{"id":3895,"date":"2009-03-05T20:32:33","date_gmt":"2009-03-05T20:32:33","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3895"},"modified":"2009-03-05T20:32:33","modified_gmt":"2009-03-05T20:32:33","slug":"tras-las-huellas-de-la-tradiccion-perenne","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3895","title":{"rendered":"TRAS LAS HUELLAS DE LA TRADICCION PERENNE"},"content":{"rendered":"<p>TRAS LAS HUELLAS<br \/>\nDE LA<br \/>\nRELIGION PERENNE<\/p>\n<p>Frithjof Schuon<br \/>\nINDICE<\/p>\n<p>Prefacio\t3<br \/>\nPremisas epistemol\u00f3gicas\t5<br \/>\nDimensiones, modos y grados del Orden Divino\t12<br \/>\nEspeculaci\u00f3n Confesional: Intenciones y Dificultades\t20<br \/>\nEscollos del Lenguaje de la Fe\t36<br \/>\nNotas sobre Tipolog\u00eda Religiosa\t42<br \/>\nEnigma y mensaje de un Esoterismo\t50<br \/>\nEscatolog\u00eda Universal\t60<br \/>\nS\u00edntesis y conclusi\u00f3n\t68<\/p>\n<p>PREFACIO<\/p>\n<p>A lo largo de toda nuestra obra hemos tratado de la Religi\u00f3n perenne, expl\u00edcita o im-pl\u00edcitamente, y en conexi\u00f3n con las diversas religiones, que por una parte la velan y por otra la dejan transparentar; y creemos haber dado de esta Sophia primordial y universal una idea homog\u00e9nea y suficiente, a pesar de nuestra manera discontinua y espor\u00e1dica de referirnos a ella. Pero la Sophia perennis es con toda evidencia inagotable y no tiene unos limites naturales, ni siquiera en una exposici\u00f3n sistem\u00e1tica como el V\u00ead\u00e2nta; este car\u00e1cter de sistema no es, por lo dem\u00e1s, ni una ventaja ni una desventaja, puede ser una cosa o la otra seg\u00fan el contenido; la verdad es bella en todas sus formas. De hecho, no hay ninguna gran doctrina que no sea un sistema, ni ninguna que se exprese de una ma-nera exclusivamente sistem\u00e1tica.<br \/>\nComo es imposible agotar todo lo que se presta a la expresi\u00f3n, y como la repetici\u00f3n en materia metaf\u00edsica no puede ser un mal \u0097es mejor ser demasiado claro que no serlo bastante\u0097, hemos cre\u00eddo poder volver a nuestras tesis de siempre, ya sea para proponer cosas que todav\u00eda no hab\u00edamos dicho, o bien para exponer de una manera \u00fatilmente nueva las que hab\u00edamos dicho. Si el n\u00famero de los elementos fundamentales de una doctrina, por definici\u00f3n abstracta, est\u00e1 forzosamente m\u00e1s o menos limitado \u0097\u00e9sta es la definici\u00f3n misma de un sistema, pues los elementos formales de un cristal regular no pueden ser innumerables\u0097, no ocurre lo mismo con las ilustraciones o las aplicaciones, que son ilimitadas y cuya funci\u00f3n es la de hacer captar mejor lo que a primera vista pa-rece no ser bastante concreto.<br \/>\nTodav\u00eda otra observaci\u00f3n, \u00e9sta de orden m\u00e1s o menos personal: crecimos en una \u00e9poca en la que uno todav\u00eda pod\u00eda decir, sin tener que sonrojarse por su ingenuidad, que dos y dos son cuatro; en la que las palabras ten\u00edan todav\u00eda un sentido y quer\u00edan decir lo que quieren decir; en la que uno pod\u00eda acomodarse a las leyes de la l\u00f3gica elemental o del sentido com\u00fan, sin tener que pasar por la psicolog\u00eda o la biolog\u00eda, o la llamada so-ciolog\u00eda, y as\u00ed con todo; en suma, en la que a\u00fan hab\u00eda puntos de referencia en el arsenal intelectual de los hombres. Con esto queremos dar a entender que nuestra forma de pen-sar y nuestra dial\u00e9ctica son deliberadamente anticuadas; y sabemos de antemano, pues esto es muy evidente, que el lector al que nos dirigimos nos lo agradecer\u00e1.<\/p>\n<p>PREMISAS EPISTEMOL\u00d3GICAS<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino de philosophia perennis, que apareci\u00f3 a partir del Renacimiento, y del que la neoescol\u00e1stica ha hecho uso ampliamente, designa la ciencia de los principios ontol\u00f3gicos fundamentales y universales; ciencia inmutable como estos mismos princi-pios, y primordial por el hecho mismo de su universalidad y su infalibilidad. Utilizar\u00eda-mos de buen grado el t\u00e9rmino de sophia perennis para indicar que no se trata de \u00abfiloso-f\u00eda\u00bb en el sentido corriente y aproximado de la palabra \u0097la cual sugiere simples cons-trucciones mentales, surgidas de la ignorancia, la duda y las conjeturas, e incluso del gusto por la novedad y la originalidad\u0097, o, tambi\u00e9n, podr\u00edamos emplear el t\u00e9rmino de religio perennis, refiri\u00e9ndonos entonces al lado operativo de esta sabidur\u00eda, o sea a su aspecto m\u00edstico o inici\u00e1tico . Y a fin de recordar este aspecto, e indicar que la sabidur\u00eda universal y primordial compromete al hombre entero, hemos elegido para nuestro libro el t\u00edtulo de \u00abReligi\u00f3n perenne\u00bb, para indicar tambi\u00e9n que la quintaesencia de toda reli-gi\u00f3n se halla en esta religio metaf\u00edsica, y que hay que conocer \u00e9sta si se quiere dar cuen-ta de ese misterio a la vez humano y divino que es el fen\u00f3meno religioso. Ahora bien, dar cuenta de este fen\u00f3meno \u00absobrenaturalmente natural\u00bb es sin duda una de las tareas m\u00e1s urgentes de nuestra \u00e9poca.<br \/>\nCuando se habla de doctrina, se piensa en primer lugar, y con raz\u00f3n, en un abanico de conceptos concordantes; pero hay que tener en cuenta as\u00ed mismo el aspecto epistemo-l\u00f3gico del sistema considerado, y es esta dimensi\u00f3n, que forma parte tambi\u00e9n de la doc-trina, la que queremos examinar aqu\u00ed a t\u00edtulo introductorio. Es importante saber ante todo que hay verdades que son inherentes al esp\u00edritu humano, pero que de hecho est\u00e1n como sepultadas en el \u00abfondo del coraz\u00f3n\u00bb, es decir, contenidas a t\u00edtulo de potenciali-dades o virtualidades en el Intelecto puro; son \u00e9stas las verdades principales y arquet\u00edpi-cas, las que prefiguran y determinan a todas las dem\u00e1s. Tienen acceso a ellas, intuitiva e infaliblemente, el \u00abgn\u00f3stico\u00bb, el \u00abpneum\u00e1tico\u00bb, el \u00abte\u00f3sofo\u00bb \u0097en el sentido propio y original de estos t\u00e9rminos\u0097, y ten\u00eda acceso a ellas por consiguiente el \u00abfil\u00f3sofo\u00bb seg\u00fan el significado todav\u00eda literal e inocente de la palabra: un Pit\u00e1goras y un Plat\u00f3n, y en par-te incluso un Arist\u00f3teles, a pesar de su perspectiva exteriorizante y virtualmente cientifi-cista.<br \/>\nY esto es de primera importancia: si no existiera el puro Intelecto \u0097la facultad intui-tiva e infalible del Esp\u00edritu inmanente\u0097, tampoco existir\u00eda la raz\u00f3n, pues el milagro del razonamiento no se explica y no se justifica m\u00e1s que por el de la intelecci\u00f3n. Los anima-les carecen de raz\u00f3n porque son incapaces de concebir el Absoluto; dicho de otro modo, si el hombre posee la raz\u00f3n, y con ella el lenguaje, es \u00fanicamente porque tiene acceso en principio a la visi\u00f3n suprarracional de lo Real y por consiguiente a la certidumbre meta-f\u00edsica. La inteligencia del animal es parcial, la del hombre es total; y esta totalidad no se explica sino por una realidad trascendente a la que la inteligencia est\u00e1 proporcionada.<br \/>\nPor eso el error decisivo del materialismo y del agnosticismo consiste en no ver que las cosas materiales y las experiencias corrientes de nuestra vida est\u00e1n inmensamente por debajo de la envergadura de nuestra inteligencia. Si los materialistas tuvieran raz\u00f3n, esta inteligencia ser\u00eda un lujo inexplicable; sin el Absoluto, la capacidad de concebirlo no tendr\u00eda un motivo. La verdad del Absoluto coincide con la substancia misma de nuestro esp\u00edritu; las diversas religiones actualizan objetivamente lo que contiene nuestra subjetividad m\u00e1s profunda. La revelaci\u00f3n es en el macrocosmo lo que la intelecci\u00f3n es en el microcosmo; lo Trascendente es inmanente al mundo, sin lo cual \u00e9ste no podr\u00eda existir, y lo Inmanente es trascendente con respecto al individuo, sin lo cual no lo sobre-pasar\u00eda.<br \/>\nLo que acabamos de decir sobre la envergadura de la inteligencia humana se aplica igualmente a la voluntad, en el sentido de que el libre albedr\u00edo prueba la trascendencia de su fin esencial, para el cual el hombre ha sido creado y por el cual el hombre es hom-bre; la voluntad humana es proporcionada a Dios, y no es sino en Dios y por \u00c9l como ella es totalmente libre. Se podr\u00eda decir algo an\u00e1logo en lo que concierne al alma huma-na: nuestra alma prueba a Dios porque es proporcionada a la naturaleza divina, y lo es por la compasi\u00f3n, el amor desinteresado, la generosidad; o sea, a fin de cuentas, por la objetividad, la capacidad de salir de nuestra subjetividad y, por consiguiente, de supe-rarnos; esto es lo que caracteriza precisamente a la inteligencia y la voluntad del hom-bre. Y en estos fundamentos de la naturaleza humana \u0097imagen de la naturaleza divi-na\u0097 es donde tiene sus ra\u00edces la religio perennis, y con ella toda religi\u00f3n y toda sabidu-r\u00eda.<br \/>\n\u00abDiscernir\u00bb es \u00abseparar\u00bb: separar entre lo Real y lo ilusorio, lo Absoluto y lo contin-gente, lo Necesario y lo posible, Atm\u00e2 y M\u00e2y\u00e2. Al discernimiento se junta, complemen-taria y operativamente, la \u00abconcentraci\u00f3n\u00bb, que \u00abune\u00bb: es la toma de consciencia plena-ria \u0097a partir de la M\u00e2y\u00e2 terrenal y humana\u0097 del Atm\u00e2 a la vez absoluto, infinito y per-fecto; sin igual, sin limites y sin defecto. Seg\u00fan algunos Padres de la Iglesia, \u00abDios se ha hecho hombre a fin de que el hombre se haga Dios\u00bb; f\u00f3rmula audaz y el\u00edptica que para-frasearemos de forma ved\u00e1ntica diciendo que lo Real se ha hecho ilusorio a fin de que lo ilusorio se haga real; Atm\u00e2 se ha hecho M\u00e2y\u00e2 a fin de que M\u00e2y\u00e2 realice Atm\u00e2. El Abso-luto, en su sobreabundancia, proyecta la contingencia y se refleja en ella, en un juego de reciprocidad del que saldr\u00e1 vencedor, \u00c9l que es el \u00fanico que es.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Hay, en el Universo, lo conocido y el que conoce; en Atm\u00e2, los dos polos est\u00e1n uni-dos, uno se encuentra inseparablemente en el otro, mientras que en M\u00e2y\u00e2 esta unidad se escinde en sujeto y objeto. Seg\u00fan el punto de vista, o seg\u00fan el aspecto, Atm\u00e2 es, bien la \u00abConsciencia\u00bb absoluta \u0097el \u00abTestigo\u00bb universal o el puro \u00abSujeto\u00bb\u0097, bien el \u00abSer\u00bb absoluto, la \u00abSubstancia\u00bb, el \u00abObjeto\u00bb puro y trascendente; es conocible como \u00abReali-dad\u00bb, pero es tambi\u00e9n el \u00abConocedor\u00bb inmanente de todas sus propias posibilidades, primero hipost\u00e1ticas y despu\u00e9s existenciales y existenciadas.<br \/>\nY esto es, para el hombre, de una importancia decisiva: el conocimiento de lo Total exige por parte del hombre la totalidad del conocer. Exige, m\u00e1s all\u00e1 de nuestro pensa-miento, todo nuestro ser, pues el pensamiento es parte, no todo; y esto es lo que indica la finalidad de toda vida espiritual. El que concibe el Absoluto \u0097o el que cree en Dios\u0097 no puede detenerse de jure en este conocimiento, o en esta creencia, realizadas tan s\u00f3lo por el pensamiento; debe, por el contrario, integrar todo lo que \u00e9l es en su ad-hesi\u00f3n a lo Real, como lo exigen precisamente la absolutidad y la infinitud de \u00e9ste. El hombre debe \u00abconvertirse en lo que \u00e9l es\u00bb porque debe \u00abconvenirse en lo que es\u00bb; \u00abel alma es todo lo que ella conoce\u00bb, dice Arist\u00f3teles.<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, el hombre no es s\u00f3lo un ser pensante, es tambi\u00e9n un ser queriente, es decir, que la totalidad de la inteligencia implica la libertad de la voluntad. Esta libertad no tendr\u00eda raz\u00f3n de ser sin un fin prefigurado en el Absoluto; sin el conocimiento de Dios, y de nuestros fines \u00faltimos, no ser\u00eda ni posible ni \u00fatil.<br \/>\nEl hombre est\u00e1 hecho de pensamiento, de voluntad y de amor: puede pensar lo ver-dadero o lo falso, puede querer el bien o el mal, y puede amar lo bello o lo feo . Ahora bien, el pensamiento de lo verdadero \u0097o el conocimiento de lo real\u0097 exige por una parte la voluntad del bien y por otra parte el amor a lo bello, luego a la virtud, pues \u00e9sta no es otra cosa que la belleza del alma; por eso los griegos, tan estetas como pensadores, englobaban la virtud en la filosof\u00eda. Sin belleza del alma, todo querer es est\u00e9ril, es mez-quino y se cierra a la gracia; y de modo an\u00e1logo: sin esfuerzo de la voluntad, todo pen-samiento espiritual permanece a fin de cuentas superficial e ineficaz y lleva a la preten-si\u00f3n. La virtud coincide con una sensibilidad proporcionada \u0097o conforme\u0097 a la Ver-dad, y por esto el alma del sabio se cierne por encima de las cosas, y, precisamente por ello, por encima de s\u00ed misma, si podemos decirlo as\u00ed; de donde el desinter\u00e9s, la nobleza y la generosidad de las grandes almas. Con toda evidencia, la conciencia de los princi-pios metaf\u00edsicos no puede conciliarse con la peque\u00f1ez moral, como la ambici\u00f3n y la hipocres\u00eda; \u00absed perfectos como vuestro Padre en el Cielo es perfecto\u00bb.<br \/>\nHay algo que el hombre debe saber y pensar; y algo que debe querer y hacer; y algo que debe amar y ser. Debe saber que el Principio supremo es el Ser necesario, el cual, por consiguiente, se basta a s\u00ed mismo; que \u00c9l es lo que no puede no ser, mientras que el mundo no es sino lo posible, que puede ser o no ser; todas las dem\u00e1s distinciones y apreciaciones derivan de este distingo fundamental. Adem\u00e1s, el hombre debe querer lo que lo acerca directa o indirectamente a la suprema Realidad desde los mismos puntos de vista, absteni\u00e9ndose a la vez de lo que lo aleja de ella; y el principal contenido de este querer es la oraci\u00f3n, la respuesta dada a la Divinidad; lo cual incluye la meditaci\u00f3n me-taf\u00edsica, as\u00ed como la concentraci\u00f3n m\u00edstica. Por \u00faltimo, el hombre debe amar \u00aben Dios\u00bb lo que manifiesta la Belleza divina y, de modo m\u00e1s general, todo lo que es conforme a la Naturaleza de Dios; debe amar el Bien, es decir, la Norma, en todas sus formas posibles; y como la Norma sobrepasa forzosamente las limitaciones del ego, el hombre debe ten-der a superar sus propios l\u00edmites. Hay que amar m\u00e1s la Norma o el Arquetipo que sus reflejos; por consiguiente, m\u00e1s que el ego contingente; y este conocimiento de s\u00ed y este amor desinteresado constituyen toda la nobleza del alma.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Hay una cuesti\u00f3n que siempre se ha planteado, con raz\u00f3n o sin ella: las realidades metaf\u00edsicas, \u00bfson necesariamente explicables? o, al menos, \u00bfno hay situaciones miste-riosas que no pueden ser explicadas m\u00e1s que por la paradoja, e incluso por el absurdo? Demasiado a menudo se ha esgrimido este argumento para ocultar fisuras en doctrinas teol\u00f3gicas cuyas imperfecciones subjetivas se han objetivado: al no poder resolver de-terminados enigmas, se ha decretado que la \u00abmente humana\u00bb no es capaz de hacerlo, y se ataca ante todo la l\u00f3gica, \u00abaristot\u00e9lica\u00bb o no, como si \u00e9sta fuera sin\u00f3nimo de raciona-lismo, de duda y de ignorancia.<br \/>\nEn el plano de las cosas naturales, basta con disponer de las informaciones necesa-rias y luego razonar correctamente; las mismas condiciones valen para el plano de las cosas sobrenaturales, con la diferencia de que el objeto del pensamiento exige entonces la intervenci\u00f3n de la intelecci\u00f3n, que es una iluminaci\u00f3n interior; pues si las cosas natu-rales pueden exigir una cierta intuici\u00f3n independiente del razonamiento como tal, a for-tiori las cosas sobrenaturales exigen dicha intuici\u00f3n, de un orden superior esta vez, puesto que no caen de su peso. La raz\u00f3n, lo hemos dicho m\u00e1s de una vez, no puede nada sin los datos sobre los cuales se ejercita, y en cuya ausencia raciocina en el vac\u00edo: estos datos los proporciona en primer lugar el mundo, que en s\u00ed es objetivo; en segundo lugar, y en combinaci\u00f3n con el factor precedente, la experiencia, que como tal es subjetiva; en tercer lugar, la Revelaci\u00f3n, que como el mundo es objetiva, puesto que nos viene de fuera; en cuarto lugar, la Intelecci\u00f3n, que es subjetiva, puesto que se produce en noso-tros mismos.<br \/>\nDe una cosa en otra, nos creemos autorizados a insertar aqu\u00ed la observaci\u00f3n siguien-te; el existencialismo, como todo relativismo, se contradice a s\u00ed mismo; gran adversario del racionalismo \u0097al menos se lo imagina \u0097pretende poner la experiencia en lugar del razonamiento, sin preguntarse en lo m\u00e1s. m\u00ednimo por qu\u00e9 existe el razonamiento, ni c\u00f3mo se puede ensalzar la experiencia sin recurrir a la raz\u00f3n. Es precisamente la misma experiencia la que demuestra que el razonamiento es algo eficaz, sin lo cual nadie razo-nar\u00eda; y es la existencia misma de la raz\u00f3n la que indica que esta facultad debe tener un objeto. Los animales tienen muchas experiencias, pero no razonan; mientras que, por el contrario, el hombre puede prescindir de muchas experiencias razonando. Querer susti-tuir el razonamiento por la experiencia en el plano pr\u00e1ctico y de una manera relativa puede tener todav\u00eda un sentido; pero hacer otro tanto en el plano intelectual y especula-tivo, como lo quieren los empiristas y los existencialistas, es propiamente demencial. Para el hombre inferior, s\u00f3lo es real lo contingente, y por su m\u00e9todo, pretende rebajar los principios, cuando no los niega pura y simplemente, al nivel de las contingencias. Esta mentalidad de sh\u00fbdra se ha infiltrado en la teolog\u00eda cristiana y ha causado en ella los estragos que todo el mundo conoce .<br \/>\nPero volvamos, despu\u00e9s de este par\u00e9ntesis, al problema de la epistemolog\u00eda espiri-tual. Sin duda, la l\u00f3gica tiene l\u00edmites, pero ella es la primera en reconocerlo, sin lo cual no ser\u00eda l\u00f3gica, precisamente; no obstante, los l\u00edmites de la l\u00f3gica dependen de la natu-raleza de las cosas y no de un ucase confesional. La ilimitaci\u00f3n del espacio y el tiempo parece absurda en el sentido de que la l\u00f3gica no puede dar cuenta de ella de una manera concreta y exhaustiva; sin embargo, es perfectamente l\u00f3gico observar que esta doble ilimitaci\u00f3n existe, y ninguna l\u00f3gica nos proh\u00edbe saber con certeza que este fen\u00f3meno resulta del Infinito principial; misterio que nuestro pensamiento no puede explorar, y que se manifiesta precisamente en los aspectos del despliegue espacial y de la transfor-maci\u00f3n temporal, o tambi\u00e9n, en el de la ilimitaci\u00f3n del n\u00famero. De modo an\u00e1logo, la unicidad emp\u00edrica del ego \u0097el hecho de ser determinado ego y no tal otro y de ser el \u00fanico en ser este \u00abs\u00ed mismo\u00bb\u0097 esta unicidad no puede explicarse concretamente por la l\u00f3gica, y sin embargo \u00e9sta es perfectamente capaz de dar cuenta de ella de una manera abstracta con la ayuda de los principios de lo necesario y lo posible, y de escapar as\u00ed al escollo del absurdo .<br \/>\nIndiscutiblemente, las Escrituras sagradas contienen contradicciones; los comenta-rios tradicionales dan cuenta de ellas, no discutiendo a la l\u00f3gica del derecho de obser-varlas y de satisfacer nuestras necesidades de causalidad, sino buscando el v\u00ednculo sub-yacente que anula el aparente absurdo, el cual es en realidad una elipse.<br \/>\nSi la sabidur\u00eda de Cristo es \u00ablocura a los ojos del mundo\u00bb es porque el \u00abmundo\u00bb est\u00e1 en oposici\u00f3n con el \u00abreino de Dios, que est\u00e1 dentro de vosotros\u00bb, y por ninguna otra raz\u00f3n; no es, ciertamente, porque reivindique un misterioso derecho al contrasentido, quod absit . La sabidur\u00eda de Cristo es \u00ablocura\u00bb porque no favorece la perversi\u00f3n exte-riorizante, y a la vez dispersante y endurecedora, que caracteriza al hombre de la concu-piscencia, del pecado, del error; y es esta perversi\u00f3n la que precisamente constituye el \u00abmundo\u00bb, esta perversi\u00f3n, con su insaciable curiosidad cient\u00edfica y filos\u00f3fica, la cual perpet\u00faa el pecado de Eva y Ad\u00e1n y lo reedita en formas indefinidamente diversas .<br \/>\nEn el plano de las controversias religiosas, la reivindicaci\u00f3n \u0097en sentido \u00fanico\u0097 de un derecho sagrado al ilogismo, y la atribuci\u00f3n de una tara luciferina a la l\u00f3gica elemen-tal del contradictor \u0097y ello en nombre de tal o cual \u00abpeumatolog\u00eda\u00bb supuestamente transl\u00f3gica y de hecho objetivamente incontrolable\u0097, esta reivindicaci\u00f3n, decimos, es con toda evidencia inadmisible, pues no es m\u00e1s que un mon\u00f3logo oscurantista al mismo tiempo que una espada de doble filo, y eso por su mismo subjetivismo; todo di\u00e1logo se hace imposible, lo que por lo dem\u00e1s dispensa al interlocutor de convertirse, pues el hombre no debe nada a un mensaje que pretende hurtarse a las leyes del pensamiento humano. Por otra parte, el hecho de la experiencia subjetiva nunca ofrece un argumento doctrinal v\u00e1lido; si la experiencia es justa siempre puede expresarse de una forma satis-factoria o al menos suficiente .<br \/>\nLa Verdad metaf\u00edsica es expresable e inexpresable a la vez: inexpresable, no es sin embargo incognoscible, pues el Intelecto desemboca en el Orden divino y por consi-guiente engloba todo lo que es; y, expresable, se cristaliza en formulaciones que son todo lo que deben ser, puesto que nos comunican todo lo que es necesario o \u00fatil para nuestro esp\u00edritu. Las formas son las puertas hacia las esencias, en el pensamiento y el lenguaje, as\u00ed como en todo otro simbolismo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>TRAS LAS HUELLAS DE LA RELIGION PERENNE Frithjof Schuon INDICE Prefacio 3 Premisas epistemol\u00f3gicas 5 Dimensiones, modos y grados del Orden Divino 12 Especulaci\u00f3n Confesional: Intenciones y Dificultades 20 Escollos del Lenguaje de la Fe 36 Notas sobre Tipolog\u00eda Religiosa 42 Enigma y mensaje de un Esoterismo 50 Escatolog\u00eda Universal 60 S\u00edntesis y conclusi\u00f3n 68 PREFACIO A lo largo de<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151,251],"tags":[],"class_list":["post-3895","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-frithjof-schuon","category-temas-destacados"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3895","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3895"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3895\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3895"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3895"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3895"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}