{"id":3890,"date":"2009-03-04T19:46:22","date_gmt":"2009-03-04T19:46:22","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3890"},"modified":"2009-03-04T19:46:22","modified_gmt":"2009-03-04T19:46:22","slug":"la-met\u00c1fora-y-lo-sagrado-y-mundus-y-quimera-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3890","title":{"rendered":"LA MET\u00c1FORA Y LO SAGRADO y MUNDUS Y QUIMERA"},"content":{"rendered":"\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0  Por H\u00e9ctor Murena<\/p>\n<p>Ruinas del Templo de Saturno, ciudad fundada mediante un rito que convert\u00eda a las ciudades antiguas en espacios sagrados. Estas urbe antiguas se contraponen a las ciudades de la Am\u00e9rica colonial asimilada a lo que el ensayista argentino H\u00e9ctor Murena llama &#8220;el campamento&#8221;.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  H\u00e9ctor Murena ( 1923-75) es uno de los grandes olvidados de la literatura y el ensayismo argentinos. Su obra, consistente en novelas, poes\u00edas y ensayos, permanece hoy casi ignorada. No siempre fue as\u00ed. En la d\u00e9cada de 60&#8242;, la literatura argentina soplaba desde la senda murenista o antimurenista. Fue promovido por Victoria Ocampo pero, a la vez, recibi\u00f3 el rechazo del grupo allegado a la famosa Revista sur. Gran propagaci\u00f3n tuvo en su momento su primer libro de ensayos, El pecado original de Am\u00e9rica, donde irradia una acerva cr\u00edtica al fascismo y a los impulsos imperialistas norteamericanos. Murena cr\u00edtico la incapacidad del hombre moderno de habitar la tierra de manera significativa y trascendente; manifest\u00f3 la imposibilidad de la verdadera experiencia del viaje como restituci\u00f3n de los or\u00edgenes y, asimismo, busc\u00f3 recuperar el poder del arte como comunicaci\u00f3n con lo sagrado. Tal es el calor de la prosa de Murena que podr\u00e1n hallar en el primer texto que presentamos en este instante de Textos olvidados de Temakel. El segundo texto, (perteneciente a El nombre secreto que, junto con El Homo atomicus, es uno de sus principales recopilaciones ensay\u00edsticas) es una esclarecida contraposici\u00f3n entre el habitar verdadero vinculado con la noci\u00f3n arcaica de mundus y la fantasmal existencia enraizada en la Fiebre del Oro y el existir en el mundo a la manera de un &#8220;campamento&#8221;. Sobre esta cuesti\u00f3n particular puede consultarse en secci\u00f3n Recuerdo de lo sagrado 24, El nombre secreto y el campamento, otro texto mureniano.<\/p>\n<p> Estas afloraciones p\u00e9rdidas de H\u00e9ctor Murena nos acercar\u00e1 al deseo de la sacralidad y a la agudeza cr\u00edtica plasmada mediante el ensayo. <\/p>\n<p>E.I<\/p>\n<p>LA M\u00c9TAFORA Y LO SAGRADO y MUNDUS Y QUIMERA<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0  Por H\u00e9ctor Murena<\/p>\n<p>\u00a0 1) LA MET\u00c1FORA Y LO SAGRADO<br \/>\n\u00a0 \u00a0 \u00a0 El arte, se dice, responde a una necesidad. De otro modo, a\u00f1adimos, no existir\u00eda, no persistir\u00eda. Pero \u00bfcu\u00e1l es esa necesidad por la que el arte existe?<br \/>\n\u00a0  Tal pregunta ha suscitado a lo largo de los siglos todas las respuestas que el hombre puede dar: los artistas de Lascaux, Altamira, hicieron las pinturas rupestres para ofrendarlas a sus dioses o para convertir en mito a los animales que les serv\u00edan de alimento o para expresar el poder y la destreza de la comunidad o por simple escapismo, diversi\u00f3n o porque pintar confer\u00eda prestigio, etc\u00e9tera. El resultado, tanto en ellos como en sus infinitos sucesores, ha sido una obra bella. La palabra bello, la pregunta por la esencia de lo bello, nos remite a la est\u00e9tica. Y la est\u00e9tica, con su mismo nombre, aistesis, sensaci\u00f3n, nos indica d\u00f3nde nos moveremos, el mundo de la obra, su estructura, sensaciones, vocabulario, percepciones. Ser\u00e1 conveniente procurar alejarnos de la est\u00e9tica. Para plantear nuestra conjetura -para darle otra vez vida, puesto que es antigua como la humanidad-, ser\u00e1 conveniente, sin abandonar la obra, atender hacia afuera de ella, ver a qu\u00e9 tiende, qu\u00e9 necesidad la engendra.<br \/>\n\u00a0  He presenciado una experiencia. La audici\u00f3n del recitado del Cor\u00e1n. Por un sheik actual. La emisi\u00f3n de cada vers\u00edculo duraba quince, treinta, no m\u00e1s de cuarenta y cinco segundos. Cada vers\u00edculo conclu\u00eda en forma abrupta, comprimi\u00e9ndose casi con dolor contra el final para transmitir la sensaci\u00f3n f\u00edsica de aquello con lo que chocaba: el silencio. Y cada vers\u00edculo estaba separado en la dicci\u00f3n del que lo segu\u00eda por un lapso de silencio m\u00e1s largo que cualquiera de las emisiones, se\u00f1alando de tal suerte cu\u00e1les son las jerarqu\u00edas entre silencio y sonido. Ese canto, esa voz, crec\u00edan para retirarse, abolirse, para que surgiera un silencio desconocido: la voz de Dios.<br \/>\n\u00a0  Record\u00e9 entonces otras m\u00fasicas, pasadas, contempor\u00e1neas. La de Anton Webern, por ejemplo. Piezas intens\u00edsimas, tambi\u00e9n en ellas el silencio es capital. De distinta \u00edndole, mortuorio, turbio. M\u00fasica que vuelve a presentarse ante el silencio como el criminal que retorna al lugar del crimen. Porque entretanto hemos intentado matar a la m\u00fasica, a Dios en nosotros. Pero el silencio sigue siendo el centro. Aunque de manera invertida, en el fin se repite lo mismo que en el principio. La m\u00fasica tiende a lo que es absolutamente no ella, su contrario total. La m\u00fasica es la historia de los intentos por reconstruir el silencio puro, sacro. El arte nace por necesidad de Dios.<\/p>\n<p>\u00a0  La literatura, el arte de la palabra, nos muestra una lecci\u00f3n similar. El universo es un libro, dice la sabidur\u00eda: todo libro encierra el universo. Hay que recordar, sin embargo, que el trazo negro de cada palabra se torna inteligible en el libro merced a lo blanco de la p\u00e1gina. Ese blanco del que la palabra brota y en el que acaba por desaparecer es el Silencio primordial. Principio y fin de cada criatura, de todo lo creado, el blanco escribe para nosotros lo fundamental de toda escritura: el c\u00edrculo de misterio que envuelve nuestra existencia. La calidad de cualquier escritura depende de la medida en que trasmite el misterio, ese silencio que no es ella. Su esplendor es enriquecedora abdicaci\u00f3n de s\u00ed. Y \u00e9sta resulta evidente en el tipo de lectura que permite y exige. La palabra portadora de misterio demanda una lectura lenta, que se interrumpe para meditar, tratar de absorber lo inconmensurable: pide relectura, consideraci\u00f3n del blanco. Arquetipo son las escrituras de las religiones, que invocan el fin de s\u00ed mismas, la restituci\u00f3n del secreto fundamental. Arquetipo, tambi\u00e9n, las grandes obras de la literatura, aquellas cuya esencia es po\u00e9tica, pues la met\u00e1fora, con su multivocidad, pluralidad de sentidos, dice que est\u00e1 procurando decir lo indecible, el silencio. Frente a \u00e9stas se alzan los textos utilitarios, que pueden leerse con rapidez y que, si por un lado nos fuerzan a salir de nosotros mediante la diversi\u00f3n o la informaci\u00f3n, por otro nos empobrecen radicalmente al negar el blanco, el silencio, el misterio. A lo largo de siglos la literatura se vio corrompida de modo cada vez m\u00e1s profundo por ese esp\u00edritu utilitario. La novela sin poes\u00eda oscureci\u00f3 a la poes\u00eda. El espejismo aritm\u00e9tico llamado sociolog\u00eda reemplaz\u00f3 al reverente vacilar, escuela de vacilaci\u00f3n, llamado filosof\u00eda. Hoy tocamos l\u00edmites. La babelizaci\u00f3n de la escritura indica aguda nostalgia mala del silencio que la gran obra por naturaleza encierra y busca. La cat\u00e1strofe de la letra escrita testimonia en forma invertida que la literatura surge de la necesidad de Dios.<\/p>\n<p>\u00a0 VERGUENZA Y REDENCION <\/p>\n<p>\u00a0 Toda palabra es metaf\u00f3rica. Es decir, toda palabra abarca, seg\u00fan se la use, m\u00e1s o menos mundo que lo que la convenci\u00f3n supone que abarca. Si digo: \u00abel rey se march\u00f3 a su casa\u00bb, casa sustituye a castillo, es met\u00e1fora de reducci\u00f3n. Si digo de una persona que es \u00abmi casa\u00bb, casa sustituye a criatura, es met\u00e1fora de ampliaci\u00f3n. Los hombres se han inquietado por este fen\u00f3meno. Que lo que constituye su esencia, la palabra, fuese impreciso les result\u00f3 vergonzoso. Arist\u00f3teles reprocha a Plat\u00f3n el uso de met\u00e1foras. \u00abTodo lo que se expresa mediante met\u00e1foras -dice- es oscuro.\u00bb Pero avergonzarse es una asunci\u00f3n mala de la Ca\u00edda, del pecado. Verg\u00fcenza es la hoja de parra, la novedad que surge en Ad\u00e1n tras probar el fruto del Arbol de la Ciencia del Bien y del Mal. Quien se averg\u00fcenza prefiere que no lo vean, se oculta, busca estar solo: las aspiraciones de cierto tipo de lenguaje preciso surgen de un hombre avergonzado, incapaz de tolerar la luz del misterio al que volvi\u00f3 las espaldas. El misterio del nacer y del morir, de su dependencia respecto a Dios, misterio del que en el Para\u00edso se nutr\u00eda. Tal hombre se a\u00edsla en la irrealidad de una exactitud que lo ha llevado hoy a la incomunicaci\u00f3n casi total. Lo condujo a un lenguaje en el que s\u00f3lo hay materia humillada por haberse visto reducida a puro objeto y en el que lo humano calla. El lenguaje preciso es el padre de la ciencia. La verg\u00fcenza nos entreg\u00f3 al totalitarismo de la utilidad total, a palidecer bajo la sentencia respecto del pecado: \u00abganar\u00e1s el pan con el sudor de tu frente.\u00bb<br \/>\n\u00a0  La poes\u00eda es humilde. De la humildad extrae las fuerzas para su gesto osado. La poes\u00eda acepta la multivocidad de cada palabra, acepta la imprecisa \u00edndole humana. Sabe que la precisi\u00f3n con que algunos sue\u00f1an no s\u00f3lo resulta imposible sino que, eco del primer pecado, si se logra evocar su espectro \u00fanicamente se conseguir\u00e1 envenenar con irrealidad la realidad. Criaturas ca\u00eddas, si una parte de nosotros se obstina en recordar y perpetuar lo pecaminoso al rechazarlo, otra parte persiste en recordar lo ang\u00e9lico que cay\u00f3 con la Ca\u00edda. Tal el movimiento de la poes\u00eda. Empieza por aceptar que no es ineludible que casa signifique casa. Pero no se detiene ah\u00ed. En esa presunta falta descubre una ocasi\u00f3n, una puerta. Insiste, apuesta sobre ella. Va aun m\u00e1s all\u00e1. Y dice de pronto: \u00abAquiles es un le\u00f3n.\u00bb El mundo se duplica de esta suerte: Aquiles cobra la esencia del le\u00f3n y el le\u00f3n la de Aquiles. El pretendido lenguaje cient\u00edfico, al insistir en la ciencia del Arbol, desmiembra, separa. La poes\u00eda, al reunir lo aparentemente contrario, restaura con el poder de su amor la unidad de todo lo que vive, muestra a la Tierra como un gran arc\u00e1ngel que late y respira. La poes\u00eda redime el pecado acept\u00e1ndolo.<br \/>\n\u00a0  Recuerdo los versos de un poeta. Describe la muerte de un hombre, dice que \u00e9ste siente \u00abel \u00edntimo cuchillo en la garganta\u00bb. \u00bfC\u00f3mo puede decirse esto? \u00bfC\u00f3mo puede atribuirse la cualidad de \u00edntimo a un cuchillo? As\u00ed la esencia de la poes\u00eda es al menos de \u00edndole parad\u00f3jica, no se subordina a la raz\u00f3n. Pero la imagen \u00abAquiles es un le\u00f3n\u00bb dice todav\u00eda m\u00e1s. Ense\u00f1a que la met\u00e1fora cumple una destrucci\u00f3n de las barreras racionales. Con ello la met\u00e1fora se instala no s\u00f3lo m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00f3gica, sino contra la l\u00f3gica: se muestra que la operaci\u00f3n de la met\u00e1fora es fe. Incidentalmente, al esclarecerse los v\u00ednculos entre met\u00e1fora y raz\u00f3n, aprendemos sobre las relaciones entre raz\u00f3n y fe. Quedan borradas las aspiraciones de la teolog\u00eda, al menos en aquellas zonas en que \u00e9sta no se acoge al misterio. Teolog\u00eda es todo lo racional, incluso la ciencia, el intento de explicar el mundo. Posterior a la fe, la teolog\u00eda constituye un momento de debilidad de \u00e9sta, en que ante las demandas de la raz\u00f3n el esp\u00edritu se rebaja a dar razones que justifiquen la fe. Esta rebaja humilla todo. No hay nada demostrable en el campo de la met\u00e1fora, fe. Simplemente las cosas son mostradas, basta. Hay hombres sin fe: tampoco esto es demostrable. La fe y el rechazo de la fe constituyen misterios. La fe que trata de vencer al rechazo de la fe mediante demostraciones, teolog\u00eda, se convierte en alejamiento de la fe. Cada mal busca lo que busca y nada distinto le conviene: es cosa del juicio que cada uno lleva en s\u00ed sobre si -sobre el Se\u00f1or-, por el cual asume la entera responsabilidad de s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>\u00a0  La enfermedad es elocuente respecto a la salud. Nos hace saber cu\u00e1les eran las funciones de los \u00f3rganos que funcionan mal. Observemos esa enfermedad del arte llamada esteticismo. Esteticismo: se distingue por ponerse a s\u00ed, a lo est\u00e9tico, como \u00fanico contenido posible de la obra de arte. O sea que lucha contra otros contenidos que suelen adue\u00f1arse de la obra: sociales, pol\u00edticos, intelectuales, religiosos, etc\u00e9tera. Tal lucha indica que el arte es un campo abierto a contendores, \u00abliberado\u00bb de una fuerza que antes lo ocupaba y a la que se supone que se desaloj\u00f3. \u00bfCu\u00e1l es esa fuerza? El esteticismo, al depositar la fe en lo est\u00e9tico como \u00fanico contenido posible, lo hace con un car\u00e1cter absoluto al que no aspiran los otros contenidos contendientes. Tal rasgo absolutista nos revela que el arte, cuando piensa sobre s\u00ed, sospecha que su \u00fanico contenido posible es lo Absoluto, lo Divino. Al rechazar todo contenido, al instaurar su propia esencia como contenido \u00fanico, la enfermedad del esteticismo nos revela por la v\u00eda negativa el car\u00e1cter sacro del arte, proclama a Dios como una ausencia que no puede ser sustituida por nada. (*)<\/p>\n<p>2) MUNDUS Y QUIMERA<\/p>\n<p>\u00a0  Uno de los momentos fundamentales del rito tradicional de fundaci\u00f3n de ciudades es aquel en que se procede a la apertura del mundus. Se trata de un vasto pozo que era cavado en la tierra y tapado luego, con lo que quedaba convertido en una c\u00e1mara subterr\u00e1nea, la cual, por su aspecto abovedado similar al cielo, era denominada mundus, universo. Sin embargo, mundus, de mundare, es lo limpio, lo purificado. Un tercer sentido le asignan Varron y Macrobio al identificar mundus con mundo infernal, infierno. Y, por pertenecer a la tierra, era de \u00edndole estrictamente femenina. Los cuatro sentidos concurren al significado del mundus de fundaci\u00f3n. Colocado bajo la advocaci\u00f3n de Ceres, la diosa de la fertilidad, indicaba reverencia al principio femenino; inaugurado con frutos del nuevo lugar y con terra patrum, serv\u00eda para purificar de la culpa de haber abandonado viejos lares; adem\u00e1s, por ser entrada a los infiernos, mostraba un contacto vigilante y propiciatorio con las potencias de \u00e9stos -que en suma podr\u00edan identificarse con una Ceres (\u00edmpetu vital) adversa o perturbada-. El mundus constituye el vientre, el locus genitalis maternal, la matrix de la que depende la existencia misma le la ciudad.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Resulta oportuno comparar estas nociones con las de otra gran tradici\u00f3n. Se trata de la concepci\u00f3n budista del hara. Hara significa literalmente vientre, la zona que se halla debajo del ombligo, la cual es para el budismo el centro del cuerpo humano, el centro de gravedad psicof\u00edsico del hombre, en el cual debe \u00e9ste apoyarse si desea vivir una vida no mutilada. Esa zona es desde el punto de vista biol\u00f3gico tanto el reino de la fertilidad, gobernado por Ceres, pues en \u00e9l se cumplen las funciones de gestaci\u00f3n y asimilaci\u00f3n, como tambi\u00e9n el plut\u00f3nico imperio inferior, porque all\u00ed se desarrollan la descomposici\u00f3n y la muerte. &#8220;El hecho de anclarse en el centro de su cuerpo procura al hombre el goce de una fuerza que le da la posibilidad de ense\u00f1orearse de su existencia&#8221; (Graf Karlfried von Durckheim). Hara. Dicha fuerza es la vida c\u00f3smica que atraviesa el vientre y a la que el hombre puede propiciarse si aprende a no ser v\u00edctima de su cerebro, su coraz\u00f3n o su voluntad, si aprende a descender a sus ra\u00edces. El esfuerzo propiciatorio indica reconocimiento por parte del hombre del cord\u00f3n umbilical que lo une al gran ritmo de la naturaleza. &#8220;Lo que importa es la fuerza primordial y universal de la vida que atraviesa a grandes oleadas el bajo vientre del hombre, similar a un torrente de agua que viniendo de la eternidad pasase rumbo a la eternidad&#8221;(op. cit). <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Seg\u00fan esta percepci\u00f3n, al mundus externo, cuya apertura le resulta al hombre ineludible para habitar humanamente la tierra, corresponde un mundus interno cuya ocupaci\u00f3n le resulta al hombre imprescindible para habitar humanamente en el hombre. Y es de presumir que se trata de dos versiones en distinto estilo del mismo fen\u00f3meno. Pero lo que debe retenerse como significativo es el hecho, de que dos tradiciones sin ning\u00fan contacto atestiguen del mismo modo respecto a la necesidad a la que debe sorneterse el hombre de dar testimonio de las fuerzas sobrehumanas de la naturaleza, de las que nunca -bajo pena de muerte- podr\u00e1 liberarse. El europeo que puebla Am\u00e9rica ha olvidado la noci\u00f3n de mundus y carece de sentido del hara. Sus ciudades, trazadas en forma de damero, en las que cada punto es cualitativamente igual a los dem\u00e1s, denotan una quimera de la raz\u00f3n. Ciudades y templos cl\u00e1sicos adoptan a veces la forma de damero, pero en ellos cada punto, a pesar de ser topogr\u00e1ficamente igual a los restantes, difiere de ellos por completo en su valor cualitativo: a trav\u00e9s de la totalidad de los puntos se busca reproducir en la ciudad como unidad org\u00e1nica una imagen del universo que sea protectora y regenerativa. En el Campamento americano, sin mundus -o sea, implantado el desaf\u00edo a la naturaleza-, se vive una vida trivial, carcomida por la irrealidad, ut\u00f3pica. Es que el fundamento de una vida humana real y cumplida lo constituye el esfuerzo inicial por reconciliarse con la naturaleza, por trabarse en lucha con sus manes creadores y destructores, a fin de incorporarse al juego c\u00f3smico de sus potencias, o, por lo menos, el vivir esa vida en una comunidad que en alg\u00fan momento de su pasado cumpli\u00f3 tal esfuerzo, cuyas consecuencias siguen impregnando sus diversos estratos. Y el supuesto a partir del cual se funda Am\u00e9rica es justamente la negaci\u00f3n de ese esfuerzo. La ratio de la quimera americana es la Fiebre del Oro, que toma las potencialidades del individuo aventurero en forma parcial y le permite as\u00ed la ilusi\u00f3n de que no debe empe\u00f1arse en luchas m\u00e1s hondas. Tales potencialidades no desarrolladas pasan a cumplirse en una enso\u00f1aci\u00f3n cuyo motivo principal es la patria ultramarina. Se sue\u00f1a con lo que all\u00e1 se ha vivido y dejado, con lo que all\u00e1 se vivir\u00e1 cuando se regrese con el oro que se coseche. Pero ocurre que esas enso\u00f1aciones de una vida pasada y futura en la patria ultramarina conforman el presente de una vida americana, la cual se convierte as\u00ed en fantaseo irresponsable, salvo en lo que concierne al oro. Puesto que de entrada se ha huido de las potencias de la creaci\u00f3n y la destrucci\u00f3n, se cree que en Am\u00e9rica todo es posible. Pero para construir algo es menester que los cimientos encuentren una resistencia que falta cuando se elude lo profundo: el aventurero afronta esta verdad ineludible al descubrir que uno a uno se estrellan contra la realidad esos locos proyectos a los que se ha lanzado tras comprobar que el oro no existe y que desdichadamente no puede volver a la patria ultramarina. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  As\u00ed se aprende el juego de simular profundidad con lo trivial; as\u00ed se aprende a convertir lo que era fantaseo sobre la patria ultramarina en compensatorias quimeras sobre uno mismo en tierra americana; as\u00ed se aprende a culpar y odiar a la realidad por el propio fracaso; as\u00ed se aprende un estilo de vida fantasmalizado, vida de segundo grado, cuyos momentos m\u00e1s intensos est\u00e1n dados por el relampaguear del resentimiento. Y tal como el habitante de Roma posterior en muchas generaciones a la fundaci\u00f3n sab\u00eda, al marchar por el camino llamado decumanus, que estaba siguiendo el curso del sol, del misma modo el habitante de los campamentos americanos en muchas generaciones posterior a la fundaci\u00f3n repite el mismo estilo de vida de segundo grado, empobrecida por el fantaseo, que el esp\u00edritu del campamento sin mundus impone. Quimera es tanto planear la coronaci\u00f3n de un monarca de estirpe inca para solucionar los problemas que en Am\u00e9rica origin\u00f3 hacia 1810 la desaparici\u00f3n del monarca espa\u00f1ol, como la fundaci\u00f3n hacia 1950 de Brasilia, en un in\u00fatil esfuerzo por arrancar la sede del gobierno del Campamento originario en R\u00edo de Janeiro. Quimera es tanto una literatura y un arte latinoamericanos que, incapaces de radicarse lo hondo de la realidad, resultan sujetos a modelos europeos hasta el punto de que -salvo contad\u00edsimas excepciones- no alcanzan una expresi\u00f3n propia, corno lo es tambi\u00e9n el proyecto de Bol\u00edvar de formar una confederaci\u00f3n sudamericana, sin considerar que la realidad de la anarqu\u00eda vedaba a la saz\u00f3n pensar incluso en formar naciones.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  &#8230;En los habitantes de la ciudad sin mundus lo \u00fanico real y profundo es la Fiebre del Oro. Y cuando la Fiebre del Oro mantiene su dominio en la cruda forma primaria todo lo que signifique salir de los l\u00edmites del propio ego, ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed por causa de una preocupaci\u00f3n por los otros, renunciar a algo por el bienestar general, expresar algo que concierne a todos, etc., se produce de modo d\u00e9bil, caricaturesco o falso, como un rito que se practica pero sin entender su sentido. As\u00ed se explica, por ejemplo, el hondo y malsano conservadorismo que afecta a la totalidad de los miembros de las sociedades latinoamericanas, incluyendo a aquellos m\u00e1s despose\u00eddos. Nadie se siente jam\u00e1s tan &#8220;sin nada que perder&#8221; como para exigir o desear una revoluci\u00f3n o un cambio en la sociedad: incluso el esclavo que no cuenta m\u00e1s que con la cadena que lo ata\u00a0 tiene la Fiebre del Oro y, a la espera de satisfacerla, no quiere un cambio de cosas que lo ponga en el riesgo de perder siquiera su cadena. Por ello no hay en tales pa\u00edses fuerzas pol\u00edticas de izquierda verdaderas con respaldo eficaz. En el actual mundo de masas, de acelerado crecimiento demogr\u00e1fico y de singulares cambios, izquierda pol\u00edtica significa la org\u00e1nica articulaci\u00f3n de las mayor\u00edas de individuos menos afortunados a los efectos de obligar a la sociedad a cumplir las modificaciones necesarias para la salud de \u00e9sta y prevenir de tal forma los estallidos destructores que sobrevienen cuando no se realizan dichas modificaciones. En un mundo donde la intercomunicaci\u00f3n entre los diversos pa\u00edses resulta compulsiva, izquierda pol\u00edtica significa poseer la antena necesaria para captar, interpretar y asimilar las modificaciones que se producen en la gran sociedad de masas actual, a fin de no condenarse a desempe\u00f1ar un papel dependiente y lesivo en la intercomunicaci\u00f3n. Ese instrumento de cambio e inteligencia falta en los pa\u00edses latinoamericanos. Como pendant -en apariencia mitigatorio pero en realidad exacerbante- de esa falta surgen los peque\u00f1os grupos de intelectuales extremistas a ultranza. Esos grupos se adue\u00f1an de universidades y otros puntos claves y realizan desde all\u00ed su agitaci\u00f3n en pro de la reforma social. Pero tanto lo exagerado y ut\u00f3pico de sus demandas como lo hist\u00e9rico de sus actitudes y gritos denuncian la falta de solidez de sus convicciones y la falta de apoyo verdadero por parte de cualquier sector del pa\u00eds. Y a la larga el papel que desempe\u00f1an tales grupos de utopistas -que si fuesen reformadores reales actuar\u00edan con mucho m\u00e1s sigilo y eficacia- es el de servir como los mejores pretextos que la Prehistoria encuentra para sentirse o simular sentirse convocada a restaurar la pureza del Origen amenazada por los &#8220;subversores&#8221;. La verdad que los extremistas gritan es la de la impotencia de la Fiebre del Oro -debida la trivialidad e irrealidad final por su falta de mundus- para manejar al pa\u00eds y la de su desesperada apelaci\u00f3n a la Prehistoria&#8230;<\/p>\n<p>\u00a0 &#8230;Existe sin duda la posibilidad de superar ese destructor movimiento de p\u00e9ndulo entre la Prehistoria y la Fiebre del Oro, incluso en naciones que carecen de mundus, esto es, en naciones implantadas en desaf\u00edo a la naturaleza. Existe la posibilidad de lograr que una naci\u00f3n arranque en forma definitiva por el camino de la Historia de la Fiebre del Oro y de que a partir de entonces las reapariciones de la Prehistoria sean aisladas, de escasa repercusi\u00f3n en el conjunto, y de que hasta se llegue al caso de que contribuyan a la m\u00e1s r\u00e1pida marcha de la Fiebre del Oro. Una sociedad de ese tipo -a la que tienden o quisieran tender todos los pa\u00edses latinoamericanos- es la que forman los Estados Unidos de Am\u00e9rica. All\u00ed la trivialidad y la irrealidad de la vida en la Fiebre del Oro fueron tomadas con pasmosa seriedad para organizar un s\u00f3lido estilo de existencia nacional que el mundo entero conoce con el nombre de tecnocracia. La tecnocracia toma las vidas de quienes viven a ella sometidos seg\u00fan un estilo &#8220;estad\u00edstico&#8221;, por as\u00ed llamarlo, que aprovecha siempre especialidades t\u00e9cnicas parciales de los individuos y los ignora siempre como las totalidades humanas que son, por lo que los condena a llevar una existencia tan superficial y fantasmal, tan de segundo grado, como la que distingue\u00a0 siempre a la de la Fiebre del Oro. La Prehistoria puede volver en car\u00e1cter de oposici\u00f3n &#8220;refundadora&#8221; a trav\u00e9s de incidentes -como los asesinatos de Lincoln y Kennedy, el esp\u00edritu del Sur, el mundo que revelan las novelas de Faulkner, el maccarthysmo, etc.- a los que la Fiebre del Oro vestida de Tecnocracia consigue sobreponerse, pero son m\u00e1s importantes los aspectos en que se presenta como aliada -la Conquista del Oeste, el esp\u00edritu militarista que a ca\u00f1onazos abre y mantiene mercados para los productos de la Tecnocracia, etc.- Este &#8220;ideal&#8221; -al que de alg\u00fan modo con el tiempo los pa\u00edses latinoamericanos se acercar\u00e1n en variada medida- constituye el m\u00e1ximo de intensidad vital -basadas en la eficacia, nunca en la plenitud, a la que la primera se opone -que pueden alcanzar las sociedades sin mundus ni hara, es decir, formadas por criaturas que se han enajenado los manes tanto externos como internos. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Por lo dem\u00e1s, en una humanidad progresiva y generalizadamente desencadenada del nutricio orden c\u00f3smico por la raz\u00f3n, este modelo se aparece como el m\u00e1s adecuado para la mayor\u00eda de las naciones, aunque debe notarse que en aquellas que en el pasado contaron con un nombre secreto, con un mundus, las influencias del modelo tecnol\u00f3gico no logran nunca penetrar demasiado hondamente y son por ello menos ostensibles y menos nocivas. (*) <\/p>\n<p>(*) Fuente: Primer texto procede de H\u00e9ctor Murena, La met\u00e1fora y lo sagrado; y luego Mundus y quimera, de H\u00e9ctor Murena, en El nombre secreto, Monte \u00c1vila Editores, Caracas, 1979. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Por H\u00e9ctor Murena Ruinas del Templo<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[156],"tags":[],"class_list":["post-3890","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-escritores-y-filosofos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3890","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3890"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3890\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3890"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3890"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3890"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}