{"id":3842,"date":"2009-03-04T16:04:57","date_gmt":"2009-03-04T16:04:57","guid":{"rendered":"http:\/\/nasdat.com\/?p=3842"},"modified":"2009-03-04T16:04:57","modified_gmt":"2009-03-04T16:04:57","slug":"sombras-c\u00d3smicas-y-serenidad-","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/nasdat.com\/?p=3842","title":{"rendered":"SOMBRAS C\u00d3SMICAS Y SERENIDAD"},"content":{"rendered":"<p>SOMBRAS C\u00d3SMICAS Y SERENIDAD <\/p>\n<p>FRITHJOF SCHUON<\/p>\n<p>&#8220;Dios hace lo que quiere&#8221;: ello no significa que Dios, tal como un individuo, pueda tener deseos arbitrarios, sino que el Ser puro, por su misma naturaleza, comporta la Todo-Posibilidad; ahora bien, la ilimitaci\u00f3n de \u00e9sta implica incluso las posibilidades por as\u00ed decirlo absurdas, es decir, contrarias a la naturaleza del Ser, que sin embargo se espera que todo fen\u00f3meno manifieste, y que manifiesta de buen o mal grado: pues evidentemente estas posibilidades s\u00f3lo pueden hacerse realidad de un modo ilusorio y limitado, pues ning\u00fan mal puede penetrar en el orden celestial. El mal, lejos de constituir la mitad de lo posible \u0097no existe simetr\u00eda entre el bien y el mal\u0097 se encuentra limitado por el espacio y el tiempo hasta el punto de reducirse a una cantidad \u00ednfima dentro de la econom\u00eda del Universo total; ello es necesariamente as\u00ed puesto que &#8220;la Misericordia envuelve todo&#8221;; y vincit omnia Veritas (la Verdad todo lo vence).<\/p>\n<p>En otros t\u00e9rminos: la Infinitud divina implica que el Principio supremo consiente, no s\u00f3lo en limitarse ontol\u00f3gicamente \u0097por grados y con respecto a la Manifestaci\u00f3n universal\u0097, sino tambi\u00e9n en dejarse contradecir en el seno de \u00e9sta; todo metaf\u00edsico lo admite intelectualmente, pero falta mucho para que cada uno se encuentre en condiciones de aceptarlo moralmente, es decir, resignarse a las consecuencias concretas del principio del absurdo necesario.<\/p>\n<p>Con el objeto de resolver el espinoso problema del mal, algunos han afirmado que nada es malo pues todo lo que sucede es &#8220;voluntad de Dios&#8221;, o que el mal s\u00f3lo existe &#8220;desde el punto de vista de la Ley&#8221;; pero ello es inaceptable, en primer lugar porque es Dios quien promulga la Ley, y luego porque la Ley existe a causa del mal y no inversamente. Lo que hay que decir es que el mal se integra dentro del Bien universal, no como mal sino como necesidad ontol\u00f3gica; esta necesidad es subyacente al mal, le es metaf\u00edsicamente inherente, pero no lo transforma en un bien.<\/p>\n<p>Por lo tanto, no hay que decir que Dios &#8220;quiere&#8221; el mal \u0097m\u00e1s bien digamos que lo &#8220;permite&#8221;\u0097 ni que el mal es un bien porque Dios no se opone a su existencia; por el contrario, se puede decir que debemos aceptar la &#8220;voluntad de Dios&#8221; cuando el mal entra en nuestro destino y no nos es posible escapar de \u00e9l, o durante todo el tiempo que o somos capaces de lograrlo. Por lo dem\u00e1s, no perdamos de vista que el complemento de la resignaci\u00f3n es la confianza, cuya quintaesencia es la certeza a la vez metaf\u00edsica y escatol\u00f3gica incondicional de aquello que es, y certeza condicional de aquello que podemos ser.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>El mal forma parte del bien de diversas maneras; en primer lugar por su existencia en tanto que \u00e9sta manifiesta al Ser y por lo tanto al Bien soberano; en segundo t\u00e9rmino, por el contrario, a causa de su desaparici\u00f3n, pues la victoria sobre el mal es un bien y s\u00f3lo es posible gracias a la presencia del mal; en tercer lugar porque el mal puede participar en el bien a t\u00edtulo de instrumento, pues a veces sucede que un mal colabora en la elaboraci\u00f3n de un bien; y en cuarto lugar porque esta participaci\u00f3n puede consistir en la acentuaci\u00f3n de un bien por contraste entre \u00e9l y su contrario. Por \u00faltimo, los fen\u00f3menos negativos o privativos manifiestan la &#8220;capacidad&#8221; de Dios de contradecirse en cierto modo, y es la perfecci\u00f3n misma del Ser la que exige esta capacidad; pero, como dec\u00eda el Maestro Eckhart, &#8220;cuanto m\u00e1s blasfema m\u00e1s alaba a Dios&#8221;. Asimismo sucede que el bien y el mal se mezclan, lo cual origina la posibilidad de que exista un &#8220;mal menor&#8221;, o un &#8220;bien menor&#8221;; y ello coincide con la noci\u00f3n misma de la relatividad. Con respecto a la cuesti\u00f3n que plantea por qu\u00e9 una posibilidad es posible, \u00e9sta no tiene respuesta o bien se resuelve de antemano por el axioma de la Todo-Posibilidad inmanente al Ser, la cual por definici\u00f3n no tiene l\u00edmites; parad\u00f3jicamente, se puede decir que la Todo-Posibilidad no ser\u00eda lo que es si no hiciera realidad en cierto modo a la imposibilidad.<\/p>\n<p>La Realidad absoluta \u0097el Sobre-Ser, Paramatma\u0097 no tiene opuesto; pero el Ser, el Dios personal, comporta un opuesto a causa de que se encuentra comprendido dentro de la Relatividad universal, Maya, de la cual es la cima. Sin embargo ese opuesto, Sat\u00e1n, no puede situarse en el mismo plano que Dios, de modo que \u00e9ste tambi\u00e9n se puede considerar &#8220;sin opuesto&#8221;, al menos desde cierto punto de vista que sin embargo es esencial; es decir que Dios est\u00e1 &#8220;en los cielos&#8221;, mientras que el diablo, y con \u00e9l el infierno, pertenece al mundo infracelestial. Sea como sea, la posibilidad de la existencia de Sat\u00e1n est\u00e1 dada, ontol\u00f3gicamente hablando, por la relatividad misma, la cual exige no s\u00f3lo gradaciones sino tambi\u00e9n oposiciones; la relatividad es al fin y al cabo el movimiento hacia la nada, la cual s\u00f3lo tiene apenas una sombra de realidad gracias a ese movimiento; y todo ello, repetimos, en virtud de la infinitud del Ser.<\/p>\n<p>Una distinci\u00f3n an\u00e1loga a la que acabamos de mencionar es la oposici\u00f3n entre el esp\u00edritu y la materia, con la diferencia de que \u00e9sta es neutra y no mal\u00e9fica; ello no impide que la distinci\u00f3n entre el &#8220;esp\u00edritu&#8221; y la &#8220;carne&#8221; identifique a esta \u00faltima pr\u00e1cticamente con el mal \u0097por razones de oportunidad moral y m\u00edstica\u0097 perdiendo de vista la transparencia metaf\u00edsica de los fen\u00f3menos en general y de las sensaciones en particular, y por lo tanto de su ambig\u00fcedad y su neutralidad de principio (1). En otros t\u00e9rminos, y para ser m\u00e1s precisos: si bien la materia en s\u00ed misma es neutra \u0097nada m\u00e1s puro que un cristal\u0097, existe sin embargo un defecto en su combinaci\u00f3n con la vida, y de all\u00ed surgen la impureza, la enfermedad y la muerte; se trata de un defecto relativo que no impide las interferencias de lo celestial en la vida terrenal. Geom\u00e9trica y anal\u00f3gicamente hablando, puede haber hundimiento dentro de los c\u00edrculos conc\u00e9ntricos, pero los rayos que parten del centro y los atraviesan permanecen incorruptibles; este principio concierne no s\u00f3lo a la ambig\u00fcedad de la materia sino tambi\u00e9n al exceso de contingencias en el cual nos vemos obligados a vivir, y que solamente nuestra relaci\u00f3n con el Cielo logra compensar y vencer.<\/p>\n<p>Pero no s\u00f3lo existe el imperio de la materia sobre el esp\u00edritu, de la exterioridad sobre la interioridad y de la dispersi\u00f3n sobre la concentraci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n est\u00e1 el predominio del psiquismo sobre la inteligencia, y esta tara \u0097que una racionalidad superficial no ser\u00eda capaz de corregir\u0097 llega incluso a comprometer las victorias sobre la materia; a pesar de que el Cielo igualmente logra utilizar esta debilidad humana para sus fines y quitarle en ese caso su nocividad moral; pues una de las generosidades de la Misericordia es la de tomar a los hombres como son, en la medida de lo posible (2).<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>M\u00e1s arriba hemos dicho que hay que aceptar la &#8220;voluntad de Dios&#8221; cuanto el mal entra en el destino y no es posible escapar de \u00e9l; en efecto, la naturaleza parcialmente parad\u00f3jica de la Todo-Posibilidad exige de parte del hombre una actitud adecuada a esta situaci\u00f3n, que es la cualidad de la serenidad, de la cual el cielo que est\u00e1 arriba de nosotros es el signo visible. La serenidad se podr\u00eda caracterizar como la capacidad de mantenerse por encima de las nubes, en la calma y la frescura del vac\u00edo y lejos de todas las disonancias de este mundo inferior; consiste en no permitir jam\u00e1s que el alma se hunda en pozos de problemas, de amargura, de rebeli\u00f3n no confesada, pues hay que cuidarse de acusar impl\u00edcitamente a Ser al acusar tal fen\u00f3meno. No decimos que no haya que acusar al mal con toda justicia, sino que no hay que acusarlo con una actitud de desesperaci\u00f3n, perdiendo de vista al Bien Soberano presente en todas partes y, bajo otro aspecto, a los imperativos del equilibrio universal; el mundo es lo que debe ser.<\/p>\n<p>La serenidad es la resignaci\u00f3n a la vez intelectual y moral a la naturaleza de las cosas: es la paciencia frente a la Todo-Posibilidad en tanto que \u00e9sta exige, por su misma limitaci\u00f3n, la existencia de posibilidades negativas, negadoras del Ser y de las cualidades que lo manifiestan, tal como hemos se\u00f1alado antes. Asimismo cabe decir, con el objeto de provee una clave m\u00e1s, que la serenidad consiste en resignarse a ese destino a la vez \u00fanico y permanente que es el momento presente, a ese &#8220;ahora&#8221; itinerante al cual nadie puede escapar y que, en su sustancia, pertenece a lo Eterno. El hombre consciente de la naturaleza del Ser puro permanece de buena gana dentro del instante que el Cielo le ha asignado; no tiende febrilmente hacia el porvenir y no se inclina amorosa o tristemente sobre el pasado. El presente puro es el momento de lo Absoluto: es ahora \u0097ni ayer ni ma\u00f1ana\u0097 cuando estamos ante Dios.<\/p>\n<p>La cualidad de la serenidad evoca la de la dignidad: lejos de ser solamente un asunto de actitud exterior, la dignidad natural y sincera tiene una base espiritual que es la conciencia cuasi existencial del &#8220;motor inm\u00f3vil&#8221;; el hombre concretamente consciente de las grandezas que lo superan no puede renegar de ellas en su comportamiento, y por otra parte ello es lo que exige su deiformidad; de hecho, no hay piedad sin dignidad. La raz\u00f3n de ser del hombre es situarse m\u00e1s all\u00e1 del plano de existencia sobre el cual ha sido proyectado, o sobre el cual \u0097desde cierto punto de vista\u0097 se ha proyectado a s\u00ed mismo; y ello siempre adapt\u00e1ndose a la naturaleza de ese plano. La misi\u00f3n c\u00f3smica del hombre es ser pontifex, &#8220;edificador del puente&#8221;, del camino que une al mundo sensible y en movimiento con la inmutable Ribera divina.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Por lo tanto, la serenidad es la victoria moral casi incondicional sobre las sombras naturales, o sea sobre las disonancias absurdas del mundo y de la vida; en caso de encuentro con el mal \u0097y le debemos a Dios y a nosotros mismos mantenernos en la Paz\u0097 podemos utilizar los argumentos siguientes. En primer lugar, ning\u00fan mal puede debilitar al Bien Soberano ni debe perturbar nuestra relaci\u00f3n con Dios; jam\u00e1s debemos perder de vista, al entrar en contacto con lo absurdo, los valores absolutos. En segundo t\u00e9rmino, debemos tener conciencia de la necesidad metaf\u00edsica de que exista el mal; &#8220;el esc\u00e1ndalo debe llegar&#8221;. En tercer lugar, no perdamos de vista los l\u00edmites del mal y su relatividad; pues Dios tendr\u00e1 la \u00faltima palabra. En cuarto lugar, es evidente que hay que resignarse a la voluntad de Dios, es decir a nuestro destino; por definici\u00f3n, el destino es lo que no podemos dejar de encontrar, y de ese modo es un aspecto de nosotros mismos. En quinto t\u00e9rmino \u0097y ello surge del argumento anterior\u0097 Dios quiere probar nuestra fe y por lo tanto tambi\u00e9n nuestra sinceridad y nuestra paciencia, sin olvidar nuestra gratitud; es por ello que se habla de &#8220;las pruebas de la vida&#8221;. En sexto lugar, Dios no nos pedir\u00eda que rindamos cuenta de lo que hacen los dem\u00e1s, ni de lo que nos sucede sin que seamos directamente responsables; nos har\u00e1 rendir cuenta solamente de lo que hagamos nosotros mismos. Por \u00faltimo, en s\u00e9ptimo t\u00e9rmino, la felicidad pura no es para esta vida sino que es para la otra; la perfecci\u00f3n no es de este mundo, pero este mundo no es todo, y la \u00faltima palabra est\u00e1 en la Beatitud.<\/p>\n<p>VIRTUD Y CAMINO<\/p>\n<p>La primera de las virtudes es la veracidad, pues sin la verdad no podemos hacer nada. La segunda virtud es la sinceridad, que consiste en extraer las consecuencias de lo que sabemos que es verdad, y que implica a todas las otras virtudes; puesto que no basta reconocer la verdad objetivamente, en el pensamiento, sino que tambi\u00e9n hay que asumirla subjetivamente, en los actos, ya sean exteriores o interiores. La verdad excluye a las despreocupaci\u00f3n y a la hipocres\u00eda tanto como al error y a la mentira.<\/p>\n<p>La sinceridad implica directamente dos actitudes concretas: la abstenci\u00f3n de lo que es contrario a la verdad, y el cumplimiento de lo que est\u00e1 de acuerdo con ella; dicho de otro modo, hay que abstenerse de aquello que aleja al Bien Soberano \u0097el cual coincide con lo Real\u0097 y realizar lo que acerca a \u00e9l. De este modo a las virtudes de la veracidad y de la sinceridad se agregan la de la temperancia y la del fervor, o la de la pureza y de la vigilancia, as\u00ed como, incluso m\u00e1s fundamentalmente, las de la humildad y la caridad.<\/p>\n<p>Sin virtud no hay camino, cualquiera que pueda ser el valor de nuestros medios espirituales; la virtud es directamente la sinceridad, e indirectamente la veracidad. La virtud no es un m\u00e9rito en s\u00ed misma, sino que es un don; pero sin embargo es un m\u00e9rito en la medida en que nos esforzamos hacia ella.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Yo y los dem\u00e1s: las cualidades morales que corresponden respectivamente a estas dos dimensiones de nuestra existencia son la sencillez y la generosidad; o dicho de otro modo la humildad y la caridad, no como actitudes a priori sentimentales sino como adaptaciones morales y espirituales a la naturaleza de las cosas.<\/p>\n<p>El fundamento quintaesencial de la virtud de la sencillez o de la humildad es que el hombre no es Dios, o que el &#8220;yo&#8221; humano no es el &#8220;S\u00ed-mismo&#8221; divino; y el fundamento de la virtud de la generosidad, la compasi\u00f3n o la caridad es que nuestro pr\u00f3jimo tambi\u00e9n est\u00e1 &#8220;hecho a imagen de Dios&#8221;, o que el S\u00ed-mismo divino es inmanente a todo sujeto humano. Es esta deiformidad la que explica tambi\u00e9n la cualidad de la dignidad, la cual resulta por a\u00f1adidura de nuestra capacidad \u0097tambi\u00e9n deiforme\u0097 de participar en la divina Majestad gracias a la conciencia que de ella tenemos.<\/p>\n<p>Sencillez y generosidad: por un lado hay que ser sencillo con dignidad; por otro lado hay que ser generoso con medida, pues los intereses ajenos no suprimen nuestros propios intereses, y adem\u00e1s todos los hombres no tienen derecho a las mismas deferencias, excepto desde el punto de vista general de la condici\u00f3n humana. Por otra parte, la caridad no ofrece necesariamente lo que es agradable de inmediato, pues en ese caso no habr\u00eda remedio amargo; castigar con justicia a un ni\u00f1o es m\u00e1s caritativo que consentirlo. Adem\u00e1s pensar de otra manera equivaldr\u00eda a suprimir toda justicia y toda salud moral y social.<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n del equilibrio entre la sencillez y la dignidad nos conduce a se\u00f1alar la siguiente precisi\u00f3n: al reconocer que la criatura es una nada frente a Dios, no debemos perder de vista que Dios quiso la existencia de la criatura y que bajo ese aspecto ella puede tener cierta grandeza en su propio mundo; esta grandeza no la tiene solamente en su ambiente c\u00f3smico sino que tambi\u00e9n la posee, y a priori, en el Intelecto divino mismo, puesto que al crear a ese Dios quiso crear es grandeza. Lo mismo sucede con la libertad, por agregar s\u00f3lo este ejemplo, ya especialmente controvertido: ante el argumento de que s\u00f3lo Dios es libre y que todo el resto est\u00e1 predestinado, responderemos que sin embargo, al crear seres libres, Dios quer\u00eda manifestar la libertad y no otra cosa, y que en consecuencia los seres son realmente libres bajo el aspecto de esta intenci\u00f3n divina. El modo o el grado de manifestaci\u00f3n c\u00f3smica implica limitaciones \u0097el solo hecho de la manifestaci\u00f3n ya las implica\u0097, pero el contenido de esta proyecci\u00f3n no deja por ello de ser id\u00e9ntico a lo que constituye su raz\u00f3n de ser.<\/p>\n<p>Para la piadosa sentimentalidad, la humildad significa que el hombre no es consciente de su valor, como si la inteligencia no fuera capaz de objetividad frente a este orden fenomenol\u00f3gico que es el alma humana; es precisamente esta objetividad la que implica que el hombre plenamente inteligente tiene conciencia tambi\u00e9n de la relatividad de sus dones, sus cualidades y sus m\u00e9ritos.<\/p>\n<p>Evidentemente, la quintaesencia de la humildad, insistimos, es la conciencia de que no somos nada frente a lo Absoluto; dentro del mismo orden de ideas, la quintaesencia de la caridad es nuestro amor por el Bien Soberano, el cual da a nuestra compasi\u00f3n social su sentido m\u00e1s profundo. En efecto, no amar a Dios es negarlo, y negarlo es ipso facto negar la inmortalidad del alma y en consecuencia el valor de la vida, lo cual quita a nuestra beneficiencia si bien no todo su sentido al menos la mayor parte de su significado; pues la caridad hacia el hombre estrictamente terrenal \u0097el animal humano si se quiere\u0097 debe estar acompa\u00f1ada po la caridad hacia el hombre virtualmente celestial, as\u00ed como la caridad puramente &#8220;horizontal&#8221; puede corresponderse con el asesinato de un alma, mientras que un sufrimiento del cual nadie se compadece puede ser un bien para el alma inmortal (3). Por supuesto, no decimos esto para desalentar las intenciones de caridad, sino con el objeto de recordar que para el hombre todo valor debe referirse al Bien Soberano, so pena de seguir siendo una espada de doble filo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Toda virtud tiene su aspecto de belleza, que la hace inmediatamente digna de amor, independientemente del aspecto de utilidad o de oportunidad. La combinaci\u00f3n de la sencillez y la generosidad, o de la humildad y la caridad, o de la modestia y la compasi\u00f3n, esta combinaci\u00f3n, a decir verdad consustancial, constituye la virtud en s\u00ed misma y por ello mismo la calificaci\u00f3n espiritual sine qua non. Tal vez se nos objete que, si ello es as\u00ed, nadie est\u00e1 plenamente cualificado para la espiritualidad; ahora bien, la intenci\u00f3n de hacer realidad la virtud forma parte de ella, de modo que la virtud esencial es a la vez una condici\u00f3n y un resultado. Dios no nos pide directamente la perfecci\u00f3n, sino que requiere de nosotros la intenci\u00f3n, que si es sincera implica la ausencia de imperfecciones graves; es sumamente evidente que el orgulloso no puede aspirar sinceramente a la humildad. Dios nos pide lo que nos dio, es decir las cualidades que llevamos en el fondo de nosotros mismos, dentro de nuestra sustancia deiforme; el hombre debe &#8220;convertirse en lo que es&#8221;; todo ser es fundamentalmente el Ser en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>DEL AMOR<\/p>\n<p>El amor de Dios se impone por la l\u00f3gica de las cosas: amar los accidentes es amar la Sustancia, inconsciente o conscientemente. El hombre espiritual puede amar cosas o criaturas que en s\u00ed mismas no son Dios, pero no puede amarlas sin Dios ni fuera de \u00c9l; de modo que ellas lo conducen de un modo casi sacramental hacia el Bien Soberano simplemente siendo lo que son. &#8220;No es por amor al esposo que se quiere al esposo, sino por amor a Atma que est\u00e1 en \u00e9l&#8221;: al amar directamente a una criatura amamos indirectamente al Creador, necesariamente puesto que &#8220;todas las cosas son Atma&#8221;. La nobleza del amor, de parte del sujeto, consiste en elegir el objeto que es digno de amor y amar sin avidez ni tiran\u00eda, teniendo consciencia \u0097casi existencialmente\u0097 del arquetipo celestial y de la sustancia divina; con respecto al objeto digno de amor, \u00e9ste ennoblece a aquel que lo ama, en la medida en que es amado en Dios. El ser humano puro, primordial y por lo tanto normativo, tiene sus ra\u00edces en el orden divino y tiende ipso facto hacia su Origen.<\/p>\n<p>Quien dice amor dice belleza; el aspecto de la belleza, en Dios, es de primordial importancia dentro del contexto del amor espiritual. El amor implica el deseo de posesi\u00f3n y de uni\u00f3n; en este sentido directo, amar a Dios es, si bien no querer poseerlo, al menos querer vivir su Presencia y su Gracia, y al fin y al cabo desear unirse a \u00e9l en la medida en que lo permiten nuestra potencialidad espiritual y nuestro destino.<\/p>\n<p>El amor apunta a la belleza, hemos dicho; ahora bien, la Belleza de Dios surge de su Infinitud, la cual coincide con su Felicidad y su tendencia a comunicarla, es decir a irradiarla; \u00e9ste es el &#8220;desbordamiento&#8221; del Bien Soberano, que a la vez proyecta sus bellezas y atrae a las almas. El Infinito se hace presente ante nosotros y al mismo tiempo nos libera de nosotros mismos; no destruy\u00e9ndonos sino por el contrario conduci\u00e9ndonos a lo que somos en nuestra esencia inmortal.<\/p>\n<p>S\u00f3lo se puede hablar de la belleza con la condici\u00f3n de saber que es una realidad perfectamente objetiva, la cual es independientemente de ese factor subjetivo que es la afinidad o el gusto; la apreciaci\u00f3n de lo bello es en primer t\u00e9rmino asunto de comprehensi\u00f3n y luego asunto de sensibilidad. Es bello aquello que, en el mundo de las expresiones, est\u00e1 de acuerdo con su esencia celestial, que es su raz\u00f3n de ser; en Dios mismo, la expresi\u00f3n hipost\u00e1tica de la Esencia es la Beatitud, Ananda; es \u00e9sta la que en \u00faltima instancia constituye la base de toda belleza. Y la Beatitud coincide con la &#8220;dimensi\u00f3n&#8221; divina de Infinitud, en virtud de la cual Dios se presenta como el Bien Soberano, fuente de toda armon\u00eda y de toda dicha.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Existe un amor de Dios que constituye un m\u00e9todo y cuyo punto de partida es una teolog\u00eda, y hay otro amor de Dios cuyo punto de partida es el conocimiento de la naturaleza divina y en consecuencia el sentido de la divina Belleza, la cual nos libera de las estrecheces y de los alborotos del mundo terrenal. El camino del amor \u0097la bakthi met\u00f3dica\u0097presupone que no podemos ir hacia Dios si no es por \u00e9l; el amor en s\u00ed mismo \u0097la batkhi intr\u00ednseca\u0097 por el contrario, acompa\u00f1a al camino del conocimiento, el jnana, y se basa esencialmente en nuestra sensibilidad a la Belleza divina. Es de esta perspectiva \u0097casi plat\u00f3nica\u0097 de donde surge por otra parte el arte sagrado, y es por ello que este arte se encuentra intr\u00ednsecamente dentro del campo del esoterismo; ars sine scientia nihil.<\/p>\n<p>Por consiguiente, es importante comprender que los aspectos metaf\u00edsicos y por as\u00ed decirlo abstractos de Dios tambi\u00e9n sugieren bellezas y razones para amar: el alma contemplativa puede ser sensible a la inmensa serenidad propia del Ser puro o a la cristalinidad refulgente de lo Absoluto; o se puede \u0097aparte de otros aspectos\u0097 amar a Dios por lo que su inmutabilidad tiene de diamantino, o por lo que su infinitud tiene de c\u00e1lido y de liberador. En nuestro mundo terrenal hay bellezas sensibles: la del cielo ilimitado, la del sol brillante, la del rel\u00e1mpago, la del cristal; todas estas bellezas morales son del mismo orden; se puede amar a las virtudes por su participaci\u00f3n por as\u00ed decirlo est\u00e9tica en las bellezas del Ser divino, as\u00ed como se puede y se debe amarlas por sus valores espec\u00edficos e inmediatos.<\/p>\n<p>Belleza, amor, felicidad: el hombre aspira a la felicidad porque la Beatitud, que est\u00e1 hecha de belleza y amor, es su sustancia misma. &#8220;Todos mis pensamientos hablan de amor&#8221;, dice Dante con un sentido a la vez terrenal y celestial.<\/p>\n<p>Tutti i miei pensier parlan d\u0092amore.<\/p>\n<p>NOTAS\u00a0 ____________________________________________________<\/p>\n<p>No es necesario se\u00f1alar que la teolog\u00eda, que admite los &#8220;consuelos sensibles&#8221;, no es estrictamente maniquea, es decir que no olvida el origen divino de la sustancia corporal; Cristo y la Virgen Santa ten\u00edan cuerpos, y estos cuerpos ascendieron al Cielo, sin duda transfigur\u00e1ndose, pero sin perder su corporeidad.<br \/>\nEn este punto pensamos no s\u00f3lo en las religiones monote\u00edstas sem\u00edticas sino tambi\u00e9n en ciertos sectores dentro del hinduismo y del budismo.<br \/>\nTambi\u00e9n existe, obligatoriamente, la caridad hacia los animales, pero en este caso la cuesti\u00f3n del deber espiritual con respecto a un alma inmortal no se plantea. No se puede dar al animal m\u00e1s de lo que puede recibir, pero se le da lo que puede recibir porque, en su nivel, es nuestro pr\u00f3jimo; todo ello independientemente del hecho de que un animal pueda estar penetrado por una barakah, es decir que pueda servir de veh\u00edculo de una influencia espiritual.<br \/>\nCap\u00edtulo III de la obra &#8220;Ra\u00edces de la condici\u00f3n humana&#8221; (Frithjof Schuon, Grupo Libro, colecci\u00f3n &#8220;Para\u00edsos perdidos&#8221;)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOMBRAS C\u00d3SMICAS Y SERENIDAD FRITHJOF SCHUON &#8220;Dios hace lo que quiere&#8221;: ello no significa que Dios, tal como un individuo, pueda tener deseos arbitrarios, sino que el Ser puro, por su misma naturaleza, comporta la Todo-Posibilidad; ahora bien, la ilimitaci\u00f3n de \u00e9sta implica incluso las posibilidades por as\u00ed decirlo absurdas, es decir, contrarias a la naturaleza del Ser, que sin<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[151],"tags":[],"class_list":["post-3842","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-frithjof-schuon"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3842","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=3842"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/3842\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=3842"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=3842"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/nasdat.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=3842"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}