{"id":3944,"date":"2009-03-27T20:13:18","date_gmt":"2009-03-27T20:13:18","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3944"},"modified":"2009-03-27T20:13:18","modified_gmt":"2009-03-27T20:13:18","slug":"la-relaci\u00f3n-entre-la-m\u00fasica-y-el-trance-chamanico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3944","title":{"rendered":"La relaci\u00f3n entre la m\u00fasica y el trance chamanico"},"content":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n entre la m\u00fasica<br \/>\ny el trance ext\u00e1tico<\/p>\n<p>fericgla.gif (4735 bytes)<\/p>\n<p>Dr. Josep M\u00aa Fericgla<\/p>\n<p>Nuestro gran fil\u00f3sofo Bertrand Russell a menudo apuntaba que uno de los errores m\u00e1s frecuentes en la pr\u00e1ctica cient\u00edfica consiste en mezclar dos lenguajes que, para bien de todos, deber\u00edan mantenerse estrictamente separados. M\u00e1s tarde, el renovador de la antropolog\u00eda y uno de los padres de las modernas teor\u00edas de la comunicaci\u00f3n, Gregory Bateson, insisti\u00f3 en lo mismo. Y todav\u00eda m\u00e1s recientemente, ha sido Paul Watzlawick quien ha remachado el mismo clavo desde otro punto de vista. En concreto, es imprescindible diferenciar entre: a) al lenguaje que hace referencia a los objetos; y cool.gif el que hace referencia a las relaciones entre los objetos (WATZLAWICK, 1995:32). Un ejemplo extra\u00eddo del tema que nos ocupa aqu\u00ed: si digo &#8220;esta m\u00fasica es l\u00edrica&#8221; o &#8220;este ritmo es r\u00e1pido&#8221; he designado alguna cualidad de la m\u00fasica en el lenguaje de los objetos. Pero si, por el contrario, digo: &#8220;aquella m\u00fasica es mejor que \u00e9sta para el trance ext\u00e1tico&#8221;, entonces estoy haciendo una declaraci\u00f3n sobre relaciones que deja de ser reducible a una u otra m\u00fasica. A pesar de nuestra incipiente comprensi\u00f3n \u0097especialmente en ciencias humanas\u0097 de la naturaleza de las propiedades de las relaciones, podemos darnos cuenta de lo rudimentario de nuestros conocimientos en este sentido y de que, a menudo, ello nos crea m\u00e1s enigmas y desconcierto que aclaraciones, pero tambi\u00e9n debemos reconocer el gran campo de comprensi\u00f3n que se abre a partir de aqu\u00ed. Tratar\u00e9, pues, de no caer en este error de categor\u00edas l\u00f3gicas del conocimiento a lo largo de la exposici\u00f3n que sigue, discerniendo con la m\u00e1xima claridad cuando hago una afirmaci\u00f3n sobre los objetos (la m\u00fasica o el trance) o sobre la relaci\u00f3n que hay entre ellos.<\/p>\n<p>Para aprehender el v\u00ednculo existente entre la m\u00fasica \u0097de momento en general\u0097 y los estados de trance ext\u00e1tico empecemos por aclarar que en todo ello tiene, naturalmente, m\u00e1s peso la dimensi\u00f3n relaciones que la dimensi\u00f3n objetos, ya que lo b\u00e1sico no es que exista una m\u00fasica poderosa, alegre o grave, sino que existen sistemas musicales que est\u00e1n relacionados de una u otra forma con esta capacidad afectivo-cognitiva del ser humano. As\u00ed, y como veremos m\u00e1s adelante, hablar de un sistema musical ext\u00e1tico no implica hablar de un objeto musical espec\u00edfico, de una escala de preferencias est\u00e9ticas o de una estructura sonora \u00fanica, sino que el estado de trance se halla totalmente relacionado con: a) el estilo cultural dominante; cool.gif con ciertos entrenamientos individuales o lo que Richard Noll llama &#8220;el cultivo de la imaginer\u00eda mental&#8221;(NOLL, 1985); c) con ciertas predisposiciones innatas individuales; y d) tambi\u00e9n con determinadas estructuras sonoras f\u00edsicas, que parecen tener alguna funci\u00f3n en tales experiencias ext\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Hecha esta previa, vamos a empezar por acotar, en el lenguaje de los objetos, los t\u00e9rminos centrales sobre los que trabajaremos: \u00bfqu\u00e9 es el trance? \u00bfes lo mismo que el \u00e9xtasis? \u00bfse trata de un fen\u00f3meno religioso y, por tanto, cultural? \u00bfes de car\u00e1cter b\u00e1sicamente fisiol\u00f3gico? \u00bfqu\u00e9 es la m\u00fasica? y finalmente \u00bfqu\u00e9 relaci\u00f3n hay entre ambos fen\u00f3menos que tan a menudo parece no existir lo uno sin lo otro?<\/p>\n<p>A la larga, estas cuestiones devienen universales porque se refieren a la constante b\u00fasqueda humana en pos de una realidad con mayor sentido y trascendencia. La causa de tal amplitud de marcos de inter\u00e9s radica principalmente en la gran dificultad de acceder a la forma de actuaci\u00f3n de la m\u00fasica y a la esencia de los estados cognitivos alternativos (el trance) que exige al antrop\u00f3logo usar todos sus recursos de campo y m\u00e1s, mucho m\u00e1s, ya que en este objeto de estudio se evoca una dimensi\u00f3n integradora del fen\u00f3meno humano, una dimensi\u00f3n pr\u00e1ctica y simb\u00f3lica, una dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica y otra fisiol\u00f3gica, y a la vez el investigador se encuentra con que nuestro objeto de an\u00e1lisis de hoy desaf\u00eda todos los sistemas explicativos e interpretativos cl\u00e1sicos, y se abre a una transdisciplinariedad y a un dialogismo dif\u00edciles de clasificar.<\/p>\n<p>En este sentido, cabe tambi\u00e9n destacar otros elementos constitutivos de la propia praxis ext\u00e1tica que por su complejidad escapan incluso a un texto antropol\u00f3gico, tales como el car\u00e1cter prel\u00f3gico del proceso cognitivo que se desarrolla en los estados de trance, un cierto entrenamiento en la direcci\u00f3n de lo que llamar\u00edamos la omnipotencia del pensamiento infantil, la inefable experiencia plena de beatitud y belleza que acompa\u00f1a el trance ext\u00e1tico y que, en cierta forma, es su propia esencia; incluso el l\u00edmite hermen\u00e9utico de si la teor\u00eda es capaz de darnos un modelo v\u00e1lido y comprensible de esta realidad humana, teniendo en cuenta su doble valencia subjetiva y objetivable solo en cierta medida.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, me voy a adentrar ya en la definici\u00f3n de cada uno de esos dos par\u00e1metros cuya relaci\u00f3n es nuestro objeto de reflexi\u00f3n y an\u00e1lisis en este texto. Ello nos ayudar\u00e1 a centrar el fen\u00f3meno ext\u00e1tico y musical en su justo lugar, tratando de evitar que, como suele suceder, al lado de lo claramente misterioso o todav\u00eda informulable de la naturaleza humana se cuelen anhelos, inexactitudes y deseos personales sin relaci\u00f3n alguna con el resultado de los datos y conclusiones a realizar.<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>Por trance ext\u00e1tico voy a referirme, en primer lugar, a lo que ha sido admitido dentro de los par\u00e1metros de la investigaci\u00f3n psicol\u00f3gica, m\u00e1s all\u00e1 de las puras descripciones fenom\u00e9nicas. Para la psicolog\u00eda, el trance ext\u00e1tico es una salida del ego fuera de sus l\u00edmites ordinarios en virtud de nuestras pulsiones afectivas innatas y m\u00e1s profundas. Se trata de un estado extraordinario de consciencia despierta, determinado por el sentimiento y caracterizado por el arrobamiento interior y por la rotura parcial o total con el mundo ex\u00f3geno, dirigiendo la consciencia despierta \u0097entendida como &#8220;capacidad para conocer&#8221;\u0097 hacia las dimensiones subjetivas del mundo mental.<\/p>\n<p>Por otro lado, desde el punto de vista de las ciencias cognitivas cabe distinguir entre trance y \u00e9xtasis, en el sentido de que trance significar\u00eda un proceso cognitivo, literalmente de tr\u00e1nsito, y que \u00e9xtasis vendr\u00eda a referirse a un estado cognitivo (a\u00fan no est\u00e1 totalmente establecida la diferencia entre lo que es un &#8220;estado mental&#8221; y lo que es un &#8220;proceso mental&#8221;, no obstante la hay, y hay investigadores puestos en ello, por ejemplo ANDLER, 1992:9-46); de aqu\u00ed que la expresi\u00f3n completa m\u00e1s adecuada sea la de &#8220;trance ext\u00e1tico&#8221; ya que as\u00ed se indica un proceso mental que acaba desembocando en un estado cognitivo alternativo, una de cuyas caracter\u00edsticas es la de presentar una cierta estabilidad. Esta forma de consciencia extraordinaria ha sido, y es, vivida por el ser humano como m\u00e1xima manifestaci\u00f3n de la uni\u00f3n con su divinidad o con el mundo animista culturalmente definido. Son conocidos y han sido bien descritos por la historia de las religiones comparadas, por ejemplo, los estados de \u00e9xtasis de los berserkers, aquellos temibles guerreros que pueblan la mitolog\u00eda escandinava; tambi\u00e9n lo han sido las celebraciones ext\u00e1ticas de las bacantes y m\u00e9nades dionis\u00edacas, as\u00ed como los estados de arrobamiento pasional que despertaba la m\u00fasica del fauno Marsias. Gracias a la etnograf\u00eda han sido estudiados en vivo los estados de trance ext\u00e1tico de los actuales derviches suf\u00edes gir\u00f3vagos de Konya, de los chamanes amerindios y siberianos, de los yoguis de la India, etc. y ahora aparece un inter\u00e9s especial por estudiar las nuevas religiones sincr\u00e9ticas y ext\u00e1ticas americanas (el Sto. Daime de origen brasile\u00f1o, la Iglesia Nativa Norteamericana con ra\u00edces en los cultos ind\u00edgenas consumidores de peyote) y africanas (especialmente el Buiti), en las que la m\u00fasica juega un papel central (FERICGLA, 1994 y 1997).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista antropol\u00f3gico no creo equivocarme si me refiero a estos estados de trance ext\u00e1tico en el sentido de que, tanto el cham\u00e1n amerindio o siberiano especialista en transitar por tales procesos y estados cognitivos alternativos, como el m\u00edstico cristiano que lo vive en forma de m\u00e1xima uni\u00f3n amorosa con la divinidad se mueven dentro de un orden sist\u00e9mico de relaciones socioculturales que dan sentido, contenido y eficacia a los valores que ellos usan para ordenar tanto la realidad sobrenatural como la natural, intentando desde el trance ext\u00e1tico crear nuevas posibilidades y l\u00edneas de adaptaci\u00f3n por medio de la comprensi\u00f3n y manipulaci\u00f3n de la imaginer\u00eda mental (auditiva, visual, t\u00e1ctil o afectiva) generada a partir de tales estados de disociaci\u00f3n mental; estados que, a pesar del dolor inicial que producen, el cham\u00e1n o m\u00edstico busca y domina. En este sentido pues, el especialista en moverse dentro de estos estados mentales alternativos es quien cumple ejemplarmente con la funci\u00f3n que he llamado adapt\u00f3gena (ibid, 1993:167-183) gracias a su entrenada capacidad para decodificar &#8220;aquello&#8221; que el ritmo musical le ayuda controlar. Todo ello, adem\u00e1s, sucede dentro de un contexto ritual que la mayor parte de veces incluye el consumo de substancias ente\u00f3genas (psic\u00f3tropas) o la pr\u00e1ctica de t\u00e9cnicas de respiraci\u00f3n muy espec\u00edficas que provocan una hipoxia cerebral y que vienen reguladas justamente por la m\u00fasica que el sujeto ext\u00e1tico canta o baila. Por ello, y bajo el paraguas conceptual que nos ofrece la antropolog\u00eda, prefiero llamar a tales estados de trance como procesos y estados cognitivos dial\u00f3gicos, en el sentido de que la consciencia humana parece ser capaz de discernir cada uno de los personajes que llevamos en nuestra psique, y observar la relaci\u00f3n que se da entre ellos, sea proyect\u00e1ndolos fuera del \u00e1mbito subjetivo en forma de entidades espirituales refrendadas por la cultura \u0097como ser\u00eda el caso del \u00e9xtasis cham\u00e1nico o de las religiones daimistas\u0097, o bien vivenci\u00e1ndolo en forma de posesi\u00f3n \u0097el caso de los cultos afrobrasile\u00f1os y afrocaribe\u00f1os\u0097 o de unidad m\u00edstica con la divinidad del mundo cristiano. As\u00ed, la denominaci\u00f3n antropol\u00f3gica completa del trance ext\u00e1tico ser\u00eda la de procesos cognitivos dial\u00f3gicos con una funci\u00f3n adapt\u00f3gena inespec\u00edfica que act\u00faa por medio de la imaginer\u00eda mental culturalmente decodificada.<\/p>\n<p>Por otro lado y desde el punto de vista fisiol\u00f3gico, el trance ext\u00e1tico se caracteriza por una aparente disminuci\u00f3n de la percepci\u00f3n y de la sensibilidad corporal dirigidas al mundo ex\u00f3geno, y por una merma de la movilidad corporal. Adem\u00e1s, tambi\u00e9n puede afirmarse que se trata de una capacidad biol\u00f3gicamente dada ya que no existe una sola sociedad que en mayor o menor grado, y bajo el ep\u00edgrafe cultural que sea, no conozca tales estados ext\u00e1ticos y no disponga de alg\u00fan tipo de aprendizaje regulado como camino para cultivar esta capacidad innata: samadhi entre los budistas, w\u00e4jd o jush\u00faa entre los \u00e1rabes magreb\u00edes, \u00e9xtasis teresiano en el mundo europeo cl\u00e1sico, nembutsu en Jap\u00f3n, trance cham\u00e1nico en Siberia y toda Am\u00e9rica y un largo etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>II<\/p>\n<p>Una vez definido uno de los elementos de la pareja cuya relaci\u00f3n vamos a estudiar, el trance ext\u00e1tico, toca precisar el segundo en el lenguaje de los objetos: la m\u00fasica. Tampoco aqu\u00ed me interesa enzarzarme en barrocas disquisiciones conceptuales y te\u00f3ricas \u0097en el fondo, casi siempre me saben a demasiado acad\u00e9micas\u0097 sobre qu\u00e9 es m\u00fasica y qu\u00e9 no es. Por ello, voy a atenerme a la definici\u00f3n ya cl\u00e1sica de m\u00fasica entendida como sonido organizado con un orden impuesto por el ser humano de acuerdo a sus contingencias hist\u00f3ricas y cognitivas, y cuyo contenido es entendido por la colectividad que la compone, la interpreta y la mantiene viva.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista biol\u00f3gico, se puede afirmar que el hecho musical es tambi\u00e9n algo innato en el ser humano, en el sentido de que aunque no se han hallado ning\u00fan &#8220;neurotransmisor musical&#8221;, no hay una sola cultura ni un solo colectivo humano que carezca de m\u00fasica. Adem\u00e1s de ello, los trabajos derivados de investigaciones actuales han puesto de relieve que muy probablemente existe una zona operacional del cerebro encargada de la producci\u00f3n y la recepci\u00f3n musical, y que no es la misma que se encarga de la elaboraci\u00f3n del lenguaje hablado.<\/p>\n<p>En tercer lugar y desde el punto de vista de la antropolog\u00eda, no hay duda alguna que el principal elemento cultural relacionado con la m\u00fasica es la religi\u00f3n y dentro de ella la b\u00fasqueda de estados ext\u00e1ticos y de arrebatos emocionales. Y esto se puede afirmar tanto en referencia a la m\u00fasica cham\u00e1nica, como a los cantos gregorianos medievales, a la moderna m\u00fasica discotequera expl\u00edcitamente llamada &#8220;m\u00fasica trance&#8221; o a las denominadas &#8220;m\u00fasicas de la nueva era&#8221;, de car\u00e1cter mucho m\u00e1s elaborado, refinado y dirigido hacia esta finalidad. De ah\u00ed que en el mercado actual se ofrezcan tantos t\u00edtulos de grabaciones recientes con una clara alusi\u00f3n al \u00e9xtasis \u0097En trance de Conrad Praetzel, The Feeling begins de Peter Gabriel, From the Heart of Darkness y Desert Solitaire de S. Roach, K. Braheny y M. Stearns, Les ma\u00eetres du guembr\u00ed del grupo gnaua Al Sur-Karonte, etc.\u0097 y que, mezclado con ello muy a menudo aparezcan grabaciones de m\u00fasicas tradicionalmente usadas para dirigir experiencias religiosas de car\u00e1cter ext\u00e1tico como los cantos de los Lamas tibetanos, los cantos gregorianos m\u00e1s elevados y las m\u00fasicas cham\u00e1nicas orientales (dos ejemplos actuales y exitosos de ello son El canto del Lama, grabaci\u00f3n conjunta del lama tibetano Gyourme y del m\u00fasico occidental Jean-Philippe Rykiel; y Officium, edici\u00f3n de m\u00fasica sacra occidental realizada por el saxofonista Jan Garbarek y The Hilliard Ensemble).<\/p>\n<p>Otra cualidad a tener en cuenta para entender globalmente la relaci\u00f3n entre ambas realidades cognitivas, la m\u00fasica y el trance ext\u00e1tico, se refiere a la capacidad esencial de codificaci\u00f3n y modificaci\u00f3n temporal que tiene la m\u00fasica. En este sentido, durante la experiencia de modificaci\u00f3n del estado de consciencia cotidiano que se busca por medio el trance, hay un cambio profundo de la vivencia del tiempo: la vida ordinaria transcurre en un mundo entendido y vivido bajo un tiempo que podemos llamar cotidiano, cuya principal caracter\u00edstica es que est\u00e1 puntuado y dominado por elementos ex\u00f3genos \u0097sean m\u00e1quinas, sean horarios acordados o bien sea un cambio estacional\u0097, en tanto que la cualidad esencial de la m\u00fasica es el poder que tiene para crear otro mundo basado en un tiempo virtual. Recordando lo que escribi\u00f3 Stravinski: &#8220;la m\u00fasica nos es dada con el \u00fanico prop\u00f3sito de establecer un orden en las cosas, incluyendo de manera particular la coordinaci\u00f3n entre el ser humano y el tiempo&#8221;. La m\u00fasica es creaci\u00f3n de tiempo con par\u00e1metros netamente subjetivos, de ah\u00ed la abismal diferencia que hay entre &#8220;dejarse ba\u00f1ar&#8221; por el concierto para trompa de A. Mozart dirigido por el impetuoso A. von Karajan o por el l\u00edrico y delicado Sir Georg Solti. Las notas que leer\u00e1n los m\u00fasicos pueden ser las mismas, pero el tiempo virtual que generar\u00e1 cada una de estas interpretaciones ser\u00e1 bien distinto.<\/p>\n<p>Finalmente, tambi\u00e9n cabe a\u00f1adir que si tanto inter\u00e9s despierta actualmente toda investigaci\u00f3n sobre el chamanismo cl\u00e1sico y las consciencias alternativas se debe a que, en t\u00e9rminos generales, se sit\u00faa en un \u00e1mbito de vivencias probablemente com\u00fan a toda la humanidad. Se trata de t\u00e9cnicas que, seg\u00fan muchos investigadores entre los que me cuento, favorecen el contacto directo con lo que llamamos sobrenatural, lo n\u00famico, con el oscuro misterio que en \u00faltimo t\u00e9rmino arrastra consigo el ser humano y de donde puede sacar alguna idea sobre su propio lugar en el mundo, a nivel individual y social, y al mismo tiempo todo ello se proyecta en estrategias concretas que facilitan la adaptaci\u00f3n activa del sujeto a los cambios que se producen en su entorno o que \u00e9l mismo genera. En este sentido, las pr\u00e1cticas ext\u00e1ticas se resuelven habitualmente como fuente de revelaci\u00f3n interior en respuesta a los grandes interrogantes pragm\u00e1ticos (el origen del ser humano, la causa de la enfermedad y el dolor, cu\u00e1l ser\u00e1 el porvenir) a trav\u00e9s de lo que he llamado estados dial\u00f3gicos de la mente, sean inducidos por el consumo de p\u00f3cimas ente\u00f3genas, por trances r\u00edtmicos, por ambos est\u00edmulos combinados (como suele suceder) o por causas de otro origen.<\/p>\n<p>III<\/p>\n<p>Una vez definidos los l\u00edmites de nuestro doble objeto, vayamos a diseccionar la relaci\u00f3n que hay entre ambos factores.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n entre la m\u00fasica y el trance ext\u00e1tico es uno de los fen\u00f3menos m\u00e1s variables y contradictorios que pueda observarse. No parece existir ni un solo patr\u00f3n fijo por ninguno de ambos lados, tan s\u00f3lo existe la relaci\u00f3n. Y aun sobre ella, y en buena ley cient\u00edfica, deber\u00e1 recaer la duda sistem\u00e1tica ya que se habla tambi\u00e9n de trances ext\u00e1ticos que se consiguen sin m\u00fasica de ning\u00fan tipo (como la famosa liberaci\u00f3n de Buda o la iluminaci\u00f3n de Jesucristo en el desierto), lo cual pone incluso en entredicho la real existencia de una relaci\u00f3n entre ambos factores para obtener el fin ext\u00e1tico, que no sea simple coincidencia. Hagamos un r\u00e1pido repaso al tema.<\/p>\n<p>Si se observan y analizan los instrumentos usados para inducir el \u00e9xtasis no se halla ning\u00fan tipo de generalidad aceptable: a veces se trata de grandes y retumbantes tambores los que parecen ser esenciales para el trance (como entre diversos pueblos africanos subsaharianos), pero otras veces el instrumento se reduce a, tan solo, un manojo de hojas atadas y zarandeadas siguiendo un ritmo variable que impone el ejecutante sin m\u00e1s acuerdo social (como es el caso del trance cham\u00e1nico de pueblos amaz\u00f3nicos como los shuar y achuara, m\u00e1s conocidos como familia ling\u00fc\u00edstica jibaroana o Naci\u00f3n J\u00edbaro). Hay ocasiones en que los instrumentos, sean de percusi\u00f3n, mel\u00f3dicos o ambos, son la base de la m\u00fasica y cualquier voz humana resulta un estorbo (como en entre los derviches gir\u00f3vagos y su m\u00fasica suf\u00ed), en tanto que otras veces es la propia voz humana la que protagoniza o dirige el trance sin ayuda de ning\u00fan instrumento (como es el caso de los cantos de los lamas tibetanos, y de diversos pueblos balineses que entonan el famoso Canto del Mono, Ketjak). Hay pueblos que buscan el \u00e9xtasis de forma apol\u00ednea, bailando formal y ordenadamente con un perfecto control corporal (como el caso de los Zu\u00f1i estudiados por R. Benedict); en otros casos se trata de un baile dionis\u00edaco en el cual la finalidad es justamente perder el control de los movimientos autom\u00e1ticos del cuerpo (como en diversos ritos afrocaribe\u00f1os y afrobrasile\u00f1os); y aun en otros casos el sujeto ext\u00e1tico halla su experiencia en el fondo de una solitaria y silenciosa cueva, sin mover ni un solo m\u00fasculo durante largas horas. En algunos pueblos parece imprescindible el consumo de psic\u00f3tropos para obtener la experiencia buscada (seg\u00fan E. Bourguignon, este uso de substancias ente\u00f3genas se da en el 89% de las sociedades estudiadas por la etnograf\u00eda), en tanto que otros pueblos dicen limitarse al uso de la m\u00fasica como medio inductor.<\/p>\n<p>Esta diferencia, el uso o no de psic\u00f3tropos como elemento cat\u00e1rtico que acompa\u00f1a la m\u00fasica en el camino de b\u00fasqueda del trance ext\u00e1tico, condujo a R. Benedict a hablar de &#8220;culturas dionis\u00edacas&#8221; y de &#8220;culturas apol\u00edneas&#8221;, justamente a partir de esta \u00fanica diferencia esencial (ver BENEDICT, 1934, y BATESON, 1993; 39 y nota 4). Aunque represente una peque\u00f1a circunvalaci\u00f3n respecto del objeto que nos ocupa, merece la pena hablar aqu\u00ed un poco m\u00e1s de los trabajos de Benedict sobre el tema. Esta antrop\u00f3loga cl\u00e1sica se interes\u00f3 por descubrir el patr\u00f3n cultural dominante en cada sociedad a partir de los tipos de personalidad dominante, y, entre otras variables, atendi\u00f3 al factor &#8220;b\u00fasqueda del trance&#8221; como elemento clave en la formaci\u00f3n de las personalidades individuales. R. Benedict recibi\u00f3 la influencia de la escuela de historiadores de Dilthey y Spengler, y trat\u00f3 de aplicar la dicotom\u00eda nietzschiana (a pesar de no seguir literalmente la propuesta de F. Nietzsche) entre apol\u00edneos y dionis\u00edacos al contraste existente entre los Zu\u00f1i, una etnia apol\u00ednea altamente formal perteneciente a los Pueblo del sudoeste, y dos grupos ind\u00edgenas tambi\u00e9n norteamericanos, pero violentamente dionis\u00edacos: los indios de los llanos y los Penitentes mexicanos. Benedict consigui\u00f3 demostrar que los indios de los llanos y los Penitentes mexicanos asignaban un valor cultural muy alto a varias formas de excitaci\u00f3n ext\u00e1tica. Los indios de los llanos alcanzaban la experiencia m\u00edstica por medio de severas autotorturas que induc\u00edan un estado de hipoxia cerebral y tambi\u00e9n por medio del consumo de peyote, el famoso cactus psic\u00f3tropo pero, en cambio, la m\u00fasica no parec\u00eda jugar un papel demasiado importante. En sentido contrario, entre los Zu\u00f1i se desconoc\u00edan gen\u00e9ricamente tales pr\u00e1cticas violentas, y el trance ext\u00e1tico se obten\u00eda por medio de su danza sagrada, dominada por la exactitud de una pauta bien reglada. As\u00ed, y al margen de su inter\u00e9s por la b\u00fasqueda de patrones culturales coherentes con el tipo de personalidad dominante, Benedict mostr\u00f3 como cada una de estas etnias se hab\u00eda especializado coherentemente en tales formas particulares de expresi\u00f3n en todos sus campos e instituciones culturales a partir de la forma de acceder al estado ext\u00e1tico: fuera por medio de ente\u00f3genos en el caso de los dionis\u00edacos indios de los llanos y de los Penitentes, fuera por medio de una danza altamente formalizada en el caso de los apol\u00edneos Zu\u00f1i.<\/p>\n<p>La gran pregunta a formular, pues, ha de ser tan llana como \u00bfse trata de una relaci\u00f3n fisiol\u00f3gica (vibraciones sonoras, empat\u00eda de ritmos end\u00f3genos y ex\u00f3genos, estimulaci\u00f3n de alguna desconocida parte del SNC o del cerebro directamente&#8230;)? \u00bfo bien se trata de un puro entrenamiento cultural? Estos interrogantes, formulados aproximadamente en estos mismos t\u00e9rminos disyuntivos, han sido ya planteados a menudo durante la historia de la humanidad. Plat\u00f3n atribu\u00eda el estado de trance ext\u00e1tico a un efecto directamente asociado al sonido del aulos (el famoso instrumento de doble leng\u00fceta, predecesor del actual oboe), en tanto que Arist\u00f3teles lo atribu\u00eda al modo musical frigio (el primer modo antiguo de la m\u00fasica griega cl\u00e1sica, que consist\u00eda en una escala descendente que comenzaba y acababa en re y que se apreciaba por producir una exaltaci\u00f3n parox\u00edstica antes de los ataques guerreros). Es decir, en tanto que el primero lo atribu\u00eda a una causa f\u00edsica, el segundo apostaba por una causa cultural. Pasan las \u00e9pocas, es muy probable que el tema se siguiera discutiendo y en el siglo XII hallamos al \u00e1rabe Ghazz\u00e2l\u00ee quien intent\u00f3 demostrar que la causa final del trance ext\u00e1tico radica en la propia f\u00edsica del sonido, y para ello usaba de argumento el caso de los pastores de dromedarios que, dicen, con sus c\u00e1nticos consegu\u00edan dormir a sus animales de joroba \u00fanica (citado por ROUGET, 1980). Siguieron pasando los siglos y la pregunta en cuesti\u00f3n segu\u00eda abierta y siendo blanco de inter\u00e9s de diversos pensadores y fil\u00f3sofos. Durante la \u00e9poca del Renacimiento, los poetas y m\u00fasicos de la Pl\u00e9yade afirmaban con total seguridad que la causa que produc\u00eda los buscados efectos ext\u00e1ticos era la uni\u00f3n de m\u00fasica y poes\u00eda, con lo cual se acercaron b\u00e1sicamente a las propuestas actuales en el sentido de una explicaci\u00f3n de car\u00e1cter sist\u00e9mico. M\u00e1s adelante fue el pensador y escritor J.J. Rousseau quien se pronunci\u00f3 categ\u00f3ricamente en contra del poder de los sonidos (despu\u00e9s de meditarlo largamente, seg\u00fan apunta G. Rouget). Pasan los siglos y en la d\u00e9cada de los mil novecientos sesenta, el investigador norteamericano en neurofisiolog\u00eda Andrew Neher afirma haber demostrado todo lo contrario; es decir, que la causa real de la relaci\u00f3n que aparece universalmente entre la m\u00fasica y el trance ext\u00e1tico ser\u00eda de car\u00e1cter neurofisiol\u00f3gico, por tanto de nuevo una causa f\u00edsica. A. Neher afirma como conclusi\u00f3n de sus trabajos que la estimulaci\u00f3n r\u00edtmica afecta directamente la actividad bioel\u00e9ctrica de: &#8220;muchas zonas sensorias y motoras del cerebro, zonas que no est\u00e1n normalmente afectadas debido a sus conexiones con la zona sensorial que es estimulada&#8221; (NEHER, 1962;153) y que ello es posible, seg\u00fan este autor, porque los receptores auditivos de baja frecuencia son m\u00e1s resistentes a los da\u00f1os que los delicados receptores de alta frecuencia (ibid., 1961; 449-451). Esta explicaci\u00f3n y trabajos han sido a menudo recurridos por otros autores m\u00e1s human\u00edsticos como &#8220;prueba&#8221; de sus tesis; no obstante, tal afirmaci\u00f3n de Neher tiene, probablemente, parte de verdad \u0097y solo parte\u0097 ya que otros trabajos experimentales apoyan parcialmente esta propuesta causal, aunque ninguno de ellos excluye que haya otras explicaciones m\u00e1s integradoras del fen\u00f3meno como, de hecho, necesariamente las ha de haber. En este sentido, Wolfgang Jilek, el conocido etnopsiquiatra residente en Canad\u00e1, describi\u00f3 como en el sonido de los tambores de piel de ciervo que usan los salish en sus ritos inici\u00e1ticos y ext\u00e1ticos, dominan las frecuencias bajas de 4 a 7 ondas por segundo (JILEK, 1974;74-75), que es la misma frecuencia de las llamadas ondas theta ( z ) en los electroencefalogramas (EEG). A partir de mis propios trabajos de campo he verificado que, efectivamente, bajo el efecto de la substancia visionaria ayahuasca, de extendid\u00edsimo uso en los pueblos ind\u00edgenas de la Alta Amazonia para inducirse estados ext\u00e1ticos con fines cham\u00e1nicos, las ondas bioel\u00e9ctricas que m\u00e1s activadas se observan en el cerebro a partir de registros de EEG son las theta (FERICGLA 1997). No obstante todo ello, el extendido uso de t\u00edmpanos y de otros instrumentos que producen sonidos medios y agudos con las mismas finalidades ext\u00e1ticas en otras culturas, contradice y pone en evidencia la, como m\u00ednimo parcial, falsedad de la anterior afirmaci\u00f3n: las ondas de baja frecuencia pueden tener alg\u00fan relaci\u00f3n f\u00edsica con los tr\u00e1nsitos ext\u00e1ticos, pero no pueden ser la causa.<\/p>\n<p>Por otro lado, el antrop\u00f3logo M. J. Herskovits defendi\u00f3 una explicaci\u00f3n cultural a los trances ext\u00e1ticos. Herskovits propuso la hip\u00f3tesis de los reflejos condicionados por el proceso de enculturaci\u00f3n como causa \u00faltima. En este sentido y desde el punto de vista de la investigaci\u00f3n cient\u00edfica, parece sospechoso que los investigadores del \u00e1mbito de la biolog\u00eda defiendan causas biol\u00f3gicas en tanto que los cient\u00edficos del lado de las humanidades lo hagan arrimando el agua a su molino disciplinar, y que ambas familias de cient\u00edficos hallen argumentos para defender sus posturas. Tal paradoja deber\u00eda, de entrada, animar a dirigir la atenci\u00f3n hacia alg\u00fan nuevo tipo de paradigmas explicativos de car\u00e1cter m\u00e1s hol\u00edstico.<\/p>\n<p>Otro ejemplo de ello lo tenemos en el antrop\u00f3logo franc\u00f3fono R. Bastide, quien a\u00f1os m\u00e1s tarde recogi\u00f3 la antorcha de su predecesor pero llev\u00e1ndola a terrenos menos comprometidos y m\u00e1s generales, afirmando que la m\u00fasica tiene una especial capacidad para estimular vivencias emocionales dentro de una situaci\u00f3n global, de acuerdo a los valores culturales de cada sujeto, sin definirse m\u00e1s. Por otro lado, el tambi\u00e9n franc\u00e9s Alain Dani\u00e9lou, a quien G. Rouget califica entrecomilladamente &#8220;etnomusic\u00f3logo de reputaci\u00f3n mundial&#8221;, afirma en el n\u00famero del Correo de la UNESCO de octubre del a\u00f1o 1975 (&#8220;M\u00fasiques et dances d\u0092extase&#8221;) que en todo el mundo se usan ritmos impares \u0097 de 5, 7 o de 11 tiempos\u0097 para inducir los estados de trance ext\u00e1tico. A. Dani\u00e9lou dice que las m\u00fasicas con ritmos pares \u0097de 4 o de 8 tiempos\u0097 no tienen la menor capacidad hipn\u00f3tica. No es preciso rebuscar mucho en las arcas de la etnomusicograf\u00eda para dar con una pir\u00e1mide de ejemplos de campo que contradicen tal afirmaci\u00f3n, ya que hallamos trances inducidos o conducidos por m\u00fasicas de ritmo binario (por ejemplo, la de los grupos jibaroanos o la mayor\u00eda de los himnos cantados por las Iglesias Daimistas), e incluso con una m\u00e9trica muy irregular o casi indefinible (como es el caso de la m\u00fasica cham\u00e1nica de los innuit).<\/p>\n<p>Otro caso similar es del antrop\u00f3logo norteamericano Michael Harner, quien basa sus afirmaciones en su propio trabajo de campo y en las investigaciones de su compatriota ya citado, A. Neher. Las propuestas y afirmaciones de M. Harner rayan el chiste cuando propone seriamente un m\u00e9todo sencillo para inducirse un trance cham\u00e1nico (o lo que \u00e9l llama &#8220;estado de consciencia cham\u00e1nico&#8221;, ECC): &#8220;El tambor y la maraca son instrumentos b\u00e1sicos para entrar en ECC. El cham\u00e1n suele limitar el uso de su tambor y de su maraca para evocar y mantenerse en el ECC, y as\u00ed su inconsciente los asocia autom\u00e1ticamente con actividades cham\u00e1nicas serias. El sonido inicial r\u00edtmico y mon\u00f3tono de la maraca y del tambor (&#8230;) es una se\u00f1al para que el cerebro vuelva al ECC&#8221; (HARNER, 1987;83). En otro fragmento del mismo libro da las indicaciones espec\u00edficas para adentrarse en el trance cham\u00e1nico, que consisten en tumbarse c\u00f3modamente y visualizar mentalmente alguna abertura que el sujeto haya visto con anterioridad en el mundo f\u00edsico (una cueva, el tronco hueco de alg\u00fan \u00e1rbol, etc.). Entonces: &#8220;pida a su compa\u00f1ero que empiece a tocar el tambor, alto, a un ritmo r\u00e1pido y uniforme. No debe haber ruptura del ritmo ni cambio alguno en la intensidad de los golpes; de unos 205 a 220 golpes por minuto producen, normalmente, los efectos deseados. Calcule que tiene unos diez minutos para hacer el viaje. Indique a su compa\u00f1ero que, transcurridos los diez minutos, debe golpear fuerte el tambor cuatro veces para avisarle de que es hora de volver. Inmediatamente despu\u00e9s, su ayudante debe tocar el tambor a un ritmo muy r\u00e1pido durante medio minuto para guiarle en el viaje de vuelta, y acabar con cuatro golpes secos m\u00e1s como se\u00f1al de que el experimento ha concluido.&#8221; (ibid.;61). M. Harner no acaba de explicitar en su texto si el &#8220;estado de consciencia cham\u00e1nico&#8221; es de car\u00e1cter ext\u00e1tico o de otro tipo, pero lo incluyo aqu\u00ed porque lo m\u00e1s generalizado es referirse a ello como substituci\u00f3n de la expresi\u00f3n trance cham\u00e1nico, y en el mismo libro este antrop\u00f3logo norteamericano lo da a entender de diversas formas. Si me he alargado m\u00e1s en este ejemplo es porque se trata de una buena ilustraci\u00f3n de extremo simplismo anal\u00edtico, adem\u00e1s de responder a ciertas modas New Age t\u00edpicas del final del siglo XX en los EE.UU. y caracterizadas por su lenguaje pseudocient\u00edfico. Es decir, podr\u00eda ser considerado otra forma distinta de manifestarse fenom\u00e9nicamente el inter\u00e9s perenne de la humanidad hacia tales experiencias subjetivas. En el ejemplo citado, Harner lo expone con un lenguaje de car\u00e1cter &#8220;cient\u00edfico&#8221; (escribe sobre ello como antrop\u00f3logo, aludiendo a investigaciones neurol\u00f3gicas, etc.) y dando un valor al trance ext\u00e1tico carente de todo sentido religioso (ser\u00eda divertido poder observar a Sta. Teresa de Jes\u00fas con su experiencia m\u00edstica como resultado del incuestionable amor hacia Dios ante la propuesta pagana y pre\u00f1ada de pragmatismo de M. Harner).<\/p>\n<p>Podr\u00eda alargarme bastante m\u00e1s con otros ejemplos contrapuestos con teor\u00edas que proponen la causalidad del \u00e9xtasis en uno u otro de los elementos que forman la extra\u00f1a pareja (m\u00fasica\/trance), pero hasta aqu\u00ed es suficiente como ilustraci\u00f3n. Hablando con rigor anal\u00edtico, uno se da cuenta de que la variedad de los hechos es tan extraordinariamente extensa que no admite reduccionismos mecanicistas ni una explicaci\u00f3n \u00fanica. La \u00fanica certeza posible que soporta cualquier an\u00e1lisis, es la de que no hay un ritmo ni una m\u00fasica espec\u00edfica en relaci\u00f3n al trance, y que adem\u00e1s tampoco existe una \u00fanica expresi\u00f3n fenom\u00e9nica del \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>Sin duda, la forma y expresi\u00f3n que adquiere una experiencia de trance entre un lama tibetano o de un monje japon\u00e9s practicante de za-zen, un seguidor de los ritos africanos de posesi\u00f3n, o un adolescente europeo que baila durante horas en una discoteca al ritmo de &#8220;m\u00fasica trance&#8221; despu\u00e9s de haber ingerido algunas pastillas de &#8220;\u00e9xtasis&#8221; (y no es solo metaf\u00f3rico el uso moderno y paganizado de estos t\u00e9rminos en la subcultura juvenil), estas variadas experiencias ext\u00e1ticas tienen elementos en com\u00fan y otros que las alejan.<\/p>\n<p>IV<\/p>\n<p>As\u00ed, para acabar voy a exponer una clasificaci\u00f3n de las diferencias y similitudes que se pueden apreciar en la relaci\u00f3n existente entre los diversos tipos de trance ext\u00e1tico y las m\u00fasicas implicadas, en base a mi propia experiencia personal y de campo.<\/p>\n<p>IV.1<br \/>\nSimilitudes<\/p>\n<p>a) El trance ext\u00e1tico siempre lleva inherente una enorme carga emocional, sea cual fuere el sentido con que es vivido (sentido m\u00edstico-religioso, cham\u00e1nico-curativo, de posesi\u00f3n, etc.), y son muchas las expresiones que hallamos para referirse a ello (los m\u00edsticos cristianos hablan de &#8220;amor&#8221;, los posesos afrobrasile\u00f1os de &#8220;arrebato&#8221;, los chamanes amaz\u00f3nicos shuar de tsentsak o &#8220;flechas m\u00e1gicas&#8221; que unen las personas, etc.). En este sentido, C.G. Jung puso de relieve que el ritmo repetitivo, cualquiera que sea la forma en que se manifiesta, es uno de los caminos para despertar la emotividad. De ah\u00ed que, por ejemplo, una caracter\u00edstica de ciertos neur\u00f3ticos sea la de apagar sus cigarrillos en el cenicero aplast\u00e1ndolos repetidamente, o que ciertas psicopatolog\u00edas relacionadas con grandes bloqueos emocionales lleven al sujeto a estar durante horas sumido en un movimiento r\u00edtmico. Con ello se pondr\u00eda de manifiesto que cualquier m\u00fasica, pues, en principio deber\u00eda ser adecuada para el trance m\u00edstico tan solo con que tenga un ritmo intenso y marcado y, efectivamente, muchas de las m\u00fasicas usadas entre los pueblos ind\u00edgenas siberianos, amerindios, extremo-orientales o africanos son piezas de variada tesitura r\u00edtmica, pero que tienen en com\u00fan su larga duraci\u00f3n, su repetitividad y monoton\u00eda que a menudo solo es rota por un in crescendo que conduce desde una pauta r\u00edtmica base, a la misma pauta pero acelerada. Adem\u00e1s de ello y por razones f\u00edsicas, podr\u00edamos a\u00f1adir que el ritmo probablemente es mejor asimilado si es producido por instrumentos que den un sonido grave, con una frecuencia de 4 a 7 ondas\/seg., pero ello no es imprescindible (durante mi experiencia de trabajo de campo con chamanes shuar y achuara, pude experimentar en diversas ocasiones tales trances ext\u00e1ticos de car\u00e1cter cham\u00e1nico y siempre fueron acompa\u00f1ados o puntuados por un sonido agudo y r\u00edtmico proveniente de una peque\u00f1a gavilla de ramas zarandeadas). Por otro lado, esta profunda carga afectiva que acompa\u00f1a y caracteriza todo trance ext\u00e1tico, explicar\u00eda el hecho de que el brujo, cham\u00e1n, m\u00edstico, poseso, etc. sea casi siempre un individuo fr\u00e1gil, enfermizo y especialmente muy sensible desde el punto de vista emocional, a menudo se le permite la homosexualidad y otras caracter\u00edsticas propias de una inversi\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>cool.gif como consecuencia del ep\u00edgrafe anterior, se puede fijar como segundo factor similar en todos los trances ext\u00e1ticos, el tr\u00e1nsito emocional desde el dolor a la plenitud beat\u00edfica que suele vivirse por parte de los individuos que dicen acceder a tales estados. En un primer paso, el tr\u00e1nsito hacia la experiencia ext\u00e1tica es una vivencia psicol\u00f3gicamente (y a veces incluso f\u00edsicamente) dolorosa (el &#8220;descuartizamiento&#8221; a que se ve sometido el ego cotidiano y que es visualizado en los procesos inici\u00e1ticos cham\u00e1nicos con esta mismas expresiones; sobre ello ver la magn\u00edfica obra de ELIADE, 1982), lo cual sirve de motivo a los chamanes y hechiceros amaz\u00f3nicos para cobrar a sus cong\u00e9neres, aunque se trate de la voluntad, por el dolor de deben atravesar antes de acceder a los estados modificados de la consciencia que les ha de permitir curar. La misma expresi\u00f3n dolorosa se halla en textos de los m\u00edsticos cristianos, act\u00faa de objetivo negativo a superar en el budismo oriental, y se reconoce como una de los indicadores del pr\u00f3ximo &#8220;encabalgamiento&#8221; de que ha de ser objeto un poseso afrocubano. No obstante, este dolor ps\u00edquico como primera fase que hay que atravesar desemboca en un gozo desbordante y en una profunda apreciaci\u00f3n est\u00e9tica de la realidad, de ah\u00ed &#8220;los cantos bell\u00edsimos&#8221;, &#8220;los seres hermos\u00edsimos&#8221; y dem\u00e1s expresiones usuales para referirse a lo percibido durante el \u00e9xtasis.<\/p>\n<p>c) en tercer lugar, tambi\u00e9n se trata de algo universal el hecho de que la m\u00fasica act\u00faa de est\u00edmulo-gu\u00eda durante el trance cham\u00e1nico. La m\u00fasica es el mejor y probablemente \u00fanico referente externo que, cual hilo de Ariadna, gu\u00eda al sujeto ext\u00e1tico durante la excursi\u00f3n ps\u00edquica por las consciencias dial\u00f3gicas. Los casos que m\u00e1s discusi\u00f3n han generado sobre el tema son aquellos en que se afirma que la m\u00fasica &#8220;induce&#8221; por s\u00ed misma el trance ext\u00e1tico. Creo poder afirmar que la m\u00fasica per se nunca provoca el trance aunque lo parezca desde el exterior. En realidad, es correcto partir de la premisa de que existe una predisposici\u00f3n gen\u00e9tica o innata para entrar en estas consciencias alternativas (no se ha hallado el juego sin\u00e1ptico que lo explicar\u00eda desde un punto de vista neurofisiol\u00f3gico, pero la universalidad del fen\u00f3meno permite tal inferencia sobre una base bastante segura), y cada individuo tiene mayor o menor predisposici\u00f3n innata a ello, de la misma forma que hay personas que pueden correr m\u00e1s veloz o que son m\u00e1s afinadas de o\u00eddo que otras, habiendo recibido una enculturaci\u00f3n similar. En este sentido, hay sujetos que parecen tener una especial predisposici\u00f3n para el trance ext\u00e1tico y buscan con mayor intensidad que otros la forma de cultivar su imaginer\u00eda mental y el mundo de exaltaci\u00f3n \u00edntima y emocional que es la materia prima de tales consciencias alternativas. Es entonces, a partir del proceso de enculturaci\u00f3n espec\u00edfica, que efectivamente entra en juego la eficacia de lo simb\u00f3lico, y tal vez el sonido de un tambor ritual por s\u00ed mismo ya es capaz de activar el recuerdo de tales experiencias en el sujeto entrenado, al estilo de la campanilla y el perro de Pavlov, pero no por ello debe atribuirse a la m\u00fasica la capacidad intr\u00ednseca de inducir trances ext\u00e1ticos. Repito, la m\u00fasica, cualquiera que sea la forma que adquiera en las tradiciones de cada pueblo, es la gu\u00eda exterior que permite al sujeto ext\u00e1tico mantenerse con la consciencia despierta al mundo interior pero sin perderse en la dimensi\u00f3n del imaginario activado. Cuando ello sucede, en nuestras sociedades hablamos de locura como forma de patolog\u00eda, y tambi\u00e9n es algo ya conocido y aceptado que el cham\u00e1n tribal o el m\u00edstico cristiano son individuos salvados del peligro de caer en manos de la locura porque est\u00e1n acostumbrados a jugar con ella. M. Eliade afirma que el cham\u00e1n tribal puede curar las enfermedades de sus cong\u00e9neres porque \u00e9l mismo ha pasado por la locura y se ha curado desde dentro, con lo cual es el sujeto que conoce la &#8220;teor\u00eda&#8221; de la enajenaci\u00f3n por propia experiencia. Por tanto, concluyo que la m\u00fasica tiene un papel similar en toda forma de trance ext\u00e1tico como gu\u00eda perceptual ex\u00f3gena al propio sujeto, pero que por s\u00ed misma no puede actuar estimulando el trance m\u00e1s que cuando antes ha habido un proceso de condicionamiento o cuando se trata, en casos extremos, de sujetos especialmente proclives a entrar en tales mundos dial\u00f3gicos.<\/p>\n<p>d) El cuarto factor de similitud en todo trance ext\u00e1tico es la existencia de un elemento cat\u00e1rtico de car\u00e1cter f\u00edsico: uso de psic\u00f3tropos, respiraciones que conducen a la hipoxia, saturaci\u00f3n perceptual o deprivaci\u00f3n sensorial, r\u00edgidos ayunos, etc. Habitualmente se ha obviado este elemento f\u00edsico por no estar relacionado con la m\u00fasica como tal, pero sin duda es la clave que permite comprender los procesos biol\u00f3gicos del \u00e9xtasis. Seg\u00fan los trabajos de E. Bourguingon que he citado anteriormente, en la inmensa mayor\u00eda de pueblos ex\u00f3ticos se consumen substancias psic\u00f3tropas o ente\u00f3genas de forma consensuada y casi siempre hallamos esta consumo asociado a ritos ext\u00e1ticos o inici\u00e1ticos; los griegos cl\u00e1sicos utilizaban el hongo par\u00e1sito Panaeolus papilionaceus, rico en ergotamina y precedente del famoso LSD-25, como ingrediente b\u00e1sico del pan que distribu\u00edan entre los participantes en los conocidos ritos mist\u00e9ricos y secretos de car\u00e1cter oracular; tambi\u00e9n los cantos gregorianos disfrutan de un doble componente ext\u00e1tico: por un lado est\u00e1 el contenido sem\u00e1ntico de los salmos y textos cantados que act\u00faa en el sentido de la eficacia de lo simb\u00f3lico, y por otro lado se halla el tema del control de la respiraci\u00f3n a que obliga la ejecuci\u00f3n del canto gregoriano. Se trata de notas largas, cuyo primer resultado desde el punto de vista fisiol\u00f3gico en un hipoxia cerebral (una ca\u00edda de ox\u00edgeno en el cerebro), lo cual no es peligroso desde el punto de vista patol\u00f3gico pero s\u00ed que induce a experiencias de tipo ext\u00e1tico que posterior o sincr\u00f3nicamente a los cantos modulan y dirigen hacia una determinada direcci\u00f3n (por ejemplo, entender tal experiencia como de uni\u00f3n m\u00edstica con la divinidad).<\/p>\n<p>e) la funci\u00f3n adapt\u00f3gena de todo estado de trance ext\u00e1tico es la \u00faltima de las similitudes observadas. En casi ninguna cultura se anima a los individuos a esforzarse y sufrir en el transitar hacia el \u00e9xtasis si no es con alg\u00fan motivo expl\u00edcito. El motivo suele tener relaci\u00f3n con la respuesta o la b\u00fasqueda de soluciones a eventos psicol\u00f3gicos o materiales, pero siempre claramente definidos. Por ejemplo, la ayahuasca, mixtura ente\u00f3gena de los ind\u00edgenas amaz\u00f3nicos, es llamada Santo Daime por las iglesias sincr\u00e9ticas brasile\u00f1as cuya principal caracter\u00edstica es el realizar el acto de la comuni\u00f3n con un aut\u00e9ntico sacramento \u0097en lugar de hacerlo con un placebo\u0097 que induce la vivencia ext\u00e1tica, codificada como el contacto con la divinidad. Sto. Daime, en portugu\u00e9s, literalmente significa &#8220;Santo Dame&#8221;, porque los seguidores de tales religiones entienden que se debe consumir Daime, una forma de ayahuasca, con alguna finalidad expl\u00edcita, para resolver alg\u00fan conflicto o para pedir algo. En este sentido, se puede afirmar que la b\u00fasqueda de soluciones adaptativas por medio del \u00e9xtasis es un recurso adaptativo universal (el cham\u00e1n es quien regula su comunidad tribal, el m\u00edstico es quien ordena y decide a partir de los mensajes recibidos o de su verdad revelada, etc.).<\/p>\n<p>IV.2<br \/>\nDivergencias<\/p>\n<p>a) la principal diferencia entre los distintos estados de trance ext\u00e1tico radica en el objetivo que mueve a cada sujeto para acercarse a tales experiencias. As\u00ed, es cada sociedad la que, por medio de sus ideales culturales, modula la finalidad que atrae hacia la experiencia ext\u00e1tica, y es a ra\u00edz de tal variedad de formas culturales y de finalidades expl\u00edcitas que var\u00eda la manifestaci\u00f3n fenom\u00e9nica del trance ext\u00e1tico. Es decir, se trata de una experiencia en cierta forma \u00fanica para toda la humanidad que se vive condicionada por los valores culturales concretos de cada sociedad. Para poner un paralelismo ilustrativo: todo ser humano come, ingiere nutrientes para poder vivir, pero la experiencia del comer est\u00e1 totalmente condicionada por los valores y finalidades culturales (qu\u00e9 comer, cu\u00e1ndo, en qu\u00e9 postura, en compa\u00f1\u00eda de qui\u00e9n se puede comer y de qui\u00e9n no, el rito o ausencia de ritualidad que envuelve el acto de ingerir alimentos, etc.), lo cual desemboca en un amplio abanico de posibilidades fenom\u00e9nicas en cuanto al hecho \u00fanico de ingerir alimentos. En este sentido, pues, se puede realizar la siguiente divisi\u00f3n general de finalidades y de manifestaciones del trance ext\u00e1tico:<\/p>\n<p>a.1.- trance cham\u00e1nico: la finalidad b\u00e1sica y explicitada universalmente es la videncia dirigida a la b\u00fasqueda de respuestas pragm\u00e1ticas (a una irregularidad clim\u00e1tica, a un conflicto social&#8230;) y la curaci\u00f3n de enfermedades.<\/p>\n<p>a.2.- samhadi o \u00e9xtasis budista: la finalidad es el autodescubrimiento y la liberaci\u00f3n de las cadenas de deseos generadores del sufrimiento como caracter\u00edstica cuasi esencial de la vida humana.<\/p>\n<p>a.3.- \u00e9xtasis cristiano o teresiano, cuya \u00faltima finalidad es la uni\u00f3n m\u00edstica y amorosa con la divinidad, por medio de la cual el sujeto tiene una experiencia directa e integradora de Dios, busca respuestas a sus interrogantes trascendentes y a veces tambi\u00e9n a cuestiones pragm\u00e1ticas.<\/p>\n<p>a.4.- trance de posesi\u00f3n: la finalidad es que el sujeto que act\u00faa de m\u00e9dium sea pose\u00eddo, &#8220;cabalgado&#8221; o &#8220;montado&#8221;, por la correspondiente divinidad, sea ben\u00e9fica o mal\u00e9fica, para acceder a mundos superiores y a informaci\u00f3n \u00fatil para la vida cotidiana.<\/p>\n<p>a.5.- trance terap\u00e9utico: se resumir\u00eda en la explotaci\u00f3n de la posibilidad que da este estado de dialogismo cognitivo para analizar, llevar a la consciencia y &#8220;deshacer&#8221; los nudos gordianos que se producen en nuestras formas de percibir y pensar la realidad, en el sentido de objetivar el origen de pautas de conducta y actitudes negativas para corregirlas. De ah\u00ed el extenso uso de la MDMA (popularmente llamada &#8220;\u00e9xtasis&#8221;) en \u00e1mbitos psicoterap\u00e9uticos hasta que se prohibi\u00f3 su uso y distribuci\u00f3n atendiendo a razones de car\u00e1cter pol\u00edtico y no sanitario (no existe un solo informe v\u00e1lido sobre la peligrosidad de tal meta-anfetamina que haya resistido un segundo examen de laboratorio; ver el exhaustivo resumen de su historia en CAPDEVILA, 1995). En la d\u00e9cada de los a\u00f1os 1950 a 1960 hubo numerosos especialistas en psicoterapia que dise\u00f1aron m\u00e9todos para acceder a tales estados de consciencia modificada por medio del uso de psic\u00f3tropos y\/o con ayuda de la m\u00fasica.<\/p>\n<p>a.6.- trance l\u00fadico: creo que solo practicado en nuestras sociedades occidentales actuales en las discotecas o fuera de ellas. Su finalidad no es la trascendencia ni la adaptaci\u00f3n en ning\u00fan sentido expl\u00edcito, sino que es la b\u00fasqueda del placer que conlleva el hecho de experimentar la amplificaci\u00f3n emocional que es caracter\u00edstica b\u00e1sica del trance ext\u00e1tico y que rompe los bloqueos psicol\u00f3gicos cotidianos; ser\u00eda una trance sin finalidad, simplemente autoremunerativo. De ah\u00ed, la vacuidad cognitiva que caracteriza a los adolescentes y j\u00f3venes de MDMA (o los derivados m\u00e1s t\u00f3xicos que se suelen adquirir en el mercado negro) cuando consumen excesivamente este psic\u00f3tropo sint\u00e9tico: el problema ah\u00ed estar\u00eda en la falta de una finalidad que oriente tal experiencia cumbre.<\/p>\n<p>Para cerrar, despu\u00e9s de haber realizado una peque\u00f1a excursi\u00f3n por los argumentos dados a lo largo de la historia para defender la f\u00edsica de la m\u00fasica como impulsor directo del trance ext\u00e1tico o, en sentido contrario, para defender el condicionamiento adquirido como causa \u00faltima de ello, acabar\u00e9 como dijo Goethe en referencia a la diversidad de credos religiosos de su \u00e9poca: estoy de acuerdo con todas las afirmaciones que proponen una causa al fen\u00f3meno analizado, pero estoy es desacuerdo con todas las negaciones que hacen los investigadores revisados.<\/p>\n<p>1. La Pl\u00e9yade es el nombre que recibi\u00f3 una famosa escuela po\u00e9tica francesa de mediados del siglo XVI, agrupada entorno de Rostand. Lo que principalmente un\u00eda a sus miembros era un fuerte deseo de renovar la poes\u00eda francesa ante la escuela y propuestas de Marot. Su inter\u00e9s estil\u00edstico y tem\u00e1tico radicaba en un retomar el clasicismo, de aqu\u00ed las renovadas discusiones sobre el origen del trance ext\u00e1tico ya que, si bien en la Francia renacentista ello tiene un inter\u00e9s relativo, no se puede olvidar que en el mundo griego cl\u00e1sico las experiencias ext\u00e1ticas ocupaban un lugar de primer\u00edsimo orden cultural tanto en forma oracular (Samotracia, Eleusis) como en forma de rito inici\u00e1tico que todo adulto deb\u00eda pasar por lo menos una vez en la vida. Tanto Plat\u00f3n, como probablemente tambi\u00e9n Arist\u00f3teles, fueron inciados en los misterios ext\u00e1ticos en el tempo de Eleusis.<\/p>\n<p>Bibliograf\u00eda citada:<\/p>\n<p>ANDLER, Daniel (ed.), 1992, Introduction aux sciences cognitives, ediciones Gallimard, Par\u00eds.<\/p>\n<p>BATESON, Gregory, 1993, Una unidad sagrada. Pasos ulteriores hacia una ecolog\u00eda de la mente, Gedisa, Barcelona.<\/p>\n<p>BENEDICT, Ruth, 1934, &#8220;Anthropology and the Abnormal&#8221;, en J. Gen. Psychol., 10, p\u00e1gs. 59-82.<\/p>\n<p>CAPDEVILA, Marc, 1995, MDMA o el \u00e9xtasis qu\u00edmico, col. Cogniciones, n\u00fam. 4, Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona.<\/p>\n<p>ELIADE, Mircea, 1982, El chamanismo y las t\u00e9cnicas arcaicas del \u00e9xtasis, FCE, M\u00e9xico.<\/p>\n<p>FERICGLA, Josep M\u00aa, 1993, &#8220;\u00bfAlucin\u00f3genos o adapt\u00f3genos inespec\u00edficos? Propuesta te\u00f3rica para una innovaci\u00f3n del estudio de los mecanismos cognitivos de adaptaci\u00f3n cul tural&#8221;, en Revista de Antropolog\u00eda Social, n\u00ba 2, ed. Universidad Complutense, Dep. de Antroplog\u00eda Social, Madrid, p\u00e1g. 167-183.<\/p>\n<p>FERICGLA, Josep M\u00aa (ed.), 1994, Plantas, chamanismo y estados de consciencia, Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona.<\/p>\n<p>FERICGLA, Josep M\u00aa, 1997, Al trasluz de la ayahuasca. Antropolog\u00eda cognitiva, oniroman- cia y consciencias alternativas, Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona.<\/p>\n<p>HARNER, Michael, 1987, La senda del Cham\u00e1n, col. El comp\u00e1s de Oro, n\u00fam. 15, ed. Swan, Madrid.<\/p>\n<p>JILEK, Wolfgang, 1974, Salish Indian Mental Health and Culture Change, Toronto and Montreal: Holt, Rinehart and Winston, Canad\u00e1.<\/p>\n<p>NEHER, Andrew, 1961, &#8220;Auditory Driving Observed with Scalp Electrodes in Normal Subjects&#8221;, en Electroencephalography and Clinical Neurophysiology, vol. 13 (3): 449-451, N.Y.<\/p>\n<p>NEHER, Andrew, 1962, &#8220;A Physiological Explanation of Unusual Behavior in Ceremonies Involving Drums&#8221;, en Human Biology, vol. IV, 34 (2), 151-160<\/p>\n<p>NOLL, Richard, 1985, &#8220;Mental Imagery Cultivation as a Cultural Phenomenon:The Role of Visions in Shamanism&#8221;, en Current Anthropology, vol. 26, pp. 443-461.<\/p>\n<p>OTT, Jonathan, 1996 b, &#8220;Entheogens II: on Entheology and Entheobotany&#8221;, en Journal of Psychoactive Drugs, Vol. 28(2), abril-junio, p\u00e1g. 205 a 209, EE.UU.<\/p>\n<p>ROUGET, Gilbert, 1980, La musique et la transe, Biblioth\u00e8que des Sciences Humaines, Ed. Gallimard, Par\u00eds.<\/p>\n<p>WATZLAWICK, Paul, 1995, El sentido del sinsentido, Herder, Barcelona.<\/p>\n<p>Dr. Josep M\u00aa Fericgla<br \/>\nUniversidad de Salamanca<br \/>\nInstitut de Prospectiva Antropol\u00f2gica <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La relaci\u00f3n entre la m\u00fasica y el trance ext\u00e1tico fericgla.gif (4735 bytes) Dr. Josep M\u00aa Fericgla Nuestro gran fil\u00f3sofo Bertrand Russell a menudo apuntaba que uno de los errores m\u00e1s frecuentes en la pr\u00e1ctica cient\u00edfica consiste en mezclar dos lenguajes que, para bien de todos, deber\u00edan mantenerse estrictamente separados. 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