{"id":3843,"date":"2009-03-04T16:05:56","date_gmt":"2009-03-04T16:05:56","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3843"},"modified":"2009-03-04T16:05:56","modified_gmt":"2009-03-04T16:05:56","slug":"de-la-unidad-trascendente-de-las-religiones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3843","title":{"rendered":"DE LA UNIDAD TRASCENDENTE DE LAS RELIGIONES"},"content":{"rendered":"<p>DE LA UNIDAD TRASCENDENTE<br \/>\nDE LAS RELIGIONES<\/p>\n<p>Frithjof Schuon <\/p>\n<p>Spiritus ubi vult spirat: et vocem eius audis, sed nescis unde veniat, aut quo vadat: sic est omnis, qui natus est ex spiritu.<\/p>\n<p>(Ioan III, 8.)<\/p>\n<p>\u00cdNDICE<\/p>\n<p>\t\t\tP\u00e1gs.<br \/>\nPrefacio\t4<\/p>\n<p>\tI.\tDimensiones conceptuales\t10<\/p>\n<p>II.\t\tLimitaciones del exoterismo\t15<\/p>\n<p>\tIII.\tTrascendencia y universalidad del esoterismo\t34<\/p>\n<p>\tIV.\tLa cuesti\u00f3n de las formas de arte \t55<\/p>\n<p>\tV.\tDe los l\u00edmites de la expansi\u00f3n religiosa\t68<\/p>\n<p>\tVI.\tEl aspecto ternario del monote\u00edsmo\t80<\/p>\n<p>\tVII.\tCristianismo e Islam\t88<\/p>\n<p>\tVIII.\tNaturaleza particular y universalidad de la tradici\u00f3n cristiana\t103<\/p>\n<p>\tIX.\tSer hombre es conocer\t123<\/p>\n<p>PREFACIO<\/p>\n<p>Las consideraciones de este libro proceden de una doctrina que no es en absoluto fi-los\u00f3fica, sino propiamente metaf\u00edsica. Esta distinci\u00f3n puede parecer ileg\u00edtima a quienes tienen la costumbre de englobar la metaf\u00edsica en la filosof\u00eda, pero, si se encuentra ya una tal asimilaci\u00f3n en Arist\u00f3teles y en sus continuadores escol\u00e1sticos, esto prueba precisa-mente que toda filosof\u00eda tiene limitaciones que, inclusive en los casos m\u00e1s favorables, como los que acabamos de citar, excluyen una apreciaci\u00f3n perfectamente adecuada de la metaf\u00edsica. En realidad, \u00e9sta posee un car\u00e1cter trascendente que la hace independiente de un pensamiento puramente humano, cualquiera que sea. Para definir bien la diferen-cia que existe entre uno y otro modo de pensamiento, diremos que la filosof\u00eda procede de la raz\u00f3n, facultad enteramente individual, mientras que la metaf\u00edsica surge exclusi-vamente del Intelecto. Este \u00faltimo era definido de la siguiente manera, con pleno cono-cimiento de causa, por el maestro Eckhart: \u00abEn el alma hay algo que es increado e in-creable; si el alma entera fuese tal, ella ser\u00eda increada e increable, y esto es el Intelecto.\u00bb En el esoterismo musulm\u00e1n se encuentra una definici\u00f3n an\u00e1loga, aunque m\u00e1s concisa a\u00fan y m\u00e1s rica en valor simb\u00f3lico: \u00abEl Suf\u00ed (es decir, el hombre identificado con el Inte-lecto) no es creado.\u00bb<br \/>\nSi el conocimiento puramente intelectual sobrepasa por definici\u00f3n al individuo; si, por consiguiente, es de esencia supraindividual, universal o divina y procede de la Inte-ligencia pura, es decir, directa y no discursiva, no hay que decir que este conocimiento no s\u00f3lo va m\u00e1s lejos que el razonamiento, sino inclusive m\u00e1s lejos que la fe en el senti-do ordinario de este t\u00e9rmino. Dicho de otro modo: el conocimiento intelectual sobrepasa igualmente el punto de vista espec\u00edficamente religioso que, por su parte, es, sin embar-go, incomparablemente superior al punto de vista filos\u00f3fico, o, m\u00e1s precisamente, ra-cionalista, puesto que, como el conocimiento metaf\u00edsico, emana de Dios y no del hom-bre. Pero en tanto que la metaf\u00edsica procede completamente de la intuici\u00f3n intelectual, la religi\u00f3n procede de la Revelaci\u00f3n. \u00c9sta, la Revelaci\u00f3n, es la Palabra de Dios en tanto en cuanto \u00c9l se dirige a sus criaturas, mientras que la intuici\u00f3n intelectual es una parti-cipaci\u00f3n directa y activa en el Conocimiento divino, y no una participaci\u00f3n indirecta y pasiva como lo es la fe. En otros t\u00e9rminos: en la intuici\u00f3n intelectual no es el individuo en tanto tal quien conoce, sino en tanto que, en su esencia profunda, \u00e9l no es distinto de su Principio divino; tambi\u00e9n la certidumbre metaf\u00edsica es absoluta en raz\u00f3n de la identi-dad entre el cognoscente y lo conocido en el Intelecto. Si est\u00e1 permitido poner un ejem-plo en el orden sensible para ilustrar la diferencia entre los conocimientos metaf\u00edsico y teol\u00f3gico, podemos decir que el primero, que llamaremos \u00abesot\u00e9rico\u00bb cuando se mani-fieste mediante un simbolismo religioso, tiene conciencia de la esencia incolora de la luz y de su car\u00e1cter de pura luminosidad; tal creencia religiosa, por el contrario, admitir\u00e1 que la luz es roja y no verde, mientras que otra creencia afirmar\u00e1 lo contrario. Las dos tendr\u00e1n raz\u00f3n en tanto ambas distinguen la luz de la oscuridad, pero no la tendr\u00e1n en tanto la identifican con tal o cual color. Mediante este ejemplo tan rudimentario, quere-mos mostrar que el punto de vista teol\u00f3gico o dogm\u00e1tico, por el hecho de que se funda en el esp\u00edritu de los creyentes, sobre una revelaci\u00f3n y no sobre un conocimiento accesi-ble a cada uno \u0097cosa, por otro lado, irrealizable para una gran parte de la colectividad humana\u0097, confunde necesariamente el s\u00edmbolo o la forma con la Verdad desnuda y supraformal, mientras que la metaf\u00edsica, que no se puede asimilar a un \u00abpunto de vista\u00bb m\u00e1s que de una manera enteramente provisional, podr\u00e1 servirse del mismo s\u00edmbolo o de la misma forma a t\u00edtulo de medio de expresi\u00f3n, pero sin ignorar su relatividad. Es por esto por lo que cada una de las grandes religiones intr\u00ednsecamente ortodoxas, por sus dogmas, sus ritos y sus dem\u00e1s s\u00edmbolos, puede servir de medio de expresi\u00f3n a toda ver-dad conocida directamente por el ojo del Intelecto, \u00f3rgano espiritual que el esoterismo musulm\u00e1n denomina \u00abel ojo del coraz\u00f3n\u00bb.<br \/>\nAcabamos de decir que la religi\u00f3n traduce las verdades metaf\u00edsicas o universales en lenguaje dogm\u00e1tico, ahora bien, si el dogma no es accesible a todos en su Verdad intr\u00edn-seca que s\u00f3lo el Intelecto puede alcanzar directamente, el mismo dogma no es menos accesible por la fe, \u00fanico modo de participaci\u00f3n posible, para la gran mayor\u00eda de los hombres, en las verdades divinas. En cuanto al conocimiento intelectual que, lo hemos visto, no procede de una creencia ni de un razonamiento, \u00e9l sobrepasa el dogma en el sentido de que, sin contradecirlo jam\u00e1s, lo penetra en su \u00abdimensi\u00f3n interna\u00bb, que es la verdad infinita que domina todas las formas.<br \/>\nA fin de ser absolutamente claros, insistiremos todav\u00eda sobre que el modo racional de conocimiento no sobrepasa. el dominio de las generalidades ni alcanza por s\u00ed solo ninguna verdad trascendente; puede, sin embargo, servir de modo de expresi\u00f3n a un conocimiento suprarracional \u0097es el caso de la ontolog\u00eda aristot\u00e9lica y escol\u00e1stica\u0097, pero esto ser\u00e1 siempre en detrimento de la integridad intelectual<br \/>\nSi el conocimiento puramente intelectual sobrepasa por definici\u00f3n al individuo; si, por consiguiente, es de esencia supraindividual, universal o divina y procede de la Inte-ligencia pura, es decir, directa y no discursiva, no hay que decir que este conocimiento no s\u00f3lo va m\u00e1s lejos que el razonamiento, sino inclusive m\u00e1s lejos que la fe en el senti-do ordinario de este t\u00e9rmino. Dicho de otro modo: el conocimiento intelectual sobrepasa igualmente el punto de vista espec\u00edficamente religioso que, por su parte, es, sin embar-go, incomparablemente superior al punto de vista filos\u00f3fico, o, m\u00e1s precisamente, ra-cionalista, puesto que, como el conocimiento metaf\u00edsico, emana de Dios y no del hom-bre. Pero en tanto que la metaf\u00edsica procede completamente de la intuici\u00f3n intelectual, la religi\u00f3n procede de la Revelaci\u00f3n. \u00c9sta, la Revelaci\u00f3n, es la palabra de Dios en tanto en cuanto \u00c9l se dirige a sus criaturas, mientras que la intuici\u00f3n intelectual es una parti-cipaci\u00f3n directa y activa en el Conocimiento divino y, no una participaci\u00f3n indirecta y pasiva como lo es la fe. En otros t\u00e9rminos: en la intuici\u00f3n intelectual no es el individuo en tanto tal quien conoce, sino en tanto que, en su esencia profunda, \u00e9l no es distinto de su Principio divino; tambi\u00e9n la certidumbre metaf\u00edsica es absoluta en raz\u00f3n de la identi-dad entre el cognoscente y lo conocido en el Intelecto. Si est\u00e1 permitido poner un ejem-plo en el orden sensible para ilustrar la diferencia entre los conocimientos metaf\u00edsico y teol\u00f3gico, podemos decir que el primero, que llamaremos \u00abesot\u00e9rico\u00bb cuando se mani-fieste mediante un simbolismo religioso, tiene conciencia de la esencia incolora de la luz y de su car\u00e1cter de pura luminosidad; tal creencia religiosa, por el contrario, admitir\u00e1 que la luz es roja y no verde, mientras que otra creencia afirmar\u00e1 lo contrario. Las dos tendr\u00e1n raz\u00f3n en tanto ambas distinguen la luz de la oscuridad, pero no la tendr\u00e1n en tanto la identifican con tal o cual color. Mediante este ejemplo tan rudimentario, quere-mos mostrar que el punto de vista teol\u00f3gico o dogm\u00e1tico, por el hecho de que se funda en el esp\u00edritu de los creyentes, sobre una revelaci\u00f3n y no sobre un conocimiento accesi-ble a cada uno \u0097cosa, por otro lado, irrealizable para una gran parte de la colectividad humana\u0097, confunde necesariamente el s\u00edmbolo o la forma con la Verdad desnuda y supraformal, mientras que la metaf\u00edsica, que no se puede asimilar a un \u00abpunto de vista\u00bb m\u00e1s que de una manera enteramente provisional, podr\u00e1 servirse del mismo s\u00edmbolo o de la misma forma a t\u00edtulo de medio de expresi\u00f3n, pero sin ignorar su relatividad. Es por esto por lo que cada una de las grandes religiones intr\u00ednsecamente ortodoxas, por sus dogmas, sus ritos y sus dem\u00e1s s\u00edmbolos, puede servir de medio de expresi\u00f3n a toda ver-dad conocida directamente por el ojo del Intelecto, \u00f3rgano espiritual que el esoterismo musulm\u00e1n denomina \u00abel ojo del coraz\u00f3n\u00bb.<br \/>\nAcabamos de decir que la religi\u00f3n traduce las verdades metaf\u00edsicas o universales en lenguaje dogm\u00e1tico; ahora bien, si el dogma no es accesible a todos en su Verdad intr\u00edn-seca que s\u00f3lo el Intelecto puede alcanzar directamente, el mismo dogma no es menos accesible por la fe, \u00fanico modo de participaci\u00f3n posible, para la gran mayor\u00eda de los hombres, en las verdades divinas. En cuanto al conocimiento intelectual que, lo hemos visto, no procede de una creencia ni de un razonamiento, \u00e9l sobrepasa el dogma en el sentido de que, sin contradecirlo jam\u00e1s, lo penetra en su \u00abdimensi\u00f3n interna\u00bb, que es la verdad infinita que domina todas las formas.<br \/>\nA fin de ser absolutamente claros, insistiremos todav\u00eda sobre que el modo racional de conocimiento no sobrepasa el dominio de las generalidades ni alcanza por s\u00ed solo ninguna verdad trascendente; puede, sin embargo, servir de modo de expresi\u00f3n a un conocimiento suprarracional \u0097es el caso de la ontolog\u00eda aristot\u00e9lica y escol\u00e1stica\u0097, pero esto ser\u00e1 siempre en detrimento de la integridad intelectual de la doctrina. Algunos objetar\u00e1n quiz\u00e1 que la metaf\u00edsica m\u00e1s pura se distingue a veces muy poco de la filoso-f\u00eda; que ella utiliza, como \u00e9sta, argumentaciones y, como \u00e9sta, parece llegar a conclu-siones; pero esta semejanza se debe al hecho de que toda concepci\u00f3n, en cuanto se ex-presa, se reviste forzosamente de los modos del pensamiento humano, que es racional y dial\u00e9ctico; lo que distingue aqu\u00ed esencialmente la proposici\u00f3n metaf\u00edsica de la proposi-ci\u00f3n filos\u00f3fica es que la primera es simb\u00f3lica y descriptiva, en el sentido de que ella se sirve de los modos racionales como de s\u00edmbolos para describir o traducir conocimientos que comportan m\u00e1s certidumbre que cualquier conocimiento del orden sensible, mien-tras que la filosof\u00eda \u0097que por algo ha sido llamada ancilla theologiae\u0097 nunca es m\u00e1s que lo que ella expresa; cuando razona para resolver una duda, esto prueba precisamente que su punto de partida es una duda que quiere llegar a remontar, en tanto que, como hemos dicho ya, el punto de partida de la enunciaci\u00f3n metaf\u00edsica es siempre esencial-mente una evidencia o una certidumbre, que se tratar\u00e1 de comunicar a aqu\u00e9llos que sean capaces de recibirla, por medios simb\u00f3licos o dial\u00e9cticos propios para actualizar en ellos el conocimiento latente que portan inconscientemente, diremos tambi\u00e9n \u00abeternamente\u00bb, en s\u00ed mismos.<br \/>\nTomemos, a t\u00edtulo de ejemplo de los tres modos de pensamiento que hemos encara-do, la idea de Dios. El punto de vista filos\u00f3fico, cuando no niega a Dios pura y simple-mente \u0097lo que no har\u00e1 sino dando a esta palabra un sentido que no tiene\u0097 intenta \u00abprobar\u00bb a Dios mediante toda clase de argumentaciones; en otros t\u00e9rminos, este punto de vista trata de \u00abprobar\u00bb ya sea la \u00abexistencia\u00bb, ya la \u00abinexistencia\u00bb de Dios, como si la raz\u00f3n, que no es m\u00e1s que un intermediario y en modo alguno una fuente de conoci-miento trascendente, no pudiera \u00abprobar\u00bb cualquier cosa; por otra parte, esta pretensi\u00f3n a la autonom\u00eda de la raz\u00f3n en dominios donde s\u00f3lo la intuici\u00f3n intelectual, de una parte, y la revelaci\u00f3n, por otra, pueden comunicar conocimientos, caracteriza el punto de vista filos\u00f3fico y revela su insuficiencia. En cuanto al punto de vista teol\u00f3gico, no se preocu-pa de probar a Dios \u0097\u00e9l permite inclusive admitir que ello es imposible\u0097 pero se fun-da sobre la creencia: a\u00f1adamos que la fe no se reduce en absoluto a la simple creencia, .porque, de ser as\u00ed, Cristo no hubiese hablado de la \u00abfe que mueve las monta\u00f1as\u00bb, pues ni que decir tiene que la creencia religiosa no posee esta virtud. Metaf\u00edsicamente, en fin, no se tratar\u00e1 ya ni de \u00abprueba\u00bb ni de \u00abcreencia\u00bb sino exclusivamente de evidencia dire-cta, de evidencia intelectual que implica la certidumbre absoluta, pero que, en el estado actual de la humanidad, no es accesible m\u00e1s que a una elite espiritual cada vez m\u00e1s res-tringida; ahora bien, la religi\u00f3n, por su naturaleza e independientemente de las veleida-des de sus representantes, que pueden no tener conciencia de ellas, contiene y transmite, bajo el velo de sus s\u00edmbolos dogm\u00e1ticos y rituales, el Conocimiento puramente intelec-tual, como hemos notar anteriormente.<br \/>\nSin embargo, tendr\u00eda uno perfecto derecho a preguntarse por qu\u00e9 razones humanas y c\u00f3smicas, determinadas verdades, que podemos calificar de \u00abesot\u00e9ricas\u00bb en un sentido muy general, son expuestas y explicitadas precisamente en nuestra \u00e9poca tan poco incli-nada a las especulaciones; hay en esto, efectivamente, algo de anormal: no en el hecho de exponer estas verdades, sino en las condiciones generales de nuestra \u00e9poca que, mar-cando el fin de un gran per\u00edodo c\u00edclico de la humanidad terrestre \u0097el fin de un mah\u00e2-yuga, seg\u00fan la terminolog\u00eda hind\u00fa\u0097 debe recapitular o remanifestar de una u otra ma-nera todo lo que se encuentra incluido en el ciclo entero, de acuerdo con el adagio que dice que \u00ablos extremos se tocan\u00bb, de suerte que cosas que son anormales en s\u00ed mismas pueden hacerse necesarias en raz\u00f3n de las condiciones apuntadas. Desde un punto de vista m\u00e1s individual, el de la simple oportunidad, hay que convenir que la confusi\u00f3n espiritual de nuestra \u00e9poca ha alcanzado un grado tal que los inconvenientes que, en principio, pueden resultar para algunos del contacto con las verdades de que se trata se encuentran compensados por las ventajas que otros obtendr\u00e1n de dichas verdades; de otro lado, el t\u00e9rmino de \u00abesoterismo\u00bb es muy a menudo usurpado para enmascarar ideas tan poco espirituales y tan peligrosas como es posible, y lo que se conoce de las doctri-nas esot\u00e9ricas es tan a menudo plagiado y deformado \u0097aparte de que la incompatibili-dad exterior y voluntariamente amplificada de las diferentes formas tradicionales arroja el m\u00e1s grande descr\u00e9dito, en el esp\u00edritu de un gran n\u00famero de nuestros contempor\u00e1neos, sobre toda tradici\u00f3n, sea religiosa o de cualquier otra \u00edndole\u0097 que no hay solamente ventaja, sino inclusive obligaci\u00f3n de hacer entrever, de una parte lo que es el esoterismo verdadero y lo que no lo es y, de otra parte, lo que constituye la solidaridad profunda y eterna de todas las formas del esp\u00edritu.<br \/>\nPara volver al tema principal que nos hemos propuesto tratar en este libro, insistire-mos sobre que la unidad de las religiones no solamente no es realizable, en el plano ex-terior, el plano de las formas, sino que no debe si quiera ser realizada, suponiendo que fuese posible, sobre este plano, sin que las formas reveladas fuesen desprovistas de ra-z\u00f3n suficiente; y decir que son reveladas es como decir que son queridas por el Verbo divino. Al hablar de \u00abunidad trascendente\u00bb queremos decir que la unidad de las formas religiosas debe ser realizada de una manera puramente interior y espiritual, sin ser trai-cionada por ninguna forma particular. Los antagonismos de estas formas no perjudican m\u00e1s a la Verdad una y universal que los antagonismos entre los colores opuestos a la transmisi\u00f3n de la luz una e incolora, por utilizar la misma imagen que antes; y de la misma manera que todo color, por su, negaci\u00f3n de la oscuridad y su afirmaci\u00f3n de la luz, permite encontrar el rayo que la hace visible y remontar este rayo hasta su fuente luminosa, de la misma manera toda forma, todo s\u00edmbolo, toda religi\u00f3n, todo dogma, por su negaci\u00f3n del error y su afirmaci\u00f3n de la Verdad, permite remontar el rayo de la Re-velaci\u00f3n, que no es otro que el del Intelecto, hasta su Manantial divino.<\/p>\n<p>I<\/p>\n<p>DIMENSIONES CONCEPTUALES<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n verdadera e integral de una idea sobrepasa con mucho el primer asentimiento de la inteligencia; asentimiento que es tomado la mayor parte de las veces por la propia comprensi\u00f3n. Ahora bien, si es cierto que la evidencia que comporta para nosotros una idea es realmente, en cierta medida, una comprensi\u00f3n, no se tratar\u00eda aqu\u00ed, sin embargo, de todo el alcance de esta o de su perfecci\u00f3n, porque esta evidencia es, sobre todo, para nosotros, la marca de una aptitud para comprender \u00edntegramente esa idea. Una verdad, en efecto, puede ser comprendida en diferentes grados y seg\u00fan di-mensiones conceptuales diferentes, o sea, seg\u00fan una serie indefinida de modalidades que corresponden a los aspectos, igualmente indefinidos en su n\u00famero, de la verdad, es decir, a todos sus aspectos posibles. Esta manera de encarar la idea nos lleva, en suma, a la cuesti\u00f3n de la realizaci\u00f3n espiritual cuyas expresiones doctrinales ilustran bien la in-definidad dimensional de la concepci\u00f3n te\u00f3rica.<br \/>\nLa filosof\u00eda, en lo que tiene de limitativo \u0097y esto es, por otra parte, lo que constitu-ye su car\u00e1cter espec\u00edfico\u0097 est\u00e1 fundada sobre la ignorancia sistem\u00e1tica de lo que aca-bamos de enunciar; en otros t\u00e9rminos, ella ignora lo que ser\u00eda su propia negaci\u00f3n. Asi-mismo, no opera m\u00e1s que con unas especies de esquemas mentales que tiene por absolu-tos por causa de su pretensi\u00f3n de universalidad, cuando lo cierto es que no son, desde el punto de vista de la realizaci\u00f3n espiritual, m\u00e1s que otros tantos objetos simplemente virtuales o potenciales inutilizados, al menos en la medida en que se trata de ideas ver-daderas; pero cuando no es as\u00ed, como suele suceder por lo general en la filosof\u00eda moder-na, estos esquemas se reducen a artificios inutilizables desde el punto de vista especula-tivo, o sea, desprovistos de todo valor real. En cuanto a las ideas verdaderas, es decir, aqu\u00e9llas que sugieren m\u00e1s o menos impl\u00edcitamente aspectos de la Verdad total y, por consiguiente, esta Verdad misma, constituyen, por esto mismo, claves intelectuales y no tienen otra raz\u00f3n de ser; es lo que s\u00f3lo el pensamiento metaf\u00edsico es capaz de captar. En cambio, ya se trate de filosof\u00eda o de teolog\u00eda ordinaria, hay en estos dos modos de pen-samiento una ignorancia que no s\u00f3lo concierne a la naturaleza de las ideas que se creen haber comprendido \u00edntegramente, sino sobre todo el alcance de la teor\u00eda como tal: la comprensi\u00f3n te\u00f3rica, en efecto, es transitoria por definici\u00f3n, y su delimitaci\u00f3n ser\u00e1 siempre, por otra parte, m\u00e1s o menos aproximativa.<br \/>\nLa comprensi\u00f3n puramente \u00abteorizante\u00bb de una idea, comprensi\u00f3n que calificamos as\u00ed en raz\u00f3n de la tendencia limitativa que la paraliza, podr\u00eda muy bien ser caracterizada por el t\u00e9rmino \u00abdogmatismo\u00bb; el dogma religioso representa en efecto, al menos en tanto es considerado como excluyente de otras formas conceptuales, y no ciertamente en s\u00ed mismo, una idea considerada seg\u00fan la tendencia teorizante, y esta manera excluyente se convierte inclusive en un car\u00e1cter desde el punto de vista religioso como tal. Un dogma religioso cesa, sin embargo, de ser limitado as\u00ed desde el momento en que es comprendido seg\u00fan su verdad interna, que es de orden universal, y esto es lo que acon-tece con todo esoterismo. Por otra parte, en este esoterismo mismo, como en toda doc-trina metaf\u00edsica, las ideas que son formuladas pueden a su vez ser comprendidas seg\u00fan la tendencia dogmatizante o teorizante, y entonces estamos en presencia de un caso completamente an\u00e1logo al del dogmatismo religioso del que acabamos de hablar. Es preciso todav\u00eda insistir, a este respecto, sobre el hecho de que el dogma religioso no es en absoluto un dogma en s\u00ed mismo, sino que lo es \u00fanicamente por el hecho de ser enca-rado como tal, por una especie de confusi\u00f3n de la idea con la forma de que ella se ha revestido, y que, por otro lado, la dogmatizaci\u00f3n exterior de verdades universales est\u00e1 perfectamente justificada, dado que estas verdades o ideas, debiendo ser el fundamento de una tradici\u00f3n, deben ser asimilables por todos en un grado cualquiera; el dogmatis-mo, en s\u00ed, no consiste en la simple enunciaci\u00f3n de una idea, es decir, en el hecho de dar forma a una intuici\u00f3n espiritual, sino en una interpretaci\u00f3n que, en lugar de alcanzar la Verdad informal y total partiendo de una de las formas de \u00e9sta, no hace en cierto modo m\u00e1s que paralizar esta forma, negando sus potencialidades intelectuales y atribuy\u00e9ndole un car\u00e1cter absoluto que \u00fanicamente la verdad informal y total puede tener.<br \/>\nEl dogmatismo se revela no solamente por su falta de capacidad para concebir la ilimitaci\u00f3n interna o impl\u00edcita del s\u00edmbolo, es decir, su universalidad que resuelve todas las oposiciones exteriores, sino tambi\u00e9n por su incapacidad para reconocer, cuando est\u00e1 en presencia de dos verdades aparentemente contradictorias, el lazo interno que afirman impl\u00edcitamente y que hace de ellas aspectos complementarios de una sola y la misma verdad. Se podr\u00eda tambi\u00e9n expresar as\u00ed: el que participa en el Conocimiento universal se enfrentar\u00e1 con dos verdades aparentemente contradictorias como considerar\u00eda dos pun-tos situados en el mismo c\u00edrculo que los conecta por su continuidad y los reduce de esta forma a la unidad: en la medida en que estos puntos se encuentren alejados uno del otro o, lo que es lo mismo, sean opuestos uno al otro, habr\u00e1 contradicci\u00f3n, y \u00e9sta ser\u00e1 llevada a su m\u00e1ximum cuando los puntos est\u00e9n situados respectivamente en las dos extremida-des de un di\u00e1metro de la circunferencia; pero esta extrema oposici\u00f3n o contradicci\u00f3n no aparece precisamente m\u00e1s que por el hecho de aislar los puntos considerados del c\u00edrcu-lo, y de hacer abstracci\u00f3n de \u00e9ste como si no existiera. Se puede concluir que si la afir-maci\u00f3n dogmatizante, es decir, aqu\u00e9lla que se confunde con su forma y no admite otra, es comparable a un punto que, como tal, contradecir\u00e1, por definici\u00f3n en cierta medida, todo otro posible punto; la enunciaci\u00f3n especulativa, por el contrario, ser\u00e1 comparable a un elemento del c\u00edrculo que, por su misma forma, indica su propia continuidad l\u00f3gica y ontol\u00f3gica, o sea, el c\u00edrculo entero, o, por transposici\u00f3n anal\u00f3gica, la Verdad entera. Esta comparaci\u00f3n traducir\u00e1 quiz\u00e1 mejor la diferencia que separa la afirmaci\u00f3n dogmati-zante de la enunciaci\u00f3n especulativa.<br \/>\nLa contradicci\u00f3n exterior e intencionada de las enunciaciones especulativas puede aparecer, por supuesto, no s\u00f3lo en una sola forma l\u00f3gicamente paradojal, tal como el Aham Brahmasmi (\u00abYo soy Brahma\u00bb) v\u00e9dico \u0097sea la definici\u00f3n ved\u00e1ntica del Yogui\u0097 o el Anal-Haqq (\u00abYo soy la verdad\u00bb) de El-Hall\u00e2j, o inclusive las palabras de Cristo concernientes a su divinidad, pero con m\u00e1s raz\u00f3n todav\u00eda entre formulaciones diferentes de la que cada una puede ser l\u00f3gicamente homog\u00e9nea en s\u00ed misma; este caso se produce en todas las escrituras sagradas, y especialmente en el Cor\u00e1n. Recordemos solamente, a este respecto, la contradicci\u00f3n aparente entre las afirmaciones de la predestinaci\u00f3n y la del libre albedr\u00edo, afirmaciones que no son contrarias m\u00e1s que en tanto ellas expresan respectivamente aspectos opuestos de una sola y \u00fanica realidad. Pero, abstracci\u00f3n hecha de las formulaciones paradojales \u0097sean tales en s\u00ed mismas o las unas respecto a las otras\u0097 hay todav\u00eda teor\u00edas que, traduciendo la m\u00e1s estricta ortodoxia, se contradicen, sin embargo, externamente, y esto en raz\u00f3n de la diversidad de sus puntos de vista res-pectivos, puntos de vista no elegidos artificial y arbitrariamente, sino adquiridos espon-t\u00e1neamente gracias a una verdadera originalidad intelectual.<br \/>\nVolviendo a lo que dec\u00edamos de la comprensi\u00f3n de las ideas, podr\u00edamos comparar una noci\u00f3n te\u00f3rica con la visi\u00f3n de un objeto: de la misma manera que esta visi\u00f3n no revela todos los aspectos posibles, es decir, la naturaleza integral del objeto, cuyo per-fecto conocimiento no ser\u00eda otro que la identidad con \u00e9l, igualmente una noci\u00f3n te\u00f3rica no responde a la verdad integral de la que forzosamente no sugiere m\u00e1s que un aspecto, esencial o no ; el error, en este ejemplo, corresponde a una visi\u00f3n inadecuada del objeto, mientras que la concepci\u00f3n dogmatizante ser\u00eda comparable a la visi\u00f3n exclusiva de un solo aspecto de este objeto, visi\u00f3n que supondr\u00eda la inmovilidad del sujeto vidente. En cuanto a la concepci\u00f3n especulativa, o sea, intelectualmente ilimitada, ser\u00eda aqu\u00ed compa-rable al conjunto indefinido de las diferentes visiones del objeto considerado, visiones que presupondr\u00edan la facultad de desplazamiento o cambio de punto de vista del sujeto, por consiguiente, una cierta forma de identidad con las dimensiones del espacio que, de por s\u00ed, revelan precisamente la naturaleza integral del objeto, al menos desde el punto de vista de la forma que es la que est\u00e1 en causa en nuestro ejemplo. El movimiento en el espacio es, en efecto, una participaci\u00f3n activa en las posibilidades de \u00e9ste, mientras que la extensi\u00f3n est\u00e1tica en el espacio, la forma de nuestro cuerpo por ejemplo, es una parti-cipaci\u00f3n pasiva en estas mismas posibilidades; de estas consideraciones se puede pasar f\u00e1cilmente a un plano superior y hablar entonces de un \u00abespacio intelectual\u00bb, es decir, de la omniposibilidad cognoscitiva que no es otra, en el fondo, que la Omnisciencia divina, y por consiguiente tambi\u00e9n \u00abdimensiones intelectuales\u00bb que son las modalidades \u00abinternas\u00bb de esta Omnisciencia; y el Conocimiento por el Intelecto no es otra cosa que la perfecta participaci\u00f3n del sujeto en estas modalidades, lo que, en el mundo f\u00edsico, est\u00e1 bien representado por el movimiento. Se puede, pues, hablando de la comprensi\u00f3n de las ideas, distinguir una comprensi\u00f3n dogmatizante, comparable a la visi\u00f3n que parte de un solo punto de vista, y una comprensi\u00f3n integral, especulativa, comparable a la serie indefinida de las visiones del objeto, visiones realizadas por cambios indefinidamente m\u00faltiples del punto de vista. Y de la misma manera que, para el ojo que se desplaza, las diferentes visiones de un objeto est\u00e1n ligadas por una perfecta continuidad que represen-ta de alguna manera la realidad determinante del objeto, igualmente los diferentes as-pectos de una verdad, por contradictorios que ellos puedan parecer entre s\u00ed, no hacen m\u00e1s que describir, conteniendo impl\u00edcitamente aspectos posibles, la Verdad integral que los sobrepasa y los determina. Repetiremos lo que hemos dicho m\u00e1s arriba: la afirma-ci\u00f3n dogmatizante corresponde a un punto que, como tal, contradice por definici\u00f3n in-clusive todo otro punto, mientras que la enunciaci\u00f3n especulativa, por el contrario, es siempre concebida como un elemento de un c\u00edrculo que, por su misma fuerza, indica principalmente su propia continuidad y, por esto, el c\u00edrculo entero, o sea, la verdad ente-ra.<br \/>\nDe esto resulta que, en doctrina especulativa, es el punto de vista, de una parte, y el aspecto, de otra, los que determinan la forma de la afirmaci\u00f3n; mientras que, en dogma-tismo, \u00e9ste se confunde con un punto de vista y un aspecto determinados, excluyendo por esto mismo todos los dem\u00e1s puntos de vista y aspectos igualmente posibles .<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DE LA UNIDAD TRASCENDENTE DE LAS RELIGIONES Frithjof Schuon Spiritus ubi vult spirat: et vocem eius audis, sed nescis unde veniat, aut quo vadat: sic est omnis, qui natus est ex spiritu. (Ioan III, 8.) \u00cdNDICE P\u00e1gs. Prefacio 4 I. Dimensiones conceptuales 10 II. Limitaciones del exoterismo 15 III. Trascendencia y universalidad del esoterismo 34 IV. La cuesti\u00f3n de las<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151,251],"tags":[],"class_list":["post-3843","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-frithjof-schuon","category-temas-destacados"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3843","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3843"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3843\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3843"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3843"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3843"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}