{"id":3893,"date":"2009-03-04T19:51:06","date_gmt":"2009-03-04T19:51:06","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3893"},"modified":"2009-03-04T19:51:06","modified_gmt":"2009-03-04T19:51:06","slug":"el-eterno-retorno-y-la-angustia-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3893","title":{"rendered":"EL ETERNO RETORNO Y LA ANGUSTIA DE LA HISTORIA"},"content":{"rendered":"<p>EL ETERNO RETORNO Y LA ANGUSTIA DE LA HISTORIA<\/p>\n<p>Por Nadia Sabrina Koziner<\/p>\n<p>\u00a0  <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Las culturas arcaicas no sienten angustia ante la historia. Conf\u00edan en el Eterno Retorno como restauraci\u00f3n c\u00edclica y peri\u00f3dica de la vida. Por el contrario, en la sociedad moderna y posmoderna, impera la angustia, el sufrimiento ante la historia, ante un tiempo atravesado por lo irrecuperable, lo incierto y fr\u00e1gil. Estos dos modos de percepci\u00f3n de lo hist\u00f3rico y su sentido son desplegados, en este momento de Temakel, por Nadia Sabrina Koziner a trav\u00e9s de la exploraci\u00f3n de la obra del historiador de las religiones Mircea Eliade y el ensayista H\u00e9ctor Murena, y otras fuentes que hurgan en las formas actuales de la experiencia del tiempo. <\/p>\n<p>EL ETERNO RETORNO Y LA ANGUSTIA DE LA HISTORIA<\/p>\n<p>Por Nadia Sabrina Koziner <\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n<\/p>\n<p>El objetivo del presente trabajo es analizar el contraste existente entre la concepci\u00f3n del mundo de las religiones de los pueblos antiguos y la idea de tiempo e historia en la modernidad y posmodernidad.<\/p>\n<p>Para llevar a cabo dicho objetivo, desarrollaremos los aspectos m\u00e1s importantes de la cosmovisi\u00f3n &#8220;arcaica&#8221; o &#8220;tradicional&#8221; tomando como base el desarrollo de Mircea Eliade en El mito del eterno retorno, que nos permitir\u00e1 realizar un estudio lo suficientemente completo para el an\u00e1lisis que nos proponemos. A partir de determinados aspectos que hemos elegido como importantes para ordenar nuestra exposici\u00f3n, comenzaremos en cada uno de ellos tomando la cosmovisi\u00f3n arcaica, para luego contraponerla con la moderna y la postmoderna, destacando a su vez, la diferencia entre estas \u00faltimas dos concepciones. <\/p>\n<p>En primera instancia, desarrollaremos la concepci\u00f3n del tiempo en las tres diferentes cosmovisiones y c\u00f3mo dicha concepci\u00f3n se articula dentro de cada una de ellas dando lugar a las diferentes concepciones de la historia. Adentr\u00e1ndonos un poco m\u00e1s en el desarrollo, levantamos la apuesta del punto anterior intentando definir c\u00f3mo se concibe tanto dentro de la concepci\u00f3n antigua como de la moderna y postmoderna, el sufrimiento y la cat\u00e1strofe. Para finalizar, nos proponemos desarrollar y reflexionar sobre el concepto de &#8220;libertad&#8221; en lo que a la creaci\u00f3n o al desarrollo de la historia se refiere para cada cosmovisi\u00f3n.<\/p>\n<p>2 Desarrollo<\/p>\n<p>2.1. La concepci\u00f3n del tiempo<\/p>\n<p>Para el hombre de las culturas antiguas* , un objeto o un acto no es real, m\u00e1s que en la medida que imita o repite un arquetipo. As\u00ed, la realidad se adquiere \u00fanicamente por repetici\u00f3n o por participaci\u00f3n; todo lo que no tiene un modelo ejemplar est\u00e1 &#8220;desprovisto de sentido&#8221;, de realidad. Para el ojo del observador moderno, estar\u00edamos hablando de una paradoja, puesto que el hombre arcaico no se reconoce como real, &#8220;como verdaderamente \u00e9l mismo&#8221;, sino en la medida en que deja de serlo y se contenta con imitar y repetir los actos de otro.<\/p>\n<p>Pero desde la cosmovisi\u00f3n del hombre arcaico, cuando un acto u objeto adquieren realidad por la repetici\u00f3n de gestos paradigm\u00e1ticos, el que reproduce este hecho o acto &#8220;ejemplar&#8221; se ve as\u00ed transportado a la \u00e9poca m\u00edtica en la que sobrevino la revelaci\u00f3n de aquella acci\u00f3n ejemplar, por lo que habr\u00eda una &#8220;abolici\u00f3n&#8221; impl\u00edcita del tiempo profano.<\/p>\n<p>Para entender esto \u00faltimo debemos hacer una diferenciaci\u00f3n: como expuso el profesor Esteban Ierardo en su clase pr\u00e1ctica del 13 de mayo, los pueblos arcaicos reconocen dos niveles o planos en el desarrollo de la realidad: 1. Tiempo profano: \u00e9ste est\u00e1 vinculado con los procesos de cambio, la naturaleza, la aparici\u00f3n de los cuerpos y su muerte. Transmite inseguridad, puesto que lleva a los cuerpos a su disoluci\u00f3n, por lo que hablamos de desgaste. All\u00ed es donde aparece el hombre.<\/p>\n<p>2. Tiempo sagrado (eterno, puro presente): al hablar de este tiempo hablamos de continuidad, no hay aqu\u00ed sucesi\u00f3n. Se busca estar cerca del origen, en el que el universo fue creado por los Dioses. El origen no se da en el tiempo ya que el universo es creado constantemente.<\/p>\n<p>La ligaz\u00f3n o fusi\u00f3n de ambos niveles se hace posible a trav\u00e9s del rito. Un sacrificio, por ejemplo, no s\u00f3lo reproduce el sacrificio inicial revelado por un dios, sino que sucede en ese mismo momento m\u00edtico primordial; es decir que, todo sacrificio repite el sacrificio inicial y coincide con \u00e9l. Todos los sacrificios se producen en el mismo instante m\u00edtico del comienzo. Gracias al rito, el tiempo profano y la duraci\u00f3n quedan suspendidos. Lo mismo ocurre con todas las repeticiones de los arquetipos, como ser\u00eda, para tomar otro ejemplo, el rito de fundaci\u00f3n de las ciudades desarrollado por H\u00e9ctor Murena.<\/p>\n<p>De este modo, cualquier acci\u00f3n dotada de sentido llevada a cabo por el hombre arcaico, una repetici\u00f3n cualquiera de un gesto arquet\u00edpico, suspende la duraci\u00f3n, excluye el tiempo profano y participa en el tiempo sagrado. Esto quiere decir que la abolici\u00f3n del tiempo profano y la proyecci\u00f3n del hombre en el tiempo m\u00edtico no se reproducen naturalmente sino en los intervalos esenciales, aquellos en los que el hombre es verdaderamente \u00e9l mismo, en el momento de los rituales o de los actos importantes. El resto de su vida se pasa en el tiempo profano y desprovisto de significaci\u00f3n: en el &#8220;devenir&#8221;.<\/p>\n<p>Entonces, a pesar del intento del hombre arcaico de abolir el paso del tiempo por medio del rito que lo transporte a la situaci\u00f3n m\u00edtica de la creaci\u00f3n, como bien acabamos de decir, fuera de estos ritos, la vida del hombre &#8220;primitivo&#8221; se desarrolla en la &#8220;historia&#8221;. Esto hace que estas sociedades sientan la necesidad de regenerarse peri\u00f3dicamente anulando el tiempo por medio de otros ritos: los de regeneraci\u00f3n. Colectivos o individuales, peri\u00f3dicos o espor\u00e1dicos, los ritos de regeneraci\u00f3n encierran siempre en su estructura y significaci\u00f3n un elemento de regeneraci\u00f3n por repetici\u00f3n de un acto arquet\u00edpico, la mayor\u00eda de las veces el acto cosmog\u00f3nico. Podemos observar en esos sistemas arcaicos la abolici\u00f3n del tiempo concreto y, por tanto, su intenci\u00f3n antihist\u00f3rica. La negativa a conservar la memoria del pasado, a\u00fan inmediato, es la oposici\u00f3n del hombre arcaico a aceptarse como ser hist\u00f3rico, a conceder valor a la &#8220;memoria&#8221; y por consiguiente a los acontecimientos inusitados (es decir, sin modelo arquet\u00edpico) que constituyen, de hecho, la duraci\u00f3n concreta. En \u00faltima instancia, en todos esos ritos y en todas esas actitudes desciframos la voluntad de desvalorizar el tiempo. Desde una posici\u00f3n extremista podr\u00edamos decir que para la cultura arcaica si no se le concede ninguna atenci\u00f3n, el tiempo no existe; adem\u00e1s, cuando se hace perceptible (a causa de los &#8220;pecados&#8221; del hombre, es decir, debido a que \u00e9ste se aleja del arquetipo y cae en la duraci\u00f3n), el tiempo puede ser anulado. En realidad, si se mira en su verdadera perspectiva, la vida del hombre arcaico, aun cuando se desarrolla en el tiempo, no por eso lleva la carga de \u00e9ste, no registra la irreversibilidad; en otros t\u00e9rminos, no tiene en cuenta lo que es precisamente caracter\u00edstico y decisivo en la conciencia del tiempo. El primitivo vive en un continuo presente. (Y es \u00e9se el sentido en que puede decirse que el hombre religioso es un &#8220;primitivo&#8221;; repite las acciones de cualquier otro, y por esa repetici\u00f3n vive en un presente atemporal).<\/p>\n<p>Pero si el hombre arcaico siente la necesidad de regenerarse habr\u00eda tal vez un punto, un momento, en el que no puede escapar al paso del tiempo y su corrosiva acci\u00f3n, hay un punto en que se registra la &#8220;historia&#8221;, la irreversibilidad de los acontecimientos. La existencia de los pecados, &#8220;acontecimientos personales&#8221; sin ning\u00fan arquetipo, ser\u00eda prueba de esta ca\u00edda en la &#8220;historia&#8221; que dificulta la trascendencia del tiempo.<\/p>\n<p>Lo que para el hombre arcaico refleja un alejamiento del arquetipo, una ruptura de las normas o, simplemente actos sin ninguna significaci\u00f3n, para el hombre moderno son las &#8220;novedades&#8221; a trav\u00e9s de las cuales construye la historia. Desde esta concepci\u00f3n, el hombre es art\u00edfice de su propia historia en la que el tiempo resulta considerado en su linealidad.<\/p>\n<p>A partir del nacimiento de la Modernidad se produce un desplazamiento de la importancia hacia el tiempo presente. \u00c9ste pasa a ser digno de consideraci\u00f3n en funci\u00f3n de su proyecci\u00f3n hacia el futuro. El pasado pasa a ser irregresable. La revalorizaci\u00f3n del pasado surge no ya desde una lectura religiosa de los tiempos que remit\u00edan al Dios de los or\u00edgenes, sino a la confrontaci\u00f3n entre el hombre antiguo y el hombre moderno, a una comparaci\u00f3n secularizada, absolutamente humanizada, hija del legado renacentista y no del legado sagrado. Todo sucede en el tiempo profano, en el acontecer, y, como dijimos, la Modernidad se asienta sobre la rotunda novedad de la historia como valor supremo. Novedad como signo alentador, positivo, ut\u00f3pico, prometeico.<\/p>\n<p>Surge entonces la idea de progreso, en el sentido de que la historia se desarrolla linealmente, con una meta. Para Hegel, la historia conduce hacia la libertad del hombre, los movimientos sociales son acordes al precepto de evoluci\u00f3n a la libertad. Si esto es as\u00ed, entonces podemos decir que la historia es racional, por lo que ser\u00eda necesario conocer sus principios para saber su destino. Surge as\u00ed la filosof\u00eda de la historia que, paralela al desarrollo de la ciencia como b\u00fasqueda de las leyes de la naturaleza, busca las leyes de la historia. Para Immanuel Kant, el sentido de la historia es la liberaci\u00f3n del hombre, la libertad humana. Para Hegel, que hereda el tiempo filos\u00f3fico de este pensador, ahora s\u00f3lo es la raz\u00f3n, fuerza suprema de la nueva subjetividad hist\u00f3rica, el camino hacia la verdad, hacia la certeza y el porqu\u00e9 de lo hist\u00f3rico. La historia ser\u00e1 la historia de esta conciencia. Es la raz\u00f3n como \u00fanico concepto unitario frente a la multiplicidad del mundo, frente a la multiplicidad de las cosas. El lugar desde donde se piensa el mundo hist\u00f3rico es ese lugar, unitario, dial\u00e9ctico, contradictorio, totalizante, superador de las contradicciones que es la raz\u00f3n, que concentra y define la multiplicidad de lo real, el sentido del pasado, la conformaci\u00f3n de un futuro mejor.<\/p>\n<p>Pero, tomando al fil\u00f3sofo cordob\u00e9s Oscar Del Barco, \u00e9ste nos dice que a partir de la posmodernidad, se produce una gran crisis del sujeto como lugar enunciador de la verdad. Seg\u00fan \u00e9l, a\u00fan persiste el objeto, el mundo tecnol\u00f3gico nos puede dar una idea de &#8220;progreso&#8221;, pero ese &#8220;objeto&#8221; y su relaci\u00f3n con el &#8220;sujeto&#8221; ha entrado en verdadera crisis. Vivimos en una \u00e9poca en que se ha perdido todo fundamento, toda verdad y toda historia en cuanto a la interpretaci\u00f3n de que la historia ten\u00eda un sentido a que apuntar y alcanzar. Del Barco se pregunta si es posible la historia en un mundo tecnificado, sin hombres, sin totalidad de sentidos, sin prioridades, sin valorizaci\u00f3n de las cosas. Estar\u00edamos en un mundo sin proyecto, la cosmovisi\u00f3n moderna ha fracasado por no haber podido llevar a cabo el suyo.<\/p>\n<p>Al fracasar el proyecto unitario del Modernismo forjado en la raz\u00f3n, se produce una total fragmentaci\u00f3n de la realidad. La reducci\u00f3n de la experiencia a &#8220;una serie de presentes puros y desvinculados&#8221; implica adem\u00e1s que la experiencia se vuelve poderosamente material. Se produce una gran ruptura temporal que, a su vez, modifica de una manera particular el tratamiento del pasado. Como nos dice Dick Harvey:<\/p>\n<p>&#8220;&#8230;Al evitar la idea de progreso, el postmodernismo abandona todo sentido de continuidad o memoria hist\u00f3rica, a la vez que, simult\u00e1neamente, desarrolla una incre\u00edble capacidad para entrar a saco en la historia y arrebatarle todo lo que encuentre all\u00ed como si se tratara de un aspecto del presente. La arquitectura modernista, por ejemplo, toma peque\u00f1os fragmentos del pasado de manera bastante ecl\u00e9ctica y los mezcla a voluntad&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>En el caso de la postmodernidad, entonces, los hechos o acontecimientos tomar\u00edan relevancia en funci\u00f3n de un &#8220;puro presente&#8221; que ya no se remonta ni a un origen m\u00edtico, como en el caso de las sociedades tradicionales, ni a una etapa de un proceso progresivo hacia la libertad del hombre, como fue planteado por los te\u00f3ricos de la Modernidad.<\/p>\n<p>2.2 Interpretaci\u00f3n del &#8220;sufrimiento&#8221;<\/p>\n<p>Como venimos exponiendo, para el hombre de las culturas tradicionales, &#8220;vivir&#8221;, es vivir conforme a los arquetipos, a los modelos metaterrenales, que remiten a un momento m\u00edtico. Esto significaba, adem\u00e1s, vivir respetando una &#8220;ley&#8221;, que, por supuesto, remit\u00eda a una revelaci\u00f3n hecha in illio tempore por una divinidad.<\/p>\n<p>Pero, teniendo en cuenta este cuadro, \u00bfqu\u00e9 significaba para este hombre la cat\u00e1strofe, el padecimiento y el dolor? Desde los rigores del clima (sequ\u00eda, inundaci\u00f3n, tempestad), las invasiones (incendio, esclavitud, humillaci\u00f3n) hasta las injusticias sociales, etc., cualquiera fueran la naturaleza y la causa aparente, todo padecimiento ten\u00eda un sentido. Si todos estos padecimientos pudieron ser soportados, no era por causas arbitrarias o desconocidas. El primitivo que ve su campo devastado por la sequ\u00eda o su hijo enfermo, sabe que eso no se debe al azar, sino a acciones m\u00e1gicas o demon\u00edacas. As\u00ed, recurre al brujo para eliminar cualquier maleficio o al sacerdote para que los Dioses le sean favorables. Reci\u00e9n cuando estos recursos han fracasado, es cuando invoca la ayuda del Ser Supremo. \u00c9ste no interviene si no es en \u00faltima instancia, cuando ya no queda otra alternativa.<\/p>\n<p>El sufrimiento puede provenir de la acci\u00f3n m\u00e1gica de un enemigo, de una infracci\u00f3n a un tab\u00fa, del paso por una zona nefasta, de la c\u00f3lera de alg\u00fan Dios, o de la voluntad o del enojo del Ser Supremo. No se concibe entonces el sufrimiento no provocado, lo que permite hacer llevadera esta &#8220;ca\u00edda en la historia&#8221;. El primitivo lucha contra ese &#8220;sufrimiento&#8221; con todos los medios m\u00e1gicos y religiosos a su alcance justamente porque ese sufrimiento no es absurdo. En cuanto el sacerdote o el mago encuentran la causa de \u00e9l, el sufrimiento tiene sentido, es integrado a un sistema y explicado.<\/p>\n<p>Tomando el ejemplo que nos proporciona Mircea Eliade en su libro:<\/p>\n<p>&#8220;&#8230;los hind\u00faes elaboraron tempranamente una concepci\u00f3n de la causalidad universal, el karma, que explica los acontecimientos y padecimientos actuales del individuo, y a un mismo tiempo explica la necesidad de las transmigraciones. A la luz de la ley del karma, los sufrimientos no s\u00f3lo hallan un sentido, sino que adquieren tambi\u00e9n un valor positivo (&#8230;) puesto que s\u00f3lo de este modo es posible recordar y liquidar una parte de la deuda c\u00e1rmica que pesa sobre el individuo y decide el ciclo de sus existencias futuras. Seg\u00fan la concepci\u00f3n hind\u00fa, todo hombre nace con una deuda, pero con la libertad de contraer otras nuevas. (&#8230;) El karma garantiza que todo cuanto se produce en el mundo ocurre de conformidad con la ley inmutable de causa o efecto&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Al igual que en este ejemplo, en todas las culturas arcaicas ser\u00e1 posible advertir la tendencia a considerar al sufrimiento de los acontecimientos &#8220;hist\u00f3ricos&#8221; como &#8220;normales&#8221;.<\/p>\n<p>En este sentido, podemos decir sin temor a equivocarnos, que gracias a esa concepci\u00f3n metahist\u00f3rica de las cat\u00e1strofes hist\u00f3ricas, infinidad de hombres han podido soportar gran cantidad de presiones sin desesperar, sin suicidarse y ni caer en la sequedad espiritual, que acarrear\u00eda una ca\u00edda en una visi\u00f3n nihilista de la historia.<\/p>\n<p>En la Modernidad, esa defensa al &#8220;terror de la historia&#8221;, podemos encontrarla, en cierto sentido, en el marxismo. Para el marxismo, los acontecimientos no son una sucesi\u00f3n de arbitrariedades; son parte de una estructura y, lo m\u00e1s importante, llevan a un fin determinado que consiste en la eliminaci\u00f3n final del terror a la historia: en la &#8220;salvaci\u00f3n&#8221;. Es por ello, por lo que al t\u00e9rmino de la filosof\u00eda marxista de la historia se encuentra la edad de oro de las escatolog\u00edas arcaicas, ese origen m\u00edtico de la creaci\u00f3n. En ese sentido, podr\u00eda decirse que, la teor\u00eda marxista, ha revalorizado el mito primitivo de la edad de oro, con la diferencia de que coloca la edad de oro exclusivamente al final de la historia (el fin de la lucha de clases por la abolici\u00f3n de ellas) en vez de ponerla tambi\u00e9n al principio. Se advierte en el drama provocado por la presi\u00f3n de la historia un mal necesario, que posibilitar\u00e1 el triunfo pr\u00f3ximo que acabar\u00e1 para siempre con todo &#8220;mal&#8221; hist\u00f3rico. Pero, si echamos una mirada a como se han sucedido los acontecimientos, cuando, seg\u00fan las condiciones estuvieron dadas para la &#8220;Revoluci\u00f3n&#8221; que llevar\u00eda a cabo el proyecto marxista, sobrevino la cat\u00e1strofe: los reg\u00edmenes fascista y nazi.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo puede ser soportado el &#8220;terror a la historia&#8221; en la perspectiva del historicismo? \u00bfQu\u00e9 explicaci\u00f3n se encuentra a los sufrimientos que el hombre debe padecer en su camino de progreso indefinido? La justificaci\u00f3n de un acontecimiento hist\u00f3rico por el simple hecho de que se produjo de ese modo, no permitir\u00e1 al hombre moderno soportar las vicisitudes que la historia le depara con la misma convicci\u00f3n que el hombre arcaico. Se trata del problema de la historia como tal, del &#8220;mal&#8221; que va ligado al comportamiento del hombre en su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. \u00bfC\u00f3mo puede explicarse en un &#8220;camino lineal al progreso&#8221; la experiencia de la bomba at\u00f3mica, las Guerras Mundiales o las pol\u00edticas agresivas por parte de pa\u00edses como Estados Unidos, que, en su despiadada ambici\u00f3n de poder econ\u00f3mico destruye vidas a mansalva? \u00bfC\u00f3mo puede explicarse en el marco de una concepci\u00f3n historicista que ve el devenir en t\u00e9rminos de progreso, que la humanidad se halle en un constante descenso (en t\u00e9rminos de Eric Hobsbawn) a una barbarie cada vez m\u00e1s lejos de los l\u00edmites que alguna vez pudimos haber imaginado?<\/p>\n<p>Existen ciertas orientaciones que tienden a revalorizar el mito de la periodicidad c\u00edclica, incluso el del eterno retorno. Esas orientaciones menosprecian no s\u00f3lo al historicismo, sino tambi\u00e9n a la historia como tal.<\/p>\n<p>Como nos dice Mircea Eliade, es importante tener en cuenta que, cuanto m\u00e1s se agrave el terror a la historia, cuanto m\u00e1s precaria se haga la existencia debido a la historia, m\u00e1s cr\u00e9dito perder\u00e1n las posiciones de historicismo. Y, en un momento en que la historia podr\u00eda aniquilar a la especie humana en su totalidad, no ser\u00eda extra\u00f1o que presenci\u00e1ramos una tentativa desesperada para prohibir &#8220;los acontecimientos de la historia&#8221;.<\/p>\n<p>En el \u00e9xito de \u00e9sta tentativa encontramos actualmente como uno de los principales art\u00edfices, a los medios de comunicaci\u00f3n o al periodismo que, en su presentaci\u00f3n de los &#8220;hechos period\u00edsticos&#8221;o&#8221;noticias&#8221;, generan una temporalidad espuria. Todos los acontecimientos tienen la misma importancia la cual culmina en el m\u00e1s extremo de los casos, el mismo d\u00eda en que son presentados. El m\u00e1s importante objetivo que se proponen es la sensaci\u00f3n moment\u00e1nea que responde, a su vez, a determinados intereses econ\u00f3micos. Adem\u00e1s, en este puro presente que no considera el antes ni el despu\u00e9s de los acontecimientos, se produce un hecho que puede resultar peligroso: bombardeados por la sensaci\u00f3n de lo moment\u00e1neo, olvidamos detenernos a reflexionar qu\u00e9 puede haber detr\u00e1s de lo que nos es presentado (por ejemplo, personalidades pol\u00edticas que aparecen en los medios de comunicaci\u00f3n con &#8220;nuevas propuestas&#8221; y no se discute jam\u00e1s cual es la historia de ese personaje y que tareas viene desempe\u00f1ando). En vistas de una situaci\u00f3n planteada de esta manera, la memoria viviente del pasado y el proyecto de un porvenir valorizado desaparecieron juntos. La pretendida &#8220;tabula rasa&#8221; del pasado es en verdad la p\u00e9rdida de la memoria viviente de la sociedad. Y esta p\u00e9rdida es, por tanto, la p\u00e9rdida del hombre a s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Estamos ante la gran paradoja de una sociedad que despliega riquezas cada vez m\u00e1s fabulosas, una sociedad que desarrolla una gran industria del ocio, de la cultura, de grandes avances cient\u00edfico-t\u00e9cnicos, pero que, lejos de alcanzar los ideales ilustrados del siglo XVIII, cae, como anteriormente dijimos, en nuevas f\u00f3rmulas de la barbarie, de destructividad. Escrib\u00eda Adorno:<\/p>\n<p>&#8220;&#8230;La historia universal tiene que ser construida y negada. A la vista de cat\u00e1strofes pasadas y futuras, ser\u00eda un cinismo afirmar que la historia se manifiesta en un plan universal que lo asume todo en un bien mayor. Pero no por eso tiene que ser negada la unidad que suelda los factores discontinuos, ca\u00f3ticamente desperdigados, y las fases de la historia: el estado de la dominaci\u00f3n sobre la naturaleza interna. No hay historia universal que gu\u00ede desde el salvaje al humanitario; pero s\u00ed de la honda a la superbomba. Su fin es la amenaza total de los hombres organizados por la humanidad organizada: la quinta esencia de la discontinuidad&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Si citamos a Theodor W. Adorno, no podemos dejar de mencionar el acontecimiento que para \u00e9ste fil\u00f3sofo alem\u00e1n, te\u00f3rico de la posteriormente definida como Escuela de Frankfurt o Escuela Cr\u00edtica, marc\u00f3 el fin de la cultura y el punto visible del completo fracaso del proyecto ilustrado, fracaso que implica una p\u00e9rdida del sentido de la historia como un proceso lineal y progresivo. El acontecimiento a que nos referimos es Auschwitz. As\u00ed, escribi\u00f3 Adorno en Dial\u00e9ctica Negativa:<\/p>\n<p>&#8230;&#8221;Auschwitz demostr\u00f3 irrefutablemente el fracaso de la cultura. El hecho de que Auschwitz haya podido ocurrir en medio de una tradici\u00f3n filos\u00f3fica, art\u00edstica y cient\u00edfico-ilustradora encierra m\u00e1s contenido del de que ella, el esp\u00edritu, no llegara a prender en los hombres y cambiarlos. En estos santuarios del esp\u00edritu, en la pretensi\u00f3n enf\u00e1tica de su autarqu\u00eda es precisamente donde radica la mentira. Toda cultura despu\u00e9s de Auschwitz, junto con la cr\u00edtica contra ella, es basura. Al restaurarse despu\u00e9s de lo que dej\u00f3 ocurrir sin resistencia en su casa, se ha convertido por completo en la ideolog\u00eda que era en potencia desde que, en oposici\u00f3n con la existencia material se arrog\u00f3 el derecho de insuflarle la luz; una luz que precisamente el aislamiento del esp\u00edritu se hab\u00eda reservado para s\u00ed quit\u00e1ndosela al trabajo corporal. Quien defiende la conservaci\u00f3n de la cultura, radicalmente culpable y gastada, se convierte en c\u00f3mplice; quien la reh\u00fasa fomenta inmediatamente la barbarie que la cultura revel\u00f3 ser. Ni siquiera el silencio libera de ese c\u00edrculo; lo \u00fanico que hace es racionalizarla propia incapacidad subjetiva con situaci\u00f3n de la verdad objetiva, degradando de nuevo a \u00e9sta a una mentira&#8230;&#8221;<\/p>\n<p>Entonces, para el hombre tradicional, el &#8220;terror de la historia&#8221; se hace soportable desde el momento en que se encuentra para el sufrimiento una raz\u00f3n metahist\u00f3rica que le da sentido y la incorpora a una explicaci\u00f3n. Para el hombre moderno, en cambio, se hace m\u00e1s dif\u00edcil este proceso, puesto que si bien concepciones como la marxista pueden ayudar a la defensa del terror de la historia, el fracaso de proyectos como este, hacen que resulte m\u00e1s que conflictivo encontrar una explicaci\u00f3n que haga soportable el sufrimiento. En el caso del hombre postmoderno, se hace a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil ya que frente al fracaso del proyecto ilustrado y, ante terribles cat\u00e1strofes como el uso de la bomba at\u00f3mica y Auschwitz, por ejemplo, s\u00f3lo hace percibir una realidad fragmentada, que ya de ninguna forma puede ser explicada o justificada con la raz\u00f3n que la modernidad pretendi\u00f3 instaurar.<\/p>\n<p>Ante semejante situaci\u00f3n, la alternativa que permitir\u00eda, tomando en cuenta el desarrollo de Eliade, igualar la efectividad de la mitolog\u00eda arcaica los arquetipos y la repetici\u00f3n en cuanto a soportar el sufrimiento, ser\u00eda la fe en t\u00e9rminos judeocristianos. \u00c9sta significar\u00eda la emancipaci\u00f3n absoluta de toda la especie de &#8220;ley&#8221; natural y, por lo tanto, la m\u00e1s alta libertad que el hombre pueda imaginar: la de poder intervenir en el estatuto ontol\u00f3gico mismo del universo. Ser\u00eda, en consecuencia, una libertad creadora por excelencia. Desde la &#8220;invenci\u00f3n&#8221; dela fe en el sentido judeocristiano del vocablo ( o sea que para Dios todo es posible), el hombre apartado del horizonte de los arquetipos y de la repetici\u00f3n no puede defenderse de ese terror sino mediante la idea de Dios. En efecto, solamente presuponiendo la idea de Dios conquistar\u00eda, por una lado la libertad y, por otro, la certeza de que las tragedias hist\u00f3ricas tienen una significaci\u00f3n transhist\u00f3rica. Toda otra situaci\u00f3n del hombre moderno en la que no se considere la presencia de Dios conducir\u00eda, en \u00faltima instancia a la desesperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El fracaso del judeocristianismo ante la muerte de los metarrelatos en la posmodernidad, hace fracasar la posibilidad de encontrar, una explicaci\u00f3n universal y metahist\u00f3rica al terror a la historia. La actualidad est\u00e1 as\u00ed signada por una cantidad de relatos aparentemente no vinculados entre s\u00ed, cuya principal caracter\u00edstica es la inmanencia y, ya no, la trascendencia.<\/p>\n<p>2.3 Libertad para&#8221;hacer&#8221; historia.<\/p>\n<p>En la cosmovisi\u00f3n del hombre moderno, podemos leer una resistencia de \u00e9ste a la naturaleza, que tiene que ver con la autonom\u00eda que este &#8220;hombre hist\u00f3rico&#8221; pretende instaurar. La principal diferencia que podemos destacar, y que destaca tambi\u00e9n Mircea Eliade en su libro, entre el hombre de las civilizaciones arcaicas y el hombre moderno, es la importancia que este \u00faltimo concede a los acontecimientos hist\u00f3ricos, a esas &#8220;novedades&#8221; que el hombre tradicional considera carentes de significaci\u00f3n o infracciones a las normas, y que, por lo tanto, deb\u00edan ser abolidos o expulsados.<\/p>\n<p>Si los arquetipos se componen de gestos, actitudes y decretos, para el hombre moderno, constituyen una &#8220;historia&#8221;. A\u00fan cuando se supone que se han manifestado in illio tempore, no obstante se han manifestado, es decir, han ocurrido en el tiempo, se han manifestado como cualquier hecho hist\u00f3rico. En los ritos primitivos podemos reconocer reproducciones que refieren a actos llevados a cabo por los dioses o h\u00e9roes y que se repetir\u00e1n infinitamente. Esto quiere decir que se reconoce, en alg\u00fan punto, una historia, aunque esta sea primordial y se sit\u00fae en un tiempo m\u00edtico. El rechazo a la historia por parte el hombre arcaico, su negativa a situarse en un tiempo concreto, hist\u00f3rico, puede interpretarse como un miedo profundo al movimiento, a la espontaneidad. El hombre primitivo estar\u00eda situado entre la aceptaci\u00f3n de la condici\u00f3n hist\u00f3rica y sus riesgos, por un lado, y su reintegraci\u00f3n a los modos de la naturaleza, por otro. A la hora de optar, lo har\u00e1 por supuesto por la alternativa de la integraci\u00f3n, lo que permitir\u00eda no alterar la armon\u00eda de las explicaciones arcaicas.<\/p>\n<p>El hombre moderno, que acepta o pretende aceptar la historia, ante esta \u00faltima caracter\u00edstica mencionada, puede emitir cr\u00edtica al hombre arcaico, esclavo de la imitaci\u00f3n de actos llevados a cabo por otros, hacia su impotencia creadora, o su incapacidad para aceptar y enfrentar los riesgos que lleva consigo todo acto de creaci\u00f3n. Para el moderno, el hombre no puede ser creador sino en la medida en que es hist\u00f3rico; aquella creaci\u00f3n posible es la que surge como producto de su propia libertad. El hombre moderno goza de la libertad de hacer la historia haci\u00e9ndose a s\u00ed mismo, que es la forma de construir la historia, el hombre es, bajo esta concepci\u00f3n, art\u00edfice de su propio destino. Desde la teor\u00eda marxista, el hombre construye su historia y es, a la vez, &#8220;construido&#8221; o determinado por esa historia en una relaci\u00f3n hombre-historia que, lejos de ser dicot\u00f3mica, se plantea como dial\u00e9ctica.<\/p>\n<p>A las cr\u00edticas del hombre moderno, el hombre tradicional podr\u00eda responderle que, cuanto m\u00e1s moderno el hombre se torna (cuanto m\u00e1s vulnerable ante el terror a la historia), menos posibilidad tiene de hacer, \u00e9l, historia. Pues la historia, o se hace sola (gracias a los g\u00e9rmenes depositados por acciones que tuvieron lugar en el pasado) o se deja hacer por un n\u00famero cada vez m\u00e1s reducido de personas las cuales, no s\u00f3lo proh\u00edben el acceso al hacer historia a las grandes masas de sus contempor\u00e1neos, sino que adem\u00e1s, los obligan a soportar las consecuencias de lo que para ellos es historia, dej\u00e1ndolos caer en el espanto de la historia. Ante esta situaci\u00f3n, el individuo puede oponerse a la historia que escriben esas minor\u00edas y exponerse al destierro o al suicidio, o condenarse a vivir en condiciones subhumanas o en la evasi\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed, para el hombre tradicional, el hombre moderno no constituye el tipo de un ser libre hacedor ni de un ser creador de la historia. Por el contrario, el hombre de las civilizaciones arcaicas est\u00e1 orgulloso de su existencia que le permite ser libre y crear. Es libre de no ser ya lo que fue, libre de anular su propia &#8220;historia&#8221; mediante la abolici\u00f3n peri\u00f3dica del tiempo y la regeneraci\u00f3n colectiva. El hombre que aspira a ser hist\u00f3rico no puede aspirar en modo alguno a esa libertad del hombre arcaico respecto a su propia &#8220;historia&#8221;, pues para el moderno la suya no s\u00f3lo es irreversible, sino tambi\u00e9n constitutiva de la experiencia humana. En las sociedades arcaicas y tradicionales admit\u00edan la libertad de comenzar cada a\u00f1o una nueva existencia, &#8220;pura&#8221;. Pero esto no puede ser de ninguna manera homologado con la regeneraci\u00f3n de la naturaleza en cada primavera, en la que encuentra intactas todas sus potencialidades, ya que la naturaleza se encuentra a s\u00ed misma, ya que el hombre arcaico halla la posibilidad de trascender definitivamente el tiempo y vivir en la eternidad. En la medida en que fracasa al hacerlo, en la medida en que &#8220;peca&#8221;, en que cae en la existencia &#8220;hist\u00f3rica&#8221;, estropea cada a\u00f1o esa posibilidad. Pero por lo menos conserva la libertad de anular esas faltas, de borrar el recuerdo de su ca\u00edda en la historia y de intentar nuevamente una salida definitiva del tiempo.<\/p>\n<p>Por otro lado, el hombre arcaico tiene seguramente el derecho a considerarse m\u00e1s creador que el hombre moderno, que se considera a s\u00ed mismo creador de la historia. Cada a\u00f1o, en efecto, el hombre arcaico toma parte en la repetici\u00f3n de la cosmogon\u00eda, el acto creador por excelencia. El mundo es creado constantemente, y el hombre arcaico participa en cada rito de esa creaci\u00f3n. Y es esto lo que lo hace libre.<\/p>\n<p>Pensando en el concepto de &#8220;libertad creadora&#8221;, podemos traer a colaci\u00f3n el caso de la ciencia y la tecnolog\u00eda durante el Proyecto dela Modernidad. \u00c9stas estuvieron pensadas como grandes instrumentos de &#8220;liberaci\u00f3n&#8221; de la humanidad, que iba a permitirles ser due\u00f1os y se\u00f1ores de su propio destino, abri\u00e9ndose ante ellos una nueva etapa de prosperidad y bienestar para todos. Ante una nueva situaci\u00f3n de degradaci\u00f3n de la naturaleza y la posibilidad de una guerra nuclear, surgieron numerosas cr\u00edticas referidas, no s\u00f3lo a la posibilidad de una destrucci\u00f3n final at\u00f3mica, sino tambi\u00e9n a una vida diaria en la que el hombre estar\u00eda &#8220;sometido al dominio de la t\u00e9cnica&#8221;. Encontramos as\u00ed, un problema m\u00e1s que imposibilita la realizaci\u00f3n de aquella libertad que el hombre &#8220;historicista&#8221; postula para &#8220;escribir su propia historia&#8221;.<\/p>\n<p>Si nos trasladamos a la postmodernidad, lo que podemos decir respecto del tema que venimos trabajando en este apartado, no es poco significativo. Justamente, es esta nueva concepci\u00f3n la que sugiere la necesidad de decir adi\u00f3s a la modernidad, tomando en cuenta las nuevas condiciones de vida que muestran a nuestra \u00e9poca como el lugar en el que se anuncia para el hombre una diferente posibilidad de existencia. La postmodernidad de los intelectuales expresa un estilo de pensamiento desencantado ante la raz\u00f3n y los grandes conceptos anclados a ella. Veamos entonces las principales postulaciones de esta nueva cosmovisi\u00f3n en los t\u00e9rminos que venimos desarrollando:<\/p>\n<p>No se cree ya en la raz\u00f3n fundamentadora que puede proporcionar unos cimientos inc\u00f3lumes a una visi\u00f3n de la realidad, del hombre, su comportamiento, etc. <\/p>\n<p>No se cree en los grandes relatos que dan sentido a la historia y legitiman proyectos pol\u00edticos, sociales, econ\u00f3micos como el de la modernidad. <\/p>\n<p>Se piensa incluso que los grandes relatos emancipadores de la modernidad han sido (a a\u00fan son) muy peligrosos: albergan la coerci\u00f3n, la uniformidad y el totalitarismo. <\/p>\n<p>No creen en el proyecto de la modernidad en cuanto estilo de pensamiento y su correspondiente estilo de vida desarrollista, competitiva y funcionalista. <\/p>\n<p>Aunque permanece una melancol\u00eda por la p\u00e9rdida de un concepto &#8220;fuerte&#8221; de raz\u00f3n (Lyotard), sin embargo, los intelectuales postmodernos ven en esta situaci\u00f3n nuevas posibilidades:<\/p>\n<p>Una nueva concepci\u00f3n de la raz\u00f3n y la racionalidad pluralista y fruitivo-inaugural. <\/p>\n<p>Una comprensi\u00f3n de la vida humana donde la racionalidad (objetivamente, instrumental, logificante) no sea lo central y \u00fanico. <\/p>\n<p>Una visi\u00f3n de la inmensa riqueza y heterogeneidad de la vida, irreductible a ning\u00fan universalismo. <\/p>\n<p>Tomando en cuenta los que acabamos de exponer, encontramos un rechazo a la &#8220;historia&#8221; con may\u00fasculas, a la construcci\u00f3n de la historia como metarrelato. Si bien, al igual que en las sociedades tradicionales, se rechaza la idea de la historia como proceso lineal, a diferencia de dichas sociedades, se reconoce la existencia de muchas historias, se fragmenta la historia que reconoce el moderno.<\/p>\n<p>El investigador franc\u00e9s Jean Lyotard, plantea que ha concluido el tiempo moderno porque los grandes metarrelatos modernos que le dieron referencia racional, horizonte, gu\u00eda de acci\u00f3n, han claudicado. Aparecen en su lugar una pluralidad de relatos no totalizadores, de relatos parciales, de razones circunstanciales, de lenguajes y variables que sirven circunstancialmente en t\u00e9rminos de eficacia para las situaciones que cada uno vive. A partir de la idea de fragmentaci\u00f3n, Lyotard plantea que podr\u00edamos estar en los bordes de la modernidad, trabajando en sinton\u00eda con un tiempo de car\u00e1cter post-moderno, plural, polis\u00e9mico, parcial en valores, hablas y sentidos.<\/p>\n<p>Siguiendo el hilo de lo que venimos diciendo, la postmodernidad es el per\u00edodo hist\u00f3rico de la pluralidad de voces en la esfera p\u00fablica, de la desregulaci\u00f3n de reglas en la composici\u00f3n del arte, la literatura, la m\u00fasica y la arquitectura (puesto que ya no hay una &#8220;\u00fanica forma&#8221; de hacerlos sino muchas y cada una de ellas de igual importancia que las otras) y el momento de la reivindicaci\u00f3n de derechos sociales y especiales (del ni\u00f1o, del enfermo, del anciano, etc.).<\/p>\n<p>En definitiva, en la posmodernidad ya no hablamos de tiempo, sino de &#8220;tiempos&#8221;; tampoco hablamos de historia sino de &#8220;historias&#8221; que parecen proceder en camino inverso al de la universalizaci\u00f3n planteada por la Modernidad.<\/p>\n<p>Parecer\u00eda ser que la cosmovisi\u00f3n postmoderna devolver\u00eda al hombre la posibilidad de &#8220;escribir su propia historia&#8221; (que ya no ser\u00eda la historia de la humanidad sino la de cada hombre en particular) que la modernidad en el fracaso de su proyecto le hab\u00eda robado. Como dec\u00edamos antes, la sociedad tradicional pod\u00eda criticarle al Modernismo que, proclamando la autonom\u00eda del hombre para crear su historia despu\u00e9s otorgaba ese &#8220;privilegio&#8221; s\u00f3lo a unos pocos obligando a los dem\u00e1s a aceptar y a sufrir las consecuencias de lo que ellos consideraban historia. En este sentido, el postmodernismo, proclamando la des-construcci\u00f3n de la raz\u00f3n ilustrada y la pluralidad de voces, devolver\u00eda al hombre aquella capacidad perdida o, mejor dicho, negada. En el compromiso ideol\u00f3gico con las minor\u00edas en pol\u00edtica, sexo y lenguaje est\u00e1 esa posibilidad.<\/p>\n<p>Pero, naturalmente, el postmodernismo tambi\u00e9n genera sus cr\u00edticas. Si bien se acepta la cr\u00edtica hecha por esta corriente de pensamiento a los excesos instrumentales de la raz\u00f3n ilustrada, se ve peligroso el abandono de la universalidad. Seg\u00fan opina Habermas, sin unos principios o \u00e9ticas m\u00ednimas, no hay posibilidad de ser cr\u00edticos y resistir al statu quo. Por eso en el fondo del postmodernismo anida el neo-conservadurismo. Se puede adem\u00e1s aceptar la cr\u00edtica postmoderna a la raz\u00f3n fundamentadora, a la moral abstracta, y salvaguardar la pluralidad de formas de vida mediante una comprensi\u00f3n, por ejemplo, comunicativa de la raz\u00f3n y la \u00e9tica. Es decir que, la soluci\u00f3n a los problemas que plantea la postmodernidad no ser\u00eda la \u00fanica. Se argumenta que la mayor deficiencia de los postmodernos es la ausencia de an\u00e1lisis socio-pol\u00edticos del fracaso de la modernidad. Por eso carecen de mediaciones en sus propuestas y, a menudo, se quedan en &#8220;un ingenuo pluralismo neoliberal&#8221;.<\/p>\n<p>3. Conclusi\u00f3n<\/p>\n<p>Podemos decir que, para las sociedades &#8220;primitivas&#8221;, lo que gu\u00eda el desarrollo de su vida, es la imitaci\u00f3n de ciertos arquetipos, aquellos que lo remontan al origen m\u00edtico de la creaci\u00f3n y que permiten que el mundo pueda ser creado constantemente, por lo que el &#8220;transcurrir&#8221; del tiempo, el tiempo profano, es abolido en ese proceso participando el hombre arcaico del tiempo sagrado. En este sentido, la &#8220;edad de oro&#8221; del hombre arcaico puede situarse en el origen m\u00edtico, pero tambi\u00e9n en cada rito que lo haga participar de \u00e9l. Esto denota una actitud antihist\u00f3rica del hombre arcaico, que no reconoce el origen en un tiempo determinado, sino en un tiempo m\u00edtico, y la vida tiene sentido en funci\u00f3n de \u00e9l. La realizaci\u00f3n de un pecado, o el alejamiento de los arquetipos y la repetici\u00f3n, puede interpretarse como una &#8220;ca\u00edda en la historia&#8221;, y es posible su reparaci\u00f3n por medio de ritos de regeneraci\u00f3n. Su objetivo principal, entonces, se establecer\u00eda en la trascendencia definitiva del tiempo, la vida en la eternidad. En el caso del hombre moderno o &#8220;hist\u00f3rico&#8221;, la columna vertebral de su desarrollo se basa en la concepci\u00f3n de una historia lineal, basada en el proyecto ilustrado de la raz\u00f3n que har\u00e1 posible el progreso, un proceso cada vez m\u00e1s cercano a una meta universal: la liberaci\u00f3n del hombre de su culpable incapacidad, el uso de la raz\u00f3n que permitir\u00eda la libertad definitiva de la humanidad. En \u00e9ste \u00faltimo caso, se sit\u00faa la edad de oro al final del proceso, en el &#8220;futuro&#8221; mejor que el hombre est\u00e1 construyendo desde el presente. El &#8220;avance&#8221; de la historia hacia aquella meta, est\u00e1 dado por la aparici\u00f3n de las &#8220;novedades&#8221; que para el hombre tradicional representan el alejamiento de los arquetipos.<\/p>\n<p>Pero en el caso de la postmodernidad, a partir del gran fracaso del proyecto de la Ilustraci\u00f3n, la gu\u00eda es que ya no hay gu\u00eda. Tras la ruptura de la universalidad y de la raz\u00f3n como fundamento de la realidad, el fin de los grandes relatos que dan sentido a la historia y legitiman proyectos pol\u00edticos, sociales o econ\u00f3micos, la posmodernidad habla de una nueva realidad en la que &#8220;todo vale&#8221;, un relativismo absoluto que impide la posibilidad de establecer par\u00e1metros desde donde medir conductas, valores, ideales. As\u00ed, el tiempo de la posmodernidad es el tiempo presente, el tiempo de lo ef\u00edmero, un tiempo de acontecimientos que ya no son vistos en funci\u00f3n de su pasado ni de su futuro. La posmodernidad se plantear\u00e1 a s\u00ed misma como un movimiento de des-construcci\u00f3n y desenmascaramiento de la raz\u00f3n ilustrada como respuesta al fracaso del proyecto modernista. Esta tarea de des-construcci\u00f3n, tiene su aspecto m\u00e1s negativo en Foucault, quien afirma que somos movidos por &#8220;nuevas tecnolog\u00edas del poder que toman la vida como objeto suyo&#8221;. Frente a esto, ser\u00eda imposible hacer revoluciones o crear instituciones de defensa de los derechos humanos, puesto que constituir\u00edan regresiones jur\u00eddicas. Para \u00e9l, las instituciones y los derechos no hacen m\u00e1s que volver aceptable al poder. Todas las interrogaciones sobre la condici\u00f3n humana s\u00f3lo remitir\u00edan a los individuos de una condici\u00f3n disciplinaria a otra, y s\u00f3lo a\u00f1aden otro discurso de poder.<\/p>\n<p>El ideal moderno, al postular la autonom\u00eda del hombre de la naturaleza, critica la falta de libertad del hombre arcaico para crear su historia, puesto que no hac\u00eda m\u00e1s que repetir arquetipos que no le pertenec\u00edan. El hombre moderno se considera libre, es \u00e9l quien decide sobre s\u00ed mismo, es \u00e9l el art\u00edfice de su propio destino. Pero, estos ideales del hombre hist\u00f3rico que parecen superar la concepci\u00f3n arcaica resultaron imposibles de llevar a cabo, puesto que, en lugar de producirse el avance hacia una sociedad que postulase la libertad del hombre, lejos de eso, el hombre se vio acorralado por la propia historia de la que se consider\u00f3 autor e int\u00e9rprete. La &#8220;historia&#8221; s\u00f3lo fue escrita por unos pocos que obligaron al resto de sus contempor\u00e1neos a vivir bajo las condiciones de lo que para sus escritores era la &#8220;historia&#8221;. Adem\u00e1s, desemboc\u00f3 en cat\u00e1strofes imposibles de explicar desde el paradigma del progreso. Esas rupturas dan origen a la cosmovisi\u00f3n posmoderna que, postulando el fin de los grandes relatos y el camino inverso a la universalidad que la Modernidad pretend\u00eda instaurar, da origen a un &#8220;pluralismo neo-liberal&#8221;, donde el pasado y el futuro ya no existen, no hay explicaciones que trasciendan la historia, porque tampoco hay ya historia, no hay proyecto.<\/p>\n<p>La humanidad asiste as\u00ed a un descenso acelerado y constante hacia una barbarie (en el sentido negativo del t\u00e9rmino) que cada vez resulta m\u00e1s natural y menos cuestionada.<\/p>\n<p>Una nueva y &#8220;m\u00e1s justa&#8221; sociedad, en la que el hombre sea valorado como tal, no ser\u00e1 posible si no se genera una nueva y verdadera conciencia aut\u00f3noma que, a la vez, rescate aquellos valores de la tradici\u00f3n, basados en la igualdad y en el respeto mutuo, y una actitud distinta frente a ella, que se integre adem\u00e1s al pasado de la humanidad y a las concepciones de un presente-futuro diferentes. (*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Trabajo realizado por Nadia Sabrina Koziner en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contempor\u00e1neo de la Carrera de Ciencias de la Comunicaci\u00f3n de la Universidad de Buenos Aires en el a\u00f1o 2002.<\/p>\n<p>4. Bibliograf\u00eda<\/p>\n<p>Casullo, Nicol\u00e1s; Unidad N\u00ba 1, Unidad N\u00ba 2 y Unidad N\u00ba 3, material de la c\u00e1tedra &#8220;Principales Corrientes del Pensamiento Contempor\u00e1neo&#8221;, primer cuatrimestre a\u00f1o 2002. <\/p>\n<p>Casullo, Nicol\u00e1s; Forster, Ricardo; Kaufman, Alejandro; &#8220;Historia, tiempo y sujeto: antiguas y nuevas im\u00e1genes&#8221; en Itinerarios de la Modernidad, Editorial Eudeba, Buenos Aires, 1999, p\u00e1gs. 235-238 <\/p>\n<p>Eliade, Mircea; El mito del eterno retorno, Editorial Alianza, Madrid, 1972. <\/p>\n<p>Harvey, Dick, &#8220;Posmodernismo&#8221;, en La condici\u00f3n de la posmodernidad, Amorrortu, Buenos Aires, 0, 0. <\/p>\n<p>L\u00f3pez Gil, Marta; Filosof\u00eda, modernidad y posmodernidad, Editorial Biblos, Buenos Aires, 1996. <\/p>\n<p>Murena, H\u00e9ctor; &#8220;El rito m\u00e1s primitivo&#8221; y &#8220;Mundus y Quimera&#8221; en El nombre secreto y otros ensayos, Monte \u00c1vila Editores, Buenos Aires, 1979, p\u00e1gs.9-10 y 22-26. <\/p>\n<p>Steiner; &#8220;Presencias Reales&#8221; en material de la c\u00e1tedra, 1\u00ba cuatrimestre 2002.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL ETERNO RETORNO Y LA ANGUSTIA DE LA HISTORIA Por Nadia Sabrina Koziner \u00a0 \u00a0 \u00a0 Las culturas arcaicas no sienten angustia ante la historia. Conf\u00edan en el Eterno Retorno como restauraci\u00f3n c\u00edclica y peri\u00f3dica de la vida. 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