\n\u0097\u00bfQu\u00e9 me dijo?&#8230; \u00bfQu\u00e9 podemos esperar, amada m\u00eda, de un sacerdote que es capaz de vender hasta su alma para comprar la amistad de los ricos y poderosos? \u00bfIgnoras que el clero y el capitalismo se al\u00edan contra los pobres y los humildes? Los cuerpos de los pobres construyen los palacios de los ricos, y las tumbas de los fieles sometidos, por su fanatismo, edifican los templos de los sacerdotes. El rico ata las manos del labrador y del campesino, y al mismo tiempo el sacerdote vac\u00eda los bolsillos del explotado&#8230; Y as\u00ed, querida, entre el representante de la fuerza y el de la religi\u00f3n exprimen los cuerpos y las almas.<br \/>\n\u0097Querido, todo esto est\u00e1 muy bien y muy hermoso&#8230;, pero no me has dicho a\u00fan qu\u00e9 es lo que le dijiste, ni qu\u00e9 es lo que te contest\u00f3.<br \/>\n\u0097Ped\u00ed una audiencia secreta \u0097refiri\u00f3 el amante\u0097. Y una vez que le hice jurar que guardar\u00eda secreto sobre mis palabras, le dije: &#8220;Padre, quiero casarme&#8221;. El sonri\u00f3 como sonr\u00ede un trabajador que va a recibir su salario. Mezcl\u00f3 a su indiferencia la ternura de un padre, y me dijo: &#8220;Muy bien pensado, hijo m\u00edo&#8221;. Y continu\u00f3: &#8220;\u00bfQui\u00e9n es esta feliz mujer elegida para esposa, por nuestro elocuente abogado e inspirado poeta&#8230;&#8221; Call\u00e9 un momento. Y pensando cuidadosamente mis palabras, le dije: &#8220;Padre, quiero hacerle algunas preguntas. \u00bfNuestro Se\u00f1or Jesucristo prohibi\u00f3 el matrimonio de la rica con el pobre, y del noble con la humilde? \u00bfAcaso los abuelos de los ricos han sido hechos y formados con la plata, y los abuelos de los pobres y de los humildes con el limo de la tierra?&#8230; Padre, amo a Mar\u00eda, hija de Jos\u00e9 Bey Harkuch. A vos, he venido para que bendig\u00e1is nuestra uni\u00f3n. Os suplico que nos un\u00e1is secretamente. Ella me ama y yo la amo. \u00bfPor qu\u00e9 los hombres impiden nuestra Uni\u00f3n&#8230;?&#8221; Espantado, como si el espectro de la muerte se presentara ante sus ojos, dio un salto, cual si huyera de una v\u00edbora. &#8220;\u00bfQu\u00e9 dices?&#8221;, grit\u00f3. &#8220;\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfQuieres casarte secretamente con Mar\u00eda? \u00bfY quieres que sea yo quien te case&#8230;? Pero hombre, t\u00fa deseas mi ruina, mi condenaci\u00f3n, mi excomuni\u00f3n&#8230;&#8221; No le dej\u00e9 terminar. &#8220;S\u00ed, s\u00ed, \u0097le dije\u0097. S\u00ed. Quiero derramar sobre vuestra cabeza la c\u00f3lera del cielo y abriros, para que os traguen, las puertas del infierno.&#8221; Y as\u00ed diciendo, sal\u00ed dejando al sacerdote lament\u00e1ndose y rabiando como un perro con fiebre&#8230;<br \/>\nSin interrumpir la corriente de sus ideas, Mar\u00eda dej\u00f3 que hablara su enamorado. A veces sonre\u00eda y a veces su rostro se entristec\u00eda. Pero cuando \u00e9l hubo terminado, ella tom\u00f3 la palabra diciendo:<br \/>\n\u0097Paciencia, amor m\u00edo. Ya te he dicho y te repetir\u00e9 siempre: soy tuya hasta la muerte. Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 nos importa el sacerdote?&#8230; Dios est\u00e1 leyendo en nuestros corazones; no puede echarnos del para\u00edso del amor&#8230; Deteng\u00e1monos ante la tempestad para que no nos separe este oc\u00e9ano revuelto. T\u00fa no ignoras que la vida y sus placeres no nos son dados gratuitamente. En verdad te digo, que si desde el principio hubi\u00e9ramos obtenido el consentimiento de nuestros padres, nuestro amor se habr\u00eda enfriado: porque lo prohibido es anhelado y precisamente, porque es la lucha la que nos obliga a estar unidos; y unidos seguiremos hasta vencer. Ante tal optimismo, sonri\u00f3 el joven y pregunt\u00f3:<br \/>\n\u0097\u00bfEst\u00e1s segura de vencer?<br \/>\n\u0097S\u00ed. Estoy segura de la victoria, porque estoy segura de mi misma. Quisiera que el cura Juan conozca lo que es amor, porque el hombre que no ama no puede aliviar las desgracias de los infelices. Pero nada debemos reprocharle, pues es imposible pedir sabidur\u00eda al ignorante, del mismo modo que no puede pedirse la claridad del d\u00eda en la lobreguez de la noche.<br \/>\nEn tanto, la luz de la aurora hab\u00eda venido a ocupar el lugar que la noche dejara vac\u00edo. Era la aurora que cruelmente obliga a los enamorados a despedirse. Era la aurora que tra\u00eda consigo el beso de la separaci\u00f3n.<br \/>\n\u0097Amor m\u00edo \u0097murmur\u00f3 \u00e9l\u0097. Ya llega la aurora.<br \/>\n\u0097S\u00ed \u0097respondi\u00f3 Mar\u00eda\u0097. Pero si la aurora nos separa, la noche nos unir\u00e1.<br \/>\nY una tenue claridad presenci\u00f3 el beso de dos almas enamoradas.<\/p>\n<p>Cap\u00edtulo IV<br \/>\nEXTREMOS CONTRARIOS<\/p>\n<p>La aurora de la primavera en Siria, es sin\u00f3nimo de alegr\u00eda, de esplendor y de luz. Es ilusi\u00f3n de poetas y ambici\u00f3n de pintores. No se puede hablar de una aurora bella sin conocer antes la aurora del L\u00edbano. Se separaron los amantes con un beso. Mar\u00eda se qued\u00f3 contemplando la luz de la ma\u00f1ana que ven\u00eda saltando sobre los montes. Aspir\u00f3 el aroma de las brisas y contemplando la hermosura de la naturaleza, sinti\u00f3 empaparse su alma de nueva esperanza y de nuevos anhelos.<br \/>\nAl contemplar a Mar\u00eda en aquel momento, encerrada en el marco de la ventana, se dir\u00eda repitiendo las palabras del poeta turco; &#8220;Es un sol que se asoma en su prisi\u00f3n o una rosa brotada en la hendidura de la roca&#8221;. Y a la luz del nuevo d\u00eda, el rostro de la joven era un nuevo presente de la ma\u00f1ana: su rostro se destacaba con la belleza y la dulzura de quien ha visto pasar por su mirada veinte primaveras. En sus ojos se retrataba alguna indefinible melancol\u00eda, un encanto que atrae, que fascina. Hablaban sus facciones: su mirada dec\u00eda sencillez, su boca fragancia y exotismo, su sonrisa era la met\u00e1fora del pudor. Y si callaba, su silencio era el de la elocuencia y contemplaci\u00f3n. Era Mar\u00eda la encarnaci\u00f3n de la belleza en la mujer del L\u00edbano.<br \/>\nLos pensamientos y anhelos de la muchacha, se dirig\u00edan a un solo blanco: la libertad. Pensaba en su independencia, aquella diosa que hab\u00eda escrito en las paredes de su alma, con letras de fuego, la palabra m\u00e1gica, el grito de rebeli\u00f3n contra las costumbres milenarias. Y Mar\u00eda se sent\u00eda pose\u00edda de la capacidad necesaria, para ser el caudillo que luchar\u00eda por la libertad de sus hermanas.<br \/>\nEn tanto, las aves tomaron en las copas de los \u00e1rboles su asiento para comenzar su himno de alabanza a la vida. Y a lo lejos sonaba la voz met\u00e1lica de una campana llamando a la oraci\u00f3n.<br \/>\nY extasiada Mar\u00eda esperaba los dorados rayos del sol, que ba\u00f1aban las ancianas nieves de la vieja monta\u00f1a de Sannin.<br \/>\nEl viento comenz\u00f3 a jugar con las flores, y una brisa indiscreta acarici\u00f3, con su helada mano, los senos de la joven. Mar\u00eda sinti\u00f3 como si se despertara de su sue\u00f1o, y recorriendo con la mirada aquel concierto de la ma\u00f1ana, exclam\u00f3:<br \/>\n\u0097\u00a1Bendita seas, oh aurora! \u00a1Cuan felices son los ebrios de tu belleza y tranquilidad, y qu\u00e9 hermosa y divina ser\u00eda la existencia, si fuera una alborada sin fin&#8230;!<br \/>\nY levantando la mirada, or\u00f3 silenciosamente: &#8220;Dios m\u00edo: T\u00fa has sembrado en nuestros pechos la simiente de los anhelos. Estas simientes han crecido y se han desarrollado, y viven ahora en nuestras almas el amor y la libertad&#8230; Pero quieren librarse de su prisi\u00f3n. \u00a1No nos castigues, Se\u00f1or, si rompemos nuestras cadenas! Y pensando luego en su situaci\u00f3n, y en la de todas las mujeres de su patria, a\u00f1adi\u00f3: &#8220;\u00a1Oh, libertad&#8230;!&#8221;<br \/>\n&#8220;\u00a1Qu\u00e9 desgraciada es la mujer oriental, que apenas despierta de la ni\u00f1ez se ve obligada a soportar la esclavitud de un hombre a quien no ama, y que en lugar de beber el vino del amor que Dios derram\u00f3 en cada alma, tiene que beber, el llanto de sus propios ojos!&#8221; Y encar\u00e1ndose con la realidad del d\u00eda, acudi\u00f3 a vestirse.<br \/>\nHay en la vida una mano, divina o sat\u00e1nica, que ata y desata a los hombres. Une a los adversarios y en sus corazones aparece el amor. Y cuando por ese mismo amor dos seres se han fundido en uno solo, esa mano brutal de la naturaleza los separa.<br \/>\nY corazones bajos vemos aliados con corazones nobles, y seres grandes unidos con seres peque\u00f1os y despreciables.<br \/>\nEntre Jos\u00e9 Bey Harkuch y su hija Mar\u00eda, hab\u00eda puesto la naturaleza caracteres opuestos, diferencias de inmensa proporci\u00f3n. Pero cuando estos dos seres se encontraban, la contradicci\u00f3n se disipaba. Porque los defectos del uno, tomaban un matiz halag\u00fce\u00f1o para el otro. Siempre el hombre se alegra al encontrar en otro hombre su defecto. S\u00f3lo en esto no es ego\u00edsta. El ermita\u00f1o que ha sentido\u00a0 desgarrarse su vientre por el hambre, y el pecador que siente despedazarse su alma por sus pecados, se unen. Y la causa de esa uni\u00f3n es el mismo hambre. Jos\u00e9 Bey Harkuch, ten\u00eda bajo su piel una constituci\u00f3n de acero, que desment\u00eda a sus 65 a\u00f1os. Orgulloso en su ignorancia. El labio inferior ca\u00eddo daba la noticia de la dureza de su coraz\u00f3n. Y a esto se a\u00f1ad\u00eda la protesta de su cuerpo para aumentar su talla. Era ley su palabra, y esta ley se unificaba en sus anhelos, ideas y actos.<br \/>\nAdoraba a Mar\u00eda. Ya su vida jugaba a las escondidas con los a\u00f1os, y el amor a su hija \u0097\u00fanica a quien la muerte no arrebat\u00f3 como a sus otros hijos\u0097 le vivificaba y rejuvenec\u00eda. Y como depositaba en Mar\u00eda todas sus ilusiones de viejo, buscaba para ella un joven noble y rico.<br \/>\nUn d\u00eda. el Emir Said Mahni, habl\u00f3 as\u00ed al padre de Mar\u00eda: \u0097Jos\u00e9 Bey. \u00bfQuieres darme tu potranca para mi potro? El Bey respondi\u00f3:<br \/>\n\u0097La potranca y el padre est\u00e1n a la disposici\u00f3n de su Alteza. Y so\u00f1aba desde entonces en ese matrimonio.<br \/>\nEl &#8220;potro&#8221; del Emir conoci\u00f3 a la hija de Jos\u00e9 Bey, y la encontr\u00f3 provocativa y exquisita. Pero Mar\u00eda s\u00f3lo vio en \u00e9l al holgaz\u00e1n que hace alarde de sus abuelos, su nobleza y su fortuna. Su mejor cualidad era la de rizarse los bigotes.<br \/>\nMar\u00eda, ante \u00e9l, se consideraba como una flor ante un fangal.<br \/>\nJos\u00e9 Bey Harkuch. adoraba a Dios en todo cuanto significaba oro. Como dijo el Evangelio: &#8220;No adorar\u00e1s al Se\u00f1or y al dinero&#8221;, se decidi\u00f3 por lo \u00faltimo. (Si el Emir Said no hubiera sido rico, sino por el contrario un hombre aliado de la pobreza, no hubiera pensado en dar a Mar\u00eda para el &#8220;potro del Emir&#8221;.)<br \/>\nAnte los ojos de Mar\u00eda, no significaba nada el dinero, porque no era adepta a la religi\u00f3n del oro. Para ella, no hab\u00eda otra ley v\u00e1lida que los dictados de su coraz\u00f3n, y a ella obedec\u00eda, aunque se opusieran o no los ricos.<br \/>\nPor eso no consent\u00eda en atar su cuerpo puro a un cad\u00e1ver putrefacto. Ella no consent\u00eda en entregar su alma celestial, por medio de la injusta ley de un matrimonio impuesto a un ser terrenal. S\u00f3lo obedec\u00eda a su conciencia, y su coraz\u00f3n era la gu\u00eda \u00fanica en los senderos en los que faltaba la luz.<br \/>\nJuan Bakal, el amante de Mar\u00eda, oy\u00f3 de labios de su padre las siguientes palabras:<br \/>\n\u0097Hijo m\u00edo: ya la vida no me cuenta entre sus hijos, pues yo pertenezco m\u00e1s a la muerte. He trabajado durante todos mis d\u00edas para dejarte una herencia cuantiosa. Pero la suerte no fue mi amiga. Hoy he meditado largamente sobre el porvenir tuyo, con el que tendr\u00e1s que estar en constante lidia. Y he comprendido que la riqueza no har\u00e1 tu felicidad. Millones y millones se pierden en un segundo: fortunas inmensas se deshacen como los castillos de arena que levantan los ni\u00f1os en la playa. Y as\u00ed, la mejor herencia que yo puedo legarte es la ciencia. La riqueza intelectual, hijo m\u00edo, es un tesoro que no se agota jam\u00e1s. Con ella, si llegas a gobernar, tendr\u00e1s en ti mismo la clave para gobernar rectamente a tus s\u00fabditos. Y con ella, si eres pobres, sabr\u00e1s vivir y desafiar a los embates del destino, sin que logren esclavizarte los fan\u00e1ticos por la religi\u00f3n o el dinero&#8230; Ir\u00e1s este a\u00f1o a la Universidad Jesuita de Beirut. All\u00ed tienes que consagrarte al estudio, hasta obtener el t\u00edtulo que certifique tu capacidad para m\u00e9dico, abogado o ingeniero. No te preocupe el dinero. Yo sabr\u00e9 conseguirlo de cualquier manera, y si es necesario, invertir\u00e9 en tus estudios la herencia que me han trasmitido mis antepasados&#8230;<br \/>\nJuan Bakal ingres\u00f3 en la Universidad de San Jos\u00e9. A los cuatro a\u00f1os, regres\u00f3 a su hogar, doctorado en derecho. Y al entregarle el diploma que autorizaba el empleo de su ciencia, dijo a su padre:<br \/>\n\u0097Padre: quiera Dios alargar tu vida, para poder pagarte mi deuda. He aqu\u00ed mi diploma, como prueba de que no has sembrado en terreno est\u00e9ril.<br \/>\nEl padre coloc\u00f3 sus manos sobre la cabeza de su hijo, y exclam\u00f3: \u0097Bendito seas, hijo m\u00edo, y benditos sean tus actos porque alegran los momentos de mi vejez. Ahora s\u00ed, levanta tu frente con orgullo como la levantar\u00e1s ante los ignorantes y ante los que quieran humillarte por su poder&#8230; Ahora si\u00e9ntate y escucha los consejos que te da tu padre, al arrastrarse hacia la tumba. Bes\u00f3 la frente de Juan, y despu\u00e9s de corto silencio dijo:<br \/>\n\u0097Una ciencia es como un \u00e1rbol sin cultivo. Has aprendido, hijo m\u00edo, y ahora tienes que cultivar tu ciencia para que produzca sus frutos, en bien de la humanidad y en bien tuyo. \u00bfHas entendido?<br \/>\nPrimero para el bien de la humanidad&#8230; En nuestro pa\u00eds, llaman al abogado ladr\u00f3n. Yo quiero que seas el defensor de lo justo y del d\u00e9bil. No quiero que s\u00f3lo cuides de tu riqueza y robes al que te busca para que defiendas lo suyo. Con estos actos podr\u00e1s pagar tu deuda hacia mi, aunque Dios no me conceda larga vida. Nunca me pagar\u00e1s con dinero, porque sabes que para mi nada significa la materia; pero s\u00ed, el buen nombre. Te has graduado en Derecho y conoces lo injusto y lo justo, lo l\u00edcito y lo il\u00edcito. Defiende todo juicio honrado, sin preocuparte de tu ganancia econ\u00f3mica, pero cu\u00eddate de defender la injusticia, porque manchar\u00e1s con tu mismo acto mi nombre y mi vejez, y hasta me obligar\u00edas a negar que soy tu padre. Yo no he tenido un solo enemigo en mi larga existencia. No lo seas t\u00fa, hijo m\u00edo&#8230; Tu madre, que era el ejemplo de la virtud, la pureza y de la esposa fiel, muri\u00f3 cuando t\u00fa ten\u00edas cuatro a\u00f1os. Tu presencia me tra\u00eda su recuerdo, porque tus facciones son el reflejo de las de ella. Te ve\u00eda crecer como un arbusto, y me dediqu\u00e9 a educarte y conservar as\u00ed la reliquia que me dej\u00f3 tu madre. Hice lo posible para grabar en tu alma lo poco de bueno que tengo, y ocultarte lo malo que soy&#8230; Creo que Dios escuch\u00f3 mi oraci\u00f3n, porque hizo de ti un hijo bueno.<br \/>\nJuan no pudo reprimir una l\u00e1grima, al evocar a su madre desconocida. \u00a1La madre! \u00bfQu\u00e9 cosa puede igualar a su amor?<br \/>\nEl hombre puede tener muchas esposas, amigos e hijos, pero no tiene sino una sola madre. Y no debe despreciarla. Al ver a Juan llorando, lo abraz\u00f3 diciendo: \u0097Tienes un coraz\u00f3n sensible&#8230; Llora, hijo m\u00edo. Las l\u00e1grimas en el hombre, son como el aroma en la flor. El hombre que no sabe llorar es una nube sin agua, un desierto sin oasis. La risa y el llanto son dos remedios que nos ayudan a vivir. Y sigui\u00f3 la voz del anciano prodigando consejos:<br \/>\n\u0097Haz bien y evita el mal&#8230; Todos los del pueblo, no obstante nuestra pobreza, nos quieren y estiman. S\u00e9 bueno con ellos. Tu t\u00edtulo de doctor no te autoriza a ser orgulloso, a creer que eres superior a los dem\u00e1s. Considera al anciano como a tu padre, y al joven como a tu hermano&#8230; El Emir Said y Jos\u00e9 Bey Harkuch, son los hombres de mayor importancia en el pueblo. Son amigos del Obispo, y con \u00e9l se asemejan a aquel \u00e1rbol adorado por los indios, que exprime a los seres, absorbe su sangre, y despu\u00e9s sus hojas decaen hip\u00f3critamente como si no hicieran mal alguno. No te enemistes con ellos, porque nuestro pa\u00eds es arist\u00f3crata y religioso&#8230; No desoigas mis consejos, hijo m\u00edo.<br \/>\n\u0097Te prometo, padre m\u00edo \u0097respondi\u00f3 Juan abrazando al anciano\u0097, que jam\u00e1s ser\u00e9 amigo de los nobles ni de los religiosos, y tampoco me enemistar\u00e9 con ellos. Pero he de aplastarlos como a insectos, si les sorprendo abusando de los d\u00e9biles y de los pobres.<br \/>\n\u0097As\u00ed hizo tu padre, hijo m\u00edo. y por eso toda la vida fue v\u00edctima de la miseria.<br \/>\n\u0097Y yo seguir\u00e9 las pisadas del autor de mis d\u00edas.<br \/>\n\u0097Ya la vida te ense\u00f1ar\u00e1, hijo m\u00edo. la verdad de mis palabras&#8230; Ahora, toma esta escopeta que he comprado para ti, y vete a descansar, porque lo mereces, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os de trabajo. Yo ya no puedo salir al campo y quiero que repares mi falta. Sal a cazar todos los d\u00edas, ama la naturaleza, ama la luz del sol, ama la vida en todas sus fases. Porque la vida no nos pertenece: es una cosa consignada que tarde o temprano tenemos que devolverla. Por eso hay que aprovecharla y aprovisionarse. Puedes salir por la ma\u00f1ana al campo y volver por la tarde, porque quiero retenerte a mi lado el mayor tiempo posible, antes de que vayas a encararte con la vida y a arrostrar el porvenir. Quiero alegrar mis ojos, mir\u00e1ndote antes de que se cieguen por la muerte. Y cambiando de tono su voz, el anciano grit\u00f3:<br \/>\n\u0097\u00a1Adela! Sirve la comida para nuestro hu\u00e9sped. Y a sus palabras acompa\u00f1\u00f3 el ruido de dos palmadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dr. JORGE ADOUM (MAGO JEFA) ADONAY NOVELA INICIATICA DEL COLEGIO DE LOS MAGOS NOVENA EDICION EDITORIAL KIER,S,A. Av. 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