{"id":3969,"date":"2009-03-30T16:04:18","date_gmt":"2009-03-30T16:04:18","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3969"},"modified":"2009-03-30T16:04:18","modified_gmt":"2009-03-30T16:04:18","slug":"j.-m\u00aa-fericgla:-aconteceres-que-integran-la-muerte-en-la-vida-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3969","title":{"rendered":"J. M\u00aa Fericgla: Aconteceres que integran la muerte en la vida"},"content":{"rendered":"<p>J. M\u00aa Fericgla: Aconteceres que integran la muerte en la vida <\/p>\n<p>Conferencia de J. M\u00aa Fericgla impartida el 7 de junio de 1999, en las I Jornadas Una visi\u00f3n humanista de la muerte, organizadas por el M\u00e1ster en Gerontolog\u00eda Social, Universitat de Barcelona.<\/p>\n<p>Morir, primer caso<\/p>\n<p>Estamos en el norte de Alemania o en alg\u00fan lugar de los pa\u00edses n\u00f3rdicos europeos. En todos estos pueblos se observa una costumbre parecida. Cada vez que alguien muere, los familiares directos y amigos \u00edntimos del fenecido se visten lujosamente y se re\u00fanen en casa del difunto. A veces llegan a ser varias decenas de personas y estar\u00e1n un d\u00eda -o varios- alojados en la casa o en las cercan\u00edas del domicilio. La tradici\u00f3n lo fijaba as\u00ed. La reuni\u00f3n comienza grave, entre lloros y tristeza. Se habla del muerto, de su existencia, de lo que hab\u00eda despertado en cada uno de los asistentes, de c\u00f3mo han quedado el viudo o la viuda y los hijos\u0085<br \/>\nPoco despu\u00e9s se celebra un opulento banquete funerario. Al principio, todos los comensales est\u00e1n desolados y muy serios pero a medida que transcurre el \u00e1gape la conversaci\u00f3n cambia de tono. Los estados emocionales pasan de la triste depresi\u00f3n a una cierta euforia. Los temas de la larga tertulia cambian. Al principio dominan las reflexiones graves. Se aprovecha para cerrar situaciones pasadas de manera que cada uno pueda dejar la vida sin deudas ni hechos mal acabados. Tal vez, los familiares reunidos se disculpan de alg\u00fan evento pasado que fue ofensivo para alguien presente o ausente. Hay reconciliaciones y l\u00e1grimas de duelo. Se limpia el pasado con respecto del muerto y tambi\u00e9n entre los vivos. Los j\u00f3venes asistentes descubren que se gustan y quedan para nuevas citas ya fuera de este tiempo especial, pero cargado de sentido, en que se est\u00e1 velando el cad\u00e1ver. Los adultos hablan de proyectos y de incipientes negocios familiares. El duelo acaba en una alegre fiesta que da lugar a nuevas relaciones nupciales y a nuevas formas de contrato familiar.<br \/>\nEs as\u00ed como, de forma natural, la muerte da paso a la vida por medio del mismo ritual de la celebraci\u00f3n funeraria. No hay diferencia entre velar el cad\u00e1ver del familiar o del amigo \u00edntimo que ha acabado su tiempo, y el inicio de nuevas formas de vida. A partir de la muerte, las relaciones sociales se transforman, se proyectan futuros n\u00facleos familiares. La presencia de la Nada final fuerza a vivir el d\u00eda a d\u00eda de forma intensa y autoremuneradora.<br \/>\nAntonio Machado escribi\u00f3 un sereno y conocido poema que refleja este lazo entre la vida y la muerte, aludiendo a c\u00f3mo la cercan\u00eda del \u00f3bito empuja el despertar a la vida:<\/p>\n<p>Era un ni\u00f1o que so\u00f1aba<br \/>\nun caballo de cart\u00f3n.<br \/>\nAbri\u00f3 los ojos el ni\u00f1o<br \/>\ny el caballito no vio.<br \/>\nCon un caballito blanco<br \/>\nel ni\u00f1o volvi\u00f3 a so\u00f1ar;<br \/>\ny por la crin lo cog\u00eda\u0085<br \/>\n\u00a1Ahora no te escapar\u00e1s!<br \/>\nApenas lo hubo cogido,<br \/>\nel ni\u00f1o despert\u00f3.<br \/>\nTen\u00eda el pu\u00f1o cerrado.<br \/>\n\u00a1El caballito vol\u00f3!<br \/>\nQued\u00f3se el ni\u00f1o muy serio<br \/>\npensando que no es verdad<br \/>\nun caballito so\u00f1ado.<br \/>\nY ya no volvi\u00f3 a so\u00f1ar.<br \/>\nPero el ni\u00f1o se hizo mozo<br \/>\ny el mozo tuvo un amor,<br \/>\ny a su amada le dec\u00eda:<br \/>\n\u00bfT\u00fa eres de verdad o no?<br \/>\nCuando el mozo se hizo viejo<br \/>\npensaba: todo es so\u00f1ar,<br \/>\ny el caballito so\u00f1ado<br \/>\ny el caballo de verdad.<br \/>\nY cuando vino la muerte,<br \/>\nel viejo a su coraz\u00f3n<br \/>\npreguntaba: \u00bfT\u00fa eres sue\u00f1o?<br \/>\n\u00a1Qui\u00e9n sabe si despert\u00f3!<br \/>\n(fragmento de Campos de Castilla)<\/p>\n<p>En este primer caso de acontecer que integra la muerte en la vida individual y grupal hay amor, respeto y consciencia del final. El \u00e1gape funerario es una ceremonia bastante corriente en el ser humano, la etnograf\u00eda la ha observado en multitud de culturas distintas. Probablemente est\u00e1 relacionado con la necesidad de aplacar la ansiedad que genera la presencia de un muerto entre los vivos, con la angustia de ser consciente de la propia finitud. Comer es uno de los caminos para calmar la ansiedad. No obstante, las culturas conducen tal pulsi\u00f3n -caso de que \u00e9sta sea la causa- hacia nuevas formas de vida. Ello es lo importante.<\/p>\n<p>Morir, segundo caso<\/p>\n<p>Otra ilustraci\u00f3n actual -m\u00e1s reciente- de un mecanismo de integraci\u00f3n de la muerte en la vida en nuestras sociedades.<br \/>\nEstamos en Pennsylvania, EE.UU. El Estado ofrece 300 d\u00f3lares -unas 47.000 ptas.-, a los familiares de los fallecidos si permiten la extracci\u00f3n de sus \u00f3rganos. Por su lado, las mafias del mercado negro de Nueva York, venden un par de c\u00f3rneas de importaci\u00f3n listas para el trasplante a 5.000 d\u00f3lares.<br \/>\nPor otro lado, no hace mucho se desmantel\u00f3 una red china de tr\u00e1fico de \u00f3rganos que vend\u00eda p\u00e1ncreas, ri\u00f1ones, h\u00edgados, corazones, c\u00f3rneas y pulmones procedentes de prisioneros que hab\u00edan sido ejecutados en ese gigantesco pa\u00eds oriental. La noticia indicaba literalmente que: &#8220;Los precios eran relativamente baratos para lo que se pide en este mercado de la muerte: un ri\u00f1\u00f3n oscilaba entre los 20.000 y los 30.000 d\u00f3lares -entre 3 y 4&#8217;5 millones de pesetas-, con viaje a China incluido. Los pulmones ven\u00edan con una etiqueta aclaratoria: procedentes de un donante no fumador&#8221;.<br \/>\nEsta forma de integrar la muerte en la vida a trav\u00e9s del consumismo materialista tiene tambi\u00e9n otras dimensiones. El Estado de Missouri -tambi\u00e9n en EE.UU.- lanz\u00f3 una iniciativa que denomin\u00f3 Vida a cambio de vida: propon\u00eda a los reos condenados a muerte permutarles la ejecuci\u00f3n por una condena a cadena perpetua si, a cambio, acced\u00edan a dar un ri\u00f1\u00f3n o m\u00e9dula \u00f3sea(2). Esta forma de integrar la muerte en la vida, haciendo entrega de los propios \u00f3rganos una vez uno ha fallecido, tiene una vertiente deseable pero tiene tambi\u00e9n la cara del consumo sin \u00e9tica y de la corrupci\u00f3n pol\u00edtica y de todo tipo a que ello da lugar. As\u00ed por ejemplo, en 1995, el tiempo de espera de un ri\u00f1\u00f3n para ser trasplantado, en los EE.UU., era de 440 d\u00edas desde el momento de la solicitud, pero ha habido personajes p\u00fablicos que recibieron su ri\u00f1\u00f3n al poco de necesitarlo. Fue escandaloso el caso de Bob Casey, gobernador de Pennsylvania, que recibi\u00f3 un ri\u00f1\u00f3n para que le fuera trasplantado cuando no hab\u00edan pasado ni 24 horas desde la solicitud. En la misma operaci\u00f3n, Casey recibi\u00f3 tambi\u00e9n un coraz\u00f3n, col\u00e1ndose delante de los 61.000 pacientes que tambi\u00e9n estaban preparados para realizar el trasplante desde tiempo antes que el gobernador (Del PINO, 1999;34).<br \/>\nAnte estos hechos se pone de evidencia que hablar hoy de la muerte, en nuestras sociedades, requiere un tratamiento absolutamente nuevo. Ya no sirve intentar mal encajar una dimensi\u00f3n cient\u00edfica, fr\u00edamente objetiva y pragm\u00e1tica, a un planteamiento humanista de nuestro final. No se puede. Todos estamos demasiado e inevitablemente implicados en la muerte, as\u00ed como en la vida, porque son dos caras de una misma y \u00fanica realidad humana. Tampoco se puede castigar con la hoguera de la Inquisici\u00f3n a los que se niegan a creer en un Dios vengativo que nos espera en el m\u00e1s all\u00e1 con una balanza, para darnos una vida eterna a su derecha o a su izquierda, seg\u00fan nuestros avatares biogr\u00e1ficos del aqu\u00ed y ahora. Nada de esto sirve para la mayor\u00eda de occidentales.<\/p>\n<p>Morir, la situaci\u00f3n mal definida<\/p>\n<p>Se puede afirmar que el proceso de morir nos ha sido concienzuda y deliberadamente sustra\u00eddo. Como despu\u00e9s expondr\u00e9, ya no tenemos ni sabemos d\u00f3nde o c\u00f3mo hay que morir. Fenecemos en los hospitales por exclusi\u00f3n, no por decisi\u00f3n. Actualmente, el 60% de las personas mueren en los hospitales, m\u00e1s el 10% que mueren en residencias. Es decir, aunque la mayor\u00eda es lo que afirma desear, s\u00f3lo el 30% restante puede morir en su hogar, y no siempre lo hace rodeado de sus seres queridos ya que, a menudo, este traspaso en el espacio dom\u00e9stico sucede estando el anciano solo.<br \/>\nLos moribundos son reducidos a enfermos de los que casi nadie quiere saber nada. El vac\u00edo cultural que hay sobre el estado de morituri genera demasiada ansiedad y, como dec\u00eda el poeta Rilke, los enfermos mueren intercambiablemente en 559 camas. Tambi\u00e9n escribi\u00f3 el poeta checo de principios del siglo XX: &#8220;Tengo que hacer de la muerte mi muerte propia, preparada y conformada, trabajada y dada a luz&#8221; (de Cuadernos de Malte Laurids Brigge y del Libro de Horas). A eso me refer\u00eda hace un instante, al decir que nos ha sido sustra\u00eddo el proceso del buen morir, o del morir simplemente.<br \/>\nTambi\u00e9n en el cristianismo hay una apropiaci\u00f3n de la muerte, de car\u00e1cter asc\u00e9tico. De ah\u00ed que a las pr\u00e1cticas asc\u00e9ticas se las denomine &#8220;mortificaci\u00f3n&#8221;, pero pocas son hoy las personas que habitan fuera de conventos de clausura y que se dedican realmente a mortificarse con plena consciencia de estar alumbrando su propia muerte.<br \/>\nNuestra biolog\u00eda nace con un dise\u00f1o cerrado, y la muerte -as\u00ed como las dem\u00e1s transformaciones naturales por las que vamos pasando- es una m\u00e1s de las mudas del proceso biol\u00f3gico.<br \/>\nNo obstante, la muerte y aun m\u00e1s el proceso de morir entendido como parte del cambio permanente en que vivimos, se construye cultural y socialmente. As\u00ed, por ejemplo, cada sociedad fija unos par\u00e1metros propios para determinar quien est\u00e1 muerto y quien no lo est\u00e1. Se respire o no, casi da igual. En las sociedades postindustrializadas se trata de par\u00e1metros cl\u00ednicos: hasta hace poco era el latido del coraz\u00f3n lo que se tomaba como determinante para decidir si alguien estaba vivo o muerto; hoy es el electroencefalograma (EEG) plano lo que indica la defunci\u00f3n de un ser humano. Pero esta &#8220;evidencia&#8221; puede ser modificada por razones socioculturales y refrendada por las Leyes, tiene un importante grado de arbitrariedad: no son extra\u00f1os los casos de personas que han revivido gracias a un tratamiento de urgencia y despu\u00e9s de haber sido dadas por difuntas -\u00a1pero negamos la reencarnaci\u00f3n!-; y, en sentido contrario, aun nos es m\u00e1s familiar el trato de cad\u00e1ver que respira que reciben algunas personas que muestran un EEG bien ondulado. Con esta expresi\u00f3n de cad\u00e1ver viviente nos referirnos a aquellos cuerpos capaces de convertirse en donantes de \u00f3rganos, cuya actividad vital se mantiene mediatizada por la t\u00e9cnica o por la qu\u00edmica \u00bfEst\u00e1n vivos o no?.<br \/>\nEn este mismo sentido, muchos enfermos terminales reciben un trato social casi como si fueran ya cad\u00e1veres por el olvido al que se ven sometidos y por su car\u00e1cter tab\u00fa de seres cercanos a la muerte: son y no son a la vez.<br \/>\nEn otras sociedades, no se considera muerto a nadie hasta que no se ha realizado alg\u00fan tipo de exequias. La ceremonia depende de las creencias y cosmovisi\u00f3n propia de cada pueblo. Entre tanto, se entiende que el individuo est\u00e1 transitando por alg\u00fan espacio liminar. Por ejemplo, el caso de los shuar de la Alta Amazonia ecuatoriana. Para este pueblo, cuando alguien deja de respirar y aunque entierren su cuerpo, creen que se transforma en wacani, espectro de lo que fue. Merodea por la selva con la misma imagen de cuando &#8220;estaba vivo&#8221;, solo que ahora la persona, animal o planta es incorp\u00f3reo. Si un cazador ve una presa a lo lejos corre hacia el animal, pero si al llegar no ve ninguna se\u00f1al de sus pisadas afirma que no hay que preocuparse ya que no era un aut\u00e9ntico animal, sino un esp\u00edritu, un wacani. En el caso de los humanos, este periodo dura entre uno y tres a\u00f1os, afirman los shuar, tras los cuales el pre-fallecido se transforma en una mariposa negra nocturna que aparece en la choza de los familiares, pasa ah\u00ed la noche y por la ma\u00f1ana se transforma de nuevo en la neblina que llena la selva matutina. Es entonces cuando se le considera finalmente desaparecido. As\u00ed pues, el morir como proceso tiene diversas caras y tratamientos que dependen de la cultura y de nuestros humanos potenciales cognitivos.<br \/>\nCon ello, regresamos al punto de partida: \u00bfqu\u00e9 es el morir? \u00bfCu\u00e1ndo deja uno de estar vivo? Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que la diferencia entre la vida y la muerte es solo un respiro, una inspiraci\u00f3n. Por otro lado, alguien afirm\u00f3 en cierta ocasi\u00f3n que la muerte es el mejor coloc\u00f3n de todos, por eso nos lo guardan para el final. As\u00ed pues, morir es lo que cada pueblo se forja alrededor de ello: desde una reflexi\u00f3n infantil pero incuestionable hasta una cara m\u00e1s del mercado consumista que eleva la econom\u00eda negra o blanca a teolog\u00eda de la trascendencia.<\/p>\n<p>Es proceso, no estado<\/p>\n<p>A mi juicio, hay un craso error en todo ello. Hablamos de la muerte pero la muerte no importa. Lo que debe interesar es el proceso de morir. No es un estado sino un camino lo que debe atraer nuestra atenci\u00f3n y esfuerzo. De ah\u00ed que, como M. Allu\u00e9 (ALLU\u00c9, 1993), prefiero hablar de morituri remedando la famosa expresi\u00f3n del cruel circo romano, pero a la vez lo uso con la m\u00e1s absoluta seriedad: morituri indica una acci\u00f3n verbal, se refiere a algo din\u00e1mico: &#8220;el que va a morir&#8221;. No es una situaci\u00f3n est\u00e1tica y, por tanto, sin posibilidad alguna de cambio o de ajuste.<br \/>\nLa trayectoria vital de toda persona implica inevitables momentos de cambio y de tr\u00e1nsito, tanto para ella como para el grupo al que pertenece. Los m\u00e1s importantes de estos cambios vienen marcados \u00be no determinados\u00be por las perturbaciones naturales de la propia biolog\u00eda. Todos pasamos de la Nada al fr\u00e1gil beb\u00e9, luego al ingenuo p\u00faber; m\u00e1s tarde somos fantasiosos adolescente que tienen la primera menstruaci\u00f3n o la primera erecci\u00f3n; pasamos por la fase de adultos, de vejez y llega de nuevo una Nada que es la muerte. De la Nada no sabemos nada, pero del proceso para llegar a ella, s\u00ed sabemos y podemos construirlo y reconstruirlo de forma permanente.<br \/>\nNo todas las sociedades ritualizan esos cambios biol\u00f3gicos, pero pr\u00e1cticamente todas mantienen ciertos tab\u00faes en relaci\u00f3n a ellos. Nosotros, por ejemplo, mantenemos en secreto la primera menstruaci\u00f3n, la primera erecci\u00f3n, la menopausia y pretendemos negar la muerte. De alguna forma entendemos que morir es un proceso inevitable e incontrolable de profunda transformaci\u00f3n del individuo y que, como tal cambio contumaz, debe esconderse y se debe luchar en contra. A mi juicio, ello sucede porque vivimos en un mundo desritualizado en extremo, y ese es uno de los temas principales que se deben abordar para replantear el morir en nuestras sociedades. No la muerte, insisto, sino el proceso de morituri. Esta transformaci\u00f3n debe vivirse dentro de un marco que le d\u00e9 sentido, un marco simb\u00f3lico que indique al sujeto -y al resto de su comunidad- en qu\u00e9 momento de su existencia est\u00e1, qu\u00e9 puede y debe esperar, qu\u00e9 puede y debe exigir, y qu\u00e9 debe dar a cambio. Para eso sirven los ritos, para enmarcar e imprimir sentido a la vida de las personas y tambi\u00e9n de los dem\u00e1s animales. Casi todos realizan ritos, paradas nupciales, grupos de edad y dem\u00e1s.<br \/>\nLos humanos tenemos una consciencia de permanencia por encima de la del cambio. Debemos esforzarnos para recordar en cada momento que la transformaci\u00f3n permanente es lo esencial, no la permanencia. Ciertas escuelas de psicolog\u00eda hablan de la &#8220;sensaci\u00f3n de identidad&#8221;, en lugar de referirse al ego tradicional, para indicar esta consciencia fija de rechazo e inercia hacia cambio. Tambi\u00e9n las grandes y peque\u00f1as religiones recuerdan que debemos acostumbrarnos a &#8220;soltar&#8221;, a &#8220;tener caridad&#8221;, a &#8220;no quedarnos atrapados en ninguna fantas\u00eda del ser&#8221;, a &#8220;no preocuparnos por el ma\u00f1ana&#8221; y todo ello alude a la idea de mantener una vida fluida, sin referentes demasiado fijos que nos impidan vivir el cambio permanente de forma tranquila.<br \/>\nNo siempre somos capaces de reconocer \u00be a menudo siento que la mayor\u00eda nunca se da cuenta \u00be las mudas que van jalonando la vida. Muchas personas llegan a ancianas neg\u00e1ndolo : &#8220;me siento joven&#8221;, &#8220;los a\u00f1os no pasan para m\u00ed&#8221;, etc. Este tipo de afirmaciones, aunque suenen a simpat\u00eda, la mayor parte de veces tapan una ceguera absoluta a los cambios biogr\u00e1ficos o bien manifiestan un terror a aceptarlos, aunque se perciban. Basamos nuestra idiosincrasia occidental en la perennidad, en la previsibilidad y en la seguridad. La mayor\u00eda de nosotros se pasa el tiempo proyectando futuros inmediatos o lejanos -las pr\u00f3ximas vacaciones o la adquisici\u00f3n de un nuevo apartamento a pagar a lo largo de los pr\u00f3ximos veinte a\u00f1os- y cuando algo inesperado sucede provoca estupefacci\u00f3n y desorientaci\u00f3n.<br \/>\nLa vejez como periodo previo biol\u00f3gico al deceso, o la enfermedad terminal como \u00faltimo escal\u00f3n inequ\u00edvoco hacia el mismo cambio, son tratados como realidades o momentos tab\u00fa, objetos con los que no se sabe qu\u00e9 hacer ni como tratar porque el estigma del tr\u00e1nsito es demasiado obvio y pocas personas quieren realmente cambiar.<br \/>\nLos humanos de hoy hablamos de transformaci\u00f3n, pero la tememos. Es aquello tan triste, si se piensa seriamente, de que &#8220;cualquier tiempo pasado fue mejor&#8221;, o el &#8220;m\u00e1s vale loco conocido que sabio por conocer&#8221; y tantos otros dichos que ponen de manifiesto la tendencia a la inercia. El cambio sin control es lo m\u00e1s estigmatizado y angustiante para un ser humano. Creemos que carece de sentido, de finalidad, de orden, de pautas conocidas que lo hagan controlable y comprensible.<\/p>\n<p>El morir ritualizado<\/p>\n<p>La funci\u00f3n esencial de los rituales es ofrecer un recipiente social y emocional donde vivir las transformaciones, donde ordenar los cambios y facilitarlos a trav\u00e9s de los s\u00edmbolos. Ayudan a superar la angustia. El ritual asegura, garantiza la perennidad de un determinado orden humano m\u00e1s all\u00e1 de los cambios biogr\u00e1ficos individuales. De ah\u00ed que el sentido de todo ritual reside tanto en sus fines pr\u00e1cticos -por ejemplo, en el caso del morir, fijar quien debe encargarse de cada tarea- como en ofrecer esta vasija simb\u00f3lica y emocional que pervive a los sujetos y que les ayuda a dirigir y a dar sentido a sus emociones -permitir el duelo a los allegados, el grupo presente en el rito comparte la tristeza con los dolientes, etc.<br \/>\nEl rito nos permite mantener la sensaci\u00f3n de control sobre los cambios biol\u00f3gicos y, de hecho, as\u00ed es en cierta forma. De ah\u00ed que las religiones institucionalizadas hayan manifestado sin escr\u00fapulos su permanente obsesi\u00f3n por controlar los ritos extra\u00f1os -para ellos, paganos- haci\u00e9ndoselos suyos por medio del proceso de obliteraci\u00f3n. Es as\u00ed como durante siglos, estas grandes y dogm\u00e1ticas religiones, se han auto atribuido el control sobre los cambios humanos, sobre la vida y la muerte. La iglesia cat\u00f3lica ha sido durante dos milenios -y sigue siendo- un buen ejemplo de ello, hoy solo aventajada por los protestantes.<br \/>\nLas sociedades primitivas pautan el tr\u00e1nsito hacia la muerte a trav\u00e9s de actos ceremoniales. Se preparan para morir por medio de ritos. La nuestra, en cambio, carece de mecanismos simb\u00f3licos para asumir el estado liminar de morituri, de moribundo, ya que andamos cogidos de la mano de una tecnolog\u00eda que no ve sino un fracaso en el \u00f3bito de las personas. En nuestras sociedades, el morituri es tab\u00fa porque no sabemos qu\u00e9 hace con \u00e9l durante este tiempo liminar, que a veces es corto y otras dura a\u00f1os.<br \/>\nDe ah\u00ed que la muerte s\u00fabita sea estad\u00edsticamente tenida como la m\u00e1s deseable, porque carece de periodo transitorio. Pero hasta bien entrado nuestro siglo XX, el \u00f3bito repentino era considerado el m\u00e1s nefasto porque no daba el tiempo necesario para los arreglos terrenales -testamentos-, para la reconciliaci\u00f3n emocional -despedidas emotivas que permit\u00edan un final en paz y estaban cargadas de recomendaciones a los j\u00f3venes para un vivir mejor-, ni para un acabar espiritual -el vi\u00e1tico que preparaba para el \u00faltimo viaje.<br \/>\nAs\u00ed es como hoy nos encontramos con una sociedad desritualizada y sin una religi\u00f3n v\u00e1lida. Por otro lado, la valorizaci\u00f3n hedonista del cuerpo est\u00e1 ejerciendo una influencia nefasta al conllevar una actitud estigmatizante del tr\u00e1nsito final, y no solo tiene una trascendencia cultural, sino tambi\u00e9n psicol\u00f3gica y teol\u00f3gica.<br \/>\nNos encontramos ante una situaci\u00f3n sociocultural, psicol\u00f3gica y teol\u00f3gica nueva que requiere un replanteamiento radical, por la sencilla raz\u00f3n de que tal y como est\u00e1 siendo manejada en la actualidad es causa de descomunales conflictos emocionales y sociales, anomal\u00edas culturales y situaciones que son fuente de ansiedad sin sentido. Por ejemplo, los especialistas del centro de psicoterapia Izkali, del Pa\u00eds Vasco, atienden a personas con problemas psicol\u00f3gicos producidos por duelos mal elaborados y observan como se est\u00e1n incrementando estas psicopatolog\u00edas hasta el punto de pensar en la posibilidad de que la S.S. las financie. Todo ello, adem\u00e1s, pocas veces trasciende a la opini\u00f3n p\u00fablica por la misma raz\u00f3n de que el propio discurso lo impide: el morituri es alguien caminando por una parte del sendero que es tab\u00fa, no debe hablarse de ello.<br \/>\nAquellos que han perdido a un ser querido tras sufrir una larga enfermedad, usualmente prefieren olvidarlo, y el personal hospitalario tiende a concebirlo como una rutina, tratando de pasar el muerto viviente a los empleados del siguiente turno.<br \/>\nEn este sentido, las recientes publicaciones sobre el tema abogan por una resocializaci\u00f3n recurriendo a mecanismos culturales muy cercanos al trato ritualizado que reciben los moribundos en las sociedades no occidentales -y en las nuestras hasta hace unas d\u00e9cadas.<br \/>\nLas recomendaciones indican la necesidad de una ritualizaci\u00f3n del proceso del morir mediante lenguajes no verbales de car\u00e1cter simb\u00f3lico, mediante la atenci\u00f3n, los silencios y mucha paciencia ante el terminal. Hay que re-aprender el significado de la muerte para poder ejercer profesionalmente de tanatopracta -o como simple familiar- las funciones de acompa\u00f1ante.<br \/>\nLos Talleres vivenciales de integraci\u00f3n de la propia muerte, que fund\u00e9 y dirijo desde el a\u00f1o 1996, y por los que han pasado ya m\u00e1s de 500 personas, tienen esta estructura ritual FERICGLA, 1996). Los participantes, dentro de un contexto seguro y preparado para ello, experimentan un profundo estado modificado de la consciencia que les conduce a vivir su propia muerte, a descubrir lo que implica salir del estado cognitivo habitual. La consecuencia inmediata es que se reaprende de forma autom\u00e1tica el sentido del morir y, como consecuencia directa, es habitual que la vida adquiera un sentido m\u00e1s profundo. Son muchos los participantes a los Talleres que afirman sin ambages que en su vida hay un antes y un despu\u00e9s de experimentar su proceso de morir. Les da una segunda oportunidad para vivir habiendo reajustado sus prop\u00f3sitos. Los griegos cl\u00e1sicos llevaban a cabo un encuentro con la propia muerte en los ritos mist\u00e9ricos de Eleusis, Samotracia, Delfos y en otros lugares de su geograf\u00eda milenaria. Todas las personas adultas ten\u00edan derecho a experimentarlo -tambi\u00e9n por medio de estados profundamente modificados de la consciencia cotidiana- para devenir adultos en t\u00e9rminos de responsabilidad, integridad y para hallar su lugar en el mundo. Tan solo a los criminales griegos se les prohib\u00eda el acceso a los ritos mist\u00e9ricos.<br \/>\nNo obstante, ante esta necesidad actual de experimentar el proceso de morir en un marco ritualizado espec\u00edfico, hay algunos cabos que quedan sueltos: a) el personal sanitario no ha sido contratado para tales tareas tanatopractas, a pesar de que el 60% de decesos se producen en hospitales;\u00a0 el propio personal sanitario, como miembros de nuestras sociedades, tambi\u00e9n considera que, de alguna manera, es mejor no hablar de la muerte y se admite el enmascaramiento general que cubre esta transformaci\u00f3n final; y c) en tercer lugar, la superaci\u00f3n del tab\u00fa a la muerte requiere un tratamiento de enfrentamiento con la propio abismo oscuro de la psique individual, pero no se puede obligar al personal sanitario ni de atenci\u00f3n a domicilio a comprometerse con su propia evoluci\u00f3n personal, de la misma forma que no se puede obligar a tener unas creencias determinadas sobre la trascendencia.<br \/>\nResolver estos cabos sueltos es de extrema dificultad hoy d\u00eda. Nuestras sociedades se hallan obsesionadas por el culto hacia el cuerpo y por el hedonismo consumista m\u00e1s primario. Todo ello lleva a concebir el cuerpo como una m\u00e1quina controlable, capaz de cosechar \u00e9xitos y facilitadora de placeres (ibid, 1993). En caso contrario -es decir, cuando deviene la enfermedad-, la medicina y la farmacolog\u00eda se encargan de poner la m\u00e1quina de nuevo a punto para que rinda. Recordar a las personas que esta m\u00e1quina tiene un dise\u00f1o cerrado, y que no trabajar\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de unos a\u00f1os, es dif\u00edcil de asumir tanto para el propietario como para los reparadores (cirujanos, bioqu\u00edmicos, m\u00e9dicos).<br \/>\nDe ah\u00ed que la muerte es vivida como el fracaso m\u00e1s estrepitoso de nuestra idiosincrasia. Es misteriosa, imprevisible y anticonsumista, justo los tres valores que m\u00e1s se oponen a nuestras pretensiones culturales: control y seguridad, previsibilidad y consumo. En la \u00faltima fase del enfermo terminal, los que le rodean, a menudo afirman que &#8220;ha luchado hasta el final&#8221; y se retiran frustrados. Ya no saben qu\u00e9 hacer con el morituri. No se sabe como manejar este proceso que puede ser corto o largo. Solo se espera con ansiedad a que llegue la hora del \u00f3bito, que nunca se aplaude porque constituye la \u00faltima derrota.<br \/>\nAs\u00ed pues, y para acabar, poner de relieve que el discurso tan\u00e1tico de las diferentes culturas se construye a partir de la conceptualizaci\u00f3n que se tiene del cuerpo como referente primario de la existencia. El sentido de la muerte viene, en buena parte, determinado por la valoraci\u00f3n cultural del cuerpo. Si nos preocupamos en demas\u00eda por la parte biol\u00f3gica de nuestro ser en el mundo, la muerte del cuerpo ser\u00e1 concebida como la derrota final, ya no se puede consumir m\u00e1s. Pero si se atiende la dimensi\u00f3n cultural del proceso de morir, y cada uno exige ser el gestor de tal proceso \u00faltimo, ser\u00e1 m\u00e1s f\u00e1cil poder reaprender a dar un sentido profundo a la vida a partir de la muerte.<br \/>\nLos arcaicos mecanismos religiosas de car\u00e1cter ritual fueron desechados en su momento porque llenaban nuestras vidas de un r\u00edgido sinsentido. Pero, justamente, es lo que se debe reconstruir ahora, si bien alej\u00e1ndolos de dogmatismos religiosos y de verdades absolutas que no nos ata\u00f1en. La despedida ha de ser considerada como una situaci\u00f3n y proceso fundamental de la existencia humana y deber\u00edamos referirnos a la muerte con diversos verbos, no con un sustantivo est\u00e1tico. El lenguaje ha de ser algo vivo, evolutivo y si es preciso acu\u00f1ar neologismos para desterrar cargas sem\u00e1nticas, \u00a1hag\u00e1moslo sin complejos! no hay ning\u00fan problema. El compromiso de cada ser humano, de cada uno, con las gesti\u00f3n de la propia muerte es la mejor manera de prepararse para asumir y acompa\u00f1ar el proceso terminal de otros. Nuestra iniciativa con los Talleres de Integraci\u00f3n de la propia muerte es viej\u00edsimamente vanguardista, pero no es el \u00fanico marco ritual para experimentar el tr\u00e1nsito moriturum.<br \/>\nAs\u00ed pues, la ritualizaci\u00f3n del morir no es una pregunta de m\u00e1s sino la respuesta misma.<\/p>\n<p>Notas a Pie de P\u00e1gina<\/p>\n<p>Los m\u00e9dicos de este Estado se han negado a aceptar \u00f3rganos conseguidos por estos medios, por lo que la Ley probablemente deber\u00e1 ser rechazada <\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>ALLU\u00c9, Marta, 1993, &#8220;La antropolog\u00eda de la muerte&#8221;, en ROL, revista de enfermer\u00eda, p\u00e1g., 33-39, n\u00fam. 179-180, Julio-agosto, Barcelona.<br \/>\nDEL PINO, Javier, 1999, &#8220;Un Estado de EE UU abre la veda al mercado de \u00f3rganos&#8221;, en El Pa\u00eds, p\u00e1g. 34, del domingo 16 de mayo.<br \/>\nFERICGLA, Josep M\u00aa, 1996, &#8220;Cara a cara con la muerte&#8221;, en Integral, noviembre, p\u00e1g. 60-65, Barcelona.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>J. M\u00aa Fericgla: Aconteceres que integran la muerte en la vida Conferencia de J. M\u00aa Fericgla impartida el 7 de junio de 1999, en las I Jornadas Una visi\u00f3n humanista de la muerte, organizadas por el M\u00e1ster en Gerontolog\u00eda Social, Universitat de Barcelona. Morir, primer caso Estamos en el norte de Alemania o en alg\u00fan lugar de los pa\u00edses n\u00f3rdicos<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[37],"tags":[],"class_list":["post-3969","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-offtopic"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3969","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3969"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3969\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3969"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3969"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3969"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}