{"id":3861,"date":"2009-03-04T18:50:53","date_gmt":"2009-03-04T18:50:53","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3861"},"modified":"2009-03-04T18:50:53","modified_gmt":"2009-03-04T18:50:53","slug":"-los-peligros-del-alma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3861","title":{"rendered":"Los peligros del alma"},"content":{"rendered":"<p>James George Frazer &#8211; <\/p>\n<p>1. EL ALMA COMO MANIQU\u00cd<\/p>\n<p>Los anteriores ejemplos nos demuestran que el oficio de rey sagrado o sacerdote est\u00e1 frecuentemente circundado de una serie de pesadas restricciones o tab\u00fas, cuyo principal prop\u00f3sito parece ser preservar la vida del hombre divino para el bien de su pueblo. Pero si el objeto de los tab\u00fas es defender su vida, surge la pregunta: \u00bfc\u00f3mo se supone que esta observancia realiza su fin? Para comprender esto, debemos conocer la naturaleza del peligro que amenaza la vida del rey y cu\u00e1l es la finalidad de estas curiosas restricciones protectoras. Por consiguiente, nos preguntamos: \u00bfQu\u00e9 entiende por muerte el hombre primitivo? \u00bfA qu\u00e9 causas la atribuye? \u00bfC\u00f3mo piensa poder defenderse contra ella?<br \/>\nAs\u00ed como el salvaje com\u00fanmente explica los procesos de la naturaleza inanimada suponi\u00e9ndolos producidos por seres vivos que obran dentro o detr\u00e1s de los fen\u00f3menos, del mismo modo se explica los fen\u00f3menos de la vida misma. Si un animal vive y se mueve, piensa \u00e9l, s\u00f3lo puede hacerlo porque tiene dentro un animalito que le mueve; si un hombre vive y s\u00e9 mueve s\u00f3lo puede hacerlo porque tiene dentro un hombrecito o animal que le mueve. El animalito dentro del animal y el hombre dentro del hombre es el alma. Y como la actividad de un animal u hombre se explica por la presencia del alma, as\u00ed la quietud del sue\u00f1o o de la muerte se explican por su ausencia, temporal en el sue\u00f1o o &#8220;trance&#8221; y permanente en la muerte. Por esto, si la muerte es la ausencia permanente del alma, el procedimiento para guardarse de ella ser\u00e1 impedir que el alma salga del cuerpo, o bien, si ha salido, asegurar su regreso. Las precauciones que adoptan los salvajes para garantizarse uno u otro de estos fines, toman la forma de prohibiciones especiales o tab\u00fas, que no son otra cosa que reglas destinadas a asegurar la presencia continua o el retorno del alma. Concretando, son salvavidas o guardavidas. Estas generalizaciones las ilustraremos con algunos ejemplos.<\/p>\n<p>Un misionero europeo, dirigi\u00e9ndose a unos negros australianos, les dijo: &#8220;Yo no soy uno, como ustedes piensan, sino dos&#8221;. Al o\u00edr esto, se rieron. &#8220;Pueden re\u00edrse lo que gusten \u0097continu\u00f3 el misionero\u0097; yo les digo que soy dos en uno: este cuerpo grande que ven, es uno; dentro hay otro peque\u00f1ito que no es visible. El cuerpo grande muere y es enterrado, pero el cuerpo peque\u00f1o vuela y se aleja cuando el grande muere.&#8221; A esta relaci\u00f3n algunos de los negros replicaron asintiendo: &#8220;S\u00ed, s\u00ed. Nosotros tambi\u00e9n somos dos; nosotros tambi\u00e9n tenemos un cuerpecito dentro del pecho.&#8221; Cuando les pregunt\u00f3 adonde se iba el cuerpecito despu\u00e9s de la muerte, unos dijeron que al bosque, otros que al mar y uno contest\u00f3 que no lo sab\u00eda. Los indios hurones pensaban que el alma ten\u00eda cabeza, cuerpo, brazos y piernas; concretando, que era un peque\u00f1o modelo completo del hombre. Los esquimales creen que &#8220;el alma presenta la misma figura que el cuerpo del hombre a quien pertenece, pero es de una naturaleza m\u00e1s sutil y et\u00e9rea&#8221;.<\/p>\n<p>Seg\u00fan los indios nootkas, el alma tiene la forma de un hombre diminuto; su morada es la coronilla de la cabeza. Mientras est\u00e1 derecho su propietario se conserva sano y robusto, pero cuando por alguna causa pierde su posici\u00f3n erguida, el propietario pierde el sentido. Entre las tribus indias del r\u00edo Bajo Fraser, se dice que el hombre tiene cuatro almas, de las cuales la principal es de la forma de un maniqu\u00ed mientras las otras tres son sombras de ella. Los malayos conciben el alma humana como un hombrecito, la mayor\u00eda de las veces invisible, del tama\u00f1o de un dedo, correspondiendo en figura, proporciones y hasta en el color de la tez al hombre en cuyo cuerpo reside Este maniqu\u00ed es de una naturaleza tenue e insubstancial, aunque tan impalpable que no pueda causar desplazamiento cuando entra en un objeto f\u00edsico, y puede volar r\u00e1pidamente de un sitio a otro; est\u00e1 temporalmente alejado del cuerpo en el sue\u00f1o, en el &#8220;trance&#8221; y en las enfermedades, y permanentemente ausente despu\u00e9s de morir.<\/p>\n<p>Tan exacto es el parecido del maniqu\u00ed al hombre, es decir, del alma al cuerpo, que as\u00ed como hay cuerpos gordos y flacos, tambi\u00e9n hay almas gordas y flacas, y as\u00ed como hay cuerpos pesados y ligeros, grandes y chicos, tambi\u00e9n hay almas pesadas y ligeras, grandes y peque\u00f1as. Las gentes de N\u00edas piensan que a todo hombre antes de nacer le preguntan c\u00f3mo le gusta de grande y pesada el alma, y seg\u00fan el peso o tama\u00f1o que desea, as\u00ed la miden para \u00e9l. El alma m\u00e1s pesada que se ha dado, pesa cerca de diez gramos. La longitud de la vida de un hombre est\u00e1 proporcionada al tama\u00f1o de su alma; por eso los ni\u00f1os que mueren tienen almas peque\u00f1as. La concepci\u00f3n vitiana del alma como un ser humano min\u00fasculo se aclara en la costumbre observada, a la muerte del jefe, entre los de la tribu Nakelo.<\/p>\n<p>Cuando muere un jefe, unos hombres que son enterradores hereditarios le llaman cuando yace ungido y ornado sobre esterillas, dici\u00e9ndole: &#8220;Lev\u00e1ntese, se\u00f1or jefe, y marchemos. Ha amanecido ya sobre el pa\u00eds.&#8221; Despu\u00e9s lo llevan a la orilla del r\u00edo, donde el botero espiritual llega para cruzar el r\u00edo a los esp\u00edritus de los nakelo. Como ellos atienden al jefe en su \u00faltima jornada, ponen sus grandes abanicos junto al suelo para protegerle, pues como uno de ellos explic\u00f3 a un misionero, &#8220;su alma es un ni\u00f1o peque\u00f1o&#8221;. Las gentes del Punjab se tat\u00faan creyendo que al morir, el alma, &#8220;hombrecito o mujercita&#8221; dentro del mortal armaz\u00f3n ir\u00e1 \u00edntegro al cielo, blasonado con los mismos tatuajes que adornaron su cuerpo en vida. Algunas veces, sin embargo, y como ya veremos, se ha imaginado que el alma humana no tiene forma humana, sino animal.<\/p>\n<p>2. AUSENCIA Y RETORNO DEL ALMA<\/p>\n<p>Es general suponer que el alma se escapa por las aberturas naturales del cuerpo, especialmente la boca y la nariz. Por eso en C\u00e9lebes colocan en ocasiones en la nariz del hombre enfermo, en su ombligo y en los pies, unos anzuelos de tal modo que si el alma intenta escapar pueda quedar enganchada y sujeta con firmeza. En el r\u00edo Baram, de Borneo, un turik rehus\u00f3 ceder unas piedras de forma de anzuelos porque ellas, como quien dice, ten\u00edan enganchada su alma al cuerpo evitando as\u00ed que su parte espiritual llegara a separarse de la material. Cuando un hechicero o curandero dayako marino es iniciado, se supone que sus dedos han sido provistos de anzuelos con los que despu\u00e9s capturar\u00e1 el alma humana en el acto de escaparse volando, para devolverla al cuerpo del paciente. Pero los anzuelos, claro es, pueden usarse para capturar las almas tanto de los enemigos como de los amigos. Conforme a este principio los cazadores de cabezas de Borneo cuelgan grandes ganchos de madera junto a los cr\u00e1neos de sus enemigos, en la creencia de que esto les ayudar\u00e1 en sus futuras expediciones para traer y colgar nuevas presas. Uno de los utensilios de un curandero haida es un hueso ahuecado en el que embotella las almas que se escapan para devolverlas a sus respectivos due\u00f1os. Cuando alguien bosteza o estornuda en su presencia, los hind\u00faes casta\u00f1etean siempre los dedos creyendo que esto impedir\u00e1, a aqu\u00e9l que se le salga el alma por la boca abierta. Los naturales de las islas Marquesas cerraban la boca y la nariz del agonizante en la creencia de que le mantendr\u00edan vivo si evitaban que se le escapase el alma; costumbre id\u00e9ntica se cuenta de los neocaledonios y con el mismo designio, los bagobos filipinos ponen anillas de alambre de lat\u00f3n en las mu\u00f1ecas y tobillos de sus enfermos. Por otra parte, los itonamas de Am\u00e9rica del Sur sellan los ojos, la nariz y la boca de un agonizante, para que su esp\u00edritu no se marche y arrastre a otros esp\u00edritus y por raz\u00f3n parecida, las gentes de N\u00edas que temen a los esp\u00edritus de los reci\u00e9n fallecidos y los identifican con el aliento, procuran confinar el alma vagante en su tabern\u00e1culo terrenal, ocluyendo las narices o cerrando la mand\u00edbula del cad\u00e1ver con una atadura. Antes de dejar un cad\u00e1ver, los wakelbura de Australia acostumbran a colocarle carbones encendidos en las orejas con el fin de retener al esp\u00edritu en el cuerpo, para tener el tiempo suficiente de alejarse y que el esp\u00edritu no llegase a alcanzarlos cuando saliera. En la parte sur de C\u00e9lebes, para evitar la evasi\u00f3n del alma de una parturienta, la comadrona ata una faja todo lo m\u00e1s fuerte posible alrededor del cuerpo de la paciente. Los minagkabauers de Sumatra observan una costumbre parecida: sujetan alrededor de las mu\u00f1ecas o lomos de la parturienta una madeja de hilo o una cuerda, para que cuando el alma intente marcharse durante el parto, encuentre obstruida la salida. Y por miedo a que el alma de un ni\u00f1o escape y se pierda cuando nace, los alfures de C\u00e9lebes, en cuanto va a haber alg\u00fan nacimiento, tienen cuidado de cerrar todas las aberturas de la casa. incluso el agujero de la llave, y ocluyen cuidadosamente los huecos y hendiduras de las paredes; tambi\u00e9n cierran con ataduras las bocas de todos los animales que hay dentro y fuera de la casa, temiendo que alguno de ellos pueda tragarse el alma del ni\u00f1o. Por razones parecidas, todas las personas presentes en la casa, hasta la misma madre, est\u00e1n obligadas a mantener la boca cerrada todo el tiempo que dura el parto. Cuando se pregunt\u00f3 por qu\u00e9 no tienen tambi\u00e9n cerradas las narices temiendo que el alma del ni\u00f1o se meta en alguno de ellos, la respuesta fue que, siendo el aliento inhalado tanto como exhalado por los agujeros de la nariz, el alma ser\u00eda expelida antes de que pudiera establecerse dentro. Las expresiones populares del lenguaje de los pueblos civilizados, tales como tener el coraz\u00f3n en la boca o el alma en los labios o en la nariz muestran cu\u00e1n natural es la idea de que la vida o el alma pueda escapar por la boca o la nariz.<\/p>\n<p>Muchas veces conciben el alma como un p\u00e1jaro presto al vuelo. Esta idea ha dejado probablemente vestigios en la mayor\u00eda de los lenguajes y persiste como met\u00e1fora en poes\u00eda. Los malayos exteriorizan de muchas maneras extra\u00f1as el concepto del alma-ave. Si el alma es un ave que vuela, puede ser atra\u00edda por el arroz e impedir as\u00ed que se marche o conseguir que vuelva de su peligroso vuelo.<br \/>\nAs\u00ed, en Java, cuando se pone a una criatura por primera vez en el suelo (momento que la gente inculta considera especialmente peligroso), la colocan en un gallinero y la madre cloquea como si estuviera llamando a las gallinas, y en Sintang, Borneo, cuando cualquier persona, sea hombre, mujer o ni\u00f1o, cae de una casa o de un \u00e1rbol y es tra\u00edda a su hogar, su mujer o cualquier otra parienta corre tan r\u00e1pido como puede al lugar donde acaeci\u00f3 el accidente y esparce arroz coloreado de amarillo mientras pronuncia: &#8220;\u00a1Clo, clo, clo! \u00a1Alma, fulanito ha vuelto ya a casa! \u00a1Clo, clo, clo! \u00a1Alma!&#8221; Despu\u00e9s re\u00fane el arroz y lo recoge en una cesta, lo trae al paciente y deja caer los granos sobre su cabeza o su mano, repitiendo: &#8220;\u00a1Clo, clo, clo! \u00a1Alma!&#8221; La finalidad de esto es evidentemente atraer al alma-ave vagabunda y reinstalarla en la cabeza de su due\u00f1o.<\/p>\n<p>El alma de un durmiente se supone que, de hecho, se aleja errante de su cuerpo y visita los lugares, ve las personas y verifica los actos que \u00e9l est\u00e1 so\u00f1ando. Por ejemplo, cuando un indio del Brasil o Guayanas sale de un sue\u00f1o profundo, est\u00e1 convencido firmemente de que su alma ha estado en realidad cazando, pescando, talando \u00e1rboles o cualquiera otra cosa que ha so\u00f1ado, mientras todo ese tiempo su cuerpo estuvo tendido e inm\u00f3vil en su hamaca. Un poblado bororo entero se sinti\u00f3 presa del p\u00e1nico y estuvo a punto de ser abandonado porque alguien so\u00f1\u00f3 haber visto a los enemigos aproximarse sigilosamente. Un indio macusi de quebrantada salud que so\u00f1\u00f3 que su patr\u00f3n le hab\u00eda hecho subir la canoa por una serie de torrenteras dificultosas, a la ma\u00f1ana siguiente fe reproch\u00f3 amargamente su falta de consideraci\u00f3n a un pobre inv\u00e1lido al hacerle esforzarse durante la noche. Los indios del Gran Chaco cuentan relatos incre\u00edbles como cosas que ellos han visto y o\u00eddo; por eso los forasteros que no les conocen \u00edntimamente, en su ligereza, tachan a estos indios de embusteros. En realidad, los indios est\u00e1n firmemente convencidos de la verdad de sus relatos, pues esas maravillosas aventuras son sencillamente lo que sue\u00f1an y no saben distinguirlo de lo que en realidad les sucede estando despiertos.<\/p>\n<p>La ausencia del alma en el sue\u00f1o tiene sus peligros, pues si por alguna causa queda detenida permanentemente fuera del cuerpo, la persona privada as\u00ed del principio vital, morir\u00e1. Hay la creencia germ\u00e1nica de que el alma escapa de la boca de un durmiente en forma de rat\u00f3n blanco o de pajarito y que el impedir la vuelta del ave o del animalito ser\u00eda fatal para \u00e9l. Por eso, en Transilvania dicen que no se debe dejar dormir a un ni\u00f1o con la boca abierta, pues su alma se deslizar\u00e1 fuera en figura de rat\u00f3n y el ni\u00f1o no se levantar\u00e1 m\u00e1s. Son muchas las causas que pueden detener el alma de Los dormidos; as\u00ed, por ejemplo, su alma puede encontrarse con la de otro dormido y pelear las dos almas. Si un negro guineo se despierta por la ma\u00f1ana con los huesos doloridos, piensa que su alma ha recibido una paliza de otra alma mientras dorm\u00eda. Tambi\u00e9n puede encontrarse con el alma de uno que acaba de morir y arrebatarla; por eso en las islas Ar\u00fa los habitantes de una casa no duermen all\u00ed la noche despu\u00e9s de la muerte de alguno de ellos, porque el alma del difunto se supone todav\u00eda en la casa y temen encontrarla en el sue\u00f1o. Tambi\u00e9n el alma del durmiente puede verse imposibilitada de tornar a su cuerpo por un accidente o fuerza f\u00edsica. Cuando un dayako sue\u00f1a que ha ca\u00eddo al agua supone que este accidente ha ocurrido en realidad y manda buscar al hechicero para que pesque al esp\u00edritu con una red de mano en una jofaina, y despu\u00e9s de conseguirlo, lo devuelve a su propietario. Los santals cuentan de un hombre que se qued\u00f3 dormido y teniendo cada vez m\u00e1s sed, su alma en forma de lagarto dej\u00f3 el cuerpo y entr\u00f3 en una jarra de agua para beber. En aquel momento aconteci\u00f3 que el due\u00f1o de la jarra la tap\u00f3 y como el alma no pudo volver al cuerpo, el hombre muri\u00f3. Mientras sus amigos estaban prepar\u00e1ndose para enterrar el cad\u00e1ver, alguien destap\u00f3 la jarra para coger agua, el lagarto escap\u00f3 y retorn\u00f3 al cad\u00e1ver, que inmediatamente revivi\u00f3. \u00c9l dijo que hab\u00eda ca\u00eddo en un pozo por coger agua, que hab\u00eda encontrado dificultades para salir y que acababa de volver; as\u00ed lo comprendieron todos.<\/p>\n<p>Es una regla general entre las gentes primitivas no despertar a un dormido, porque su alma est\u00e1 ausente y pudiera no tener tiempo de regresar; si lo hace, el hombre despierta sin alma y caer\u00e1 enfermo. Si es absolutamente necesario despertar a alguien que duerme, deber\u00e1 hacerse gradualmente para dar tiempo a que el alma retorne. En Matuku, a un vitiano, s\u00fabitamente despertado de su siestecilla por alguien que le pis\u00f3 un pie, se le oy\u00f3 implorar a su alma para que volviera. Estaba so\u00f1ando en aquel instante hallarse muy lejos de all\u00ed, en Tonga, y fue grande su alarma cuando al despertar encontr\u00f3 su cuerpo en Matuku. La ansiedad de la muerte se retrataba en su rostro por si no lograba inducir a su alma para que cruzara velozmente el mar y regresase a su desamparado alojamiento. El hombre hubiera muerto de terror, quiz\u00e1, si un misionero no hubiera estado por all\u00ed cerca para confortarlo.<\/p>\n<p>Todav\u00eda m\u00e1s peligroso, en opini\u00f3n del hombre primitivo, es cambiar de sitio a un durmiente o alterar su apariencia, pues, si se hace as\u00ed, cuando regresara podr\u00eda el alma no encontrar o reconocer su cuerpo, y la persona morir\u00eda. Los m\u00ednangkabauers juzgan muy inconveniente tiznar o ensuciar la cara del que duerme, pues temen que su alma renuncie a reingresar en un cuerpo as\u00ed desfigurado. Los malayos patani creen que si pintan la cara a una persona mientras duerme, el alma que ha salido de ella no la reconocer\u00e1 y seguir\u00e1 durmiendo hasta que sea lavada la cara. En Bombay se piensa que equivale a un homicidio cambiar el aspecto de un durmiente, como pintarle la cara con diversos colores o poner bigotes a una mujer dormida, pues cuando el alma retorna no reconocer\u00eda su cuerpo y su propietario morir\u00eda.<\/p>\n<p>Mas para que el alma de una persona deje su cuerpo no es necesario duerma. Puede salir tambi\u00e9n en sus horas de vigilia y entonces la enfermedad, la locura o la muerte ser\u00e1n los resultados. As\u00ed, un hombre de la tribu australiana de los wurunjeri estaba tendido exhalando el \u00faltimo aliento porque su alma se hab\u00eda marchado. Un curandero sali\u00f3 en su persecuci\u00f3n y cogi\u00f3 al esp\u00edritu por la mitad, precisamente cuando estaba a punto de zambullirse en el sol poniente, que es el luminoso troquel de las almas de los muertos en el momento de sumergirse en el mundo subterr\u00e1neo donde el sol descansa o en el de emerger de \u00e9l. Habiendo capturado al esp\u00edritu vagabundo, el doctor lo trajo dentro de su alfombra de zarig\u00fceya y tendi\u00e9ndose sobre el agonizante empuj\u00f3 el alma adentro del enfermo, que al cabo de un cierto tiempo revivi\u00f3. Los karenes de Birmania est\u00e1n en continua ansiedad por si sus almas se alejan de sus cuerpos y dejan morir a sus due\u00f1os. Cuando un hombre tiene motivos para temer que su alma est\u00e1 pr\u00f3xima a tomar tan fatal resoluci\u00f3n, ejecuta una ceremonia, en la que participa toda la familia, para retenerla o hacerla volver. Se prepara una comida que consiste en gallo y gallina, una clase especial de arroz y un racimo de pl\u00e1tanos. Despu\u00e9s el cabeza de familia coge el taz\u00f3n que usa para la morisqueta y golpeando con \u00e9l tres veces en lo alto de la escala de mano, dice; &#8220;\u00a1Prrruuunn! Vuelve, alma, no tardes en volver. Si llueve, te mojar\u00e1s; si el sol aprieta, sudar\u00e1s; te picar\u00e1n los mosquitos, te chupar\u00e1n las sanguijuelas, el tigre te devorar\u00e1, el trueno te aplastar\u00e1. \u00a1Prrruuunn! Vuelve, alma. Aqu\u00ed estar\u00e1s bien y no te faltar\u00e1 nada. Ven y come resguardada de los vientos y las tormentas&#8221;. Despu\u00e9s de comer toda la familia, termina la ceremonia at\u00e1ndose todos la mu\u00f1eca derecha con una sola cuerda que est\u00e1 encantada por un hechicero. De parecida manera, los lolos del suroeste de China (Yunnan) creen que el alma deja al cuerpo en las enfermedades cr\u00f3nicas; en este caso leen una especie de letan\u00eda complicada, llamando al alma por su nombre y rog\u00e1ndole que retorne de las monta\u00f1as, valles, r\u00edos, bosques, campos o de cualquier sitio donde pueda estar errabunda. Al mismo tiempo, ponen en la puerta recipientes con agua, vino y arroz para refresco del esp\u00edritu vagabundo y cansado. Cuando la ceremonia ha terminado, atan una cuerda roja en el brazo del enfermo para apersogar el alma, y debe llevar esta cuerda hasta que se caiga por s\u00ed sola.<\/p>\n<p>Algunas tribus del Congo creen que cuando un hombre est\u00e1 enfermo, es que su alma ha dejado el cuerpo y est\u00e1 vagando. Se reclama la ayuda del hechicero para capturar al esp\u00edritu descarriado y devolverle al inv\u00e1lido. Generalmente el m\u00e9dico declara que ha tenido \u00e9xito, cazando el alma en la rama de un \u00e1rbol. Todo el pueblo sale entonces, acompa\u00f1a al doctor hasta el \u00e1rbol y all\u00ed se destacan los hombres m\u00e1s fuertes para romper la rama en la que se supone se ha alojado el alma del enfermo. Rota la rama, la traen al pueblo haciendo demostraciones del gran peso que tiene y de la dificultad de su transporte. Cuando llegan con la rama a la choza del enfermo, le levantan y le colocan junto a la rama haciendo el hechicero los conjuros con los que ellos creen que el alma es devuelta a su due\u00f1o.<\/p>\n<p>Los batakos de Sumatra atribuyen a la ausencia del alma en el cuerpo las enfermedades, el terror, la languidez y la muerte. Primero prueban llamando por se\u00f1as a la errante y despu\u00e9s la entruchan como a una gallina, desperdigando arroz. Suelen repetir estas frases: &#8220;\u00a1Vuelve, oh alma, aunque est\u00e9s distra\u00edda vagando por las selvas o las monta\u00f1as o en la ca\u00f1ada! Mira que te llamo con un toemba bras, con un huevo del ave raj\u00e1 moelija, con las once hojas salut\u00edferas. No te detengas, ven derecha aqu\u00ed; no te detengas en la selva, ni en la monta\u00f1a, ni en la ca\u00f1ada, pues no puede ser. Ven derechamente a casa&#8221;. Una vez, cuando un conocido viajero abandonaba una aldea kayana, temiendo las madres que las almas de sus criaturas pudieran seguirle en su viaje, le trajeron los cajones donde ellas transportan a sus ni\u00f1os y le rogaron que rezase para que las almas de los peque\u00f1uelos se quedasen en los cajones familiares y no se fueran con \u00e9l al pa\u00eds lejano. En cada cajoncito. hab\u00eda atada una cuerda con un lazo que con el prop\u00f3sito de retener al esp\u00edritu vagante se hizo pasar y sujetar un dedo gordezuelo del peque\u00f1o, para estar segura cada madre de que la diminuta alma de su hijito no se marchar\u00eda a la ventura.<\/p>\n<p>En una leyenda de la India se refiere que un rey transfiri\u00f3 su alma al cad\u00e1ver de un brahm\u00e1n y un jorobado traspas\u00f3 su alma al cuerpo abandonado del rey. El jorobado es ahora rey y el rey es un braham\u00e1n. Sin embargo, el jorobado es invitado a demostrar su habilidad transfiriendo su alma al cuerpo muerto de un loro y el rey aprovecha la oportunidad para rescatar la posesi\u00f3n de su propio cuerpo. Un cuento de la misma clase, con variaciones en los detalles, reaparece entre los malayos. Un rey ha transferido incautamente su alma a un mono, lo que el visir aprovecha transpasando diestramente su propia alma al cuerpo del rey y de este modo toma posesi\u00f3n de la reina y del reino, mientras el verdadero rey languidece en la corte bajo su apariencia de mono. Pero un d\u00eda, el falso rey, que jugaba grandes apuestas, presenciaba un combate de carneros y aconteci\u00f3 que el animal por quien apostaba cay\u00f3 muerto. Todos los esfuerzos para animarle fueron vanos, mas el falso rey, con verdadero esp\u00edritu deportista, transfiri\u00f3 su propia alma al cuerpo del morueco y as\u00ed reanud\u00f3 el combate. El aut\u00e9ntico rey desde el cuerpo del mono vio su oportunidad y con gran presencia de \u00e1nimo se reintegr\u00f3 a su propio cuerpo que el visir hab\u00eda dejado temerariamente. As\u00ed volvi\u00f3 a s\u00ed mismo y el usurpador en el cuerpo del carnero encontr\u00f3 la muerte que con tanta justicia merec\u00eda. De modo an\u00e1logo, los griegos cuentan como el alma de Hermotimos de Clazomene acostumbraba a salir de su cuerpo y andar por todos lados enter\u00e1ndose en sus correr\u00edas de todo lo que suced\u00eda en las casas de sus amigos, hasta que un d\u00eda en que su esp\u00edritu estaba ausente, sus enemigos urdieron apoderarse del cuerpo inhabitado y lo arrojaron a las llamas.<\/p>\n<p>La marcha del alma no es siempre voluntaria. Puede ser extra\u00edda del cuerpo contra su deseo por esp\u00edritus, demonios o brujos. Por eso, cuando est\u00e1 pasando un funeral ante la casa, los karenes atan sus criaturas con unos cordones especiales a un lugar determinado, temerosos de que las almas de los ni\u00f1os abandonen sus cuerpos y se entren en el cad\u00e1ver que conducen. As\u00ed est\u00e1n atados hasta que el funeral se halla fuera del alcance de la vista. Y despu\u00e9s, cuando el cad\u00e1ver ha sido depositado en la fosa, pero antes de cubrirlo de tierra, los familiares y amigos se alinean alrededor de la tumba, todos con un bamb\u00fa hendido a lo largo en una mano y un palo peque\u00f1o en la otra; cada cual introduce su media ca\u00f1a en la fosa y arrastrando el palo por la acanaladura del bamb\u00fa se\u00f1ala a su alma que por aquel camino puede f\u00e1cilmente saltar fuera de la tumba.<\/p>\n<p>Mientras van echando la tierra, sacan gradualmente los bamb\u00faes, temerosos de que las almas que ya estaban subiendo por la canal pudieran ser inadvertidamente arrastradas por la tierra que van arrojando a la fosa. Cuando ya la gente abandona el sitio, se llevan los bamb\u00faes y ruegan a las almas que se vayan con ellos. Adem\u00e1s, a la vuelta del entierro cada karen se provee de tres peque\u00f1os ganchos hechos de ramas de \u00e1rbol y llamando a su esp\u00edritu para que le siga, se va volviendo a cortos trechos y hace un movimiento como si le enganchase, e hinca despu\u00e9s el gancho en el suelo. As\u00ed impide que el alma del vivo se quede con el alma del muerto. Cuando han enterrado a alg\u00fan karo-batako y los dem\u00e1s est\u00e1n cubriendo la fosa, una bruja corre alrededor pegando al aire con una vara; lo hace para alejar las almas de los acompa\u00f1antes, pues alguna de ellas podr\u00eda escurrirse y caer en la fosa, quedando cubierta por la tierra y muriendo entonces su due\u00f1o.<\/p>\n<p>En Uea, una de las islas Lealtad, ha sido atribuido, seg\u00fan creemos, a las almas de los muertos el poder de raptar las almas de los vivos, porque cuando un hombre estaba enfermo, el doctor de almas iba con un gran tropel de hombres y mujeres al cementerio. All\u00ed los hombres tocaban flautas y las mujeres silbaban suavemente para atraer a casa el alma. Despu\u00e9s de hacer esto durante un rato, formados en procesi\u00f3n, marchaban hacia la casa, tocando las flautas y silbando las mujeres todo el tiempo mientras conduc\u00edan de vuelta a la errabunda alma que llevaban con delicadeza todo el camino empuj\u00e1ndola suavemente con las palmas de las manos. Cuando entraban en la morada del enfermo, ordenaban al alma con voz al mismo tiempo estent\u00f3rea e imperativa que penetrara en su cuerpo.<\/p>\n<p>Con frecuencia el plagio del alma de un hombre se achacaba a los demonios. Los espasmos y convulsiones son generalmente atribuidos por los chinos a la intervenci\u00f3n de ciertos esp\u00edritus perversos que gozan arrancando las almas de los hombres de sus cuerpos respectivos. En Amoy, los esp\u00edritus que tratan as\u00ed a los beb\u00e9s y ni\u00f1os se alegran con los t\u00edtulos rimbombantes de &#8220;delegados celestiales que cabalgan galopantes bridones&#8221; y &#8220;literatos graduados, residentes a mitad del camino del cielo&#8221;. Cuando un ni\u00f1o se retuerce en convulsiones, la madre aterrorizada se precipita, sube al tejado de la casa y agitando una p\u00e9rtiga de bamb\u00fa donde ha atado alguna de las ropitas del peque\u00f1uelo, grita varias veces: &#8220;Mi peque\u00f1o fulanito, vuelve, ven a casa&#8221;. Al mismo tiempo, otro habitante de la casa golpea fuerte en un gongo con la esperanza de atraer la atenci\u00f3n del alma descarriada, suponiendo que reconocer\u00e1 su ropa familiar y se meter\u00e1 en ella; esta ropita, conteniendo ya el alma del ni\u00f1o, se coloca al lado o encima del ni\u00f1o, que si no muere, seguramente se recobrar\u00e1 m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde. De igual modo, algunos indios capturan el alma perdida de un hombre con sus propios zapatos y la restauran al cuerpo calz\u00e1ndoselos.<\/p>\n<p>En las Molucas, cuando un hombre est\u00e1 delicado de salud, se cree que alg\u00fan diablo se ha llevado su alma al \u00e1rbol, monta\u00f1a o colina donde reside. Un brujo se\u00f1ala el lugar del domicilio del diablo y los amigos del enfermo llevan all\u00e1 arroz cocido, frutas, peces, huevos crudos, una gallina, un pollo, una prenda de seda, oro, brazaletes y otros obsequios parecidos. Despu\u00e9s de colocar la comida, rezan: &#8220;Venimos a ofrendarte, oh demonio, estas ofrendas de comida, ropas, oro y dem\u00e1s. T\u00f3malas y devu\u00e9lvenos el alma del enfermo por quien te rezamos. D\u00e9jala volver a su cuerpo para que el que ahora est\u00e1 enfermo pueda ponerse bien&#8221;. Hecho esto, comen un poco y dejan la gallina desatada como rescate por el alma del paciente; tambi\u00e9n ponen en el suelo los huevos crudos, pero la ropa de seda, el oro y los brazaletes se los llevan a casa. En cuanto llegan colocan todas las ofrendas que han recogido en una fuente de porcelana, la ponen sobre la cabeza del enfermo y dicen: &#8220;Ahora tu alma est\u00e1 redimida, t\u00fa lo pasar\u00e1s bien y llegar\u00e1s a tener canas&#8221;.<\/p>\n<p>Los demonios son especialmente temidos por las personas que acaban de estrenar casa. Por esta raz\u00f3n, en la inauguraci\u00f3n de una casa de los alfures de Minahassa, de C\u00e9lebes, el sacerdote ejecuta una ceremonia con el prop\u00f3sito de reinstalar sus almas a los moradores. Cuelga un saco en el lugar de los sacrificios y despu\u00e9s repasa una larga lista de dioses que tiene que estar toda la noche recitando sin cesar. Por la ma\u00f1ana ofrece a los dioses un huevo y algo de arroz. Durante este tiempo se supone que las almas de los due\u00f1os de la casa se han reunido en el saco, as\u00ed que el sacerdote lo coge y sosteni\u00e9ndolo sobre la cabeza del due\u00f1o de la casa, dice: &#8220;Aqu\u00ed tiene su alma, aunque ma\u00f1ana pueda marcharse otra vez. A continuaci\u00f3n dice y hace lo mismo con la due\u00f1a de la casa y con los dem\u00e1s miembros de la familia. Entre los mismos alfures hay un m\u00e9todo de recobrar el alma de una persona enferma, bajando desde la ventana un taz\u00f3n sujeto por un cinto que sirve para pescar el alma e izarla una vez dentro del taz\u00f3n. Entre la misma gente, parido un sacerdote ha conseguido capturar en una tela el alma de un enfermo, se la restituye yendo precedido por una muchacha que sostiene sobre la cabeza del sacerdote una hoja muy grande a modo de sombrilla o paraguas, para que en caso de llover, no se moje el alma; detr\u00e1s del sacerdote va un hombre blandiendo una espada para detener a otras almas, por si intentan rescatar el alma capturada.<\/p>\n<p>Otras veces el alma perdida es devuelta en forma visible. Los indios salish o cabezas planas de Oreg\u00f3n (Estados Unidos) creen que el alma de una persona puede separarse por alg\u00fan tiempo de su cuerpo sin causar la muerte y sin que la persona se llegue a enterar de ello. Es necesario, sin embargo, que sea encontrada pronto y devuelta a su propietario, o \u00e9ste morir\u00e1. En un sue\u00f1o le es revelado al curandero el nombre del que ha perdido su alma, y se apresura a comunicar tal p\u00e9rdida a la v\u00edctima. Generalmente son varias las personas que sufren esta p\u00e9rdida al mismo tiempo; todos los nombres le son revelados al curandero y todos le encargan recobrar sus almas. Estas &#8220;desalmadas&#8221; personas pasan toda la noche por el pueblo, de tienda en tienda, cantando y bailando. Hacia el amanecer van a una tienda aislada que queda herm\u00e9ticamente cerrada y en total oscuridad. Hacen un peque\u00f1o agujero en el techo a trav\u00e9s del cual el curandero con un plumerito barre hacia dentro las almas en forma de trocitos de hueso y cosas parecidas, que va recogiendo en un trozo de estera. Hecho esto, encienden una hoguera y a su luz el curandero clasifica las almas. Primero aparta las almas de los que han muerto, de las que casi siempre hay varias, pues si diera el alma de un muerto a una persona viva, \u00e9sta morir\u00eda instant\u00e1neamente. Despu\u00e9s elige las almas de los presentes y, mandando que se sienten en el suelo ante \u00e9l, coge el alma de cada cual bajo la forma de un trocito de hueso, madera o concha y las va colocando sobre la cabeza de sus respectivos due\u00f1os, mientras las acaricia con muchos rezos y contorsiones hasta que desciendan al coraz\u00f3n y recuperen as\u00ed su lugar debido.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n pueden ser raptadas las almas de sus cuerpos o detenidas en sus correr\u00edas no s\u00f3lo por esp\u00edritus o demonios, sino tambi\u00e9n por hombres, especialmente por brujos. En Viti, si un criminal no confiesa su crimen, el jefe pide una bufanda, &#8220;con la que cazar\u00e1 el alma del brib\u00f3n&#8221;. A la vista y en ocasiones a la simple menci\u00f3n de la bufanda, generalmente el culpable hace una limpia de su conciencia. Pero si no lo hace, la bufanda ser\u00e1 tremolada sobre su cabeza hasta que queda cogida el alma, que ser\u00e1 cuidadosamente plegada y clavada en el fondo de la canoa de un jefe, y falto de su alma, el criminal desfallecer\u00e1 y morir\u00e1. Los hechiceros de la isla Danger usaban cepos para las almas. Los cepos estaban hechos con un cord\u00f3n de fibras de la cubierta de los cocos, de cinco a diez metros de largo, con lazos de distinto tama\u00f1o en cada lado para que encajaran a los diferentes tama\u00f1os de las almas; para las almas gruesas hab\u00eda lazos grandes y para las delgadas lazos m\u00e1s estrechos Cuando estaba enfermo alguien contra el que los hechiceros guardaban alg\u00fan resentimiento, colocaban cerca de su casa este lazo para las almas y aguardaban el vuelo de su alma. Si en figura de p\u00e1jaro o de insecto quedaba capturada en las lazadas, el hombre infaliblemente tendr\u00eda que morir. En algunos lugares del \u00c1frica occidental, los brujos est\u00e1n continuamente colocando trampas para secuestrar las almas que corretean fuera de sus cuerpos durante el sue\u00f1o, y cuando han cazado alguna, la atan sobre una hoguera y seg\u00fan se va encarrujando por el calor, el propietario va enfermando. No lo hacen por malquerencia hacia la v\u00edctima sino simplemente como negocio. El brujo no guarda rencor al alma que ha capturado y est\u00e1 dispuesto a devolverla a su due\u00f1o si lo paga. Algunos brujos tienen hasta verdaderos asilos para las almas descarnadas y cualquiera que haya perdido o extraviado su alma, siempre puede proporcionarse otra del asilo, pagando su precio corriente. Ning\u00fan reproche cae sobre los hombres que tienen estos asilos privados o que colocan trampas para las almas que pasan; es su profesi\u00f3n, y la ejercen sin severidad ni dureza de sentimientos. Pero tambi\u00e9n hay miserables que, por malevolencia o con designio de lucro, ponen y arman trampas con el deliberado prop\u00f3sito de cazar el alma de una determinada persona, y en el fondo de la trampa y oculto por el cebo, ponen cuchillos y anzuelos que rompan y desgarren a la pobre alma, mat\u00e1ndola de una vez o maltrat\u00e1ndola de tal modo que haga perder la salud a su propietario, si es que logra zafarse de la trampa y retornar a \u00e9l. La se\u00f1orita Kingsley conoci\u00f3 a un kruman que estaba muy preocupado por su alma, pues varias noches seguidas hab\u00eda olfateado en sue\u00f1os el apetitoso aroma de cangrejos ahumados sazonados con pimienta roja. Seguramente alg\u00fan malintencionado hab\u00eda puesto una trampa con cebo de este manjar para su alma &#8220;so\u00f1adora y v\u00e1gula&#8221;, intentando as\u00ed causarle un penoso da\u00f1o corporal e inclusive espiritual. Durante varias noches m\u00e1s se tom\u00f3 grandes trabajos para que su alma no se descarnase march\u00e1ndose mientras dorm\u00eda. En el calor sofocante de la noche tropical, se tend\u00eda bajo una manta, sudando y soplando con la nariz y boca tapadas con un pa\u00f1uelo para evitar que escapara su preciada alma. En Hawaii hubo hechiceros que cazaban almas de personas, las encerraban en calabazas y se las daban a comer a la gente. Apretando entre las manos un alma capturada, ellos descubr\u00edan el sitio donde algunas personas hab\u00edan sido enterradas secretamente.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 en ning\u00fan lugar de la tierra est\u00e1 el arte de secuestrar almas humanas tan cuidadosamente cultivado o llevado a tan alta perfecci\u00f3n como en la Pen\u00ednsula Malaya. All\u00ed, los m\u00e9todos con que trabajan los brujos son tan variados como sus motivos. En ocasiones desean destruir a un enemigo, en otros casos conseguir el amor de una bella t\u00edmida o desde\u00f1osa. As\u00ed, tomando un ejemplo de esta \u00faltima clase de conjuros, mencionaremos las recomendaciones dadas para rendir el alma de la mujer deseada. Precisamente cuando la luna acaba de salir y se ve roja sobre el horizonte oriental, a la intemperie, poni\u00e9ndose a la luz de la luna con el dedo gordo del pie derecho sobre el dedo gordo del izquierdo y haciendo una bocina con la mano derecha, rec\u00edtase lo siguiente:<\/p>\n<p>\u00a1OM ! Disparo mi flecha, la disparo y la luna se anubla,<br \/>\nla disparo y el sol se extingue,<br \/>\nla disparo y las estrellas palidecen.<br \/>\nPero no disparo al sol ni a la luna ni a las estrellas,<br \/>\nsino al coraz\u00f3n de aquella hija del clan, fulanita de tal.<br \/>\n\u00a1Clo, clo, clo, alma de fulanita, ven a pasear conmigo,<br \/>\nven a sentarte conmigo, ven a dormir y compartir mi almohada!<br \/>\n\u00a1Clo, clo, alma!<\/p>\n<p>Repiten esto tres veces y a cada repetici\u00f3n soplan por la bocina hecha con la mano. Tambi\u00e9n se puede capturar el alma con el turbante, de este modo: salen tres noches seguidas de luna llena, se sientan sobre un hormiguero mirando a la luna, queman incienso y recitan el siguiente conjuro:<\/p>\n<p>Te traigo para mascar una hoja de betel,<br \/>\nembad\u00farnala de cal, \u00a1oh pr\u00edncipe feroz!<br \/>\npara que alguien, hija del pr\u00edncipe distra\u00eddo, la masque,<br \/>\npara que alguien en la aurora se pierda por m\u00ed,<br \/>\npara que alguien en el crep\u00fasculo se pierda por m\u00ed;<br \/>\ncomo te acuerdas de tus padres, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncomo te acuerdas de tu casa y su escala, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando retumbe el trueno, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando silbe el viento, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando lluevan los cielos, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando canten los gallos, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando el ave Dial cuente sus cuentos, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando mires al sol, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\ncuando mires a la luna, \u00a1acu\u00e9rdate de m\u00ed!<br \/>\npues en la misma luna estoy yo.<br \/>\n\u00a1Clo, clo, alma de alguien, ven ac\u00e1,<br \/>\nno pienso entregarte mi alma,<br \/>\nque venga la tuya a juntarse con la m\u00eda!<\/p>\n<p>Ondean despu\u00e9s su turbante con la punta hacia la luna siete veces cada noche. Vuelven a casa y lo ponen bajo la almohada; si quieren llevarlo durante el d\u00eda, queman incienso y dicen: &#8220;No es un turbante el que llevo, es el alma de alguien&#8221;.<\/p>\n<p>Los indios del r\u00edo Nass, en la Columbia Brit\u00e1nica, tienen inculcada la creencia de que el m\u00e9dico puede tragarse el alma de su paciente por equivocaci\u00f3n. Al doctor de quien se cree ha sucedido eso, los dem\u00e1s miembros de la facultad le colocan sobre el paciente y mientras uno mete los dedos en la boca y garganta del doctor, otro le golpea en el est\u00f3mago con los nudillos y un tercero le palmetea las espaldas. Si, despu\u00e9s de todo esto, el alma no est\u00e1 en el doctor y si el mismo procedimiento se ha empleado con todos los m\u00e9dicos sin \u00e9xito, deducen que el alma debe estar en la caja del m\u00e9dico en jefe. Cuando la presenta su due\u00f1o, colocan y registran su contenido sobre una estera nueva y cogiendo al consagrado a Esculapio le mantienen por las rodillas cabeza abajo dentro de un agujero del suelo. En esta posici\u00f3n le lavan la cabeza \u0093y el agua que escurre de la abluci\u00f3n es recogida y echada sobre la cabeza del enfermo&#8221;. No hay duda de que el alma perdida estaba en el agua.<\/p>\n<p>3. EL ALMA COMO SOMBRA Y COMO REFLEJO<\/p>\n<p>Los peligros espirituales que hemos enumerado no son los \u00fanicos que acosan al salvaje. Es frecuente que considere a su sombra en el suelo y a su reflejo o imagen en el agua o en un espejo, como su alma, o en \u00faltimo caso, como parte vital de s\u00ed mismo y por tanto, necesariamente, como una fuente de peligros para \u00e9l, pues si fuese maltratada, golpeada o herida, sentina el da\u00f1o como si le hubiera sido hecho en su persona, y si queda separada de \u00e9l por completo, como se cree posible, la persona morir\u00e1. En la isla de Wetar hay brujos que enferman a una persona hiriendo su sombra con una lanza o acuchill\u00e1ndola con un sable.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de destruir Sankara a los budistas de la India, cuentan que march\u00f3 a Nepal, donde tuvo algunas diferencias con el Gran Lama. Para probarle sus poderes sobrenaturales vol\u00f3 por el aire, mas cuando pas\u00f3 sobre el Gran Lama, \u00e9ste percibi\u00f3 su sombra deform\u00e1ndose y ondul\u00e1ndose por las desigualdades del suelo y clav\u00f3 su cuchillo en ella; Sankara cay\u00f3 y se quebr\u00f3 el cuello.<\/p>\n<p>En las islas Banks hay algunas piedras de forma extraordinariamente larga que denominan &#8220;esp\u00edritus devoradores&#8221;, porque creen que est\u00e1n alojadas en ellas unos esp\u00edritus poderosos y peligrosos. Si la sombra de una persona cae sobre una de estas piedras, el esp\u00edritu extrae su alma y la persona muere. Tales piedras, por lo tanto, son puestas en las entradas de las casas para que sirven de guardianes; un mensajero enviado por el due\u00f1o de la casa en su ausencia, dir\u00e1 en alta voz el nombre del propietario que le env\u00eda, por temor a que el vigilante esp\u00edritu p\u00e9treo imagine que viene con mala intenci\u00f3n y le haga alg\u00fan mal. En los funerales en China, cuando van a cerrar el f\u00e9retro con su tapa, los circunstantes se retiran en su mayor\u00eda unos cuantos pasos e inclusive a otra habitaci\u00f3n, porque la salud de una persona se da\u00f1ar\u00eda si permitiera que su sombra quedase encerrada en una caja mortuoria. Y cuando la caja va a ser descendida a la fosa, la mayor\u00eda de los asistentes retroceden un poco, temerosos de que sus sombras puedan caer en la fosa y causar as\u00ed da\u00f1o a sus personas. El geom\u00e1ntico y sus ayudantes se colocan en el lado de la fosa que hace frente al sol y los enterradores y porteadores juntan sus sombras a sus personas firmemente, at\u00e1ndose bien apretada una tira de tela alrededor de sus cinturas. No son s\u00f3lo los seres humanos los que se hallan expuestos a ser perjudicados por intermedio de sus sombras; tambi\u00e9n los animales pueden caer bajo los mismos riesgos hasta cierto punto. Unos caracolitos que pululan en las vecindades de las colinas calc\u00e1reas de Perak son los culpables, seg\u00fan se cree, de chupar la sangre del ganado por medio de sus sombras; he aqu\u00ed por qu\u00e9 adelgazan los animales y hasta mueren marasm\u00e1ticos. En Arabia cre\u00edan que si una hiena pisaba una sombra humana, la persona quedar\u00eda privada de movimientos y de habla. Y que si un perro, estando en el tejado durante la luna llena, proyectase su sombra en el suelo y la pisase una hiena el perro caer\u00eda del tejado como si le hubieran arrastrado con una soga. Es evidente que en estos casos, si la sombra no es el equivalente del alma, por lo menos se la considera como una parte viva del hombre o del animal, as\u00ed que el da\u00f1o que se haga a la sombra es sentido como si se hubiera hecho al cuerpo. Rec\u00edprocamente, si la sombra es una parte vital del hombre o de un animal, bajo circunstancias especiales puede ser tan arriesgado su contacto como el que ser\u00eda ponerse en contacto con la persona o el animal.<\/p>\n<p>Por eso el salvaje rehuye por principio la sombra de algunas personas que por diversas razones considera como origen de influjo peligroso. Entre estas clases peligrosas comprenden por lo regular a los enlutados y a las mujeres en general y especialmente a la suegra. Los indios shuswap est\u00e1n convencidos de que la sombra de una persona enlutada, cayendo sobre alguno, le enfermar\u00e1. Entre los kurnai de Victoria, Australia, en la iniciaci\u00f3n advierten a los novicios que no deben consentir que la sombra de una mujer se cruce con ellos, porque se volver\u00edan flacos, perezosos y est\u00fapidos. Se dice que un nativo australiano, hace poco tiempo, casi muri\u00f3 de terror porque la sombra de su suegra cay\u00f3 sobre sus piernas cuando estaba durmiendo tumbado bajo un \u00e1rbol. El terror y pavor con que el salvaje inculto contempla a su suegra es uno de los hechos m\u00e1s corrientes de la antropolog\u00eda. En las tribus Yuin de Nueva Gales del Sur era muy r\u00edgida la ley que prohib\u00eda a un hombre tener ninguna comunicaci\u00f3n con la madre de su esposa.<\/p>\n<p>No pod\u00eda mirarla, ni aun mirar en su direcci\u00f3n. Era causa de divorcio si acontec\u00eda que su sombra cayera sobre su suegra; en tal caso ten\u00eda que dejar a su esposa, que retornaba a sus padres. En Nueva Breta\u00f1a, la imaginaci\u00f3n de los nativos no alcanza a imaginar la extensi\u00f3n y naturaleza de las calamidades que resultar\u00edan de una conversaci\u00f3n accidental entre una suegra y su yerno; el suicidio de uno o de ambos quiz\u00e1 fuera la \u00fanica soluci\u00f3n para tama\u00f1a desgracia.<\/p>\n<p>La forma m\u00e1s solemne de un juramento que en Nueva Breta\u00f1a puede hacerse es: &#8220;Se\u00f1or, si no digo la verdad, que tenga que estrechar la mano de mi suegra.&#8221;<\/p>\n<p>Donde se piensa que la sombra est\u00e1 tan \u00edntimamente unida con la vida del hombre que su p\u00e9rdida entra\u00f1a debilitaci\u00f3n o muerte, es natural esperar que la disminuci\u00f3n de su tama\u00f1o sea vista con solicitud y aprensi\u00f3n, como significativa de un decrecimiento correspondiente de la energ\u00eda vital de su propietario. En Amboina y Uliase, dos islas cercanas al ecuador, donde necesariamente hay al mediod\u00eda poca o ninguna sombra, la gente tiene como regla no salir de casa a mediod\u00eda, pues creen que si un hombre saliera podr\u00eda perder la sombra de su alma. Los mangainos cuentan de un guerrero poderoso, Tukaitawa, cuyas fuerzas crec\u00edan y menguaban con la longitud de su sombra. Por la ma\u00f1ana, cuando su sombra era m\u00e1s larga, sus fuerzas eran muy grandes, pero conforme iba acort\u00e1ndose su sombra hacia la hora de mediod\u00eda, sus fuerzas iban decayendo, hasta que al llegar tal hora quedaba casi ex\u00e1nime; despu\u00e9s, cuando la sombra volv\u00eda a crecer por la tarde, sus fuerzas retornaban. Un h\u00e9roe descubri\u00f3 el secreto del vigor de Tukaitawa y le mat\u00f3 al mediod\u00eda. En la Pen\u00ednsula Malaya, el ind\u00edgena besisi teme enterrar sus muertos a mediod\u00eda, pues cree que la peque\u00f1ez de su sombra a tales horas podr\u00eda acortar simpat\u00e9ticamente su propia vida.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 en ninguna parte se muestra con m\u00e1s nitidez la equivalencia de la sombra y la vida que en algunas costumbres practicadas actualmente en el sureste de Europa. En la Grecia moderna, cuando se est\u00e1n construyendo los cimientos de un nuevo edificio, es costumbre matar un gallo, un carnero o un cordero y dejar correr la sangre sobre la primera piedra, bajo la cual se le entierra. El objeto del sacrificio es dar fortaleza y estabilidad a la construcci\u00f3n. Pero en ocasiones, en lugar de matar un animal, el constructor induce a una persona a bajar a la cimentaci\u00f3n y con cautela le mide su cuerpo o parte de \u00e9l o de su sombra y entierra las medidas tomadas bajo la primera piedra o coloca la piedra sobre la sombra humana. Se cree que la persona morir\u00e1 antes del a\u00f1o. Los rumanos de Transilvania est\u00e1n convencidos de que aquel cuya sombra ha sido emparedada de este modo morir\u00e1 antes de los cuarenta d\u00edas, as\u00ed que cuando est\u00e1n pasando las gentes por una construcci\u00f3n que est\u00e1n elevando, se puede o\u00edr un grito de advertencia: &#8220;Cuidado con que cojan tu sombra.&#8221; No hace mucho tiempo que hab\u00eda todav\u00eda &#8220;comerciantes de sombras&#8221;, cuyo negocio consist\u00eda en suministrar a los arquitectos las sombras que necesitasen para asegurar sus muros. En estos casos, las medidas de la sombra se consideraban como un equivalente de la sombra misma y enterrar aqu\u00e9llas es tanto como enterrar a \u00e9sta, considerada como la vida o el alma del hombre, que privado de ella muere. Esta costumbre es, pues, sustitutiva del emparedamiento de personas vivas o del aplastamiento bajo la piedra fundamental de un nuevo edificio, para darle fuerza y duraci\u00f3n a la estructura o m\u00e1s concretamente, para que el esp\u00edritu furioso quede encerrado o encantado en el lugar y lo guarde contra la intrusi\u00f3n de enemigos.<\/p>\n<p>As\u00ed como muchos pueblos creen que el alma humana radica en la sombra as\u00ed otros (o los mismos) creen que reside en la imagen reflejada en el agua o en un espejo. As\u00ed, los nativos de las islas Andaman no consideran a sus sombras, sino a las im\u00e1genes reflejadas (en alg\u00fan espejo) &#8220;como sus almas&#8221;. Cuando los motumotus de Nueva Guinea vieron por primera vez su imagen en un espejo, creyeron que lo que ve\u00edan eran sus almas. En Nueva Caledonia los viejos opinan que el reflejo de una persona en el agua o en un espejo es su alma, mas la gente joven, ense\u00f1ada por sacerdotes cat\u00f3licos, sostiene que se trata de un reflejo y nada m\u00e1s, exactamente igual que la reflexi\u00f3n de las palmeras en el agua. El alma reflejada, siendo externa al hombre, est\u00e1 expuesta a los mismos peligros que el alma-sombra. Los zul\u00faes no miran al interior de un pozo oscuro, pues piensan que en \u00e9l hay un animal que se apoderar\u00eda de sus im\u00e1genes reflejadas en el agua y as\u00ed ellos morir\u00edan. Los basutos dicen que los cocodrilos tienen el poder de matar a una persona arrastrando su imagen bajo el agua. Cuando alg\u00fan basuto muere de repente y sin causa aparente, sus familiares afirmar\u00e1n que alg\u00fan cocodrilo cogi\u00f3 su reflejo al cruzar alguna vez un r\u00edo. En la isla Saddle, de la Melanesia, hay una laguna &#8220;donde si alguien mira, muere; el esp\u00edritu maligno se apodera de su vida por medio de su reflejo en el agua&#8221;.<\/p>\n<p>Podemos comprender ahora por qu\u00e9 fue una m\u00e1xima, lo mismo en la India que en la Grecia antiguas, no mirarse en el agua y por qu\u00e9 los griegos consideraban como presagio de muerte el que una persona so\u00f1ase que se estaba viendo reflejada en ella. Tem\u00edan que los esp\u00edritus de las aguas pudieran arrastrar la imagen reflejada de la persona, o alma, bajo el agua, dej\u00e1ndola as\u00ed &#8220;desalmada&#8221; y para morir. Tal fue probablemente el origen de la leyenda cl\u00e1sica del bello Narciso, que languideci\u00f3 y muri\u00f3 al ver su imagen reflejada en la fuente.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, tambi\u00e9n podemos explicarnos ahora la extendida costumbre de cubrir los espejos o ponerlos vueltos contra la pared, despu\u00e9s de morir alguno en la casa. Se teme que las almas de los vivos, proyectadas fuera de las personas en forma de reflejos, en el espejo, puedan ser llevadas por el esp\u00edritu del fallecido, que com\u00fanmente se supone ronda por la casa hasta el entierro. La costumbre es exactamente paralela a la observada en la isla de Ar\u00fa, de no dormir en una casa despu\u00e9s de morir alguien en ella, por temor de que el alma, al proyectarse fuera del cuerpo en el sue\u00f1o, pueda encontrar al esp\u00edritu muerto y sea raptada por \u00e9l. La raz\u00f3n de que la gente enferma no deba mirar al espejo y de que el espejo del cuarto del enfermo deba cubrirse, es tambi\u00e9n evidente: en momentos de enfermedad, cuando el alma puede volar con tanta facilidad, es particularmente peligroso proyectarla fuera del cuerpo al reflejarla en un espejo. Esta regla es precisamente por esto paralela a la que obedecen algunas gentes no permitiendo a los enfermos dormir; durante el sue\u00f1o, el alma sale del cuerpo y hay riesgo de que no pueda volver.<\/p>\n<p>Del mismo modo que las sombras y los reflejos, con frecuencia se considera que los retratos contienen el alma de la persona retratada. Las personas que as\u00ed lo creen, no permiten que se les retrate, pues si el retrato es su alma o al menos una parte vital de la persona, quien lo posea podr\u00e1 ejercer una influencia nefasta sobre el original. As\u00ed, los esquimales del Estrecho de Bering creen que las gentes que tienen tratos con las brujer\u00edas, tienen tambi\u00e9n el poder de sustraer la sombra de cualquiera, que sin ella languidecer\u00e1 y morir\u00e1. Una vez, en una aldea de la parte baja del r\u00edo Yuk\u00f3n, se dispuso un explorador a tomar con su c\u00e1mara fotogr\u00e1fica una vista de la gente que transitaba por entre las casas. Mientras enfocaba la m\u00e1quina, el jefe de la aldea lleg\u00f3 e insisti\u00f3 en fisgar bajo el pa\u00f1o negro. Habi\u00e9ndosele permitido que lo hiciera, estuvo contemplando atentamente por un minuto las figuras que se mov\u00edan en el vidrio esmerilado y despu\u00e9s, de s\u00fabito, sac\u00f3 la cabeza y grit\u00f3 a la gente con toda su fuerza: &#8220;Tiene todas vuestras sombras metidas en la caja&#8221;. Sobrevino el p\u00e1nico entre las gentes y en un instante desaparecieron atropelladamente en sus casas.<\/p>\n<p>Los tepehuanes de M\u00e9xico miraban a la c\u00e1mara con miedo cerval y se necesitaron cinco d\u00edas para persuadirles a fin de que se dejaran enfocar. Cuando al fin consintieron en ello, parec\u00edan criminales antes de ser ejecutados; cre\u00edan que fotografi\u00e1ndose, el artista se llevar\u00eda sus almas para devorarlas en sus momentos de ocio. Dec\u00edan que cuando los retratos llegasen al otro pa\u00eds, ellos morir\u00edan u ocurrir\u00eda alg\u00fan otro mal. Cuando el Dr. Catat y algunos de sus compa\u00f1eros estuvieron explorando el pa\u00eds Bara, de la costa occidental de Madagascar, el pueblo se volvi\u00f3 repentinamente hostil. El d\u00eda antes, los viajeros, no sin dificultades, hab\u00edan fotografiado a la familia real, y se les acusaba de sustraer las almas de los nativos con el prop\u00f3sito de venderlas cuando volvieran a Francia. Negarlo fue en vano; de acuerdo con las costumbres del pa\u00eds, se les oblig\u00f3 a coger las almas y a ponerlas en un cesto, y el Dr. Catat les orden\u00f3 que retornasen a sus respectivos due\u00f1os.<\/p>\n<p>Algunos aldeanos de Sikhim demuestran un horror viv\u00edsimo, escondi\u00e9ndose lejos, siempre que la lente de una c\u00e1mara o &#8220;el endemoniado de la caja&#8221; se vuelve hacia ellos. Piensan que las almas se les van con los retratos, permitiendo as\u00ed al due\u00f1o de \u00e9stos embrujarlos, y aseguraban que si se hac\u00eda una fotograf\u00eda del paisaje, quedar\u00eda marchito. Hasta el reinado del \u00faltimo rey de Siam no se estamp\u00f3 ninguna moneda con la imagen, del rey &#8220;porque hab\u00eda un fuerte prejuicio contra toda clase de retratos. Cuando los europeos viajan por la selva, aun hoy, les basta dirigir las c\u00e1maras a una multitud para conseguir su dispersi\u00f3n instant\u00e1nea. Cuando se hace una prueba fotogr\u00e1fica de la cara de una persona y despu\u00e9s se lleva lejos, una parte de la vida se va con el retrato; s\u00f3lo el soberano que fuese bendecido con los a\u00f1os de un matusal\u00e9n podr\u00eda permitir que su vida fuera distribuida en peque\u00f1os pedazos junto con las monedas del reino&#8221;.<\/p>\n<p>Creencias an\u00e1logas persisten todav\u00eda en varias partes de Europa. No hace muchos a\u00f1os, unas ancianas de la isla griega de C\u00e1rpatos estaban muy enfadadas porque alguien se hab\u00eda llevado sus fotograf\u00edas y cre\u00edan que en consecuencia, se debilitar\u00edan y morir\u00edan. Hay personas en el oeste de Escocia &#8220;que rehusan hacerse fotograf\u00edas, temerosas de que sea de mala suerte para ellas, y dan como ejemplos los casos de varias de amistades que nunca tuvieron un d\u00eda bueno despu\u00e9s de ser fotografiadas.&#8221;<\/p>\n<p>La rama dorada cap.XVII<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>James George Frazer &#8211; 1. EL ALMA COMO MANIQU\u00cd Los anteriores ejemplos nos demuestran que el oficio de rey sagrado o sacerdote est\u00e1 frecuentemente circundado de una serie de pesadas restricciones o tab\u00fas, cuyo principal prop\u00f3sito parece ser preservar la vida del hombre divino para el bien de su pueblo. 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