{"id":3862,"date":"2009-03-04T18:51:17","date_gmt":"2009-03-04T18:51:17","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3862"},"modified":"2009-03-04T18:51:17","modified_gmt":"2009-03-04T18:51:17","slug":"el-peso-de-la-realeza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3862","title":{"rendered":"El peso de la realeza"},"content":{"rendered":"<p>Tab\u00faes regios y sacerdotales<\/p>\n<p>En cierta etapa de la sociedad primitiva el rey o sacerdote est\u00e1 dotado, seg\u00fan creen, de virtudes o poderes sobrenaturales o es la encarnaci\u00f3n de una deidad y, de acuerdo con esta fe, se le hace responsable de los malos tiempos, cosechas fracasadas y otras calamidades parecidas. En alg\u00fan grado parece presumirse que el regio imperio sobre la naturaleza semejante al que tiene sobre sus s\u00fabditos y esclavos, act\u00faa mediante actos concretos voluntarios, y en consecuencia, si agobia la sequ\u00eda, el hambre, la peste o las tormentas, el pueblo atribuye su mala suerte a la negligencia o culpa de su rey y le castiga con palizas y encaden\u00e1ndole o, si sigue obstinado, con el destronamiento y la muerte. Algunas veces, sin embargo, al curso de la naturaleza, aunque considerado dependiente del rey, se lo supone parcialmente independiente de su voluntad. Se considera su persona, si se nos permite expresarlo as\u00ed, a modo de centro din\u00e1mico del universo, del que irradian las l\u00edneas de fuerza en todas direcciones del cielo, de tal modo que un movimiento de su cabeza o el solivio de su mano afecta al instante y puede alterar seriamente alguna parte de la naturaleza. \u00c9l es el punto de apoyo del cual depende el equilibrio mundial, y la menor irregularidad por su parte puede deshacer dicho equilibrio. Por lo tanto, debe tenerse sumo cuidado por \u00e9l, y tambi\u00e9n \u00e9l mismo, su vida entera, hasta el m\u00e1s m\u00ednimo detalle, ha de ser regulada para que ning\u00fan acto suyo, voluntario o involuntario, pueda desquiciar o destruir el orden establecido de la naturaleza. De esta clase de monarcas es o, mejor a\u00fan, era el espiritual emperador del Jap\u00f3n, el Mikado o Dairi; \u00e9l es encarnaci\u00f3n de la diosa Sol, deidad que rige el universo, hombres y dioses incluidos. Una vez al a\u00f1o le presentan sus respetos los dioses y est\u00e1n alojados un mes en su corte; durante este mes, cuyo nombre significa &#8220;sin dioses&#8221;, no se frecuentan los templos porque no est\u00e1n all\u00ed, seg\u00fan creen. El Mikado asume en sus declaraciones oficiales y decretos, y su pueblo as\u00ed lo considera, el t\u00edtulo de &#8220;deidad manifestada o encarnada&#8221; y \u00e9l reclama autoridad general sobre los dioses del Jap\u00f3n. Por ejemplo, en un decreto oficial del a\u00f1o 646, el emperador es descrito como &#8220;o\u00ed dios encarnado que gobierna el universo&#8221;.<\/p>\n<p>La siguiente descripci\u00f3n del modo de vivir del Mikado fue escrita hace unos doscientos a\u00f1os. &#8220;Actualmente aun los pr\u00edncipes descendientes de esta familia, y m\u00e1s particularmente el que se sienta en el trono, son considerados como las personas m\u00e1s sagradas por s\u00ed mismas y a modo de papas por nacimiento. Con objeto de conservar estas ideas tan convenientes en la mente de sus s\u00fabditos, aqu\u00e9llos est\u00e1n obligados a tomarse un cuidado extraordinario con sus propias y sagradas personas y a hacer cosas tales que, enjuiciadas de acuerdo con las costumbres de otras naciones, ser\u00edan rid\u00edculas e impertinentes. No estar\u00e1 mal dar algunos ejemplos de esto. \u00c9l piensa que ser\u00eda muy perjudicial a su dignidad y santidad tocar el suelo con sus pies, y por esta raz\u00f3n, cuando quiere ir a cualquier sitio, debe ser transportado a hombros de un lado para otro. Mucho menos puede consentir en exponer su sagrada persona al aire libre, y el sol no es digno de iluminar su cabeza. Tal es la santidad que se achaca a todas las partes de su cuerpo que no se arriesga a corlarse el pelo, ni las barbas, ni las u\u00f1as. Sin embargo, y a menos de estar cada vez m\u00e1s sucio, se necesita que le limpien por la noche, cuando \u00e9l est\u00e1 dormido; porque dicen ellos que lo que se recoja de su cuerno en estas horas, se le roba y, como es un robo, no perjudica a su dignidad o santidad. En tiempos antiguos estaba obligado a sentarse en el trono durante varias horas todas las ma\u00f1anas, con la corona imperial puesta sobre la cabeza y a quedar inm\u00f3vil, semejante a una estatua, sin mover mano ni pie, ni la cabeza, ni los ojos, ni en absoluto parte alguna de su cuerpo pues mediante esto se pensaba que podr\u00eda conservar la paz y tranquilidad en su imperio; si desgraciadamente se mov\u00eda o tend\u00eda una mirada en cualquier direcci\u00f3n de sus dominios, estallar\u00eda la guerra, el hambre, ]qs incendios o alguna otra cat\u00e1strofe pronta a desolar el pa\u00eds. Habi\u00e9ndose descubierto mucho despu\u00e9s que la corona imperial era el paladi\u00f3n que con su inmovilidad conservaba la paz en el imperio para librar del cargante deber su persona imperial, consagrada solamente a los placeres y la ociosidad, se pens\u00f3 en el expediente actual de colocar la corona sobre el trono todas las ma\u00f1anas durante unas horas. Sus comidas son aderezadas cada vez en cacharros nuevos y servidas en mesa y platos nuevos: todo est\u00e1 muy limpio y primoroso, pero hecho de loza ordinaria, pues sin un considerable gasto no podr\u00edan abandonarse o romperse despu\u00e9s de haber servido una sola vez. Generalmente romp\u00edan todos los cacharros, temiendo que pudieran llegar a manos de cualquier inadvertido, porque cre\u00edan religiosamente que si cualquier lego se atreviera a comer en aquella vajilla sagrada, se le hinchar\u00edan, abrasadas, boca y garganta. El mismo temor a que sobrevinieran males se ten\u00eda de las vestiduras sagradas del Dairi; se cre\u00eda que al lego que, se vistiera con ellas, sin permiso o mandato expreso del emperador, le ocasionar\u00edan hinchaz\u00f3n y dolores en todo el cuerpo&#8221;. Sobre el mismo tema dice un relato antiguo del Mikado: &#8220;Se consideraba como una bochornosa degradaci\u00f3n para \u00e9l, que tocara el suelo con los pies. No se permit\u00eda que diesen en su cabeza los rayos del sol o de la luna. Ninguna de las superfluidades de su cuerpo pod\u00eda quitarse nunca, ni cortarse el pelo, la barba o las u\u00f1as. Se le ali\u00f1aban y serv\u00edan las comidas en vajilla que serv\u00eda solamente una vez&#8221;.<\/p>\n<p>Se encuentran sacerdotes o, mejor a\u00fan, reyes divinos parecidos, en un nivel poco m\u00e1s b\u00e1rbaro, en la costa oeste de \u00c1frica. En Punta Tibur\u00f3n, cerca de Cabo Padr\u00f3n, en la Guinea baja, vive solitario en el bosque el rey sacerdotal Kukulu. No puede tocar a una mujer ni dejar su casa, ni aun levantarse de la silla, en la cual tiene que dormir sentado, pues si se tumbase no se levantar\u00eda ning\u00fan viento y la navegaci\u00f3n quedar\u00eda parada. Regula las tormentas y en general mantiene en estado salut\u00edfero y uniforme la atm\u00f3sfera. En Monte Agu, en el Togo, vive un fetiche o esp\u00edritu llamado Bagba que tiene mucha importancia para el conjunto del pa\u00eds de los alrededores. Se le adscribe el poder de dar o retener la lluvia y es el se\u00f1or de los vientos, inclusive del harmattan, viento caliente y seco que sopla del interior. Su sacerdote mora en una casa sobre el m\u00e1s alto pico de la monta\u00f1a, donde guarda los vientos en unas vasijas enormes. Se le solicita adem\u00e1s para que llueva, y \u00e9l hace buen negocio con amuletos que consisten en colmillos y quijadas de leopardos. Aunque su autoridad es grande y \u00e9l es el verdadero jefe del pa\u00eds, en realidad la ley del fetiche le prohibe dejar la monta\u00f1a nunca y debe vivir hasta su muerte en la c\u00faspide. Solamente una vez al a\u00f1o puede bajar a hacer sus compras en el mercado, pero aun entonces no debe entrar en la choza de ning\u00fan mortal y deber\u00e1 volver a su lugar de exilio el mismo d\u00eda. Los asuntos del gobierno en las aldeas son llevados por jefes subordinados suyos y nombrados por \u00e9l. En el reino africano occidental del Congo hab\u00eda un pont\u00edfice supremo denominado Chit\u00f3me o Chitomb\u00e9 a quien los negros trataban como un dios en la tierra y todopoderoso en el cielo. De consiguiente, antes de probar las nuevas cosechas le ofrec\u00edan las primicias, temiendo que caer\u00edan sobre ellos m\u00faltiples desgracias si romp\u00edan esta ley. Cuando dejaba su residencia para visitar otros lugares de su jurisdicci\u00f3n, toda la gente observaba estricta continencia mientras estuviera en su excursi\u00f3n, por suponer que un acto de incontinencia le ser\u00eda fatal. Y si se mor\u00eda de muerte natural, cre\u00edan que el mundo perecer\u00eda y la tierra, que solamente est\u00e1 sostenida por su m\u00e9rito y poder\u00edo, ser\u00eda aniquilada inmediatamente. Entre las semib\u00e1rbaras naciones del Nuevo Mundo, en la \u00e9poca de la conquista espa\u00f1ola se encontraron jerarqu\u00edas o teocracias semejantes a la del Jap\u00f3n; en particular, el gran pont\u00edfice de los zapotecas parece haber presentado un estrecho paralelo con el Mikado. Era un poderoso rival del rey y este se\u00f1or espiritual gobernaba Yopaa, una de las ciudades m\u00e1s grandes e importantes del reino, con absoluto imperio. Es imposible, se nos dice, exagerar la reverencia en que se le ten\u00eda. Era considerado como un dios a quien la tierra no ten\u00eda m\u00e9ritos para sostener ni el sol para brillar sobre \u00e9l. Profanaba su santidad tan s\u00f3lo tocando el suelo con el pie. Los oficiales que llevaban su palanqu\u00edn al hombro eran miembros de las familias m\u00e1s distinguidas; dif\u00edcilmente se dignaba mirar a nadie de los que le rodeaban y todo el que le encontraba ca\u00eda con la cara en tierra temiendo que la muerte le llegar\u00eda si miraba siquiera a su sombra. Los sacerdotes zapotecas ten\u00edan ordinariamente una regla de continencia impuesta especialmente sobre el gran pont\u00edfice, pero &#8220;en ciertos d\u00edas del a\u00f1o, que se celebraban generalmente con banquetes y bailes, era costumbre que el gran pont\u00edfice se emborrachase, y estando en este estado, creyendo que no pertenec\u00eda ni al cielo ni a la tierra, le tra\u00edan una de las m\u00e1s bellas v\u00edrgenes de las consagradas al servicio de los dioses&#8221;. Si la criatura que nac\u00eda despu\u00e9s era ni\u00f1o, le exaltaban a pr\u00edncipe de la sangre y el hijo mayor de todos suced\u00eda a su padre en el trono pontifical. Los poderes sobrenaturales atribuidos a este pont\u00edfice no est\u00e1n especificados, aunque es probable que recordaran a los del Mikado y Chit\u00f3me.<\/p>\n<p>Siempre que, como en el Jap\u00f3n y en \u00c1frica occidental, se imagina que el orden natural y hasta la existencia del mundo est\u00e1n ligados a la vida del rey o sacerdote, claro es que \u00e9ste ser\u00e1 considerado por sus s\u00fabditos como un manantial de bendiciones infinitas o de infinitos da\u00f1os. El pueblo tiene que estarle agradecido por la lluvia o el tiempo soleado que nutre los frutos del suelo; por el viento que trae los barcos a sus costas y hasta por el innoble suelo que les sustenta. Pero lo que \u00e9l da, puede rehusarlo, y tan estrecha es la dependencia de la naturaleza a su persona, tan delicado el equilibrio de fuerza de las que es el centro que la menor irregularidad por su parte provoca un terremoto que hace temblar la tierra en sus cimientos. Y si puede ser perturbada la tierra por el m\u00e1s f\u00fatil acto involuntario del rey, f\u00e1cil es pensar la convulsi\u00f3n que podr\u00eda provocar su muerte. La muerte natural del Chit\u00f3me, como lo hemos visto ya, supone la destrucci\u00f3n de todo. Evidentemente, y en consideraci\u00f3n a su propia seguridad, como puede estar expuesto al peligro por un acto irreflexivo del rey y m\u00e1s todav\u00eda por su muerte, el pueblo exigir\u00e1 de su rey o sacerdote una estricta conformidad con aquello cuyo cumplimiento se cree necesario para su propia conservaci\u00f3n y en consecuencia para la conservaci\u00f3n de su pueblo y del mundo. La raz\u00f3n de ser de las desp\u00f3ticas monarqu\u00edas primitivas, en las que el pueblo exist\u00eda solamente para el soberano, es totalmente inaplicable a las que aqu\u00ed estamos tratando. Por el contrario, en \u00e9stas solamente vive el monarca para sus s\u00fabditos; su vida es valiosa solamente en tanto que cumpla los deberes de su posici\u00f3n ordenando los eventos naturales para el beneficio de su pueblo. Tan pronto como deja de hacerlo as\u00ed, el esmero en servirle, la devoci\u00f3n, el homenaje religioso que el pueblo entonces le prodigo, se torna en odio y desprecio, le destrona ignominiosamente y podr\u00e1 agradecer si escapa con vida. Adorado un d\u00eda como dios, es muerto al siguiente como criminal. Pero en esta conducta cambiante del pueblo no hay nada caprichoso o inconsecuente; por el contrario, es rectil\u00ednea. Si su rey es dios, a \u00e9l deben confiar su defensa, y si no la acepta, debe dejar el puesto a otro que la asuma. Sin embargo, mientras responda a sus esperanzas, no limitan los cuidados que con \u00e9l tienen y los que le obligan a tomar por s\u00ed mismo. Un rey de este g\u00e9nero vive acosado por una etiqueta ceremonial, una red de prohibiciones y observancias cuya intenci\u00f3n no es contribuir a su dignidad ni mucho menos a su comodidad, sino constre\u00f1irle contra una conducta que, perturbando la armon\u00eda de la naturaleza, pudiera envolver a \u00e9l, a su pueblo y al universo en una cat\u00e1strofe general. Lejos de aumentar su comodidad, estas observancias entorpecen todas sus acciones, aniquilan su libertad y con frecuencia su propia vida, cuyo objeto es conservarla, convirti\u00e9ndola en carga penosa y triste.<\/p>\n<p>De los reyes de Loango, dotados sobrenaturalmente, se dice que el m\u00e1s poderoso de ellos es el que m\u00e1s tab\u00fas se ve obligado a obedecer: regulan todas sus acciones, su paseo y su descanso, su comida y su bebida, su sue\u00f1o y su vigilia. A estas restricciones est\u00e1 sujeto desde su infancia el heredero del trono y seg\u00fan va teniendo m\u00e1s edad, va creciendo cada vez m\u00e1s el n\u00famero de abstinencias y ceremonias que cumple &#8220;hasta el momento de ascender al trono, en que se pierde en el oc\u00e9ano de los ritos y tab\u00fas&#8221;. En el cr\u00e1ter extinguido de un volc\u00e1n, encerrado por todos lados por laderas frondosas, se encuentran las desperdigadas chozas y campos de \u00f1ame de Riabba, capital del rey nativo de Fernando Poo. Este misterioso ser vive en lo m\u00e1s rec\u00f3ndito del cr\u00e1ter, acompa\u00f1ado por un har\u00e9n de cuarenta mujeres y cubierto, se dice, con monedas antiguas de plata. Salvaje desnudo como es, a\u00fan ejerce m\u00e1s influencia en la isla que el gobernador espa\u00f1ol de Santa Isabel. En \u00e9l est\u00e1 encarnado, o algo as\u00ed el esp\u00edritu de los bubis o habitantes abor\u00edgenes de la isla. No ha visto nunca la cara de un hombre blanco y seg\u00fan la firme convicci\u00f3n de todos los bubis, la vista de un &#8220;cara p\u00e1lida&#8221; le causar\u00eda la muerte instant\u00e1nea. No puede ir a ver el mar; en verdad se cuenta que jam\u00e1s lo vio ni a\u00fan a distancia y que por esto lleva toda su vida unos grilletes en las piernas dentro de la penumbra crepuscular de su choza. Ciertamente, nunca ha puesto sus pies en la playa y a excepci\u00f3n de su mosquete y cuchillo no usa nada que venga de los blancos; telas europeas no tocan persona y desde\u00f1a el tabaco, el ron y hasta la sal.<\/p>\n<p>Entre los pueblos de la Costa de los Esclavos y de habla ewe, &#8220;el rey es al mismo tiempo gran sacerdote. En esta calidad, particularmente en tiempos antiguos, era inabordable para sus s\u00fabditos. Solamente por la noche le era permitido salir de su morada con objeto de ba\u00f1arse y realizar las dem\u00e1s necesidades naturales. Nadie sino su representante, el llamado rey visible, con tres ancianos escogidos, pod\u00eda hablar con \u00e9l y aun as\u00ed, ten\u00edan que hacerlo sentados de espaldas a \u00e9l sobre una piel de buey. No pod\u00eda mirar a ning\u00fan europeo ni caballo, ni mirar al mar, raz\u00f3n por la cual no le estaba permitido ausentarse de su capital ni un solo momento. Estas leyes fueron derogadas en \u00e9poca reciente&#8221;. El mismo rey de Dahomey est\u00e1 sujeto a la prohibici\u00f3n de contemplar el mar y lo mismo sucede con los reyes de Loango y Gran Ardra, en Guinea. El mar es el fetiche de los eyeos, en el noroeste del Dahomey, y ellos y su rey est\u00e1n amenazados con la muerte por los sacerdotes si se atreven a mirarlo. Se cree que el rey de Gayor, en Senegal, morir\u00eda infaliblemente dentro del a\u00f1o si cruzase un r\u00edo o brazo de mar. En Mashonalandia hasta \u00e9poca reciente los jefes no pod\u00edan cruzar ciertos r\u00edos, particularmente el Rurikwi y el Nyadiri; la costumbre era observada estrictamente al menos por un jefe en estos \u00faltimos a\u00f1os. &#8220;A ning\u00fan precio querr\u00e1 cruzar el r\u00edo el jefe. Si le es absolutamente necesario hacerlo, le vendan los ojos y le cruzan la corriente disparando tiros y cantando. Si \u00e9l lo cruzara andando, quedar\u00eda ciego o morir\u00eda; de todos modos perder\u00eda la jefatura&#8221;. Tambi\u00e9n en el sur de Madagascar, entre los mahafalys y sakalavos, est\u00e1 prohibido a algunos reyes navegar en el mar o cruzar ciertos r\u00edos. Entre los sakalavos el jefe est\u00e1 considerado como un ser sagrado, pero atraillado por una multitud de restricciones que rigen su conducta lo mismo que la del emperador de la China. No puede intentar hacer nada, sea lo que sea, a menos que los hechiceros declaren favorables los presagios; no puede comer nada caliente y en ciertos d\u00edas no puede salir de su choza, y as\u00ed otras cosas. En algunas de las tribus monta\u00f1esas del Asam, el jefe y su mujer tienen que observar muchos tab\u00fas respecto a los alimentos; no deben comer b\u00fafalo, cerdo, perro, gallina ni tomates. El jefe ser\u00e1 casto, marido de una sola mujer, de la que se separa la v\u00edspera de una observancia general o p\u00fablica de tab\u00fa. En un grupo de tribus, al jefe le est\u00e1 prohibido comer en pueblo forastero y bajo ninguna provocaci\u00f3n, sea la que sea, pronunciar\u00e1 una sola palabra de denuesto. Seguramente imagina la gente que la violencia de cualquiera de estos tab\u00fas por un jefe, atraer\u00e1 la desgracia sobre toda la aldea.<\/p>\n<p>Los antiguos reyes de Irlanda, as\u00ed como los reyes de las cuatro provincias de Leinster, Munster, Ulster y Connaught, estaban coartados por ciertas prohibiciones curiosas o tab\u00fas de cuya debida observancia supon\u00edan que depend\u00eda la prosperidad de la poblaci\u00f3n del pa\u00eds tanto como la suya propia. As\u00ed, por ejemplo, no deber\u00eda levantarse el sol sobre el reino de Irlanda antes que el rey se levantara de su lecho en Tara, la antigua capital de Er\u00edn. Le estaba prohibido apearse del caballo en d\u00eda mi\u00e9rcoles en el Magh Breagh, cruzar Magh Cuillinn despu\u00e9s del atardecer, espolear su caballo en Fan Chomair, ir embarcado en lunes despu\u00e9s del Bealltaine (d\u00eda mayo) y dejar huellas de su ej\u00e9rcito sobre Ath Maighue el martes despu\u00e9s de &#8220;todos los santos&#8221;. El rey de Leinster no pod\u00eda rodear Tuath Laighean por la izquierda en d\u00eda mi\u00e9rcoles ni dormir entre el Dothair (Dodden) y el Duibhlinn con la cabeza inclinada a un lado, ni acampar nueve d\u00edas seguidos en las llanuras de Cualann, ni viajar por el camino de Duibhlinn en lunes, ni montar caballo enlodado y de patas negras cruzando Magh Mainstean. Al rey de Munster le estaba prohibido divertirse en la fiesta de Loch Lein de un lunes al lunes siguiente, banquetear de noche en el principio de la siega ante Geim en Leitreacha; acampar por nueve d\u00edas sobre el Siuir y tener una reuni\u00f3n fronteriza en Gabhran. Al rey de Connaught se le prohib\u00eda terminar un tratado respecto a su antiguo palacio de Cruachan despu\u00e9s de hacer la paz en d\u00eda de todos los santos, ir con ropa moteada sobre un caballo p\u00edo al brezal de Dal Chais, acudir a una asamblea de mujeres en Seaghais, sentarse en oto\u00f1o sobre los montones sepulcrales de la mujer de Maine, contender corriendo sobre caballo gris y tuerto en concurso entre dos postes en At Gallta. Al rey de Ulster le estaba impedido ir a la feria de caballos de Rath Line entre los j\u00f3venes de Dal Araidhe, escuchar los cantos de las bandadas de p\u00e1jaros de Linn Saileach despu\u00e9s de la puesta del sol, celebrar la fiesta del toro de Dairemie-Daire, ir a Magh Cobha en el mes de marzo y beber del agua de Bo Neimhidh entre dos luces o en el crep\u00fasculo. Si los reyes de Irlanda cumpl\u00edan estrictamente \u00e9stas y otras muchas costumbres m\u00e1s, que estaban en uso desde tiempo inmemorial, se pensaba que no tendr\u00edan nunca mala suerte o desgracia y vivir\u00edan noventa a\u00f1os sin conocer los achaques de la vejez; que ninguna epidemia o mortandad sobrevendr\u00eda en su reinado y que las estaciones del a\u00f1o ser\u00edan favorables y la tierra rendir\u00eda cosechas en abundancia; mientras que si abandonaban los usos antiguos, el pa\u00eds ser\u00eda visitado por el hambre, las plagas y los malos tiempos.<\/p>\n<p>Los reyes de Egipto fueron adorados como dioses y la rutina de su vida diaria estaba regulada en todos los detalles por reglas precisas e invariables. &#8220;La vida de los reyes de Egipto \u0097dice Diodoro\u0097 no era semejante a la de otros monarcas que son irresponsables y pueden hacer lo que quieran; por el contrario, todas las cosas estaban fijadas para ellos mediante leyes, y no solamente sus deberes oficiales sino aun los detalles de su vida diaria. . . Las horas, lo mismo del d\u00eda que de la noche, fueron coordinadas para lo que ten\u00eda que hacer el rey, no lo que a \u00e9l le gustase, sino lo que estaba prescrito para \u00e9l&#8230; No s\u00f3lo ten\u00eda su horario para las tramitaciones de los negocios p\u00fablicos o sentarse a enjuiciar, sino todas las horas, para sus paseos, su ba\u00f1o y acostarse para dormir con su mujer y, resumiendo, para todos los actos de su vida todo estaba establecido. La costumbre le prescrib\u00eda una comida sencilla; la \u00fanica carne que pod\u00eda comer era de ternera y solamente pod\u00eda beber una determinada cantidad de vino&#8221;. Adem\u00e1s, hay razones para creer que estas reglas fueron observadas no s\u00f3lo por los antiguos faraones, sino por los reyes sacerdotales que reinaron en Tebas y Etiop\u00eda a finales de la dinast\u00eda xx.<\/p>\n<p>De los tab\u00faes impuestos a los sacerdotes podemos hallar un ejemplo notable en las reglas de vida prescritas para el Flamen Dialis de Roma, al que se le interpretaba como imagen viviente de J\u00fapiter o encarnaci\u00f3n humana del esp\u00edritu celestial. Eran as\u00ed: el Flamen Dialis no pod\u00eda montar a caballo ni aun tocar uno siquiera, ni mirar tropas bajo las armas; no pod\u00eda llevar ning\u00fan brazalete que no estuviera roto, ni tener un nudo en ninguna parte de sus vestidos. Ning\u00fan fuego, salvo un fuego sagrado, pod\u00eda tomarse de su casa, ni tocar harina de trigo o pan con levadura; no pod\u00eda tocar ni aun nombrar a una cabra, perro, carne cruda, habas y yedra, ni reposar bajo una parra; los pies de su cama ten\u00edan que estar embadurnados de barro; su cabellera s\u00f3lo pod\u00eda cortarla un hombre libre y con cuchillo de bronce; los recortes de sus u\u00f1as y pelo deb\u00edan ser enterrados bajo un \u00e1rbol afortunado (fasto). No deb\u00eda tocar un cad\u00e1ver en ning\u00fan lugar donde fueran a enterrar un muerto, ni ver trabajar si era d\u00eda santo, ni estar descubierto al aire libre. Si metieran en su casa a un hombre maniatado, ten\u00edan que desatarle y tirar las cuerdas por un agujero del techo para que cayeran en la calle. Su mujer, la Flam\u00ednica, tema que observar aproximadamente las mismas reglas y adem\u00e1s otras propias para ella: no pod\u00eda subir m\u00e1s de tres escalones de la clase de escalera llamadas griegas y en un festival especial se le imped\u00eda llevar peinados sus cabellos. La suela de sus zapatos no pod\u00eda ser hecha de un animal que hubiera muerto por enfermedad o vejez, sino matado o sacrificado.<\/p>\n<p>Entre los grebos de Sierra Leona hay un pont\u00edfice que lleva el t\u00edtulo de bodia y que ha sido comparado por sutiles razones con el gran sacerdote de los jud\u00edos. Se le nombra de acuerdo con un mandato del or\u00e1culo. En una ceremonia de instalaci\u00f3n muy complicada, le ungen, le ponen una ajorca en el tobillo como insignia de su puesto y roc\u00edan las jambas de su puerta con la sangre de una cabra sacrificada. Tiene a su cargo los talismanes p\u00fablicos y los \u00eddolos, que \u00e9l alimenta con arroz y aceite todas las lunas nuevas; hace sacrificios a los muertos y a los demonios en bien de la ciudad. Nominalmente su poder\u00edo es muy grande mas en la pr\u00e1ctica est\u00e1 muy limitado, pues no se atreve a arrostrar la opini\u00f3n p\u00fablica y es responsable, aun con su vida, de cualquier calamidad que caiga sobre el pa\u00eds. De \u00e9l se espera que pueda obligar a la tierra a traer abundantes productos: que el pueblo goce de buena salud y que la guerra se mantenga alejada y las brujer\u00edas sean tenidas a raya. Su vida est\u00e1 enredada entre prescripciones de ciertos tab\u00fas o restricciones As\u00ed, no puede quedarse a dormir en ninguna casa m\u00e1s que en su residencia oficial, que llaman &#8220;la casa ungida&#8221; por alusi\u00f3n a la ceremonia hecha en la inauguraci\u00f3n. No puede beber agua en los caminos. No puede comer mientras haya un cad\u00e1ver en la ciudad y no debe tampoco observar duelo por el fallecido. Si mucre mientras ocupa el puesto, debe ser enterrado a medianoche; pocos deben ser los que se enteren de su fallecimiento y nadie debe lamentar su muerte cuando se haga p\u00fablica. Si muriese v\u00edctima de una ordal\u00eda por veneno, bebiendo un cocimiento de madera de sassy, entonces ser\u00eda inhumado bajo las aguas de un torrente.<\/p>\n<p>Entre los todas de la India meridional, el vaquero sagrado, que act\u00faa como sacerdote de la vaquer\u00eda sagrada, est\u00e1 sujeto a una serie variada de restricciones enojosas y pesadas durante todo el tiempo de sus obligaciones, que puede durar muchos a\u00f1os. Por ejemplo, vivir\u00e1 en la vaquer\u00eda santa y nunca visitar\u00e1 su casa ni ninguna otra aldea corriente. Ser\u00e1 c\u00e9libe, y si casado, tendr\u00e1 que abandonar a su esposa. Ninguna persona corriente puede tocar al vaquero santo ni a la santa vaquer\u00eda; tal contacto podr\u00eda macular su santidad hasta hacerle perder su ocupaci\u00f3n. S\u00f3lo dos d\u00edas a la semana, generalmente lunes y jueves, puede un profano aproximarse algo al vaquero; los dem\u00e1s d\u00edas, si tiene alg\u00fan negocio que despachar con \u00e9l, se colocar\u00e1 a distancia (algunos dicen que a 400 metros) y le dir\u00e1 su recado en alas del espacio, a voces. Adem\u00e1s, el vaquero sagrado no se cortar\u00e1 el pelo ni tampoco las u\u00f1as mientras conserve su puesto. No cruzar\u00e1 un r\u00edo por el puente, sino vade\u00e1ndolo, y s\u00f3lo por ciertos vados. Si en su clan muere alguien, \u00e9l no puede asistir a ninguna de las ceremonias funerales a menos que primeramente dimita de su cargo y descienda del excelso rango del vaquero al de un cualquiera y vulgar mortal. Indudablemente parece ser que en \u00e9pocas antiguas ten\u00eda que entregar la firma, por no decir los cubos del oficio, siempre que alg\u00fan miembro de su clan se desped\u00eda de la vida. Sin embargo, estas pesad\u00edsimas restricciones han sido relegadas por completo, quedando impuestas solamente a los de clase muy eximia.<\/p>\n<p>La rama dorada, cap\u00edtulo XVII<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tab\u00faes regios y sacerdotales En cierta etapa de la sociedad primitiva el rey o sacerdote est\u00e1 dotado, seg\u00fan creen, de virtudes o poderes sobrenaturales o es la encarnaci\u00f3n de una deidad y, de acuerdo con esta fe, se le hace responsable de los malos tiempos, cosechas fracasadas y otras calamidades parecidas. 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