{"id":3936,"date":"2009-03-27T20:03:11","date_gmt":"2009-03-27T20:03:11","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3936"},"modified":"2009-03-27T20:03:11","modified_gmt":"2009-03-27T20:03:11","slug":"el-mito-del-eterno-retorno-(fragmento)","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3936","title":{"rendered":"El mito  del eterno  retorno (fragmento)"},"content":{"rendered":"<p>MIRCEA ELIADE<br \/>\nEL MITO DEL ETERNO RETORNO<br \/>\nARQUETIPOS Y REPETICI\u00d3N<\/p>\n<p>Emec\u00e9 Editores<\/p>\n<p>Libera los Libros <\/p>\n<p>El mito del eterno retorno.<br \/>\n1a ed. &#8211; Buenos Aires : Emec\u00e9, 2001.<br \/>\nTraducci\u00f3n de: Ricardo Anaya<br \/>\nISBN 950-04-2220-4<br \/>\nT\u00edtulo original: Le mythe de I \u0091\u00e9ternel retour. Arch\u00e9types et r\u00e9p\u00e9tition<br \/>\nDise\u00f1o de tapa: Eduardo Ruiz<br \/>\nEn la tapa: El c\u00edrculo de los lujuriosos: Paolo y Francesco<br \/>\n(detalle) acuarela de William Blake, 1824.<br \/>\nPrimera reedici\u00f3n &#8211; 2\u00b0 impresi\u00f3n: 4.000 ejemplares<br \/>\nImpreso en Verlap S.A., Comandante Spurr 653, Avellaneda, marzo de 2001<br \/>\nIMPRESO EN LA ARGENTINA \/ PRINTED IN ARGENTINA<br \/>\nI.S.B.N.: 950-04-2220-4<\/p>\n<p>\u00cdndice<\/p>\n<p>PR\u00d3LOGO A LA EDICI\u00d3N FRANCESA 4<br \/>\nCAP\u00cdTULO PRIMERO 6<br \/>\nCAP\u00cdTULO II 32<br \/>\nCAP\u00cdTULO III 55<br \/>\nCAP\u00cdTULO IV 84<br \/>\nNotas 99<\/p>\n<p>A Tanzi y Brutus Coste, en recuerdo de nuestras veladas en el chalet Chaimite.<\/p>\n<p>PR\u00d3LOGO A LA EDICI\u00d3N FRANCESA<\/p>\n<p>Si no fuese por el temor a parecer demasiado ambiciosos, hubi\u00e9semos puesto a este libro como segundo subt\u00edtulo el siguiente: Introducci\u00f3n a una filosof\u00eda de la historia. Pues tal es, en definitiva, el sentido del presente ensayo; con la particularidad, sin embargo, de que, en lugar de proceder por el an\u00e1lisis especulativo del fen\u00f3meno hist\u00f3rico, interroga las concepciones fundamentales de las sociedades arcaicas que, pese a conocer tambi\u00e9n ciertas formas de \u0093historia\u0094, se esfuerzan por no tenerla en cuenta. Al estudiar esas sociedades tradicionales, un rasgo nos ha llamado principalmente la atenci\u00f3n: su rebeli\u00f3n contra el tiempo concreto, hist\u00f3rico; su nostalgia de un retorno peri\u00f3dico al tiempo m\u00edtico de los or\u00edgenes, al Tiempo Magno. El sentido y la funci\u00f3n de lo que hemos llamado \u0093arquetipos y repetici\u00f3n \u0093 s\u00f3lo se nos revelaron cuando comprendimos la voluntad de sus sociedades de rechazar el tiempo concreto, su hostilidad a toda tentativa de \u0093historia\u0094 aut\u00f3noma, es decir, de historia sin regulaci\u00f3n arquet\u00edpica. Este rechazo, esta oposici\u00f3n, no son simplemente, como lo prueba este libro, el efecto de las tendencias conservadoras de las sociedades primitivas. A nuestro parecer, estamos autorizados a ver en ese menosprecio de la historia, es decir, de los acontecimientos sin modelo transhist\u00f3rico, y en ese rechazo del tiempo profano, continuo, cierta valoraci\u00f3n metaf\u00edsica de la existencia humana. Pero esa valoraci\u00f3n no es, en ning\u00fan caso, la que tratan de dar ciertas corrientes filos\u00f3ficas poshegelianas, principalmente el marxismo, el historicismo y el existencialismo, desde el descubrimiento del \u0093hombre hist\u00f3rico\u0094, del hombre que es en la medida en que se hace a s\u00ed mismo en el seno de la historia.<br \/>\nEl problema de la historia, como tal, no ser\u00e1 empero abordado en forma primordial en este ensayo. Nuestro designio fundamental ha sido se\u00f1alar ciertas l\u00edneas de fuerzas maestras en el campo especulativo de las sociedades arcaicas. Nos ha parecido que una simple presentaci\u00f3n de esto \u00faltimo no carece de inter\u00e9s, sobre todo para el fil\u00f3sofo acostumbrado a hallar sus problemas y los medios de resolverlos en los textos de la filosof\u00eda cl\u00e1sica o en los casos que le presenta la historia espiritual de Occidente. Creemos desde hace tiempo que la filosof\u00eda occidental corre el peligro de tornarse \u0093provinciana\u0094: primero, por aislarse celosamente en su propia tradici\u00f3n e ignorar, por ejemplo, los problemas y las soluciones del pensamiento oriental; luego, por obstinarse en no reconocer m\u00e1s que las \u0093situaciones\u0094 del hombre de las civilizaciones hist\u00f3ricas, sin consideraci\u00f3n por la experiencia del hombre \u0093primitivo\u0094, dependiente de las sociedades tradicionales. Estimamos que la antropolog\u00eda filos\u00f3fica tendr\u00eda algo que aprender de la valoraci\u00f3n que el hombre presocr\u00e1tico (dicho de otro modo, el hombre tradicional) dio a su situaci\u00f3n en el Universo. Aun m\u00e1s: que los problemas cardinales de la metaf\u00edsica podr\u00edan experimentar una renovaci\u00f3n gracias al conocimiento de la antolog\u00eda arcaica. En varios trabajos anteriores, en particular en nuestro Tratado de Historia de las Religiones, hemos intentado presentar los principios de esa antolog\u00eda arcaica, sin pretender, ciertamente, haber conseguido dar una exposici\u00f3n siempre coherente, y menos a\u00fan exhaustiva.<br \/>\nMuy a pesar nuestro, el ensayo que va a leerse tampoco aportar\u00e1 dicha exposici\u00f3n exhaustiva. Como nos dirigimos tanto al fil\u00f3sofo como al etn\u00f3logo o al orientalista, pero sobre todo al hombre culto, al no especializado, a veces nos hemos visto obligados a resumir en f\u00f3rmulas sumarias lo que, tratado con amplitud y detalladamente, hubiese exigido un imponente volumen. Toda discusi\u00f3n profunda acarrear\u00eda un despliegue de citas de fuentes y un lenguaje t\u00e9cnico que desalentar\u00edan a muchos lectores. Ahora bien: nuestra preocupaci\u00f3n, m\u00e1s que comunicar a los especialistas una serie de comentarios al margen de sus propios problemas, era llamar la atenci\u00f3n del fil\u00f3sofo y del hombre culto en general sobre posibilidades espirituales que, aun cuando han sido superadas en numerosas regiones del globo, son instructivas para el conocimiento y la historia del hombre. Una consideraci\u00f3n del mismo orden ha hecho que limitemos a lo estrictamente necesario las referencias, las cuales a veces se reducen a una simple alusi\u00f3n. Un \u00edndice especial, al final del volumen, dar\u00e1 las indicaciones complementarias sobre ese punto.<br \/>\nComenzado en 1945, este ensayo s\u00f3lo pudo ser proseguido y acabado dos a\u00f1os despu\u00e9s. La traducci\u00f3n del manuscrito rumano se debe a los se\u00f1ores Jean Gouillard y Jacques Soucasse, a quienes dirigimos la expresi\u00f3n de nuestra gratitud. Una vez m\u00e1s, nuestro sabio colega y amigo Georges Dum\u00e9zil se tom\u00f3 el trabajo de leer la traducci\u00f3n en manuscrito y as\u00ed nos permiti\u00f3 corregir algunas inadvertencias.<br \/>\nM.E.<\/p>\n<p>CAP\u00cdTULO PRIMERO <\/p>\n<p>ARQUETIPOS Y REPETICI\u00d3N<\/p>\n<p>EL PROBLEMA<\/p>\n<p>En la mentalidad \u0093primitiva\u0094 o arcaica, los objetos del mundo exterior, tanto, por lo dem\u00e1s, como los actos humanos propiamente dichos, no tienen valor intr\u00ednseco aut\u00f3nomo. Una piedra ser\u00e1 sagrada por el hecho de que su forma acusa una participaci\u00f3n en un s\u00edmbolo determinado, o tambi\u00e9n porque constituye una hierofan\u00eda, posee mana, conmemora un acto m\u00edtico, etc\u00e9tera. El objeto aparece entonces como un recept\u00e1culo de una fuerza extra\u00f1a que lo diferencia de su medio y le confiere sentido y valor. Esa fuerza puede estar en su substancia o en su forma; transmisible por medio de hierofan\u00eda o de ritual. Esta roca se har\u00e1 sagrada porque su propia existencia es una hierofan\u00eda: incomprensible, invulnerable, es lo que el hombre no es. Resiste al tiempo, su realidad se ve duplicada por la perennidad. He aqu\u00ed una piedra de las m\u00e1s vulgares: ser\u00e1 convertida en \u0093preciosa\u0094, es decir, se la impregnar\u00e1 de una fuerza m\u00e1gica o religiosa en virtud de su sola forma simb\u00f3lica o de su origen: \u0093piedra de rayo\u0094, que se supone ca\u00edda del cielo; perla, porque viene del fondo del oc\u00e9ano. Ser\u00e1 sagrada porque es morada de los antepasados (India, Indonesia) o porque otrora fue el teatro de una teofan\u00eda (as\u00ed, el bethel que sirvi\u00f3 de lecho a Jacob) o porque un sacrificio, un juramento, la consagraron.1<br \/>\nPasemos ahora a los actos humanos, naturalmente a los que no dependen del puro automatismo; su significaci\u00f3n, su valor, no est\u00e1n vinculados a su magnitud f\u00edsica bruta, sino a la calidad que les da el ser reproducci\u00f3n de un acto primordial, repetici\u00f3n de un ejemplo m\u00edtico. La nutrici\u00f3n no es una simple operaci\u00f3n fisiol\u00f3gica; renueva una comuni\u00f3n. El casamiento y la org\u00eda colectiva nos remiten a prototipos m\u00edticos; se reiteran porque fueron consagrados en el origen (\u0093en aquellos tiempos\u0094, ab origine) por dioses, \u0093antepasados\u0094 o h\u00e9roes.<br \/>\nEn el detalle de su comportamiento consciente, el \u0093primitivo\u0094, el hombre arcaico, no conoce ning\u00fan acto que no haya sido planteado y vivido anteriormente por otro, otro que no era un hombre. Lo que \u00e9l hace, ya se hizo. Su vida es la repetici\u00f3n ininterrumpida de gestas inauguradas por otros.<br \/>\nEsa repetici\u00f3n consciente de haza\u00f1as paradigm\u00e1ticas determinadas denuncia una ontolog\u00eda original. El producto bruto de la Naturaleza, el objeto hecho por la industria del hombre, no hallan su realidad, su identidad, sino en la medida en que participan en una realidad trascendente. El acto no obtiene sentido, realidad, sino en la medida en que renueva una acci\u00f3n primordial.<br \/>\nGrupos de hechos tomados a trav\u00e9s de las culturas diversas nos ayudar\u00e1n a reconocer mejor la estructura de esa ontolog\u00eda arcaica. Los agruparemos bajo tres grandes t\u00edtulos:<br \/>\n1\u00b0, los elementos cuya realidad es funci\u00f3n de la repetici\u00f3n, de la imitaci\u00f3n de un arquetipo celeste;<br \/>\n2\u00b0, los elementos: ciudades, templos, casas, cuya realidad es tributaria del simbolismo del Centro supraterrestre que los asimila a s\u00ed mismo y los transforma en \u0093centros del mundo\u0094;<br \/>\n3\u00b0, por \u00faltimo los rituales y los actos profanos significativos, que s\u00f3lo poseen el sentido que se les da porque repiten deliberadamente tales hechos planteados ab origine por dioses, h\u00e9roes o antepasados.<br \/>\nLa revista misma de esos hechos iniciar\u00e1 el estudio de la concepci\u00f3n ontol\u00f3gica subyacente que luego propondremos desentra\u00f1ar, y que s\u00f3lo ella puede fundar.<\/p>\n<p>ARQUETIPOS CELESTES DE LOS TERRITORIOS, DE LOS TEMPLOS Y DE LAS CIUDADES<\/p>\n<p>Seg\u00fan las creencias mesopot\u00e1micas, el Tigris tiene su modelo en la estrella Anunit, y el Eufrates en la estrella de la Golondrina.2 Un texto s\u00famero habla de la \u0093morada de las formas de los dioses\u0094, donde se hallan \u0093(la divinidad) de los reba\u00f1os y las de los cereales\u0094.3 Para los pueblos altaicos, asimismo, las monta\u00f1as tienen un prototipo ideal en el cielo.4 Los nombres de los lugares y de los nomos egipcios se daban seg\u00fan los \u0093campos\u0094 celestes: empezaban por conocer los \u0093campos celestes\u0094, y luego los identificaban en la geograf\u00eda terrestre.5<br \/>\nEn la cosmolog\u00eda irania de tradici\u00f3n zervanita, \u0093cada fen\u00f3meno terrestre, ya abstracto, ya concreto, corresponde a un t\u00e9rmino celestial, trascendental, invisible, una \u0091idea\u0092 en el sentido plat\u00f3nico. Cada cosa, cada noci\u00f3n, se presenta en un doble aspecto: el de menok y el de getik. Hay un cielo visible.6 Nuestra tierra corresponde a una tierra celestial. Cada virtud practicada aqu\u00ed abajo, en el getah, posee una contrapartida&#8230; El a\u00f1o, la plegaria&#8230;, en fin, todo lo que se manifiesta en el getah, es al mismo tiempo menok. La creaci\u00f3n es simplemente desdoblada. Desde el punto de vista cosmog\u00f3nico, el estadio c\u00f3smico calificado de menok es anterior al estadio getik.\u00947<br \/>\nEn particular, el templo \u0097lugar sagrado por excelencia\u0097 ten\u00eda un prototipo celeste. En el monte Sina\u00ed, Jehov\u00e1 muestra a Mois\u00e9s la \u0093forma\u0094 del santuario que deber\u00e1 construirle: \u0093Y me har\u00e1n un santuario, y morar\u00e9 en medio de ellos: conforme en todo al dise\u00f1o del tabern\u00e1culo que te mostrar\u00e9, y de todas las vasijas para su servicio&#8230;\u00948 \u0093Mira y hazlo seg\u00fan el modelo que te ha sido mostrado en el monte.\u00949 Y cuando David entrega a su hijo Salom\u00f3n el plano de los edificios del templo, del tabern\u00e1culo y de todos los utensilios, le asegura que \u0093todas estas cosas me vinieron a m\u00ed escritas de la mano del Se\u00f1or, para que entendiese todas las obras del dise\u00f1o\u0094.10 Por consiguiente, vio el modelo celestial.<br \/>\nEl m\u00e1s antiguo documento referente al arquetipo de un santuario es la inscripci\u00f3n de Gudea relacionada con el templo levantado por \u00e9l en Lagash. El Rey ve en sue\u00f1os a la diosa Nidaba que le muestra un panel en el cual se mencionan las estrellas ben\u00e9ficas, y a un dios que le revela el plano del templo.\u0094 Tambi\u00e9n las ciudades tienen su prototipo divino. Todas las ciudades babil\u00f3nicas ten\u00edan sus arquetipos en constelaciones: Sippar, en el C\u00e1ncer; N\u00ednive, en la Osa Mayor; Azur, en Arturo, etc\u00e9tera.12 Senaquerib manda edificar N\u00ednive seg\u00fan el \u0093proyecto establecido desde tiempos remotos en la configuraci\u00f3n del cielo\u0094. No s\u00f3lo hay un modelo que precede a la arquitectura terrestre, sino que adem\u00e1s \u00e9ste se halla en una \u0093regi\u00f3n\u0094 ideal (celeste) de la eternidad. Es lo que proclama Salom\u00f3n: \u0093Y dijiste que yo edificar\u00eda un templo en tu santo monte y un altar en la ciudad de tu morada, a semejanza de tu santo tabern\u00e1culo, que t\u00fa preparaste desde el principio\u0094.13<br \/>\nUna Jerusal\u00e9n celestial fue creada por Dios antes que la ciudad de Jerusal\u00e9n fuese construida por mano del hombre: a ella se refiere el profeta, en el libro de Baruch, II, 42, 2-7: \u0093\u00bfCrees t\u00fa que \u00e9sa es la ciudad de la cual yo dije: \u0091Te he edificado en la palma de mis manos\u0092? La construcci\u00f3n que actualmente se halla en medio de vosotros no es la que se revel\u00f3 en M\u00ed, la que estaba lista ya en el momento en que decid\u00ed crear el Para\u00edso y que mostr\u00e9 a Ad\u00e1n antes de su pecado&#8230;\u009414 La Jerusal\u00e9n celeste enardeci\u00f3 la inspiraci\u00f3n de todos los profetas hebreos: Tob\u00edas, xiii, 16: Isa\u00edas LIX, 11 y siguientes: Ezequiel, LX, etc\u00e9tera. Para mostrarle la ciudad de Jerusal\u00e9n, Dios transporta a Ezequiel en una visi\u00f3n ext\u00e1tica, y lo lleva a una monta\u00f1a muy elevada (LX, 6 y siguientes). Y los Or\u00e1culos Sibilinos conservan el recuerdo de la Nueva Jerusal\u00e9n, en el centro de la cual resplandece \u0093un templo con una torre gigante que toca las nubes y todos la ven\u0094.15 Pero la m\u00e1s hermosa descripci\u00f3n de la Jerusal\u00e9n celestial se halla en el Apocalipsis (xxi, 2 y siguientes): \u0093Y yo, Juan, vi la ciudad santa, la Jerusal\u00e9n nueva, que de parte de Dios descend\u00eda del cielo, y estaba aderezada como una novia ataviada para su esposo\u0094.<br \/>\nVolvemos a encontrar la misma teor\u00eda en la India: todas las ciudades reales hind\u00faes, aun las modernas, est\u00e1n construidas seg\u00fan el modelo m\u00edtico de la ciudad celestial en que habitaba en la Edad de Oro (in illo tempore) el Soberano Universal. Y, como \u00e9ste, el rey se esfuerza por hacer revivir la Edad de Oro, por hacer actual un reino perfecto, idea que volveremos a encontrar en el curso del presente estudio. As\u00ed, por ejemplo, el palacio fortaleza de Sihagiri, en Ceil\u00e1n, est\u00e1 edificado seg\u00fan el modelo de la ciudad celeste de Alakamanda, y es \u0093de muy dif\u00edcil acceso para los seres humanos\u0094.16 Asimismo, la ciudad ideal de Plat\u00f3n tiene tambi\u00e9n un arquetipo celeste.17 Las \u0093formas\u0094 plat\u00f3nicas no son astrales; pero la regi\u00f3n m\u00edtica de \u00e9sta se coloca, sin embargo, en planos supraterrestres.18 As\u00ed, pues, el mundo que nos rodea, en el cual sentimos la presencia y la obra del hombre \u0097las monta\u00f1as a que \u00e9ste trepa, las regiones pobladas y cultivadas, los r\u00edos navegables, las ciudades, los santuarios\u0097, tiene un arquetipo extraterrestre, concebido, ya como un \u0093plano\u0094, ya como una \u0093forma\u0094, ya pura y simplemente en un nivel c\u00f3smico superior. Pero todo en el \u0093mundo que nos rodea\u0094 no tiene un prototipo de esa especie. Por ejemplo, las regiones desiertas habitadas por monstruos, los territorios incultos, los mares desconocidos donde ning\u00fan navegante os\u00f3 aventurarse, etc\u00e9tera, no comparten con la ciudad de Babilonia o el nomo egipcio el privilegio de un prototipo diferenciado. Corresponden a un modelo m\u00edtico, pero de otra naturaleza: todas esas regiones salvajes, incultas, etc\u00e9tera, est\u00e1n asimiladas al Caos: participan todav\u00eda de la modalidad indiferenciada, informe, de antes de la Creaci\u00f3n. Por eso, cuando se toma posesi\u00f3n de un territorio as\u00ed, es decir, cuando se lo empieza a explotar, se realizan ritos que repiten simb\u00f3licamente el acto de la Creaci\u00f3n\u0092, la zona inculta es primeramente \u0093cosmizada\u0094, luego habitada. Pronto volveremos sobre el sentido de los ceremoniales de toma de posesi\u00f3n de las regiones de reciente descubrimiento. Por el momento, lo que queremos subrayar es que el mundo que nos rodea, civilizado por la mano del hombre, no adquiere m\u00e1s validez que la que debe al prototipo extraterrestre que le sirvi\u00f3 de modelo. El hombre construye seg\u00fan un arquetipo. No s\u00f3lo su ciudad o su templo tienen modelos celestes, sino que as\u00ed ocurre con toda la regi\u00f3n en que mora, con los r\u00edos que la riegan, los campos que le procuran su alimento, etc\u00e9tera. El mapa de Babilonia muestra la ciudad en el centro de un vasto territorio circular orillado por el r\u00edo Amargo, exactamente como los s\u00fameros se representaban el Para\u00edso.19 Esa participaci\u00f3n de las culturas urbanas en un modelo arquet\u00edpico es lo que les confiere su realidad y su validez.<br \/>\nEl establecimiento en una regi\u00f3n nueva, desconocida e inculta, equivale a un acto de creaci\u00f3n. Cuando los colonos escandinavos tomaron posesi\u00f3n de Islandia, land-n\u00e1ma, y la rozaron, no consideraron ese acto ni como una obra original, ni como un trabajo humano y profano. La empresa era para ellos la repetici\u00f3n de un acto primordial: la transformaci\u00f3n del caos en Cosmos por el acto divino de la Creaci\u00f3n. Al trabajar la tierra desierta repet\u00edan de hecho el acto de los dioses, que organizaban el caos d\u00e1ndole formas y normas.20 Aun m\u00e1s: una conquista territorial s\u00f3lo se convierte en real despu\u00e9s del (m\u00e1s exactamente: por el) ritual de toma de posesi\u00f3n, el cual no es sino una copia del acto primordial de la Creaci\u00f3n del Mundo. En la India v\u00e9dica, se tomaba legalmente posesi\u00f3n de un territorio mediante la erecci\u00f3n de un altar dedicado a Agni.21 \u0093Se dice que se han instalado (avasyat\u00ed) cuando han construido un gar-hapatya, y todos los que construyen el altar del fuego se han establecido (avasit\u00e1h).22 Pero la erecci\u00f3n de un altar dedicado a Agni no es m\u00e1s que la imitaci\u00f3n microc\u00f3smica de la Creaci\u00f3n. Adem\u00e1s, un sacrificio cualquiera es, a su vez, la repetici\u00f3n del acto de la Creaci\u00f3n, como nos lo afirman expl\u00edcitamente los textos hind\u00faes.23 Los \u0093conquistadores\u0094 espa\u00f1oles y portugueses tomaban posesi\u00f3n, en nombre de Jesucristo, de las islas y de los continentes que descubr\u00edan y conquistaban. La instalaci\u00f3n de la Cruz equival\u00eda a una \u0093justificaci\u00f3n\u0094 y a la \u0093consagraci\u00f3n\u0094 de la religi\u00f3n, a un \u0093nuevo nacimiento\u0094, repitiendo as\u00ed el bautismo (acto de creaci\u00f3n). A su vez, los navegantes brit\u00e1nicos tomaban posesi\u00f3n de las regiones conquistadas en nombre del rey de Inglaterra, nuevo Cosmocr\u00e1tor.<br \/>\nLa importancia de los ceremoniales v\u00e9dicos, escandinavos o romanos, se nos presentar\u00e1 m\u00e1s claramente cuando examinemos por s\u00ed mismo el sentido de la repetici\u00f3n de la Creaci\u00f3n, acto divino por excelencia. Por el momento, retengamos s\u00f3lo un hecho: todo territorio que se ocupa con el fin de habilitarlo o de utilizarlo como \u0093espacio vital\u0094 es previamente transformado de \u0093caos\u0094 en \u0093cosmos\u0094; es decir, que, por efecto del ritual, se le confiere una \u0093forma\u0094 que lo convierte en real. Evidentemente, la realidad se manifiesta, para la mentalidad arcaica, como fuerza, eficacia y duraci\u00f3n. Por ese hecho, lo real por excelencia es lo sagrado; pues s\u00f3lo lo sagrado es de un modo absoluto, obra eficazmente, crea y hace durar las cosas. Los innumerables actos de consagraci\u00f3n \u0097de los espacios, de los objetos, de los hombres, etc\u00e9tera\u0097 revelan la obsesi\u00f3n de lo real, la sed del primitivo por el ser.<\/p>\n<p>EL SIMBOLISMO DEL \u0093 CENTRO\u0094<\/p>\n<p>Paralelamente a la creaci\u00f3n arcaica en los arquetipos celestes de las ciudades y de los templos, encontramos otra serie de creencias m\u00e1s copiosamente atestiguadas a\u00fan por documentos, y que se refieren a la investidura del prestigio del \u0093Centro\u0094. Hemos examinado este problema en una obra anterior; 24 aqu\u00ed nos contentaremos con recordar los resultados a que hemos llegado. El simbolismo arquitect\u00f3nico del Centro puede formularse as\u00ed:<br \/>\na) la Monta\u00f1a Sagrada \u0097donde se re\u00fanen el Cielo y la Tierra\u0097 se halla en el centro del Mundo;<br \/>\n todo templo o palacio \u0097y, por extensi\u00f3n, toda ciudad sagrada o residencia real\u0097 es una \u0093monta\u00f1a sagrada\u0094, debido a lo cual se transforma en Centro;<br \/>\nc) siendo un Axis mundi, la ciudad o el templo sagrado es considerado como punto de encuentro del Cielo con la Tierra y el Infierno.<\/p>\n<p>Algunos ejemplos ilustrar\u00e1n los s\u00edmbolos precedentes:<br \/>\nA) En las creencias hind\u00faes, el monte Meru se levanta en el centro del mundo, y debajo de \u00e9l brilla la estrella polar.25 Los pueblos uraloaltaicos conocen tambi\u00e9n un monte central, Sumeru, en cuya cima est\u00e1 colgada la estrella polar.26 Seg\u00fan las creencias iranias, la monta\u00f1a sagrada, Haraberezaiti (Elburz) se halla en medio de la Tierra y est\u00e1 unida al Cielo.27 Las poblaciones budistas de Laos, en el norte de (Tailandia), Siam, conocen el monte Zinnalo, en el centro del mundo.28 En el Edda, Himingbj\u00f6rg es, como su nombre lo indica, una \u0093monta\u00f1a celeste\u0094, es ah\u00ed donde el arco iris (Bifr\u00f6st) alcanza la c\u00fapula de los cielos. An\u00e1logas creencias se encuentran entre los finlandeses, los japoneses, etc. Recordemos que para los semang de la pen\u00ednsula de Malaca, en el centro del mundo se alza una enorme roca, Batu-Ribn; encima se halla el Infierno. Anta\u00f1o, sobre Batu-Ribn, un tronco de \u00e1rbol se elevaba hacia el cielo.29 El infierno, el centro de la tierra y la \u0093puerta\u0094 del cielo se hallan, pues, sobre el mismo eje, y por ese eje se hac\u00eda el pasaje de una regi\u00f3n c\u00f3smica a otra. Se vacilar\u00eda en creer en la autenticidad de esta teor\u00eda cosmol\u00f3gica entre los pigmeos semang si no hubiese razones para admitir que la misma teor\u00eda ya estaba esbozada en la \u00e9poca prehist\u00f3rica.30 En las creencias mesopot\u00e1micas, una monta\u00f1a central re\u00fane el Cielo y la Tierra; es la \u0093Monta\u00f1a de los Pa\u00edses\u0094, que une entre s\u00ed los territorios.31<br \/>\nEl ziqqurat era propiamente hablando una monta\u00f1a c\u00f3smica, es decir, una imagen simb\u00f3lica del Cosmos; los siete pisos representaban los siete cielos planetarios (como en Borsippa) o los siete colores del mundo (como en Ur).<br \/>\nEl monte Thabor, en Palestina, podr\u00eda significar tahb\u00fcr es decir, \u0093ombligo\u0094, omphalos.32 El monte Ge-rizim, en el centro de Palestina, estaba sin duda alguna investido del prestigio del Centro, pues se lo llama \u0093ombligo de la tierra\u0094 (tabb\u00far eres; cf. Jueces, IX, 37:<br \/>\n\u0093&#8230; Mira qu\u00e9 de gente desciende de en medio de la tierra\u0094).* Una tradici\u00f3n recogida por Peter Comestor dice que, en el momento del solsticio de verano, el sol no hace sombra a la \u0093Fuente de Jacob\u0094 (cerca de Geri-zim). En efecto, precisa Comestor, sunt qui dicunt lo-cum illum esse umbilicum terrea nostrae habitabilis.33 La Palestina, por constituir el pa\u00eds m\u00e1s elevado \u0097puesto que estaba cerca de la cima de la monta\u00f1a c\u00f3smica\u0097, no fue sumergida por el Diluvio. Un texto rab\u00ednico dice: \u0093La tierra de Israel no fue anegada por el diluvio\u0094. 34 Para los cristianos, el G\u00f3lgota se hallaba en el centro del mundo, pues era la cima de la monta\u00f1a c\u00f3smica y a un mismo tiempo el lugar donde Ad\u00e1n fue creado y enterrado. Y as\u00ed, la sangre del Salvador cae encima del cr\u00e1neo de Ad\u00e1n, inhumado al pie mismo de la Cruz, y lo rescata.\u0094 La creencia seg\u00fan la cual el G\u00f3lgota se encuentra en el centro del Mundo se ha conservado hasta en el folclore de los cristianos de Oriente (por ejemplo entre los de Rusia Menor).36<br \/>\n Los nombres de los templos y de las torres sagradas babil\u00f3nicos son testimonio de su asimilaci\u00f3n a la monta\u00f1a c\u00f3smica: \u0093Monte de la Casa\u0094, \u0093Casa del Monte de todas las tierras\u0094, \u0093Monte de las Tempestades\u0094, \u0093Lazos entre el Cielo y la Tierra\u0094, etc\u00e9tera.37 Un cilindro del tiempo del rey Gudea dice que \u0093la c\u00e1mara (del dios) que \u00e9l (el Rey) construy\u00f3 era igual al monte c\u00f3smico\u0094.38 Cada ciudad oriental se hallaba en el centro del mundo. Babilonia era una Bab-ilani, una \u0093puerta de los dioses\u0094, pues ah\u00ed era donde los dioses bajaban a la tierra. En la capital del soberano chino perfecto, el gnomon no debe hacer sombra el d\u00eda del solsticio de verano a mediod\u00eda. Dicha capital se halla, en efecto, en el Centro del Universo, cerca del \u00e1rbol milagroso \u0093Palo enhiesto\u0094 (kien mu), donde se entrecruzan las tres zonas c\u00f3smicas: Cielo, Tierra e Infierno.39 El templo de Barabudur es tambi\u00e9n una imagen del Cosmos, y est\u00e1 construido como una monta\u00f1a artificial (como lo eran los ziqqurat). Al escalarlo, el peregrino se acerca al Centro del Mundo y, en la azotea superior, realiza una ruptura de nivel, trascendiendo el espacio profano, heterog\u00e9neo, y penetrando en una \u0093regi\u00f3n pura\u0094. Las ciudades y los lugares santos est\u00e1n asimilados a las cimas de las monta\u00f1as c\u00f3smicas. Por eso Jerusal\u00e9n y Si\u00f3n no fueron sumergidas por el Diluvio. Por otro lado, seg\u00fan la tradici\u00f3n isl\u00e1mica, el lugar m\u00e1s elevado de la tierra es la Kaaba, porque \u0093la estrella polar testimonia que se halla frente al centro del Cielo\u0094.40<br \/>\nC) En fin, como consecuencia de su situaci\u00f3n en el centro del Cosmos, el templo o la ciudad sagrada son siempre el punto de encuentro de las tres regiones c\u00f3smicas: Cielo, Tierra e Infierno. Dur-an-ki, \u0093lazo entre el Cielo y la Tierra\u0094, era el nombre de los santuarios de Nippur, Larsa y sin duda Sippar.41 Babilonia ten\u00eda multitud de nombres, entre los cuales se cuentan: \u0093Casa de la base del Cielo y de la Tierra\u0094, \u0093Lazo entre el Cielo y la Tierra\u0094.42 Pero siempre era en Babilonia donde se cumpl\u00eda el enlace entre la Tierra y las regiones inferiores, pues la ciudad hab\u00eda sido construida sobre bab-apso, la \u0093Puerta de apsu\u0094;\u0094 apsu designa las aguas del Caos anterior a la Creaci\u00f3n. Encontramos esa misma tradici\u00f3n entre los hebreos. La roca de Jerusal\u00e9n penetraba profundamente en las aguas subterr\u00e1neas (tehom). En la misma se dice que el Templo se encuentra justo encima de tehom (equivalente hebraico de apsu). Y as\u00ed como Babilonia ten\u00eda la \u0093puerta de apsu\u0094, la roca del Templo de Jerusal\u00e9n cerraba la \u0093boca de tehom\u0094.44 Concepciones similares se encuentran en el mundo indoeuropeo. Entre los romanos, por ejemplo, el mundus \u0097es decir, el surco que se trazaba en torno al lugar donde hab\u00eda de fundarse una ciudad\u0097 constitu\u00eda el punto de encuentro entre las regiones inferiores y el mundo terrestre. \u0093Cuando el mundus est\u00e1 abierto, es la puerta de las tristes divinidades infernales la que est\u00e1 abierta\u0094, manifiesta Varr\u00f3n.45 El templo it\u00e1lico era la zona de intersecci\u00f3n de los mundos superiores (divino), terrestre y subterr\u00e1neo.<br \/>\n\u0093El Sant\u00edsimo cre\u00f3 el mundo como un embri\u00f3n. As\u00ed como el embri\u00f3n crece a partir del ombligo, as\u00ed Dios empez\u00f3 a crear el mundo por el ombligo y de ah\u00ed se difundi\u00f3 en todas direcciones.\u009446 Yoma afirma: \u0093el mundo fue creado comenzando por Si\u00f3n\u0094.47 En el Rig-Veda (por ejemplo, x, 149), el Universo est\u00e1 concebido como si hubiera comenzado a extenderse de un punto central.48 La creaci\u00f3n del hombre ocurre igualmente en un punto central. Seg\u00fan la tradici\u00f3n mesopot\u00e1mica, el hombre fue hecho en el \u0093ombligo de la tierra\u0094, en UZU (carne) SAR (lazo) KI (lugar, tierra), donde se encuentra tambi\u00e9n Dur-an-ki, el \u0093lazo entre el Cielo y la Tierra\u0094.49 Ormuz crea el buey primordial, Evagdath, as\u00ed como el hombre primordial, Gajomard, en el centro del mundo.50 El Para\u00edso era el \u0093ombligo de la Tierra\u0094 y, seg\u00fan una tradici\u00f3n siria, se hallaba \u0093en una monta\u00f1a m\u00e1s alta que todas las dem\u00e1s\u0094.51 Seg\u00fan el libro sirio La Caverna, de los Tesoros, Ad\u00e1n fue creado en el centro de la tierra, en el lugar mismo donde hab\u00eda de levantarse m\u00e1s tarde la cruz de Jes\u00fas.52 Las mismas tradiciones han sido conservadas por el judaismo.53 El apocalipsis judaico y la midrash precisan que Ad\u00e1n fue hecho en Jerusal\u00e9n.54 Como Ad\u00e1n fue inhumado en el mismo lugar en que fue creado, es decir, en el centro del mundo, en el G\u00f3lgota, la sangre del Salvador \u0097como ya lo hemos visto\u0097 lo rescatar\u00e1 tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>REPETICI\u00d3N DE LA COSMOGON\u00cdA<\/p>\n<p>El \u0093Centro\u0094 es, pues, la zona de lo sagrado por excelencia, la de la realidad absoluta. Todos los dem\u00e1s s\u00edmbolos de la realidad absoluta (\u00c1rboles de Vida y de la Inmortalidad, Fuente de Juvencia, etc\u00e9tera) se hallan igualmente en un Centro. El camino que lleva al centro es un \u0093camino dif\u00edcil\u0094 (durohana), y esto se verifica en todos los niveles de lo real: circunvoluciones dificultosas de un templo (como el de Barabu-dur); peregrinaci\u00f3n a los lugares santos (La Meca, Hardward, Jerusal\u00e9n, etc\u00e9tera); peregrinaciones cargadas de peligros de las expediciones heroicas del Vellocino de Oro, de las Manzanas de Oro, de la Hierba de Vida, etc\u00e9tera; extrav\u00edos en el laberinto; dificultades del que busca el camino hacia el yo, hacia el \u0093centro\u0094 de su ser, etc\u00e9tera. El camino es arduo, est\u00e1 sembrado de peligros, porque, de hecho, es un rito del paso de lo profano a lo sagrado; de lo ef\u00edmero y lo ilusorio a la realidad y la eternidad; de la muerte a la vida; del hombre a la divinidad. El acceso al \u0093centro\u0094 equivale a una consagraci\u00f3n, a una iniciaci\u00f3n; a una existencia ayer profana e ilusoria, sucede ahora una nueva existencia real, duradera y eficaz.<br \/>\nSi mediante el acto de la Creaci\u00f3n se cumple el paso de lo no manifestado a lo manifestado o, hablando en t\u00e9rminos cosmol\u00f3gicos, del Caos al Cosmos; si la Creaci\u00f3n, en toda la extensi\u00f3n de su objeto, se efectu\u00f3 a partir de un \u0093centro\u0094; si, en consecuencia, todas las variedades del ser, de lo inanimado a lo viviente, s\u00f3lo pueden alcanzar la existencia en un \u00e1rea sagrada por excelencia, entonces se aclaran maravillosamente para nosotros el simbolismo de las ciudades sagradas (\u0093centros del mundo\u0094), las teor\u00edas geom\u00e1nticas que presiden la fundaci\u00f3n de las ciudades, las concepciones que justifican los ritos de su construcci\u00f3n. Al estudio de esos ritos de construcci\u00f3n y de las teor\u00edas que ellos implican hemos consagrado una obra anterior:* a ella remitimos al lector. S\u00f3lo recordaremos dos proposiciones importantes:<br \/>\n1a, toda creaci\u00f3n repite el acto cosmog\u00f3nico por excelencia: la Creaci\u00f3n del Mundo;<br \/>\n2a, en consecuencia, todo lo que es fundado lo es en el Centro del Mundo (puesto que, como sabemos, la Creaci\u00f3n misma se efectu\u00f3 a partir de un centro). Entre la multitud de ejemplos que tenemos a mano elegiremos uno solo, interesante tambi\u00e9n por otras razones que volver\u00e1n a traerlo en nuestra exposici\u00f3n. En la India, \u0093antes de colocar una sola piedra&#8230; el astr\u00f3logo indica el punto de los cimientos que se halla encima de la serpiente que sostiene al mundo. El maestro alba-\u00f1il labra una estatua de madera de un \u00e1rbol jadira, y la hunde en el suelo, golpe\u00e1ndola con un coco, exactamente en el punto designado, para fijar bien la cabeza de la serpiente\u0094.55 Encima de la estaca es colocada una piedra de busepadmacila). La piedra de \u00e1ngulo se halla as\u00ed exactamente en el \u0093centro del mundo\u0094. Pero el acto de fundaci\u00f3n repite a un mismo tiempo el acto cosmog\u00f3nico, pues \u0093fijar\u0094, clavar la estatua en la cabeza de la serpiente, es imitar la haza\u00f1a primordial de Soma56 o de Indra, cuando este \u00faltimo \u0093hiri\u00f3 a la Serpiente en la cueva\u0094,57 cuando su rayo le \u0093cort\u00f3 la cabeza\u0094.58 La serpiente simboliza el caos, lo amorfo no manifestado. Indra encuentra a Vritra59 no dividida (aparvan), no despierta (abudhyam), dormida (adudhyam\u00e1nam), sumida en el sue\u00f1o m\u00e1s profundo (suskup\u00e1nam), tendida (agayanam). Fulminarla y decapitarla equivale al acto de creaci\u00f3n, con el paso de lo no manifestado a lo manifestado, de lo amorfo a lo formal. Vritra hab\u00eda confiscado las Aguas y las guardaba en la cavidad de las monta\u00f1as. Esto quiere decir: 1\u00b0, o que Vritra era el Se\u00f1or absoluto \u0097como lo era Tiamat o cualquier otra divinidad ofidia\u0097 de todo el caos anterior a la Creaci\u00f3n; 2\u00b0, o bien que la gran Serpiente, al guardar las Aguas para ella sola, hab\u00eda dejado al mundo entero asolado por la sequ\u00eda. El sentido no se altera ya sea que esa confiscaci\u00f3n ocurriera antes del acto de la Creaci\u00f3n o despu\u00e9s de la formaci\u00f3n del mundo: Vritra \u0093impide\u0094* que el mundo se haga, o dure. S\u00edmbolo de lo no manifestado, de lo latente o de lo amorfo, Vritra representa al Caos anterior a la Creaci\u00f3n.<br \/>\nEn otra obra, Commentaires a la L\u00e9gende du Mai-tre Man\u00f3le, hemos intentado explicar los ritos de construcciones como imitaciones del acto cosmog\u00f3nico. La teor\u00eda que esos ritos implican se resume as\u00ed: nada puede durar si no est\u00e1 \u0093animado\u0094, si no est\u00e1 dotado, por un sacrificio, de un \u0093alma\u0094; el prototipo del rito de construcci\u00f3n es el sacrificio que se hizo al fundar el mundo. A decir verdad, en ciertas cosmogon\u00edas arcaicas el mundo naci\u00f3 por el sacrificio de un monstruo primordial, s\u00edmbolo del Caos (Tiamat), por el de un macro\u00e1ntropo c\u00f3smico (Ymir, Pan\u0092Ku, Purusha). Para asegurar la realidad y la duraci\u00f3n de una construcci\u00f3n se repite el acto divino de la construcci\u00f3n ejemplar: la Creaci\u00f3n de los mundos y del hombre. Previamente se obtiene la \u0093realidad\u0094 del lugar mediante la consagraci\u00f3n del terreno, es decir, por su transformaci\u00f3n en un \u0093centro\u0094; luego, la validez del acto de construcci\u00f3n se confirma mediante la repetici\u00f3n del sacrificio divino. Naturalmente, la consagraci\u00f3n del \u0093centro\u0094 se hace en un espacio cualitativamente distinto del espacio profano. Por la paradoja del rito, todo espacio consagrado coincide con el Centro del Mundo, as\u00ed como el tiempo de un ritual cualquiera coincide con el tiempo m\u00edtico del \u0093principio\u0094. Por la repetici\u00f3n del acto cosmol\u00f3gico, el tiempo concreto, en el cual se efect\u00faa la construcci\u00f3n, se proyecta en el tiempo m\u00edtico, in illo tem-pore en que se produjo la fundaci\u00f3n del mundo. As\u00ed quedan aseguradas la realidad y la duraci\u00f3n de una construcci\u00f3n, no s\u00f3lo por la transformaci\u00f3n del espacio profano en un espacio trascendente (\u0093el Centro\u0094), sino tambi\u00e9n por la transformaci\u00f3n del tiempo concreto en tiempo m\u00edtico. Un ritual cualquiera, como ya tendremos ocasi\u00f3n de ver, se desarrolla no s\u00f3lo en un espacio consagrado, es decir, esencialmente distinto del espacio profano, sino adem\u00e1s en un \u0093tiempo sagrado\u0094, \u0093en aquel tiempo\u0094 (in illo tempore, ab origine), es decir, cuando el ritual fue llevado a cabo por ver primera por un dios, un antepasado o un h\u00e9roe. <\/p>\n<p>MODELOS DIVINOS DE LOS RITUALES<\/p>\n<p>Todo ritual tiene un modelo divino, un arquetipo; el hecho es suficientemente conocido para que nos baste con recordar algunos ejemplos: \u0093Debemos hacer lo que los dioses hicieron al principio\u0094.60 \u0093As\u00ed hicieron los dioses; as\u00ed hacen los hombres.\u009461 Este adagio hind\u00fa resume toda la teor\u00eda subyacente en los ritos de todos los pa\u00edses. Encontramos esta teor\u00eda tanto en los pueblos llamados \u0093primitivos\u0094 como en las culturas evolucionadas. Los abor\u00edgenes del sudeste de Australia, por ejemplo, practican la circuncisi\u00f3n con un cuchillo de piedra, porque as\u00ed se lo ense\u00f1aron sus antepasados m\u00edticos;62 los negros amazul\u00faes hacen lo mismo, porque Unkulunkulu (h\u00e9roe civilizador) decret\u00f3 in illo tempore: \u0093Los hombres deben estar circuncisos para no ser semejantes a los ni\u00f1os\u0094.63 La ceremonia Hako de los indios paunis, tan admirablemente estudiada por Alice Fletcher, fue revelada a los sacerdotes por Tirawa, el Dios supremo, al principio de los tiempos. Entre los salvajes de Madagascar, \u0093todas las costumbres y ceremonias familiares, sociales, nacionales, religiosas, deben ser observadas conforme al lilin-draza, es decir, a las costumbres establecidas y a las leyes no escritas heredadas de los antepasados&#8230;\u0094.64 Es in\u00fatil multiplicar los ejemplos: se considera que los actos religiosos han sido fundados por los dioses, h\u00e9roes civilizados o antepasados m\u00edticos.65 Dicho sea de paso, entre los \u0093primitivos\u0094 no s\u00f3lo los rituales tienen su modelo m\u00edtico, sino que cualquier acci\u00f3n humana adquiere su eficacia en la medida en que repite exactamente una acci\u00f3n llevada a cabo en el comienzo de los tiempos por un dios, un h\u00e9roe o un antepasado. Al final del presente cap\u00edtulo volveremos sobre esas acciones ejemplares que los hombres no hacen m\u00e1s que repetir sin cesar.<br \/>\nDec\u00edamos, no obstante, que semejante \u0093teor\u00eda\u0094 no justifica el ritual solamente en las culturas \u0093primitivas\u0094. En el Egipto de los \u00faltimos siglos, por ejemplo, el poder del rito y del verbo que pose\u00edan los sacerdotes se deb\u00eda a que aqu\u00e9llos eran imitaci\u00f3n de la haza\u00f1a primordial del dios Thot, que hab\u00eda creado el mundo por la fuerza de su Verbo. La tradici\u00f3n irania sabe que las fiestas religiosas fueron instauradas por Ormuz para conmemorar los actos de la Creaci\u00f3n del Cosmos, la cual dur\u00f3 un a\u00f1o. Al final de cada per\u00edodo, que representaba respectivamente la creaci\u00f3n del cielo, de las aguas, de la tierra, de las plantas, de los animales y del hombre, Ormuz descansaba cinco d\u00edas, instaurando as\u00ed las principales fiestas mazdeanas.66 El hombre no hace m\u00e1s que repetir el acto de la Creaci\u00f3n; su calendario religioso conmemora, en el espacio de un a\u00f1o, todas las fases cosmog\u00f3nicas que ocurrieron ab origine. De hecho, el a\u00f1o sagrado repite sin cesar la Creaci\u00f3n, el hombre es contempor\u00e1neo de la cosmogon\u00eda y de la antropogon\u00eda, porque el ritual lo proyecta a la \u00e9poca m\u00edtica del comienzo. Una bacante imita mediante sus ritos orgi\u00e1sticos el drama pat\u00e9tico de Dionisos: un \u00f3rfico repite a trav\u00e9s de su ceremonial de iniciaci\u00f3n las haza\u00f1as originales de Orfeo, etc\u00e9tera. El sabat judeocristiano es tambi\u00e9n una imitatio Dei. El descanso del sabat reproduce el acto primordial del Se\u00f1or, pues el s\u00e9ptimo d\u00eda de la Creaci\u00f3n fue cuando Dios \u0093repos\u00f3 de todas las obras que hab\u00eda hecho\u0094.67 El mensaje del Salvador es en primer lugar un ejemplo que debe ser imitado. Despu\u00e9s de lavar los pies a sus ap\u00f3stoles, Jes\u00fas les dice: \u0093Porque ejemplo os he dado para que como yo he hecho a vosotros, vosotros tambi\u00e9n hag\u00e1is\u0094.68 La humildad no es sino una virtud; pero la humildad que se ejerce siguiendo el ejemplo del Salvador es un acto religioso y un medio de salvaci\u00f3n: \u0093&#8230;Que os am\u00e9is, los unos a los otros, as\u00ed como yo os he amado&#8230;\u009469 Ese amor cristiano est\u00e1 consagrado por el ejemplo de Jes\u00fas. Su pr\u00e1ctica actual anula el pecado de la condici\u00f3n humana y diviniza al hombre. El que cree en Jes\u00fas puede hacer lo que El hizo; sus l\u00edmites y sus impotencias quedan abolidos. \u0093&#8230;El que en m\u00ed cree, \u00e9l tambi\u00e9n har\u00e1 las obras que yo hago.\u009470 La liturgia es precisamente una conmemoraci\u00f3n de la vida y de la Pasi\u00f3n del Salvador. M\u00e1s adelante veremos que esa conmemoraci\u00f3n es de hecho una reactualizaci\u00f3n de \u0093aquel tiempo\u0094.<br \/>\nLos ritos matrimoniales tienen tambi\u00e9n un modelo divino, y el casamiento humano reproduce la hie-rogamia, m\u00e1s particularmente la uni\u00f3n entre el Cielo y la Tierra. En el Atharva Veda (xiv, 2, 71) el casado y la casada se asimilan al Cielo y a la Tierra, mientras que en otro himno71 cada acci\u00f3n nupcial est\u00e1 justificada por un prototipo de los tiempos m\u00edsticos: \u0093Como Agni tom\u00f3 la mano derecha de esta tierra, as\u00ed te tomo la mano&#8230; que el dios Savitar te coja de la mano&#8230; Tvas-htar ha dispuesto su ropa, para estar hermosa, seg\u00fan la instrucci\u00f3n de Brhaspati y de los Poetas. \u00a1Quieran Savitar y Bhaga adornar a esta mujer de hijos, como hicieron con la Hija del Sol!\u0094.72 Dido celebra su casamiento con Eneas en medio de una violenta tempestad;73 la uni\u00f3n de \u00e9stos coincide con la de los elementos; el Cielo abraza a su esposa, dispensando la lluvia fertilizante. En Grecia los ritos matrimoniales imitaban el ejemplo de Zeus que se uni\u00f3 secretamente con Hera.74 Diodoro de Sicilia (v, 72,4) nos asegura que la hierogamia cretense era imitada por los habitantes de la isla; en otros t\u00e9rminos, la uni\u00f3n matrimonial hallaba justificaci\u00f3n en un acontecimiento primordial que ocurri\u00f3 \u0093en aquel tiempo\u0094.<br \/>\nDem\u00e9ter se uni\u00f3 a Jas\u00f3n sobre la tierra recientemente sembrada, al principio de la primavera.75 El sentido de esa uni\u00f3n es claro: contribuye a promover la fertilidad del suelo, el prodigioso impulso de las fuerzas de creaci\u00f3n tel\u00farica. \u00c9sta era una costumbre bastante frecuente, hasta el siglo pasado, en el Norte y el Centro de Europa (testigo de ello son las costumbres de uni\u00f3n simb\u00f3lica de las parejas en los campos).76 En China, las j\u00f3venes parejas iban en primavera a unirse sobre el c\u00e9sped, para estimular la \u0093regeneraci\u00f3n c\u00f3smica\u0094 y la \u0093germinaci\u00f3n universal\u0094. En efecto, toda uni\u00f3n humana encuentra su modelo y su justificaci\u00f3n en la hierogamia, la uni\u00f3n c\u00f3smica de los elementos. El Yue Ling (Libro de las prescripciones mensuales) establece que las esposas deben presentarse al Emperador para cohabitar con \u00e9l el primer mes de la primavera, cuando se oye el trueno. El ejemplo c\u00f3smico es seguido tambi\u00e9n por el soberano y por todo el pueblo. La uni\u00f3n marital es un rito incorporado al ritmo c\u00f3smico, que adquiere su validez gracias a dicha integraci\u00f3n.<br \/>\nTodo el simbolismo paleooriental del casamiento puede explicarse por medio de modelos celestes. Los s\u00fameros celebraban la uni\u00f3n de los elementos del d\u00eda de A\u00f1o Nuevo; en todo el Oriente antiguo, ese mismo d\u00eda es se\u00f1alado tanto por el mito de la hierogamia como por los ritos de la uni\u00f3n del rey con la diosa. Es en el d\u00eda de A\u00f1o Nuevo cuando Ishtar se acuesta en compa\u00f1\u00eda de Tammuz, y cuando el rey reproduce esa hierogamia m\u00edtica cumpliendo la uni\u00f3n ritual con la diosa (es decir con la hier\u00f3dula que la representa en la tierra)77 en una c\u00e1mara secreta del templo, en la que se halla el lecho nupcial de la diosa. La uni\u00f3n divina asegura la fecundidad terrestre; cuando Ninlil se une con Enlil, la lluvia empieza a caer.78 Esa misma fecundidad queda asegurada por la uni\u00f3n ceremonial del rey, la de las parejas en la tierra, etc\u00e9tera. El mundo se regenera cada vez que imita la hierogamia, es decir, cada vez que se lleva a cabo la uni\u00f3n matrimonial. El t\u00e9rmino alem\u00e1n \u0093Hochzeit\u0094 deriva de \u0093Hochgezit\u0094, fiesta del A\u00f1o Nuevo. El casamiento regenera el \u0093a\u00f1o\u0094 y por consiguiente confiere la fecundidad, la opulencia y la felicidad.<br \/>\nLa asimilaci\u00f3n del acto sexual y del trabajo de los campos es frecuentemente en numerosas culturas.* En \u00c7atapatha Brahmana, vii, 2, 2, 5, se asimila la tierra al \u00f3rgano generador femenino (yon\u00ed) y la semilla al semen virile. \u0093Vuestras mujeres son vuestras como la tierra.\u009479 La mayor\u00eda de las org\u00edas colectivas encuentra justificaci\u00f3n ritual en la promoci\u00f3n de las fuerzas de la vegetaci\u00f3n: se verifican en ciertas \u00e9pocas cr\u00edticas del a\u00f1o, cuando las simientes germinan o cuando las cosechas maduran, etc\u00e9tera, y siempre tienen una hierogamia por modelo m\u00edtico. Tal es, por ejemplo, la org\u00eda practicada por la tribu ewe (\u00c1frica Occidental) en el momento en que la cebada comienza a germinar; la org\u00eda se legitima por una hierogamia (las j\u00f3venes son ofrecidas al dios Pit\u00f3n).80 Volvemos a encontrar esa misma legitimaci\u00f3n entre los pueblos Oraon: la org\u00eda de \u00e9stos se efect\u00faa en mayo, en el momento de la uni\u00f3n del dios Sol con la diosa Tierra.81 Todos esos excesos orgi\u00e1sticos hallan de uno u otro modo su justificaci\u00f3n en un acto c\u00f3smico o bioc\u00f3smico: regeneraci\u00f3n del A\u00f1o, \u00e9poca cr\u00edtica de la cosecha, etc\u00e9tera. Los mozos que desfilaban desnudos por las calles de Roma durante las Floralias (27 de abril), o tocaban a las mujeres en ocasi\u00f3n de las Lupercales, con el fin de conjurar la esterilidad de \u00e9stas, las libertades permitidas con motivo de la fiesta Holi en toda la India, el libertinaje que era de regla en Europa central y septentrional cuando se celebraban las fiestas de la cosecha, y que tanto dio que hacer a las autoridades eclesi\u00e1sticas;82 todas esas manifestaciones ten\u00edan tambi\u00e9n un prototipo suprahumano y tend\u00edan a instaurar la fertilidad y la opulencia universales. (Para la significaci\u00f3n cosmol\u00f3gica de la \u0093org\u00eda\u0094 v\u00e9ase el cap. II.)<br \/>\nEs indiferente, para el fin que perseguimos con el presente estudio, saber en qu\u00e9 medida los ritos matrimoniales y la org\u00eda crearon los mitos que los justifican. Lo que importa es el hecho de que tanto la org\u00eda como el casamiento constitu\u00edan rituales que imitaban actos divinos o ciertos episodios del drama sagrado del Cosmos; lo que importa es dicha legitimaci\u00f3n de los actos humanos por un modelo extrahumano. El hecho de que comprobemos que el mito ha seguido algunas veces al rito \u0097por ejemplo, las uniones ceremoniales pre-conyugales fueron anteriores a la aparici\u00f3n del mito de las relaciones preconyugales entre Hera y Zeus, mito que les sirvi\u00f3 de justificaci\u00f3n\u0097 no hace disminuir en nada al car\u00e1cter sagrado del ritual. El mito s\u00f3lo es tard\u00edo en cuanto f\u00f3rmula: pero en contenido es arcaico y se refiere a sacramentos, es decir, a actos que presuponen una realidad absoluta, extrahumana.<\/p>\n<p>ARQUETIPOS DE LAS ACTIVIDADES PROFANAS<\/p>\n<p>Pasemos ahora a otro ejemplo, el de la danza. Todas las danzas han sido sagradas en su origen; en otros t\u00e9rminos, han tenido un modelo extrahumano. Podemos excusarnos de discutir aqu\u00ed los detalles como que ese modelo haya sido a veces un animal tot\u00e9mico o emblem\u00e1tico; que sus movimientos fueran reproducidos con el fin de conjurar por la magia su presencia concreta, de multiplicarlo en n\u00famero, de obtener para el hombre la incorporaci\u00f3n al animal; que en otros casos el modelo haya sido revelado por la divinidad (por ejemplo, la p\u00edrrica, danza armada, creada por Atenea, etc\u00e9tera) o por un h\u00e9roe (la danza de Teseo en el Laberinto); que la danza fuera ejecutada con el fin de adquirir alimentos, honrar a los muertos o asegurar el buen orden del Cosmos; que se realizara en el momento de las iniciaciones, de las ceremonias m\u00e1gicorreligiosas, de los casamientos, etc\u00e9tera. Lo que nos interesa es su origen extrahumano presupuesto (pues toda danza fue creada in illo tempore, en la \u00e9poca m\u00edtica, por un \u0093antepasado\u0094, un animal tot\u00e9mico, un dios o un h\u00e9roe). Los ritmos coreogr\u00e1ficos tienen su modelo fuera de la vida profana del hombre; ya reproduzcan los movimientos del animal tot\u00e9mico o emblem\u00e1tico, o los de los astros, ya constituyan rituales por s\u00ed mismos (pasos laber\u00ednticos, saltos, ademanes efectuados por medio de los instrumentos ceremoniales, etc\u00e9tera), una danza imita siempre un acto arquet\u00edpico o conmemora un momento m\u00edtico. En una palabra, es una repetici\u00f3n, y por consiguiente una reactualizaci\u00f3n de \u0093aquel tiempo\u0094.<br \/>\nLuchas, conflictos, guerras, tienen la mayor parte de las veces una causa y una funci\u00f3n rituales. Es una oposici\u00f3n estimulante entre las dos mitades del clan, o una lucha entre los representantes de dos divinidades (por ejemplo, en Egipto, el combate entre dos grupos que representaban a Osiris y a Seth), pero siempre conmemora un episodio del drama c\u00f3smico y divino. En ning\u00fan caso pueden explicarse la guerra o el duelo por motivos racionalistas. Hocart se\u00f1al\u00f3 muy justamente el papel ritual de las hostilidades.83 Cada vez que el conflicto se repite, hay imitaci\u00f3n de un modelo arquet\u00edpico. En la tradici\u00f3n n\u00f3rdica, el primer duelo ocurri\u00f3 cuando Thor, provocado por el gigante Hrugner, encontr\u00f3 a \u00e9ste en la \u0093frontera\u0094 y lo venci\u00f3 en combate singular. Vuelve a encontrarse el mismo motivo en la mitolog\u00eda indoeuropea, y Georges Dum\u00e9zil84 tiene raz\u00f3n al considerarlo como una versi\u00f3n tard\u00eda, pero sin embargo aut\u00e9ntica, del escenario muy antiguo de una iniciaci\u00f3n militar. El joven guerrero hab\u00eda de reproducir el combate entre Thor y Hrugner; en efecto, la iniciaci\u00f3n militar consiste en un acto de valent\u00eda cuyo prototipo m\u00edtico es dar muerte a un monstruo tric\u00e9falo. Los fren\u00e9ticos berserkires, guerreros feroces, repet\u00edan con toda exactitud el estado de furia sagrada (wut, menos, furor) del modelo primordial.<br \/>\nLa ceremonia hind\u00fa de la consagraci\u00f3n de un rey, el rajasuya, \u0093no es m\u00e1s que la reproducci\u00f3n terrestre de la antigua consagraci\u00f3n que Varuna, el primer Soberano, hizo en su provecho: los Brahmana lo repiten hasta la saciedad&#8230; A lo largo de las explicaciones rituales vuelve, fastidiosa pero instructiva, la afirmaci\u00f3n de que, si el rey cumple tal o cual acci\u00f3n, es porque en el alba de los tiempos, el d\u00eda de su consagraci\u00f3n, Varuna la llev\u00f3 a cabo.85 Y ese mismo mecanismo puede descubrirse en todas las dem\u00e1s tradiciones, en la medida en que la documentaci\u00f3n que poseemos nos lo permite (cf. las obras cl\u00e1sicas de Moret sobre el car\u00e1cter sagrado de la realeza egipcia, y de Labat sobre la realeza asiriobabil\u00f3nica). Los rituales de construcci\u00f3n repiten el acto primordial de la construcci\u00f3n cosmog\u00f3nica. El sacrificio que se ejecuta cuando se edifica una casa (una iglesia, un puente, etc\u00e9tera) no es sino la imitaci\u00f3n en el plano humano del sacrificio primordial celebrado in illo tempore para dar nacimiento al mundo (v\u00e9ase cap. ii).<br \/>\nEl valor m\u00e1gico y farmac\u00e9utico de ciertas hierbas se debe tambi\u00e9n a un prototipo de la planta, o al hecho de que \u00e9sta fue cogida por vez primera por un dios. Ninguna planta es preciosa en s\u00ed misma, sino solamente por su participaci\u00f3n en un arquetipo o por la repetici\u00f3n de ciertos ademanes y palabras que, aislando a la planta de la especie profana, la consagra. As\u00ed, dos f\u00f3rmulas de encantamiento anglosajonas del siglo xvi, que era costumbre pronunciar cuando se recog\u00edan las hierbas medicinales, precisan el origen de su virtud terap\u00e9utica: crecieron por primera vez (es decir, ab origine) en el monte sagrado del Calvario (en el \u0093centro\u0094 de la Tierra): \u0093Salve, oh hierba santa que crece en la tierra, primero te encontraste en el monte del Calvario, eres buena para toda clase de heridas; en el nombre del dulce Jes\u00fas, te cojo\u0094, (1584). \u0093Eres santa, Verbena, porque creces en la tierra, pues primero te encontraron en el monte del Calvario. Curaste a nuestro Redentor Jesucristo y cerraste sus heridas sangrantes; en el nombre (del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo) te cojo.\u009486 Se atribuye la eficacia de esas hierbas al hecho de que su prototipo fue descubierto en un momento c\u00f3smico decisivo (\u0093en aquel tiempo\u0094) en el monte Calvario. Recibieron su consagraci\u00f3n por haber curado las heridas del Redentor. La eficacia de las hierbas recogidas s\u00f3lo vale en cuanto quien las coge repite ese acto primordial de la curaci\u00f3n. Por eso una antigua f\u00f3rmula de encantamiento dice: \u0093Vamos a coger hierbas para ponerlas sobre las heridas del Salvador\u0094.87<br \/>\nEsas f\u00f3rmulas de magia popular cristiana siguen una antigua tradici\u00f3n. En la India, por ejemplo, la hierba Kapitthaka (Feronia elephantum) cura la impotencia sexual, pues, ab origine, el Gandharva la utiliz\u00f3 para devolver a Varuna su virilidad. Por consiguiente, la recolecci\u00f3n ritual de la hierba es, efectivamente, una repetici\u00f3n del acto del Gandharva. \u0093A ti, hierba que el Gandharva arranc\u00f3 para Varuna cuando \u00e9ste perdi\u00f3 su virilidad, a ti te arrancamos.\u009488 Una larga invocaci\u00f3n que figura en el Papiro de Par\u00eds89 indica el estatuto excepcional de la hierba recogida: \u0093Has sido sembrada por Cronos, recibida por Hera, conservada por Am\u00f3n, parida por Isis, alimentada por Zeus lluvioso; has crecido gracias al Sol y al roc\u00edo&#8230;\u0094. Para los cristianos, las hierbas medicinales deb\u00edan su eficiencia al hecho de haber sido halladas por vez primera en el monte Calvario. Para los antiguos, las hierbas deb\u00edan su virtud a que hab\u00edan sido descubiertas por primera vez por los dioses. \u0093Bet\u00f3nica, t\u00fa que fuiste descubierta por primera vez por Esculapio, o por el centauro Quir\u00f3n&#8230;\u0094, tal es la invocaci\u00f3n recomendada por un tratado de her-bor\u00edstica.90<br \/>\nSer\u00eda fastidioso \u0097y hasta in\u00fatil para el designio de este ensayo\u0097 recordar los prototipos m\u00edticos de todas las actividades humanas. El hecho de que la justicia humana, por ejemplo, que est\u00e1 fundada en la idea de \u0093ley\u0094, tiene un modelo celeste y trascendente en las normas c\u00f3smicas (tao, artha, rta, tzedek, themis, etc\u00e9tera) es demasiado conocido para que insistamos en \u00e9l. Tambi\u00e9n es una caracter\u00edstica de las est\u00e9ticas arcaicas el que \u0093las obras del arte humano sean imitaciones de las del arte divino\u0094,91 y los estudios de Anan-da K. Coomaraswamy lo han puesto en evidencia admirablemente.92 Es interesante observar que aun el estado de beatitud, la eudaimonia, es una imitaci\u00f3n de la condici\u00f3n divina, para no hablar de las diversas suertes de entusiasmos creados en el alma del hombre por la repetici\u00f3n de ciertos actos realizados por los dioses in illo tempore (org\u00eda dionis\u00edaca, etc\u00e9tera): \u0093La actividad de Dios, cuya beatitud supera todo, es puramente contemplativa, y entre las actividades humanas la m\u00e1s venturosa de todas es la que m\u00e1s se acerca a la actividad divina\u0094;93 \u0093hacerse tan parecido a Dios como posible sea\u0094;94 haec hominis est perfectio, similitudo Dei (Santo Tom\u00e1s de Aquino).<br \/>\nDebemos agregar que, para la \u0093mentalidad primitiva\u0094, cuya estructura ha sido recientemente estudiada por Van der Leeuw con tanta penetraci\u00f3n,95 todos los actos importantes de la vida corriente han sido revelados ab origine por dioses o h\u00e9roes. Los hombres no hacen sino repetir infinitamente esos gestos ejemplares y paradigm\u00e1ticos. La tribu australiana yuin sabe que Daramulun, \u0093All Father\u0094, invent\u00f3, especialmente para ella, todos los instrumentos y todas las armas que ella ha utilizado hasta ahora.96 Asimismo, la tribu kurnai sabe que Munganngaua, el Ser Supremo, vivi\u00f3 cerca de ella, en la Tierra, al principio de los tiempos, a fin de ense\u00f1arle c\u00f3mo fabricar los instrumentos de trabajo, las barcas, las armas, \u0093en una palabra, todos los oficios que conoce\u0094.97 En Nueva Guinea, numerosos mitos hablan de largos viajes por mar, proveyendo as\u00ed \u0093modelos a los navegantes actuales\u0094, y tambi\u00e9n modelos para todas las dem\u00e1s actividades, \u0093ya se trate de amor, de guerra, de pesca, de producir la lluvia, o de cualquier otra cosa&#8230; El relato suministra precedentes para los diferentes momentos de la construcci\u00f3n de un barco, para los tab\u00faes sexuales que \u00e9sta implica, etc\u00e9tera\u0094.98 Cuando un capit\u00e1n se hace a la mar, personifica al h\u00e9roe m\u00edtico Aori. \u0093Lleva el traje que Aori vest\u00eda seg\u00fan el mito; como \u00e9l, tiene la cara ennegrecida, y en los cabellos un love semejante al que Aori quit\u00f3 de la cabeza de Ivi. Baila en la cubierta, y abre los brazos como Aori desplegaba sus alas&#8230; Un pescador me dice que cuando iba a cazar peces (con su arco) se consideraba el propio Kivavia. No imploraba el favor y la ayuda de ese h\u00e9roe m\u00edtico: se identificaba con \u00e9l.\u009499<br \/>\nEse simbolismo de los precedentes m\u00edticos se encuentra igualmente en otras culturas primitivas. Respecto de los karuks de California, J.P. Harrington escribe: \u0093El karuk hac\u00eda lo que hac\u00eda porque se cre\u00eda que los ikxareyavs hab\u00edan dado el ejemplo en los tiempos m\u00edticos. Esos ikxareyavs eran la gente que viv\u00eda en Am\u00e9rica antes de la llegada de los indios. Los karuks modernos, como no saben de qu\u00e9 modo explicar esa palabra, proponen traducciones como \u0091los pr\u00edncipes\u0092, \u0091los jefes\u0092, \u0091los \u00e1ngeles\u0092&#8230; No quedaron con ellos m\u00e1s que el tiempo necesario para dar a conocer y poner en ejecuci\u00f3n todas las costumbres, diciendo cada vez a los karuks: \u0091As\u00ed har\u00e1n los humanos\u0092. Sus actos y sus palabras son a\u00fan hoy referidas y citadas en las f\u00f3rmulas m\u00e1gicas de los karuks.\u0094100<br \/>\nEl potlach, ese curioso sistema de comercio ritual que se halla en el Noroeste de Am\u00e9rica, al que Marcel Mauss consagr\u00f3 un estudio c\u00e9lebre (Essai sur le don, forme archaique de l\u0092\u00e9change), no es m\u00e1s que la repetici\u00f3n de una costumbre introducida por los antepasados en la \u00e9poca m\u00edtica. Los ejemplos podr\u00edan multiplicarse f\u00e1cilmente.101<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MIRCEA ELIADE EL MITO DEL ETERNO RETORNO ARQUETIPOS Y REPETICI\u00d3N Emec\u00e9 Editores Libera los Libros El mito del eterno retorno. 1a ed. &#8211; Buenos Aires : Emec\u00e9, 2001. Traducci\u00f3n de: Ricardo Anaya ISBN 950-04-2220-4 T\u00edtulo original: Le mythe de I \u0091\u00e9ternel retour. 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