{"id":3863,"date":"2009-03-04T18:53:20","date_gmt":"2009-03-04T18:53:20","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3863"},"modified":"2009-03-04T18:53:20","modified_gmt":"2009-03-04T18:53:20","slug":"el-mago-publico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3863","title":{"rendered":"El mago publico"},"content":{"rendered":"<p>James George Frazer &#8211; El mago p\u00fablico<\/p>\n<p>El lector recordar\u00e1 que nos enfrascamos en el laberinto de la magia por una consideraci\u00f3n de dos diferentes tipos de &#8220;hombre-dios&#8221;. Esta pista ha guiado nuestros errantes pasos a trav\u00e9s del embrollo y al fin a un terreno firme, desde donde, descansando un poco del viaje, podemos mirar hacia atr\u00e1s el sendero que acabamos de andar y hacia adelante al m\u00e1s largo y escarpado camino que todav\u00eda hemos de subir.<\/p>\n<p>Como resultado del examen precedente, pueden distinguirse convenientemente los dos tipos de &#8220;hombre-dios&#8221;, el religioso y el m\u00e1gico, respectivamente. En el primero se supone que un ser de orden diferente y superior al hombre llega a encarnar, por mucho o poco tiempo, en un cuerpo humano, manifestando su poder y sabidur\u00eda sobrehumanos, haciendo milagros y profec\u00edas reveladas por medio del tabern\u00e1culo carnal que se ha dignado tomar como morada. Tambi\u00e9n este tipo de hombre-dios puede denominarse apropiadamente el inspirado o encarnado. En \u00e9l, su cuerpo humano es s\u00f3lo un fr\u00e1gil vaso de barro lleno de un esp\u00edritu inmortal y divino. En cambio, el hombre-dios de la clase m\u00e1gica no es otra cosa que un hombre que posee en grado inusitado los altos poderes que la mayor\u00eda de sus compa\u00f1eros se arrogan, aunque en m\u00e1s peque\u00f1a escala, pues en una sociedad primitiva no es f\u00e1cil encontrar una persona que no sea ducha en magia. As\u00ed, mientras un hombre-dios del tipo primero o inspirado deriva su divinidad de una deidad que ha condescendido a ocultar su esplendor celestial tras una m\u00e1scara opaca de barro moldeado, un hombre-dios del segundo tipo deriva su poder extraordinario de una especial simpat\u00eda con la naturaleza. No es meramente el recept\u00e1culo de un esp\u00edritu divino. Su ser entero, cuerpo y alma, est\u00e1 as\u00ed tan delicadamente acorde con la armon\u00eda universal, que un toque de su mano o un giro de su cabeza producir\u00e1 una conmoci\u00f3n vibrante en la estructura universal de las cosas; y a la inversa, su organismo divino ser\u00e1 agudamente sensible a los m\u00e1s ligeros cambios del ambiente, que dejar\u00edan enteramente impasibles a la mayor\u00eda de los mortales. Mas el l\u00edmite entre los dos tipos de hombre-dios, por muy f\u00e1cil que nos sea dise\u00f1arlo en teor\u00eda, raras veces puede delinearse en la pr\u00e1ctica, por lo que no insistimos m\u00e1s en la distinci\u00f3n.<\/p>\n<p>Hemos visto que el arte m\u00e1gico en la pr\u00e1ctica puede emplearse para el beneficio de los individuos o de la sociedad en general, y que seg\u00fan que se dirija a uno u otro de los dos objetivos puede denomin\u00e1rsele magia p\u00fablica o privada. Adem\u00e1s, dejamos se\u00f1alado que el mago p\u00fablico ocupa una posici\u00f3n de gran influencia, desde la cual, si es hombre prudente y h\u00e1bil, puede avanzar poco a poco al rango de jefe o rey. Un examen de la magia p\u00fablica nos conduce a la comprensi\u00f3n de la realeza primitiva, puesto que en la sociedad salvaje y b\u00e1rbara muchos jefes y reyes en gran medida parecen deber su autoridad a su reputaci\u00f3n como magos.<\/p>\n<p>Entre los objetivos de utilidad p\u00fablica que puede proponerse la magia, el m\u00e1s esencial es el suministro adecuado de v\u00edveres. Los ejemplos citados en las p\u00e1ginas anteriores prueban que los proveedores de alimentos, cazador, pescador, labrador, recurren todos a las pr\u00e1cticas m\u00e1gicas en la consecuci\u00f3n de sus variadas ocupaciones; mas ellos lo hacen s\u00f3lo como individuos y para su beneficio y el de sus familias, y no como funcionarios p\u00fablicos que act\u00faan en inter\u00e9s general. Sucede lo contrario cuando los ritos no se ejecutan por los cazadores, pescadores y labriegos, sino por magos profesionales y para todos. En la sociedad primitiva, donde la uniformidad de las ocupaciones es la regla y apenas ha empezado la diferenciaci\u00f3n de la comunidad en varias clases de trabajadores, cada hombre es m\u00e1s o menos su propio mago; \u00e9l practica conjuros y encantamientos para su propio bien y en da\u00f1o de sus enemigos. Cuando se instituye una clase especial de magos se realiza un gran progreso; en otras palabras, cuando se escoge a cierto n\u00famero de hombres con el expreso prop\u00f3sito de beneficiar a la sociedad en general por su habilidad, ya dirigiendo su pericia contra las enfermedades, el pron\u00f3stico del futuro, la regulaci\u00f3n del tiempo o cualquier otro designio de utilidad general. La importancia de los medios adoptados por la mayor\u00eda de estos pr\u00e1cticos en el cumplimiento de sus fines no debe ocultarnos la inmensa importancia de la instituci\u00f3n misma. Aqu\u00ed encontramos, al menos en los m\u00e1s altos grados de salvajismo, a un grupo de hombres relevados de la necesidad de ganarse la vida con el duro trabajo manual, lo que les permite y aun les anima a seguir investigando en las secretas v\u00edas de la naturaleza. Era a la vez su deber y su inter\u00e9s saber m\u00e1s que sus compa\u00f1eros para familiarizarse con todo lo que pudiera ayudar al hombre en su lucha ardua con la naturaleza, todo lo que pudiera mitigar sus sufrimientos y prolongar la vida. Las propiedades de las drogas y minerales, las causas de la lluvia y de las sequ\u00edas, del trueno y del rel\u00e1mpago, los cambios de las estaciones, las fases de la luna, la jornada diaria y el viaje anual del sol, los cambios de las estrellas, el misterio de la vida y el misterio de la muerte: todas estas cosas debieron excitar el deseo de estos tempranos fil\u00f3sofos, estimul\u00e1ndolos a encontrar soluciones a los problemas que indudablemente llamaron su atenci\u00f3n con m\u00e1s frecuencia en la forma m\u00e1s pr\u00e1ctica, debido a las demandas apremiantes de sus clientes, que esperaban de ellos no s\u00f3lo entender, sino regular los grandes procesos naturales para el bien del hombre. No es de extra\u00f1ar que sus primeros disparos dieran muy lejos del blanco. La aproximaci\u00f3n lenta y nunca terminada hacia la verdad consiste en una perpetua formaci\u00f3n y comprobaci\u00f3n de hip\u00f3tesis, aceptando las que en cada momento creemos adecuadas a los hechos y rechazando las dem\u00e1s. Las perspectivas de las causas naturales acogidas por el m\u00e1gico salvaje no es dudoso que ahora parezcan manifestaciones falsas y absurdas. En su d\u00eda fueron hip\u00f3tesis leg\u00edtimas, aunque no soportaran la prueba de la experiencia. Rid\u00edculos y vituperables son los justos calificativos, no a los que inventaron estas teor\u00edas rudas, sino a los que obstinadamente las aceptaron despu\u00e9s de haberse propuesto otras mejores. Es indudable que ning\u00fan hombre pudo tener nunca mayores incentivos en la prosecuci\u00f3n de la verdad que estos hechiceros salvajes. Mantener por lo menos una apariencia de sabidur\u00eda era absolutamente necesario; una simple equivocaci\u00f3n que se descubriese pod\u00eda costarles la vida. Sin duda que esto les condujo a practicar la impostura con el prop\u00f3sito de encubrir su ignorancia, pero tambi\u00e9n les dio el motivo m\u00e1s poderoso para sustituir el conocimiento fingido por el real, puesto que si se desea aparentar que se conoce alguna cosa, el mejor m\u00e9todo es conocerla de verdad. As\u00ed, sin embargo, aunque podemos justamente rechazar las pretensiones extravagantes de los magos y condenar las supercher\u00edas con que enga\u00f1aron a la humanidad, la instituci\u00f3n original de esta clase de hombres, tom\u00e1ndola en su conjunto, ha producido un bien incalculable para los humanos. Ellos fueron los predecesores directos, no s\u00f3lo de nuestros m\u00e9dicos y cirujanos, sino de nuestros investigadores y descubridores en cada una de las ramas de la ciencia natural. Ellos empezaron la obra que desde entonces llevaron sus sucesores a tan gloriosas y ben\u00e9ficas consecuencias, y si el comienzo fue pobre y d\u00e9bil, imp\u00fatese a las dificultades inevitables que obstru\u00edan el sendero del conocimiento m\u00e1s bien que a la incapacidad natural o a la testarudez de los hombres.<\/p>\n<p>La Rama dorada, cap. 5<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>James George Frazer &#8211; El mago p\u00fablico El lector recordar\u00e1 que nos enfrascamos en el laberinto de la magia por una consideraci\u00f3n de dos diferentes tipos de &#8220;hombre-dios&#8221;. 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