{"id":3889,"date":"2009-03-04T19:45:54","date_gmt":"2009-03-04T19:45:54","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3889"},"modified":"2009-03-04T19:45:54","modified_gmt":"2009-03-04T19:45:54","slug":"el-pensamiento-perdido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3889","title":{"rendered":"EL PENSAMIENTO PERDIDO"},"content":{"rendered":"<p>EL PENSAMIENTO PERDIDO<\/p>\n<p>\u00a0 Por Albert Schweitzer <\/p>\n<p>\u00a0  Albert Schweitzer (1875-1965): humano de sensibilidad honda. M\u00faltiple. Fue m\u00e9dico, fil\u00f3sofo, pastor protestante, m\u00fasico. Cur\u00f3 las dolencias del cuerpo en el Hospital Lambar\u00e9n\u00e9, en Gabon, en el \u00c1frica negra. Su humanismo militante (y no puramente declamatorio) fue reconocido cuando, en 1952, se le concedi\u00f3 el Premio Nobel de la Paz. Como m\u00fasico, recre\u00f3 a Bach a trav\u00e9s de su gran virtuosismo en la ejecuci\u00f3n del \u00f3rgano. Fue sensible al pensamiento del Oriente y a las aspiraciones \u00e9ticas.\u00a0 <\/p>\n<p>\u00a0  El ojo de Schweitzer descubr\u00eda con agudeza toda fractura de la dignidad y la plenitud humanas. Una de los abismos del hombre contempor\u00e1neo se manifiesta en la p\u00e9rdida de la predisposici\u00f3n al pensar. Pensamiento perdido. Incapacidad para trascender la conversaci\u00f3n rutinaria, la faz m\u00e1s apremiante y cercana de las cosas. Imposibilidad para meditar en la concepci\u00f3n del universo que burbujea bajo la trama de todos nuestros actos y el torrente de nuestra conciencia.<\/p>\n<p>\u00a0  La defensa de la fuerza del pensamiento abandonado centellea en este ensayo no recordado titulado &#8220;\u00bfQu\u00e9 es una concepci\u00f3n del universo?&#8221;, perteneciente a El camino a ti mismo, obra publicada originalmente por la m\u00edtica revista y editorial Sur. Un texto olvidado del humanista de Lambar\u00e9n\u00e9, el que vivi\u00f3 en un hospital en la selva, donde el pensar gui\u00f3 la potencia mutadora de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>E.I <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 EL PENSAMIENTO PERDIDO<\/p>\n<p>\u00a0 Por Albert Schweitzer <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 Vivimos bajo el signo de la decadencia de nuestra cultura. No es la guerra la que ha creado esta situaci\u00f3n. La guerra en s\u00ed no ha sido m\u00e1s que una manifestaci\u00f3n de esa decadencia. Lo que antes exist\u00eda de espiritual, ha invertido ahora su actividad, y se dedica, cada vez con mayor encarnizamiento, a obrar contra el esp\u00edritu. La acci\u00f3n rec\u00edproca entre lo material<br \/>\ny lo espiritual ha adquirido un car\u00e1cter que podr\u00eda llamarse funesto. Frente a las poderosas cataratas, avanzamos arrastrados por la corriente entre espantosos v\u00f3rtices y remolinos. Solamente con los esfuerzos m\u00e1s sobrehumanos lograremos (suponiendo que exista alguna esperanza de lograrlo) alejar la barca de nuestro destino del brazo peligroso del r\u00edo adonde nos hemos dejado arrastrar, para volver nuevamente al curso principal. Nos hemos alejado de la cultura, porque ninguno de nosotros se preocupaba de pensar seriamente en la cultura. Ahora todos pueden comprobar que el proceso de aniquilaci\u00f3n de la cultura se encuentra en pleno auge. Ni siquiera lo que de ella queda todav\u00eda en pie, tiene muchas esperanzas de sobrevivir; se mantiene en pie solamente porque no fue derribado por los embates terribles que arrasaron con lo dem\u00e1s. Pero el material de sus cimientos no es m\u00e1s que pedregullo suelto, como lo era todo el resto. El pr\u00f3ximo terremoto puede llev\u00e1rselo.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Lo decisivo fue que la filosof\u00eda renunciara a cumplir con sus obligaciones. Se convirti\u00f3 en una ciencia que estudiaba los datos de las ciencias naturales y las ciencias hist\u00f3ricas, orden\u00e1ndolos como material para una Weltanschauung futura, y manteniendo en consecuencia una actividad erudita en todos los campos del saber. Al mismo tiempo, se dejaba absorber cada vez m\u00e1s por el inter\u00e9s en su propio pasado. La filosof\u00eda se convirti\u00f3 casi en una historia de la filosof\u00eda. El esp\u00edritu creador la hab\u00eda abandonado. Surgi\u00f3 as\u00ed una filosof\u00eda de donde el pensamiento se encontraba ausente. Consideraba atentamente los resultados de las diversas ciencias, los sopesaba y estudiaba, pero no se interesaba m\u00e1s en el pensamiento elemental. En las escuelas y en las universidades, desempe\u00f1aba todav\u00eda un papel; pero ya no ten\u00eda nada que decir al mundo. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 En \u00faltima instancia, la filosof\u00eda debe ser gu\u00eda vigilante del sentido com\u00fan. Su deber habr\u00eda sido explicar al mundo que los ideales \u00e9ticos del sentido com\u00fan ya no se ordenaban como antes en una concepci\u00f3n del universo total; sino que ahora, hasta nueva orden, deb\u00edan sostenerse por s\u00ed mismos, solos, e imponerse al mundo por su propia fuerza.<br \/>\n\u00a0 \u00a0  La capacidad que posee una persona de ser un portador de cultura, es decir, de comprender la cultura y obrar para ella, depende de su capacidad de ser al mismo tiempo un pensador y un ser libre. La libertad material y espiritual se encuentran \u00edntimamente unidas. La cultura presupone libertad. Solamente puede ser concebida y realizada por una mente libre. Pero el hombre moderno ha perdido tanto la libertad como la capacidad de pensamiento.<br \/>\n\u00a0 \u00a0  A esta p\u00e9rdida de libertad se suma el exceso de tensi\u00f3n. Desde hace dos o tres generaciones, una enorme cantidad de individuos han cesado de vivir como personas; s\u00f3lo viven como trabajadores. Nada de lo que pueda decirse en t\u00e9rminos generales sobre el significado espiritual y social del trabajo, vale ya para ellos. El exceso con que por regla general el hombre moderno, en todos los c\u00edrculos de la sociedad, se ha dejado absorber por las preocupaciones materiales, ha tra\u00eddo como consecuencia un empobrecimiento de su esp\u00edritu. Se puede decir que este proceso ya comienza a obrar sobre \u00e9l durante su primera infancia. Sus padres, presos en un inexorable destino de trabajo, ya no se pueden ocupar de \u00e9l como ser\u00eda natural. De este modo se le suprime algo esencial e insustituible para su desarrollo. M\u00e1s tarde, entregado el joven tambi\u00e9n al exceso de trabajo, se ve cada vez m\u00e1s impelido a obedecer esa necesidad de ocupaci\u00f3n y distracci\u00f3n exteriores. Dedicar las pocas horas libres que le restan a la reflexi\u00f3n \u00edntima o a la conversaci\u00f3n seria con personas o con libros, requerir\u00eda en \u00e9l una capacidad de recogimiento que no siempre posee. La inacci\u00f3n m\u00e1s completa, el alejamiento de s\u00ed mismo y el olvido constituyen para \u00e9l una verdadera necesidad f\u00edsica. Por lo tanto, se comportar\u00e1 como un no-pensante. Lo que busca\u00a0 no es una formaci\u00f3n, sino un sost\u00e9n, y justamente aquella especie de sost\u00e9n que menos esfuerzo espiritual le exija. Hasta qu\u00e9 punto la falta de pensamiento se ha convertido en el hombre moderno en una segunda naturaleza, lo demuestra el tipo de sociabilidad que habitualmente practica.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Cuando mantiene una conversaci\u00f3n con sus iguales, procura especialmente que esta conversaci\u00f3n se mantenga dentro de los l\u00edmites de la observaci\u00f3n de car\u00e1cter general, y no se convierta en un verdadero cambio de ideas. Ya no posee nada que pueda llamarse su propio yo, y vive dominado por una especie de angustia de que en alg\u00fan momento se le exija demostrar que lo posee; angustia de tener que demostrar que posee una personalidad. El esp\u00edritu que ha provocado esta asociaci\u00f3n de los dispersos, d\u00eda tras d\u00eda se convierte entre nosotros en una fuerza cada vez m\u00e1s poderosa. Nuestra sociedad est\u00e1 creando una imagen rebajada del hombre. Tanto en los dem\u00e1s como en nosotros mismos, lo \u00fanico que buscamos es un desempe\u00f1o correcto de las obligaciones impuestas por el trabajo cotidiano, y poco a poco nos reducimos a no ser nada m\u00e1s; a ser meros trabajadores.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 A la falta de libertad y a la dispersi\u00f3n del hombre moderno, se agrega como freno ps\u00edquico de cualquier posibilidad de cultura el hecho de que ese hombre sea tan incompleto. La monstruosa expansi\u00f3n y el constante crecimiento de la ciencia y de la t\u00e9cnica exigen imprescindiblemente\u00a0 que la actividad de cada uno de sus practicantes se limite a un campo determinado, cada vez m\u00e1s restringido. Tiene lugar as\u00ed una organizaci\u00f3n del trabajo, destinada a crear un todo org\u00e1nico en el que pueda combinarse armoniosamente la producci\u00f3n de cada uno con la de los dem\u00e1s, la producci\u00f3n que gracias a la intensa especializaci\u00f3n adquiere proporciones siempre mayores. Los resultados que as\u00ed se consiguen son sin duda grandiosos. Pero en cambio se tiende a abolir el significado espiritual del trabajo para el trabajador. El trabajo lo obliga a poner en juego s\u00f3lo una parte limitada de sus capacidades, y no su entera persona. Esto provoca un efecto de rebote sobre su personalidad. En lugar de esa conciencia de s\u00ed mismo que normalmente nace de la persona como una consecuencia de su trabajo, cuando \u00e9ste le permite poner en juego toda su capacidad de reflexi\u00f3n y su entera personalidad, surge en el trabajador la conformidad consigo mismo, que nace de una participaci\u00f3n perfecta y completa, donde la especialidad es lo \u00fanico que cuenta y permite olvidar la falta de habilidad en los dem\u00e1s campos. En todas las profesiones, pero sobre todo en el dominio de la ciencia, el peligro espiritual de la especializaci\u00f3n se hace cada vez m\u00e1s evidente, tanto para el practicante aislado como para la vida espiritual de la sociedad. Y tambi\u00e9n es de notar que la juventud recibe actualmente una ense\u00f1anza que no es lo suficientemente universal como para permitirle descubrir alguna relaci\u00f3n entre las diferentes ciencias, y crearse de este modo, de la manera\u00a0 m\u00e1s natural, un panorama del saber contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  Ese hombre sin libertad, disperso e incompleto, se encuentra al mismo tiempo amenazado por el peligro inminente de caer en la m\u00e1s completa falta de humanidad. Estamos perdiendo la capacidad de apreciar nuestras afinidades con los dem\u00e1s hombres, con nuestros cong\u00e9neres. De este modo nos encaminamos por la v\u00eda de la inhumanidad. Cuando desaparece la convicci\u00f3n y la conciencia\u00a0 de que toda persona nos importa por el hecho mismo de ser una persona, la cultura y la \u00e9tica empiezan a vacilar. El avance hacia una completa y perfecta inhumanidad se vuelve entonces mera cuesti\u00f3n de tiempo. Por otra parte, nuestra sociedad ha cesado de reconocer a todos los hombres su valor y su m\u00e9rito de hombres. Una parte de la humanidad es, para nosotros, solamente una acumulaci\u00f3n de material humano, de hombres como cosas. El hecho de que desde hace unas d\u00e9cadas se haya empezado a hablar con ligereza cada vez mayor de guerra y de depredaciones, como si se tratara de sencillas combinaciones sobre un tablero de ajedrez, ha sido posible \u00fanicamente porque se ha creado en la sociedad una imagen del mundo que ya no es capaz de concebir el destino de la persona individual, porque la considera en su exclusiva cualidad de n\u00famero y de objeto. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 Toda nuestra vida espiritual se desarrolla en el seno, en el \u00e1mbito y bajo la \u00e9gida de las organizaciones. Desde su primera juventud, el hombre moderno se ve perseguido constantemente por la idea de la disciplina que se le quiere imponer, hasta que llega el momento en que pierde su condici\u00f3n individual y s\u00f3lo puede imaginarse como formando parte de una colectividad. Un intercambio, una mise-au-point de ideas entre persona y persona, como la constituy\u00f3 la mayor grandeza del siglo dieciocho, hoy ya no podr\u00eda tener lugar. En aquellos tiempos no se sent\u00eda el respeto que hoy se siente por la opini\u00f3n de la colectividad. Todas las ideas ten\u00edan que surgir del sentido com\u00fan, de la inteligencia individual, y justificarse ante ella. Hoy, el respeto constante hacia las ideas generales y conceptos b\u00e1sicos que rigen en el seno de las colectividades organizadas, se ha convertido en una regla que no se discute. Tanto para s\u00ed\u00a0 como para los dem\u00e1s, el individuo pone en primer plano, porque cree en ellas con la fe m\u00e1s irreductible, todas aquellas ideas u opiniones que considera propias de su nacionalidad, de su confesi\u00f3n religiosa, de su partido pol\u00edtico, de su clase social y de m\u00e1s grupos a los que de alg\u00fan modo pertenece. Valen para \u00e9l como si fueran un tab\u00fa, y se encuentran no solamente fuera de toda posible cr\u00edtica, sino tambi\u00e9n excluidas como tema de conversaci\u00f3n. Esta actitud, mediante la cual renunciamos nosotros mismos a nuestra condici\u00f3n de seres pensantes, suele llamarse, eufem\u00edsticamente, respeto a las propias convicciones, como si pudieran existir verdaderas convicciones donde no existe el pensamiento. <\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 El hombre moderno se pierde en la colectividad de la manera m\u00e1s incre\u00edble. Esta es quiz\u00e1 la tendencia m\u00e1s caracter\u00edstica de su personalidad. Y de este modo penetramos en una nueva Edad Media. Una vez que el acto volitivo com\u00fan se convierte en regla fija, la libertad de pensamiento ya no sirve para nada, es in\u00fatil. Solamente volveremos a sentir una necesidad de libertad espiritual, cuando el individuo aislado vuelva a ser espiritualmente independiente, y se encuentre en una relaci\u00f3n m\u00e1s honorable y natural con respecto a las organizaciones que son ahora la c\u00e1rcel de su psiquis. Librarse de esta Edad Media en que nos encontramos actualmente costar\u00e1 mucho m\u00e1s de lo que le cost\u00f3 a la humanidad europea emerger de la anterior. Porque en aquella ocasi\u00f3n la lucha se dirig\u00eda contra ciertos poderes autoritarios que hab\u00edan sido impuestos por las circunstancias hist\u00f3ricas. Hoy se trata en cambio de lograr que el individuo pueda abrirse paso para escapar de la prisi\u00f3n espiritual que \u00e9l mismo se ha creado. \u00bfPuede haber tarea m\u00e1s dif\u00edcil? Todav\u00eda no existe una idea clara de esta miseria espiritual en que vivimos. A\u00f1o tras a\u00f1o se hace m\u00e1s intensa la difusi\u00f3n de opiniones nacidas de la colectividad, con exclusi\u00f3n del pensamiento individual.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0  No solamente desde el punto de vista intelectual, sino tambi\u00e9n desde el punto de vista \u00e9tico es anormal la relaci\u00f3n presente entre el individuo y la colectividad. Al renunciar a la propia opini\u00f3n, el hombre moderno renuncia tambi\u00e9n al propio juicio moral. Para poder encontrar bueno lo que la colectividad, de palabra y de hecho, recomienda como bueno, para poder condenar lo que seg\u00fan ella es condenable, tiene que contener las reflexiones que surgen en su mente. No solamente ante los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n ante s\u00ed mismo trata de impedir que estas reflexiones cobren expresi\u00f3n. De este modo su juicio se pierde en el juicio de la masa, y la moral en la colectividad.<\/p>\n<p>\u00a0 \u00a0 \u00bfQu\u00e9 es una concepci\u00f3n del universo? Es el conjunto de ideas que la sociedad y el individuo aislado se han formado sobre la esencia y la raz\u00f3n del mundo, sobre la posici\u00f3n y el destino de la humanidad y del hombre dentro de ella. El saber \u00faltimo hacia el cual tendemos es el conocimiento de la vida. Nuestros conocimientos nos muestran la vida desde afuera, nuestra voluntad desde adentro. <\/p>\n<p>\u00a0  La duda sobre si la multitud es capaz de la reflexi\u00f3n necesaria para llegar a una concepci\u00f3n del universo o Weltanschauung inteligente acerca del individuo y acerca del mundo, resulta justificada cuando se considera como ejemplo el hombre moderno. Pero \u00e9ste es un fen\u00f3meno patol\u00f3gico, en su renuncia a la necesidad de pensar. De por s\u00ed, existe en el individuo medio una capacidad dada de reflexi\u00f3n, que no solamente le permite crearse una Weltanschauung propia a trav\u00e9s de su pensamiento, sino que adem\u00e1s hace de ella una necesidad normal. Los grandes movimientos de opini\u00f3n que tuvieron lugar en las \u00e9pocas antiguas y modernas, permiten sostener con confianza la tesis de que en el individuo normal existe un pensamiento elemental capaz de despertar de su letargo. Y tambi\u00e9n la observaci\u00f3n cotidiana de las personas que nos rodean, y de los ni\u00f1os cuando uno tiene contacto con ellos, confirman esa creencia. Un impulso elemental hacia una Weltanschauung, fruto del pensamiento, se agita en nosotros durante la infancia y la adolescencia, cuando se est\u00e1 formando nuestra personalidad independiente como seres pensantes. M\u00e1s tarde permitimos que ese impulso sea acallado, aunque sentimos claramente que de ese modo nos empobrecemos y nos volvemos menos capaces para el bien. Somos como manantiales, que ya no manan m\u00e1s agua porque nadie los cuida y se\u00a0 van llenando poco a poco de escombros y residuos. Todo lo que es persona, est\u00e1 destinado a desarrollarse hacia una verdadera personalidad a trav\u00e9s de su propia\u00a0  Weltanschauung nacida del propio pensamiento.\u00a0 (*)<\/p>\n<p>(*) Fuente: Albert Schweitzer, &#8220;\u00bfQu\u00e9 es una concepci\u00f3n del universo?&#8221;, en El camino hacia ti mismo, Buenos Aires, Sur (selecci\u00f3n de Max Tau y Lotte Herold; versi\u00f3n castellana de J.R. Wilcok).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL PENSAMIENTO PERDIDO \u00a0 Por Albert Schweitzer \u00a0 Albert Schweitzer (1875-1965): humano de sensibilidad honda. M\u00faltiple. Fue m\u00e9dico, fil\u00f3sofo, pastor protestante, m\u00fasico. Cur\u00f3 las dolencias del cuerpo en el Hospital Lambar\u00e9n\u00e9, en Gabon, en el \u00c1frica negra. Su humanismo militante (y no puramente declamatorio) fue reconocido cuando, en 1952, se le concedi\u00f3 el Premio Nobel de la Paz. 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