{"id":3906,"date":"2009-03-11T20:35:35","date_gmt":"2009-03-11T20:35:35","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3906"},"modified":"2009-03-11T20:35:35","modified_gmt":"2009-03-11T20:35:35","slug":"funci\u00f3n-de-la-memoria-en-la-kabala-y-el-sufismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3906","title":{"rendered":"Funci\u00f3n de la memoria en la Kabala y el sufismo"},"content":{"rendered":"<p>Funci\u00f3n de la memoria en la Kabala y el sufismo<br \/>\nPor Mario Satz *<\/p>\n<p>Dado que existe un famoso hadiz que atribuye a Muh\u00e1mmad el dicho: \u00abBusca la sabidur\u00eda hasta en la China\u00bb, creo que es l\u00edcito comenzar esta meditaci\u00f3n sobre la memoria en tanto c\u00f3digo de resurrecciones con una f\u00e1bula china extra\u00edda del Jard\u00edn de las An\u00e9cdotas (1). Dice as\u00ed:<\/p>\n<p>\u0093Ya tengo setenta a\u00f1os \u0097dijo el duque Ping de fin a su m\u00fasico ciego, Shi Kuang\u0097. Aunque quisiera estudiar y leer algunos libros, creo que ya es demasiado tarde, pues me falla la memoria\u0094. \u0093Por qu\u00e9 no enciende la vela?\u0094 \u0097sugiri\u00f3 Shi Kuang\u0097. \u0093C\u00f3mo se atreve un s\u00fabdito a bromear con su se\u00f1or?\u0094 \u0097exclam\u00f3 el duque, enojado\u0097. \u0093Yo, un m\u00fasico ciego, no me atrever\u00eda \u0097contest\u00f3 ShiKuang\u0097. Pero he o\u00eddo decir que si un hombre es devoto al estudio en su Juventud, su futuro es brillante como el sol matinal; si se aficiona al estudio en su edad media, es como el sol del mediod\u00eda; mientras que si comienza a estudiar de viejo es como la llama de la vela. Aunque la vela no es muy brillante, al menos es mejor que andar a tientas, en la oscuridad&#8230;\u0094 Y el duque estuvo de acuerdo.<\/p>\n<p>Las posiciones del sol resultan, en esa an\u00e9cdota, significativas en relaci\u00f3n al estudio y la memoria por diversas razones, todas ellas convergentes. La primera es de \u00edndole f\u00edsico-qu\u00edmica y establece que una p\u00e9rdida real de memoria, causada por el stress o la edad, puede ser compensada por una ingesta de f\u00f3sforo, es decir por una incorporaci\u00f3n de luz al organismo. Como son las neuronas las responsables de alumbrar la memoria, es hacia all\u00ed que va el f\u00f3sforo a ceder sus encantadas mol\u00e9culas, due\u00f1o de esa extra\u00f1a propiedad que le \u0093hace brillar en medio de la oscuridad\u0094. La segunda raz\u00f3n, parad\u00f3jica, estriba en que se trata de un ciego y para m\u00e1s datos un m\u00fasico quien sugiere al duque Ping encender una vela.<\/p>\n<p>En Israel, como en el Islam, la figura del ciego es proverbial, arquet\u00edpica. Tanto el saber oral de los sagu\u00ed nahor o \u0093ciegos de demasiada luz\u0094 mencionados en el Talmud, como los relatos de los almu\u00e9danos invidentes son citados y admirados por su precisi\u00f3n, belleza y eufon\u00eda, pero sobre todo por el despliegue fabuloso de memoria que demuestran, como si el cerrar los ojos al mundo externo fuera, con todo, un gran privilegio, ya que as\u00ed es m\u00e1s f\u00e1cil auscultar lo interior, ver-lo-que no se ve. De Homero a Milton y de \u00e9ste a Borges la cadena de los ciegos memoriosos es tan po\u00e9tica como inequ\u00edvocamente divina. Se les concede el don de la palabra, que supone el de un buen o\u00eddo y por consiguiente el de una impresionante retentiva, a quienes las im\u00e1genes no alejan demasiado del sitio de los reencuentros, a quienes, muy dentro de s\u00ed mismos, perciben lo que acontece fuera. Si el ojo es el veh\u00edculo de todas las fugas, el o\u00eddo constituye, por el contrario, la concha de todas las repeticiones, de todas las vueltas del ser sobre s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>La tercera raz\u00f3n, y tal vez la m\u00e1s importante, seg\u00fan sugiere el ciego Shi Kuang, es el valor del estudio. En efecto, el inter\u00e9s por las cosas espirituales, ese incesante aprendizaje del alma que tanto veneraron los antiguos maestros del coraz\u00f3n como Ibn \u0091Arab\u00ee o Bonastruc de Porta, Lullio o Maim\u00f3nides, contempor\u00e1neos todos de un incre\u00edble siglo XIII espa\u00f1ol, es preferible al andar a tientas, a morar en las sombras de un desconsolado no saber. Obviamente, el estudio como h\u00e1bito fortifica la memoria, pero en el contexto de la par\u00e1bola china hace a\u00fan m\u00e1s: ilumina aquella \u00e9poca de nuestra vida \u0097en la que comienzan a mermar nuestras fuerzas\u0097 con el sol del recuerdo, sostiene una luz neguentr\u00f3pica contra el negro destino entr\u00f3pico de todos los sistemas biol\u00f3gicos, manteniendo en vilo nuestra curiosidad y su abanico de sorpresas. Basta considerar que en la palabra Oriente est\u00e1 incluida la salida del sol para comprender de inmediato que estar desorientado es estar privado de luces y destellos guiadores.<\/p>\n<p>Pero la memoria en s\u00ed no implica ning\u00fan valor. Antes bien, a veces, como en el caso del tibetano Milarepa, puede ser un impedimento para alcanzar la iluminaci\u00f3n, el dharmakaya o luminoso cuerpo diamantino. Tal es, quiz\u00e1, la raz\u00f3n por la que el santo y poeta disc\u00edpulo de Marpa el Traductor dijo aquello de: \u0093La memoria es la culpable en los infiernos\u0094. Atada al pasado, ruina de alg\u00fan remoto hecho viviente, huella mn\u00e9sica, corteza seca, ceniza amarga, la memoria impide con frecuencia el goce y la percepci\u00f3n del aqu\u00ed y ahora. Debemos aclarar que, en este caso, se trata de una memoria cronol\u00f3gica, de un pesado remanente biogr\u00e1fico que impedir\u00eda a un individuo o a un pueblo dado enfrentarse desnudo, sin condicionamientos previos, al puro devenir sin nombre. Acceder de modo directo y sin filtros a la radiante luz del Ser.<\/p>\n<p>Por el contrario, tanto la memoria a la que aspiran el cabalista como el suf\u00ed, enmarcada en la ra\u00edz verbal sem\u00edtica zjr, que para los m\u00edsticos musulmanes conduce al dzikr y para los estudiosos hebreos desemboca en zjor, supone una evocaci\u00f3n de algo acontecido in illo tempore, el retorno a un estado sin fisuras ni dualidades, en el que el ser humano estaba reci\u00e9n salido del horno de Dios, y era un pan de semejanzas, una brillante espiga anal\u00f3gica. Zjor et ha lom ha shabat, \u0093recuerda el d\u00eda s\u00e1bado\u0094, reza el imperativo b\u00edblico, pues en ese s\u00e9ptimo d\u00eda \u0097al que le corresponde, en la secuencia alfab\u00e9tica, la letra zain que alude a la semilla y al tiempo\u0097 el Creador contempla Su creaci\u00f3n. En lo que respecta al suf\u00ed o m\u00edstico musulm\u00e1n, mediante la correcta recitaci\u00f3n de las suras, \u00e9ste se convierte en un dz\u00e2kir, en un rememorador let\u00e1nico que regresa del sentido al puro sonido como un agua que refluyera hacia su fuente.<\/p>\n<p>En esa primera aparici\u00f3n del Exodo 20:8 que ordena memorizar el s\u00e1bado, los kabalistas perciben todo el misterio del septenario. En efecto, la cifra siete, sheva en hebreo, alude a las seis direcciones del espacio m\u00e1s el centro, y ocupa tanto el primero como el s\u00e9ptimo puesto en el orden de lo manifestado. Siete es tambi\u00e9n el n\u00famero de las cuerdas de la lira de Orfeo, de ah\u00ed que los pitag\u00f3ricos vieron en ese valor una ley arm\u00f3nica musical de revelaci\u00f3n y ocultamiento simult\u00e1neos. Analizando cada una de las tres letras que incluye la palabra sheva, siete, podemos descubrir en ella dos subra\u00edces: shab, que indica retorno, vuelta o regreso, y ab, nube, formaci\u00f3n vaporosa. Siete ser\u00eda, as\u00ed, una vuelta a los or\u00edgenes. Simult\u00e1neamente, al estar en relaci\u00f3n con el d\u00eda de descanso, resulta m\u00e1s que curioso constatar que, le\u00edda con un cambio en la notaci\u00f3n diacr\u00edtica, es decir como sabea, tal palabra supone satisfacci\u00f3n, plenitud f\u00edsica, de donde se sigue que la memoria que se pone en juego el s\u00e1bado es la de una plenitud central y arm\u00f3nica, c\u00edclica y axial.<\/p>\n<p>De modo an\u00e1logo, en el Tratado de\/ Amor (2) de Ibn \u0091Arab\u00ee de Murcia, que forma parte de su extensa obra Fut\u00fbh\u00e2t alMakkiyya o Conquistas espirituales de Meka, leemos: \u0093Hubo entonces la Nube opaca que se llam\u00f3 \u0091El Ser verdadero por el cual existe el mundo creado\u0092. Esta nube opaca, que es la substancia primordial del mundo, recibe eternamente todas sus formas as\u00ed como los esp\u00edritus y las entidades sometidas a la Naturaleza universal sin excepci\u00f3n. Ese fue el origen de Su amor hacia nosotros\u0094.<\/p>\n<p>El peso y la medida del tiempo, la calcificaci\u00f3n inevitable de lo cotidiano, la herrumbre del cuerpo en suma, s\u00f3lo se mitigan con un retorno a lo nuboso Indeterminado, a lo suspenso en el espacio, a aquello que los budistas denominar\u00edan lo Increado. Por consiguiente, si la memoria sirve para eso, sus instrumentos meem\u00f3nicos son una bendici\u00f3n para el buscador espiritual.<\/p>\n<p>Por otra parte, este tipo de memoria positiva no es meramente gen\u00e9tica o cosmol\u00f3gica \u0097rasgos que entran dentro de lo comprensible por la v\u00eda del ADN o de las part\u00edculas subat\u00f3micas que a\u00fan laten su movimiento browniano en nuestras c\u00e9lulas\u0097, sino que apunta m\u00e1s all\u00e1, hacia una zona m\u00edstica en la cual el observador participante se convierte en creador de s\u00ed mismo. La imitatio es, all\u00ed, transmutatio, puesto que el yo humano, que recuerda quien es, deviene T\u00fa, un T\u00fa divino que \u0097aunque envuelto en nube opaca, dir\u00eda Ibn \u0091Arab\u00ee \u0097 se percibe como la m\u00e1xima y \u00fanica certidumbre del \u0093origen del Amor hacia nosotros\u0094. En la K\u00e1bala, la letra zain, que ocupa, seg\u00fan dijimos, el s\u00e9ptimo sitio alfab\u00e9tico, inicia doblemente las palabras zera, \u00absemilla\u00bb, y zohar, \u00abresplandor\u00bb. lo que equivale a decir que la simiente es luz cristalizada y que en ella, al igual que en el grano de mostaza evang\u00e9lico, est\u00e1 contenido El Reino de los Cielos.<\/p>\n<p>Ahora bien, el camino que va de la semilla al \u00e1rbol, de lo cr\u00edptico a lo revelado, esa es la senda que debe recorrer la memoria suf\u00ed o kabal\u00edstica, cuyo objetivo supremo, como el del perianto de las flores, es devolver luz a la luz, porque as\u00ed como la mala memoria est\u00e1 a oscuras, la buena memoria, la memoria inmejorable, desanda el tortuoso camino del tiempo y actualiza, en este espacio que pisan nuestras plantas, la totalidad del mundo en un instante. Recordar es Iluminarse e iluminarse es recordar.<\/p>\n<p>\u0093El dzikr (zekr, en persa) \u0097escribe Henry Corbin (3)\u0097 es el medio m\u00e1s apropiado para liberar la energ\u00eda espiritual, es decir, para permitir que la part\u00edcula de luz divina que se encuentra en el m\u00edstico se una a su semejante.\u0094 Se trata, en consecuencia, de ponerse en contacto \u0097a trav\u00e9s de la memoria\u0097 con la luz que nos engendr\u00f3, la cual, para los cabalistas hebreos, est\u00e1 ligada, ritualmente, al d\u00eda s\u00e1bado, el de la contemplatio por antonomasia.<\/p>\n<p>Entre los suf\u00edes, en cambio, y seg\u00fan lo anota Corbin, el dzikr tiene el privilegio de no estar ligado a ning\u00fan horario en particular, pues no conoce otra limitaci\u00f3n m\u00e1s que la capacidad personal del m\u00edstico. Najm Kubr\u00e2, un maestro persa (tambi\u00e9n del siglo XIII), estudiado por Corbin, sosten\u00eda que, cuando en la pr\u00e1ctica del dzikr el m\u00edstico se sumerge en su propio coraz\u00f3n, \u00e9ste se introduce en una \u0093especie de pozo al que el mismo dzikr desciende como un cazo para recoger de all\u00ed agua\u0094. Se trata, por lo visto, no de un agua com\u00fan, sino de acqua ardens o un acqua vitae que, a la manera de la evocada por los alquimistas, lava al sujeto de su escoria personal, es decir, biogr\u00e1fica, hist\u00f3rica, despoj\u00e1ndolo de sus coordenadas de reconocimiento social para acabar arroj\u00e1ndolo a un oc\u00e9ano de luz o de fuego. \u0093En una \u00faltima fase, el dzikr se entremezcla tan \u00edntimamente con el ser profundo del m\u00edstico que, aunque \u00e9ste lo abandonara, el dzikr no le abandonar\u00eda a \u00e9l. \u0091Su fuego (es Kubr\u00e2 quien habla en el libro de Corbin) no cesa de arder, sus luces ya no se extinguen. Ves sin cesar luces que suben y bajan. El resplandor te rodea, con llamas muy puras, muy c\u00e1lidas, muy ardientes\u0092.\u0094<\/p>\n<p>El Zohar hebreo, texto capital del siglo XIII espa\u00f1ol, no se propone llevar al sujeto a ese extremo, pero, no obstante, llama a su maestro principal, Rab\u00ed Sime\u00f3n Bar Yolial, la L\u00e1mpara Santa, describiendo su paso al otro mundo como un incendio o conflagraci\u00f3n espiritual. Tambi\u00e9n para la K\u00e1bala es el coraz\u00f3n el nido estelar de todos los posibles vuelos. Sus latidos constituyen los as\u00ed llamados \u0093misteriosos treinta y dos senderos de sabidur\u00eda\u0094 cuyo recorrido desemboca en la Luz Sin Fin, ubicada por encima de la coronilla. \u0093Quien desea penetrar \u0097dice la L\u00e1mpara Santa, Rab\u00ed Sime\u00f3n en el Zohar (4)\u0097 en el misterio de la santa Unidad, debe contemplar la llama que sale de un carb\u00f3n o de una vela encendidas. La llama s\u00f3lo puede salir de un cuerpo concreto. Adem\u00e1s, en la llama misma hay dos luces: una blanca y luminosa y otra negra o azul. La luz blanca es la m\u00e1s elevada y sale constantemente. La luz azul o negra est\u00e1 debajo de la otra que descansa sobre ella como sobre un pedestal. 1,as t\u00edos est\u00e1n inseparablemente ligadas, hall\u00e1ndose la blanca entronizada sobre la negra. La base azul o negra est\u00e1, a su vez, ligada a algo de abajo, que la mantiene encendida e impele a tener hacia la luz blanca de arriba. A veces, esa luz azul o negra se torna roja, pero la luz blanca de arriba nunca cambia de color.\u0094<\/p>\n<p>La menci\u00f3n del \u0091azul o negro que a veces es rojo\u0092 responde al cromatismo oscilante de lo vivo, sujeto a combusti\u00f3n aer\u00f3bica, pero la emanaci\u00f3n de la luz blanca, de la que el maestro comenta que \u0093sale constantemente\u0094, o sea, que es homog\u00e9nea, constituye la verdadera aspiraci\u00f3n del m\u00edstico. Mois\u00e9s \u0097dice el Zohar\u0097 y otros grandes maestros alcanzan ese nivel, un continuum sin altibajos humanos, tras un engarce en el cual este mundo adquiere su verdadera perspectiva de teatro de sombras. Homologado \u0097por el esfuerzo del zjor kabal\u00edstico o el dzikr suf\u00ed\u0097 el cuerpo del estudiante a esa vela o carb\u00f3n, su trabajo consistir\u00eda, memoria mediante, en arder hasta alcanzar un grado de luminiscencia tal que el sujeto se convierta en pura informaci\u00f3n, en \u0093rayo que no cesa\u0094, que dijera el poeta Miguel Hern\u00e1ndez. Para ello es preciso pasar la famosa prueba del fuego paulino, a partir de la cual se comprende que: \u0093Dios, que mand\u00f3 que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeci\u00f3 en nuestros corazones, para iluminaci\u00f3n del conocimiento de la glor\u00eda de Dios en la faz de Jesucristo\u0094, 2 Corintios, 4:6.<\/p>\n<p>Puesto que recordar contiene la ra\u00edz latina cor, \u0093coraz\u00f3n\u0094, ser\u00e1 sin duda ese el locus o atanor alqu\u00edmico en el cual el art\u00edfice o m\u00edstico enciende el fuego voluntario que le llevar\u00e1 eventualmente a percibir la \u0093gloria de Dios\u0094, como don o gracia. Los suf\u00edes denominan al coraz\u00f3n qalb y los kabalistas leb, pero para ambos buscadores de la Verdad Ultima esa v\u00edscera es mucho m\u00e1s que un elemento del cuerpo: constituye el oscilante trampol\u00edn desde el que se ensayan los sucesivos saltos en el interior de la \u0093nube opaca\u0094 de Ibn \u0091Arab\u00ee.<\/p>\n<p>En un famoso libro llamado Materia y memoria, Henry Bergson expuso, a la manera de Einstein, el modo en que la informaci\u00f3n cristaliza o se fija moment\u00e1neamente en redes de \u00e1tomos, para ser desactivada en un instante oportuno. Si acaso la materia, la materia viva, se acuerda de lo que dice o transmite, en ese mismo momento lo cristalizado se torna fluido. De tal forma que si la informaci\u00f3n es conciencia, cada modificaci\u00f3n o acrecentamiento de conciencia cambia la informaci\u00f3n precedente y por ende su veh\u00edculo. Bergson llam\u00f3 a cada proceso \u0093evoluci\u00f3n creadora\u0094 mucho antes que se descubriera el c\u00f3digo gen\u00e9tico, con su doble h\u00e9lice y, en ella, la funci\u00f3n fosforilizadora del fosfato del ATP. La fotofosforilaci\u00f3n c\u00edclica, es decir, la s\u00edntesis del ATP a partir del ADP y del fosfato mineral, se mueve entre las cifras dos y tres, dualidad y trinidad, gracias a un p\u00e9ndulo de luz, de f\u00f3sforo, que ilumina, a trav\u00e9s de los plastos, el verde de las hojas, primeras conversoras de energ\u00eda fotovoltaica en energ\u00eda viva. Su color, familiar a los m\u00edsticos del Islam, es el del Jadir, el Inmortal de cuyas repetidas apariciones goz\u00f3 Ibn \u0091Arab\u00ee a lo largo de su vida errante. Por su parte, kabalistas hebreos ven en el color verde, que llaman iarok, algo muy valioso, iakar. Tanto que sus mismas tres letras \u0097reish, iod y kuf\u0097 forman la palabra reik, vac\u00edo.<\/p>\n<p>Pero \u00bfqu\u00e9 es aquello que, siendo verde y valioso, est\u00e1 vac\u00edo? Mejor dicho, \u00bfpor qu\u00e9 es ese tono el que tiene tanta preeminencia en los m\u00edsticos? Sencillamente porque es el color osir\u00edaco de la resurrecci\u00f3n y, en la gama natural, ocupa el lugar central. As\u00ed, todo iniciado capaz de hallar en su camino a Jadir supera su condici\u00f3n humana y reverdece emergiendo a otro plano: de la dualidad, tras el toque fosf\u00f3rico de la iluminaci\u00f3n y el hierro fijador de su sangre, tendr\u00e1, tarde o temprano, acceso a ese misterio trino y uno de lo vivo, momento en que \u00e9l illismo devendr\u00e1 una hoja del \u00e1rbol c\u00f3smico y sentir\u00e1 la savia de los soles fluyendo por sus arterias. Entonces recordar\u00e1 qui\u00e9n es. Uno en muchos, muchos en uno.<\/p>\n<p>Corbin denomina a esta visi\u00f3n, de larga data entre los suf\u00edes, visio smaragdina. A su vez, sus im\u00e1genes proceden del Apocalipsis 43: \u0093Y al instante yo estaba en el Esp\u00edritu, y he aqu\u00ed un trono establecido en el cielo, y en el trono, uno sentado, y el aspecto del que estaba sentado era semejante a la piedra de jaspe, y de cornalina; y hab\u00eda, alrededor del trono, un arco iris, semejante en aspecto a la esmeralda\u0094. Cuando tal visi\u00f3n se experimenta, escribi\u00f3 Kubr\u00e2: \u0093Todos los ma\u0091\u00e2n\u00ee (los contenidos ocultos, las chispas latentes) vuelven a su fuente que es el coraz\u00f3n; y entonces todo adquiere un color \u00fanico, el color verde, el cual es el color de la vitalidad del coraz\u00f3n\u0094. <\/p>\n<p>En la K\u00e1bala se habla del camino que va del \u00c1rbol del Bien y del Mal al \u00c1rbol de la Vida como de una ruta abismal. Puesto que ambos \u00e1rboles difieren simplemente por el tono gn\u00f3stico de sus hojas, ser\u00e1 el segundo de ellos el que \u0093siempre est\u00e9 verde\u0094 y d\u00e9 fruto todo el a\u00f1o. Un \u00e1rbol del cual \u0097como reza el Salmo 1:3: \u0093su hoja no cae\u0094, alehu lo ibol. Empero, toda vez que la dial\u00e9ctica del bien y del mal, de lo alto y lo bajo, del yo y los otros, haga presa del coraz\u00f3n natural del hombre, nada sobrenatural le ser\u00e1 dado conocer. SI, en cambio, como una bella hoja, \u00e9l mismo es capaz de fotosintetizar la luz, de fijarla, de revelarla a otros, entonces su mente se transformar\u00e1 en el im\u00e1n de los cielos.<\/p>\n<p>Para volver a la funci\u00f3n de la memoria en el Sufismo y en la K\u00e1bala, comparemos ahora las palabras zjor y dzikr relacionadas ambas con la evocaci\u00f3n, con el recuerdo. Tributarias de la misma ra\u00edz, conservan en ella lo que la K\u00e1bala llama raz, secreto, y el Sufismo sirr, el centro m\u00e1s \u00edntimo del alma, all\u00ed donde se opera la uni\u00f3n m\u00edstica. Desde el punto de vista guem\u00e1trico, es decir, num\u00e9rico, el vocablo raz da la cifra 207, que es id\u00e9ntica a la de or, luz. De donde, para la K\u00e1bala, el secreto de la memoria es la luz, Simult\u00e1neamente, seg\u00fan la terminolog\u00eda de Kubr\u00e2, recordar, ejercer el dzikr, tiene por finalidad hacer que el Sujeto emerja de un pozo para despu\u00e9s de atravesar toda clase de fotismos coloreados alcanzar la altura del Ins\u00e2n Kab\u00eer, el Homo Maximus llamado por los kabalistas Ad\u00e1m Kadm\u00f3n. All\u00ed, tras el ejercicio correcto de la memoria, sirr se abre como una flor, proyectando su luz auroral en torno a la cabeza del iniciado, exactamente como dicen los budistas t\u00e1ntricos que ocurre cuando el loto de los mil p\u00e9talos o sahasrara, que lleva inscrito los cincuenta caracteres del alfabeto s\u00e1nscrito, muestra toda su blancura una vez lograda la realizaci\u00f3n, una vez puestos en contacto al fin humano con el origen divino. Pero silencio, blanco, altura, cielo, s\u00f3lo son sin\u00f3nimos superficiales para nombrar una experiencia profunda.<\/p>\n<p>Contrariamente a la tradici\u00f3n cl\u00e1sica grecolatina, que ve\u00eda en la memoria un auxilio para la oratoria, tal y como lo narra Cicer\u00f3n, suf\u00edes y kabalistas la consideran una v\u00eda interior, jam\u00e1s un lujo social ni un instrumento de brillo p\u00fablico. Si, como bien recuerda Francis Yates (5), la memoria cl\u00e1sica, renacentista y en definitiva europea busca en arquitecturas y decorados loci determinados para sus puntos de apoyo, y aprecia, en la capacidad de recordar, la facultad evocadora del pasado, kabalistas y suf\u00edes se empe\u00f1an por su parte en trascender las formas, que consideran velos o cortinas a descorrer con tal de tener acceso a una unidad indiferenciada, metahumana, as\u00ed pues, las relaciones de contiguidad objetal, aquello que en ingl\u00e9s llamar\u00edamos background, y que caracterizan todo el arte de la memoria occidental, tienen para el m\u00edstico jud\u00edo o isl\u00e1mico, como (dicho sea de paso) para el castellano del Siglo de Oro, relativa importancia. El est\u00e1 interesado, sobre todo, en las relaciones de homolog\u00eda, en los lazos invisibles y, por lo tanto, dif\u00edciles de percibir por la memoria com\u00fan. Si acaso se aplica al estudio y logra desarrollar ciertos poderes lo har\u00e1 para que el sol de la ma\u00f1ana, como narra la par\u00e1bola china ya citada, le brille en la noche de su vida; para que la ausencia se le convierta en presencia y la ceguera en m\u00fasica.<\/p>\n<p>En tanto bater\u00edas de c\u00e9lulas solares en organismos vivos, nuestro destino se encamina del brillo a la opacidad, de la tersura a las arrugas, de la plenitud al vac\u00edo. Cuanto m\u00e1s decae el cuerpo, m\u00e1s gana la sombra, hasta que la muerte f\u00edsica, Sombra de sombras, s\u00f3lo deja nuestros restos. Por ello es meritoria y justificable la tarea espiritual del m\u00edstico, luchador hel\u00edaco, l\u00e1mpara de sus gentes, aventurero de su geograf\u00eda simb\u00f3lica. En las heridas y en las cicatrices de sus combates, as\u00ed como en sus versos y poemas, huellas mn\u00e9sicas, vemos los fulgores de nuestro propio camino. Una defensa de luz por la luz.<\/p>\n<p>\u0093El Hombre Perfecto \u0097escribi\u00f3 Ibn \u0091Arab\u00ee en el Fus\u00fbs al Hikam (6)\u0097 no siente su peso\u0094. De igual modo, podr\u00edamos decir que la memoria que se acuerda vuelve al sitio del cual nunca ha salido.<\/p>\n<p>Notas<\/p>\n<p>(1) F\u00e1bulas Antiguas de China, Pek\u00edn, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1984.<br \/>\n(2) Ibn \u0091Arab\u00ee, Tratado del Amor, Edicomunicaci\u00f3n, Barcelona, 1988.<br \/>\n(3) Henry Corbin, El hombre de luz en el sufismo iranio, editorial Siruela.<br \/>\n(4) El Zohar, lecturas b\u00e1sicas de la K\u00e1bala, Biblioteca del Drag\u00f3n, Madrid, 1986.<br \/>\n(5) Francis Yates, El arte de la Memoria, Taurus, Madrid, 1974.<br \/>\n(6) Ibn \u0091Arab\u00ee, El N\u00facleo del N\u00facleo, Sirio, M\u00e1laga, 1986.<\/p>\n<p>* Los dos horizontes, textos sobre Ibn \u0091Arab\u00ee, editora Regional de Murcia, pp. 375-383<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Funci\u00f3n de la memoria en la Kabala y el sufismo Por Mario Satz * Dado que existe un famoso hadiz que atribuye a Muh\u00e1mmad el dicho: \u00abBusca la sabidur\u00eda hasta en la China\u00bb, creo que es l\u00edcito comenzar esta meditaci\u00f3n sobre la memoria en tanto c\u00f3digo de resurrecciones con una f\u00e1bula china extra\u00edda del Jard\u00edn de las An\u00e9cdotas (1). 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